Lección: 2° de Samuel 1:11 al 16. 11. Entonces David, asiendo de sus vestidos, los rasgó; y lo mismo hicieron los hombres que estaban con él. 12. Y lloraron y lamentaron y ayunaron hasta la noche, por Saúl y por Jonatán su hijo, por el pueblo de Jehová y por la casa de Israel, porque habían caído a filo de espada. 13. Y David dijo a aquel joven que le había traído las nuevas: ¿De dónde eres tú? Y él respondió: Yo soy hijo de un extranjero, amalecita. 14. Y le dijo David: ¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para matar al ungido de Jehová? 15. Entonces llamó David a uno de sus hombres, y le dijo: Ve y mátalo. Y él lo hirió, y murió. 16. Y David le dijo: Tu sangre sea sobre tu cabeza, pues tu misma boca atestiguó contra ti, diciendo: Yo maté al ungido de Jehová.
Comentario del contexto Bíblico: Un amalequita trae la noticia a David, 1:1–16. David permaneció por algún tiempo bajo la protección del rey filisteo Aquis, con el cual hizo una alianza para protegerse de Saúl. Aquis en retorno por la alianza dio a David la ciudad de Siglag, y allí permaneció David junto con sus dos esposas Ajinoam y Abigail. Cuando el amalequita trajo la noticia de la muerte de Saúl, David se encontraba en Siglag; la ciudad había sido incursionada e incendiada por un ejército de amalequitas, pero David los per-siguió y los destruyó. Tres días después de su victoria, vino un amalequita que servía en el ejército de Saúl, quien traía su ropa rasgada y su cabeza llena de tierra en señal de dolor y duelo; el ejército israelita había sido derrotado en Gilboa y Saúl y Jonatán habían caído muertos en la batalla.
El amalequita trajo la noticia a David seguramente para ganar el favor de David, trajo a David la diadema y la argolla de Saúl, y mintió diciendo que él había terminado de dar muerte a Saúl (de acuerdo a 1 Samuel 31:4, Saúl mismo había tomado su propia espada para quitarse la vida). David lamentó mucho la muerte de Saúl, Jonatán y los demás israelitas en el monte de Gilboa. En expresión de su dolor, David y los que le acompañaban se rasgaron sus vestiduras, lloraron y ayunaron hasta el anochecer; fue una expresión genuina de dolor por la muerte de aquellos israelitas. David, aunque estaba en alianza con un rey filisteo por razones de seguridad y protección, no se había vuelto traidor a su propio pueblo.
David sintió furor contra el amalequita que decía haber terminado con la vida de Saúl; ni David mismo se había atrevido a matar a Saúl; fue de mucha indignación para David el atrevimiento de aquel amalequita. David, quien siempre había demostrado respeto hacia la autoridad de Saúl, mandó la ejecución del amalequita.
Reverencia y respeto de David por la autoridad escogida por Dios: La reverencia de David por la autoridad divina se demostró al negarse a matar a Saúl, a pesar de tener la oportunidad y ser perseguido injustamente. David respetó a Saúl como el «ungido de Jehová», confiando el juicio a Dios en lugar de tomar venganza personal, evidenciando un corazón conforme al de Dios.. Esta conducta posicionó a David como un líder humilde que valoraba el propósito divino por encima de sus propios intereses.
La reverencia bíblica. es un profundo respeto, asombro y amor hacia Dios, motivado por su santidad y poder, que se manifiesta tanto en la actitud interior como en el comportamiento externo. No es terror, sino un temor reverencial que reconoce la grandeza divina y lleva a la obediencia, adoración y honra
Pensamiento: Algunos se preguntan cómo pudo haber hecho esto David sin ser detectados. Saúl pudo haber dejado aparte su manto en alguna parte de la cueva, y haber hecho sus necesidades en otro lado, y así David no tuvo que ponerse justo al lado de Saúl para cortar la orilla de su manto. O, también puede ser que había suficiente ruido y conmoción de los miles de hombres fuera de la cueva junto con sus caballos que David simplemente era indetectable.
David decidió perdonar la vida de Saúl porque sabía que la promesa de Dios decía: “Tú heredarás el trono de Israel”. Sabía que Saúl se interponía con esa promesa. Pero también sabía que sería desobediencia de su parte matar a Saúl, porque Dios puso a Saúl en una posición de autoridad y era el trabajo de Dios encargarse de Saúl no de David. David quería que se cumpliera la promesa, pero se negoció a tratar de cumplirla a través de su propia desobediencia.
Algunas veces cuando tenemos una promesa de Dios creemos que estamos justificados al pecar persiguiendo esa promesa. Esto siempre está mal. Dios cumplirá sus promesas, pero lo hará a su manera, y lo hará con justicia. Más bien tenemos que ser como Abraham, quien obedeció a Dios incluso cuando parecía ser a expensas de la promesa de Dios, estando dispuesto a sacrificar al hijo de la promesa (Génesis 22). Aún más, necesitamos ser como Jesús, que no tomó la oferta de Satanás “ganarse al mundo” a expensas de la obediencia (Lucas 4:5-8).
En todo esto, vemos que David supo no sólo cómo esperar en Jehová, sino también cómo esperar por Jehová. “Nosotros esperamos en el Señor en oración y súplica, esperando la indicación de su voluntad; nosotros esperamos por el Señor en paciencia y sumisión, buscando la intervención de su mano”. (Meyer) David estaba decidido a que cuando se sentara en el trono de Israel no sería porque sacó a Saúl del camino sino porque Dios sacó a Saúl del camino. Él quería las huellas de Dios en ese trabajo, no las suyas, y quería la conciencia limpia que viene de saber que fue obra de Dios.
También vemos que el corazón de David no almacenó amargura ni ira hacia Saúl. Incluso cuando Saúl hizo la vida de David totalmente miserable, David siguió llevándolo a Jehová, y recibió la limpieza del daño y de la amargura que Jehová puede dar. Si David hubiera guardado amargura o ira hacia Saúl probablemente no hubiera podido resistir la tentación de matarlo cuando parecía ser una oportunidad “libre de riesgos”.
Referencias Bíblicas: 1ª de Samuel 24:7 al 7. «Entonces los hombres de David le dijeron: He aquí el día de que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu mano, y harás con él como te pareciere. Y se levantó David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl. Después de esto se turbó el corazón de David, porque había cortado la orilla del manto de Saúl. Y dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová. Así reprimió David a sus hombres con palabras, y no les permitió que se levantasen contra Saúl. Y Saúl, saliendo de la cueva, siguió su camino.»
Proverbios 1:7. «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.»
Levítico 19:30. «Mis días de reposo guardaréis, y mi santuario tendréis en reverencia. Yo Jehová»
Hebreos 12:28-29. «Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor.»
1er Título: Profundo dolor por la muerte del ungido de Jehová. Versículos 11 y 12. Entonces David, asiendo de sus vestidos, los rasgó; y lo mismo hicieron los hombres que estaban con él. Y lloraron y lamentaron y ayunaron hasta la noche, por Saúl y por Jonatán su hijo, por el pueblo de Jehová y por la casa de Israel, porque habían caído a filo de espada. (Léase: Deuteronomio 34:7 y 8. Era Moisés de edad de ciento veinte años cuando murió; sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor. Y lloraron los hijos de Israel a Moisés en los campos de Moab treinta días; y así se cumplieron los días del lloro y del luto de Moisés. ▬ Los Hechos 8:2. Y hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él.).
Profundo dolor por la muerte del ungido de Jehová. El profundo dolor de David por la muerte de Saúl y Jonatán (2 Samuel 1:11-27) refleja respeto absoluto por la autoridad divina, a pesar de sus conflictos personales. David rasgó sus vestiduras, ayunó y ordenó la ejecución del amalecita que afirmó haber matado al «ungido de Jehová», honrando su posición como elegido de Dios.
Duelo Genuino: David no se alegró de la muerte de su perseguidor; en su lugar, compuso una elegía («Cántico del arco») lamentando la caída de los líderes de Israel.
Respeto al Ungido: La reacción de David subraya que Saúl, aunque desobediente, seguía siendo el rey designado por Dios. David se negó a levantar la mano contra él en vida y lo honró tras su muerte.
Lección de Liderazgo: Este relato muestra que el verdadero liderazgo espiritual se manifiesta en el respeto por la autoridad establecida y la confianza en los tiempos divinos, no en el resentimiento.
Referencias bíblicas: Apocalipsis 21:3-4. «Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.»
Genesis 23:2. «Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer duelo por Sara, y a llorarla»
Levítico 10.6. «Entonces Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar e Itamar sus hijos: No descubráis vuestras cabezas, ni rasguéis vuestros vestidos en señal de duelo, para que no muráis, ni se levante la ira sobre toda la congregación; pero vuestros hermanos, toda la casa de Israel, sí lamentarán por el incendio que Jehová ha hecho.»
Salmo 116:15. «Estimada es a los ojos de Jehová. La muerte de sus santos.»
2° Título: Falta de temor: levantar la mano contra el siervo de Dios. Versículos 13 y 14. Y David dijo a aquel joven que le había traído las nuevas: ¿De dónde eres tú? Y él respondió: Yo soy hijo de un extranjero, amalecita. Y le dijo David: ¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para matar al ungido de Jehová? (Léase: 2ª a Timoteo 4:14 y 15. Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor les pague conforme a sus hechos. Guárdate tú también de él, pues en gran manera se ha opuesto a nuestras palabras. ▬ 1ª de Samuel 26:8 y 9. Entonces dijo Abisai a David: Hoy ha entregado Dios a tu enemigo en tu mano; ahora, pues, déjame que le hiera con la lanza, y lo enclavaré en la tierra de un golpe, y no le daré segundo golpe. Y David respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente?).
Falta de temor: La falta de temor de Dios se manifiesta al atacar o difamar a líderes espirituales (ungidos como siervos de Dios), un principio basado en el respeto a la soberanía divina, no a la perfección humana. David ejemplificó esto al rehusar matar a Saúl, reconociendo que dañar al ungido es ofensivo para Dios. Levantar la mano contra ellos es ignorar la autoridad divina.
La historia bíblica subraya que la integridad del siervo no radica en ser intocable, sino en el temor de quien reconoce la autoridad de Dios sobre el liderazgo.
Nota: El verdadero Ungido de Dios
El Antiguo Testamento registra que el acto de ungir a un nuevo rey estaba compuesto por dos elementos: el aceite de la santa unción, que era derramado sobre el nuevo rey, y la llegada del Espíritu Santo a su vida, por lo general acompañada de alguna manifestación sobrenatural como en el caso de Saúl (1 S 10:9-13).
No obstante, en el Nuevo Testamento, «El ungido» es el título exclusivo para nuestro Salvador Jesús, pues se le llama Cristo, «ungido» en griego, y sobre Él hablaron los autores del Antiguo Testamento, quienes lo llamaron Mesías, «ungido» en hebreo (p. ej., Sal 2:1 ss; Lm 4:20). Jesús es el Rey elegido por Dios y lleno del Espíritu Santo.
Además, todo el que cree en el mensaje del evangelio también ha sido ungido, en Cristo, por el Espíritu (p. ej., 1 Jn 2:20, 27). Su presencia en nosotros hizo que experimentemos los beneficios de la salvación. Por la Palabra sabemos que Su unción o presencia en nuestras vidas es suficiente, permanente y no necesitamos pedir una doble unción (Jn 14:16).
Es por esto que la expresión «ungido de Dios» nunca se usa en la Biblia para referirse al pastor de una iglesia local. Más bien, se habla del pastor como siervo de todos, no como señor de todos, lo que hace una gran diferencia (cp. 1 P 5:1-4). Después de todo, el Señor puso a los líderes de la iglesia para su edificación.
Gracias al mensaje del evangelio, todos los creyentes somos ungidos por el Espíritu, pero Jesús mantiene la supremacía del título de Ungido de Dios
De hecho, los pastores pueden ser probados y disciplinados también (1 Ti 5:19-20). Al mismo tiempo, la Biblia nos llama a honrar a nuestros pastores, amarlos, apoyarlos y seguir su ejemplo después de considerar el resultado de su conducta (Heb 13:7-25). Es por eso que un verdadero siervo de Dios debe evitar usar la frase «no toques al ungido de Dios» para eludir a un pastor de su responsabilidad de rendir cuentas a la iglesia y de caminar con transparencia.
Palabras finales
Cuando hay hermanos que se encuentran en conflictos por un líder que es señalado, como en el ejemplo al inicio de este artículo, mi anhelo es que las partes involucradas encuentren una solución que honre a Dios y los bendiga. No digo que los satisfaga, pues en estos casos es difícil que todos queden satisfechos debido al pecado que influencia el corazón, incluso el de los creyentes. Sin embargo, lo que debe primar al buscar soluciones es la honra al Dueño de la obra y la unidad de Su iglesia.
Por eso no pretendo dar consejos concretos sobre lo que deberíamos hacer con un líder señalado de pecado. Cada misión, denominación o asociación de iglesias tiene reglamentos y protocolos sobre cómo proceder en cada caso particular. Habrá momentos en los que se puede proceder bíblicamente frente al pecado de un pastor y habrá casos cuando lo mejor es dejar la iglesia. Además, es importante que recuerdes que necesitas amar a la iglesia más que a su salud, siempre y cuando estés convencido de que estás en una iglesia sana que por ahora está pasando por una crisis, pero que puede superarla.
Recuerda esto: gracias al mensaje del evangelio, todos los creyentes somos ungidos por el Espíritu, pero Jesús mantiene la supremacía del título «el Ungido de Dios». Nadie en la creación debería atreverse a usar este título para demandar una autoridad sobre el pueblo de Dios que solo le pertenece al Mesías Rey.
3er Título: Justicia divina alcanzo al que actúa con irreverencia. Versículos 15 y 16. Entonces llamó David a uno de sus hombres, y le dijo: Ve y mátalo. Y él lo hirió, y murió. Y David le dijo: Tu sangre sea sobre tu cabeza, pues tu misma boca atestiguó contra ti, diciendo: Yo maté al ungido de Jehová. (Léase: Deuteronomio 17:12. Y el hombre que procediere con soberbia, no obedeciendo al sacerdote que está para ministrar allí delante de Jehová tu Dios, o al juez, el tal morirá; y quitarás el mal de en medio de Israel. ▬ Números 15:30. Mas la persona que hiciere algo con soberbia, así el natural como el extranjero, ultraja a Jehová; esa persona será cortada de en medio de su pueblo.).
Justicia divina alcanzo al que actúa con irreverencia. La justicia divina alcanza a quienes actúan con irreverencia, ya que la Biblia enseña que Dios es justo, santo y no tolera el pecado, advirtiendo que la falta de respeto hacia lo sagrado trae consecuencias severas. Aunque Dios es misericordioso, la irreverencia endurece el corazón, haciendo inevitables las consecuencias de sus acciones.
La justicia divina es un concepto teológico que representa la equidad, rectitud y autoridad moral de Dios al gobernar el universo, recompensando el bien y castigando el mal, a menudo más allá de la comprensión humana. Se considera perfecta, imparcial y superior a la justicia humana, actuando a menudo como retribución final o karma.
La justicia divina también es defendida en teología, pero a veces cuestionada ante la presencia de sufrimiento en el mundo. En muchas tradiciones, busca el bienestar de la víctima más que simplemente el castigo del victimario.
Referencia Bíblica: 1ª de Samuel 6:19 al 21. «Entonces Dios hizo morir a los hombres de Bet-semes, porque habían mirado dentro del arca de Jehová; hizo morir del pueblo a cincuenta mil setenta hombres. Y lloró el pueblo, porque Jehová lo había herido con tan gran mortandad. Y dijeron los de Bet-semes: ¿Quién podrá estar delante de Jehová el Dios santo? ¿A quién subirá desde nosotros? Y enviaron mensajeros a los habitantes de Quiriat-jearim, diciendo: Los filisteos han devuelto el arca de Jehová; descended, pues, y llevadla a vosotros.»
Santiago 3:18. «Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.»
Apocalipsis 18:20. «Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos, apóstoles y profetas; porque Dios os ha hecho justicia en ella.»
La irreverencia en la Biblia: es la falta de respeto, veneración o temor reverente hacia Dios, su santidad, su palabra o las cosas sagradas. Se manifiesta en la conducta impía, el desprecio por los mandatos divinos, la adoración falsa y la familiaridad excesiva que ignora la majestad de Dios.
Romanos 1:21. «Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.»
Hebreos 10.29. «¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?»
Amén, para la honra y gloria de Dios.


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