Estudio Biblico Tiquico

Estudio Biblico Tiquico

Roberto Saldias Roa
  • DOMINGO 26 DE ABRIL DE 2026. “EL TOQUE DE TROMPETAS EN LA SANTA CONVOCACIÓN: SÍMBOLO DEL PRONTO RETORNO DE CRISTO”.

    Lección: Números 29:1 al 6. 1. En el séptimo mes, el primero del mes, tendréis santa convocación; ninguna obra de siervos haréis; os será día de sonar las trompetas. 2. Y ofreceréis holocausto en olor grato a Jehová, un becerro de la vacada, un carnero, siete corderos de un año sin defecto; 3. y la ofrenda de ellos, de flor de harina amasada con aceite, tres décimas de efa con cada becerro, dos décimas con cada carnero, 4. y con cada uno de los siete corderos, una décima; 5. y un macho cabrío por expiación, para reconciliaros, 6. además del holocausto del mes y su ofrenda, y el holocausto continuo y su ofrenda, y sus libaciones conforme a su ley, como ofrenda encendida a Jehová en olor grato.

    Ref. bíblicas: Apocalipsis 11:15. «El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.»

    Joel 2:1. «Tocad trompeta en Sion, y dad alarma en mi santo monte; tiemblen todos los moradores de la tierra, porque viene el día de Jehová, porque está cercano.»

     Mateo 24:31. «Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.»

    INTRODUCCIÓN AL CAPÍTULO 29

       En este capítulo continuaremos mencionando las fiestas que debían ser observadas en la tierra. Cada una de ellas ofrecía la oportunidad de reflexionar sobre la generosidad de Dios al alimentar, guiar y proteger a su pueblo.

       La fiesta de las trompetas (versículos 1 al 6):

       Esta celebración tenía lugar el primer día del séptimo mes (es decir, durante la luna nueva). Se conmemoraba con el toque de las trompetas para anunciar el inicio de un nuevo año. Aunque el año religioso comenzaba en primavera con el mes de Nisán, el año agrícola comenzaba en otoño, con este mes. La ordenanza establecía que debía ser un día de santa convocación, en el cual no se realizaría ningún tipo de trabajo laborioso. El toque de trompeta simbolizaba la trompeta final que sonará en el retorno de nuestro Señor Iesucristo por su Iglesia (1ª a los Corintios 15:52. en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados).

        El día de expiación (versículos 7 al 11):

       Se celebraba el día diez del séptimo mes, como un día de santa convocación. El pueblo debía ayunar y arrepentirse de los pecados cometidos. Se ofrecía en holocausto un novillo, un carnero y siete corderos, además de un macho cabrío por el pecado.

       Otro macho cabrío era presentado específicamente como sacrificio de expiación. El acto central de esta solemnidad era la entrada del sumo sacerdote al lugar santísimo, lo cual requería un completo ritual de purificación. Este ritual simboliza la obra expiatoria de Cristo, nuestro gran sumo sacerdote, quien no necesitó ofrecer sacrificio por sí mismo, sino que derramó su sangre por nuestros pecados.

       La fiesta de los tabernáculos (versículos 12 al 34):

       Se celebraba el día quince del séptimo mes y duraba siete días. Esta festividad marcaba el fin de la parte principal del año agrícola, y por ello era un tiempo de gozo y gratitud por la bendición de Jehová sobre el fruto de la tierra. También se conocía como la “fiesta de las cabañas’§ ya que el pueblo debía habitar durante siete días en enramadas, para recordar el cuidado de Jehová durante los años en el desierto. Todo esto fue establecido por Jehová como estatuto perpetuo para todas las generaciones (Levítico 23:40 al 43). El octavo día se celebraba un día de reposo especial (versículos 35 al 39).

       Además de las familias, participaban en esta fiesta los siervos, viudas, huérfanos, levitas y extranjeros (Deuteronomio 16:13 al 15). El primer día, se construían enramadas con ramas verdes de árboles. Cada participante debía recoger ramas de arrayán, sauce y palmera en los alrededores de Jerusalén para levantar su enramada (Nehemías 8:13 al 18). –

       Comentario 2. Números 29:1-6 En el séptimo mes (Tishri) correspondía la celebración de la séptima luna nueva del año, y era tenida por una santa convocación al son de trompetas, por lo cual se conoció como la fiesta de las Trompetas. En ese día debía ofrecerse en holocausto un becerro, un carnero y siete corderos de un año, con las respectivas oblaciones y libaciones, más un macho cabrío por el pecado. Todo esto además de las ofrendas diarias y las de una luna nueva normal (29:6).

       En consecuencia, los sacrificios presentados en la séptima luna nueva eran: (1) Para el sacrificio diario un cordero de un año por la mañana y otro por la tarde, con sus oblaciones y libaciones. (2) Por la mañana, después del sacrificio diario, los sacrificios ordenados para toda luna nueva, es decir, dos becerros, un carnero y siete corderos de un año, con sus oblaciones y libaciones. (3) La ofrenda por el pecado del macho cabrío, más la ofrenda especial del séptimo mes, es decir, un becerro, un carnero y siete corderos de un ano con sus oblaciones y libaciones.

        El total se resume en la siguiente tabla: • Cordero 16 •Carneros 2 •Becerros 3 •Machos Cabríos 1.

       RESEÑA DE LA FIESTA DE LAS TROMPETAS (Lv. 23:23-25)

       RESUMEN

       En el mes séptimo (Tishri -desde mediados de septiembre hasta mediados de octubre en nuestro calendario) comenzaba un nuevo año en el calendario de Israel. Era otoño en el hemisferio norte y las cosechas de cereales habían llegado a su fin. Se recogían las uvas y las olivas, y los israelitas comenzaban a prepararse para la época de lluvias, que duraban desde octubre hasta marzo. Por eso, los pueblos paganos realizaban en esta época del año diversos ritos mágicos orientados a asegurar la fertilidad de los cultivos para la siguiente temporada. En cambio, en Israel era una época separada para buscar renovación espiritual en medio de festividades de acción de gracias y con un profundo significado simbólico. El tema central en la fiesta de Trompetas es el llamado de Dios a Su pueblo para dedicarse a servirle a Él. La gente tenía más tiempo porque el trabajo agrícola era mínimo, de modo que podían dedicarse a su vida espiritual con más calma, con lo cual las fiestas de otoño tenían un tono más solemne que las de primavera.

       DETALLES DEL TEXTO

    1. I) Las trompetas llamaban a una santa convocación (23:24)

       El primer día de Tishri el pueblo debía entrar en un tiempo de reposo solemne (shabbaton), vale decir, una santa convocación. Debian reunirse en torno al Santuario al son de trompetas. Como ese mismo mes se celebraban también el Dia de Expiación (el 10 de Tishri) y Tabernáculos (del 15 al 23 de Tishri), la gente permanecía junta para celebrar las tres festividades.

       El texto no dice con claridad qué instrumento es el que se tocaba, pero en Números 10:1-10 se habla de trompetas de plata, y esas eran definitivamente las trompetas usadas para llamar a las santas convocaciones. En la época del Templo los músicos disponían de diversos instrumentos de viento (Sal. 15O:3), pero las trompetas de plata tenían un uso particular.

       En el AT las trompetas representaban la voz de Dios llamando a Su pueblo (Nm. 10). El pasaje de Éxodo 19:19 es la primera referencia bíblica donde se mencionan trompetas y producían el sonido que acompañaba a la manifestación de Dios en Sinaí, aunque allí se trata de cuernos de carnero usados como instrumentos de viento (shofar). De manera que, en la tradición de Israel, al oír este sonido sabían que era Dios reuniéndolos para un propósito sagrado.

       En esta fiesta las trompetas de plata sonaban desde la mañana hasta el atardecer llamando al pueblo a congregarse y prepararse para la gran fiesta del Dia de Expiación que quitaba su pecado y permitía el cumplimiento de las promesas del pacto.

       Este sonar de trompetas es llamado zikron (“memorial”). Recordaba a la gente la bondad de Yahweh a través del año y el cumplimiento de Sus promesas producto de la obediencia. Por tanto, se congregaban en esta asamblea sagrada para renovar sus votos de compromiso con la alianza.

    1. II) Las trompetas daban inicio a un tiempo de renovación espiritual (23:25)

       El llamado de Dios a congregarse era, al mismo tiempo, un llamado a dejar las labores cotidianas para dedicarse al servicio espiritual. Por eso era considerado un shabbaton, un tiempo de completo reposo. Cuatro convocaciones son registradas en este mes séptimo (23:25,28,35,36).

       Levítico no habla de los sacrificios que se realizaban en esta primera fiesta de Trompetas, lo cual solo podemos deducirlo a partir de la información entregada por el libro de Números (cf. Nm. 10:1-10; 28:1-5). Levítico simplemente enfatiza el llamado divino a congregarse.

       PARA LA IGLESIA

       En este pasaje el énfasis está en el llamado de Dios a Su pueblo para venir a Él y recibir perdón y las bendiciones prometidas. Por tanto, la gente se reunía con la expectación de lo que vendría. Eso nos lleva al significado profético y tipológico de esta antigua celebración. El aspecto profético es que en Apocalipsis el destino del mundo es sellado mediante siete sellos, los cuales, al ser abiertos, incluyen el sonar de siete trompetas (Ap. 8-11). De igual modo, el tema del sonar de trompetas fue asociado por los profetas y apóstoles con el tiempo en que el Mesías venga a juzgar al mundo y a establecer Su Reino (1 Ts. 4:16; 1 Co. 15:51-52). Como la fiesta de Trompetas se celebraba al final del calendario agrícola, es natural que, desde la perspectiva profética, la imagen de la cosecha fuese asociada con la del juicio final. En resumen, un día sonará la trompeta de Dios llamando a Su pueblo a venir a Él, dando inicio a la etapa final del programa divino de redención.

    TEXTO: «Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero». (1ª a los Tesalonicenses 4:16).

    Comentario del texto: (4: 16-18) Jesucristo, regreso ▬ Resurrección de los creyentes: En estos versículos se detallan claramente los acontecimientos del regreso del Señor y de la resurrección.

    ▬ 1. En primer lugar, el Señor mismo descenderá del cielo. El primer acontecimiento será la aparición del Señor Dios mismo. La suprema Majestad del universo, el Señor Jesucristo, rasgará los cielos y aparecerá milagrosamente en toda la espectacular gloria, pompa y poder del cielo mismo. Cuando aparezca, ocurrirán tres acontecimientos espectaculares.

    » a. El Señor Dios mismo aparecerá “con voz de mando” (en keleusmati). La palabra significa una orden militar. El General en jefe del universo gritará más alto de lo que ninguna voz lo ha hecho jamás: gritará tal y como lo hizo cuando estaba sobre la tierra: “¡Creyente, ven fuera!” (Jn. 11:43).

    » b. La voz del arcángel gritará. ¿Qué gritará? Su grito probablemente será para que todos los ejércitos de los ángeles celestiales se unan en alabanza al glorioso suceso. Cristo enseñó que los ángeles celestiales estarán con Él cuando regrese a la tierra (Mt.24:31; 25:31; 2 Ts. 1:7).

    » c. Sonará la trompeta de Dios. La trompeta siempre ha tenido el propósito de llamar la atención y advertir. A todo el universo -los cielos y la tierra, creyentes, no creyentes y ángeles- se le llamará la atención y a todos los incrédulos se les advertirá. EL Señor Dios mismo está apareciendo y los sucesos del tiempo del fin se están lanzando sobre la tierra.

    ▬ 2. En segundo lugar, los muertos en Cristo resucitarán primero. ¿Por qué los creyentes muertos serán los primeros en ser reunidos con el Señor? Por el gran amor y cuidado del Señor. La primera expresión de amor y cuidado se les mostrará a aquellos queridos santos que han pasado por la sombra de muerte. La naturaleza de Cristo es mostrar ternura y amor hacia aquellos que más sufren, por eso aquellos que han sufrido el horrible destino de la muerte serán los primeros en encontrarse con el Señor en el aire. Ahora bien, nótense varios hechos.

    » a. Solo resucitarán los creyentes que han partido; ningún no creyente resucitará, no en este momento. Solo los “muertos en Cristo” -los que han muerto creyendo en Jesucristo- resucitarán cuando el Señor rasgue los cielos.

    » b. Serán los cuerpos de los creyentes que han partido los que resucitarán. Los creyentes propiamente dichos, es decir, sus espíritus, ya están con el Señor. Sus cuerpos se levantarán y serán transformados para vivir para siempre con Dios. El grito del Señor de “¡ven fuera!” hará que se junten los átomos del cuerpo de la persona sin importar dónde estén las diferentes partes del cuerpo. Los átomos del cuerpo de la persona serán transformados para formar un cuerpo eternal y perfecto.

    » c. Los cuerpos de los creyentes que han partido resucitarán primero; antes de que nosotros los que vivamos seamos levantados.

    ▬ 3. En tercer lugar, los que vivamos seremos arrebatados luego de la resurrección de los muertos. Ocurrirá una gloriosa transformación de nuestros cuerpos tal y como sucedió con aquellos cuyos cuerpos se habían corrompido en la tierra. El cambio se producirá como lo dicen las Escrituras: se infundirá una naturaleza totalmente nueva.

    “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” (1 Co. 15:53).

    » a. La naturaleza del cuerpo actual del creyente es corruptible y mortal; la naturaleza de su nuevo cuerpo será incorruptible e inmortal.

    => La naturaleza “corruptible” y “mortal” quiere decir que los hombres son terrenales; que envejecen, se deterioran, mueren y se descomponen. Toda persona, no importa quien sea, es terrenal y volverá al polvo a menos que Jesús regrese mientras la persona aún vive en la tierra.

    => La naturaleza “incorruptible” e “inmortal” quiere decir que los creyentes serán hechos celestiales, que serán transformados y se les dará una naturaleza perfecta que nunca envejecerá, se deteriorará, morirá ni se descompondrá. Serán completamente libres de la deshonra y la depravación. Se les dará un cuerpo perfecto, un cuerpo diametralmente opuesto al cuerpo actual, un cuerpo perfeccionado para siempre para vivir con Dios en los cielos nuevos y la nueva tierra. (Vea Jn. 21:1; 1ª Co. 15:42-44).

    » b. Note las palabras “es necesario” en 1ª Corintios 15:53. Esto nos muestra la absoluta necesidad de un cambio en el cuerpo del hombre. Para que el hombre pueda vivir con Dios su cuerpo tiene que sufrir una transformación. Es esencial, obligatorio, una necesidad absoluta para que el hombre pueda vivir para siempre.

       “Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección” (Lc. 20:36).

       “De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte” (Jn. 8:51).

       “Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” (Jn. 11:26).

       “vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad” (Ro. 2:7).

       “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” (1 Co. 15:53).

       “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos” (2 Co. 5:1).

       “Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Ts. 4:17).

       “pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Ti. 1:10).

    ▬ 4. En cuarto lugar, tendrá lugar la gran reunión de los vivos y los muertos. Note la enfática declaración: “seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor”. Nos reuniremos nuevamente con nuestros seres queridos, y lo que es más maravilloso, todos los creyentes -a quienes amamos y aquellos a los que nunca conocimos- nos reuniremos con nuestro maravilloso Señor. Estaremos todos juntos regocijándonos en la presencia de aquel que nos salvó y transformó en seres perfectos y eternos. ¡Será un dia de reunión y regocijo!

    ▬ 5. Comienza la experiencia de vivir cara a cara con el Señor. Seremos arrebatados y “así estaremos siempre con el Señor”. Aunque la reunión de todos los creyentes será algo maravilloso, más maravilloso será ver a nuestro Señor cara a cara por primera vez. ¿Cuáles serán nuestros primeros pensamientos? ¿Cuál será nuestra primera reacción? Todo ocurrirá en un pestañar. De repente…

    • estaremos en medio del aire y seremos transformados en hombres y mujeres perfectos.
    • estaremos en las nubes en medio de millones y millones.
    • seremos transformados en medio de la espectacular gloria y majestad, dominio y poder del Señor Dios.

       ¿Hay alguna duda de cuáles serán nuestros primeros pensamientos y reacción? La gran reunión con la familia y los creyentes ocupará nuestros pensamientos.

    ▬ 6. La exhortación del momento: Alentaos los unos a los otros con estas palabras. Dios no revela los acontecimientos del final de los tiempos para satisfacer la curiosidad. Nos habla de estos gloriosos eventos para que podamos prepararnos y confortarnos unos a otros. No hay necesidad de desalentarse en esta tierra, no hay por qué sufrir y afligirse, no hay por qué desesperanzarse ni estar en ignorancia. El propio Señor nos ha dado la más maravillosa esperanza -la esperanza de vivir cara a cara con él para siempre- de adorarle y servirle par siempre en un cielo y tierra nuevos.

       “Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección” (Lc. 20:36).

       “De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte” (Jn. 8:51).

       “Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Jn 11.:26).

       “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos” (2 Co. 5:1).

       “pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Ti. 1:10).

       “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Ap. 21:4).

    1er TÍTULO: La Iglesia debe estar preparada para escuchar el sonido de la final trompeta. Versículo 1. En el séptimo mes, el primero del mes, tendréis santa convocación; ninguna obra de siervos haréis; os será día de sonar las trompetas. (Léase: San Mateo 25:13. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir. ▬ 1ª a los Tesalonicenses 5:4. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón.).

    Comentario de San Mateo 25:13. Velad-Jesucristo, retorno: la enseñanza es que tenemos que velar y esperar el retorno del Señor en cualquier momento.

    ▬ 1. La exhortación es fuerte: «Velad, pues». El creyente se debe preparar y participar en la travesía hacia la gran fiesta de bodas. Tiene que andar con el Señor, el esposo. (Véase nota, Velar-Mt. 24:42.)

    ▬ 2. El motivo para velar es fuerte: «No sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir». Una preparación ininterrumpida es esencial, porque el esposo puede venir en cualquier momento.

       «Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir» (Mt. 25:13).

       «Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles» (Lc. 12:37).

       «Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios» (1 Ts. 5:5-6).

       «He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona» (Ap. 3:11).

       «He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza» (Ap. 16:15).

    Comentario de (1ª a los Tesalonicenses 5:4-5) Creyentes, naturaleza ▬ Jesucristo, regreso ▬ Día del Señor: El creyente no está en tinieblas, por tanto, “aquel día” no debe tomarlo por sorpresa. Aquel día hace referencia al día del Señor: aquel día grande y terrible de la ira de Dios, el horrible juicio de Dios que vendrá sobre la tierra y los incrédulos. Fíjese en la palabra “sorprenda” (katalambano). Significa venir o tomar por sorpresa. El día del Señor no debe tomar al creyente por sorpresa, no debe venir sobre él como un ladrón, inesperadamente. Hay tres poderosas razones de por qué el día del Señor no debe sorprender al creyente desprevenido.

    1. El creyente no está en tinieblas.

    » a. El creyente no está en las tinieblas de la ignorancia. Él sabe que viene el terrible día del juicio de Dios. Ha estudiado y se le ha enseñado la Palabra de Dios. Los predicadores y los maestros han sido fieles en advertir al mundo: el día del Señor viene sobre el mundo. Todos darán cuenta de su rebelión contra Dios y de su amontonamiento egoísta contra el desesperado del mundo. Ningún verdadero creyente ignora la verdad; ningún verdadero creyente habita en las tinieblas de la ignorancia. Si es un verdadero creyente, sabe que el juicio de Dios vendrá sobre los hombres; sabe que el día del Señor viene. Es por eso que debe anticiparlo. No debe ser sorprendido cuando llegue.

    » b. El creyente no está en las tinieblas del pecado. No deambula por el mundo viviendo en pecado. Su mente y sus pensamientos no están consumidos con las cosas de este mundo. El brillo y el poder de las posesiones no lo ciegan, como ni tampoco las pasiones y placeres de la carne. El creyente no anda todo el día con sus pensamientos aferrados a esta tierra pensando en Dios rara vez, si es que lo hace. No está en las tinieblas del pecado, sintiendo que Dios está en algún lugar del espacio exterior sin importarle lo que sucede sobre la tierra. El creyente no está separado de Dios e ignorante de sus caminos. Su vida está centrada en Dios y sus pensamientos están siempre puestos en Dios. Él conoce a Dios íntima y personalmente, por consiguiente, sabe que Dios es santo y justo al igual que amoroso. Sabe que Dios tiene que juzgar a los incrédulos del mundo.

    2. El creyente es un hijo de luz. Esto sencillamente significa que el creyente es hijo de Dios, puesto que Dios es luz (1 Jn. 1:5). El creyente tiene la misma naturaleza de Dios, que es luz. Él conoce a Dios, por tanto, no va a estar desapercibido ni lo tomará por sorpresa cuando el Señor venga y juzgue al mundo.

    ▬ 3. El creyente es un hijo del día. Esta es una verdad maravillosa. Quiere decir que el creyente escapará al juicio de Dios. Él es un hijo a quien Dios ha aceptado, por tanto, será aceptado en aquel día del regreso del Señor. No tendrá que enfrentar el terrible día del Señor y sufrir el juicio de la ira de Dios. Es un hijo del día, hijo de la gloriosa salvación y liberación de Dios, es por eso que el creyente debe esperan el regreso del Señor y el día de la ira del Señor. No debe andar en tinieblas poniendo su mente y pensamientos en este mundo. Debe vivir orando y pensando en las cosas de Dios y en la absoluta necesidad de alcanzar a las personas para Cristo, pues el grande y terrible día del Señor viene, está justo en el horizonte, muy cerca.

       “vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” (Mt. 5:14).

       “Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz” (Jn. 12:36).

       “Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra” (Hch. 13:47).

       “Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz” (Ef. 5:8).

       “para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Fil. 2:15).

       “Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas” (1 Ts. 5:5).

       “Así perezcan todos tus enemigos, oh Jehová; más los que te aman, sean como el sol cuando sale en su fuerza. Y la tierra reposo cuarenta años” (Jue. 5:31).

    2° Titulo: Necesaria expiación para reconciliar, y así esperar el retorno de Cristo. Versículos 2 al 5. Y ofreceréis holocausto en olor grato a Jehová, un becerro de la vacada, un carnero, siete corderos de un año sin defecto; y la ofrenda de ellos, de flor de harina amasada con aceite, tres décimas de efa con cada becerro, dos décimas con cada carnero, y con cada uno de los siete corderos, una décima; y un macho cabrío por expiación, para reconciliaros (Léase: San Mateo 24:44. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ▬ 2ª a los Corintios 5:17 al 19. De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.).

    Comentario de San Mateo 24:44. (24:43-44) Jesucristo, retorno: la primera parábola que contó Cristo es referida al propietario de una casa. Representa a la persona que profesa ser creyente. Cristo dijo cuatro cosas.

    1. El propietario tenía que cuidar la casa. Había sido bendecido porque poseía una casa, y la casa estaba llena de cosas. Las cosas que poseía eran suficientemente valiosas para atraer al ladrón.

    2. El propietario vivía sin preocuparse.

    » a. El propietario sabía que el ladrón vendría, y que vendría de noche. Simplemente ignoraba en qué vigilia vendría. (Cada vigilia era dividida en tres horas, por ejemplo, 12-3 de la mañana y 3-6.)

    » b. El propietario comenzó a velar. Trató de proteger su casa; había trabado las puertas y cerrado las ventanas. Estaba levantado atendiendo a cada ruido, dispuesto a tratar de proteger su casa. El propietario falló en su intento de proteger la casa, falló en lo menos esperado. Sencillamente no veló lo suficiente. A medida que pasaban las horas cayó más y más presa del sueño; finalmente se durmió. El propietario simplemente falló

    • en permanecer más tiempo despierto.
    • en mantener más tiempo su mente alerta.
    • en atender por más tiempo los ruidos (señales).
    • en mantenerse más tiempo activo.
    • en vigilar durante más tiempo.

    3. El propietario sufrió un desastre. El ladrón vino mientras dormía. El propietario dejó de velar y entonces entró el ladrón a casa y tomó las cosas que el propietario más apreciaba.

    ▬ 4. El punto que Cristo señala es claro: la preparación es esencial. Con preparación Cristo significaba diligencia. Debemos vivir diligentemente una vida de justicia esperando su retomo.

       «Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir. Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia» (2 P. 3:11, 13).

      Cristo mencionó dos motivos por los que debemos estar preparados: (a) Él realmente viene, y (b) viene a una hora en que el negligente no lo espera (vv. 44, 50).

       «Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa» (Lc. 12:39).

      «En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Jn. 14:2-3).

       «Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá, así como ladrón en la noche…. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón» (1 Ts. 5:2, 4).

       «Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas» (2 P. 3:10).

      «Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre

    ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti» (Ap. 3:3).

       «Y oí al ángel de las aguas que decía Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas» (Ap. 16:5).

    Pensamiento 1. El retorno de Cristo es inminente. Ese es el punto. ¡Debemos permanecer alerta y esperar con diligencia su retorno hoy!

    Pensamiento 2. La casa del propietario puede representar la vida de la persona. Cada persona es responsable de cuidar de su vida. Cristo dice que cuidamos nuestra casa (vida) «velando» y estando preparados para su retomo, puesto que él puede retomar en cualquier momento.

    Comentario de 2ª a los Corintios 5:17 al 19. (5: 17) Nueva criatura ▬ Nuevo hombre ▬ Regeneración: El mensaje es de regeneración, la creación de una “nueva criatura”.

    ▬ 1. ¿Qué significa para el hombre convertirse en una “nueva criatura”? De un modo sencillo, significa exactamente lo que dicen las Escrituras: él realmente se convierte en una nueva criatura, todo su ser, naturaleza, vida y conducta cambian:

    => Como hombre estaba muerto para Dios, como una nueva criatura está vivo para Dios.

    => Como hombre no tenía relación con Dios, como una nueva criatura se le da una relación con Dios.

    => Como hombre no estaba seguro acerca de Dios, como una nueva criatura está absolutamente seguro acerca de Dios.

    => Como hombre nunca tuvo fraternidad ni comunión con Dios, como una nueva criatura tiene fraternidad y comunión con Dios todo el tiempo.

    => Como hombre estaba viviendo en pecado e inmortalidad, como una nueva criatura vive en justificación y santidad.

    => Como hombre tuvo que enfrentarse a la muerte, como una nueva criatura nunca tiene que morir.

    => Como hombre estaba condenado al juicio y la separación eterna de Dios, como una nueva criatura está destinado a vivir eternamente en la presencia de Dios.

    ▬ 2. ¿Cómo una persona se convierte en una nueva criatura? Note las palabras de este pasaje: “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es”. Es estar “en Cristo” lo que hace a una persona una nueva criatura. Cuando una persona cree verdaderamente en Cristo, Dios la coloca y la ubica en Cristo, en todo cuanto Cristo es. Cristo vivió, murió, y resucitó, por lo tanto, estar en Cristo significa que una persona vive, muere, y resucita en Cristo. A la persona que cree en Jesucristo se le identifica con Cristo: es decir, se le considera y se le toma por estar “en Cristo”, se le reconoce y se le acredita como si estuviera “en Cristo”.

       Explicado con mayor detalle, cuando una persona cree en Cristo, Dios coloca y ubica a esa persona “en” Cristo. La fe del creyente hace que Dios realmente identifique al creyente con Cristo:

    • Que considere al creyente como si hubiera vivido en Cristo cuando Cristo vivió en la tierra. Por consiguiente, al creyente se le considera impecable y justo porque Cristo fue impecable y justo.
    • Que considere al creyente como si hubiera muerto en Cristo. Por consiguiente, el creyente nunca tiene que morir (Jn. 3:16). La pena y la condenación de sus pecados ya están pagadas en la muerte de Cristo.
    • Que considere al creyente como si hubiera sido resucitado en Cristo. Por consiguiente, el creyente ha recibido la “nueva vida” de Cristo. De la misma manera que Cristo tuvo una nueva vida después de su resurrección, de la misma manera el creyente recibe la “nueva vida” de Cristo cuando él cree en Cristo. (Vea el índice y las notas _ Ro. 6:3-5. Vea también el Estudio a fondo 1, 2 _ Ro. 4:22; 5:1; 6:14-15.)

       Estar en Cristo quiere decir que un creyente anda y vive en Cristo día tras día. Quiere decir que él no “anda conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Ro. 8:1, 4). Quiere decir que “renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tit. 2:12). Quiere decir que él lleva el fruto del Espíritu (Gá. 5:22-23). Quiere decir que él permanece en Cristo, que él está relacionado y atado a Cristo:

    • De la misma manera que los miembros del cuerpo están relacionados y atados unos a otros (1ª Co. 12:12-27).
    • Como el pámpano está relacionado y atado a la vid (Jn. 15:4-7).

       A partir de esto, se ve claramente que una persona que está “en Cristo” es una nueva criatura. Esto es lo que se quiere decir con tales términos bíblicos “nacer de nuevo” y convertirse en un “nuevo hombre”. Sin embargo, no hay mejores palabras para describir esta experiencia que las palabras de este versículo: “las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Este es el mensaje del ministerio cristiano:

       “Un hombre puede comenzar una vida nuevamente, no importa cuánto se haya corrompido ni cuánto haya degenerado”. Dios anhela hacer de él una nueva criatura.

       “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Jn. 3:3).

       “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Co. 5:17).

       “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente” (Ef. 4:22, 23).

       “No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Col. 3:9,10).

       “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él” (1 Jn. 5:1).

        (5:18-19) Reconciliación: El mensaje es de reconciliación, un mundo de hombres puede ser traído de vuelta a Dios. Reconciliación significa cambiar completamente, cambiar de enemistad a amistad, juntar, restaurar. La idea es que dos personas que debían haber estado juntos todo el tiempo sean juntadas. Dos personas que hayan permitido que algo se interponga entre ellas sean restauradas y reunificadas.

       Lo que rompió la relación entre Dios y el hombre fue el pecado. Se dice que los hombres son enemigos de Dios (Ro. 5: 10), y la palabra “enemigos” se refiere al hecho de que los hombres se habían vuelto pecadores e impíos (Ro. 5:6, 8). Los “enemigos” de Dios son los pecadores e impíos de este mundo. Esto quiere decir sencillamente que todo hombre es enemigo de Dios, porque todo hombre es pecador e impío. Esto puede parecer duro y cruel, pero es exactamente lo que dicen las Escrituras. Esto se ve claramente si se analiza el asunto un momento.

       No se puede decir que el pecador sea amigo de Dios. Es antagónico hacia Dios, se opone a lo que Dios representa. El pecador está…

    • rebelándose contra Dios ° desobedeciendo a Dios
    • rechazando a Dios • luchando contra Dios
    • maldiciendo a Dios • negando a Dios
    • ignorando a Dios • rehusándose a vivir para Dios

       Cuando cualquiera de nosotros peca, obramos contra Dios y promovemos el mal con la palabra y el ejemplo:

    => Cuando el pecador vive para sí mismo, se conviene en un enemigo de Dios. ¿Por qué? Porque Dios no vive para sí mismo. Dios se entregó a si mismo de la manera más suprema posible: El dio a su único Hijo para que muriera por nosotros.

    => Cuando el pecador vive para el mundo y las cosas mundanas, se convierte en un enemigo de Dios. ¿Por qué? Porque escoge lo temporal y no a Dios. Él escoge aquello que pasa y no a Dios. Él lo escoge cuando Dios le ha proporcionado vida eterna por medio de la muerte de su Hijo.

       En esto consiste la reconciliación y el gran amor de Dios. Él no nos reconcilió y nos salvó cuando éramos justos y buenos. Él nos reconcilió y nos salvó cuando éramos enemigos, que lo ignorábamos y los rechazábamos. Como se ha planteado anteriormente, es porque somos pecadores y enemigos que necesitamos ser reconciliados.

    1. Hay tres personas que participan en la reconciliación:

    » a. El propio Dios es la primera persona que participa en la reconciliación. Dios es el que nos reconcilia. Note las palabras: “Todo esto proviene de Dios”. Si llegara el momento en el que una persona deseara reconciliarse con Dios, cambiar su vida y convertirse en una nueva criatura, tiene que venir donde Dios. Solo Dios tiene el poder para cambiar a un hombre; solo Dios puede darle a un hombre un nuevo nacimiento y hacer de él una nueva criatura. Ningún hombre tiene el poder para cambiarse lo suficiente como para volverse acepto ante Dios. Los hombres no se reconcilian ellos mismos con Dios. No pueden obrar lo suficiente ni pueden hacer suficiente bien como para volverse perfectamente aceptos ante Dios. La reconciliación es el acto de Dios y solo de Dios. Dios es el que salva al hombre y lo reconcilia. El hombre no se gana la reconciliación; él recibe la reconciliación de Dios.

    » b. Jesucristo es la segunda persona que participa en la reconciliación. Dios nos reconcilia con Él mismo por medio de la muerte de Jesucristo. De un modo muy sencillo, cuando un hombre cree Jesucristo murió por él:

    • Dios acepta la muerte de Jesucristo por la muerte del hombre.
    • Dios acepta los pecados soportados por Cristo como los pecados cometidos por el hombre.
    • Dios acepta la condenación soportada por Cristo como la condenación debida al hombre.

       Por consiguiente, el hombre es liberado de sus pecados y del castigo por sus pecados. Cristo soportó por el hombre tanto el pecado como el castigo. El hombre que verdaderamente cree que Dios ama tanto, lo suficiente como para dar a su Hijo Unigénito, se vuelve acepto ante Dios, reconciliado para toda la eternidad.

       “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Co. 5:21).

        “y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades” (Ef. 2:16).

       “y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Col. 1:20).

       “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (He. 2:17).

    » c. Los ministros son las terceras personas que participan en la reconciliación. Dios nos reconcilió con El mismo encargándole el ministerio de la reconciliación a los hombres. De la única manera que el mundo puede escuchar sobre el gran ministerio de la reconciliación es a través de los creyentes. Los creyentes deben proclamar el mensaje de la reconciliación o nunca se escuchará.

       “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” (Ro. 10:14).

       “y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades” (Ef. 2:16).

    2. Note cómo Dios obró o logró la reconciliación. Dios hizo tres cosas para hacer posible la reconciliación:

    » a. Primera, Dios vino a la tierra “en Cristo”, es decir, en la persona de Cristo. Como dice este versículo, “Dios estaba en Cristo”. Este planteamiento es un planteamiento fenomenal. Esto quiere decir que:

    • Cuando Jesucristo vino a la tierra, el propio Dios vino a la tierra.
    • Cuando Jesucristo soportó el pecado por el hombre, el propio Dios estaba soportando los pecados por el hombre.
    • Cuando Jesucristo murió por el hombre, el propio Dios estaba muriendo por el hombre.

       Esto quiere decir que el propio Dios estaba en la persona de Jesucristo salvando al hombre. Que el propio Dios había venido a la tierra para reconciliar al hombre. Esto quiere decir que el propio Dios amaba tanto al hombre que vino a la tierra a buscar y salvar a aquello que estaba perdido. La verdad es tan gloriosa que el propio Jesucristo hizo entrar la verdad en el corazón de los hombres.

       “así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas” (Jn. 10:15).

       “Yo y el Padre uno somos” (Jn. 10:30).

       “Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre” (Jn. 10:37, 38).

       “¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras” (Jn. 14:10).

    » b. Segunda, Dios no le toma en cuenta el pecado a los hombres. La frase “tomar en cuenta” (logizomenos) quiere decir reconocer, considerar, y acreditar. Quiere decir acusar 0 hacer responsable a una persona. Si Dios no les toma en cuenta el pecado a los hombres ni los acusa del pecado, entonces quiere decir que Él perdona sus pecados. Cuando Jesucristo murió en la cruz, Dios estaba en Cristo muriendo por los pecados de los hombres. Dios estaba posibilitando que los hombres fueran liberados de la culpa y la condenación de sus pecados.

       Imagínese la situación: “Colgado allí en la cruz, Dios en Cristo no acusaba a los hombres del pecado”. Él estaba muriendo por los pecados de los hombres. Dios no estaba allí en la cruz para tomarles en cuenta el pecado a los hombres; Él estaba allí haciendo posible que a los hombres les fueran perdonados sus pecados.

       “porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mt. 26:28).

       “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hch. 2:38).

       “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (He. 9:22).

    » c. Tercera, Dios le ha encargado la palabra de la reconciliación a los ministros. Dios no les ha dejado la palabra de la reconciliación a discreción de los hombres. Dios ha tomado la iniciativa. Dios llama y prepara a los ministros de Dios para proclamar la palabra de la reconciliación. Él ha hecho todo lo posible para reconciliar a los hombres.

       “de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios” (Col. 1:25).

       “y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lc. 24:47).

       “según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado” (1 Ti. 1:11).

       “en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos, y a su debido tiempo manifestó su palabra por medio de la predicación que me fue encomendada por mandato de Dios nuestro Salvador” (Tit. 1:2, 3).

    3er TÍTULO: La comunión con Dios y su pueblo trae un gozo permanente. Versículo 6. además del holocausto del mes y su ofrenda, y el holocausto continuo y su ofrenda, y sus libaciones conforme a su ley, como ofrenda encendida a Jehová en olor grato. (Léase: Salmo 16:11. Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre. ▬ Los Hechos 2:1 al 4. Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.).

    Comentario de Los Hechos 2:1 al 4. En respuesta a la orden de Jesús (1:4), los apóstoles esperan el don del Espíritu Santo pacientemente y en oración en Jerusalén. El texto griego comienza con la palabra y; esto indica que el acontecimiento de Pentecostés está estrechamente ligado con la ascensión de Jesús. Una traducción literal del texto griego dice: “Cuando el día de Pentecostés se hubo cumplido”. Es decir, cuando se llegó al día número cincuenta, el período de espera se completó. Para los apóstoles, una nueva era comenzaba.

       ¿Cuántas personas estaban reunidas el día de Pentecostés? Nosotros suponemos que en los 120 estaban incluidos todos los creyentes (1:15). Sin embargo, hay algunas objeciones a esta interpretación. El último versículo del capítulo anterior (1:26) menciona a los apóstoles; en el capítulo dos, no son los 120 sino que el centro de la atención está ocupado por Pedro y los Once (v. 14); y en la conclusión del sermón de Pedro la multitud se dirige a los apóstoles y no a los 120 (v. 37). Por el otro lado, no podemos limitar el adjetivo todos a los doce apóstoles cuando el contexto del capítulo precedente enfatiza la armonía cristiana como un elemento básico. Por lo tanto, interpretamos el adjetivo de tal modo de incluir a todos los creyentes mencionados en el capítulo anterior.

       ¿Dónde estaban los creyentes? Lucas es bastante parco al decir que estaban “en un lugar”. Si suponemos que ese lugar era el aposento alto (1:13), tendríamos que preguntarnos si aquel cuarto podría acomodar a 120 personas. Pero Lucas dice que ellos estaban sentados en una casa (v. 2) y no en las cercanías del templo.

       Tenemos que admitir que es difícil lograr certeza al respecto, pero nos inclinamos a pensar que el lugar de reunión estaba cerca del templo, donde los apóstoles regularmente adoraban a Dios (c.f. Lc. 24:53).

       Nótese los siguientes tres puntos:

    1. El viento. En horas de la mañana del día de Pentecostés, de pronto la gente escucha el sonido de un fuerte viento que soplaba desde los cielos. Un aspecto importante en la venida del Espíritu Santo es lo repentino de su

    aparición. Aunque, tal como fueron instruidos, los discípulos se quedan en Jerusalén precisamente esperando el derramamiento del Espíritu, su repentina manifestación sorprende a todos. Los creyentes en Cristo experimentarán idéntica situación cuando de pronto Jesús regrese. No obstante, las señales de los tiempos, Jesús dijo a los suyos que su regreso será sorprendente e inesperado.

    Lucas dice que hay sonido como de un viento fuerte al soplar. Él no dice que el viento mismo haya estado produciendo los efectos por todos conocidos. Leyendo otra parte de las Escrituras sabemos que tanto en el hebreo como en el griego es una y la misma palabra la que representa el doble significado de viento y espíritu (Ez. 37:9, 14; Jn. 3:8). Nosotros oímos y sentimos el efecto del viento, pero no podemos verlo. Así es con el Espíritu. El Espíritu Santo viene del cielo de Dios, no del cielo atmosférico, [p 81] con el sonido de un fuerte viento. Y llena la casa donde los creyentes están sentados y clamando por su venida (c.f. 4:31). Vemos el significado del viento en el relato de Lucas. El viento simboliza al Espíritu Santo, quien llena la casa donde están sentados los creyentes. El sonido del viento señala poder celestial, y su repentina aparición nos habla del comienzo de un acontecimiento sobrenatural.

       » b. El fuego. “Y se les aparecieron lenguas como de fuego que se dividieron y reposaron sobre cada uno de ellos”. Este es el cumplimiento de la descripción que Juan el Bautista hace del poder de Jesús: “Él os bautizará en el Espíritu Santo y fuego” (Mt. 3:11; Lc. 3:16). A menudo en el Antiguo Testamento el fuego es simbólico de la presencia de Dios, especialmente en relación con la santidad, el juicio y la gracia. Por ejemplo, Moisés oyó la voz de Dios en la zarza ardiendo diciéndole que se quitara sus sandalias (Ex. 3:2–5); el fuego consumió el sacrificio de Elías en el Monte Carmelo (1 R. 18:38); y un carro de fuego llevó a Elías al cielo (2 R. 2:11). Los creyentes reunidos en Jerusalén no sólo oyen la venida del Espíritu Santo, sino que también lo ven tomar forma de lo que pareciera ser lenguas de fuego. El fuego, símbolo de la divina presencia, toma la forma de lenguas que no salen de la boca de los creyentes, sino que reposan sobre sus cabezas. Por lo tanto, no debemos confundir estas lenguas con las “otras lenguas” mencionadas en el versículo siguiente (v. 4), donde Lucas introduce el milagro de hablar en lenguas.

       El Espíritu Santo se hace visible con esta manifestación externa y reposa sobre cada uno de los creyentes. No se trata de una ilusión óptica, porque Lucas claramente señala que vieron lenguas de fuego. La venida del Espíritu da cumplimiento a la profecía de Juan el Bautista de que los discípulos serían bautizados con el Espíritu Santo y con fuego. Así, la venida del Espíritu Santo anuncia una nueva era, porque viene a habitar con los hombres no temporalmente sino para siempre.

       » c. Las lenguas. “Fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas según el Espíritu les daba capacidad”. El texto griego indica que la llenura con el Espíritu ocurrió de una vez por todas; es decir, el Espíritu no vino y se fue, sino que permaneció, como es evidente en el relato de Lucas. Cuando Pedro se dirige al Sanedrín, él está lleno del Espíritu (4:8; y véase también 4:31). Después de su conversión, Saulo recibe el Espíritu Santo (9:17; c.f. 13:9, 52). El derramamiento del Espíritu no es repetitivo porque el Espíritu Santo permanece con la persona que ha sido llenada. Además, va alcanzando en círculos concéntricos a los samaritanos (8:17), a los gentiles (10:44–46), y a los discípulos de Juan el Bautista (19:1–6). Esto ocurre en perfecta armonía con y en cumplimiento del mandamiento de Jesús dado a los apóstoles de ser testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra (1:8).

        ¿Qué efecto produce el Espíritu Santo en todos los creyentes? Lucas dice que “fueron todos llenos”. No debemos limitar el adjetivo todos a los apóstoles, porque Pedro en su sermón habla del cumplimiento de la profecía de Joel y dice que: “Tus hijos e hijas profetizarán” (v. 17; Jl. 2:28). Y cuando más tarde Pedro y Juan hicieron notar a los creyentes lo que los sumos sacerdotes dijeron, todos fueron llenos del Espíritu Santo (4:31). El efecto del hecho de que el Espíritu Santo mora en la persona es que el Espíritu toma plena posesión del creyente individualmente.

       El cristiano que es lleno con el Espíritu llega a ser el portavoz del Espíritu. En el caso de los creyentes en Jerusalén, hablaron en otras lenguas probando así que el Espíritu Santo los controla y los capacita. La palabra lengua es equivalente al concepto lenguaje hablado. Esto se hace evidente en el comentario de Lucas que “cada uno los oía hablar en su propia lengua” (v. 6); las multitudes preguntan, “¿Cómo entonces les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?” (v. 8); y dicen: “Los oímos hablar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios” (v. 11). Las lenguas que los creyentes hablan son idiomas hablados en regiones desde Persia en el este hasta Roma en el oeste. No podemos tomar por iguales lo que ocurrió en Pentecostés y las lenguas habladas en la iglesia de Corinto. Los que hablan en otras lenguas en Pentecostés no hablan para la edificación de la iglesia (a diferencia del hablar en éxtasis [1 Co. 14]). Mientras que en la iglesia de Corinto el hablar en éxtasis tiene que ser interpretado, en Pentecostés los oyentes no necesitan tener intérpretes porque ellos oyen y pueden entender sus propios idiomas. La habilidad de hablar en lenguas viene de adentro de la persona y es una manifestación interna del Espíritu Santo; el viento y el fuego son manifestaciones externas.

    Domingo 26 de abril de 2026

    Amén, para la honra y gloria de Dios.

  • LUNES 20 DE ABRIL DE 2026. “ACTUANDO CON AMOR Y MISERICORDIA ANTE IRREPARABLE PÉRDIDA”.

    Lección: 2ª de samuel 1:17 al 22. 17. Y endechó David a Saúl y a Jonatán su hijo con esta endecha, 18. y dijo que debía enseñarse a los hijos de Judá. He aquí que está escrito en el libro de Jaser. 19. ¡Ha perecido la gloria de Israel sobre tus alturas! ¡Cómo han caído los valientes! 20. No lo anunciéis en Gat, Ni deis las nuevas en las plazas de Ascalón; Para que no se alegren las hijas de los filisteos, Para que no salten de gozo las hijas de los incircuncisos. 21. Montes de Gilboa, Ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros, ni seáis tierras de ofrendas; Porque allí fue desechado el escudo de los valientes, El escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite. 22. Sin sangre de los muertos, sin grosura de los valientes, El arco de Jonatán no volvía atrás, Ni la espada de Saúl volvió vacía. 

       Referencias Bíblicas: Números 20:29. «Y viendo toda la congregación que Aarón había muerto, le hicieron duelo por treinta días todas las familias de Israel.»

    Nehemias 1:4. «Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.»

    Génesis 50.10. «Y llegaron hasta la era de Atad, que está al otro lado del Jordán, y endecharon allí con grande y muy triste lamentación; y José hizo a su padre duelo por siete días».

        Comentario del contexto bíblico: Lamento por la muerte de Saúl y Jonatán, 1:17–22. David era un hombre compasivo y misericordioso, y la muerte de Saúl y Jonatán le trajo profundo dolor. David expresó su dolor escribiendo el Canto del Arco, un canto fúnebre que expresaba su admiración por la valentía de Saúl y Jonatán, su amor profundo hacia Jonatán, y su tristeza por la muerte de ambos. El canto de David quedó escrito en el libro de Jaser, que significa justo, y que fue utilizado por el escritor como una fuente de información para la narración de la vida de David. El libro del justo también es mencionado en Josué 10:13. El libro del justo era posiblemente un libro de poemas que narraba los grandes acontecimientos de la historia de Israel.

    David lamentó la muerte de Saúl y Jonatán porque ellos habían sido los valientes que habían guiado a los israelitas en la lucha contra los filisteos. Saúl fue un hombre que manejó con destreza el escudo y la espada, instrumentos indispensables en las guerras de aquel tiempo; y Jonatán manejó con destreza el arco; ambos tuvieron gran velocidad y fuerza física que los hacía unos grandes guerreros; pero ahora, el escudo de Saúl yacía en la tierra como símbolo de los hechos de aquellos dos valientes que habían muerto; yacía en tierra como si no hubiera sido ungido con aceite; esta era una referencia a la costumbre de mantener en buen estado el escudo limpiándolo con aceite.

    David lamentó la muerte de Saúl porque esa noticia sería una ocasión de alegría para los filisteos; era por seguro que las mujeres filisteas celebrarían la victoria como una humillación de Israel. David se imagina a las mujeres filisteas saliendo por las calles de sus ciudades, Gat y Ascalón, para celebrar la muerte del rey de Israel; era una humillación que David no deseaba para el pueblo de Israel.

    David lamentó la muerte de Jonatán porque le tenía un profundo amor; que ese amor fuese más maravilloso que el amor de las mujeres, destaca el hecho de que era un amor nacido de una amistad leal, desinteresada, duradera y sacrificada. La palabra amor es la palabra hebrea ahabad, 160 se usaba para referirse a toda clase de amor: en Levítico 19:18 se usa para referirse al amor al prójimo y en Éxodo 21:5 se usa para referirse al amor a Dios. El amor de David a Jonatán era un amor de pacto; y aunque aquí no se usa la palabra jesed que es la que designa el amor de pacto, la amistad entre David y Jonatán era una amistad de jesed, que perdura a través de cualquier circunstancia. El amor entre David y Jonatán soló puede compararse con el amor entre Rut y Noemí, y el amor entre Jesús y sus discípulos. La amistad entre David y Jonatán continúa siendo un testimonio a la amistad verdadera y duradera que puede existir entre dos personas.

    El canto de David termina con un lamento: ¡Cómo han caído los valientes, y se han perdido las armas de guerra! Esta expresión conlleva tristeza, pero también conlleva a la reflexión en cuanto a la manera en que Saúl usó su valor y su fuerza. Saúl no usó su fuerza física junto con la fortaleza que viene de la dependencia de Dios, tampoco usó Saúl su valor junto con la sabiduría que viene de Dios. ¡Qué triste era ver tanta valentía y tanta fuerza fracasada por falta de sometimiento a la dirección de Dios!

    Ante la muerte de Saúl, David demostró una gran dignidad, respeto y admiración por Saúl. La muer-te de Saúl significaba el camino de entrada al trono para David; sin embargo, David tomó tiempo, junto con el pueblo, para lamentar la muerte de Saúl. David sabía que era tiempo de luto para el pueblo, y que no era tiempo de recriminación, sino de perdón y de búsqueda de la unidad entre el pueblo. La excelencia de espíritu de David, la hace notar Matthew Henry en su comentario, dando cuatro aspectos significativos de esa excelencia de espíritu que demostró David en su canto: su generosidad para Saúl, su gratitud hacia Jonatán, su preocupación por el honor de Dios, y su preocupación por el bien público de Israel.

       Actuando con amor y misericordia ante irreparable pérdida: El duelo es una profunda y fuerte emoción causada por la pérdida de alguien o algo muy querido. El duelo es parte de la vida y del amor. En nuestro mundo caído, las pérdidas son inevitables, como también el dolor. El dolor no es una emoción que hay que evitar, sino que hay que admitirla y afrontarla.

       Por lo general, la muerte es la principal causa del duelo, aunque también podemos lamentarnos por cualquier tipo de pérdida. Eso puede incluir un sueño frustrado, el fracaso de una relación, un problema de salud, la muerte de una mascota o hasta la venta de la casa de la infancia. Muchas veces el dolor es más íntimo cuando está relacionado con cosas como la infertilidad, el embarazo no deseado, el aborto, la infidelidad de un cónyuge o incluso nuestro propio pecado. Las cosas por las que nos entristecemos pueden ser difíciles de expresar ante los demás, pero en muchos casos el compartir nuestras pérdidas y dejar que otra persona se lamente con nosotros es una buena solución (Romanos 12:15). La familia de Dios es fundamental en nuestras vidas y un instrumento clave por el cual Dios nos ministra (y nos usa para ministrar a otros). Obviamente, lo primero que debemos hacer cuando sentimos dolor es ir directamente a Dios, tanto en oración como en el estudio de Su Palabra. Dios puede usar el dolor para ayudarnos a conocerlo más, tanto cuando recibimos Su consuelo como cuando nuestro dolor nos lleva a apreciar más completamente el don de la vida y a comprender más profundamente la magnitud de los efectos del pecado en nuestro mundo. El dolor puede conectarnos con el corazón de Dios.

       El Salmo 34:18 dice que «Cercano está el SEÑOR a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu». Dios comprende nuestro dolor y está dispuesto a estar con nosotros y a consolarnos con las promesas de su Palabra y con la «paz que sobrepasa todo entendimiento» (Filipenses 4:6-7). También incluyó ejemplos en Su Palabra de personas piadosas que sufrieron dolor. Pedro sintió dolor cuando Jesús le preguntó tres veces: «¿Me amas?» (Juan 21:17), y se entristeció al recordar cómo había traicionado a su mejor Amigo (Lucas 22:61-62). Pablo se lamentó por el pecado sin arrepentimiento en las iglesias que él amaba (2 Corintios 12:21). Jesús mismo fue un «varón de dolores, experimentado en quebranto» (Isaías 53:3). Nuestro Señor sufrió por la dureza del corazón de la gente al negarse a aceptarlo como Hijo de Dios (Marcos 3:5; Lucas 19:41). Cuando se acercaba Su crucifixión, Jesús estaba profundamente triste por la dura prueba que tenía que afrontar (Marcos 14:33-36).

       Podemos entristecer al Espíritu Santo con nuestras acciones y actitudes (Efesios 4:30). Después de haber sido comprados con la sangre de Jesús, sellados para siempre como hijos de Dios, el Espíritu Santo toma la iniciativa de transformarnos en personas santas (2 Corintios 5:17; Romanos 8:29). Pero Él no nos obliga a ser robots. Tenemos la libertad de obedecerlo o no. Cuando nos comportamos de forma carnal, contristamos al Espíritu que vive en nosotros.

       La muerte siempre es una temporada de dolor para los que quedan atrás. Sin embargo, Pablo escribe que los cristianos no lamentan la muerte de un hermano creyente de la misma manera que lo hacen los inconversos. En Primera de Tesalonicenses 4:13-14 se dice: «Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él». Pablo nos recuerda que tenemos que pensar en la muerte de un cristiano como un «sueño», porque es un estado temporal. Aunque nos duele que no vayamos a compartir más experiencias en la tierra con nuestros queridos cristianos fallecidos, también podemos esperar una eternidad con ellos.

       La tristeza y la esperanza pueden convivir. La esperanza que tenemos en Cristo nos ayuda a seguir adelante a través del dolor. La eternidad para los creyentes no tendrá «muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor» (Apocalipsis 21:4), ya que Dios mismo enjuga toda lágrima de nuestros ojos (Apocalipsis 7:17). Las pérdidas sufridas en este mundo son reales, y nos afectan de varias maneras, a pesar de que no vivimos amargados ni deprimidos. Vivimos «en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió» (Tito 1:2). Nuestra experiencia actual dejará lugar a la infinita bondad de Dios y a nuestro gozo en Su presencia para siempre (ver Salmo 16:11; 21:6).

    1er Título: Lamento y amor fraternal que trasciende en el tiempo. Versículos 17 y 18. Y endechó David a Saúl y a Jonatán su hijo con esta endecha, y dijo que debía enseñarse a los hijos de Judá. He aquí que está escrito en el libro de Jaser.  (Léase: Romanos 12:9 y 10. El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. ▬ 1ª de Juan 4:21. Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.).

       El amor se aferra al bien y honra a los demás (Romanos 12:9–10). Este versículo inicial es extraño, porque Pablo comienza diciendo “amor sincero” sin un verbo u otros modificadores como si fuera un encabezado para la sección. La traducción normal es correcta, “el amor debe ser sincero”, y el material resultante dice lo que eso significa. El amor “sincero” es literalmente “sin hipocresía” y, por lo tanto, está relacionado con ser genuino. En el primer siglo, la hipocresía representaba la máscara del actor con la que uno haría otro papel, algo que no eran ellos. Pablo quiere asegurarse de que nadie se ponga una “máscara” de amor y pretenda cuidar a los demás cuando no es así. Jesús llama al nivel apropiado de amor “un nuevo mandato” (Juan 13:34) no porque fuera una nueva enseñanza (Levítico 19:18, “Ama a tu prójimo como a ti mismo”) sino porque ahora estaba anclado en la realidad del nuevo pacto de Cristo, unido a su amor por nosotros. Este nuevo amor mesiánico existió primero entre el Padre y el Hijo y luego entre la Divinidad y nosotros. A través de él somos receptores de un nivel de amor que hasta ahora no se había visto en el planeta Tierra, un amor que transforma todo nuestro ser.

    El resto del versículo consta de dos participios que funcionan como mandamientos: “Aborrezcan el mal” y “aférrense al bien”. Esta es la conducta esperada cuando el amor en verdad opera en la comunidad. Este contraste se afirma con frecuencia en las Escrituras, como en el Salmo 97:10 (“El Señor ama a los que odian el mal”) o Amós 5:15 (“¡Odien el mal y amen el bien!”) o su opuesto, Salmo 52:3 (“Más que el bien, amas la maldad”). El verdadero seguidor de Cristo, basado en el amor, aborrecerá toda maldad, como en Romanos 13:2, “deja de lado las obras de las tinieblas” (véase también 1Co 13:6; Col 3:8; 1Ts. 5:21–22; 1Pe 2:1). Al mismo tiempo que hacemos a un lado un espíritu rencoroso, debemos aferrarnos a la bondad con cada gramo de fuerza que poseemos.

    El amor genuino también se centra en los hermanos y hermanas de la comunidad mesiánica, lo que nos lleva a “Ámense los unos a los otros con amor fraternal”. “Ámense” ocurre solo aquí en el Nuevo Testamento, pero era bastante común en el mundo grecorromano para los tiernos afectos de la vida familiar. El término griego (philostorgoi) proviene de stergō, que describe el profundo afecto entre los miembros de una familia, y tanto él como el segundo término, “amor fraternal”, comparten el prefijo philo, que indica amor familiar y fraternal. Pablo está poniendo en primer plano las relaciones familiares que sirven para profundizar el amor en el núcleo de la comunidad. El aspecto familiar del amor en la comunidad es la base de todo lo demás.

    Hay dos traducciones viables de la frase que Pablo usa al final del versículo 10: (1) la NVI dice, “respetándose y honrándose mutuamente” mostrando preferencia por nuestros hermanos creyentes; o (2) quizás sería, “Supérense unos a otros para mostrar honor”. Esto significaría que debemos esforzarnos con todas nuestras fuerzas para mostrar respeto mutuo. La dificultad es que este verbo no aparece en ningún otro lugar del Nuevo Testamento. Su significado básico es “ir antes de algo y mostrar el camino”. La idea de preferir a otros no está bien atestiguada, por lo que la segunda es la mejor comprensión.

       (1ª de Juan 4:21) Amor: amarse unos a otros demuestra que amamos a Dios. ¿Cómo sabemos que amamos a Dios? Hay tres formas.

    ▬ 1. Sabemos que amamos a Dios porque conocemos el amor de Dios por nosotros (v. 19). Él nos ama y hemos visto su amor; por lo tanto, lo amamos.

    ▬ 2. Sabemos que amamos a Dios porque no odiamos a nuestro hermano. Si amamos a Dios, es imposible tener sentimientos en contra de nuestro hermano. ¿Por qué? Porque Dios es amor. Si tenemos la naturaleza de amor dentro de nosotros, entonces amamos a nuestros hermanos. Advierta con cuánta firmeza este versículo expresa este hecho.

       “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (v. 20).

       No podemos ver a Dios, pero podemos ver a nuestros hermanos. Es mucho más sencillo amar a alguien de este mundo -que podemos ver* que amar a alguien que no podemos ver. Por lo tanto, si decimos que amamos a Dios y odiamos a los que vemos, estamos mintiendo.

    ▬ 3. Sabemos que amamos a Dios porque cumplimos con su mandamiento. ¿Cuál es su mandamiento? Si amamos a Dios, debemos amar también a nuestros hermanos.

       “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Jn. 13:34-35).

       “Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas” (Jn. 21:16).

       “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él” (1 Jn. 3:14-15).

        “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” (1 Jn. 3:16-17).

       “Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado” (1 Jn. 3:23).

    2° Título: El corazón de un redimido habla bien de sus hermanos. Versículo 19. ¡Ha perecido la gloria de Israel sobre tus alturas! ¡Cómo han caído los valientes!  (Léase: Efesios 4:32. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.).

       (Efesios 4:32) Creyente, camino: El creyente debe colocarse la vestidura de un hombre nuevo. Francamente, este versículo habla por sí mismo con más energía que cualquier comentario que pudiera hacerse.

    ▬ 1. La palabra “benigno” significa gentil, cuidadoso, dispuesto a ayudar, cortés, bueno, útil, dador y derramar favores sobre la gente. Es lo opuesto a ser negligente, duro, agudo, resentido y rencoroso. Los creyentes son hermanos en el Señor.

       “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Ro. 12:10).

       “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” (Col. 3:12).

    ▬ 2. La palabra “misericordiosos” significa mostrar compasión, misericordia, comprensión, amor, ternura y calidez. Significa estar consciente de los dolores y sufrimientos, de los problemas y dificultades, de las emociones y el estado mental, físico y espiritual de una persona.

       “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt. 5:7).

       “Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros” (1 Ts. 3:12).

       “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 P. 1:22).

    ▬ 3. La palabra “perdonándoos” significa ser gracioso con una persona, perdonarlo por algo que hizo mal. Advierta que la persona ha hecho algo malo, nos ha dañado y nos ha ocasionado dolor. Pero el mandamiento sigue siendo perdonarlo.

    ▬ 4. El motivo por el cual debemos perdonarnos los unos a los otros es porque Dios nos ha perdonado. No importa cuánto una persona ha hecho en nuestra contra, no se acerca a lo que hemos hecho en contra de Dios. Sin embargo, Dios nos ha perdonado. ¿Por qué? Por Cristo. Jesucristo murió por nosotros, murió para que nuestros pecados fueran perdonados. Por lo tanto, Dios nos perdona. No importa lo que hayamos hecho, Dios nos perdona cuando queremos perdón. Él nos perdona a pesar de haberlo rechazado, maldecido, ignorado, rechazado y rebelado en su contra.

        El punto es este: Debido a lo que Cristo ha hecho por nosotros, debemos perdonar a los demás sin importar lo que hayan hecho.

       “En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños” (Mt. 11:25).

       “Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso” (Lc. 6:35-36).

    3er Título: Actuando con amor y prudencia para no dañar a sus hermanos. Versículos 20 al 22. No lo anunciéis en Gat, Ni deis las nuevas en las plazas de Ascalón; Para que no se alegren las hijas de los filisteos, Para que no salten de gozo las hijas de los incircuncisos. Montes de Gilboa, Ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros, ni seáis tierras de ofrendas; Porque allí fue desechado el escudo de los valientes, El escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite. Sin sangre de los muertos, sin grosura de los valientes, El arco de Jonatán no volvía atrás, Ni la espada de Saúl volvió vacía.  (Léase: Proverbios 13:15 al 17. El buen entendimiento da gracia; Mas el camino de los transgresores es duro.  ▬ Los Hechos 7:58 al 60. Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.).

       [1]. (7.57-58) Esteban, persecución: se puso de manifiesto la insensatez de matar al creyente. Esto se puede apreciar en dos cosas.

    ▬ 1. El rechazo insensato. Los perseguidores estaban en realidad oponiéndose a una persona que solo quería.

    • ayudar y ministrarle al pueblo.
    • ofrecer la esperanza de la vida eterna.

       El único propósito del creyente es ministrar y satisfacer las condiciones desesperadas de los hombres:

    => perdido => soledad => enfermedad => falta de educación => pobreza => depresión => enajenación => hambre => falta de vida

       No importa cuán mala la situación, al creyente se le llama a ministrar. No está en el mundo para destruir, sino para edificar. Es una insensatez absoluta oponerse y matar a una persona como esa. Para que los hombres se opongan a un verdadero creyente, su comportamiento tiene que alcanzar el colmo de la insensatez. Note lo que esto involucró…

    • grandes voces: para ahogar la verdad.
    • taparon sus oídos: para no escuchar la verdad.
    • arremetieron unánimes contra él: para atacar y tomar represalia.
    • lo echaron fuera de la ciudad y le apedrearon: para librarse del mensaje acusador y poder vivir como mejor les parece en vez de vivir para Dios.

    2. El liderazgo insensato. La persona que se levanta como líder en una persecución se rebela contra Dios. Los que siguen a dicho líder están siguiendo a una persona que está en realidad actuando contra el Señor, no contra un creyente (cp. Hch. 9:4-5). El hombre que dirigió la muerte de Esteban fue Saulo de Tarso. Él estaba dando coses contra el aguijón, el sentimiento de culpabilidad de la conciencia (cp. Hch. 9:5).

      Es peligroso seguir a un hombre que se ha rebelado contra Dios. La senda de la rebelión lleva a la destrucción. El hombre que se ha rebelado perecerá. Sin excepción.

       “¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?” (Mt. 23:33).

       “estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican” (Ro. 1:29-32).

        “Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Ro. 2:5).

        “idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgias, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gá. 5:20-21).

       “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Ap. 21:8).

       “No endurezcáis, pues, ahora vuestra cerviz como vuestros padres; someteos a Jehová, y venid a su santuario, el cual él ha santificado para siempre; y servid a Jehová vuestro Dios, y el ardor de su ira se apartará de vosotros” (2 Cr. 30:8).

       “El hombre que reprendido endurece la cerviz, De repente será quebrantado, y no habrá para él medicina” (Pr. 29:1).

       “Si no oyereis, y si no decidís de corazón dar gloria a mi nombre, ha dicho Jehová de los ejércitos, enviaré maldición sobre vosotros, y maldeciré vuestras bendiciones; y aun las he maldecido, porque no os habéis decidido de corazón” (Mal. 2:2).

       ESTUDIO A FONDO 1

       (7:58) Saulo, Pablo: Esta Es la primera vez que se menciona a de Saulo de Tarso en las Escrituras. Note: se dice que era joven. ¿Qué edad tenía Saulo en ese momento? La Escritura no dice.

       [2]. (7:59) Esperanza, cielo: la suprema confianza del creyente. Note estos cuatro aspectos.

    ▬ 1. Esteban experimentó el dolor y el sufrimiento de la prueba. Nos percatamos de esto porque pidió la ayuda del Señor. A los creyentes no se les libra o alivia de los sufrimientos de las pruebas, sino que se les da gracia y fortaleza para soportar las pruebas e incluso el martirio.

    ▬ 2. Esteban clamó al Señor. El mismo Señor Jesús estaba de pie, listo para recibirle. Jesús desea que todos los creyentes estén donde Él está (Jn. 14:2-3; 17:24). Esta es precisamente la razón por la que Jesús…

    • se humilló a sí mismo viniendo a la tierra,
    • sacrificó su vida,
    • ora y anhela que los creyentes se reúnan con El en el cielo.

    ▬ 3. Esteban le pidió a Jesús que recibiera su espíritu. Esteban seguía confiando en la gracia de Dios, en la justicia de Jesús, para su salvación. Él no confiaba en sus propias obras o bondad. Él continuaba dependiendo de Jesús y del maravilloso amor de Dios. Ahora bien, fíjese en las palabras claves: seguía confiando, continuaba dependiendo. Esteban había confiado y vivido para Cristo durante toda su vida, así que podía contar con confiar y vivir para Cristo en la eternidad.

    ▬ 4. Esteban iba a estar junto con Jesús. Él le pidió a Jesús que recibiera su espíritu, que le aceptara donde Él estaba. Recuerde dónde está Jesús (v. 55): en el cielo a la diestra de Dios. Esteban y todos los demás creyentes van a estar con Jesús donde Él está, en el cielo mismo.

       “Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23:43).

       “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Jn. 14:2-3).

       “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Jn. 17:24).

       “pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor” (2ª Co. 5:8).

       “Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor” (Fil. 1:23).

       “Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Ts. 4:17).

       [3]. (7:60) Perdón: el espíritu amoroso y perdonador del creyente. Note que lo último que Esteban hizo fue caer de rodillas en oración y pedir por sus perseguidores y asesinos. El tenía el espíritu mismo de Cristo, quien había orado la misma oración (Lc. 23:34). La frase: “No les tomes en cuenta este pecado” nos dice tres cosas.

    => Esteban estaba lleno de compasión por sus perseguidores. Él quería que fueran salvos.

    => Los hombres serán culpados por su pecado.

    => Para que los hombres sean aceptados delante de Dios, tiene que ser eliminada la culpa de su pecado.

       Pensamiento 1: Recuerde: Esteban y otros creyentes nunca hubieran pagado el precio exigido si los hombres pecadores fueran a ser aceptados por Dios de cualquier forma Otra cosa: si Dios fuera a aceptar a los hombres tal y como están en su estado pecaminoso, nunca hubiera permitido que su Hijo muriera en manos de los hombres.

       [4] (7:60) Muerte: la tranquila partida del creyente. La Escritura simplemente dice que: “durmió”, Para el creyente no existe la muerte. Esteban simplemente pasó de esta vida al otro mundo, una experiencia que equivale a quedarse dormido. A menudo se emplea el sueño para describir la muerte del creyente (véase Estudio a fondo 1, Jn. 11:13).

       “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida” (Jn. 5:24).

       “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. 26. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Jn. 11:25-26).

       “Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado” (Lc. 16:22). “Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres” (Ro. 14:18).

       “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil. 1:21).

       “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley” (1 Co. 15:53-56).

       “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos” (2 Co. 5:1).

       Pensamiento 1: Los creyentes deben perdonar a los hombres sin importar cuál fue su ofensa.

       “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt. 5:7).

       “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mt. 5:44).

       “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres” (Ro. 12:17).

       “no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición” (1 P. 3:9).

       “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Mi. 6:8).

    Lunes 20 de abril de 2026

    Amén, para la honra y gloria de Dios.

     

     

     

     

     

     

     

  • «EL ARREBATAMIENTO DE LA IGLESIA Y LA PRIMERA RESURRECCIÓN»

    “¡Maranata!” … “El Señor viene” (1 Corintios 16:22)

       La Pascua de la Resurrección es el signo de la era actual, que empezó con la resurrección del Redentor y termina con la resurrección de los redimidos. (Oseas 6:2. Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él). Entre estos dos polos se extiende la época de la resurrección espiritual de quienes participan de la vida del Señor resucitado (Ro. 6:4-11. Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; más en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.  ▬ Col. 3:1. Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.). Nuestra vida se desenvuelve, por lo tanto, entre dos resurrecciones, tocándonos el deber de brillar como luminares en el mundo entre estas dos manifestaciones del resplandor de la luz eterna (epifanía, Fil. 2:15. para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; ▬ 2 Ti. 1:10. pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio; ▬ Tit 2:13. aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo). En la potencia de la primera resurrección proseguimos adelante hacia la segunda, pues el levantamiento de la Cabeza garantiza la nueva vida de todos los miembros. y el árbol de la vida de la resurrección ha de llevar fruto de plena madurez.

    La esperanza de la Iglesia incluye las cuatro fases siguientes:

    • El arrebatamiento de la Iglesia y la primera resurrección (1 Ts.4: 13- 18. Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.).
    • El tribunal de Cristo (2 Co. 5:10. Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.).
    • Las bodas del Cordero (Ap. 19:7-8. Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.).
    • El dominio venidero de los santos sobre el mundo (1ª Co. 6:2-3. ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?).

    EL MOMENTO DEL ARREBATAMIENTO

    Las dos resurrecciones

       Las Sagradas Escrituras no enseñan que habrá una resurrección general y simultánea de los muertos seguida por un juicio único y final que abarque tanto a los justos como a los injustos. Antes bien presenta una “resurrección de entre los muertos” (Lc. 20:35), o sea una primera resurrección (Ap. 20:6) y aun recalca que es una “resurrección para fuera de entre los muertos” (Fil. 3:11, lit.). En 1ª Corintios 15: 15-24 se habla de distintos órdenes en relación con la resurrección, y se subraya que éstos se hallan separados por distintos períodos de tiempo: “Porque como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. Mas cada uno en su propio orden (divisiones en un ejército): Cristo las primicias; luego (después) los que son de Cristo, en su venida; luego (después) el fin…” (es decir, el fin de la resurrección, cuando se levanten los muertos que habrán quedado, 1 Co. 15:22-24).

       En el Antiguo Testamento “la resurrección para vida eterna” y “la resurrección para vergüenza y confusión perpetua” se presentaron en un solo cuadro (Dn. 12:2, 13), característica que perdura aún en ciertas profecías del Señor Jesucristo (Jn. 5:28-29; cp. Hch. 24:15) pero en el curso del desarrollo de la revelación profética (Jn. 16:12-13) los dos aspectos llegaron a distinguirse como dos acontecimientos distintos: la resurrección de los justos antes de la inauguración del reino mesiánico, y la resurrección de los injustos después del reino milenial, al fin del mundo. El versículo clave es Apocalipsis 20:4-5: “Estos [los sacerdotes de Dios y de Cristo] vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero el resto de los muertos no tomaron a vivir hasta que sean cumplidos mil años.” Como parte esencial de la glorificación del Cristo como Cabeza, los miembros suyos han de participar en una resurrección especial, que corno la suya propia, es una “resurrección de entre los muertos” (Mr. 9:9-10; Lc. 20:35). Términos como éstos se hallan 34 veces en relación con la resurrección de Cristo (p. ej., l P. 1:3; Gá. 1:1) y cuatro veces en relación con la resurrección de los suyos (Mr. 12:25; Lc. 20:35; Hch. 4:2; Fil. 3:1 1).

    • La primera resurrección habla de su hora en el programa de Dios (Ap. 20:5, 6).
    • La resurrección de entre (o fuera de) los muertos señalan su extensión (Fil. 3:11; Lc. 20:35).
    • La resurrección de los justos indica su carácter (Lc. 14:14).
    • La resurrección para vida eterna recalca la consumación de la salvación (Dn. 12:2; Jn. 5:29).

       Por lo tanto, la Palabra declara solemnemente: “Bienaventurado y santo es aquel que tiene su parte en la primera resurrección” (Ap. 20:6).

    Los “días” de Dios

       La primera manifestación del Cristo señaló el principio de los “postreros días” en el calendario de Dios (Hch. 2:17), y los primeros cristianos estaban convencidos de que la encarnación del Hijo había dado comienzo al “tiempo del fin” (He. 1:2; Jn. 2:18). Cristo es la meta hacia la cual los siglos anteriores progresaban (Hch. 9:26) de modo que su primera manifestación es el principio del fin, de la forma en que su segunda manifestación señalará el fin del fin. Por eso dice Pablo que los “fines de los siglos” han venido a parar sobre nosotros que vivimos en esta edad mesiánica y cristiana (1ª Co. 10:11). Como dijera Ph. Bachmann: “La Iglesia de Cristo es la meta de la historia.” Según el Nuevo Testamento, pues. la historia del fin no es solamente la de la crisis final, sino la de toda la historia de la salvación, en la que se ve el desarrollo progresivo de la historia del fin. En Cristo se ha manifestado el principio de la consumación, de modo que todo lo sucedido después se incluye ya en la historia del “tiempo del fin”.

        El día de salvación (2 Co. 6:2) es el “día” en que la gracia busca a los perdidos, o en otras palabras, la “hora” de la plena proclamación de la salvación, y a la vez la “hora” en que los verdaderos adoradores adoran al Padre en espíritu y en verdad” (He. 4:7; Jn. 16:25; 4:21-23). La meta del día de salvación es:

       El día de Dios (2 P. 3:12) que abarca la nueva creación de los cielos y de la tierra, siendo también el “día de la eternidad” (2 P. 3:18, VHA). Entre estos dos “días” se extiende:

       El último día. Este “día” indica un período prolongado (2 P. 3:8) que empieza con la resurrección de los justos y termina con el juicio de los perdidos (Jn. 6:39-40, 44, 54; 11:24; 12:48). Puesto que el reino mesiánico (el milenio) halla lugar entre estos dos extremos, abarca un período de más de mil años (Ap. 20:5). Empieza con el recogimiento de la Iglesia, o sea el “día de Cristo” (Fil. 2:16; 1:6, 10; 1 Co. 1:8; 2 Co. 1:14, etc.) que coincide con el “día del Señor» (día de Jehová de los profetas del A.T.) en la tierra (2 Ts. 2:2-4, VHA; Joel 2: 1-2; 3: 14) y se prolonga a través del reino glorioso del Mesías, cuando se cumplirán “aquellos días” tantas veces mencionados por los profetas, del resplandor de la tierra vieja (Jer. 3:16; Joel 3:2; Zac. 8:23, etc.). Terminará con el “día del juicio” (Mt. 10:15; 11:22, 24; 12:36) cuando tanto los hombres como los ángeles recibirán sus recompensas (Jud. 6) y se llegará al ajuste final de toda cuestión pendiente del gran trono blanco (Ap. 20:11-15; 2 P. 2:9; 3:7; Ro. 2:5).

       Este “día postrero” amanece con la “estrella de la mañana (2 P. 1:19; Ap. 22: 16), pero se levanta una gran tormenta antes del mediodía (Ap. 6-19) que pasa para dejar lugar a la claridad del sol a mediodía y por la primera parte de la tarde (Mt. 4:2 que se refiere al reino milenial), habiendo fulgor de relámpagos otra vez hace el anochecer (Ap. 20:8 que describe la rebelión de Gog y Magog y su juicio fulminante).

       El fin del “día postrero” dará lugar a la clara luz del día de la eternidad, y a la nueva creación surgirá de las ruinas de la destrucción del sistema viejo y caducado.

    La consumación del siglo

       La consumación de este siglo se señalará por la venida y la manifestación del Señor. La hora exacta del arrebatamiento de la Iglesia no puede determinarse, y todos los cálculos, aun de hermanos entendidos y espirituales, han fallado, sin hablar de las predicciones contradictorias de los adventistas, etc. “No toca vosotros saber los tiempos o las sazones” dijo el Maestro antes de su ascensión (Hch. 1:7; cp. Mt. 24:36 y Mr. 13:32) y hacemos bien en respetar el secreto. Desde cierto punto de vista el tiempo de la gloria está cerca, porque el Señor declara: “He aquí que vengo en breve” (Ap. 22:20; 2 P. 3:8-9), pero desde otro punto de vista está distante, ya que se dice del Esposo que tarda en la parábola de las diez vírgenes (Mt. 25:5), como también en otra parábola el hombre noble se fue a una tierra distante para recibir un reino, y solamente después de largo tiempo volvió a hacer cuentas con sus siervos (Lc. 19:11, 12; cp. Mt. 25:19). Como es normal dentro de la perspectiva profética, lo cercano y lo lejano se tocan. Como lección práctica hemos de velar, puesto que nuestro Dios desea que estemos alerta y dispuestos para pasar a la eternidad. Los acontecimientos del fin han de ocupar el primer lugar en nuestro pensamiento según la exhortación: “Estén ceñidos vuestros lomos y vuestras antorchas encendidas, y vosotros semejantes a hombres que esperan cuando su señor ha de volver” (Lc. 12:35-36, 40; cp. Mt. 25: 13; Mr. 13:32-37).

       Aun entre hombres eminentes por su santidad y erudición bíblica han existido siempre muchas diferencias de interpretación en cuanto a los detalles de la profecía por cumplirse aún, y este hecho debiera salvamos de todo dogmatismo, induciendo en nosotros un espíritu tolerante que no cese de inquirir reverente y humildemente en los arcanos de Dios. Es en este espíritu que hemos de fijar nuestra mirada en los últimos tiempos y considerar los diversos aspectos de la venida de nuestro Señor.

    • Con relación al reino universal de Cristo, su venida determinará la “consumación del siglo”.
    • Con relación a la ausencia actual del Señor de los suyos. Su venida será la parousía (su llegada y su presencia después).
    • Con referencia al encubrimiento de Cristo de la vista del mundo en este siglo, será la revelación (apocalipsis).
    • Con referencia a la gloria del Cristo, será una brillante manifestación (epifaneia).

       La frase “la consumación del siglo» se halla cinco veces en el Nuevo Testamento, y siempre en Mateo: 13:39; 13:40; 13:49; 24:3; 28:20).

       Parousía se halla 17 veces en el Nuevo Testamento con referencia a la segunda venida de Cristo (Mt. 24:3, 27, 37; l Co. 15:23; 1 Ts. 2:19; 3:13, etc.). No significa solamente la venida, sino más bien la llegada de una persona y su estancia y presencia después de haber llegado (l Co. 16: 17; 2 Co. 7:6). En el mundo oriental de los tiempos de Pablo los términos parousía y Epifaneia se empleaban corrientemente para la visita de un rey o emperador, y se hallan referencias en las crónicas de entonces a la parusía de Nerón y a la Epifaneia de Adriano, etc. En el pensamiento de los cristianos del primer siglo, estos términos subrayaban el concepto de la realeza de Cristo, como “Rey de gloria”. “He aquí tu Rey vendrá a ti!” (Zac. 9:9). Apocalipsis o revelación se aplican cinco veces al retomo del Cristo (1 Co. 1:7; 2Ts. 1:7; 1 P. 1:7-13; 4:13).

      Epifaneia. La base de este término es la palabra griega phaino, bhillar como en Juan 1:5; y pone de relieve el resplandor de la gloria intrínseca del Señor.

    LA NATURALEZA DEL ARREBATAMIENTO DE LA IGLESIA

       Los pasajes básicos son 1 Corintios 15:51 y 1 Tesalonicenses 4:16-17 con sus contextos: “He aquí os declaro un misterio: todos ciertamente no dormiremos, mas todos seremos transformados… Porque el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero; luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire; y así estaremos siempre con el Señor.”

       Podemos discernir cinco facetas o momentos en este gran acontecimiento:

    • Un arrebatamiento fuera del mundo.
    • Un arrebatamiento para el cielo.
    • Una transfiguración.
    • Un triunfo.
    • Una entrada en un estado de bendición.

    El arrebatamiento fuera del mundo

       Al ser arrebatados dejaremos atrás toda angustia y aflicción del alma y del cuerpo (2 Co. 5:2, 4; Fil. 3:21) y seremos librados de toda persecución y opresión en manos de los enemigos, y aun de la presencia del pecado y de la muerte (Ro. 6:6; 7:24). Es el día en que empezaremos a reposar con todos los santos, y el “día de la redención [venidera]” (2 Ts. 1:7; Ef. 4:30; Ro. 8:23).

       El arrebatamiento de los santos es, por lo tanto, una operación de la gracia de Dios, “la gracia que se os ha de traer cuando Jesucristo fuere revelado” (1 P. 1:13, VHA) que nos librará”, aun de la presencia del pecado.

       Es también una operación de la misericordia de Dios: aquella misericordia que esperamos “de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna” (Jud. v. 21) y que nos librará de toda tristeza; “la gracia quita el pecado, y la misericordia quita la tristeza” (John Bengel).

       Es, además, una operación de la omnipotencia de Dios, que nos transformará en la semejanza del Redentor, dándonos posesión del glorioso cuerpo espiritual. En aquel momento el mismo poder que mueve el universo actuará sobre nuestro cuerpo con el sorprendente resultado que Pablo describe en Filipenses 3:21: “El cual transformará nuestro cuerpo de humillación para ser semejante a su cuerpo de gloria, según la operación con que él puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

       Pablo se sirve del vocablo griego harpao para describir este arrebatamiento (1 Ts. 4:17), que significa echar mano a una persona precipitadamente y robarle con violencia o arrebatar por medio de un movimiento repentino. Así Lucas empleó la palabra al describir cómo Pablo fue arrebatado por los soldados romanos en medio de la turba de sus opresores (Hch. 23:10). En 1 Tesalonicenses 1:10 Pablo dice que el arrebatamiento es una liberación de la ira venidera”, cuando la palabra que emplea es rhuo, o liberar con poder (cp. 2 Ti. 4:17). Notemos además el cúmulo de metáforas militares que emplea el apóstol en relación con el gran acontecimiento ya que el Señor “descenderá con voz de mando”, con “pregón de arcángel» y con “trompeta de Dios» a la cabeza de las huestes celestiales con el fin de recoger a sus guerreros que han luchado en la tierra, uniéndolos consigo mismo para siempre.

    Un recogimiento para el cielo

       Llegamos aquí al aspecto más importante de la venida, ya que los miembros han de unirse manifiestamente con la Cabeza y estarán con El para siempre (l Ts. 4:16-17). Según la figura de Efesios 5:27 Cristo presentará la Iglesia glorificada a sí mismo como “Esposa” perfeccionando así su propia gloria como Redentor (Ef. 1:23). Esta relación personal se recalca también en Juan 14:2-3: “Vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy nosotros también estéis.”

       Además, todos los miembros se unirán los unos con los otros, ya que los que viven serán arrebatados juntamente con aquellos que habrán muerto en cuanto al cuerpo, y por vez primera se verá en su armonioso conjunto la Iglesia de todos los tiempos y de todas las tierras, pero no sobre la tierra, sino en el aire” (1 Ts. 4:17). Hasta el momento del arrebatamiento las iglesias existen en número plural (Ap. 22: 16), y solamente se halla sobre la tierra en un tiempo determinado aquella parte de la Iglesia que corresponde a una generación dada, pero en el gran acontecimiento habrá un ascenso, no de un solo Elías rodeado de los carros de Israel y de su gente de a caballo, sino de millones de santos, atraídos por la santa potencia de Dios, quienes llenarán las regiones celestes de sus aleluyas.

    La transfiguración

       En el aire se ha de producir un maravilloso cambio que transformará el cuerpo de nuestra humillación en el cuerpo resucitado de gloria, y en “un abrir de ojo” esto corruptible será vestido de incorrupción, y lo mortal de inmortalidad (Fil. 3:21; l Co. 15:51, 53).

    El triunfo

       Es significativo que esta transformación ha de realizarse precisamente “en el aire”, que es la base actual de las operaciones del “príncipe de la potestad del aire» (Ef. 2:2; 6:12). En el mismo cuartel general del enemigo, pues, el Vencedor se reúne con sus huestes, como manifestación de la más excelsa victoria que pueda imaginarse, echándose de ver que tanto Cristo como los suyos han triunfado de la manera más absoluta.

    La introducción al estado de bendición

       La esfera de las luchas y los padecimientos habrá quedado muy atrás, y los santos entrarán con su Señor en las esferas de eterna bienaventuranza. Por eso la venida se llama la “bienaventurado esperanza” de los creyentes. “¡Despertad y cantad, vosotros que moráis en el polvo! Porque como el rocío de hierbas es tu rocío, y la tierra echará fuera los muertos” (Is. 26: 19; cp. Is. 35: 10; 51:11).

    EL CUERPO ESPIRITUAL DEL PORVENIR

    Es una necesidad

       ¿Por qué ha de haber precisamente una resurrección del cuerpo? ¿No bastaría que el espíritu en su pura esencia fuese redimido? La razón se halla en que el cuerpo no se ha de considerar como la cárcel del alma, sino como parte esencial del hombre total, sin la cual se halla desnudo (2 Co. 5:3). Además, aun aquí abajo el cuerpo terrenal ha sido ennoblecido por ser hecho “templo del Espíritu Santo”, y por lo tanto no puede ser abandonado (Ro. 8:11; 1ª Co. 6:19).

       Por la acción del pecado sobre el ser humano el alma y el espíritu se separan del cuerpo por la muerte física, de modo que, sin la resurrección del cuerpo, algunos de los efectos del pecado quedarían en los redimidos por la permanencia de tal separación. Dios, sin embargo, creó al hombre como un conjunto armonioso, y como tal le ha de redimir. La mera permanencia del espíritu en un estado de inmortalidad no sería más que una continuación parcial de la vida total del hombre, y así la redención también no pasaría de ser parcial. Dios no abandona la obra de sus manos; la materia es un pensamiento suyo como Creador, siendo el producto de sus poderosas operaciones, y por lo tanto, no puede permitir que alguna parte de sus redimidos permanezca en la muerte. Solamente por medio de la resurrección del cuerpo podrá ser “sorbida la muerte en victoria» (1 Co. 15:55-57; 2 Co. 5:4; Is. 25:8; Os. 13:14).

       Por consiguiente, es imposible que Dios permita una redención que no haga más que libramos del cuerpo, sino que ha de haber una redención del mismo cuerpo (Ro. 8:23). Cristo, por lo tanto. considera el levantamiento de los muertos como su obra característica en su calidad de Salvador, siendo El mismo resurrección y vida (Jn.5:21-29; 11:25). De ahí las reiteradas declaraciones del capítulo 6 del evangelio según Juan (6139, 44, 54): “Ninguno puede venir a mí si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitare’ en el día postrero el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el día postrero.”

    Es una realidad

       Se ha dicho que Dios obra preferentemente por una manifestación del espíritu por medio del cuerpo, como puede verse al considerar lo que los evangelistas dicen del cuerpo de resurrección del Señor Jesús, que era visible a los ojos humanos, y palpable al contacto de las manos. El Señor resucitado se dignó comer miel y pescado, testificando que su cuerpo era de “carne y hueso”. “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad y ved, que el espíritu no tiene carne ni hueso como veis que yo tengo” (Lc. 24:39; cp. 24:40-43 y Jn. 20:27). La palabra griega es ostea (hueso) que se halla tanto en Juan 1:36 como en Hebreos 11:22.

       Es pues falsa la enseñanza de que el Resucitado no tenía un cuerpo real, sino solamente el poder de hacerse visible por medio de un cuerpo, utilizando tal cuerpo únicamente con el fin de manifestarse a los hombres, abandonándolo después de sus apariciones. Tal teoría contradice abiertamente el pasaje que hemos visto en Lucas 24:39, en el que el Señor declara que no era sólo espíritu. Según la errónea opinión que examinamos, habría sido normalmente espíritu sin carne y hueso, en cuyo caso habría engañado a sus discípulos al decir: “Un espíritu no tiene carne y hueso como veis que yo tengo”, y debiera haber dicho en tal caso: “Un espíritu no puede asumir carne y hueso.”

       El Resucitado es la norma y prototipo de la vida de todos los santos que se hallarán perfeccionados delante del trono celestial, y nuestro cuerpo de resurrección se conformará a su cuerpo de gloria (Jn. 3:2; Ro. 8:29; Fil. 3:21; I Co. 15:49). En su Cuerpo, por lo tanto, percibimos ciertas características básicas que corresponderán

    a nuestro cuerpo futuro, y si el suyo consiste de materia glorificada como fundamento, el nuestro será igual.

       En 1 Corintios 15:50 leemos que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, pero eso no contradice lo que venimos exponiendo, porque el contexto aclara que se refiere a carne y sangre sin transformar y sin glorificar. Hemos de interpretar 1ª Corintios 15:44 de igual manera. Es muy cierto que el cuerpo de resurrección se llama espiritual, pero eso no significa que es sólo espíritu sin materia alguna. Es preciso examinar los términos soma pneumatíkon (cuerpo espiritual) y soma psuchikon (traducido por cuerpo natural o animal). Los adjetivos indican la base de la naturaleza del cuerpo. En el cuerpo espiritual el espíritu dominará de la forma en que domina el alma en el cuerpo actual, pues psuchikon indica aquello que se relaciona con el alma. No quiere decir pues que el cuerpo espiritual consiste solamente de espíritu, como tampoco es verdad que nuestro ser actual consiste tan sólo de alma. El cambio del cuerpo actual (relacionado con el alma) en el cuerpo espiritual de la resurrección no significa el desnudarse de vestidura externa, sino que se habla precisamente de todo lo contrario: “anhelando revestimos de nuestra morada celestial…  porque es menester que esto corruptible se vista de incorruptibilidad, y esto mortal se vista de inmortalidad” (2 Co. 5:2-4; 1 Co. 15:53, 54). La naturaleza y el modo de este cambio no admiten explicaciones, siendo un misterio -como también lo es la constitución de la materia celestial del nuevo cuerpo– que se revelará solamente en la eternidad.

    Es una verdadera resurrección

       Por el hecho de ser real el cuerpo nuevo, las Escrituras hablan de la resurrección de cuerpos que salen de sus sepulcros: “Vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán la voz del hijo del hombre» (Jn. 5:28-29). “El cuerpo de nuestra humillación será transformado» (Fil. 3:21). “Este cuerpo mortal será vivificado» (Ro. 8:11). Es el cuerpo sembrado en corrupción que se levantó en incorrupción (l Co. 15:42, 43, 53, 54; cp. Job 19:25. 26).

        Si no hubiera cuerpo espiritual, y si no hubiera una relación directa entre el cuerpo actual y el del futuro, no habría necesidad de abrir los sepulcros, y de hecho no se produciría ninguna resurrección real, pues en tal caso el cuerpo sería completamente diferente. y no este cuerpo que se siembra en corrupción. Tiene que haber, pues, una relación entre el cuerpo anterior y el nuevo. y no sólo entre el alma y la personalidad de ahora y las del futuro.

       Quizá nuestro pobre pensamiento será ayudado a vislumbrar algo de este gran misterio si nos acordamos de que los átomos de nuestro cuerpo se van mudando constantemente por el proceso del metabolismo, y los científicos nos aseguran que se efectúa una transformación total de la materia del cuerpo cada siete años, de forma que no queda después ni un solo átomo de la materia anterior a este período. Pero al mismo tiempo no deja de ser el mismo cuerpo. Por medio de las potencias con las cuales el Creador ha dotado el alma, ésta aprovecha constantemente el material circundante para construir un cuerpo nuevo. El cuerpo en sí, pues, se compone de materiales sacados de la naturaleza circundante, que el alma vivifica y gobierna, amoldándolo todo en una unidad superior que corresponde a su propia esencia.

       Aun en el cuerpo terreno, por lo tanto, la materia no es el elemento que dirige el proceso, pues el control corresponde a aquellas potencias del alma que son capaces de construir el cuerpo. Existe, pues, un elemento en el cuerpo que no se destruye, a pesar de los cambios del metabolismo, y será este elemento permanente que será revestido de la morada celestial en el momento de la transformación y la resurrección del cuerpo. Sólo así podemos formamos una idea de un cuerpo que resucitará, que se describe al mismo tiempo como la semilla del cuerpo que ha de ser. El proceso que consideramos es a la vez una disolución y una reedificación, la conservación de un enlace, y a la vez, una nueva creación.

       El apóstol Pablo se vale de la analogía de una planta que muere, y de la cual no sobrevive más que un solo elemento; pero éste, bajo la influencia de la luz, y aprovechando las riquezas de la tierra, atrae a sí mismo aquella materia que necesita para formar otra planta, que es igual a la anterior a causa del elemento que persiste, pero a la vez es otra (1 Co.15:35-38). Así, aun después de la disolución del cuerpo humano, sobrevive un elemento que encierra en sí la posibilidad de una nueva formación corporal que es una continuación de la primera, y al mismo tiempo nueva. Se puede considerar el alma como el imán del cuerpo de donde procede el poder para atraer y organizar los millones de átomos del cuerpo. En el trance de la muerte el imán pierde su potencia, y los átomos se disgregan, pero en la resurrección el alma recobra su potencia en un grado mucho más perfecto y elevado, en virtud de la cual se vuelve a vestir de un nuevo cuerpo, perfecto y glorioso (2 Co. 5:2-4). Se trata esencialmente de la omnipotencia de aquel que es resurrección y vida: “el cual transformará el cuerpo de nuestra humillación, para ser semejante a su cuerpo de gloria. según la operación con que él puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Fil. 3:21).

      No podemos formamos idea alguna sobre la materia del cuerpo celestial pues se trata de una esfera completamente distinta, velada aun a nuestros sentidos corporales, de modo que no podemos valernos sino de metáforas y de símiles. Pensemos en el diamante con sus múltiples y brillantes facetos, acordándonos de que se cristalizó en las entrañas de la tierra, siendo la “materia prima” un pedacito de carbono negro. Pensemos en el brillo de la llama de una lámpara de gas, acordándonos de que procede del carbón que carece de lustre y forma. Pensemos en las joyas que adornan la diadema de un monarca, acordándonos de que se sacaron de capas de tierra. Así los cementerios de los hombres llegan a ser los semilleros de la resurrección, y siendo del pueblo de Dios, se convierten mediante el “rocío celestial” en los campos de la Resurrección, y del perfeccionamiento del hombre según la promesa (Is. 26: 19).

       Las Escrituras dicen poco de las circunstancias del alma entre la muerte y la resurrección, pero es cierto que el perfeccionamiento del creyente se relaciona siempre con la resurrección, y que no se produce en el momento de la muerte. Las Sagradas Escrituras enfocan su luz sobre la meta, con sólo unas breves referencias u lo que pasa en el intervalo, y así esperamos la venida del Señor, y no la muerte del cuerpo. Sabemos, sin embargo, que para el alma creyente hay un estado de bendición y de espera en el paraíso (Lc. 23:43) con Cristo (Fil. 1:23; 2 Co. 5:8; Hch. 7:59), en el “seno de Abraham” (Lc. 16:22) donde el creyente estará “mucho mejor» que aquí abajo (Fil. 1:23). Para el alma no salva empieza en seguida aquello que se significa por el fuego (Lc. 16:22-24) en el hades mientras espera el juicio final del gran trono blanco (Ap. 20:11-15). Para el creyente la primera ganancia se recibe al pasar a la presencia del Señor, y la segunda en el arrebatamiento (Fil. 1:2I). mientras que no le cabe al incrédulo sino la terrible expectación del juicio de Dios. En ambos casos el cumplimiento es la resurrección o para vida o para muerte (Jn. 5:29).

    SIETE FACETAS DE LA GLORIA DEL CUERPO DE RESURRECCIÓN

       Como el nuevo cuerpo no se puede describir en términos de la vida material aquí, las Escrituras no nos dan sino indicios figurados de su naturaleza.

    Su espiritualidad

       El cuerpo de nuestra humillación es psuchikos en el que el alma predomina, mientras que el celestial será espiritual, o sea, controlado por el espíritu (l Co. 15:44-46).

    Será sujeto al espíritu

       El cuerpo de humillación es un instrumento útil y necesario aquí, pero también limita y estorba el servicio de Dios; en cambio el cuerpo de gloria será el instrumento perfecto de nuestro servicio. El cuerpo de humillación, dominado por el alma, manifiesta cierta independencia del espíritu, que a veces llega hasta un conflicto entre el cuerpo y el espíritu (Ro. 7:5, 23; 1 Co. 9:27; Ro. 6:6), pero el cuerpo de gloria estará bajo el control absoluto del espíritu, y en esta sujeción, será el instrumento perfecto de nuestra vida consumada. Esto es todo lo contrario de lo que experimentamos aquí abajo.

    Su superioridad

      Mientras que el cuerpo de nuestra humillación obra en cierta medida en independencia del espíritu, se halla muy sujeto y limitado en lo que se refiere a las condiciones naturales de la vida. En cambio, el cuerpo de gloria precisamente por estar sujeto al espíritu, se halla independiente y libre frente a las condiciones naturales. Este cuerpo necesita el alimento y siempre está expuesto a la enfermedad o a la desgracia, pero el cuerpo venidero gozará de una libertad real, siendo superior a todas las restricciones de la materia, del espacio y del tiempo.

       Por la norma del cuerpo de resurrección del Señor sabemos que será posible comer, pero no necesario, lo que ilustra su superioridad sobre la materia (Lc. 24:41-43).

       El Señor, en cuerpo de resurrección, apareció en el aposento alto, estando cerradas las puertas, lo que indica que el nuevo cuerpo será libre de las restricciones del espacio y de la materia (Jn. 20:19; cp. Lc. 24:31, 36).

       El cuerpo de resurrección es inmortal en la esfera eterna (1 Co. 15:54, 42) de modo que está libre de toda limitación impuesta por el tiempo.

    Su exaltación

       Nuestro cuerpo actual es de “nuestra humillación” y también de deshonra, pero en contraste con el cuerpo de gloria pertenecerá a nuestra exaltación (Fil. 3:21; 1 Co. 15:43, 48, 49). La humillación de este cuerpo se echa de ver por las enfermedades que padece, y la muerte que determina su disolución, como también por las circunstancias de su concepción, nacimiento y alimentación (1 Co. 6:13). La dignidad del cuerpo venidero exige que cesen estas condiciones, y el mismo Señor declara que “en la resurrección ni los hombres tomarán mujeres, ni las mujeres maridos, más son como los ángeles de Dios en el cielo” (Mt. 22:30).

       Hemos de fijamos bien en que no se dice que “serán ángeles”, sino que, en cuanto a su modo de existencia, serán “como los ángeles». Ningún ser humano llega a ser un ángel cuando muere, bien que los redimidos estarán en armoniosa comunión con ellos (Hc.12:22; Lc. 16:22). La sorprendente verdad es que seremos mayores que los ángeles, siendo “las primicias de sus criaturas e hijos de Dios” (1 Co. 6:2-3; Stg. 1:18; Ro. 8:14).

    Su bienaventuranza

       Las aflicciones y el dolor del cuerpo actual no pasarán al cuerpo de gloria, que existirá en un estado de perfecta bienaventuranza en el que no habrá hambre ni sed, habiendo pasado el llanto. el clamor y el dolor con “las primeras cosas”. En lugar de la corruptibilidad de este cuerpo experimentaremos la incorrupción; no habrá deshonra, sino honra y gloria, y lo que se siembra en flaqueza se levantará en potencia (2 Co. 5:2, 4; Is. 49:10; Ap. 7:16-17; 21:4; I Co. l5:42-43).

    Su gloria

        En 2 Corintios 5:1-4 Pablo declara que nuestro cuerpo de humillación es cual una pobre tienda de campaña en contraste con el cuerpo que se compara con un palacio transparente y radiante. Revestido así “los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre” (Mt. 13:43) describiendo su gloria por los símiles que siguen:

    • Como la nieve blanca y deslumbradora (Mr. 9:3; Fil. 3:21).
    • Como el rocío transparente (Is. 26: 19).
    • Como la luna y las estrellas (Dn. 12:3).
    • Como el resplandor del firmamento (Dn. 12:3).
    • Como el sol cuando resplandece en su fuerza (Mt. 13:43; 17:2; Ap. 1:16).
    • Como el mismo Señor Jesucristo en la luz de su gloria (Fil. 3:21; Jn. 3:2; 2 Co. 3:18).

       Hermosísima es la promesa hecha a los entendidos y a los señores de justicia en Daniel 12:3: “Y los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que enseñan a justicia la multitud como las estrellas a perpetua eternidad.”

       He aquí la magnificencia que esperamos, comparada con la cual este cuerpo terrenal no es más que una semilla al lado de la gloria de la flor en su pleno desarrollo. De la forma en que es difícil que discernamos el brillo de la amapola en su diminuta semilla, o la majestad del roble en la bellota, o el fructífero manzano en la pequeña pepita, de igual modo pasa más allá de nuestra imaginación comprender toda la gloria del cuerpo venidero al contemplar solamente el cuerpo terrenal que conocemos aquí.

    Su conformidad con el cuerpo de Cristo

       El rasgo más glorioso del porvenir de los redimidos será su conformidad con la persona de su Señor: seremos semejantes a Él, porque le veremos como Él es (1 Jn. 3:2) y el cuerpo nuestro será transformado en la semejanza del suyo (Fil. 3:21). Llevaremos su imagen ya que El será el “primogénito entre muchos hermanos” (Ro. 8:29; Col. 1:18; cp. 2 Co. 3: 18). “E1 primer hombre es de la tierra, del polvo; el segundo hombre es del cielo. Cual el que es del polvo, así aquellos que son del polvo, y cual el celestial, así también los celestiales. Y como hemos llevado la imagen de aquel que es del polvo, así también llevaremos la imagen del celestial” (1 Co. 5:48-49, trad. lit.). (Tomado del Triunfo del Crucificado)

    El Arrebatamiento-2

    AMÉN, PARA LA HONRA Y GLORIA DE DIOS

  • SEMANA DEL 13 AL 19 DE ABRIL 2026. “EL SIERVO DE DIOS CORRIGE MALAS PRÁCTICAS EN EL SACRAMENTO DE LA CENA DEL SEÑOR”

    Lectura Bíblica: 1ª a los Corintios 11: 20 AL 22. 20. Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor. 21. Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga. 22. Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo.

        Comentario del contexto bíblico: (11:18-22) Cena del Señor: La corrupción de la Cena del Señor. Los corintios estaban abusando trágicamente de la Cena del Señor. Los abusos pueden parecerle extraños a algunas iglesias de la actualidad porque sencillamente participan de una migaja de pan y una pequeña copita de vino o jugo de uva para celebrar la Cena del Señor. Sin embargo, según se ha planteado en la nota introductoria, los corintios celebraban la Cena del Señor con una comida con todas las de la ley o un Banquete de Amor [Ágape]. Había cuatro abusos, algunos de los cuales se aplican muy bien y hablan directamente a las iglesias de todas las generaciones.

    ▬ 1. Había divisiones y camarillas dentro de la iglesia que corrompían la Cena del Señor (w. 18-19). Cuando existen divisiones, camarillas, facciones, y partidos, el espíritu de la iglesia se encuentra en desorden. La mente y el corazón de cada uno de sus miembros no están puestos en el Señor ni están en paz con el Señor no con el pueblo del Señor. La per- turbación, el dolor, la ira, la murmuración, el chisme, el orgullo, el egoísmo, el malentendido y la tergiversación siempre predominan cuando hay divisiones y camarillas dentro de una iglesia.

       Nota: Pablo dijo que él solo creía parte de lo que había escuchado. Él sabía muy bien cómo los problemas comienzan a crecer y rodearse de rumores, insinuaciones y exageraciones. De todas formas, había parte de verdad en lo que había escuchado, y él lo sabía, y la iglesia debía corregirlo.

       Observe otro asunto que es de importancia crucial para los creyentes genuinos de la iglesia. Las divisiones y las camarillas en la iglesia no toman a Dios ni desprevenido ni por sorpresa. Por el contrario, Dios permite las divisiones y las camarillas por una razón muy especial: “La división hace que el creyente genuino se diferencie mucho más”. Las personas que son divisivas y propensas a formar camarillas hacen que el amor y la verdad de los creyentes genuinos resplandezcan con mucho más brillo. En las propias palabras de las Escrituras:

       “Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados”.

       Pensamiento 1. Este planteamiento alienta en gran manera al ministro de Dios y a los creyentes genuinos en la medida en que se enfrentan a la división, las camarillas, y la oposición de los camales y los no salvos en la iglesia.

       Note también la amonestación en este elemento.

       Cualquier persona que se encuentre dentro de un grupo que sea divisivo o propenso a formar camarillas corre un peligro terrible. La división y la propensión a la formación de camarillas constituyen pruebas de que una persona no es genuina. Debe arrepentirse y encomendar su vida al amor y la misión del Señor (cp. 1 Co. 15:33).

       “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis toda una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Co. 1:10).

       “porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Co. 3:3).

       “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Ef. 4:3).

       “Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio” (Fil. 1:27).

       “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables” (1 P. 3:8).

    Tema de esta semana: “El siervo de dios corrige malas prácticas en el sacramento de la cena del señor”.

    ▬ 2. Había engaño de sí mismo que corrompía la Cena del Señor (v. 20). De un modo sencillo, los corintios solo se estaban engañando a sí mismos al congregarse y participar de la copa y el pan. Puede que hayan pensado que estaban celebrando la Cena del Señor, pero no era así; estaban completamente engañados. Lo que estaban haciendo no era recordar y honrar al Señor. Resultaba completamente imposible tener un espíritu divisivo y propenso a la formación de camarillas y honrar al Señor. Su congregación le resultaba completamente sin sentido e inútil al Señor.

       “Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, así mismo se engaña” (Gá. 6:3).

       “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gá. 6:7).

       “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Stg. 1:22).

       “Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana” (Stg. 1:26).

       “Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo” (1 Jn. 3:7).

       “Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (Ap. 3:16, 17).

       “Se lisonjea, por tanto, en sus propios ojos, de que su iniquidad no será hallada y aborrecida” (Sal. 36:2).

    ▬ 3. Estaba el egoísmo y el descuido de otros que corrompían la Cena del Señor (v. 21). Cuando la iglesia primitiva se congregaba para el Banquete de amor [Ágape], todo el mundo traía toda la comida que podía. Esto permitía que hubiera bastante para todo el mundo, incluso para los pobres y lo esclavos que no podrían traer mucho. La idea era tener una cena común donde todo el mundo compartiera.

    • el rico y el pobre • el libre y el esclavo
    • el judío y el gentil • el letrado y el analfabeto
    • la clase alta y la baja • el hombre y la mujer
    • el adulto y el niño

       Sin embargo, la iglesia de Corinto había comenzado a abusar de la Cena del Señor. En lugar de compartir, todo el mundo se sentaba separado en su propio grupo de amigos y compartían su comida solo entre ellos. El resultado era trágico:

    => Algunos eran descuidados, y tenían poco que comer, de tener algo. Esto sucedía en particular con los esclavos.

    => Algunos se complacían a sí mismos y actuaban como glotones.

    => Algunos trataban el asunto como si fuera una reunión social, bebiendo hasta emborracharse.

       No se experimentaba amor ni fraternidad cristiana reales de ningún tipo. Y aunque la iglesia participaba del pan y de la copa, no estaba celebrando la Cena del Señor. Lo que estaban haciendo era totalmente sin sentido e inútil. Lo que estaban celebrando era un banquete al espíritu maligno del egoísmo y la complacencia, no al Señor.

    ▬ 4. Estaba el abuso de la santidad de la iglesia y la vergüenza del pobre que corrompía la Cena del Señor. Note que este versículo es una serie de preguntas que se responden solas y debieran despertar condenación en el corazón de los culpables.

    => ¿No tienen casas donde comer y beber? La iglesia no es el lugar donde debemos comer y beber. Es el lugar de adoración.

    => ¿No están abusando de la iglesia y avergonzando a los pobres por medio de la división, las camarillas, el egoísmo, la complacencia, y el acaparamiento?

    ¡Por supuesto que sí!

    => “¿Qué os diré? ¿Os alabaré? ¡En esto no os alabo!”

    Nota del expositor: «Es deber de todo creyente mantener la pureza y santidad en la conmemoración de la cena del Señor, evitando los excesos y las malas prácticas que pueden rodear este santo sacramento» (Éxodo 12:14).

    1er Título: Disensión que invalida la cena del Señor. Versículo 20. Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor.  (Léase: 1ª a los Corintios 10:15 al 17. Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.  ▬ Judas 12. Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados.).

    Comentario de 1ª a los Corintios (10:15-17) Idolatría: Primero, ¿nuestra participación en reuniones sociales identifica a quién adoramos? Observe seis elementos.

    ▬ 1. La participación en la Cena del Señor nos identifica como adoradores del Señor (v. 16). Cuando participamos de la copa y el pan, declaramos que adoramos al Señor:

    • Que gozamos de fraternidad y comunión con Él.
    • Que estamos atados a Cristo por su cuerpo y su sangre.
    • Que le hemos entregado a Él nuestra vida.
    • Que estamos comprometidos con su muerte y con su propósito.

    ▬ 2. La participación con otras personas nos identifica con su reunión o actividad (v. 17). Los creyentes que se juntan para participar de la Cena del Señor están identificados como adoradores del Señor. Su propósito para congregarse es participar del pan como una comunión de creyentes. Por consiguiente, es natural que se les mire e identifique como adoradores del Señor. Sucede lo siguiente: A los creyentes que se juntan con los incrédulos en sus reuniones se les identifica con la reunión de los incrédulos.

       Comentario de Judas 12. (v. 12) Maestros, falsos – Placer, búsqueda: los falsos maestros son manchas en la hermandad de la iglesia. La palabra griega para “manchas” (spilas) puede significar piedras sumergidas o rocas escondidas que pueden hacer que un barco se hunda. Los falsos maestros son rocas dentro de la iglesia, que pueden hacer hundir la hermandad de la iglesia. Los traductores difieren respecto de cuál fue el significado que Judas intentó. Posiblemente, quiso significar ambas cosas, ya que ambas cosas ciertamente son verdad.

       Las festividades del amor se referían a lo que la iglesia primitiva denominó festividades del amor. Eran comidas de camaradería que la iglesia celebraba después de los servicios del Dia del Señor. Cada familia traía la comida que podía. Esto, por supuesto, significaba que los ricos traían mucho y los pobres traían poco o nada. Recuerde que muchos de los creyentes eran esclavos en esos días, de manera que algunos de ellos no podían traer nada de comida. Muchas iglesias tenían la camaradería plena de regocijo alrededor de las festividades del amor. Estas festividades brindaban un momento en el que los creyentes podían compartir la calidez de sus corazones y crecer juntos en hermandad. Era el momento en el que el Espíritu Santo podía juntar los corazones de los creyentes en amor y regocijo, cuidado y participación. Era un momento que el Espíritu Santo podía utilizar para unir a los creyentes en sentimientos mutuos, en la calidez y en la ternura.

       El punto es el siguiente: la camaradería entre los creyentes es un tiempo maravilloso, una oportunidad única para crecer y compartir. Pero cuando los falsos maestros están presentes, la escena es completamente diferente.

    => Los falsos maestros son manchas sobre la camaradería de los creyentes. Ensucian y manchan el nombre de Cristo y el testimonio de la Iglesia. Profesan ser creyentes e inclusive son maestros de la Palabra de Dios, pero no son puros. Su falsa enseñanza altera a los creyentes genuinos y causa divisiones dentro de la camaradería de la iglesia. Aquellos que no están arraigados en Cristo y en la Palabra de Dios siguen y apoyan al falso maestro; aquellos que están arraigados en Cristo y en la Palabra de Dios rechazan al falso maestro. Los falsos maestros siempre manchan y ensucian la camaradería de la iglesia porque causan división entre la gente y destruyen el Espíritu de Cristo entre ellos.

    => Los falsos maestros son escollos o rocas sumergidas que hacen hundir la camaradería de la iglesia. Sus enseñanzas son a menudo inyectadas en la iglesia en forma tranquila e insidiosa, completamente inadvertida para los miembros de la congregación. Por lo tanto, la camaradería está sujeta a ser hundida como un barco sobre los escollos de las falsas enseñanzas.

       Advierta que los falsos maestros se alimentan a ellos mismos —es decir, se acompañan de creyentes— sin temor alguno. No existe temor de Dios ni del pensamiento sobre el daño que hacen a la hermandad de la iglesia. Su interés es impulsarse a ellos mismos, ser reconocidos como predicadores o maestros excelentes, una persona de talentos poco comunes, un maestro con nuevos pensamientos, un maestro progresista, que está por encima de los demás.

       Pensamiento 1. La camaradería de los creyentes es espiritual. No es una camaradería social, basada en sentimientos emocionales por los demás. Es una camaradería brindada por el Espíritu de Dios. Los sentimientos están presentes; pero más allá de esto existe amor, regocijo, paz, propósito, significado e importancia piadosos, todo centrado en Jesucristo. Cuando la falsa enseñanza está presente, todo esto se rompe. Por lo tanto, la falsa enseñanza nunca debe ser permitida en la verdadera iglesia. Pero cuando los creyentes maduros se dan cuenta de ella, en Cristo están forzados a rechazarla y denunciarla.

       “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18:20).

       “Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad” (Mt. 23:28).

       “En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía” (Lc. 12:1).

       “Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?” (Lc. 24:32).

       “Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios” (Ro. 3:13).

       “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor” (1 Co. 1:9).

       “Por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia” (1 Ti. 4:2).

       “Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra” (Tit. 1:16).

       “Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo” (1 Jn. 1:3).

       “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Ap. 3:20).

       (v. 12) Maestro, falso ▬ Vacío ▬ Inestabilidad: los falsos maestros son completamente vacíos e inestables. Se dan dos ilustraciones.

    => Son como nubes que ofrecen lluvia al granjero, pero cuando las nubes llegan, son corridas por los terribles vientos de tormenta.

    => Son como los árboles de frutos que parecen estar floreciendo y que prometen frutos, pero cuando llega la época de la cosecha, no existe ningún fruto.

       Esta es una imagen de los falsos maestros que ofrecen esperanza a la gente, pero su esperanza está vacía e inestable, tan vacía e inestable como todas las nubes mundanas de esperanza y promesas sin fundamento de frutos. Los falsos maestros no pueden regar la semilla de la Palabra de Dios en los corazones de la gente, ni pueden sus enseñanzas llevar frutos dentro de la gente. Las opiniones de los falsos maestros no pueden ayudar a la gente a enfrentar los juicios y las tentaciones de la vida, ni pueden preparar a la gente a enfrentar la eternidad que se cierne sobre el horizonte. Al tratar con la eternidad ―con Dios, Cristo y la Santa Escritura— el falso maestro no es nada más que una nube sin agua y un árbol sin fruto. Puede parecer que ofrece esperanza, seguridad y plenitud de vida, pero su mensaje es inestable y vacío y dejará a la persona desesperanzada cuando se encuentre con Dios cara a cara.

       “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente” (Ef. 4:17).

       “Por la mañana dirás: ¡Quién diera que fuese la tarde! y a la tarde dirás: ¡Quién diera que fuese la mañana! por el miedo de tu corazón con que estarás amedrentado, y por lo que verán tus ojos” (Dt. 28:67).

       “Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol” (Ec. 2:11).

       “Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias; aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad” (Ec. 2:23).

       “¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura” (Is. 55:2).

       “Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo” (Is. 57:20).

       “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”

    2° Título: Conducta egoísta que profano el sacramento de la cena del Señor. Versículo 21. Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga. (Léase: San Marcos 14:17 al 20. Y cuando llegó la noche, vino él con los doce. Y cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar. Entonces ellos comenzaron a entristecerse, y a decirle uno por uno: ¿Seré yo? Y el otro: ¿Seré yo? El, respondiendo, les dijo: Es uno de los doce, el que moja conmigo en el plato.   ▬ 1ª a los Corintios 5:6 al 8. No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.).

        Comentario de Marcos. (14:13-17) Judas-negación-traición: Jesús sabía de la negación y traición de Judas. Aparentemente ése es el tema de lo relatado en estos versículos. Judas acababa de complotarse contra Jesús con los principales sacerdotes (Mr. 14:10-11). Judas estaba negando y traicionando a Jesús. Jesús lo sabía, de modo que se vio precisado a mantener en silencio y en secreto sus planes y movimientos. No podía permitir que Judas los supiera, de lo contrario Judas llevaría a las autoridades a detenerlo en el aposento alto antes de haber cumplido su misión con los discípulos. Note el tema de este pasaje.

    ▬ 1. Jesús había mantenido en secreto sus planes y movimientos. Los discípulos no sabían dónde quería celebrar la pascua. Jesús no podía revelar sus planes a un discípulo pecador y caído que lo estaba negando y traicionando. Ese discípulo (Judas) no haría sino interrumpir lo que Jesús estaba haciendo con sus discípulos fieles en el aposento alto. No haría otra cosa que destruir, perturbar, impedir y obstaculizar la obra de Jesús.

    ▬ 2. Jesús solamente podía compartirlo con sus discípulos fieles. Note que Jesús tenía un plan, y que lo siguió hasta el mínimo detalle. Aparentemente había preparado todo con anticipación. Envió a dos discípulos confiables a cumplir con los arreglos. Estos cumplieron minuciosamente las instrucciones. Pero note el carácter secreto de esas instrucciones. Era preciso que los preparativos fuesen en secreto porque Judas y las autoridades buscaban prender a Jesús en un lugar tranquilo, apartado de la gente. El aposento alto hubiera sido el lugar ideal para arrestar a Jesús.

    » a. Hubo una señal predeterminada; un hombre llevando un recipiente de agua en la cabeza. Este sería un cuadro por demás inusual. Normalmente eran las mujeres quienes llevaban recipientes en sus cabezas. Aparentemente era una señal que los discípulos debían seguir en silencio.

    » b. Jesús no mencionó al propietario ni la dirección de la casa. Sencillamente mandó que siguieran al hombre con el recipiente de agua en la cabeza, y luego a decir al dueño de casa «El Maestro» necesita el aposento.

    ▬ 3. Jesús cumplió su plan a pesar del traidor y de aquellos que querían detenerlo. Note el coraje y poder de Jesús para controlar las circunstancias y los eventos.

       Pensamiento. Note vario puntos llamativos y convincentes.

    1) Jesús conoce la negación y traición de cualquier persona, así como sabía de la de Judas.

    2) Jesús no revela sus planes y movimientos al hombre que lo niega y traiciona. La persona que niega a Jesús lo sabe. No tiene sentido ni es consciente de la presencia de Jesús. Los planes del Señor no le son conocidos, y los movimientos del Espíritu de Dios no son percibidos ni experimentados.

    3) Jesús comparte sus planes y movimientos solamente con los discípulos fieles y confiables.

    4) Los planes de Jesús son seguros; inamovibles. Así como no pudieron ser detenidos por Judas, tampoco pueden ser detenidos ahora, no importa la negación y traición. Jesús cumple sus planes, haciendo todo lo que sea necesario para cumplirlos.

       «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados» (Ro. 8:28).

       «Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente» (1 Co. 2:14).

       «El que anda en tinieblas, no sabe a dónde va» (Jn. 12:35).

       (14:18-20) Judas-negación-traición: Jesús le dio a Judas todas las oportunidades posibles para arrepentirse.

    ▬ 1. La primera oportunidad fue un intento de hacer que Judas se sintiera convicto. Jesús dijo: «uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar». Judas estaba sentado allí. Escuchó las palabras de Jesús. ¿Cuáles serían sus pensamientos? Había intentado ocultar su pecado, y lo había hecho bien. Según él, nadie sabía de su pecado (complot), ni siquiera los discípulos que eran sus allegados más íntimos. Pero Judas se preguntaba «¿Acaso sabe Jesús, o está tanteando en la oscuridad, suponiendo, sospechando, consciente de que algo se está cocinando, pero sin saber qué?» Las Escrituras callan en cuanto a los pensamientos del traidor. Pero una cosa es sabida: Judas no se sintió convicto por su pecado, no lo suficiente para arrepentirse. En cambio, note lo que pasó a los discípulos fieles y confiables.

    » a. Sintieron una profunda tristeza (pesadumbre) en sus corazones. La palabra «entristecerse›› (lupeísthai) significa apenarse, tener mucha pena en el corazón. Sus corazones se sintieron verdaderamente apesadumbrados, con un gran peso de dolor.

    » b. Se sintieron impulsados a hacer un auto examen de sus propios corazones. Preguntaron: «¿Seré yo?» Note cuánto habían madurado. Conocían la debilidad de la carne, sabían cuán fácilmente podían fallar. Cada uno tuvo temor de estar ante una gran caída.

      Note también que no buscaron la falla en los otros, sino que se miraron a sí mismos ¡Qué lección para todos nosotros!

       Pensamiento 1. El hombre que debía…

    • haberse sentido convicto, no lo hizo.
    • haber estado triste, no lo estuvo.
    • haber estado apenado, no lo estuvo.
    • haber estado arrepentido, no lo estuvo.
    • haber examinado su propio corazón, no lo hizo.

       Pensamiento 2. Dos cosas son cruciales, incluso para el más fiel y el más confiable.

    1) Conocer la debilidad de la carne humana, el gran peligro de caer.

    2) Examinarse siempre a sí mismo y no a los otros.

    ▬ 2. La segunda oportunidad dada a Judas lo dejaba sin excusas en caso de rehusarse. Jesús reveló conocer el monstruoso engaño (v. 20). «Es uno de los doce», uno «que moja conmigo en el plato». ¡Qué engaño! El pecador estaba sentado con Jesús, participando de la última cena, culpable del más terrible de los pecados.

       Note que se le dijo a Judas que su pecado era conocido. Sin embargo, aun después de oírlo, siguió creyendo que podía continuar impunemente. Se rehusó a arrepentirse. Vivió en su engaño. rechazando oportunidad tras oportunidad.

       «Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente» (Lc. 13:3, 5).

       «Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio» (Hch. 3:19).

       «Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón» (1-Ich. 8:22).

       Comentario de 1ª a los Corintios (5:6) Iglesia, problemas: La iglesia debe saber algo, un poco de levadura (pecado) leuda toda la masa. La levadura o el pecado de la iglesia de Corinto era su “jactancia”. La iglesia se creía una iglesia fuerte y espiritual, una iglesia grandemente bendecida y dotada por Dios. Todo don concebible del Espíritu se le había dado a la iglesia, y los miembros se deleitaban y se jactaban de sus dones y bendiciones (vea las notas _ l Co. 1:5-7; 1:12; 1:26; 2:6-13; 3:18-23; 4:1-5; 4:6; 4:7; 4:8; 5:2. Una ojeada rápida a estas notas proporcionará una panorámica de la jactancia y el orgullo de la iglesia de Corinto y de la jactancia y el orgullo que pueden calar cualquier iglesia.)

       Sin embargo, la mayor envergadura del orgullo pecaminoso se alcanza cuando una iglesia comienza a enorgullecerse del hecho de que ciertos lideres pertenecen a su comunión. Este fue al parecer uno de los pecados terribles de la iglesia de Corinto.

       La iglesia se estaba “jactando” del hombre que era culpable del pecado de inmoralidad (v. 6). La iglesia, desde luego, no se habría estado jactando del pecado del hombre. Su jactancia era por el hombre como tal: su talla moral, su prestigio, quién era, el dinero que podía dar, el aporte que podía hacer, su liderazgo, y quizá sus riquezas. La palabra “jactarse” (kauchema) lo señala fuertemente. Significa que se estaban jactando, vanagloriando, y enorgulleciéndose del hombre a pesar del conocimiento de su pecado. Quizá fuera un hombre de un liderazgo extraordinario en la comunidad o la ciudad de Corinto. Quizá se había convertido en líder de una de las facciones de la iglesia. Cualquiera que sea el caso, la iglesia pasó por alto este pecado y se enorgulleció del hecho de que un hombre de su talla moral se sumara y formara parte de su fraternidad.

       Pensamiento 1. Con gran frecuencia, la iglesia pasa por alto el pecado y el estilo de vida de un hombre porque es líder de la comunidad, el gobierno o una empresa. De hecho, con gran frecuencia una iglesia se jacta del hecho de que un hombre es miembro de su fraternidad. Según declaran las Escrituras: “Hermanos, estas cosas no deben suceder”.

       Sucede lo siguiente: La iglesia debe despertar y aprender algo. Un poco de levadura (pecado) leuda toda la masa. La levadura es un tipo de pecado en la Biblia. Por consiguiente, si se permite que el hombre y su pecado de inmoralidad permanezcan en la iglesia, el pecado del hombre se esparcirá. Si la iglesia acepta al hombre que está viviendo claramente en pecado, otros comenzarán a creer que ellos, también, pueden ser aceptos, aunque pecaran. Si no hay restricción sobre el pecado, entonces el pecado crecerá. Si el pecado se acepta, el pecado, no la justicia, es el que impera. Si la justicia no es el fundamento de la aceptación, entonces la justicia no reina, sino que reina el pecado. Si la iglesia acepta a la persona que vive claramente en pecado, entonces la iglesia está permitiendo que impere el pecado, y el pecado se esparcirá. El hombre que vive en función del pecado influye a los otros para que vivan en función del pecado.

       Observe lo que dicen las Escrituras: Solo hace falta un poco de levadura, no mucho, para que el pecado crezca. Aceptar a un hombre que vive según el mundo y según el pecado haría que otros comiencen a llevar una vida mundana y pecaminosa.

       “Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado” (Ro. 14:15).

       “Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad? Esta persuasión no procede de aquel que os llama. Un poco de levadura leuda toda la masa” (Gá. 5:7-9).

       “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno” (Mt. 18:6-8).

       “Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable” (Ec. 10:1).

       “Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; porque nuestras viñas están en cierne” (Cnt. 2:15).

       (5:7) Iglesia, deber: La iglesia debe limpiarse de la levadura (pecado). Hay dos razones por la que la iglesia y sus creyentes deben limpiarse de todo pecado.

    ▬ 1. Los creyentes son nuevas criaturas. Da la idea de la fiesta de Pascua judía. A la familia judía se le exigía por ley que eliminara toda la levadura de la casa antes de celebrar la Pascua. Se les exigía incluso que encendieran velas y buscaran en toda la casa migajas de levadura que hubieran caído al suelo y debajo de la mesa y otros muebles. La purga de toda la levadura simbolizaba al pueblo purgando la influencia corruptora del pecado en la vida de cada uno de ellos.

       Note el planteamiento: “sin levadura como sois”. Los creyentes de la iglesia ya eran sin levadura; eran nuevas masas, nuevas criaturas; por consiguiente, no debían salir de la familia y entrar al mundo para traer la vieja levadura de vuelta a la familia. El creyente se ha convertido en una “nueva criatura” en Cristo. Se han echado de la casa sus viejos pecados y su viejo hombre; por consiguiente, no debe permitir que los viejos pecados regresen a su vida y tampoco a la familia de Dios, es decir, la iglesia.

       “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Co. 5:17).

       “Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación” (Gá. 6:15).

       “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Ef. 4:22-24).

       “No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Col. 3:9, 10).

    ▬ 2. Cristo nuestra Pascua se ha sacrificado por nosotros y por la iglesia. Acá, también, hay una ilustración de la Pascua. En la Pascua judía, cada familia mataba Lm cordero de Pascua y con su sangre pintaba el dintel de la entrada principal de la casa. Esto simbolizaba que la familia creía en la Palabra de Dios, que Dios salvaría a la familia del juicio cuando Dios viera que la sangre del cordero de Pascua cubría su casa.

       Resulta sorprendente: El cordero de Pascua de la fiesta y del Antiguo Testamento simbolizaba el gran Cordero de Pascua de Dios, Jesucristo. Cristo nuestra Pascua se sacrifica por nosotros; por consiguiente, debemos purgar la levadura, el pecado y su influencia corruptora, de nuestra vida. Debemos purgar todo el pecado y tomar la sangre de Jesucristo y cubrirnos nosotros mismos y a nuestra casa si deseamos que el juicio de Dios nos pase por alto.

       Ahora bien, note la idea: Si continuamos practicando y aceptando el pecado, eso demuestra que no creemos realmente que la sangre de Cristo nos limpia. Aceptar el pecado y vivir en pecado demuestra que no tenemos interés en librarnos del pecado. Aceptar el pecado y vivir en pecado demuestra que amamos el pecado, que nos agrada tanto lo que el pecado nos puede hacer que no estamos dispuestos a purgarlo de nuestra vida y de la iglesia. Si permitimos la vieja levadura, el viejo pecado en nuestra vida y nuestra iglesia, eso demuestra que tenemos poco interés en una vida limpia y pura. Le demuestra a Dios que nos preocupa poco el poder limpiador de la sangre de Cristo nuestra Pascua. El planteamiento es contundente, y constituye una amonestación. Por consiguiente, debemos purgar la vieja levadura, los viejos pecados tanto de nuestra vida como de nuestra iglesia.

       “El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29).

       “Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Co. 5:7).

       “el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre” (Gá. 1:4).

       “Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Ef. 5:2).

       “quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tit. 2:14).

       “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 P. 1:18, 19).

       “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Jn. 3:16).

       “y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Ap. 1:5).

        (5:8) Iglesia, deber: La iglesia debe celebrar la fiesta, es decir, debe limpiarse. Este punto se plantea de la forma más clara posible: “La iglesia debe mantenerse limpia y pura”. No debe permitir malicia ni maldad en su fraternidad. Debe llevar una vida de sinceridad y verdad. Observe cinco elementos:

    ▬ 1. La palabra “malicia” señala que al parecer algunas personas en la iglesia se oponían a la presencia inmoral del hombre en la iglesia. Pero los que apoyaban al hombre se mantenían firmes, y la malicia se instaló entre los dos grupos.

    ▬ 2. La palabra “maldad” (ponerias) significa más que solo pecado y carencia. Significa sentir placer en el mal. La iglesia debe purgarse de su orgullo en los hombres prestigiosos que vivían en pecados inmorales. Tal maldad debe purgarse.

    ▬ 3. La palabra “sinceridad” (eilikpinias) significa puro, caro, transparente. Es algo a través de lo cual puede pasar la luz del sol demostrando una pureza impecable.

    ▬ 4. La palabra “verdad” (aletheias) significa no adulterado, conforme a la naturaleza de cualquier cosa que sea cierta. Dios es verdad; por consiguiente, quiere decir ser igual a Dios. Significa vivir y hacer la verdad; por lo tanto, la iglesia debe hacer precisamente lo que es correcto. Debe disciplinarse ella misma y al hombre inmoral. La iglesia debe purgar el pecado dentro de sí misma.

    ▬ 5. La palabra “celebremos” está en el tiempo gramatical presente, lo que significa acción continua. La iglesia debe continuar celebrando la fiesta, continuar purgando la vieja levadura del pecado y sus influencias corruptoras. No solo se debe disciplinar ella misma y al hombre que está viviendo en pecado inmoral, debe continuar manteniéndose pura, continuar celebrando la fiesta de pureza ante Dios.

       “Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que, con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho más con vosotros” (2 Co. 1:12).

       “Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que, con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo” (2 Co. 2:17).

       “Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo” (Fil. 1:9, 10).

       “presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad” (Tit. 2:7).

       “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1 Jn. 3:18).

    3er Título: Dura reprensión para quienes menosprecian el cuerpo de Cristo y a los pobres de la Iglesia. Versículo 22. Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo. (Léase: Proverbios 17:5. El que escarnece al pobre, afrenta a su Hacedor; Y el que se alegra de la calamidad no quedará sin castigo.  ▬ Filipenses 3:18 y 19. Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal.).

       Comentarios de Filipenses. (3: 18-19) Testimonio, Jesucristo, Cruz: Debemos mirar a los que se conducen como ejemplo, en segundo lugar, porque muchos se conducen como enemigos de la cruz. ¿Quiénes son los enemigos de la cruz? Muchos comentaristas dicen que son los creyentes hipócritas y falsos que están dentro de la iglesia, aquellos que son cristianos nominales. Dicen que la palabra

       “conducirse” es empleada respecto de los cristianos en el versículo 17; por lo tanto, también se refiere a los miembros de la iglesia del versículo 18. También se dice que Pablo lloraría sólo por los falsos creyentes que estaban dentro de la iglesia.

       Es cierto que Pablo se podría estar refiriendo a creyentes falsos e hipócritas que están dentro de la iglesia. No obstante, cada incrédulo tanto fuera como dentro de la iglesia se conduce como un enemigo de la cruz…

    • Ya sea el líder de una nación o un movimiento establecido para borrar la iglesia y la cruz.
    • Ya sea un creyente profesante que realmente duda de la muerte por sustitución y resurrección de Jesucristo.

       Advierta también otra cosa: Es algo común que los creyentes lloren por los perdidos. Por cierto, Pablo lloró muchas veces por los perdidos del mundo y no sólo por los falsos creyentes que estaban dentro de la iglesia (cp. Mt. 23:37; Lc. 13:34; Ro. 9:1-3, 10:1; 1 Ti. 2:1-4).

       “Exhorto, ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Ti. 2:1-4).

       Nuevamente, ¿quiénes son los enemigos de la cruz? Parecería ser preferible tomar el versículo tal como se expresa: Hay muchos que se conducen como “los enemigos de la cruz”, no importa quiénes son, si están dentro 0 fuera de la iglesia. Incuestionablemente, los enemigos de la cruz son muchos.

    Advierta lo que se dice sobre ellos.

    ▬ 1. Su fin es la destrucción (apoleia). La palabra significa perdición, destrucción, saqueo; perder lo bueno del ser; perderse, desperdiciarse, arruinarse y darse a una existencia sin valor. No significa que una persona dejará de existir. Sino que una persona será destruida y devastada y condenada a una existencia sin valor. Sufrirá pérdidas y miserias y ruinas por siempre y para siempre

       Si una persona es enemiga de la cruz, será destruida. No importa quién sea, si está dentro 0 fuera de la iglesia, sufrirá la perdición, es decir, la destrucción completa. ¿Quién es enemigo de la cruz? Es la persona…

    • Que rechaza la cruz de Cristo como el único camino a Dios.
    • Que no acepta la muerte de Cristo como pago por sus pecados.
    • Que no cree que Cristo murió por él, es decir, como castigo a sus transgresiones.
    • Que no cree que el castigo por su imperfección fue cargado por Cristo en la cruz.
    • Que no se acerca a Dios argumentando que llega por la muerte de Cristo, es decir, que quiere que Dios lo acepte en la muerte de Cristo.
    • Que sostiene que hay otros caminos para acercarse a Dios, otros caminos que no son la cruz de Cristo.
    • Que considera la cruz de Cristo como una tontería.
    • Que se opone y maldice a Cristo y a su cruz.
    • Que persigue e intenta borrar a Cristo y a su cruz.
    • Que niega y cuestiona que Cristo murió por nuestros pecados.

       “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mt. 25:46; cp. w. 25-45).

       “Pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno” (Mr. 3:29).

       “Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará” (Lc. 3:17).

       “Pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego” (Ro. 2:8-9).

       “Y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” (2 Ts. 1:7-9).

        “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo” (He. 10:29-30).

       “Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio” (2 P. 2:9).

       “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Ap. 20:15).

       “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Ap. 21:8).

    ▬ 2 Su dios es su vientre (koilia), es decir, su apetito, su sensualidad, su deseo por los placeres físicos de este mundo. La gratificación física y material es su dios. Centran sus vidas alrededor de… • posesiones y propiedades

    • placer y sexo • casas y equipamientos • aceptación y posición social • alimentos y apetito • posición y éxito • comodidad y abundancia • honor y fama • dinero y riqueza

       Simplemente tómese un instante y piense en cualquier elemento de la lista, sobre cómo algunas personas centran su vida en esas cosas. Algunas dedican más tiempo frente a un espejo o comiendo o pensando acerca de la aceptación o el éxito o las posesiones o algún negocio que lo que le dedican a la oración.

       La cuestión es que cuando una persona tiene anhelos y apetito por tales cosas, estas se convierten en su Dios. El anhelo comienza a consumir sus pensamientos, su energía y su esfuerzo. A poco andar su anhelo requiere tanto de su energía que tiene muy poco tiempo, si lo tiene, para Dios o para cualquier otra cosa. su apetito y su anhelo, o como dicen las Escrituras, su vientre, se convierte en su Dios. Marvin Vincents cita los cíclopes en Eurípides diciendo: “Mis rebaños que sacrifico a nadie más que a mi mismo, y no a los dioses, y a este mi vientre el mayor de los dioses: para comer y beber cada día, y no crearse problemas, este es el Dios de los hombres sabios”.

       “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz” (Ro. 8:5-6).

       “Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Ro. 8:13).

       “Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Ro. 16:18).

       “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza” (Ef. 4:17-19).

    ▬ 3. Su gloria es su vergüenza. Esto simplemente significa que los hombres alardean en sus pecados y vergüenza. Alardean y se enorgullecen…

    • en su comodidad • en sus juergas • en su ebriedad • en lo que comen • en su glotonería • en lo que han adquirido • en sus conquistas • en su autoridad y poder • en su sexo • en cuánto tienen

       “Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lc. 12:15).

       “Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos” (Ef. 5:3).

       “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría” (Col. 3:5).

       “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré” (He. 13:5).

       “Porque el malo se jacta del deseo de su alma, bendice al codicioso, y desprecia a Jehová” (Sal. 10:3).

       “Los que confían en sus bienes, y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan. Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate” (Sal. 49:6-7).

       “Como nubes y vientos sin lluvia, así es el hombre que se jacta de falsa liberalidad” (Pr. 25:14).

       “No te jactes del día de mañana; porque no sabes qué dará de sí el día” (Pr. 27:1).

    ▬ 4. Tienen su mente en cosas terrenales. Esta es simplemente otra forma de decir que una persona es mundana. Centra su mente, energía y esfuerzo sobre las cosas del mundo. Pero adviertas Las cosas de este mundo incluyen mucho más que las gratificaciones físicas y espirituales de este mundo. Las cosas mundanas también incluyen las cosas recomendadas que son aceptadas por la sociedad, tales como por ejemplo…

    • Religiones y búsquedas espirituales
    • Programas de desarrollo propio
    • Reglas de virtud y moralidad
    • La búsqueda de ambición o éxito
    • El empleo, el trabajo y los negocios

       Como ya se ha dicho, tales cosas son recomendables y algunas incluso necesarias para la supervivencia y la salud. Pero la cuestión es que la base de nuestra vida debe ser la cruz de Cristo, no las cosas de este mundo. La única esperanza de conquistar las enfermedades y la corrupción de la sociedad, y la maldad y la muerte del hombre es la cruz de Cristo. Nada en esta tierra, sin importar cuán bueno y beneficioso sea, nos puede dar vida, vida abundante y eterna. Sólo Jesucristo puede damos una vida que conquiste todo y que nos infunda con vida que perdure para siempre. Por lo tanto, el centro de nuestras vidas debe ser Cristo y su cruz. Si, debemos prestar nuestra atención a nuestros trabajos y familias y a las otras búsquedas buenas y beneficiosas de la vida, pero subyaciendo a todo debemos ser Cristo y su cruz. Él y su cruz deben ser la pasión y el propósito que consumen nuestra vida. La persona que fija su mente en cosas terrenales es un enemigo de la cruz de Cristo.

       “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz” (Ro. 8:5-6).

       “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Ro. 12:2).

       “Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Co. 10:5).

    Semana del 13 al 19 de abril del 2026

    Amén, para la honra y gloria de Dios.

  • DOMINGO 19 DE ABRIL DE 2026. “PRIMICIAS TRAÍDAS A DIOS REFLEJAN UN CORAZÓN PLENAMENTE AGRADECIDO”.

       Lección: Números 28:26 al 31. 26. Además, el día de las primicias, cuando presentéis ofrenda nueva a Jehová en vuestras semanas, tendréis santa convocación; ninguna obra de siervos haréis. 27. Y ofreceréis en holocausto, en olor grato a Jehová, dos becerros de la vacada, un carnero, siete corderos de un año; 28. y la ofrenda de ellos, flor de harina amasada con aceite, tres décimas con cada becerro, dos décimas con cada carnero, 29. y con cada uno de los siete corderos una décima; 30. y un macho cabrío para hacer expiación por vosotros. 31. Los ofreceréis, además del holocausto continuo con sus ofrendas, y sus libaciones; serán sin defecto.

       Comentario del contexto bíblico: Versículos 26-31: El mismo número de sacrificios está señalado para el día de las primicias, es decir, para la fiesta de las Semanas o fiesta de la Cosecha (cf. Levítico 23,15-22). El holocausto festivo y la ofrenda por el pecado de este día eran independientes del holocausto y la ofrenda por el pecado suplementarios de los panes mecidos señalados en (Levítico 23:18. Y ofreceréis con el pan siete corderos de un año, sin defecto, un becerro de la vacada, y dos carneros; serán holocausto a Jehová, con su ofrenda y sus libaciones, ofrenda encendida de olor grato para Jehová.), y debían ofrecerse antes de estos y después del sacrificio matutino diario.

       Pregunta: ¿Qué era la ofrenda de primicias? ¿Deben los cristianos dar hoy en día una ofrenda de primicias?

       Respuesta

       Las primicias eran una fiesta judía que se celebraba a principios de la primavera, al comienzo de la cosecha de granos. Se celebraba el 16 de Nisán, que era el tercer día después de la Pascua y el segundo día de la Fiesta de los Panes sin Levadura. Las primicias eran un momento de acción de gracias por la provisión de Dios.

       Levítico 23:9-14 instituye la ofrenda de las primicias. El pueblo debía llevar una gavilla de grano al sacerdote, quien la agitaría ante el Señor. También se exigían en ese momento un holocausto, una ofrenda y una libación. Deuteronomio 26:1-10 da aún más detalles sobre el procedimiento de las primicias.

       No debía cosecharse grano alguno hasta que se presentara al Señor la ofrenda de las primicias (Levítico 23:14. No comeréis pan, ni grano tostado, ni espiga fresca, hasta este mismo día, hasta que hayáis ofrecido la ofrenda de vuestro Dios; estatuto perpetuo es por vuestras edades en dondequiera que habitéis.). La ofrenda se hacía en memoria de la estancia de Israel en Egipto, la liberación del Señor de la esclavitud y su posesión de una «tierra que mana leche y miel». El día de la ofrenda de las primicias también se utilizaba para calcular el momento adecuado de la Fiesta de las Semanas (Levítico 23:15-16. Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo, desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán. Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano a Jehová.).

       En el Nuevo Testamento, la ofrenda de las primicias se menciona siete veces, siempre simbólicamente. Pablo llama a Epeneto y a la familia de Estéfanas «primicias de Acaya» (Romanos 16:5. Saludad también a la iglesia de su casa. Saludad a Epeneto, amado mío, que es el primer fruto de Acaya para Cristo.  ▬ 1 Corintios 16:15. Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos.). Su significado es que, al igual que la ofrenda de las primicias era la primera porción de una mies mayor, estos individuos eran los primeros de muchos conversos en aquella región. Santiago llama a los creyentes «primicias de sus criaturas» (Santiago 1:18. El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.). Al igual que la gavilla de grano fue apartada para el Señor, así los creyentes son apartados para la gloria de Dios.

       La ofrenda de las primicias encontró su cumplimiento en Jesús. «Pero ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron» (1ª Corintios 15:20, Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.). La resurrección de Jesús ha preparado el camino para nuestra resurrección. Significativamente, si Jesús fue asesinado en la Pascua, entonces su resurrección al tercer día habría caído el 16 de Nisán, la fiesta de las primicias.

       La ofrenda de las primicias nunca se aplica directamente a las ofrendas cristianas en el Nuevo Testamento. Sin embargo, Pablo enseñó a los creyentes de Corinto a hacer una colecta «el primer día de la semana» ( Corintios 16:2. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas.). Y, al igual que la ofrenda de las primicias era ocasión de acción de gracias, el cristiano debe dar con alegría.

       En resumen, las primicias simbolizan la cosecha de almas de Dios, ilustran el dar a Dios desde un corazón agradecido, y establecen el patrón de devolverle lo primero (y lo mejor) de lo que nos ha dado. Al no estar bajo la Ley del Antiguo Testamento, el cristiano no tiene más obligación que la de dar alegre y liberalmente (2 Corintios 9:6-7. Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre).

       Pensamiento 2: Primicias traídas o dios reflejan un corazón plenamente agradecido: Las primicias en la Biblia se conceptualizan como el dar a Dios lo primero y mejor de los frutos, reconociéndolo como proveedor. Aunque en el Antiguo Testamento se entregaban a los sacerdotes (Ezequiel 44:30. Y las primicias de todos los primeros frutos de todo, y toda ofrenda de todo lo que se presente de todas vuestras ofrendas, será de los sacerdotes; asimismo daréis al sacerdote las primicias de todas vuestras masas, para que repose la bendición en vuestras casas.), hoy en día se interpretan mayormente como un acto voluntario de honra a Dios, siendo el pastor quien administra estos recursos en muchas iglesias. Fundamento Bíblico (Antiguo Testamento): (Éxodo 22:29-31. No demorarás la primicia de tu cosecha ni de tu lagar. Me darás el primogénito de tus hijos. Lo mismo harás con el de tu buey y de tu oveja; siete días estará con su madre, y al octavo día me lo darás. Y me seréis varones santos. No comeréis carne destrozada por las fieras en el campo; a los perros la echaréis). y Ezequiel 44:30 establecen que las primicias de la cosecha, masa y ofrendas se entregaban a los sacerdotes para que descansara la bendición sobre las casas. Interpretación Actual: Se considera un principio de poner a Dios primero para recibir bendición, a menudo entregado al pastor o iglesia como representante de la obra de Dios. Voluntariedad: Se enfatiza que las primicias deben ser un acto voluntario de amor y gratitud, no una negociación, y se entregan con alegría según lo propuesto en el corazón. El enfoque del Nuevo Testamento: Se enfoca más en el espíritu del dador alegre (2 Corintios 9:6-7. Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre) y en Jesús como la «primicia» de la resurrección, más que en la obligatoriedad legal de los frutos. Algunas congregaciones enseñan dar las primicias directamente al pastor como lo hacían en la Biblia, mientras que otras lo integran en el sustento general de la iglesia.

    Texto: «»¿Honra a Jehová con tus bienes, y con las primacías de todos tus frutos?» (Proverbios 3:9).

       Comentarios del texto: El contenido de los vv. 9 y 10 trata con un tema totalmente nuevo, ya que se encuentra un diálogo sobre las posesiones. Se une a los pasajes anteriores con la mención de Jehovah: Confía en Jehovah (v. 5), teme a Jehovah (v. 7) y ahora, honra a Jehovah (v. 9). El verbo honra sobresale porque recibe el énfasis del orden en la oración, siendo la primera palabra en el texto hebreo, y porque se encuentra en el modo verbal de piel, es decir el verbo está intensificado. Se puede leer el versículo: «Honra profundamente a Jehovah con tus riquezas…»

       El v. 9 entrega el desafío-mandato al joven y el v. 10 propone la promesa divina cuando se logra. La presencia de la palabra riquezas no debe entenderse como un dicho sólo para los ricos, pues este proverbio está dirigido a todos los jóvenes. Sin duda muchos de los jóvenes varones, recibiendo las enseñanzas del maestro del tiempo de Salomón y del tiempo de Ezequías, eran jóvenes que iban a tener la responsabilidad de manejar los bienes, o de su familia o del estado (1 Rey. 4). La palabra primicias puede significar «los primeros frutos» o «los mejores frutos». Las riquezas representas lo acumulado durante años y las primicias de todos tus frutos representa el esfuerzo del trabajo.

       En el texto no se dice cómo honrar a Jehovah con las riquezas y las primicias. Quizá el maestro sabe que el sacerdote ya ha enseñado el porqué y el cómo de la ofrenda a Dios (Lev. 27:30; Núm. 15:21; 18:12 s.; Deut. 14:22 ss.; 18:4; 26:1 ss.; Isa. 43:23; Mal. 3:10–12).

       Al cumplirse el v. 9, el joven podría esperar las bendiciones de Dios en una forma muy concreta. La escena de graneros llenos y lagares rebosando pinta una imagen deseada por cualquier hebreo del tiempo de Salomón. Los graneros se llenaban de trigo y de cebada. Los lagares se llenaban del vino nuevo, recién hecho de las uvas buenas. Todavía hoy en día tantos factores de la cosecha dependen de la naturaleza y, por ende, de Dios.

    1er Título: Convocados para dedicarse solo a la adoración a Dios. Versículo 26. Además, el día de las primicias, cuando presentéis ofrenda nueva a Jehová en vuestras semanas, tendréis santa convocación; ninguna obra de siervos haréis.  (Léase: Eclesiastés 5:1. Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal. ▬ Hebreos 10:25. no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.).

       Las primicias y la iglesia actual: El pueblo de Dios recibió leyes e instrucciones para celebrar siete fiestas cada año, entre las cuales están la fiesta de la Pascua y de las primicias.[3] De acuerdo con el apóstol Pablo, toda fiesta, prescripción y mandamiento ceremonial que era exigido al pueblo del Antiguo Testamento solo era la sombra de lo que habría de venir:

       «Por tanto, que nadie se constituya en juez de ustedes con respecto a comida o bebida, o en cuanto a día de fiesta, o luna nueva, o día de reposo, cosas que solo son sombra de lo que ha de venir, pero el cuerpo pertenece a Cristo» (Colosenses 2:16-17.).

       Si todo esto solo era sombra de lo que habría de venir, entonces nuestra prioridad debe estar en reconocer que la Pascua para los creyentes no consiste en celebrar una fiesta, sino en reconocer que Cristo es nuestra pascua (1 Co 5:7). Reconocemos que las ofrendas económicas demuestran que nuestro Dios es proveedor y sustentador, pero también debemos enfocarnos en reconocer y vivir conforme a la certeza de que Cristo es las primicias de los que resucitan: «Pero ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron» (1 Co 15:20).

       En el Antiguo Testamento aprendemos que las primicias tenían que ver con lo que el pueblo entregaba al Señor. Sin embargo, en el Nuevo Testamento y para los cristianos, las primicias consisten primeramente en lo que Dios entregó por amor para salvación de un pueblo espiritual. Si nosotros damos algo al Señor es porque Él nos lo dio todo primero.

        Comentario de Eclesiastés 5:1: Dios es uno de los absolutos en el pensamiento del sabio. Nuestro pasaje tiene que ver con la conducta ante Dios que debe ser seria, meditada, reverente, como lo requiere la infinita distancia que hay entre Dios y el hombre. Encontramos dos divisiones naturales: Cuando vayas a la casa de Dios y cuando hagas un voto a Dios; 5:1 y 5:4, respectivamente. Ambos pasajes terminan de una manera similar, sin que tengamos que pensar que en algún momento del texto se encontraban uno después del otro. Adorar a Dios y prometer a Dios, dice el sabio, es algo que el hombre no puede hacer a la ligera. Ni debe permitir que elementos extraños enturbien la relación con Dios obrando neciamente y obteniendo de esta comunión con Dios sólo frustración.

       Guarda tu pie, “cuida tu conducta” (Dios Habla Hoy; ver Salmos 119:101). El comportamiento en la casa de Dios debe ser motivo de preocupación para el que asiste a ella, (ver. Sal. 26:12). El sacrificio de los necios: La ofrenda del adorador, el sacrificio, era el momento solemne del culto; éste puede ser menoscabado por una disposición impropia del momento.

       Comentario de Hebreos (10:25) Iglesia -Asistencia ▬ Congregación: El cuarto deber es congregarnos y nunca dejar de congregarnos, no descuidarnos tan siquiera por un período de tiempo breve. Este es el significado de esta exhortación. Los creyentes deben congregarse…

    • para la adoración
    • para la oración
    • para el estudio de la Palabra de Dios
    • para el ministerio y el testimonio

       Lea el versículo detenidamente y verá claramente que con frecuencia la idea es: Debemos congregarnos a menudo y nunca dejar de congregarnos. Los verdaderos creyentes se necesitan unos a otros, la presencia, fraternidad, fuerza, exhortación, cuidado y amor de cada uno.

       Pero note: Algunos han abandonado la iglesia incluso en la época temprana de la iglesia. Muy parecido a algunos en cada generación. La necesidad es nada más lo que este versículo dice: Exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. ¿Qué día? El día del regreso del Señor. Su regreso se encuentra muy cerca. Por lo tanto, debemos exhortar a aquellos que han recaído, no sea que pierdan la salvación de su venida y tengan que enfrentarse a su juicio.

       Pensamiento 1. William Barclay analiza este punto de un modo excelente que merece nuestra atención para cuando vayamos a ministrar este versículo a nuestros compañeros. Él toma los tres puntos de Moffatt en el Comentario critico internacional. Él plantea que hay tres razones que impiden que una persona se congregue con otros cristianos.

    1) ‘Puede que no vaya a la iglesia por miedo. Puede que le avergüence mostrar su lealtad al ser visto (asistiendo) ir yendo a la iglesia. Puede que viva o trabaje entre personas que se rían de aquellos que van a la iglesia. Puede que tenga amigos que no les interese ese tipo de cosa, y puede que le tema a la crítica y al desprecio de ellos. Puede que trate de ser un discípulo secreto; pero bien se ha dicho que es imposible ser un discípulo secreto porque el discipulado mata el secreto, o el secreto mata el discipulado. Seria bueno recordar que, aparte de todo, ir a la iglesia es demostrar donde yace nuestra lealtad. Aunque el sermón sea pobre y la adoración de mal gusto, aun así, la iglesia nos da la oportunidad de demostrarles a los hombres de qué lado estamos.

    2). “Puede que no vaya por desagrado. Puede que le desagraden las personas comunes; puede que se aísle del contacto con las personas que ‘no son como él”. Hay iglesias, incluso en este país, que tanto como parecen iglesias parecen clubes. Puede que estén en vecindarios donde la categoría social ha decaído; y los miembros que han permanecido fieles a ellas se avergonzarían tanto como se deleitarían si los pobres y la gente de barrio de la zona comenzaran a visitarlos en grandes números. No debemos olvidar nunca que no existe ‘el hombre común ante los ojos de Dios. Cristo murió por todos los hombres, no solo por las clases respetables.

    3) ‘Puede que no vaya por engaño. Francamente, puede que crea y plantee que él no necesita la iglesia; (pues) que intelectualmente (sobrepasa el nivel de la prédica del lugar) haya sobrepasado la norma de predicar allí. Puede que el esnobismo social sea malo, el esnobismo espiritual e intelectual es peor. El más sabio de los hombres es un tonto ante los ojos de Dios; y el más fuerte de los hombres es débil en el momento de la tentación. No hay hombre que pueda llevar la vida cristiana y descuidar la fraternidad de la iglesia. Si algún hombre siente que puede lograrlo recuérdele que él va a la iglesia, no solo a recibir, sino también a dar. Él debe ir no solo a recibir, sino a hacer su propia contribución a la vida de la iglesia. Si él siente que la iglesia comete errores, es su deber ir y ayudar a enmendarlos”

       “Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones” (Lc. 2:36-37).

       “Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer” (Lc. 4:16).

       “Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo; y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén” (Lc. 24:52-53).

       “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn. 4:24).

       “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hch. 2:46).

       “Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración” (Hch. 3:1).

       “Ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquia de Pisidia; y entraron en la sinagoga un día de reposo y se sentaron” (Hch. 13:14).

       “sino que el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner alli su nombre para su habitación, ése buscaréis, y allá iréis” (Dt. 12:5).

       “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días” (Sal. 23:6).

       “Jehová, la habitación de tu casa he amado, y el lugar de la morada de tu gloria” (Sal. 26:8).

    2° Titulo: Dios especifica lo que se le debía ofrecer como olor grato. Versículos 27 al 30. Y ofreceréis en holocausto, en olor grato a Jehová, dos becerros de la vacada, un carnero, siete corderos de un año; y la ofrenda de ellos, flor de harina amasada con aceite, tres décimas con cada becerro, dos décimas con cada carnero, y con cada uno de los siete corderos una décima; y un macho cabrío para hacer expiación por vosotros.  (Léase: Filipenses 4:18. Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios. ▬ Hebreos 13:16. Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.).

       Comentario de Filipenses (4:17-18) Administración, Misión: La dádiva de la iglesia fue con sacrificio, y fue vista y recompensada por Dios. El dar le costó a la iglesia filipense. Era una iglesia que daba, no sólo un porcentaje (por así decirlo) sino con sacrificio. Esto se ve en dos puntos. Se dice que su don era un verdadero sacrificio, aceptable y complaciente para Dios. También se dice que su don había creado una necesidad entre ellos. Pero Pablo les contesta: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en

    Cristo Jesús” (v. 19). Advierta tres cuestiones.

    ▬ 1. Dios vio quién dio con sacrificio para apoyar a Pablo y depositó una recompensa en su cuenta (v. 17). Esto fue lo que Pablo deseaba en cuanto a dar: No un don para si, sino una recompensa para el dador. Pablo sabía que Dios veía y recompensaba a los creyentes que daban con sacrificio; por lo tanto, Pablo deseó que los creyentes dieran y dieran con sacrificio.

       “Sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan” (Mt. 6:20).

       “Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme” (Mt. 19:21).

       “Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye” (Lc. 12:33).

       “Que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna” (Lc. 18:30).

    ▬ 2. Dios estaba muy complacido con la dádiva de los filipenses (v. 18). Pablo lo compara a un sacrificio del Antiguo Testamento que una persona ofrecía a Dios. El compromiso de sacrificio de una persona con Dios era como el agradable aroma del sacrificio animal. Era aceptable. El compromiso de sacrificio era un aroma suave o placentero para Dios. Así era y así es con respecto a la dádiva de sacrificio. El compromiso del don es aceptable para Dios tal como el agradable aroma de un sacrificio animal.

       “Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios” (Fil. 4:18).

       “Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios” (He. 13:16).

       “Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 P. 2:5).

       Comentario de Hebreos 13:16 ▬1. El creyente debe ofrecer el sacrificio de alabanza a Dios constantemente (v. l5). Pero note cómo: Mediante Cristo. Dios merece alabanza, pero Dios no acepta nada, ni siquiera la alabanza, a menos que se ofrezca mediante Cristo. Una persona no puede acercarse a Dios mediante algún otro sacrificio, persona o religión, ni siquiera para alabarlo, no si la persona quiere que su ofrenda sea aceptada por Dios. Dios no acepta alabanza por ningún otro medio que no sea por medio del Señor Jesucristo mismo.

       “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6).

       “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Ti. 2:5).

       “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas” (He. 8:6).

       “y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; de las cuales cosas no se puede ahora hablar en detalle” (He. 9:5).

       “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (He. 9:24).

       “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Jn. 2:1).

       “Ofrezcan sacrificios de alabanza, y publiquen sus obras con júbilo” (Sal. 107:22).

        “Te ofreceré sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre de Jehová” (Sal. 116:17).

    ▬ 2. El creyente debe hacer bien y dar a modo de sacrificio (v. 16). Oliver Greene tiene un comentario excelente sobre este punto que merece nuestra atención.

       “Notarán que hay tres sacrificios que agradan a Dios, y no debemos dejar de ofrecer estos sacrificios constantemente: Primero, confesar su nombre; segundo, llevar una vida santa, haciendo bien; tercero, darles a aquellos que lo necesitan, compartiendo nuestras bendiciones con aquellos menos afortunados. Es un hipócrita quien alabe a Dios con palabras y no lleve una vida santa, una vida de fe, compartiendo las bendiciones con otros. Una persona así puede dar un espectáculo convincente, pero Dios mira al corazón.

    “Hay tantas cosas que podemos compartir con otros, puede que solo sea una palabra dulce o una sonrisa de corazón con amor y comprensión, puede ser un vaso de agua dado en el nombre de Jesús. Puede ser un regalo, grande o pequeño, si podemos ayudan con las necesidades básicas de la vida, alimento o un par de zapatos para un niño necesitado. Hay tantas maneras en las que podemos compartir nuestras bendiciones con aquellos que son menos afortunados. La mayoría de nosotros no necesitamos esperar hasta que encontrar a alguien menos afortunado que nosotros. Es tan fácil pasar por alto oportunidades para servir, honrar y alabar a Dios ayudando a otros.

       “Dios está bien complacido con estas ofrendas y sacrificios, ya sea con acciones o con palabras, si lo que hacemos lo hacemos en el nombre de Jesús y para la gloria de Dios; y traerá recompensas al final del viaje de la vida”

       “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt. 5:16).

       “Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos” (1 Ti. 6:18).

       “presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad” (Tit. 2:7).

       “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras” (He. 10:24).

       “Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” (Stg. 2:17-18).

       “manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras” (1 P. 2:12).

       “Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela” (Sal. 34:14).

       “Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad” (Sal. 37:3).

       “Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos” (Lc. 6:35).

       “Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios” (He. 13:16).

       “y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Stg. 4:17).

       “Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, más los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mt- 9:37-38).

       “¿No decís vosotros Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega” (Jn. 4:35-36).

    3er Título: Cristo, la ofrenda perfecta ante Dios para expiar nuestros pecados. Versículo 31. Los ofreceréis, además del holocausto continuo con sus ofrendas, y sus libaciones; serán sin defecto. (Léase: Hebreos 7:25. por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. ▬ 1ª de Juan 2:1 y 2. Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.).

       Comentario de Hebreos 7:25 (7:25) Jesucristo, Sumo sacerdote ▬ Salvación: Jesucristo es el Sumo sacerdote con un poder perfecto. Este es uno de los grandes versículos de las Escrituras. Note el poder de lo que se está proclamando:

    “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (v. 25).

       Se dicen cuatro cosas significativas acerca de Jesucristo:

    ▬ 1. Jesucristo vive para siempre en la presencia de Dios. Note se proclama esta verdad gloriosa una y otra vez en este solo capítulo.

    => Él tiene una “vida eterna” (v. 16).

    => Él “continúa para siempre” (v. 24).

    => El “tiene un sacerdocio invariable” (v. 24).

    => Él “siempre vive”, vive para siempre y para la eternidad (v. 25).

    => Él se “consagra para siempre” (v. 28).

    ▬ 2. Jesucristo vive para interceder por el hombre. Esta es la función de Jesucristo como Sumo sacerdote ante Dios. Pero note: No significa lo que tan a menudo se refleja, que Jesucristo tiene que rogarle y suplicarle a Dios con sus brazos extendidos para que reciba al hombre. Dios Padre ama al hombre con un amor perfecto, lo que quiere decir que Dios salvará al hombre. Pero Dios también es justo, perfectamente recto y justo. Por lo tanto, Dios tiene que juzgar y castigar el pecado de la misma manera en la que tiene que salvar al hombre. ¿Cómo Dios pudo hacer las dos cosas? Solo había una manera:

    => Dios tuvo que enviar a su propio Hijo a la tierra a morir por el hombre. Dios tuvo que dar a su propio Hijo para que soportara la culpa y el castigo del pecado por el hombre. Dios tuvo que enviar a su propio Hijo a soportar la justicia y el juicio de Dios contra el pecado.

       Por lo tanto, en Jesucristo vemos tanto el amor perfecto como la justicia de Dios. Vemos el amor de Dios ya que estuvo dispuesto y determinado a enviar a su Hijo a morir por el hombre. Y vemos la justicia de Dios ya que Él estuvo dispuesto a lanzar la ira de su justicia contra su propio Hijo cuando Dios asumió todos los pecados de los hombres.

       Sucede lo siguiente: Jesucristo ha vivido en la tierra como el Dios perfecto-Hombre. Por ende, Él es para siempre ante Dios el Representante del hombre y el intercesor del hombre. Este es su propósito de vivir ante Dios: para interceder por el hombre, para ofrecer su propio sacrificio por los pecados en nombre del hombre.

    ▬ 3. Jesucristo puede salvar a todas las personas al máximo. ¿Qué quiere decir ser salvo al máximo (panteles)? Significa ser salvo “completamente, perfectamente, finalmente y por toda la eternidad” (Nuevo Testamento Ampliado). Quiere decir que Jesucristo nos presenta ante Dios como perfectos. Él nos presenta en su justicia como perfeccionados para siempre. Por lo tanto, en Cristo, porque Él intercede por nosotros y porque Él es ante Dios el sacrificio eterno y perfecto por nuestros pecados, ganamos la aceptación de Dios. Pero quiere decir mucho más. A forma de subíndice, cuando Jesucristo nos salva al máximo quiere decir…

    • que nos salva del pecado, la muerte y la condenación (Jn. 5:24; Ro. 8:34).
    • que nos salva para vivir con Dios eternamente (Jn. 3:16; Ro. 8:39).
    • que nos salva para ser ciudadanos del cielo nuevo y la tierra nueva (2 P. 3:10-13; Ap. 21:ls).
    • que nos salva para gobernar y reinar sobre el universo conjuntamente con ÉL para toda la eternidad (Lc. 12:42-44; 22:28-29; 1 Co. 6:2-3).

    ▬ 4. Jesucristo salva solo a aquellos que vienen a Dios por medio de Él. Nota: Debemos venir a Dios. No debemos maldecir a Dios, negar a Dios, descuidar a Dios, ignorar a Dios, rebelarnos contra Dios, ni rechazar a Dios. Debemos venir a Dios, pero debemos venir a Dios por medio de Jesucristo. Solo Jesucristo puede interceder por el hombre. Solo el Hijo de Dios mismo está ante Dios como Sumo sacerdote eterno y perfecto. Solo Él puede salvar al hombre al máximo. Por lo tanto, una persona debe venir a Dios a través de Él y solo de Él.

       “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Ro. 8:34).

       “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Ti. 2:5).

       “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He. 7:25).

       “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas” (He. 8:6).

       “Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna… Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (He. 9:15, 24).

       “a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (He. 12:24).

       “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Jn. 2:1).

       Comentario de (1 Jn. 2:2) Propiciación (hilasmos): sacrificarse para apaciguar; para satisfacer; para cubrir; para pagar la pena. Es una palabra sacrificial. En el Antiguo Testamento cuando un hombre pecaba o algo salía mal, le llevaba un sacrificio a Dios. La idea era que el sacrificio apaciguara, pacificara y satisficiera a Dios. Él confiaba en que Dios le prodigara su gracia y colocara el castigo por su pecado sobre el animal. Cuando las cosas van mal, el hombre siempre hace ayuno y oración y ofrece servicio con vigor renovado, o bien se compromete a dejar algunos placeres o posesiones significativos. Existe un sentimiento de que este tipo de negación o sacrificio renovado apacigua o satisface a Dios.

       Es verdad que Dios le dijo a Israel que ofreciera sacrificios. Pero Él lo hizo por una razón: enseñar a Israel, y a través de ellos al mundo, que la respuesta no descansa en el sacrificio animal o humano. Un sacrificio humano no puede causar una relación correcta con Dios. El problema del hombre es demasiado profundo para el sacrificio humano; su contaminación es demasiado severa; su enfermedad demasiado terrible; su infección es mortal. La parafernalia del sacrificio terrenal nunca puede arreglar las cosas con Dios.

       La razón se establece sencillamente. El pecado del hombre lo ha alejado de Dios, ha vulnerado su relación con Dios, lo puso a Dios fuera del alcance de la mano. El hombre siente esto instintivamente. Así, cuando el hombre obtiene satisfacción de su sacrificio, a menudo regresa a su comportamiento y prácticas anteriores.

       Lo que el hombre necesita es ser desinfectado y cubrir sus pecados. Él necesita saber sin lugar a dudas que Dios lo acepta y está satisfecho con él. Y luego necesita poder para vivir para Dios.

       Esto viene con la propiciación. Es necesario mencionar cuatro cosas sobre la propiciación.

    ▬ 1. Dios es el Único que debe ser apaciguado, satisfecho y propiciado. La Biblia no está hablando de reconciliación. La Biblia nunca dice que Dios tiene que re- conciliarse con el hombre. Dios ya es amigo del hombre; El ama al hombre. Es el hombre quien necesita reconciliarse con Dios. El hombre es el que mantiene la enemistad, quien ignora, niega y rechaza a Dios. Así, Dios es el Único que debe ser apaciguado o propiciado (cp. Lc. 18:13).

       Existe otro pensamiento aquí también. Dios es justo y santo, y su justicia y santidad tienen que ser satisfechas. El solo puede aceptar a la persona que es perfectamente justa y santa. Podría decirse que todo aquello por debajo de la perfección contaminaría la atmósfera circundante de Dios. Y la presencia y la morada de Dios ya no sería la utopía que Dios ha preparado para el creyente y la cual es soñada por el hombre.

    ▬ 2. Jesucristo es la propiciación, la satisfacción de los pecados. Cristo fue completamente justo y santo; por lo tanto, Él fue el hombre perfecto e ideal. Esto significa que su muerte fue el sacrificio ideal y perfecto. Dios pudo satisfacer su justicia contra los pecados cargándoselos a Cristo. El sacrificio perfecto de Jesucristo satisfizo y apaciguó la justicia de Dios completamente (1 Jn. 4:9-10).

    ▬ 3. La propiciación significa cobertura. Cristo cubre nuestros pecados de manera que Dios ya no los vea (Ro. 3:25; He. 2:17; 1 Jn. 2:2).

    ▬ 4. La propiciación encuentra su lugar en el asiento de la misericordia (el propiciatorio), es decir, sobre la cobertura del arca (He. 9:5). Dios ha dicho que el hombre debía acercarse a El mediante el sacrificio de un animal, por medio del derramamiento de sangre. La cobertura o tapa del arca se rociaba una vez al año con la sangre de un animal perfecto. Esto significaba que la gente ofrecía su vida a Dios en la sangre de la víctima. Dios entonces quedaba apaciguado y satisfecho. (Cp. Lc. 18:13; Ro. 3:25; He. 2:17; 1 Jn. 2:2; 4:10.)

    Domingo 19 de abril de 2026

    Amén, para la honra y gloria de Dios.