LECCIÓN: Números 32:14 al 19. 14. Y he aquí, vosotros habéis sucedido en lugar de vuestros padres, prole de hombres pecadores, para añadir aún a la ira de Jehová contra Israel. 15. Si os volviereis de en pos de él, él volverá otra vez a dejaros en el desierto, y destruiréis a todo este pueblo. 16. Entonces ellos vinieron a Moisés y dijeron: Edificaremos aquí majadas para nuestro ganado, y ciudades para nuestros niños; 17. y nosotros nos armaremos, e iremos con diligencia delante de los hijos de Israel, hasta que los metamos en su lugar; y nuestros niños quedarán en ciudades fortificadas a causa de los moradores del país. 18. No volveremos a nuestras casas hasta que los hijos de Israel posean cada uno su heredad. 19. Porque no tomaremos heredad con ellos al otro lado del Jordán ni adelante, por cuanto tendremos ya nuestra heredad a este otro lado del Jordán al oriente.
Pensamiento: La justa reprensión del siervo de Dios es una corrección fundamentada en la verdad bíblica, el amor fraternal y la guía del Espíritu Santo, cuyo propósito esencial es restaurar, santificar y guiar al creyente hacia un genuino arrepentimiento.
Reprender a alguien es criticarlo severamente. La palabra griega que normalmente se traduce como «reprender» en el Nuevo Testamento es elegchó. En su sentido más amplio, elegchó significa «reprochar y condenar exponiendo (a veces públicamente) un error». Hay momentos en los que todos necesitamos ser reprendidos, y hay momentos en los que un creyente necesita reprender a otro creyente.
Generalmente, pensamos en una reprensión en un sentido negativo, pero Proverbios 27:5-6 (NBLA)dice: «Mejor es la reprensión franca que el amor encubierto. Fieles son las heridas del amigo, pero engañosos los besos del enemigo». Pablo instruye a Tito, como supervisor de la iglesia, diciendo: «habla, exhorta y reprende con toda autoridad» (Tito 2:15, NBLA), lo que implica que las tres actividades tienen la misma importancia. Sabemos que siempre debemos animarnos unos a otros y decir la verdad (1 Tesalonicenses 5:11; Efesios 4:25), pero ¿cómo sabemos cuándo reprender a otro creyente?
La reprensión bíblica comienza en el corazón. Antes de confrontar a alguien por cualquier motivo, primero debemos examinar nuestros propios motivos. 1ª a Corintios 16:14 (NBLA) dice: «Todas sus cosas sean hechas con amor». Eso incluye la reprensión. Hay una forma correcta y una forma incorrecta de reprender a alguien. Las reprimendas incorrectas provienen del orgullo, la ira, la malicia, los celos u otra actitud egoísta. El objetivo de una reprimenda no bíblica es herir, avergonzar o dañar de alguna otra manera a un hermano o hermana cristianos. Muchas veces, hay hipocresía de por medio. La mayoría de las advertencias bíblicas contra juzgar a los demás se refieren a aquellos que condenan a otros por las mismas cosas que ellos mismos hacen (Mateo 7:3-5). Pablo escribió: «sino que golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que, habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado» (1 Corintios 9:27, NBLA).
Referencias Bíblicas del tema: «Todas vuestras cosas sean hechas con amor.» (1ª de Corintios 16:14). «Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él.» (2ª Timoteo 2:24-26). «Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie.» (Tito 2.15).
«Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.» (Apocalipsis 3:19).
Reconocimiento del propósito de Dios: Ver la corrección no como un ataque personal, sino como una disciplina paternal y misericordiosa orientada al crecimiento espiritual (Hebreos 12:6. «porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.»; Proverbios 17:10. « La reprensión aprovecha al entendido, Más que cien azotes al necio.».)
Comentario general del contexto bíblico: Versículo 14: “He aquí, os levantáis en lugar de vuestros padres”, es decir, tomáis su lugar, “un aumento (תּרבּוּת, de רבה; equivalente a una cría) de pecadores, para aumentar aún el ardor de la ira de Jehová contra Israel”. על ספה, añadir o aumentar.
Versículo 15: “Si os apartáis de Él”, es decir, si os resistís al cumplimiento de la voluntad de Dios, de llevar a Israel a Canaán, “Él lo dejará (a Israel) aún más tiempo en el desierto, y preparáis destrucción para toda esta nación”.
Versículos 16-19: Las personas así reprendidas se acercaron a Moisés y respondieron: “Edificaremos aquí majadas para nuestras ovejas y ciudades para nuestros hijos; sino que nos equiparemos a toda prisa (חשׁים, parte de paso apresurado) delante de los hijos de Israel, hasta llevarlos a su lugar” (es decir, a Canaán). צאן גּדרת, rediles o rediles para rebaños, que estaban construidos con piedras apiladas una sobre otra (1 Samuel 24:4).
(Nota: Según Wetstein (Reiseber. p. 29), es una costumbre regular entre los nómadas en Leja, rodear cada lugar donde arman sus tiendas, con una Sira, es decir, con un recinto de piedras de la altura de un hombre, para que los rebaños no se dispersen en la noche, y para que sepan enseguida, por el ruido que hacen al caer las piedras más pequeñas que están puestas en lo alto, si un lobo intenta entrar en el cercado durante la noche.)
Por edificación de ciudades, debemos entender la reconstrucción y fortificación de las mismas. טף, los niños, incluidas las mujeres, y otros miembros indefensos de la familia que necesitaban protección (ver Éxodo 12:37). Cuando sus familias estaban aseguradas en ciudades fortificadas contra los habitantes de la tierra, los hombres que podían empuñar las armas no volvían a sus casas hasta que los hijos de Israel, es decir, el resto de las tribus, hubieran recibido toda su heredad; no desearán heredad al otro lado del Jordán y más allá, si (כּי) su heredad les fue asignada de este lado del Jordán hacia el oriente. La aplicación de la expresión היּרדּן מעבר a la tierra al este del Jordán, así como a la del oeste, apunta a una época en la que los israelitas aún no habían obtenido una posición firme en Canaán. En ese momento, la tierra al oeste del río podía llamarse muy naturalmente «más allá del Jordán», desde el punto de vista subjetivo del historiador, que entonces estaba al este del río; mientras que, según el uso objetivo y geográfico, la tierra “más allá del Jordán” significa el país al este del río. Pero para evitar malentendidos, en este caso particular, la expresión היּרדּן עבר se define con mayor precisión como מזרחה, “hacia el este”, cuando se pretende que se aplique a la tierra al este del Jordán.
Pensamiento 2: No discernir la opinión de Dios sobre su pecado (32:14)
Cuando Moisés terminó de recordar a los líderes de la tribu la seriedad del pecado de sus padres (se encendió la ira del SEÑOR contra Israel, 13), empezó a hablar del presente, pasando de la antigua generación a la nueva: “Y he aquí, vosotros os habéis levantado en lugar de vuestros padres, prole de hombres pecadores, para añadir aún más a la ardiente ira del SEÑOR contra Israel” (14).
Raramente nos vemos a nosotros mismos como somos en realidad. Cuando estas tribus trajeron su petición egoísta ante Moisés, no pensaron por un momento que, a ojos de Dios, eran prole de hombres pecadores, un término desdeñoso que no se encuentra en ningún otro lugar del Antiguo Testamento. Ellos se veían como un grupo de ganaderos astutos que estaban aprovechando las perspectivas agrícolas, o maridos preocupados que buscaban asegurar el bienestar de sus mujeres vulnerables, o padres protectores que deseaban lo mejor para sus hijos, u oportunistas atentos que aprovechaban una ocasión que quizás no se repetiría; pero ante Dios no eran más que prole de hombres pecadores. Estaban obsesionados con sus propios intereses; su única ambición era buscar su propia felicidad, riqueza y seguridad. No pensaron por un momento que esa actitud egoísta añadiría aún más a la ardiente ira del SEÑOR que en Cades-barnea.
En todas las situaciones de la vida, necesitamos reflexionar no sobre lo que nos complace a nosotros o lo que aprueban los demás, sino acerca de lo que le agrada a Dios. Ellos estaban a punto de provocar la ira del Señor y seguramente esto contribuyó en gran manera a que cambiaran de opinión. Una de las muchas razones por las que tenemos que apartar un tiempo para leer la Palabra de Dios regular, sistemática y reflexivamente, es porque las Escrituras nos presentan una visión realista de nosotros mismos. La Biblia nos anima, pero no nos adula. Expone nuestras faltas, desafía nuestra apatía, identifica nuestras debilidades y corrige nuestros errores. Hace que nos
enfrentemos a nuestras flaquezas y, a la luz de la enseñanza, nos anima a buscar al Señor para que limpie el pasado, para que nos proporcione el poder de vivir de manera diferente y de ser más sensibles a los efectos dañinos del pecado en la vida humana.
No buscar la voluntad del Señor (32:15)
Las dos tribus imaginaron vanidosamente que lo único que estaban pidiendo era evitar su viaje a Canaán, nada más. Moisés sabía que estaba en juego no sólo la petición de no llevar a cabo un plan ya establecido. El propósito de Dios era que su pueblo cruzara el río y entrara en la nueva tierra. Muchas veces, en la vida, las personas están tan absortas en sus propios sueños y ambiciones, que no captan las implicaciones y posibles consecuencias de sus decisiones. Moisés lo vio todo clarísimamente. Si estas dos tribus se quedaban al este del Jordán en ese momento, sería espiritualmente desastroso. No solamente dejarían de seguir a los demás israelitas, sino que también
estarían dejando a un lado al Señor. La experiencia de Cades-barnea estaba a punto de repetirse: “otra vez os abandonará en el desierto” (15).
No ver que el enemigo está trabajando:
Estas tribus no habían considerado las consecuencias de la acción que proponían. A ellos, les parecía una propuesta inocente, pero el diablo estaba utilizando sus intereses egoístas para intentar una vez más que el pueblo de Israel acabara destruido, y ellos tendrían la culpa (15).
El adversario de Israel, el enemigo de las almas, había hecho todo lo posible por frustrar los propósitos de Dios de llevar a su pueblo a la frontera de su nueva tierra. Había hecho que les persiguiera un ejército egipcio enfurecido, y había fomentado el sentimiento de descontento cuando se encontraron con adversidades naturales. Había causado problemas internos al hacer que se enfadaran con el líder que Dios había nombrado y problemas externos, exponiéndoles al ataque de enemigos agresivos. Les había tentado a cometer idolatría causando no sólo que rompieran el pacto, sino también que le atribuyeran la victoria a un dios irreal. Les había animado a quejarse de su difícil situación (11:1) y a no estar contentos con la provisión de comida nutritiva diaria (11:4–9). Había creado una seria división dentro del liderazgo escogido por Dios (12:1–2; 16:1–4) y cegado al pueblo a la fiabilidad de las promesas de Dios (13:30; 14:7–9). Había hecho que el pueblo se pusiera impaciente para que se enfrentara al líder y “habló contra Dios” (21:4–5). El enemigo había intentado destruirlos por medio de la brujería (22:1–7) y había traído el caos al campamento por culpa de los terribles pecados de la inmoralidad sexual y la idolatría (25:1–15).
Ahora, el enemigo estaba intentando una nueva táctica. Lo que no se podía conseguir por otros medios, podía hacerse con la deserción, la deslealtad y la falta de unidad entre las tribus. Las dos tribus no tenían ni idea de que lo que concibieron como plan conveniente no era sino un arma del enemigo. Otra razón para estudiar la Palabra de Dios y para escuchar atentamente su exposición fiel y profunda es que nos prepara para los sutiles ataques del enemigo.
El fracaso evitado (32:16–42)
Esta historia, a diferencia de otras en Números, tiene un final feliz. Los líderes de Rubén y Gad prestaron especial atención a los argumentos de Moisés y presentaron al líder una propuesta mejor. Las dos tribus reconocieron que lo que Moisés había compartido tan elocuente y persuasivamente era cierto. Los cuatro pasos de su cambio de visión radical son tan relevantes para nuestra vida cristiana actual como para la experiencia de estos viajeros hace más de 3.000 años.
El arrepentimiento
Cambiaron radicalmente de opinión; este es el significado de la palabra “arrepentimiento” (en griego, metanoia) en el Nuevo Testamento. En lugar de quedarse atrás, fueron a la vanguardia del ejército del Señor al cruzar el río. Las tribus de Rubén y Gad constituyeron la avanzada. El pasaje que describe la invasión cuenta que “los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés pasaron en orden de batalla delante de los hijos de Israel, tal como Moisés les había dicho”. Estas dos tribus modificaron la opinión que tenían de sí mismos, del Señor, de otros y de la vida.
En primer lugar, cambiaron de opinión sobre sí mismos. Al escuchar a Moisés, se dieron cuenta de la razón que tenía al exponer su egoísmo. Estuvieron de acuerdo en que habían actuado como prole de hombres pecadores (14), cuyas ambiciones egoístas afectarían a otros, les harían daño a sí mismos y entristecerían a Dios. Bajo la influencia del mensaje de Moisés, vieron cómo eran realmente.
En segundo lugar, variaron la opinión que tenían sobre el Señor. Imaginaron vanidosamente que no estaba interesado en los detalles menores del plan de invasión y que eran libres de hacer más o menos lo que quisieran. La respuesta de Moisés a su petición les convenció de que no estaban complaciendo al Señor, sino todo lo contario. Podían llegar a enfurecerle tanto con su proposición como lo hicieron sus padres con su rebelión.
En tercer lugar, cambiaron la opinión que tenían sobre los demás. Al planear esta alternativa egoísta, no habían considerado las necesidades de las otras diez tribus, quienes saldrían perdiendo. Se dieron cuenta de que lo que precisaba la comunidad debía prevalecer sobre los deseos del individuo.
En último lugar, modificaron la opinión que tenían sobre la vida. Moisés les acusó de ser vagos (6) y eso les dolió. Canaán no iba a ser conquistada por personas indolentes. La necesidad inmediata de Israel requería compañeros esforzados y soldados dispuestos. Ya habría tiempo en el futuro para los proyectos agrícolas ambiciosos, pero primero había que conquistar lo que iba a ser el hogar de la mayoría del pueblo de Israel, al otro lado del río.
La obediencia:
Expresaron su cambio de opinión con una declaración de servicio fiel: “nosotros nos armaremos para ir delante de los hijos de Israel hasta que los introduzcamos en su lugar” (17). Al ofrecerse a formar parte de la avanzadilla, se exponían al feroz ataque del enemigo. Sus declaraciones de obediencia resuenan a lo largo de la narración: “tus siervos harán tal como mi señor ordena” (25); “tus siervos, todos los que están armados para la guerra, cruzarán delante del SEÑOR para la batalla, tal como mi señor dice” (27); “Como el SEÑOR ha dicho a vuestros siervos, así haremos” (31).
La obediencia es la clave de la vida cristiana madura y eficaz. Al final de su vida, cuando Moisés bendijo a las tribus, elogió a una de ellas utilizando palabras que pueden hallar eco en la vida de todo creyente obediente. El pueblo de Gad “ejecutó la justicia del SEÑOR” en lugar de sus propios deseos egoístas.
En temas de obediencia, como en todo lo demás, el Señor Jesús es nuestro modelo perfecto. Él “aprendió obediencia por lo que padeció”, lo que significa que, en todas las etapas de su vida, se entregaba a la voluntad y al propósito de Dios, y cumplió en total y
constante obediencia todo lo que se le pidió. Su encarnación fue motivada por la obediencia y su bautismo también. Sus prioridades estaban controladas por la obediencia, al igual que las tentaciones del desierto cuando se volvió a someter a la enseñanza de las Escrituras, a la voluntad de Dios y al dominio sobre el mal.
Demostró su amor a Dios por medio de la obediencia: “como el Padre me mandó, así hago”. Su destino estaba determinado por la obediencia; nada podía desviarle del camino, ni siquiera el amor de sus amigos, que, aunque tenían buenas intenciones, estaban equivocados.888 Su entrega se caracterizaba por la obediencia, al arrodillarse en un jardín apartado y orar repetidamente: “no sea como yo quiero, sino como tú quieras… hágase tu voluntad”.
La entrega:
Las dos tribus no obedecieron por obligación ni tampoco a regañadientes. Se entregaron por completo al servicio del Señor: “No volveremos a nuestros hogares hasta que cada uno de los hijos de Israel haya ocupado su heredad” (18). Fue un acto de compromiso inmediato, total e incondicional.
La confianza:
Las dos tribus pidieron que, antes de avanzar, pudieran edificar apriscos al este del Jordán para su ganado y ciudades para sus pequeños (16). Mientras estuvieran luchando en Canaán por toda la comunidad, sus pequeños se quedarían en las ciudades fortificadas por causa de los habitantes de la tierra (17). Moisés les permitió que hicieran esto y acordó que, una vez se hubiera conquistado Canaán, podrían volver a sus hogares recién construidos en la región de Transjordania.
Fue un acto de tremenda fe. Otros hombres tendrían a sus mujeres e hijos consigo al establecer su hogar en diferentes partes de la tierra. Si las dos tribus y media querían regresar al este del Jordán, deberían confiar en que Dios iba a “guardar” (6:24) a sus familias mientras ellos estaban luchando al otro lado del río.
A menudo, en la vida, adquirimos compromisos que requieren obediencia y entrega, y tenemos que confiar en Dios para el resultado. No podemos saber cómo saldrá todo, pero, si buscamos la voluntad del Señor, él nos cuidará y se asegurará de que no suframos. Conocemos la historia del atleta olímpico de 1924, Eric Liddell, por la famosa película “Carros de Fuego”. Su experiencia anima a cualquiera que esté respondiendo a Dios en obediencia y entrega. Liddell se negó a correr los domingos en las pruebas de 100 metros y esta decisión le podría haber costado el éxito, pero se tomó en serio un mensaje que alguien le escribió en una nota: “Yo honraré a los que me honran”, y así lo hizo el Señor. Liddell corrió los 400 metros, ganó la carrera y estableció un nuevo récord.
Los últimos versículos (34–42) aportan un detalle histórico y geográfico sobre el asentamiento de las dos tribus. Identifican las ciudades fortificadas y apriscos para el ganado construidos por la tribu de Gad (34–36) y de Rubén (37–38) además de la media tribu de Manasés (39–42), a la que pertenecían las hijas de Zelofehad (27:1–11; 36:1–12).
Una posdata interesante dice que algunas de las ciudades conquistadas al este del Jordán recibieron nuevos nombres (38). No era apropiado que el pueblo israelita habitara en ciudades como Nebo o Baal-meón, dedicadas a dioses paganos. El pueblo que se estableció en la zona este del río quería comenzar de nuevo viviendo en comunidades sin rastro alguno de paganismo. A los cristianos, por la gracia inmerecida de Dios, se les ha dado un nuevo nombre y una vida infinitamente mejor: “las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas”.
TEXTO: “Camino a la vida es guardarla instrucción; pero quien desecha la reprensión, yerra” (Proverbios 10:17)
Comentario del texto: El v. 17 apunta a la importancia de ser corregible. Por un lado, disciplina, es decir el proceso de la “información-formación-reformación” (ver 3:11, 12), garantiza el camino de vida, la seguridad para vivir de día y descansar de noche (ver 3:23 y 24). Por otra parte, la corrección o reprensión que se encuentra muchas veces en relación con la palabra disciplina (ver 3:11; 5:12; 12:1; 13:18; 15:5, 10, 32), está abandonada, y se abre la puerta para que el individuo tenga muchos problemas morales. ¡Sea corregible!: “Mas vale ponerse una vez colorado y no cien amarillos.”
1er TÍTULO: Advertencia para librar al pueblo de un gran peligro. Versículos 14 y 15. Y he aquí, vosotros habéis sucedido en lugar de vuestros padres, prole de hombres pecadores, para añadir aún a la ira de Jehová contra Israel. Si os volviereis de en pos de él, él volverá otra vez a dejaros en el desierto, y destruiréis a todo este pueblo. (Léase: Proverbios 3:5 al 7. Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal. ▬ Jeremías 6:16. Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos.).
La figura bíblica principal para advertir a un pueblo de un gran peligro inminente es el concepto del «atalaya» o centinela, descrito profundamente en el libro de Ezequiel 33:1 al 7. «Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, habla a los hijos de tu pueblo, y diles: Cuando trajere yo espada sobre la tierra, y el pueblo de la tierra tomare un hombre de su territorio y lo pusiere por atalaya, y él viere venir la espada sobre la tierra, y tocare trompeta y avisare al pueblo, cualquiera que oyere el sonido de la trompeta y no se apercibiere, y viniendo la espada lo hiriere, su sangre será sobre su cabeza. El sonido de la trompeta oyó, y no se apercibió; su sangre será sobre él; más el que se apercibiere librará su vida. Pero si el atalaya viere venir la espada y no tocare la trompeta, y el pueblo no se apercibiere, y viniendo la espada, hiriere de él a alguno, éste fue tomado por causa de su pecado, pero demandaré su sangre de mano del atalaya. A ti, pues, hijo de hombre, te he puesto por atalaya a la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte.» 1ª Timoteo 1:3 al 7. «Como te rogué que te quedases en Éfeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora. Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería, queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman.»
Comentario de Proverbios 3:5 al 7. El autoengaño en la racionalización, 3:5-10: Este pasaje es una de las joyas de Proverbios, tocando algunos elementos del orgullo humano que, a veces, son ignorados. El pecado no es sólo lo que uno hace sino lo que uno es, es decir su carácter orgulloso y soberbio.
Los vv. 5–7 se encuentran en un paralelismo invertido. Se puede diagramar así:
- Confía en Jehovah con todo tu corazón, (5a)
- y no te apoyes en tu propia inteligencia (5b).
- Reconócelo en todos tus caminos, (6a)
c1 y él enderezará tus sendas (6b).
b1 No seas sabio en tu propia opinión: (7a)
a1 Teme a Jehovah y apártate del mal (7b).
«a-a1» representa el mandato positivo para depositar la confianza y la fe en Jehovah (ver 1:7). Al mismo tiempo, «b-b1» subraya el mandato negativo que nos llama a prestar cuidado a la sabiduría humana. Por ende, el individuo ha de tener [página 67] sumo cuidado al basar sus decisiones en un criterio personal que ignora el consejo divino y muestra un orgullo insano. La palabra «apoyarse» viene de sha’an 8172, que significa «sostenerse a través de». La lección pide que uno no se sostenga exclusivamente por su propio consejo. Aún Proverbios reconoce la importancia de pedir el consejo de otros (11:14; 15:22; 24:6) y sobre todo la importancia del consejo divino (16:2). El maestro que antes guiaba al joven a buscar el favor ante los ojos de Dios y de los hombres (v. 4), ahora le advierte contra demasiada confianza ante sus propios ojos, la traducción literal de tu propia opinión (v. 7). No hay que sobrestimar la razón humana; también se encuentra influida por el pecado y con la necesidad de renovarse e imitar a Cristo en nuestra manera de pensar (Rom. 12:2; Fil. 2:5 ss.). El hombre se clasifica por la ciencia como homo sapiens (sapiens: sabiduría racional). Pero hay que añadir el pecado como una influencia que penetra todo el ser humano. De este modo, hay personas que utilizan sus mentes para construir un mundo mejor, y hay otras personas que utilizan sus mentes para planificar algún mal (ver 11 ss.; 2:14). Así pues, hay que concluir que la sabiduría del hombre tiene sus limitaciones (26:12; Isa. 5:21; 19:12; 44:25; Jer. 8:9; Rom. 11:25; 1 Cor. 1:19, 20, 27; 3:18). De hecho, Pablo cita el v. 7 en Rom. 11:25 y 12:16 al hacer un llamado a los creyentes romanos a una actitud humilde.
La frase apártate del mal puede traducirse «y te apartará de mal». En la primera traducción el joven ha de temer a Jehovah por un lado y apartarse del mal por otro lado. En la segunda traducción, al temer a Jehovah el mal se va a apartar del joven. De todos modos, el mal no tiene lugar en la vida del joven sabio.
En el v. 8, la palabra carne viene de la Septuaginta y la Peshita. El texto hebreo que es difícil tiene la palabra «cordón umbilical» (también encontrada en Eze. 16:4) en vez de carne. Al mismo tiempo la palabra medicina puede reemplazarse con la palabra «sanidad». Por lo tanto, la palabra porque se agrega para completar la idea, aunque implícitamente está en el texto hebreo. Entonces, el versículo puede leerse de la siguiente manera: Sanidad será a tu cordón umbilical y refrigerio (bebida refrescante) a tus huesos. Frente a tal traducción, es posible que nos enfrentamos a un modismo antiguo que ocupa las partes del cuerpo para hablar sobre el espíritu humano. En tal caso, se sana el cordón umbilical algunos días después del nacimiento.
Puede que se hace referencia al hecho de que la madurez interior se logra de a poco cuando se cumple lo dicho en los vv. 5–7. Por otro lado, las enseñanzas, cuando son guardadas, mantienen la salud espiritual animada y equilibrada. Otra interpretación del v. 8 habla del poder de las enseñanzas para sanar las heridas en el espíritu y reanimar al espíritu humano. Ambas interpretaciones tienen apoyo en los diversos textos. Una interpretación poco probable habla de las dos líneas del v. 8 como la sanidad física y espiritual: la carne como un símbolo de la sanidad física y los huesos como un símbolo de la sanidad espiritual.
Advertencias no atendidas, Jeremias 6:16. Es muy importante notar que la Biblia menciona a menudo que la verdadera religión es un camino de obediencia. El Señor Jesús lo dijo con claridad: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Los discípulos decidieron seguirle, no importando el precio (comp. Juan 6:66–69). Pero mucho antes de esto Jeremías pidió a la gente que reconociera que estaban caminando en el camino a la destrucción, tenían que detenerse y preguntar por el camino de las sendas antiguas, tenían que averiguar cuál era el buen camino, el camino comprobado por la experiencia con el Señor. Si ellos anduvieran por él podrían hallar descanso para la vida espiritual (comp. Mat. 11:29).
Este camino podría ser el camino desde Sinaí; la torah, la enseñanza de Moisés, toda la instrucción religiosa y ética que había guiado al pueblo desde su comienzo. Esto no era volver a la “religión vieja” sino a la fe radical, peligrosa, que abandona la comodidad y la facilidad por obedecer a Dios en todos los aspectos de la vida. Es un tema que Jeremías toca en 7:22, 23 y 11:1–13. Pero Judá rechazó ese camino en aquel día fatal, diciendo: “¡No andaremos en él!” (v. 16c).
2° TÍTULO: Acertada decisión de apoyar a sus hermanos. Versículos 16 y 17. Entonces ellos vinieron a Moisés y dijeron: Edificaremos aquí majadas para nuestro ganado, y ciudades para nuestros niños; y nosotros nos armaremos, e iremos con diligencia delante de los hijos de Israel, hasta que los metamos en su lugar; y nuestros niños quedarán en ciudades fortificadas a causa de los moradores del país. (Léase: Josué 4:12 y 13. También los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés pasaron armados delante de los hijos de Israel, según Moisés les había dicho; como cuarenta mil hombres armados, listos para la guerra, pasaron hacia la llanura de Jericó delante de Jehová. ▬ Hebreos 13:16. Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.).
Referencias bíblicas: «Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.» (1ª corintios 15:58.). «En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia.» (Proverbios 17:17). «compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.» (Romanos 12:13.).
Josué 4:12 y 13: El papel de los sacerdotes, 4:10-13. El papel de los sacerdotes se destaca en estos versículos al mostrar cómo sirvieron de guía para el paso del pueblo. Cabe comparar la situación de los sacerdotes y la del pueblo, pues refleja fielmente el papel de cada uno en la vida cotidiana. Los sacerdotes se quedan de pie, quietos en la mitad del río, en una forma que indudablemente inspiraba a los que pasaban. El pueblo pasaba de prisa, tal vez por algún temor en cuanto a que las aguas del río volvieran a correr o tal vez como resultado de su disponibilidad para obedecer las órdenes del líder.
Este hecho puede enseñar la función que los líderes deben cumplir frente al pueblo de Dios. En casos como este hay que orientar, esperar, salir últimos después de llegar primeros, es decir, asumir un papel prominente en el quehacer cotidiano de la comunidad de fe. La prisa tal vez caracterice la forma de expresión de la fe del pueblo, su variabilidad y su inmediatez, pero la actitud de los sacerdotes enseña sobre la paciencia y hasta la intrepidez que los líderes deben tener en momentos clave de la vida comunitaria.
Se subraya de nuevo la presencia de las tribus que estaban radicadas en la parte oriental del Jordán (v. 12), en un acto de responsabilidad y cumplimiento de una promesa que habían hecho a Moisés con anterioridad. Este gesto de solidaridad se hace inolvidable en el relato del paso a la tierra prometida. Al final del libro Josué despide a estas tribus, y sus líderes van a erigir un altar con el fin de recordar a la posteridad que ellos hacen parte del pueblo que se estableció al otro lado del Jordán. Su propósito era el de indicar la fuerza del sentimiento que los unía al resto del pueblo. Este gesto incluso les traerá dificultades porque sus hermanos no interpretaron el levantamiento de ese altar de la misma manera sino como una abominación a Dios (cap. 22).
La estadística, o sea, el elemento numérico, no está ausente; era importante para el historiador dejar constancia de la capacidad guerrera del pueblo. Israel contaba con 40.000 soldados “listos para la guerra” (v. 13a) y dirigidos hacia Jericó que en este tiempo era rodeada por palmeras en la llanura que la circundaba.
Comentario de Hebreos 13:16. [16]. Y no os olvidéis de hacer el bien y de compartir con otros, porque de tales sacrificios se agrada Dios.
Vivir una vida santa consiste en amar al Señor con el corazón, el alma y la mente, y en amar al prójimo como a uno mismo. Los cristianos primitivos demostraron su amor a Dios dedicándose a la enseñanza del evangelio, a los cultos, a la comunión y a la oración (Hch. 2:42). Pero también mostraron su amor por el prójimo compartiendo todo lo que tenían (Hch. 4:32). De hecho, ellos cuidaban de los pobres de manera tal que “no había personas necesitadas entre ellos” (v. 34). El amor por el Señor tiene su paralelo en el amor por el prójimo. Estos dos van de la mano. Cuando decimos que amamos al Señor, debemos estar listos a ayudar a nuestro prójimo necesitado. Esto es lo que los creyentes macedonios hicieron. Pablo dice: “De voluntad propia, nos suplicaron con mucho ruego el privilegio de participar en este servicio demostrando generosidad a los santos” (2 Co. 8:3–4).
Los lectores de la epístola a los hebreos habían descuidado su ministerio para con los necesitados (véase también 13:2). Ellos asistían a los cultos locales para alabar a Dios, aunque alguna gente se mantenía alejada (10:25). Pero la alabanza y el amor no siempre se ponían en práctica cubriendo las necesidades de los pobres (6:10; 10:33–34). El escritor les dice a los lectores que deben “hacer el bien y compartir con otros”. El considera estos hechos de amor y misericordia como sacrificios de alabanza. Y en tales sacrificios se complace Dios.
Cuando el escritor dice que Dios se complace en las buenas obras, hace que recuerden su descripción de la vida de Enoc. Enoc fue alabado por su íntima comunión con Dios (11:5). También se nos recuerdan nuestros deberes de cuidar al necesitado, ya que si obedecemos la ley real—“Amad a vuestro prójimo como a vosotros mismos” (Stg. 2:8)—hacemos bien y agradamos a Dios.
3er TÍTULO. Rubén y Gad, comprometidos en ayudar a sus hermanos. Versículos 18 y 19. No volveremos a nuestras casas hasta que los hijos de Israel posean cada uno su heredad. Porque no tomaremos heredad con ellos al otro lado del Jordán ni adelante, por cuanto tendremos ya nuestra heredad a este otro lado del Jordán al oriente. (Léase: 1ª a los Corintios 10:24. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro. ▬ Filipenses 2:4. no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.).
Referencias Bíblicas: «Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación.» (Romanos 15:1-2). «Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.» (Gálatas 5:13). «Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.» (1ª Juan 3.18.)
Comentario de 1ª a los Corintios 10:24. «Todo está permitido», pero no todo es provechoso. «Todo está permitido», pero no todo edifica. [24]. Que nadie busque su propio provecho, sino el del prójimo.
«‘Todo está permitido’, pero no todo es provechoso». Este lema de los corintios ya apareció anteriormente (6:12), pero en el contexto de la inmoralidad sexual: algunos cristianos de Corinto se tomaban libertades respecto a su vida social. En este versículo, Pablo vuelve a citar el lema, pero ahora lo aplica al asunto de comer carne de la carnicería (v.25).
Lo breve del lema todo está permitido oscurece lo que Pablo quiere decir. Aquí no ocurre el pronombre me (cf. 6:12; véase Eclesiástico 37:26–28), así que es improbable que hable sólo de sí mismo. El contexto sugiere una aplicación más amplia: hasta los filósofos en los círculos helénicos planteaban preguntas similares sobre la libertad, y los judíos eran expertos en preguntar qué era permitido y qué no. Por eso, los ministros judíos proveyeron de cientos de mandamientos y estipulaciones humanas. Creían que el hombre bueno era libre, porque su conducta era irreprochable.62 No obstante, dentro de la membresía de Corinto, al parecer algunos cristianos judíos cuestionaban la libertad cristiana de Pablo. En el capítulo 10, respecto al asunto de la idolatría, Pablo se dirige a los cristianos judíos. Pero el desafío de Pablo no sólo venía del sector judío, también surgía del sector gentil.
Pablo tiene una contra respuesta al lema de los corintios: «pero no todo es provechoso
». Aludiendo implícitamente a los intereses egoístas de algunos, Pablo afirma que el egoísmo hace nula la posibilidad de recibir premios.
» b. «‘Todo está permitido’, pero no todo edifica». Pablo repite el lema, pero esta vez responde de otra forma, habla de lo que no edifica. La labor de edificar es siempre algo que uno hace por otros. Así que, es lo opuesto a lo que nos aprovecha, el beneficio no es para nosotros. Pablo enseñó a los corintios que el amor y la búsqueda de la paz llevan a la edificación mutua (8:1; Ro. 14:19).
» c. «Que nadie busque su propio provecho, sino el del prójimo». Continuando su consejo pastoral para los creyentes de Corinto, Pablo añade una oración que nos recuerda exhortaciones de otras de sus cartas: «Cada uno debe agradar al prójimo para su bien, con el fin de edificarlo» (Ro. 15:2) y «Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás» (Fil. 2:4). El contenido de todas estas exhortaciones hace eco de la enseñanza de Jesús, cuando él resumió el Decálogo, diciendo: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mt. 22:39). Pablo nota que este resumen es el cumplimiento de la ley (Ro. 13:10) y Santiago lo llama la ley real (Stg. 2:7).
No es fácil velar por los intereses de otro. Por naturaleza estamos inclinados a buscar primero nuestro propio bien, y después, si queda tiempo y medios, pensamos en los demás. Jesús enseñó la parábola del buen Samaritano para mostrarles a los expertos en la ley del Antiguo Testamento cómo amar al prójimo (Lc. 10:25–37). El mandato de Pablo de buscar el bien de los demás refuerza su contra respuesta, pero no todo edifica. Edificar y buscar el bien de los demás son la misma cosa.
Comentario de Filipenses 2:4. Solicitud: El apóstol concluye este párrafo añadiendo, no (sólo) buscando cada uno sus propios intereses, sino también los intereses de los demás. Esto es, lógicamente, una consecuencia de lo dicho anteriormente. Si alguien tiene a su hermano en alta estima, prestará atención a sus intereses para ayudarlo en todo lo posible. El apóstol implica, ciertamente, que el creyente debe velar también por sus propios intereses; pero antes que nada ha de obedecer el mandamiento que dice: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt. 19:19), mandamiento que resalta en toda su fuerza cuando ese prójimo es un hermano en Cristo (Jn. 13:34; Gá. 6:10). Cuanto más se dé cuenta del ferviente amor de Cristo por el hermano, ya que se entregó a sí mismo para salvarlo, tanto más deseará que prosperen los intereses de éste. Así, también, la unidad será promovida, y la gloriosa comunión se mostrará ante el mundo en toda su hermosura, como un poderoso testimonio.
Amén, para la honra y gloria de Dios.


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