Estudio Biblico Tiquico

Estudio Biblico Tiquico

Roberto Saldias Roa
Domingo 30 de noviembre de 2025. “BENDICIÓN CONFIRMADA PON EL ESPÍRITU DE DIOS”.

   Lección: Números 24:1 al 9. 1. Cuando vio Balaam que parecía bien a Jehová que él bendijese a Israel, no fue, como la primera y segunda vez, en busca de agüero, sino que puso su rostro hacia el desierto; 2. y alzando sus ojos, vio a Israel alojado por sus tribus; y el Espíritu de Dios vino sobre él. 3. Entonces tomó su parábola, y dijo: Dijo Balaam hijo de Beor, Y dijo el varón de ojos abiertos; 4. Dijo el que oyó los dichos de Dios, El que vio la visión del Omnipotente; Caído, pero abiertos los ojos: 5. ¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob, Tus habitaciones, oh Israel! 6. Como arroyos están extendidas, Como huertos junto al río, Como áloes plantados por Jehová, Como cedros junto a las aguas. 7. De sus manos destilarán aguas, Y su descendencia será en muchas aguas; Enaltecerá su rey más que Agag, Y su reino será engrandecido. 8. Dios lo sacó de Egipto; Tiene fuerzas como de búfalo. Devorará a las naciones enemigas, Desmenuzará sus huesos, Y las traspasará con sus saetas. 9. Se encorvará para echarse como león, Y como leona; ¿quién lo despertará? Benditos los que te bendijeren, Y malditos los que te maldijeren. 

   Comentario del contexto Bíblico: La provisión abundante de Dios (24:1–9):

   En este tercer mensaje, a Israel se le presentó un magnífico panorama de su futuro inmediato tal y como Dios lo había planeado y, en la siguiente profecía (24:15–17), se le indica su destino final cuando el Mesías escogido de Dios surgiría como su líder y vencedor.

   Cuando Balaam se disponía a hablar de nuevo, le sobrecogió una presencia divina y dejó a un lado la parafernalia de brujería que había utilizado anteriormente. El vidente vio a Israel acampado por tribus alrededor del tabernáculo. Vino sobre él el Espíritu de Dios con otro mensaje para el frustrado rey de Moab:

“Profecía de Balaam, hijo de Beor, y profecía del hombre de ojos abiertos; profecía del que escucha las palabras de Dios, del que ve la visión del Todopoderoso; caído, pero con los ojos descubiertos.”

   Su mensaje es un modelo de excelente habilidad comunicativa. En primer lugar, aborda la necesidad directamente. Mientras los viajeros miraban hacia el otro lado del Jordán, se preguntarían qué planes tenía Dios preparados para ellos una vez hubieran cruzado el río. ¿Dispondrían de suficiente comida y refugio para sus familias? ¿Cómo acabarían con los actuales habitantes de la tierra? Después de un viaje tan precario por el desierto durante los últimos cuarenta años, ¿les ofrecería el futuro algún tipo de seguridad permanente? El mensaje de Balaam es una descripción gráfica de la generosa abundancia de Dios y recuerda a su pueblo lo privilegiado que es: “¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob; tus moradas, oh Israel!” (5).

   En segundo lugar, es agradable al oído. Unas palabras escogidas cuidadosamente son increíbles vehículos para transmitir el mensaje más importante de la vida. Aquí tenemos magnífica poesía que utiliza la estructura familiar del paralelismo hebreo en el que se presentan ideas idénticas, relacionadas o contrarias, en líneas sucesivas: tiendas/moradas (5), valles/jardines (6a), áloes/cedros (6b), agua/simiente (7a), rey/reino (7b), devorará/desmenuzará (8b), león/leona (9), bendigan/maldigan (9b). La poesía es un recurso excelente para la memorización; se asegura de que estas grandes verdades no se olviden rápidamente.

   En tercer lugar, atrae la mirada. El mensaje se ilustra de forma brillante. La descripción gráfica de esta tercera profecía recurre a imágenes muy visuales que impresionan al oyente con la forma que tiene el Señor de dar abundante y generosamente. Después de una ilustración doméstica (tiendas/moradas, 5), viene una geográfica (valles/jardines, 6a) y de horticultura (áloes/cedros, 6b). Los bienes minerales preciados (agua, 6b–7a) se igualan al crecimiento físico (simiente, 7a), cuando las imágenes pasan a ser de la realeza (rey/reino, 7c), históricas (sacados de Egipto, 8a), militares (devorará/desmenuzará) y animales (búfalo, león, leona, 8a, 9a).

   Por último, informa a la mente. Las imágenes gráficas son un recurso literario efectivo y encierran ideas doctrinales y principios espirituales importantes para el oyente. Dios supliría las necesidades de su pueblo proveyendo los recursos necesarios para la vida: disfrutarían de paz en las tribus (hermosas… tiendas y moradas seguras, 5); ventajas geográficas (valles que se extienden, jardines junto al río, 6); agricultura fértil (áloes plantados por el SEÑOR, cedros junto a las aguas, 6) y bienes minerales (nótese la repetición: junto al río… junto a las aguas… Agua correrá… muchas aguas, 6–7). Una fuente de agua predecible es la mayor de todas las bendiciones en un clima como este. (La referencia a los baldes probablemente describa el transporte del agua desde los ríos o los pozos por parte de las personas que recogían el agua para regar los cultivos). Crecerían en número (simiente quizás nos evoque la promesa a Abraham, que les recuerda de nuevo lo que se le dijo al patriarca sobre el aumento de la descendencia) y seguridad nacional (más grande que Agag será su rey, 7, puede que prediga una victoria futura o tal vez “un nombre común entre los reyes amalecitas” [como los nombres de Abimelec en Filistea y Ben-Hadad en Siria]). El pueblo de Dios también estaría confiado espiritualmente (se le recuerda que el Dios que lo saca de Egipto, 8, cf. 23:22, haría efectiva su conquista de Canaán) y tendría éxito militar (Devorará a las naciones que son sus adversarios… y los traspasará con sus saetas, 8). Así como los egipcios fueron devorados por las aguas del mar Rojo y el rey cananeo de Arad (21:1–3) y Sehón y Og (21:21–35) fueron vencidos por el ejército de Israel, los enemigos de Israel serían destruidos en los inevitables conflictos que surgirían en el futuro.

   El mensaje es un recordatorio oportuno de que a los que heredan sus bendiciones (23:20), confían en su Palabra (23:19) y disfrutan de su presencia (23:21) nunca les faltará su provisión. La profecía termina con una dramática conclusión cuando el vidente pagano, que desconoce la fuente, repite la promesa hecha a los patriarcas: “Benditos los que te bendigan, y malditos los que te maldigan” (9). Fueron las palabras que el rey Balac había utilizado, también sin darse cuenta, para adular y describir la reputación del adivino (22:6). Se habían hecho realidad en las inesperadas profecías que había recibido el rey; aquellos a quienes Balaam había bendecido repetidamente, disfrutarían de esa bendición, y la maldición que se suponía que era para ellos acabaría cayendo sobre la cabeza del adivino (31:8, 16).

   BENDICIÓN CONFIRMADA PON EL ESPÍRITU DE DIOS: La confirmación bíblica de una bendición por el Espíritu Santo implica la recibición del Espíritu Santo, que es otorgado por la imposición de manos tras el bautismo en algunas tradiciones. Este don permite la presencia constante del Espíritu Santo en la vida de una persona fiel, trayendo gozo y paz en Cristo y ayudando en la búsqueda de la verdad y en la obediencia a los mandamientos de Dios.

 La mayor bendición que tenemos los creyentes en Jesucristo es esta en Isaías 11: 1 al 5. «Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura.»

   El significado bíblico de la Confirmación es fortalecer la fe y recibir el don del Espíritu Santo para dar testimonio de Cristo. Este sacramento, que perfecciona la gracia del bautismo, hace a los creyentes más «soldados de Cristo» para defender y difundir el Evangelio con amor y servicio. Se relaciona directamente con Pentecostés, cuando los apóstoles recibieron el Espíritu Santo para llevar la misión de la Iglesia al mundo.

   Referencias Bíblica de confirmar: «de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo; el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.» (1ª a Cor. 1:7-9).

   «Por lo cual, no pudiendo soportarlo más, acordamos quedarnos solos en Atenas, y enviamos a Timoteo nuestro hermano, servidor de Dios y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo, para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe, a fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos.» (1ª Tes. 3:1 al 3).

   «Y Judas y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabras.» (Hechos 15:32).

   «Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres, y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito: Por tanto, yo te confesaré entre los gentiles, Y cantaré a tu nombre. Y otra vez dice: Alegraos, gentiles, con su pueblo. Y otra vez: Alabad al Señor todos los gentiles, Y magnificadle todos los pueblos.» (Romanos 15:8 al 11).

   Texto: «Y cuando llegaron allá al collado, he aquí la compañía de los profetas que venía a encontrarse con él; y el Espíritu de Dios vino sobre él con poder, y profetizó entre ellos». (1ª de Samuel 10:10).

   Las señales se cumplen, 1ª de Samuel 10:10 La palabra profetizó del v. 10 necesita comentarse. Es claro que esta compañía de profetas iba entonando expresiones sublimes que elogiaban y proclamaban en poesía las virtudes y poderío del Altísimo. Saúl, sin haber practicado la profecía o saber cómo hacerlo, se sintió poseído de una fuerza inefable y con una habilidad que no era suya. Se unió a ellos vertiendo su corazón y alma en este ensayo de gloria, actuando con el impulso e inspiración de Dios. Tan inverosímil se vio su participación que los concurrentes expresaron su asombro diciendo: ¿También está Saúl entre los profetas? (v. 11). En otras palabras: “¿Puede ser que Saúl sea uno de ellos?”

    La frase «el Espíritu de Dios vino sobre él con poder» aparece en varios pasajes bíblicos para describir momentos en que una persona recibió una fuerza y autoridad sobrenaturales para cumplir una tarea. Se usa para describir a personajes como Sansón y Saúl, a quienes el Espíritu Santo les dio la capacidad de realizar hazañas extraordinarias, como derrotar enemigos o profetizar.

    Ejemplos en la Biblia

  • Sansón: En Jueces 14:6, el Espíritu del Señor vino sobre él y desmembró a un león sin tener nada en las manos. En otro episodio, cuando lo ataron con cuerdas, el Espíritu de Jehová cayó sobre él y las cuerdas se deshicieron como lino quemado.
  • Saúl: En 1 Samuel 10:10, el Espíritu de Dios vino sobre él con poder, y comenzó a profetizar entre un grupo de profetas. En otro pasaje, cuando escuchó que su pueblo estaba en peligro, el espíritu de Dios vino sobre él con poder, lo llenó de ira y lo impulsó a tomar una acción decisiva.
  • David: En 1 Samuel 16:13, después de ser ungido por Samuel, el Espíritu del Señor vino con poder sobre David y lo acompañó desde ese día.

Significado

  • Poder y fuerza: La frase indica que la persona recibió una fuerza sobrenatural para realizar una tarea que de otro modo sería imposible.
  • Cambio de estado: En el caso de Saúl, el Espíritu lo transformó de un hombre común a un líder que profetizaba y realizaba acciones dramáticas.
  • Capacitación divina: Esta es una manifestación de la capacitación divina que Dios otorga a sus siervos para cumplir sus propósitos.

   La diferencia principal: es que el creyente de hoy recibe el Espíritu Santo como un Consolador y habitante permanente dentro de sí, no solo como un poder externo que lo «visita» de forma temporal. El creyente moderno experimenta la transformación interior y el fruto del Espíritu (amor, gozo, paz, etc.) como resultado de la presencia constante del Espíritu, que lo guía, consuela, y libera del poder del pecado, a diferencia de la manifestación del poder en los tiempos bíblicos que se centraba más en actos externos y de unción para un propósito específico.

Espíritu de Dios sobre el creyente antiguo 

  • Presencia temporal: El Espíritu venía sobre individuos para cumplir una tarea específica y se retiraba. Por ejemplo, el Espíritu se «vistió» de Sansón para darle una fuerza sobrenatural para una misión determinada.
  • Poder externo: La obra del Espíritu se manifestaba principalmente como poder externo para realizar milagros, profecías o para liderar al pueblo.
  • No habitaba en el creyente: El Espíritu Santo no moraba en el interior de los creyentes, sino que venía sobre ellos y se retiraba según la necesidad.

Espíritu Santo en el creyente de hoy

  • Presencia constante: El Espíritu Santo reside permanentemente dentro del creyente como un «Consolador» y «ayudador» (Juan 14:16).
  • Poder transformador: El poder del Espíritu Santo se manifiesta internamente como una fuerza que transforma el carácter del creyente, ayudándolo a producir el «fruto del Espíritu» (Gálatas 5:22-23).
  • Liberación interior: El Espíritu Santo libera al creyente de la ley del pecado y la muerte, dándole la capacidad de vivir una vida nueva en Cristo (Romanos 8:1-2).
  • Guía y consuelo: El creyente recibe guía en sus decisiones, consuelo en sus tristezas, y esperanza en momentos difíciles a través del Espíritu Santo.
  • Sello de identidad: El Espíritu Santo es el «sello» de Dios sobre el creyente, que demuestra que le pertenece a Dios y que ha sido regenerado por el Espíritu.

1er Título: Firme propósito de Dios: bendecir a su pueblo. Versículos 1 y 2. Cuando vio Balaam que parecía bien a Jehová que él bendijese a Israel, no fue, como la primera y segunda vez, en busca de agüero, sino que puso su rostro hacia el desierto; y alzando sus ojos, vio a Israel alojado por sus tribus; y el Espíritu de Dios vino sobre él. (Léase: Génesis 12:2 y 3. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. ▬ Nehemías 13:2. por cuanto no salieron a recibir a los hijos de Israel con pan y agua, sino que dieron dinero a Balaam para que los maldijera; más nuestro Dios volvió la maldición en bendición.).

   (Génesis 12:2-3) Simiente, prometida ▬ Israel ▬ judías ▬ Abraham: Dios prometió darle a Abram la Simiente prometida, convertirlo en el padre de una gran nación y raza de personas (vv. 2-3a). Dios decía esto literalmente y espiritualmente. Advierta estos elementos:

▬ 1. Dios se refería a que la Simiente prometida sería un pueblo físico y literal. Abram daría a luz a nueva raza de personas: los judíos, la nación de Israel.

» a. Advierta las referencias del Antiguo Testamento.

   “Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que, si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada” (Gn. 13:16).

   “Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia” (Gn. 15:5).

   “He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes. Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes. Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti. Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti” (Gn. 17:4-7).

   “Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, más Sara será su nombre. Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella” (Gn. 17:15-16).

   “Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra?” (Gn. 18:17-18).

   “de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos” (Gn. 22:17).

   “y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor” (Gn. 25:23).

   “Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu simiente” (Gn. 26:4, la promesa le fue confirmada a Isaac, hijo de Abraham).

   “Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente” (Gn. 28:14, la promesa fue confirmada a Jacob, nieto de Abraham).

   “También le dijo Dios: Yo soy el Dios omnipotente: crece y multiplícate; una nación y conjunto de naciones procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos” (Gn. 35:11, de nuevo la promesa fue confirmada a Jacob, nieto de Abraham).

   “Y dijo: Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas de descender a Egipto, porque allí yo haré de ti una gran nación” (Gn. 46:3, de nuevo la promesa fue confirmada a Jacob, nieto de Abraham).

» b. Advierta las referencias del Nuevo Testamento.

   “Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra” (Hch. 3:25).

   “Y le dijo Dios así: Que su descendencia sería extranjera en tierra ajena, y que los reducirían a servidumbre y los maltratarían, por cuatrocientos años” (Hch. 7:6).

   “que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas” (Ro. 9:4).

   “Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar” (He. 11:11-12).

▬ 2. Dios se refería a que la Simiente prometida sería un pueblo espiritual. Abram daría a luz a una nueva raza de un pueblo

espiritual: el pueblo de la fe, creyentes verdaderos y genuinos que seguirían a Dios y a sus promesas. Los creyentes de todas las naciones se consideran hijos de Abraham. Advierta con cuánta claridad las Escrituras plantean este elemento:

   “Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia” (Ro. 4:11).

   “Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe. Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa” (Ro. 4:13-14).

   “Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros” (Ro. 4:16).

   “Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Ro. 4:23-25).

   “Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham” (Gá. 3:7).

   “Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones” (Gá. 3:8).

   “De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham” (Gá. 3:9).

   “para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu” (Gá. 3:14).

   “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; … Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente

linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gá. 3:26, 29).

   “Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios” (Gá. 6:16).

   La Simiente prometida era una promesa espiritual, así como una promesa literal. Este doble significado se debe tener siempre en cuenta al leer o estudiar la Simiente prometida dada a Abram.

=> Advierta las referencias del Antiguo Testamento que aparecen arriba (el primer punto), la promesa de que la simiente de Abram sería tan numerosa como las estrellas del cielo y como los granos de arena de la playa (Gn. 13:16; 15:5). Literalmente, esto nunca se podría cumplir si se refiriera solamente a una nación física de personas en la tierra. Por ende, debe haber una doble referencia. La promesa debe referirse a todos los creyentes de todas las naciones a lo largo de los siglos y milenios de la historia humana. Y la historia debe durar un período prolongado, debe continuar para que cada vez más personas puedan confiar en Cristo y volverse seguidores de Dios y su promesa. (¡Qué reto salir y dar testimonio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo!)

=> Advierta todos los pasajes anteriores: espiritualmente, Abram sería el padre de todos los que creen las promesas de Dios. Él fue la primera persona desde El Diluvio y Noé -en el nuevo mundo- en creer y dedicar su vida a las promesas de Dios; por eso Abram era el padre de todos aquellos que lo seguían creyendo en las promesas. A todos los que siguen los pasos de fe de Abram se les considera sus hijos, hijos de la fe, y recibirán espiritualmente las mismas promesas hechas a Abram (Ro. 4:11-12. Vea notas, Ro. 4:11-12; 4:13 para un mayor análisis.)

▬ 3. Recuerden que Abram y Sarai no tenían hijos, aunque llevaban años casados. Físicamente, ellos no podían tener hijos. ¿Cómo podría entonces nacer una nación de personas de Abram cuando él ni siquiera podía engendrar un hijo? Solo por medio de Dios. Solo Dios podía avivar la simiente de Abram y el vientre de Sarai y darles un hijo cuyos descendientes se convertirían en una gran nación de personas. Dios y solo Dios podían cumplir las promesas hechas a Abram. La tarea de Abram era creer en Dios, creer que Dios cumpliría su promesa haciendo exactamente lo que le había dicho.

▬ 4. Advierta que Dios hizo cuatro promesas personales a Abram y a la Simiente prometida, la gran nación de personas que Abram engendraría.

» a. Dios prometió bendecir a Abram (v. 2). La bendición de Dios significa su amor, presencia, protección, y provisión. Esto quiere decir que Dios iba a proteger y cuidar de Abram y el gran pueblo que Abram engendraría. Dios iba a concederles…

  • Su amor para tranquilizarlos.
  • Su presencia para guiarlos.
  • Su provisión para ocuparse de ellos.
  • Su protección para proporcionarles seguridad.

   Pensamiento 1. Advierta cómo a los creyentes se les dan las mismas bendiciones, a todos aquellos que siguen a Abram al creer las promesas de Dios.

   “Mas a Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti” (Éx. 23:25).

   “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (ls. 41:10).

   “Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él. Locamente has hecho en esto; porque de aquí en adelante habrá más guerra contra ti” (2 Cr. 16:9).

   “Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad” (Sal. 91:4).

   “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6:33).

   “Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso” (Éx. 33:14).

   “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Jn. 5:4-5).

   “Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Ti. 1:12).

   “que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero” (1 P. 1:5).

» b. Dios prometió hacer grande el nombre de Abram. Abram es sin lugar a dudas uno de los hombres más grandes que haya vivido.

1). La grandeza del nombre de Abram se ve claramente en la historia secular.

=> Abram dio origen a las naciones judía y árabe de la tierra. Ambos pueblos remontan su ascendencia a Abram y lo llaman el padre de su pueblo.

=> Abram se convertiría en el padre de reyes (Gn. 17:6), y Sarai la madre de las naciones y reyes (Gn. 17:16).

=> A Abram lo conocieron como un príncipe poderoso las naciones vecinas incluso en su época (Gn. 21:22-34; 23:6).

=> A Abram también se le conoció como un profeta de Dios (Gn. 20:7).

2). Pero más que en la historia secular, el nombre de Abram es grande en los anales de la fe. Todos los creyentes (todos aquellos que comprenden que Abram es el padre de la fe) honran a Abram. El propio nombre de Abram es sinónimo de fe. Todos los hombres verdaderamente grandes, aunque sean incrédulos, tienen algo en lo que ellos creen incondicionalmente; y Abram no era la excepción. Él creía en lo imposible y nunca vaciló en su fe. El nombre de Abram es grande, en primer lugar, porque él creía en Dios -las promesas de Dios, la Palabra de Dios- y buscaba de Dios con diligencia.

   “yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos e hijas; nombre perpetuo les daré, que nunca perecerá” (Is. 56:5).

   “Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo” (Ap. 3:12).

3). El recuerdo del nombre de Abram resulta preciado (grande) para los creyentes porque ellos saben esto: Si ellos siguen las promesas gloriosas dadas a Abram, entonces la gran herencia dada a Abram también será su herencia.

   “Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe… Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros” (Ro. 4:13, 16).

   “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (He. 11:8-10).

   “Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad” (He. 11:13-16).

   “yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos e hijas; nombre perpetuo les daré, que nunca perecerá” (Is. 56:5).

   c). Dios prometió hacer de Abram una bendición para otros. Abram ha sido una bendición para la tierra de al menos dos formas significativas.

1) Abram le ha dado dos grandes pueblos a la tierra: los judíos y los árabes. Estas naciones de personas, como todas las otras, no siempre han vivido acorde a su deber como un pueblo responsable. No obstante, la vida y los actos de los judíos y los árabes responsables constituyen una bendición para la tierra.

2) Abram ha bendecido la tierra con un gran ejemplo de fe, quizás el más grande de los ejemplos. Abram creía en Dios en contra de todos los pronósticos.

=> Él creía en que Dios le daría la Tierra Prometida, aunque él no sabía nada de la tierra, ni siquiera dónde se encontraba; y él siguió creyendo en que Dios le daría la tierra por el resto de su vida, aunque nunca poseyó ni un solo acre.

=> Él creía en que Dios le diera la Simiente prometida -una gran nación de personas- cuando humanamente resultaba imposible para él y su querida esposa tener un hijo.

=> Él creía en que Dios le daría la Simiente prometida -el Salvador- aunque él había estado llevando la vida más indigna cuando Dios lo llamó a alejarse del mundo y a seguir a Dios. Esto lo veremos en la próxima nota.

   Nuevamente, Abram ha bendecido la tierra con un gran ejemplo de fe, el más grande de los ejemplos.

    “Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe… Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros” (Ro. 4:13, 16).

   “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque

   “Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido” (Ro. 4:20-21).

  1. Dios prometió proteger y guardar a Abram al seguir a Dios y sus promesas (v. 3a). Tengan en cuenta que las promesas dadas a Abram tienen una doble referencia: las promesas se refieren a Abram personalmente, pero también se aplican a sus descendientes, espiritualmente. Dicho con sencillez, Dios prometió bendecir a la persona que bendijo a Abram y a sus descendientes, y maldecir a la persona que maldijera a Abram y a sus descendientes ¿Quiénes son las personas que bendicen y maldicen a Abram y a los creyentes?

=> La persona que bendice es una persona que aprueba o acepta el viaje de fe de Abram. Algunas personas aprobarían la decisión de Abram de seguir a Dios y sus promesas, aunque podrían no aceptar a Dios ni estar de acuerdo con Abram. Pero le desearían bien -darían su bendición- en su viaje a la Tierra Prometida. Otras personas irían más allá y aceptarían la decisión de Abram de seguir a Dios y sus promesas. Ellos hasta podrían aceptar a Dios y unirse a Abram en su viaje de fe. Ellos, también, bendecirían a Abram y todo aquel que siga a Dios y sus promesas

=> La persona que maldice es una persona que desaprueba y rechaza, y en algunos casos lucha contra Abram y su decisión de seguir a Dios y sus promesas.

   Esta fue una gran promesa a Abram, y es una gran promesa para todo el que comienza el viaje, de que verdaderamente sigue a Dios y sus promesas. Dios promete proteger a todos los creyentes en su viaje a la Tierra Prometida. Cualquier persona que se oponga a ellos y a su fe será maldecida, es decir, derrotada y condenada al fracaso. Pero todos los que les deseen bien serán bendecidos. La fe de todos los creyentes -tanto de Abram como de aquellos que lo siguen- será galardonada: todos saldrán victoriosos y llegarán a su destino, la propia Tierra Prometida. Dios cumplirá su promesa a Abram y a sus descendientes, el pueblo de la fe.

   “Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él” (2 Cr. 16:9).

   “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende” (Sal. 34:7).

   “Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, ni saeta que vuele de día” (Sal. 91:4-5).

   “No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová” (Sal. 112:7).

   “de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (He. 13:6).

   “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros” (Mt. 5:10-12).

   “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; más el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mt. 10:22).

   “Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” (1 Ti. 4:10).

   Nehemías 13:2: Los judíos excluyen a los extranjeros de Israel, 13:1–3. Escuchando la lectura de Deuteronomio 23:3–5, los judíos descubrieron que a los amonitas y los moabitas les era prohibido entrar en la congregación de Dios (13:1, 2). Podían vivir en Israel, pero no participar en la asamblea para el culto en el santuario (cf. Deut. 23:1, 2). Sobre aquel día (13:1), ver la exposición de 12:44. Los verbos se leyó y se halló (13:1) de nuevo sugieren la acción del pueblo y su liderazgo múltiple (ver fueron puestos en 12:44 y la exposición de 7:1; 8:1). Las repeticiones de libro de Moisés y la congregación en 8:1–3 y 13:1 enmarcan todo el avivamiento narrado en 8:1–13:3.

   La prohibición se debía a que cuando Israel subió de la esclavitud en Egipto, los amonitas y moabitas no le ofrecieron ni la más mínima ayuda (pan y agua), aunque eran descendientes de Lot (Gén. 19:33–38), el sobrino de Abraham (Gén. 11:31). Lejos de socorrer a Israel, Balac, rey de Moab (ver la nota), contrató a Balaam para maldecirlo (13:2; ver el comentario sobre Tobías en v. 4).

   El vocablo traducido extranjeros, ereb 6154, (13:3) literalmente significa “mezcla”. Se usa de extranjeros que viven entre otro pueblo (ver las varias traducciones en Éxo. 12:38; Jer. 25:20; 50:37). Aquí se refiere particularmente a los amonitas y los moabitas (ver v. 1). Excluirlos de Israel no significaba desterrarlos, sino excluirlos de la asamblea cúltica (ver v. 1; 9:2; Esd. 10:8). Fue un paso más en la separación de las influencias extranjeras (ver 9:2; 10:28). En cuanto al nombre Israel, ver la exposición de 1:6.

2° Titulo: Gracia y fidelidad del Omnipotente en favor de su pueblo. Versículos 3 al 7. Entonces tomó su parábola, y dijo: Dijo Balaam hijo de Beor, Y dijo el varón de ojos abiertos; Dijo el que oyó los dichos de Dios, El que vio la visión del Omnipotente; Caído, pero abiertos los ojos: ¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob, Tus habitaciones, oh Israel! Como arroyos están extendidas, Como huertos junto al río, Como áloes plantados por Jehová, Como cedros junto a las aguas. De sus manos destilarán aguas, Y su descendencia será en muchas aguas; Enaltecerá su rey más que Agag, Y su reino será engrandecido. (Léase: Salmo 28:8 y 9. Jehová es la fortaleza de su pueblo, Y el refugio salvador de su ungido. Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad; Y pastoréales y susténtales para siempre. ▬ 1ª a los Corintios 1:9. Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.).

   Compartiendo la bendición, Salmo vv. 8, 9. El Salmo termina con el deseo de compartir esta experiencia con todo el pueblo de Dios. (Esta estrofa podría haber sido agregada después para su uso en el culto.) Este es el creyente, que en su propia vida experimenta la verdad bíblica: Todo aquel que cree en él no será avergonzado, y quiere que todos los demás experimenten lo mismo.

   La última petición (v. 9) contiene cuatro verbos imperativos: salva, bendice, pastoréalos y enaltécelos (o “lleva”). El último verbo significa “alzar” y “llevar”; en Deuteronomio 1:31: como trae un hombre a su hijo, y en Exodo 19:4: levantado… sobre alas de águilas. Ciertamente es Dios que sustenta a su pueblo y también lo enaltece.

   (1ª a los Corintios 1:9) Comunión, espiritual: El cuarto recurso del creyente es el propio Dios, su llamado glorioso. Dios ha llamado a los creyentes con un propósito específico: “Estar en comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor”. El anhelo de Dios en nuestro corazón es que los hombres conozcan a su Hijo:

  • Emparentándose personalmente con Él por medio de la adopción (Ro. 8:15-17; Gá. 4:4-6).
  • Teniendo comunión con Él día tras día, las veinticuatro horas del día.

   Note la idea: Dios no quiere que tengamos comunión con su Hijo solo de un modo temporal. Cuando Dios nos llama a comunión con su Hijo, Él se refiere a comunión eterna. Él nos está adoptando como hijos de modo que Jesucristo recibirá nuestra comunión como hermanos.

   “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Ro. 8:15-17).

   “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Ro. 8:29).

   “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” (Gá. 4:4-6).

   “lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo” (1 Jn. 1:3).

   “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Ap. 3:20).

3er Titulo: Evidente poder y grandeza de Dios hacia sus escogidos. Versículos 8 y 9.  Dios lo sacó de Egipto; Tiene fuerzas como de búfalo. Devorará a las naciones enemigas, Desmenuzará sus huesos, Y las traspasará con sus saetas. Se encorvará para echarse como león, Y como leona; ¿quién lo despertará? Benditos los que te bendijeren, Y malditos los que te maldijeren.  (Léase: Deuteronomio 26: 8 y 9. y Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales y con milagros; y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que fluye leche y miel. ▬ Jeremías 10:6. No hay semejante a ti, oh Jehová; grande eres tú, y grande tu nombre en poderío.).

   Las primicias de los frutos, Deuteronomio 26: 8 y 9. Este capítulo introduce la ceremonia de la presentación de las primicias de los frutos. Esta ceremonia debía ser celebrada por el pueblo en Canaán, después de terminada la conquista de la tierra prometida (v. 1). El deuteronomista diversas veces declara que Jehovah era quien iba a proveer las bendiciones para Israel (vea vv. 1, 3, 8, 9, 11, 15). Esta declaración de que Jehovah era la fuente de bendición sirve para combatir la idea que Baal, el dios de la fertilidad en la religión de los cananeos, era el dios quien producía la fertilidad de la tierra de Canaán. Por cuanto Jehovah era la fuente de las bendiciones recibidas por Israel y en gratitud por su abundante bendición, el pueblo tenía que responder a la bondad divina con la presentación de las primicias de los frutos de la tierra (v. 2).

   La presentación de las primicias del fruto se hacía en el templo, delante del sacerdote. La expresión el lugar que Jehovah tu Dios haya escogido para hacer habitar allí su nombre se refiere al santuario central donde estaba el arca del pacto, el símbolo de la presencia divina. Más tarde, esta misma expresión fue usada exclusivamente para designar el templo que Salomón edificó en Jerusalén.

   Cada israelita tenía que presentarse en el templo ante el sacerdote que estaba oficiando la ceremonia. Cada individuo traía su canasta con las primicias de los frutos del campo y la depositaba delante de Jehovah, declarando que los frutos en la canasta representaban la cosecha que él había recibido. La declaración de la persona que hacía la presentación aparece en forma de una confesión de fe. Seis veces en esta sección Israel es exhortado a recordar que Jehovah era la fuente de bendición y que él era quien proveía para la nación.

   La declaración de fe que el israelita recitaba incluía dos afirmaciones. La primera afirmación de la persona que presentaba la canasta delante de Dios era que reconocía que él había recibido una porción de la tierra prometida porque Jehovah había cumplido la promesa hecha a los patriarcas. El v. 4 declara que el sacerdote tomaba la canasta de las manos del adorador y la ponía delante del altar de Jehovah. Sin embargo, el v. 10 parece indicar que era el adorador quien colocaba la canasta en la presencia de Jehovah. Es posible que este ritual incluía la presentación de la canasta dos veces: una por el sacerdote (v. 4) y la otra por el adorador (v. 10). Pero es más probable que los dos versículos describan el mismo evento.

   La segunda afirmación de la persona que hacía la presentación de la canasta aparece en los vv. 5–10. Esta confesión de fe hace referencia a la situación difícil de sus antepasados y enfatiza la fidelidad de Jehovah a través de la historia de Israel y de la preservación milagrosa del pueblo en su jornada hacia Canaán.

   Jacob, el padre de los israelitas, es introducido como un arameo errante. Jacob vivió en Harán con Labán, el arameo. Las dos esposas y las dos concubinas de Jacob eran arameas y sus hijos nacieron en Aram (Siria). La palabra errante se refiere a la situación de los patriarcas que no tenían tierra propia. La situación de los patriarcas sirve de contraste con la vida del israelita que presentaba su canasta delante de Jehovah. Sus antepasados no tenían tierra propia, pero él tenía su tierra, la tierra que Jehovah había prometido a los patriarcas, una tierra fértil que producía abundante cosecha.

   Jacob y su familia habían descendido a Egipto por causa del hambre que había en la tierra de Canaán (Gén. 41:53–57). Los eventos que sucedieron en Egipto, la aflicción de Israel como esclavo de los egipcios y la salida del pueblo bajo el poder de Jehovah, son interpretados desde la perspectiva de la historia de salvación y de la fe de Israel. Israel había dejado de ser “un pueblo errante” para ser dueño de una tierra fértil, una tierra que fluye leche y miel. Los hijos de los israelitas que habían sido esclavos en Egipto y que habían sufrido hambre en el desierto ahora aparecen delante de Jehovah con una canasta que representaba la abundancia de la tierra que Israel había recibido de Jehovah. Ahora, en gratitud por la abundante cosecha, los israelitas venían a adorar a Jehovah en su templo, trayendo en sus manos las primicias del fruto, símbolo de las bendiciones de Dios.

  La presentación de las primicias era ocasión de gran júbilo en Israel. Te regocijarás probablemente indicaba una cena en el templo. Esta cena incluía no solamente la persona que hacía la presentación de la canasta, sino también todos los miembros de su familia, inclusive el levita pobre y el forastero quienes eran parte de la comunidad israelita.

   Jeremías 10:6. El v. 6 comienza una afirmación del Dios verdadero, destacando su superioridad sobre los ídolos en todo: ¡No hay nadie semejante a ti, oh Jehovah! Dios es alabado por ser grande, poderoso y sabio. Es el verdadero Dios, el Dios vivo y el Rey eterno. Su poder es grande, más allá de cualquier dios. Él es Rey de las naciones, no solamente de Israel (comp. Sal. 47:8, 9; 96:10). Él es soberano sobre el universo, sobre la creación y la naturaleza.

   Entre los vv. 6 y 10 se declara de nuevo la futilidad de adorar a los ídolos. Tanto ellos como los que enseñan su adoración son torpes e insensatos en sus creencias y en sus acciones. El v. 11 aparece en arameo y es el único versículo en este idioma en el libro; aunque el resto de esta sección está en poesía, este versículo está en prosa. Declara la destrucción de los ídolos que no hicieron los cielos ni la tierra por el Dios que sí los hizo.

Domingo 30 de Noviembre de 2025

Amen, para la honra y gloria de Dios.

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