Lectura bíblica: 1ª a los Corintios 10:15 AL 17. 15. Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. 16. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? 17. Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.
Comentario general del contexto: (10:15-22) Idolatría: Primero, ¿nuestra participación en reuniones sociales identifica a quién adoramos? Observe seis elementos.
▬1. La participación en la Cena del Señor nos identifica como adoradores del Señor (v. 16). Cuando participamos de la copa y el pan, declaramos que adoramos al Señor:
- Que gozamos de fraternidad y comunión con Él.
- Que estamos atados a Cristo por su cuerpo y su sangre.
- Que le hemos entregado a Él nuestra vida.
- Que estamos comprometidos con su muerte y con su propósito.
▬ 2. La participación con otras personas nos identifica con su reunión o actividad (v. 17). Los creyentes que se juntan para participar de la Cena del Señor están identificados como adoradores del Señor. Su propósito para congregarse es participar del pan como una comunión de creyentes. Por consiguiente, es natural que se les mire e identifique como adoradores del Señor. Sucede lo siguiente: A los creyentes que se juntan con los incrédulos en sus reuniones se les identifica con la reunión de los incrédulos.
«Nota del expositor juvenil: Después de recordar la constante infidelidad y persistente idolatría de Israel, Pablo exhorta a los creyentes a huir de toda idolatría para mantener una sincera comunión con Dios Padre y su Hijo Jesucristo, mediante el poder del Espíritu Santo».
1er Titulo: Necesaria madurez espiritual para juzgar y discernir todas las cosas. Versículo 15. Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. (Léase: 1ª a los Corintios 13:11. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; más cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. ▬ 1ª a los Corintios 14:20. Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar.).
Versículo 15. Me dirijo a los sabios: juzgad vosotros mismos lo que digo.
Pablo se dirige a los sabios. En otro contexto ridiculizó la sabiduría de los corintios (4:10), pero ahora no. Los sabios son los creyentes que obedientemente cumplen la voluntad del Señor. Pero los necios descansan en su propio entendimiento y sabiduría humana, y así se destruyen a sí mismos (cf. Mt. 7:24–27). La sabiduría de los corintios que son prudentes radica precisamente en ser obedientes al mandamiento que dice que no debemos adorar ídolos. Esto quiere decir que no deben permitirse ni siquiera la apariencia a semejante idolatría.
Los corintios ahora deben decidir juzgar con sabiduría. Son cristianos maduros que se supone son capaces de discernir qué es central y qué es periférico en esta materia. En los siguientes versículos, Pablo les da instrucciones precisas sobre qué medidas deben tomar cuando se le invita a una comida en casa de algún incrédulo (véase vv. 27–30). El apóstol desea que estén atentos a lo que dice y sean así «instruidos en la escuela de Cristo».
1ª a los Corintios 13:11. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño y razonaba como niño. Pero cuando llegué a ser hombre, deseché las niñerías.
El presente versículo es una comparación entre la vida terrenal del creyente con la perfección que gozará en la presencia del Señor. La analogía (v. 11) que Pablo usa es la de un niño y un adulto. Notemos que Pablo usa la primera persona singular yo era, para describirse como un niño que habla, piensa y razona. Por lo general, un niño tiene un vocabulario limitado, pero en desarrollo. Con este vocabulario el niño se comunica. Los patrones de pensamiento de un niño son inmaduros e incompletos, y esto es exactamente lo que un adulto espera de un niño.
Pablo usa el tiempo pasado, cuando se refiere a su niñez y la entrada a su estado de adulto. Compara ambos períodos de su vida y después concluye que las cosas que le interesaban como niño perdieron su atractivo cuando se hizo hombre. No mira en menos la forma en que un niño habla, piensa y actúa, pues así es la niñez. Pero cuando el niño llega a adulto, todo toma las dimensiones correctas. Ilustrémoslo diciendo que para el niño la escuela primaria a la que asiste es inmensa y formidable. Pero cuando la visita de adulto le parecerá que se achicó.
En forma similar, en el presente hemos recibido la revelación de Dios que es suficiente para nuestra salvación. Sin embargo, nos damos cuenta de que nuestro conocimiento se mantendrá parcial hasta que veamos a Cristo cara a cara. Cuando esto ocurra, entenderemos con claridad el designio y propósito de Dios.
1ª a los Corintios 14:20. Hermanos, no penséis como niños, sino sed niños en cuanto a lo malo. Sed maduros para pensar.
El término hermanos (que incluye a las hermanas) por lo general quiere decir que Pablo está por tocar un tema delicado (véase vv. 6, 26, 39). Con esta palabra se pone al nivel de los destinatarios y confiesa su comunión con ellos. Pablo entrega directrices y espera que los corintios las sigan. Así que, emite dos órdenes, una negativa y otra positiva.
«No penséis como niños, sino sed niños en cuanto a lo malo». Primero viene el mandato negativo, el que en el griego muestra que los corintios demostraban con persistencia que pensaban como niños. Seguro que algunos de ellos hacían alarde de su glosolalia y despreciaban a otros que no tenían este don. Pablo les dice que dejen de comportarse así y que actúen como adultos. Sin duda que está pensando en las palabras que Dios le dio a Jeremías, quien escribió acerca de la gente de su tiempo:
«Porque mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes y no son entendidos;
sabios para hacer el mal, pero hacer el bien no supieron». (Jer. 4:22)
Los corintios estaban más interesados en el entretenimiento que en la educación. Preferían lo espectacular de hablar en lenguas que los problemas doctrinales específicos. Espiritualmente, se las daban de adultos, pero en la práctica se comportaban como niños.
Como padre espiritual de los creyentes de Corinto (4:15), Pablo les exhorta a que sean adultos en sus percepciones intelectuales y espirituales. Contrasta su exhortación negativa con una positiva («sino sed niños en cuanto a lo malo»), Sin embargo, estas dos exhortaciones no son verdaderamente paralelas. Esperábamos que escribiera algo como: «no penséis como niños, pensad como adultos maduros». No obstante, insta a los corintios a que sean un pueblo de Dios maduro y a que empleen su ser interior (corazón, alma y mente) para procurar aquello que es bueno (cf. Ro. 16:19). En cuanto a hacer el mal, les pide que sean tan ingenuos como los bebés. En forma vaga, Pablo hace eco de las palabras que Jesús dijo a sus discípulos antes que ellos empezaran su viaje misionero: «Sean astutos como serpientes y sencillos como palomas» (Mt. 10:16).
2° Titulo: Elementos de pon y vino: figura de comunión con el Dios verdadero. Versículo 16. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? (Léase: San Mateo 26:26 al 28. Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. ▬ San Juan 6:54 al 58. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.).
Versículo 16. La copa de bendición por la cual damos gracias, ¿acaso no es participar en la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿acaso no es participar en el cuerpo de Cristo?
Notemos los siguientes puntos:
» a. Preguntas. Ahora Pablo les recuerda a los destinatarios la celebración de la Cena del Señor, en la cual él es el anfitrión y ellos los invitados. Les recuerda esto por medio de dos preguntas retóricas que todo creyente debe responder en forma afirmativa. Cuando los corintios beben de la copa y comen del pan durante la Santa Cena, por cierto, que tienen comunión con Cristo. Dado que tienen comunión con Jesucristo, nada tienen que ver con los ídolos. Nadie puede servir a dos señores (Mt. 6:24; Lc. 16:13).
» b. Contexto. La institución de la Cena del Señor tuvo lugar en el aposento alto, la noche anterior a la muerte de Cristo en la cruz. En esa ocasión, Jesús explicó cuál era el propósito de esta celebración, diciendo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes» (Lc. 22:20; véase 1 Co. 11:25). La fórmula contiene el término nuevo, el cual nos recuerda el antiguo pacto, que fue ratificado por los israelitas en el monte Sinaí. Moisés roció sangre sobre el altar, el libro del pacto y el pueblo, y dijo: «He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas» (Éx. 24:8). De inmediato, después de haberse ratificado el pacto, los líderes de Israel (Moisés, Aarón, Nadab, Abiú y setenta ancianos) subieron al monte a encontrarse con Dios. Estos líderes no sólo vieron a Dios, sino que participaron con él en una comida relacionada con dicho pacto (Éx. 24:9–11).
Siglos después, Dios anunció por medio de Jeremías que haría un nuevo pacto con las casas de Israel y Judá (Jer. 31:31). Esta profecía se cumplió cuando Jesús, la noche que fue entregado, instituyó un nuevo pacto y participó en una comida con sus discípulos, comida que estaba relacionada con ese pacto.
» c. Secuencia. En los Evangelios de Mateo y Marcos, Jesús primero parte el pan y luego sirve el vino (Mt. 26:26–28; Mr. 14:22–24). Pero en el Evangelio de Lucas, primero toma la copa y se la entrega a los discípulos, y entonces parte el pan, para luego tomar la copa (Lc. 22:17–20). Esto se explica diciendo que, durante la comida de la pascua judía, los participantes bebían de cuatro copas a intervalos determinados. La tercera copa era conocida como «la copa de bendición», y con el tiempo la frase adoptó la categoría de fórmula técnica. Cristo instituyó la Santa Cena cuando presentó esta tercera copa.
Pablo escribe que él recibió de Jesús mismo la fórmula para celebrar la Cena del Señor (11:23–26). Según esta fórmula el partimiento del pan viene primero y después se bebe de la copa. Pero en el versículo 16 Pablo altera el orden porque quiere usar el concepto del pan como introducción al siguiente versículo, en el cual hace un paralelo entre un pan y un cuerpo.
- Significado. «La copa de bendición por la cual damos gracias». En este versículo Pablo usa el verbo griego eulōges (=bendecir), que se traduce de dos formas. La mayoría de las traducciones dan una traducción literal: «la copa de bendición que bendecimos» (RV60, cf. CI, NTT, BJ, CB, NC, NBE, LT, BP), mientras que la VP lee: «Cuando bebemos de la copa bendita por la cual damos gracias a Dios». Los que prefieren la segunda traducción, entienden el verbo a la luz de la cultura judía, por lo que creen que se trata de un acto de acción de gracias dadas a Dios. El verbo tiene una connotación teológica; debe entenderse en el sentido de dar gracias a Dios el Padre por la obra redentora que su Hijo hizo en favor nuestro. Cuando celebramos la comunión, expresamos nuestra gratitud a Dios.
Dios es quien concede bendiciones y nosotros somos quienes las recibimos, dándole gracias y alabanza. Cuando Jesús alimentó a la multitud, tomó pan y dio gracias a Dios el Padre. Cuando instituyó la Santa Cena, dio gracias antes de partir el pan (11:24; Lc. 22:19). De esta forma nos dejó un ejemplo para que también nosotros demos gracias al Padre por sus dones. De aquí se deriva el término eucaristía, el cual viene del verbo griego eujaristeō (=dar gracias). Eucaristía quiere decir gratitud o acción de gracias.
«La copa … ¿acaso no es participar en la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿acaso no es participar en el cuerpo de Cristo?» En este versículo aparece la palabra koinonia, que a veces se traduce por «acción de compartir» o «comunión». Aquí la hemos traducido por «participar en».44 Los creyentes participan en una relación vertical con Jesucristo. Tal como Pablo escribió anteriormente, tenemos comunión con el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo (1:9; véase también 1 Jn. 1:3). Pero los creyentes también tienen una relación horizontal unos con otros, tal como se evidenció en la comunión que los creyentes experimentaron unos con otros después de Pentecostés (Hch. 2:42). Estas relaciones verticales y horizontales se encuentran en la iglesia, porque los creyentes forman un cuerpo del cual Cristo es la cabeza (véase el v. 17; Ef. 5:23).
En este versículo, las palabras copa y pan significan participación en la sangre y cuerpo de Cristo. Esta participación hace que los creyentes reciban el favor de Dios en la forma de bendiciones espirituales y materiales maravillosas. Pero esta participación implica también la responsabilidad cristiana de obedecer a Cristo.
Al celebrar la Cena, los creyentes confiesan que están en una relación de pacto. «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre», son las palabras que Pablo recibió del Señor (11:25; Lc. 22:20). Lo mismo es cierto en cuanto al cuerpo de Jesús (11:24; Lc. 22:19). Hay un notable paralelismo en la forma en que las dos palabras copa y pan se explican.
copa = participación en la sangre de Cristo (10:16) ▬an = participación en el cuerpo de Cristo (10:16)
el nuevo pacto en mi sangre (11:25) ▬ mi cuerpo que es por vosotros (11:24)
» e. Conclusión. Pablo usa la primera persona plural en este y el siguiente versículo: «damos gracias … todos participamos». Esto no sólo apunta a Pablo y los otros apóstoles que administraban el sacramento de la comunión, ni se restringe a los ministros que sirven a la mesa del Señor, porque todos los creyentes que vienen a la mesa son los invitados del Señor, y él el anfitrión. Esta interpretación se hace evidente en el siguiente versículo.
San Mateo 26:26 al 28. (26:26-28) Cena del Señar: la Cena del Señor fue dada como una ordenanza permanente.
[1]. Fue mientras «ellos comían» la cena pascual que Cristo instituyó la Cena del Señor. Estaba reemplazando la pascua por la cena del Señor. La Cena del Señor es la nueva ordenanza de Dios para celebrar la libertad que Él da al hombre de la esclavitud y cadena del pecado (véase Estudio a fondo 1-Mt. 26:2).
[2]. En el eterno plan de Dios el cordero sacrificar usado en la pascua siempre había sido un cuadro anticipado del Cristo, el verdadero Cordero de Dios que sería sacrificado por el hombre. Al instituir la Cena del Señor durante la cena pascual, Cristo no solamente estaba uniendo su cena a la pascua, también se estaba proclamando a si’ mismo como el Cordero de Dios que sería inmolado por los pecados de los hombres (w. 27-28; cp. l Co. 5:7; Ap. l3:8).
[3]. Cristo instituyó la Cena del Señor antes de morir, no después de su resurrección. Esto es muy significativo. Significa que su muerte era voluntaria. No tenía que morir. Podía haberse escabullido saliendo de la ciudad y escapando, pero escogió entregar voluntariamente su vida por los pecados de los hombres. Por eso la Cena del Señor es la gran celebración del sacrificio voluntario del Hijo de Dios por el hombre. El pan partido y el vino ilustraban la disposición del Hijo de Dios de entregar su vida por los pecados del hombre.
Cristo instituyó la cena del Señor mediante cinco cosas.
[1]. Cristo tomó el pan, su cuerpo, dio gracias, lo partió y lo entregó a los discípulos (v. 26).
» a. Al tomar el pan en sus manos, Cristo estaba indicando que su muerte era un acto voluntario. Su destino lo tenía en sus propias manos.
«Así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas» (Jn. 10:15).
«Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre» (Jn. 10:17-18).
» b. Al dar gracias, Cristo estaba ofreciendo alabanza por la libertad y por una vida plena de provisión, una provisión que venía de Dios mismo.
» c. Al partir el pan, Cristo estaba diciendo que su cuerpo sería roto y sacrificado, como víctima por la liberación del hombre (Is. 53:5). Este acto fue tan significativo que a veces la iglesia primitiva llamaba la Cena del Señor «partimiento del pan» (Hch. 2:42, 46; l Co. 10:16). Bajo el Antiguo Testamento el pan partido ilustraba los sufrimientos de los israelitas. Ahora, bajo el Nuevo Testamento, el pan es símbolo de cuerpo partido de Cristo (1ª Co. 11:24).
«Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados» (Is. 53:5).
» d. Al repartir el pan y decir: «Tomad, comed, esto es mi cuerpo» Cristo estaba diciendo que Él debe ser recibido en la vida del hombre. Y ese momento de redención debe ser recordado en esta ordenanza (véase nota-Mt. 26:26).
«Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo» (Jn. 6:50-51).
[2]. Cristo tomó la copa, dio gracias, y la dio a los discípulos v. 27
» a. Al tomar la copa en sus propias manos, Cristo estaba enseñando otra vez que su muerte era voluntaria (cp. Jn. 10:11, 17-18).
» b. Al dar gracias, Cristo estaba expresando otra vez alabanza y aprecio por la liberación prometida mediante el sacrificio.
» c. Dando la copa y diciendo: «Bebed de ella todos», Cristo estaba diciendo otra vez que él tiene que llegar a ser parte de su mismo ser para ser librado. Note: la palabra «dio» (edoken) está en el tiempo griego aoristo lo que significa que Cristo dio la copa de una vez para siempre. Murió una vez, y solamente una vez.
«Sabiendo esto, que nuestro viejo fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirva más al pecado» (Ro. 6:6).
«Porque en cuanto murió, al pecado una vez por todas; más en cuanto vive, para Dios vive» (Ro. 6:10).
[3]. Cristo instituyó un nuevo pacto: el pacto del perdón (v. 28). Note las palabras exactas del Señor.
«Esto es mi sangre». Su sangre se convertiría en la señal y símbolo del nuevo pacto. Su sangre debía tomar el lugar del cordero sacrificial de la pascua
» b. «Del nuevo pacto». Su sangre, el sacrificio de su vida, estableció un Nuevo Testamento, un nuevo pacto entre Dios y el hombre (cp. He. 9:11-15). La fe en su sangre y sacrificio es la forma en que el hombre debe acercarse a Dios. Antes, bajo el Antiguo Testamento, la persona que quería una relación correcta con Dios se acercaba mediante el sacrificio de la sangre de un animal. El creyente del Antiguo Testamento creía que Dios le aceptaba en virtud del sacrificio del animal. Ahora, bajo el Nuevo Testamento, el creyente cree que Dios le acepta en virtud del sacrificio de (Cristo. Esto es lo que Cristo dijo: «Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados» (véanse Estudio a fondo 4-Mt. 26:28; cp. Ef. 1:7; 1 Jn. 2:1-2; He. 9:22). Los pecados del hombre son perdonados y entonces llega a ser aceptable a Dios creyendo que la sangre de Cristo fue derramada por él.
«Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo» (1 Jn. 2:1-2).
«El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente» (Jn. 6:54-58).
» c. Ahora note las palabras: «Bebed de ella todos». La persona tiene que recibirlo que Cristo ha hecho por él. Tiene que beber. absorber, asimilar la sangre de Cristo en su vida. Es decir, la persona tiene que creer y confiar en la muerte de Cristo para recibir el perdón de sus pecados. Tiene que permitir que la muerte de Cristo se convierta en su alimento. en la parte más íntima y en la energía y flujo de su vida.
San Juan 6:54 al 58 (6:54) Salvación, Resultados – Crecimiento: El primer resultado de recibir a Cristo, el Pan de vida, es la vida eterna.
Advierta tres cosas.
[1]. La palabra para “comer” (trogon) es diferente. Significa comer con voracidad, tomar trozos grandes, comer con placer. Es la imagen de tener hambre ante Cristo y ansiosamente querer alimentarse y comer de Él.
[2]. El tiempo verbal también es diferente. Es tiempo presente, lo cual significa acción continua. Una persona debe continuar comiendo y desarrollándose y creciendo en el hábito de comer de Cristo. La imagen es el crecimiento cristiano día tras día.
Ahora advierta este punto. Un creyente verdadero, un hombre que realmente recibe a Cristo, es un hombre que comparte continuamente con Él. Día tras día el hombre se deleitará en Cristo. Este es el hombre que tiene la promesa de la vida eterna, y la vida eterna incluye tres mayores cosas.
» a. Vida eterna y abundante.
» b. La conquista de la muerte (ver nota, Jn. 3: 14, 15).
» c. La resurrección (ver nota, Jn. 5:28-30).
“Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (Jn. 6:51).
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16).
(6:55) Satisfacción – Vida, Abundante: El segundo resultado de recibir a Cristo es la verdadera satisfacción, no la satisfacción falsa.
[1]. La palabra “verdadera” (alethes) significa real en oposición a falso. Las cosas del mundo no satisfacen ni llenan al hombre, no con una satisfacción verdadera. Los placeres y las satisfacciones mundanas son falsas y la satisfacción falsa no perdura, no en forma permanente, no con seguridad y confianza plena. Los placeres y las satisfacciones mundanas siempre dejan a los hombres con una sensación de vacío, de insatisfacción, de anhelo, de falta de seguridad y preguntándose si este mundo es todo lo que hay, preguntándose si no hay más en la vida que este mundo y las posesiones que tiene para ofrecer.
[2]. La verdadera satisfacción proviene de recibir a Cristo en la vida de uno y eso solo viene a través de Cristo. Esto es lo que quiere decir el Señor en este versículo. así como la vida real en la tierra proviene de comer y beber alimentos, así la vida real y abundante proviene de comer y beber a Cristo. Uno debe recibir a Cristo en el sentido más próximo, más íntimo, y más nutritivo para tener una vida verdadera, una vida que sea abundante y plena de…
- seguridad • amor • paciencia • fe • fuerza • garantía • gozo • cordialidad • mansedumbre • poder de decisión • confianza • paz • bondad • templanza • valor
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mt. 5:6).
“Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Jn. 4:14).
(6:56) Permanecer – Compañerismo – Cuidado – Providencia: El tercer resultado es el compañerismo sobrenatural y el ser cuidado. Esto se ve en la palabra “permanecer” (menei). Significa morar, continuar, permanecer, descansar en. Es fijo y determinado y permanece allí, continuando una y otra vez. Tal es el estado y la condición y el ser de la persona que recibe a Cristo. La persona recibe a Cristo en su ser, y Cristo entra en la vida de la persona y permanece en ella. La persona es tomada y ubicada en Cristo, esto es, ubicada con todos los otros creyentes en el cuerpo espiritual de Cristo. La persona permanece en Cristo incluso mientras Cristo permanece en ella. Esto, por supuesto, significa compañerismo con Cristo y la presencia de su cuidado y de su ojo vigilante al cuidamos.
“En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Jn. 14:20).
“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Jn. 15:4, 5).
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a si mismo por mí” (Gá. 2:20).
“A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Col. 1:27).
“Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él” (1 Jn. 3:24).
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Ap. 3.20).
(6:57) Propósito – Vida, Espiritual: El cuarto resultado de recibir a Cristo es una vida que está llena de propósito y significado. Este versículo trata con el propósito, el significado y la importancia.
[1]. Jesús dijo: “Yo vivo por el Padre”. Esto significa por lo menos dos cosas.
» a. Él vivía por el Padre, esto es, porque, debido al Padre. Su vida (en todo su propósito, significado e importancia) se debía al Padre.
» b. Él vivía para el Padre; es decir, que vivía para hacer la voluntad del Padre. El Padre lo “envió” a vivir a la tierra con un propósito específico. Su vida en todo su propósito, significado e importancia fue vivida para el Padre: para satisfacer la voluntad y la tarea del Padre.
[2]. El hombre que recibe a Cristo (“me come”) vive por Cristo. Comienza a vivir en todo el propósito, significado e importancia de la vida, puesto que aparte de Cristo no hay vida.
Nota: el tiempo está en presente, acción continua. Una persona debe continuar compartiendo, comiendo y deleitándose en Cristo para mantener su sentido de propósito y significado, para vivir real y abundantemente.
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gá. 2:20).
“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil. 1:21).
“Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal” (2 Co. 4:11).
[3]. Jesús llamó a Dios “el Padre viviente”.
“Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo” (Jn. 5:26).
“Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt. 16:16).
“¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (2 Co. 6:16).
(6:58) Vida – Jesucristo, Único Salvador: El quinto resultado de recibir a Cristo es el alimento incompatible dentro de nuestros corazones: energizar nuestras vidas por siempre. Cristo realizó un contraste fuerte, descriptivo.
=> El maná que comió Israel en el Antiguo Testamento vino de las nubes del cielo, pero no le dio vida a la gente. Todos murieron.
=> “Este [el Señor mismo] es el pan que descendió del cielo…el que come de este pan, vivirá eternamente”.
La idea es asombrosa: es el pan viviente, Cristo mismo, que energiza y da vida a un hombre para que viva eternamente. Cristo tiene la cualidad, el poder, la substancia para energizar al hombre y darle vida eterna. Él y solo Él tiene ese poder energizante.
“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Jn. 1:4).
“Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo” (Jn. s=26).
“Pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Ti. 1:10).
3er Titulo: Santa unidad entre los creyentes con el cuerpo de Cristo. Versículo 17. Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan. (Léase: San Juan 17:22 y 23. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. ▬ Romanos 12:5. así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.).
Versículo 17. Dado que hay un solo pan, aunque seamos muchos, somos un cuerpo, porque todos participamos de aquel solo pan.
» a. Traducciones. El texto griego mismo es sencillo, usando un vocabulario limitado e incluso repetitivo. Pero la simplicidad no es siempre sinónimo de claridad. La primera parte de este versículo se puede traducir de dos formas distintas: «Porque aun siendo muchos, un solo pan y cuerpo somos» (BJ, cf. VP), o «Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo». ¿Cuál es la diferencia?
En la primera traducción se suple la conjunción y que no aparece en el texto griego. Esta ausencia ya debería advertirle al traductor que no debería tomar los términos pan y cuerpo como sinónimos. Si se describe a los creyentes como pan, ¿cómo podrían participar del pan? Por consiguiente, preferimos la segunda traducción, pues con ella se evita la tautología.
» b. Conectivos. La conjunción causativa ya que une el versículo 17 al versículo precedente, donde Pablo discute la participación del creyente en el partimiento del pan de la comunión. El apóstol subraya que cada creyente participa de aquel solo pan. El comer pan juntos en una comida une a los participantes y crea un vínculo de unidad.
» c. Unidad. La iglesia en Corinto estaba compuesta por gentiles que habían llegado a ser creyentes y de judíos convertidos a la fe cristiana. Con todo, este grupo formaba un solo cuerpo. De tal manera que, Pablo puede decir: «aunque seamos muchos, somos un cuerpo». Indiferentes a las barreras raciales, eran uno en Cristo. Juntos todos ellos participaron del pan, cada vez que celebraron el servicio de comunión. Al participar de un solo pan, hoy los creyentes muestran que son un cuerpo y que pertenecen a la comunión. Este texto habla de la unidad que prevalece a nivel horizontal.
» d. Participar. En este versículo, Pablo usa dos veces conjunciones causales: «dado que» y «porque». Las dos oraciones «Dado que hay un solo pan» y «porque todos participamos de aquel solo pan», se refuerzan una a la otra. Ambas subrayan el significado de aquel solo pan. El cuerpo de creyentes participa de una substancia: pan. El participar en los elementos de la Cena del Señor descarta que algún miembro de la iglesia vaya a meterse en un festival pagano en el templo de un ídolo o que algún pagano se acerque a la mesa del Señor. Pablo subraya el hecho de que los creyentes participan de un solo pan con el fin de demostrar de que el cristianismo y el paganismo se excluyen uno al otro (véase el v. 21).
Consideraciones prácticas en 10:16–17
Algunas palabras griegas se han introducido en nuestro vocabulario y se usan a menudo para describir a las iglesias en forma descriptiva. Menciono sólo dos: «ágape» y koinonia. De manera que, encontramos la «congregación ágape» o «la comunidad koinonía». El primer título quiere decir que esa congregación practica el amor. El segundo es un tanto redundante, ya que koinonia quiere decir tener las cosas en común. ¿Por qué acudir a palabras extranjeras, si nuestra lengua tiene expresiones de suyo propias?
Con todo, no se debe minimizar el significado del término koinonia, porque es profundamente espiritual. Cuando el pastor da la bendición al final del culto, le pide a Dios que la comunión del Espíritu Santo sea con la congregación que parte a sus hogares (véase 2 Co. 13:14). Durante la comunión, los creyentes son invitados a la mesa del Señor, comen el pan y beben la copa, y así experimentan la comunión con Jesús su anfitrión (Mt. 26:26–28; 1 Co. 10:16; 11:23–25).
La comunión con Cristo es un elemento vital en la vida de toda congregación, y esta comunión se expresa en la unanimidad y unidad que el Espíritu Santo produce. En esta comunión, el individuo nunca está solo, sino que siempre recibe el auxilio y apoyo del resto de los creyentes. En la iglesia primitiva, los creyentes se reunían para tener comunión, ser instruidos por los apóstoles, para participar de la Santa Cena y orar (Hch. 2:42). Por cierto, Lucas nos describe la condición económica de los miembros de la iglesia: «no había ningún necesitado en la comunidad» (Hch. 4:34). Por tanto, la palabra comunión connota un sinnúmero de bendiciones materiales y espirituales para el pueblo de Dios
Juan 17:22 y 23: (17:22) Unidad: En primer lugar, Jesús solicitó que fuéramos uno. Esto es crucial, el imperativo que debe existir absolutamente entre los creyentes. Es el tema central de la oración de Jesús (vv. 11, 21, 22, 23). Los creyentes deben ser uno. Advierta exactamente lo que dijo Jesús.
[1]. La norma para la unidad es la unidad entre Jesús y su Padre. Los creyentes deben ser uno al igual que el Padre y el Hijo son uno. El mismo tipo de unidad que ellos tienen es la unidad que tiene que existir entre nosotros.
[2]. El propósito de la unidad es que el mundo pueda creer que el Padre envió a Jesús.
=> Dios envió a Jesús.
“Pero yo le conozco, porque de él procedo, y él me envió” (Jn. 7:29).
“Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió” (Jn. 8:42; cp. Jn. 6:38; 10:36).
=> Jesús vino para que los hombres pudieran tener vida
y tenerla en forma más abundante.
“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y
destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que
la tengan en abundancia” (Jn. 10:10).
“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y
cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a
condenación, más ha pasado de muerte a vida” (Jn. 5:24).
=> Un testimonio dividido confunde el tema y no puede mantenerse de pie, del mismo modo que una casa y un reino dividido no puede mantenerse de pie (cp. Mt. 12:25). No hay muchos mensajes ni muchos caminos a Dios. Hay un solo mensaje y un solo camino.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Jn. 3:16; cp. Ro. 5:8; 1 P. 2:24; 3:18).
“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6: cp. 1 Ti. 2:5; He. 8:6; 9:5, 24; 12:24; 1 Jn. 2:1).
Otro enfoque sobre lo que estaba diciendo Jesús es este. Los creyentes deben ser uno: estar unificados, de un espíritu y una mente al proclamar el mensaje central del evangelio.
=> Hay un único mensaje central: que Dios envió a Jesús “desde” el cielo al mundo.
[2] Hay una única solicitud para los hombres: creer que Dios envió a Jesús al mundo.
=> Hay una única misión: que los hombres sean uno solo (unificados) al proclamar el mensaje del glorioso evangelio.
Pensamiento 1: ¡Una tragedia terrible! Hay muchas voces proclamando mensajes tan diferentes, mensajes de…
- obras • normas y reglamentaciones • humanismo • ritual y ceremonia • moral • hermandad • denominacionalismo • falsos profetas • secularismo
[3]. La fuente de la unidad es la gloria de Dios, la misma gloria que poseyó Jesús. Es la gloria de Dios entregada a los creyentes lo que une a los creyentes y los hace uno con Jesús y su Padre y uno con cada uno. Cuando los creyentes experimentan la gloria de Dios se convierten en un ser, carácter y propósito. Sus vidas son dadas entre sí para ayudarse unos a otros.
- a ser la nueva criatura en que Dios los ha convertido.
- a vivir como deberían hacerlo las nuevas criaturas. santos, justos y puros.
- a proclamar el glorioso mensaje de que Dios ha enviado A su hijo al mundo,
(17:23) Unidad -Amar – Creyentes – Denuncia contra – Misión -Evangelismo: En segundo lugar, Jesús solicitó que los creyentes fueran perfeccionados en unidad, perfeccionados como un cuerpo. Esto acentúa sin duda alguna la absoluta necesidad de que los creyentes vivan en unidad. El mundo no ha sido alcanzado por Cristo, se han perdido millones porque los creyentes no han estado lo suficientemente unificados para penetrar el mundo con el evangelio. Esta es la terrible denuncia contra los creyentes. El problema por cierto no es Dios. Él está dispuesto y Él ama lo suficiente y tiene el poder suficiente como para usar a los creyentes a que alcancen todo el mundo. El problema es incuestionablemente los creyentes, y como Jesús lo señaló claramente en este versículo, el problema es el amor de los unos hacia los otros. La preocupación de Jesús es que seamos perfeccionados en uno.
Advierta dos cosas.
[1]. La fuente de unidad del creyente es la Presencia Interior de Cristo dentro de su vida. Advierta que Dios está en Cristo; por lo tanto, la presencia de Cristo en el creyente significa que Dios mora “en” el creyente. El creyente en realidad participa de la naturaleza divina de Dios (2 P. 1:4; Jn. 10:37-39; 14:10; 14:18-20; 14:23, 24).
“En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Jn. 14:20).
“Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Jn. 14:23).
“Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Jn. 17:23).
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a si mismo por mí” (Gá. 2:20).
“Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor” (Ef. 3:17).
“A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Col. 1:27).
“Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado” (1 Jn. 3:24).
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Ap. 3:20).
[2]. El propósito para una unidad perfeccionada es que el mundo pueda saber que Dios envió a Jesús al mundo para salvarlo. Ahora bien, advierta un punto significativo: hay una diferencia cada vez que Jesús ora por la unidad en este capítulo. Y cada diferencia o punto proclama un fuerte mensaje para el creyente.
Está…
- la unidad del nombre de Dios, o llamar el nombre de Dios para mantener alejados a los creyentes de un mundo dividido y su influencia (v. 11).
- la unidad del poder protector de Dios, o el llamado del poder de Dios para liberar a los creyentes de la maldad del mundo y del diablo (v. 15).
- la unidad del testimonio, que el mundo pueda creer que Dios envió a Cristo (ver notas, Jn. 3:32-34.). Creerán mediante un testigo unificado (v. 21).
- la unidad del amor, que el mundo pueda saber que Dios envió a Cristo. Lo sabrán a través de un amor unificado (v. 23).
Hay un mundo de diferencia entre una unidad de testimonio y una unidad de amor. El mundo puede llegar a creer en el evangelio por medio de un testimonio unificado de Cristo, pero la única forma en que el mundo puede llegar a conocer el evangelio es a través de un amor unificado entre los creyentes.
Advierta dos cosas.
» a. Que el mundo lo que más necesita es amor, una gran demostración de amor de una multitud masiva de personas (cp. l Co. 13:4-7). Piense acerca del enorme impacto que podríamos tener sobre el mundo si realmente estuviéramos unificados en amor.
» b. El amor necesitado entre los creyentes es un amor diferente al así llamado amor del mundo. El amor necesario es un amor de sacrificio que dará todo lo que es y tiene para ministrar a un mundo que está funcionando bajo el peso del hambre, las enfermedades y las masas agonizantes de personas. (Ver notas, Amor, Jn. 13:33-35; 21:15-17.)
“En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Jn. 3:16).
“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Jn. 13:34, 35).
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8).
ESTUDIO A FONDO 2
(17:23) Perfecto – Perfeccionado (telelos): La idea de perfección es la perfección del propósito. Tiene que ver con un fin, una meta, un objetivo, un propósito. Significa adecuado, maduro, plenamente crecido en una etapa de crecimiento en particular. Por ejemplo, un niño plenamente crecido es un niño perfecto; ha alcanzado la altura de la niñez, ha logrado el propósito de la niñez. La palabra “perfecto” no significa perfección de carácter, esto es, estar sin pecado. Es adecuación, madurez para la tarea y el propósito. Es desarrollo total, madurez de la divinidad. (Ver nota, Ef. 4:12-16; cp. Fil. 3:12; 1 Jn. 1:8, 10).
La Biblia revela tres etapas de perfección.
[1]. Perfección de salvación. La muerte de Cristo garantizó para siempre la perfección y redención de aquellos separados para Dios (He. 10:14).
[2]. Perfección progresiva o de madurez. Dios revela todo lo que es contrario a su propósito y se espera del creyente que lo limpie (Fil. 3: 13-15, esp. 15). La “santidad perfecta” (2 Co. 7:1) del creyente “ahora se perfecciona” (Gá. 3:3). Como miembro de la iglesia, el creyente está experimentando “la perfección de los santos” (Ef. 4: 12; Col.4:12; He. 13:21; Stg. 1:4; 1 Jn. 4:17, 18).
[3]. La perfección redentora o resucitada. El propósito y la meta del creyente es “alcanzar la resurrección de los muertos… [para que sean] perfectos” (Fil. 3:11, 12).
La idea del Señor es que el creyente maduro hará el bien y demostrará cordialidad a todos los hombres, tanto malos como buenos. Llega a la madurez de corazón cuando muestra amor a sus enemigos, así como también a sus amigos. El amor de Dios y de Cristo son el ejemplo para el creyente del amor perfeccionado (ver notas, Jn. 13:33-35; 21:15-17).
La imagen de la vida corporal de la Iglesia (Romanos 12:4–5)
La tendencia al orgullo y la vanidad es especialmente evidente con respecto a los dones que son más visibles (como la música, hablar o dirigir). Atraen mucha atención, por lo que fácilmente conducen al falso orgullo, especialmente en una comunidad tan grande como Roma. En los versículos 4–5, Pablo presenta una teología de los dones espirituales similar a la de 1 Corintios 12:12–26. La metáfora central es una de las imágenes más importantes de la iglesia, el cuerpo de Cristo. El cuerpo humano, así como el cuerpo de Cristo, se compone de “un solo cuerpo con muchos miembros, y no todos estos miembros desempeñan la misma función. El cuerpo es un mecanismo único, pero depende de que todos los miembros funcionen juntos para trabajar. Al mismo tiempo, cada miembro realiza una tarea diferente.
Si alguna de las partes del cuerpo intenta funcionar de una manera diferente a la establecida, el cuerpo queda lisiado.
Todos los miembros estamos destinados a “formar un cuerpo”, la iglesia, y trabajar juntos en unidad para hacerla funcionar. A medida que los miembros se unen como un solo cuerpo, “cada miembro está unido a todos los demás”, de modo que haya tanto unidad como diversidad en la iglesia. Dios no quiere que seamos individualistas duros, sino que pensemos en nosotros mismos como una parte diferente de un cuerpo. Verticalmente, pertenecemos a Cristo como parte de su cuerpo (1Co 6:19–20). Horizontalmente, nos pertenecemos el uno al otro. Este es el principio de diversidad y unidad: muchos miembros que forman un cuerpo y son interdependientes.
Nuestros “dones diferentes” son la forma en que nos unimos en un solo cuerpo, cada uno realizando un papel fundamental. Dado que a los ojos de Dios ningún don es más importante que otro, no hay lugar para el orgullo o para las iglesias que tratan a ciertos individuos dotados (¡por definición, cada creyente es un individuo dotado!) por encima de otros. La tendencia en muchas iglesias a hacer de su pastor un semidiós es un pecado grave. Ninguno de nosotros puede funcionar correctamente en la iglesia sin combinar cada uno de nuestros dones para la obra.
Estudios han demostrado que en una iglesia promedio, alrededor del 15–20 por ciento están activos en servir y apoyar a la iglesia. Si solo el 20 por ciento del cuerpo físico de una persona estuviera funcionando, sería prácticamente un vegetal. Nuestras iglesias están paralizadas por la falta de voluntad de tantos miembros para usar sus dones para ministrarse unos a otros (Ef. 4:12, 14). La clave es que todos reconozcamos que somos “muchos … pero un solo cuerpo en Cristo” y que vivamos como si así fuera. Solo en unión con él y entre nosotros podemos obtener la humildad y la fuerza para funcionar en unidad como parte del cuerpo de Cristo.
Semana del 19 al 25 de enero de 2026
Amén. Para la honra y gloria de Dios.


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