Estudio Biblico Tiquico

Estudio Biblico Tiquico

Roberto Saldias Roa
DOMINGO 08 DE MARZO DE 2026. «MOÌSÉS MIRA DESDE EL MONTE LA PROMESA DE DIOS, SIN ALCANZARLA POR SU DESOBEDIENCIA».

Lección: Números 27: 12 al 14. 12. Jehová dijo a Moisés: Sube a este monte Abarim, y verás la tierra que he dado a los hijos de Israel. 13. Y después que la hayas visto, tú también serás reunido a tu pueblo, como fue reunido tu hermano Aarón. 14. Pues fuisteis rebeldes a mi mandato en el desierto de Zin, en la rencilla de la congregación, no santificándome en las aguas a ojos de ellos. Estas son las aguas de la rencilla de Cades en el desierto de Zin.

    Nota: Motivo de no entrar a la tierra prometida: Según el relato bíblico en Deuteronomio, Moisés subió al monte Nebo, en Moab, donde Dios le mostró la Tierra Prometida (Canaán), pero no le permitió entrar en ella. Esta restricción se debió a su desobediencia al no santificar a Dios ante el pueblo cuando golpeó la roca en Meriba. Esta escena subraya la importancia de la obediencia y la santidad, incluso para los líderes más destacados.

  • El desenlace: Moisés murió allí, en la tierra de Moab, sin cruzar el río Jordán con los israelitas.

   La desobediencia a la palabra de Dios conlleva consecuencias graves como el distanciamiento espiritual, la pérdida de bendiciones, el juicio divino y el endurecimiento del corazón. Provoca la entrada del enemigo, ruina personal, y repercute en terceros, afectando el testimonio y la vida familiar.

Aquí se detallan las principales consecuencias basadas en las escrituras:

  • Distanciamiento y separación de Dios: La desobediencia y el pecado constante alejan a la persona de la comunión con Dios, dificultando escuchar su voz.
  • Pérdida de bendiciones y maldiciones: Se pierde el favor divino y se experimentan «maldiciones» o consecuencias negativas en la vida diaria (campo, ciudad, hogar).
  • Consecuencias físicas y emocionales: Incluyen ruina, pobreza, enfermedades, y la entrada de destrucción en el trabajo y la vida.
  • Endurecimiento y ceguera espiritual: La desobediencia continua (como el caso del rey Saúl) lleva a una incapacidad para arrepentirse y al desvío de la verdad.
  • Impacto en terceros: La desobediencia no es un acto individual; afecta a la familia y a quienes rodean al desobediente, como se vio con los israelitas en el desierto y Jonás.
  • Muerte espiritual y física: La caída de Adán y Eva enseña que la desobediencia introduce dolor, enfermedad y la separación eterna de Dios.

A pesar de estas consecuencias, la Biblia enfatiza que Dios es paciente y busca el arrepentimiento, ofreciendo restauración para quienes se vuelven a Él.

   Referencias Bíblicas: «Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado.» (Números 20:12). «Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir.» (Deut. 28:2-3 y 6). «Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence. Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano.» (2ª Tes. 3:14-15).

   Comentario general del contexto bíblico: La historia de cómo Josué se convirtió en el sucesor de Moisés era importante para el pueblo de Dios, porque, además de aparecer aquí, lo hace tres veces más en las Escrituras. Es natural que se presente después del censo de la nueva generación. Aunque Moisés era un líder extraordinario con muchos dones, iba a morir en el desierto porque era culpable de desobediencia e incredulidad, al igual que el resto de la antigua generación. Josué, obediente y confiado, representa la nueva generación que estaba destinada a entrar en la tierra prometida. La narración describe tanto al antiguo líder que se va, como al nuevo que emerge, y expone las características ideales de todo líder, sea joven o viejo.

   La prioridad del líder

   En la narración, aparece una y otra vez el diálogo de dependencia: Entonces el SEÑOR dijo a Moisés (12); Moisés habló al SEÑOR (15); Y el SEÑOR dijo a Moisés (18); Moisés hizo tal como el SEÑOR le ordenó (22); Luego… le impartió autoridad, tal como el SEÑOR había hablado por medio de Moisés (23).

   No hay nada más importante en el liderazgo cristiano que el caminar personal del líder con Dios. Aun así, en medio de las presiones de la vida ajetreada, es fácil obviar esta característica esencial. Para Moisés, siempre fue una prioridad. Antes de construir el tabernáculo, se montó una “tienda de reunión” a las afueras del campamento para que pudiera entrar allí para tener comunión con Dios. En tiempos como estos, los líderes reconocen su necesidad, confiesan sus pecados, reciben instrucciones, disciernen su mensaje, perfilan sus ambiciones y expanden sus horizontes.

   La confianza del líder

   Mientras Moisés estaba en íntima comunión con Dios, recibió un mensaje acerca del plan divino para su futuro: “Sube a este monte… y mira la tierra que yo he dado a los hijos de Israel…” (12). El simple hecho de verla es una oferta tentadora cuando se estaba deseando pisar la nueva tierra, pero debemos conocer algo de los derechos de los israelitas para apreciar lo que realmente significa “mirar” la nueva tierra.

   En la práctica de las leyes hebreas, el hecho de “mirar” la tierra constituía una parte importante del proceso formal de compra. La “transferencia legal de la propiedad tenía lugar cuando el comprador la miraba detenidamente”. Anteriormente, a Abraham se le dijo que “mirara” la tierra que el Señor prometió entregar a sus sucesores. Para el patriarca, el hecho de “mirar” la tierra era tener la certeza de que la poseería. En la parábola del banquete que cuenta Jesús, un comprador de tierras se disculpa por no poder asistir a la comida porque tiene que ver la tierra que ha comprado. Nosotros podemos considerar que es una excusa superficial. ¿Quién querría comprar una tierra sin verla? Pero lo que el hombre realmente quería decir era que iba a asistir a la vista formal de la tierra, el hecho por el cual la propiedad recién comprada pasaría a ser suya legalmente.

   Los líderes cristianos no siempre son seguidos o respetados; quizás haya momentos en los que las personas con las que invierten sus mejores años de servicio les defrauden o decepcionen. Todo líder necesita el recordatorio bíblico de que Dios siempre cumple las promesas que ha hecho, tal y como confirmó el mensaje de Balaam (23:19). Cuando Josué llegó al final de la tarea de toda una vida, dio testimonio a sus compañeros israelitas de que “ninguna de las buenas palabras que el SEÑOR vuestro Dios habló acerca de vosotros ha faltado; todas os han sido cumplidas”. Esto anima a los líderes. Mientras Moisés miraba el vasto territorio desde lo alto de Nebo, el Señor le estaba dando la seguridad de la posesión inminente.

   El destino del líder

   “Y cuando la hayas visto, tú también te reunirás a tu pueblo, como se reunió tu hermano Aarón” (13). La promesa de que el anciano líder pronto se reuniría con sus ancestros espirituales es una de las menciones (aunque cubierta con un velo) que se hacen de la doctrina bíblica del cielo. En el Antiguo Testamento, hay referencias limitadas y parciales de la vida después de la muerte. Están pendientes de definiciones claras que serían reveladas mejor por el Señor Jesús, quien abriría el cielo para todos los creyentes. Pero, por muy simple que sea la referencia, encierra dos claras afirmaciones: el futuro asegurado que los creyentes tienen y el anticipo de una herencia colectiva.

   En primer lugar, a Moisés se le prometió un futuro asegurado. Se “reuniría con su pueblo”; no hay nada indeciso aquí. Tal promesa no estaría formulada de manera adecuada si Moisés simplemente fuera a desaparecer en el polvo, como una figura olvidada de la historia antigua sin ningún tipo de futuro en los planes de Dios. En vez de eso, Moisés entraría en el cielo de Dios; y, como confirmación visual de ese destino asegurado, apareció siglos después como persona reconocible en otro monte, en la tierra en la que tanto había deseado entrar. En el monte de la transfiguración, la ambición de Moisés (“Permíteme, te suplico, cruzar y ver la buena tierra que está al otro lado del Jordán, aquella buena región montañosa y el Líbano”) se cumplió después de todo.

   En segundo lugar, Moisés podía anticipar una herencia colectiva. Como individuo distintivo, se reuniría con otras personas que habían conocido y amado a Dios a lo largo de los siglos. Se encontraría con su hermano Aarón (13; 20:24) y una gran multitud de creyentes comprometidos. En medio de los millares de personas que forman parte del pueblo de Dios (13), estaba Elías, con quien apareció en el monte de la transfiguración. En esta frase y en la identificación de estos dos grandes representantes de la ley y los profetas, que ocurre más tarde, se insinúa que el futuro que Dios asegura incluirá a individuos claramente reconocibles, unidos para siempre con el pueblo redimido de Dios. Balaam había deseado que, cuando llegara el final de su vida, su muerte fuera como la de los justos (23:10), una triste esperanza para el vidente pagano, pero una perspectiva garantizada para el líder de Israel.

   Todos los líderes precisan amplios horizontes en su trabajo para Dios. Todo lo que hacemos para el Señor necesita formar parte del contexto de la eternidad. La vida dura más que nuestros días. Cristo exhortó a sus seguidores a que recordaran su destino y, a medida que sus apóstoles llevaban a cabo su ministerio en los tiempos difíciles que Jesús había anunciado, tenían una confianza inquebrantable en una vida futura infinitamente mejor.

   La responsabilidad del líder

   El anciano líder sabía bien por qué había sido contado con la antigua generación: porque cuando el pueblo se rebeló contra su mandamiento en el desierto de Zin, él y Aarón habían desobedecido el mandamiento de Dios de santificarle en las aguas ante sus ojos (14). Junto con su hermano, Moisés no había seguido las instrucciones de Dios cuidadosamente y, en un momento de frustración evidente, se había hecho tan culpable como cualquier otro miembro de la antigua generación (20:12). Cuando Dios da órdenes, no hace excepciones para líderes favoritos. Se espera el mismo nivel de obediencia de ellos como de los demás. El hecho de que Dios le prohibiera a Moisés entrar en la tierra prometida servía de advertencia perpetua para las generaciones siguientes. Si un hombre santo como Moisés no podía escapar de las consecuencias de la desobediencia, ellos tampoco.

   Todo líder tiene una responsabilidad suprema para saber, explicar y mantener altos niveles bíblicos en la vida diaria, y el Señor debe ser honrado como santo en todos los aspectos de nuestro comportamiento. No podemos predicar un ideal a los demás y conformarnos con menos para nosotros mismos. En su famoso manual para pastores, San Gregorio Magno mantenía que el líder cristiano es como “un médico para una persona enferma”, y ¿cómo puede esperar el médico “curar a los enfermos si lleva una herida en su propia cara?”.

   La compasión del líder

   A pesar de sus fallos evidentes, el anciano líder tenía grandes cualidades. Amaba al pueblo de Dios intensamente y se preocupaba por el liderazgo futuro de esa gran comunidad vulnerable. Moisés le pidió a Dios un sucesor: “Ponga el SEÑOR… un hombre sobre la congregación… que los haga salir y entrar” (16–17). Sin un liderazgo sólido fiable, esta gran multitud diversa erraría, como ovejas que no tienen pastor (17). Aunque profundamente apenado porque no entraría en la tierra prometida, estaba muy preocupado por los que sí iban a entrar. Habían murmurado contra él, despreciado su importancia, rechazado su liderazgo y desobedecido sus órdenes, pero aún les amaba. Moisés se muestra muy compasivo al compartir con Dios su preocupación natural por el futuro del pueblo. En el liderazgo cristiano, lo importante es el amor. Las diversas cualidades, la amplia experiencia y los mejores recursos no son nada si los líderes no aman a su pueblo.

   El ánimo del líder

   En su ruego por un sucesor, Moisés llamó al Señor: Dios de los espíritus de toda carne (16), una descripción que se utilizó en una oración anterior (16:22). Al reflexionar sobre las experiencias vividas a lo largo de su vida, el anciano líder confiaba en un Creador omnisciente, soberano y protector, que conocía a cada uno de los israelitas; deseaba sólo lo mejor para su futuro y era el único que podía escoger al mejor líder posible. La “fuente del aliento de toda vida” era consciente de quién podía ser la persona adecuada para conducir a esta comunidad en medio de los días cruciales de transición. También conocía a los enemigos y sabía qué persona colmada de aptitudes podía conducir a Israel a la victoria. Una paráfrasis de la oración de Moisés lo expresa perfectamente: “Tú conoces el espíritu de todo individuo y debes escoger a un hombre que sepa cómo tratar con cada uno de ellos según su propio temperamento”. Es de gran ánimo para los líderes saber que su vida está en manos de un Dios así. No se le escapa ni el más mínimo detalle; nadie puede traspasar los límites de su control soberano.

   El nombramiento del líder

   La oración de Moisés por el sucesor adecuado combina las cualidades de liderazgo de fuerza y amor en dos imágenes que merecen reflexión: la primera es militar, la segunda es pastoral.

   La responsabilidad que tiene el líder de salir y entrar delante de ellos puede referirse principalmente al papel del sucesor en la conquista, el comandante que conduce a sus soldados a la batalla; un líder fuerte y dinámico que encabezara las expediciones y conociera la mejor forma de movilizar a sus tropas eficazmente, que se preocupara no sólo de la fuerza militar, sino también del bienestar de sus soldados. Un líder que valorara la vida de los soldados y el bienestar de sus familias necesitaría actuar responsablemente para que, al concluir los conflictos, pudiera hacerlos entrar, de vuelta a casa. Este tipo de liderazgo requiere esfuerzo y valor, que era lo que el Señor le pidió a Josué cuando los israelitas estaban a punto de cruzar el Jordán. El Señor sabía que una misión militar de esa envergadura era excesiva para las fuerzas de Moisés. Él había sido un gran líder en el desierto, pero se necesitaba un hombre con dones diferentes para que Israel conquistara Canaán.

   Los buenos líderes combinan la fuerza con el amor. La segunda imagen es pastoral. El pueblo del Señor necesitaba un pastor compasivo a la vez que un comandante audaz. Moisés había llevado a cabo un ministerio así durante su viaje por el desierto e Israel precisaba otro hombre con un compromiso de pastor. La imagen de las ovejas que no tienen pastor (17) se utiliza en las Escrituras para describir a los que “no tienen dueño”, una comunidad vulnerable, un pueblo que necesitaba cariño. Vendrían días difíciles para el sucesor de Moisés. Debería tener compasión también para guiar la grey, además de valor para la lucha.

   Estas dos cualidades que van de la mano necesitan estar equilibradas. Algunos líderes tienen una en abundancia, pero no la otra. Dios mismo es el modelo de la perfecta combinación: “de Dios es el poder; y tuya es, oh Señor, la misericordia”.

   Los recursos del líder

   Cuando el Señor eligió al sucesor de Moisés, no escogió una versión idéntica del antiguo líder. El nuevo proyecto necesitaba a alguien con dones diferentes. Josué, el leal compañero de Moisés durante los últimos cuarenta años, ya había demostrado su capacidad como ayudante eficaz. El Señor le dijo a Moisés que Josué era un hombre en quien está el Espíritu (18). La expresión quizás se refiera a aquellas cualidades espirituales evidentes en su anterior papel como comandante militar, fiel ayudante, compañero de oración, leal protector (11:28), representante ejemplar (13:2, 8, 16) y comunicador apasionado (14:6–9). Ahora, Josué se enfrentaba a un reto completamente diferente: la conquista de Canaán y el asentamiento de Israel en su nuevo entorno. Necesitaría nuevas habilidades y el Dios de los espíritus de toda carne (16) disponía de la persona precisa.

   Josué podía estar seguro de que tendría recursos nuevos para cada tarea. Hacía muchos años, Moisés había dado a este hombre llamado Oseas un nuevo nombre, Josué (13:16), un testimonio de la verdad de que sólo en Dios hay “salvación”. Cuando era joven, Josué había sido testigo de muchas situaciones diferentes en las que el Señor había salvado a su pueblo: de la esclavitud, de ahogarse, de tener sed, de pasar hambre y del ataque militar. En su nueva situación, el Señor seguiría liberando a Josué y a su pueblo si pasaban miedo o si se enfrentaban a barreras naturales y ciudades fortificadas.

   El Espíritu Santo (18) daría al nuevo líder lo necesario para llevar a cabo las tareas que constituyeran un desafío. A los que responden al llamado de Dios siempre se les garantiza los recursos adecuados. Como confirmación pública de esta tarea encargada por el Espíritu, Moisés debía poner su mano sobre su sucesor y encomendarle a este nuevo ministerio. La imposición de manos era una señal visual de transferencia de bendición de uno a otro (8:10).

   El Señor proveía todos los recursos para la tarea, pero Moisés también pidió: “pondrás sobre él parte de tu dignidad a fin de que le obedezca toda la congregación” (20). El líder antiguo tenía que estar dispuesto a ceder algunas de sus responsabilidades durante los últimos cuarenta años. A veces, los líderes que van a dejar el puesto no están muy inclinados a aceptar que la obra del Señor pase a manos de un sucesor más joven. Moisés era un hombre de alto nivel espiritual y pasaba el testigo con amor.

   La dependencia del líder

   Josué debía presentarse delante del sacerdote Eleazar, quien inquirirá por él por medio del juicio del Urim delante del SEÑOR (21). No debía tomar sus propias decisiones; tenía que ir a dos fuentes de ayuda interrelacionadas.

   En primer lugar, necesitaba la colaboración de otros. Josué ocupó el lugar de Moisés, tal y como Eleazar había ocupado el lugar de Aarón (20:22–29). A medida que Josué se enfrentaba a estas nuevas y grandes responsabilidades, Eleazar estaba a su lado como compañero, consejero y amigo. Josué debía presentarse ante el sumo sacerdote, una expresión que indicaba sumisión atenta y disposición para el servicio. Los buenos líderes no son autócratas presuntuosos; reconocen su trabajo compartido en el ministerio.

   En segundo lugar, necesitaba que Dios le guiara. A Eleazar no se le permitía que fuera un compañero déspota o dictatorial. Debía buscar la voluntad de Dios por medio del juicio del Urim. Josué debía presentarse delante del sacerdote Eleazar y Eleazar debía presentarse delante del SEÑOR. Ninguno tenía la libertad de intentar hacer su propia voluntad. El Urim y el Tumim eran probablemente dos piedras lisas, con colores diferentes a cada lado, que se guardaban en el bolsillo del pectoral del sumo sacerdote. El sumo sacerdote los utilizaba para echar suertes para saber la voluntad de Dios acerca de los temas sobre los que había que tomar una decisión. El Espíritu Santo anima, fortalece y protege nuestra colaboración y nos conduce a conocer claramente la voluntad de Dios.

   La obediencia del líder

   En este período tan crucial en el que debía encontrar a su sucesor, el anciano líder se preocupó de realizar exactamente lo que el Señor le había dicho que hiciera; él y Eleazar encomendaron al nuevo líder de Israel tal como el SEÑOR había hablado (23). El tema de introducción del libro es el de la obediencia total (1:19, 54; 2:34; 3:51; 4:37, 41, 45, 49) y aquí se repite a medida que el ministerio de Moisés va llegando a su fin. Quienes reflexionaron sobre esta narrativa sucesoria no pasaron por alto el dramático contraste entre lo que ocurrió en las aguas de Meriba (“os rebelasteis contra mi mandamiento”, 14) y lo que pasó aquí en el nombramiento de Josué, cuando Moisés hizo tal como el SEÑOR le ordenó (22).

   Estas historias del Antiguo Testamento encierran una advertencia. El hecho de que hayamos luchado por vivir lo mejor posible hasta ahora no es garantía de que siempre sea así en el futuro. Algunos brillantes siervos de Dios han sucumbido a la tentación después de años de servicio. Al igual que Moisés en Meriba, no honran al Señor como santo ante los demás, provocan dolor a su propia vida, hacen daño a otros y entristecen a Dios. Por desgracia, Moisés fue culpable de los mismos pecados de desobediencia y rebelión que había descubierto en el pueblo de Dios anteriormente. Es más fácil identificar el pecado en la vida de los demás que en la tuya propia. Pablo advirtió a los nuevos conversos sobre este peligro que acechaba: “Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga”. Cuando Josué asumió sus nuevas responsabilidades, se le pidió una y otra vez que la obediencia a Dios fuera la prioridad tanto para él como para su pueblo. No nada más importante.

Texto: «Porque os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa». (Hebreos 10:36).

   Hebreos 10:36. Vosotros debéis perseverar para que cuando hayáis hecho la voluntad de Dios, recibáis lo que él ha prometido.

   El escritor exhibe tacto y preocupación pastoral. Exhorta a los lectores a perseverar; así como en el pasado se mantuvieron firmes frente al sufrimiento (10:32), del mismo modo deben ahora perseverar haciendo la voluntad de Dios. Cuando él escribe la frase la voluntad de Dios, les recuerda inmediatamente acerca de la obediencia de Cristo, quien vino a hacer la voluntad de Dios (10:7, 9–10). La exhortación es, entonces, que sigan a Cristo en una obediente observancia de los mandamientos. Y al perseverar en su fidelidad para con la voluntad de Dios, ellos recibirán “lo que él ha prometido”.

   El vocablo promesa es una palabra clave en la epístola a los hebreos. Representa el perdón de los pecados en términos del nuevo pacto, pero representa más especialmente la salvación plena en Jesucristo. La promesa hecha por Dios al hombre es inquebrantable. Lo que Dios ha prometido, eso es lo que el creyente recibirá.

  1. No pierdan la confianza, el coraje, y la resistencia

    (vv. 35-37). Los versículos lo plantean claramente: Tengan paciencia y recibirán la promesa de la recompensa de Dios. Porque dentro de poco tiempo Cristo vendrá y Él no tardará. Su venida está garantizada y cuando Él venga, vendrá con su recompensa. La palabra “paciencia” (hupomones) significa resistir, perseverar y permanecer firmes al hacer la voluntad de Dios. ¿Cuál es la voluntad de Dios?

   “Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado” (1 Jn. 3:23).

   Dios quiere que creamos en su Hijo, el Señor Jesucristo, en su sacrificio por nuestros pecados y que amemos a las personas. Amar a las personas quiere decir que llevemos una vida justa y piadosa por amor a todas las personas y que las ayudemos en todo cuanto podamos.

   “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Co. 15:58).

   “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” (Gá. 5:1).

   “Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado” (1 P. 1:13).

   “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo” (1 P. 5:8-9).

   “Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que, arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza” (2 P. 3:17).

1er Titulo: Dios muestra a su siervo la tierra prometida. Versículo 12. Jehová dijo a Moisés: Sube a este monte Abarim, y verás la tierra que he dado a los hijos de Israel. (Léase: Génesis 13:15. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. ▬ Hebreos 11:13. Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.).

   Comentario de (Génesis 13:14-17) Promesas ▬ Pacto: La fe de Abram fue galardonada: la separación de Lot de Abram fue una de las principales encrucijadas de la vida de Abram, uno de los momentos cruciales de su peregrinación de fe. Abram se enfrentaba a una necesidad, al parecer a una tremenda necesidad:

=> Él se sentía herido porque el hombre que había sido como un hijo para él se vio forzado a marcharse y trasladarse.

=> Probablemente se sintiera más inseguro contra los merodeadores y pandillas de bandidos, porque la cantidad de recursos humanos de que disponían anteriormente se había quedado a la mitad cuando Lot se marchó (cp. Gn. 14:1-16).

=> Quizás él se sentía herido y se estaba preguntando en lo más profundo de su alma si él había hecho lo correcto al dejar que Lot escogiera primero. Después de todo, Lot había escogido la tierra más fértil; y con mucha imprudencia, él se había asentado cerca de la ciudad impía, Sodoma. Quizás Abram sentía lo siguiente: si él hubiera escogido primero, él podía haber alejado a Lot de asentarse en medio de la impiedad.

   Cualquiera que sea el caso, Abram se sentía herido y estaba enfrentando una necesidad, y Dios siempre suple la necesidad de su querido pueblo. Dios le habló a Abram, dándole confirmación, aliento, fuerzas, y guía.

▬ 1. Advierta cuándo Dios le habló a Abram: después que se había separado del mundano Lot. Pero Dios conocía el corazón de Lot, que Lot añoraba la mundanalidad de esta tierra, los lujos, la posición, las posesiones y los placeres que él había visto en las ciudades. ¿Abram sabía que Lot tenía un corazón mundano, que él estaba deseando las cosas de este mundo? Las Escrituras no lo dicen. Por eso Dios tuvo que estimular a Abram a separarse de Lot para que Dios pudiera bendecir a Abram. Las Escrituras declaran que Dios no derrama su bendición sobre un creyente cuando él hace yugo desigual con una persona mundana (cp. 2 Co. 6:14-18). Cuando Lot se separó de Abram, Dios entonces podía hablarle a Abram y suplir su necesidad.

   Pensamiento 1. La presencia y el poder de Dios están disponibles solo para aquellos que están…

  • Apartados -separados- del mundo y del deseo de sus lujos, placeres, y posesiones.
  • Apartados -separados- para Dios, totalmente entregados a Él, a buscarlo a Él y sus promesas.

   “Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis” (1 Co. 5:11).

   “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” (2 Co. 6:14).

   “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado” (Sal.1:1).

   “No tengas envidia de los hombres malos, ni desees estar con ellos” (Pr. 24:1).

▬ 2. Advierta cómo Dios galardonó la fe de Abram: por medio de su Palabra, por medio de una visión de sus grandes promesas. Dios le dio una gran confirmación a Abram, una Visión gloriosa de las promesas. Dios le dijo a Abram que alzara sus ojos, que mirara hasta donde le alcanzara la vista, y que mirara en todas direcciones: norte, sur, este, y oeste. Advierta que Lot también había alzado sus ojos y había mirado, pero había una gran diferencia en lo que veían los dos hombres (v. 10). Tanto Lot como Abram alzaron sus ojos y miraron:

=> Lot alzó sus ojos al mundo, pero Abram alzó sus ojos a la Tierra Prometida.

=> Lot alzó sus ojos en autosuficiencia, pero Abram alzó sus ojos en confianza.

=> Lot alzó sus ojos con un deseo egoísta y avaricioso de ganancia; Abram alzó sus ojos con un deseo de unidad dadivoso y expiatorio.

=> Lot alzó sus ojos con un corazón mundano y no comprometido; Abram alzó sus ojos con un corazón comprometido y espiritual.

▬ 3. Advierta las tres recompensas dadas a Abram. Esta fue la tercera vez que Dios le reafirmó su pacto con Abram. La recompensa de la Tierra Prometida.

» b. La recompensa de la Simiente prometida (v. 15. Vea nota, Gn. 12:2-3 para un análisis.) Advierta que la simiente, los descendientes, de Abram serian en número como la arena de la playa. Esto significa sencillamente que los granos de arena son tantos que no se pueden contar, así que los descendientes de Abram a lo largo de los siglos serán tantos que no se podrán contar.

» c. La recompensa de poder reclamar la tierra (v. 17). Muy sencillo, Dios le dijo a Abram que se levantara y anduviera por toda la tierra, a todo lo largo y ancho de ella, y a reclamar cada lugar en el que pusiera sus pies.

   Comentario de (Hebreos 11:13-15) Patriarcas ▬ Fe ▬ Peregrinaje: La fe del patriarca fue una fe resistente, que siempre buscó lo no visto, la patria celestial. La palabra patriarca se refiere a Abraham, Isaac, Jacob y a otros hombres antiguos que tenían una gran fe en Dios y en sus promesas. Debemos prestar atención a lo siguiente: Todos ellos murieron creyendo en lo que Dios había prometido y ni uno de ellos vio cumplirse la promesa en la tierra. Si las iban a recibir, tenían que aceptarlas por fe. Creerlas, tener esperanza en ellas, era la única forma en la que podían poseerlas. Note cuatro puntos:

▬ 1. Su fe era una fe visionaria. Ellos vieron las promesas de Dios desde muy lejos, no con los ojos, sino con el corazón y la mente de cada uno de ellos. ¿Cuál era la promesa? Era la promesa…

  • de una patria (v. 14).
  • de una mejor patria, un mundo celestial (v. 16). Cristo Jesús hasta dijo que Abraham vio su día y se regocijó en su esperanza (cp. Jn. 8:56).

   Pensamiento 1. Cuánto más podemos ver y entender las promesas de Dios. Cristo ya vino una vez. Creer que regresará es mucho más fácil que para Abraham creer que Él venía la primera vez. Abraham no tenía pre- cedente, mientras que nosotros sí.

  1. Su fe fue una fe creciente.

=> Ellos vieron la promesa de Dios y le agradecieron a Dios el privilegio de verla.

=> Fueron persuadidos de las promesas de Dios. Ellos creyeron que las promesas eran ciertas, que había una

Tierra Prometida y que Dios iba a dársela a ellos. Ellos creyeron en Dios y en que lo que Dios prometió lo iba a cumplir.

=> Ellos abrazaron (aspasamenoi) las promesas. La palabra significa saludar y dar la bienvenida. Siempre se mostraron agradecidos y apreciativos hacia Dios por una esperanza tan gloriosa como la Tierra Prometida. Ellos se regocijaron y adoraron la promesa, sin quitar sus ojos de ella jamás.

=> Ellos confesaron que eran solo extranjeros y peregrinos en la tierra, solo estaban de paso hasta que pudieran heredar la esperanza gloriosa de la Tierra Prometida. Ellos dieron fe y testimonio de que Dios les había dado la esperanza de la Tierra Prometida, y lo hicieron sin ninguna vergüenza.

▬ 3. Su fe fue una fe que obra. Buscaron activamente la

=> Ellos no se quedaron de brazos cruzados hablando de la Tierra Prometida, creyendo que Dios los llevaría allí cuando llegara el momento.

=>Ellos no pasaron su vida en la tierra ignorando la Tierra Prometida, creyendo que eran lo suficientemente buenos y que Dios nunca les impediría heredarla.

   Los primeros creyentes buscaron activamente la Tierra Prometida. Ellos se pusieron de pie y salieron en su busca, dejando atrás sus posesiones y al mundo. Por su separación del mundo y por buscar las promesas de Dios, declararon abiertamente que eran hombres y mujeres de una fe verdadera.

▬ 4. Su fe fue una fe resistente. Nunca regresaron a la patria de la que habían salido. Se había separado del mundo y comenzaron a buscar la tierra prometida de Dios y mantuvieron la búsqueda.

   Explicado sencillamente, mantuvieron su mente y pensamientos en la Tierra Prometida.

=> No abrigaban los pensamientos de los placeres y deseos, posesiones e indulgencias, sentimientos y comodidades del mundo.

=>Ellos no regresaron al viejo mundo cuando tuvieron la oportunidad.

=>Los patriarcas resistieron hasta el fin. De hecho, se fueron a su tumba creyendo en la gran esperanza de Dios sobre la Tierra Prometida.

   “plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido” (Ro. 4:21).

   “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Ro. 8:38-39).

   “Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Ti. 1:12).

   “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a si mismo todas las cosas” (Fil. 3:20-21).

   “Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra” (He. 11:13).

   “porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir” (He. 13:14).

   “Porque nosotros, extranjeros y advenedizos somos delante de ti, como todos nuestros padres; y nuestros días sobre la tierra, cual sombra que no dura” (1 Cr. 29:15).

  “Oye mi oración, Oh Jehová, y escucha mi clamor. No calles ante mis lágrimas; Porque forastero soy para ti, Y advenedizo, como todos mis padres” (Sal. 39:12).

   “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra” (Sal. 119:19).

2° Titulo: Promesa de Dios:  reunirnos con los que han partido a su presencia. Versículo 13. Y después que la hayas visto, tú también serás reunido a tu pueblo, como fue reunido tu hermano Aarón. (Léase: San Lucas 9:30 y 31. Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías; quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén. ▬ San Juan 14:3. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.).

   Comentario de Lucas (9:30-31) Jesucristo, muerte-Moisés-Elías-Exod0- salvación: el tercer evento fue el de los dos hombres que aparecieron y hablaron con Jesús. Note dos cosas.

▬ 1. Moisés y Elías aparecieron y hablaron con Jesús. Moisés era el gran dador de la ley y Elías el mayor de todos los profetas. Estos dos hombres estaban honrando y ministrando a Jesús. Con ello estaban simbolizando que la ley y los profetas hallaban su cumplimiento en Jesús. Jesús era aquel de quien hablaban la ley y los profetas; Él era hacia quien la ley y los profetas señalaban (cp. Lc. 24:26-27; 1ª P. 1:11).

▬ 2. La conversación concernía a la muerte de Jesús. Jesús estaba percibiendo una extrema presión al pensar en su muerte; probablemente no dejaba de pensar en ella. Para Él la muerte significaba tanto más que para los hombres. El iba a morir por los pecados de todos los hombres de todas las generaciones, y Dios iba a apartarse de Él. La presión y el sufrimiento eran insoportables (véase nota-Mt. 20:19; Mr. 10:33). Necesitaba desesperadamente ser fortalecido, interior y espiritualmente, para soportar el sufrimiento de la cruz.

   Aparentemente Jesús necesitaba una clase muy especial de aliento, un aliento de los creyentes del Antiguo Testamento que habían vivido en la fe y esperanza de su venida para salvarlos. Al compartir el amor que le tenían y su confianza y esperanza en la muerte de Jesús en favor de ellos, lo impulsaban a continuar por amor a la humanidad. Aquel debe haber sido un momento precioso para los tres. Lucas nos da algún indicio de ello. Su palabra para «partida›› (éxodos) significa precisamente éxodo. Allí estaba Moisés compartiendo cómo Dios había salvado tan milagrosamente y librado a los hijos de Israel de la esclavitud, y cómo el éxodo (liberación) era sólo un cuadro de la maravillosa liberación que Él, el Hijo de Dios, iba a ejecutar para el hombre. Jesús iba a cumplir un nuevo éxodo, una nueva liberación salvadora, con la diferencia de que esta vez sería para todos los hombres. Todos los hombres serían librados de la esclavitud del pecado y de la muerte, del diablo y del infierno, librados a la gloriosa libertad de Dios y de la vida, abundante y eterna. Moisés y Elías acentuaron que la muerte de Jesús lo valía todo. Note que el preciso aliento que necesitaba nuestro Señor le fue dado por dos hombres que creían y esperaban en su venida. El hecho de recordar la maravillosa liberación (éxodo) que había ocurrido mucho tiempo atrás necesariamente tenía que fortalecer y animar el corazón de Cristo. El solo hecho de ver allí a Moisés y Elías, dos de los que habían creído y esperado, necesariamente tenía que levantar el espíritu del Señor. Jesús fue grandemente alentado sabiendo que no podía fallar a estos hombres que tanto habían creído y esperado en Él.

   El énfasis de Elías naturalmente habrá sido la cantidad de profecías concernientes a los sufrimientos de Jesús y la gloria que le seguiría. Nuevamente, Lucas parece señalar esto en la palabra «cumplir» (pleroo).

   «Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre» (Lc. 18:31. Cp. Lc. 12:50; 22:37.)

   «Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos» (1 P. 1:10-11).

   Pensamiento 1. Nuestra fe y esperanza se realizan y cumplen en Cristo. Él es nuestro libertador o éxodo que nos libra de la prisión del pecado y de la muerte, del diablo y del infierno. En Cristo podemos ser libres, libres para vivir abundante y eternamente.

   «De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida» (Jn. 5:24).

   «El cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre» (Gá. 1:4).

   «Quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para si un pueblo propio, celoso de buenas obras» (Ti. 2:14).

   «Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, El también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre» (He. 2:14-15).

   «Y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre» (Ap. 1:5).

   «Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu» (Rom. 8:1-4).

   Pensamiento 2. El discutir la muerte no debe causarnos temor, al menos no si somos creyentes genuinos. El compartir con otros creyentes nos alentará en nuestra fe y esperanza.

   Comentario de San Juan 14:3. (14:3) Jesucristo, Regreso: La liberación de los corazones atribulados viene a través del retorno de Jesús. Advierta por qué va a regresar: para recibirnos. Hay dos veces en que Jesús viene por el creyente.

▬ 1. Está la muerte o el traspaso del creyente al cielo. La muerte es una escolta privada o una presentación privada ante el Señor (2 Co. 5:8). No es la entrada triunfante y la marcha gloriosa de victoria que se promete cuando Jesús regrese. (Ver Estudio a fondo Jn. 14:3 para mayor discusión.)

   “Pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor” (2 Co. 5:8).

▬ 2. Está el retomó de Jesús mismo para reunir a todos sus amados seguidores consigo. Es el retorno al cual Él se refiere en este pasaje.

   Los creyentes serán glorificados con el Padre y con Jesús. Dicha esperanza gloriosa: meditar y comprender llevará un alma atribulada a través de cualquier prueba, incluso la prueba del martirio. Pero advierta nuevamente: creer en Dios y en su Hijo Jesús es la única forma en que el hombre puede participar en su retorno. (Ver bosquejo y notas, 1 Ts. 4:13-5:3. cp. Jn. 5:28, 29; Tit. 2:12, 13; 2 P. 3:3, 4, 8-16 para mayor discusión).

   “De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán” (Jn. 5:25).

   “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Jn. 5:28, 29).

   “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Ts. 4:16, 17).

   “Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa

y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tit. 2:12, 13).

ESTUDIO A FONDO 1

   (14:3) Jesucristo, Regreso – Muerte: Hay una diferencia en la Biblia entre el creyente que se reúne con Jesús en la muerte y el que se reúne en el aire en su regreso.

▬ 1. El creyente se encuentra con Jesús en la muerte. El creyente pasa de este mundo al siguiente, al cielo mismo; y pasa rápidamente, nunca sufriendo el dolor de la muerte (ver nota, Jn. 8:51). Pasa más rápido que el pestañeo de un ojo, sin perder por un momento la conciencia. En un instante está en este mundo; al siguiente, está ante la presencia del Señor. Esta es la presentación personal del creyente ante el Señor. Es la primera visión que el creyente tendrá de su Señor.

=> Esteban, mientras lo apedreaban hasta la muerte, anticipó que inmediatamente iba a estar con el Señor (Hch. 7:59).

=> Esteban incluso “vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios” (Hch. 7:55).

=> Pablo dijo “estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor” (2 Co. 5:8).

=> Pablo incluso dijo “que tenía un deseo” de partir, y de estar con Cristo, que es mucho mejor (Fil. 1:23).

=> Jesús incluso le prometió al ladrón: “hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23:43).

=> Se dice que los creyentes de Tesalónica que ya habían muerto “duermen en Jesús” (1 Ts. 4: 14). Por “sueño” se quiere significar que están descansando en la presencia del Señor (ver nota, Jn. 11:13).

   “Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23:43).

   “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará” (Jn. 12:26).

  “Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Jn. 14:3).

  “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Jn. 17:24).

   “Pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor” (2 Co. 5:8).

   “Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor” (Fil. 1:23).

   “Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Ts. 4:17).

   “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (2 Ti. 4:18).

▬ 2. El creyente, su cuerpo, sube y se encuentra con Jesús en el aire cuando Él retorna. Los cuerpos muertos de los creyentes ascenderán de cualquiera de los lugares donde estén en la tierra. Y los creyentes que siguen viviendo en la tierra ascenderán en sus cuerpos para encontrar al Señor en el aire. Será tan rápido como un pestañeo, y ocurrirá. Todos los creyentes, tanto en el cielo como en la tierra, ascenderán y recibirán sus cuerpos glorificados, dramática e instantáneamente. Jesús prometió que Él iba a venir otra vez, y lo hará. Nunca debemos olvidar: Dios prometió que su Hijo vendría la primera vez, y Él vino; del mismo modo vendrá otra vez a pesar del descreimiento de la gran mayoría de las personas.

   Jesucristo está volviendo para darse a sí mismo y darle a su gente una reunión gloriosa y una marcha de triunfo sobre el pecado, la muerte y el infierno…

  • Una reunión y una marcha tan gloriosas que explosivamente supera todo lo que el hombre pueda pensar o soñar.
  • Una reunión y una marcha de perfección y gozo indescriptible, una marcha cuando todos los amados seguidores de Cristo se reunirán ante Él por primera vez. Cada uno experimentará la presencia y el gozo de todos los santos, los queridos santos que se han ido antes y que han venido después; incluso a Pablo, Pedro, Agustín, Lutero, Calvino, Wesley, Moody y todos los demás reconocidos siervos de Dios; las multitudes que han sido desconocidas para el hombre, pero que son bien conocidas por Dios, conocidas por ser primeras porque trabajaron en los lugares insignificantes del mundo como Dios les indicó y fueron tan leales. Allí, ante el Señor Jesucristo, todos estaremos de pie por primera vez, cada creyente que ha vivido.

   “Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles” (Lc. 12:37).

   “Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Jn. 14:3).

   “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Fil. 3:20, 21).

   “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria” (Col. 3:4).

   “Para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos” (1 Ts. 3:13).

   “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Ts. 4:16, 17).

   “Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria” (1 P. 5:4).

   “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que

cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Jn. 3:2).

   (14:3) Vida eterna – Cielo: La liberación de los corazones atribulados viene a través de una morada eterna con Jesús. Advierta el motivo mismo por el cual Jesús regresará a la tierra: “donde yo estoy, vosotros también estéis”. ¿Dónde está Jesús? Dondequiera que esté, en el lugar exacto donde Él está, es exactamente donde estaremos nosotros. Estaremos con Él ¿con nuestro preciado Señor por siempre? con Él quien nos ha salvado, con Él quien ha perdonado nuestros pecados a pesar de lo terribles que eran, con Él que nos ha liberado de la atadura del pecado, la muerte y el infierno, con Él que se ha ocupado de nosotros y nos ha guiado día tras día, con Él que ha compartido y nos ha dado su presencia. Nuevamente, estaremos con nuestro maravilloso Señor por siempre y para siempre. Este es el verdadero deseo de su corazón, por lo que Él oró tan intensamente:

   “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean

mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Jn. 17:24).

   “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por

el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Fil. 3:20, 21).

3er Titulo: La rebeldía no santifica a Dios, sino que provoca su ira. Versículo 14. Pues fuisteis rebeldes a mi mandato en el desierto de Zin, en la rencilla de la congregación, no santificándome en las aguas a ojos de ellos. Estas son las aguas de la rencilla de Cades en el desierto de Zin. (Léase: Deuteronomio 3:25 y 27. Pase yo, te ruego, y vea aquella tierra buena que está más allá del Jordán, aquel buen monte, y el Líbano. ▬ 27 Sube a la cumbre del Pisga y alza tus ojos al oeste, y al norte, y al sur, y al este, y mira con tus propios ojos; porque no pasarás el Jordán.  ▬ Hebreos 3:12 y 13. Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.).

   Comentario de Deuteronomio 3:25 y 27. La oración de Moisés, 3:23–29. Moisés había liberado al pueblo de Israel para llevarlos a la tierra de Canaán, pero por su pecado, él mismo no entraría en la tierra que Dios había prometido dar a Israel como herencia. Este pasaje enseña la razón por la que Moisés no pudo entrar en Canaán. Después de distribuir la tierra a las tribus que se quedaron al oriente del Jordán, Moisés habla otra vez a Israel acerca de la decisión de Jehovah de no permitir que él entrara en Canaán. En su oración a Jehovah declara que la victoria de Israel y la distribución de la tierra era el principio de la realización de las promesas de que Israel iba a heredar la tierra. Solamente un Dios fuerte y poderoso podía demostrar tal poder en las victorias contra los enemigos. Solamente un Dios fiel podía cumplir sus promesas. Jehovah había hecho muchas maravillas para redimir a su pueblo y traerlos a la tierra que él había prometido dar a Israel.

   Moisés anhelaba entrar en Canaán y participar en el cumplimiento de las promesas de Jehovah a los patriarcas. Toda la obra de Moisés, desde su visión de Jehovah en la zarza ardiente (Éx. 3) hasta el momento de su discurso en la tierra de Moab, tenía por objetivo traer al pueblo a la tierra de Canaán. Moisés oró a Jehovah y suplicó intensamente a Dios que le diera la gracia de cruzar el río Jordán y entrar en la tierra prometida con el pueblo. El declaró que su entrada en Canaán sería otra evidencia del poder de Dios para redimir a su pueblo.

   Pero, aun cuando Moisés oró fervientemente, su oración no fue contestada. Moisés, el varón de Dios, el hombre que había orado diversas veces intercediendo por Israel, ahora no pudo hallar gracia ante los ojos de Jehovah. Con duras palabras Jehovah niega contestar su plegaria: Pero Jehovah se había indignado contra mí por causa de vosotros y no me escuchó. Jehovah me dijo: ¡Basta! No me hables más de este asunto (v. 26). Las palabras de Jehovah indican que Moisés había sido persistente con su oración, pero Jehovah estaba indignado por causa de su pecado. Por causa de su rebelión, Moisés fue condenado con la primera generación de israelitas a no entrar en la tierra de Canaán.

   Algunos autores han querido ver aquí un sufrimiento vicario de Moisés. Pero la narrativa muestra claramente que él pecó contra Jehovah (32:51; Núm. 20:12). Como líder de Israel, Moisés era responsable por la acción del pueblo. Pero Moisés fue condenado a no entrar en Canaán, no por causa del pecado del pueblo, sino por causa de su propio pecado. Entretanto, la oración de Moisés no fue completamente en vano. Como una demostración de su gracia y su amor por Moisés, Jehovah le permitió que subiera a la cumbre del monte Pisga (Nebo en Deut. 32:49) y contemplara desde lejos la tierra prometida que Israel iba a recibir como herencia. Más tarde, antes de su muerte, Moisés sube al monte Pisga y mira la tierra de Canaán, desde el norte hasta al sur, y desde el oriente hasta al occidente (34:1–6).

   Aun cuando Moisés no vivió para ver el cumplimiento de su labor, fue fiel a la obra que Dios le había dado para hacer. Ahora, Jehovah manda a Moisés que comisione a Josué como su sucesor. “Comisionar” significa transferir el liderazgo de las tribus a Josué e investirle con autoridad para continuar la obra de Moisés. Josué tenía dos misiones: cruzar el río Jordán con el pueblo y tomar posesión de la tierra para las tribus de Israel. Como sucesor Josué iba a cosechar lo que Moisés había plantado (cf. 1 Cor. 3:6, 7). Israel se quedó en el valle de Betpeor esperando la orden de cruzar el Jordán, la ocasión cuando la promesa de Jehovah iba a cumplirse. Betpeor era un sitio también conocido como Baal de peor (Deut. 4:3) y Peor (Núm. 23:28). Betpeor significa “el santuario del Peor” y es probablemente una abreviación de Bet Baalpeor, “el santuario de Baal Peor” (ver Núm. 25:3, 5).

   Comentario de Hebreos 3:12 y 13. (3:12) Cuidado – Error: Presten atención, cuídense de la incredulidad. Existe un gran peligro de que los creyentes puedan apartarse del Dios vivo. Podrían hacer lo que Israel hizo. Por eso, presten atención (blepete): Estén alertas y manténganse alertas; manténganse atentos y de modo constante; presten atención y continúen prestando atención. Mantengan un ojo en su confianza y obediencia a Dios. Cuídense de un corazón malo de incredulidad. ¿Qué es un corazón malo de incredulidad? Es un corazón que…

  • se aparta de Dios
  • se distancia de Dios
  • renuncia a Dios
  • se rebela contra Dios
  • no cree en Dios
  • no confía en Dios ni en sus promesas
  • no sigue a Dios como Él demanda

   Pensamiento 1. El gran fracaso de Israel fue el siguiente: Sencillamente no creyeron en Dios, no confiaron en que Él haría lo que había dicho: “Cuidar de ellos, suplir sus necesidades, y darles la Tierra Prometida y el reposo”.

   El gran fracaso de las personas hoy día es exactamente el mismo, la incredulidad. Las personas sencillamente no creen en Dios, que Él hará lo que dice: “Cuidar de ellos, suplir sus necesidades, y darles la tierra prometida del cielo y el reposo eterno del desierto de este mundo”.

   “¿Eres tú el Cristo? Dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis” (Lc. 22:67).

   “Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!” (Lc. 24:25).

   “De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio” (Jn. 3:11).

   “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Jn. 3:36).

   “Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis” (Jn. 4:48).

   “Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Jn. 8:24).

   “Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente. Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí” (Jn. 10:24-25).

   “Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él” (Jn. 12:37).

   “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí” (Jn. 16:8-9).

   “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo” (He. 3:12).

   “Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia” (He. 4:11).

   “Mas quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron” (Jud. 5).

   (3:13-19) Exhortación ▬ Creyente ▬ Advertencia: Exhórtense unos a los otros cada día. La palabra “exhortar” (parakaleo) significa “implorar, rogar, suplicar, exhortar”. Proviene de la misma palabra que el Consolador 0 Paráclito (el Espíritu Santo). Esto quiere decir que la palabra “exhortar” también incluye consuelo, el tipo de consuelo que “fortalecerá y alentará al creyente cada día de modo que cuando surjan las crisis pueda retenerse con firmeza. Los creyentes deben exhortarse constantemente unos a otros para protegerse a sí mismos de la incredulidad y el pecado. Existen ocho razones:

▬ 1. Primera, queda poco tiempo. Hoy es el día para creer y andar en Cristo. Hoy es el día de salvación. Mañana una persona puede ser arrebatada de este mundo por un accidente o convertirse en una persona destruida y sin esperanzas por una mala noticia o un suceso inesperado. A lo sumo, la vida es solo algo parecido al vapor o a una flor: hoy existe y mañana no. Por lo tanto, debemos exhortarnos unos a otros a confiar en Cristo y en sus promesas y a seguirlo como Él ha dictado.

   “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Ef. 5:15-16).

   “pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba” (Stg. 1:10).

   “cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Stg. 4:14).

▬ 2. Segunda, una persona puede endurecerse por el engaño del pecado. El pecado es engañoso: “Parece bueno, sabe bien, y se siente bien”. Pero esclaviza a la vida humana y deja el corazón humano vacío, solitario, inseguro, adolorido, y en ocasiones desgarrado. Devasta familias, amigos, negocios, y a uno mismo. Además de esto, el pecado endurece a la persona. Cuanta más peca una persona, más se endurece y más pecaminosa se vuelve. El pecado engendra pecado; el pecado nutre cada vez más al pecado. Cuanta más peca una persona, más fácil le resulta pecar. Un pecado prepara el corazón para el próximo pecado.

   El corazón humano se endurece más mientras más peque. El pecado engaña y parece bueno, pero mientras más peca una persona, más esclavizado queda al pecado. (Comparar las cosas que dañan el cuerpo humano y la personalidad como el tabaquismo, la bebida, la droga, el sexo y los insultos.)

   “No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto” (Sal.b95:8).

▬ 3. Tercera, la salvación es condicional. No basta con decir que somos salvos, que somos “participantes de Cristo”. Debemos mantenernos firmes en nuestra confianza esperanza en Cristo y su salvación. Si decimos con seriedad que hemos participado de Cristo y su salvación, entonces estamos compartiendo de Él, estamos haciendo exactamente lo que Él dice: Nos retenemos firme a Él. Pero si no nos retenemos firmes a Cristo, entonces no estamos compartiendo de Él. No importa lo que digamos, si no nos retenemos firmes a Cristo, entonces no estamos compartiendo de Él. La salvación es condicional, basada en este único y sencillo requisito: “Una persona debe retenerse firme a Cristo con el fin de compartir de Él”.

   “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; más el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mt. 10:22).

▬ 4. Cuarta, cada día es importante. Debemos escuchar la voz del Espíritu Santo todos los días. No debemos dejar que el pecado nos engañe ni permitir que nuestro corazón se endurezca. Debemos prestar atención y cuidarnos no sea que nos apartemos de Dios como lo hizo Israel. Es algo peligroso provocar a Dios.

   “Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Co. 6:2).

▬ 5. Quinta, algunos si provocan a Dios. Algunos en Israel habían escuchado al Espíritu Santo de Dios, aún así no prestaron atención a su exhortación. Pecaron, se rebelaron contra Dios e hicieron su propia voluntad. Vivieron como quisieron, no creyeron ni confiaron en Dios. Por ende, lo provocaron Trágicamente, sucede lo mismo hoy día. Algunos de nosotros pecamos y endurecemos nuestro corazón. Por ende, provocamos a Dios.

   “y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos?  No verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá” (Nm. 14:11, 23).

▬ 6. Sexta, el juicio vendrá. Dios ha pronunciado una verdad Aquellos que pecaron y no creyeron ni confiaron en Él serán condenados y juzgados. Y como Él había dicho, aquellos que pecaron en Israel fueron juzgados. Sus huesos cayeron en el desierto. Así sucederá hoy. Todos los que pecan y no creen en Dios serán condenados y juzgados. No hay escapatoria para ninguno que no crea y siga a Cristo.

▬ 7. Séptima, Dios juzga la incredulidad. Las palabras “no creer” (apeitheo) significa negarse a ser persuadido, negarse a creer, ocultar una creencia, ser desobediente. Es una persona que se niega a ser persuadido a pesar de la evidencia de que Jesucristo es verdaderamente el Salvador del mundo. La clase de persona que decide continuar viviendo para el mundo y para sí mismo a pesar del hecho del juicio venidero. Al incrédulo no se le dará entrada en la tierra prometida del cielo ni en el reposo eterno de Dios.

▬ 8. Octava, la incredulidad margina a una persona. Nada cerrará las puertas de la tierra prometida del cielo, nada impedirá que una persona entre en el reposo eterno de Dios, excepto la incredulidad. Negarse a creer y confiar en el Señor Jesucristo y en su promesa de salvación cerrará la puerta de la tierra prometida para siempre. La incredulidad impide que una persona experimente el reposo de Dios, su eterno reposo.

Domingo 08 de marzo de 2026

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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Una respuesta a «DOMINGO 08 DE MARZO DE 2026. «MOÌSÉS MIRA DESDE EL MONTE LA PROMESA DE DIOS, SIN ALCANZARLA POR SU DESOBEDIENCIA».»

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