LECTURA BÍBLICA: 1ª A LOS CORINTIOS 11:30 AL 34. 30. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. 31. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; 32. más siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo. 33. Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros. 34. Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio. Las demás cosas las pondré en orden cuando yo fuere.
(11:30-34) 3. Una persona es disciplinada y aleccionada por el Señor (v. 30). Los corintios eran tan flagrantes en su abuso de la Cena del Señor que Dios tuvo que actuar con disciplina severa. Su disciplina comprendía tanto enfermedad como muerte. Esto se plantea de un modo tan sencillo y directo que tiene que tomarse tal y como se dice a menos que se hayan de tergiversar las Escrituras. No hay nada en contexto que tan siquiera sugiera que la muerte del débil y el enfermo sea simbólica. Cuando se trata el tema de la disciplina o el castigo de Dios para su pueblo, se deben en cuenta tener tres aspectos:
=> Dios si disciplina a su hijo. Él disciplina a su hijo porque lo ama (He. 12:5-13).
=> Dios disciplina a su hijo para evitar que el hijo se destruya a sí mismo y hiera y dañe a otros por medio de un pecado grave (w. 29, 31).
=> Dios sabe exactamente qué tipo de disciplina con mayor probabilidad hará que su hijo se despierte y sea movido al arrepentimiento y la confesión.
=> Dios sabe cuándo a un creyente se le debe llevar al cielo. Solo Dios sabe cuándo un creyente pecador se ha excedido lo suficiente en su pecado de modo que nunca se va arrepentir. En ese momento, se acaba la misión del creyente en la tierra; nunca más tendrá testimonio de Cristo en la tierra, y tampoco le será de valor real alguno a nadie. Como se ha planteado, solo Dios sabe cuándo un creyente que vive en pecado llega a un límite como ese. Cuando sucede, está listo para ser llevado a casa. Su daño a Cristo, a los seres queridos y al mundo ya ha llegado demasiado lejos.
Al parecer, algunos de los creyentes corintios habían llegado al punto de no retorno, así que Dios se los llevó a casa con Él. (Vea 1ª Jn. 5:16. También vea la ref. 1 Co. 3:13-15; 3:17; 5:3-5.)
“Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto” (Jn. 15:2).
“más siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo” (1 Co. 11:32).
“y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos” (He. 12:5-8).
“Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete” (Ap. 3:19).
“Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga” (Dt. 8:5).
“También sobre su cama es castigado con dolor fuerte en todos sus huesos” (Job. 33:19).
“Bienaventurado el hombre a quien tú, JAH, corriges, y en tu ley lo instruyes” (Sal. 94:12).
“No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección” (Pr. 3:11).
“Castígame, oh Jehová, más con juicio; no con tu furor, para que no me aniquiles” (Jer. 10:24).
(11:31-34) Cena del Señor: El procedimiento correcto de la Cena del Señor. Observe cuatro elementos:
▬ 1. Proceder en la Cena del Señor juzgándose uno mismo, es decir, examinándose uno mismo. Debemos examinarnos y asegurarnos de que no estamos viviendo en pecado ni que llevamos ningún pecado conocido y no confesado en nuestro corazón. Ciertamente no debemos participar de la Cena del Señor si vivimos en un pecado conocido.
▬ 2. Aceptar el castigo del Señor. Confesarse y arrepentirse, alejarse de la vida de pecado, sabiendo que Dios nos está castigando por amor. Nos está castigando para evitar que seamos condenados con el mundo. Al parecer esto se refiere al juicio final. La persona que continuamente vive en el pecado conocido al parecer corre el riesgo de ser juzgada con los incrédulos del mundo.
▬ 3. Servirse mutuamente. Dejen de actuar egoístamente y dejen de consentirse ustedes mismos. Transmite y demuestra amor al poner primero a los otros.
▬ 4. No traigan condenación sobre ustedes mismos. Enderecen su vida; no pequen más. Dejen de hacer lo que han estado haciendo. Coman en casa, y congréguense para la Cena del Señor. Háganlo todo decentemente y’ con orden.
“Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2 Co. 4:17).
“Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (He. 12:11).
“He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga; por tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso” (Job. 5:17).
“Mas él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro” (Job.23:10).
“De seguro conviene que se diga a Dios: He llevado ya castigo, no ofenderé ya más” (Job. 34:31).
“Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; más ahora guardo tu palabra” (Sal. 119:67).
“y dijo: Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste” (Jon. 2:2).
Ref. bíblica: Mateo 5.23-24. «Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda».
Lucas 22:19. «Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.»
Santiago 1:5. «Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.»
1ª Juan 1:9. «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.».
Pensamiento del Expositor: «El apóstol Pablo amonesta a la Iglesia a evitar todo sacrilegio al participar del cuerpo de Cristo, a fin de no ser condenados junto con los no creyentes, haciéndonos semejantes o ellos en lo ignorancia de lo espiritual».
1er Titulo: Consecuencias físicas y espirituales por pasar indebidamente a la mesa del Señor. Versículo 30. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. (Léase: Levítico 26:15 y 16. y si desdeñareis mis decretos, y vuestra alma menospreciare mis estatutos, no ejecutando todos mis mandamientos, e invalidando mi pacto, yo también haré con vosotros esto: enviaré sobre vosotros terror, extenuación y calentura, que consuman los ojos y atormenten el alma; y sembraréis en vano vuestra semilla, porque vuestros enemigos la comerán. ▬ Salmo 107:17 y 18. Fueron afligidos los insensatos, a causa del camino de su rebelión. Y a causa de sus maldades; Su alma abominó todo alimento. Y llegaron hasta las puertas de la muerte.).
Enfermedades y derrotas militares (Levítico 26:14-17): 26:14-15 Los castigos descritos en Levítico 26 eran el juicio de Dios para violaciones serias y persistentes de la Ley. No aplicaban directamente para transgresiones menores o temporales, las cuales se podían tratar con arrepentimiento sincero y luego los sacrificios especificados para el pecado y la restauración. Tampoco se podía aplicar simplemente la limpieza que proveía el Día de Expiación, ya que el problema estaba arraigado en el corazón de gran parte de la sociedad, y jamás un rito ha limpiado por sí mismo a quien no ejerce fe y arrepentimiento. Las palabras que usa el texto lo expresan con vehemencia: se trata de personas cuya actitud es de ma’as (“rechazo») y ga’al (“aborrecimiento”) hacia la Ley de Dios.
26:16-17 En la medida que la actitud de desafío y desobediencia permanecía, aumentaba la severidad del castigo. Terror, enfermedad y fiebre (vs.16-17) sería la primera “visita” (heb. paqad) de Dios sobre Su pueblo en rebeldía. Se refieren a enfermedades prolongadas que van drenando la vida de una persona. Si a eso sumamos las condiciones de asedios militares donde escaseaba la comida, las posibilidades de recuperación eran mínimas.
Comentario del Salmo 107:17 y 18. La enfermedad, vv. 17–22. En este caso, están enfermos por ser rebeldes (v. 17); no es la causa de toda enfermedad, pero uno siempre debe examinarse para ver si así es. Aunque estaban a las puertas de la muerte Dios los sanó (v. 20). Llama la atención la manera de sanar; dice que envió su palabra y los sanó. Muchos pasajes hablan de las maravillas que hace Dios por su palabra (cf. Sal. 147:15, 18; 105:19; Isa. 9:8; 55:11).
2° Titulo: Juicio divino que muestro el amor y lo misericordia de Dios. Versículos 31 y 32. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; más siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo. (Léase: Hebreos 12:5 al 11. y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. ▬ 1ª de Juan 1:9. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.).
Comentario de Hebreos (12:5-7) Disciplina, de Dios ▬ Castigo: La exhortación respecto a la disciplina tiene tres aspectos (cp. Pr. 3:11-12; 13:24).
▬ 1. Primero, no menosprecien (meoligorei) la disciplina (v. 5). La palabra significa despreciar; subvalorar; tratar a la ligera. Cuando se nos enseña, disciplina o corrige, siempre existe el peligro de…
• menospreciarlo
• despreciarlo
• subvalorarlo
• tratarlo muy a la ligera
Con demasiada frecuencia, prestamos poca atención a la disciplina y corrección de Dios: al llamado interno del Espíritu de Dios, a las pocas consecuencias y sufrimientos de nuestro corazón, a las pequeñas cosas que nos suceden. Como resultado continuamos con nuestra pequeña conducta irresponsable y nuestros pequeños pecados. Los pequeños defectos y pecados se vuelven cada vez más grandes hasta que finalmente el techo se nos viene encima y las consecuencias implican tanta destrucción y sufrimiento que ya no se pueden ignorar.
¿Por qué sufrimos tanto en esta vida? Por nuestras irresponsabilidades y pecados, porque no prestamos atención a la disciplina y corrección de Dios cuando comenzamos a actuar de un modo irresponsable por primera vez. Si prestáramos atención a la disciplina de Dios, entonces podríamos corregir nuestra pequeña mala conducta y no habría grandes pecados. Esto significaría que muchos de los grandes sufrimientos del mundo nunca sucederían.
Sucede lo siguiente: No debemos menospreciar la disciplina de Dios, ni despreciarla ni tratarla a la ligera. Debemos prestarle atención. Cuando lo hagamos, la vida será mucho más fácil y mucho más fuerte y mucho más triunfante y victoriosa.
“Y les envió profetas para que los volviesen a Jehová, los cuales les amonestaron; más ellos no los escucharon” (2 Cr. 24:19).
“Y me volvieron la cerviz, y no el rostro; y cuando los enseñaba desde temprano y sin cesar, no escucharon para recibir corrección” (Jer. 32:33).
“Pero el pueblo no se convirtió al que lo castigaba, ni buscó a Jehová de los ejércitos” (Is. 9:13).
“En vano he azotado a vuestros hijos; no han recibido corrección. Vuestra espada devoró a vuestros profetas como león destrozador” (Jer. 2:30).
“Oh Jehová, ¿no miran tus ojos a la verdad? Los azotaste, y no les dolió; los consumiste, y no quisieron recibir corrección; endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron convertirse” (Jer. 5:3).
“Dije: Ciertamente me temerá; recibirá corrección, y no será destruida su morada según todo aquello por lo cual la castigué. Mas ellos se apresuraron a corromper todos sus hechos” (Sof. 3:7).
“y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él” (He. 12:5).
“y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras” (Ap. 16:11).
“¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros” (Hch. 7:51).
“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír” (Zac. 7:11).
▬ 2. Segundo, no desmayen ni se rindan al ser disciplinados (v. 5). La palabra “desmayar” (ekluou) significa
rendirse, desanimarse, desmoronarse, desalentarse, debilitarse. Las pruebas y sufrimientos de este mundo se pueden volver extremadamente pesados y dolorosos, en ocasiones casi demasiado que soportar.
=> La mano reprendedora de Dios que nos condena para arrepentimiento y para corregir nuestra conducta se vuelve casi insoportable. En ambos casos, no debemos desmayar ni rendirnos. Debemos volvernos totalmente hacia Dios en confianza y dependencia, pidiéndole ayuda y fuerzas. Contamos con la garantía gloriosa de que Él nos liberará a través de todo de modo victorioso. Él nos fortalecerá y nos convertirá en testigos mucho mayores para Él. Dios nos salvará y vivirá en nuestro corazón y en nuestra vida, nos salvará ahora y eternamente. Nos salvará incluso a través de la muerte misma de modo que podamos vivir con Él para siempre en los nuevos cielos y la nueva tierra (1 P. 3:10-13; Ap. 2l:ls).
“Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no des- mayamos” (2 Co. 4:1).
“Por tanto, no desmayamos; antes, aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Co. 4:16).
“por lo cual pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria” (Ef. 3:13).
“y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él” (He. 12:5).
“y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado” (Ap. 2:3).
“Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti” (Is. 43:1-2).
▬ 3. Tercero, soporten la disciplina de Dios (v. 6-7). Analícense de cerca estos versículos: Cuando Dios nos recibe como hijos suyos, Él nos disciplina e incluso nos azota. ¿Porqué? Porque Él nos ama. Dios nos castiga porque somos sus hijos, es decir, sus niños. Tenemos faltas y debilidades, nos descarriamos, desobedecemos y nos rebelamos y actuamos de modo egoísta. Con frecuencia provocamos daños y dolor tanto a nosotros mismos como a otros. Pero Dios nos ama y quiere que dejemos de herirnos a nosotros mismos y de herir a otros. Él quiere que crezcamos y andemos por la vida con el menor dolor y daño posible y Él quiere que nos fortalezcamos cada vez más internamente. Por ende, cada vez que nos descarriamos o comenzamos a desmayar ante las pruebas, Dios nos corrige.
Sucede lo siguiente: Debemos soportar la disciplina de Dios. Debemos mantenernos firmes contra todas las pruebas y sufrimientos. Debemos ceder a la guía y exhortación del Espíritu de Dios. Debemos seguir la Palabra de Dios y su Espíritu, las exhortaciones y convicciones en nuestro corazón cuando son de Dios. Dios nos está disciplinando, enseñando y corrigiendo porque Él nos ama como nuestro Padre. Él nos está disciplinando tal como un padre cariñoso en la tierra disciplina a su hijo.
“Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; más el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mt. 10:22).
“Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?” (He. 12:7).
“Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” (Stg. 1:12).
“He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Stg. 5:11).
“Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente” (1 P. 2:19).
(12:8-11) Disciplina, de Dios ▬ Castigo: Los propósitos de la disciplina son cuatro.
▬ 1. Dios nos disciplina para garantizarnos que somos sus hijos (v. 8). Si Dios no disciplina a alguien, entonces él sabe algo: él no es hijo de Dios. Él es un hijo bastardo; él es solo alguien que profesa ser de Dios pero que no lo es.
=> A menos que la persona sea enseñada, instruida, disciplinada y corregida por el Espíritu de Dios, no es un hijo de Dios.
“Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” (2 Co. 6:17-18).
“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” (Gá. 4:4-6).
Como dice este versículo (analícese cuidadosamente), Dios toma a todos los que son participantes de su naturaleza, que son hijos suyos y los enseña, instruye, disciplina, y corrige. Dios disciplina a sus hijos, y el hecho de ser disciplinados por Él nos demuestra y asegura que no somos hijos bastardos, sino hijos legítimos de Dios.
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn. 1:12).
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Ro. 8:14).
“Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gá. 4:7).
“para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Fil. 2:15).
“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Jn. 3:1).
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Ro. 8:14-16).
▬ 2. Dios nos disciplina para salvarnos y para estimularnos a vivir verdaderamente (v. 9). Imagínense un mundo sin disciplina, entrenamiento, instrucción, ni corrección alguna. Sería un mundo de anarquía, corrupción, mal, devastación, destrucción, ruina y muerte. La vida en un mundo así no sería vida; de hecho, la vida no podría sobrevivir en la tierra. Es la disciplina, el entrenamiento, la instrucción y la corrección las que proporcionan el orden y la protección para la vida en la tierra. Esta es la razón por la que los padres terrenales que aman a sus hijos los disciplinan.
Sucede lo siguiente: La disciplina de Dios le trae más vida al hombre, una abundancia de vida en este mundo y una vida eterna en el próximo mundo. Una persona que preste atención a la disciplina de Dios…
• evadirá mucho del sufrimiento y el dolor de esta vida y se convertirá en una persona más fuerte a medida que atraviese las pruebas y tentaciones de la vida.
• será liberado de la muerte en el momento en el que abandone este mundo y entre en el próximo mundo.
“Como la justicia conduce a la vida, así el que sigue el mal lo hace para su muerte” (Pr. 11:19).
“En el camino de la justicia está la vida; y en sus caminos no hay muerte” (Pr. 12:28).
“y les di mis estatutos, y les hice conocer mis decretos, por los cuales el hombre que los cumpliere vivirá” (Ez. 20:11).
“Y cuando el impío se apartare de su impiedad, e hiciere según el derecho y la justicia, vivirá por ello” (Ez. 33:19).
“a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres” (Lc. 10:27-28).
▬ 3. Dios nos disciplina por nuestro propio bien, para hacernos participantes de su santidad (v. 10). Recuerden: Santidad significa ser diferente; estar completamente y enteramente apartado y separado de la imperfección y la impureza. Dios es santo, justo y puro, así de perfecto. Note esto:
=> Mientras más pecamos y más mal hacemos, menos nos parecemos a Dios.
=> Mientras menos pecamos y mientras menos mal hacemos, más nos parecemos a Dios.
Por ende, Dios va a disciplinarnos cuando comencemos a desmayar ante las pruebas y sufrimientos y cuando comencemos a movernos en dirección al pecado. Dios quiere que nos parezcamos cada vez más a Él. Cuando creímos en Dios y nos convertimos en hijos de Dios, Dios puso su naturaleza divina, su Espíritu, en nosotros. Su Espíritu Santo mora dentro de nosotros para que nos parezcamos más a Dios. Mientras estemos en esta tierra, nunca seremos perfectamente santos, nunca estaremos perfectamente apartados para Dios. Pero debemos crecer cada vez más para parecemos a Él. Dia tras día debemos dejar que su santidad y su pureza nos iluminen. Mientras más brilla su santidad en nuestra vida, más fuerte es su testimonio y es más fácil para las personas creer en Dios y rendirse ante Dios.
“Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo” (Lv. 11:45).
“Que, librados de nuestros enemigos, sin temor le serviríamos en santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días” (Lc. 1:74-75).
“Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto” (2 Co. 7:11).
“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (He. 12:14).
“porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 P. 1:16).
“Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir” (2 P. 3:11).
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Ro. 12:1-2).
▬ 4. Dios nos disciplina para que podamos dar el fruto apacible de justicia (v. ll). Esto se ve claramente. Mientras menos pecado y maldad hay, hay más paz y justicia. Si el pecado y el mal de la ira y la división no existen, entonces predomina la paz y la justicia. Por ende, cuando el pecado y la maldad asoman su feo rostro en nuestra vida, Dios nos disciplina. ¿Para qué? Para que nos corrijamos nosotros mismos y hagamos todo cuanto podamos en pos de la paz y la justicia.
La disciplina y corrección pueden ser dolorosas y desagradables de soportar al principio, pero traerá paz y justicia si nada más las soportamos.
“Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno” (Mt. 13:23).
“Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” (Ef. 2:14).
“y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Col. 1:20).
“Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos” (Col. 3:15).
“Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela” (Sal. 34:14).
“Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien” (Job 22:21).
Comentario de 1ª de Juan (1:9). Confesión de pecados ▬ Perdón de pecado: la verdad es la siguiente: debemos confesar nuestros pecados. El hombre es engañado si niega que ha pecado, si niega que tiene una raíz y fuerza de pecado dentro de su ser. Se engaña a si mismo si dice que no necesita al Hijo de Dios para liberarlo del pecado y su culpa. Recuerde: el Hijo de Dios vino a morir por nuestros pecados, y es su sangre la que nos limpia del pecado. Por lo tanto, si confesamos nuestros pecados, Dios los perdonará. Y Él hará aún más: no solamente nos perdonará por los pecados que conocemos y confesamos, sino que además también Él nos limpiará de toda injusticia.
=> Perdonar nuestros pecados significa que Dios perdona la culpa del pecado. Dios nos justifica: Él toma en cuenta la muerte de Cristo como nuestro castigo. Jesucristo cargó nuestra culpa de pecado. Cuando creemos en Jesucristo y confesamos nuestros pecados, Dios toma en cuenta nuestra creencia y confesión como la culpa que Cristo cargó. Permanecemos ante Dios, ya libre de culpa de pecado.
=> Limpiarnos de toda injusticia significa que Dios nos limpia de toda la mugre, suciedad, impureza y contaminación del pecado. Ni una mancha o partícula de pecado permanece en nosotros. Permanecemos ante
Dios libres de pecado y perfectos, pero recuerde por qué: porque creemos en Jesucristo y confesamos que somos pecadores que creen que la sangre del Hijo de Dios limpiará nuestros pecados.
¿Cómo sabemos que Dios perdonará nuestros pecados y nos limpiará? ¿Cómo sabemos que Dios considerará la muerte de Jesucristo como el castigo por nuestros pecados? Porque Dios es fiel y justo.
=> Dios es perfectamente justo; por lo tanto, Él debe condenar y castigar el pecado. Pero advierta: Dios es también perfecto amor y piedad; por lo tanto, Él debe demostrar su amor y piedad y proporcionarnos un camino de perdón. Esto es exactamente lo que Él ha hecho en Jesucristo. Dios ha demostrado su amor de la manera más perfecta y suprema posible: Él ha dado a su Hijo para que muera por los pecados del hombre.
El punto es el siguiente: habiendo hecho esto por el hombre -habiendo dado a su Hijo para que muera por los
pecados del hombre Dios perdonará al hombre. Él es leal y justo; por lo tanto, Él mantendrá su Palabra. Él hará exactamente lo que dice. Él sería desleal e injusto si no nos perdonara. Por lo tanto, Dios perdonará a cualquier pecador arrepentido, que sinceramente quiera limpiarse de su pecado y volver a Dios para confesarlo. Dios es fiel y justo y nos perdonará de nuestros pecados.
“A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados” (Hch. 5:31).
“Sabed, pues, esto, varones hermano: que por medio de él se os anuncia perdón de pecado. (Hch. 13.38).
13:38).
“En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Ef. 1:7).
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:9).
“Ahora, pues, dad gloria a Jehová Dios de vuestros padres, y haced su voluntad, y apartaos de los pueblos de las tierras, y de las mujeres extranjeras” (Esd. 10:11).
“El que encubre sus pecados no prosperará; más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Pr. 28:13).
“Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados” (Is. 43:25).
“Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí” (Is. 44:22).
“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Is. 53:6-7).
“Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Is. 55:7).
“Reconoce, pues, tu maldad, porque contra Jehová tu Dios has prevaricado, y fornicaste con los extraños debajo de todo árbol frondoso, y no oíste mi voz, dice Jehová” (Jer. 3:13).
3er Titulo: Comunión ordenada antes de pasar a la mesa del Señor. Versículos 33 y 34. Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros. Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio. Las demás cosas las pondré en orden cuando yo fuere. (Léase: 1ª a los Corintios 14:26. ¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación. ▬ 1ª a los Corintios 4:19. Pero iré pronto a vosotros, si el Señor quiere, y conoceré, no las palabras, sino el poder de los que andan envanecidos.).
Comentario de 1ª a los Corintios (14:26). Iglesia ▬ Adoración: La primera regla es el principio rector, los dones se deben usar en la iglesia para edificar a las personas. Los cultos de adoración en la iglesia de Corinto se habían vuelto muy desordenados, predominaba la confusión. Muchos hablaban en lenguas, hablaban, oraban y cantaban sus propias canciones, todos al mismo tiempo. Cada persona luchaba por el derecho de mostrar su última inspiración y comprensión espiritual. Note exactamente lo que se dice y el desorden se ve claramente: “¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros…
• tiene salmo [canción, griego],
• tiene doctrina [alguna enseñanza],
• tiene lengua,
• tiene revelación [alguna comprensión espiritual],
• tiene interpretación
Los cultos de adoración se habían degenerado en un completo desorden y una confusión masiva. A los ojos del visitante, los cultos no eran más que un alboroto, una confusión total. Cada uno hablaba y hacia lo que le parecía, todos simultáneamente. El orgullo, el envanecimiento, el egocentrismo, la súper espiritualidad, y la división predominaban en el lugar del amor, el respeto, la humildad, la unidad, y la edificación. La decencia y el orden brillaban por su ausencia.
“Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?” (1 Co. 14:23).
Tenía que arreglarse la situación 0 de lo contrario la iglesia nunca sería eficaz en su testimonio del Señor. La solución primordial para enderezar el desorden radicaba en que los creyentes aprendieran el propósito de sus dones: “Edificar y construir la iglesia”. Observe con qué frecuencia este capítulo hace énfasis en la edificación:
“Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación” (1 Co. 14:3).
“…pero el que profetiza, edifica a la iglesia” (1 Co. 14:4).
“…para que la iglesia reciba edificación” (1 Co. 14:5).
“…procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia” (1 Co. 14:12).
“Porque tú, a la verdad, bien das gracias; pero el otro no es edificado” (1 Co. 14:17).
“pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida” (1 Co. 14:19).
Comentarios 1ª a los Corintios 4:19. Ministros ▬ Llamado: El espíritu del ministro de Dios debe estar con su pueblo. Recuerden la situación que había en la iglesia. La iglesia estaba dividida en cuatro camarillas (vea 1 Co. 1:10-16). Era el tipo de situación que muchos desean abandonar, ignorar, o pasar por alto. Tenga en cuenta que al propio Pablo lo estaban atacando (vea la nota, Pablo, acusaciones contra _ 2 Co. 1:12- 22 para un mayor análisis). Tome en cuenta las palabras de este versículo: “Mas algunos están envanecidos, como si yo nunca hubiese de ir a vosotros”. Al parecer creían que la crítica y las acusaciones contra Pablo eran justificadas, por lo que él no podía enfrentarlas. Sin embargo, note cuatro puntos.
▬ 1. Pablo tenía el deseo de estar con su amada iglesia y ayudarlos en el tiempo de dificultades que estaban atravesando. Él afirmó: “Pero iré pronto a vosotros, si el Señor quiere”. Pablo era siervo del Señor, de manera que debía ir donde el Señor lo guiara. Sin embargo, sus oraciones eran plegarias a Dios pidiéndole que le permitiera volver a Corinto para hacer por ellos todo lo que él pudiera.
▬ 2. Pablo esperaba tratar con los alborotadores y si era necesario ejercer disciplina sobre ellos. Acusaciones falsas se formularon contra él y como siempre, los rumores iban de boca en boca (vea la nota, Pablo, acusaciones contra 2 Co. 1:12-22 para una lista completa de las acusaciones y rumores). Pablo dice lo siguiente: Cuando él vaya, no le interesarán las acusaciones de sus acusadores, sino su poder, es decir, aquello que pueden sostener y demostrar con evidencia. Desenmascarará a los acusadores y su carácter mundano y carnal, los pondrá al descubierto tales y como son: “Alborotadores”.
▬ 3. Pablo da la razón de por qué disciplinará a los alborotadores: Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder. Es decir, el reino de Dios, el gobierno y reinado de Dios en una vida, no existe en un hombre porque él lo diga. Cuando Dios gobierna una vida, la gobierna con poder. A la vieja vida que hace acusaciones y esparce rumores acerca de las personas se le ha dado muerte. El gobierno de amor de Dios reina en una vida.
El planteamiento es directo: Los acusadores profesaban ser ciudadanos del reino de Dios haber entregado la vida de cada uno de ellos a Cristo, pero su profesión era solo de palabras, solo una profesión falsa. El poder del reino de Dios, de su gobierno en una vida, no se veía en la vida de ellos. No estaban demostrando amor y paz, tampoco estaban edificando la iglesia de Dios y su ministro, sino todo lo contrario. Estaban murmurando, esparciendo rumores, haciendo acusaciones, inquietando a las personas, causando división, y a punto de destruir la iglesia. Por consiguiente, Pablo dice que él no se apartará del problema. Más bien, lo enfrentará. De hecho, el reino de Dios, el bienestar mismo del reino, lo exige. El reino de Dios y su gobierno de amor debe reinar en la iglesia y debe mantenerse tan puro como sea posible.
▬ 4. Pablo apela a la corrección: “¿Qué queréis? ¿Iré a vosotros con vara, o con amor y espíritu de mansedumbre?” La decisión siempre queda en mano de los alborotadores y de la iglesia. Nunca se deberán permitir que las discusiones dentro de la iglesia degeneren y continúen. Siempre se deberán manejar y solucionar, de modo que la iglesia pueda concentrarse en su misión de predicarle y ministrarle al mundo que está perdido, muriendo de hambre y de sed tanto espiritual como físicamente. A las personas del mundo se les debe predicar y dar vida tanto en este mundo como en el próximo. Se debe llevar el evangelio glorioso de salvación donde ellos. Por consiguiente, la iglesia debe enmendarse de modo que pueda ocuparse de su misión. Si lo hace, Pablo dice que vendrá donde ellos con amor. Si no lo hace, entonces él vendrá con disciplina.
Pensamiento 1. Pablo amaba al Señor, y amaba a las personas que tenía a su cuidado. Existía solo para servir al Señor y al pueblo del Señor. Por consiguiente, su corazón se inclinaba a ayudar a los creyentes sin importarle su estado ni su situación. Si se regocijaban, él se regocijaba con ellos; si sufrían, él sufría con ellos. No importaba lo que estuvieran experimentado, él estaba sobre esta tierra para ayudar a los creyentes en cualquier situación a la que se enfrentaran: Diferencias, divisiones, inmadurez, debilidad, pobreza, peligro, persecución. Su único propósito de vivir era Cristo y su pueblo: “Servir a Cristo predicándoles y ministrándoles a las personas”. Él era el ministro de Dios; por consiguiente, Pablo no huyó de los problemas. Sencillamente alargó e intensificó sus oraciones, y escudriñó las Escrituras y el Espíritu en busca de respuestas. Luego se levantó y salió de su gabinete de estudio y oración para lidiar con los problemas. Salió con la confirmación, confianza, seguridad, y poder del Espíritu Santo. Por consiguiente, él sabía que lo que sucediera estaba bajo el control y voluntad de Dios. Si las personas respondían a la voluntad de Dios, Dios las bendeciría y honraría; si rechazaban la voluntad de Dios, Dios las juzgaría. En cualquiera de los dos casos, Dios se ocuparía de su preciado ministro, porque su ministro había cumplido con su deber.
“No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto,
vuestro fruto permanezca; para que todo lo que, Y pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé” (Jn. 15:16).
“Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios” (2 Co. 4:1, 2).
“Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación” (2 Co. 5:18).
“del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder” (Ef. 3:7).
“Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio” (1 Ti. 1:12).
“del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles” (2 Ti. 1:11).
Pensamiento 2. Observe que el amor de un ministro es exactamente igual al de un padre. El amor verdadero no tiene nada de complacencia y licencia que permita que el egoísmo y el mal, la suciedad y la fealdad, el pecado y la vergüenza campeen por su respeto. El amor verdadero se preocupa por las consecuencias de la conducta de una persona; por consiguiente, el amor verdadero ejerce una corrección firme y una disciplina que ciertamente salvan e impiden que la persona amada se haga daño.
Amén, para la honra y gloria de Dios.







