Lección: Números 33: 1 al 4. 1. Estas son las jornadas de los hijos de Israel, que salieron de la tierra de Egipto por sus ejércitos, bajo el mando de Moisés y Aarón. 2. Moisés escribió sus salidas conforme a sus jornadas por mandato de Jehová. Estas, pues, son sus jornadas con arreglo a sus salidas. 3. De Ramesés salieron en el mes primero, a los quince días del mes primero; el segundo día de la pascua salieron los hijos de Israel con mano poderosa, a vista de todos los egipcios, 4. mientras enterraban los egipcios a los que Jehová había herido de muerte de entre ellos, a todo primogénito; también había hecho Jehová juicios contra sus dioses.
Comentario del resumen del capítulo aporte del expositor: En este capítulo vemos un repaso detallado de todas las etapas del viaje del pueblo de Israel, desde que salió de Egipto hasta que acampó en Moab, cerca del Jordán, frente a Jericó. Moisés escribió por mandato de Jehová (versículo 2). Cada una de las jornadas emprendidas no era solo un registro histórico, sino un testimonio espiritual de cómo Dios los había guiado, corregido, sostenido y acompañado durante su travesía por el desierto. Se mencionan 42 paradas, desde Ramsés, la noche en que jehová hirió a los primogénitos de Egipto y sacó a los israelitas con mano poderosa, hasta llegar a las tierras frente a Canaán. También se menciona el monte Hor, donde murió Aarón a los 123 años. A lo largo de estas jornadas, el pueblo atravesó desiertos, montañas, regiones difíciles, y en varios momentos experimentó pruebas, juicios y manifestaciones del poder de Dios (Deuteronomio 8:15 y 16).
Después del registro de los viajes, Jehová da instrucciones precisas a Moisés para cuando el pueblo cruce a la tierra de Canaán, con un llamado a la obediencia y santidad, recordando que la tierra les es dada por Dios, pero deben habitarla bajo sus ordenanzas. Deben expulsar de delante de sí a todos los moradores, destruir sus imágenes e ídolos y eliminar todo rastro de idolatría. También se les ordena repartir la tierra por suerte, conforme al tamaño de cada tribu, y se les da una advertencia clara: si no expulsan completamente a los pueblos que habitan la tierra, esos mismos pueblos serán como espinas en sus ojos y aguijones en sus costados, concluyendo con una sentencia: ‘Además haré a vosotros como yo pensé hacerles a ellos» (versículo 56).
Versículos 1-49.
Como los israelitas habían terminado su peregrinaje por el desierto, cuando llegaron a las estepas de Moab junto al Jordán frente a Jericó (Números 22:1), y como comenzaron a tomar posesión cuando se repartió la tierra conquistada al otro lado del Jordán (cap. . 32), la historia de la peregrinación por el desierto se cierra con una lista de las estaciones que habían dejado atrás. Esta lista fue escrita por Moisés “por mandato de Jehová” (Números 33:2), como un memorial permanente para las edades futuras, como cada estación que Israel dejó atrás en el viaje de Egipto a Canaán “a través del desierto grande y terrible , fue un memorial de la gracia y la fidelidad con la que el Señor condujo a Su pueblo con seguridad «en la tierra desértica y en el desierto aullador, y lo guardó como a la niña de sus ojos, como al águila que revolotea sobre su polluelo, se extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus alas” (Éxodo 19:4; Deuteronomio 32:10).
Números 33:1-15.
Los versículos primero y segundo forman el encabezamiento: “Estas son las marchas de los hijos de Israel, que marcharon”, es decir, las marchas que hicieron de un lugar a otro, al salir de Egipto. מסּע no significa una estación, sino el desmantelamiento de un campamento y luego un tren o marcha (ver Éxodo 12:37 y Génesis 13:3). לצבאתם (ver Éxodo 7:4). בּיד, bajo la guía, como en Números 4:28 y Éxodo 38:21. למסעיהם מוצאיהם, “sus salidas (propiamente, sus lugares de partida) según sus marchas”, es realmente equivalente a la cláusula que sigue: “sus marchas según sus lugares de partida”. La marcha de la gente no se describe por las estaciones o lugares de campamento, sino por los lugares particulares de donde parten. De ahí la constante repetición de la palabra ויּסעוּ, “y se separaron”. En Números 33:3-5, la partida se describe según Éxodo 12:17, Éxodo 12:37-41. Sobre los juicios de Jehová sobre los dioses de Egipto, véase Éxodo 12:12. “Con mano alta”: como en Éxodo 14:8. – Los lugares de campamento desde Succoth hasta el desierto de Sinaí (Números 33:5-15) concuerdan con los del relato histórico, excepto que las estaciones en el Mar Rojo (Números 33:10) y las de Dophkah y Alush (Números 33:13 y Números 33:14) se pasan por allí. Para Ramsés, véase en Éxodo 12:37. Sucot y Etam (Éxodo 13:20). Pihahirot (Éxodo 14:2). “El desierto” (Números 33:8) es el desierto de Shur, según Éxodo 15:22. Mara, véase Éxodo 15:23. Elim (Éxodo 15:27). Para el Mar Rojo y el desierto de Sin, véase Éxodo 16:1. Para Dophkah, Alush y Rephidim, véase Éxodo 17:1; y por el desierto de Sinaí, Éxodo 19:2.
Las jornadas de Israel registradas para recordar la fidelidad de Dios: Las jornadas bíblicas de Israel corresponden a los 42 campamentos o etapas que el pueblo realizó durante su peregrinación de 40 años desde la salida de Egipto hasta la antesala de la Tierra Prometida. Duración: Aunque un viaje directo desde el monte Sinaí (Horeb) hasta Cades-barnea tomaba apenas unos once días, la incredulidad y las rebeliones del pueblo hicieron que el recorrido se extendiera por 40 años. (Deuteronomio 1: 2 y 3. Once jornadas hay desde Horeb, camino del monte de Seir, hasta Cades-barnea. Y aconteció que, a los cuarenta años, en el mes undécimo, el primero del mes, Moisés habló a los hijos de Israel conforme a todas las cosas que Jehová le había mandado acerca de ellos.»).
Bíblicamente, una jornada de Israel (a menudo denominadas en plural como las jornadas o estaciones de Israel) se refiere a cada una de las etapas del viaje y los campamentos que el pueblo judío realizó durante su éxodo por el desierto, desde su salida de Egipto hasta su llegada a la Tierra Prometida.
La palabra hebrea utilizada para estas jornadas es massa, que significa «viaje», «partida» o «arrancar las estacas de las tiendas» para mudarse a otro lugar.
Promesas Biblica de Dios para Israel en sus jornadas: Éxodo 19:4. «Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí.»
Deuteronomio 32:10. «Le halló en tierra de desierto, Y en yermo de horrible soledad; Lo trajo alrededor, lo instruyó, Lo guardó como a la niña de su ojo.»
Éxodo 13.21 y 22. «Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche. Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego.»
San Juan 6:31-33. «Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, más mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.»
Ref. de las jornadas de Apóstol Pablo 2ª Corintios 11.26. «en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos».
Una recomendación para los que sirven al Señor. 3ª Juan 1:6. «os cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje.»
Texto: «Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.» (Deuteronomio 8:2.).
La disciplina del desierto, 8:1–6. Moisés inició su amonestación, exhortando a Israel otra vez a poner por obra el mandamiento que él había presentado a la nación (v. 1). El uso de la palabra mandamiento en el singular es probablemente una referencia a todas las enseñanzas que Moisés había dado a Israel. La observancia de los mandamientos y las demandas del pacto eran la condición que Jehovah había impuesto para la entrada y la conquista de la tierra de Canaán.
Por su obediencia Israel viviría en la tierra por muchos años y por su obediencia gozaría de las bendiciones de la tierra de la promesa.
Cada israelita tenía que recordar lo que Jehovah había hecho por el pueblo durante los 40 años de peregrinación en el desierto. Moisés se remonta a la experiencia de Israel en el desierto y proyecta aquella prueba dura sobre la presente generación. La experiencia de Israel en el desierto fue una prueba de fe que sirvió para humillarlo. Durante los 40 años en el desierto Jehovah probó a Israel a fin de conocer la intención de su corazón. Tenía que aprender a depender de Jehovah y obedecer sus mandamientos.
La palabra humillarte en heb. está relacionada con la palabra pobreza. La humillación de Israel fue su pobreza, su falta de recurso económico. En su pobreza Israel aprendió a confiar en Dios y depender de la provisión divina. Una de las pruebas de Israel en el desierto fue el hambre (v. 3). Dios le permitió experimentar el hambre, pero por su gracia los alimentó con el maná (Éxo 16:1–30; Núm. 11:4–9). La dádiva del maná fue una nueva experiencia para Israel. Por medio de esta experiencia Israel aprendió una lección muy importante: la vida humana no consiste solamente de alimento físico sino de todas las palabras que proceden de la boca de Jehovah. Sin comida Israel hubiera perecido en el desierto, pero el pueblo fue alimentado diariamente por Dios. El pueblo tenía que depender de Dios todos los días. Cada día tenían que creer que Dios iba a proveer el pan para aquel día (Mat. 6:11). El maná fue dado a Israel para enseñarle una lección importante: para vivir, tenía que depender de Jehovah. En Israel el pan era un elemento necesario de la dieta diaria. En el desierto hubo escasez, pero Dios habló y su palabra proveyó para las necesidades de su pueblo. Este pasaje fue citado por Jesús cuando fue tentado por Satanás en el desierto. Cuando Satanás tentó a Jesús para que cambiara las piedras en panes, Jesús citó las palabras del v. 3 para enfatizar su dependencia en su Padre celestial (Mat. 4:4; Luc. 4:4).
Otra evidencia de la provisión divina fue que Dios hizo posible que Israel se vistiera adecuadamente durante los 40 años en el desierto. El simbolismo de las palabras del v. 4 enseña que Dios proveyó todo lo que Israel necesitaba para su jornada en el desierto (29:5). El propósito de las pruebas de Israel fue educar al pueblo a depender de Dios completamente. Como un padre educa a su hijo, Jehovah probó a su pueblo para transformarlos en un pueblo santo y diferente. La palabra corrige (v. 5) lleva en sí la idea de educar: “Jehovah tu Dios te ha educado, así como un padre educa su hijo” (ver comentario en 4:36). Moisés exhortó a la nueva generación a obedecer los mandamientos de Jehovah y a caminar en sus caminos con reverencia. La palabra temor (v. 6) es la adoración de Dios que produce reverencia en la vida de cada adorador.
1er Titulo: Moisés registro la salida para que el pueblo recordara de donde los saco Dios. Versículos 1 y 2. Estas son las jornadas de los hijos de Israel, que salieron de la tierra de Egipto por sus ejércitos, bajo el mando de Moisés y Aarón. Moisés escribió sus salidas conforme a sus jornadas por mandato de Jehová. Estas, pues, son sus jornadas con arreglo a sus salidas. (Léase: Deuteronomio 2:7. pues Jehová tu Dios te ha bendecido en toda obra de tus manos; él sabe que andas por este gran desierto; estos cuarenta años Jehová tu Dios ha estado contigo, y nada te ha faltado. ▬ Isaías 30:8 y 9. Ve, pues, ahora, y escribe esta visión en una tabla delante de ellos, y regístrala en un libro, para que quede hasta el día postrero, eternamente y para siempre. Porque este pueblo es rebelde, hijos mentirosos, hijos que no quisieron oír la ley de Jehová;).
Ref. Biblica de registro para Israel y la iglesia: Malaquias 3:16. «Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre.»
Salmo 40:2. «Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.»
Deuteronomio 8:11 al 14. «Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre.»
2° Titulo: Glorioso día de liberación que no se debe olvidar. Versículo 3. De Ramesés salieron en el mes primero, a los quince días del mes primero; el segundo día de la pascua salieron los hijos de Israel con mano poderosa, a vista de todos los egipcios. (Léase: Deuteronomio 6.12 y 13. cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás, y por su nombre jurarás. ▬ Gálatas 5:1. Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.).
Glorioso día de liberación que no se debe olvidar: «Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad.» — Génesis 19:15 (RVR1960).
Hechos 13:38-39. «Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree.»
Comentario de Gálatas (5:1) Jesucristo, Obra, Libertad espiritual: Estar firmes porque Cristo ha liberado al creyente. Advierta dos puntos.
▬ 1. Cuando una persona cree en Jesucristo, es liberada de la ley y de su poder esclavizador. Ya no tiene que preocuparse por si es lo suficientemente bueno o si ha hecho suficientes obras de bien o cumplido con suficientes leyes como para ser aceptable ante Dios. ¿Por qué? Porque Cristo ha cumplido la ley por ella. Cuando Cristo estaba en la tierra no tuvo pecado alguno. Obedeció perfectamente la ley, sin violarla ni siquiera una sola vez. Por lo tanto, Él aseguró la Justicia Ideal y estuvo frente a Dios como el Hombre Perfecto. Pero Cristo hizo otra cosa mucho más maravillosa. No era suficiente asegurar para el hombre la Justicia Ideal. Estaba también el problema de la pena de la ley. Una vez violada la ley, se accionaba la pena, debía ser pagada. Este es el mensaje glorioso de la cruz, de lo que se trata la muerte de Jesucristo. Jesucristo no solo nos aseguró la justicia ideal, Él tomó la pena por transgredir en sí mismo y cargo con ella. Jesucristo cargó con nuestro juicio y castigo por haber quebrado la ley, que era la muerte.
Si la justicia ya nos ha sido asegurada y el castigo por nuestras transgresiones ha sido pagado, entonces estamos frente a Dios siendo perfectos ~absolutamente justos y libres de transgresiones- y aceptables ante Él. ¿Esto significa que todos son aceptados por Dios y cubiertos por la vida y la muerte de Jesucristo? ¡No! Y el motivo se observa fácilmente: No todos aceptan lo que Jesucristo ha hecho por ellos, no todos creen en Jesucristo. Jesucristo nos ha liberado. Somos libres de la esclavitud del pecado y de la muerte forjados por la ley, pero solo si lo creemos. Naturalmente -es sumamente evidente~ si no creemos ni aceptamos un don que se nos da gratuitamente, entonces el Dador lo continúa poseyendo. No recibimos el don, por lo tanto, no lo tenemos.
El punto es este: Cristo ha liberado al creyente de la esclavitud de la ley. Por lo tanto, debemos estar firmes en la libertad que Él nos ha provisto.
▬ 2. Los gálatas estaban por enredarse nuevamente en el yugo de la esclavitud. Habían surgido falsos maestros que enseñaban que la obra básica de Cristo fue vivir como un gran ejemplo y traemos las grandes enseñanzas de Dios. Es decir, aceptaban a Jesucristo como al Hijo de Dios, pero no aceptaban el mensaje de salvación por medio de la gracia (la justicia y muerte de Jesucristo). Enseñaban que Jesucristo no había venido a darnos un nuevo acercamiento a Dios, sino que vino a agregar nuevas enseñanzas a la ley. Por lo tanto, una persona todavía debía acercarse a Dios…
- Pasando por el ritual básico de la religión judía (circuncisión, bautismo, ser miembro de la iglesia, etc.).
- Comprometiéndose a la ley.
- Observando todos los rituales y ceremonias de la religión judía.
Por supuesto, todo esto le suena familiar a cada generación, puesto que, si simplemente omitimos la palabra judía, están presentes las tres estipulaciones de tantas enseñanzas, religiones e iglesias de la sociedad.
Nuevamente, la exhortación es que una persona no se enrede con el hecho de acercarse a Dios por medio de la ley o de las obras, puesto que ninguna persona puede hacer el bien suficiente como para volverse perfecto ante Dios. Nuestra perfección y aceptación ante Dios ya nos ha sido asegurada en Cristo Jesús nuestro Señor. Por ende, estemos firmes en la libertad de Cristo, dado que la única persona que será aceptable ante Dios es la persona que está frente a Dios libre de pecado y condena, una persona que ha sido liberada por el propio Hijo de Dios. (Véase nota, Gá. 4:4-7).
“Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne” (Ro. 8:2-3).
“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 C0. 5:21).
“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gá. 3:13).
“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gá. 4:4-7).
“Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P. 2:24).
“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1 P. 3:18).
3er Titulo: Severo juicio de Dios: muerte para los incrédulos. Versículo 4. mientras enterraban los egipcios a los que Jehová había herido de muerte de entre ellos, a todo primogénito; también había hecho Jehová juicios contra sus dioses. (Léase: Éxodo 12:12. Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. ▬ Romanos 2:5. Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios.).
Ref. Biblica de juicio. 2ª Corintios 5.10. «Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.»
1ª Pedro 4:17. «y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.»
Romanos 2:5-6 y 11. «Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: [11]. porque no hay acepción de personas para con Dios.»
Apocalipsis 20:11 al 15. «Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.»
Aporte de Éxodo (12:12-13) Cordero – Sacrificios ▬ Sistema del sacrificio ▬ Pascua: ¿Cuál fue el propósito de Dios con el cordero de la Pascua? ¿Sustituir el primogénito de Israel por la muerte del cordero? Simplemente fue esto: Dios estaba simbolizando que tenía que existir un sustituto en la muerte para los creyentes. El propósito del cordero de la Pascua comprendía dos cosas (vv. 12-13).
◘ a. El primer propósito comprende el juicio. Dios ejecutaría juicios contra Egipto (el mundo), incluso hombres y animales, así como contra todos los dioses falsos de Egipto (v. 12). Recuerde que los egipcios eran un pueblo idólatra que había rechazado a Dios siglos atrás. Querían vivir a su antojo y hacer lo que les pareciera. Por lo tanto, no querían tener nada que ver con la justicia exigida por Dios. Se pusieron a adorar a falsos dioses, los falsos dioses de la imaginación de los hombres. El resultado fue terrible: Crearon dioses a su imagen y semejanza, dioses que les permitía vivir como querían: Vidas egoístas, inmorales, avaras, codiciosas, pecaminosas. Los egipcios se convirtieron en lo que todos nosotros nos convertimos cuando rechazamos al único y verdadero Dios de la justicia, Dios el Señor (Jehová, Yahveh): Se convirtieron en un pueblo perverso. Era un pueblo que pisoteaba a otros pueblos, esclavizándolos y tratándolos brutalmente. Ellos hasta esclavizaron y lanzaron un holocausto contra el pueblo que creía en el único y verdadero Dios viviente, los antiguos israelitas. Los egipcios habían llegado al punto crítico en el que ya no podían echarse atrás, ya no podían arrepentirse. Por tanto, Dios estaba a punto de ejecutar juicio contra Egipto, un juicio que caería sobre Egipto, incluyendo a todas las personas, animales y falsos dioses adorados por el pueblo.
“mientras enterraban los egipcios a los que Jehová había herido de muerte de entre ellos, a todo primogénito; también había hecho Jehová juicios contra sus dioses” (Nm. 33:4).
Observe lo siguiente: Al juzgar al primogénito de los animales, Dios estaba infligiendo un golpe contra los dioses mismos de los egipcios. Recuerde que ellos imaginaron y crearon dioses que estaban estrechamente vinculados a diversos animales de la tierra. De este modo, Dios estaba asestando un golpe mortal contra los presuntos dioses al matar al primogénito de todos los animales. Los dioses de los egipcios no podían hacer nada para detener el juicio de Dios. El juicio demostró que los dioses imaginarios de Egipto eran dioses falsos, que el pueblo estaba en realidad tributando una adoración falsa, sin valor y vacua (vea pt. 6, Ex. 7:8- 11:10). Así, la Pascua trataba acerca del juicio. ¿Cómo podía una persona librarse del juicio de Dios? ¿Cómo podía una persona conmover a Dios para que Él pasan: por alto y no condenara al creyente? A través de la fe, Fíjese en el punto siguiente.
◘ b. El segundo propósito del cordero de la Pascua tenía que ver con la fe en Dios, con creer en Dios: La sangre del cordero de la Pascua sobre los postes de la puerta era señal de que la persona creía en Dios. La sangre hacía que Dios pasara por alto y no condenara al creyente (v. 13).
Dicho sencillamente: Si una persona creía en Dios. realmente creía, pondría la sangre sobre los postes de la puerta de su casa. Si no creía en Dios, no pondría la sangre. Como en todas las situaciones, algunas personas creían en Dios y otras no. Algunas personas se libraron del juicio de Dios y otras no. Las Escrituras incluso nos dicen que algunos egipcios y quizás otras nacionalidades creían en Dios y se unieron a los israelitas (Éx. 12:38).
Pensamiento 1. Mucho se puede aprender de este aspecto.
1) La persona que no confía en Jesucristo tendrá que afrontar el juicio de Dios.
“Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Jn. 3:19).
“Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Jn. 8:24).
“por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hch. 17:31).
“en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio” (Ro. 2:16).
2) La fe de las personas en la sangre los salvó. Nuestra fe en la sangre de Jesucristo nos salva. Fíjese que los israelitas no se salvaron porque tuvieran padres devotos ni porque llevaran una vida buena, honrada y moral. Tampoco nosotros. Todos somos salvos por la sangre del Cordero, salvos porque creemos que la sangre del Cordero cubre nuestros pecados.
Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hch. 20:28).
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Ro. 5:8-9).
“¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (He. 9:14).
“Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos” (He. 11:28).
“y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Ap. 1:5).
3). La sangre del cordero sacrificado simbolizaba la sustitución de una vida por otra. La sangre de Jesucristo simboliza nuestra muerte si realmente confiamos que su sangre nos cubra. Somos redimidos cuando confiamos en la sangre de Jesucristo.
“Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Co. 5:7).
“y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a si mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (He. 9:12-14).
“Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (He. 9:22).
“sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 P. 1:18-19).
“y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Ap. 5:9-10).
4) Solo el Cordero de Dios elimina los pecados del mundo.
“en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Ef. 1:7).
“pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn.1:7).
“El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29).
“El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios” (Jn. 1:35-36).
“Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Is. 53:7).
Pensamiento 2. J. Vernon McGee tiene una excelente aplicación para este aspecto:
“Dios dijo que cuando viera la sangre, pasaría por alto esa casa. La sangre no era una señal mística o supersticiosa. Un gran principio está presente a través de toda la Palabra de Dios en el sentido de que, si no se derrama sangre, no existe la remisión de los pecados. En otras palabras, Dios no puede cerrar los ojos arbitraria ni generosamente ante el pecado ni hacer nada al respecto, tanto como un juez hoy día cuando los culpables son llevados ante él. El juez deberá aplicar la ley a los acusados y se deberán pagar las consecuencias. Parte del problema que tenemos en los Estados Unidos hoy día es la falta de rigor en hacer cumplir la ley. Pero la ley de Dios es inexorable en el universo: ‘El alma que pecare, esa morirá ‘. La sentencia de muerte pende sobre todos nosotros. Pero Dios es misericordioso y una vida inocente puede ser sustituida por una culpable. Hasta la llegada de Cristo, era un cordero. Luego Jesús fue ‘. el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo'(Jn. 1:29). Si recibimos a Cristo, somos salvos del juicio que merecemos como pecadores”.
Resultado: Almacenar Ira Romanos (2:5): La paciencia de Dios no dura para siempre. Dios les da a los pecadores mucho tiempo para arrepentirse, pero el juicio debe resultar cuando desprecian esa oportunidad (2 Pedro 3:8–9). La necesidad de arrepentimiento de los judíos se debe a su “terquedad y corazón arrepentido”, y estos se convierten en la base (kata en griego, “por”) de la ira de Dios sobre ellos. Este es un lenguaje fuerte, derivado del tema de la dureza de corazón que se encuentra a menudo en las Escrituras (Éxodo 7:13; Deuteronomio 9:27; 10:16; 31:27), especialmente de la dureza del faraón exhibida también en los fariseos (Marcos 3:5) y los discípulos (Marcos 6:52; 8:17).
Esta negativa a arrepentirse hace que los judíos “acumulen ira contra ellos mismos”, una metáfora comercial que los representa enfatizando su depravación en el silo de Dios, donde acumulará no riquezas (ya lo han rechazado en el versículo 4) sino ira. El pecado se acumula a lo largo de su vida, terminando en el juicio final, llamado en las Escrituras “el día de su ira” (Sal 110:5; Sof 1:15; Ap 6:17).
Este no es solo el día de ira, sino también el tiempo “cuando se revelará su justo juicio”. En 1:17, Pablo dice que se reveló la justicia de Dios, y en 1:18 que se reveló su ira. Allí el tiempo de la revelación fue el presente, pero aquí el juicio tiene lugar al final de la historia. La ira de Dios es parte de su justicia, basada en los dos aspectos de la santidad de Dios: su justicia (ira) y su amor (justicia). Son partes interdependientes de su carácter sagrado. Esto nos prepara para Romanos 9–11, donde Pablo aborda en detalle el tema de la justicia de Dios al remover a los judíos de su lugar como su pueblo del pacto, pero colocando a los judíos creyentes con los gentiles creyentes dentro de su verdadera familia, el nuevo Israel.
Amén, para la honra y gloria de Dios.


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