Estudio Biblico Tiquico

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Roberto Saldias Roa
DOMINGO 26 DE ABRIL DE 2026. “EL TOQUE DE TROMPETAS EN LA SANTA CONVOCACIÓN: SÍMBOLO DEL PRONTO RETORNO DE CRISTO”.

Lección: Números 29:1 al 6. 1. En el séptimo mes, el primero del mes, tendréis santa convocación; ninguna obra de siervos haréis; os será día de sonar las trompetas. 2. Y ofreceréis holocausto en olor grato a Jehová, un becerro de la vacada, un carnero, siete corderos de un año sin defecto; 3. y la ofrenda de ellos, de flor de harina amasada con aceite, tres décimas de efa con cada becerro, dos décimas con cada carnero, 4. y con cada uno de los siete corderos, una décima; 5. y un macho cabrío por expiación, para reconciliaros, 6. además del holocausto del mes y su ofrenda, y el holocausto continuo y su ofrenda, y sus libaciones conforme a su ley, como ofrenda encendida a Jehová en olor grato.

Ref. bíblicas: Apocalipsis 11:15. «El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.»

Joel 2:1. «Tocad trompeta en Sion, y dad alarma en mi santo monte; tiemblen todos los moradores de la tierra, porque viene el día de Jehová, porque está cercano.»

 Mateo 24:31. «Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.»

INTRODUCCIÓN AL CAPÍTULO 29

   En este capítulo continuaremos mencionando las fiestas que debían ser observadas en la tierra. Cada una de ellas ofrecía la oportunidad de reflexionar sobre la generosidad de Dios al alimentar, guiar y proteger a su pueblo.

   La fiesta de las trompetas (versículos 1 al 6):

   Esta celebración tenía lugar el primer día del séptimo mes (es decir, durante la luna nueva). Se conmemoraba con el toque de las trompetas para anunciar el inicio de un nuevo año. Aunque el año religioso comenzaba en primavera con el mes de Nisán, el año agrícola comenzaba en otoño, con este mes. La ordenanza establecía que debía ser un día de santa convocación, en el cual no se realizaría ningún tipo de trabajo laborioso. El toque de trompeta simbolizaba la trompeta final que sonará en el retorno de nuestro Señor Iesucristo por su Iglesia (1ª a los Corintios 15:52. en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados).

    El día de expiación (versículos 7 al 11):

   Se celebraba el día diez del séptimo mes, como un día de santa convocación. El pueblo debía ayunar y arrepentirse de los pecados cometidos. Se ofrecía en holocausto un novillo, un carnero y siete corderos, además de un macho cabrío por el pecado.

   Otro macho cabrío era presentado específicamente como sacrificio de expiación. El acto central de esta solemnidad era la entrada del sumo sacerdote al lugar santísimo, lo cual requería un completo ritual de purificación. Este ritual simboliza la obra expiatoria de Cristo, nuestro gran sumo sacerdote, quien no necesitó ofrecer sacrificio por sí mismo, sino que derramó su sangre por nuestros pecados.

   La fiesta de los tabernáculos (versículos 12 al 34):

   Se celebraba el día quince del séptimo mes y duraba siete días. Esta festividad marcaba el fin de la parte principal del año agrícola, y por ello era un tiempo de gozo y gratitud por la bendición de Jehová sobre el fruto de la tierra. También se conocía como la “fiesta de las cabañas’§ ya que el pueblo debía habitar durante siete días en enramadas, para recordar el cuidado de Jehová durante los años en el desierto. Todo esto fue establecido por Jehová como estatuto perpetuo para todas las generaciones (Levítico 23:40 al 43). El octavo día se celebraba un día de reposo especial (versículos 35 al 39).

   Además de las familias, participaban en esta fiesta los siervos, viudas, huérfanos, levitas y extranjeros (Deuteronomio 16:13 al 15). El primer día, se construían enramadas con ramas verdes de árboles. Cada participante debía recoger ramas de arrayán, sauce y palmera en los alrededores de Jerusalén para levantar su enramada (Nehemías 8:13 al 18). –

   Comentario 2. Números 29:1-6 En el séptimo mes (Tishri) correspondía la celebración de la séptima luna nueva del año, y era tenida por una santa convocación al son de trompetas, por lo cual se conoció como la fiesta de las Trompetas. En ese día debía ofrecerse en holocausto un becerro, un carnero y siete corderos de un año, con las respectivas oblaciones y libaciones, más un macho cabrío por el pecado. Todo esto además de las ofrendas diarias y las de una luna nueva normal (29:6).

   En consecuencia, los sacrificios presentados en la séptima luna nueva eran: (1) Para el sacrificio diario un cordero de un año por la mañana y otro por la tarde, con sus oblaciones y libaciones. (2) Por la mañana, después del sacrificio diario, los sacrificios ordenados para toda luna nueva, es decir, dos becerros, un carnero y siete corderos de un año, con sus oblaciones y libaciones. (3) La ofrenda por el pecado del macho cabrío, más la ofrenda especial del séptimo mes, es decir, un becerro, un carnero y siete corderos de un ano con sus oblaciones y libaciones.

    El total se resume en la siguiente tabla: • Cordero 16 •Carneros 2 •Becerros 3 •Machos Cabríos 1.

   RESEÑA DE LA FIESTA DE LAS TROMPETAS (Lv. 23:23-25)

   RESUMEN

   En el mes séptimo (Tishri -desde mediados de septiembre hasta mediados de octubre en nuestro calendario) comenzaba un nuevo año en el calendario de Israel. Era otoño en el hemisferio norte y las cosechas de cereales habían llegado a su fin. Se recogían las uvas y las olivas, y los israelitas comenzaban a prepararse para la época de lluvias, que duraban desde octubre hasta marzo. Por eso, los pueblos paganos realizaban en esta época del año diversos ritos mágicos orientados a asegurar la fertilidad de los cultivos para la siguiente temporada. En cambio, en Israel era una época separada para buscar renovación espiritual en medio de festividades de acción de gracias y con un profundo significado simbólico. El tema central en la fiesta de Trompetas es el llamado de Dios a Su pueblo para dedicarse a servirle a Él. La gente tenía más tiempo porque el trabajo agrícola era mínimo, de modo que podían dedicarse a su vida espiritual con más calma, con lo cual las fiestas de otoño tenían un tono más solemne que las de primavera.

   DETALLES DEL TEXTO

  1. I) Las trompetas llamaban a una santa convocación (23:24)

   El primer día de Tishri el pueblo debía entrar en un tiempo de reposo solemne (shabbaton), vale decir, una santa convocación. Debian reunirse en torno al Santuario al son de trompetas. Como ese mismo mes se celebraban también el Dia de Expiación (el 10 de Tishri) y Tabernáculos (del 15 al 23 de Tishri), la gente permanecía junta para celebrar las tres festividades.

   El texto no dice con claridad qué instrumento es el que se tocaba, pero en Números 10:1-10 se habla de trompetas de plata, y esas eran definitivamente las trompetas usadas para llamar a las santas convocaciones. En la época del Templo los músicos disponían de diversos instrumentos de viento (Sal. 15O:3), pero las trompetas de plata tenían un uso particular.

   En el AT las trompetas representaban la voz de Dios llamando a Su pueblo (Nm. 10). El pasaje de Éxodo 19:19 es la primera referencia bíblica donde se mencionan trompetas y producían el sonido que acompañaba a la manifestación de Dios en Sinaí, aunque allí se trata de cuernos de carnero usados como instrumentos de viento (shofar). De manera que, en la tradición de Israel, al oír este sonido sabían que era Dios reuniéndolos para un propósito sagrado.

   En esta fiesta las trompetas de plata sonaban desde la mañana hasta el atardecer llamando al pueblo a congregarse y prepararse para la gran fiesta del Dia de Expiación que quitaba su pecado y permitía el cumplimiento de las promesas del pacto.

   Este sonar de trompetas es llamado zikron (“memorial”). Recordaba a la gente la bondad de Yahweh a través del año y el cumplimiento de Sus promesas producto de la obediencia. Por tanto, se congregaban en esta asamblea sagrada para renovar sus votos de compromiso con la alianza.

  1. II) Las trompetas daban inicio a un tiempo de renovación espiritual (23:25)

   El llamado de Dios a congregarse era, al mismo tiempo, un llamado a dejar las labores cotidianas para dedicarse al servicio espiritual. Por eso era considerado un shabbaton, un tiempo de completo reposo. Cuatro convocaciones son registradas en este mes séptimo (23:25,28,35,36).

   Levítico no habla de los sacrificios que se realizaban en esta primera fiesta de Trompetas, lo cual solo podemos deducirlo a partir de la información entregada por el libro de Números (cf. Nm. 10:1-10; 28:1-5). Levítico simplemente enfatiza el llamado divino a congregarse.

   PARA LA IGLESIA

   En este pasaje el énfasis está en el llamado de Dios a Su pueblo para venir a Él y recibir perdón y las bendiciones prometidas. Por tanto, la gente se reunía con la expectación de lo que vendría. Eso nos lleva al significado profético y tipológico de esta antigua celebración. El aspecto profético es que en Apocalipsis el destino del mundo es sellado mediante siete sellos, los cuales, al ser abiertos, incluyen el sonar de siete trompetas (Ap. 8-11). De igual modo, el tema del sonar de trompetas fue asociado por los profetas y apóstoles con el tiempo en que el Mesías venga a juzgar al mundo y a establecer Su Reino (1 Ts. 4:16; 1 Co. 15:51-52). Como la fiesta de Trompetas se celebraba al final del calendario agrícola, es natural que, desde la perspectiva profética, la imagen de la cosecha fuese asociada con la del juicio final. En resumen, un día sonará la trompeta de Dios llamando a Su pueblo a venir a Él, dando inicio a la etapa final del programa divino de redención.

TEXTO: «Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero». (1ª a los Tesalonicenses 4:16).

Comentario del texto: (4: 16-18) Jesucristo, regreso ▬ Resurrección de los creyentes: En estos versículos se detallan claramente los acontecimientos del regreso del Señor y de la resurrección.

▬ 1. En primer lugar, el Señor mismo descenderá del cielo. El primer acontecimiento será la aparición del Señor Dios mismo. La suprema Majestad del universo, el Señor Jesucristo, rasgará los cielos y aparecerá milagrosamente en toda la espectacular gloria, pompa y poder del cielo mismo. Cuando aparezca, ocurrirán tres acontecimientos espectaculares.

» a. El Señor Dios mismo aparecerá “con voz de mando” (en keleusmati). La palabra significa una orden militar. El General en jefe del universo gritará más alto de lo que ninguna voz lo ha hecho jamás: gritará tal y como lo hizo cuando estaba sobre la tierra: “¡Creyente, ven fuera!” (Jn. 11:43).

» b. La voz del arcángel gritará. ¿Qué gritará? Su grito probablemente será para que todos los ejércitos de los ángeles celestiales se unan en alabanza al glorioso suceso. Cristo enseñó que los ángeles celestiales estarán con Él cuando regrese a la tierra (Mt.24:31; 25:31; 2 Ts. 1:7).

» c. Sonará la trompeta de Dios. La trompeta siempre ha tenido el propósito de llamar la atención y advertir. A todo el universo -los cielos y la tierra, creyentes, no creyentes y ángeles- se le llamará la atención y a todos los incrédulos se les advertirá. EL Señor Dios mismo está apareciendo y los sucesos del tiempo del fin se están lanzando sobre la tierra.

▬ 2. En segundo lugar, los muertos en Cristo resucitarán primero. ¿Por qué los creyentes muertos serán los primeros en ser reunidos con el Señor? Por el gran amor y cuidado del Señor. La primera expresión de amor y cuidado se les mostrará a aquellos queridos santos que han pasado por la sombra de muerte. La naturaleza de Cristo es mostrar ternura y amor hacia aquellos que más sufren, por eso aquellos que han sufrido el horrible destino de la muerte serán los primeros en encontrarse con el Señor en el aire. Ahora bien, nótense varios hechos.

» a. Solo resucitarán los creyentes que han partido; ningún no creyente resucitará, no en este momento. Solo los “muertos en Cristo” -los que han muerto creyendo en Jesucristo- resucitarán cuando el Señor rasgue los cielos.

» b. Serán los cuerpos de los creyentes que han partido los que resucitarán. Los creyentes propiamente dichos, es decir, sus espíritus, ya están con el Señor. Sus cuerpos se levantarán y serán transformados para vivir para siempre con Dios. El grito del Señor de “¡ven fuera!” hará que se junten los átomos del cuerpo de la persona sin importar dónde estén las diferentes partes del cuerpo. Los átomos del cuerpo de la persona serán transformados para formar un cuerpo eternal y perfecto.

» c. Los cuerpos de los creyentes que han partido resucitarán primero; antes de que nosotros los que vivamos seamos levantados.

▬ 3. En tercer lugar, los que vivamos seremos arrebatados luego de la resurrección de los muertos. Ocurrirá una gloriosa transformación de nuestros cuerpos tal y como sucedió con aquellos cuyos cuerpos se habían corrompido en la tierra. El cambio se producirá como lo dicen las Escrituras: se infundirá una naturaleza totalmente nueva.

“Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” (1 Co. 15:53).

» a. La naturaleza del cuerpo actual del creyente es corruptible y mortal; la naturaleza de su nuevo cuerpo será incorruptible e inmortal.

=> La naturaleza “corruptible” y “mortal” quiere decir que los hombres son terrenales; que envejecen, se deterioran, mueren y se descomponen. Toda persona, no importa quien sea, es terrenal y volverá al polvo a menos que Jesús regrese mientras la persona aún vive en la tierra.

=> La naturaleza “incorruptible” e “inmortal” quiere decir que los creyentes serán hechos celestiales, que serán transformados y se les dará una naturaleza perfecta que nunca envejecerá, se deteriorará, morirá ni se descompondrá. Serán completamente libres de la deshonra y la depravación. Se les dará un cuerpo perfecto, un cuerpo diametralmente opuesto al cuerpo actual, un cuerpo perfeccionado para siempre para vivir con Dios en los cielos nuevos y la nueva tierra. (Vea Jn. 21:1; 1ª Co. 15:42-44).

» b. Note las palabras “es necesario” en 1ª Corintios 15:53. Esto nos muestra la absoluta necesidad de un cambio en el cuerpo del hombre. Para que el hombre pueda vivir con Dios su cuerpo tiene que sufrir una transformación. Es esencial, obligatorio, una necesidad absoluta para que el hombre pueda vivir para siempre.

   “Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección” (Lc. 20:36).

   “De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte” (Jn. 8:51).

   “Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” (Jn. 11:26).

   “vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad” (Ro. 2:7).

   “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” (1 Co. 15:53).

   “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos” (2 Co. 5:1).

   “Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Ts. 4:17).

   “pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Ti. 1:10).

▬ 4. En cuarto lugar, tendrá lugar la gran reunión de los vivos y los muertos. Note la enfática declaración: “seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor”. Nos reuniremos nuevamente con nuestros seres queridos, y lo que es más maravilloso, todos los creyentes -a quienes amamos y aquellos a los que nunca conocimos- nos reuniremos con nuestro maravilloso Señor. Estaremos todos juntos regocijándonos en la presencia de aquel que nos salvó y transformó en seres perfectos y eternos. ¡Será un dia de reunión y regocijo!

▬ 5. Comienza la experiencia de vivir cara a cara con el Señor. Seremos arrebatados y “así estaremos siempre con el Señor”. Aunque la reunión de todos los creyentes será algo maravilloso, más maravilloso será ver a nuestro Señor cara a cara por primera vez. ¿Cuáles serán nuestros primeros pensamientos? ¿Cuál será nuestra primera reacción? Todo ocurrirá en un pestañar. De repente…

  • estaremos en medio del aire y seremos transformados en hombres y mujeres perfectos.
  • estaremos en las nubes en medio de millones y millones.
  • seremos transformados en medio de la espectacular gloria y majestad, dominio y poder del Señor Dios.

   ¿Hay alguna duda de cuáles serán nuestros primeros pensamientos y reacción? La gran reunión con la familia y los creyentes ocupará nuestros pensamientos.

▬ 6. La exhortación del momento: Alentaos los unos a los otros con estas palabras. Dios no revela los acontecimientos del final de los tiempos para satisfacer la curiosidad. Nos habla de estos gloriosos eventos para que podamos prepararnos y confortarnos unos a otros. No hay necesidad de desalentarse en esta tierra, no hay por qué sufrir y afligirse, no hay por qué desesperanzarse ni estar en ignorancia. El propio Señor nos ha dado la más maravillosa esperanza -la esperanza de vivir cara a cara con él para siempre- de adorarle y servirle par siempre en un cielo y tierra nuevos.

   “Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección” (Lc. 20:36).

   “De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte” (Jn. 8:51).

   “Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Jn 11.:26).

   “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos” (2 Co. 5:1).

   “pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Ti. 1:10).

   “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Ap. 21:4).

1er TÍTULO: La Iglesia debe estar preparada para escuchar el sonido de la final trompeta. Versículo 1. En el séptimo mes, el primero del mes, tendréis santa convocación; ninguna obra de siervos haréis; os será día de sonar las trompetas. (Léase: San Mateo 25:13. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir. ▬ 1ª a los Tesalonicenses 5:4. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón.).

Comentario de San Mateo 25:13. Velad-Jesucristo, retorno: la enseñanza es que tenemos que velar y esperar el retorno del Señor en cualquier momento.

▬ 1. La exhortación es fuerte: «Velad, pues». El creyente se debe preparar y participar en la travesía hacia la gran fiesta de bodas. Tiene que andar con el Señor, el esposo. (Véase nota, Velar-Mt. 24:42.)

▬ 2. El motivo para velar es fuerte: «No sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir». Una preparación ininterrumpida es esencial, porque el esposo puede venir en cualquier momento.

   «Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir» (Mt. 25:13).

   «Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles» (Lc. 12:37).

   «Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios» (1 Ts. 5:5-6).

   «He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona» (Ap. 3:11).

   «He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza» (Ap. 16:15).

Comentario de (1ª a los Tesalonicenses 5:4-5) Creyentes, naturaleza ▬ Jesucristo, regreso ▬ Día del Señor: El creyente no está en tinieblas, por tanto, “aquel día” no debe tomarlo por sorpresa. Aquel día hace referencia al día del Señor: aquel día grande y terrible de la ira de Dios, el horrible juicio de Dios que vendrá sobre la tierra y los incrédulos. Fíjese en la palabra “sorprenda” (katalambano). Significa venir o tomar por sorpresa. El día del Señor no debe tomar al creyente por sorpresa, no debe venir sobre él como un ladrón, inesperadamente. Hay tres poderosas razones de por qué el día del Señor no debe sorprender al creyente desprevenido.

1. El creyente no está en tinieblas.

» a. El creyente no está en las tinieblas de la ignorancia. Él sabe que viene el terrible día del juicio de Dios. Ha estudiado y se le ha enseñado la Palabra de Dios. Los predicadores y los maestros han sido fieles en advertir al mundo: el día del Señor viene sobre el mundo. Todos darán cuenta de su rebelión contra Dios y de su amontonamiento egoísta contra el desesperado del mundo. Ningún verdadero creyente ignora la verdad; ningún verdadero creyente habita en las tinieblas de la ignorancia. Si es un verdadero creyente, sabe que el juicio de Dios vendrá sobre los hombres; sabe que el día del Señor viene. Es por eso que debe anticiparlo. No debe ser sorprendido cuando llegue.

» b. El creyente no está en las tinieblas del pecado. No deambula por el mundo viviendo en pecado. Su mente y sus pensamientos no están consumidos con las cosas de este mundo. El brillo y el poder de las posesiones no lo ciegan, como ni tampoco las pasiones y placeres de la carne. El creyente no anda todo el día con sus pensamientos aferrados a esta tierra pensando en Dios rara vez, si es que lo hace. No está en las tinieblas del pecado, sintiendo que Dios está en algún lugar del espacio exterior sin importarle lo que sucede sobre la tierra. El creyente no está separado de Dios e ignorante de sus caminos. Su vida está centrada en Dios y sus pensamientos están siempre puestos en Dios. Él conoce a Dios íntima y personalmente, por consiguiente, sabe que Dios es santo y justo al igual que amoroso. Sabe que Dios tiene que juzgar a los incrédulos del mundo.

2. El creyente es un hijo de luz. Esto sencillamente significa que el creyente es hijo de Dios, puesto que Dios es luz (1 Jn. 1:5). El creyente tiene la misma naturaleza de Dios, que es luz. Él conoce a Dios, por tanto, no va a estar desapercibido ni lo tomará por sorpresa cuando el Señor venga y juzgue al mundo.

▬ 3. El creyente es un hijo del día. Esta es una verdad maravillosa. Quiere decir que el creyente escapará al juicio de Dios. Él es un hijo a quien Dios ha aceptado, por tanto, será aceptado en aquel día del regreso del Señor. No tendrá que enfrentar el terrible día del Señor y sufrir el juicio de la ira de Dios. Es un hijo del día, hijo de la gloriosa salvación y liberación de Dios, es por eso que el creyente debe esperan el regreso del Señor y el día de la ira del Señor. No debe andar en tinieblas poniendo su mente y pensamientos en este mundo. Debe vivir orando y pensando en las cosas de Dios y en la absoluta necesidad de alcanzar a las personas para Cristo, pues el grande y terrible día del Señor viene, está justo en el horizonte, muy cerca.

   “vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” (Mt. 5:14).

   “Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz” (Jn. 12:36).

   “Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra” (Hch. 13:47).

   “Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz” (Ef. 5:8).

   “para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Fil. 2:15).

   “Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas” (1 Ts. 5:5).

   “Así perezcan todos tus enemigos, oh Jehová; más los que te aman, sean como el sol cuando sale en su fuerza. Y la tierra reposo cuarenta años” (Jue. 5:31).

2° Titulo: Necesaria expiación para reconciliar, y así esperar el retorno de Cristo. Versículos 2 al 5. Y ofreceréis holocausto en olor grato a Jehová, un becerro de la vacada, un carnero, siete corderos de un año sin defecto; y la ofrenda de ellos, de flor de harina amasada con aceite, tres décimas de efa con cada becerro, dos décimas con cada carnero, y con cada uno de los siete corderos, una décima; y un macho cabrío por expiación, para reconciliaros (Léase: San Mateo 24:44. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ▬ 2ª a los Corintios 5:17 al 19. De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.).

Comentario de San Mateo 24:44. (24:43-44) Jesucristo, retorno: la primera parábola que contó Cristo es referida al propietario de una casa. Representa a la persona que profesa ser creyente. Cristo dijo cuatro cosas.

1. El propietario tenía que cuidar la casa. Había sido bendecido porque poseía una casa, y la casa estaba llena de cosas. Las cosas que poseía eran suficientemente valiosas para atraer al ladrón.

2. El propietario vivía sin preocuparse.

» a. El propietario sabía que el ladrón vendría, y que vendría de noche. Simplemente ignoraba en qué vigilia vendría. (Cada vigilia era dividida en tres horas, por ejemplo, 12-3 de la mañana y 3-6.)

» b. El propietario comenzó a velar. Trató de proteger su casa; había trabado las puertas y cerrado las ventanas. Estaba levantado atendiendo a cada ruido, dispuesto a tratar de proteger su casa. El propietario falló en su intento de proteger la casa, falló en lo menos esperado. Sencillamente no veló lo suficiente. A medida que pasaban las horas cayó más y más presa del sueño; finalmente se durmió. El propietario simplemente falló

  • en permanecer más tiempo despierto.
  • en mantener más tiempo su mente alerta.
  • en atender por más tiempo los ruidos (señales).
  • en mantenerse más tiempo activo.
  • en vigilar durante más tiempo.

3. El propietario sufrió un desastre. El ladrón vino mientras dormía. El propietario dejó de velar y entonces entró el ladrón a casa y tomó las cosas que el propietario más apreciaba.

▬ 4. El punto que Cristo señala es claro: la preparación es esencial. Con preparación Cristo significaba diligencia. Debemos vivir diligentemente una vida de justicia esperando su retomo.

   «Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir. Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia» (2 P. 3:11, 13).

  Cristo mencionó dos motivos por los que debemos estar preparados: (a) Él realmente viene, y (b) viene a una hora en que el negligente no lo espera (vv. 44, 50).

   «Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa» (Lc. 12:39).

  «En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Jn. 14:2-3).

   «Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá, así como ladrón en la noche…. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón» (1 Ts. 5:2, 4).

   «Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas» (2 P. 3:10).

  «Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre

ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti» (Ap. 3:3).

   «Y oí al ángel de las aguas que decía Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas» (Ap. 16:5).

Pensamiento 1. El retorno de Cristo es inminente. Ese es el punto. ¡Debemos permanecer alerta y esperar con diligencia su retorno hoy!

Pensamiento 2. La casa del propietario puede representar la vida de la persona. Cada persona es responsable de cuidar de su vida. Cristo dice que cuidamos nuestra casa (vida) «velando» y estando preparados para su retomo, puesto que él puede retomar en cualquier momento.

Comentario de 2ª a los Corintios 5:17 al 19. (5: 17) Nueva criatura ▬ Nuevo hombre ▬ Regeneración: El mensaje es de regeneración, la creación de una “nueva criatura”.

▬ 1. ¿Qué significa para el hombre convertirse en una “nueva criatura”? De un modo sencillo, significa exactamente lo que dicen las Escrituras: él realmente se convierte en una nueva criatura, todo su ser, naturaleza, vida y conducta cambian:

=> Como hombre estaba muerto para Dios, como una nueva criatura está vivo para Dios.

=> Como hombre no tenía relación con Dios, como una nueva criatura se le da una relación con Dios.

=> Como hombre no estaba seguro acerca de Dios, como una nueva criatura está absolutamente seguro acerca de Dios.

=> Como hombre nunca tuvo fraternidad ni comunión con Dios, como una nueva criatura tiene fraternidad y comunión con Dios todo el tiempo.

=> Como hombre estaba viviendo en pecado e inmortalidad, como una nueva criatura vive en justificación y santidad.

=> Como hombre tuvo que enfrentarse a la muerte, como una nueva criatura nunca tiene que morir.

=> Como hombre estaba condenado al juicio y la separación eterna de Dios, como una nueva criatura está destinado a vivir eternamente en la presencia de Dios.

▬ 2. ¿Cómo una persona se convierte en una nueva criatura? Note las palabras de este pasaje: “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es”. Es estar “en Cristo” lo que hace a una persona una nueva criatura. Cuando una persona cree verdaderamente en Cristo, Dios la coloca y la ubica en Cristo, en todo cuanto Cristo es. Cristo vivió, murió, y resucitó, por lo tanto, estar en Cristo significa que una persona vive, muere, y resucita en Cristo. A la persona que cree en Jesucristo se le identifica con Cristo: es decir, se le considera y se le toma por estar “en Cristo”, se le reconoce y se le acredita como si estuviera “en Cristo”.

   Explicado con mayor detalle, cuando una persona cree en Cristo, Dios coloca y ubica a esa persona “en” Cristo. La fe del creyente hace que Dios realmente identifique al creyente con Cristo:

  • Que considere al creyente como si hubiera vivido en Cristo cuando Cristo vivió en la tierra. Por consiguiente, al creyente se le considera impecable y justo porque Cristo fue impecable y justo.
  • Que considere al creyente como si hubiera muerto en Cristo. Por consiguiente, el creyente nunca tiene que morir (Jn. 3:16). La pena y la condenación de sus pecados ya están pagadas en la muerte de Cristo.
  • Que considere al creyente como si hubiera sido resucitado en Cristo. Por consiguiente, el creyente ha recibido la “nueva vida” de Cristo. De la misma manera que Cristo tuvo una nueva vida después de su resurrección, de la misma manera el creyente recibe la “nueva vida” de Cristo cuando él cree en Cristo. (Vea el índice y las notas _ Ro. 6:3-5. Vea también el Estudio a fondo 1, 2 _ Ro. 4:22; 5:1; 6:14-15.)

   Estar en Cristo quiere decir que un creyente anda y vive en Cristo día tras día. Quiere decir que él no “anda conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Ro. 8:1, 4). Quiere decir que “renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tit. 2:12). Quiere decir que él lleva el fruto del Espíritu (Gá. 5:22-23). Quiere decir que él permanece en Cristo, que él está relacionado y atado a Cristo:

  • De la misma manera que los miembros del cuerpo están relacionados y atados unos a otros (1ª Co. 12:12-27).
  • Como el pámpano está relacionado y atado a la vid (Jn. 15:4-7).

   A partir de esto, se ve claramente que una persona que está “en Cristo” es una nueva criatura. Esto es lo que se quiere decir con tales términos bíblicos “nacer de nuevo” y convertirse en un “nuevo hombre”. Sin embargo, no hay mejores palabras para describir esta experiencia que las palabras de este versículo: “las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Este es el mensaje del ministerio cristiano:

   “Un hombre puede comenzar una vida nuevamente, no importa cuánto se haya corrompido ni cuánto haya degenerado”. Dios anhela hacer de él una nueva criatura.

   “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Jn. 3:3).

   “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Co. 5:17).

   “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente” (Ef. 4:22, 23).

   “No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Col. 3:9,10).

   “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él” (1 Jn. 5:1).

    (5:18-19) Reconciliación: El mensaje es de reconciliación, un mundo de hombres puede ser traído de vuelta a Dios. Reconciliación significa cambiar completamente, cambiar de enemistad a amistad, juntar, restaurar. La idea es que dos personas que debían haber estado juntos todo el tiempo sean juntadas. Dos personas que hayan permitido que algo se interponga entre ellas sean restauradas y reunificadas.

   Lo que rompió la relación entre Dios y el hombre fue el pecado. Se dice que los hombres son enemigos de Dios (Ro. 5: 10), y la palabra “enemigos” se refiere al hecho de que los hombres se habían vuelto pecadores e impíos (Ro. 5:6, 8). Los “enemigos” de Dios son los pecadores e impíos de este mundo. Esto quiere decir sencillamente que todo hombre es enemigo de Dios, porque todo hombre es pecador e impío. Esto puede parecer duro y cruel, pero es exactamente lo que dicen las Escrituras. Esto se ve claramente si se analiza el asunto un momento.

   No se puede decir que el pecador sea amigo de Dios. Es antagónico hacia Dios, se opone a lo que Dios representa. El pecador está…

  • rebelándose contra Dios ° desobedeciendo a Dios
  • rechazando a Dios • luchando contra Dios
  • maldiciendo a Dios • negando a Dios
  • ignorando a Dios • rehusándose a vivir para Dios

   Cuando cualquiera de nosotros peca, obramos contra Dios y promovemos el mal con la palabra y el ejemplo:

=> Cuando el pecador vive para sí mismo, se conviene en un enemigo de Dios. ¿Por qué? Porque Dios no vive para sí mismo. Dios se entregó a si mismo de la manera más suprema posible: El dio a su único Hijo para que muriera por nosotros.

=> Cuando el pecador vive para el mundo y las cosas mundanas, se convierte en un enemigo de Dios. ¿Por qué? Porque escoge lo temporal y no a Dios. Él escoge aquello que pasa y no a Dios. Él lo escoge cuando Dios le ha proporcionado vida eterna por medio de la muerte de su Hijo.

   En esto consiste la reconciliación y el gran amor de Dios. Él no nos reconcilió y nos salvó cuando éramos justos y buenos. Él nos reconcilió y nos salvó cuando éramos enemigos, que lo ignorábamos y los rechazábamos. Como se ha planteado anteriormente, es porque somos pecadores y enemigos que necesitamos ser reconciliados.

1. Hay tres personas que participan en la reconciliación:

» a. El propio Dios es la primera persona que participa en la reconciliación. Dios es el que nos reconcilia. Note las palabras: “Todo esto proviene de Dios”. Si llegara el momento en el que una persona deseara reconciliarse con Dios, cambiar su vida y convertirse en una nueva criatura, tiene que venir donde Dios. Solo Dios tiene el poder para cambiar a un hombre; solo Dios puede darle a un hombre un nuevo nacimiento y hacer de él una nueva criatura. Ningún hombre tiene el poder para cambiarse lo suficiente como para volverse acepto ante Dios. Los hombres no se reconcilian ellos mismos con Dios. No pueden obrar lo suficiente ni pueden hacer suficiente bien como para volverse perfectamente aceptos ante Dios. La reconciliación es el acto de Dios y solo de Dios. Dios es el que salva al hombre y lo reconcilia. El hombre no se gana la reconciliación; él recibe la reconciliación de Dios.

» b. Jesucristo es la segunda persona que participa en la reconciliación. Dios nos reconcilia con Él mismo por medio de la muerte de Jesucristo. De un modo muy sencillo, cuando un hombre cree Jesucristo murió por él:

  • Dios acepta la muerte de Jesucristo por la muerte del hombre.
  • Dios acepta los pecados soportados por Cristo como los pecados cometidos por el hombre.
  • Dios acepta la condenación soportada por Cristo como la condenación debida al hombre.

   Por consiguiente, el hombre es liberado de sus pecados y del castigo por sus pecados. Cristo soportó por el hombre tanto el pecado como el castigo. El hombre que verdaderamente cree que Dios ama tanto, lo suficiente como para dar a su Hijo Unigénito, se vuelve acepto ante Dios, reconciliado para toda la eternidad.

   “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Co. 5:21).

    “y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades” (Ef. 2:16).

   “y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Col. 1:20).

   “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (He. 2:17).

» c. Los ministros son las terceras personas que participan en la reconciliación. Dios nos reconcilió con El mismo encargándole el ministerio de la reconciliación a los hombres. De la única manera que el mundo puede escuchar sobre el gran ministerio de la reconciliación es a través de los creyentes. Los creyentes deben proclamar el mensaje de la reconciliación o nunca se escuchará.

   “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” (Ro. 10:14).

   “y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades” (Ef. 2:16).

2. Note cómo Dios obró o logró la reconciliación. Dios hizo tres cosas para hacer posible la reconciliación:

» a. Primera, Dios vino a la tierra “en Cristo”, es decir, en la persona de Cristo. Como dice este versículo, “Dios estaba en Cristo”. Este planteamiento es un planteamiento fenomenal. Esto quiere decir que:

  • Cuando Jesucristo vino a la tierra, el propio Dios vino a la tierra.
  • Cuando Jesucristo soportó el pecado por el hombre, el propio Dios estaba soportando los pecados por el hombre.
  • Cuando Jesucristo murió por el hombre, el propio Dios estaba muriendo por el hombre.

   Esto quiere decir que el propio Dios estaba en la persona de Jesucristo salvando al hombre. Que el propio Dios había venido a la tierra para reconciliar al hombre. Esto quiere decir que el propio Dios amaba tanto al hombre que vino a la tierra a buscar y salvar a aquello que estaba perdido. La verdad es tan gloriosa que el propio Jesucristo hizo entrar la verdad en el corazón de los hombres.

   “así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas” (Jn. 10:15).

   “Yo y el Padre uno somos” (Jn. 10:30).

   “Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre” (Jn. 10:37, 38).

   “¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras” (Jn. 14:10).

» b. Segunda, Dios no le toma en cuenta el pecado a los hombres. La frase “tomar en cuenta” (logizomenos) quiere decir reconocer, considerar, y acreditar. Quiere decir acusar 0 hacer responsable a una persona. Si Dios no les toma en cuenta el pecado a los hombres ni los acusa del pecado, entonces quiere decir que Él perdona sus pecados. Cuando Jesucristo murió en la cruz, Dios estaba en Cristo muriendo por los pecados de los hombres. Dios estaba posibilitando que los hombres fueran liberados de la culpa y la condenación de sus pecados.

   Imagínese la situación: “Colgado allí en la cruz, Dios en Cristo no acusaba a los hombres del pecado”. Él estaba muriendo por los pecados de los hombres. Dios no estaba allí en la cruz para tomarles en cuenta el pecado a los hombres; Él estaba allí haciendo posible que a los hombres les fueran perdonados sus pecados.

   “porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mt. 26:28).

   “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hch. 2:38).

   “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (He. 9:22).

» c. Tercera, Dios le ha encargado la palabra de la reconciliación a los ministros. Dios no les ha dejado la palabra de la reconciliación a discreción de los hombres. Dios ha tomado la iniciativa. Dios llama y prepara a los ministros de Dios para proclamar la palabra de la reconciliación. Él ha hecho todo lo posible para reconciliar a los hombres.

   “de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios” (Col. 1:25).

   “y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lc. 24:47).

   “según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado” (1 Ti. 1:11).

   “en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos, y a su debido tiempo manifestó su palabra por medio de la predicación que me fue encomendada por mandato de Dios nuestro Salvador” (Tit. 1:2, 3).

3er TÍTULO: La comunión con Dios y su pueblo trae un gozo permanente. Versículo 6. además del holocausto del mes y su ofrenda, y el holocausto continuo y su ofrenda, y sus libaciones conforme a su ley, como ofrenda encendida a Jehová en olor grato. (Léase: Salmo 16:11. Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre. ▬ Los Hechos 2:1 al 4. Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.).

Comentario de Los Hechos 2:1 al 4. En respuesta a la orden de Jesús (1:4), los apóstoles esperan el don del Espíritu Santo pacientemente y en oración en Jerusalén. El texto griego comienza con la palabra y; esto indica que el acontecimiento de Pentecostés está estrechamente ligado con la ascensión de Jesús. Una traducción literal del texto griego dice: “Cuando el día de Pentecostés se hubo cumplido”. Es decir, cuando se llegó al día número cincuenta, el período de espera se completó. Para los apóstoles, una nueva era comenzaba.

   ¿Cuántas personas estaban reunidas el día de Pentecostés? Nosotros suponemos que en los 120 estaban incluidos todos los creyentes (1:15). Sin embargo, hay algunas objeciones a esta interpretación. El último versículo del capítulo anterior (1:26) menciona a los apóstoles; en el capítulo dos, no son los 120 sino que el centro de la atención está ocupado por Pedro y los Once (v. 14); y en la conclusión del sermón de Pedro la multitud se dirige a los apóstoles y no a los 120 (v. 37). Por el otro lado, no podemos limitar el adjetivo todos a los doce apóstoles cuando el contexto del capítulo precedente enfatiza la armonía cristiana como un elemento básico. Por lo tanto, interpretamos el adjetivo de tal modo de incluir a todos los creyentes mencionados en el capítulo anterior.

   ¿Dónde estaban los creyentes? Lucas es bastante parco al decir que estaban “en un lugar”. Si suponemos que ese lugar era el aposento alto (1:13), tendríamos que preguntarnos si aquel cuarto podría acomodar a 120 personas. Pero Lucas dice que ellos estaban sentados en una casa (v. 2) y no en las cercanías del templo.

   Tenemos que admitir que es difícil lograr certeza al respecto, pero nos inclinamos a pensar que el lugar de reunión estaba cerca del templo, donde los apóstoles regularmente adoraban a Dios (c.f. Lc. 24:53).

   Nótese los siguientes tres puntos:

  1. El viento. En horas de la mañana del día de Pentecostés, de pronto la gente escucha el sonido de un fuerte viento que soplaba desde los cielos. Un aspecto importante en la venida del Espíritu Santo es lo repentino de su

aparición. Aunque, tal como fueron instruidos, los discípulos se quedan en Jerusalén precisamente esperando el derramamiento del Espíritu, su repentina manifestación sorprende a todos. Los creyentes en Cristo experimentarán idéntica situación cuando de pronto Jesús regrese. No obstante, las señales de los tiempos, Jesús dijo a los suyos que su regreso será sorprendente e inesperado.

Lucas dice que hay sonido como de un viento fuerte al soplar. Él no dice que el viento mismo haya estado produciendo los efectos por todos conocidos. Leyendo otra parte de las Escrituras sabemos que tanto en el hebreo como en el griego es una y la misma palabra la que representa el doble significado de viento y espíritu (Ez. 37:9, 14; Jn. 3:8). Nosotros oímos y sentimos el efecto del viento, pero no podemos verlo. Así es con el Espíritu. El Espíritu Santo viene del cielo de Dios, no del cielo atmosférico, [p 81] con el sonido de un fuerte viento. Y llena la casa donde los creyentes están sentados y clamando por su venida (c.f. 4:31). Vemos el significado del viento en el relato de Lucas. El viento simboliza al Espíritu Santo, quien llena la casa donde están sentados los creyentes. El sonido del viento señala poder celestial, y su repentina aparición nos habla del comienzo de un acontecimiento sobrenatural.

   » b. El fuego. “Y se les aparecieron lenguas como de fuego que se dividieron y reposaron sobre cada uno de ellos”. Este es el cumplimiento de la descripción que Juan el Bautista hace del poder de Jesús: “Él os bautizará en el Espíritu Santo y fuego” (Mt. 3:11; Lc. 3:16). A menudo en el Antiguo Testamento el fuego es simbólico de la presencia de Dios, especialmente en relación con la santidad, el juicio y la gracia. Por ejemplo, Moisés oyó la voz de Dios en la zarza ardiendo diciéndole que se quitara sus sandalias (Ex. 3:2–5); el fuego consumió el sacrificio de Elías en el Monte Carmelo (1 R. 18:38); y un carro de fuego llevó a Elías al cielo (2 R. 2:11). Los creyentes reunidos en Jerusalén no sólo oyen la venida del Espíritu Santo, sino que también lo ven tomar forma de lo que pareciera ser lenguas de fuego. El fuego, símbolo de la divina presencia, toma la forma de lenguas que no salen de la boca de los creyentes, sino que reposan sobre sus cabezas. Por lo tanto, no debemos confundir estas lenguas con las “otras lenguas” mencionadas en el versículo siguiente (v. 4), donde Lucas introduce el milagro de hablar en lenguas.

   El Espíritu Santo se hace visible con esta manifestación externa y reposa sobre cada uno de los creyentes. No se trata de una ilusión óptica, porque Lucas claramente señala que vieron lenguas de fuego. La venida del Espíritu da cumplimiento a la profecía de Juan el Bautista de que los discípulos serían bautizados con el Espíritu Santo y con fuego. Así, la venida del Espíritu Santo anuncia una nueva era, porque viene a habitar con los hombres no temporalmente sino para siempre.

   » c. Las lenguas. “Fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas según el Espíritu les daba capacidad”. El texto griego indica que la llenura con el Espíritu ocurrió de una vez por todas; es decir, el Espíritu no vino y se fue, sino que permaneció, como es evidente en el relato de Lucas. Cuando Pedro se dirige al Sanedrín, él está lleno del Espíritu (4:8; y véase también 4:31). Después de su conversión, Saulo recibe el Espíritu Santo (9:17; c.f. 13:9, 52). El derramamiento del Espíritu no es repetitivo porque el Espíritu Santo permanece con la persona que ha sido llenada. Además, va alcanzando en círculos concéntricos a los samaritanos (8:17), a los gentiles (10:44–46), y a los discípulos de Juan el Bautista (19:1–6). Esto ocurre en perfecta armonía con y en cumplimiento del mandamiento de Jesús dado a los apóstoles de ser testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra (1:8).

    ¿Qué efecto produce el Espíritu Santo en todos los creyentes? Lucas dice que “fueron todos llenos”. No debemos limitar el adjetivo todos a los apóstoles, porque Pedro en su sermón habla del cumplimiento de la profecía de Joel y dice que: “Tus hijos e hijas profetizarán” (v. 17; Jl. 2:28). Y cuando más tarde Pedro y Juan hicieron notar a los creyentes lo que los sumos sacerdotes dijeron, todos fueron llenos del Espíritu Santo (4:31). El efecto del hecho de que el Espíritu Santo mora en la persona es que el Espíritu toma plena posesión del creyente individualmente.

   El cristiano que es lleno con el Espíritu llega a ser el portavoz del Espíritu. En el caso de los creyentes en Jerusalén, hablaron en otras lenguas probando así que el Espíritu Santo los controla y los capacita. La palabra lengua es equivalente al concepto lenguaje hablado. Esto se hace evidente en el comentario de Lucas que “cada uno los oía hablar en su propia lengua” (v. 6); las multitudes preguntan, “¿Cómo entonces les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?” (v. 8); y dicen: “Los oímos hablar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios” (v. 11). Las lenguas que los creyentes hablan son idiomas hablados en regiones desde Persia en el este hasta Roma en el oeste. No podemos tomar por iguales lo que ocurrió en Pentecostés y las lenguas habladas en la iglesia de Corinto. Los que hablan en otras lenguas en Pentecostés no hablan para la edificación de la iglesia (a diferencia del hablar en éxtasis [1 Co. 14]). Mientras que en la iglesia de Corinto el hablar en éxtasis tiene que ser interpretado, en Pentecostés los oyentes no necesitan tener intérpretes porque ellos oyen y pueden entender sus propios idiomas. La habilidad de hablar en lenguas viene de adentro de la persona y es una manifestación interna del Espíritu Santo; el viento y el fuego son manifestaciones externas.

Domingo 26 de abril de 2026

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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Una respuesta a «DOMINGO 26 DE ABRIL DE 2026. “EL TOQUE DE TROMPETAS EN LA SANTA CONVOCACIÓN: SÍMBOLO DEL PRONTO RETORNO DE CRISTO”.»

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