LECTURA BÍBLICA: 1ª A LOS CORINTIOS 12:7 AL 11. 7. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. 8. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;9. a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. 10. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. 11. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.
Comentario del contexto Bíblico: [2]. (12:7) Dones, espirituales: El propósito de los dones espirituales es permitirles a los creyentes hacer el ministerio, la obra para la que Dios los ha llamado. La palabra “provecho” (sumpheron) significa edificación, ventaja, beneficio. Los creyentes están equipados con dones espirituales fundamentalmente para el beneficio y edificación de otros, no para ellos mismos. Los dones no se les dan a los creyentes para su propia gratificación ni para deleitarse con la presunción y la súper espiritualidad. Claro está, el creyente si recibe provecho y beneficio del don que se le ha dado, pero fundamentalmente se le dota para que edifique y ayude a otros. Esto se ve en la palabra “manifestación”. Quiere decir que se ve abierta y públicamente. Los dones del Espíritu se deben usar abierta y públicamente; se les deben:
• Manifestar a la iglesia, es decir, se deben usar para edificar la iglesia.
• Manifestar al mundo, es decir, se deben usar para beneficiar al mundo (salvando a los perdidos).
Observe un elemento crucial que no siempre se entiende. Los dones del Espíritu son “repartidos a cada hombre”. No se les dan solamente a los educados y extraordinarios. El Espíritu de Dios le da algún don espiritual a cada creyente, y se lo da porque es necesario dentro de la iglesia y el mundo, necesario para ayudar a ministrar a las personas y para salvar para Cristo a los perdidos del mundo.
“No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé” (Jn. 15:16).
“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Ef. 4:11, 12).
[3]. (12:8-10) Dones, espirituales: Se proporciona la lista de los diferentes dones para mostrar cuán diversos son realmente los dones del Espíritu. Él puede dotar a una persona según su voluntad, y sus dones son numerosos y variados. Esta lista es solamente parcial; se mencionan otros dones en otros pasajes (vea el índice y las notas _ Ro. 12:6-8; Ef. 4:11).
▬ 1. Existe el don de la palabra de sabiduría (sophia). Sabiduría significa la sabiduría de Dios; esto se aclara en 1 Co. 2:7. La sabiduría de Dios es la verdad que ahora Dios le ha revelado al hombre; es todo el sistema de verdad revelado por Dios, la verdad acerca de Dios, el hombre y el mundo. Por consiguiente, la palabra de sabiduría es el don de transmitirles a los hombres la sabiduría y la verdad de Dios, transmitir la verdad en un lenguaje sencillo y comprensible.
“¡0h profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” (Ro. 11:33).
“Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía” (Stg. 3:17).
“Y Daniel habló y dijo: Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría” (Dn. 2:20).
▬ 2. Existe el don de la palabra de ciencia (gnosis). Esto se refiere a conocimiento práctico. Consiste en saber que hacer en situaciones cotidianas que se presentan. Es saber cómo se aplica la sabiduría que uno tiene a la vida diaria. Consiste en aplicar la verdad a la vida de un modo práctico. No hace bien alguno conocer la verdad a menos que una persona sepa cómo usar la verdad.
La palabra de ciencia es el don de transmitirle a otros cómo deben vivir; la habilidad de aplicar la verdad a la vida de cada uno de ellos en el quehacer cotidiano; la habilidad de aplicar la verdad a la vida de un modo práctico.
“Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta” (Jn. 7:16, 17).
“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn. 8:31, 32).
“Si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios” (Pr. 2:3-5).
“Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que obtiene la inteligencia” (Pr. 3:13).
▬ 3. Existe el don de la fe. Esta no es la fe usual a la que nos referimos cuando hablamos de la fe salvadora. Es un don de fe muy especial: Una fe como un grano de mostaza, una fe fuerte, una fe poderosa, una fe que obra milagros, un don especial de fe que le permite al creyente hacer grandes cosas por Dios y por su pueblo.
“Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que, si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible” (Mt. 17:20).
“Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible” (Mr. 9:23).
“Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe” (Lc. 17:5).
“De cierto, de cierto os digo: El que en mi cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre” (Jn. 14:12).
▬ 4. Existe el don de sanidad. Este es un don que se ha minimizado y se le ha restado énfasis de generación en generación por los charlatanes y los abusos que con gran frecuencia lo han acompañado. Se sostenían todo tipo de teorías y posiciones doctrinales que planteaban que el don era solo para la iglesia primitiva. Sin embargo, según ha planteado William Barclay tan abiertamente, es un don que la iglesia está redescubriendo. Es un don que se ha experimentado y demostrado definitivamente en la vida de multitudes de personas de todo el mundo en la actualidad (Las epístolas a los corintios, p. l22s).
“Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia” (Mt. 10:1).
“Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios” (Mr. 3:14, 15).
“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Mr. 16:17, 18).
“a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu” (1 Co. 12:9).
▬ 5. Existe el don de obrar milagros. Esto se referiría a otros milagros a excepción del de la sanidad que se acabó de analizar. Hay ocasiones en las que surgen circunstancias y situaciones, y los creyentes necesitan una liberación milagrosa de alguna clase. Al parecer, en esto consiste el don. Cuando es la voluntad de Dios que cese una tormenta, que un enemigo quede cegado temporalmente, que se sofoque un incendio o que se alteren un sinnúmero de amenazas contra el creyente, Dios levanta a algún creyente y lo dota para obrar el milagro necesario. Ejemplos de este don serían Cristo calmando la tormenta; Pablo castigando a Elimas con la ceguera (Hch. 13:11); y Pablo al ser librado de la mordida de una serpiente venenosa (Hch. 28:5).
▬ 6. Existe el don de profecía. Este es el don de hablar bajo la inspiración del Espíritu de Dios. Incluye tanto la predicción como la proclamación, y tampoco debiera minimizarse a pesar del abuso del don.
No cabe duda, se ha abusado del don de predecir sucesos al punto de la ridiculez. Sin embargo, el abuso de un don no elimina la realidad de que el Espíritu de Dios en ocasiones les da a los creyentes un adelanto de los sucesos venideros a fin de prepararlos y fortalecerlos para enfrentar los sucesos.
Sin embargo, las Escrituras plantean claramente cuál es la función principal de la profecía, y todos los creyentes debieran aprenderlo:
▬ 7. Existe el don de discernimiento de espíritus. Este es un don que los creyentes de todas las generaciones necesitan desesperadamente, porque siempre hay falsos profetas y maestros a su alrededor. En realidad, todo creyente necesita el don en alguna medida a fin de evitar que se extravíe.
“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Jn. 4:1).
“Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras” (2 Co. 11:13-15).
“No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Ts. 5:20, 21).
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia” (1 Ti. 4:1, 2).
“que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita” (2 Ti. 3:5).
▬ 8. Existe el don de lenguas. Este es el don de un discurso extático o profundamente emocional. Las personas que conocen del don siempre lo han codiciado grandemente porque le proporciona a la persona un sentido profundo de la presencia de Dios. ¿En qué lengua se habla?
=> Algunos dicen que es una lengua desconocida.
=> Otros dicen que es una lengua extranjera desconocida para el que habla.
=> Aún así otros dicen que es una lengua celestial.
Esta es una ilustración de cómo el Espíritu Santo dota a las personas de formas diferentes a fin de suplir las necesidades de la persona y la situación local.
Una vez más, este es un don del que se ha abusado de un modo tan drástico y trágico que una gran parte de la cristiandad se ha alejado del don. Sin embargo, el don está arrasando el mundo tan dramáticamente como el don de sanidad. Debe tenerse en cuenta que ese es el don del que se estaba abusando tanto y que estaba provocando tanta confusión en la iglesia de Corinto. (El don de lenguas se aborda en detalles en el Capítulo 14. Vea el índice y las notas _ 1 Co. 14:1-40 para un mayor análisis.)
▬ 9. Existe el don de la interpretación de lenguas. Esto es sencillamente lo que plantea: “El Espíritu de Dios dota a algunos creyentes para que interpreten la lengua”.
[4]. (12:11) Dones, espirituales: Se vuelve a hacer énfasis en la unidad de los dones. Resulta muy importante que la iglesia aprenda y practique este punto; por consiguiente, se repite.
▬ 1. Todos los dones que se han abordado son dados por el mismo Espíritu. Los dones de Dios no provienen de ninguna otra fuente. Los hombres no pueden ganarse, merecer ni obrar los verdaderos dones espirituales. Ningún hombre merece el don de la gracia de Dios. Por lo tanto, no hay cabida para la presunción y la súper espiritualidad, tampoco para la polémica. Un creyente tiene un don y otro creyente tiene otro don, pero ambos provienen del Espíritu de Dios.
▬ 2. El Espíritu de Dios le da los dones a cada hombre exactamente lo que Él desea. Él sabe cuáles dones son necesarios y dónde se necesitan en todo el mundo. Él sabe cuáles dones edificarán más a la iglesia y cuáles dones pueden ser más eficaces para salvar al mundo y para ministrar las necesidades apremiantes de toda la humanidad. Por ende, Él suple las necesidades de todos los creyentes en sus respectivos llamados y localidades.
Nota del expositor: «El Espíritu Santo, según su soberana voluntad, reviste o los creyentes de diferentes dones que se deben utilizar para lo edificación del cuerpo de Cristo».
1er TÍTULO: Manifiesto propósito divino respecto a los dones espirituales. Versículo 7. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. (Léase: San Juan 16:7 al 11. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. ▬ 1ª a los Corintios 14:12. Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia. y 26. ¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.).
Comentario de San Juan 16:7 al 11 [1]. (16:7) Espíritu Santo: El Espíritu Santo consuela y ayuda a los creyentes. Jesús dijo algo sorprendente: “Os conviene que yo me vaya”. Era para el bien (rédito, ventaja) del creyente que Jesús dejara el mundo. Advierta el peso y el énfasis
adicional que Jesús le dio al hecho: “Yo os digo la verdad”. Puede que sea difícil para una persona ver y comprender, puesto que parece que estaríamos mucho mejor si Jesús estuviera física y corporalmente. Algunas personas incluso claman por su presencia, por alguna vista, alguna visión, algún sueño de Él. Pero Jesús dijo que era mejor que Él se fuera y no estar físicamente presente. ¿Por qué? Hay una razón suprema: si Él no se hubiera ido, el Espíritu Santo no habría venido. El creyente está mejor con la presencia del Espíritu Santo que con la presencia de Jesús.
Ahora advierta. ¿Cómo puede hacerse una declaración como esa? ¿Cómo puede que un creyente esté mejor con el Espíritu Santo que con la presencia física y corporal de Jesús?
▬ 1. Desde que Jesús partió, ahora tenemos un Señor glorificado y exaltado. Tenemos un Señor que reina y controla todo: quién es capaz de cumplir todas sus promesas y satisfacer nuestra desesperada necesidad de vida, la vida que es abundante y eterna.
“Y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” (Ef. 1:19, 20).
▬ 2. Desde que Jesús partió, ahora tenemos un intercesor ante el mismo trono de Dios. Tenemos una Persona que se conmueve con los sentimientos de nuestras enfermedades, porque Él fue tentado en todos los aspectos como lo somos nosotros.
“Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (He. 4:14-16).
▬ 3. Desde que Jesús partió, ahora tenemos la presencia del Espíritu Santo con nosotros todo el tiempo. Jesús en su cuerpo humano podía estar sólo en un lugar a la vez, pero el Espíritu Santo, que es Espíritu, puede estar con todos los creyentes al mismo tiempo no importa dónde estén.
“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Jn. 14:16).
▬ 4. Desde que Jesús partió, ahora tenemos un verdadero evangelio para proclamar, el evangelio del Señor resucitado y exaltado que es capaz de dar vida eterna a toda persona que lo convoque.
“Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación… porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Ro. 10:8-10, 13).
▬ 5. Desde que Jesús partió, ahora tenemos la obra mundial del Espíritu Santo. Su obra de…
• condenar y convencer (Jn. 16:8-ll)
• ayudar y guiar a los creyentes (Jn. 16:12, 13)
• glorificar a Cristo (Jn. 16:14, 15)
Advierta que al Espíritu Santo se lo llama el Consolador. (Ver nota, Jn. 14:16.)
[2]. (16:8-11) Espíritu Santo: El Espíritu Santo condena y convence al mundo. La palabra “reprobar” (elegxei) significa tanto condenar como convencer a una persona.
=> Condenar significa tomar el corazón de una persona hasta que sienta y sepa que es culpable. Él ha hecho algo malo o ha fallado en hacerlo bien.
=> Convencer significa llegar al corazón de una persona hasta que ésta sepa que el hecho es cierto.
El Espíritu Santo condena y convence al mundo de tres cosas: pecado, justicia y juicio.
▬ 1. Está la condena del pecado.
» a. El Espíritu Santo condena al mundo de su pecado, del hombre que ha pecado. El Espíritu Santo condena a un hombre porque…
• pierde el rastro, esto es, no llega a cumplir con la gloria de Dios.
“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Ro. 3:23).
• traspasa, es decir, se sale del camino correcto.
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Ef. 2:1).
• transgrede, es decir, quebranta la ley de Dios.
“Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron” (He. 2:2, 3).
» b. El Espíritu Santo convence al mundo de que el descreimiento de un hombre es incorrecto. El Espíritu Santo convence al mundo de que Jesús realmente murió por el pecado. El Espíritu Santo toma a un hombre que no cree en Jesús y lo convence de que Jesús es el Salvador, de que sus pecados serán perdonados cuando crea en Jesús.
“Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Jn. 8:24).
“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Jn. 2:1, 2).
▬ 2. Está la condena de justicia.
» a. El Espíritu Santo condena al mundo por su falta de justicia, porque un hombre no tiene justicia que sea aceptable para Dios. El Espíritu Santo condena a un hombre porque su justicia…
• es solamente justicia propia.
• es solamente justicia humana.
• es la justicia de obras que son sólo humanas y por lo tanto tienen un fin.
• es la justicia de la bondad humana y por lo tanto finaliza cuando él muere.
• es inadecuada, insuficiente e inaceptable para Dios.
“Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá” (Gá. 3:11; cp. Gá. 2:16).
“Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento. Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti; por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades” (Is. 64:6, 7; cp. w. 9-12).
» b. El Espíritu Santo convence al mundo de que la justicia de Jesús es aceptable para Dios. El Espíritu Santo convence a un hombre…
• de que Jesús realmente fue recibido en el cielo por el Padre porque fue justo.
• de que Jesús aseguró la justicia para todo hombre.
• de que el hombre puede acercarse a Dios a través de la justicia de Jesús.
• de que Jesús es el Hombre Ideal y Perfecto, el propio Hijo del Hombre. (Ver nota – Jn. 1:51.)
“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Co. 5:21).
“Sino también con respecto a nosotros a quienes hade ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Ro. 4:24, 25).
▬ 3 Está la condena del juicio.
» a. El Espíritu Santo condena al mundo porque el juicio viene, que un hombre está por enfrentar el juicio personal de Dios. El Espíritu Santo condena a un hombre…
• porque es responsable ante Dios y el hombre.
• porque habrá un día real de juicio en algún momento del futuro.
• porque deberá estar cara a cara con Dios y ser juzgado.
• porque será juzgado por el pecado y falta de justicia, por lo que ha hecho y no ha hecho.
“De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Ro. 14:12).
“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (He. 9:27).
» b. El Espíritu Santo convence al mundo de que Jesús ha cargado con el juicio del pecado y la muerte para el hombre. El Espíritu Santo convence al hombre…
• de que Jesús murió cargando con la pena y el juicio del pecado por él.
“Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P. 2:24).
“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1 P. 3:18).
• de que Jesús, mediante su muerte, destruyó el poder de Satanás sobre el pecado y la muerte.
“Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera” (Jn. 12:31).
“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (He. 2:14, 15).
• de que el hombre puede ser liberado del pecado y la muerte, de que puede ser perdonado por su pecado y otorgada vida eterna a través de la muerte de Jesús.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Jn. 3:16).
“En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Ef. 1:7).
Comentario de 1ª a los Corintios 14:12 [12]. Así también vosotros, ya que anheláis los dones espirituales, buscad sobresalir en aquellos que edifican a la iglesia.
» a. «Así también vosotros». Al terminar con su segunda analogía, Pablo repite la frase que usó al final de su primera analogía (v. 9). La comunidad cristiana de Corinto, consciente de que en su ciudad había muchas nacionalidades y lenguas representadas, debía entender la frustración del que no es capaz de entender cuando se habla otro idioma. Esto quiere decir que la ilustración de Pablo es apropiada, porque se puede aplicar al asunto de la glosolalia en la iglesia local.
» b. «Ya que anheláis los dones espirituales». Después de su discusión acerca de la profecía y las lenguas, Pablo ha cerrado el círculo. Al principio del capítulo, instó a los lectores a que buscasen con ahínco los dones espirituales (v. 1; cf. 12:31). Literalmente Pablo escribe «ya que sois zelotes por espíritus» (cf. 12:10). Usa dos sustantivos en esta oración, «zelotes» y «espíritus». Es importante que los examinemos con detención.
Primero, Pablo les dice a los corintios que deben convertirse en zelotes. Esta palabra tiene connotaciones negativas y positivas. Él mismo había sido un zelote en su pasión por guardar las tradiciones del judaísmo y, como consecuencia, había tratado de destruir a la iglesia (Hch. 22:3; Gá. 1:14). Pero en este versículo la palabra comunica aquel esfuerzo positivo por conseguir los dones del Espíritu (cf. Tit. 2:14; 1 P. 3:13).
Segundo, Pablo no está tratando que los corintios vayan detrás de los espíritus. Más bien les exhorta a que sean recipientes de los dones espirituales. Algunos comentaristas creen que la palabra espíritus aquí apunta a los «diversos soplos de inspiración que se daban en las asambleas de la iglesia».26 Sin duda que esto ocurría, pero nos acercamos más a la intención de Pablo si decimos que el Espíritu Santo se revela a sí mismo distribuyendo una multitud de dones espirituales a su pueblo. Como Pablo dijera anteriormente: «El único y mismo Espíritu hace todas estas cosas, repartiéndolas a cada uno individualmente como él quiere» (12:11). En suma, el sustantivo plural espíritus se refiere al Espíritu Santo que distribuye muchos de sus dones espirituales a su pueblo.
» c. «Buscad sobresalir en aquellos que edifican a la iglesia». Esta oración pone el énfasis en el concepto edificación, que es uno de los temas importantes para Pablo en el presente capítulo (véase el comentario al v. 4). El Espíritu Santo dota a su pueblo con dones espirituales para el propósito de edificar a la iglesia del Señor Jesucristo. Pablo no especifica qué dones deben usar los miembros para su mutua edificación. Más bien les exhorta a sobresalir. Después del imperativo buscad sobresalir vienen las palabras en aquellos, que no están en el texto griego. Con todo, el devenir del pensamiento sugiere que deben incluirse. El mensaje que Pablo deja con los corintios es que deben de destacarse por ser gente que edifica a la iglesia con los dones espirituales que han recibido.
1ª a los Corintios 14. (14:26) Iglesia -Adoración: La primera regla es el principio rector, los dones se deben usar en la iglesia para edificar a las personas. Los cultos de adoración en la iglesia de Corinto se habían vuelto muy desordenados, predominaba la confusión. Muchos hablaban en lenguas, hablaban, oraban y cantaban sus propias canciones, todos al mismo tiempo. Cada persona luchaba por el derecho de mostrar su última inspiración y comprensión espiritual. Note exactamente lo que se dice y el desorden se ve claramente: “¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros…
• tiene salmo [canción, griego],
• tiene doctrina [alguna enseñanza],
• tiene lengua,
• tiene revelación [alguna comprensión espiritual],
• tiene interpretación
Los cultos de adoración se habían degenerado en un completo desorden y una confusión masiva. A los ojos del visitante, los cultos no eran más que un alboroto, una confusión total. Cada uno hablaba y hacía lo que le parecía, todos simultáneamente. El orgullo, el envanecimiento, el egocentrismo, la súper espiritualidad, y la división predominaban en el lugar del amor, el respeto, la humildad, la unidad, y la edificación. La decencia y el orden brillaban por su ausencia.
“Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?” (1 Co. 14:23).
Tenía que arreglarse la situación o de lo contrario la iglesia nunca sería eficaz en su testimonio del Señor. La solución primordial para enderezar el desorden radicaba en que los creyentes aprendieran el propósito de sus dones: “Edificar y construir la iglesia”. Observe con qué frecuencia este capítulo hace énfasis en la edificación:
“Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación” (1 Co. 14:3).
“…pero el que profetiza, edifica a la iglesia” (1 Co. 14:4).
“…para que la iglesia reciba edificación” (1 Co. 14:5).
“…procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia” (1 Co. 14:12).
“Porque tú, a la verdad, bien das gracias; pero el otro no es edificado” (1 Co. 14:17).
“pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida” (1 Co. 14:19).
2° TÍTULO: Los maravillosos dones del Espíritu Santo. Versículos 8 al 10. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. (Léase: San Marcos 16:17 y 18. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. ▬ 1ª de Pedro 4:11. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.).
Comentario de San Marcos 16:17 y 18. (16:17-18) Poder: es crucial la promesa dada al creyente mientras ejecuta la gran comisión. El creyente tiene que tener poder sobrenatural al salir al mundo. El mundo es un sitio peligroso. A veces el creyente será llamado a lugares de tierras traicioneras, de tormentas violentas en la naturaleza, de animales salvajes y venenosos, de hombres hostiles e incrédulos, de potencias espirituales de increíble fuerza. La maldad de los hombres, de la naturaleza y de los espíritus puede ser tan amenazante para el creyente que su testimonio sería impedido si Dios no le proveyese su fuerza y poder. Esta es la médula del presente pasaje. Dios da poder al creyente: todo el poder necesario para llevar el evangelio «a todo el mundo» y a «toda criatura».
Por supuesto, esto no significa que todo creyente será librado de cada amenaza, ni que nunca será martirizado. Algunos creyentes son perseguidos y algunos son martirizados. Conforme a la voluntad de Dios, enseña y toca las vidas y mueve la historia y sociedad misma por medio de la persecución y el martirio de los creyentes. Las cosas no siempre son fáciles para los creyentes. Pero Dios da el poder a los creyentes: el poder para atravesar las dificultades con confianza y paz en Él, incluso para atravesar el fuego del martirio. Con frecuencia es el testimonio del poder procedente de Dios, la confianza y paz que Él da, lo que toca a otros para Cristo y lo que causa un enorme movimiento hacia Dios.
Para repetirlo, este es el tema de estos dos versículos. A medida que el creyente ejecuta la gran comisión, Dios le promete poder, el poder necesario para que la obra sea hecha. Note el poder o las señales mencionados por Marcos. Esa clase de poder habrá en la vida del creyente (cuando sea necesario) al proclamar el evangelio en el mundo.
• Echar fuera a los demonios (Hch. 16: 18).
• Hablar en nuevas lenguas (véase Estudio a fondo 4-Hch. 2:4).
• Tomar en las manos serpientes (Hch. 28:5).
• Beber cualquier cosa mortífera (Mr. 16:18).
• Poner las manos sobre los enfermos y sanarlos (Hch. 28:7-8).
«Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra» (Hch. 1:8).
«Y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu de poder» (1 Co. 2:4).
«Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecido con poder en el hombre interior por su Espíritu» (Ef. 3:16).
«Pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre» (1 Ts. 1:5).
«Porque no nos ha dado Dios, espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios» (2 Ti. 1:7-8).
«Mas yo estoy lleno de poder del Espíritu de Jehová, y de juicio y de fuerza para denunciar a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado» (Mi. 3:8).
«No con ejército ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos» (Zac. 4:6).
Comentario de 1ª de Pedro 4:11. (4:10-11) Dones espirituales: ¿cómo vivir a la expectativa del clímax de la historia? Debemos poner en práctica nuestros dones como buenos administradores de Dios. La palabra “don” (charisma) significa capacidad muy especial dada al creyente por Dios. Advierta que el don proviene de Dios, no es un talento natural El creyente no podría haber logrado o asegurado esta capacidad por sí mismo. Es un don espiritual, o sea, dado por el Espíritu de Dios con fines espirituales. Se le da al creyente para que pueda cumplir con su tarea en la tierra.
▬ 1. Advierta: los creyentes deben usar sus dones sirviendo y ministrándose unos a otros. La tarea de todo creyente consiste en usar su talento para edificar creyentes en la iglesia, dar testimonio y ministrar al mundo. ¿Cuáles son los dones espirituales que Dios le da a los creyentes? La gran tragedia es que la mayoría de los creyentes no saben nada sobre los dones espirituales; sin embargo, Dios los cubre en su Palabra. Deberían ser estudiados diligentemente (véase bosquejo y notas, Ro. 12:6-8; 1 Co. l2:8-11; Ef. 4:11 para un estudio más detallado al respecto).
“Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa” (Mt. 10:42).
“De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría. El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran” (Ro. 12:6-15).
“Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Co. 12:4-11).
“Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gá. 6:10).
“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Ef. 4:11-12).
▬ 2. Nota: el creyente debe servir siendo un buen administrador de la gracia 0 don de Dios. El administrador era un esclavo al que se le daba la responsabilidad de toda la heredad del amo, tanto de su propiedad como de sus posesiones. Estaba plenamente a cargo de todos los asuntos del amo. El creyente es el administrador de Dios; está totalmente a cargo de la gracia y el don que Dios le ha dado. Nadie más puede cuidar o utilizar el don que él tiene. Si alguien tiene que usarlo es el creyente. Piense en esto: la enorme responsabilidad ha sido puesta en nuestras manos. Nadie puede ejercer el don del creyente sino solo el creyente. La única energía y el único esfuerzo que puede surgir y usar el don es la propia energía y el esfuerzo del creyente. Si no ejerce ni usa su don, entonces el don permanece latente y nunca se pone en práctica. Fracasa en su tarea. Su misión en la tierra no se cumple. Y debe enfrentar a Dios como un fracaso en la vida. Fracasó al usar el don que Dios le había dado, fracasó en completar su tarea y misión en la tierra. Pero advierta: esto no se aplica a los creyentes. Los creyentes deben poner en práctica sus dones y deben ser fieles administradores, como si estuvieran esclavizados, para llevar a cabo su tarea en la tierra. Se mencionan dos dones en particular. Se los trata en los dos puntos siguientes.
“Porque el reino de los cielos es como un hombre que, yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos” (Mt. 25:14-15).
“Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo” (Lc. 19:13).
“Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel” (1 Co. 4:2).
“Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Co. 6:20).
“Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia” (1 Ti. 6:20).
“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 P. 4:10).
▬ 3. Los creyentes deben servir proclamando la Palabra de Dios. Esto incluiría dones tales como enseñar, predicar, exhortar, profetizar y los otros dones que involucran proclamar la Palabra de Dios. Nota: debemos hablar como los oráculos de Dios. Esto significa dos cosas. Debemos pronunciar únicamente la Palabra de Dios y debemos permitir que Dios hable a través de nosotros. Debemos depender de Dios para el discurso, depender totalmente de Él.
“Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mt. 28:20).
“Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación” (1 Co. 14:3).
“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros” (Ef. 4:11).
“Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Ti. 4:2).
“Retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen” (Tit. 1:9).
“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie” (Tit. 2:11-15).
▬ 4. Los creyentes deben servir ministrando. Esto incluiría dones tales como la hospitalidad, el realizar visitas, el don de misericordia, de las dádivas y los otros dones de ministración a la gente. Nota: el creyente que ministra debe hacerlo en la capacidad y fortaleza del Señor. Esto también significa que ministramos reconociendo que nuestra fortaleza proviene de Dios y solo de Dios.
La cuestión es esta: ¿cómo podemos manejar y conquistar el sufrimiento en esta vida? Viviendo a la expectativa del clímax de la historia. Ocupándonos y estableciendo nuestro ministerio y tarea sobre la tierra sin que nada ni nadie nos detenga. Debemos estar obsesionados con el don y el llamado de Dios, con la misión y la tarea que Él nos ha dado. Debemos estar tan obsesionados que absolutamente nada, ni siquiera el sufrimiento y la persecución, pueda evitar que pongamos en práctica los dones que Dios nos ha dado y de completar nuestra tarea y misión.
“Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa” (Mt. 10:42).
“Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gá. 6:10).
“Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas” (1 Co. 16:2).
“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Co. 9:7).
“La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Stg. 1:27).
▬ 5. Los creyentes deben servir para que Dios pueda ser glorificado en todo por medio de Jesucristo. Esta es la única meta del creyente. No predica ni enseña para llamar la atención y ganar renombre, sino que proclama la Palabra de Dios, a fin de glorificar a Dios a través de Jesucristo. El creyente no ministra, visita ni hace dádivas con el fin de asegurarse reconocimiento, honra o alabanza. Ministra para generar alabanza y acción de gracias a Dios en el nombre de Jesucristo. Dios y Cristo solos merecen toda la alabanza y el dominio en todo el universo. Ningún hombre es merecedor de esto; solo Dios es soberano.
“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt. 5:16).
“En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Jn. 15:8).
“Para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Ro. 15:6).
“Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Co. 6:20).
“Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre” (He. 13:15).
“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 P. 2:9).
“Cantad a Jehová, que habita en Sion; publicad entre los pueblos sus obras” (Sal. 9:11).
“Te alaben los pueblos, oh Dios; todos los pueblos te alaben” (Sal. 67:3).
3er TÍTULO: Soberanía del Espíritu Santo al repartir sus dones. Versículo 11. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere. (Léase: Romanos 12:6. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe ▬ Hebreos 2:4. testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad. ▬ Efesios 4:8. Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas.).
Comentario de Romanos 12:6. (12:6-8) Dones espirituales: el creyente debe usar los dones que Dios le ha dado. La palabra «don›› (carisma) indica una capacidad muy especial dada por Dios al creyente. Note que el don es de Dios; no es un talento natural. El creyente no podría haber adquirido ni obtenido esa habilidad por sus propios medios. Es un don espiritual; esto es, ha sido otorgado por el Espíritu de Dios con fines espirituales. Es dado para que el creyente pueda cumplir su tarea sobre la tierra.
Note además que se dice que los dones han sido dados «según la gracia que nos es dada». Esto significa que los dones son dados después que llegamos a conocer la gracia de Dios. Esta es parte de nuestra herencia en Cristo, el glorioso privilegio…
• de habérsenos asignado una función muy especial para desempeñar en la tierra.
• de haber recibido propósito, sentido y significación para la vida.
• de habérsenos otorgado un don o dones muy especial para cumplir nuestra función sobre la tierra.
Ahora bien, ¿cuáles son los dones? En este pasaje se señalan varios. (Véanse bosquejo y notas-1Co. 12:4-11; 12: 12-31; 13:1-13; Ef. 4:7-16 para ampliar la discusión.)
▬ 1. Está el don de profecía. En el Antiguo Testamento el don de profecía consistía en el don de proclamar y explicar la voluntad de Dios. La proclamación tenía que ver con el pasado, el presente y el futuro. Sin embargo, en el Nuevo Testamento, el don de profecía cambia dramáticamente. Se ve raras veces al profeta anunciando el futuro. En cambio, se le ve proclamando lo que ocurrió con el Señor Jesucristo y en lo que ha sido revelado por Cristo acerca de los acontecimientos futuros. Su función es edificar, exhortar y consolar. Las Escrituras son claras al respecto.
«El que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación» (1 Co. 14:3).
Profeta es el hombre que proclama y explica la Palabra de Dios…
• la Palabra viva, el Señor Jesucristo mismo.
• la Palabra escrita, las Sagradas Escrituras.
Habiendo dicho esto, cabe notar que la profecía es el don de hablar bajo la inspiración del Espíritu de Dios. Incluye predicción y proclamación, y ninguna de estas cosas debe minimizarse para no cometer abuso contra el don.
No hay dudas, el don de anunciar acontecimientos ha sido sujeto a abusos que rayan en lo ridículo. Sin embargo, el abuso de un don no elimina el don: el Espíritu de Dios a veces da un vistazo de sucesos futuros con el fin de prepararnos y fortalecernos para enfrentar los hechos venideros.
Sin embargo, la función principal de la profecía se afirma claramente en las Escrituras, y el hecho debe ser conocido por todos los creyentes:
«El que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación» (1 Co. 14:3).
Pensamiento. Note un punto fundamental. El profeta del Señor Jescristo debe conocer al Señor Jesucristo antes de proclamar las buenas nuevas acerca de Jesucristo. ¿Cómo podría un hombre hablar al mundo acerca de Alguien a quien no conoce personalmente?
▬ 2. Está el don de ministerio (díakonia). La palabra se usa frecuentemente para referirse a un sirviente, o a una persona que sirve y ayuda a los demás en cosas prácticas. Por lo tanto, el sentido sería una habilidad muy especial de servir, ministrar, ayudar, y asistir a los demás: ayudarles de tal forma que son edificados y reciben una verdadera ayuda. Es el más práctico de los dones. La mayoría de nosotros puede ayudar, y todos nosotros podemos. Muchos de nosotros conocemos unas pocas personas que siempre están dispuestos, y que están extraordinariamente dotados para ayudar a otros cuando se necesita ayuda. Todos nosotros podemos ayudar y todos nosotros podemos desarrollar nuestra disposición y habilidad de ayudar, pero hay algunos creyentes que han sido dotados en forma fuera de lo común con este muy especial don, de ministerio.
«Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa» (Mt. 10:42).
«Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe» (Gá. 6:10).
«Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres» (Fil. 2:5-7).
«La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo» (Stg. 1:27).
▬ 3. Está el don de enseñanza (dídaskon). Enseñanza es la habilidad de explicar, arraigar y fundamentar a la gente en la verdad. La Palabra de Dios no solamente necesita ser proclamada por el profeta; además debe ser explicada por el maestro. La gente debe ser guiada y arraigada en todas las verdades de la Palabra de Dios cotidianamente, semanalmente, año tras año. Esta es la tarea del maestro.
Pensamiento. Con cuánta urgencia la iglesia necesita enseñanza buena y sólida. La gente se va de la iglesia casi en la misma proporción que llegan, porque no están arraigados y cimentados en Cristo.
«Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente, apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas» (1 Co. 12:28).
«Y él mismo constituyó a unos apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros» (Ef. 4:11).
«Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt. 28:20).
▬ 4. Está el don de exhortación (parakaleseí). Se trata de la muy especial habilidad de estimular, motivar, advertir, animar, consolar y aconsejar a la gente. El factor dominante sería motivar y animar a la gente, la capacidad de animar a la gente a hacer una decisión por Cristo y crecer en Él. Es el don que mueve a la gente a levantarse y ocuparse en realizar las tareas que le corresponden para el Señor.
«Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina» (2 Ti. 4:2).
«Retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen» (Tit. 1:9).
«Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie» (Tit. 2:11-15).
▬ 5. Está el don de repartir (metadidomi). Esto significa simplemente dar posesiones terrenales de uno, tales como dinero, ropa, y alimento. Note que al incluir en la lista este don en particular, las Escrituras agregan un punto: dice cómo debe dar la persona. Debe dar con «1iberalidad›› (haplotetes). Esta palabra comprende varias ideas. Significa…
• dar con sinceridad y simplicidad.
• dar con sencillez de corazón y sin exhibicionismo.
• dar liberalmente y con generosidad.
El argumento es éste: Dios da a algunas personas un don especial para ganar dinero a fin de tener suficiente para ayudar a otros y para divulgar el evangelio alrededor del mundo. Estas personas…
• deben dar y dar con generosidad. Dios les dio el don de obtener dinero a fin de que tengan bastante para cumplir la voluntad de Dios para el mundo.
• no deben acumular, guardar en un banco ni malversar el don de la riqueza.
• no debe dar a regañadientes, quejándose acerca de dar.
• no deben dar para atraer la atención o para acumular honores para sí mismos.
• no deben dar para alimentar su ego y su orgullo.
«Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha» (Mt. 6:3).
«Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas» (1 Co. 16:2).
«Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre» (2 Co. 9:7).
▬ 6. Está el don de presidir (proistemi). Este comprende la capacidad de liderazgo, autoridad, administración, gobierno. Note que esta persona debe dirigir con solicitud (spoude): en forma expedita, con celo, deseo y atención concentrada. En el reino de Dios y en su iglesia no hay lugar para la pereza, la complacencia y la irresponsabilidad. Los líderes son los que tienen que guiar en el sendero a la grey de Dios, y deben hacerlo con celo, duro trabajo y férrea determinación.
«En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor» (Ro. 12:11).
«Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey» (1 P. 5:2-3).
▬ 7. Está el don de la misericordia (eleon). Esta es una persona llena de perdón y compasión, piadosa y bondadosa hacia los demás. Note que la persona misericordiosa debe mostrar misericordia con corazón alegre (hilarotes). La palabra significa bondadoso, alegre, gozoso. La persona que tiene el don de la misericordia…
• no debe perdonar a regañadientes.
• no debe vacilar en perdonar a otros.
• no debe mostrar misericordia con un espíritu airado.
• no debe mostrar misericordia con un espíritu de crítica y reprensión contra la persona que necesita ayuda. (Esto ocurre con frecuencia cuando la persona está decaída debido a la falta de empleo, falta de educación, o alguna circunstancia desafortunada.)
El creyente que tiene espíritu de misericordia debe mostrar misericordia con corazón alegre y lleno de gozo, haciendo todo lo posible por levantar a la persona que necesita misericordia.
«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt. 5:7).
«Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso» (Lc. 6:36).
«Tú, pues, vuélvete a tu Dios; guarda misericordia y juicio, y en tu Dios confía siempre» (Os. 12:6).
«Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios» (Mi. 6:8).
Comentario de Hebreos 2:4. (2:3-4) Juicio – Salvación: Esta es la segunda razón por la que no debemos alejarnos de la salvación. El juicio según la Palabra del Señor debe ser mucho más severo que el juicio según la ley. ¿Por qué? Existen tres razones.
▬ 1. No habrá escape del juicio porque la salvación es muy grande. Piense en todo el pecado y maldad que existe en la tierra: La mentira, el engaño, el robo, y el asesinato; los hechos de terror, matanza, y guerra; la inmoralidad, el adulterio, y las obscenidades; la suciedad, la inmundicia, y la corrupción de la conducta; los hogares deshechos, las laceraciones, y el dolor; la enfermedad, los accidentes, y el sufrimiento. Piense en la muerte. Piense en toda esta maldad, y aun así hay mucha más maldad en el mundo que nunca podremos enumerarla.
En eso consiste la salvación; eso es lo que hace tan grande la salvación.
=> La salvación es la liberación de todo el mal y sufrimiento y muerte de este mundo. ¡Imagínese librado de toda la corrupción de este mundo! En eso consiste la salvación. Pero además de eso es mucho más.
=> La salvación nos salva por Dios y nos libera a Dios. La salvación nos gana la aceptación de Dios, y nos proporciona la vida eterna, el privilegio glorioso de vivir para siempre con Dios. Pero la salvación es incluso más que eso.
=> La salvación nos da un cielo nuevo y una tierra nueva, un mundo perfecto para vivir y trabajar en él para toda la eternidad, un mundo en el que no habrá sufrimiento ni muerte (vea las notas, He. 2:5-8 para un mayor análisis). Pero la salvación es incluso más que eso.
=> La salvación debe ser una recompensa tras la otra. Debe haber mansiones y enormes moradas. Debe haber coronas, y gobiernos y reinados, deberes y responsabilidades, una vida gloriosa de servicio y adoración al Señor Dios mismo, para la eternidad. Pero luego de haber dicho esto, la salvación es mucho más.
=> La salvación nos proporciona un Salvador, el propio Hijo de Dios, incluso el Señor Jesucristo. Nos proporciona un Salvador que nos ama, que nos ha amado tanto que sacrificó su vida y murió por nosotros. Nos proporciona un Salvador a quien podemos amar y servir, un Salvador a quien podemos entregar nuestra vida y nuestra lealtad y saber que es por nuestro bien.
Se pudiera decir mucho más, pero el asunto queda claro. Si descuidamos una salvación tan grande, ¿cómo nos escaparemos? No podemos. No hay forma que Dios nos deje escapar si descuidamos la salvación de su propio Hijo.
▬ 2. No habrá escape del juicio porque el mensaje de salvación lo proclamó el Señor mismo. Él no envió el evangelio de la salvación a la tierra por medio de ángeles. Él mismo le trajo el evangelio de la salvación a los hombres. Él, el Señor soberano y la Majestad del universo, es la persona que nos ha traído la salvación; y Él lo hizo al morir por nosotros. Él, el Hijo de Dios, sacrificó su vida por nosotros. Si descuidamos una salvación tan grande, el juicio que caerá sobre nosotros será mucho más severo. Imagínese un hombre que descuida la salvación de Cristo, que.
• ignora a Cristo • muestra desprecio por Cristo • menosprecia a Cristo • no cree que Cristo sea digno de tal compromiso • se rebela contra Cristo • niega a Cristo • rechaza a Cristo • maldice a Cristo
Amén, para la honra y gloria de Dios.
Si Dios le ha regalado su propio Hijo al mundo y los hombres lo tratan de esa manera, ¿qué puede esperar el hombre? Todos saben la respuesta. No habrá escape para la persona que descuida y maldice una salvación tan grande.
▬ 3. No habrá escape del juicio porque ha habido muchos testigos de la salvación. El propio Señor fue el primer testigo de la salvación; luego los testigos oculares de su vida en la tierra proclamaron la salvación que hay en Él. Note: Dios mismo dio testimonio al proveer a los discípulos con poder para obrar señales y maravillas y muchos milagros. Además de esto, Dios dotó a los creyentes con los dones del Espíritu Santo. Dios cambió la vida de muchos creyentes y les dio el poder y los dones para vivir para Él y para servirlo a Él transmitiendo el mensaje de salvación a un mundo que está perdido y agonizando.
Sucede lo siguiente: Con tantos testigos, ninguna persona puede esperar poder escapar del juicio de Dios si descuida la salvación de Cristo, no cuando los dos testigos fundamentales son el propio Dios y el Señor Jesucristo, el propio Hijo de Dios.
“¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?” (Ro. 2:3).
“que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán” (1 Ts. 5:3).
“¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron” (He. 2:3).
“Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo” (He. 10:30).
“Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos” (He. 12;2s).
“Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí yo traigo sobre ellos mal del que no podrán salir; y clamarán a mí, y no los oiré” (Jer. 11:11).
“Y si tú avisares al impío de su camino para que se aparte de él, y él no se apartare de su camino, él morirá por su pecado, pero tú libraste tu vida” (Ez. 33:9).
Comentario de Efesios 4:8: (4:8-10) Danes, Espirituales: Todo don del creyente ha costado el precio más alto posible.
▬ 1. Advierta la imagen. La imagen de Cristo dando dones a los hombres es espectacular. Es la imagen de un rey anciano que ha conquistado a sus enemigos. El rey está montando su caballo blanco y cabalgando bajo el arco de triunfo mientras ingresa a la ciudad. Cientos de personas gritan su adoración y alabanza. Lo sigue su ejército. Y luego vienen ellos, el enemigo tropezándose, a pie, con cadenas, con la apariencia del enemigo vencido que son. Inicialmente vinieron a luchar con uñas y dientes para someter al pueblo del gran rey a su tiranía. Pero ahora vienen a ofrecer regalos al gran conquistador. El conquistador recibe los regalos y a su vez entrega los regalos a su propio pueblo. (Cp. Sal. 68:18).
Hay grandes enemigos del hombre -enemigos que atacan una y otra vez- enemigos que tratan de hacer que el hombre no tenga objetivos ni sentido.
=> Está el gran enemigo del alejamiento y la separación. El alejamiento es la energía y la tendencia que intenta echar a Dios y a otros de la vida de una persona. Trágicamente, el alejamiento deriva en una sensación de vacío, inutilidad y soledad.
=> Están los dos grandes enemigos que roban todo sentido al hombre: el pecado y la muerte.
Sin embargo, Dios ha ido a la guerra por el hombre. Cristo ha conquistado a todos los enemigos que hacen la vida inútil y sin sentido. Ahora Él entrega el mayor regalo de todos, el don del significado, del propósito y de la importancia en la vida. Él llena la vida con todo lo que un hombre podría llegar a desear y utilizar. Él da los más grandes dones, dones que hacen que una persona esté ocupada con la vida con mayor significado y propósito imaginable.
Pensamiento 1: Si Cristo realmente ha dado tal significado y propósito, entonces ¿por qué hay tanta gente aburrida con su trabajo y su vida? ¿Por qué hay tantos (incluso creyentes) que se sienten insatisfechos, vacíos, sin propósito y deseando un cambio? Las Escrituras nos lo dicen, y lo dicen claramente.
1) Una persona no ha comprometido su vida a Cristo, no plenamente, no por completo. Realmente no se niega a sí mismo ni sigue a Cristo.
“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc. 9:23).
2) Una persona no se ha sacrificado, todo lo que es y tiene, para servir a Cristo y a la humanidad. Una persona no se ha comprometido a una vida de servicio. La vida real se encuentra únicamente en el servicio. Dios lo ha ordenado así.
“Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mt. 16:25).
“El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo” (Mt. 23:11).
“Mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve” (Lc. 22:26).
“¿No decís vosotros Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Jn. 4:35).
3) Una persona vive y siembra en su carne en lugar de hacerlo en el Espíritu.
“Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; más el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gá. 6:8).
▬ 2. Advierta el gran costo que pagó Cristo para obtener el derecho a dar dones a los creyentes. Tuvo que morir y descender a las partes más bajas de la tierra. F. F. Bruce señala que las “regiones más bajas” de la tierra pueden significar tres cosas: la tierra a la que Cristo vino; la sepultura donde se depositó el cuerpo del Señor 0 el Hades, el lugar de los muertos (Hch. 2:25-35; cp. Sal. 16:10; 1 10:1) (The Epistle to the Ephesíans, p. 83) (Véase Estudio afondo 1, 1ª P. 3:19-20).
Al permitir que las Escrituras interpreten a las Escrituras, la interpretación correcta parecería ser “Hades”. Cuando otros pasajes de las Escrituras comparan el descenso de Cristo con el ascenso de Cristo, parecen indicarse los dos extremos.
» a. En Romanos 10:6-7, ascender “a los cielos” se compara con descender “al abismo”, el lugar de los muertos.
» b. En Filipenses 2:8ss, se contrasta a Cristo humillándose a las más bajas profundidades de la muerte con su exaltación a los cielos más altos por Dios.
» c. En Mateo 12:40, Cristo que ha estado “en el corazón de la tierra tres días y tres noches” es tomado de Jonás 2:3-4: “en medio de los mares”. A la luz de estos hechos, el descenso de Cristo a las partes más bajas de la tierra debe significar más que el hecho de que Cristo haya sido depositado en un sepulcro.
Debe significar el lugar de los espíritus que partieron o el lugar de los muertos.
El punto es este: Jesucristo debió morir y experimentar el infierno por los hombres para obtener el derecho de otorgar dones a los hombres. Este es el enorme precio que costaron nuestros dones. Si Él no hubiera muerto, entonces nosotros no podríamos ser salvos ni recibir dones espirituales. No habría propósito ni importancia en la vida, no más allá de unos pocos años en esta tierra. Todo lo que tendríamos que esperar seria la muerte. Pero Cristo murió y Él conquistó a todos los enemigos del hombre, los conquistó a fin de obtener el derecho de salvarnos y otorgarnos dones.
“Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera” (Jn. 12:31).
“Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo” (Ef. 4:8-10).
“Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Col. 2:15).
“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (He. 2:14).
“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua” (1 P. 3:18-20).
“El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Jn. 3:8).
▬ 3. El gran valor de lo que hizo Cristo es glorioso. Murió para poder ascender a los cielos y llenar todas las cosas, esto es, llenar todo el universo con su presencia. Jesucristo es la Majestad Soberana del universo. Él está sentado a la diestra de Dios el Padre y gobierna y reina por, sobre todo. Ahora Él puede salvar y entregar dones a los hombres. Pero recuerde: Es porque pagó el precio más alto posible. Él murió por nosotros, murió para obtener el derecho de derramar su gracia y sus dones sobre nosotros.
Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios” (Lc. 22:69).
“Y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” (Ef. 1:19-20).
“Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Fil. 2:8-9).
“Que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza” (Ap. 5:12).


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