Estudio Biblico Tiquico

Estudio Biblico Tiquico

Roberto Saldias Roa
  • SEMANA DEL 04 AL 10 DE MAYO 2026. “SOLEMNIDAD Y PROFUNDO TEMOR AL PARTICIPAR DE LA MESA DEL SEÑOR”.

    LECTURA BÍBLICA: 1ª A LOS CORINTIOS 11:27 AL 29. 27. De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. 28. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. 29. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. 

       Comentario general del contexto bíblico: (11:27-30) Juicio ▬ Cena del Señor: Las consecuencias severas o el castigo para los que participan de la Cena del Señor indignamente. ¿Qué quiere decir participar de la cena indignamente? Pablo le habla directamente a los corintios; por lo tanto, cualesquiera que hayan sido sus pecados estaban destinados a ser a lo que Pablo se refiere con indignamente. Los corintios eran culpables de participar de la Cena del

    Señor con…

    • un espíritu de división (v. 18).
    • un espíritu de herejía (facciones, partidos, camarillas, v. 19).
    • un espíritu de engaño (v. 20).
    • un espíritu de egoísmo y complacencia (v. 21).
    • un espíritu de borrachera (v. 21).
    • un espíritu de abandono al pobre (v. 21).
    • un espíritu de irreverencia y descuido al proteger la santidad de la iglesia (v. 22).
    • un espíritu de desconsideración y descuido al acercarse a la Cena del Señor.

       Con toda franqueza, la lista anterior parece indicar que el pecado en nuestro corazón y nuestra vida es a lo que se refiere participar indignamente. Ciertamente, si comemos el pan y bebemos de la copa con pecados no confesados en nuestro corazón y nuestra vida, ¿cómo nos pueden considerar dignos? Nuestra única dignidad es Jesucristo, y cuando único.

    Él nos considera dignos es cuando andamos:

    • En constante confesión.
    • En constante arrepentimiento hacia Él.
    • En constante alabanza de su misericordia, gracia, persona, y obra.

       No tenemos justificación propia, por lo tanto, cuando único podemos ser considerados dignos sería cuando andamos en constante comunión con Él. Y comunión constante significa pensar activamente en Él y hablar con Él por medio de la confesión, el arrepentimiento, la alabanza, y la petición.

       Hay tres consecuencias de participar indignamente de la Cena del Señor, es decir, con pecados no confesados en el corazón y la vida de una persona.

    ▬ 1. Una persona se vuelve culpable de la muerte del Señor (v. 27). La idea es que la persona tendrá que dar cuentas, porque es culpable de pecado contra el Señor mismo. La persona… • insulta a Cristo • ofende a Cristo • pisotea a Cristo • tiene la muerte de Cristo como algo sin sentido • despecha a Cristo.

       “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” (He. 10:29).

    ▬ 2. Una persona se condena a sí misma si no examina su corazón en busca de pecados no confesados (vv. 28-29). La severidad de la consecuencia es tan grande que una persona debe examinarse a sí misma antes de participar de la Cena del Señor. Necesita estar segura de que tiene un corazón limpio confesándose y arrepintiéndose de cualquier pecado conocido (v. 28).

       La palabra “juicio” (krima) significa juzgar, condenar. No significa maldecir ni condenar a maldición en el castigo y el infierno eterno. A la persona se le asume como un creyente real que es culpable de pecado, no un incrédulo que deber ser condenado a infierno. El juicio real sobre el creyente que vive en pecado se trata en el próximo punto.

       La palabra “discernir” (diakrino) significa discriminar, distinguir. La persona que come el pan y bebe de la copa indignamente sencillamente no logra pensar acerca de lo que está haciendo. No logra discriminar ni discernir la seriedad de su acto. Si pensara en el asunto, no participaría de la Cena del Señor con pecados no confesados en su vida, porque una irreverencia tal del cuerpo y la sangre del Señor despierta el juicio de Dios.

       “Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová” (Lm. 3:40).

       “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2 Co. 13:5).

       “Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro” (Gá. 6:4).

    ▬ 3. Una persona es disciplinada y aleccionada por el Señor (v. 30). Los corintios eran tan flagrantes en su abuso de la Cena del Señor que Dios tuvo que actuar con disciplina severa. Su disciplina comprendía tanto enfermedad como muerte. Esto se plantea de un modo tan sencillo y directo que tiene que tomarse tal y como se dice a menos que se hayan de tergiversar las Escrituras. No hay nada en contexto que tan siquiera sugiera que la muerte del débil y el enfermo sea simbólica. Cuando se trata el tema de la disciplina o el castigo de Dios para su pueblo, se deben en cuenta tener tres aspectos:

    => Dios si disciplina a su hijo. Él disciplina a su hijo porque lo ama (He. 12:5-13).

    => Dios disciplina a su hijo para evitar que el hijo se destruya a sí mismo y hiera y dañe a otros por medio de un pecado grave (vv. 29, 31).

    => Dios sabe exactamente qué tipo de disciplina con mayor probabilidad hará que su hijo se despierte y sea movido al arrepentimiento y la confesión.

    => Dios sabe cuándo a un creyente se le debe llevar al cielo. Solo Dios sabe cuándo un creyente pecador se ha excedido lo suficiente en su pecado de modo que nunca se va arrepentir. En ese momento, se acaba la misión del creyente en la tierra; nunca más tendrá testimonio de Cristo en la tierra, y tampoco le será de valor real alguno a nadie. Como se ha planteado, solo Dios sabe cuándo un creyente que vive en pecado llega a un límite como ese. Cuando sucede, está listo para ser llevado a casa. Su daño a Cristo, a los seres queridos y al mundo ya ha llegado demasiado lejos.

       Al parecer, algunos de los creyentes corintios habían llegado al punto de no retorno, así que Dios se los llevó a casa con El.

       “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto” (Jn. 15:2).

       “más siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo” (1 Co. 11:32).

       “y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos” (He. 12:5-8).

       “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete” (Ap. 3:19).

       “Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga” (Dt. 8:5).

       “También sobre su cama es castigado con dolor fuerte en todos sus huesos” (Job. 33:19).

       “Bienaventurado el hombre a quien tú, JAH, corriges, y en tu ley lo instruyes” (Sal. 94:12).

       “No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección” (Pr. 3:11).

       “Castígame, oh Jehová, más con juicio; no con tu furor, para que no me aniquiles” (Jer. 10:24).

    Nota del Expositor: «Todo creyente debe comprender el sacrificio de Cristo en lo cruz y acercarse reverentemente a la mesa del Señor. Para ello, ha de examinarse con cuidado, de modo que no participe indignamente de los elementos de pan y vino, evitando así traer juicio sobre sí mismo».

    1er Título. Condición indigna que impide participar de la cena del Señor. Versículo 27. De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.  (Léase: 1ª de Samuel 2:12. Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová.  y 17. Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová. ▬ 1ª a los Corintios 11:21 y 22. Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga. Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo…).

       Comentario de 1ª de Samuel 2:12. El pecado de Elí, 2:11–17. Nos acordamos que Elí equivocadamente había acusado a Ana de ser una mujer impía (1:16). En realidad, eran sus propios hijos que la Palabra de Dios acusa de ser impíos. Levítico 7 establecía la porción del sacrificio que el adorador le podría dar al sacerdote. Los hijos de Elí ni pedían permiso ni esperaban que se les diera del sacrificio. Ellos se servían de la carne y su conducta fue muy grosera. Además, no seguían las instrucciones dadas por Dios en ese capítulo de Levítico referente a la manera correcta de ofrecer el sacrificio (v. 16). Y sobre todo trataban con irreverencia (v. 17) las ofrendas de Jehovah. La palabra hebrea aquí quiere decir no solamente despreciar sino también rechazar. Este fue el mismo pecado de Coré, Datán y Abiram (Núm. 16:30). Ellos “menospreciaron” (la misma palabra que aquí es traducida trataban con irreverencia) a Jehovah y descendieron vivos al Seol condenados por el juicio divino. Igualmente, en el día de hoy dice Juan 3:36: … el que desobedece (o rehúsa creer) al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.

       Comentario de 1ª a los Corintios 11:21 y 22. Estaba el egoísmo y el descuido de otros que corrompían la Cena del Señor (v. 21). Cuando la iglesia primitiva se congregaba para el Banquete de amor [Ágape], todo el mundo traía toda la comida que podía. Esto permitía que hubiera bastante para todo el mundo, incluso para los pobres y lo esclavos que no podrían traer mucho. La idea era tener una cena común donde todo el mundo compartiera.

    • el rico y el pobre • el libre y el esclavo • el judío y el gentil • el letrado y el analfabeto • la clase alta y la baja • el hombre y la mujer • el adulto y el niño.

       Sin embargo, la iglesia de Corinto había comenzado a abusar de la Cena del Señor. En lugar de compartir, todo el mundo se sentaba separado en su propio grupo de amigos y compartían su comida solo entre ellos. El resultado era trágico:

    => Algunos eran descuidados, y tenían poco que comer, de tener algo. Esto sucedía en particular con los esclavos.

    => Algunos se complacían a sí mismos y actuaban como glotones.

    => Algunos trataban el asunto como si fuera una reunión social, bebiendo hasta emborracharse.

       No se experimentaba amor ni fraternidad cristiana reales de ningún tipo. Y aunque la iglesia participaba del pan y de la copa, no estaba celebrando la Cena del Señor. Lo que estaban haciendo era totalmente sin sentido e inútil. Lo que estaban celebrando era un banquete al espíritu maligno del egoísmo y la complacencia, no al Señor.

    ▬ 4. Estaba el abuso de la santidad de la iglesia y la vergüenza del pobre que corrompía la Cena del Señor. Note que este versículo es una serie de preguntas que se responden solas y debieran despertar condenación en el corazón de los culpables.

    => ¿No tienen casas donde comer y beber? La iglesia no es el lugar donde debemos comer y beber. Es el lugar de adoración.

    => ¿No están abusando de la iglesia y avergonzando a los pobres por medio de la división, las camarillas, el egoísmo, la complacencia, y el acaparamiento? ¡Por supuesto que sí!

    => “¿Qué os diré? ¿Os alabaré? ¡En esto no os alabo!”

    2° Título. Necesario examen de conciencia para participar de la mesa de comunión. Versículo 28. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.  (Léase: 2ª a los Corintios 13:5. Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? ▬ Gálatas 6:4 y 5. Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; porque cada uno llevará su propia carga.).

       Comentario de 2ª a los Corintios 13:5. Examinaos vosotros mismos para ver si estáis viviendo la fe; probaos vosotros mismos. ¿O no sabéis que Jesucristo está en vosotros? A menos que quizás hayáis fallado la prueba.

    » a. «Examinaos vosotros mismos para ver si estáis viviendo la fe; probaos vosotros mismos». Pablo continúa con el tema de los versículos anteriores (vv. 2–4): enfatiza el autoexamen de la vida espiritual y la conducta diaria. La última frase del versículo 4, «para serviros», sirve como enlace entre el texto anterior y el presente.

       Usando dos verbos imperativos, «examinaos» y «probaos», el apóstol ordena enfáticamente a sus lectores que asuman la importante tarea de la introspección. Además, en el texto griego, el pronombre personal vosotros precedéis a los dos imperativos para lograr énfasis, y es parte de los mandatos. Luego, Pablo voltea el tema en relación a los corintios. Ellos cuestionaban si Cristo hablaba por medio de Pablo, pero él les dice que examinen sus propios corazones para verificar si Cristo vive en ellos. Desean descubrir si las credenciales de Pablo son genuinas. Pero Pablo iguala el reto de ellos, exigiéndoles que demuestren si sus propias vidas son fidedignas. Quiere que los lectores purifiquen sus propias casas espirituales antes de que él llegue a Corinto, para que de esta forma tanto ellos como él puedan gozar una relación edificante y llena de paz.

       Pablo pregunta si los lectores están en la fe e indica su confianza de que realmente son creyentes. La expresión en la fe aparece cuatro veces en el texto epistolar griego del Nuevo Testamento (1 Co. 16:13; 2 Co. 13:5; Tit. 1:13; 2 P. 1:5). Pablo no se refiere a la fe objetiva que radica en la doctrina, sino en la confianza subjetiva en Jesucristo. Tiene en mente la fe viva del creyente que fielmente sigue los pasos del Señor y tiene comunión con él por medio de la oración.

       La verdadera fe es activa y compele constantemente a los creyentes a que se prueben a sí mismos, para comprobar si Jesucristo, por medio del Espíritu Santo, vive en sus corazones.

       La verdadera fe testifica que hay una comunión íntima con el Padre y su Hijo (1 Jn. 1:3).

    » b. «¿O no sabéis que Jesucristo está en vosotros? A menos que quizás hayáis fallado la prueba». La pregunta que Pablo les hace a los corintios es retórica y espera de ellos una respuesta afirmativa. La primera palabra («o») enlaza la pregunta a las dos cláusulas anteriores que contienen los verbos imperativos. Habiendo obedecido los mandatos, se les pregunta ahora a los lectores que respondan si es cierto que Jesucristo vive en ellos. Se puede describir a esta pregunta como: «una apelación directa a las conciencias de los lectores [de Pablo]». Si están seguros de que el Señor vive y reina en sus corazones, entonces querrán exaltarlo, hacer su voluntad y huir del mal.

       La frase Jesucristo está en vosotros es probablemente un dicho originado por Jesús, el cual en su mensaje de despedida les dijo a sus discípulos: «Ustedes se darán cuenta de que yo estoy en mi Padre, y ustedes en mí, y yo en ustedes» (Jn. 14:20). Dado que estas palabras aparecen más de una vez en las epístolas de Pablo, deducimos que esta frase habría sido un dicho comúnmente usado en la Iglesia Primitiva. No hay duda de que Pablo cita este dicho como una fórmula muy conocida.

       Pablo ofrece un último comentario, una cláusula declarativa que se asemeja a una pregunta retórica que requiere una respuesta negativa. En este párrafo enfatiza la idea de una prueba; les presenta a los corintios la posibilidad de fallar la prueba. Sabe que pueden pasar la prueba, sin embargo, quiere que consideren las consecuencias de fallarla. Fallar la prueba conduce al endurecimiento del corazón, y el endurecimiento del corazón conduce a la muerte espiritual.

       Comentario de Gálatas 6:4 y 5. (6:4) Examen propio: En sexto lugar, examine su propia obra y conducta. La palabra “obra” se refiere más a la conducta y al comportamiento que al trabajo o empleo. Por supuesto que están involucrados el empleo o la obra, pero el tema de este versículo trata sobre todo nuestro comportamiento. Debemos examinar y juzgar nuestras propias vidas y no la vida de un hermano caído. Las Escrituras son firmes en este punto: Todo hombre debe mantenerse ocupado examinando su propia obra y vida, y ningún hombre está exento de esto. Hay tanto mal arreciando el mundo y la carne es tan débil que es difícil que una persona permanezca inmaculada y limpia. La carne siente lujuria…

    • por la aceptación
    • por mirar
    • por el reconocimiento
    • por degustar
    • por la posición
    • por sentir
    • por la honra
    • por hacer,
    • por la compensación
    • por tener
    • por la aprobación
    • por experimentar

       Por supuesto, cada uno de estos deseos es necesario y beneficioso hasta que traspasa lo prohibido o se lleva demasiado lejos. Degustar comida es bueno; degustar demasiada comida es malo. Desear reconocimiento es bueno; amar el reconocimiento es pecado.

       El tema es que la tentación está simplemente merodeándonos, a todos nosotros. Por lo tanto, debemos ocuparnos examinándonos y juzgándonos a nosotros mismos y no a los demás. De hecho, hay tantas tentaciones que nos merodean, que, si bajamos la guardia para examinar y juzgar a los demás, somos de inmediato sorprendidos nosotros mismos por el pecado. Recuerde: Criticar y juzgar a los demás es pecado. Por lo tanto, al dejar de examinarnos para juzgar a los demás, hemos pecado.

       Debemos medirnos frente a la Palabra de Dios, no frente a los demás. Nuestra actitud hacia los demás debe ser de amor y cuidado, de ministerio y restauración, no de crítica y juicio.

        Advierta que el creyente que constantemente se examina así mismo tiene motivo para regocijarse en él y no solo en los demás. Es cuando nuestros corazones y nuestras vidas son puras que el gozo nos llena. Nada nos llena más de gozo como una conciencia pura. En virtud de verdad, nos regocijamos cuando vemos a otras personas caminando como debieran, pero el gozo profundo proviene de saber que nosotros mismos estamos complaciendo a Dios por la forma en que caminamos.

       “¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Mt. 7:5).

       “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2 Co. 13:5).

       “Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro” (Gá. 6:4).

       “Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová” (Lm. 3:40).

       (6:5) Juicio, Responsabilidad: En tercer lugar, tome conciencia de sus propios deberes y responsabilidades. El tema de este versículo es el de advertir al creyente. Él es personalmente responsable ante el Señor por su propio comportamiento y será juzgado por lo que ha hecho. Cada creyente tiene sus propios pesos, su propia carga de fallas y pecados. Son estos los que debe cargar, cuidar, examinar y juzgar. Nunca podrá vencerlos a no ser que quite su mirada de las fallas de los demás y se concentre en el peso de su propia falla.

       “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio” (Mt. 12:36).

       “Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos” (Mt. 18:23).

       “De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de si” (Ro. 14:12).

       “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Co. 5:10).

    3er Título. Sentencia de juicio para aquel que no discierne el cuerpo de Cristo. Versículo 29. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.  (Léase: 2ª de Crónicas 30:18 al 20. Porque una gran multitud del pueblo de Efraín y Manasés, y de Isacar y Zabulón, no se habían purificado, y comieron la pascua no conforme a lo que está escrito. Mas Ezequías oró por ellos, diciendo: Jehová, que es bueno, sea propicio a todo aquel que ha preparado su corazón para buscar a Dios, a Jehová el Dios de sus padres, aunque no esté purificado según los ritos de purificación del santuario. Y oyó Jehová a Ezequías, y sanó al pueblo.  ▬ Hebreos 10:29. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?).

       Comentario de 2ª Crónicas 30:18-20. Ezequías estaba muy consciente del riesgo que corrían los que comían la víctima de la Pascua (v. 18a) sin reunir las condiciones espirituales; por lo tanto, se apresuró a elevar una oración intercesora (vv. 18b–20).

       Cuando Dios respondió a la oración de Ezequías, el pueblo quedó sano. Cuán importante es que los pueblos cuenten con gobernantes creyentes, que estén equipados de un corazón pastoral. Una vez más se hizo patente el hecho de que la fe tiene prioridad sobre lo ritual y ceremonial (Juan 7:22, 23; 9:14–16). Además, se hizo patente la eficacia de la oración sincera (Stg. 5:16).

       Comentario de Hebreos 10:29. (10:28-29) Juicio: Se puede ver fácilmente la certeza del juicio. Esta persona merece mucho mayor castigo que cualquier otro pecador. ¿Por qué? Porque ha recibido el conocimiento de la verdad y ha decidido volverse al mundo y a volver a vivir en pecado. ¿Qué quiere decir esto? Nota: este versículo explica en detalle lo que esta persona hace ante los ojos de Dios. La persona que conoce la verdad sobre Jesucristo y continúa llevando una vida de pecado comete tres de los pecados más terribles y atroces que se pueda imaginar.

    ▬ 1. Pisotea al propio Hijo de Dios. Esto es mucho peor que nada más ignorar y descuidar y desconocer a Cristo. Es saber que Cristo es el Hijo de Dios que vino a la tierra a revelar el amor de Dios y a salvar a los hombres, pero…

    • rechazar a Cristo para que todos lo vean.
    • rehusarse a obedecer a Cristo en presencia de otras personas.
    • negar a Cristo tanto con acciones como con palabras.
    • mostrar desprecio por Cristo al Vivir en pecado, aunque conozca una mejor vida.
    • insultar a Cristo al profesar su nombre y aun así vivir en pecado y pensar que se está saliendo con la suya.

       Esta persona merece más castigo que cualquier otra en la tierra. Esta es la idea central de este pasaje. Sencillamente no hay sacrificio para una persona así.

    ▬ 2. Esa persona tiene la sangre de Cristo como algo inmundo. Esto quiere decir que la persona considera que la sangre de Cristo no vale la pena y no es útil para salvar a una persona. Conoce y entiende y quizás una vez haya profesado, exactamente lo que enseñan las Escrituras: Que Jesucristo sacrificó su vida y derramó su sangre por los pecados de los hombres. Pero la persona no acepta lo que dicen las

    Escrituras. Hay dos actitudes que son culpables de esto:

    => Las que rechazan la sangre de Cristo porque piensan que la manera de llegar a Dios es vivir lo mejor que

    puedan y dar lo mejor de sí. Esas personas creen que Dios las aceptará si son suficientemente buenas y religiosas.

    ▬ 2 Las que rechazan la sangre de Cristo porque para ellas la sangre es desagradable y repulsiva. El cristianismo es a lo que denominan una religión sangrienta.

       Recuerden: Estas personas comprenden el sacrificio sustituidor de la sangre de Jesús por los pecados, pero lo rechazan como el camino hacia Dios. Deciden deliberadamente lo que denominarían una religión más agradable de buenas obras para llegar a Dios y ganar su aprobación.

       Nuevamente, estas personas merecen mucho más juicio que otros pecadores. ¿Por qué? Porque conocen el significado de la sangre de Cristo, aún así la tienen por inmunda, no se merecen a Dios. Y la gran tragedia es: La sangre de Jesucristo es el fundamento mismo del nuevo pacto de Dios, el pacto de amor, misericordia y gracia. Dios les declara a estas personas:

       “Miren el sacrificio de mi Hijo por ustedes. Él es la demostración de mi amor por ustedes, la demostración perfecta. No podría hacer nada más grande por ustedes que morir por ustedes, de la misma manera que ustedes

    no podrían hacer nada más grande que morir por alguien más. Los amo y les he demostrado mi amor de la manera más suprema posible: al dejar que mi propio Hijo cargue los pecados de ustedes sobre si y soporte la culpa de mi justicia e ira contra el pecado. Él soportó la ira y la condenación por ustedes. Ahora solo tienen que creer en Él y honrarlo confiándole la vida de ustedes a Él. Cuando hagan esto, los aceptaré en su sacrificio. Créanlo, analícenlo, encomiéndenle su vida. ¿Por qué siguen teniendo por inmunda la sangre de mi Hijo?”

    ▬ 3. Él ha hecho afrenta al Espíritu de gracia, la misma persona que vierte la gracia de Dios sobre los hombres, es decir, el Espíritu Santo. La palabra afrenta significa insultar o ultrajar. ¿Cómo una persona hace afrenta al Espíritu Santo?

    => Al sentir la atracción interna del Espíritu a arrepentirse y cambiar y seguir a Cristo, y que aún asi rechace e ignore la convicción del Espíritu. Esto lo insulta y demuestra que la persona le hace afrenta.

    => Al profesar que es un seguidor de Cristo, y que aun así continúe viviendo en pecado. Esto insulta al Espíritu y demuestra que le hace afrenta.

       Una vez más, la persona que conoce la verdad y aún así se vuelve al mundo y al pecado será castigada, no importa lo que profese. Y no debemos olvidarlo nunca: Aquellos que profesaron ser del pueblo de Dios bajo la ley de Moisés murieron sin misericordia. ¿De cuánto mayor castigo creen que seremos merecedores si nos alejamos de nuestra profesión?

       “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Jn. 3:36).

       “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (Ro. 1:18).

       “pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego” (Ro. 2:8-9).

       “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” (He. 10:29).

    Semana del 04 al 10 de mayo de 2026.

    Amén, para la honra y gloria de Dios.

  • DOMINGO 03 DE MAYO DE 2026. “LA IGLESIA ES LLAMADA A LLEVAR Y CONSERVAR UNA VIDA SANTA”.

    LECCIÓN: Números 29:7 al 11. 7. En el diez de este mes séptimo tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas; ninguna obra haréis; 8. y ofreceréis en holocausto a Jehová en olor grato, un becerro de la vacada, un carnero, y siete corderos de un año; serán sin defecto. 9. Y sus ofrendas, flor de harina amasada con aceite, tres décimas de efa con cada becerro, dos décimas con cada carnero, 10. y con cada uno de los siete corderos, una décima; 11. y un macho cabrío por expiación; además de la ofrenda de las expiaciones por el pecado, y del holocausto continuo y de sus ofrendas y de sus libaciones. 

       Comentario 1. Números 29: Versículos 7-11.

    En el día de la expiación, el día diez del séptimo mes, se debía ofrecer un sacrificio festivo similar al presentado en el día de la séptima luna nueva (un holocausto y una ofrenda por el pecado), además de la ofrenda por el pecado. de expiación prescrita en Lev 16, y los holocaustos diarios. Para una descripción más detallada de esta fiesta, véase Lev 16 y Levítico 23:26-32.

       La iglesia es llamada a llevar y conservar una vida santa: La afirmación de que la Iglesia es llamada a llevar y conservar una vida santa es un pilar fundamental de la teología cristiana, fundamentado en la santidad de Dios mismo y en la acción del Espíritu Santo. Esta llamada implica una separación del pecado y una consagración total a Dios, no limitada al ámbito privado, sino reflejada en la vida cotidiana y la misión comunitaria

       Bíblicamente, la Iglesia es llamada a llevar y conservar una vida santa, lo cual no significa perfección sin pecado, sino ser apartada del mundo para el uso exclusivo de Dios y transformada a la semejanza de Cristo por el poder del Espíritu Santo. Este llamado es una identidad fundamental: los creyentes son santos por pertenecer a Jesús.

    Aquí se detallan los fundamentos bíblicos de este llamado:

    ▬ 1. El Fundamento: «¿Sed Santos, Porque Yo Soy Santo»

    • Mandato Divino: El llamado a la santidad se basa en el carácter de Dios: «Sean santos, porque yo soy santo» (Levítico 11:44-45, 1 Pedro 1:15-16).
    • Llamados a ser Diferentes: La iglesia no debe conformarse a las pasiones de la antigua manera de vivir, sino mostrar un cambio radical en su conducta (1 Pedro 1:14).
    • Separación del pecado: Se exhorta a los cristianos a abstenerse de la inmoralidad sexual y a controlar el propio cuerpo en santificación y honor (1 Tesalonicenses 4:3-7).

    ▬ 2. Cómo se Conserva una Vida Santa.

    La santidad no se logra por esfuerzo propio, sino por la cooperación con el Espíritu Santo:

    • El poder del Espíritu Santo: El Espíritu produce semejanza a Cristo en nosotros cuando nos sometemos a Él (Gálatas 5:16-22).
    • La Palabra de Dios: Jesús oró: «Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad» (Juan 17:17).
    • La obediencia a la Palabra mantiene al creyente limpio.
    • Confianza en la Gracia: El llamado a la santidad implica descansar en la gracia de Dios, no en la capacidad propia de ser lo suficientemente bueno.
    • Mortificación del pecado: Considérense muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús (Romanos 6:11).3.

    ▬ 3. La Santidad como Iglesia (Colectiva).

    • Esposa de Cristo: Cristo se entregó por la Iglesia para santificarla, limpiándola para presentarla radiante, sin mancha ni arruga (Efesios 5:25-27).
    • Templo del Espíritu: La iglesia es el templo de Dios, y por tanto, debe mantener la pureza de ese espacio sagrado (1 Corintios 3:17).
    • Testimonio en el mundo: Los cristianos están llamados a brillar como luminares en un mundo corrompido, manteniendo una conducta intachable (Filipenses 2:14-16).

    ▬ 4. La Importancia de la Santidad

    • Requisito para la visión de Dios: «Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor» (Hebreos 12:14).
    • Identidad: La iglesia es «real sacerdocio» y «nación santa» (1 Pedro 2:9).
    • En resumen, la iglesia es llamada a una santidad práctica que afecta todas las áreas de la vida diaria, evidenciando que el Espíritu Santo mora en ella y que pertenece a Dios.

    TEXTO: «Si no, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir» (1ª de Pedro 1:15).

        1ª de Pedro. (1:15) Santidad: concentrarse en la santidad. Santo (hagios) significa ser justo, puro, sin pecado y divino; ser perfecto, completo y satisfecho en todo sentido posible; ser separado y totalmente diferente de todos los otros seres y cosas.

    El creyente debe ser santo, es decir…

    • justo, puro, sin pecado y divino.
    • perfecto, completo y satisfecho.
    • separado, totalmente diferente de todos los que viven en forma mundana.

       Hay tres razones por las cuales los creyentes deben vivir vidas santas.

    ▬ 1. Dios es santo. Él es la misma personificación y perfección de la santidad absoluta.

    => Dios es la encarnación misma de la justicia absoluta, de la pureza, de la falta de pecado y de la divinidad.

    => Dios es la encarnación misma de la perfección absoluta, la plenitud y la realización.

    => Dios es la encarnación misma de la separación absoluta: diferente, apartado y separado de todo lo demás.

    ▬ 2. Dios ha llamado a los creyentes a que sean santos en cada aspecto de la vida. El propósito mismo de Dios al salvarnos es contar con gente que será tal como Él y que vivirá con Él eternamente. El propósito de Dios para nosotros es…

    • que seamos santos, justos, puros, sin pecado y divinos.
    • que seamos perfectos, completos y realizados.
    • que estemos separados del mundo y apartados para Él.

       Dios no quiere que seamos corruptibles ni que muramos con el mundo. Dios nos quiere santos. Nos quiere apartados tal como Él. Dios quiere que vivamos con Él eternamente. Pero para vivir con El eternamente, debemos ser como Él, debemos ser santos. Por lo tanto, debemos procurar, perseguir e ir en busca de la santidad. Debemos vivir vidas santas, puras, justas y divinas. Debemos buscar e ir tras de Dios. Debemos buscar ser como Dios mientras estamos en esta tierra. Si lo hacemos, entonces Dios nos otorga la más gloriosa de las esperanzas: la esperanza de la salvación eterna.

    ▬ 3. Las Escrituras exigen santidad. Está escrito en las Escrituras: “Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo” (Lv. 11:45; l9:2; 20:7, 26). No tenemos opción: este es el mandamiento de las Escrituras. Si queremos pertenecer a Dios, entonces debemos vivir como Dios. Debemos vivir vidas santas.

       “Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo” (Lv. 11:45).

       “Que, librados de nuestros enemigos, sin temor le serviríamos en santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días” (Lc. 1:74-75).

    1er Titulo: Convocación para afligir las almas y hacer expiación por los pecados. Versículo 7. En el diez de este mes séptimo tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas; ninguna obra haréis. (Léase: Levítico 16:30 y 31. Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová. Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo. ▬ Joel 2:17. Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros de Jehová, y digan: Perdona, oh Jehová, a tu pueblo, y no entregues al oprobio tu heredad, para que las naciones se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos Dónde está su Dios?).

        Dios busca un espíritu humilde y contrito en los creyentes (Levítico 16:29-34)

       16:29-34 El Dia de Expiación era de reposo solemne, llamado shbbat shabbaton (16:31 cf. 23:3,24,32,39). La frase “os afligiréis» es importante. Significaba ayunar desde el atardecer del día nueve hasta la noche del día diez del mes séptimo (Lv. 23:23).” Tanto el ayuno como el descanso sabático son ordenados nuevamente en Levítico 23:27 y Números 29:7, so pena de muerte. Este es el único ayuno prescrito en la Ley. En otras, palabras, las acciones del sumo sacerdote por sí mismas no eran suficientes. Hacía falta que la nación participara activamente mediante estas disciplinas, preparando su corazón para recibir de parte de Dios el milagro del perdón y expiación que ningún rito por sí mismo puede proveer.

       La palabra “expiar” (heb. kipper) ocurre cinco veces en este capítulo (v. 32-34), recalcando la importancia de la labor de los sacerdotes durante este día. Tan solemne e importante era este evento que en tres oportunidades el autor subraya que debía tenerse por “estatuto perpetuo» (16:29,31,34), tanto para los israelitas como para los extranjeros residentes.

       PARA LA IGLESIA:

    En primer lugar, recordemos el significado del Día de Expiación en el PM: el propósito de estas leyes era prevenir que el sumo sacerdote, en teoría el hombre más santo de Israel, sufriera una muerte repentina al entrar al Tabernáculo (Lv. 1612,13). Los ritos del Día de Expiación mostraban que ningún hombre, por santo que fuera, podía aproximarse a la presencia de Dios sin la apropiada cobertura de un sacrificio.

       En el capítulo 4 de Levítico ya se había explicado que los sacrificios de sangre eran apropiados para obtener purificación y para limpiar lo que se había contaminado de una u otra forma. En otras palabras, la sangre es el medio establecido por Dios para limpiar y santificar. Empero, los pecados de Israel provocaban contaminación en el lugar designado para la adoración. En consecuencia, si el Tabernáculo no era limpiado apropiadamente, no era posible acceder a la gloria del Señor y el pueblo quedaba expuesto al juicio divino. Por eso era indispensable el Dia de Expiación.

       El momento más significativo del rito era cuando se despachaba el macho cabrío portador de los pecados de Israel al desierto ‘(vs.21-22). De manera muy gráfica subrayaba la necesidad de que la nación fuera purgada de sus pecados y librada del dominio que el mal logra sobre los seres humanos que no están en comunión con Dios. Lo que ocurría al interior del Lugar Santísimo no era apreciado por la gente, pero la expulsión del macho cabrío al desierto quedaba fija en la memoria de todos. Era una ayuda visual por medio de la cual se podía entender fácilmente la realidad del pecado y la necesidad de eliminarlo.

       Para evitar que la gente llegara a pensar que eliminar los pecados del año era una tarea fácil -simplemente sacrificando un cordero y enviando otro al desierto- el Señor les mandó que fuese un día de auto aflicción (vs.29,31). Cada uno debía examinarse a sí mismo en ayuno y oración para presentarse ante Dios y arrepentirse de sus pecados.

       Tanto el AT como el NT dejan claro que el Día de Expiación tuvo su origen en la voluntad de Dios. No era un rito pagano con el propósito de apaciguar (“hacer propicio») a un dios airado. Por el contrario, era el camino dispuesto por Yahweh para proveer perdón, limpieza y poder permanecer en medio de Su pueblo con el fin de mantener el acceso a Su presencia.

       Ahora bien, aplicando todo esto al contexto del PN, el libro de Hebreos utiliza la ceremonia del Día de Expiación para comparar el sacerdocio levítico con el de nuestro Señor. Lo central de esa comparación es el sacrificio mismo de Jesús en la cruz. En la muerte del Señor se obtuvo todo lo que el sumo sacerdote pretendía lograr en el Día de Expiación bajo el antiguo pacto. En otras palabras, la muerte del Señor Jesús logró una plena expiación de nuestros pecados, y el autor de Hebreos añade de manera muy significativa que esto fue realizado “fuera de la ciudad» (He. 13:12). De esa manera pretende decirnos que Jesús tomó sobré sí los pecados de todos nosotros y los llevó lejos, para no traerlos de regreso jamás (cf. Is. 53:5-6; 1 P. 2:24; 2 Co. 5:21; Ga. 3:13; He. 9:28).249 Mientras colgaba en la cruz, el cuerpo de Jesús fue hecho el propiciatorio de Dios para con la humanidad, vale decir, el lugar donde se encontraron la justicia y la gracia de Dios (siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados (Ro. 3:24-25)). La función de ambos machos cabríos fue asumida por el Señor, pues mediante Su muerte y resurrección quitó los pecados que provocaban separación de Dios y libró a los creyentes de todo poder de las tinieblas. La función del becerro sacrificado por el sumo sacerdote y su familia no fue necesaria en el sacrificio de nuestro Señor porque Él estaba libre de pecados, como señala en franca adoración el autor de Hebreos (He. 7:26-28).

       La efectividad del sacrificio de nuestro Señor quedó demostrada en que el velo del Templo se rasgó para permitir un acceso libre y permanente a la presencia de Dios a través de Su Hijo Jesús (Mt. 27:51; Mr. 15:38; Lc. 23:45). Para el autor de Hebreos, la ruptura del velo corresponde al quebrantamiento de la carne de Jesucristo. Por ese hecho, todo creyente tiene ahora el derecho de entrar a la Presencia de Dios (He. 10:19ss), y por eso afirma con propiedad que el PN es un mejor y mayor pacto.

       En otras palabras, bajo el PN la situación teológica -y práctica en consecuencia- cambió completamente. Ya no es necesario un Dia de Expiación cada año. El día de la muerte del Señor Jesús es el gran Día de Expiación para toda la humanidad, de una vez y para siempre. Desde ese día en adelante, todo creyente tiene el derecho de entrar a la presencia de Dios, algo reservado solo para el sumo sacerdote en el PM del antiguo Israel. Mientras el sumo sacerdote podía acceder a ese Lugar Santísimo solo una vez al año, Jesús no solo ingresó al Lugar Santísimo Celestial, sino que se sentó a la diestra de Dios y permanece allí para siempre. En consecuencia, nosotros podemos ingresar en cualquier momento por Su mediación (He. 4:16).

       Aunque en estricto rigor el Dia de Expiación ya no es relevante para los cristianos, los principios expuestos en todos los detalles de aquel día sagrado enseñan verdades muy profundas y eternas. Podemos aprender de él acerca de la naturaleza del pecado y de la necesidad de limpieza para entrar a la presencia de Dios. Por medio de una serie de contrastes, Hebreos nos enseña que los cristianos gozamos de un privilegio mucho mayor que el de Aarón, debido a que nuestro Sumo Sacerdote es Jesucristo, un sacerdote muy superior a Aarón mismo: (1) Aarón era solo un hombre y necesitaba expiar sus propios pecados, así como los del pueblo. Cristo, en cambio, estaba libre de pecado (He. 7:26ss). (2) Aarón debía repetir el sacrificio del Día de Expiación año tras año. Cristo, por su parte, aseguró eterna redención por medio de Su muerte, de una vez y para siempre (He. 9:6-14). (3) El ritual del Dia de Expiación le permitía a Aarón entrar al Lugar Santísimo del Santuario terrenal. Jesucristo llevó Su propia sangre al Santuario verdadero, el celestial (He. 9:24).

      (4) Al repetir año tras año el rito del Día de Expiación en la antigüedad, se hacía claro que el problema del pecado y sus consecuencias para la nación no quedaba arreglado de manera definitiva. El sacrificio de Cristo asegura un perdón permanente del pecado, en una medida no imaginada en el AT (He. 10:1-18). Todo esto debe darnos la confianza para entrar al trono de la gracia de Dios por medio de la sangre de Jesús (He. 10:19). En conclusión, que seamos hallados verdaderamente en Él hasta el día en que regrese por nosotros, viviendo en Su provisión de vida eterna y abundante, como dijo el autor de Hebreos en el siguiente pasaje:

       Hebreos 10:22-25 (22) acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. (23) Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. (24) Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; (25) no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.

       Comentario de Joel 2:17. Dado que la crisis es nacional, el lamento también debe ser comunitario (Joel 2. vv. 15–17). Tocar la trompeta, pregonar ayuno, convocar asamblea, todos son elementos de un lamento nacional. La seriedad de la situación llama a tomar medidas un tanto drásticas, si se quiere, pero necesarias. Todos han de santificarse; es decir, purificarse ritualmente. Grandes y pequeños deben participar de estos actos. Los motivos de alegría deben cancelarse por el momento; es tiempo de mostrar contrición delante de Dios (v. 16). Los sacerdotes deben actuar como líderes en este lamento público; ellos tienen el deber de interceder por la nación y suplicar la misericordia divina. Pero deben ser participantes activos, con lloro y oración (v. 17). Entre el vestíbulo y el altar (otras versiones traducen “pórtico” o “entrada”) parece haber sido el sitio tradicional de oración de los sacerdotes (ver Eze. 8:16). Tu heredad alude al pueblo judío. Afrenta en este caso es vergüenza, o el estado vulnerable ante el posible dominio que otros pudieran ejercer sobre la nación debido a su debilidad. ¿Dónde está su Dios? sugiere mofa o burla (comp. Miq. 7:10; Sal. 79:10). Las naciones paganas pondrían en tela de duda la existencia, grandeza o poder de Dios a causa de la debilidad del pueblo. Por otro lado, es bueno observar que esta es una fórmula que los profetas usaron muchas veces para interceder a favor del pueblo. ¡La reputación de Jehovah estaba en juego! (Comp. Éxo. 32:12; Núm. 14:13–16).

    2° Titulo: Necesario cuidado y delicadeza con las ofrendas consagradas al Señor. Versículos 8 y 9. y ofreceréis en holocausto a Jehová en olor grato, un becerro de la vacada, un carnero, y siete corderos de un año; serán sin defecto. Y sus ofrendas, flor de harina amasada con aceite, tres décimas de efa con cada becerro, dos décimas con cada carnero (Léase: 2ª a los Corintios 8:20 y 21. evitando que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos, procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres. ▬ Hebreos 13:15. Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.).

       Comentario de 2ª a los Corintios (8:19-21) Administración ▬ Ofrendas ▬ Ujieres: Los hombres que manejan las ofrendas (ujieres) son representantes escogidos por la iglesia a fin de evitar acusaciones de mala conducta contra el ministro. Este elemento es muy significativo, una lección a la que deben prestar atención igualmente los ministros y las iglesias. Si Pablo hubiera manejado la ofrenda él mismo, se podía haber dejado expuesto a la acusación de confiscar y robar dinero. El único procedimiento sensato era hacer que la iglesia eligiera a uno de sus propios hombres para que manejara las ofrendas.

       Note que a la ofrenda se le llamaba “esta gracia”. Como señala Charles Hodge, cualquier dádiva gratuita es una gracia. Por consiguiente, la ofrenda de una iglesia es una gracia; es el corazón de la iglesia que se derrama en una dádiva gratuita para salvar y ayudar a los desesperados del mundo. La iglesia debe derramar su alma en sus ofrendas por los perdidos y los necesitados del mundo. Ellos llevan a cuesta el peso del pecado, el hambre, la sed, la enfermedad, la ignorancia, la soledad, la indefensión, la falta de propósito, y la muerte. Esto solamente enfatiza la importancia formidable de los ujieres y los hombres que manejan las ofrendas.

       Note otro elemento significativo: ¿Por qué se ministraba la ofrenda? Por la gloria del Señor. Cuando las personas veían las ofrendas y sabían para qué se iban a usar, el corazón de cada uno de ellos glorificaba al Señor. El Señor recibiría más alabanza que de ninguna otra manera.

       “Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel” (1 Co. 4:2).

       “para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Fil. 2:15).

       “Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir” (He. 3:5).

       “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz” (2 P. 3:13, 14).

       Nota: Pablo plantea claramente por qué había tenido tales precauciones. Él quería que todos los hombres supieran que él era honrado, que nunca metería su mano en la caja y sacaría dinero de las ofrendas. No quería que nadie cuestionara su conducta personal. La apariencia importaba, lo que las personas pensaban importaba, porque él había dedicado su vida a salvar y ayudar a las personas.

    Comentario de Hebreos 13:15. El creyente debe ofrecer el sacrificio de alabanza a Dios constantemente (v. 15). Pero note cómo: Mediante Cristo. Dios merece alabanza, pero Dios no acepta nada, ni siquiera la alabanza, a menos que se ofrezca mediante Cristo. Una persona no puede acercarse a Dios mediante algún otro sacrificio, persona o religión, ni siquiera para alabarlo, no si la persona quiere que su ofrenda sea aceptada por Dios. Dios no acepta alabanza por ningún otro medio que no sea por medio del Señor Jesucristo mismo.

       “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6).

       “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Ti. 2:5).

       “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas” (He. 8:6).

       “y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; de las cuales cosas no se puede ahora hablar en detalle” (He. 9:5).

       “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (He. 9:24).

       “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Jn. 2:1).

       “Ofrezcan sacrificios de alabanza, y publiquen sus obras con júbilo” (Sal. 107:22).

       “Te ofreceré sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre de Jehová” (Sal. 116:17).

    3er Titulo: Es nuestro deber llevar una vida de constante entrega y consagración a Dios. Versículos 10 y 11. y con cada uno de los siete corderos, una décima; y un macho cabrío por expiación; además de la ofrenda de las expiaciones por el pecado, y del holocausto continuo y de sus ofrendas y de sus libaciones.  (Léase: 1ª a los Corintios 1:7 y 8. de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo; el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo.  ▬ 1ª a los Tesalonicenses 5:23. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.).

       Comentario de 1ª a los Corintios. (1:7-8) Dones, espirituales – Gracia:

    » b. Los dones y la gracia de Dios proporcionaron una provisión plena para los creyentes corintios (v. 7). No carecían de dones espirituales de ningún tipo; de hecho, cuando se hablaba de dones espirituales, se podían comparar con la más fuerte de las iglesias. Experimentaban no solo los dones personales como la fe, el conocimiento, y las lenguas, sino los dones públicos como milagros, sanidad, y profecía; y los poseían en abundancia.

      Pensamiento 1. El creyente debe “procurar los dones mejores” y “procurar los dones espirituales” (1 Co. 12:31; 14:1). Pero el creyente siempre deberá recordar que la posesión de los dones del Espíritu no quiere decir que necesariamente sea fuerte en el Señor. No había creyentes más carnales en la época primitiva de la iglesia que los creyentes corintios. Abusaban trágicamente de sus dones y su abuso y juicio subsiguiente nos sirve de fuerte amonestación para todos.

    » c. Los dones y la gracia de Dios despertaron un fuerte anhelo por el regreso de Cristo. Los dones del Espíritu nos proporcionan un anticipo de las glorias del cielo.

    => El don de la profecía o de la predicación proclama cómo será el cielo.

    => El don de ministrar demuestra el amor y compasión adorables que existen en el cielo.

    => El don de sanidad demuestra el poder y voluntad de Dios de que el hombre viva sin corrupción ni dolor.

      Cuando los dones del Espíritu están activos entre un pueblo, es algo muy natural que dentro del corazón de sus integrantes se despierte el regreso de Cristo y del cielo; porque constantemente están experimentando la presencia del Señor entre ellos y están recibiendo un anticipo del cielo.

       Mientras más activos estén los dones del Espíritu entre un pueblo, mayor será el anhelo del pueblo por el regreso del Señor. Mientras más un pueblo hable y converse acerca del Señor y se ministren unos a otros en el Señor, más anhelarán al Señor y estar con Él. Recogemos, lo que sembramos.

      Mientras más sembremos la conversación acerca del Señor y los dones del Señor, más anhelaremos que seamos segados por el Señor. Se entiende claramente el fuerte anhelo del creyente por el regreso del Señor. ¡Imagínese nada más la expectativa gloriosa que él posee!

    => El creyente sabe que recibirá una casa (un hogar) o una mansión en el cielo.

       “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Jn. 14:2, 3).

    => El creyente sabe que los sufrimientos de este mundo no son nada comparados con la gloria del regreso del Señor y del cielo.

      “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Ro. 8:18).

    => El creyente sabe que su cuerpo corruptible será cambiado por un cuerpo incorruptible y perfecto cuando venga Jesús.

      “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Fil. 3:20, 21).

    => El creyente sabe que cuando Cristo aparezca, él aparecerá con Cristo en gloria.

       “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria” (Col. 3:4).

    => El creyente sabe que se reunirá con todos sus seres amados (que fueron creyentes) cuando Jesús regrese.

       “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Ts. 4:14-18).

    => El creyente sabe que recibirá una corona de gloria ese día.

       “Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria” (1 P. 5:4).

    => El creyente sabe que será hecho a imagen de su Señor y Salvador Jesucristo.

       “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Jn. 3:2).

        (1:8) Seguridad ▬ Confirmación: El tercer recurso del creyente es la seguridad del Señor Jesucristo, la confirmación que le da al corazón del creyente. La palabra “confirmar” (bebaiosei) significa preservar y establecer, hacer categórico, firme y seguro. Jesucristo preservará y asegurará al creyente para que no caiga. Note la razón gloriosa: Que los creyentes puedan ser “irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo”.

      La palabra “irreprensibles” (anegkletous) quiere decir irreprochable, inocente. Quiere decir que nadie podrá acusar al creyente cuando se pare frente a Cristo en el día del juicio. El “día de nuestro Señor Jesucristo” traerá como resultado el tribunal de Cristo, y solo los que son preservados por la sangre y el poder de Jesucristo serán considerados irreprensibles (v. 8).

       “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6).

       “Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Ti. 1:12).

       “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (2 Ti. 4:18).

       Comentario de 1ª a los Tesalonicenses 5:23. Creyentes, deber: Resultados del comportamiento apropiado. Si el creyente se comporta como es apropiado -si alguien sigue las exhortaciones que se dan en este pasaje- experimentará cuatro cosas.

    ▬ 1. El creyente experimentará la presencia del Dios de paz: Paz significa estar unido, ligado y en una sola pieza. Solo Dios puede unir, ligar y armar en una sola pieza a una persona. Solo Dios puede traer paz al alma de una persona, el tipo de paz que da absoluta convicción, confianza y seguridad al corazón. Note, además, Dios posee tanta paz y está tan dispuesto a dar paz que es llamado el Dios de paz.

       “Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén” (Ro. 15:33).

       “Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros” (Ro. 16:20).

       “Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros” (2 Co. 13:11).

       “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros” (Fil. 4:9).

       “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Ts. 5:23).

       “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno” (He. 13:20).

    ▬ 2. El creyente experimenta santificación: La palabra santificación significa ser apartado y separado para Dios. El creyente que sigue las exhortaciones de este pasaje es grandemente bendecido por Dios: Dios toma a la persona y la aparta y separa para sí. Para Dios es una persona muy especial, por eso Dios tiene con ella una relación muy especial. Además, note la frase “por completo”: el creyente es apartado por completo para Dios, y está bajo su cuidado especial, protección y provisión.

       “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Jn. 17:17).

       “Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Co. 1:30).

       “Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra” (2 Ti. 2:21).

       “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (He. 13:12).

       “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas” (1 P. 1:2).

    ▬ 3. El creyente tiene guardado su espíritu, alma y cuerpo irreprensible para el día del juicio. Esta es la idea del texto griego. La palabra “para” (en) debe traducirse como “en”. Es decir, en ese día en que el Señor regrese el creyente será guardado irreprensible. Será aceptado delante de Dios y recibirá su recompensa. Note las tres partes del hombre que se detallan: espíritu, alma y cuerpo. La idea es que el hombre será guardado completo; tanto su cuerpo como su alma y espíritu. Los creyentes no van a ser una figura fantasmagórica o algún tipo de espíritu sin forma definida. Ellos tendrán cuerpos y almas resucitadas y preservadas para siempre. La persona completa -todo su espíritu, alma y cuerpo- vivirá eternamente con Dios, pero fíjese, esto es solo si el creyente sigue las exhortaciones de las Escrituras.

       “para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Fil. 2:15).

       “en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él” (Col. 1:22).

       “para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos” (1 Ts. 3:13).

       “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Ts. 5:23).

       “Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz” (2 P. 3:14).

    ▬ 4. El creyente experimenta la seguridad de la fidelidad de Dios. Dios llamó al creyente, por tanto, Él completa la obra en él. La obra de la salvación es obra de Dios de comienzo a fin. Si una persona no está viviendo para Dios, esto es evidencia de que en realidad no es un verdadero creyente, pero si una persona está viviendo para Dios siguiendo la exhortación de las Escrituras, esto es clara evidencia de que es un verdadero creyente, que realmente ha sido llamado por Dios. ¿Cómo lo sabemos? Porque Dios es fiel. Si una persona le pertenece a Dios, Él continuará obrando en la persona hasta que sea completamente salva en el glorioso día de redención.

       “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” (1 Ts. 5:24).

       “Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal” (2 Ts. 3:3).

       “Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo” (2 Ti. 2:13).

       “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (He. 2:17).

    Domingo 03 de mayo de 2026

    Amén, para la honra y gloria de Dios.

  • LUNES 27 DE ABRIL DE 2026. “QUIEN RECIBE EL ESPÍRITU DE DIOS SIEMPRE ACTÚA CON AMOR Y LEALTAD HACIA SUS HERMANOS”.

    Lección: 2ª de Samuel 1:23 al 27. 23. Saúl y Jonatán, amados y queridos; Inseparables en su vida, tampoco en su muerte fueron separados; Más ligeros eran que águilas, Más fuertes que leones. 24. Hijas de Israel, llorad por Saúl, Quien os vestía de escarlata con deleites, Quien adornaba vuestras ropas con ornamentos de oro. 25. ¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla! ¡Jonatán, muerto en tus alturas! 26. Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán, Que me fuiste muy dulce. Más maravilloso me fue tu amor Que el amor de las mujeres. 27. ¡Cómo han caído los valientes, Han perecido las armas de guerra!

       Comentario general del contexto bíblico: Lamento por la muerte de Saúl y Jonatán, 1:17–27. David era un hombre compasivo y misericordioso, y la muerte de Saúl y Jonatán le trajo profundo dolor. David expresó su dolor escribiendo el Canto del Arco, un canto fúnebre que expresaba su admiración por la valentía de Saúl y Jonatán, su amor profundo hacia Jonatán, y su tristeza por la muerte de ambos. El canto de David quedó escrito en el libro de Jaser, que significa justo, y que fue utilizado por el escritor como una fuente de información para la narración de la vida de David. El libro del justo también es mencionado en Josué 10:13. El libro del justo era posiblemente un libro de poemas que narraba los grandes acontecimientos de la historia de Israel.

    Joya bíblica

    ¡Cómo han caído los valientes,

    y se han perdido las armas de guerra!

    El arco de Jonatán jamás volvía sin la sangre de los muertos… (1:22 y 27).

       David lamentó la muerte de Saúl y Jonatán porque ellos habían sido los valientes que habían guiado a los israelitas en la lucha contra los filisteos. Saúl fue un hombre que manejó con destreza el escudo y la espada, instrumentos indispensables en las guerras de aquel tiempo; y Jonatán manejó con destreza el arco; ambos tuvieron gran velocidad y fuerza física que los hacía unos grandes guerreros; pero ahora, el escudo de Saúl yacía en la tierra como símbolo de los hechos de aquellos dos valientes que habían muerto; yacía en tierra como si no hubiera sido ungido con aceite; esta era una referencia a la costumbre de mantener en buen estado el escudo limpiándolo con aceite.

       David lamentó la muerte de Saúl porque esa noticia sería una ocasión de alegría para los filisteos; era por seguro que las mujeres filisteas celebrarían la victoria como una humillación de Israel. David se imagina a las mujeres filisteas saliendo por las calles de sus ciudades, Gat y Ascalón, para celebrar la muerte del rey de Israel; era una humillación que David no deseaba para el pueblo de Israel.

    La muerte de dos valientes

    1:17–27

    De Saúl y Jonatán

    Lamentados profundamente

    Amados y recordados

    Inseparables hasta el final

       David lamentó la muerte de Jonatán porque le tenía un profundo amor; que ese amor fuese más maravilloso que el amor de las mujeres, destaca el hecho de que era un amor nacido de una amistad leal, desinteresada, duradera y sacrificada. La palabra amor es la palabra hebrea ahabad, 160 se usaba para referirse a toda clase de amor: en Levítico 19:18 se usa para referirse al amor al prójimo y en Éxodo 21:5 se usa para referirse al amor a Dios. El amor de David a Jonatán era un amor de pacto; y aunque aquí no se usa la palabra jesed 2617 que es la que designa el amor de pacto, la amistad entre Da-vid y Jonatán era una amistad de jesed, que perdura a través de cualquier circunstancia. El amor entre David y Jonatán soló puede compararse con el amor entre Rut y Noemí, y el amor entre Jesús y sus discípulos. La amistad entre David y Jonatán continúa siendo un testimonio a la amistad verdadera y duradera que puede existir entre dos personas.

    Joya bíblica

    Angustia tengo por ti, hermano mío, Jonatán, que me fuiste muy querido, Más maravilloso fue para mí tu amor que el amor de las mujeres (1:26).

       El canto de David termina con un lamento: ¡Cómo han caído los valientes, y se han perdido las armas de guerra! Esta expresión conlleva tristeza, pero también conlleva a la reflexión en cuanto a la manera en que Saúl usó su valor y su fuerza. Saúl no usó su fuerza física junto con la fortaleza que viene de la dependencia de Dios, tampoco usó Saúl su valor junto con la sabiduría que viene de Dios. ¡Qué triste era ver tanta valentía y tanta fuerza fracasada por falta de sometimiento a la dirección de Dios!

       Ante la muerte de Saúl, David demostró una gran dignidad, respeto y admiración por Saúl. La muer-te de Saúl significaba el camino de entrada al trono para David; sin embargo, David tomó tiempo, junto con el pueblo, para lamentar la muerte de Saúl. David sabía que era tiempo de luto para el pueblo, y que no era tiempo de recriminación, sino de perdón y de búsqueda de la unidad entre el pueblo. La excelencia de espíritu de David, la hace notar Matthew Henry en su comentario, dando cuatro aspectos significativos de esa excelencia de espíritu que demostró David en su canto: su generosidad para Saúl, su gratitud hacia Jonatán, su preocupación por el honor de Dios, y su preocupación por el bien público de Israel.

    Quien recibe el espíritu de Dios siempre actúa con amor y lealtad hacia sus hermanos”.: Esa afirmación refleja una verdad fundamental en el cristianismo, basada en el Nuevo Testamento, donde el Espíritu Santo opera una transformación interna que se manifiesta externamente en las relaciones con los demás.

    Quien recibe el espíritu de Dios no solo siente amor, sino que actúa con un amor activo (ágape) y una lealtad inquebrantable hacia sus hermanos, caracterizados por: En resumen, el amor y la lealtad son el resultado natural de vivir según el espíritu, actuando con «un corazón regenerado» que busca activamente el bien del hermano.

       Referencias bíblicas: Gálatas 5:22-23. «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.»

       1ª de Pedro 2:17. «Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.»

        1ª Juan 3:10-15.  «En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios. Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece. Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.»

    1er TÍTULO: El fruto del Espíritu Santo nos hace reconocer el valor de una amistad verdadera. Versículo 23. Saúl y Jonatán, amados y queridos; Inseparables en su vida, tampoco en su muerte fueron separados; Más ligeros eran que águilas, Más fuertes que leones. (Léase: Proverbios 17:17. En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia. ▬ Eclesiastés 10:12. Las palabras de la boca del sabio son llenas de gracia, más los labios del necio causan su propia ruina.).

    Definición: El fruto del Espíritu Santo, descrito en Gálatas 5:22-23 como amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio, es fundamental para reconocer y cultivar la verdadera amistad. Estas virtudes transforman la manera en que nos relacionamos, permitiéndonos valorar la amistad no por lo que obtenemos, sino por lo que podemos dar y compartir bajo la guía divina.

       Proverbios El v. 17 muestra que hay gente buena, muy buena en el mundo de hoy. Tal amigo (ver que a veces la palabra se traduce “prójimo”, como en 3:28) cumple la Palabra de Dios cuando dice: … Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lev. 19:18). Además de ser un amigo o prójimo siempre presente (en todo tiempo), es un hermano que está dispuesto a estar al lado en un tiempo de angustia, que se define como “estrecho”, como en 24:10; 25:19. El amor entre David y Jonatán es un gran ejemplo de la enseñanza de este versículo (ver 1 Sam. 18:1, 3). Además, Jonatán fue llamado el hermano de David (ver 2 Sam. 1:26; otro ejemplo fue la relación entre Salomón e Hiram en 2 Rey. 9:13). Aunque Job se queja que sus íntimos amigos le habían abandonado, la misma riña con ellos muestra que estaban a su lado (ver Job 19:19).

       Eclesiastés 10:12. destaca el contraste entre el impacto de las palabras sabias y necias: «Las palabras de la boca del sabio son llenas de gracia, más los labios del necio causan su propia ruina». La sabiduría trae aprobación, prudencia y relaciones constructivas, mientras que la necedad, a través del habla impulsiva y excesiva, lleva al desastre personal y a la destrucción del propio necio.

       En resumen, el versículo es un llamado a la prudencia verbal y a buscar la sabiduría, reconociendo que nuestras palabras reflejan la condición de nuestro corazón y tienen el poder de bendecir o destruir.

       Aquí te detallamos los puntos clave de la explicación:

    • Palabras de Gracia (Sabiduría): Las palabras del sabio son «agradables» (gracia), generan paz, construyen a otros y muestran madurez. Reflejan una vida ordenada que teme al Señor.
    • Labios del Necio (Ruina): La necedad se manifiesta en el exceso de palabras sin sentido, la falta de cordura y el hablar impulsivo. El necio se destruye a sí mismo al hablar más de lo que escucha y al decir tonterías.
    • El contexto de Eclesiastés 10: Este capítulo enfatiza que un pequeño error (como una «mosca muerta» en el perfume) puede dañar una gran reputación. El habla es una de esas áreas críticas donde una pequeña falta de control puede arruinar un testimonio.
    • Consecuencias del Habla: Mientras que el sabio es cuidadoso y considerado, el necio se agota y se pierde por su propia verborrea, a menudo resultando en su propio perjuicio.

       Referencias Bíblicas: 1ª de Juan 2.10-11. «El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo. Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.»

       Proverbios 27:17. «Hierro con hierro se aguza; Y así el hombre aguza el rostro de su amigo»

       Romanos 1:12-12. «Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados; esto es, para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí.»

    2° TÍTULO: Recordando las obras justas de quienes nos han presidido en el Señor. Versículo 24. Hijas de Israel, llorad por Saúl, Quien os vestía de escarlata con deleites, Quien adornaba vuestras ropas con ornamentos de oro. (Léase: Hebreos 13:7. Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe. ▬ 1ª a los Tesalonicenses 5:12. Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan).

       (Hebreos 13:7) Pastores: Tenemos que recordar a los pastores. “Recordar” (mnemoneuete) quiere decir estar consciente de, mantener presente. La idea es el recuerdo constante. No se deben olvidar nunca a los pastores. Pero note quiénes son los pastores que se deben recordar: Los que han proclamado la Palabra de Dios. Si una persona ha sido fiel al proclamar y enseñar la Palabra de Dios, debemos recordarla y nuca olvidarla. Note por qué: para poder imitar su fir. Un pastor que proclame fielmente la Palabra de Dios es un líder a seguir. Como dice el Nuevo Testamento Ampliado:

      Este es un versículo cargado de poder. Note lo que dice cuando se descompone en forma de subíndice: sigan a sus pastores…

    • en su convicción de que Dios existe y que es el Creador y Gobernador de todas las cosas.
    • en su convicción de que Dios es el Proveedor de la salvación eterna mediante Cristo.
    • en confiar su entera personalidad en Dios.
    • en su absoluta dependencia y confianza en el poder, sabiduría y bondad de Dios.

       Note que se deben seguir tanto a los lideres vivos como a los muertos, aquellos que han terminado su obra en la tierra, así como aquellos que obran ahora. Matthew Henry dice:

       “Recuérdales, su predicación, su oración, su consejo íntimo, su ejemplo.

       “Imiten su fe; manténgase firmes en la profesión de la fe que les predicaron, y la obra por la gracia de la fe por la cual vivieron y murieron tan bien. ¡C0nsideren el final de su conversación [c0nducta], cuán rápido, cuán cómodos, cuán gozosos, terminaron su carrera!”

       “Por tanto, os ruego que me imitéis” (1 Co. 4:16).

       “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros” (Fil. 4:9).

       “Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo, de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído” (1 Ts. 1:6-7).

       “a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas” (He. 6:12).

       “Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor” (He. 7:7).

       “Pues se da testimonio de él: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec” (He. 7:17).

       “Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor” (Stg. 5:10).

       Comentario de 1ª a los Tesalonicenses 5:12. Líderes – Iglesia ▬ Creyentes: En primer lugar, el comportamiento de la iglesia hacia los líderes de la iglesia. Note la palabra “trabajan” (kopiontas). Significa trabajar hasta quedar exhausto y luego, seguir trabajando; continuar trabajando aun si uno está agotado; trabajar vigorosamente; afanarse hasta el cansancio; trabajar más allá de lo que uno es capaz de hacer. Este es un punto fuerte que debe convencer el corazón del siervo de Dios:

    => El ministro de Dios debe trabajar ardientemente para su Señor.

    => El ministro de Dios debe trabajar y trabajar por la iglesia.

    => El ministro debe trabajar hasta el cansancio ministrando a las personas.

       Este es el trabajo del ministro; esto es lo que se exige del tiempo y energía del ministro. Toda su mente, cuerpo y alma pertenecen al Señor y deben ser derramados en las vidas de los amados de Dios, tanto de los creyentes como de los incrédulos del mundo.

       Ahora bien, fíjese en las tres exhortaciones de estos dos versículos…

    ▬ 1. Los creyentes deben reconocer a los lideres de sus iglesias. La palabra “reconozcáis” (eidenai) significa reconocer, apreciar, respetar y conocer el valor de algo. Pocas personas trabajan tanto como un líder de la iglesia consagrado.

    » a. Por ejemplo, tomemos al ministro. Compare su trabajo con el de cualquier otro profesional. ¿Cuánto tiempo restaría de sus deberes habituales cualquier otro profesional…

    • si tuviera que hablar por treinta o más minutos en una conferencia esta semana?
    • si tuviera que hablar dos 0 tres veces en dicha conferencia a las mismas personas?
    • si tuviera que hablar todas las semanas
    • dos o tres veces- a las mismas personas; ¿teniendo en cuenta que nunca podría usar el mismo discurso otra vez?
    • si tuviera que asistir cada semana a varias reuniones de comités presentes en la conferencia?
    • si tuviera que visitar a cada asistente a la conferencia cuando estos estén hospitalizados?
    • si tuviera que visitar a todos los miembros de la familia y parientes cercanos de los oyentes de la conferencia cuando ellos estén hospitalizados?
    • si tuviera que dar consejería a todos los participantes en la conferencia y a los miembros de su familia cuando tengan un problema serio?
    • si tuviera que dirigir todos los funerales de los miembros de la conferencia y de sus familiares?
    • si tuviera que dirigir todas las bodas de las hijas de los miembros de la conferencia?
    • ¿Si tuviera que visitar a la mayor parte de los hogares de los asistentes a la conferencia, sino a todos?
    • si se supusiera que visitara a todos los recién llegados y miembros potenciales dentro de la comunidad que abarca la conferencia?

       La lista pudiera continuar indefinidamente. Ahora bien, al mismo tiempo que el profesional hace todo esto tiene también que dirigir la administración de su negocio (la iglesia propiamente dicha).

    » b. Por ejemplo, tomemos al maestro dedicado que fue el Señor. El maestro consagrado ocupa todo el día en algún otro trabajo, bien en la casa o en algún trabajo secular. Luego, cuando él o ella llega a la casa, piense en el tiempo empleado…

    • en estudiar y preparar la lección.
    • orando.
    • en llamar por teléfono a los miembros de la clase.
    • visitando a los miembros de la clase: en sus casas y en el hospital.
    • aconsejando y ministrando a los miembros de la clase.
    • en confraternizar y ayudar a crecer a los miembros de la clase, individualmente y en grupos (en comidas, grupos de estudio y actividades sociales).

       Para el maestro consagrado, las horas son infinitas, y piénselo bien, el maestro hace esto todas las semanas.

       Podría decirse lo mismo sobre cualquier líder de la iglesia que está verdaderamente comprometido con el Señor y que toma en serio su llamamiento. El servicio y ministerio del líder a la iglesia está por encima y más allá de sus trabajos seculares y sus deberes en los asuntos civiles. Es cierto, ellos viven para Cristo dondequiera que están -en el trabajo y en las actividades civiles-, pero su compromiso va más allá de eso: el líder de la iglesia ha sido llamado por Dios…

    • para enseñar, edificar y hacer crecer a la iglesia y a sus creyentes.
    • para equiparse a sí mismo para ser un testigo dinámico del Señor y extender su mano para salvar a los perdidos.
    • para organizar y ministrar a las necesidades desesperadas de los pobres y los heridos.

       Lo principal aquí es lo siguiente: los creyentes deben reconocer, apreciar y respetar a sus líderes. Ellos lo merecen.

       “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar” (1 Ti. 5:17).

       “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la Palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe” (He. 13:7).

    ▬ 2. Los creyentes deben tener en mucha estima a sus lideres. Aquí se dicen varias cosas importantes.

    » a. A los líderes se les debe tener en mucha estima.

    » b. A los líderes se les debe tener en mucha estima y amor: con afecto, muy apegados al corazón del creyente.

    » c. A los líderes se les debe tener en mucha estima por causa de su obra, o sea, debido al trabajo que hacen. Ellos son ministros del Señor y sirven a Cristo, a la iglesia y a los creyentes. Los creyentes le deben mucho a ellos debido a su servicio sacrificial, por tanto, deben tenerlos en mucha estima.

       “Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor… y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros” (1 Ts. 5:12-13).

       “Y sucedía que cuando salía Moisés al tabernáculo, todo el pueblo se levantaba, y cada cual estaba en pie a la puerta de su tienda, y miraban en pos de Moisés, hasta que él entraba en el tabernáculo” (Éx. 33:8).

    ▬ 3. Los creyentes y los lideres deben tener paz entre ellos. Note que esta exhortación está dirigida tanto al líder como al creyente o discípulo. Los creyentes no deben criticar, murmurar, quejarse, envidiar u oponerse a sus líderes. Pueden diferir, sí, pero no oponerse a menos que el líder este actuando contrario a las Escrituras o al amor del Espíritu de Dios, por supuesto.

       Los líderes no deben comportarse como señores del pueblo de Dios, ni deben liderar por obtener posiciones o por exaltar su ego, asegurar para sí reconocimiento, recibir honor o por simplemente ganarse el sustento. El líder que actúe movido por estas razones no puede alimentar al pueblo de Dios. No tiene la presencia y bendición de Dios que son necesarias para alimentar al rebaño de Dios. Por tanto, dichos líderes provocan desasosiego e insatisfacción en el pueblo de Dios.

       La exhortación es para que los creyentes tengan paz entre ellos. Tanto lideres como los seguidores deben estar totalmente comprometidos con Cristo, haciendo exactamente lo que Dios les ha llamado a hacer. Cuando ambos sirven de esa manera tienen paz entre ellos.

       “pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos” (1 Co. 14:33).

       “Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros” (2 Co. 13:11).

    3er TÍTULO: Lazos de amistad inquebrantables entre los hijos de Dios. Versículos 25 al 27. ¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla! ¡Jonatán, muerto en tus alturas! Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán, Que me fuiste muy dulce. Más maravilloso me fue tu amor Que el amor de las mujeres. ¡Cómo han caído los valientes, Han perecido las armas de guerra! (Léase: 1ª de Samuel 18:1 al 4. Aconteció que cuando él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo. Y Saúl le tomó aquel día, y no le dejó volver a casa de su padre. E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo. Y Jonatán se quitó el manto que llevaba, y se lo dio a David, y otras ropas suyas, hasta su espada, su arco y su talabarte.  ▬ 2ª a Timoteo 1:3 al 5. Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.).

       Comentario de 1ª de Samuel 18:1 al 4. David y Jonatán, 18:1–5. Jonatán en heb. quiere decir “dado por Jehovah”. Un amigo como éste sólo viene con un don de Dios. Su alma se quedó como una con la de David y dice el v. 3 que le amaba. La palabra común traducida —amar— es en su esencia un respirar en pos de, o anhelar y querer a alguien. Se usa en una gran variedad de circunstancias, pero en este caso quiere decir un gran afecto y amistad. Por esa misma característica dice que hicieron pacto y seguramente habrá sido pacto de amistad. Querían expresar y sellar su propósito de cultivar y preservar su cariño y apoyo de una manera mutua. Aquí tenemos el ejemplo del amor divino que Jesucristo anhela ver en sus seguidores (Juan 13:34). Los que perciben aquí algo incorrecto o afeminado en la conducta de Jonatán no conocen el significado de la palabra amor ni conocen a Dios que nos lo da.

       Como evidencia de su afecto Jonatán le da a David lo más precioso. Al fin de cuentas la esencia del amor es darse. Es una entrega sin interés que sólo desea el beneficio del otro. Pero hay algo más aquí. Tenemos que reconocer también en este acto la confesión humilde de Jonatán de que David reinaría en su lugar. Simbólicamente le ofrecía a David sus derechos y sus servicios. Fue un acto extraordinaria-mente generoso. Cede todo a David porque reconoce que Dios le ha designado como el próximo rey. Le da también la túnica (v. 4). Fue la prenda exterior que pertenecía a los hombres de rango e importancia. Lo llevaba como príncipe y heredero del reino de su padre. Sin envidia alguna se ponía a la disposición de David, reconociendo su derecho de reinar en su lugar. Se dice que la reina Victoria de Inglaterra después de haber oído un mensaje sobre la segunda venida de Cristo dijo: “¡Cuánto me gustaría que Cristo viniera durante mi reinado, para poderle entregar con mis propias manos la corona del Imperio Británico!” Tiene que haber sido igualmente impactante este gesto de Jonatán.

       Se menciona la palabra éxito en el v. 5, palabra que quiere decir, cuidar bien o atender cuidadosa-mente. Lo tenemos cuatro veces en el capítulo (vv. 5, 14, 15, 30). La LXX a veces lo traduce “prudente”, lit. es la idea de enviar juntos. Es decir, juntar la percepción con la cosa percibida. Reúne todo lo necesario para comprender cabalmente una situación, mirándola bien con todo cuidado. El libro de Proverbios habla mucho de prudencia y el joven prudente tendrá éxito como también lo tenía David.

       Comentario de 2ª a Timoteo (1:3) Oración ▬ Pablo: La cuarta gloria de Pablo era su privilegio de orar por un discípulo. Claro está, la oración en sí misma era un privilegio para Pablo, como lo es para cada creyente, pero el simple hecho de concentrarse en orar por un joven discípulo es un privilegio especial. ¿Por qué? Porque podemos concentrarnos en la vida del joven discípulo y podemos ver la mano de Dios moviéndose en su vida. Los verdaderos creyentes saben que uno de los mayores privilegios y consuelos de la vida es poder llevar ante el Señor las necesidades de una persona amada y…

    • experimentar cómo el Señor elimina la carga de nuestros corazones.
    • experimentar cómo el Señor responde nuestra oración y suple la necesidad de la persona querida.
    • experimentar el crecimiento y ministerio para Cristo de nuestro querido.

       El glorioso privilegio de orar por un joven discípulo es verdaderamente un privilegio, privilegio del que necesitamos echar mano cada vez más. Orar por jóvenes discípulos fue una de las grandes glorias de Pablo. Debe serlo para nosotros también.

       “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis” (Mt. 21:22).

       “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Ef. 6:18).

       “orando de noche y de día con gran insistencia, para que veamos vuestro rostro, y completemos lo que falte a vuestra fe?” (1 Ts. 3:10).

       (1:4) Lágrimas ▬ Pablo: La quinta gloria de Pablo era su recuerdo de las lágrimas de Timoteo. Esta es una afirmación cálida y conmovedora: Pablo deseaba y anhelaba vea a Timoteo. ¿Por qué? Por las lágrimas de Timoteo. Al parecer Timoteo era un hombre de corazón fuerte y tierno, un corazón blando y cálido que sentía profundamente y se sentía fácilmente movido a la compasión y las lágrimas. No hay duda acerca de su fortaleza y valentía, pues fue escogido por Pablo para ser su sucesor. Pablo nunca habría elegido a un débil, alguien que no fuera el más fuerte entre los fuertes. Pero hay otra cosa que también llamaría la atención de Pablo: Un hombre con un corazón tierno y compasivo, un hombre que no temiera mostrar la candidez y suavidad de las lágrimas mientras ministraba y batallaba en oración delante de Dios.

       ¡Qué hombre digno de envidiar! ¡Qué tremendo compañero en el ministerio debe haber sido Timoteo! No en balde Pablo deseaba su presencia, anhelando y ansiando unírsele en el ministerio.

       “Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros… por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora” (Fil. 1:3, 5).

       “pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1:7).

       “Compañero soy yo de todos los que te temen Y guardan tus mandamientos” (Sal. 119263).

       “En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia” (Pr. 17:17).

       “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo” (Ec. 4:9-10).

       (1:5) Familia _ Padres – Loida – Eunice: La sexta gloria de Pablo era su recuerdo de la familia de Timoteo, de su fe genuina. Timoteo tenía uno de los mayores privilegios que un hijo puede tener: Unos padres cristianos fuertes. Su madre y su abuela eran creyentes fieles, fieles a la Palabra de Dios todos los días de sus vidas. Esta era y aun es la clave para cualquier familia: La fidelidad diaria a la Palabra de Dios. La madre y la abuela de Timoteo le habían enseñado a Timoteo las Escrituras desde temprana edad.

       “y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Ti. 3:15).

       La idea central es que la fe de Timoteo era genuina y sincera; era real y verdadera. Él confió honestamente en cristo como su Señor y Salvador y vivía para Cristo día tras día. Una de las principales razones de su fortaleza en el Señor era la fuerte fe de su madre, Eunice, y de su abuela, Loida. Ellas le habían cimentado y arraigado en la fe. Note que su fe había sido fuerte; Pablo lo menciona como la razón por la que él podía confiar tanto en la fe de Timoteo.

       Pensamiento 1. Qué glorioso testimonio y a la vez qué tremenda responsabilidad. Los padres deben ser piadosos, poseyendo la fe más fuerte, una fe genuina y verdadera, real y sincera. Los padres deben confiar en el Señor Jesucristo y criar a sus hijos en esa misma confianza. Deben enraizar a sus hijos en las Escrituras para que aprendan a caminar en Cristo cada día.

       “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Ef. 6:4).

       “Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día” (2 Ti. 1:3).

       “y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Ti. 3:15).

    Lunes 27 de abril de 2026

    Amén, para la honra y gloria de Dios

  • «EL TRIBUNAL DE CRISTO». CAPITULO 8

       Lectura Bíblica: «Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.».

       Definición: El tribunal de Cristo (o bema) es un juicio futuro exclusivo para creyentes, descrito en 2 Corintios 5:10, donde se evaluarán las obras realizadas tras la salvación para recibir recompensas, no para determinar la salvación. Se centra en la fidelidad y servicio, examinando motivos y acciones, no para castigo de pecados ya perdonados  

       El tribunal de Cristo

       El retomo de Cristo se describe como la “bienaventurada esperanza» de la Iglesia (Tit. 2:13. aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo) pero el acontecimiento se relaciona no sólo con los privilegios celestiales de los santos, sino también con sus sagradas responsabilidades, pues si bien el recogimiento consuela nuestro corazón, el tribunal de Cristo actúa como acicate para la conciencia. Citamos siete aspectos de este tribunal que se presentan en las Sagradas Escrituras.

    • El momento será el “día de Cristo” (1ª Co. 1:8. el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo.).
    • El juez será Cristo en persona (2ª Ti. 4:8. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.).
    • Las personas presentes seremos “todos nosotros” (2ª Co. 5:10. Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.).
    • La severidad de la prueba sc presenta como de fuego (1ª Co. 3:13. la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará.).
    • La norma que determina la sentencia será la fidelidad de los santos (1ª Co. 5:1-5. De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción? Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.).
    • El resultado será o recompensa o pérdida (1ª Co. 3:14-15. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque, así como por fuego.).
    • La meta a la que conduce será la gloria (1ª P. 5:4. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.).

       El momento es el día de Cristo:

    Las frases “el día de Cristo” o “de Jesucristo” o “de nuestro Señor Jesucristo” (1 Co. 1:8; 5:5; 2 Co. 1:14; Fil. 1:6, 10; 2:16.) como también “aquel día” (2 Ti. 4:8; 1:12) y “en su venida» (2 Ti. 4:8), se relacionan con el perfeccionamiento de la Iglesia en un tiempo anterior al establecimiento del reino visible de gloria en la tierra. o sea, antes del milenio. El tribunal de Cristo (gr., bema) se celebra durante aquel período, y ha de distinguirse por lo tanto del gran trono blanco (gr., thronos) que se ha de establecer después del milenio. y de hecho después de la destrucción de todo el universo viejo (Ap. 20:11).

        El tribunal de Cristo debe distinguirse también del juicio que inaugurará el reino milenial (Mt. 25:31-46; Ap. 20:4) que tiene que ver con las naciones en la tierra cuando Cristo venga en gloria, las cuales tendrán que ser juzgadas como preludio al reino en manifestación. El “día postrero” abarcará estos tres juicios, que se celebrarán sin embargo en momentos distintos.

    • El tribunal de Cristo se relaciona con el servicio y el testimonio de la Iglesia, cuyos miembros ya habrán sido arrebatados, y se sitúa antes del reino milenial.
    • El juicio sobre las naciones espera a aquellos que vivirán sobre la tierra en el momento de la venida en gloria. Estas naciones tendrán que presentarse ante el “trono de su gloria» en los comienzos del reino milenial (Mt. 25).
    • El juicio del gran trono blanco será el juicio general de los muertos, y tendrá lugar después del reino milenial (Ap. 20: 12).

       Cristo es el Juez:

       Cristo se describe como el “Señor, el Juez justo» (2 Ti. 4:8).

    porque el Padre entregó todo el juicio al Hijo (Jn. 5:22). Por eso el tribunal se describe tanto como el “tribunal de Cristo» como “el tribunal de Dios» (2 Co. 5:10; Ro. 14:10).

       Las personas juzgadas son los redimidos:

       Escribiendo a los santos en Corinto, Pablo insiste en que “es menester que todos nosotros seamos manifiestos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que hubiere hecho por medio del cuerpo, ora sea bueno o malo” con referencia tanto a los ausentes como a los presentes, incluyendo así a todos los redimidos, sea que estén en el cuerpo cuando venga Cristo o que hayan muerto antes (2 Co. 5: 1-10 con todo el contexto). Es muy verdad que todo aquel que cree en el Hijo se halla libre del juicio final de condenación (Jn. 3:24; He. 10:14, 17), no habiendo condenación alguna para quienes están en Cristo Jesús (Ro. 811); sin embargo, todo creyente es el siervo del Maestro que le compró con su sangre, de modo que Cristo habrá de pronunciar sentencia en cuanto a la fidelidad de cada uno, adjudicándose la recompensa o la pérdida que corresponda al servicio aquí abajo. Todo ello requiere un día especial de juicio aun para los creyentes. Desde luego, no se trata de la salvación o de la perdición de las almas que ya son de Cristo, sino de la medida de la recompensa que nos será otorgada por la maravillosa gracia de nuestro Señor (1 Co. 4:2-5; 3:14-15; Col. 2:24; 2 Jn. v. 8; 1 Jn. 4:17).

       La severidad del juicio:

       Hebreos 10:30 declara que “el Señor juzgará a su pueblo”, y Pablo recalca que “la obra de cada cual, será manifestada, porque el día la declarará, porque por el fuego será manifestada la obra de cada uno” (1 Co. 3:12-15). Por lo tanto, con referencia directa al tribunal de Cristo, Pablo habla del “temor del Señor” (2 Co. 5:10-11). Será posible que el creyente sufra daño o pérdida, y que vea la quema de todo lo que parecía ser la obra cristiana de toda su vida, escapándose él “como por fuego”, de la manera en que un hombre se salva de una casa incendiada con nada más que su persona. He aquí las graves posibilidades que tenemos que tomar en consideración en cuanto a nuestra vida y obra (l Co. 3:15; 2 Jn. v. 8; cp. Amós 4:11 y el caso de Lot en Gn. 19:16, 29).

        En 1ª Juan 2:28 leemos: “Hijitos, perseverad en él, para que, cuando apareciere, tengamos confianza, y no seamos confundidos de él en su venida.” La frase traducida “confundidos de él” (me aíschuntiomen ap’ autou) es más literalmente “que no seamos avergonzados de delante de él en su venida”, en contraste con quienes hayan perseverado bien, y que tengan santa confianza cuando su Señor aparezca. No quiere decir que ciertos cristianos serán desterrados de la presencia del Señor, sino que experimentarán un hondo movimiento de vergüenza al comprender que han perdido tantas oportunidades, viendo claramente su poca fidelidad al Señor durante su vida en la tierra. Volviendo a 2 Corintios 5:10 vemos que todos recibiremos según lo que hayamos hecho por medio del cuerpo, “ora sea bueno o malo”, lo que concuerda con Colosenses 3:24, donde el apóstol Pablo declara, con referencia a las recompensas que corresponderán al testimonio de los cristianos en su vida diaria: “aquel que obra injustamente recibirá en pago lo que injustamente hizo, y no hay acepción de personas” (VHA). (Cp. también 1 Co. 3:15; Lc. 19:24; 12:45-48.) Hemos de dar cuidadosa consideración a tales pasajes con la determinación de no embotar el filo de la espada de la Palabra (He. 4:12), pues el ser manifiestos delante del tribunal de Cristo es un asunto de mayor gravedad de lo que generalmente suponemos; y quizá una mera referencia a ganancias y a pérdidas no agote todo el sentido de estas solemnes declaraciones escriturarias.

       Dentro de los límites de nuestra comprensión actual no parece posible llegar más a fondo en este asunto, y nos es difícil vislumbrar de qué modo se pueden combinar tanta gloria y tanta solemnidad, pero hemos de recordar que se trata de la esfera eterna, y sin duda nuestros poderes de percepción y nuestros sentimientos se desarrollarán y se manifestarán de una forma muy diferente de lo que es apropiado a las condiciones actuales de nuestra vida aquí. Pero estas palabras de tanta solemnidad constan en las Escrituras con el fin de que sintamos profundamente la necesidad de manifestar la santidad práctica aquí abajo, unida con un servicio fiel y abnegado. Retengamos gozosamente toda la certidumbre de la salvación. Y toda la seguridad de una obra divina en nosotros, pero sepamos a la vez que nuestra responsabilidad es la de “llevar a cabo nuestra propia salvación con temor y temblor» (Fil. 2: l 2).

       Las normas del juicio:

       Seremos juzgados según nuestra fidelidad en relación con la suma total de los factores de nuestra vida y desarrollo. Tomándose en cuenta no sólo las obras hechas, sino también las posibilidades que se nos ofrecieron; no sólo lo que éramos, sino también lo que hubiéramos podido llegar a ser; no sólo lo efectuado, sino lo omitido; no sólo la obra, sino la calidad del obrero; no sólo lo que logramos sino lo que nos esforzamos por lograr; no tanto el número, sino el peso de nuestras obras (1 Co. 4:1-5; Mt. 25:21, 23; Stg. 4:17; 1 S. 2:3). Las obras realizadas con sacrificio personal tendrán más subido valor que las otras; no se estimará nuestra disposición, sino sólo el amor abnegado; en cuanto a nuestras posesiones, sólo se conservarán aquellas que fueron dedicadas a su servicio.

       ¿Qué de nuestros pecados? Es evidente que Cristo no volverá a juzgar lo que nosotros mismos juzgamos aquí (1 Co. 11:31).

       El resultado:

       Aun frente a su propio pueblo el Señor es también “juez justo” (2 Ti. 4:8) de modo que repartirá las variadas recompensas y las pérdidas según su norma de absoluta rectitud. Algunos no habrán traído más que madera, heno y hojarasca a la gran obra, y todo será quemado; otros habrán edificado sólidamente con oro, plata y piedras preciosas, y su trabajo aguantará el fuego (1 Co. 3:12-15). Los grandes en el reino de los cielos serán los siervos fieles, mientras que los creyentes que habrán sembrado para la carne segarán la corrupción de lo que aparentaba ser la obra de su vida (Mt. 5:19; 25:21; Lc. 19:17; Gá. 6:6-8).

       Algunos serán hallados puros y sin reprensión y no les faltará el premio (Fil. 1:10; 13:14 con 1 Co. 118); otros serán pobres espiritualmente y los tales serán desaprobados y sufrirán pérdida (1 Co. 9:27; 3:15; 2 Ti. 2:5). Algunos tendrán confianza en el día del juicio, mientras que otros sentirán vergüenza (l Jn. 4:17; 2:28). Así cada uno recibirá lo que corresponda a su obra, sin acepción de personas (He. 6:10; 1 Co. 4:5; 2 Ti. 4:8; 1 P. 1:17; 2 Co. 5:10; Col. 3:24-25). La salvación depende de la fe, pero la recompensa corresponde a la fidelidad; en otras palabras, como hijos recibimos la vida del Señor, pero como siervos Él nos dará el premio: “He aquí yo vengo presto, y mi galardón conmigo” (Ap. 22: 12).

       Al fin todos serán salvos y todos serán focos de luz, bien que el resplandor se manifestará en distintos grados (1 Co. 15:40-42); habrá vasos grandes y pequeños en el estado eterno, pero todos serán llenos. Habrá graduaciones y etapas de gloria, pero todos serán felices ya que no hay más que un Señor por encima de los variados ministerios de los muchos siervos (Mt. 25:14-30; 20:1-16).

       Pero, según los pasajes siguientes, habrá coronas especiales para los fieles.

    • El guerrero victorioso recibirá la corona de justicia (2 Ti. 4:8).
    • El atleta que corre bien recibirá la corona incorruptible (1ª Co. 9:25-27).
    • El que es fiel hasta la muerte recibirá la corona de la vida (Ap. 2:10; Stg. 1:12).
    • El obrero desinteresado recibirá la corona del honor (1 Ts. 2:19; cp. l Ts. 3:6; Fil. 4:1).
    • El anciano, ejemplo para el rebaño, recibirá la corona de gloria (1 P. 5:3-4).

       La gloria:

       El tribunal de Cristo será el preludio de la consumación de la Iglesia, y luego se cumplirán las majestuosas palabras del Apocalipsis 19:6-9: “Y oí la voz de una grande compañía, y como el ruido de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos que decía: Aleluya, porque ya reina el Señor nuestro Dios todopoderoso. Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque son venidas las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado…  Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero.»

       Pero simultáneamente con la consumación de la gloria de la Iglesia se inaugurará el “día de Jehová” cuando El “visitará sobre el ejército sublime en lo alto, y sobre los reyes de la tierra que hay sobre la tierra” (Is. 24:21). Entonces le parecerá bien al omnipotentes entregar el gran reino de gloria y de poder a su manada pequeña (Lc. 12:32): “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y les fue dudo al hacer juicio” (Ap. 20:4). “Después tomarán el reino los santos del Altísimo” (Dn. 7:18, 22). Aquellos que habrán sido hallados dignos de ello delante del tribunal de Cristo serán designados como los jueces del mundo, formando entonces la aristocracia del reino eterno de los cielos.

        Pero los santos forman conjuntamente un cuerpo, de modo que el individuo no será glorificado antes que la comunidad en su totalidad. La herencia única es de “los santos en luz”, y por eso cada santo tendrá su porción conjuntamente con los demás (Col. 1:12).

    El conjunto es superior a sus partes individuales, y conjuntamente los “sacerdotes” y “reyes” forman el reino (Ap. 1:6; 5:10). Siendo que el individuo recibirá su lugar en relación con la totalidad de la obra, no puede ser perfeccionado como tal, sino sólo en conexión vital y personal con toda la comunidad consumada. Por esta razón aquellos que duermen han de esperar el perfeccionamiento de las generaciones futuras (He. 11:40; Ap. 6:10-ll) y el acto de revestir el alma con el cuerpo de gloria no toma lugar en el momento de morir el creyente, sino en la resurrección, cuando los vivos serán también transformados (1 Co. 15:23; Ap. 6:9; He. 12:23; 2 Co. 5:2-4; l Ts. 4:15). La meta es la gloria de la Iglesia como un organismo, y no meramente la del individuo; no se trata solamente de la bienaventuranza de la persona, sino de la manifestación del reino de Dios (Mt. 6: 10).

       Ahora el gran estado universal y cósmico de Dios está bajo el gobierno de príncipes angelicales responsables de ciertas regiones (Dn. 10:13, 20) y de igual manera y en tales esferas la compañía de los santos glorificados enseñoreará como reyes sobre astros y mundos, bajo Cristo su Cabeza: “No sabéis que los santos han de juzgar al mundo?  ¿No sabéis que hemos de juzgar a ángeles?” (1 Co. 6:2-3 con Ap. 22:5; He. 2:5). Por eso el Señor de la Iglesia promete: “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono” (Ap. 3:21). “Bienaventurados aquellos siervos a los cuales, cuando el Señor viniere, hallare velando. De cierto os digo que se ceñirá y hará que se sienten a la mesa y pasando les servirá” (Lc. 12:37). J. A. Bengel consideraba que esta última promesa era la más sublime de cuantas se hallan en la Biblia.

    Amén, para la honra y gloria de Dios.

  • SEMANA DEL 20 AL 26 DE ABRRIL 2026.. “CONMEMORACIÓN ESTABLECIDA POR DIOS: REVELA SU MARAVILLOSA GRACIA”.

    Lectura Bíblica: 1ª a los Corintios 11:23 AL 26. 23. Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; 24. y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. 25. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. 26. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

       Comentario general del contexto: (11:23-26) Cena del Señor: El significado real de la Cena del Señor. Pablo dijo claramente que Cristo discutió la Cena del Señor con él en una revelación especial. Lo que él recibió del Señor es lo que ahora les transmite. (Cp. Hch. 18:9; 22:18; 23:11; 27:23-25; Gá. 1:12; 2:2; 2 Co. 12:7 para referencias a las revelaciones especiales que Pablo recibió del Señor.) Observe que Jesús instituyó la Cena del Señor la misma noche en la que fue traicionado.

    ▬ 1. El significado del pan: Note las palabras exactas de Cristo.

    » a. “Tomad, comed: esto es mi cuerpo”. Desde luego, hay varias interpretaciones de este planteamiento. Algunos dicen que el pan realmente se convierte en la sustancia del cuerpo del Señor cuando una persona come el pan y bebe de la copa. Otros sostienen creencias que varían desde que los elementos son la sustancia real hasta que sea simplemente un recordatorio del Señor. Pero observe la palabra “es”. La palabra tiene el significado de representar o identificarse como sustancia. Por ejemplo:

    • “Él es [representa] imagen y gloria de Dios” (1ª Co. 11:7).
    • “La roca era [representa a] Cristo” (1 Co. 10:4). (Otras referencias serían Jn. 8:12; 10:9.)

        Note otro elemento. Cuando Jesús les dijo a sus discípulos “tomad, comed”, Él estaba allí presente. Incluso Él mismo participó del pan. Ciertamente en ese instante el pan solo representaba o simbolizaba su cuerpo.

       Note también otro elemento. Al pasar la copa, Jesús no dijo: “Esto es mi sangre”. Él dijo: “Esta copa es el Nuevo Testamento [pacto] en mi sangre”. Claro está, la copa no era literalmente el nuevo pacto; solo era un símbolo del nuevo pacto. Tampoco era literalmente la sangre de Cristo; solo representaba la sangre de Cristo.

    » b. Observe las palabras: “que por vosotros es partido”. Esto se refiere a la muerte, el dolor, y el sufrimiento de Cristo. Note las palabras “por vosotros”. La palabra “por” (huper) señala la naturaleza sustituidora de la muerte de Jesús. Él murió por nosotros, como nuestro sustituto.

       “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gá. 3:13).

       “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos” (He. 2:9).

       “así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (He. 9:28).

       “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P. 2:24).

       “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1 P. 3:18).

    » c. “Haced esto en memoria de mí”. Esto quiere decir mucho más que solo recordar la muerte de Cristo. Significa recordar de un modo activo y meditar acerca de la persona de Jesucristo. Cristo dice que lo recuerden a Él, no solo un aspecto de su Persona y su obra. El creyente debe meditar de modo activo sobre Cristo.

    ▬ 2 el significado de la copa: Nuevamente, note las palabras exactas del Señor:

    » a. “Esta copa es el Nuevo Testamento [diatheke, pacto] en mi sangre”. La idea es que el viejo pacto del Antiguo Testamento se está poniendo a un lado y Dios está estableciendo un nuevo pacto con su pueblo. El fundamento del nuevo pacto es la sangre de Jesucristo, no la sangre de los toros y las cabras.

       “Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna” (He. 9:13-15).

    » b. “Haced esto todas las veces que la bebiereis”. Cristo, de un modo sencillo, les dijo a sus seguidores que hicieran lo que Él estaba haciendo al celebrar su cena: Dedicar un tiempo, tomar la copa, bendecirla, y beber de ella.

    » c. “En memoria de mí”. Esto se repite para enfatizar que la Cena del Señor tienen un propósito y solo un propósito: Centrar su atención en el Señor. El pueblo del Señor debe centrar su mente en Él y solo en Él. La celebración de la Cena del Señor no debe ser un tiempo para la fraternidad y el festín.

    ▬ 3. La razón para celebrar la Cena del Señor: Note la palabra “anunciáis” (katangello). Quiere decir proclamar, predicar, declarar, anunciar. La Cena del Señor constituye una ilustración y Lm sermón que proclama…

    • la muerte del Señor
    • el regreso del Señor

       Sucede lo siguiente: Cristo murió por nosotros para que pudiéramos vivir eternamente con Él. Por lo tanto, su muerte ilustra tanto lo que Él ha hecho por nosotros como lo que Él va a hacer por nosotros cuando regrese. Su muerte es una ilustración de nuestra redención pasada y presente y también de nuestra redención futura cuando nos conformaremos a su imagen de perfección.

       “Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Ro. 5:9).

       “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata” (1 P. 1:18).

       “pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1:7).

       “y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Ap. 1:5).

       “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a si mismo todas las cosas” (Fil. 3:20, 21).

    “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Ts. 4:16-18).

       “aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tit. 2:13).

    Nota del expositor: El antiguo pacto fue sustituido por el sacrificio de Cristo en la cruz, recordado solemnemente en el sacramento de la cena del Señor, instituido por Él, del cual deben participar todos los creyentes en todo tiempo, hasta que É1 venga.

    1er Título: Institución divina del santo sacramento de la cena del Señor. Versículo 23. Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan. (Léase: San Lucas 22:19 y 20. Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama. ▬ San Juan 6:53 y 54. Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.).

       Comentario de San Lucas (22:19-20) La cena del Señor-el gran simbolismo de la cena del Señor.

    ▬ 1. El simbolismo del pan. Jesús tomó el pan y lo partió. Esto simbolizaba su cuerpo roto. Su cuerpo fue roto, es decir, sacrificado, como una víctima en favor de la liberación del hombre (Is. 53:5). Este acto era tan significativo para la iglesia primitiva que a veces se lo llamaba simplemente el partimiento del pan (Hch. 2:42, 46; l Co. 10:16). Bajo el Antiguo Testamento el pan partido representaba el sufrimiento de los israelitas. Ahora, bajo el Nuevo Testamento, debía representar el cuerpo quebrantado de Cristo (1ª Co. 11:24).

       Note que Jesús dijo que su cuerpo fue partido y entregado por nosotros. Sufrió y murió por nosotros: en favor nuestro, en lugar nuestro. Soportó el juicio de Dios sobre el pecado muriendo por nosotros.

       «Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo» (Jn. 6:50-51).

       «Y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí» (1 Co. 11:24).

       «Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados›› (Is. 53:5).

    ▬ 2. El simbolismo de la copa. Jesús identificó a la copa con su sangre del nuevo pacto. Simplemente quiso decir que su sangre establece un nuevo pacto con Dios; su sangre permite una nueva relación entre Dios y el hombre. Note las palabras exactas del Señor

    » a. «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre.» Su sangre, proveniente de su cuerpo, se convertiría en la señal o símbolo del nuevo pacto. Su sangre tomaría el lugar de los animales sacrificiales.

    » b. «El nuevo pacto»: Su sangre, el sacrifico de su vida, establecía un nuevo Testamento, un nuevo pacto entre Dios y el hombre (cp. He. 9:11-15). La fe en su sangre y en su sacrificio es la forma en que el hombre debe acercarse ahora a Dios. Bajo el Antiguo Testamento, la persona que quería estar en buena relación con Dios se acercaba a Él mediante la sangre del animal sacrificado. El creyente del Antiguo Testamento creía que Dios lo aceptaba en base al sacrifico del animal. Ahora, bajo el Nuevo Testamento, el creyente cree que Dios lo acepta en base al sacrifico de Cristo. Esto es lo que dijo Jesús: «Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada». (Mr. 14:24. Véase nota-Mt. 26:28; cp. Ef. 1:7; 1 Jn. 2:1-2; He. 9:22.) Los pecados de la persona son perdonados y la persona es aceptable ante Dios por creer que la sangre de Cristo fue derramada por ella (l Jn. 1:7).

       «En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia» (Ef. 1:7).

       «Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado» (1 Jn. 1:7).

       «Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo» (1 Jn. 2:1-2).

       «El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera, comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió de cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente» (Jn. 6:54-58).

       ESTUDIO A FONDO 2

       (22:19-20) La cena del Señor -Pascua: note las palabras «en memoria de mí». Al cumplir la pascua con el derramamiento de su propia sangre, Jesús estaba ligando la cena del Señor a la fiesta pascual. Al instituir la cena del Señor Jesús estaba mostrando a sus discípulos que Él era, en primer lugar, el gran libertador. Un libertador difiere de un liberador. Un liberador puede librar a una persona y someterla a algo tan malo o peor de lo que lo esclaviza, en cambio un libertador no. Un libertador libra a la persona de toda cadena que la ate. Los discípulos, al participar de la cena debían:

    ▬ 1. Recordar como Dios había librado a Israel de la esclavitud egipcia.

    ▬ 2. Recordar que la sangre del Señor los libraba de la esclavitud terrenal y pecaminosa. La cena del Señor debía recordar a los discípulos que la sangre del Cordero los guardas de la terrible mano del juicio de Dios.

    ▬ 3. Recordar que la sangre de Cristo le posibilita volver y librar a su pueblo para llevarlo a la eterna presencia de la gloria de Dios.

       Comentario de San Juan (6:52, 53) Hombre, Estado del – Pecado, Muerte en: Los extremistas religiosos estaban perplejos y discutieron entre ellos. La palabra “contendían” (emachonto) significa pelear, discutir, debatir. Estaban debatiendo lo que Jesús quería decir. Él acababa de decir:

       “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (Jn. 6:51).

    ▬ 1. Los judíos (extremistas religiosos) comenzaron a discutir sobre el significado de las palabras. “¿Cómo puede Él damos a comer su carne?”

    => Algunos interpretaron sus palabras como una parábola, en una forma figurativa y simbólica. Sabían que Él con frecuencia hablaba con parábolas.

    => Otros no tenían ni idea de lo que quería significar, pero vieron que estaba sosteniendo ser la persona más importante del mundo, el mismo Salvador de los hombres. Esto, por supuesto, los molestó más allá de la razón. ¿Cómo es que cualquier hombre puede sostener que es tan importante para el mundo? Como materialistas y humanistas sostuvieron:

       “¿Cómo puede ser esto? Él no es más que un hombre. ¿Cómo puede dar su carne por el mundo y el mundo recibir vida eterna?”

    => Algunos discípulos, genuinos seguidores del Señor, quizás comprendieron.

       El punto es que los extremistas religiosos estaban molestos. El mensaje había corrido por un tiempo prolongado y Jesús había hecho declaración tras declaración todo muy inusual. Es más, lo que Él estaba diciendo no era claro y parte de su discurso era ofensivo. Por lo tanto, estaban enojados y perplejos y comenzaron a discutir entre ellos acerca de qué quería decir y cómo debían responderle.

    ▬ 2. Jesús respondió diciendo todavía algo más impactante: salvo que un hombre participe de Él; esto es, lo reciba, ese hombre no tiene vida dentro de él.

       Las palabras “comer” y “beber” están en el tiempo aoristo griego, que significa un acto de una vez y para siempre. Jesús no estaba hablando de compartir una y otra vez. Él no estaba hablando de tomar de Él día tras día mediante la oración y el estudio de la Biblia. Estaba hablando de un evento único. Una persona debe comer y beber de Cristo, esto es, recibirlo una sola vez y para siempre (ver Estudio a fondo l, Jn. 6:53).

       Pensamiento 1: A no ser que un hombre reciba (coma y beba) a Cristo, no tiene vida dentro de él. Es un hombre muerto espiritual y eternamente. Está caminando alrededor de un hombre muerto.

    => Físicamente está en el proceso de envejecer y morir, de vivir en el reino de los muertos y estar destinado a morir.

    => Espiritualmente ya está muerto, sin tener vida con Dios. No tiene vida, no tiene una relación real y verdadera con el Dios verdadero y viviente. Está destinado a la muerte eterna y a la separación de Dios.

       Compartir, comer y beber de Cristo es absolutamente fundamental para poder vivir verdaderamente, con el objeto de poseer vida real que perdure ahora y por siempre.

       “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Ef. 2:1).

       “Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo” (Ef. 5:14).

       “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados” (Col. 2:13).

       “Pero la que se entrega a los placeres, viviendo está muerta” (1 Ti. 5:6).

       “Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto” (Ap. 3:1).

       ESTUDIO A FONDO 1

       (6:53) Comer – Beber – Salvación: Recibir, aceptar, compartir, apropiarse, asimilar, absorber y hacer parte de uno mismo. Una persona puede realmente recibir y compartir de Cristo en el sentido más cercano e íntimo y nutritivo de su ser (carne y sangre). Recibir y compartir puede ser tan íntimo y nutritivo como comer y beber.

       El punto es este: un hombre debe recibir a Cristo en su corazón, en su ser más profundo si es que desea vivir. De hecho, está muerto espiritual y eternamente a no ser que reciba a Cristo de este modo.

       (6:54) Salvación, Resultados – Crecimiento: El primer resultado de recibir a Cristo, el Pan de vida, es la vida eterna.

    Advierta tres cosas.

    ▬ 1. La palabra para “comer” (trogon) es diferente. Significa comer con voracidad, tomar trozos grandes, comer con placer. Es la imagen de tener hambre ante Cristo y ansiosamente querer alimentarse y comer de Él.

    ▬ 2. El tiempo verbal también es diferente. Es tiempo presente, lo cual significa acción continua. Una persona debe continuar comiendo y desarrollándose y creciendo en el hábito de comer de Cristo. La imagen es el crecimiento cristiano día tras día.

       Ahora advierta este punto. Un creyente verdadero, un hombre que realmente recibe a Cristo, es un hombre que comparte continuamente con Él. Día tras día el hombre se deleitará en Cristo. Este es el hombre que tiene la promesa de la vida eterna, y la vida eterna incluye tres mayores cosas.

    » a. Vida eterna y abundante (ver Jn. 1.4;10:10; 17:2, 3).

    » b. La conquista de la muerte (ver, Jn. 3: 14, 15).

    » c. La resurrección (ver nota, Jn. 5:28-30).

       “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (Jn. 6:51).

       “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Jn. 3:16).

       “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida” (Jn. 5:24).

       “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Jn. 17:3).

    2° Título: Los elementos de pan y vino hacen memoria del sacrificio de Cristo. Versículos 24 y 25. y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo, tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.  (Léase: San Juan 6:55 y 56. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. ▬ San Marcos 14:22 al 24. Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada.).

       Comentario de San Juan (6:55) Satisfacción ▬ Vida, Abundante: El segundo resultado de recibir a Cristo es la verdadera satisfacción, no la satisfacción falsa.

    ▬ 1. La palabra “verdadera” (alethes) significa real en oposición a falso. (Ver Jn. 1:9.) Las cosas del mundo no satisfacen ni llenan al hombre, no con una satisfacción verdadera. Los placeres y las satisfacciones mundanas son falsas y la satisfacción falsa no perdura, no en forma permanente, no con seguridad y confianza plena. Los placeres y las satisfacciones mundanas siempre dejan a los hombres con una sensación de vacío, de insatisfacción, de anhelo, de falta de seguridad y preguntándose si este mundo es todo lo que hay, preguntándose si no hay más en la vida que este mundo y las posesiones que tiene para ofrecer.

    ▬ 2. La verdadera satisfacción proviene de recibir a Cristo en la vida de uno y eso solo viene a través de Cristo. Esto es lo que quiere decir el Señor en este versículo. Así como la vida real en la tierra proviene de comer y beber alimentos, así la vida real y abundante proviene de comer y beber a Cristo. Uno debe recibir a Cristo en el sentido más próximo, más íntimo y más nutritivo para tener una vida verdadera, una vida que sea abundante y plena de… • seguridad • amor • paciencia • fe • fuerza • garantía • gozo • cordialidad • mansedumbre • poder de decisión • confianza • paz • bondad • templanza • valor

       “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mt. 5:6).

       “Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Jn. 4:14).

       “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Jn. 7:37).

       “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gá. 5:22, 23).

       “Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno” (Ap. 7.16).

       “En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza” (Sal. 17:15).

       “Serán completamente saciados de la grosura de tu casa, y tú los abrevarás del torrente de tus delicias” (Sal. 36:8).

       “Porque sacia al alma menesterosa, y llena de bien al alma hambrienta” (Sal. 107:9).

       “Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación” (Is. 12:3).

       “Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos” (Is. 44:3).

       “A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche” (Is. 55:1).

      “Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan” (Is. 58:11).

       (6:56) Permanecer ▬ Compañerismo ▬ Cuidado ▬ Providencia: El tercer resultado es el compañerismo sobrenatural y el ser cuidado. Esto se ve en la palabra “permanecer” (menei). Significa morar, continuar, permanecer, descansar en. Es fijo y determinado y permanece allí, continuando una y otra vez. Tal es el estado y la condición y el ser de la persona que recibe a Cristo. La persona recibe a Cristo en su ser, y Cristo entra en la vida de la persona y permanece en ella. La persona es tomada y ubicada en Cristo, esto es, ubicada con todos los otros creyentes en el cuerpo espiritual de Cristo (ver notas, 1 Co. 12:12-31; Ef. 1:22, 23; 2:11-22. Hechos 2: 1-4, la sección sobre el bautismo para mayor información.) La persona permanece en Cristo incluso mientras Cristo permanece en ella. Esto, por supuesto, significa compañerismo con Cristo y la presencia de su cuidado y de su ojo vigilante al cuidamos (ver Jn. 15:1-8; Hch. 2:42 para mayor discusión al respecto).

       “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Jn. 14:20).

       “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mi nada podéis hacer” (Jn. 15:4, 5).

       “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a si mismo por mí” (Gá. 2:20).

       “A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Col. 1:27).

       “Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él” (1 Jn. 3:24).

       “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Ap. 3.20).

       Comentario de San Marcos 14:22 al 24 Jesús instituye la Cena del Señor, 14:22-26

       (14:22-26) Introducción: tantas cosas ocurrieron en el aposento alto. Juan es el único de los cuatro evangelistas que cubre detalladamente lo ocurrido en el aposento alto. Le dedica cinco capítulos completos. Marcos, en cambio, cubre solamente dos eventos del aposento alto, y ambos son relatados en forma breve. Marcos concentra su atención en la traición de Judas y en la Cena del Señor. En cinco versículos compactos comparte lo que Jesús hizo para instituir la Cena del Señor.

    1. Primer acto: Jesús tomó pan (v. 22).
    2. Segundo acto: Jesús tomó la copa (vv. 23-24).
    3. Tercer acto: Jesús reveló un reino glorioso (v. 25).
    4. Cuarto acto: cantaron un himno (v. 26).

       (14:22) Cena del Señor-pan: el primer acto en la Cena del Señor involucra el pan. Note que Jesús hizo cuatro cosas con el pan.

    ▬ 1. Jesús tomó el pan en sus manos. Esto simboliza que su muerte fue un acto voluntario. El destino de Jesús estaba en sus propias manos. No tenía que morir, sino que murió voluntariamente.

       «Así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre» (Jn. 10:15, 17-18).

    ▬ 2. Jesús dio gracias. Dio gracias a Dios por liberación y provisión y por la seguridad de la vida.

    ▬ 3. Jesús partió el pan. Esto simboliza que su cuerpo fue roto, es decir, sacrificado como una víctima para la liberación del hombre (Is. 53:5). Este acto fue tan significativo que la iglesia primitiva a veces llamaba la cena del Señor el partimiento del pan (Hch. 2:42, 26; 1ª Co. 10:16). Bajo el Antiguo Testamento el pan partido simbolizaba el sufrimiento de los israelitas. Ahora, bajo el Nuevo Testamento, el pan debía ilustrar el cuerpo partido de Cristo (1 Co. 11:24).

       «Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados» (Is. 53:5).

    ▬ 4. Jesús dio el pan a los discípulos para que lo comieran. Las palabras: «Tomad, [comed] esto es mi cuerpo», significa que la persona debe tomar y recibir a Cristo en su vida. El momento en que una persona toma y recibe a Cristo es el momento de la redención. Es ese momento de redención el que debe ser recordado en esta ordenanza (véase Estudio a fondo 2-Mt. 26:26; Jn. 6:52-58).

       «Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo» (Jn. 6:50-51).

        (14:23-24) Cena del Señor-copa: el segundo acto de la Cena del Señor involucra la copa. Jesús hizo cuatro cosas con la copa.

    ▬ 1. Tomó la copa en sus manos. Nuevamente Jesús estaba enseñando que su muerte sería voluntaria.  tenía su vida en sus propias manos. Su vida no le iba a ser quitada; ÉL la estaba entregando (cp. Jn. 10:11, 17-18).

    ▬ 2. Dio gracias. Dio gracias a Dios por la liberación a través del sacrificio.

    ▬ 3. Dio la copa a los discípulos y todos bebieron de ella. Nuevamente Jesús estaba diciendo que Él tiene que llegar a ser parte del mismo ser del hombre si éste quiere liberación. Note la palabra «dio» (edoken) en el griego está en tiempo aoristo. Esto significa que Cristo dio la copa una vez para siempre. Cristo murió una vez y solamente una vez (Ro. 6:10), y el hombre participa de su muerte una, y solamente una vez (Ro. 6:6).

       «Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirva más al pecado» (Ro. 6:6).

       «Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; más en cuanto vive, para Dios vive» (Ro. 6:10).

    ▬ 4. Jesús identificó a la copa con su sangre del nuevo pacto. Simplemente quiso decir que su sangre establecía un nuevo pacto con Dios. Su sangre daba lugar a una nueva relación entre Dios y el hombre. Note las palabras exactas del Señor.

    » a. «Esta es mi sangre» Su sangre, la que vertió de su cuerpo se convertiría en la señal, el símbolo del nuevo pacto. Su sangre tomaría el lugar del sacrificio de animales.

    » b. «El nuevo pacto.» Su sangre, el sacrificio de su vida, establecía un nuevo testamento, un nuevo pacto entre Dios y el hombre (cp. He. 9:11-15). La fe en su sangre, en su sacrificio es el camino para que ahora el hombre se acerque a Dios. Antes, bajo el Antiguo Testamento, la persona que quería estar en buena relación con Dios se acercaba a Él por medio del sacrifico de la sangre de animales. El creyente del Antiguo Testamento creía que Dios lo aceptaba por el sacrificio del animal. Ahora, bajo el Nuevo Testamento, el creyente cree que Dios lo acepta por el sacrificio de Cristo. Esto es lo que Jesús dijo: «Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada» (Mr. 14:24. Véase nota-Mt. 26:28; He. 9: 18-22). Los pecados de la persona son perdonados y entonces ella es aceptable a Dios creyendo que la sangre de Cristo fue derramada por ella.

       «En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia» (Ef. 1:7).

       «Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado» (1 Jn. 1:7).

       «Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo» (1 Jn. 2:1-2).

       El tema es este: la persona tiene que recibir lo que Cristo ha hecho por ella. Tiene que beber, participar, absorber, asimilar la sangre de Cristo en su vida. Es decir, la persona tiene que creer y confiar en la muerte de Cristo para recibir el perdón de sus pecados. Tiene que permitir que la muerte de Cristo sea su alimento, la parte más íntima y la energía, el flujo mismo de su vida (véase Mt. 26:27-28).

       «El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente» (Jn. 6:54-58).

       (14:25) Promesas-la gran boda de Cristo: el tercer acto fue la entrega de dos promesas.

    • Había la promesa de un reino glorioso (véase Mt. 19:23-24).
    • Había la promesa de una celebración gloriosa (véanse Mt. 22:1-14 para la discusión).

       Ambas promesas están basadas en el cuerpo y la sangre de Cristo, y ambas promesas fueron dadas a la persona que participa del cuerpo y de la sangre de Cristo.

       Jesús prometió que llegará un día en que todos los auténticos creyentes se sentarán con Él en el reino de Dios. Tendrán su lugar en la gran boda del Cordero. Es la promesa de la perfección, de vivir por siempre en los nuevos cielos y la nueva tierra, de estar sentados con Cristo en el glorioso reino de Dios que será establecido en el futuro.

       «El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados» (Ro. 8:16-17).

       «Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria» (Col. 3:4).

       «Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria» (2 Co. 4:17).

       «Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada» (1 P. 5:1).

        «Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2 P. 1 :11).

       (14:26) Cena del Señor-cantar: el cuarto acto en la Cena del Señor involucró el canto de un himno. A pesar de la tristeza, la perplejidad, y la incertidumbre ante lo que esperaba, ellos cantaron un himno. Cantaron el himno en celebración de la gran esperanza que Dios da de liberación y salvación.

       «Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido» (Jn. 15:11).

       «Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!» (Fil. 4:4).

       «Como entristecidos, más siempre gozosos; como pobres, más enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, más poseyéndolo todo» (2 Co. 6:10).

    3er Titulo:  La cena del Señor: anuncio solemne del sacrificio de Cristo. Versículo 26. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga. (Léase: Hebreos 9:27 y 28. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. ▬ Apocalipsis 19:9. Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.).

       Comentario de Hebreos (9:27-28) Jesucristo, muerte ▬ Juicio ▬ Muerte ▬ Jesucristo, regreso: Jesucristo soportó la muerte y el juicio por muchos. Note cuatro elementos significativos:

    ▬ 1. El hombre muere y muere una sola vez, solo una vez. No hay segunda oportunidad. Este es el énfasis de “solo una vez” (hapax). El hombre solo tiene una oportunidad de ser perdonado, salvo, y redimido, solo una oportunidad de volverse acepto ante Dios y de recibir la herencia de la promesa, es decir, la vida eterna. El hombre muere, y cuando muere, pierde su oportunidad. Jesucristo murió en este mundo y en el espacio de tiempo de esta vida. Él no murió en otro mundo ni en otro marco de tiempo de otro mundo. Él murió en la tierra como un hombre por los hombres. Por lo tanto, nunca más habrá oportunidad de cubrirse con su sacrificio de no ser en este mundo y en esta vida. Los hombres mueren y mueren solo una vez, para nunca más vivir en la tierra.

       “que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza” (Ap. 5:12).

       “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (He. 9:27).

       “pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba” (Stg. 1:10).

       “Porque: Toda carne es como hierba, Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae” (1 P. 1:24).

       “Porque de cierto morimos, y somos como aguas derramadas por tierra, que no pueden volver a recogerse; ni Dios quita la vida, sino que provee medios para no alejar de si al desterrado” (2 S. 14:14).

       “Pues verá que aun los sabios mueren; Que perecen del mismo modo que el insensato y el necio, Y dejan a otros sus riquezas” (Sal. 49:10).

       “¿Qué hombre vivirá y no verá muerte? ¿Librará su vida del poder del Seol?” (Sal. 89:48).

       “El hombre, como la hierba son sus días; Florece como la flor del campo, que pasó el viento por ella, y pereció, Y su lugar no la conocerá más” (Sal. 103:15-16).

       “No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte; y no valen armas en tal guerra, ni la impiedad librará al que la posee” (Ec. 8:8).

       “Voz que decía: Da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo que decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo” (Is. 40:6).

    ▬ 2. El hombre muere y luego viene el juicio. Él ha pecado y maldecido a Dios, ha ignorado y descuidado a Dios, se ha rebelado contra Dos y lo ha rechazado. Esta es la tragedia de las tragedias. Sencillamente vivimos como queremos, hacemos 10 que queremos y como queremos, en vez de vivir como Dios manda. No somos como debiéramos ser y siempre seremos imperfectos. Somos culpables por transgredir el mundo y la ley de Dios; por tanto, debemos soportar el juicio de Dios. ¿Cuándo? ¿Cuándo seremos juzgados? Este versículo nos lo dice con la mayor claridad posible: “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (v. 27). Cuando muramos, seremos juzgados: separados y marginados de Dios para siempre y nunca se nos permitirá entrar a la presencia de Dios. Se nos prohibirá entrar al cielo, y se nos enviará al lugar que es el opuesto mismo del cielo, al propio infierno. El juicio viene después de la muerte. Inmediatamente al morir se nos juzgará y separará de Dios, y estaremos separados de Él para siempre.

       “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él y todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos” (Mt. 25:31-32).

       “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (He. 9:27).

       “sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el dia del juicio” (2 P. 2:9).

       “pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos” (2 P. 3:7).

       “De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él” (Jud. 14-15).

    ▬ 3. Pero note la noticia gloriosa: “Cristo se ofreció una vez para soportar los pecados y el juicio de muchos. Cristo ha aceptado sobre sí mismo nuestros pecados”. Él se ha sacrificado a sí mismo por nuestros pecados y ha soportado nuestro juicio por nosotros. Ya nosotros no tenemos que soportar el juicio por nuestros pecados e imperfecciones. Si creemos, confiamos realmente en Jesucristo para que soporte nuestros pecados y el juicio, entonces Dios considera nuestros pecados como si Cristo los hubiese soportados. Dios nos considera libres de pecado, como perfectos y aceptos ante Él. Por lo tanto, nunca tendremos que ser juzgados y condenados por el pecado.

       Pero note: “Esta salvación gloriosa no ocurre en la vida de todas las personas”. Una persona tiene que creer y confiar en el sacrificio de Jesucristo. Solo esto es razonable: “Si una persona no cree en algo, no permite que esto funcione para ella. Pero si cree, permite que funcione para ella”. Cuando creemos, realmente creemos, entonces el sacrificio de Jesucristo funciona para nosotros. Su sacrificio cubre nuestros pecados y nos volvemos aceptos ante Dios. Nunca tendremos que enfrentar el juicio y condenación por nuestros pecados.

       “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Co. 5:21).

       “el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre” (Gá. 1:4).

       “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gá. 3:13).

       “quien se dio a si mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para si un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tit. 2:14).

       “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos” (He. 2:9).

       “De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (He. 9:26).

       “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P. 2:24).

       “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1 P. 3:18).

       “y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Ap. 1:5).

       “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Is. 53:5).

    ▬ 4. Jesucristo vendrá a la tierra una segunda vez, y Él vendrá sin pecado para salvar a los que le esperan.

    => ¡Qué planteamiento tan fenomenal!

    => ¡Qué promesa tan increíble!

    => ¡Qué gran espectáculo será!

       Jesucristo preparará el cielo y regresará a salvar a los que esperan por Él. Y podemos confiar con toda seguridad que Él nos puede salvar. Porque Él estará sin pecado. Él será perfecto y eterno, la personificación misma de la justicia y la perfección ideal. Por ende, como Justicia y Perfección ideal, Él puede cubrirnos consigo mismo. Él nos puede volver perfectos y justos, y Él lo hará, si esperamos por Él.

       Otras Escrituras nos dicen lo que sucederá y nos proporcionan algunos- detalles. Enumerados brevemente, el gran espectáculo lo conformarán…

    • el cuerpo de los creyentes muertos, los que murieron esperando su regreso, serán resucitados para encontrarse con Él en el cielo.
    • las personas que viven y esperan por Él serán exaltadas de la tierra y ascenderán para unirse a Él en el cielo.

       “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

       Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Ts. 4:16-18).

       “Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras” (Mt. 16:27).

       “Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mt. 24:44).

       “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su

       Comentario de Apocalipsis 19:9: (19:9-10) Cena de Bodas del Cordero: La Cena de Bodas será un acontecimiento bendito y glorioso, el acontecimiento más glorioso que haya tenido lugar en la historia. Advierta dos cosas.

    ▬ 1. La Cena de Bodas será la celebración más bendita de toda la historia. La idea es que sea enormemente bendita. Advierta: Están los que dicen que los invitados se refieren a un grupo separado que no es el de la novia, es decir, la iglesia. Pero esto es poco probable. Esta es la cena del Cordero, no del Cordero y la Novia. El Cordero es el que ha llamado a todos los invitados a la gran cena. De hecho, los creyentes, la novia, abarcan la mayor cantidad de invitados a la cena.

       La cena será un acontecimiento bendito por un motivo: Toda la hueste celestial estará allí, todos los creyentes y los seres angélicos, y Dios y Cristo. Será un acontecimiento bendito, una celebración gloriosa y espectacular, porque todos estarán allí, todos los creyentes estarán reunidos en la gran sala de banquetes de Dios, todos están reunidos por primera vez en la historia.

       Pensamiento 1: Agita el corazón pensar que habrá cenas periódicas a lo largo de la eternidad donde Cristo nos reunirá a todos para una celebración. Imagine que nos llamen a todos desde nuestros diversos deberes y reinos de todas partes del universo para una gran cena de celebración. ¡Qué pensamiento glorioso! Ojalá que Dios agite nuestros corazones para servir a nuestro Señor tan diligentemente, día y noche. Estar con nuestro Señor y Dios en el cielo y en la eternidad, en los nuevos cielos y en la tierra, todo valdrá la pena cuando veamos a Jesús.

       “Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas” (Mt. 22:4).

       “Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos” (Lc. 14:16).

       “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Co. 2:9).

       “Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios” (Ap. 19:9).

       “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo” (Ap. 21:7).

    ▬ 2. La Cena de Bodas será bendita porque tiene el propósito de adorar a Dios y a Él solamente. Esto se ilustra claramente por lo que le sucedió a Juan. Recuerde: Juan era todavía un hombre humano, no un hombre redimido. El Señor le estaba dando una visión del fin de los tiempos y sus acontecimientos. Juan está tan atrapado en el esplendor majestuoso y en la celebración de la cena que cae de rodillas a los pies del gran ángel para adorarlo. Pero el ángel le dice a Juan que no lo adore a él ni a nadie más. sino que adore solamente a Dios. Hay dos motivos para esto.

    => Primero, todas las criaturas, incluso los ángeles majestuosos del cielo, son solo siervos de Dios. Pueden ser seres majestuosos, pero no son Dios.

    => Segundo, Jesucristo mismo es el que da testimonio de la verdad. Cristo y solo Cristo posee y comparte la verdad. La única verdad que tienen los ángeles y los siervos es la verdad de Cristo. Por lo tanto, Él y solo Él es digno de adoración. Ningún ángel ni ninguna otra criatura posee la verdad. Por lo tanto, adore a Dios y solo a Dios.

       “Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” (Mt. 4:10).

       “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn. 4:24).

       “Diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria. porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Ap. 14:7).

       “Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios” (Ap. 22:9).

       “Dad a Jehová la honra debida a su nombre; traed ofrenda, y venid delante de él; postraos delante de Jehová en la hermosura de la santidad” (1 Cr. 16:29).

       “Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor” (Sal. 95:6).

       “Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad: temed delante de él, toda la tierra” (Sal. 96:9).

    Semana del 20 al 26 de abril del 2026

    Amén, para la honra y gloria de Dios.

  • DOMINGO 26 DE ABRIL DE 2026. “EL TOQUE DE TROMPETAS EN LA SANTA CONVOCACIÓN: SÍMBOLO DEL PRONTO RETORNO DE CRISTO”.

    Lección: Números 29:1 al 6. 1. En el séptimo mes, el primero del mes, tendréis santa convocación; ninguna obra de siervos haréis; os será día de sonar las trompetas. 2. Y ofreceréis holocausto en olor grato a Jehová, un becerro de la vacada, un carnero, siete corderos de un año sin defecto; 3. y la ofrenda de ellos, de flor de harina amasada con aceite, tres décimas de efa con cada becerro, dos décimas con cada carnero, 4. y con cada uno de los siete corderos, una décima; 5. y un macho cabrío por expiación, para reconciliaros, 6. además del holocausto del mes y su ofrenda, y el holocausto continuo y su ofrenda, y sus libaciones conforme a su ley, como ofrenda encendida a Jehová en olor grato.

    Ref. bíblicas: Apocalipsis 11:15. «El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.»

    Joel 2:1. «Tocad trompeta en Sion, y dad alarma en mi santo monte; tiemblen todos los moradores de la tierra, porque viene el día de Jehová, porque está cercano.»

     Mateo 24:31. «Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.»

    INTRODUCCIÓN AL CAPÍTULO 29

       En este capítulo continuaremos mencionando las fiestas que debían ser observadas en la tierra. Cada una de ellas ofrecía la oportunidad de reflexionar sobre la generosidad de Dios al alimentar, guiar y proteger a su pueblo.

       La fiesta de las trompetas (versículos 1 al 6):

       Esta celebración tenía lugar el primer día del séptimo mes (es decir, durante la luna nueva). Se conmemoraba con el toque de las trompetas para anunciar el inicio de un nuevo año. Aunque el año religioso comenzaba en primavera con el mes de Nisán, el año agrícola comenzaba en otoño, con este mes. La ordenanza establecía que debía ser un día de santa convocación, en el cual no se realizaría ningún tipo de trabajo laborioso. El toque de trompeta simbolizaba la trompeta final que sonará en el retorno de nuestro Señor Iesucristo por su Iglesia (1ª a los Corintios 15:52. en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados).

        El día de expiación (versículos 7 al 11):

       Se celebraba el día diez del séptimo mes, como un día de santa convocación. El pueblo debía ayunar y arrepentirse de los pecados cometidos. Se ofrecía en holocausto un novillo, un carnero y siete corderos, además de un macho cabrío por el pecado.

       Otro macho cabrío era presentado específicamente como sacrificio de expiación. El acto central de esta solemnidad era la entrada del sumo sacerdote al lugar santísimo, lo cual requería un completo ritual de purificación. Este ritual simboliza la obra expiatoria de Cristo, nuestro gran sumo sacerdote, quien no necesitó ofrecer sacrificio por sí mismo, sino que derramó su sangre por nuestros pecados.

       La fiesta de los tabernáculos (versículos 12 al 34):

       Se celebraba el día quince del séptimo mes y duraba siete días. Esta festividad marcaba el fin de la parte principal del año agrícola, y por ello era un tiempo de gozo y gratitud por la bendición de Jehová sobre el fruto de la tierra. También se conocía como la “fiesta de las cabañas’§ ya que el pueblo debía habitar durante siete días en enramadas, para recordar el cuidado de Jehová durante los años en el desierto. Todo esto fue establecido por Jehová como estatuto perpetuo para todas las generaciones (Levítico 23:40 al 43). El octavo día se celebraba un día de reposo especial (versículos 35 al 39).

       Además de las familias, participaban en esta fiesta los siervos, viudas, huérfanos, levitas y extranjeros (Deuteronomio 16:13 al 15). El primer día, se construían enramadas con ramas verdes de árboles. Cada participante debía recoger ramas de arrayán, sauce y palmera en los alrededores de Jerusalén para levantar su enramada (Nehemías 8:13 al 18). –

       Comentario 2. Números 29:1-6 En el séptimo mes (Tishri) correspondía la celebración de la séptima luna nueva del año, y era tenida por una santa convocación al son de trompetas, por lo cual se conoció como la fiesta de las Trompetas. En ese día debía ofrecerse en holocausto un becerro, un carnero y siete corderos de un año, con las respectivas oblaciones y libaciones, más un macho cabrío por el pecado. Todo esto además de las ofrendas diarias y las de una luna nueva normal (29:6).

       En consecuencia, los sacrificios presentados en la séptima luna nueva eran: (1) Para el sacrificio diario un cordero de un año por la mañana y otro por la tarde, con sus oblaciones y libaciones. (2) Por la mañana, después del sacrificio diario, los sacrificios ordenados para toda luna nueva, es decir, dos becerros, un carnero y siete corderos de un año, con sus oblaciones y libaciones. (3) La ofrenda por el pecado del macho cabrío, más la ofrenda especial del séptimo mes, es decir, un becerro, un carnero y siete corderos de un ano con sus oblaciones y libaciones.

        El total se resume en la siguiente tabla: • Cordero 16 •Carneros 2 •Becerros 3 •Machos Cabríos 1.

       RESEÑA DE LA FIESTA DE LAS TROMPETAS (Lv. 23:23-25)

       RESUMEN

       En el mes séptimo (Tishri -desde mediados de septiembre hasta mediados de octubre en nuestro calendario) comenzaba un nuevo año en el calendario de Israel. Era otoño en el hemisferio norte y las cosechas de cereales habían llegado a su fin. Se recogían las uvas y las olivas, y los israelitas comenzaban a prepararse para la época de lluvias, que duraban desde octubre hasta marzo. Por eso, los pueblos paganos realizaban en esta época del año diversos ritos mágicos orientados a asegurar la fertilidad de los cultivos para la siguiente temporada. En cambio, en Israel era una época separada para buscar renovación espiritual en medio de festividades de acción de gracias y con un profundo significado simbólico. El tema central en la fiesta de Trompetas es el llamado de Dios a Su pueblo para dedicarse a servirle a Él. La gente tenía más tiempo porque el trabajo agrícola era mínimo, de modo que podían dedicarse a su vida espiritual con más calma, con lo cual las fiestas de otoño tenían un tono más solemne que las de primavera.

       DETALLES DEL TEXTO

    1. I) Las trompetas llamaban a una santa convocación (23:24)

       El primer día de Tishri el pueblo debía entrar en un tiempo de reposo solemne (shabbaton), vale decir, una santa convocación. Debian reunirse en torno al Santuario al son de trompetas. Como ese mismo mes se celebraban también el Dia de Expiación (el 10 de Tishri) y Tabernáculos (del 15 al 23 de Tishri), la gente permanecía junta para celebrar las tres festividades.

       El texto no dice con claridad qué instrumento es el que se tocaba, pero en Números 10:1-10 se habla de trompetas de plata, y esas eran definitivamente las trompetas usadas para llamar a las santas convocaciones. En la época del Templo los músicos disponían de diversos instrumentos de viento (Sal. 15O:3), pero las trompetas de plata tenían un uso particular.

       En el AT las trompetas representaban la voz de Dios llamando a Su pueblo (Nm. 10). El pasaje de Éxodo 19:19 es la primera referencia bíblica donde se mencionan trompetas y producían el sonido que acompañaba a la manifestación de Dios en Sinaí, aunque allí se trata de cuernos de carnero usados como instrumentos de viento (shofar). De manera que, en la tradición de Israel, al oír este sonido sabían que era Dios reuniéndolos para un propósito sagrado.

       En esta fiesta las trompetas de plata sonaban desde la mañana hasta el atardecer llamando al pueblo a congregarse y prepararse para la gran fiesta del Dia de Expiación que quitaba su pecado y permitía el cumplimiento de las promesas del pacto.

       Este sonar de trompetas es llamado zikron (“memorial”). Recordaba a la gente la bondad de Yahweh a través del año y el cumplimiento de Sus promesas producto de la obediencia. Por tanto, se congregaban en esta asamblea sagrada para renovar sus votos de compromiso con la alianza.

    1. II) Las trompetas daban inicio a un tiempo de renovación espiritual (23:25)

       El llamado de Dios a congregarse era, al mismo tiempo, un llamado a dejar las labores cotidianas para dedicarse al servicio espiritual. Por eso era considerado un shabbaton, un tiempo de completo reposo. Cuatro convocaciones son registradas en este mes séptimo (23:25,28,35,36).

       Levítico no habla de los sacrificios que se realizaban en esta primera fiesta de Trompetas, lo cual solo podemos deducirlo a partir de la información entregada por el libro de Números (cf. Nm. 10:1-10; 28:1-5). Levítico simplemente enfatiza el llamado divino a congregarse.

       PARA LA IGLESIA

       En este pasaje el énfasis está en el llamado de Dios a Su pueblo para venir a Él y recibir perdón y las bendiciones prometidas. Por tanto, la gente se reunía con la expectación de lo que vendría. Eso nos lleva al significado profético y tipológico de esta antigua celebración. El aspecto profético es que en Apocalipsis el destino del mundo es sellado mediante siete sellos, los cuales, al ser abiertos, incluyen el sonar de siete trompetas (Ap. 8-11). De igual modo, el tema del sonar de trompetas fue asociado por los profetas y apóstoles con el tiempo en que el Mesías venga a juzgar al mundo y a establecer Su Reino (1 Ts. 4:16; 1 Co. 15:51-52). Como la fiesta de Trompetas se celebraba al final del calendario agrícola, es natural que, desde la perspectiva profética, la imagen de la cosecha fuese asociada con la del juicio final. En resumen, un día sonará la trompeta de Dios llamando a Su pueblo a venir a Él, dando inicio a la etapa final del programa divino de redención.

    TEXTO: «Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero». (1ª a los Tesalonicenses 4:16).

    Comentario del texto: (4: 16-18) Jesucristo, regreso ▬ Resurrección de los creyentes: En estos versículos se detallan claramente los acontecimientos del regreso del Señor y de la resurrección.

    ▬ 1. En primer lugar, el Señor mismo descenderá del cielo. El primer acontecimiento será la aparición del Señor Dios mismo. La suprema Majestad del universo, el Señor Jesucristo, rasgará los cielos y aparecerá milagrosamente en toda la espectacular gloria, pompa y poder del cielo mismo. Cuando aparezca, ocurrirán tres acontecimientos espectaculares.

    » a. El Señor Dios mismo aparecerá “con voz de mando” (en keleusmati). La palabra significa una orden militar. El General en jefe del universo gritará más alto de lo que ninguna voz lo ha hecho jamás: gritará tal y como lo hizo cuando estaba sobre la tierra: “¡Creyente, ven fuera!” (Jn. 11:43).

    » b. La voz del arcángel gritará. ¿Qué gritará? Su grito probablemente será para que todos los ejércitos de los ángeles celestiales se unan en alabanza al glorioso suceso. Cristo enseñó que los ángeles celestiales estarán con Él cuando regrese a la tierra (Mt.24:31; 25:31; 2 Ts. 1:7).

    » c. Sonará la trompeta de Dios. La trompeta siempre ha tenido el propósito de llamar la atención y advertir. A todo el universo -los cielos y la tierra, creyentes, no creyentes y ángeles- se le llamará la atención y a todos los incrédulos se les advertirá. EL Señor Dios mismo está apareciendo y los sucesos del tiempo del fin se están lanzando sobre la tierra.

    ▬ 2. En segundo lugar, los muertos en Cristo resucitarán primero. ¿Por qué los creyentes muertos serán los primeros en ser reunidos con el Señor? Por el gran amor y cuidado del Señor. La primera expresión de amor y cuidado se les mostrará a aquellos queridos santos que han pasado por la sombra de muerte. La naturaleza de Cristo es mostrar ternura y amor hacia aquellos que más sufren, por eso aquellos que han sufrido el horrible destino de la muerte serán los primeros en encontrarse con el Señor en el aire. Ahora bien, nótense varios hechos.

    » a. Solo resucitarán los creyentes que han partido; ningún no creyente resucitará, no en este momento. Solo los “muertos en Cristo” -los que han muerto creyendo en Jesucristo- resucitarán cuando el Señor rasgue los cielos.

    » b. Serán los cuerpos de los creyentes que han partido los que resucitarán. Los creyentes propiamente dichos, es decir, sus espíritus, ya están con el Señor. Sus cuerpos se levantarán y serán transformados para vivir para siempre con Dios. El grito del Señor de “¡ven fuera!” hará que se junten los átomos del cuerpo de la persona sin importar dónde estén las diferentes partes del cuerpo. Los átomos del cuerpo de la persona serán transformados para formar un cuerpo eternal y perfecto.

    » c. Los cuerpos de los creyentes que han partido resucitarán primero; antes de que nosotros los que vivamos seamos levantados.

    ▬ 3. En tercer lugar, los que vivamos seremos arrebatados luego de la resurrección de los muertos. Ocurrirá una gloriosa transformación de nuestros cuerpos tal y como sucedió con aquellos cuyos cuerpos se habían corrompido en la tierra. El cambio se producirá como lo dicen las Escrituras: se infundirá una naturaleza totalmente nueva.

    “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” (1 Co. 15:53).

    » a. La naturaleza del cuerpo actual del creyente es corruptible y mortal; la naturaleza de su nuevo cuerpo será incorruptible e inmortal.

    => La naturaleza “corruptible” y “mortal” quiere decir que los hombres son terrenales; que envejecen, se deterioran, mueren y se descomponen. Toda persona, no importa quien sea, es terrenal y volverá al polvo a menos que Jesús regrese mientras la persona aún vive en la tierra.

    => La naturaleza “incorruptible” e “inmortal” quiere decir que los creyentes serán hechos celestiales, que serán transformados y se les dará una naturaleza perfecta que nunca envejecerá, se deteriorará, morirá ni se descompondrá. Serán completamente libres de la deshonra y la depravación. Se les dará un cuerpo perfecto, un cuerpo diametralmente opuesto al cuerpo actual, un cuerpo perfeccionado para siempre para vivir con Dios en los cielos nuevos y la nueva tierra. (Vea Jn. 21:1; 1ª Co. 15:42-44).

    » b. Note las palabras “es necesario” en 1ª Corintios 15:53. Esto nos muestra la absoluta necesidad de un cambio en el cuerpo del hombre. Para que el hombre pueda vivir con Dios su cuerpo tiene que sufrir una transformación. Es esencial, obligatorio, una necesidad absoluta para que el hombre pueda vivir para siempre.

       “Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección” (Lc. 20:36).

       “De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte” (Jn. 8:51).

       “Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” (Jn. 11:26).

       “vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad” (Ro. 2:7).

       “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” (1 Co. 15:53).

       “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos” (2 Co. 5:1).

       “Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Ts. 4:17).

       “pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Ti. 1:10).

    ▬ 4. En cuarto lugar, tendrá lugar la gran reunión de los vivos y los muertos. Note la enfática declaración: “seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor”. Nos reuniremos nuevamente con nuestros seres queridos, y lo que es más maravilloso, todos los creyentes -a quienes amamos y aquellos a los que nunca conocimos- nos reuniremos con nuestro maravilloso Señor. Estaremos todos juntos regocijándonos en la presencia de aquel que nos salvó y transformó en seres perfectos y eternos. ¡Será un dia de reunión y regocijo!

    ▬ 5. Comienza la experiencia de vivir cara a cara con el Señor. Seremos arrebatados y “así estaremos siempre con el Señor”. Aunque la reunión de todos los creyentes será algo maravilloso, más maravilloso será ver a nuestro Señor cara a cara por primera vez. ¿Cuáles serán nuestros primeros pensamientos? ¿Cuál será nuestra primera reacción? Todo ocurrirá en un pestañar. De repente…

    • estaremos en medio del aire y seremos transformados en hombres y mujeres perfectos.
    • estaremos en las nubes en medio de millones y millones.
    • seremos transformados en medio de la espectacular gloria y majestad, dominio y poder del Señor Dios.

       ¿Hay alguna duda de cuáles serán nuestros primeros pensamientos y reacción? La gran reunión con la familia y los creyentes ocupará nuestros pensamientos.

    ▬ 6. La exhortación del momento: Alentaos los unos a los otros con estas palabras. Dios no revela los acontecimientos del final de los tiempos para satisfacer la curiosidad. Nos habla de estos gloriosos eventos para que podamos prepararnos y confortarnos unos a otros. No hay necesidad de desalentarse en esta tierra, no hay por qué sufrir y afligirse, no hay por qué desesperanzarse ni estar en ignorancia. El propio Señor nos ha dado la más maravillosa esperanza -la esperanza de vivir cara a cara con él para siempre- de adorarle y servirle par siempre en un cielo y tierra nuevos.

       “Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección” (Lc. 20:36).

       “De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte” (Jn. 8:51).

       “Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Jn 11.:26).

       “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos” (2 Co. 5:1).

       “pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Ti. 1:10).

       “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Ap. 21:4).

    1er TÍTULO: La Iglesia debe estar preparada para escuchar el sonido de la final trompeta. Versículo 1. En el séptimo mes, el primero del mes, tendréis santa convocación; ninguna obra de siervos haréis; os será día de sonar las trompetas. (Léase: San Mateo 25:13. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir. ▬ 1ª a los Tesalonicenses 5:4. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón.).

    Comentario de San Mateo 25:13. Velad-Jesucristo, retorno: la enseñanza es que tenemos que velar y esperar el retorno del Señor en cualquier momento.

    ▬ 1. La exhortación es fuerte: «Velad, pues». El creyente se debe preparar y participar en la travesía hacia la gran fiesta de bodas. Tiene que andar con el Señor, el esposo. (Véase nota, Velar-Mt. 24:42.)

    ▬ 2. El motivo para velar es fuerte: «No sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir». Una preparación ininterrumpida es esencial, porque el esposo puede venir en cualquier momento.

       «Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir» (Mt. 25:13).

       «Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles» (Lc. 12:37).

       «Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios» (1 Ts. 5:5-6).

       «He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona» (Ap. 3:11).

       «He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza» (Ap. 16:15).

    Comentario de (1ª a los Tesalonicenses 5:4-5) Creyentes, naturaleza ▬ Jesucristo, regreso ▬ Día del Señor: El creyente no está en tinieblas, por tanto, “aquel día” no debe tomarlo por sorpresa. Aquel día hace referencia al día del Señor: aquel día grande y terrible de la ira de Dios, el horrible juicio de Dios que vendrá sobre la tierra y los incrédulos. Fíjese en la palabra “sorprenda” (katalambano). Significa venir o tomar por sorpresa. El día del Señor no debe tomar al creyente por sorpresa, no debe venir sobre él como un ladrón, inesperadamente. Hay tres poderosas razones de por qué el día del Señor no debe sorprender al creyente desprevenido.

    ▬ 1. El creyente no está en tinieblas.

    » a. El creyente no está en las tinieblas de la ignorancia. Él sabe que viene el terrible día del juicio de Dios. Ha estudiado y se le ha enseñado la Palabra de Dios. Los predicadores y los maestros han sido fieles en advertir al mundo: el día del Señor viene sobre el mundo. Todos darán cuenta de su rebelión contra Dios y de su amontonamiento egoísta contra el desesperado del mundo. Ningún verdadero creyente ignora la verdad; ningún verdadero creyente habita en las tinieblas de la ignorancia. Si es un verdadero creyente, sabe que el juicio de Dios vendrá sobre los hombres; sabe que el día del Señor viene. Es por eso que debe anticiparlo. No debe ser sorprendido cuando llegue.

    » b. El creyente no está en las tinieblas del pecado. No deambula por el mundo viviendo en pecado. Su mente y sus pensamientos no están consumidos con las cosas de este mundo. El brillo y el poder de las posesiones no lo ciegan, como ni tampoco las pasiones y placeres de la carne. El creyente no anda todo el día con sus pensamientos aferrados a esta tierra pensando en Dios rara vez, si es que lo hace. No está en las tinieblas del pecado, sintiendo que Dios está en algún lugar del espacio exterior sin importarle lo que sucede sobre la tierra. El creyente no está separado de Dios e ignorante de sus caminos. Su vida está centrada en Dios y sus pensamientos están siempre puestos en Dios. Él conoce a Dios íntima y personalmente, por consiguiente, sabe que Dios es santo y justo al igual que amoroso. Sabe que Dios tiene que juzgar a los incrédulos del mundo.

    ▬ 2. El creyente es un hijo de luz. Esto sencillamente significa que el creyente es hijo de Dios, puesto que Dios es luz (1 Jn. 1:5). El creyente tiene la misma naturaleza de Dios, que es luz. Él conoce a Dios, por tanto, no va a estar desapercibido ni lo tomará por sorpresa cuando el Señor venga y juzgue al mundo.

    ▬ 3. El creyente es un hijo del día. Esta es una verdad maravillosa. Quiere decir que el creyente escapará al juicio de Dios. Él es un hijo a quien Dios ha aceptado, por tanto, será aceptado en aquel día del regreso del Señor. No tendrá que enfrentar el terrible día del Señor y sufrir el juicio de la ira de Dios. Es un hijo del día, hijo de la gloriosa salvación y liberación de Dios, es por eso que el creyente debe esperan el regreso del Señor y el día de la ira del Señor. No debe andar en tinieblas poniendo su mente y pensamientos en este mundo. Debe vivir orando y pensando en las cosas de Dios y en la absoluta necesidad de alcanzar a las personas para Cristo, pues el grande y terrible día del Señor viene, está justo en el horizonte, muy cerca.

       “vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” (Mt. 5:14).

       “Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz” (Jn. 12:36).

       “Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra” (Hch. 13:47).

       “Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz” (Ef. 5:8).

       “para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Fil. 2:15).

       “Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas” (1 Ts. 5:5).

       “Así perezcan todos tus enemigos, oh Jehová; más los que te aman, sean como el sol cuando sale en su fuerza. Y la tierra reposo cuarenta años” (Jue. 5:31).

    2° Titulo: Necesaria expiación para reconciliar, y así esperar el retorno de Cristo. Versículos 2 al 5. Y ofreceréis holocausto en olor grato a Jehová, un becerro de la vacada, un carnero, siete corderos de un año sin defecto; y la ofrenda de ellos, de flor de harina amasada con aceite, tres décimas de efa con cada becerro, dos décimas con cada carnero, y con cada uno de los siete corderos, una décima; y un macho cabrío por expiación, para reconciliaros (Léase: San Mateo 24:44. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ▬ 2ª a los Corintios 5:17 al 19. De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.).

    Comentario de San Mateo 24:44. (24:43-44) Jesucristo, retorno: la primera parábola que contó Cristo es referida al propietario de una casa. Representa a la persona que profesa ser creyente. Cristo dijo cuatro cosas.

    ▬ 1. El propietario tenía que cuidar la casa. Había sido bendecido porque poseía una casa, y la casa estaba llena de cosas. Las cosas que poseía eran suficientemente valiosas para atraer al ladrón.

    ▬ 2. El propietario vivía sin preocuparse.

    » a. El propietario sabía que el ladrón vendría, y que vendría de noche. Simplemente ignoraba en qué vigilia vendría. (Cada vigilia era dividida en tres horas, por ejemplo, 12-3 de la mañana y 3-6.)

    » b. El propietario comenzó a velar. Trató de proteger su casa; había trabado las puertas y cerrado las ventanas. Estaba levantado atendiendo a cada ruido, dispuesto a tratar de proteger su casa. El propietario falló en su intento de proteger la casa, falló en lo menos esperado. Sencillamente no veló lo suficiente. A medida que pasaban las horas cayó más y más presa del sueño; finalmente se durmió. El propietario simplemente falló

    • en permanecer más tiempo despierto.
    • en mantener más tiempo su mente alerta.
    • en atender por más tiempo los ruidos (señales).
    • en mantenerse más tiempo activo.
    • en vigilar durante más tiempo.

    ▬ 3. El propietario sufrió un desastre. El ladrón vino mientras dormía. El propietario dejó de velar y entonces entró el ladrón a casa y tomó las cosas que el propietario más apreciaba.

    ▬ 4. El punto que Cristo señala es claro: la preparación es esencial. Con preparación Cristo significaba diligencia. Debemos vivir diligentemente una vida de justicia esperando su retomo.

       «Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir. Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia» (2 P. 3:11, 13).

      Cristo mencionó dos motivos por los que debemos estar preparados: (a) Él realmente viene, y (b) viene a una hora en que el negligente no lo espera (vv. 44, 50).

       «Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa» (Lc. 12:39).

      «En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Jn. 14:2-3).

       «Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá, así como ladrón en la noche…. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón» (1 Ts. 5:2, 4).

       «Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas» (2 P. 3:10).

      «Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre

    ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti» (Ap. 3:3).

       «Y oí al ángel de las aguas que decía Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas» (Ap. 16:5).

    Pensamiento 1. El retorno de Cristo es inminente. Ese es el punto. ¡Debemos permanecer alerta y esperar con diligencia su retorno hoy!

    Pensamiento 2. La casa del propietario puede representar la vida de la persona. Cada persona es responsable de cuidar de su vida. Cristo dice que cuidamos nuestra casa (vida) «velando» y estando preparados para su retomo, puesto que él puede retomar en cualquier momento.

    Comentario de 2ª a los Corintios 5:17 al 19. (5: 17) Nueva criatura ▬ Nuevo hombre ▬ Regeneración: El mensaje es de regeneración, la creación de una “nueva criatura”.

    ▬ 1. ¿Qué significa para el hombre convertirse en una “nueva criatura”? De un modo sencillo, significa exactamente lo que dicen las Escrituras: él realmente se convierte en una nueva criatura, todo su ser, naturaleza, vida y conducta cambian:

    => Como hombre estaba muerto para Dios, como una nueva criatura está vivo para Dios.

    => Como hombre no tenía relación con Dios, como una nueva criatura se le da una relación con Dios.

    => Como hombre no estaba seguro acerca de Dios, como una nueva criatura está absolutamente seguro acerca de Dios.

    => Como hombre nunca tuvo fraternidad ni comunión con Dios, como una nueva criatura tiene fraternidad y comunión con Dios todo el tiempo.

    => Como hombre estaba viviendo en pecado e inmortalidad, como una nueva criatura vive en justificación y santidad.

    => Como hombre tuvo que enfrentarse a la muerte, como una nueva criatura nunca tiene que morir.

    => Como hombre estaba condenado al juicio y la separación eterna de Dios, como una nueva criatura está destinado a vivir eternamente en la presencia de Dios.

    ▬ 2. ¿Cómo una persona se convierte en una nueva criatura? Note las palabras de este pasaje: “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es”. Es estar “en Cristo” lo que hace a una persona una nueva criatura. Cuando una persona cree verdaderamente en Cristo, Dios la coloca y la ubica en Cristo, en todo cuanto Cristo es. Cristo vivió, murió, y resucitó, por lo tanto, estar en Cristo significa que una persona vive, muere, y resucita en Cristo. A la persona que cree en Jesucristo se le identifica con Cristo: es decir, se le considera y se le toma por estar “en Cristo”, se le reconoce y se le acredita como si estuviera “en Cristo”.

       Explicado con mayor detalle, cuando una persona cree en Cristo, Dios coloca y ubica a esa persona “en” Cristo. La fe del creyente hace que Dios realmente identifique al creyente con Cristo:

    • Que considere al creyente como si hubiera vivido en Cristo cuando Cristo vivió en la tierra. Por consiguiente, al creyente se le considera impecable y justo porque Cristo fue impecable y justo.
    • Que considere al creyente como si hubiera muerto en Cristo. Por consiguiente, el creyente nunca tiene que morir (Jn. 3:16). La pena y la condenación de sus pecados ya están pagadas en la muerte de Cristo.
    • Que considere al creyente como si hubiera sido resucitado en Cristo. Por consiguiente, el creyente ha recibido la “nueva vida” de Cristo. De la misma manera que Cristo tuvo una nueva vida después de su resurrección, de la misma manera el creyente recibe la “nueva vida” de Cristo cuando él cree en Cristo. (Vea el índice y las notas _ Ro. 6:3-5. Vea también el Estudio a fondo 1, 2 _ Ro. 4:22; 5:1; 6:14-15.)

       Estar en Cristo quiere decir que un creyente anda y vive en Cristo día tras día. Quiere decir que él no “anda conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Ro. 8:1, 4). Quiere decir que “renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tit. 2:12). Quiere decir que él lleva el fruto del Espíritu (Gá. 5:22-23). Quiere decir que él permanece en Cristo, que él está relacionado y atado a Cristo:

    • De la misma manera que los miembros del cuerpo están relacionados y atados unos a otros (1ª Co. 12:12-27).
    • Como el pámpano está relacionado y atado a la vid (Jn. 15:4-7).

       A partir de esto, se ve claramente que una persona que está “en Cristo” es una nueva criatura. Esto es lo que se quiere decir con tales términos bíblicos “nacer de nuevo” y convertirse en un “nuevo hombre”. Sin embargo, no hay mejores palabras para describir esta experiencia que las palabras de este versículo: “las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Este es el mensaje del ministerio cristiano:

       “Un hombre puede comenzar una vida nuevamente, no importa cuánto se haya corrompido ni cuánto haya degenerado”. Dios anhela hacer de él una nueva criatura.

       “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Jn. 3:3).

       “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Co. 5:17).

       “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente” (Ef. 4:22, 23).

       “No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Col. 3:9,10).

       “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él” (1 Jn. 5:1).

        (5:18-19) Reconciliación: El mensaje es de reconciliación, un mundo de hombres puede ser traído de vuelta a Dios. Reconciliación significa cambiar completamente, cambiar de enemistad a amistad, juntar, restaurar. La idea es que dos personas que debían haber estado juntos todo el tiempo sean juntadas. Dos personas que hayan permitido que algo se interponga entre ellas sean restauradas y reunificadas.

       Lo que rompió la relación entre Dios y el hombre fue el pecado. Se dice que los hombres son enemigos de Dios (Ro. 5: 10), y la palabra “enemigos” se refiere al hecho de que los hombres se habían vuelto pecadores e impíos (Ro. 5:6, 8). Los “enemigos” de Dios son los pecadores e impíos de este mundo. Esto quiere decir sencillamente que todo hombre es enemigo de Dios, porque todo hombre es pecador e impío. Esto puede parecer duro y cruel, pero es exactamente lo que dicen las Escrituras. Esto se ve claramente si se analiza el asunto un momento.

       No se puede decir que el pecador sea amigo de Dios. Es antagónico hacia Dios, se opone a lo que Dios representa. El pecador está…

    • rebelándose contra Dios ° desobedeciendo a Dios
    • rechazando a Dios • luchando contra Dios
    • maldiciendo a Dios • negando a Dios
    • ignorando a Dios • rehusándose a vivir para Dios

       Cuando cualquiera de nosotros peca, obramos contra Dios y promovemos el mal con la palabra y el ejemplo:

    => Cuando el pecador vive para sí mismo, se conviene en un enemigo de Dios. ¿Por qué? Porque Dios no vive para sí mismo. Dios se entregó a si mismo de la manera más suprema posible: El dio a su único Hijo para que muriera por nosotros.

    => Cuando el pecador vive para el mundo y las cosas mundanas, se convierte en un enemigo de Dios. ¿Por qué? Porque escoge lo temporal y no a Dios. Él escoge aquello que pasa y no a Dios. Él lo escoge cuando Dios le ha proporcionado vida eterna por medio de la muerte de su Hijo.

       En esto consiste la reconciliación y el gran amor de Dios. Él no nos reconcilió y nos salvó cuando éramos justos y buenos. Él nos reconcilió y nos salvó cuando éramos enemigos, que lo ignorábamos y los rechazábamos. Como se ha planteado anteriormente, es porque somos pecadores y enemigos que necesitamos ser reconciliados.

    ▬ 1. Hay tres personas que participan en la reconciliación:

    » a. El propio Dios es la primera persona que participa en la reconciliación. Dios es el que nos reconcilia. Note las palabras: “Todo esto proviene de Dios”. Si llegara el momento en el que una persona deseara reconciliarse con Dios, cambiar su vida y convertirse en una nueva criatura, tiene que venir donde Dios. Solo Dios tiene el poder para cambiar a un hombre; solo Dios puede darle a un hombre un nuevo nacimiento y hacer de él una nueva criatura. Ningún hombre tiene el poder para cambiarse lo suficiente como para volverse acepto ante Dios. Los hombres no se reconcilian ellos mismos con Dios. No pueden obrar lo suficiente ni pueden hacer suficiente bien como para volverse perfectamente aceptos ante Dios. La reconciliación es el acto de Dios y solo de Dios. Dios es el que salva al hombre y lo reconcilia. El hombre no se gana la reconciliación; él recibe la reconciliación de Dios.

    » b. Jesucristo es la segunda persona que participa en la reconciliación. Dios nos reconcilia con Él mismo por medio de la muerte de Jesucristo. De un modo muy sencillo, cuando un hombre cree Jesucristo murió por él:

    • Dios acepta la muerte de Jesucristo por la muerte del hombre.
    • Dios acepta los pecados soportados por Cristo como los pecados cometidos por el hombre.
    • Dios acepta la condenación soportada por Cristo como la condenación debida al hombre.

       Por consiguiente, el hombre es liberado de sus pecados y del castigo por sus pecados. Cristo soportó por el hombre tanto el pecado como el castigo. El hombre que verdaderamente cree que Dios ama tanto, lo suficiente como para dar a su Hijo Unigénito, se vuelve acepto ante Dios, reconciliado para toda la eternidad.

       “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Co. 5:21).

        “y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades” (Ef. 2:16).

       “y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Col. 1:20).

       “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (He. 2:17).

    » c. Los ministros son las terceras personas que participan en la reconciliación. Dios nos reconcilió con El mismo encargándole el ministerio de la reconciliación a los hombres. De la única manera que el mundo puede escuchar sobre el gran ministerio de la reconciliación es a través de los creyentes. Los creyentes deben proclamar el mensaje de la reconciliación o nunca se escuchará.

       “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” (Ro. 10:14).

       “y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades” (Ef. 2:16).

    ▬ 2. Note cómo Dios obró o logró la reconciliación. Dios hizo tres cosas para hacer posible la reconciliación:

    » a. Primera, Dios vino a la tierra “en Cristo”, es decir, en la persona de Cristo. Como dice este versículo, “Dios estaba en Cristo”. Este planteamiento es un planteamiento fenomenal. Esto quiere decir que:

    • Cuando Jesucristo vino a la tierra, el propio Dios vino a la tierra.
    • Cuando Jesucristo soportó el pecado por el hombre, el propio Dios estaba soportando los pecados por el hombre.
    • Cuando Jesucristo murió por el hombre, el propio Dios estaba muriendo por el hombre.

       Esto quiere decir que el propio Dios estaba en la persona de Jesucristo salvando al hombre. Que el propio Dios había venido a la tierra para reconciliar al hombre. Esto quiere decir que el propio Dios amaba tanto al hombre que vino a la tierra a buscar y salvar a aquello que estaba perdido. La verdad es tan gloriosa que el propio Jesucristo hizo entrar la verdad en el corazón de los hombres.

       “así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas” (Jn. 10:15).

       “Yo y el Padre uno somos” (Jn. 10:30).

       “Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre” (Jn. 10:37, 38).

       “¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras” (Jn. 14:10).

    » b. Segunda, Dios no le toma en cuenta el pecado a los hombres. La frase “tomar en cuenta” (logizomenos) quiere decir reconocer, considerar, y acreditar. Quiere decir acusar 0 hacer responsable a una persona. Si Dios no les toma en cuenta el pecado a los hombres ni los acusa del pecado, entonces quiere decir que Él perdona sus pecados. Cuando Jesucristo murió en la cruz, Dios estaba en Cristo muriendo por los pecados de los hombres. Dios estaba posibilitando que los hombres fueran liberados de la culpa y la condenación de sus pecados.

       Imagínese la situación: “Colgado allí en la cruz, Dios en Cristo no acusaba a los hombres del pecado”. Él estaba muriendo por los pecados de los hombres. Dios no estaba allí en la cruz para tomarles en cuenta el pecado a los hombres; Él estaba allí haciendo posible que a los hombres les fueran perdonados sus pecados.

       “porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mt. 26:28).

       “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hch. 2:38).

       “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (He. 9:22).

    » c. Tercera, Dios le ha encargado la palabra de la reconciliación a los ministros. Dios no les ha dejado la palabra de la reconciliación a discreción de los hombres. Dios ha tomado la iniciativa. Dios llama y prepara a los ministros de Dios para proclamar la palabra de la reconciliación. Él ha hecho todo lo posible para reconciliar a los hombres.

       “de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios” (Col. 1:25).

       “y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lc. 24:47).

       “según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado” (1 Ti. 1:11).

       “en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos, y a su debido tiempo manifestó su palabra por medio de la predicación que me fue encomendada por mandato de Dios nuestro Salvador” (Tit. 1:2, 3).

    3er TÍTULO: La comunión con Dios y su pueblo trae un gozo permanente. Versículo 6. además del holocausto del mes y su ofrenda, y el holocausto continuo y su ofrenda, y sus libaciones conforme a su ley, como ofrenda encendida a Jehová en olor grato. (Léase: Salmo 16:11. Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre. ▬ Los Hechos 2:1 al 4. Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.).

    Comentario de Los Hechos 2:1 al 4. En respuesta a la orden de Jesús (1:4), los apóstoles esperan el don del Espíritu Santo pacientemente y en oración en Jerusalén. El texto griego comienza con la palabra y; esto indica que el acontecimiento de Pentecostés está estrechamente ligado con la ascensión de Jesús. Una traducción literal del texto griego dice: “Cuando el día de Pentecostés se hubo cumplido”. Es decir, cuando se llegó al día número cincuenta, el período de espera se completó. Para los apóstoles, una nueva era comenzaba.

       ¿Cuántas personas estaban reunidas el día de Pentecostés? Nosotros suponemos que en los 120 estaban incluidos todos los creyentes (1:15). Sin embargo, hay algunas objeciones a esta interpretación. El último versículo del capítulo anterior (1:26) menciona a los apóstoles; en el capítulo dos, no son los 120 sino que el centro de la atención está ocupado por Pedro y los Once (v. 14); y en la conclusión del sermón de Pedro la multitud se dirige a los apóstoles y no a los 120 (v. 37). Por el otro lado, no podemos limitar el adjetivo todos a los doce apóstoles cuando el contexto del capítulo precedente enfatiza la armonía cristiana como un elemento básico. Por lo tanto, interpretamos el adjetivo de tal modo de incluir a todos los creyentes mencionados en el capítulo anterior.

       ¿Dónde estaban los creyentes? Lucas es bastante parco al decir que estaban “en un lugar”. Si suponemos que ese lugar era el aposento alto (1:13), tendríamos que preguntarnos si aquel cuarto podría acomodar a 120 personas. Pero Lucas dice que ellos estaban sentados en una casa (v. 2) y no en las cercanías del templo.

       Tenemos que admitir que es difícil lograr certeza al respecto, pero nos inclinamos a pensar que el lugar de reunión estaba cerca del templo, donde los apóstoles regularmente adoraban a Dios (c.f. Lc. 24:53).

       Nótese los siguientes tres puntos:

    1. El viento. En horas de la mañana del día de Pentecostés, de pronto la gente escucha el sonido de un fuerte viento que soplaba desde los cielos. Un aspecto importante en la venida del Espíritu Santo es lo repentino de su

    aparición. Aunque, tal como fueron instruidos, los discípulos se quedan en Jerusalén precisamente esperando el derramamiento del Espíritu, su repentina manifestación sorprende a todos. Los creyentes en Cristo experimentarán idéntica situación cuando de pronto Jesús regrese. No obstante, las señales de los tiempos, Jesús dijo a los suyos que su regreso será sorprendente e inesperado.

    Lucas dice que hay sonido como de un viento fuerte al soplar. Él no dice que el viento mismo haya estado produciendo los efectos por todos conocidos. Leyendo otra parte de las Escrituras sabemos que tanto en el hebreo como en el griego es una y la misma palabra la que representa el doble significado de viento y espíritu (Ez. 37:9, 14; Jn. 3:8). Nosotros oímos y sentimos el efecto del viento, pero no podemos verlo. Así es con el Espíritu. El Espíritu Santo viene del cielo de Dios, no del cielo atmosférico, [p 81] con el sonido de un fuerte viento. Y llena la casa donde los creyentes están sentados y clamando por su venida (c.f. 4:31). Vemos el significado del viento en el relato de Lucas. El viento simboliza al Espíritu Santo, quien llena la casa donde están sentados los creyentes. El sonido del viento señala poder celestial, y su repentina aparición nos habla del comienzo de un acontecimiento sobrenatural.

       » b. El fuego. “Y se les aparecieron lenguas como de fuego que se dividieron y reposaron sobre cada uno de ellos”. Este es el cumplimiento de la descripción que Juan el Bautista hace del poder de Jesús: “Él os bautizará en el Espíritu Santo y fuego” (Mt. 3:11; Lc. 3:16). A menudo en el Antiguo Testamento el fuego es simbólico de la presencia de Dios, especialmente en relación con la santidad, el juicio y la gracia. Por ejemplo, Moisés oyó la voz de Dios en la zarza ardiendo diciéndole que se quitara sus sandalias (Ex. 3:2–5); el fuego consumió el sacrificio de Elías en el Monte Carmelo (1 R. 18:38); y un carro de fuego llevó a Elías al cielo (2 R. 2:11). Los creyentes reunidos en Jerusalén no sólo oyen la venida del Espíritu Santo, sino que también lo ven tomar forma de lo que pareciera ser lenguas de fuego. El fuego, símbolo de la divina presencia, toma la forma de lenguas que no salen de la boca de los creyentes, sino que reposan sobre sus cabezas. Por lo tanto, no debemos confundir estas lenguas con las “otras lenguas” mencionadas en el versículo siguiente (v. 4), donde Lucas introduce el milagro de hablar en lenguas.

       El Espíritu Santo se hace visible con esta manifestación externa y reposa sobre cada uno de los creyentes. No se trata de una ilusión óptica, porque Lucas claramente señala que vieron lenguas de fuego. La venida del Espíritu da cumplimiento a la profecía de Juan el Bautista de que los discípulos serían bautizados con el Espíritu Santo y con fuego. Así, la venida del Espíritu Santo anuncia una nueva era, porque viene a habitar con los hombres no temporalmente sino para siempre.

       » c. Las lenguas. “Fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas según el Espíritu les daba capacidad”. El texto griego indica que la llenura con el Espíritu ocurrió de una vez por todas; es decir, el Espíritu no vino y se fue, sino que permaneció, como es evidente en el relato de Lucas. Cuando Pedro se dirige al Sanedrín, él está lleno del Espíritu (4:8; y véase también 4:31). Después de su conversión, Saulo recibe el Espíritu Santo (9:17; c.f. 13:9, 52). El derramamiento del Espíritu no es repetitivo porque el Espíritu Santo permanece con la persona que ha sido llenada. Además, va alcanzando en círculos concéntricos a los samaritanos (8:17), a los gentiles (10:44–46), y a los discípulos de Juan el Bautista (19:1–6). Esto ocurre en perfecta armonía con y en cumplimiento del mandamiento de Jesús dado a los apóstoles de ser testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra (1:8).

        ¿Qué efecto produce el Espíritu Santo en todos los creyentes? Lucas dice que “fueron todos llenos”. No debemos limitar el adjetivo todos a los apóstoles, porque Pedro en su sermón habla del cumplimiento de la profecía de Joel y dice que: “Tus hijos e hijas profetizarán” (v. 17; Jl. 2:28). Y cuando más tarde Pedro y Juan hicieron notar a los creyentes lo que los sumos sacerdotes dijeron, todos fueron llenos del Espíritu Santo (4:31). El efecto del hecho de que el Espíritu Santo mora en la persona es que el Espíritu toma plena posesión del creyente individualmente.

       El cristiano que es lleno con el Espíritu llega a ser el portavoz del Espíritu. En el caso de los creyentes en Jerusalén, hablaron en otras lenguas probando así que el Espíritu Santo los controla y los capacita. La palabra lengua es equivalente al concepto lenguaje hablado. Esto se hace evidente en el comentario de Lucas que “cada uno los oía hablar en su propia lengua” (v. 6); las multitudes preguntan, “¿Cómo entonces les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?” (v. 8); y dicen: “Los oímos hablar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios” (v. 11). Las lenguas que los creyentes hablan son idiomas hablados en regiones desde Persia en el este hasta Roma en el oeste. No podemos tomar por iguales lo que ocurrió en Pentecostés y las lenguas habladas en la iglesia de Corinto. Los que hablan en otras lenguas en Pentecostés no hablan para la edificación de la iglesia (a diferencia del hablar en éxtasis [1 Co. 14]). Mientras que en la iglesia de Corinto el hablar en éxtasis tiene que ser interpretado, en Pentecostés los oyentes no necesitan tener intérpretes porque ellos oyen y pueden entender sus propios idiomas. La habilidad de hablar en lenguas viene de adentro de la persona y es una manifestación interna del Espíritu Santo; el viento y el fuego son manifestaciones externas.

    Domingo 26 de abril de 2026

    Amén, para la honra y gloria de Dios.

  • LUNES 20 DE ABRIL DE 2026. “ACTUANDO CON AMOR Y MISERICORDIA ANTE IRREPARABLE PÉRDIDA”.

    Lección: 2ª de samuel 1:17 al 22. 17. Y endechó David a Saúl y a Jonatán su hijo con esta endecha, 18. y dijo que debía enseñarse a los hijos de Judá. He aquí que está escrito en el libro de Jaser. 19. ¡Ha perecido la gloria de Israel sobre tus alturas! ¡Cómo han caído los valientes! 20. No lo anunciéis en Gat, Ni deis las nuevas en las plazas de Ascalón; Para que no se alegren las hijas de los filisteos, Para que no salten de gozo las hijas de los incircuncisos. 21. Montes de Gilboa, Ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros, ni seáis tierras de ofrendas; Porque allí fue desechado el escudo de los valientes, El escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite. 22. Sin sangre de los muertos, sin grosura de los valientes, El arco de Jonatán no volvía atrás, Ni la espada de Saúl volvió vacía. 

       Referencias Bíblicas: Números 20:29. «Y viendo toda la congregación que Aarón había muerto, le hicieron duelo por treinta días todas las familias de Israel.»

    Nehemias 1:4. «Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.»

    Génesis 50.10. «Y llegaron hasta la era de Atad, que está al otro lado del Jordán, y endecharon allí con grande y muy triste lamentación; y José hizo a su padre duelo por siete días».

        Comentario del contexto bíblico: Lamento por la muerte de Saúl y Jonatán, 1:17–22. David era un hombre compasivo y misericordioso, y la muerte de Saúl y Jonatán le trajo profundo dolor. David expresó su dolor escribiendo el Canto del Arco, un canto fúnebre que expresaba su admiración por la valentía de Saúl y Jonatán, su amor profundo hacia Jonatán, y su tristeza por la muerte de ambos. El canto de David quedó escrito en el libro de Jaser, que significa justo, y que fue utilizado por el escritor como una fuente de información para la narración de la vida de David. El libro del justo también es mencionado en Josué 10:13. El libro del justo era posiblemente un libro de poemas que narraba los grandes acontecimientos de la historia de Israel.

    David lamentó la muerte de Saúl y Jonatán porque ellos habían sido los valientes que habían guiado a los israelitas en la lucha contra los filisteos. Saúl fue un hombre que manejó con destreza el escudo y la espada, instrumentos indispensables en las guerras de aquel tiempo; y Jonatán manejó con destreza el arco; ambos tuvieron gran velocidad y fuerza física que los hacía unos grandes guerreros; pero ahora, el escudo de Saúl yacía en la tierra como símbolo de los hechos de aquellos dos valientes que habían muerto; yacía en tierra como si no hubiera sido ungido con aceite; esta era una referencia a la costumbre de mantener en buen estado el escudo limpiándolo con aceite.

    David lamentó la muerte de Saúl porque esa noticia sería una ocasión de alegría para los filisteos; era por seguro que las mujeres filisteas celebrarían la victoria como una humillación de Israel. David se imagina a las mujeres filisteas saliendo por las calles de sus ciudades, Gat y Ascalón, para celebrar la muerte del rey de Israel; era una humillación que David no deseaba para el pueblo de Israel.

    David lamentó la muerte de Jonatán porque le tenía un profundo amor; que ese amor fuese más maravilloso que el amor de las mujeres, destaca el hecho de que era un amor nacido de una amistad leal, desinteresada, duradera y sacrificada. La palabra amor es la palabra hebrea ahabad, 160 se usaba para referirse a toda clase de amor: en Levítico 19:18 se usa para referirse al amor al prójimo y en Éxodo 21:5 se usa para referirse al amor a Dios. El amor de David a Jonatán era un amor de pacto; y aunque aquí no se usa la palabra jesed que es la que designa el amor de pacto, la amistad entre David y Jonatán era una amistad de jesed, que perdura a través de cualquier circunstancia. El amor entre David y Jonatán soló puede compararse con el amor entre Rut y Noemí, y el amor entre Jesús y sus discípulos. La amistad entre David y Jonatán continúa siendo un testimonio a la amistad verdadera y duradera que puede existir entre dos personas.

    El canto de David termina con un lamento: ¡Cómo han caído los valientes, y se han perdido las armas de guerra! Esta expresión conlleva tristeza, pero también conlleva a la reflexión en cuanto a la manera en que Saúl usó su valor y su fuerza. Saúl no usó su fuerza física junto con la fortaleza que viene de la dependencia de Dios, tampoco usó Saúl su valor junto con la sabiduría que viene de Dios. ¡Qué triste era ver tanta valentía y tanta fuerza fracasada por falta de sometimiento a la dirección de Dios!

    Ante la muerte de Saúl, David demostró una gran dignidad, respeto y admiración por Saúl. La muer-te de Saúl significaba el camino de entrada al trono para David; sin embargo, David tomó tiempo, junto con el pueblo, para lamentar la muerte de Saúl. David sabía que era tiempo de luto para el pueblo, y que no era tiempo de recriminación, sino de perdón y de búsqueda de la unidad entre el pueblo. La excelencia de espíritu de David, la hace notar Matthew Henry en su comentario, dando cuatro aspectos significativos de esa excelencia de espíritu que demostró David en su canto: su generosidad para Saúl, su gratitud hacia Jonatán, su preocupación por el honor de Dios, y su preocupación por el bien público de Israel.

       Actuando con amor y misericordia ante irreparable pérdida: El duelo es una profunda y fuerte emoción causada por la pérdida de alguien o algo muy querido. El duelo es parte de la vida y del amor. En nuestro mundo caído, las pérdidas son inevitables, como también el dolor. El dolor no es una emoción que hay que evitar, sino que hay que admitirla y afrontarla.

       Por lo general, la muerte es la principal causa del duelo, aunque también podemos lamentarnos por cualquier tipo de pérdida. Eso puede incluir un sueño frustrado, el fracaso de una relación, un problema de salud, la muerte de una mascota o hasta la venta de la casa de la infancia. Muchas veces el dolor es más íntimo cuando está relacionado con cosas como la infertilidad, el embarazo no deseado, el aborto, la infidelidad de un cónyuge o incluso nuestro propio pecado. Las cosas por las que nos entristecemos pueden ser difíciles de expresar ante los demás, pero en muchos casos el compartir nuestras pérdidas y dejar que otra persona se lamente con nosotros es una buena solución (Romanos 12:15). La familia de Dios es fundamental en nuestras vidas y un instrumento clave por el cual Dios nos ministra (y nos usa para ministrar a otros). Obviamente, lo primero que debemos hacer cuando sentimos dolor es ir directamente a Dios, tanto en oración como en el estudio de Su Palabra. Dios puede usar el dolor para ayudarnos a conocerlo más, tanto cuando recibimos Su consuelo como cuando nuestro dolor nos lleva a apreciar más completamente el don de la vida y a comprender más profundamente la magnitud de los efectos del pecado en nuestro mundo. El dolor puede conectarnos con el corazón de Dios.

       El Salmo 34:18 dice que «Cercano está el SEÑOR a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu». Dios comprende nuestro dolor y está dispuesto a estar con nosotros y a consolarnos con las promesas de su Palabra y con la «paz que sobrepasa todo entendimiento» (Filipenses 4:6-7). También incluyó ejemplos en Su Palabra de personas piadosas que sufrieron dolor. Pedro sintió dolor cuando Jesús le preguntó tres veces: «¿Me amas?» (Juan 21:17), y se entristeció al recordar cómo había traicionado a su mejor Amigo (Lucas 22:61-62). Pablo se lamentó por el pecado sin arrepentimiento en las iglesias que él amaba (2 Corintios 12:21). Jesús mismo fue un «varón de dolores, experimentado en quebranto» (Isaías 53:3). Nuestro Señor sufrió por la dureza del corazón de la gente al negarse a aceptarlo como Hijo de Dios (Marcos 3:5; Lucas 19:41). Cuando se acercaba Su crucifixión, Jesús estaba profundamente triste por la dura prueba que tenía que afrontar (Marcos 14:33-36).

       Podemos entristecer al Espíritu Santo con nuestras acciones y actitudes (Efesios 4:30). Después de haber sido comprados con la sangre de Jesús, sellados para siempre como hijos de Dios, el Espíritu Santo toma la iniciativa de transformarnos en personas santas (2 Corintios 5:17; Romanos 8:29). Pero Él no nos obliga a ser robots. Tenemos la libertad de obedecerlo o no. Cuando nos comportamos de forma carnal, contristamos al Espíritu que vive en nosotros.

       La muerte siempre es una temporada de dolor para los que quedan atrás. Sin embargo, Pablo escribe que los cristianos no lamentan la muerte de un hermano creyente de la misma manera que lo hacen los inconversos. En Primera de Tesalonicenses 4:13-14 se dice: «Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él». Pablo nos recuerda que tenemos que pensar en la muerte de un cristiano como un «sueño», porque es un estado temporal. Aunque nos duele que no vayamos a compartir más experiencias en la tierra con nuestros queridos cristianos fallecidos, también podemos esperar una eternidad con ellos.

       La tristeza y la esperanza pueden convivir. La esperanza que tenemos en Cristo nos ayuda a seguir adelante a través del dolor. La eternidad para los creyentes no tendrá «muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor» (Apocalipsis 21:4), ya que Dios mismo enjuga toda lágrima de nuestros ojos (Apocalipsis 7:17). Las pérdidas sufridas en este mundo son reales, y nos afectan de varias maneras, a pesar de que no vivimos amargados ni deprimidos. Vivimos «en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió» (Tito 1:2). Nuestra experiencia actual dejará lugar a la infinita bondad de Dios y a nuestro gozo en Su presencia para siempre (ver Salmo 16:11; 21:6).

    1er Título: Lamento y amor fraternal que trasciende en el tiempo. Versículos 17 y 18. Y endechó David a Saúl y a Jonatán su hijo con esta endecha, y dijo que debía enseñarse a los hijos de Judá. He aquí que está escrito en el libro de Jaser.  (Léase: Romanos 12:9 y 10. El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. ▬ 1ª de Juan 4:21. Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.).

       El amor se aferra al bien y honra a los demás (Romanos 12:9–10). Este versículo inicial es extraño, porque Pablo comienza diciendo “amor sincero” sin un verbo u otros modificadores como si fuera un encabezado para la sección. La traducción normal es correcta, “el amor debe ser sincero”, y el material resultante dice lo que eso significa. El amor “sincero” es literalmente “sin hipocresía” y, por lo tanto, está relacionado con ser genuino. En el primer siglo, la hipocresía representaba la máscara del actor con la que uno haría otro papel, algo que no eran ellos. Pablo quiere asegurarse de que nadie se ponga una “máscara” de amor y pretenda cuidar a los demás cuando no es así. Jesús llama al nivel apropiado de amor “un nuevo mandato” (Juan 13:34) no porque fuera una nueva enseñanza (Levítico 19:18, “Ama a tu prójimo como a ti mismo”) sino porque ahora estaba anclado en la realidad del nuevo pacto de Cristo, unido a su amor por nosotros. Este nuevo amor mesiánico existió primero entre el Padre y el Hijo y luego entre la Divinidad y nosotros. A través de él somos receptores de un nivel de amor que hasta ahora no se había visto en el planeta Tierra, un amor que transforma todo nuestro ser.

    El resto del versículo consta de dos participios que funcionan como mandamientos: “Aborrezcan el mal” y “aférrense al bien”. Esta es la conducta esperada cuando el amor en verdad opera en la comunidad. Este contraste se afirma con frecuencia en las Escrituras, como en el Salmo 97:10 (“El Señor ama a los que odian el mal”) o Amós 5:15 (“¡Odien el mal y amen el bien!”) o su opuesto, Salmo 52:3 (“Más que el bien, amas la maldad”). El verdadero seguidor de Cristo, basado en el amor, aborrecerá toda maldad, como en Romanos 13:2, “deja de lado las obras de las tinieblas” (véase también 1Co 13:6; Col 3:8; 1Ts. 5:21–22; 1Pe 2:1). Al mismo tiempo que hacemos a un lado un espíritu rencoroso, debemos aferrarnos a la bondad con cada gramo de fuerza que poseemos.

    El amor genuino también se centra en los hermanos y hermanas de la comunidad mesiánica, lo que nos lleva a “Ámense los unos a los otros con amor fraternal”. “Ámense” ocurre solo aquí en el Nuevo Testamento, pero era bastante común en el mundo grecorromano para los tiernos afectos de la vida familiar. El término griego (philostorgoi) proviene de stergō, que describe el profundo afecto entre los miembros de una familia, y tanto él como el segundo término, “amor fraternal”, comparten el prefijo philo, que indica amor familiar y fraternal. Pablo está poniendo en primer plano las relaciones familiares que sirven para profundizar el amor en el núcleo de la comunidad. El aspecto familiar del amor en la comunidad es la base de todo lo demás.

    Hay dos traducciones viables de la frase que Pablo usa al final del versículo 10: (1) la NVI dice, “respetándose y honrándose mutuamente” mostrando preferencia por nuestros hermanos creyentes; o (2) quizás sería, “Supérense unos a otros para mostrar honor”. Esto significaría que debemos esforzarnos con todas nuestras fuerzas para mostrar respeto mutuo. La dificultad es que este verbo no aparece en ningún otro lugar del Nuevo Testamento. Su significado básico es “ir antes de algo y mostrar el camino”. La idea de preferir a otros no está bien atestiguada, por lo que la segunda es la mejor comprensión.

       (1ª de Juan 4:21) Amor: amarse unos a otros demuestra que amamos a Dios. ¿Cómo sabemos que amamos a Dios? Hay tres formas.

    ▬ 1. Sabemos que amamos a Dios porque conocemos el amor de Dios por nosotros (v. 19). Él nos ama y hemos visto su amor; por lo tanto, lo amamos.

    ▬ 2. Sabemos que amamos a Dios porque no odiamos a nuestro hermano. Si amamos a Dios, es imposible tener sentimientos en contra de nuestro hermano. ¿Por qué? Porque Dios es amor. Si tenemos la naturaleza de amor dentro de nosotros, entonces amamos a nuestros hermanos. Advierta con cuánta firmeza este versículo expresa este hecho.

       “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (v. 20).

       No podemos ver a Dios, pero podemos ver a nuestros hermanos. Es mucho más sencillo amar a alguien de este mundo -que podemos ver* que amar a alguien que no podemos ver. Por lo tanto, si decimos que amamos a Dios y odiamos a los que vemos, estamos mintiendo.

    ▬ 3. Sabemos que amamos a Dios porque cumplimos con su mandamiento. ¿Cuál es su mandamiento? Si amamos a Dios, debemos amar también a nuestros hermanos.

       “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Jn. 13:34-35).

       “Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas” (Jn. 21:16).

       “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él” (1 Jn. 3:14-15).

        “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” (1 Jn. 3:16-17).

       “Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado” (1 Jn. 3:23).

    2° Título: El corazón de un redimido habla bien de sus hermanos. Versículo 19. ¡Ha perecido la gloria de Israel sobre tus alturas! ¡Cómo han caído los valientes!  (Léase: Efesios 4:32. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.).

       (Efesios 4:32) Creyente, camino: El creyente debe colocarse la vestidura de un hombre nuevo. Francamente, este versículo habla por sí mismo con más energía que cualquier comentario que pudiera hacerse.

    ▬ 1. La palabra “benigno” significa gentil, cuidadoso, dispuesto a ayudar, cortés, bueno, útil, dador y derramar favores sobre la gente. Es lo opuesto a ser negligente, duro, agudo, resentido y rencoroso. Los creyentes son hermanos en el Señor.

       “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Ro. 12:10).

       “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” (Col. 3:12).

    ▬ 2. La palabra “misericordiosos” significa mostrar compasión, misericordia, comprensión, amor, ternura y calidez. Significa estar consciente de los dolores y sufrimientos, de los problemas y dificultades, de las emociones y el estado mental, físico y espiritual de una persona.

       “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt. 5:7).

       “Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros” (1 Ts. 3:12).

       “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 P. 1:22).

    ▬ 3. La palabra “perdonándoos” significa ser gracioso con una persona, perdonarlo por algo que hizo mal. Advierta que la persona ha hecho algo malo, nos ha dañado y nos ha ocasionado dolor. Pero el mandamiento sigue siendo perdonarlo.

    ▬ 4. El motivo por el cual debemos perdonarnos los unos a los otros es porque Dios nos ha perdonado. No importa cuánto una persona ha hecho en nuestra contra, no se acerca a lo que hemos hecho en contra de Dios. Sin embargo, Dios nos ha perdonado. ¿Por qué? Por Cristo. Jesucristo murió por nosotros, murió para que nuestros pecados fueran perdonados. Por lo tanto, Dios nos perdona. No importa lo que hayamos hecho, Dios nos perdona cuando queremos perdón. Él nos perdona a pesar de haberlo rechazado, maldecido, ignorado, rechazado y rebelado en su contra.

        El punto es este: Debido a lo que Cristo ha hecho por nosotros, debemos perdonar a los demás sin importar lo que hayan hecho.

       “En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños” (Mt. 11:25).

       “Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso” (Lc. 6:35-36).

    3er Título: Actuando con amor y prudencia para no dañar a sus hermanos. Versículos 20 al 22. No lo anunciéis en Gat, Ni deis las nuevas en las plazas de Ascalón; Para que no se alegren las hijas de los filisteos, Para que no salten de gozo las hijas de los incircuncisos. Montes de Gilboa, Ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros, ni seáis tierras de ofrendas; Porque allí fue desechado el escudo de los valientes, El escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite. Sin sangre de los muertos, sin grosura de los valientes, El arco de Jonatán no volvía atrás, Ni la espada de Saúl volvió vacía.  (Léase: Proverbios 13:15 al 17. El buen entendimiento da gracia; Mas el camino de los transgresores es duro.  ▬ Los Hechos 7:58 al 60. Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.).

       [1]. (7.57-58) Esteban, persecución: se puso de manifiesto la insensatez de matar al creyente. Esto se puede apreciar en dos cosas.

    ▬ 1. El rechazo insensato. Los perseguidores estaban en realidad oponiéndose a una persona que solo quería.

    • ayudar y ministrarle al pueblo.
    • ofrecer la esperanza de la vida eterna.

       El único propósito del creyente es ministrar y satisfacer las condiciones desesperadas de los hombres:

    => perdido => soledad => enfermedad => falta de educación => pobreza => depresión => enajenación => hambre => falta de vida

       No importa cuán mala la situación, al creyente se le llama a ministrar. No está en el mundo para destruir, sino para edificar. Es una insensatez absoluta oponerse y matar a una persona como esa. Para que los hombres se opongan a un verdadero creyente, su comportamiento tiene que alcanzar el colmo de la insensatez. Note lo que esto involucró…

    • grandes voces: para ahogar la verdad.
    • taparon sus oídos: para no escuchar la verdad.
    • arremetieron unánimes contra él: para atacar y tomar represalia.
    • lo echaron fuera de la ciudad y le apedrearon: para librarse del mensaje acusador y poder vivir como mejor les parece en vez de vivir para Dios.

    ▬ 2. El liderazgo insensato. La persona que se levanta como líder en una persecución se rebela contra Dios. Los que siguen a dicho líder están siguiendo a una persona que está en realidad actuando contra el Señor, no contra un creyente (cp. Hch. 9:4-5). El hombre que dirigió la muerte de Esteban fue Saulo de Tarso. Él estaba dando coses contra el aguijón, el sentimiento de culpabilidad de la conciencia (cp. Hch. 9:5).

      Es peligroso seguir a un hombre que se ha rebelado contra Dios. La senda de la rebelión lleva a la destrucción. El hombre que se ha rebelado perecerá. Sin excepción.

       “¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?” (Mt. 23:33).

       “estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican” (Ro. 1:29-32).

        “Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Ro. 2:5).

        “idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgias, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gá. 5:20-21).

       “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Ap. 21:8).

       “No endurezcáis, pues, ahora vuestra cerviz como vuestros padres; someteos a Jehová, y venid a su santuario, el cual él ha santificado para siempre; y servid a Jehová vuestro Dios, y el ardor de su ira se apartará de vosotros” (2 Cr. 30:8).

       “El hombre que reprendido endurece la cerviz, De repente será quebrantado, y no habrá para él medicina” (Pr. 29:1).

       “Si no oyereis, y si no decidís de corazón dar gloria a mi nombre, ha dicho Jehová de los ejércitos, enviaré maldición sobre vosotros, y maldeciré vuestras bendiciones; y aun las he maldecido, porque no os habéis decidido de corazón” (Mal. 2:2).

       ESTUDIO A FONDO 1

       (7:58) Saulo, Pablo: Esta Es la primera vez que se menciona a de Saulo de Tarso en las Escrituras. Note: se dice que era joven. ¿Qué edad tenía Saulo en ese momento? La Escritura no dice.

       [2]. (7:59) Esperanza, cielo: la suprema confianza del creyente. Note estos cuatro aspectos.

    ▬ 1. Esteban experimentó el dolor y el sufrimiento de la prueba. Nos percatamos de esto porque pidió la ayuda del Señor. A los creyentes no se les libra o alivia de los sufrimientos de las pruebas, sino que se les da gracia y fortaleza para soportar las pruebas e incluso el martirio.

    ▬ 2. Esteban clamó al Señor. El mismo Señor Jesús estaba de pie, listo para recibirle. Jesús desea que todos los creyentes estén donde Él está (Jn. 14:2-3; 17:24). Esta es precisamente la razón por la que Jesús…

    • se humilló a sí mismo viniendo a la tierra,
    • sacrificó su vida,
    • ora y anhela que los creyentes se reúnan con El en el cielo.

    ▬ 3. Esteban le pidió a Jesús que recibiera su espíritu. Esteban seguía confiando en la gracia de Dios, en la justicia de Jesús, para su salvación. Él no confiaba en sus propias obras o bondad. Él continuaba dependiendo de Jesús y del maravilloso amor de Dios. Ahora bien, fíjese en las palabras claves: seguía confiando, continuaba dependiendo. Esteban había confiado y vivido para Cristo durante toda su vida, así que podía contar con confiar y vivir para Cristo en la eternidad.

    ▬ 4. Esteban iba a estar junto con Jesús. Él le pidió a Jesús que recibiera su espíritu, que le aceptara donde Él estaba. Recuerde dónde está Jesús (v. 55): en el cielo a la diestra de Dios. Esteban y todos los demás creyentes van a estar con Jesús donde Él está, en el cielo mismo.

       “Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23:43).

       “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Jn. 14:2-3).

       “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Jn. 17:24).

       “pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor” (2ª Co. 5:8).

       “Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor” (Fil. 1:23).

       “Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Ts. 4:17).

       [3]. (7:60) Perdón: el espíritu amoroso y perdonador del creyente. Note que lo último que Esteban hizo fue caer de rodillas en oración y pedir por sus perseguidores y asesinos. El tenía el espíritu mismo de Cristo, quien había orado la misma oración (Lc. 23:34). La frase: “No les tomes en cuenta este pecado” nos dice tres cosas.

    => Esteban estaba lleno de compasión por sus perseguidores. Él quería que fueran salvos.

    => Los hombres serán culpados por su pecado.

    => Para que los hombres sean aceptados delante de Dios, tiene que ser eliminada la culpa de su pecado.

       Pensamiento 1: Recuerde: Esteban y otros creyentes nunca hubieran pagado el precio exigido si los hombres pecadores fueran a ser aceptados por Dios de cualquier forma Otra cosa: si Dios fuera a aceptar a los hombres tal y como están en su estado pecaminoso, nunca hubiera permitido que su Hijo muriera en manos de los hombres.

       [4] (7:60) Muerte: la tranquila partida del creyente. La Escritura simplemente dice que: “durmió”, Para el creyente no existe la muerte. Esteban simplemente pasó de esta vida al otro mundo, una experiencia que equivale a quedarse dormido. A menudo se emplea el sueño para describir la muerte del creyente (véase Estudio a fondo 1, Jn. 11:13).

       “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida” (Jn. 5:24).

       “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. 26. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Jn. 11:25-26).

       “Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado” (Lc. 16:22). “Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres” (Ro. 14:18).

       “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil. 1:21).

       “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley” (1 Co. 15:53-56).

       “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos” (2 Co. 5:1).

       Pensamiento 1: Los creyentes deben perdonar a los hombres sin importar cuál fue su ofensa.

       “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt. 5:7).

       “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mt. 5:44).

       “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres” (Ro. 12:17).

       “no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición” (1 P. 3:9).

       “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Mi. 6:8).

    Lunes 20 de abril de 2026

    Amén, para la honra y gloria de Dios.