LECTURA BIBLICA: 1ª A LOS CORINTIOS 14: 4 AL 6. 4. El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia. 5. Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación. 6. Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina?
(14:2-5) Don de Lenguas, Profecía: La diferencia entre las lenguas y la profecía. Recuerden que el don de lenguas es el don que está tan sujeta al orgullo y la súper espiritualidad por su naturaleza celestial y poco terrenal. Sin embargo, se demuestra su importancia comparándolo con el don de la profecía. Se dice inmediatamente que hay tres diferencias entre las lenguas y la profecía:
▬ 1. Las lenguas están dirigidas a Dios, mientras que la profecía está dirigida a los hombres (v. 2-3). De un modo sencillo, las Escrituras declaran que las lenguas no edifican ni benefician a los hombres tanto como la profecía. Hay razones para esto:
» a. Las lenguas están dirigidas hacia Dios; son para Dios, para tener comunión con Él, para conocer los misterios (las cosas secretas) de Dios con Dios.
» b. Los hombres no entienden las lenguas. Las Escrituras son claras: “Nadie le entiende”, es decir, oye, entiende el sentido, asimila el significado de lo que se dice.
» c. El creyente que profetiza edifica, exhorta, y consuela a los hombres (vea el Estudio a fondo, Profecía – 1ª Co. 14:3).
Pensamiento 1. Note la importancia que se le da a proclamar el mensaje del evangelio en términos entendibles. Se puede salvar y ayudar a los hombres solo si ellos pueden entender el mensaje de los creyentes. El planteamiento es claro: El mensaje primordial que debemos transmitir debe ser el evangelio, y todos los hombres deben entenderlo.
▬ 2. Las lenguas edifican a uno mismo, mientras que la profecía edifica a la iglesia (v. 4). El planteamiento es claro: Las lenguas son útiles, edifican a uno mismo. Pero la profecía es de mucho más beneficio. El creyente que profetiza edifica a toda la iglesia, edifica a muchas más personas. Observe algo más también: El don de lenguas se centra en la edificación de uno mismo, pero el don de la profecía se centra en el ministerio, en la edificación de otros. El educarnos a nosotros mismos es importante, desde luego, pero el ministerio de edificar a otros es mucho más importante.
▬ 3. Las lenguas son encomiables, pero la profecía es más encomiable. A este versículo le deben prestar atención aquellos que enfatizan y aquellos que minimizan y niegan las lenguas.
=> Pablo quisiera que todos hablaran en lenguas.
=> Pero es más importante para todos profetizar y proclamar el evangelio.
=> El profeta es mucho más importante que el hombre que habla en lenguas a menos que se interpreten las lenguas.
Nuevamente, note el énfasis en la edificación. El propósito de que el creyente hable en la adoración debe ser edificar a la iglesia. (Vea el Estudio a fondo 1, Profecía 1Co. 14:3 para versículos acerca de la edificación.)
Nota del expositor Bíblico: «Los dones espirituales no son talentos ni habilidades naturales, sino sobrenaturales, otorgados por el Espíritu Santo conforme a la soberanía de Dios, para ser manifestados en la Iglesia. Deben usarse en el temor de Dios y nunca para vanagloria».
1er TITULO: Propósitos divinos de los dones espirituales para la edificación de la Iglesia. Versículo 4. El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia. (Léase: Romanos 14:19. Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. ▬ 1ª de Pedro 4:10. Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.).
Comentario del versículo 4. El que habla en una lengua, se edifica a sí mismo. El que profetiza, edifica a la iglesia.
» a. «El que habla en una lengua, se edifica a sí mismo». Pablo ya indicó que el que habla en una lengua se dirige a Dios, no a la gente (v. 2). Ahora afirma que el que habla en una lengua se edifica a sí mismo. No dice nada acerca de los intérpretes, porque sabe que sin interpretación la congregación no se beneficiará de lo que se dice. Sin un intérprete el mensaje no se entiende.
¿Cómo es que una persona que habla en lenguas se edifica a sí misma? Algunos eruditos interpretan el verbo edificarse en sentido negativo, porque piensan que una persona debe usar sus dones para el beneficio de la iglesia. Creen que en la primera parte de este versículo Pablo está usando un sarcasmo, y esgrimen dos argumentos para probar lo que dicen. Primero, Pablo enseña que los dones que el Espíritu concede son para el bien común de toda la iglesia (12:7). Segundo, en su carta de amor, insinuó que los dones jamás deben servir propósitos egoístas.
No obstante, parece que aquí Pablo se refiere en forma positiva al edificarse a sí mismo, ya que anima a todos sus lectores a que hablen en lenguas (v. 5). También hace notar que el orar a Dios en forma privada, aunque sea en alguna lengua, es un asunto entre el creyente y Dios (2 Co. 12:2–4; véase también el v. 2 y su comentario). Por consiguiente, nadie tiene el derecho de invadir la privacidad religiosa de los demás. Sea en voz alta o no, la oración es una calle de dos direcciones. El que ora alaba y da gracias a Dios y, al mismo tiempo, Dios le anima y consuela.
El hecho de que Pablo usa repetidamente el verbo edificar y el sustantivo edificación, testifica que en este capítulo subraya el concepto de edificación. En otro lugar, Pablo le dice a los destinatarios «buscad sobresalir en [la labor de] edificar a la iglesia». Pablo vuelve a confirmar que, entre las lenguas y la profecía, uno debe preferir mucho más la profecía. El principio fundamental de amar al prójimo como a uno mismo, clarificado en el discurso sobre el amor (cap. 13), se expresa en la voz de la profecía. El marco para la profecía es el culto público donde los miembros se reúnen para alabar, orar e instruirse. El contexto también podría ser un pequeño grupo de dos o tres reunidos en el nombre de Jesús (véase Mt. 18:20). La profecía debe entregarse siempre teniendo en cuenta el amor al prójimo.
Pablo nota que el que profetiza edifica a la iglesia. Aquí no se refiere a la iglesia universal, sino a la congregación local. Cuando alguien se dirige a Dios en alguna lengua, el que lo hace sigue una línea vertical de adoración, pero cuando profetiza a los miembros de la iglesia, alcanza en forma horizontal a los creyentes.
Comentario de Romanos 14:19: Paz y edificación mutua (14:19): Después de discutir las implicaciones de sus luchas internas y la necesidad de otro camino para sus energías, Pablo vuelve a exhortar y les dice lo que deben hacer: “Por lo tanto, esforcémonos por promover todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificación”.
La realidad del reino de Dios en medio de ellos exige armonía entre los diversos grupos que componen la iglesia. El verbo traducido “esforcémonos” es diōkōmen, que en el presente continuo tiene la idea de un esfuerzo incesante para producir una cosa. La iglesia está sumida en conflictos y mala teología, entonces se necesitará una gran cantidad de trabajo guiado por el Espíritu para que las cosas avancen en la dirección correcta.
La idea de buscar la paz es frecuente en el Nuevo Testamento. Es un aspecto esencial de la vida en el Espíritu. El punto de Pablo es que la paz en la comunidad requiere una energía muy grande, por lo que deben perseguirla con todo lo que poseen y hacerlo bajo la fuerza que el Espíritu les proporciona. Los fuertes hasta ahora han sacrificado la paz por su libertad cristiana.
La paz se logra al perseguir las cosas que contribuyen a la “mutua edificación”. Si los fuertes trabajaran para edificar a los débiles en lugar de hacer alarde de su libertad religiosa frente a ellos, la paz sería la consecuencia natural. Pablo dice esto bien en Efesios 4:12–13, donde los líderes deben “a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo. De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo”.
Esto se hace individualmente a través de la consejería, pero es probable que Pablo piense colectivamente en toda la iglesia con su enfoque transformado para centrarse en el pueblo unido de Dios que crece en Cristo. Los débiles y los fuertes deben dejar de enfocarse en ganar el debate y centrarse en edificarse mutuamente en Cristo para lograr la paz y una adoración y alegría unidas en Cristo.
Comentario de 1ª de Pedro 4:10 (4: 10-11) Dones espirituales: ¿cómo vivir a la expectativa del clímax de la historia? Debemos poner en práctica nuestros dones como buenos administradores de Dios. La palabra “don” (charisma) significa capacidad muy especial dada al creyente por Dios. Advierta que el don proviene de Dios, no es un talento natural. El creyente no podría haber logrado o asegurado esta capacidad por sí mismo. Es Lm don espiritual, o sea, dado por el Espíritu de Dios con fines espirituales. Se le da al creyente para que pueda cumplir con su tarea en la tierra.
▬ 1. Advierta: los creyentes deben usar sus dones sirviendo y ministrándose unos a otros. La tarea de todo creyente consiste en usar su talento para edificar creyentes en la iglesia, dar testimonio y ministrar al mundo. ¿Cuáles son los dones espirituales que Dios le da a los creyentes? La gran tragedia es que la mayoría de los creyentes no saben nada sobre los dones espirituales; sin embargo, Dios los cubre en su Palabra. Deberían ser estudiados diligentemente (véase bosquejo y notas, Ro. 12:6-8; 1ª Co. 12:8-ll; Ef. 4:11 para un estudio más detallado al respecto).
“Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa” (Mt. 10:42).
▬ 2. Nota: el creyente debe servir siendo un buen administrador de la gracia 0 don de Dios. El administrador era un esclavo al que se le daba la responsabilidad de toda la heredad del amo, tanto de su propiedad como de sus posesiones. Estaba plenamente a cargo de todos los asuntos del amo. El creyente es el administrador de Dios; está totalmente a cargo de la gracia y el don que Dios le ha dado. Nadie más puede cuidar o utilizar el don que él tiene. Si alguien tiene que usarlo es el creyente. Piense en esto: la enorme responsabilidad ha sido puesta en nuestras manos. Nadie puede ejercer el don del creyente sino solo el creyente. La única energía y el único esfuerzo que puede surgir y usar el don es la propia energía y el esfuerzo del creyente. Si no ejerce ni usa su don, entonces el don permanece latente y nunca se pone en práctica. Fracasa en su tarea. Su misión en la tierra no se cumple. Y debe enfrentar a Dios como un fracaso en la vida. Fracasó al usar el don que Dios le había dado, fracasó en completar su tarea y misión en la tierra. Pero advierta: esto no se aplica a los creyentes. Los creyentes deben poner en práctica sus dones y deben ser fieles administradores, como si estuvieran esclavizados, para llevar a cabo su tarea en la tierra. Se mencionan dos dones en particular. Se los trata en los dos puntos siguientes.
“Porque el reino de los cielos es como un hombre que, yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos” (Mt. 25: 14-15).
▬ 3. Los creyentes deben servir proclamando la Palabra de Dios. Esto incluiría dones tales como enseñar, predicar, exhortar, profetizar y los otros dones que involucran proclamar la Palabra de Dios. Nota: debemos hablar como los oráculos de Dios. Esto significa dos cosas. Debemos pronunciar únicamente la Palabra de Dios y debemos permitir que Dios hable a través de nosotros. Debemos depender de Dios para el discurso, depender totalmente de Él.
“Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mt. 28:20).
“Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación” (1 Co. 14:3).
“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros” (Ef. 4:11).
“Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Ti. 4:2).
“Retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen” (Tit. 1:9).
“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para si un pueblo propio, celoso de buenas obras. Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie” (Tit. 2:11-15).
▬ 4. Los creyentes deben servir ministrando. Esto incluiría dones tales como la hospitalidad, el realizar visitas, el don de misericordia, de las dádivas y los otros dones de ministración a la gente. Nota: el creyente que ministra debe hacerlo en la capacidad y fortaleza del Señor. Esto también significa que ministramos reconociendo que nuestra fortaleza proviene de Dios y solo de Dios.
La cuestión es esta: ¿cómo podemos manejar y conquistar el sufrimiento en esta vida? Viviendo a la expectativa del clímax de la historia. Ocupándonos y estableciendo nuestro ministerio y tarea sobre la tierra sin que nada ni nadie nos detenga. Debemos estar obsesionados con el don y el llamado de Dios, con la misión y la tarea que Él nos ha dado. Debemos estar tan obsesionados que absolutamente nada, ni siquiera el sufrimiento y la persecución, pueda evitar que pongamos en práctica los dones que Dios nos ha dado y de completar nuestra tarea y misión.
“Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa” (Mt. 10:42).
“Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gá. 6:10).
▬ 5. Los creyentes deben servir para que Dios pueda ser glorificado en todo por medio de Jesucristo. Esta es la única meta del creyente. No predica ni enseña para llamar la atención y ganar renombre, sino que proclama la Palabra de Dios, a fin de glorificar a Dios a través de Jesucristo. El creyente no ministra, visita ni hace dádivas con el fin de asegurarse reconocimiento, honra o alabanza. Ministra para generar alabanza y acción de gracias a Dios en el nombre de Jesucristo. Dios y Cristo solos merecen toda la alabanza y el dominio en todo el universo. Ningún hombre es merecedor de esto; solo Dios es soberano.
“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt. 5:16).
“En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Jn. 15:8).
“Para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Ro. 15:6).
2° TÍTULO: Manifiesto deseo y orden para provecho del cuerpo de Cristo. Versículo 5 Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación. (Léase: Números 11:29. Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos. ▬ Efesios 4:12. a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo. ▬ 1ª a los Corintios 14:26 y 27. ¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación. Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete.).
Comentario del versículo 5. Cuánto quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, especialmente que profeticéis. Y más grande es el que profetiza que el que habla en lenguas, a menos que interprete, para que la iglesia sea edificada.
» a. Un deseo. Cuando Pablo afirma que a él le gustaría que todos los corintios hablasen en lenguas, no promueve la glosolalia por sí misma. Al contrario, lo que hace es contrastar esta oración con la que sigue, en la cual exalta al don de profecía. Alude claramente a las palabras de Moisés, cuando se le dijo que Eldad y Medad estaban profetizando en el campamento de Israel. Cuando Josué creyó que el liderazgo de Moisés estaba en peligro, exhortó a Moisés a que detuviera a los supuestos rivales. Pero Moisés respondió: «¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos» (Nm. 11:29). Siguiendo el ejemplo de Moisés, Pablo anhela que el Espíritu Santo venga en su plenitud sobre el pueblo de Dios.
Pablo expresa el deseo de que los corintios hablen en lenguas, pero no se contradice. Anteriormente escribió que no todos reciben los mismos dones espirituales (12:30). Ahora quiere que sus lectores aborden el asunto desde la perspectiva correcta. De los dones de glosolalia y profecía, cree que el mejor es el de profecía. Pablo repite lo que dijo al principio del capítulo, «especialmente que profeticéis» (vv. 1 y 5). La repetición misma indica que valora el don de profecía mucho más que el de lenguas, aunque considera que ambos dones tienen aspectos que edifican.
» b. Diferencias. Aunque Pablo juzga que el don de profecía tiene más valor que el don de lenguas, modera lo que dice con la conjunción calificativa a menos que. Pablo escribe: «a menos que interprete, para que la iglesia sea edificada». Con esto quiere decir que la glosolalia es aceptable siempre y cuando se interprete su mensaje. No afirma que los profetas son los intérpretes. De hecho, el capítulo no nos informa quiénes son los intérpretes. En un capítulo anterior, Pablo mencionó tanto el don de lenguas como el don de interpretación, y declaró que Dios confiere estos dones a varios grupos de personas (12:28–31). Lo que Pablo quiere decir es que cuando la glosolalia se interpreta, entonces adquiere valor porque edifica a los miembros de la iglesia.
Al comparar al que habla en lenguas con el que profetiza, Pablo considera que el profeta es superior. Pero ¿cuál es el significado del adjetivo más grande? El mismo adjetivo aparece en 12:31, donde Pablo escribe «Pero desead con ahínco los dones más grandes».
Pero en los últimos versículos del capítulo 12, el apóstol no indica cuáles son estos grandes dones. En el presente texto, Pablo usa el adjetivo más grande sólo para comparar la glosolalia con la profecía. El texto mismo no parece comunicar otra cosa que una comparación. En relación a una comunicación efectiva que beneficia al pueblo de Dios, no es el profeta sino sus palabras las que son más grandes, porque edifican a la comunidad cristiana. Cuando se edifica a la iglesia, prevalece el principio básico del amor. ¿Coloca Pablo a la glosolalia interpretada al mismo nivel de la profecía? En Pentecostés (Hch. 2:1–12), la glosolalia y la predicación del evangelio eran la misma cosa. Pero en Hechos, en ninguna parte se nos dice que se necesitó que intérpretes tradujesen los mensajes.
Suponemos que en una iglesia cosmopolita como la de Corinto, donde se reunía gente de muchos países, se hablaban varios idiomas. Además, algunos corintios hablaban en lenguas y seguían una práctica que podría haberse originado en los círculos paganos de donde procedían los corintios. Después de convertirse al cristianismo, no vieron ninguna diferencia entre su experiencia extática en círculos paganos y el poder del Espíritu Santo trabajando en la comunidad cristiana. Pablo no les prohíbe hablar en lenguas (v. 39); lo que quiere es que sean receptivos a este don como procede del Espíritu Santo y que lo usen para edificar a la iglesia en el contexto del amor.
Comentario de Números 11:29: Moisés respondió: “¿Estás celoso de mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta, que Jehová pusiera Su Espíritu sobre ellos!” Como verdadero siervo de Dios, que no buscaba su propia gloria, sino la gloria de su Dios y la expansión de su reino, Moisés se regocijó en esta manifestación del Espíritu de Dios en medio de la nación, y deseó que todos pudieran hacerse partícipes de esta gracia.
Comentario de Efesios 4:12: Se declara ahora el propósito de los dones de Cristo: a fin de equipar enteramente a los santos para la obra de ministerio, con miras a la edificación del cuerpo de Cristo. V. M. divide este versículo en tres frases separadas como sigue: “para perfeccionamiento de los santos, para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”. Siguiendo esta línea se hallan las versiones A.V., A.R.V., y R.S.V. En primer lugar, se debe señalar que el original no habla de “la obra del ministerio” sino de “la obra de ministerio”, vale decir, de realizar servicios específicos de varias clases. Pero aun con este cambio sería siempre una traducción pobre, puesto que podría dejar fácilmente la impresión de que los santos pueden ser “perfeccionados” sin servirse los unos a los otros y a la iglesia. No debe haber coma entre la primera y la segunda frase. Una solución mejor, según mi parecer, es la que favorecen Salmond y Lenski. Ellos eliminan las dos comas. La idea resultante es que Cristo dio a algunos hombres como apóstoles, otros, como profetas, etc., con el propósito de “perfeccionar” (cf. 1 Ts. 3:10; Heb. 13:21; 1 P. 5:10) o proveer el equipo necesario para todos los santos para la obra de ministrar los unos a los otros a fin de edificar el cuerpo de Cristo. Cedo a la posibilidad de que esta construcción sea la correcta. El significado entonces no diferiría muy substancialmente de la tercera traducción principal, a la cual yo, junto con varios otros, todavía daría preferencia. De acuerdo a este punto de vista, la oración no lleva dos comas (V. M., etc.) tampoco es sin coma (Salmond y Lenski) sino que lleva una coma, y ésta va después de la palabra “ministerio”. Esto deja ver que el propósito inmediato de los dones de Cristo es el ministerio realizado por todo el rebaño; su propósito fundamental es la edificación del cuerpo de Cristo, vale decir, la iglesia (véase sobre 1:22, 23).
La lección importante aquí enseñada es que no solamente los apóstoles, profetas, evangelistas, y aquellos llamados “pastores y maestros”, sino que la iglesia entera debe estar ocupada en la labor espiritual. Aquí se está poniendo en relieve “el sacerdocio universal de los creyentes”. “¡Ojalá que todo el pueblo de Jehová fuese profeta!” (Nm. 11:29). La asistencia a la iglesia debería significar más que “ir a escuchar al Rev. X”. A menos que, en relación con el culto, haya una adecuada preparación, un deseo de comunión cristiana, una participación de todo corazón, y un espíritu de adoración, existe el peligro que se transforme en un sacrilegio dominical. Y también, durante la semana cada miembro debe equiparse a sí mismo para realizar un “ministerio” definido, sea impartiendo aliento a los enfermos, enseñando, evangelizando al vecindario, distribuyendo tratados, o cualquier obra para la cual esté especialmente equipado. El significado de 4:11, 12 es, además, que la tarea de los oficiales de la iglesia es equipar a la iglesia para estas tareas. Es, sin embargo, importante añadir a todo esto que “la efectividad del testimonio positivo y consciente del cristiano depende en gran parte de la vida del creyente en aquellos momentos no dedicados a tal testimonio”.
Comentario de 1ª a los Corintios 14:26 y 27
» a. Edificación 14:26–28: 26. ¿Qué debemos concluir, entonces, mis hermanos? Que cuando se reúnen, cada uno tiene un salmo, tiene una enseñanza, una revelación, una lengua, una interpretación. Que todo se haga para edificación.
» a. Pregunta. Por carecer de predicado, en el texto griego la primera oración es muy breve, sólo dice: «¿Qué es entonces?». Si se suple lo que falta, tenemos: «¿Qué debemos concluir, entonces?» (véase v. 15a). La respuesta a esta pregunta es que, si el desorden es un obstáculo para entender y creer, el culto de adoración de los corintios no es edificante. En consecuencia, Pablo vuelve a subrayar el tema de la edificación: si en el culto hay caos, los que participan no recibirán beneficios espirituales.
Cada vez que Pablo tiene que tocar un tema delicado que afecta personalmente a los corintios, los llama hermanos (véase los vv. 6, 20, 26, 39) y este versículo no es la excepción. Corrige la conducta desordenada que se ve en los cultos, donde desconsideradamente promueven su individualismo y desatienden a otros miembros de la congregación.
» b. Orden. «Cuando se reúnen, cada uno tiene un salmo, tiene una enseñanza, una revelación, una lengua, una interpretación». Pablo describe un culto en el que participan muchos miembros de la congregación: uno canta, otro enseña, otro comparte una revelación, y los últimos que se mencionan hablan en lenguas e interpretan. Pablo no dice que su lista sea exhaustiva o que nos entrega un orden de culto típico de aquel tiempo. Más bien al azar menciona algunas partes del culto. Por ejemplo, no menciona la oración ni la lectura de la Biblia, aunque estos elementos podrían estar incluidos en los dones mencionados.
Pablo ya mencionó el canto de salmos o himnos (v. 15), una parte común en los cultos de adoración de las sinagogas judías y las iglesias cristianas. El canto podría ir o no acompañado de un instrumento musical. Además, mencionó la enseñanza y la revelación en el contexto del conocimiento y la profecía (v. 6). Suponemos que la enseñanza y la revelación se relacionan con la exposición de la Palabra. Por último, una de las órdenes explícitas de Pablo ha sido que, si en público se habla en lenguas, éstas deben ser siempre interpretadas.
De otro modo, no tienen valor. Todo en el culto de adoración debe realizarse con orden.
» c. Beneficio. «Que todo se haga para edificación». Cada parte del culto está diseñado para fortalecer a los miembros de la iglesia. Esto quiere decir que cuando la congregación se junta para el culto, se debe aplicar el principio del amor en forma notoria. Si este principio está ausente, el culto en sí no tiene valor a los ojos de Dios.
Versículo 27. Si alguno habla en una lengua, que hablen dos y cuando mucho tres; que cada uno lo haga por turno y que alguien interprete. 28. Pero si no hay intérprete, que guarde silencio en la iglesia y que hable para sí mismo y para Dios.
Cada vez que Pablo toca el punto de la glosolalia, regula su práctica de alguna forma. En el presente caso se dirige a una persona, sea hombre o mujer, y usa el sustantivo lengua en singular. Quiere que el que habla en lenguas respete cinco consideraciones.
» a. Cantidad. «Que hablen dos y cuando mucho tres». No se autoriza que todos se pongan a hablar en lenguas. Sólo se permite que dos y a lo sumo tres lo hagan. Con estos números, Pablo indica que no todos han recibido el don (12:30). Además, da a entender que la restricción se aplica a todas las reuniones.
» b. Orden. «Que cada uno lo haga por turno». Anteriormente Pablo describió una escena hipotética en la cual toda la congregación hablaba en lenguas, e hizo ver los resultados negativos que tendría semejante conducta (v. 23). Ahora quiere prevenir cualquier efecto dañino que la glosolalia pudiera tener en la tarea evangelística de la iglesia. De esto modo, regula el ejercicio de la glosolalia a fin de preservar el orden litúrgico dentro del culto. Pablo restringe a los miembros de la congregación de Corinto diciéndoles que cada uno puede hablar por turno: una a la vez y nada más. Esta sección hará énfasis en que se cumpla el principio del orden en la iglesia (véase el v. 33).
» c. Interpretación. «Y que alguien interprete». La siguiente restricción ya fue mencionada anteriormente, pero ahora se refuerza. Cuando se habla en una lengua, otro miembro de la iglesia debe interpretar para los dos o tres a quienes se les permite hablar (cf. vv. 5, 13). En el Nuevo Testamento, el verbo interpretar y sus derivados tienen el sentido de traducir o de comunicar el significado de un lenguaje a otro. En la iglesia de Corinto, parece que el sentido es comunicar el significado de las palabras habladas, más que traducir en sucesión dos o tres idiomas conocidos.
» d. Silencio. «Pero si no hay intérprete, que guarde silencio en la iglesia». Al no haber intérprete, el que tiene el don de lenguas debe quedarse callado. Lo que dice Pablo indica que el que tiene este don también tiene la facultad de controlar sus sentidos. Esta persona tiene la capacidad de quedarse en silencio mientras otros hablan por turnos. Notemos que Pablo permite que se practique libremente la glosolalia en la intimidad del hogar.
» e. Devocional. «Y que hable para sí mismo y para Dios». La última instrucción que Pablo da al que practica la glosolalia es que hable en privado para sí y para Dios. Hablarle a Dios en privado no tiene nada que ver con la congregación en el culto. El que habla ora a Dios, y nadie tiene derecho a invadir su intimidad religiosa (véase el comentario a los vv. 2–4).
3er TITULO: Verdadera manifestación de los dones para comunicar el mensaje de edificación a la Iglesia. Versículo 6. Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina? (Léase: 1ª a los Corintios 14:18 y 19. Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros; pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida. ▬ Efesios 1:17. para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él.).
Comentario del versículo 6. «Pero ahora, hermanos, suponed que yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿de qué os seré útil, a menos que os hable con revelación, con conocimiento, con profecías o enseñanza?»
» a. «Pero ahora, hermanos». El ahora no tiene sentido temporal sino lógico: «Dado que las cosas son de esta manera». En base a la práctica de la congregación, Pablo se ve desafiado a dar su punto de vista sobre el tema de la glosolalia. Se dirige a los corintios usando la palabra hermanos, la cual incluía en aquel tiempo a las hermanas de la iglesia. Al usar ese término, Pablo se pone al mismo nivel que todos los demás. Como el asunto de la glosolalia es delicado, Pablo tiene que corregir el pensamiento y las acciones de la gente de Corinto, y debe hacerlo pastoral y tiernamente.
» b. «Suponed que yo voy a vosotros hablando en lenguas». En la primera parte de su oración condicional, Pablo coloca términos que apuntan a una suposición o probabilidad. Al decir «suponed», invita a los lectores a que se imaginen cómo reaccionarían si alguna vez él aparece en su medio hablando en lenguas. Tiene toda la intención de ir a verlos (16:5), pero no para hablar en lenguas.
Pablo escribe lenguas en plural, no en singular. Más adelante testifica que tiene la habilidad de hablar más lenguas que cualquiera de los corintios (v. 18), donde vuelve a usar el plural. La frase hablando en lenguas es una forma abreviada de la fórmula original «hablar en diferentes lenguas» (Hch. 2:4). Pablo se niega a dirigirse a los corintios en lenguas, porque quiere comunicar un mensaje inteligible (cf. v. 19). La falta de comunicación indica falta de amor. Sin embargo, el amor debe ser la marca de todas las relaciones personales en la iglesia. Además, Pablo jamás se refiere al hablar en lenguas «sin a la vez apuntar a su valor inferior, comparándolo en forma desfavorable con el hablar cosas que se entienden».
» c. «¿De qué os seré útil, a menos que os hable con revelación, con conocimiento, con profecía o enseñanza?». Pablo espera que los corintios contesten con un «para nada», a menos que los edifique con sus dones espirituales. Los dones que el Espíritu Santo reparte son medios para servir a la iglesia, a fin de que todos sus miembros se beneficien. Por consiguiente, cuando Pablo finalmente visite Corinto, irá para edificar a la gente con mensajes inteligibles de Dios.
Pablo entrega sus mensajes en la forma de revelación, conocimiento, profecía o enseñanza. Hacemos bien si tomamos estas cuatro categorías como dos pares que se ayudan mutuamente:
revelación y conocimiento profecía y enseñanza
En el primer par, revelación puede tomarse primero como al material con el cual en aquel tiempo se desarrollaba el Nuevo Testamento. Segundo, se puede referir a la interpretación de la palabra que Dios reveló a los apóstoles y profetas (Ef. 3:5; Fil. 3:15). Por último, puede apuntar a algún mensaje divino recibido por Pablo (p. ej. que vaya a Jerusalén a ver si el mensaje que predicaba estaba en armonía con el de los apóstoles; cf. Gá. 2:2 y 2 Co. 12:1, 7). Ahora Pablo dice que divulga revelaciones para el bien del pueblo de Dios. De la misma forma, comparte con los corintios conocimientos que presumiblemente pertenece a Dios y su Palabra.
El segundo par pone de relieve al anterior. La profecía es paralela a la revelación, así como la enseñanza es la contraparte del conocimiento. El profeta no podría profetizar sin revelación y un maestro no podría enseñar sin conocimiento. El que recibe una revelación y luego profetiza, se convierte en la boca del Espíritu Santo. El que tiene conocimiento y enseña a los miembros de la iglesia, experimenta la ayuda del Espíritu (12:8–9). Finalmente, la revelación y el conocimiento se refieren a posesiones que están dentro de la persona, mientras que la profecía y la enseñanza aluden a actividades externas.
Comentario de 1ª a los Corintios 14:18 y 19. [18]. Doy gracias a Dios de que hablo en lenguas más que todos vosotros. [19]. No obstante, en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi mente, para así enseñar a otros, que diez mil palabras en una lengua.
» a. Reconocimiento. Por lo menos una versión traduce «hablo en diferentes tipos de idiomas» (NCV) y, por cierto, Pablo era capaz de hablar en los idiomas semíticos e indoeuropeos. Esto le permitía servir a Jesucristo como un misionero cosmopolita. Lo cierto es que el griego usa la plural lengua, no el singular, y no dice «diferentes tipos de lenguas» (12:10, 28) sino «lenguas». Parece que Pablo centra su atención más en la glosolalia que en su habilidad para hablar diferentes idiomas conocidos.
Pablo agradece a Dios por concederle la habilidad de hablar en lenguas y en mayor cantidad que la gente de la iglesia de Corinto. Su comparación no se refiere tanto a la frecuencia con la que habla en lenguas, sino más bien a la calidad de su hablar en lenguas. Suponemos que sorprendió a los creyentes de Corinto que Pablo reconociera poseer el don. Los más sorprendidos debieron ser precisamente los que tenían ese don. Aunque sabemos que Pedro y Pablo de vez en cuando cayeron en trance (Hch. 10:10; 22:17; cf. 2 Co. 12:1–6), no se nos dice en el Nuevo Testamento que alguna vez hablaran en lenguas.
¿Por qué entregó Pablo esta información personal? Me aventuro a decir que lo hizo para exhortar a los corintios a que lo imitaran usando sus dones sólo para edificar a la comunidad cristiana. El propósito que Pablo persigue al contar su experiencia personal es mostrar que no usará su don en público, a menos que sea de beneficio para los demás.
» b. Uso. Pablo de inmediato corrige su afirmación de que es capaz de hablar en lenguas. Especifica claramente cuál sería su conducta en el contexto de servicio de adoración: «en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi mente». Las palabras en la iglesia identifican el lugar y deja en claro que Pablo no está hablando de la intimidad del hogar (véase el comentario al v. 4). La iglesia es el lugar donde el pueblo de Dios se reúne para adorar, alabar a Dios como comunidad y donde escuchan el evangelio. En la iglesia son edificados por medio de la enseñanza y la predicación de la Palabra de Dios, lo cual fortalece sus vidas en la fe. Pero el hablar en lenguas que no son interpretadas no contribuye a la edificación del pueblo y, por lo tanto, Pablo desaprueba esa práctica.
El número cinco en la expresión cinco palabras es un modismo, así como a veces usamos el número seis en dichos como: «deme seis de uno y media docena del otro». En el Nuevo Testamento, el número cinco se usa como un número redondo junto a sustantivos como gorriones (Lc. 12:6), familia (12:52), yuntas de bueyes (Lc. 14:19), hermanos (Lc. 16:28), talentos (Mt. 25:15) y las vírgenes sabias y necias (Mt. 25:2).
«Con mi mente» denota la idea de hablar inteligiblemente y les recuerda a los lectores lo que Pablo había insistido hace poco sobre orar y cantar usando la mente (vv. 14, 15). La frase con mi mente también hace surgir un contraste entre hablar algo que se entiende y algo que nadie sabe qué quiere decir, esto es, la diferencia entre la profecía y la glosolalia.
«Para así enseñar a otros». El verbo griego katējeō (=enseñar) quiere decir que el maestro pronuncia palabras a estudiantes que están sentados a sus pies. En la iglesia antigua, el verbo connota la idea de un método de preguntas y respuestas que se asocia con la idea del catecismo. Pablo prefiere hablar cinco palabras para enseñar el evangelio de Cristo a otros, que diez mil que los corintios no entiendan. De hecho, Pablo descarta siquiera la posibilidad de que él alguna vez hablará en lenguas en público, especialmente en el culto de adoración.55 Implícitamente insta a los corintios a que lo imiten. Si quieren practicar la glosolalia, que lo hagan en privado. Si lo quieren hacer en público, debe haber un intérprete (v. 27).
Comentario de Efesios: (1:17-18) Conocimiento, de Dios: La gran necesidad de los creyentes es la de crecer en el conocimiento de Dios. Advierta que el Dios que debemos conocer está claramente identificado. No es el dios de nuestras propias mentes ni pensamientos -el dios que concebimos cuando imaginamos como es Dios- el dios hecho por las mentes y manos del hombre, el dios de la religión.
=> El Dios que debemos conocer es el Dios de Jesucristo: Es decir, el Dios al que adoró Jesucristo cuando estaba en la tierra como Hombre; el Dios que Jesucristo vino a revelarle a los hombres. No hay otro Dios, no un Dios verdadero y vivo. Si realmente vamos a conocer a Dios, debemos llegar a conocer al Dios al que Cristo adoró y reveló.
=> El Dios que debemos conocer es el Padre de la gloria, es decir, el único Dios verdadero y vivo, la Suprema Majestad y el Señor Soberano del universo -el que es la Suprema inteligencia y el poder del universo y quien ha creado todo y las reglas para todo- el que
es omnipotente (todo poderoso), omnipresente (presente en todas partes) y tan expansivo que su solo ser y presencia va más allá de las estrellas y abarca todo lo que es o alguna vez será. El que declara que “has puesto tu gloria sobre los cielos” (Sal. 8:1).
=> Este es el Dios que debemos conocer. Como se ha dicho, Él es el único Dios vivo y verdadero, el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, y el Dios de la gloria. Los creyentes deben crecer cada vez más en el conocimiento de Él, deben obtener un conocimiento constantemente creciente de Él.
Si los creyentes van a crecer en el conocimiento de Dios, hay tres cosas esenciales a tener en cuenta. Y recuerde que estas cosas son tan importantes que Pablo oró incesantemente para que Dios se las diera al creyente.
▬ 1. En primer lugar, para crecer en el conocimiento de Dios, un creyente debe tener el espíritu de la sabiduría (sophia). (Ver nota, Sabiduría, Ef. 1:8 para su significado).
» a. Advierta la frase “el espíritu de la sabiduría”. Lo que el creyente necesita de Dios es un espíritu…
- Un espíritu que busque y persiga el conocimiento.
- Un espíritu que tenga hambre y sed de conocimiento.
- Un espíritu que busque cada vez más el conocimiento.
» b. El conocimiento puede entenderse mejor por medio de las palabras qué y cómo. La sabiduría significa conocer qué es algo, qué hay detrás de algo, y qué se puede hacer. Es saber cómo usar o asociar algo. Por lo tanto, el conocimiento espiritual significa…
- Saber quién es Dios y cómo relacionarse con Él.
- Conocer la verdad y cómo usarla.
- Saber qué hacer y cómo hacerlo.
- Saber cómo vivir vidas cada vez más fructíferas, por la gloria de Dios y por el bienestar de los hombres.
» c. La sabiduría difiere del conocimiento. El conocimiento es el aprehender hechos, pero con eso no basta. Se necesita mucho más: Una persona debe saber cómo utilizar los hechos. Allí es donde ingresa la sabiduría. La sabiduría sabe cómo utilizar los hechos. El punto es este: No basta con conocer los hechos sobre Dios, una persona debe conocer a Dios en forma personal. Debe saber cómo experimentar los hechos acerca de Dios. Debe utilizar los hechos para desarrollar una relación personal con Dios -una relación creciente- una relación que sea íntima, que crezca cada vez con mayor profundidad. Este es el significado de la palabra “conocimiento” (epignosei): Una relación personal e íntima con Dios, una experiencia personal con Dios. No es un conocimiento intelectual de Dios, sino un conocimiento práctico de Dios.
Pensamiento 1: Si el creyente va a crecer en el conocimiento de Dios, debe buscar la sabiduría de Dios más que cualquier otra cosa en esta tierra. Es la persona que tiene hambre y sed de Dios y de su justicia la que se ve satisfecha.
“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca” (Mt. 7:24).
“En quien [Cristo] están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col. 2:3).
“Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Ti. 3:15).
“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Stg. 1:5).
“Pero la sabiduría que es de lo alto es, primeramente, pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía” (Stg. 3:17).
▬ 2. En segundo lugar, para crecer en el conocimiento de Dios, un creyente debe tener el espíritu de revelación.
» a. Nuevamente, advierta la frase “espíritu de revelación”. Es el Espíritu Santo el que revela a Dios al creyente. Esto está sumamente claro en las Escrituras.
“Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido” (1 Co. 2:9-12).
El creyente tiene dentro de sí al Espíritu Santo viviendo dentro de él (Jn. 14:16-17; 14:26; 16:12- 15; 1 Co. 6:19-20; 2 Co. 6:16). El Espíritu Santo vive en él para enseñarle las cosas profundas de Dios. Pero advierta qué debe tener el creyente para crecer en el conocimiento de Dios: “el espíritu de la revelación” …
- Un espíritu que va tras de Dios.
- Un espíritu que busca conocer a Dios.
- Un espíritu que tiene hambre y sed de Dios por encima de todo.
» b. La palabra “revelación” (apokalupseos) significa manifestar, revelar, develar, descubrir, abrir. Es obra del Espíritu Santo revelar el conocimiento de Dios a los cristianos. De hecho, es obra del Espíritu Santo revelar el significado de toda verdad a los cristianos (Jn. 14:26; 16:12-15). Esto se ve claramente en 1ª Co. 1:9-16 donde la sabiduría del mundo se contrasta con la sabiduría de Dios. Un cristiano espiritual ve (a través del Espíritu que se le revela) el significado que existe detrás de los eventos mundiales, así como también de las experiencias cotidianas. Él comprende quién y qué están detrás de los eventos de la historia y de la experiencia humana. Por lo tanto, obtiene un conocimiento creciente de Dios día tras día.
Pensamiento 1: Si el creyente debe crecer en su conocimiento de Dios, la riqueza y las cosas profundas de Dios deben serle reveladas al creyente. Pero las cosas de Dios son como todas las cosas que valen la pena: no se entregan a los hombres en bandejas de plata. Un hombre debe buscar aprender cada vez más sobre Dios. Debe buscar tener la verdad de Dios revelada para él.
Pensamiento 2: Lehman Strauss señala que la filosofía humana dice “conócete a ti mismo”. Sin embargo, Jesús dijo: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Jn. 17:3).
Conocerse a sí mismo es importante, muy, pero muy importante. Pero la cosa más grande de todo el mundo consiste en conocer a Dios personalmente y saber que uno vivirá con Dios para siempre. Dios y la vida eterna son la cumbre del conocimiento. Es mejor saber que uno nunca morirá que saber todo lo que hay respecto de uno mismo y perder ese conocimiento al morir.
▬ 3. En tercer lugar, para crecer en el conocimiento de Dios un creyente debe tener iluminados los ojos de su corazón. Esta es una hermosa descripción del corazón: “los ojos del corazón”. El corazón debe estar abierto para que pueda verse la luz de Dios. Un corazón abierto es responsabilidad tanto del creyente como del Espíritu Santo.
=> El creyente debe abrir su corazón y focalizar su atención, inteligencia y voluntad en conocer a Dios.
=> El creyente debe buscar al Espíritu Santo para iluminar e inundar su corazón con las cosas de Dios.
“Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Co. 4:6).
“Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos” (Ef. 1:18).
“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 P. 2:9).
“Tú encenderás mi lámpara; Jehová mi Dios alumbrará mis tinieblas” (Sal. 18:28).
“La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples” (Sal. 119:130).
Amén, para la honra y gloria de Dios.
Semana del 24 al 30 de agosto de 2026.


Deja un comentario