Lección: 1ª de Samuel 31: 1 al 6. 1. Los filisteos, pues, pelearon contra Israel, y los de Israel huyeron delante de los filisteos, y cayeron muertos en el monte de Gilboa. 2. Y siguiendo los filisteos a Saúl y a sus hijos, mataron a Jonatán, a Abinadab y a Malquisúa, hijos de Saúl. 3. Y arreció la batalla contra Saúl, y le alcanzaron los flecheros, y tuvo gran temor de ellos. 4. Entonces dijo Saúl a su escudero: Saca tu espada, y traspásame con ella, para que no vengan estos incircuncisos y me traspasen, y me escarnezcan. Mas su escudero no quería, porque tenía gran temor. Entonces tomó Saúl su propia espada y se echó sobre ella. 5. Y viendo su escudero a Saúl muerto, él también se echó sobre su espada, y murió con él. 6. Así murió Saúl en aquel día, juntamente con sus tres hijos, y su escudero, y todos sus varones.
La última batalla de Saúl, 31:1–7. David había previsto el día en que Saúl perecería descendiendo a la batalla (ver 26:10). Pero nunca hubiera podido saber que su vida terminaría de manera tan trágica. El ejército de Israel se echó para atrás, subiendo de Jezreel por las laderas del Gil-boa. Y al fin rodeado de sus tres hijos y con sus tropas en desorden Saúl fue alcanzado por una flecha. La LXX dice aquí que fue herido lit. debajo del cartílago. Tiene que ser una referencia al abdomen o cintura debajo de las costillas. Sabiendo que no podría escaparse ni vivir por mucho tiempo, pensó terminar su existencia rápidamente para no ser torturado por los filisteos. Los dos verbos juntos, es decir, atravesar y hacer mofa (v. 4), sugieren que el abuso se trataría de atravesarle con sus lanzas o espadas. Se sabe que los filisteos eran muy crueles y muy ensañados con Saúl por ser su viejo y empedernido enemigo. Es lógico que su escudero no le quisiera matar, aun bajo estas circunstancias y Saúl se siente obligado a suicidarse. Sería más fácil hacerlo dado su previo conocimiento de la derrota de Israel y su propia condenación. Con un movimiento veloz hecho con destreza, apoya su gran peso sobre la espada y deja que su penetración termine con su vida.
El suicidio es relativamente inusitado entre los israelitas. Abimelec en Jueces 9:54 y Sansón en Jueces 16:30 se pueden considerar como casos similares. Los dos murieron involucrados en la pelea con sus enemigos y sin esperanza de vivir. Se puede pensar también en la defensa de Masada que cayó a los romanos en el año 73 d. de J. C. Allí casi 1.000 personas bajo el mando de Eleazar, el nieto de Ezequías un zelote ejecutado por Herodes años antes, tomaron sus propias vidas. Según el historiador Josefo, los padres tomaban a sus hijos y después de una tierna despedida les daban muerte. Luego hacían lo mismo con las mujeres y por fin los hombres, los unos a los otros, se cortaban la vena yugular. Al quedar uno solo, éste prendía fuego a la fortaleza y se suicidaba. Las tropas romanas bajo el mando de Flavio Silva les encontraron muertos al llegar a la cumbre de Masada. Los judíos preferían morir en vez de someterse a los paganos. Saúl, a pesar de su desesperación, nunca se hubiera suicidado si no hubiese estado completamente seguro de que iba a caer en manos de los filisteos. No lo justificamos, pero las circunstancias fueron verdaderamente apremiantes.
El pánico se hizo general cuando huyeron los hombres de guerra (v. 7). Los hombres de Israel abandonaron sus ciudades cercanas y amenazadas por los filisteos, huyeron. Toda la zona cayó en manos del enemigo. Esto representa la mayor penetración de los filisteos al cruzar el río Jordán y ocupar las ciudades ubicadas en la llanura fructífera de Galilea. El terror de ellos antes limitado a las zonas de la costa y Sefela, ahora cunde y acosa el territorio asignado a Gad y Manasés.
SIN LA PRESENCIA DE DIOS EL PUEBLO ES DERROTADO: La Biblia enseña que cuando el pueblo de Dios actúa con desobediencia o soberbia, prescindiendo de Su dirección, enfrenta la derrota, como ocurrió cuando Israel intentó atacar Hai sin la presencia divina. La verdadera victoria y protección dependen de la comunión con Él y de no retener «cosas malditas» (pecado), lo cual debilita al pueblo ante sus enemigos.
Sin la presencia de Dios, el pueblo pierde su protección, fuerza y la victoria, quedando vulnerable ante sus enemigos y derrotado en la gracia, como ocurrió cuando Israel intentó avanzar en Canaán sin la bendición divina. La desobediencia o el orgullo provocan esta pérdida de comunión, convirtiendo la fortaleza previa en debilidad.
Puntos Clave de la Derrota por Ausencia de Dios:
El Ejemplo de Hai (Josué 7): Israel fue derrotado por los hombres de Hai porque actuaron bajo su propia cuenta, sin la guía ni la presencia del Señor, y por el pecado de Acán, quien tomó cosas prohibidas Bible Gateway.
La Obediencia es Fundamental: La derrota ocurre cuando el pueblo rompe el pacto con Dios y desobedece Sus mandatos, perdiendo la protección divina.
La Presencia como Fuerza: Cuando Dios no pelea por ellos, el pueblo es vulnerable, su corazón desfallece y se vuelve como agua ante el pánico.
La Consecuencia de la Soberbia: Intentar conquistar o luchar sin buscar el rostro y la dirección de Dios resulta en fracaso, incluso cuando se confía en la propia estrategia militar.
Versículos Clave:
Josué 7:12: «Por eso los israelitas no pueden hacer frente a sus enemigos… No estaré más con ustedes, a menos que destruyan lo que les fue ordenado destruir».
2ª de Crónicas 7:14: «Si se humillare mi pueblo… y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos…».
Oseas 4:6: «Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento…».
En resumen, la presencia de Dios es esencial para garantizar la victoria, y la desobediencia o la autosuficiencia son las principales causas de derrota.
Malaquias 3:12 al 18. «Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos. Vuestras palabras contra mí han sido violentas, dice Jehová. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti? Habéis dicho: Por demás es servir a Dios. ¿Qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos afligidos en presencia de Jehová de los ejércitos? Decimos, pues, ahora: Bienaventurados son los soberbios, y los que hacen impiedad no sólo son prosperados, sino que tentaron a Dios y escaparon. Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre. Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve. Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.»
Bajo la Gracias: 1ª Corintios 10:9. «Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes.»
Isaias 63:10. «Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos.»
Hechos 13:41. «Mirad, oh menospreciadores, y asombraos, y desapareced; Porque yo hago una obra en vuestros días, Obra que no creeréis, si alguien os la contare.»
Romanos 6:14. «Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.»
1er Titulo: Muerte y destrucción: cumplimiento del juicio divino. Versículos 1 y 2. Los filisteos, pues, pelearon contra Israel, y los de Israel huyeron delante de los filisteos, y cayeron muertos en el monte de Gilboa. Y siguiendo los filisteos a Saúl y a sus hijos, mataron a Jonatán, a Abinadab y a Malquisúa, hijos de Saúl. (Léase: 1ª de Samuel 28:15 al 19. Y Samuel dijo a Saúl: ¿Por qué me has inquietado haciéndome venir? Y Saúl respondió: Estoy muy angustiado, pues los filisteos pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí, y no me responde más, ni por medio de profetas ni por sueños; por esto te he llamado, para que me declares lo que tengo que hacer. Entonces Samuel dijo: ¿Y para qué me preguntas a mí, si Jehová se ha apartado de ti y es tu enemigo? Jehová te ha hecho como dijo por medio de mí; pues Jehová ha quitado el reino de tu mano, y lo ha dado a tu compañero, David. Como tú no obedeciste a la voz de Jehová, ni cumpliste el ardor de su ira contra Amalec, por eso Jehová te ha hecho esto hoy. Y Jehová entregará a Israel también contigo en manos de los filisteos; y mañana estaréis conmigo, tú y tus hijos; y Jehová entregará también al ejército de Israel en mano de los filisteos. ▬ Salmo 73:27 y 28. Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán; Tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta. Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; He puesto en Jehová el Señor mi esperanza, Para contar todas tus obras.).
Muerte y destrucción: cumplimiento del juicio divino: El juicio divino se describe bíblicamente como un acto de justicia final frente a la impiedad, resultando en muerte y destrucción para quienes rechazan la voluntad de Dios, incluyendo la destrucción de «Babilonia la Grande» y la purificación del cosmos por fuego. Este proceso incluye juicios particulares tras la muerte y un juicio general final.
Referencias Bíblicas Clave:
Ezequiel 14:21: «Por lo cual así ha dicho Jehová el Señor: ¿Cuánto más cuando yo enviare contra Jerusalén mis cuatro juicios terribles, espada, hambre, fieras y pestilencia, para cortar de ella hombres y bestias?» Menciona los cuatro castigos fatales de Dios (guerra, hambre, bestias feroces y peste).
2 Pedro 3:10-13: «Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.» Describe la destrucción de la tierra y los cielos por fuego.
Apocalipsis 17:1-6, « Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas; con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación. Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA. Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi, quedé asombrado con gran asombro.» 18:8, 20: Habla sobre el juicio de «Babilonia la Grande».
Mateo 25:41: «Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.» Menciona el fuego eterno como castigo.
2° Titulo: Trágico final al ser desechados por Dios. Versículos 3 y 4. Y arreció la batalla contra Saúl, y le alcanzaron los flecheros, y tuvo gran temor de ellos. Entonces dijo Saúl a su escudero: Saca tu espada, y traspásame con ella, para que no vengan estos incircuncisos y me traspasen, y me escarnezcan. Mas su escudero no quería, porque tenía gran temor. Entonces tomó Saúl su propia espada y se echó sobre ella. (Léase: Gálatas 6:7 y 8. No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; más el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. ▬ Los Hechos 1:16 al 18. Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús, y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio. Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron.).
Trágico final al ser desechados por Dios. Ser desechado por Dios en la Biblia conlleva trágicos finales marcados por el abandono a sus propios caminos, resultando en desobediencia, guerra, muerte y desesperación. Ejemplos notables incluyen la derrota y suicidio del rey Saúl, el castigo a los hijos de Elí por profanar el tabernáculo, y las consecuencias de la desobediencia de Israel en el libro de los Jueces.
Ser desechado por Dios tras abandonar su consejo implica quedar a merced de las propias decisiones, resultando en consecuencias trágicos como la inmoralidad y la ruina, ejemplificado en la historia de Israel. Bajo la gracia, este destino trágico es un rechazo a la salvación ofrecida, donde el pecado lleva a la perdición.
Consecuencias Espirituales: Ser desechado implica la pérdida de la protección y guía divina, lo que lleva a la aridez espiritual, mentes distorsionadas y un espíritu deprimido.
Aunque estos relatos muestran un final trágico, también se subraya la paciencia de Dios, indicando que hay oportunidades de arrepentimiento y retorno.
1ª Samuel 2:22-25. «Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión. Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová. Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; más si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir.»
Lucas 17:10. «Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.»
Mateo 6:24. «Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.»
3er Titulo: Irresponsabilidad de los padres que destruye el hogar. Versículos 5 y 6. Y viendo su escudero a Saúl muerto, él también se echó sobre su espada, y murió con él. Así murió Saúl en aquel día, juntamente con sus tres hijos, y su escudero, y todos sus varones. (Léase: 1ª de Samuel 3:11 al 13. Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos. Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin. Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado. ▬ Proverbios 14:1. La mujer sabia edifica su casa; Mas la necia con sus manos la derriba.).
Irresponsabilidad de los padres que destruye el hogar. Los padres tienen la responsabilidad sagrada ante Dios de criar, enseñar y proteger a sus hijos en el temor del Señor, proveyendo tanto para sus necesidades físicas como espirituales. Esta labor incluye educar en la fe, el amor y la virtud, modelando un comportamiento pío para prepararlos para la vida eterna.
La irresponsabilidad parental, manifestada en el descuido de las necesidades familiares, inmadurez, falta de control emocional y descontrol en la crianza, destruye el hogar al generar un ambiente tóxico y de inestabilidad. Padres ausentes, adictos o abusivos verbalmente rompen el equilibrio emocional, provocando profundas secuelas y resentimiento en los hijos.
Principales formas de irresponsabilidad que destruyen el hogar: Padres ausentes y negligentes: El descuido de la crianza por enfocarse en el trabajo, el entretenimiento o el egoísmo daña el vínculo familiar.
Abuso emocional y verbal: Gritar, criticar severamente, avergonzar o no sintonizar con los sentimientos de los hijos daña su bienestar emocional.
Violencia y adicciones: El abuso físico, el alcoholismo, la droga y el descontrol de carácter crean un entorno insoportable y peligroso.
Conflictos conyugal y falta de unidad: Pelear frente a los hijos, la infidelidad y no mantener la misma línea de crianza destruyen la estructura familiar.
Negligencia en la educación: No establecer límites claros ni guiar a los niños, permitiendo que tomen el control del hogar.
Desorden moral y financiero: Vidas desordenadas y mal manejo del dinero que provocan crisis económicas.
La irresponsabilidad, ya sea por parte del hombre o la mujer, convierte al hogar en un lugar de inseguridad en lugar de un refugio. El resultado final, a menudo, es la ruptura del matrimonio y la destrucción de la familia.
El Fracaso De Los Hombres: Nuestra cultura culpa a la mujer cuando un hogar se rompe y aunque eso puede ser el consenso de la sociedad, Dios lo ve de otra manera. En la economía de Dios, el hombre es responsable. De eso se trata el liderazgo: de responsabilidad. Ahora, con toda honestidad, no es de extrañar que culpemos a otros como hombres, después de todo, eso es exactamente lo que nuestro antepasado Adán culpó a la mujer. Sin embargo, es instructivo que Dios diga a través de Adán (y no de Eva) que todos los hombres pecaron (Romanos 5:12-17).
Amigos, no se equivoquen, la falta de liderazgo de los hombres en el hogar siempre lleva a su destrucción. Eso es lo que sucedió con la familia de Adán (Génesis 3:1-8). Son los maridos que tienen la tarea de guiar y discipular a sus esposas para presentarlas santas e irreprensibles ante el Señor (Ef. 5:23-32), son los padres los encargados de instruir a sus hijos en la justicia (Ef. 6:4). Cuando los pastores de la familia fracasan, la familia fracasa.
Efesios 5:22 al 33. «Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; más yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.»
Efesios 6:4. «Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.»
Romanos 5:12 al 17. «Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado. No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir. Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo. Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.»
Amén, para la honra y gloria de Dios.


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