Estudio Biblico Tiquico

Estudio Biblico Tiquico

Roberto Saldias Roa
LUNES 15 DE JUNIO DE 2026. “ABNER: EJEMPLO DE OPORTUNISMO E HIPOCRESÍA”.

   Comentario general del contexto Bíblico: Abner es perseguido, 2:18–32. Joab, Abisai y Asael eran hijos de Sarvia; los tres hermanos eran grandes guerreros, amantes de la guerra más que de la paz, y de carácter obstinado. Asael, el más rápido en la carrera, se dio a perseguir a Abner. Abner suplicó a Asael que se apartara, que dejara de perseguirlo, porque no quería matarlo; sin embargo, Asael insistió en perseguir a Abner, y en su insistencia encontró la muerte a manos del experimentado Abner. Asael tenía mucha fuerza y destreza, pero su fuerza y destreza fueron dominadas por su orgullo y obstinación.

   Joab y Abisai continuaron persiguiendo a Abner y sus hombres hasta el anochecer, hasta que Abner suplicó a Joab que dejara de perseguirlos. Las palabras de Abner reflejan cierta actitud de reconciliación, reconsiderando la tragedia de la guerra y reconociendo a ambos ejércitos como parte de un mismo pueblo; Abner aún se atrevió a reclamar a Joab que dejara de perseguir a sus hermanos. Joab, por su parte, le recordó a Abner que el primero en llamar a la guerra fue Abner. Joab, sin embargo, dejó de perseguir a Abner. Los dos ejércitos se retiraron a sus ciudades, uno hacia el norte y otro hacia el sur; los del sur perdieron 19 hombres, pero los del norte perdieron 360; después de esta derrota, parece que Abner pensaba en la posibilidad de establecer una reconciliación, como lo demostraría después; pero Joab, después de la muerte de su hermano Asael, no descansaría hasta matar a Abner. Una vez comenzada la guerra, no terminó hasta después de mucho tiempo, aunque no duró más de dos años, ya que Isboset reinó solamente dos años. Un sometimiento de parte de Abner hubiera evitado este enfrentamiento fratricida, pero tomó algún tiempo para que Abner se sometiera a la autoridad de David. Pero antes hubo una larga guerra entre la casa de Saúl y la casa de David (3:1).

Abner: ejemplo de oportunismo e hipocresía:  En el relato bíblico, Abner (comandante del ejército del Rey Saúl) es frecuentemente citado como un ejemplo de oportunismo e hipocresía política. Esto se debe a que sostuvo una guerra encarnizada contra David durante años, pero al ver el declive de su bando, cambió de bando para asegurar su propio poder y supervivencia.

El Contexto del Oportunismo de Abner

  1. Fidelidad por conveniencia: Abner fue el leal general del Rey Saúl. Tras la muerte de Saúl, en lugar de apoyar de inmediato al ungido por Dios (David), instaló al hijo de Saúl, Is-boset, como rey títere para mantener su propia influencia militar.
  2. Cambio de bando estratégico: Cuando Is-boset lo confrontó por una falta de respeto, Abner vio que el viento soplaba a favor de David. Utilizó una disputa menor para desertar y ofrecerle a David todo el reino de Israel a cambio de asegurar su posición de poder.

El Ejercicio de la Hipocresía

Abner intentó presentarse ante David y el pueblo como un pacificador y un hombre de principios. Sin embargo, su motivación nunca fue la unidad de la nación, sino la autopreservación táctica. Su incoherencia entre sus años de lucha sangrienta contra el ungido y su repentina sumisión es el núcleo de este comportamiento.

   Historiadores y teólogos frecuentemente comparan este tipo de actitudes con el oportunismo moderno, donde las personas cambian de lealtades y principios por conveniencia táctica.

¿Qué dice la Biblia acerca de la hipocresía?

   En esencia, la «hipocresía» se refiere al acto de afirmar creer en algo, pero actuar de una manera diferente. La palabra bíblica se deriva del término griego que se usa para «actor» (literalmente, «uno que usa una máscara»), en otras palabras, alguien que finge ser lo que no es.

  La Biblia considera la hipocresía un pecado. Hay dos formas en que se puede presentar la hipocresía: La hipocresía que dice creer en algo y luego actuar de manera contraria a esa creencia, y la hipocresía de mirar por encima del hombro a los demás sabiendo que nosotros mismos somos imperfectos.

  El profeta Isaías denunció la hipocresía en su tiempo: «Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado» (Isaías 29:13). Siglos más tarde, Jesús citó este versículo, apuntando a la misma condenación de los líderes religiosos de Su día (Mateo 15:8-9). Juan el Bautista llamó «generación de víboras» a las multitudes hipócritas que venían a él para ser bautizadas, y les advirtió que «produjeran frutos dignos de arrepentimiento» (ver Lucas 3:7-9). Jesús igualmente tomó una postura firme contra la santurronería; llamó a los hipócritas «lobos vestidos de ovejas» (Mateo 7:15), «sepulcros blanqueados» (Mateo 23:27), «serpientes» y «generación de víboras» (Mateo 23:33).

  No podemos decir que amamos a Dios si no amamos a nuestros hermanos (1 Juan 2:9). El amor debe ser «sin fingimiento» (Romanos 12:9). Un hipócrita puede parecer justo externamente, pero es una fachada. La verdadera justicia proviene de la transformación interna del Espíritu Santo y no de un ajuste externo a un conjunto de reglas (Mateo 23:5; 2 Corintios 3:8).

Jesús abordó la otra forma de hipocresía en el sermón del monte: «¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: ¿Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano» (Mateo 7:3-5). Jesús no está enseñando en contra del discernimiento o de ayudar a otros a vencer el pecado; al contrario, Él nos está diciendo que no seamos tan orgullosos y convencidos de nuestra propia bondad, al punto de criticar a los demás desde una posición de arrogancia. Deberíamos hacer una introspección primero y corregir nuestros propios defectos antes de ver la «paja» en los demás (cf. Romanos 2:1).

Jesús en Su ministerio terrenal tuvo muchos enfrentamientos con los líderes religiosos de la época, los fariseos. Estos hombres eran bien versados en las escrituras y celosos para cumplir cada letra de la ley (Hechos 26:5). Sin embargo, al adherirse al cumplimiento de la ley, buscaban activamente deficiencias que les permitía quebrantar el espíritu de la ley. Asimismo, mostraron una falta de compasión hacia sus semejantes y a menudo demostraban en exceso su supuesta espiritualidad con el fin de recibir elogios (Mateo 23:5-7; Lucas 18:11). Jesús denunció su comportamiento en términos muy claros, señalando que «la justicia, la misericordia y la fe» son más importantes que buscar una perfección basada en estándares incorrectos (Mateo 23:23). Jesús dejó en claro que el problema no era con la ley, sino con la forma en que los fariseos la implementaron (Mateo 23:2-3). Hoy en día, la palabra fariseo se ha convertido en sinónimo de hipócrita.

Debe notarse que la hipocresía no es lo mismo que tomar una posición contra el pecado. Por ejemplo, no es hipocresía enseñar que la embriaguez es un pecado, a menos que el que enseña contra la embriaguez se emborracha todos los fines de semana, eso sería hipocresía.

   Como hijos de Dios, estamos llamados a esforzarnos por la santidad (1 Pedro 1:16). Debemos «aborrecer lo malo» y «seguir lo bueno» (Romanos 12:9). Nunca debemos insinuar una aceptación del pecado, especialmente en nuestras propias vidas. Todo lo que hacemos debe ser coherente con lo que creemos y lo que somos en Cristo. La actuación es para el teatro, no para la vida real.

   Pregunta: ¿Cuándo matar en defensa propia es justificable? Respuesta: Matar en defensa propia es justificable ante la ley solo cuando es el último recurso para evitar un daño grave o la muerte inminente. Para que sea legalmente eximente de responsabilidad, la acción debe cumplir con estrictos requisitos de proporcionalidad y necesidad.

   En jurisdicciones como la chilena (regida por el Código Penal y normativas del Poder Judicial), la legítima defensa requiere que se configuren tres condiciones clave:

  • Agresión ilegítima: El ataque debe ser real, actual o inminente, no una suposición o un hecho ya consumado.
  • Falta de provocación suficiente: Quien se defiende no debe haber iniciado ni provocado la pelea o confrontación.
  • Racionalidad del medio empleado: La fuerza utilizada para repeler el ataque debe ser proporcional y adecuada a la amenaza que se enfrenta. Si el agresor no representa un peligro de muerte o lesiones graves, el uso de fuerza letal no estaría justificado.

En el ámbito penal, se evalúa si una persona razonable en la misma situación habría percibido la misma amenaza. Si los medios superan lo estrictamente necesario para detener la agresión, la figura de defensa propia podría perderse o reducirse, dando paso a cargos por homicidio.

2:19–23a

Si se agotan todos los recursos para protegerse a sí mismo y a los familiares.

Si la persona insiste en hacer daño a pesar de todo esfuerzo por evitarlo.

   Conveniencia biblia: La Biblia advierte que seguir a Dios por conveniencia personal (buscando solo el beneficio propio) se opone a la fe genuina. El apóstol Pablo enseña en 1 Corintios 10:23 que, aunque todo sea lícito, no todo conviene ni edifica, llamando a priorizar el bienestar de los demás.

En las Escrituras, este concepto se divide principalmente en dos enfoques: el ético y el espiritual.

1. La conveniencia ética (Edificar a otros)

Pablo menciona el principio de conveniencia para enseñar que las decisiones deben basarse en el amor al prójimo y no en el interés propio:

  • 1ª Corintios 6:12: Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no me dejaré dominar de ninguno.
  • 1ª Corintios 10:23-24: Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro.

2. El peligro del cristianismo por conveniencia

Por otro lado, la Biblia rechaza la actitud de buscar a Dios solo cuando es útil, fácil o cuando se alinea con los propios deseos:

  • Buscar la propia voluntad: En Isaías 58:3, Dios reprende al pueblo porque durante sus ayunos y prácticas religiosas, en realidad solo buscaban «su propia conveniencia» oprimiendo a los demás.
  • Obediencia condicional: Jeremías describe a personas que prometen obedecer a Dios, pero solo si el mandato les resulta agradable Jeremías 42:6. «Sea bueno, sea malo, a la voz de Jehová nuestro Dios al cual te enviamos, obedeceremos, para que obedeciendo a la voz de Jehová nuestro Dios nos vaya bien».

   Comentario de Proverbios 12:18. El v. 18 contrapone las palabras del que “habla sin pensar en una forma poco considerada” con las palabras del sabio (ver 1:5; 10:1). Los resultados son muy distintos. El que habla sin pensar es (como) “la penetración de la espada”. Al contrario, la lengua del sabio es (como) remedio o sanidad (del vocablo marepe’ 4832). En este mismo sentido, la lengua del sabio sanador es como las enseñanzas del maestro (4:22) y el enviado fiel (13:17).

   Comentario del Salmo 119:118: Lo que los hombres llaman buena estrategia o astucia (v. 118), a menudo es engaño y Dios lo trata como tal. Dios juzga a tales impíos; por eso el salmista siente más reverencia (temor) hacia él. El amor a Dios y el temor de él no son antagónicos (vv. 113 y 120), van juntos; por eso todo el ser (corazón, cuerpo, emociones, mente y espíritu) se involucra en la adoración, servicio y obediencia de acuerdo con su Palabra.

   Sensatez: La sensatez de Joab, comandante del ejército de David, se evidenció de manera notable en el estanque de Gabaón, cuando frenó una guerra civil inminente. Al comprender que la lucha fratricida solo traería amargura y destrucción, aceptó el llamado a la cordura y ordenó a sus tropas detener la masacre.

   Esta capacidad de reflexión para prevenir derramamientos de sangre mayores se contrapone con otras acciones de Joab en las escrituras, donde su fuerte temperamento y sed de venganza personal en ocasiones lo llevaron a desobedecer las órdenes directas de pacificación del rey David.

   Comentario de Romanos (12:18) Paz-fraternidad-guerra-divisiones: el creyente debe vivir en paz con todos los hombres. Sin embargo, la paz no siempre es posible. Hay dos calificativos.

• Si es posible, el creyente debe vivir en paz con todos los hombres. Sin embargo, no es siempre posible. Algunas personas son perturbadoras: gruñones, quejumbrosos, buenos para disentir, divisivos, peleadores, egoístas, líderes egocéntricos, buscadores de una imagen, que andan a la caza del poder, belicosos. Algunas personas no tienen interés en vivir en paz con el creyente.

• En cuanto dependa de vosotros, el creyente debe vivir en paz con todos los hombres. El creyente debe trabajar por la paz cuanto le sea posible. Algún nivel de armonía y concordia se puede lograr por lo menos por algún tiempo. El creyente nunca debe darse por vencido, no mientras haya esperanzas de tener algún grado de paz. Debe lograr cuanta paz le sea posible. Sin embargo, la paz no siempre es posible con todos.

   Ahora note dos puntos significativos que merecen una cuidadosa consideración y reflexión por parte de todo creyente.

1. La causa del conflicto no debe venir del creyente. Debe tratar, por todos los medios posibles, de traer la paz y mantener la paz (Ro. 12:20; cp. Mt. 5:39-41). Sin embargo, esto podría ser imposible debido a la maldad de otros 0 porque el control de la paz no está en sus manos. Es posible que algunos no vivan apaciblemente. Siguen dando rienda suelta a cada capricho y llevan una vida de repugnante libertinaje. Ese tipo de vida a menudo amenaza la paz y la seguridad, la preservación y la vida de uno, de la familia y de los amigos.

2. ¿Qué es lo que determina si un creyente debe volver la otra mejilla o defenderse? Por ejemplo, Jesús pasó su vida combatiendo la maldad y el pecado, y no siempre puso la otra mejilla (Jn. 19:22-23); tampoco lo hizo Pablo (Hch. 23:2-3). Pablo exhortaba a los creyentes a no permitir el libertinaje y era estricto en el mandato. Por ejemplo, dijo que, si por pereza un hombre no trabaja, no debe comer (2 Ts. 3:7, 10).

   El principio directriz para el creyente es claro: «No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal» (Ro. 12:21). Hay ocasiones en que un atacante, si le permitimos continuar atacando, se siente estimulado en su mala naturaleza de desenfreno y libertinaje. Si se le permite continuar, su mal vence al creyente, ya sea desde adentro por la amargura y el deseo de venganza, o desde afuera tomando el dominio. Así, el creyente no debe sacrificar la verdad para preservar la paz. No se debe permitir que el mal venza a la verdad.

   «Si el espíritu del príncipe se exaltare contra ti, no dejes tu lugar; porque la mansedumbre hará cesar grandes ofensas» (Ec. 10:4).

   «Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres» (Ro. 12:18).

   «Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación» (Ro. 14:19).

   «Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor» (He. 12:14).

    Comentario de San Mateo 5:9. (5 9) Pacificadores: lograr unión entre personas; hacer paz entre los hombres y Dios; resolver disputas y quitar divisiones; reconciliar a personas peleadas y eliminar la contienda; silenciar a las lenguas y construir buenas relaciones.

1 ¿Quién es el pacificador?

» a. La persona que procura hacer paz con Dios (Ro. 5:1; Ef. 2: 14-17). Conquista la lucha interior, apacigua la tensión interior, maneja la presión interior. Toma la lucha que hay en su corazón entre el bien y el mal y procura que el bien conquiste el mal.

   «Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Ro. 5:1).

   «Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared inter- media de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca» (Ef. 2:14-17).

» b. La persona que en toda oportunidad procura hacerla paz en el interior de otros. Busca y conduce a otros a hacer paz con Dios, a conquistar la lucha interior, a eliminar la tensión interior, a controlar la presión interior.

   «Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación» (Ro. 14:19).

» c. La persona que en toda ocasión procura hacer la paz entre otros. Se esfuerza por resolver disputas y eliminar divisiones, reconciliar diferencias y quitar peleas, silenciar a las lenguas y construir buenas relaciones.

   «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a Él mismo» (Fil. 2:3).

   «Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes» (2 Ti. 2:14).

   «Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido» (2 Ti. 2:24).

2 El pacificador es la persona que ha hecho paz con Dios (Ro 5:1) y conoce la paz de Dios (véase nota-Jn. 14:27).

3 Los pacificadores aman la paz, pero no son pasivos ante los problemas. Están aquellos que dicen amarla paz, pero se apartan de todo problema. ignoran y huyen de los problemas y de situaciones amenazantes, con frecuencia evaden los conflictos. No hacen ningún intento por hacer paz entre los otros. El pacificador (de quien habla Cristo) encara el problema sin importar cuán peligroso sea, y se esfuerza por lograr una verdadera paz sin importar la lucha.

4 El mundo tiene sus perturbadores. Prácticamente toda organización tiene sus perturbadores, inclusive la iglesia. Dondequiera esté el perturbador hay críticas, quejas y murmuraciones, y, con demasiada frecuencia, una división en el cuerpo, una división que a veces es menor, a veces, mayor; a veces apenas insípida, a veces totalmente amarga. El pacificador no lo soporta. Se dispone a resolver el asunto, a solucionar el problema, a controlar las diferencias y reconciliar las partes.

5. El evangelio de Cristo tiene que ser esparcido con medios pacíficos, no por fuerza. Existen muchos tipos de fuerza.

» a. Existe una fuerza verbal, por medio de un elevado volumen, una conversación dominante, tácticas de venta inapropiadas, amenazas, soborno, y abuso.

» b. Existe la fuerza física mediante expresiones faciales, movimientos corporales, una presencia avasalladora, y ataques.

   Resultados: En la Biblia, el concepto de resultado (a menudo traducido como fruto, consecuencia o desenlace) se refiere a la Ley de la Cosecha: las acciones, decisiones y obediencia de una persona siempre producen un efecto espiritual, emocional o físico en su vida.

   La interpretación bíblica de este concepto abarca áreas esenciales:

   • Fruto y Cosecha: Las Escrituras enseñan que «todo lo que el hombre sembrare, eso también segará» (Gálatas 6:7. «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará».). Las acciones justas dan «buenos frutos», mientras que el pecado o el alejamiento de la voluntad divina producen consecuencias destructivas.

    • Pruebas y Carácter: Los resultados de las dificultades y pruebas son vistos como herramientas de Dios para producir paciencia, fe madura y un carácter transformado (Santiago 1:3-4. «sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. 

4 Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.»).

   • El Destino Eterno: Las decisiones presentes tienen como resultado final la vida eterna mediante la fe y la gracia, o la separación de Dios.

    En la Biblia, el resultado de las contiendas entre hermanos: suele ser trágico o destructivo, derivando en consecuencias como el asesinato, el exilio, la división familiar y el arrepentimiento. Las escrituras enseñan que Dios aborrece sembrar discordia y mandan resolver los conflictos a través del amor y el perdón fraternal.

Ejemplos destacados de estas contiendas incluyen:

  • Caín y Abel: La envidia por la aceptación de sus ofrendas llevó a la primera muerte de la historia, resultando en que Caín fuera expulsado y condenado a vivir como un fugitivo (Génesis 4).
  • Jacob y Esaú: La rivalidad por la primogenitura y la bendición paterna hizo que Esaú quisiera asesinar a Jacob. El resultado fue la huida de Jacob al exilio durante muchos años y la ruptura familiar (Génesis 25-33).
  • José y sus hermanos: Por celos, los hermanos de José lo vendieron como esclavo, provocando años de dolor y engaño para su padre. Años después, el resultado se transformó en reconciliación y provisión cuando José, convertido en gobernador de Egipto, los perdonó (Génesis 37-50).
  • Enseñanza del Nuevo Testamento: El apóstol Pablo amonesta duramente a los creyentes por llevar sus pleitos ante tribunales seculares en lugar de resolverlos pacíficamente entre ellos (1ª Corintios 6:5-7. «Para avergonzaros lo digo. ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos, sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los incrédulos? Así que, por cierto, es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados?». 

Comentario de Genesis 4: 6 al 8. El primer homicidio y su castigo, 4:6–16. Dios nota la reacción de Caín y le ofrece ayuda de tres maneras: Primera, le hace reconocer su sentimiento negativo. Reconocer los sentimientos es el primer paso hacia una resolución correcta. Segunda, le indica que la razón de no mirar con agrado a su ofrenda está en él mismo y no en Abel. No se debe eludir la responsabilidad y echar la culpa a otro, sino corregirse y mejorar. Tercera, le advierte del pecado al que su sentimiento lo puede llevar. No obstante, Caín es responsable y capaz de dominar la situación y resolverla correctamente. Jesús elabora sobre este tema en Mateo 5:21–26 declarando que la reconciliación con el hermano (prójimo) es la solución correcta al enojo.

   Caín, sin hacer caso a Dios, descarga su resentimiento matando a Abel su hermano. Este es el primer crimen registrado en la Biblia. Fue una acción calculada fríamente y con engaño. No se especifica el diálogo que mantuvieron los hermanos ni la forma en que Caín mató a Abel, pero sí que hubo derramamiento de sangre.

   Dios confronta nuevamente a Caín quien intenta eludir toda responsabilidad. Aunque Abel está muerto, su vida no está extinguida. Su sangre, expresión de vida en el pensar bíblico, clama a Dios, Señor de la vida. Caín no muestra señal de arrepentimiento —respuesta correcta a Dios ante el pecado— y Dios lo castiga. La maldición de la tierra y el ser errante afectan a la relación de Caín con la tierra de la cual depende grandemente por su vocación. Ante el temor expresado por Caín de ser muerto por cualquiera, Dios le provee de una protección poniéndole una señal. Esta señal es expresión de misericordia de Dios (da oportunidad de arrepentimiento) y de afirmación que sólo él es el Señor de la vida.

   Comentario de Proverbios 11 v. 19 subraya la presencia de una multitud de palabras. Desafortunadamente, entre las muchas, pero poco pensadas palabras, estará por salir una mentirita, un pecado. La palabra entregada en una forma pensante muestra la prudencia. “En boca cerrada no entran moscas” y “por la boca muere el pez” son dos refranes que recomiendan la prudencia en la conversación.

   Las dos palabras lengua y corazón se han visto unidas a lo largo de Proverbios y en las enseñanzas de Jesús (ver 10:8; Mat. 15:18 y 19). Mientras la conversación del justo o recto (ver 10:3) es plata escogida de sumo valor (ver 2:4; 3:14; 8:10, 19), el corazón de los impíos, es decir el conocimiento- la voluntad-la facultad para tomar decisiones (ver 10:8) vale “poquísimo”, casi nada.

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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