LECCIÓN: Números 32:10 al 13. «10 Y la ira de Jehová se encendió entonces, y juró diciendo: 11. No verán los varones que subieron de Egipto de veinte años arriba, la tierra que prometí con juramento a Abraham, Isaac y Jacob, por cuanto no fueron perfectos en pos de mí; 12. excepto Caleb hijo de Jefone cenezeo, y Josué hijo de Nun, que fueron perfectos en pos de Jehová. 13. Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y los hizo andar errantes cuarenta años por el desierto, hasta que fue acabada toda aquella generación que había hecho mal delante de Jehová.».
Comentario general del contexto Bíblico: Versículos 6-13: Moisés, en primer lugar, culpa a su falta de sentimiento fraternal: “¿Irán vuestros hermanos a la guerra, y vosotros os sentaréis aquí?” Luego les llama la atención sobre el hecho de que por su falta de inclinación quitarían el valor y la inclinación de las otras tribus para cruzar el Jordán y conquistar la tierra, y traerían la ira de Dios sobre Israel aún más que sus padres que fueron enviados desde Cades para reconocer la tierra, y que desviaron el corazón del pueblo a la rebelión a causa de su relato desfavorable de los habitantes de Canaán, y trajeron un juicio tan severo sobre la congregación. מן את־לב הניא, apartar el corazón, es decir, volver a una persona aversiva a cualquier cosa. El Keri תּניאוּן, como en Números 32:9, es sin duda preferible al Kal תּנוּאוּן, en el Kethib de Números 32:7. – En Números 32:8-13, Moisés les recuerda los hechos descritos en el cap. 13 y 14. Sobre la expresión, “siguió totalmente a Jehová”, cf. Números 14:24. Las palabras, «Él los hizo andar por el desierto», los hizo vagar de un lado a otro en él durante cuarenta años, apuntan a Números 14: 33-35.
La ira de Jehová es la respuesta justa, santa y perfectamente medida de Dios frente al pecado, la maldad y la injusticia humana en la Biblia:
Referencias bíblicas clave
- Salmo 103:8: Destaca que el Señor es compasivo y lento para la ira. «Misericordioso y clemente es Jehová;
Lento para la ira, y grande en misericordia.» - Romanos 2:5: Explica cómo la impunidad temporal acumula el juicio justo para el día de la revelación de la ira de Dios. «Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios».
- Isaías 34:2: Describe la indignación de Jehová contra la maldad de las naciones. «Porque Jehová está airado contra todas las naciones, e indignado contra todo el ejército de ellas; las destruirá y las entregará al matadero».
- La ira de Dios es provocada por el hombre: «Acuérdate, no olvides que has provocado la ira de Jehová tu Dios en el desierto; desde el día que saliste de la tierra de Egipto, hasta que entrasteis en este lugar, habéis sido rebeldes a Jehová.» (Deuteronomio 9:7).
¿Cuál es la comprensión bíblica de la ira de Dios?
La ira es definida como “la respuesta emocional a la percepción del mal y la injusticia,” con frecuencia traducido como “enojo,” “indignación,” “cólera,” o “irritación.” Tanto los humanos como Dios expresan la ira. Pero hay una gran diferencia entre la ira de Dios y la ira del hombre. La ira de Dios es santa y siempre justificada; la del hombre nunca es santa y rara vez justificada.
En el Antiguo Testamento, la ira de Dios es una divina respuesta al pecado y la desobediencia del hombre. La idolatría era con frecuencia la causa de la ira divina. El Salmo 78:56-66 describe la idolatría de Israel. La ira de Dios es consistentemente dirigida hacia aquellos que no siguen Su voluntad (Deuteronomio 1:26-46; Josué 7:1; Salmo 2:1-6). Los profetas del Antiguo Testamento, a menudo escribían acerca de un día en el futuro, el “día de la ira” (Sofonías 1:14-15). La ira de Dios contra el pecado y la desobediencia es perfectamente justificada porque Su plan para la humanidad es santo y perfecto, así como Dios Mismo es santo y perfecto. Dios proporcionó un camino para ganar el favor divino –el arrepentimiento – el cual aleja la ira de Dios sobre el pecador. Rechazar ese plan perfecto es rechazar el amor, la misericordia, la gracia y el favor de Dios e incurrir en Su justa ira.
En el Nuevo Testamento, las enseñanzas de Jesús apoyan el concepto de Dios como un Dios de ira que juzga el pecado. La historia del hombre rico y Lázaro, habla del juicio de Dios y las serias consecuencias para el pecador no arrepentido (Lucas 16:19-31). Jesús dijo en Juan 3:36 que, “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.” El que cree en el Hijo de Dios no sufrirá la ira de Dios por su pecado, porque el Hijo llevó en Él la ira de Dios cuando murió en la cruz en nuestro lugar (Romanos 5:6-11). Aquellos que no creen en el Hijo, quienes no lo reciben como Salvador, serán juzgados en el día de la ira (Romanos 2:5-6).
Por el contrario, en Romanos 12:19; Efesios 4:26 y Colosenses 3:8-10, se advierte sobre la ira humana. Sólo Dios puede vengarse porque Su venganza es perfecta y santa, mientras que la ira del hombre es pecaminosa, exponiéndose a la influencia demoníaca. Para el cristiano, el enojo y la ira son inconsistentes con nuestra nueva naturaleza, la cual es la naturaleza de Cristo Mismo (2 Corintios 5:17). Para comprender lo que es la libertad del dominio de la ira, el creyente necesita que el Espíritu Santo santifique y limpie su corazón de sentimientos de ira y enojo. Romanos 8 muestra la victoria sobre el pecado en la vida de aquel que está viviendo en el Espíritu (Romanos 8:5-8). Filipenses 4:4-7 nos dice que la mente controlada por el Espíritu está llena de paz.
La ira de Dios es algo temible y aterrador. Sólo aquellos que han estado cubiertos por la sangre de Cristo, derramada por nosotros en la cruz, pueden estar seguros de que la ira de Dios nunca caerá sobre ellos. “Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.” (Romanos 5:9).
TEXTO: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (Romanos 1:18).
Comentario del texto Bíblico: (1:18) La ira de Dios-impíos-injustas: los sujetos de la ira de Dios. Note tres cosas.
-1. La ira de Dios es una realidad (véase la discusión en Estudio a fondo 1, Ira de Dios–Ro. 1:18).
-2. La ira de Dios se revela desde el cielo. Dios revela y muestra su ira de cuatro maneras (véase la discusión en la nota, Ira de Dios, Ro. 1:24-32).
-3. Los sujetos de la ira de Dios son de dos tipos. Dios muestra su ira y está airado con dos clases de personas:
▬ a. Personas que son impías e injustas.
- El impío (asebeia) no ama a Dios ni le obedece. No viven como Dios vive. No son como Dios; no son santos ni justos ni puros. No trabajan en el desarrollo de una naturaleza piadosa, no honran a Dios por palabra ni por hecho, no adoran a Dios ni le obedecen como el Dios único y, verdadero, ni lo reverencian haciendo lo que Él dice. Por el contrario, los impíos son los que hacen lo que quieren cuando quieren, y fingen estar de acuerdo con Dios, pero le ignoran en su vida diaria.
- El injusto (adikia) no ama a los demás. Son los que no viven con los hombres como debieran. Actúan contra los hombres: son fraudulentos, ladrones, mentirosos, crueles, esclavizadores que destruyen y se aprovechan del prójimo.
El argumento es claro: Dios está airado con tales hombres -hombres que son impíos e injustos- hombres…
- no aman a Dios ni le obedecen.
- no aman a los demás ni los tratan como debieran.
▬ b. Personas que detienen la verdad con injusticia. La palabra «detienen›› (katechonton) quiere decir retener, suprimir, reprimir, sofocar, obstruir. Los hombres conocen la verdad desde tres fuentes:
- de la naturaleza (cp. Ro. 1:20).
- de la razón y la consciencia (cp. Ro. 1:18; 2:15).
- de las Escrituras (Jn. 5:39; 2 Ti. 3:16).
Pero, a pesar de tener acceso a la verdad, ignoran, descuidan y aun desechan la verdad haciendo todo lo que pueden por evitarla y deshacerse de ella. Porque quieren vivir como ellos quieren y no como Dios dice. Ellos quieren vivir vidas injustas; quieren probar y sentir, ver y tener todas las cosas estimulantes que desean. Pero note lo que las Escrituras dicen: «Detienen con injusticia la verdad;» esto es, conocen la verdad mientras siguen viviendo con injusticia. Son inexcusables.
«Y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos›› (2 Ts. 2:10).
Nuevamente el punto es claro: Dios está airado con los hombres…
- que son impíos y no aman a Dios ni le obedecen.
- que son injustos, no aman al prójimo ni lo tratan como debieran.
- que detienen la verdad y llevan vidas de impiedad e injusticia.
«Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras» (Tit. 2:11-14).
ESTUDIO A FONDO 1: (1:18) La ira de Dios (orge): ira. no un estallido agitado de violencia. No es una ira que rápidamente se inflama y así también se diluye. ni es la ira que surge solamente de un estallido emotivo. Es más bien una ira decisiva. Es una ira procedente de una decisión razonada. una ira que surge de la mente y mucho más que de las emociones. Cuando Dios la usa. siempre es una ira justa, santa y buena. Es una ira que está contra el pecado y el mal, contra la violencia y el derramamiento de sangre, contra la inmoralidad e injusticia de los hombres. Es una ira que aborrece y odia el pecado y el mal y que inflige una insta venganza y una justicia equitativa. Sin embargo. es una ira profundamente sentida; en efecto. Debe ser sentido. porque si ha de haber «nuevos cielos y nueva tierra» hay que atacar el mal y la corrupción y borrarlo de la faz de la tierra. Dios ha prometido cielos nuevos y tierra nueva donde moren la justicia y la perfección para siempre.
▬ 1. Hay ira de Dios en el juicio.
«Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían al bautismo, les decía: ¡Generación
de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?» (Mt. 3:7).
«Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad» (Ro. 1:18).
«Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios» (Ro. 2:5).
«Pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego» (Ro. 2:8-9).
«Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (hablo como hombre). En ninguna manera; de otro modo, ¿cómo juzgaría Dios al mundo?» (Ro. 3:5-6).
«Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira» (Ro. 5:9).
«Entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo ia voluntad de la carne y de los pensamientos, éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás» (Ef. 2:3).
«Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia» (Ef. 5:6; cp. Col. 3:6).
«Porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y como os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos s su hijo, ni cual resucitó de los muertos, a Jesús quien nos libró de la ira venidera› (1ª Ts. 1:9-10).
«Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo» (1ª Ts. 5:9).
«Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de pronto su ira» (Sal. 2:12).
▬ 2. Hay ira de Dios para los que desobedecen al Señor.
«Ei que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él» (Jn. 3:36).
▬ 3. La ira de Dios estuvo contra ¡Israel en el desierto.
«Por tanto, juré en mi ira: no entrarán en mi reposo» (He. 3:11).
▬ 4. La dureza del corazón del hombre provocó la ira del Jesús.
«Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones. dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana» (Mr. 3:5).
1er TÍTULO: El furor de Dios sobre los que obran mal. Versículos 10 y 11. Y la ira de Jehová se encendió entonces, y juró diciendo: No verán los varones que subieron de Egipto de veinte años arriba, la tierra que prometí con juramento a Abraham, Isaac y Jacob, por cuanto no fueron perfectos en pos de mí. (Léase: Éxodo 32:9 y 10. Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande. ▬ Efesios 5:6. Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.).
Comentario de (Éxodo 32:7-14) intercesión ▬ oración ▬juicio: Lo siguiente que vemos en las Escrituras es la imagen de una gran intercesión por el terrible pecado cometido. a Dios vio el grave pecado de Israel y estaba muy enojado (v. 7). Él no es ciego; él ve todo lo que el ser humano hace y vio lo que los israelitas estaban haciendo.
– 1) Dios interrumpió de forma abrupta el intercambio que estaba manteniendo con Moisés, dio por terminado el encuentro y puso delante de Moisés una situación que lo dejó totalmente consternado: le dijo que descendiera con “su pueblo” (es decir, “el pueblo de Moisés”). Dios estaba repudiando a su pueblo. Cambió el pronombre: ya no los estaba llamando “mi pueblo”, como los había llamado en pasado (Ex. 3:7-10; 5:1; 7:4; 7:16; 8:1; 8:20; 8 21; 8:22; 8:23; 9:1; 9:13; 9:17; 10:3; 10:4). Desde el principio habían recibido el título de pueblo de Dios, pero ya no. El terrible pecado que habían cometido los había separado del Señor. Tal era la gravedad de sus actos que Dios estaba dispuesto a repudiarlos.
– 2) Considere los cargos que Dios presentó en contra del pueblo.
=> Los acusó de haberse “corrompido” (síhet) (v. 7), palabra que significa correr hacia la destrucción, la ruina, la devastación y la decadencia. Esa misma palabra se usa para describir el terrible pecado de la humanidad en tiempos de Noé (vea notas de Gn. 6: 11-12).
=> Los acusó de haberse apartado pronto de sus mandamientos (v. 8). Acababa de dárselos. Además, habían hecho un pacto o acuerdo con Dios: se habían comprometido a obedecerle y a guardar sus mandamientos. Sin embargo, ahí los vemos, pronto apartándose de él. Los vemos caminando en una dirección y luego dando la vuelta rápidamente para correr en la dirección opuesta.
=> Los acusó de incurrir en una adoración falsa (v. 8). El vio el ídolo que levantaron, pero lo más trágico es que los vio postrarse ante ese ídolo y ofrecerle sacrificios.
=> Los acusó de proclamar un mensaje falso: que la liberación y la salvación vienen del hombre y no de Dios (v. 8). Dios vio a una multitud de más de tres mil personas declarando que fueron los dioses falsos quienes los libertaron (esta declaración estaba representada en la fuerza y el poder del becerro de oro). El vio su rebelión, apostasía e incredulidad.
=> Dios los acusó de ser un pueblo de dura cerviz: un pueblo obstinado, terco, tenaz, insolente y testarudo, que no estaba dispuesto a escuchar los mandamientos de Dios, ni a apartarse de los deseos de la carne y la vanagloria de la vida (vea 1ª Jn. 2:15-16).
b Dios no tenía otra opción: tenía que lidiar con el pueblo Por eso, amenazó con derramar su juicio sobre ellos
1) Observe lo que Dios dijo a Moisés: “Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma”. Sin embargo, Moisés no estaba molestando a Dios ni hablándole. Solo estaba allí estupefacto ante la interrupción abrupta de su intercambio con Dios y los graves cargos que él estaba presentando contra el pueblo debido al terrible pecado que estaban cometiendo. Entonces ¿por qué Dios pronunció su juicio contra Israel con las palabras “¿Moisés, déjame”?
Dios tuvo dos razones para hacer su planteo en esos términos: estaba llamando a Moisés a la oración, para que intercediera por el pueblo. Solo la intercesión podía salvarlos. Así, Dios estaba enseñando a Moisés la increíble importancia de la oración intercesora.
=> Dios estaba poniendo la intercesión de Moisés en medio de él y su pueblo. Moisés fue el intercesor que medió entre Dios y el pueblo. De esa manera, él representaría (simbolizaría) al gran Intercesor, el Señor Jesucristo.
“¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Ro. 8:34).
“Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se
refiere, para expiar los pecados del pueblo” (He. 2:17; vea He. 2:14-15).
“Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He. 7:25).
2) Luego, Dios le dijo a Moisés algo que lo dejó totalmente pasmado: amenazó con cumplir la promesa de su pacto con Abraham de una forma distinta (vea bosquejo y notas de Gn. 12:1-3). El levantaría una nación por medio de los descendientes de Moisés y no los de Abraham (v. 10). Solo eso bastó: Moisés había quedado anonadado, completamente perplejo, pero ya no podía guardar silencio. Dios había logrado su cometido: mover a Moisés a elevar una oración intercesora.
=> Moisés no quería que el pueblo tuviera que enfrentar el aterrador juicio de Dios ni que Israel fuera destruido.
=> Moisés no quería que Dios modificara su pacto. Quería que Dios cumpliera la promesa que hizo a Abraham bendiciendo a los descendientes de Abraham.
Comentario de Efesios 5:6. (5:5-6) Creyente, Deber, Inmoralidad, Inmundicia: En quinto lugar, el creyente sigue a Dios, conociendo la advertencia solemne de Dios. Advierta tres puntos significativos.
▬ 1. La inmundicia no tiene nada que ver con Dios, en absoluto. La profesión de una persona no tiene importancia: Si practica estas cosas, no compartirá el reino de Cristo y de Dios. Y, advierta, el destino pronunciado no está en futuro, sino en presente. No dice “no tendrá”, sino no “tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios”. Puede que tenga casas, tierras y todo tipo de posesiones, pero no tiene
una pizca del reino. Ha perdido todo lo que realmente tiene valor tener. Advierta los pecados específicos mencionados que destinan a una persona.
=> Ser un ‘fornicario” (pornos): Relación sexual ilícita; fornicación; prostitución; comportamiento inmoral.
=> Ser un “inmundo” (akathartos): Pensamientos o conducta sucia, inmoral o mugrienta.
=> Ser un “avaro” (ver nota más arriba, Ef. 5:3 para su tratamiento).
=> Ser un “idólatra” (ver nota, Idolatría, punto 5, Gá. 5:19-21 para un tratamiento más extenso).
▬ 2. Hay engañadores caminando entre nosotros. Hay personas que nos dicen…
◘ Que el sexo es lo más natural y normal para el hombre. Que una aventura de una sola vez no producirá ningún daño, que es aceptable y no nos herirá.
◘ Que tener posesiones es un comportamiento normal y que almacenar es algo aceptable. Construye una posición, un ego y una imagen propia, y que eso nunca puede estar mal. Y que tener más de lo que necesitamos nos permite ayudar a los necesitados como lo deseemos.
“Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Ro. 16:18).
“Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” (2 Co. 11:13-14).
“Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error” (Ef. 4:14).
“Mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados” (2 Ti. 3:13).
“Porque hay aún muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores, mayormente los de la circuncisión” (Tit. 1:10).
“Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo” (2 Jn. 7).
▬ 3. Barclay señala que hubo y aún hay dos engaños principales respecto del cristianismo.
▬ a. Están los que sintieron que podían decir y hacer cualquier cosa y aun así ser aceptables ante Dios. Este argumento provino originariamente de aquellos que estaban afuera de la iglesia, si bien había quienes estaban dentro de la iglesia que mantenían el mismo
argumento. La idea encuentra sus raíces en la filosofía del gnosticismo. El gnosticismo decía que el hombre es tanto cuerpo como espíritu. Creían que el espíritu era la parte más importante del hombre, la única parte que realmente importa. Es la única parte que realmente le preocupa a Dios. Lo que un hombre hace con su cuerpo no importa, el cuerpo no es importante. No marca ninguna diferencia si un hombre abusa de su cuerpo: si engulle, se ensucia y lo convierte en inmundo. Sin embargo, el cristianismo contrapone: “¡Nunca!” Tanto el cuerpo con el alma es importante. Vemos esto en Jesucristo. Él honró el cuerpo llevando un cuerpo en si mismo (He. 2:14). Hoy día Él honra el cuerpo convirtiéndolo en el “templo santo” para su presencia en la persona del Espíritu Santo (1ª Co. 6: 19). Jesucristo está interesado en el cuerpo del hombre, así como también en el espíritu del hombre. Él está interesado en todo el hombre y salva a todo el hombre.
▬ b. Estaban los que principalmente dentro de la iglesia pensaban que el pecado era irrelevante. Cuánto pecaba una persona no tenía importancia. Dios es amor y Él perdona y perdona sin importar cuánto mal hagamos. De hecho, algunos sostenían que cuanto más pecamos, más Dios es capaz de perdonar y de demostrar su misericordia para con nosotros. ¿Entonces por qué no vivir cómo queremos? ¿Por qué no pecar y dejar que la misericordia y el amor de Dios brillen a través de nosotros, puesto que cuanto más pecamos más gracia de Dios se verá? Pero el cristianismo se contrapone “¡Nunca!” El amor y la gracia de Dios no son solo un don y un privilegio, sino una responsabilidad y una obligación.
Sin embargo, advierta lo que dice Dios: “Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia” (v. 6; cp. Ef. 2:2). La ira (orge) de Dios es un enojo resuelto, un enojo deliberado que surge de su misma naturaleza de santidad. Es un enojo que es justo, probo y bueno, que se contrapone a los pecados y a la maldad de los hombres: su suciedad y contaminación e inmoralidades, sus injusticias y negaciones de un mundo que gira bajo el peso de las masas perdidas, hambrientas, enfermas y agonizantes. Dios nunca pudo haber ignorado al fornicario que destruye la vida familiar ni al avaro que pasa por alto a los necesitados. Él no sería Dios, no sería amoroso ni justo si ignorara a personas tan viles.
“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (Ro. 1:18).
“Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Ro. 2:5).
“Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia (Ef. 5:5-6).
“Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de pronto su ira Bienaventurados todos los que en él confían” (Sal 2:12).
2° TÍTULO: La misericordia de Dios es para los fieles. Versículo 12. excepto Caleb hijo de Jefone cenezeo, y Josué hijo de Nun, que fueron perfectos en pos de Jehová. (Léase: Lamentaciones 3:22. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. ▬ 1ª a los Corintios 15:10. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.).
La misericordia de Dios se manifiesta para toda la humanidad como un acto de amor incondicional, pero encuentra una relación especial de comunión y respuesta activa en aquellos que deciden vivir con fidelidad a sus mandamientos. (Efesios 2:4 al 7. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús).
Comentario de Lamentaciones de Jeremias: La misericordia divina, recurso inestimable, 3:19–24. El sufrimiento y exilio todavía son realidades en este pasaje. Sin embargo, brilla la esperanza en la misericordia de Dios. El poeta examina más profunda y largamente el sufrimiento, y se da cuenta de que el sufrimiento no significa que Dios haya desamparado a los suyos (v. 18).
Las circunstancias no habían cambiado. El pueblo de Dios todavía está afligido y desamparado. Está probando el ajenjo y la amargura. El poeta implora a Dios: Acuérdate (v. 19). Todo lo que ha sucedido no puede olvidarse. Además, el alma había perdido el ánimo, las fuerzas y el vigor (v. 20).
El v. 21 es de transición. El poeta está sugiriendo que las aflicciones, al reflexionar sobre ellas, conducen a la esperanza, o está contemplando la verdad eterna de la misericordia de Dios que conduce a la esperanza. Sea lo que fuera, el poeta, en una magnífica expresión de fe en la bondad eterna de Dios, mira el futuro con esperanza renovada a pesar de la realidad del momento. Reconoce que
Dios es el que sostiene la vida.
Sugiere que ya habríamos sido consumidos (habríamos perecido) salvo por la bondad de Jehovah. La Peshita y Tárgum dicen: “La bondad de Jehovah ciertamente no se acaba” (ver nota de la RVA). Bondad es la traducción de jesed2617, que se usa para expresar lo interminable que es el amor pactado o el amor leal de Dios. Significa lealtad o devoción, en particular, en relación al pacto y a Dios como autor del pacto. En el v. 20 jesed bien puede traducirse “lealtades pactadas” o “bondades del pacto”.
Este es uno de los conceptos tremendos del AT. El amor constante del Señor nunca termina, y nunca se agota su compasión (comp. Sal. 23:6; 51:1; Isa. 55:1–3; Jer. 3:12). Para cada día la bondad y compasión de Dios se renuevan. No se agota la fuente de esperanza para el que sufre. Por eso, puede cantar grande es tu fidelidad. El Señor cumple con exactitud sus promesas. Es constante en su amor (v. 23).
El poeta acaba de hacer una de las declaraciones más sublimes acerca del amor constante y las misericordias de Dios. Aunque el sufrimiento había llegado al máximo, desde su alma afirma (paráfrasis nuestra): “Mi única porción verdadera se encuentra en Dios. No puedo hacer nada mejor. En verdad, ninguna otra cosa puedo hacer salvo esperar en él” (v. 24).
Comentario de 1ª a los Corintios 15:10: (15:8-10) Jesucristo, resurrección: El cuarto elemento del evangelio es que hubo un testigo presencial fidedigno, el propio Pablo. Note tres elementos:
▬ 1. Pablo vio a Cristo después de la ascensión del Señor. La frase “como a un abortivo” (to ektromati) quiere decir un aborto, un parto malogrado, un nacimiento no natural, un niño nacido fuera de tiempo. Pablo está diciendo sencillamente que él no conocía ni seguía al Señor cuando el Señor anduvo en la tierra, pero él vio al Señor después que Él había abandonado la tierra y ascendido al cielo. Desde luego, Pablo se refiere a la experiencia en el camino de Damasco (Hch. 9:1s), y quizás a las visiones que le concedieron (2 Co. 12:1s).
▬ 2. Pablo se convirtió y cambió en contra de todos los pronósticos. Pablo tenía una profunda sensación de indignidad. Note exactamente lo que él dice, su percepción de sí mismo:
=> “Soy el más pequeño de los apóstoles”.
=> “[Yo] no soy digno [apto] de ser llamado apóstol”.
=> “porque perseguí a la iglesia de Dios”.
Antes de su conversión él había perseguido y matado a muchos creyentes de la iglesia primitiva (Hch. 7:58; 9:1s). Él también tenía un orgullo acérrimo en quien él era y lo que había logrado en su posición y justicia y moralidad personal (2 Co. 11:22; Fil. 3:4-6). Los pecados de asesinato y orgullo le daban a Pablo una sensación inmensa de sentirse el jefe de los pecadores (1ª Ti. 1:15). Nada excepto haber visto a Cristo
realmente cara a cara podría cambiar a un hombre de un modo tan radical. Nada excepto haber visto a Cristo realmente cara a cara podría hacer que un hombre entregara tanto y pagara un precio tan alto por la predicación del evangelio (2 Co. 6:4s; 11:22s; Fil. 3:4s).
▬ 3. Pablo se sintió movido urgentemente a obrar por Cristo. Para Pablo lo mayor del mundo era la gracia de Dios, el hecho de que Dios lo amaba tanto:
◘ Que Dios perdonó sus pecados terribles.
◘ Que Dios le permitió seguir y servir a su propio Hijo.
◘ Que Dios le permitió proclamar la cura gloriosa para el cáncer del pecado y la muerte, incluso la muerte y la resurrección del Señor Jesucristo.
Todo cuanto Pablo era y todo cuanto Pablo hizo fue por la gracia, el favor inmerecido de Dios. Como declaró él mismo: “Por la gracia de Dios soy lo que soy”.
Como Dios había hecho tanto por él, Pablo trabajaba de modo tan diligente por Dios. La palabra “trabajado” (kopiao) significa trabajar hasta el punto de estar cansado y exhausto. Observe su planteamiento: él trabajó más que todos los otros que sirvieron a Cristo. ¿Por qué? Porque se lo debía a Cristo: Él había pecado de modo tan terrible contra el Señor. Note que hasta le da crédito por su trabajo a la gracia de Dios.
3er TÍTULO: Cumplimiento de la sentencia de Dios ante la rebeldía del pueblo. Versículo 13. Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y los hizo andar errantes cuarenta años por el desierto, hasta que fue acabada toda aquella generación que había hecho mal delante de Jehová. (Léase: Números 14:33 al 35. Y vuestros hijos andarán pastoreando en el desierto cuarenta años, y ellos llevarán vuestras rebeldías, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto. Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo. Yo Jehová he hablado; así haré a toda esta multitud perversa que se ha juntado contra mí; en este desierto serán consumidos, y ahí morirán. ▬ Salmo 37:1 Y 2. No te impacientes a causa de los malignos, Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados, Y como la hierba verde se secarán.).
En la tradición bíblica, el cumplimiento de la sentencia de Dios ante la rebeldía de su pueblo representa una respuesta justa a la ruptura de la alianza espiritual y moral, la cual busca la corrección y purificación antes que la destrucción total.
La rebelión es el rechazo a la autoridad. La rebelión puede llegar a ser violenta, como por ejemplo «estalló una rebelión armada en la ciudad», aunque también puede no expresarse. La rebelión siempre comienza en el corazón. La rebelión contra la autoridad de Dios fue el primer pecado de la humanidad (Génesis 3) y sigue siendo nuestra ruina. Nuestra naturaleza pecaminosa no quiere someterse a la autoridad de otro, incluso a la de Dios. Queremos ser nuestros propios jefes, y esa rebelión en el corazón humano es la raíz de todo pecado (Romanos 3:23. por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.).
En cada corazón humano germina la semilla de la rebelión en lo profundo. Nos gusta luchar por nuestros derechos y, cuando creemos que alguien no respeta nuestros «derechos», nos rebelamos. Aprender a acudir a la autoridad es una forma de evitar la rebelión y, aun así, encontrar una solución a un problema. Pensar de forma creativa es otra manera de canalizar nuestra pasión por el cambio hacia vías constructivas. Ofrecer soluciones de forma respetuosa permite a nuestras autoridades considerar opciones que quizá no habrían podido encontrar si no fuera por nuestro aporte. La relación de Daniel con el funcionario babilónico es un buen ejemplo de cómo mostrar respeto y evitar la rebelión (Daniel 1:8-16. Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.). Aunque adherirnos a la verdad con frecuencia requiere desafiar a los que tienen autoridad, la rebelión absoluta contra cualquier autoridad establecida por Dios rara vez es sancionada por Él.
Comentario de Números 14:32-33. “En cuanto a vosotros, vuestros cadáveres caerán en este desierto. Pero vuestros hijos pastarán (es decir, llevarán una vida de pastores inquietos) en el desierto cuarenta años, y soportarán vuestra fornicación (es decir, soportarán las consecuencias de vuestra apostasía infiel; véase Éxodo 34:16), hasta que vuestros cadáveres sean acabados en el desierto”, es decir, hasta que todos ustedes hayan muerto.
Números 14:34. “Después de la cuenta de los cuarenta días que él haya reconocido la tierra, llevaréis vuestra iniquidad, (contando) un día por un año, y sabréis que me apartaré de vosotros”, o תּנוּאה, abalienatio, de נוא (Números 32: 7).
Números 14:35. Tan cierto como Jehová había dicho esto, lo haría con esa congregación malvada, con aquellos que se habían aliado contra Él (נועד, unirse, conspirar; Números 16:11; Números 27:3). No hay motivo alguno para cuestionar la exactitud de la declaración de que los espías habían viajado a través de Canaán durante cuarenta días, o considerar esto como un número llamado redondo, es decir, como no histórico. Y si este número está firmemente establecido, tampoco hay razón para disputar los cuarenta años de permanencia del pueblo en el desierto, aunque el período durante el cual se extinguió la generación rebelde, que consistía en los que fueron contados en el Sinaí, en realidad fue treinta y ocho años, desde el otoño del segundo año después de su salida de Egipto hasta la mitad del año cuarenta de sus andanzas, y terminando con la nueva numeración (cap. 26) que se emprendió después de la muerte de Aarón, y tuvo lugar el primero del quinto mes del año cuarenta (Números 20:23, comparado con Números 33:38). En lugar de estos treinta y ocho años, los cuarenta años de permanencia en el desierto se relacionan con los cuarenta días de los espías, porque el pueblo se había apartado con frecuencia de Dios y, en consecuencia, había sido castigado, incluso durante el año y la mitad antes de su rechazo; y a este respecto, el año y medio podría combinarse con los treinta y ocho años que siguieron en un período continuo, durante el cual cargaron con su iniquidad, para establecer claramente ante las mentes de las personas desobedientes el contraste entre esa morada pacífica en el la tierra prometida que habían perdido, y el vagabundeo inquieto por el desierto, que les había sido impuesto como castigo, y para inculcarles la conexión causal entre el pecado y el sufrimiento. “Cada año que pasaba, y se deducía de los cuarenta años de castigo, era una nueva y solemne exhortación al arrepentimiento, ya que recordaba la ocasión de su rechazo” (Kurtz). Cuando Knobel observa, por otro lado, que “es completamente improbable que todos los que salieron de Egipto (es decir, todos los que tenían veinte años o más cuando salieron) hayan caído en el desierto, con el excepción de dos, y que no se halló entre los israelitas ningún varón que tuviera más de sesenta años de edad cuando entraron en Canaán”, la declaración expresa de que en la segunda cuenta no hubo varón entre los contados que había sido incluido en la numeración en el Sinaí, excepto Josué y Caleb (Números 26:64), es suficiente para derrocar esta “improbabilidad” como una fantasía infundada. Tampoco es cuestionable esta afirmación por el hecho de que “Eleazar, hijo de Aarón, que entró en Canaán con Josué” (Josué 14:1, etc.), probablemente tenía más de veinte años en el momento de su consagración en el Sinaí. ya que los levitas no estaban calificados para el servicio hasta los treinta o veinticinco años. Porque, en primer lugar, la regla relativa a la edad de servicio de los levitas no se ha de aplicar sin reserva también a los sacerdotes, por lo que se podría inferir de esto que los hijos de Aarón debían tener por lo menos veinticinco o treinta años. años de edad cuando fueron consagrados; y además de esto, los sacerdotes no entran en la cuestión en absoluto, porque la tribu de Leví fue excluida de la numeración en el cap. 1, y por lo tanto los hijos de Aarón no fueron incluidos entre las personas contadas, que fueron sentenciadas a morir en el desierto. Menos aún se sigue de Josué 24:7 y Jueces 2:7, donde se afirma que, después de la conquista de Canaán, quedaban muchos vivos que habían sido testigos oculares de las maravillas de Dios en Egipto, que debían hayan tenido más de veinte años cuando salieron de Egipto; porque los jóvenes de diez a diecinueve años ciertamente habrían podido recordar tales milagros, incluso después del lapso de cuarenta o cincuenta años.
Comentario del Samo. El justo descansa en Jehovah, Salmo 37 vv. 1–2: A veces el creyente es atraído por el aparente éxito de gente sin escrúpulos; otras veces sencillamente se enoja contra Dios o solamente dentro de sí mismo. La palabra te impacientes significa “calentarse” o “estar enojado”. El salmista exhorta al justo a no enojarse; no hace falta porque Dios hará justicia. Además, como dice Santiago 1:20: La ira del hombre no lleva a cabo la justicia de Dios.
Pronto se secan (v. 2) es la historia de todo lo que se basa en el tiempo y no en la eternidad (Kidner). Los impíos son muy inestables; muchos personajes famosos han tenido un fin trágico. Las sentencias o dichos del Salmo muestran el contraste entre el justo que confía en Dios y el malvado que no le obedece.
Amén, para la honra y gloria de Dios.


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