LECCION: Números 31:21 al 24. 21. Y el sacerdote Eleazar dijo a los hombres de guerra que venían de la guerra: Esta es la ordenanza de la ley que Jehová ha mandado a Moisés: 22. Ciertamente el oro y la plata, el bronce, hierro, estaño y plomo, 23. todo lo que resiste el fuego, por fuego lo haréis pasar, y será limpio, bien que en las aguas de purificación habrá de purificarse; y haréis pasar por agua todo lo que no resiste el fuego. 24. Además lavaréis vuestros vestidos el séptimo día, y así seréis limpios; y después entraréis en el campamento.
Comentario general del contexto bíblico: Números 31. Versículos 21-24. Con este fin, Eleazar, cuyo deber como sumo sacerdote era velar por que las leyes de purificación se observaran debidamente, emitió instrucciones más completas con referencia a la purificación de los diferentes artículos, de acuerdo con la ley del cap. 19. מלחמהּל באיםּה, los que vinieron a la guerra, es decir, los que entraron en la batalla (ver Números 10:9). “La ordenanza de la ley:” como en Números 19:2. El metal (oro, plata, cobre, estaño, plomo), todo lo que generalmente cae en el fuego, es decir, lo que soportará el fuego, debía pasar por el fuego, para que pudiera quedar limpio, y luego debía ser rociado. con agua de purificación (Números 19:9); pero todo lo que no soportaba el fuego debía ser arrastrado por el agua. – El lavado de la ropa en el séptimo día fue según la regla establecida en Números 19:19.
Pensamiento 2: 31 :19-24 Aunque la guerra contra Madián era vista como santa, aquellos que estuvieron involucrados en la matanza adquirían impureza ritual por su contacto con cadáveres. Por eso quedaron excluidos del campamento hasta que fueran purificados (cf. 5:1-4; 12:14-15). Es abrumador el contraste con la recepción que se les brindaba en otras naciones de la antigüedad a los guerreros vencedores cuando regresaban de la batalla.
En resumen, todo aquel que hubiese dado muerte a una persona o hubiese tocado algún cadáver, debía purificarse. Como vimos en 19:11-22, esta purificación se realizaba con el rociamiento de las aguas de purificación el día tercero y el séptimo después del contacto. El metal debía ser pasado por fuego para su limpieza, y después rociado con el agua de la purificación (1929). Pero todo aquello que no soportara el fuego debía ser pasado por el agua. El lavado de las ropas el séptimo día se realizaba conforme a las instrucciones del capítulo 19.
¿Cómo es que la obediencia al participar en una guerra santa podía dejar a los soldados en estado de impureza? Esta aparente paradoja resalta un punto importante: aunque la guerra pueda ser vista como gloriosa desde el punto de vista de los vencedores, siempre lleva a cuesta la sombra de la muerte, la cual es el opuesto al principio creador de Dios. Por tanto, esta purificación recordaría a Israel que matar a otro ser humano, aunque fuera ordenado por Dios mismo, era una corrupción catastrófica del plan original del Señor para Su creación.
Ordenanza de dios que se debe ejecutar fielmente: En la teología bíblica, protestante y pentecostal, las ordenanzas son actos sagrados instituidos por Jesucristo. A diferencia de los sacramentos, son símbolos externos de una realidad espiritual interna. Deben ejecutarse fielmente y se dividen en dos principales, sumando una tercera en muchas congregaciones pentecostales clásicas:
▬ 1. El Bautismo en Agua por Inmersión:
• Fundamento bíblico: Ordenado por Jesús en Mateo 28:19 y practicado en la iglesia primitiva (ej. Hechos 2:41).
• Ejecución: Se realiza sumergiendo completamente al creyente en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Representa el arrepentimiento, la limpieza de pecados y la identificación con la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (Romanos 6:3-4).
▬ 2. La Santa Cena:
• Fundamento bíblico: Instituida por el Señor en Lucas 22:19-20 y reafirmada por el apóstol Pablo en 1 Corintios 11:23-26.
• Ejecución: Es una ceremonia memorial. El creyente participa del pan (que simboliza el cuerpo inmolado de Cristo) y del vino o jugo de uva (que simboliza su sangre derramada). Se ejecuta fielmente para recordar el sacrificio de la cruz y anunciar su segunda venida.
▬ 3. El Lavamiento de Pies (Práctica Pentecostal)
• Fundamento bíblico: Basado en el relato de Juan 13:1-17, donde Jesús mismo lava los pies de sus discípulos y manda a hacer lo mismo.
• Ejecución: Muchas denominaciones pentecostales la practican como una ordenanza de humildad, servicio mutuo y consagración, previo a la celebración de la Santa Cena.
TEXTO: “Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres” (Deuteronomio 8:1).
La disciplina del desierto, 8:1–6. Moisés inició su amonestación, exhortando a Israel otra vez a poner por obra el mandamiento que él había presentado a la nación (v. 1). El uso de la palabra mandamiento en el singular es probablemente una referencia a todas las enseñanzas que Moisés había dado a Israel. La observancia de los mandamientos y las demandas del pacto eran la condición que Jehovah había impuesto para la entrada y la conquista de la tierra de Canaán. Por su obediencia Israel viviría en la tierra por muchos años y por su obediencia gozaría de las bendiciones de la tierra de la promesa.
Cada israelita tenía que recordar lo que Jehovah había hecho por el pueblo durante los 40 años de peregrinación en el desierto. Moisés se remonta a la experiencia de Israel en el desierto y proyecta aquella prueba dura sobre la presente generación. La experiencia de Israel en el desierto fue una prueba de fe que sirvió para humillarla. Durante los 40 años en el desierto Jehovah probó a Israel a fin de conocer la intención de su corazón. Tenía que aprender a depender de Jehovah y obedecer sus mandamientos.
La palabra humillarte en heb. está relacionada con la palabra pobreza. La humillación de Israel fue su pobreza, su falta de recurso económico. En su pobreza Israel aprendió a confiar en Dios y depender de la provisión divina. Una de las pruebas de Israel en el desierto fue el hambre (v. 3). Dios le permitió experimentar el hambre, pero por su gracia los alimentó con el maná (Exo 16:1–30; Núm. 11:4–9). La dádiva del maná fue una nueva experiencia para Israel. Por medio de esta experiencia Israel aprendió una lección muy importante: la vida humana no consiste solamente de alimento físico sino de todas las palabras que proceden de la boca de Jehovah. Sin comida Israel hubiera perecido en el desierto, pero el pueblo fue alimentado diariamente por Dios. El pueblo tenía que depender de Dios todos los días. Cada día tenían que creer que Dios iba a proveer el pan para aquel día (Mat. 6:11). El maná fue dado a Israel para enseñarle una lección importante: para vivir, tenía que depender de Jehovah. En Israel el pan era un elemento necesario de la dieta diaria. En el desierto hubo escasez, pero Dios habló y su palabra proveyó para las necesidades de su pueblo. Este pasaje fue citado por Jesús cuando fue tentado por Satanás en el desierto. Cuando Satanás tentó a Jesús para que cambiara las piedras en panes, Jesús citó las palabras del v. 3 para enfatizar su dependencia en su Padre celestial (Mat. 4:4; Luc. 4:4).
Otra evidencia de la provisión divina fue que Dios hizo posible que Israel se vistiera adecuadamente durante los 40 años en el desierto. El simbolismo de las palabras del v. 4 enseña que Dios proveyó todo lo que Israel necesitaba para su jornada en el desierto (29:5). El propósito de las pruebas de Israel fue educar al pueblo a depender de Dios completamente. Como un padre educa a su hijo, Jehovah probó a su pueblo para transformarlos en un pueblo santo y diferente. La palabra corrige (v. 5) lleva en sí la idea de educar: “Jehovah tu Dios te ha educado, así como un padre educa su hijo” (ver comentario en 4:36). Moisés exhortó a la nueva generación a obedecer los mandamientos de Jehovah y a caminar en sus caminos con reverencia. La palabra temor (v. 6) es la adoración de Dios que produce reverencia en la vida de cada adorador
1er Titulo: El sacerdote dando a conocer lo establecido por Dios. Versículo 21. Y el sacerdote Eleazar dijo a los hombres de guerra que venían de la guerra: Esta es la ordenanza de la ley que Jehová ha mandado a Moisés. (Léase: Levítico 18:26 y 27. Guardad, pues, vosotros mis estatutos y mis ordenanzas, y no hagáis ninguna de estas abominaciones, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros (porque todas estas abominaciones hicieron los hombres de aquella tierra que fueron antes de vosotros, y la tierra fue contaminada); ▬ Levítico 25:18. Ejecutad, pues, mis estatutos y guardad mis ordenanzas, y ponedlos por obra, y habitaréis en la tierra seguros.).
Levítico 18:24-30 Levítico 18 claramente recordaba a Israel que fueron los pecados cometidos por los paganos, como los mencionados en este capítulo, los que terminaron por acarrear el juicio de Dios sobre ellos. El contexto claramente advierte en relación con una intervención directa de Dios en juicio, ya sea por medio de muerte o exilio, pero en definitiva debiendo salir de la Tierra Prometida. En la conquista pudieron ver lo que ocurrió con los pueblos de Canaán. Ahora era su turno de decidir, pero tendrían que asumir las consecuencias, como en efecto hicieron.
Levítico aclara que estos pecados contaminaban la tierra (18:27). Pero esa tierra pertenecía al Señor y Él la había designado para un pueblo santo. Si el pueblo no se mantenía moral y ritualmente limpio, el pecado contaminaba al Santuario y la maldad a la tierra. En consecuencia, ya no podrían habitar más en ese lugar de pacto, ni Dios moraría en medio de Israel.
PARA LA IGLESIA: Es sorprendente cómo en el presente, lejos de crecer en moralidad, ha aumentado la promiscuidad. Este mundo moderno y sofisticado acepta sin problemas el adulterio, el incesto, la homosexualidad y hasta el bestialismo, mientras sea consentido y no dañe a otra persona. Por eso es fácil correlacionar y aplicar el mensaje de Levítico 18 a la época actual. En definitiva, tenemos que tomar una postura y aceptar el orden divinamente establecido, o rebelarnos en su contra.
Muchos cristianos se sienten en una encrucijada con estos temas, deseando hacer sentir al mundo el amor y la aceptación de Dios, pero sin dejar de ser fieles a la verdad de la Escritura. No obstante, también llega al momento en que hemos de optar por la obediencia al Señor y Sus designios, aunque eso signifique un choque contra la corriente del mundo. En general, en el presente se cultiva el discurso de que nuestra época ha superado los primitivos tabúes, así como las desigualdades de la esclavitud y el machismo, por lo cual estas antiguas reglas ya no son necesarias. Pero insistimos en que no se tratan de viejas normas para regular sociedades primitivas, sino la expresión de la voluntad de Dios, llamando al ser humano a sujetarse al orden divino de la creación y a no pervertirlo. Dios sabe mejor que el ser humano lo que es bueno para Su creación, así como aquello que la daña. En resumen, Dios declaró que seguir el orden divino sería vivir con Su bendición, pero transgredirlo introduciría confusión y destrucción. Una cosa es caer alguna vez en el pecado que nos rodea, y otra muy distinta es abrazarlo como forma de vida. Para lo primero hay perdón si el creyente se arrepiente. Para lo segundo solo puede haber destrucción.
Cuando comunicamos la verdad de Dios al mundo tenemos que asegurarnos de hacerlo en espíritu de amor y de paz, no de autojustificación. Solo un testimonio de genuina integridad junto a una profunda compasión puede hacer que Jesucristo sea visto y preferido por quienes viven y disfrutan las practicas que mencionamos.
Es importante observar que la razón por la que estas leyes parecen más fácilmente aplicables al presente es que los problemas morales del ser humano han cambiado poco con el paso del tiempo. No se trata de decir que estas leyes están vigentes en la actualidad porque nos parecen moralmente correctas, mientras otras las vemos como obsoletas. Después de la obra de Cristo y la instauración del nuevo pacto, todas las leyes del antiguo pacto quedaron obsoletas para la iglesia, pero, como explicamos en los Asuntos introductorios, los principios contenidos en estos preceptos son eternos, como lo es toda la palabra de Dios.
Otro asunto notable de este capítulo es el hecho de que mediante estas leyes las mujeres recibían protección de ser usadas como objetos. Aunque en el mundo occidental de hoy no se permite legalmente la opresión en que Vivian las mujeres en la antigüedad, es importante ver en este capítulo de Levítico la revolución que significaba para la época. Era la mano de Dios llevando a su pueblo a recuperar la dignidad de todos los seres humanos, sin importar su condición étnica o de género.
Levítico 18 nos enseña que, tanto en el pasado como en el presente, Dios espera que en la familia se preserve el honor y la dignidad de todos sus integrantes, y eso significa especialmente que el sexo se reserve para el matrimonio.
Acerca de la cita de Levítico 18:5 (Por lo tanto, obedezcan mis estatutos y mis ordenanzas. Todo el que los cumpla, vivirá por ellos. Yo soy el Señor) en los escritos de Pablo en relación con el debate contra los judaizantes, Wenham hace el siguiente comentario:
Ellos argumentaban que eso mostraba que guardar la ley colocaba al hombre en una correcta relación con Dios (Gá. 3:12; Ro. 10:5). Pablo arguyó que guardar la ley era el fruto de la justificación y no el medio para la justificación. Su exégesis era más fiel al contexto original de Lv. 18:5. La ley fue dada al pueblo del pacto después de su redención de
Levítico 25:18-22 El pueblo de Dios debía confiar en Él en relación con la provisión y seguridad, no en sus propios esfuerzos. Creer que no faltaría el alimento en el año cuarenta y nueve (sabático), ni en el año cincuenta (Jubileo) y que el alimento alcanzaría hasta la cosecha del año cincuenta y uno, era sin duda un desafío exigente. Pero Dios estaba comprometido y cada generación tendría su oportunidad de poner a prueba su fe, obedeciendo o no las estipulaciones de estas leyes. Leamos de nuevo este pasaje para subrayar las promesas del Señor hechas a quienes le creyeran:
Levítico 25:18-22 (18) Cumplan con mis estatutos y ordenanzas. Pónganlos en práctica, y habitarán tranquilos en el país; (19) la tierra dará sus frutos, y ustedes comerán hasta saciarse y habitarán tranquilos en ella. (20) Y si acaso se preguntan: “¿Y qué vamos a comer el séptimo año, si no vamos a sembrar ni a cosechar nuestros productos?», (21) yo los bendeciré el sexto año, y la tierra dará frutos para tres años. (22) Así en el año octavo ustedes sembrarán, y mientras
tanto comerán del fruto añejo hasta el año noveno, y tendrán comida hasta que puedan cosechar.
2° Titulo: Fuego y agua: símbolos del Espíritu Santo que nos purifican para ser usados por Dios. Versículos 22 y 23. Ciertamente el oro y la plata, el bronce, hierro, estaño y plomo, todo lo que resiste el fuego, por fuego lo haréis pasar, y será limpio, bien que en las aguas de purificación habrá de purificarse; y haréis pasar por agua todo lo que no resiste el fuego. (Léase: Isaías 6:6 al 8. Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí. ▬ 1a de Pedro 1:6 y 7. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo).
Isaías 6:6 al 8: Visión y vocación de Isaías, 6:1-13: ¿Cómo es que el ministerio profético de Isaías careciera de resultados, de efecto positivo en el pueblo? ¿Cómo es que no pudo evitar la ruina de Judá? A Isaías el resultado le era conocido de antemano, pues Dios mismo se lo había revelado en su visión de vocación o llamamiento, cuando Isaías le preguntó hasta cuándo duraría aquella esterilidad de su mensaje en el pueblo (v. 11). La respuesta fue: Hasta que las ciudades queden desoladas y sin habitantes, y no haya hombres en las casas, y la tierra quede devastada… (vv. 11–13). Mediante la misión del profeta la culpa del pueblo se acrecentaría y esto aceleraría el castigo final.
La referencia sería a los resultados dramáticos de la invasión de Senaquerib a Judá, cuando estuvo a punto de tomar Jerusalén después de haber arrasado muchas de las ciudades fortificadas. Sólo después del desenlace, por intervención directa de Jehovah, Dios de Israel, Isaías llegó a ser vindicado.
¿Y acaso no fue igual la experiencia de Jeremías, de Pablo, o del mismo Señor Jesús? Jesús, tal como Isaías, recurrió al uso de parábolas para predicar al pueblo, para que de todas maneras escucharan de buena gana, aunque no vieran, ni escucharan ni entendieran de veras, para que el mensaje profético quedara como testimonio histórico (vv. 9 y 10; comp. con Mat. 12:14; Juan 13:40 y Hech. 28:26).
Uzías, el rey que condujo al pueblo de Judá a tanta gloria, humana y falaz, pero de todas maneras significativa, estaba a punto de morir. El rey estaba moribundo, y sobre el reino se cernían las sombras de la incertidumbre y del pesimismo. Una vez más parecía evidente que Jehovah había dejado a su pueblo a su abandono. Parecía que las promesas hechas a David acerca de un rey ideal y justo, un descendiente suyo, habían quedado frustradas. Pero no. En medio del caos humano Isaías tiene una visión del Rey, sentado sobre un trono alto y sublime (v. 1). Pero este Rey no es un hijo de David, sino el mismo Jehovah de los Ejércitos.
El lugar de la visión era el templo en Jerusalén, y la visión era tan imponente que los bordes del vestido real de Jehovah llenaban el templo, posiblemente todo el emplazamiento del templo sobre el monte Moriah, con sus muros de contención alrededor. La visión fue acompañada por un temblor que sucedió al canto de los serafines, que decían: ¡Santo, santo, santo es Jehovah de los Ejércitos! ¡Toda la tierra está llena de su gloria! (v. 3).
Tras esta visión, los labios de Isaías fueron purificados mediante un carbón encendido, tomado del altar por uno de los serafines. Y luego, sólo cuando se le había concedido la capacidad de estar de pie ante el Dios Santo, tiene lugar el diálogo de su llamamiento. Entonces Jehovah le expresa la inquietud que tiene por su pueblo Israel, e Isaías se presenta diciendo: Heme aquí, envíame a mí (6:8).
Sin embargo, el mensaje profético estaba destinado a no tener como resultados la positiva conversión de Israel a su Dios, es decir, el retorno a sus demandas éticas y espirituales, como se ha visto vez tras vez en los capítulos previos. Y esto produce una fuerte desesperación en el profeta. Pero en las últimas palabras de Jehovah que concluyen la visión y el capítulo, se encierra el germen de la esperanza: … después de ser derribados, aún les queda el tronco (v. 13).
Es así que Isaías comenta, ya al margen de la visión y en palabras exclamativas: Su tronco [de la nación de Israel] es la simiente santa (v. 13), aludiendo al remanente que volverá a su Dios. Con esto termina la primera parte del libro de Isaías.
Comentario de 1a de Pedro 1:6 y 7: 6. Esto es para ustedes motivo de gran alegría, aunque hasta ahora, por algún tiempo, hayan tenido que sufrir diversas pruebas.
Notamos estos puntos:
a. Motivo de alegría. Pedro escribe: “Esto es para ustedes motivo de gran alegría”. Pero ¿a qué se refiere cuando habla de “esto”? Tenemos no menos de tres interpretaciones.
En primer lugar, el pronombre relativo esto tiene su antecedente en las palabras finales del versículo precedente, “en los últimos tiempos” (v. 5). Pero en tal caso, el pronombre no se compagina con el tiempo presente del verbo principal es … gozo. Por tal razón, algunos traductores ponen el verbo en modo imperativo: “sea esto en esto” (GNB), o en tiempo futuro: “os regocijaréis entonces” (Moffat). Sin embargo, ninguno de los verbos del primer capítulo está en el imperativo, por lo que un único mandato a regocijarse parecería estar un poco fuera de lugar. En el texto griego el verbo está en tiempo presente, no futuro. Por consiguiente, si aceptamos la lectura de la versión que utilizamos, no podemos vincular lo cual con “en el tiempo postrero”. Otra cosa que podemos hacer es traducir la frase en lo cual de modo que diga “en quien”. En tal caso, la forma masculina quien se referiría al “Dios y Padre” de Jesucristo (v. 3). La objeción contra esta traducción es que el pronombre está demasiado lejos de su supuesto antecedente, “Dios y Padre”.
En la tercera interpretación, que es la que preferimos, el pronombre lo cual hace referencia a “la experiencia del renacimiento y de la anticipación de la salvación” (véase vv. 3–5). Por consiguiente, interpretamos que el verbo principal está en el presente indicativo; vale decir que es una expresión declarativa: “En lo cual os regocijáis grandemente”. El don de la salvación es causa de gran gozo y de gritos de alegría (“saltáis de gozo”—NTdT). En su primera epístola, Pedro menciona el gozo tres veces.
Lo hace para alentar a sus lectores, que experimentan sufrimiento y persecución (1:6, 8; 4:13). Los sufrimientos que les toca soportar son insignificantes cuando se los compara con el gozo que experimentarán al fin de los tiempos (véase 2 Co. 4:17).
b. Sufrir. Pedro se conduele con los lectores, que están sufriendo aflicciones de todo tipo. El escribe: “aunque hasta ahora, por algún tiempo, hayan tenido que sufrir diversas pruebas”. Esta redacción trae ecos de un versículo de la epístola de Santiago: “Consideradlo como sumo gozo, hermanos míos, cuando enfrentéis pruebas de todo tipo” (1:2).
Esta es la primera vez que Pedro menciona la palabra sufrir (cf. 4:13; 5:10). En el original, esta palabra significa “ponerse triste, penoso, afligido”. El verbo aparece en tiempo pasado y se relaciona sin duda con algún suceso específico que ocasionó pena y sufrimiento. En primer lugar, aunque se desconocen el tiempo y duración precisos de dicho sufrimiento, dicho período de sufrimiento es breve si se lo compara con la eternidad. En segundo lugar, la prueba del sufrimiento es necesaria, ya que está de acuerdo con el propósito de Dios. “Pedro creía firmemente en la realidad de la soberana presencia de Dios en las vidas de su pueblo”.
Las pruebas que los creyentes soportan vienen de la mano de Dios. Estas pruebas, cualesquiera sean su forma, son decretadas por Dios. Nótese que la palabra que se usa es “prueba”, no “tentación”. Dios nunca tienta a nadie (véase Stg. 1:13), pero sí prueba al creyente para fortalecer su fe.
▬ Versículo 7. Y éstas con el fin de probar su fe—que vale mucho más que el oro, el cual perece a pesar de ser acrisolado por el fuego, para comprobar que es genuina y así resulte en alabanza, gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo.
Nótense los siguientes rasgos distintivos:
a. Probar. Pedro parece anticipar la pregunta acerca de por qué el creyente tiene que experimentar pruebas en su vida. El responde: “Con el fin de probar su fe … para comprobar que es genuina”. Una traducción literal del griego leería así: “Para que la prueba de vuestra fe … demuestre ser para alabanza y gloria” (MLB).
Dios prueba al creyente para ver si su fe es genuina. Por eso le pide a Abraham que vaya al monte Moriah para sacrificar a Isaac (Gn. 22:1–19), y lo hace para probar la fe de Abraham. En el caso de Job, Dios permite que Satanás ataque al creyente (Job 1:6–2:10). La prueba de la fe es algo que demanda tiempo. Pero una vez transcurrido el tiempo y concluido el proceso de comprobación, el resultado se hace patente, a saber, una fe genuina.
Abraham triunfó en la fe cuando oyó decir el ángel del Señor: “Ahora sé que temes a Dios” (Gn. 22:12). Por la fe demostrada por Job, Dios “bendijo la última parte de la vida de Job más que la primera” (Job 42:12). Es más, Dios duplicó las posesiones de Job. Nótese que la palabra prueba aparece dos veces en el Nuevo Testamento, aquí y en Santiago 1:3; “la prueba de vuestra fe produce perseverancia”. Cada uno de los escritores usa la palabra para su propio propósito.
b. Perecer. En tanto que Santiago escribe que “la prueba de vuestra fe desarrolla perseverancia” (1:3), Pedro compara esta prueba al proceso del refinamiento del oro. A lo largo de los siglos el oro ha sido atesorado como un artículo de comercio precioso y estable. “Este metal, tan altamente apreciado, es mencionado 385 veces en la Biblia, más que ningún otro”. El oro sirve como norma para la determinación de transacciones monetarias (véase también 1 Pedro 1:18).
Pedro afirma que la fe tiene mayor valor que el oro; la fe supera a este artículo de intercambio tan universalmente valorado porque se origina en el cielo y es un don de Dios. La fe es perenne (1 Co. 13:13). En esto contraste con el oro, que eventualmente perece por uso o abuso. Este precioso metal es refinado por medio del fuego en el crisol para quitarle todas las impurezas, quedando sólo oro puro de 24 kilates. Pero Pedro señala que, aunque el oro sea refinado por el fuego, igualmente perece. La obvia implicación de la comparación es que, si el oro perecedero es purificado, ¿cuánto más ha de ser probada la fe perdurable en la vida del cristiano? El creyente manifiesta una fe verdadera al confiar completamente en Dios. Sabe que “Dios suplirá todo lo que [le] falta conforme a sus riquezas gloriosas en Cristo Jesús” (Fil. 4:19).
c. Manifestarse. ¿Cuál es el resultado de la fe que es probada? Pedro contesta que resulta “en alabanza, gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo”. Pero él no está dando esta secuencia de tres respuestas para embellecer la oración. El creyente proclama su alabanza a Dios en oración, salmo e himno. Tal alabanza incluye la gratitud a Dios por el divino favor que le ha sido concedido mediante Cristo Jesús.
Los términos gloria y honor aparecen en las doxologías (cf. 1 Ti. 1:17; Ap. 4:11). El creyente tendrá su parte en la gloria y honor celestiales cuando al fin de su vida terrenal entre a la presencia de Jesucristo.
Pedro dice que estas tres cualidades están presentes “cuando se manifieste Jesucristo”. No nos dice cuándo regresará Jesús, sino que hace referencia al tiempo designado cuando todo ojo verá a Jesús. Entonces todos los creyentes en el cielo y en la tierra cantarán alabanzas y adjudicarán honor y gloria al Hijo de Dios.
3er Título: Necesario lavamiento para alcanzar la bendición divina. Versículo 24. Además, lavaréis vuestros vestidos el séptimo día, y así seréis limpios; y después entraréis en el campamento. (Léase: San Juan 13:8 al 11. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos. ▬ Apocalipsis 1:5 y 6.y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. ▬ Apocalipsis 22:14. Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.).
Comentario de San Juan 13:8 al 11: (13 :6-11) Limpiado – Lavado – Perdón – Salvación: El requisito previo para el servicio real es ser lavado y limpiado. Lo que sucedió ahora fue crítico para toda persona que sostenía ser Lm seguidor y un siervo del Señor. El punto crucial es esta expresión:
“Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo” (Jn. 13:8).
Hay un significado más profundo en lo que Jesús estaba haciendo, un significado espiritual. Una persona tiene que ser lavada y limpiada por Jesús…
• antes de que pueda formar parte de Jesús.
• antes de que pueda servir a Jesús.
Otra forma de decir lo mismo es: antes de que una persona pueda servir a Cristo, debe ser parte de Cristo. Sin embargo, antes de que una persona pueda ser parte de Cristo, hay un requisito previo crítico, un factor esencial absoluto: una persona debe ser lavada y limpiada por Cristo.
Ahora bien, advierta qué sucedió.
▬ 1. Hay un malentendido respecto del lavado y la limpieza. Jesús se acercó a Pedro para lavar sus pies, para limpiar la suciedad y la contaminación de la parte más baja de su ser (sus pies). Pedro vio a Jesús lavándolo a él y a los otros (la humanidad) y lo consideró demasiado humillante para que lo hiciera su Señor. Por lo tanto, Pedro retiró sus pies como signo de objeción. Nunca el Señor del universo podría hacer algo así.
Sin embargo, Pedro vio solo el acto humano y físico de Jesús al servirlo a él y a los otros (humanidad).
Pensamiento 1: La mayoría de los hombres interpretan mal y se oponen al acto de limpieza de Jesús…
• a la humillación y condescendencia de “su hora” (la cruz v.1).
• a la sangre limpiadora del Cordero, el Señor mismo.
La mayoría de los hombres interpretan mal la misión y el servicio…
• de que Él vino a lavar y limpiar a los hombres de sus pecados y muerte, de la condena y el infierno.
• de que Él vino a limpiar a los hombres en su sangre para que fueran aceptables ante Dios eternamente.
• de que Él vino a limpiar a los hombres para que sean adecuados para servir a Dios, tanto ahora como por siempre.
▬ 2. Lavar y limpiar tienen un significado más profundo, un significado espiritual. (Ver la parte anterior de este punto para
una explicación). Pedro no comprendió al principio, pero lo hizo luego de la muerte y resurrección de Jesús (cp. 1 P. 2:24; 3:18).
Pensamiento 1: Hoy no ha excusa para no comprender qué estaba haciendo Jesús.
“Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tit. 3:3-5).
“¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a si mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (He. 9:14).
“Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1:7).
▬ 3. Se solicita el lavado y la limpieza. Todo hombre debería clamar como lo hizo Pedro: “Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza”. Advierta cómo clamó Pedro por una limpieza total. Ansiaba ser lavado totalmente.
Pensamiento 1: No existe tal cosa como retener una parte del cuerpo o del comportamiento para sí, hacer lo que a uno le plazca. No existe tal cosa como la limpieza parcial. La lengua, los ojos, las manos, lo que uno dice, mira, toca todo debe ser lavado y limpiado por Cristo o “no tendrás parte conmigo”.
“¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos” (Sal. 19:12).
“Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado” (Sal. 51:2).
“Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve” (Sal. 51:7).
“Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; y líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre” (Sal. 79:9).
▬ 4. El lavado y la limpieza son profundos y permanentes. Pedro acababa de clamar por una limpieza total y profunda. Ahora, advierta una gloriosa verdad, una de las verdades más gloriosas de las Escrituras.
“Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio” (Jn. 13:10).
Una vez que un hombre es lavado, ya está limpio. Pedro ya estaba limpio, por lo tanto, no necesitaba otro baño (experiencia de ser salvo y limpio). Pero advierta lo que se necesita: sus pies necesitaban ser limpiados. Mientras caminaba por la suciedad del mundo, necesitaba pedirle a Jesús que lo limpiara de la contaminación que había adquirido. Necesitaba una limpieza localizada, una limpieza de las partes del cuerpo que se habían ensuciado.
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:9).
“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Jn. 3:2, 3).
▬ 5. Lavar y limpiar no son automáticos ni vienen por asociación. Esto se ve claramente en Judas. Judas había estado con Jesús, trabajando a su lado todos los días. Era un seguidor profesado y siervo del Señor, y por lo que podía verse, no tenía pecados públicos ni hábitos corruptos. Sin embargo, no se le permitió que Jesús lo lavara ni lo limpiara.
“Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre” (Hch. 22:16).
“No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos, pues. de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Co. 5:6, 7).
Comentario de Apocalipsis 1:5 y 6. (1:5-6) Jesucristo – Redención: Anuncio dos: Jesucristo es el gran Salvador, el gran Redentor. En estos dos versículos se declaran cinco grandes cosas acerca de Jesucristo.
▬ 1. Jesucristo es el testigo fiel. Él es la persona de la que podemos depender. Podemos confiar en lo que Jesucristo nos dice. Cristo vino de Dios, del mismo cielo, para revelarnos la verdad, la verdad sobre Dios y el hombre y su mundo. Se puede confiar en lo que Jesús ha revelado. Él es el testigo fiel.
“De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio” (Jn. 3:11).
“Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy” (Jn. 8:14).
“Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Jn. 18:37).
▬ 2. Jesucristo es el primero en resucitar de entre los muertos. Esto es, Él es el primero en resucitar que nunca más tuvo que morir. Las palabras “nacido primero” significan ser el primero en la clasificación, ser supremo y preeminente en la resurrección. De todas las personas que han resucitado de entre los muertos, Jesucristo es Supremo. Él es quien es el Hijo de Dios, por lo tanto, es su resurrección la suprema y preeminente. Todas las otras personas resucitaron porque Él resucitó. Todos los creyentes resucitarán para vivir con Dios eternamente porque Él resucitó y conquistó la muerte para nosotros. Puesto que Él resucitó, nosotros también lo haremos si creemos que Él murió y resucitó por nosotros.
▬ 3. Jesucristo es el príncipe de los reyes de la tierra. Jesucristo ha sido resucitado de entre los muertos y exaltado a la diestra del trono de Dios. Él y solo Él ha dado el asiento del gobierno soberano sobre la tierra. El mundo puede parecer caótico y los problemas demasiado enormes para ser manejados. Pero Jesucristo está en control y Él puede manejar todo eso. Sin embargo, los hombres pueden preguntar legítimamente: ¿Por qué Dios no viene y endereza todo el caos y la maldad del mundo? Dios nos lo dice tan claramente como lo puede expresar el lenguaje humano:
“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. (2ª Pedro 3.9.).
Jesucristo está demorando su regreso para que más personas puedan ser salvas y vivir eternamente con Dios. Pero algún día, y a partir del peso de la evidencia será muy pronto, Jesucristo regresará para tomar el gobierno del mundo. Solamente Él va a gobernar y traer el reinado de la justicia a la tierra porque Él es el príncipe de los reyes de la tierra.
“De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan” (Sal. 24:1).
“Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria” (Sal. 24:7).
“Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén” (1 Ti. 1:17).
“La cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores” (1 Ti. 6:15).
“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (Ap. 11:15).
▬ 4. Jesucristo nos ha redimido. Él nos amó y nos lavó de los pecados con su sangre (v. 5). La palabra amó está en tiempo
presente en el idioma griego. Esto significa que Jesucristo siempre nos ama. Nos ama hoy día tal como nos ha amado en
el pasado. La palabra “lavó” (lusanti) significa estar suelto, liberado del pecado. ¿Cómo es que la sangre de Jesucristo nos liberó del pecado?
=> Jesucristo tomó nuestros pecados y murió por ellos. Él había vivido una vida sin pecado y perfecta como Hombre en la tierra. Por lo tanto, pudo presentarse como el Hombre Ideal y Perfecto ante Dios. Pudo morir como el sacrificio ideal y perfecto. Pudo tomar nuestros pecados: la culpa y el juicio de nuestros pecados sobre sí y cargar con el castigo por ellos. Fue el Hombre Ideal y Perfecto. Por lo tanto, Dios puede aceptar su muerte como el sacrificio ideal y perfecto por el pecado.
El punto es este: Jesucristo murió por nuestros pecados. En realidad, tomó nuestros pecados de nosotros, los quitó y murió por ellos. Por lo tanto, somos libres y desapegados del pecado. El pecado ha sido quitado de nosotros. Estamos frente a Dios libres de pecado y aceptables para Él. Pero recuerde cómo: por la sangre derramada por Jesucristo en la cruz. Es la sangre derramada de Cristo en la cruz: Su muerte por nuestros pecados la que nos libera del pecado.
“El cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre” (Gá. 1:4).
“En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Ef. 1:7).
“En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Col. 1:14).
▬ 5. Jesucristo nos ha exaltado. Realmente nos ha hecho reyes y sacerdotes.
=> Por reyes se quiere significar un reinado, un gobierno, alguna autoridad y responsabilidad que involucra vigilancia, gestión, supervisión y gobierno. Los creyentes gobernarán y reinarán con Cristo. Todos vigilaremos y administraremos los asuntos del universo por Cristo a lo largo de la eternidad.
“Si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáremos, él también nos negará” (2 Ti. 2:12).
“Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre” (Ap. 2:26-27).
“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años” (Ap. 20:4).
=> Por sacerdotes se quiere significar que tenemos acceso a la presencia de Dios en cualquier momento. Los creyentes ya no necesitan sacerdotes humanos o mediadores. Los creyentes se han tornado sacerdotes ante Dios, todo por Jesucristo. Los creyentes ahora deben ofrecer sus propias oraciones, alabanzas, adoraciones, acción de gracias y ofrendas a Dios.
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Ro. 12:1).
“Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre” (He. 13:15).
“Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 P. 2:5).
Apocalipsis 22:14: (22:14) Apocalipsis, El – Salvos, Los: El mensaje de Apocalipsis nos dice quien será aceptado por el Señor. Cuando dice: “Bienaventurados son los que lavan sus ropas” se refiere a la única manera en que una persona puede comer del árbol de la vida, lavando sus ropas en la sangre de Cristo.
El punto es este: La persona que es aceptada por Dios es la persona que ha lavado sus ropas en la sangre del Cordero. Esa es la persona…
• que tiene el derecho al árbol de la vida.
• que ingresa a la Nueva Jerusalén, la celestial ciudad de Dios.
“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Is. 53:6-7)
“El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29)
“Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a si mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (He. 9:12-14)
Amén, para la honra y gloria de Dios.


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