Estudio Biblico Tiquico

Estudio Biblico Tiquico

Roberto Saldias Roa
LUNES 22 DE JUNIO DE 2026.. «EN MEDIO DEL CONFLICTO, DIOS ES JUSTO Y BENDICE A DAVID Y A SU FAMILIA».

   Comentario del contexto Bíblico: (1) Hijos de David nacidos en Hebrón, 3:1–5. Este pasaje forma parte de la narración del fortalecimiento de la casa de David. Los hijos son indicación de bendición por parte de Dios. La mención de los hijos de David nacidos en Hebrón hace resaltar la bendición de Dios para David en ese momento. David había llegado a ser rey, aunque todavía no lo era de toda la nación. Algunos de los hijos que nacieron en Hebrón llegarían a ser instrumentos no de bendición sino de maldad. Amnón llegó a violar a su hermana Tamar, y Absalón llegó a rebelarse contra su padre.

   Los reyes de las naciones paganas tenían por costumbre tomar mujeres de otros pueblos para formar alianzas con dichos pueblos. La práctica fue seguida por David quien tomó a Maaca, hija de Talmai, rey de Gesur. Gesur era un distrito arameo en el territorio de Basán o sea junto al mar de Galilea en la parte noreste. Salomón continuó la costumbre en una manera exagerada, llegando a tener 700 mujeres y 300 concubinas, llegando aun a elevar altares para los dioses de sus mujeres extranjeras.

   Debilitamiento de la casa de Isboset, 3:6–11. La derrota final de la casa de Saúl no llegó por medio de una batalla, sino a consecuencia de una división interna causada por el pecado. Abner fue acusado por Isboset de juntarse con Rizpa, quien había sido concubina de Saúl; después de la muerte de Saúl, la concubina pasaba legalmente a ser concubina de Isboset. Isboset confrontó a Abner, preguntándole ¿Por qué te has unido a la concubina de mi padre? En realidad, ya no era la concubina de su padre, sino de Isboset; pero Isboset no tuvo valor de decir “mi concubina”. Abner se enfureció. Su enfurecimiento deja ver su culpabilidad en cuanto al asunto. Si Abner tomó la concubina de Isboset, se descubre que Abner no respetaba a Isboset como rey, sino que lo consideraba su títere, y tenía intenciones de llegar a ser rey. El tener como esposa a Rizpa le daría más prestigio ante el pueblo. Abner no quiso someterse a la autoridad de Isboset, ni quiso reconocer su pecado cuando fue confrontado por éste; por el contrario, Abner se presentó como ofendido por el reclamo de Isboset: ¿Acaso soy yo una cabeza de perro que pertenece a Judá? Abner reclamó a Isboset, enumerando todos los favores que le había hecho, como diciendo: “he hecho tanto por ti y ahora me reclamas por tomar esta mujer”.

   Abner no aceptó su pecado, porque su corazón estaba cegado por el pecado. Sucede a menudo que la persona que está en pecado y que no busca el arrepentimiento culpa a otros por su pecado y se vuelve en contra de los que lo confrontan. Así Abner no reconoció su culpabilidad, sino que se volvió en contra de Isboset y se alió a David. Ante la presencia de Isboset, Abner reconoció a David como el escogido de Dios. Abner, por su propio beneficio, reconoció el éxito que David estaba teniendo. Isboset no pudo responder a las amenazas de Abner ya que le tenía mucho temor. Isboset no era un verdadero líder. Las tribus del norte estaban siendo guiadas por un rey de carácter débil y un jefe militar que no reconocía la autoridad del rey.

«EN MEDIO DEL CONFLICTO, DIOS ES JUSTO Y BENDICE A DAVID Y A SU FAMILIA». La afirmación de que, en medio del conflicto, Dios es justo y bendice a David y a su familia, refleja una verdad profunda sobre el carácter divino. En la Biblia, la justicia de Dios no solo implica juicio, sino también protección, compasión y fidelidad a su pacto.

   Según la Biblia, el conflicto es inevitable, pero enseña a enfrentarlo con humildad, perdón y búsqueda de la paz. En lugar de responder con orgullo, los principios bíblicos llaman a restaurar las relaciones y considerar a los demás antes que a uno mismo.

   El nuevo testamento tiene varios mandatos para los creyentes que demuestran el vivir en paz el uno con el otro. Siempre se nos instruye a: amarnos los unos a los otros (Juan 13:34; Romanos 12:10), vivir en paz y en armonía unos con otros (Romanos 15:5; Hebreos 12:14), resolver las diferencias entre nosotros (2 Corintios 13:11), ser pacientes, amables y benignos los unos con los otros (1 Corintios 13:4), considerar a los otros antes que a nosotros mismos (Filipenses 2:3), llevar las cargas de los demás (Efesios 4:2), y regocijarnos en la verdad (1 Corintios 13:6). El conflicto es la antítesis del comportamiento cristiano tal como se describe en las escrituras.

   Hay momentos en que, a pesar de todos los esfuerzos para reconciliar, varios asuntos nos impiden resolver los conflictos en la iglesia. Hay dos ejemplos en el nuevo testamento que claramente y sin ambigüedades, abordan la resolución de conflictos donde se presenta el pecado. En Mateo 18:15-17, Jesús presenta la forma para tratar con un hermano que ha pecado. Según este pasaje, en caso de un conflicto donde abiertamente hay pecado, en primer lugar, debemos tratarlo uno a uno y, luego, si continua sin resolverse debe ser llevado a un pequeño grupo, y finalmente ante toda la iglesia si el problema aún persiste.

   • Unidad y propósito: se describe que el hombre que teme a Dios recibe la bendición de una esposa fructífera y una familia unida, lo cual refleja el diseño de Dios para el hogar. El Salmos Capítulo 128: Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, Que anda en sus caminos. Cuando comieres el trabajo de tus manos, Bienaventurado serás, y te irá bien. Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa. He aquí que así será bendecido el hombre. Que teme a Jehová. Bendígate Jehová desde Sion, Y veas el bien de Jerusalén todos los días de tu vida, Y veas a los hijos de tus hijos. Paz sea sobre Israel.

   Todos luchamos en nuestras vidas con diferentes problemas y cargas – ya sea en el trabajo, en nuestras familias, o matrimonios. Y ¡cuántos ya no pueden con sus propias vidas! Por eso la Biblia nos invita a depositar todas nuestras cargas a los pies de Jesucristo: „Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo» (Sal. 55:22).

   Dios comienza a confirmar el llamamiento de David: Podemos aprender mucho de la vida de David. Él era un hombre conforme al corazón de Dios (1 Samuel 13:13-14; Hch 13:22). Se nos presenta a David por primera vez después de que Saúl, ante la insistencia del pueblo fue hecho rey (1 Samuel 8:5, 10:1). Saúl no estaba a la altura como el rey de Dios. Mientras que el rey Saúl estaba cometiendo errores uno tras otro, Dios envió a Samuel a encontrar Su pastor elegido, David, el hijo de Isaí (1 Samuel 16:10, 13).

   Se cree que David tenía entre 12 a 16 años de edad cuando fue ungido como rey de Israel. Él era el más joven de los hijos de Isaí, y una elección poco probable para ser rey, humanamente hablando. Samuel pensó que Eliab, el hermano mayor de David, era sin duda el ungido. Sin embargo, Dios le dijo a Samuel, «No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque el Señor no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón» (1 Samuel 16:7). Siete de los hijos de Isaí pasaron delante de Samuel, pero Dios no había escogido a ninguno de ellos. Samuel le preguntó a Isaí si tenía más hijos. David, el más joven, estaba cuidando ovejas. Así que llamaron el muchacho y Samuel ungió a David con aceite «y desde aquel día en adelante el Espíritu del Señor vino sobre David » (1 Samuel 16:13).

   La Biblia también dice que el Espíritu del Señor se apartó del rey Saúl y un espíritu malo lo atormentaba (1 Samuel 16:14). Los criados de Saúl sugirieron que buscaran a alguien que supiera tocar el arpa, y uno de los criados recomendó a David, diciendo: «He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y el Señor está con él» (1 Samuel 16:18). Así, David entró al servicio del rey (1 Samuel 16:21). Saúl estaba complacido con el joven David, y él se convirtió en su paje de armas.

   Según la Biblia, Dios confirma el llamamiento de David como rey de Israel principalmente mediante la unción del profeta Samuel, las victorias militares (como ante Goliat), y la dirección divina constante cuando David consultaba su voluntad. (1ª de Samuel 16:13. «Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá.»). 2ª de Samuel 7:4 al 13. «Aconteció aquella noche, que vino palabra de Jehová a Natán, diciendo: Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo moré? Ciertamente no he habitado en casas desde el día en que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he andado en tienda y en tabernáculo. Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: ¿Por qué no me habéis edificado casa de cedro? Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra. Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio, desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo, Jehová te hace saber que él te hará casa. Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino.» 1ª de Samuel 17:45 al 50. «Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; más yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos. Y aconteció que cuando el filisteo se levantó y echó a andar para ir al encuentro de David, David se dio prisa, y corrió a la línea de batalla contra el filisteo. Y metiendo David su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, y la tiró con la honda, e hirió al filisteo en la frente; y la piedra quedó clavada en la frente, y cayó sobre su rostro en tierra. Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano.»

   En todo tiempo Dios bendice el hogar de sus hijos: Sí, las Escrituras enseñan que la protección y el favor divino acompañan a quienes buscan hacer Su voluntad. Sin embargo, la Biblia también indica que esta bendición requiere obediencia y mantener una vida fundamentada en Sus mandamientos. (1ª Crónicas 13:14. «Y el arca de Dios estuvo con la familia de Obed-Edom, en su casa, tres meses; y bendijo Jehová la casa de Obed-Edom, y todo lo que tenía.»). Josué 24:14 al 17. «Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová. Entonces el pueblo respondió y dijo: Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses; porque Jehová nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre; el que ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado por todo el camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos por entre los cuales pasamos.»

   Corrupción de la casa de Saúl: La caída y corrupción de la casa del rey Saúl en la Biblia (detallada en 1 Samuel Cap. 13-15) se centra en su desobediencia, arrogancia y autoengaño. Su liderazgo pasó de ser elegido por Dios a un régimen marcado por el egoísmo, la paranoia y el abandono de la voluntad divina.

El declive de la dinastía de Saúl se caracteriza por tres fallas principales:

  • Desobediencia en Gilgal: Ante la amenaza de los filisteos, Saúl usurpó el rol sacerdotal al ofrecer sacrificios por cuenta propia en lugar de esperar al profeta Samuel. Esto demostró su falta de paciencia y su tendencia a tomar decisiones por encima de los mandamientos de Dios.
  • El perdón al rey Agag: Dios le ordenó destruir por completo a los amalecitas y sus posesiones. Saúl desobedeció deliberadamente y se quedó con el mejor botín, justificando su acción con una falsa piedad. Esta rebelión directa provocó que Dios lo rechazara definitivamente como rey.
  • Paranoia y persecución: Tras ser rechazado y ver que el Espíritu de Dios lo dejaba para ir con David, Saúl fue atormentado por un espíritu maligno y desarrolló una obsesión corrupta y homicida, persiguiendo a David durante años para asegurar su propio trono.

   Pensamiento1: El rey Saúl fue técnicamente el primer rey de Israel. Llegó al poder después de un período sangriento y tumultuoso en la historia de Israel, cuando el pueblo estaba gobernado por varios jefes tribales llamados “jueces”. Podemos encontrar un relato de este período en el libro de Jueces, que relata la progresiva corrupción moral de los israelitas y sus líderes tras la muerte de Josué. Sin un gobierno centralizado y tras doscientos años de líderes mediocres, este fue un período de revueltas políticas y sociales. El pueblo israelita buscaba un salvador que pusiera fin a la lucha que había empañado el panorama de su nación durante generaciones. Necesitaban un rey, pero ¿de qué tipo?

   Este tipo de crisis de liderazgo resulta familiar en la historia pasada y actual. Israel quería un buen líder, uno que no fuera corrupto y fuera íntegro. Sin embargo, había otras influencias culturales en juego, y las intenciones de los israelitas no eran completamente puras cuando pidieron un rey. La historia dice así:

   “Entonces se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a Samuel en Ramá, y le dijeron: ‘Mira, has envejecido y tus hijos no andan en tus caminos. Ahora pues, danos un rey para que nos juzgue, como todas las naciones’”. (1 Samuel 8:4-5).

   Esto debería preocuparnos, porque Israel ya tenía un rey, llamado Yahweh (recuerda Éxodo 15). Él estaba tratando de enseñar a los israelitas cómo diferenciarse de las otras naciones para convertirse en una bendición para esas mismas naciones. Pero las presiones culturales para tener un líder igual que los cananeos resultaron ser más poderosas. Sus corazones no estaban alineados con Yahweh, así que él honró su petición.

   La advertencia de Samuel

   Y el Señor dijo a Samuel: ‘Escucha la voz del pueblo en cuanto a todo lo que te digan, pues no te han desechado a ti, sino que me han desechado a Mí para que Yo no sea rey sobre ellos… Ahora pues, oye su voz. Sin embargo, les advertirás solemnemente y les harás saber el proceder del rey que reinará sobre ellos’”. (1 Samuel 8:7, 9).

   A continuación, Samuel lanza una famosa advertencia al pueblo israelita (1 Samuel 8:11-22), concediéndoles lo que deseaban.

   Saúl no fue un gran rey, ni siquiera un buen hombre. Tenía muchos defectos. Toda la primera mitad del primer libro de Samuel se dedica a estudiar su carácter y sus fracasos. Al leer el libro de Samuel, es posible que a veces te sientas propenso a criticar o juzgar a Saúl; probablemente también sientas lástima por él en algunos momentos. Pero no te apresures y sé honesto contigo mismo. Si tienes la mente abierta, te darás cuenta de que probablemente tienes más en común con Saúl de lo que te gustaría admitir. El objetivo de explorar los fracasos de Saúl es advertirnos para que no repitamos sus errores.

   El primer libro de Samuel ofrece una serie de viñetas, algunas aparentemente pequeñas y otras grandes, que examinan los errores de Saúl (véase 1 Samuel 13-15). Quizá te preguntes si el hecho de que Dios sea demasiado duro con Saúl es solo una estrategia intencional del narrador para generar compasión. Pues sí. Quiere que sintamos lástima por él, para que empecemos a vernos reflejados en él y aprendamos la lección a través de él.

   En esencia, el defecto de carácter principal de Saúl es la autoexaltación y el autoengaño. Él cree que sabe más que los demás, incluso que Dios. La mayor tragedia es que ni siquiera es consciente de ello. La historia muestra que no se da cuenta en absoluto de su arrogancia y siempre cree que tiene la razón.

   Saúl no pega en lo recto y justo:

   A medida que avanza la historia de Saúl, los errores se hacen mayores y las consecuencias son más graves. De alguna manera, nunca es capaz de reconocer lo que ha hecho mal cuando se lo muestran. Por ejemplo, en 1 Samuel 13, se le dijo que esperara a Samuel antes de ofrecer sacrificios a Dios e iniciar una batalla con los filisteos. Sin embargo, no hizo caso y siguió impertérrito su camino con impaciencia. Aunque Saúl finalmente gana la batalla, lo hace en sus propios términos en lugar de los de Dios, un punto que parece no comprender nunca.

   Su falta de autoconocimiento es aún mayor en 1 Samuel 15, donde Dios ordena a Saúl que vaya a luchar contra los amalecitas (esta nación intentó aniquilar a los israelitas mucho tiempo atrás cuando acababan de escapar de Egipto, véase Éxodo 17:8-15). Se le dieron instrucciones claras: debía derrotar a los amalecitas por completo. Sin embargo, Saúl no cumplió del todo y permitió que los soldados saquearan el botín, a pesar de que había recibido instrucciones explícitas de no permitir que esto sucediera. Cuando Samuel lo confronta, Saúl hace una especie de confesión, pero cambia el sentido de las cosas: “… el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de los bueyes, para sacrificar al Señor tu Dios…” (1 Samuel 15:15). Justifica su terquedad como una forma de obediencia, pero no puede ver que eso es lo que está haciendo. Entonces, Samuel lo llama a rendir cuentas: “¿Por qué, pues, no obedeciste la voz del Señor, sino que te lanzaste sobre el botín e hiciste lo malo ante los ojos del Señor?”. (1 Samuel 15:19).

   Saúl sigue sin ver su error: “Yo obedecí la voz del Señor, y fui en la misión a la cual el Señor me envió… Pero el pueblo tomó del botín ovejas y bueyes”. (1 Samuel 15:20-21)

Aquí Saúl está culpando a otros para quitarse de encima a Samuel. Pero Samuel ya ha aguantado bastante: “¿Se complace el Señor tanto en holocaustos y sacrificios como en la obediencia a la voz del Señor? Entiende, el obedecer es mejor que un sacrificio…” (1 Samuel 15:22). Recién en este punto, Saúl logra ver su error, y por lo tanto reconoce su comportamiento con una confesión:

   “He pecado. En verdad he quebrantado el mandamiento del Señor y tus palabras, porque temí al pueblo y escuché su voz”. (1 Samuel 15:24).

Es realmente difícil saber cuán genuino puede ser el arrepentimiento de Saúl. Es evasivo y tiene la costumbre de decir lo que sea necesario para salir del apuro. En tan solo unos momentos, nos revela una de sus motivaciones para mostrar remordimiento:

  Entonces Saúl dijo: “He pecado, pero te ruego que me honres ahora delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel y que regreses conmigo para que yo adore al Señor tu Dios”. (1 Samuel 15:30).

    Mira dentro de tu propio corazón

   Los fracasos de Saúl pueden tener un impacto real en nosotros, si estamos dispuestos a dejar que la historia se convierta en un espejo de nuestra propia mente y corazón.

   Saúl valoraba la opinión del pueblo por encima de la sabiduría de Dios. Temía a las personas cuando debería haber temido a Dios. Además, a la luz de la corrección, seguía preocupándose únicamente por una cosa: su propia reputación y honor. Saúl minimiza constantemente el papel que desempeña en las malas decisiones que toma. Sigue culpando a otras personas como si fueran responsables de sus errores.

   El resto de 1 Samuel relata el posterior declive de Saúl hacia la decadencia moral y espiritual. Su caída contrasta fuertemente con el ascenso de David a un rol de influencia. Al final del día, Saúl depositó su verdadera confianza en sí mismo, en su plan y en las opiniones que otros tenían de él. Cuando es confrontado por este pecado, su respuesta deja mucho que desear. En realidad, nunca cambia y persevera en estos comportamientos hasta el final, mientras sigue el camino del egocentrismo y el orgullo. Vemos un gran contraste con David, que se caracteriza en estos mismos capítulos por ser radicalmente obediente y confiar en Yahweh, lo que finalmente lo lleva a ascender como rey y solidifica su linaje.

   Estos dos personajes nos brindan la oportunidad de reflexionar sobre nosotros mismos para que podamos encontrar los puntos ciegos en los que nuestro orgullo puede estar haciéndonos perder el juicio. Justificamos nuestras malas decisiones e intentamos negociar con Dios. Dejamos que nuestro río cultural nos arrastre. Todo esto obliga al lector a preguntarse si somos similares a Saúl o diferentes. ¿De qué manera elevamos las opiniones de otras personas por encima de la sabiduría y el amor de Dios? ¿De qué manera culpamos a otros para evitar asumir realmente nuestras fallas?

   La desaparición de Saúl es una lección poderosa, pero como todas las historias trágicas, tiene un propósito redentor. Es una advertencia para que no repitamos sus errores. Nuestros defectos de carácter más profundos no tienen por qué definirnos ni ser el final de la historia, no cuando se trata del Dios revelado en Jesús. A diferencia de Saúl, Jesús fue un Rey de Israel que nunca falló, sino que tomó sobre sí las consecuencias del fracaso de los demás. A diferencia de Saúl, Jesús nunca se acobardó ante el lado oscuro de la humanidad. Más bien, se enfrentó directamente a él con su amor y pasión porque sabía que el poder de Dios podía vencer nuestro mal y crear algo nuevo. Lo que Saúl necesitaba, y lo que realmente necesitamos, es un corazón y una mente nuevos que no necesiten defenderse ni justificar el fracaso y el egoísmo. Lo que necesitamos es lo que David oró después de su mayor error.

Amén, para la honra y gloria de Dios

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