Lectura Bíblica: 1ª a los Corintios 10:5 al 10. Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. 6. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. 7. Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar. 8. Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil. 9. Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. 10. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor.
Comentario general del contexto Bíblico: [1]. (5:6) Iglesia, problemas: La iglesia debe saber algo, un poco de levadura (pecado) leuda toda la masa. La levadura o el pecado de la iglesia de Corinto era su “jactancia”. La iglesia se creía una iglesia fuerte y espiritual, una iglesia grandemente bendecida y dotada por Dios. Todo don concebible del Espíritu se le había dado a la iglesia, y los miembros se deleitaban y se jactaban de sus dones y bendiciones (vea las notas 1 Co. 1:5-7; 1:12; 1:26; 2:6-13; 3:18-23; 4:1-5; 4:6; 4:7; 4:8; 5:2. Una ojeada rápida a estas notas proporcionará una panorámica de la jactancia y el orgullo de la iglesia de Corinto y de la jactancia y el orgullo que pueden calar cualquier iglesia.)
Sin embargo, la mayor envergadura del orgullo pecaminoso se alcanza cuando una iglesia comienza a enorgullecerse del hecho de que ciertos líderes pertenecen a su comunión. Este fue al parecer uno de los pecados terribles de la iglesia de Corinto.
La iglesia se estaba “jactando” del hombre que era culpable del pecado de inmoralidad (v. 6). La iglesia, desde luego, no se habría estado jactando del pecado del hombre. Su jactancia era por el hombre como tal: su talla moral, su prestigio, quién era, el dinero que podía dar, el aporte que podía hacer, su liderazgo, y quizá sus riquezas. La palabra “jactarse” (kauchema) lo señala fuertemente. Significa que se estaban jactando, vanagloriando, y enorgulleciéndose del hombre a pesar del conocimiento de su pecado. Quizá fuera un hombre de un liderazgo extraordinario en la comunidad o la ciudad de Corinto. Quizá se había convertido en líder de una de las facciones de la iglesia. Cualquiera que sea el caso, la iglesia pasó por alto este pecado y se enorgulleció del hecho de que un hombre de su talla moral se sumara y formara parte de su fraternidad.
Pensamiento. Con gran frecuencia, la iglesia pasa por alto el pecado y el estilo de vida de un hombre porque es líder de la comunidad, el gobierno o una empresa. De hecho, con gran frecuencia una iglesia se jacta del hecho de que un hombre es miembro de su fraternidad. Según declaran las Escrituras: “Hermanos, estas cosas no deben suceder”.
Sucede lo siguiente: La iglesia debe despertar y aprender algo. Un poco de levadura (pecado) leuda toda la masa. La levadura es un tipo de pecado en la Biblia. Por consiguiente, si se permite que el hombre y su pecado de inmoralidad permanezcan en la iglesia, el pecado del hombre se esparcirá. Si la iglesia acepta al hombre que está viviendo claramente en pecado, otros comenzarán a creer que ellos, también, pueden ser aceptos, aunque pecaran. Si no hay restricción sobre el pecado, entonces el pecado crecerá. Si el pecado se acepta, el pecado, no la justicia, es el que impera. Si la justicia no es el fundamento de la aceptación, entonces la justicia no reina,
sino que reina el pecado. Si la iglesia acepta a la persona que vive claramente en pecado, entonces la iglesia está permitiendo que impere el pecado, y el pecado se esparcirá. El hombre que vive en función del pecado influye a los otros para que vivan en función del pecado.
Observe lo que dicen las Escrituras: Solo hace falta un poco de levadura, no mucho, para que el pecado crezca. Aceptar a un hombre que vive según el mundo y según el pecado haría que otros comiencen a llevar una vida mundana y pecaminosa.
“Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado” (Ro. 14:15).
“Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad? Esta persuasión no procede de aquel que os llama. Un poco de levadura leuda toda la masa” (Gá. 5:7-9).
“Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno” (Mt. 18:6-8).
“Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable” (Ec. 10:1).
“Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; porque nuestras viñas están en cierne” (Cnt. 2:15).
[2]. (5:7) Iglesia, deber: La iglesia debe limpiarse de la levadura (pecado). Hay dos razones por la que la iglesia y sus creyentes deben limpiarse de todo pecado.
▬ 1. Los creyentes son nuevas criaturas. Da la idea de la fiesta de Pascua judía. A la familia judía se le exigía por ley que eliminara toda la levadura de la casa antes de celebrar la Pascua. Se les exigía incluso que encendieran velas y buscaran en toda la casa migajas de levadura que hubieran caído al suelo y debajo de la mesa y otros muebles. La purga de toda la levadura simbolizaba al pueblo purgando la influencia corruptora del pecado en la vida de cada uno de ellos.
Note el planteamiento: “sin levadura como sois”. Los creyentes de la iglesia ya eran sin levadura; eran nuevas masas, nuevas criaturas; por consiguiente, no debían salir de la familia y entrar al mundo para traer la vieja levadura de vuelta a la familia. El creyente se ha convertido en una “nueva criatura” en Cristo. Se han echado de la casa sus viejos pecados y su viejo hombre; por consiguiente, no debe permitir que los viejos pecados regresen a su vida y tampoco a la familia de Dios, es decir, la iglesia.
“De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Co. 5:17).
“Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación” (Gá. 6:15).
“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Ef. 4:22-24).
“No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Col. 3:9, 10).
▬ 2. Cristo nuestra Pascua se ha sacrificado por nosotros y por la iglesia. Acá, también, hay una ilustración de la Pascua. En la Pascua judía, cada familia mataba un cordero de Pascua y con su sangre pintaba el dintel de la entrada principal de la casa. Esto simbolizaba que la familia creía en la Palabra de Dios, que Dios salvaría a la familia del juicio cuando Dios viera que la sangre del cordero de Pascua cubría su casa.
Resulta sorprendente: El cordero de Pascua de la fiesta y del Antiguo Testamento simbolizaba el gran Cordero de Pascua de Dios, Jesucristo. Cristo nuestra Pascua se sacrifica por nosotros; por consiguiente, debemos purgar la levadura, el pecado y su influencia corruptora, de nuestra vida. Debemos purgar todo el pecado y tomar la sangre de Jesucristo y cubrirnos nosotros mismos y a nuestra casa si deseamos que el juicio de Dios nos pase por alto.
Ahora bien, note la idea: Si continuamos practicando y aceptando el pecado, eso demuestra que no creemos realmente que la sangre de Cristo nos limpia. Aceptar el pecado y vivir en pecado demuestra que no tenemos interés en librarnos del pecado. Aceptar el pecado y vivir en pecado demuestra que amamos el pecado, que nos agrada tanto lo que el pecado nos puede hacer que no estemos dispuestos a purgarlo de nuestra vida y de la iglesia. Si permitimos la vieja levadura, el viejo pecado en nuestra vida y nuestra iglesia, eso demuestra que tenemos poco interés en una vida limpia y pura. Le demuestra a Dios que nos preocupa poco el poder limpiador de la sangre de Cristo nuestra Pascua. El planteamiento es contundente, y constituye una amonestación. Por consiguiente, debemos purgar la vieja levadura, los viejos pecados tanto de nuestra vida como de nuestra iglesia.
“El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29).
“Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Co. 5:7).
“el cual se dio a si mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre” (Gá. 1:4).
“Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a si mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Ef. 5:2).
“quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tit. 2:14).
“sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 P. 1:18, 19).
“En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Jn. 3:16).
“y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Ap. 1:5).
[3] (5:8) Iglesia, deber: La iglesia debe celebrar la fiesta, es decir, debe limpiarse. Este punto se plantea de la forma más clara posible: “La iglesia debe mantenerse limpia y pura”. No debe permitir malicia ni maldad en su fraternidad. Debe llevar una vida de sinceridad y verdad. Observe cinco elementos:
▬ 1. La palabra “malicia” señala que al parecer algunas personas en la iglesia se oponían a la presencia inmoral del hombre en la iglesia. Pero los que apoyaban al hombre se mantenían firmes, y la malicia se instaló entre los dos grupos.
▬ 2. La palabra “maldad” (ponerias) significa más que solo pecado y carencia. Significa sentir placer en el mal. La iglesia debe purgarse de su orgullo en los hombres prestigiosos que vivían en pecados inmorales. Tal maldad debe purgarse.
▬ 3. La palabra “sinceridad” (eilikpinias) significa puro, caro, transparente. Es algo a través de lo cual puede pasar la luz del sol demostrando una pureza impecable.
▬ 4. La palabra “verdad” (aletheias) significa no adulterado, conforme a la naturaleza de cualquier cosa que sea cierta. Dios es verdad; por consiguiente, quiere decir ser igual a Dios. Significa vivir y hacer la verdad; por lo tanto, la iglesia debe hacer precisamente lo que es correcto. Debe disciplinarse ella misma y al hombre inmoral. La iglesia debe purgar el pecado dentro de sí misma.
▬ 5. La palabra “celebremos” está en el tiempo gramatical presente, lo que significa acción continua. La iglesia debe continuar celebrando la fiesta, continuar purgando la vieja levadura del pecado y sus influencias corruptoras. No solo se debe disciplinar ella misma y al hombre que está viviendo en pecado inmoral, debe continuar manteniéndose pura, continuar celebrando la fiesta de pureza ante Dios.
“Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que, con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho más con vosotros” (2 Co. 1:12).
“Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que, con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo” (2 Co. 2:17).
“Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo” (Fil. 1:9, 10).
“presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad” (Tit. 2:7).
“Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1 Jn. 3:18).
[4] (5:9-10) Iglesia, deber: La iglesia debe separarse del mundo, pero no completamente. Al parecer Pablo había escrito una epístola o cana anterior a los corintios. Les había mandado hacer exactamente lo que les decía en ese momento: “No juntarse con aquellos que viven en función del pecado y de este mundo La palabra “juntarse” (sunanamignusthai) significa mezclarse. Pablo había mencionado cuatro tipos de pecados inmorales que debían mantenerse fuera de la iglesia y separados de los creyentes.
▬ 1. La iglesia no debía mezclarse con los fornicarios de este mundo. La palabra “fornicación” significa todos los tipos de actos sexuales inmorales. Incluye el adulterio, el sexo prematrimonial, la homosexualidad, y todas las formas de desviación sexual. Los que practican la inmoralidad no forman parte de la comunión de la iglesia. Los creyentes no deben mantener una comunión cercana con ellos.
“y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío” (Ro. 1:27).
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones” (1 Co. 6:9).
“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, … envidias, homicidios, borracheras, orgias, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.2” (Gá. 5:19,21).
“los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza” (Ef. 4:19).
“Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos” (Ef. 5:3).
“pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación” (1 Ts. 4:3).
“Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo… como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas, por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno” (Jud. 4, 7).
▬ 2. La iglesia no debía mezclarse con los avaros (pleonektais) de este mundo. La palabra significa aquellos que buscan cada vez más mientras millones y millones de personas en el mundo se mueren a consecuencia del pecado, el hambre, las enfermedades, y la pobreza. Este es un pecado que Dios desprecia de un modo particular (vea el índice y las notas – Mt. 19:16-22; 19:23-26; Lc. 16:19-31).
“Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lc. 12:15).
“Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos” (Ef. 5:3).
“Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos” (Col. 3:5).
“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré” (He. 13:5).
“No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” (Éx. 20:17).
“Porque el malo se jacta del deseo de su alma, bendice al codicioso, y desprecia a Jehová” (Sal. 10:3).
“Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores” (Jer. 6:13).
“Y vendrán a ti como viene el pueblo, y estarán delante de ti como pueblo mío, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra; antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia” (Ez. 33:31).
“Codician las heredades, y las roban; y casas, y las toman; oprimen al hombre y a su casa, al hombre y a su heredad” (Mi. 2:2).
“¡Ay del que codicia injusta ganancia para su casa, para poner en alto su nido, para escaparse del poder del mall” (Hab. 2:9)!
▬ 3. La iglesia no debía mezclarse con los ladrones (harpaxin) del mundo. Estos son los que hurtan, los secuestradores, los chanchulleros, y los que se aprovechan de los pobres a fin de conseguir más ganancia para ellos. Una vez más, a estos Dios los desprecia de un modo particular por su visión irreal del mundo, un mundo que lleva a cuesta el peso de tantas personas prisioneras de la pobreza, las enfermedades, el pecado, y la muerte.
“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia” (Mt. 23:25).
“Él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado” (Lc. 3:13).
“¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, y aceptaréis las personas de los impíos?” (Sal. 82:2).
“El que oprime al pobre, afrenta a su Hacedor; más el que tiene misericordia del pobre, lo honra” (Pr. 14:31).
“Abominación es a los justos el hombre inicuo; y abominación es al impío el de caminos rectos” (Pr. 29:27).
“¡Ay de los que dictan leyes injustas, y prescriben tiranía, para apartar del juicio a los pobres, y para quitar el derecho a los afligidos de mi pueblo para despojar a las viudas, y robar a los huérfanos!” (Is. 10:1, 2).
“Precio recibieron en ti para derramar sangre; interés y usura tomaste, y a tus prójimos defraudaste con violencia; te olvidaste de mí, dice Jehová el Señor” (Ez. 22:12).
“Por tanto, puesto que vejáis al pobre y recibís de él carga de trigo, edificasteis casas de piedra labrada, mas no las habitaréis; plantasteis hermosas viñas, mas no beberéis el vino de ellas” (Am. 5:11).
▬ 4. La iglesia no debía mezclarse con los idólatras (eidololatrais) del mundo. La palabra significa los que adoran
falsos dioses o no tienen una relación adecuada con Dios. La idolatría, desde luego, comprende a todos los incrédulos; porque cualquier persona que no adore a Dios verdaderamente está adorando otra cosa, algún ídolo, aunque el ídolo sea el yo y las posesiones de este mundo.
“Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén” (1ª Jn. 5:21).
“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra” (Ex. 20:4).
“Guardaos, pues, que vuestro corazón no se infatúe, y os apartéis sirváis a dioses ajenos, os inclinéis a ellos” (Dt. 11:16).
“No habrá en ti dios ajeno, ni te inclinarás a dios extraño” (Sal. 81:9).
“Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas” Is. 42:8.
Ahora bien, note la idea. La iglesia y sus creyentes no pueden salirse del mundo; por consiguiente, es necesario algún contacto con los incrédulos del mundo. Esto resulta comprensible para cualquier persona honesta e inteligente. Sin embargo, también resulta comprensible que la iglesia no debe mezclarse con los pecadores inmorales del mundo. La iglesia y sus creyentes deben estar separados en su conducta y su comunión. La iglesia y los creyentes deben ser santos, puros y justos ante Dios y sostener el estandarte de la santidad, la pureza y la justicia ante el pueblo del mundo. Los creyentes están en el mundo, pero no deben ser del mundo.
“Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Jn. 15:19).
“Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación” (Hch. 2:40).
“Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” (2 Co. 6:17, 18).
“Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas” (Ef. 5:11).
“Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas” (2 Ts. 3:6).
“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”
(1 Jn. 2:15, 16).
Nota del expositor Juvenil: Codiciar lo malo, practicar la idolatría, la fornicación, tentar y murmurar contra Dios trajo, indefectiblemente, graves consecuencias a Israel; por esta razón, el apóstol Pablo advierte a la Iglesia de hoy, que sirve al Dios inmutable.
1er Titulo: Codiciar lo malo dejará al creyente en el camino. Versículos 5 y 6. Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. (Léase: Génesis 3:6. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió, así como ella. ▬ y 24. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida. ▬ 1ª de Juan 2:15 al 17. No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.).
La pareja cede a la tentación de la serpiente, Génesis 3:1–13. La serpiente, instrumento externo de tentación, ofrece a la mujer un destino mejor del que Dios había establecido para la pareja. Apela a la satisfacción de las necesidades más básicas del ser humano: sustento, desarrollo ilimitado de sus capacidades y deseo de controlar el destino de sus vidas sin depender de un ser superior (Dios).
La mujer no cede inicialmente a la tentación, sino después de un proceso de evaluación externa e interna que finalmente la lleva a concluir que el árbol es bueno, atractivo y codiciable.
La Biblia repetidamente advierte al hombre del peligro de este proceso mental y emocional hacia el pecado (Mat. 5:27, 28; Stg. 1:14, 15; 1 Jn. 2:16). La mujer come del árbol dando también a su marido quien aparentemente estaba con ella todo el tiempo. El hombre también escoge desobedecer a Dios admitiendo luego su decisión libre y su acción individual (v. 12). El apóstol Pablo responsabiliza a la desobediencia de Adán la entrada del pecado y la muerte en la raza humana (Rom. 5:12–21; 1 Cor. 15:21, 22), admitiendo que la desobediencia de Eva también tiene su consecuencia específica en la mujer (2 Tim. 2:11–15).
El conocimiento que adquieren el hombre y la mujer los hacen sentir con vergüenza uno del otro, contrario a la relación mutua anterior (2:25) y con temor ante la presencia de Dios. A las preguntas de Dios, el hombre y la mujer intentan eludir su responsabilidad, aunque admiten su acción desobediente.
Dios muestra su gran misericordia a través de tres acciones concretas. Primera, permite la continuación de la raza humana. Adán reconoce esto al llamar a su mujer Eva y declarar que ella sería la madre de todos los vivientes (v. 20). Segunda, Dios viste al hombre y a la mujer, restaurando así parcialmente la relación hombre mujer destruida por la desobediencia. Tercera, Dios saca a Adán y Eva del jardín preparado especialmente para el desarrollo de la vida. El hombre no quiso vivir con responsabilidad y respetar las limitaciones que Dios le había puesto.
Por su nueva condición de búsqueda de autonomía e independencia de Dios es expulsado del jardín. Más que un castigo, este acto de Dios está lleno de misericordia. El jardín con el árbol de la vida se convierte en un lugar muy peligroso para el hombre. Dios entonces se asegura que el hombre no tenga acceso a algo que le pudiera perjudicar aún más. Tanto el jardín como el árbol de vida quedan como promesas de concesión a los creyentes en Cristo Jesús (Apoc. 2:7; 22:1–5).
1ª de Juan 2:15 al 17: [15]. No améis al mundo ni nada de lo que hay en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor de Padre no está en él.
» a. Juan formula una advertencia seria de no amar al mundo. Él dice “no améis”; no dice “no gustéis” del mundo. La palabra amar que utiliza Juan es la misma que él usa en el versículo 10 donde habla de la persona que ama a su hermano. El amor que él tiene en mente es un amor que vincula, que causa una comunión íntima y una devoción leal. Es el [p 309] amor que Dios demanda en el resumen de la ley:
“Amarás al Señor tu Dios … y amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
Juan dirige su advertencia a aquella gente que ya ha cambiado su lealtad y que ahora les otorga su atención total a los asuntos del mundo. Les dice que dejen de amar al mundo, que desistan de seguir con sus intereses mundanos. No está hablando acerca de un único incidente sino de un estilo de vida.
» b. Juan utiliza la expresión mundo—una palabra que es típicamente juanina.134 Esta palabra tiene varios significados, tal como lo ilustra Juan en su primera epístola: el mundo de los creyentes, el mundo del pecado, el mundo del demonio.
Por eso Juan escribe que Jesús es el Salvador del mundo (4:15) y también que por medio de la fe el cristiano puede vencer al mundo (5:4–5). Según Juan, las características del mundo son los apetitos, la lujuria y los alardes (2:16). El mundo pasa (2:17) y no conoce a Dios (3:1). Odia a los creyentes (3:13) y es morada de los falsos profetas (4:1), del anticristo (4:3) y de los incrédulos (4:5). Y, para terminar, todo el mundo está controlado por el maligno (5:19). La conclusión de Donald Guthrie es la siguiente: “Por consiguiente, en 1 Juan hay un fuerte paralelo entre el ‘mundo’ y el ‘diablo’”.
» c. Juan advierte al lector en contra de amar al mundo y lo que es del mundo. El no aconseja que el cristiano abandone este mundo o que viva recluido. Juan no enfatiza que el cristiano se separe del mundo. En vez de ello, dice que el creyente debe evitar amar al mundo. Nótese que en este versículo relativamente breve el concepto amar precede al concepto mundo. Entonces, ¿qué está diciendo Juan? En una oración: “El amor por el mundo y el amor por el Padre no pueden existir uno al lado del otro”. El cristiano amará a uno y odiará al otro, pero no puede amar a ambos al mismo tiempo (compárese Mt. 6:24; Lc. 16:13). El mundo de pecado está diametralmente opuesto al Padre. Juan describe este mundo en el versículo 16.
[16]. Porque todo lo que hay en el mundo—los apetitos del hombre pecador, la lujuria de sus ojos y el alarde de lo que tiene y hace—no procede del Padre sino del mundo.
El pensamiento principal del versículo 16 es éste: “Todo lo que hay en el mundo … no procede del Padre sino del mundo”. En su epístola, Santiago dice algo muy parecido. Acerca del origen de la sabiduría, Santiago escribe: “Dicha ‘sabiduría’ no viene del cielo, sino que es terrenal, no es espiritual, es del demonio” (Stg. 3:15). Aquello que tiene origen en el mundo no viene de Dios sino del diablo. ¿Cuáles son estas cosas llamadas “del mundo”? Juan las describe ubicándolas en tres categorías: los apetitos del hombre pecador, la lujuria de los ojos del hombre y el alarde de lo que la persona tiene o hace. Por supuesto, esta lista de tendencias, aunque es globalizadora en su alcance, no agota necesariamente todo lo que hay que decir.
Antes de considerar estas categorías, hacemos las siguientes observaciones. Las primeras dos categorías (apetitos y lujuria) son deseos pecaminosos; la última (alarde) es conducta pecaminosa. Las primeras dos son pecados internos y ocultos; la última es un pecado externo y manifiesto. Las primeras dos tienen que ver con el individuo, la última con la persona que está rodeada por otra gente.
» a. Apetitos. Si lo traducimos literalmente, el texto griego dice “el deseo de la carne”. La versión que utilizamos, sin embargo, traduce el texto como “los apetitos del hombre pecador”. La palabra deseo es utilizada en forma colectiva y representa apetitos que incluyen el deseo sexual y la codicia. Estos apetitos son malos porque hacen que el hombre desobedezca el mandamiento explícito de Dios: “No codiciarás” (Ex. 20:17; Dt. 5:21). Además, estos apetitos originan en la naturaleza del hombre y dan nacimiento al pecado (St. 1:15). Pablo redacta una descripción similar de esta naturaleza pecaminosa (Gá. 5:16–17), de la cual dice que “es contraria al Espíritu”.
» b. Lujuria. Juan describe este deseo como “la lujuria de [los] ojos”. Los ojos son los conductos al alma del hombre. Cuando el hombre es tentado por la lujuria, sus ojos sirven como instrumento que le hacen transgredir y pecar. Juan refleja el sentir de Jesús (registrado en el Sermón del Monte), quien coloca a la mirada codiciosa en la categoría de pecado: “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer codiciándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón” (Mt. 5:28).
» c. Alarde. Juan expresa esta tercera tendencia en palabras que no pueden traducirse fácilmente. Los traductores brindan una cantidad de versiones igualmente válidas. Aquí tenemos algunas que son representativas:
“La soberbia de la vida” (BdA)
“El alarde de la opulencia” (NTdT)
“La arrogancia del dinero” (NBE)
“La jactancia de las riquezas” (BJ)
“El alarde de lo que tiene y hace” (NIV)
La razón de estas diversas variantes estriba en dos palabras griegas: “alardear” y “vida”. La primera palabra significa la jactancia de alguien presuntuoso, o de un impostor (compárese con Stg. 4:16). Esta jactancia o alarde hasta puede llegar al nivel de una violencia arrogante.139 La segunda palabra denota vida en cuanto a acciones y posesiones. La persona que hace alarde de sus obras y de sus bienes manifiesta “un apetito pecaminoso por el progreso y el status social”.
Los tres vicios (apetitos, lujuria y alardes) no se originan en el Padre sino en el mundo, es decir, en el demonio. Juan escribe “el Padre” para indicar, en primer lugar, el vínculo que esto tiene con el contexto anterior (1:2, 3; 2:1, 13, 15) y, en segundo lugar, para hacer les acordar a los lectores que con los hijos adoptivos de Dios. Ellos son hijos e hijas de su Padre Celestial y no pertenecen al mundo. Aunque en un marco diferente, Jesús formula el mismo pensamiento. Les dice a sus adversarios: “el que pertenece a Dios oye lo que Dios dice. La razón por la que vosotros no oís es que no pertenecéis a Dios” (Jn. 8:47).
[17]. El mundo y sus deseos pasan, pero el hombre que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
El hombre necesita notar lo pasajero de la existencia de la gente mundana y de sus placeres y deseos. Si enfoca su interés en aquello que hoy está aquí y mañana no, recoge una cosecha de inestabilidad, tropieza en las tinieblas del pecado y, por haber echado su suerte con el mundo, encuentra un fin similar. “Porque este mundo en su forma presente pasa” (1 Co. 7:31).
Sin embargo, el hijo de Dios está seguro porque posee vida eterna. ¡Qué contraste! La persona que ama al mundo pronto pasa, “pero el hombre que hace la voluntad de Dios vive para siempre”. Juan hace resonar aquí un eco de las palabras de Jesús: “No todo aquel que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los cielos, sino sólo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt. 7:21; véase también 1 p. 4:2). Cuando la voluntad del hombre está en armonía con la voluntad de Dios, el cristiano tiene una comunión con el Padre y el Hijo que dura para siempre (comparar con 2:5).
Consideraciones prácticas acerca de 2:15–17
En su oración sumosacerdotal, Jesús le pide a su Padre que no quite a los creyentes del mundo, sino que los
proteja. El ora: “Así como me enviaste al mundo, yo los he enviado al mundo” (Jn. 17:18). ¿Contradice Juan estas palabras de Jesús? ¿Aboga él por una separación total del mundo en que vivía? No, de ninguna manera.
Cuando Juan escribió su epístola, hacia fines del primer siglo, la sociedad pagana estaba totalmente corrompida. Estaba caracterizada por la inmoralidad, la codicia, el cohecho y el desprecio por la vida y la dignidad humana. Dentro de esa sociedad la iglesia buscó ser una influencia moderadora, ejemplificando las virtudes de la honestidad, de la moralidad, y de un respeto especial por la vida y la propiedad. Pero dentro de la iglesia alguna gente se había puesto del lado del mundo, ya que no pertenecía realmente a la iglesia. (1 Jn. 2:19).
Se trataba de falsos profetas que salieron al mundo (4:1). Juan advierte al creyente que nunca se debe entrar en compromisos con el espíritu de la época, ni adoptar nunca un tipo de vida mundana.
En cierto sentido, nuestro mundo difiere muy poco del de Juan. El nuestro está lleno de violencia e inmoralidad.
En muchos sectores de la sociedad el cohecho, el hurto y el engaño están entretejidos en la tela misma de la
vida diaria. Sin embargo, nosotros los que hemos sido comprados con precio, los que tenemos la señal bautismal
del trino Dios colocada sobre nuestra frente, los que somos llamados santos, debemos mantenernos incontaminados por el mundo. Estamos en el mundo, pero no somos de él. Porque si fuéramos del mundo, entonces no seríamos del Padre
2° Titulo: Naturaleza destructora de la idolatría y la fornicación. Versículos 7 y 8. Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar. Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil. (Léase: 1ª a los Corintios 6:13. Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. ▬ y 18. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; más el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ▬ Colosenses 3:5 y 6. Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia).
1ª a los Corintios 6:13: De nuevo Pablo cita el refrán en boga entre los libertinos (v. 13a). Con esta expresión, ellos decían que el cuerpo y todo lo pertinente a él eran religiosamente indiferentes. De nuevo, Pablo accede en parte a que la comida en sí no tiene que ver con el reino de Dios (Rom. 14:17; 1 Cor. 8:8). El problema era que los libertinos entre los corintios se basaban en esta enseñanza paulina para abogar por la licencia sexual. En efecto, ellos decían “el cuerpo para las relaciones sexuales ▬ y las relaciones sexuales para el cuerpo”. No es insignificante que el decreto del Concilio de Jerusalén (Hech. 15:29) y las palabras de Jesús (Apoc. 2:14) concuerden en asociar la comida con la inmoralidad. Dado que el Apóstol creía en la resurrección del cuerpo, es sorprendente que no modifique un poco sus palabras acá, pero no lo hace (v. 13b). Lo que hay que reconocer es que Pablo sí afirmaba que Dios mismo había dispuesto tanto el proceso de la digestión como la disolución del cuerpo físico en la muerte. Es importante recordar también que para Pablo el “cuerpo” es mucho más que un conjunto de tejidos corporales. Como buen judío, siguiendo el pensamiento hebreo, “cuerpo” implicaba para él toda la persona. También en la resurrección, Dios garantizaba la supervivencia de la persona con un cuerpo transformado.
La RVA acierta al iniciar un nuevo párrafo con la tercera parte del v. 13, ya que se inicia una discusión nueva sobre las convicciones del Apóstol respecto al cuerpo. Aunque es cierto que en este caso Pablo no distingue entre el cuerpo físico y el cuerpo resucitado, parece que piensa en ambos al decir que el cuerpo es para el Señor (v. 13c). Pareciera que hay una relación estrecha entre los dos, porque el trato que se le dé a uno afectará de alguna manera al otro. El cuerpo es algo que cae dentro del alcance de la obra salvadora de Cristo. Por esto es de él. No le corresponde al creyente, pues, contaminarlo en la fornicación. Cae por su propio peso la asociación que hacen los libertinos entre “el estómago” y “el cuerpo” como si fueran una misma cosa.
Algunas versiones bíblicas traducen el verbo como “evitar” (v. 18a). Aunque este sentido puede incluirse en el significado del verbo, la idea principal es la de huir o apartarse velozmente de un mal. Con el conocimiento que Pablo tenía del AT, es del todo posible que tenga en mente la acción de José, al escaparse éste de las maliciosas tentaciones de la esposa de Potifar (Gén. 39:12). Esta parte del texto (v. 18b) es difícil en su interpretación. Es obvio que hay otros pecados que afectan el cuerpo del hombre, tales como la glotonería y la embriaguez. Estos males definitivamente son medios por los cuales el hombre puede pecar contra su propio cuerpo. Pero, con todo, lo más probable es que el Apóstol esté pensando en la naturaleza particular de la inmoralidad sexual. En el acto sexual ilícito el hombre peca contra su propia persona (su cuerpo) al entregar más de la cuenta de su emoción, su mente y su voluntad a otra persona que no sea su cónyuge. Y esto en contra de la voluntad expresa de Dios. En esta unión íntima fuera de la voluntad de Dios tanto el hombre como la mujer se dañan a sí mismos. Llama poderosamente la atención, sin embargo, que el Apóstol no aborda la cuestión del valor de la mujer dentro de este contexto. Aun así, la razón principal por la que el hombre se daña a sí mismo en la unión con una prostituta (posiblemente una “sacerdotisa” del culto pagano) no es ni sicológica ni sociológica. La razón principal es teológica: al cometer la inmoralidad, el hombre niega la santidad del cuerpo para una relación posterior con Dios.
Colosenses 3:5 y 6: La primera parte (vv. 5 y 6) es un mandato sobre ciertos pecados y la actitud que tiene Dios sobre ellos. El mandato es tajante. En 2:13 nos describía nuestra situación antes de ser creyentes como muertos (nekrós 3498), ahora con ese mismo énfasis nos dice que debemos matar (nekróo 3499) el pecado. Pablo nos lleva desde la muerte a una vida en Cristo en donde tenemos que matar al pecado, siempre desde la perspectiva de estar en Cristo y con Cristo.
Una traducción literal diría así: “Matad los miembros que están sobre la tierra.” Pablo usa el término miembros 3196 como los instrumentos para cometer pecados (Rom. 6:12, 13). Nos dice también a qué clase de miembros debemos matar: Los que están en la tierra o mejor dicho los que se guían por los valores que da este mundo. Hemos sido trasladados al reino de Dios y por lo tanto nuestros valores deben ser diferentes. Se debe insistir que esta lista es sólo a manera de ejemplo y no pretende ser exhaustiva. Trataremos de definir brevemente cada uno de los pecados. Fornicación (pornéia 4202) es inmoralidad sexual, relaciones sexuales fuera de matrimonio; también se aplica a todo acto pornográfico. Impureza (akatharsía 167) añade al pecado anterior un carácter de perversión (Rom. 1:24). Pablo fue más allá del acto exterior, llegó al centro mismo de las acciones. Las siguientes palabras se refieren a sentimientos que no se pueden gobernar (Rom. 1:26, 27), relacionados también con la sexualidad mal usada. Al término deseo (epithumía 1939) añade malos (Juan 8:44), porque la palabra deseo no siempre tiene una connotación mala. Aquí no sólo se refiere a lo sexual, en forma general es todo deseo malo. Finalmente trata la avaricia (pleonexía 4124). Esta palabra significa sencillamente deseo de tener más. Dios ordenó que se debe pedir por las necesidades de cada uno, pero el deseo de tener más allá de nuestras necesidades es pecado, es idolatría (eidodolatría 1495). No podemos servir a Jesucristo y al dios de las posesiones (Mat. 6:24).
Estos pecados están colocados al mismo nivel y debemos “matarlos” con el mismo énfasis: Actos sexuales fuera del matrimonio, deseos desordenados, sentimientos de hacer el mal y el deseo de tener más allá de nuestras necesidades.
Frente a estos pecados Dios actúa de una sola manera: con ira. La ira de Dios (v. 6) no es un cambio de sentimientos de parte de él, pues nuestro Padre no está sujeto a variaciones temperamentales. La ira de Dios no es una perturbación de su espíritu, sino un juicio por el cual se promueve el castigo sobre el pecado (Agustín).
Tampoco la ira es contraria al amor, es una forma que toma el amor hacia lo que se opone a Dios. También se
debe notar en el texto que la ira está viniendo (se usa el presente), no se trata de un evento futuro, ya está presente.
La frase sobre los rebeldes (v. 6), tiene un problema textual; no hay suficiente evidencia externa para sostener
su inclusión. Si se lo omite (respaldado por varias autoridades como Westcott y Hort y Lightfoot entre otros), el v. 7 en su parte final se deberá traducir cuando vivíais en estos (pecados). Esta observación no hace a un lado la enseñanza que aquí se expone, pues en Efesios 5:6 se incluye esta frase sin ningún problema.
3er Titulo: Muerte: resultado de tentar y murmurar contra Dios. Versículos 9 y 10. Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. (Léase: Salmo 78:17 al 22. Pero aún volvieron a pecar contra él, Rebelándose contra el Altísimo en el desierto; Pues tentaron a Dios en su corazón, Pidiendo comida a su gusto. Y hablaron contra Dios, Diciendo: ¿Podrá poner mesa en el desierto? He aquí ha herido la peña, y brotaron aguas, Y torrentes inundaron la tierra; ¿Podrá dar también pan? ¿Dispondrá carne para su pueblo? Por tanto, oyó Jehová, y se indignó; Se encendió el fuego contra Jacob, Y el furor subió también contra Israel, Por cuanto no habían creído a Dios, Ni habían confiado en su salvación. ▬ Proverbios 19:3. La insensatez del hombre tuerce su camino, Y luego contra Jehová se irrita su corazón.).
Salmo 78:17 al 22 Salmo 78:17 al 22. Rebelión, vv. 17–20
Los vv. 12–16 contienen diez líneas que presentan las maravillas misericordiosas que Dios hizo a favor de Israel; en contraste, los vv. 17–20 presentan diez demostraciones del espíritu de rebelión en el pueblo. El énfasis está en la persistencia de la actitud de rebelión, a pesar de todo lo que Dios hacía.
Probaron a Dios (v. 18). Una manera de rebelarse contra Dios es quejarse o dudar de que Dios proveerá. ¿Cómo hablaron contra Dios? Dijo Spurgeon que a menudo somos muy lentos en creer a Dios y confiar en él, y ésta es una falla seria. Por esta causa entristecemos al Señor, él se enoja con nosotros y tiene que castigarnos porque la incredulidad contiene un alto grado de provocación. Nótese la actitud del v. 19b, tan opuesta a la de Salmo 23:5
La ira y el castigo de Dios, vv. 21–32
En el heb. el v. 21 empieza con “Por lo tanto” o “ciertamente”. Los vv. 22–25 explican por qué Dios se enojó y los vv. 26–32 muestran el resultado de su enojo. Dios, en su misericordia, hubiera negado la petición de carne, porque la pidieron con una actitud de duda y rebelión para dar rienda suelta a sus apetitos en vez de pedir con una actitud de fe para necesidades legítimas. Sin embargo, concedió su petición para castigarles por su falta de fe y su actitud rebelde. El concepto de fe en el AT no es sólo aceptar algo intelectualmente; es una actitud hacia Dios que toma en serio sus mandatos y sus promesas.
Proverbios 19:3. Según el v. 3, la insensatez (ver 12:23; 14:8, 18; 16:22; 22:15; 27:22) es un gran peligro para el hombre. En primer lugar, esta actitud distorsiona su forma de vivir y su conducta cotidiana. En segundo lugar, trastorna el corazón del hombre contra Dios. (La palabra za’ap 2196) muestra la furia de la tormenta, así es la acción que provoca la insensatez en contra de Dios. Tal actitud negativa contra Dios es algo muy peligroso (ver 17:3).
Amén, para la honra y gloria de Dios.


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