LECCIÓN: Números 28:1 al 8. 1. Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2. Manda a los hijos de Israel, y diles: Mi ofrenda, mi pan con mis ofrendas encendidas en olor grato a mí, guardaréis, ofreciéndomelo a su tiempo. 3. Y les dirás: Esta es la ofrenda encendida que ofreceréis a Jehová: dos corderos sin tacha de un año, cada día, será el holocausto continuo. 4. Un cordero ofrecerás por la mañana, y el otro cordero ofrecerás a la caída de la tarde; 5. y la décima parte de un efa de flor de harina, amasada con un cuarto de un hin de aceite de olivas machacadas, en ofrenda. 6. Es holocausto continuo, que fue ordenado en el monte Sinaí para olor grato, ofrenda encendida a Jehová. 7. Y su libación, la cuarta parte de un hin con cada cordero; derramarás libación de vino superior ante Jehová en el santuario. 8. Y ofrecerás el segundo cordero a la caída de la tarde; conforme a la ofrenda de la mañana y conforme a su libación ofrecerás, ofrenda encendida en olor grato a Jehová.
Referencias Bíblicas: «Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.» (2ª de Corintios 9:6-7).
«Honra a Jehová con tus bienes, Y con las primicias de todos tus frutos; Y serán llenos tus graneros con abundancia, Y tus lagares rebosarán de mosto» (Proverbios 3:9-10).
«Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas. Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas. Y dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos. Porque todos aquéllos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; más ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía.» (Lucas 21:1 al 4).
«Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.» (Hebreos 13:5).
Definición: La finalidad principal de la ofrenda en el Antiguo Testamento era establecer un puente de comunión entre un Dios santo y un pueblo pecador, sirviendo como expiación de pecados, reconocimiento de la soberanía divina, gratitud por sus bendiciones y consagración de la vida del adorador a través de sacrificios.
Los propósitos clave incluían:
Expiación y Perdón (Ofrendas por el pecado): La ofrenda (generalmente animales) actuaba como un sustituto que recibía el castigo por los pecados, permitiendo el perdón y la purificación.
Adoración y Consagración (Holocaustos): El holocausto, consumido totalmente por el fuego, simbolizaba la entrega total y la sumisión de la persona a Dios.
Gratitud y Fraternidad (Ofrendas de paz/presentes): Expresaban agradecimiento y alegría, y a menudo compartían una comida entre Dios (representado por el altar), los sacerdotes y el oferente.
Reconocimiento de Mayordomía: Reconocer que todo lo que tenían provenía de Dios, devolviéndole una parte como señal de fidelidad.
Las ofrendas en el Antiguo Testamento también funcionaban como «sombras» o un anticipo del sacrificio perfecto y definitivo de Jesús, eliminando la necesidad de sacrificios animales continuos en la era cristiana.
En el Nuevo Testamento, la finalidad de la ofrenda pasó de ser un sacrificio ritual a un acto voluntario de adoración, gratitud y amor hacia Dios.
Busca sostener la obra del ministerio, ayudar a los necesitados (especialmente a los hermanos en la fe) y fomentar la generosidad sin obligación, reflejando el amor de Cristo.
Principio del Nuevo Testamento: Pablo enseña que la ofrenda debe ser dada con alegría, generosidad y según lo que cada uno haya decidido en su corazón, no por tristeza ni necesidad.
Las ofrendas instituidas por dios para bendición de su pueblo: Variaciones de un tema majestuoso: Los dos capítulos siguientes (28–29) describen las ofrendas y fiestas de Israel durante el período de un año. Estos sacrificios solamente se podían ofrecer después de que el pueblo se hubiera asentado en Canaán, puesto que requerían productos de ganado y agricultura, lo cual era imposible en el árido desierto. Las fiestas anuales no se podían celebrar de la manera que se debía hasta que el pueblo se hubiera convertido en una comunidad establecida. Las instrucciones que Dios dio para la adoración de Israel les aseguraban de que cruzarían el Jordán, como prometió.
Los dos capítulos nos presentan el calendario de un sacerdote que describe el patrón de adoración de la comunidad para sus celebraciones diarias (28:1–8), semanales (28:9–10), mensuales (28:11–15) y anuales (28:16–29:40). Hay listas similares anteriormente en Números (15:1–16) y en otros lugares de las Escrituras. Este calendario en particular se centra en las responsabilidades de los sacerdotes en el orden correcto del sistema de sacrificios, mientras que la lista de Levítico trata más sobre las obligaciones del adorador. El sumo sacerdote, Eleazar (27:21), y sus compañeros le acababan de recordar a Josué el papel importante que debía desempeñar en la vida espiritual de la comunidad. Después de eso, hay una descripción de sus deberes y privilegios cada día del año. La adoración y celebración dominan este capítulo.
El patrón de adoración de Israel se transmitía de dos formas. Los sacrificios eran “oraciones dramatizadas” que expresaban sus anhelos humanos más profundos, y “promesas o advertencias divinas dramatizadas” que comunicaban visualmente la voluntad del Señor para la vida diaria de su pueblo. Las sorprendentes ayudas visuales menos, a creer que un día podrían presentar tales ofrendas a Dios. Ahora, la nueva generación tenía el país prometido ante sí y su patrón de adoración incluía la presentación de ofrendas de una tierra rica y fértil. Este calendario es un testimonio más de la fiabilidad de las promesas de Dios. Entrarían en una tierra de abundancia. Dios se merece lo mejor que tenemos, pero, además, mantiene su palabra y siempre da lo mejor a su pueblo.
Dios se merece lo mejor de nosotros
La adoración es el reconocimiento gozoso de que Dios es digno. Este calendario de devoción israelita comienza con el mandato de Dios a su pueblo: “Tendréis cuidado de presentar mi ofrenda, mi alimento para mis ofrendas encendidas” (28:2). Las normas que regulaban este sacrificio en Levítico 1 insisten una y otra vez en que la ofrenda se debe quemar por completo. Otros sacrificios, aunque expresaban la adoración de Israel, eran divididos por el sacerdote: una parte se ofrecía al Señor, otras se distribuían a los sacerdotes y sus familias, y a veces se ofrecían algunas en una comida de celebración. Sin embargo, en el holocausto, que es el primero de la lista, “el sacerdote lo quemará todo sobre el altar”. No se guardaba nada para uso personal o sacerdotal. Simbolizaba la verdad de que el Señor se merece lo mejor que le podamos dar.
La misma verdad también está representada por la alta calidad de todo lo que se ofrece. Los corderos debían ser físicamente intachables, sin defecto (3, 9), al igual que los novillos (11, 19). Los sacrificios tenían que ser completamente perfectos (28:31; 29:2, 8, 13, 17, 20, 23, 26, 29, 32, 36). Así también para su ofrenda diaria de cereal debían utilizar flor de harina (28:5, 9, 12, 13, 20, 28; 29:3, 9, 14) o “harina de su elección” de “la más alta calidad”, la mejor harina que hubiera sido molida con todo cuidado y no preparada rápidamente. Del mismo modo, aceite batido (5) significa “aceite puro” que se hubiera “batido en un mortero”. La lámpara del tabernáculo y esas ofrendas de cereal diarias necesitaban este “aceite claro batido”. Estas ofrendas cotidianas mostraban visualmente la verdad de que Dios era tan grande y generoso, que sólo lo mejor era lo suficientemente bueno para él. Por desgracia, el pueblo de Dios no siempre ha ofrecido lo mejor que tenían. En los años posteriores al exilio, Malaquías habló sin temor ante ambos sacerdotes y las personas que tenían la desfachatez de presentar animales lisiados y enfermos. Estas ofrendas representaban un acto de desdén en lugar de gratitud. Dios prefería que dejaran los altares sin encender; no tenía intención de aceptar sacrificios tan refutables.
Dios da lo que promete
Los dones que se requieren en la presentación diaria de estas ofrendas de cereal no se podían presentar durante los viajes de Israel a través del desierto. El árido terreno del desierto, el clima precario y las migraciones frecuentes no eran condiciones propicias para cosechar y, por supuesto, no se les pedían sacrificios en esas circunstancias. Ahora, estaban en el umbral de una tierra que “mana leche y miel”; dentro de poco, el maná dejaría de caer alrededor de su campamento y comerían una gran variedad de productos en un país mejor. En la estructura literaria de este libro, hay normas sobre las ofrendas de cereal (15:1–21) que aparecieron inmediatamente después de que Israel se negara a entrar en Canaán. Esto animaba a los jóvenes, por lo menos, a creer que un día podrían presentar tales ofrendas a Dios. Ahora, la nueva generación tenía el país prometido ante sí y su patrón de adoración incluía la presentación de ofrendas de una tierra rica y fértil. Este calendario es un testimonio más de la fiabilidad de las promesas de Dios. Entrarían en una tierra de abundancia. Dios se merece lo mejor que tenemos, pero, además, mantiene su palabra y siempre da lo mejor a su pueblo.
A Dios le complace nuestra obediencia
Una frase familiar sacerdotal está plasmada en estos capítulos. Las ofrendas de Israel serían aroma agradable para el Señor (28:2, 6, 8, 13, 24, 27; 29:2, 6, 8, 13, 36). Dios se complacería tanto con el aroma como con los sacrificios de sus hijos obedientes a sus mandatos. Una vez que los sacrificios dejaron de expresar amor y obediencia, empezaron a ser ofensivos para Dios. El Señor no soportaba el ruido incesante de pisadas mientras las personas religiosas, pero sin amor, llenaban el templo en Jerusalén en el siglo VIII a.C. Isaías arremetió contra los rituales que llevaban a cabo meticulosamente: eran tan inaceptables como vacíos. A través de Isaías, el Señor les dijo a estas personas que estaba “harto” incluso de los mejores de sus animales más cebados. Estos sacrificios no eran un “aroma agradable” para el Señor, sino que suponían un despreciable “regalo de nada”.
En nuestra cultura posmoderna, la sumisión al plan de Dios para la vida humana no es un concepto popular, ni mucho menos. Se anima a las personas a que hagan cualquier cosa que les proporcione placer inmediato y supremo. Su atención no se debe desviar de sus propios deseos ni debe quedar afectada por tradiciones religiosas, convenciones morales o normas sociales. “Si te proporciona placer, hazlo” es el lema para el comportamiento de hoy en día. Este pensamiento egocéntrico choca de lleno con el patrón de Dios para la vida humana, que se muestra perfectamente en Cristo, quien se rindió completamente para hacer la perfecta voluntad de Dios. En ningún momento anheló buscar su propia satisfacción. Vino a este mundo específicamente para cumplir el propósito del Padre para su vida.783 La mayor ambición cristiana es seguir sus pasos, no los nuestros.
TEXTO: «“Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y delo recibido de tu mano te damos”» (1ª de Crónicas 29:14)
Comentario del texto: David bendice a Jehovah, 29:10–20. Es significativo que después de grandes contribuciones de David y también de la congregación, el Cronista registre una gran oración de alabanza. Ni David ni la congregación buscaban forma de hacer alarde de lo hecho por ellos; David sólo tiene palabras de gratitud a Dios por lo que él ha hecho. Así debe ser. El que conoce a Dios y se entrega a él nunca encuentra bases para vanagloriarse; sólo hay fundamentos para glorificar a Dios. Hay que recordar que estas palabras de alabanza no son únicamente las de David; el Cronista se hace presente mediante su selección de palabras, mediante su propia teología. Bien ha dicho Clyde Francisco que el Cronista no es sólo un propagandista a favor de David; es, más bien, un hombre sincero de fe; esta fe genuina se deja ver en esta composición tan linda. No es sorprendente, pues, el que los vv. 10–13 sean usados por los judíos en su liturgia. Se nota que en la composición de esta oración el Cronista emplea otros pasajes de Escritura tal y como lo hacía en 28:1–10. Se nota que hay considerable afinidad entre el v. 15 y el Salmo 39:12. Esta semejanza refleja el sentir del Cronista tanto como el del Salmista. Este sentir expresa una gran verdad: aunque el pueblo es de Dios, lo es por la pura gracia. El mismo pueblo reconoce, si es honesto consigo mismo, que su relación con Dios se debe únicamente a él; no hay nada en el mismo pueblo que lo haga merecedor de esa relación.
La segunda parte del v. 15 se asemeja a Job 8:9 y 14:2. Ambos pasajes reconocen la calidad del pueblo como ínfima, pues es sumamente pasajera y efímera. Es casi una quimera. Lo único permanente es el mismo Dios que hace que el pueblo exista.
Históricamente, el pueblo se habría desesperado de jamás volver a la gloria del tiempo de David; el Cronista, no obstante, recuerda al pueblo en esta oración que el Dios de David es el de ellos. En este Dios están el poder y el reino (vv. 11, 12). Al igual que sus antepasados, los patriarcas, son advenedizos y forasteros. Si tienen que ofrecer a Dios ahora para la construcción de su templo, se debe únicamente a todos los largos años en que Dios los ha acompañado desde sus inicios (v. 14).
Al final de la oración, David intercede por su hijo con el fin de que éste continúe la dinastía y termine la construcción del templo (v. 19).
De igual modo que David había dado primero de sus bienes para luego pedir a la congregación que hiciera lo mismo, ahora David desafía a la congregación a que bendiga a Jehovah después de haberlo hecho él mismo (v. 20). No es de extrañarse, pues, de que se le tuviera a David en alta estima como caudillo. Sólo pedía que otros hiciesen algo después de haber puesto el ejemplo él mismo. ¿No establece esto alguna clase de reto para nosotros?
1er Titulo: El dar: acto de gratitud y reconocimiento a Dios, a quien pertenece todo. Versículos 1 y 2. Habló Jehová a Moisés, diciendo: Manda a los hijos de Israel, y diles: Mi ofrenda, mi pan con mis ofrendas encendidas en olor grato a mí, guardaréis, ofreciéndomelo a su tiempo. (Léase: 1ª de Crónicas 16:28 y 29. Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos, Dad a Jehová gloria y poder. Dad a Jehová la honra debida a su nombre; Traed ofrenda, y venid delante de él; Postraos delante de Jehová en la hermosura de la santidad.).
Comentario de los 1-2. Versículo 1: Cuando Israel estuvo preparado para la conquista de la tierra prometida por la nueva numeración y alistamiento de sus hombres, y por el nombramiento de Josué como comandante, su relación con el Señor fue regulada por una ley que determinaba los sacrificios a través de los cuales debía mantener su comunión con su Dios día a día, y servirle como su pueblo (Nm 28 y 29). Por este orden de sacrificio, cuyo objeto era formar y santificar toda la vida de la congregación en un culto continuo, las leyes sacrificiales y festivas ya dadas en Éxodo 23:14-17; Éxodo 29:38-42; Éxodo 31:12-17; Levítico 23:1 y Números 25:1-12 fueron completados y ordenados en un todo unido y bien ordenado. “Era muy apropiado que esta ley se emitiera poco tiempo antes del avance hacia Canaán; porque fue allí primero donde los israelitas estuvieron en condiciones de llevar a cabo el culto sacrificial en toda su extensión, y de observar todas las leyes sacrificiales y festivas” (Knobel). La ley comienza con el holocausto diario por la mañana y por la tarde (Números 28:3-8), que fue instituido en el Sinaí en la dedicación del altar. No es meramente en aras de la exhaustividad que se introduce aquí, o con el propósito de incluir todos los sacrificios nacionales que debían ofrecerse durante todo el año en un resumen general; pero también por una razón interna, a saber, que el sacrificio diario también debía ofrecerse en los sábados y días festivos, para acompañar a los sacrificios festivos generales y especiales, y para formar el sustrato común para todos ellos. Luego sigue en Números 28:9-15 los sacrificios que se ofrecen en el sábado y en la luna nueva; y en Núm 28,16 – Núm 29,38 los sacrificios generales para las diversas fiestas anuales, que debían añadirse a los sacrificios propios de cada fiesta particular, señalados en el tiempo de su primera institución, y siendo especialmente adaptado para dar expresión a su carácter específico, de modo que, en las fiestas anuales, la congregación tenía que ofrecer sus diferentes tipos de sacrificios: (a) el sacrificio diario de la mañana y de la tarde; (b) los sacrificios generales que se ofrecían en cada día de fiesta; y (c) los sacrificios festivos que eran peculiares a cada fiesta en particular. Este arreglo acumulativo debe explicarse por el significado de los sacrificios diarios y festivos. En el holocausto diario, la congregación de Israel, como congregación de Jehová, debía santificar su vida, cuerpo, alma y espíritu al Señor su Dios; y en los días de fiesta del Señor debía dar expresión a esta santificación en una forma intensificada. Esta exhibición práctica más fuerte de la santificación de la vida fue encarnada en la adoración por la elevación y graduación del sacrificio diario, mediante la adición de una segunda y mucho más considerable ofrenda quemada, ofrenda de carne y ofrenda de bebida. La graduación estaba regulada por la importancia de las festividades. En los sábados se duplicaba el sacrificio diario, mediante la presentación de un holocausto consistente en dos corderos. En los demás días de fiesta se aumentaba con un holocausto compuesto de bueyes, carneros y corderos de un año, que siempre iba precedido de una ofrenda por el pecado. – Como el séptimo día de la semana, siendo sábado, se distinguía de los demás días de la semana, como día consagrado al Señor en mayor grado que los demás, por un holocausto aumentado, una ofrenda de cereal , y libación; de modo que el séptimo mes, siendo un mes sabático, fue elevado por encima de los otros meses del año, y santificado como un mes festivo, por el hecho de que, además de los sacrificios ordinarios de luna nueva de dos becerros, un carnero y siete corderos de un año, también se ofrecía un sacrificio festivo especial, que consistía en un becerro, un carnero y siete corderos de un año (Números 29:2), que también se repetía en el día de la expiación, y al final de la fiesta de los Tabernáculos ( Números 29:8, Números 29:36); y también que la fiesta de los Tabernáculos, que caía en este mes, se celebraría con un número mucho mayor de holocaustos, como la fiesta más grande y sagrada de la congregación de Israel.
(Nota: los comentarios de Knobel en cuanto a la diferencia en los sacrificios no solo son erróneos, sino que también pueden inducir a error y tienden a oscurecer y distorsionar los hechos reales. fiesta a Jehová, es decir, la porción sabática de la séptima luna nueva, el día de expiación y el día de cierre de las fiestas anuales, los sacrificios consistían en un becerro, un carnero y siete corderos de un año (Números 29:2, Números 29:8, Números 29:36); mientras que en las fiestas más antiguas que hacían referencia a la naturaleza, como las lunas nuevas, los días de los panes sin levadura y la fiesta de las Semanas, consistían en dos becerros, un carnero, y siete corderos de un año (Números 28:11, Números 28:19, Números 28:24, Números 28:27; Números 29:6), y en la fiesta de los Tabernáculos de un número aún mayor, especialmente de becerros (Números 29: 12.) En el último, Jehová fue especialmente honrado, por haber derramado Su bendición sobre la naturaleza, y concedido una abundante cosecha al cultivo del suelo. El buey era la bestia de la agricultura.” No eran las llamadas “fiestas más antiguas que hacían referencia a la naturaleza” las que se distinguían por un mayor número de animales de sacrificio, por encima de las fiestas que tenían por objeto ser fiestas generales para Jehová, sino únicamente las fiestas del séptimo mes. Así, el día de la séptima luna nueva se celebraba con un sacrificio doble de luna nueva, a saber, con tres bueyes, dos carneros y catorce corderos de un año; la fiesta de la expiación, como fiesta introductoria de la fiesta de los Tabernáculos, mediante un sacrificio festivo especial, mientras que el día de la Pascua, que le correspondía en el primer ciclo festivo, como fiesta introductoria de la fiesta de los panes sin levadura, no tenía sacrificios festivos generales; y, finalmente, la fiesta de los Tabernáculos, no sólo por un aumento muy considerable en el número de los sacrificios festivos en cada uno de los siete días, sino también por la adición de un octavo día, como octava de la fiesta, y un sacrificio festivo correspondiente a los del primero y séptimo día de este mes.)
Todas las fiestas de todo el año, por ejemplo, formaban un ciclo de días festivos, ordenados según el número siete, que tenía su punto de partida y centro en el sábado, y se regulaba según la división del tiempo establecida en la creación, en semanas, meses, años y períodos de años, ascendiendo del sábado semanal al sábado mensual, al año sabático y al año del jubileo. En este ciclo de períodos sagrados, regulado como estaba por el número siete, y siempre expandiéndose en círculos cada vez más grandes, estaba encarnada toda la revolución de festivales que se repiten anualmente, establecidos para conmemorar las obras poderosas del Señor para la preservación e inspiración de su pueblo Y esto se hizo de la siguiente manera: en primer lugar, el número de fiestas anuales ascendía a exactamente siete, de las cuales las dos principales (Mazzot y la fiesta de los Tabernáculos) duraban siete días; en segundo lugar, en todas las fiestas, algunas de las cuales duraban sólo un día, mientras que otras duraban siete días, sólo había siete días que debían observarse con descanso sabático y santa reunión; y en tercer lugar, las siete fiestas se formaban en dos grandes círculos festivos, cada uno de los cuales consistía en una fiesta de introducción, la fiesta principal de siete días y una fiesta de clausura de un día. El primero de estos círculos festivos conmemoraba la elevación de Israel a la nación de Dios y su subsiguiente preservación. Comenzó el 14 de Abib (Nisán) con la Pascua, que fue designada para conmemorar la liberación de Israel del ángel destructor que hirió a los primogénitos de Egipto, como la fiesta introductoria. Culminó en la fiesta de los siete días de los panes sin levadura, como la fiesta de la liberación de Israel de la esclavitud, y su elevación a la nación de Dios; y cerró con la fiesta de las Semanas, Pentecostés, o la fiesta de la Cosecha, que se celebraba siete semanas después de la ofrenda de la gavilla de las primicias, en el segundo día de Mazzot. Este círculo festivo contenía solo tres días que debían guardarse con descanso sabático y una reunión santa (a saber, el primero y el séptimo día de Mazzot y el día de Pentecostés). El segundo círculo festivo caía íntegramente en el mes séptimo, y su objeto principal era inspirar a los israelitas a gozar de las bendiciones de su Dios: por eso se celebraba con la presentación de gran número de holocaustos. Este círculo festivo se abrió con el día de la expiación, que fue designado para el décimo día del séptimo mes, como la fiesta introductoria, culminó con la fiesta de los siete días de los Tabernáculos, y se cerró con el octavo día, que se agregó a los siete días. fiestas como la octava de este círculo festivo, o el cierre solemne de todas las fiestas del año. Esto también incluía solo tres días que debían conmemorarse con un descanso sabático y una reunión santa (el 10, 15 y 22 del mes); pero a estos hay que añadir el día de las trompetas, con que comenzaba el mes, que era también sábado de descanso con santa reunión; y esto completa los siete días de descanso.
Versículo 2: Números 28:2 contiene la instrucción general de ofrecer al Señor Su ofrenda sacrificial “en el tiempo señalado por Él”. Sobre corbán, véase en Levítico 1:2; sobre “el pan de Jehová”, en Levítico 3:11; sobre el “sacrificio hecho por fuego” y “olor grato”, en Levítico 1:9; y sobre “moed”, en Levítico 23:2, Levítico 23:4.
2° Título: Vida consagrada a Dios, que debe ser presentada diariamente. Versículos 3 al 5. Y les dirás: Esta es la ofrenda encendida que ofreceréis a Jehová: dos corderos sin tacha de un año, cada día, será el holocausto continuo. Un cordero ofrecerás por la mañana, y el otro cordero ofrecerás a la caída de la tarde; y la décima parte de un efa de flor de harina, amasada con un cuarto de un hin de aceite de olivas machacadas, en ofrenda. (Léase: Romanos 12:1 y 2. Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.).
Vida consagrada a Dios: En la Biblia, la palabra consagración significa «la separación que uno hace de las cosas impuras, especialmente de cualquier cosa que pueda contaminar nuestra relación con un Dios perfecto». Consagración también tiene la connotación de santificación, santidad o pureza.
La importancia de ser consagrados o puros en nuestra relación con Dios se enfatiza en un acontecimiento del libro de Josué. Después de cuarenta años en el desierto, los hijos de Israel estaban a punto de cruzar el río Jordán hacia la tierra prometida. Luego se les dio una orden y una promesa: «Y Josué dijo al pueblo: Santificaos, porque el Señor hará mañana maravillas entre vosotros’». (Josué 3:5).
Al pueblo de Dios se le ordenó bañarse y cambiarse de ropa; los matrimonios debían dedicarse por completo al Señor (1 Corintios 7:1-6). El significado de este mandamiento era que en la antigüedad se consideraba que el agua era un lujo y como tal no se utilizaba para la higiene personal. El baño y el cambio de ropa simbolizaban un nuevo comienzo con el Señor. Lo que se quiere mostrar aquí es que el pecado es la contaminación (Salmo 51:2, 7), y tenemos que estar limpios antes de poder seguir verdaderamente a Dios.
Referencias bíblicas: «Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré» (2ª Corintios 6.17).
«Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.» (1ª de Pedro 2:9-10).
«Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.» (Efesios 4:26-27).
Comentario de Romanos 12: 1-2: Estos dos versículos proporcionan una transición del significado del evangelio a sus implicaciones en la conducta cristiana y es sin duda uno de los pasajes más profundos y significativos de toda la Escritura. El “por lo tanto” introductorio (oun) nos dice que esta es una conclusión o inferencia de todo lo anterior (1:18–11:36). El verbo fuerte “exhorto” (parakalō) es una mejor traducción que la NVI “ruego” en este contexto. Esta es una proclamación autorizada que exige una atención seria. Es uno de los verbos favoritos de Pablo en contextos de enseñanza y le dice al lector que escuche y actúe según lo que se dice.
Ofrezcan todo su ser como sacrificio a Dios (12:1)
La frase “tomando en cuenta la misericordia de Dios,” se remonta al énfasis de la misericordia de Dios en 11:30–36, pero en realidad resume los once capítulos sobre cómo Dios ha traído la salvación a la humanidad a través de la muerte de Cristo. Aunque Pablo menciona la misericordia de Dios solo en los capítulos 9–11, es la base de todo en Romanos. La gracia a menudo se define como “misericordia inmerecida”, y el evangelio en sí mismo puede ser etiquetado como el resultado de la misericordia de Dios con los pecadores.
No se amolden sino sean transformados (12:2)
En el versículo 1, Pablo describe el qué de la vida cristiana (ofrécete a ti mismo como un sacrificio a Dios), y en el versículo 2 describe el cómo (negarse a amoldarse al mundo actual y dejarse transformar por el Espíritu). Los dos aspectos interdependientes de la vida sacrificada involucran tanto lo negativo (no se amolden) como lo positivo (sean transformados). Los eruditos solían definir “amoldar” (syschēmatizō) como el lado externo que trata con las apariencias y “transformar” (metamorphoō) como el lado interno y poderoso, pero eso ha sido refutado. El primero significa modelarse según otra persona o cosa; J. B Phillips traduce esto de forma correcta: “no dejes que el mundo te apriete en su molde”, como lo dice la NTV, “No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo”.
Las fuerzas del “mundo actual” (el tiempo en que reina el pecado, 5:21; 7:17, 20, 23) están invadiendo y ganando control, obligando a creyentes y no creyentes a amoldarse a sus ideales: el consumismo, el deseo de estatus y éxito, el principio del placer, el sexo y la buena apariencia, etc. Pedro describe este proceso en 1 Pedro 4:4, la gente de este mundo “les parece extraño que ustedes ya no corran con ellos en ese mismo desbordamiento de inmoralidad, y por eso los insultan”. Esta es una excelente definición de la presión de grupo. La única solución viable es rechazar y recurrir al Espíritu para que la fuerza se eleve por encima de la presión. También debemos asegurarnos de que nuestros amigos más cercanos sean creyentes sólidos que estarán allí para agregar su fuerza en nuestro momento de debilidad (Hebreos 12:12–13).
El antídoto contra amoldarnos al mundo es: “sean transformados por la renovación de su mente”. Hay un sentido pasivo aquí en donde el poder transformador es el Espíritu Santo, que penetra hasta lo más profundo de nuestro ser y nos da forma. Una nueva creación (2Co 5:17). El término griego (metamorphoō) nos ha dado en español metamorfosis, que significa “cambiar paso a paso” a una nueva criatura en Cristo como un presagio de lo que seremos por toda la eternidad.
3er Título: Vida íntegra en santidad y gozo: un olor grato a Dios. Versículos 6 al 8. Es holocausto continuo, que fue ordenado en el monte Sinaí para olor grato, ofrenda encendida a Jehová. Y su libación, la cuarta parte de un hin con cada cordero; derramarás libación de vino superior ante Jehová en el santuario. Y ofrecerás el segundo cordero a la caída de la tarde; conforme a la ofrenda de la mañana y conforme a su libación ofrecerás, ofrenda encendida en olor grato a Jehová. (Léase: Salmo 24:3 al 6. ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni jurado con engaño. El recibirá bendición de Jehová, Y justicia del Dios de salvación. Tal es la generación de los que le buscan, De los que buscan tu rostro, oh, Dios de Jacob. Selah. ▬ Eclesiastés 9:8. En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.).
Comentario del Versículos 6 al 8: “El sacrificio diario: como ya había sido instituido en el Sinaí (Éxodo 29:38-42). Versículos 7-8 “En el santuario”, es decir, περὶ τὸν βωμόν (alrededor del altar), como lo parafrasea Josefo (Ant. iii. 10); no “con (en) vasos sagrados”, como lo interpretan Jonathan y otros. “Derramad una libación, como שׁכר para Jehová.” (Shecar) no significa bebida embriagante aquí (ver Levítico 10:9), sino bebida fuerte, a diferencia del agua como simple bebida. La libación consistía únicamente en vino (ver en Números 15:5); y por eso Onkelos lo parafrasea, “de vino añejo”
Vida íntegra en santidad y gozo: un olor grato a Dios: Una vida íntegra en santidad y gozo es un aroma grato a Dios, reflejando el carácter de Cristo mediante la obediencia, el amor y la separación del pecado. Esta fragancia espiritual se cultiva diariamente en todas las áreas de la vida —trabajo, hogar, redes sociales—, transformando al creyente en un testimonio vivo de esperanza.
Referencias Bíblicas: «Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a estos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquellos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente? Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que, con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo.» (2ª de Corintios 2:15-17).
Ejemplo de olor fragante: «Mas tuve por necesario enviaros a Epafrodito, mi hermano y colaborador y compañero de milicia, vuestro mensajero, y ministrador de mis necesidades; porque él tenía gran deseo de veros a todos vosotros, y gravemente se angustió porque habíais oído que había enfermado. Pues en verdad estuvo enfermo, a punto de morir; pero Dios tuvo misericordia de él, y no solamente de él, sino también de mí, para que yo no tuviese tristeza sobre tristeza. Así que le envío con mayor solicitud, para que, al verle de nuevo, os gocéis, y yo esté con menos tristeza. Recibidle, pues, en el Señor, con todo gozo, y tened en estima a los que son como él; porque por la obra de Cristo estuvo próximo a la muerte, exponiendo su vida para suplir lo que faltaba en vuestro servicio por mí.» (Filipenses 2:25-30).
Amen Para La Honra Y Gloria De Dios.


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