Estudio Biblico Tiquico

Estudio Biblico Tiquico

Roberto Saldias Roa
LUNES 20 DE ABRIL DE 2026. “ACTUANDO CON AMOR Y MISERICORDIA ANTE IRREPARABLE PÉRDIDA”.

Lección: 2ª de samuel 1:17 al 22. 17. Y endechó David a Saúl y a Jonatán su hijo con esta endecha, 18. y dijo que debía enseñarse a los hijos de Judá. He aquí que está escrito en el libro de Jaser. 19. ¡Ha perecido la gloria de Israel sobre tus alturas! ¡Cómo han caído los valientes! 20. No lo anunciéis en Gat, Ni deis las nuevas en las plazas de Ascalón; Para que no se alegren las hijas de los filisteos, Para que no salten de gozo las hijas de los incircuncisos. 21. Montes de Gilboa, Ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros, ni seáis tierras de ofrendas; Porque allí fue desechado el escudo de los valientes, El escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite. 22. Sin sangre de los muertos, sin grosura de los valientes, El arco de Jonatán no volvía atrás, Ni la espada de Saúl volvió vacía. 

   Referencias Bíblicas: Números 20:29. «Y viendo toda la congregación que Aarón había muerto, le hicieron duelo por treinta días todas las familias de Israel.»

Nehemias 1:4. «Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.»

Génesis 50.10. «Y llegaron hasta la era de Atad, que está al otro lado del Jordán, y endecharon allí con grande y muy triste lamentación; y José hizo a su padre duelo por siete días».

    Comentario del contexto bíblico: Lamento por la muerte de Saúl y Jonatán, 1:17–22. David era un hombre compasivo y misericordioso, y la muerte de Saúl y Jonatán le trajo profundo dolor. David expresó su dolor escribiendo el Canto del Arco, un canto fúnebre que expresaba su admiración por la valentía de Saúl y Jonatán, su amor profundo hacia Jonatán, y su tristeza por la muerte de ambos. El canto de David quedó escrito en el libro de Jaser, que significa justo, y que fue utilizado por el escritor como una fuente de información para la narración de la vida de David. El libro del justo también es mencionado en Josué 10:13. El libro del justo era posiblemente un libro de poemas que narraba los grandes acontecimientos de la historia de Israel.

David lamentó la muerte de Saúl y Jonatán porque ellos habían sido los valientes que habían guiado a los israelitas en la lucha contra los filisteos. Saúl fue un hombre que manejó con destreza el escudo y la espada, instrumentos indispensables en las guerras de aquel tiempo; y Jonatán manejó con destreza el arco; ambos tuvieron gran velocidad y fuerza física que los hacía unos grandes guerreros; pero ahora, el escudo de Saúl yacía en la tierra como símbolo de los hechos de aquellos dos valientes que habían muerto; yacía en tierra como si no hubiera sido ungido con aceite; esta era una referencia a la costumbre de mantener en buen estado el escudo limpiándolo con aceite.

David lamentó la muerte de Saúl porque esa noticia sería una ocasión de alegría para los filisteos; era por seguro que las mujeres filisteas celebrarían la victoria como una humillación de Israel. David se imagina a las mujeres filisteas saliendo por las calles de sus ciudades, Gat y Ascalón, para celebrar la muerte del rey de Israel; era una humillación que David no deseaba para el pueblo de Israel.

David lamentó la muerte de Jonatán porque le tenía un profundo amor; que ese amor fuese más maravilloso que el amor de las mujeres, destaca el hecho de que era un amor nacido de una amistad leal, desinteresada, duradera y sacrificada. La palabra amor es la palabra hebrea ahabad, 160 se usaba para referirse a toda clase de amor: en Levítico 19:18 se usa para referirse al amor al prójimo y en Éxodo 21:5 se usa para referirse al amor a Dios. El amor de David a Jonatán era un amor de pacto; y aunque aquí no se usa la palabra jesed que es la que designa el amor de pacto, la amistad entre David y Jonatán era una amistad de jesed, que perdura a través de cualquier circunstancia. El amor entre David y Jonatán soló puede compararse con el amor entre Rut y Noemí, y el amor entre Jesús y sus discípulos. La amistad entre David y Jonatán continúa siendo un testimonio a la amistad verdadera y duradera que puede existir entre dos personas.

El canto de David termina con un lamento: ¡Cómo han caído los valientes, y se han perdido las armas de guerra! Esta expresión conlleva tristeza, pero también conlleva a la reflexión en cuanto a la manera en que Saúl usó su valor y su fuerza. Saúl no usó su fuerza física junto con la fortaleza que viene de la dependencia de Dios, tampoco usó Saúl su valor junto con la sabiduría que viene de Dios. ¡Qué triste era ver tanta valentía y tanta fuerza fracasada por falta de sometimiento a la dirección de Dios!

Ante la muerte de Saúl, David demostró una gran dignidad, respeto y admiración por Saúl. La muer-te de Saúl significaba el camino de entrada al trono para David; sin embargo, David tomó tiempo, junto con el pueblo, para lamentar la muerte de Saúl. David sabía que era tiempo de luto para el pueblo, y que no era tiempo de recriminación, sino de perdón y de búsqueda de la unidad entre el pueblo. La excelencia de espíritu de David, la hace notar Matthew Henry en su comentario, dando cuatro aspectos significativos de esa excelencia de espíritu que demostró David en su canto: su generosidad para Saúl, su gratitud hacia Jonatán, su preocupación por el honor de Dios, y su preocupación por el bien público de Israel.

   Actuando con amor y misericordia ante irreparable pérdida: El duelo es una profunda y fuerte emoción causada por la pérdida de alguien o algo muy querido. El duelo es parte de la vida y del amor. En nuestro mundo caído, las pérdidas son inevitables, como también el dolor. El dolor no es una emoción que hay que evitar, sino que hay que admitirla y afrontarla.

   Por lo general, la muerte es la principal causa del duelo, aunque también podemos lamentarnos por cualquier tipo de pérdida. Eso puede incluir un sueño frustrado, el fracaso de una relación, un problema de salud, la muerte de una mascota o hasta la venta de la casa de la infancia. Muchas veces el dolor es más íntimo cuando está relacionado con cosas como la infertilidad, el embarazo no deseado, el aborto, la infidelidad de un cónyuge o incluso nuestro propio pecado. Las cosas por las que nos entristecemos pueden ser difíciles de expresar ante los demás, pero en muchos casos el compartir nuestras pérdidas y dejar que otra persona se lamente con nosotros es una buena solución (Romanos 12:15). La familia de Dios es fundamental en nuestras vidas y un instrumento clave por el cual Dios nos ministra (y nos usa para ministrar a otros). Obviamente, lo primero que debemos hacer cuando sentimos dolor es ir directamente a Dios, tanto en oración como en el estudio de Su Palabra. Dios puede usar el dolor para ayudarnos a conocerlo más, tanto cuando recibimos Su consuelo como cuando nuestro dolor nos lleva a apreciar más completamente el don de la vida y a comprender más profundamente la magnitud de los efectos del pecado en nuestro mundo. El dolor puede conectarnos con el corazón de Dios.

   El Salmo 34:18 dice que «Cercano está el SEÑOR a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu». Dios comprende nuestro dolor y está dispuesto a estar con nosotros y a consolarnos con las promesas de su Palabra y con la «paz que sobrepasa todo entendimiento» (Filipenses 4:6-7). También incluyó ejemplos en Su Palabra de personas piadosas que sufrieron dolor. Pedro sintió dolor cuando Jesús le preguntó tres veces: «¿Me amas?» (Juan 21:17), y se entristeció al recordar cómo había traicionado a su mejor Amigo (Lucas 22:61-62). Pablo se lamentó por el pecado sin arrepentimiento en las iglesias que él amaba (2 Corintios 12:21). Jesús mismo fue un «varón de dolores, experimentado en quebranto» (Isaías 53:3). Nuestro Señor sufrió por la dureza del corazón de la gente al negarse a aceptarlo como Hijo de Dios (Marcos 3:5; Lucas 19:41). Cuando se acercaba Su crucifixión, Jesús estaba profundamente triste por la dura prueba que tenía que afrontar (Marcos 14:33-36).

   Podemos entristecer al Espíritu Santo con nuestras acciones y actitudes (Efesios 4:30). Después de haber sido comprados con la sangre de Jesús, sellados para siempre como hijos de Dios, el Espíritu Santo toma la iniciativa de transformarnos en personas santas (2 Corintios 5:17; Romanos 8:29). Pero Él no nos obliga a ser robots. Tenemos la libertad de obedecerlo o no. Cuando nos comportamos de forma carnal, contristamos al Espíritu que vive en nosotros.

   La muerte siempre es una temporada de dolor para los que quedan atrás. Sin embargo, Pablo escribe que los cristianos no lamentan la muerte de un hermano creyente de la misma manera que lo hacen los inconversos. En Primera de Tesalonicenses 4:13-14 se dice: «Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él». Pablo nos recuerda que tenemos que pensar en la muerte de un cristiano como un «sueño», porque es un estado temporal. Aunque nos duele que no vayamos a compartir más experiencias en la tierra con nuestros queridos cristianos fallecidos, también podemos esperar una eternidad con ellos.

   La tristeza y la esperanza pueden convivir. La esperanza que tenemos en Cristo nos ayuda a seguir adelante a través del dolor. La eternidad para los creyentes no tendrá «muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor» (Apocalipsis 21:4), ya que Dios mismo enjuga toda lágrima de nuestros ojos (Apocalipsis 7:17). Las pérdidas sufridas en este mundo son reales, y nos afectan de varias maneras, a pesar de que no vivimos amargados ni deprimidos. Vivimos «en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió» (Tito 1:2). Nuestra experiencia actual dejará lugar a la infinita bondad de Dios y a nuestro gozo en Su presencia para siempre (ver Salmo 16:11; 21:6).

1er Título: Lamento y amor fraternal que trasciende en el tiempo. Versículos 17 y 18. Y endechó David a Saúl y a Jonatán su hijo con esta endecha, y dijo que debía enseñarse a los hijos de Judá. He aquí que está escrito en el libro de Jaser.  (Léase: Romanos 12:9 y 10. El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. ▬ 1ª de Juan 4:21. Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.).

   El amor se aferra al bien y honra a los demás (Romanos 12:9–10). Este versículo inicial es extraño, porque Pablo comienza diciendo “amor sincero” sin un verbo u otros modificadores como si fuera un encabezado para la sección. La traducción normal es correcta, “el amor debe ser sincero”, y el material resultante dice lo que eso significa. El amor “sincero” es literalmente “sin hipocresía” y, por lo tanto, está relacionado con ser genuino. En el primer siglo, la hipocresía representaba la máscara del actor con la que uno haría otro papel, algo que no eran ellos. Pablo quiere asegurarse de que nadie se ponga una “máscara” de amor y pretenda cuidar a los demás cuando no es así. Jesús llama al nivel apropiado de amor “un nuevo mandato” (Juan 13:34) no porque fuera una nueva enseñanza (Levítico 19:18, “Ama a tu prójimo como a ti mismo”) sino porque ahora estaba anclado en la realidad del nuevo pacto de Cristo, unido a su amor por nosotros. Este nuevo amor mesiánico existió primero entre el Padre y el Hijo y luego entre la Divinidad y nosotros. A través de él somos receptores de un nivel de amor que hasta ahora no se había visto en el planeta Tierra, un amor que transforma todo nuestro ser.

El resto del versículo consta de dos participios que funcionan como mandamientos: “Aborrezcan el mal” y “aférrense al bien”. Esta es la conducta esperada cuando el amor en verdad opera en la comunidad. Este contraste se afirma con frecuencia en las Escrituras, como en el Salmo 97:10 (“El Señor ama a los que odian el mal”) o Amós 5:15 (“¡Odien el mal y amen el bien!”) o su opuesto, Salmo 52:3 (“Más que el bien, amas la maldad”). El verdadero seguidor de Cristo, basado en el amor, aborrecerá toda maldad, como en Romanos 13:2, “deja de lado las obras de las tinieblas” (véase también 1Co 13:6; Col 3:8; 1Ts. 5:21–22; 1Pe 2:1). Al mismo tiempo que hacemos a un lado un espíritu rencoroso, debemos aferrarnos a la bondad con cada gramo de fuerza que poseemos.

El amor genuino también se centra en los hermanos y hermanas de la comunidad mesiánica, lo que nos lleva a “Ámense los unos a los otros con amor fraternal”. “Ámense” ocurre solo aquí en el Nuevo Testamento, pero era bastante común en el mundo grecorromano para los tiernos afectos de la vida familiar. El término griego (philostorgoi) proviene de stergō, que describe el profundo afecto entre los miembros de una familia, y tanto él como el segundo término, “amor fraternal”, comparten el prefijo philo, que indica amor familiar y fraternal. Pablo está poniendo en primer plano las relaciones familiares que sirven para profundizar el amor en el núcleo de la comunidad. El aspecto familiar del amor en la comunidad es la base de todo lo demás.

Hay dos traducciones viables de la frase que Pablo usa al final del versículo 10: (1) la NVI dice, “respetándose y honrándose mutuamente” mostrando preferencia por nuestros hermanos creyentes; o (2) quizás sería, “Supérense unos a otros para mostrar honor”. Esto significaría que debemos esforzarnos con todas nuestras fuerzas para mostrar respeto mutuo. La dificultad es que este verbo no aparece en ningún otro lugar del Nuevo Testamento. Su significado básico es “ir antes de algo y mostrar el camino”. La idea de preferir a otros no está bien atestiguada, por lo que la segunda es la mejor comprensión.

   (1ª de Juan 4:21) Amor: amarse unos a otros demuestra que amamos a Dios. ¿Cómo sabemos que amamos a Dios? Hay tres formas.

▬ 1. Sabemos que amamos a Dios porque conocemos el amor de Dios por nosotros (v. 19). Él nos ama y hemos visto su amor; por lo tanto, lo amamos.

▬ 2. Sabemos que amamos a Dios porque no odiamos a nuestro hermano. Si amamos a Dios, es imposible tener sentimientos en contra de nuestro hermano. ¿Por qué? Porque Dios es amor. Si tenemos la naturaleza de amor dentro de nosotros, entonces amamos a nuestros hermanos. Advierta con cuánta firmeza este versículo expresa este hecho.

   “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (v. 20).

   No podemos ver a Dios, pero podemos ver a nuestros hermanos. Es mucho más sencillo amar a alguien de este mundo -que podemos ver* que amar a alguien que no podemos ver. Por lo tanto, si decimos que amamos a Dios y odiamos a los que vemos, estamos mintiendo.

▬ 3. Sabemos que amamos a Dios porque cumplimos con su mandamiento. ¿Cuál es su mandamiento? Si amamos a Dios, debemos amar también a nuestros hermanos.

   “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Jn. 13:34-35).

   “Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas” (Jn. 21:16).

   “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él” (1 Jn. 3:14-15).

    “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” (1 Jn. 3:16-17).

   “Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado” (1 Jn. 3:23).

2° Título: El corazón de un redimido habla bien de sus hermanos. Versículo 19. ¡Ha perecido la gloria de Israel sobre tus alturas! ¡Cómo han caído los valientes!  (Léase: Efesios 4:32. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.).

   (Efesios 4:32) Creyente, camino: El creyente debe colocarse la vestidura de un hombre nuevo. Francamente, este versículo habla por sí mismo con más energía que cualquier comentario que pudiera hacerse.

▬ 1. La palabra “benigno” significa gentil, cuidadoso, dispuesto a ayudar, cortés, bueno, útil, dador y derramar favores sobre la gente. Es lo opuesto a ser negligente, duro, agudo, resentido y rencoroso. Los creyentes son hermanos en el Señor.

   “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Ro. 12:10).

   “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” (Col. 3:12).

▬ 2. La palabra “misericordiosos” significa mostrar compasión, misericordia, comprensión, amor, ternura y calidez. Significa estar consciente de los dolores y sufrimientos, de los problemas y dificultades, de las emociones y el estado mental, físico y espiritual de una persona.

   “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt. 5:7).

   “Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros” (1 Ts. 3:12).

   “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 P. 1:22).

▬ 3. La palabra “perdonándoos” significa ser gracioso con una persona, perdonarlo por algo que hizo mal. Advierta que la persona ha hecho algo malo, nos ha dañado y nos ha ocasionado dolor. Pero el mandamiento sigue siendo perdonarlo.

▬ 4. El motivo por el cual debemos perdonarnos los unos a los otros es porque Dios nos ha perdonado. No importa cuánto una persona ha hecho en nuestra contra, no se acerca a lo que hemos hecho en contra de Dios. Sin embargo, Dios nos ha perdonado. ¿Por qué? Por Cristo. Jesucristo murió por nosotros, murió para que nuestros pecados fueran perdonados. Por lo tanto, Dios nos perdona. No importa lo que hayamos hecho, Dios nos perdona cuando queremos perdón. Él nos perdona a pesar de haberlo rechazado, maldecido, ignorado, rechazado y rebelado en su contra.

    El punto es este: Debido a lo que Cristo ha hecho por nosotros, debemos perdonar a los demás sin importar lo que hayan hecho.

   “En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños” (Mt. 11:25).

   “Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso” (Lc. 6:35-36).

3er Título: Actuando con amor y prudencia para no dañar a sus hermanos. Versículos 20 al 22. No lo anunciéis en Gat, Ni deis las nuevas en las plazas de Ascalón; Para que no se alegren las hijas de los filisteos, Para que no salten de gozo las hijas de los incircuncisos. Montes de Gilboa, Ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros, ni seáis tierras de ofrendas; Porque allí fue desechado el escudo de los valientes, El escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite. Sin sangre de los muertos, sin grosura de los valientes, El arco de Jonatán no volvía atrás, Ni la espada de Saúl volvió vacía.  (Léase: Proverbios 13:15 al 17. El buen entendimiento da gracia; Mas el camino de los transgresores es duro.  ▬ Los Hechos 7:58 al 60. Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.).

   [1]. (7.57-58) Esteban, persecución: se puso de manifiesto la insensatez de matar al creyente. Esto se puede apreciar en dos cosas.

▬ 1. El rechazo insensato. Los perseguidores estaban en realidad oponiéndose a una persona que solo quería.

  • ayudar y ministrarle al pueblo.
  • ofrecer la esperanza de la vida eterna.

   El único propósito del creyente es ministrar y satisfacer las condiciones desesperadas de los hombres:

=> perdido => soledad => enfermedad => falta de educación => pobreza => depresión => enajenación => hambre => falta de vida

   No importa cuán mala la situación, al creyente se le llama a ministrar. No está en el mundo para destruir, sino para edificar. Es una insensatez absoluta oponerse y matar a una persona como esa. Para que los hombres se opongan a un verdadero creyente, su comportamiento tiene que alcanzar el colmo de la insensatez. Note lo que esto involucró…

  • grandes voces: para ahogar la verdad.
  • taparon sus oídos: para no escuchar la verdad.
  • arremetieron unánimes contra él: para atacar y tomar represalia.
  • lo echaron fuera de la ciudad y le apedrearon: para librarse del mensaje acusador y poder vivir como mejor les parece en vez de vivir para Dios.

2. El liderazgo insensato. La persona que se levanta como líder en una persecución se rebela contra Dios. Los que siguen a dicho líder están siguiendo a una persona que está en realidad actuando contra el Señor, no contra un creyente (cp. Hch. 9:4-5). El hombre que dirigió la muerte de Esteban fue Saulo de Tarso. Él estaba dando coses contra el aguijón, el sentimiento de culpabilidad de la conciencia (cp. Hch. 9:5).

  Es peligroso seguir a un hombre que se ha rebelado contra Dios. La senda de la rebelión lleva a la destrucción. El hombre que se ha rebelado perecerá. Sin excepción.

   “¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?” (Mt. 23:33).

   “estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican” (Ro. 1:29-32).

    “Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Ro. 2:5).

    “idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgias, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gá. 5:20-21).

   “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Ap. 21:8).

   “No endurezcáis, pues, ahora vuestra cerviz como vuestros padres; someteos a Jehová, y venid a su santuario, el cual él ha santificado para siempre; y servid a Jehová vuestro Dios, y el ardor de su ira se apartará de vosotros” (2 Cr. 30:8).

   “El hombre que reprendido endurece la cerviz, De repente será quebrantado, y no habrá para él medicina” (Pr. 29:1).

   “Si no oyereis, y si no decidís de corazón dar gloria a mi nombre, ha dicho Jehová de los ejércitos, enviaré maldición sobre vosotros, y maldeciré vuestras bendiciones; y aun las he maldecido, porque no os habéis decidido de corazón” (Mal. 2:2).

   ESTUDIO A FONDO 1

   (7:58) Saulo, Pablo: Esta Es la primera vez que se menciona a de Saulo de Tarso en las Escrituras. Note: se dice que era joven. ¿Qué edad tenía Saulo en ese momento? La Escritura no dice.

   [2]. (7:59) Esperanza, cielo: la suprema confianza del creyente. Note estos cuatro aspectos.

▬ 1. Esteban experimentó el dolor y el sufrimiento de la prueba. Nos percatamos de esto porque pidió la ayuda del Señor. A los creyentes no se les libra o alivia de los sufrimientos de las pruebas, sino que se les da gracia y fortaleza para soportar las pruebas e incluso el martirio.

▬ 2. Esteban clamó al Señor. El mismo Señor Jesús estaba de pie, listo para recibirle. Jesús desea que todos los creyentes estén donde Él está (Jn. 14:2-3; 17:24). Esta es precisamente la razón por la que Jesús…

  • se humilló a sí mismo viniendo a la tierra,
  • sacrificó su vida,
  • ora y anhela que los creyentes se reúnan con El en el cielo.

▬ 3. Esteban le pidió a Jesús que recibiera su espíritu. Esteban seguía confiando en la gracia de Dios, en la justicia de Jesús, para su salvación. Él no confiaba en sus propias obras o bondad. Él continuaba dependiendo de Jesús y del maravilloso amor de Dios. Ahora bien, fíjese en las palabras claves: seguía confiando, continuaba dependiendo. Esteban había confiado y vivido para Cristo durante toda su vida, así que podía contar con confiar y vivir para Cristo en la eternidad.

▬ 4. Esteban iba a estar junto con Jesús. Él le pidió a Jesús que recibiera su espíritu, que le aceptara donde Él estaba. Recuerde dónde está Jesús (v. 55): en el cielo a la diestra de Dios. Esteban y todos los demás creyentes van a estar con Jesús donde Él está, en el cielo mismo.

   “Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23:43).

   “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Jn. 14:2-3).

   “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Jn. 17:24).

   “pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor” (2ª Co. 5:8).

   “Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor” (Fil. 1:23).

   “Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Ts. 4:17).

   [3]. (7:60) Perdón: el espíritu amoroso y perdonador del creyente. Note que lo último que Esteban hizo fue caer de rodillas en oración y pedir por sus perseguidores y asesinos. El tenía el espíritu mismo de Cristo, quien había orado la misma oración (Lc. 23:34). La frase: “No les tomes en cuenta este pecado” nos dice tres cosas.

=> Esteban estaba lleno de compasión por sus perseguidores. Él quería que fueran salvos.

=> Los hombres serán culpados por su pecado.

=> Para que los hombres sean aceptados delante de Dios, tiene que ser eliminada la culpa de su pecado.

   Pensamiento 1: Recuerde: Esteban y otros creyentes nunca hubieran pagado el precio exigido si los hombres pecadores fueran a ser aceptados por Dios de cualquier forma Otra cosa: si Dios fuera a aceptar a los hombres tal y como están en su estado pecaminoso, nunca hubiera permitido que su Hijo muriera en manos de los hombres.

   [4] (7:60) Muerte: la tranquila partida del creyente. La Escritura simplemente dice que: “durmió”, Para el creyente no existe la muerte. Esteban simplemente pasó de esta vida al otro mundo, una experiencia que equivale a quedarse dormido. A menudo se emplea el sueño para describir la muerte del creyente (véase Estudio a fondo 1, Jn. 11:13).

   “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida” (Jn. 5:24).

   “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. 26. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Jn. 11:25-26).

   “Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado” (Lc. 16:22). “Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres” (Ro. 14:18).

   “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil. 1:21).

   “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley” (1 Co. 15:53-56).

   “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos” (2 Co. 5:1).

   Pensamiento 1: Los creyentes deben perdonar a los hombres sin importar cuál fue su ofensa.

   “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt. 5:7).

   “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mt. 5:44).

   “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres” (Ro. 12:17).

   “no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición” (1 P. 3:9).

   “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Mi. 6:8).

Lunes 20 de abril de 2026

Amén, para la honra y gloria de Dios.

 

 

 

 

 

 

 

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Una respuesta a «LUNES 20 DE ABRIL DE 2026. “ACTUANDO CON AMOR Y MISERICORDIA ANTE IRREPARABLE PÉRDIDA”.»

  1. Avatar de Estudio Biblico Tiquico

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