Lectura bíblica: Proverbios 6:20 -23: Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, Y no dejes la enseñanza de tu madre. Átalos siempre en tu corazón. Enlázalos a tu cuello. Te guiarán cuando andes; cuando duermas te guardarán; Hablarán contigo cuando despiertes. Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz. Y camino de vida las reprensiones que te instruyen.
Exhortación: Las enseñanzas paternales como luminarias, 6:20-23: La sección se une al capítulo y al resto de los capítulos a través de la palabra hijo mío (ver 1:8). Aquí el maestro vuelve a recordar a los jóvenes el compromiso merecido a las enseñanzas de sus padres. Otra vez se repite textualmente la frase torah de tu madre (ver 1:8). La palabra guarda tiene la idea de «preservar» y «obedecer». Es la primera vez que aparece como el comienzo de una sección de enseñanza, reemplazando las palabras escucha (1:8), oíd (4:1), escucha (4:10) y pon atención (4:20; 5:1). Básicamente la misma idea se ha expresado de «escuchar». Ahora, el maestro va a la aplicación, mientras guarda también mantiene la idea de escuchar. Guarda está puesto en un paralelismo antitético con la palabra no abandones. Seguramente el maestro ha visto a sus alumnos rebelándose contra los padres y contra sus enseñanzas. A la vez, él ha visto su sufrimiento y su fin. El tema de los padres, sus enseñanzas y la disciplina de los hijos es muy necesario hoy en día. Quizás nos sorprendería la cantidad de pasajes que tratan el tema en el libro de Proverbios (1:8, 9; 4:1–4; 19:18, 29; 23:13 s.; 26:3) y en algunos pasajes clave del resto de la Biblia (ver Gén. 18:19; Exo. 20:12; Deut. 5:16; 6:7; 8:5; 11:19). Parece que había problemas con la juventud en el pasado, lo que se muestra en 30:14: Hay generación que maldice a su padre y no bendice a su madre. Hay generación limpia en su propia opinión… Que una generación sea mejor o peor que la generación anterior se basa en cómo se han comportado los adolescentes o jóvenes. Por eso, las enseñanzas de los sabios a la juventud son un aspecto esencial de la cultura y el futuro.
Algunos tomaron muy en serio la admonición para atar las enseñanzas a su corazón y al cuello como se indica en el v. 21 (ver 3:3; 7:3; 22:15). Se hacían cajitas y guardaban pequeños pergaminos en ellas, colgando después las cajitas sobre el corazón y alrededor del cuello (ver 3:3).
El v. 22 repite la idea de 3:23 y 24 en que hay seguridad y sabiduría para el día y durante la noche. El joven sabio puede esperar un dulce sueño (3:24). Por lo tanto, las enseñanzas paternales y el consejo sabio estarán listos para comunicar o dialogar cuando el joven se despierta en la mañana. ¡Qué bueno es empezar el día con una palabra sabia!
El v. 23 utiliza la triple fórmula como el v. 22. Se vuelven a repetir lit. las mismas palabras mandamiento e instrucción del v. 20, que representaban las enseñanzas paternales. El mandamiento del padre es como ner 5216, la lámpara que usaba el aceite de olivo. La lámpara se hacía de arcilla y tenía la forma de un pequeño plato hondo. Especialmente se ocupaba en la noche (31:18). Tiene el significado figurativo del favor o beneplácito (ver 13:9; 20:20, 27; 24:20; 31:18). Por otra parte, la instrucción de la madre es como ’or 216, que es «la luz», normalmente la luz del sol y la luna (4:18), pero también puede significar «el favor de» (16:15). Como la luz natural es de día, completando así la idea de la enseñanza que le ayuda como la misma luz natural. La combinación de lámpara y luz juntas se encuentra también en 13:9. Quizás la lámpara, antorcha en el texto traducido, y la luz natural significan que la luz de día y de noche están siempre presentes, siempre vitales. La imagen de la luz es como la imagen del agua en 3:15 y 16, para mostrar elementos vitales.
Después de haber visto las características del hombre depravado y las características abominables ante Dios en las últimas secciones, esta sección ha sido de bendición y esperanza. Fue como una visita a casa para besar a los padres y compartir, escuchando de nuevo sus voces y sus consejos. La frase camino de vida suena como un aire fresco contra los vientos de la violencia y la maldad de las secciones anteriores. ¡Qué bendición tener un hogar donde están las lámparas y las luces de la sabiduría divina! ¿Cuántos hijos no pueden recordar a las lámparas y las luces porque no estaba la presencia de Cristo en sus hogares? Los jóvenes están llamados a recordar a sus hogares y sus enseñanzas paternales, pero a la vez motivados a construir una casa de luz y lámpara en el futuro.
Ejemplos de padre piadoso, pero hijos impíos.
1ª de samuel 2: 12 al 17: Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová. Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres dientes, y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían con todo israelita que venía a Silo. Asimismo, antes de quemar la grosura, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que asar para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda. Y si el hombre le respondía: Quemen la grosura primero, y después toma tanto como quieras; él respondía: No, sino dámela ahora mismo; de otra manera yo la tomaré por la fuerza. Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová.
Comentario. El pecado de Elí, 2:11–17. Nos acordamos que Elí equivocadamente había acusado a Ana de ser una mujer impía (1:16). En realidad, eran sus propios hijos que la Palabra de Dios acusa de ser impíos. Levítico 7 establecía la porción del sacrificio que el adorador le podría dar al sacerdote. Los hijos de Elí ni pedían permiso ni esperaban que se les diera del sacrificio. Ellos se servían de la carne y su conducta fue muy grosera. Además, no seguían las instrucciones dadas por Dios en ese capítulo de Levítico referente a la manera correcta de ofrecer el sacrificio (v. 16). Y sobre todo trataban con irreverencia (v. 17) las ofrendas de Jehovah. La palabra hebrea aquí quiere decir no solamente despre-
ciar sino también rechazar. Este fue el mismo pecado de Coré, Datán y Abiram (Núm. 16:30). Ellos “menospreciaron” (la misma palabra que aquí es traducida trataban con irreverencia) a Jehovah y descendieron vivos al Seol condenados por el juicio divino. Igualmente, en el día de hoy dice Juan 3:36: … el que desobedece (o rehúsa creer) al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.
Ejemplos de Padres piadoso, pero enseñados bajo la doctrina de Dios, pero se volvieron corruptos e impíos.
1ª de Samuel 8:1 al 5: Aconteció que, habiendo Samuel envejecido, puso a sus hijos por jueces sobre Israel. Y el nombre de su hijo primogénito fue Joel, y el nombre del segundo, Abías; y eran jueces en Beerseba. Pero no anduvieron los hijos por los caminos de su padre, antes se volvieron tras la avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho. Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel, y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones.
Comentario: a. Los hijos de Samuel y su pecado, 8:1–3. Desafortunadamente, los hijos de Samuel no seguían en las pisadas de su padre. Samuel se equivocó al ponerlos como jueces sobre el pueblo. Los jueces fueron llamados por Dios para librar y guiar a Israel, pero el oficio de juez nunca se transformó en dinastía. Joel quiere decir “Jehovah es Dios”. Abías quiere decir “Jehovah es Padre”. Los nombres son buenos; los hijos no lo eran. Samuel les había ubicado en Beerseba, 80 km. al sur de Jerusalén. Beerseba era considerada como límite de Judá en el sur del país. Nos indica algo de la influencia que tenía Samuel sobre un territorio tan extenso. Sus hijos fueron acusados de haber aceptado soborno y de pervertir el derecho por amor al dinero. Contra tales cosas la ley advertía (Deut. 16:19). Puesto que Samuel no contradice esta acusación, tenemos que creer que eran culpables. Si Samuel los disciplinó, no lo sabemos. Sabemos que el hijo de Joel se llamaba Hemán y que llegó a ser uno de los principales entre los cantores, y un gran músico en el servicio del rey David (1 Crón. 6:33). Incluso él escribió el Salmo 88. Fue un hombre dedicado al servicio de Dios.
Existen varios ejemplos de hijos que honraron a sus padres y a Dios en la Biblia.
“Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.” (Efesios 6:1-4)
Existen varios ejemplos de hijos que honraron a sus padres y a Dios en la Biblia. Destacamos aquí algunos cuyas actitudes son buenos ejemplos para los hijos de hoy:
David
Obedeciendo a sus padres, el pequeño y delgado pastor de ovejas les llevó comida a sus hermanos en pleno campo de batalla de los filisteos. Él podría haber tenido miedo y haber desobedecido. Sin embargo, ya acostumbrado a la tarea de cuidar y defender los rebaños de los depredadores y ladrones, no lo dudó. El gigante filisteo Goliat desafió a los hebreos y menospreció a sus guerreros, por lo que David compró la pelea. Sucede que, por encima de todo, este muchacho seguía al Dios de sus padres, y sabía que el Verdadero Poder estaba en Él, de ahí provenía la confianza de que vencería al gran desafiante. Fue la primera de muchas victorias de este joven que solo buscaba cuidar a su familia en aquel momento, pero se convirtió en el defensor y gobernante de una gran nación.
Samuel
Ana era estéril, un motivo de gran humillación para las mujeres de la época. Ella oró fervorosamente a Dios para tener un hijo y fue atendida, le prometió al Señor que entregaría a su hijo para el sacerdocio, y así lo hizo cuando el pequeño Samuel nació. El muchacho honró la promesa de su madre y creció bajo el servicio a Dios. Él también honraba a Elí, el sacerdote cuyos hijos no eran buenos ejemplos a seguir en su trabajo. Entonces, Samuel obedecía a aquel que, en cierto modo, era su nuevo padre en la vida y en la fe, convirtiéndose en uno de los grandes profetas de la Biblia. Él fue quien ungió a David como rey.
Josías
Los hijos de David tenían todo para seguir el ejemplo de su padre en la entrega a Dios. Sin embargo, algunos eran problemáticos, como Absalón, que intento usurpar el trono de su propio padre, y Amnón que violó a su hermana Tamar. Sin embargo, otro de sus hijos, Josías, siguió todos los buenos ejemplos de su padre y «sin apartarse a la derecha ni a la izquierda.” (2ª Crónicas 34:2. Este hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en los caminos de David su padre, sin apartarse a la derecha ni a la izquierda.). Más tarde fue ungido a rey con solo 8 años de edad, pero instruido en la fe y en la ciencia del buen gobierno. Incluso antes de honrar a David, honraba a Dios, y comenzó a limpiar a Jerusalén y a Judá de la idolatría, mostrando a su pueblo el Único y Verdadero Señor.
El Hijo Pródigo
Él no existió, fue un personaje de una la parábola contada por el Señor Jesús. Sin embargo, su ejemplo permanece. Incluso el joven habiendo abandonado a su familia y buscado una vida indisciplinada, volvió hacia su padre y fue amparado. Como este joven, muchos hijos se equivocan en un momento u otro en el que la inmadurez habla más alto, pero pueden optar por pedirle perdón a sus padres y volver a honrarlos. El hijo pródigo, a pesar de no haber existido en carne y hueso, hizo historia por su actitud de querer volver a ser parte de una familia, un ejemplo que el propio Señor Jesús quiso dejar como herencia.
El Señor Jesús
Hijo de Dios y del Hombre al mismo tiempo, en Su vida terrenal, el Señor Jesús honraba, obedecía y respetaba a José y a María, incluso sabiendo que era el Verdadero Hijo del Propio Dios. Ayudaba a José en la carpintería, aprendiendo su noble oficio y ayudando en el sustento de la casa y protegió a María cuando fue adulto. Si Él recibió de Dios todo el Poder, de aquel matrimonio que Lo protegió y crió en la Tierra Él aprendió la humildad para vivir entre los que iría a Salvar.
Comentario de Josías: El reinado de Josías y sus reformas, 34:1–35:27. En contraste con su padre, Josías llegó a ser un buen gobernante para Judá, y reinó durante 31 años en el trono entre el 640 y el 609 a. de J.C. Dando lustre a su nombre que significa “el Señor sana”, Josías buscó la sanidad de su pueblo.
Como su bisabuelo Ezequías, Josías se acercaba mucho a David en carácter. Entre sus reformas, Josías hizo que el pueblo volviera a depositar su fe en la palabra de Dios, hecho que sostuvo a Judá en el exilio y por casi una centuria (Dan.
9:2), y durante el siglo de la restauración (Esd. 7:10; Mal. 4:4).
Fue la convicción de Josías en cuanto a las Escrituras lo que mantuvo al pueblo de Dios en pie durante los 400 años de silencio, hasta la aparición de Juan el Bautista (Mal. 3:1; 4:5, 6) quien anunció la venida del Mesías, la Palabra de Dios encarnada (Mat. 5:17, 18).
En los dos capítulos que cubre la historia de Josías, el cronista trata los siguientes temas: Primero, las primeras fases de sus reformas, 34:1–7; segundo, la gran reforma que tuvo lugar a los 18 años de su reinado, empezando con la reparación
del templo en Jerusalén. Se culmina con el descubrimiento del libro de la Ley, 34:8– 33; tercero, la celebración de la Pascua, 35:1–19; cuarto, su muerte trágica, 35:20– 27. El pasaje paralelo se encuentra en 2 Reyes 22:1–23:30.
Josías hizo lo recto ante los ojos de Jehovah y anduvo en los caminos de su padre David, sin apartarse ni a la derecha ni a la izquierda (v. 2). En esencia, el cronista provee la explicación en el siguiente versículo (v. 3). En el octavo año de su reinado, 632 a. de J.C., siendo un adolescente de 16 años de edad, Josías empezó a buscar a Jehovah. A la edad de 20 años, después de haber reinado por 12 años (628 a. de J.C.), empezó a purificar a Judá y a Jerusalén.
El avivamiento espiritual tuvo lugar en una situación geopolítica muy singular para el Medio Oriente. Entre el 628 y el 626 a. de J.C. se levantaron unos jinetes nómadas bárbaros del norte que arrasaron con casi todo el Cercano Oriente hasta
ser detenidos por los egipcios.
Estas hordas bárbaras originaron dos grandes preocupaciones en Judá: En lo religioso, dieron lugar al surgimiento de profetas como Jeremías (Jer. 1:2, 14) y Sofonías (Sof. 1:2); fueron causantes del avivamiento espiritual encabezado por Josías.
En lo político, tuvieron éxito combatiendo contra los asirios y sus dominios en Judá (33:3).
Amén, para la honra y gloria de Dios.


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