Lección: 1ª de Samuel 28: 6 al 10. 6. Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas. 7. Entonces Saúl dijo a sus criados: Buscadme una mujer que tenga espíritu de adivinación, para que yo vaya a ella y por medio de ella pregunte. Y sus criados le respondieron: He aquí hay una mujer en Endor que tiene espíritu de adivinación. 8. Y se disfrazó Saúl, y se puso otros vestidos, y se fue con dos hombres, y vinieron a aquella mujer de noche; y él dijo: Yo te ruego que me adivines por el espíritu de adivinación, y me hagas subir a quien yo te dijere. 9. Y la mujer le dijo: He aquí tú sabes lo que Saúl ha hecho, cómo ha cortado de la tierra a los evocadores y a los adivinos. ¿Por qué, pues, pones tropiezo a mi vida, para hacerme morir? 10. Entonces Saúl le juró por Jehová, diciendo: Vive Jehová, que ningún mal te vendrá por esto.
Comentario general del contexto Bíblico: Saúl acude a la adivina, 28:6–10. Saúl y el ejército vinieron del sur y acamparon en Jezreel (29:1) al pie del monte Gilboa. De ese monte hubieran podido ver cuán grande era el ejército de los filisteos extendido por el valle. Se atemorizó y procuró consultar a Dios por las tres vías de comunicación conocidas por él: sueños, sacerdotes y profetas. Pero Dios no le contestó (ver el comentario sobre 14:37). El v. 3 comenta que había quitado a los que evocaban a los muertos, pero ahora vuelve a buscar una de estas personas. Las palabras usadas en el v. 3 son Ob que se refiere a la voz hueca que viene de la ultratumba y Yadah que se refiere al adivino o la persona que sabe o se entera de algo por medio de la hechicería. Esta es la persona que supuestamente puede saber el futuro.
Los consejeros de Saúl localizaron a una adivina en el pueblo de Endor, al norte unos 12 km. y al otro lado del monte de Moreh. Esto representaba para Saúl y sus compañeros un riesgo puesto que los filisteos estaban acampados entre ellos y Endor. Así que van de noche para esconder mejor sus movimientos. La desesperación le motiva a correr cualquier riesgo. Y Saúl le ordena a la mujer que adivine o que averigüe por su espíritu familiar cómo hacer subir al muerto. Se creía que el Seol, o lugar de los muertos, estaría abajo y por lo tanto el muerto tendría que subir (Núm. 16:30; Sal. 63:9; Eze. 31:14; 32:18). Aunque el mundo y existencia de los espíritus no tienen orientación direccional referente al mundo físico, los conceptos tienen que expresarse de manera material para entenderse. Y puesto que los muertos fueron sepultados, se suponía que tendrían que levantarse de abajo.
Saúl había prohibido la práctica del espiritismo. Ahora se permite lo que él mismo había prohibido. Y jura por Jehovah que la mujer no moriría, comprometiendo a Dios en lo que sería contra o contrario a su voluntad. La ley prohíbe absolutamente evocar a los muertos o entregarse a la adivinación (Lev. 20:27). Saúl bien lo sabía. Por eso su condenación sería mayor (Stg. 3:1). Dice en Lucas 12:47, “Porque el siervo que entendió la voluntad de su señor y no se preparó ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes”. Ya hemos visto que parte de ese azote fue la presencia de un espíritu de maldad enviado para afligirle. Veremos directamente que sigue este último azote, la suprema disciplina quitándole la vida.
La desesperación del hombre desechado por dios lo lleva a la abominación: La desesperación puede llevar a una persona a la idolatría y al abandono de la fe, culminando en lo que la Biblia llama «abominación», especialmente cuando uno se apoya en los recursos del mundo en lugar de en Dios. Esta frase, asociada a la «abominación de la desolación», se describe en el contexto de rebeliones y actos que contaminan un lugar sagrado, como el caso del rey Antíoco Epífanes IV.
Conexión entre desesperación y abominación
- Pérdida de la fe: La desesperanza implica una pérdida de fe, la cual es considerada crucial en la vida cristiana. Al caer en ella, se abandona la confianza en la capacidad de Dios.
- Apoyo en el mundo: Los desesperanzados tienden a enfocar su mirada en los recursos mundanos en lugar de en Dios, buscando soluciones fuera de su guía divina.
- Resultados espirituales: Esta búsqueda en lo mundano puede llevar a actos de idolatría, que son una «abominación» porque desvían la adoración de Dios y contaminan el camino espiritual.
El contexto bíblico de la «abominación de la desolación»
- Contexto histórico: La frase aparece en el libro de Daniel en referencia al rey Antíoco Epífanes IV, quien profanó el templo de Jerusalén al introducir un ídolo y suspender los sacrificios regulares.
- Contexto profético: Jesús también utiliza esta frase para referirse a una futura destrucción del Templo que implicaría la introducción de la idolatría.
- Significado: La «abominación» es un acto que profana el lugar santo (ej. Tu corazón), trayendo desolación espiritual y el fin de la relación con lo divino.
Referencia Bíblica: «¿Por qué se lamenta el hombre viviente? Laméntese el hombre en su pecado. Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová; Levantemos nuestros corazones y manos a Dios en los cielos; Nosotros nos hemos rebelado, y fuimos desleales; tú no perdonaste. Desplegaste la ira y nos perseguiste; mataste, y no perdonaste; Te cubriste de nube para que no pasase la oración nuestra; Nos volviste en oprobio y abominación en medio de los pueblos.» (Lamentaciones 3: 39 al 45).
«La desesperación»: La desesperación en la Biblia se entiende como la pérdida total de la esperanza, a menudo causada por la presión y el miedo, pero también se presenta como una lucha que puede ser superada a través de la fe en Dios. Personajes bíblicos como el rey David y el apóstol Pablo experimentaron profundos momentos de desesperación, pero también encontraron esperanza al apoyarse en Dios y en sus promesas de salvación y consuelo. La Biblia anima a no desesperarse, sino a confiar en Dios, quien ofrece paz y la seguridad de que los sufrimientos tienen un significado eterno.
Ejemplos bíblicos
Salmo 40: El salmista clama haber sido rescatado del «hoyo de la desesperación» y del «lodo cenagoso» para ser puesto sobre una roca.
Pablo en 2 Corintios: Pablo describe cómo se sintieron «abatidos hasta el extremo» y perdieron la esperanza de vivir, pero en lugar de desesperar, confiaron en Dios, quien «nos ha librado de un peligro tan grande como la muerte» (2 Corintios 1:8-10).
Salmo 34: En el salmo, se expresa la confianza en que Dios escucha la oración de los que están en desesperación y los salvas de sus tribulaciones (Salmo 34:6-7).
Referencia Bíblica:
«Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.» (Sal. 40:2).
«Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte» (2ª de Corintios 1:8-10).
«Este pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus angustias. El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende.» (Salmo 34: 6-7.).
«La adivinación»: La Biblia condena la adivinación en Deuteronomio 18, considerándola una práctica falsa y una abominación a Dios, al igual que la hechicería y la consulta a los muertos. Se enfatiza que el futuro solo lo conoce Dios y que la sabiduría proviene de Él, no de medios ocultos. Por lo tanto, los creyentes deben evitar cualquier forma de adivinación, ya que se asocia con la rebelión contra Dios y la búsqueda de conocimiento de fuentes que se oponen a Él.
Prohibición bíblica de la adivinación:
Deuteronomio 18:10-12: Se prohíbe explícitamente a los creyentes «practicar la adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos».
Comparación con la rebelión: 1 Samuel 15:23 compara el pecado de la rebelión con el de la adivinación, calificándolo de «iniquidad e idolatría».
Falsos profetas: Jeremías 14:14 habla de falsos profetas que ofrecen «visión mentirosa, adivinación, vanidad y engaño de su corazón».
Razones para evitar la adivinación
«Rechazo a confiar en Dios»: Buscar guía en la adivinación implica depositar la confianza en poderes que se oponen a Dios, lo cual es visto como un acto de rebelión.
«Evitar engaños»: La Biblia advierte que hay falsos profetas que se aprovechan de las personas, y que incluso prácticas aparentemente inofensivas pueden ser engañosas.
«Sabiduría en la Biblia»: La verdadera sabiduría y guía se encuentra en la Palabra de Dios, y no hay necesidad de buscarla a través de otros medios.
Referencias Bíblicas: «e hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por fuego; y se dieron a adivinaciones y agüeros, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová, provocándole a ira.» (2ª de Reyes 17:17).
«Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando.» (Hechos 16:16).
«Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.» (Santiago 1:5).
1er Titulo: El resultado de lo desobediencia es el retroceso de la fe. Versículo 6. Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas. (Léase: 1ª de Samuel 15:23. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey ▬ Romanos 1:28. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen.).
«Resultado de lo desobediencia» «Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron» (Romanos 5:12). Los efectos de la caída son numerosos y de gran alcance. El pecado ha afectado cada aspecto de nuestro ser. Ha afectado nuestras vidas en la tierra y nuestro destino eterno.
Uno de los efectos inmediatos de la caída fue que la humanidad se separó de Dios. En el jardín de Edén, Adán y Eva tuvieron comunión perfecta y compañerismo con Dios. Cuando se rebelaron contra Él, esa comunión se rompió. Ellos se dieron cuenta de su pecado y se avergonzaron ante Él. Se escondieron de Él (Génesis 3:8-10), y el hombre ha estado escondiéndose de Dios desde entonces. Sólo a través de Cristo se puede restaurar esa comunión, porque en Él somos hechos justos y sin pecado a los ojos de Dios como Adán y Eva fueron antes de pecar. «Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El» (2 Corintios 5:21, LBLA).
A causa de la caída, la muerte se convirtió en una realidad, y toda la creación estaba sujeta a ella. Todos los hombres mueren, todos los animales mueren, toda la vida vegetal muere. «…toda la creación gime a una» (Romanos 8:22), esperando el tiempo cuando Cristo volverá para liberarla de los efectos de la muerte. Por causa del pecado, la muerte es una realidad ineludible, y nadie es inmune. «Porque la paga del pecado es muerte, más la dadiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 6:23). Peor aún, no sólo nos morimos, sino que, si morimos sin Cristo, experimentamos la muerte eterna.
Otro efecto de la caída es que los seres humanos han perdido de vista el propósito para el cual fueron creados. El último y más alto propósito del hombre en la vida es glorificar a Dios y disfrutarlo para siempre (Romanos 11:36; 1 Corintios 6:20; 1 Corintios 10:31; Salmo 86:9). Por lo tanto, el amor a Dios es la base de toda moralidad y bondad. Lo opuesto es la elección de uno mismo como supremo. El egoísmo es la esencia de la caída, y lo que sigue es todos los otros delitos contra Dios. En todas sus formas, el pecado es un giro hacia uno mismo, que se confirma en cómo vivimos nuestras vidas. Llamamos la atención a nosotros mismos y a nuestras buenas cualidades y logros. Minimizamos nuestros defectos. Buscamos favores especiales y oportunidades en la vida, queriendo una ventaja extra que nadie más tiene. Nos enfocamos en nuestros propios deseos y necesidades, mientras que ignoramos los de los demás. En definitiva, nos situamos en el trono de nuestras vidas, usurpando el papel de Dios.
Cuando Adán eligió rebelarse contra su Creador, perdió su inocencia, incurrió en la pena de muerte física y espiritual, y su mente fue oscurecida por el pecado, al igual que las mentes de sus herederos. El apóstol Pablo dijo de los paganos, «Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada» (Romanos 1:28). Les dijo a los Corintios que «el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios» (2 Corintios 4:4). Jesús dijo: «Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas» (Juan 12:46). Pablo recordó a los Efesios: «ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor» (Efesios 5:8, NVI). El propósito de la salvación es «[abrir] sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios» (Hechos 26:18).
La caída produjo en los seres humanos un estado de depravación. Pablo habló de aquellos «teniendo cauterizada la conciencia» (1 Timoteo 4:2) y de aquellos cuyas mentes se obscurecen espiritualmente como resultado de rechazar la verdad (Romanos 1:21). En este estado, el hombre es totalmente incapaz de hacer o elegir lo que es aceptable a Dios, aparte de la gracia divina. «La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo» (Romanos 8:7, NVI).
Sin la regeneración sobrenatural del Espíritu Santo, todos los hombres permanecerían en su estado caído. Pero en Su gracia, misericordia y bondad amorosa, Dios envió a Su Hijo a morir en la Cruz y tomar el castigo por nuestro pecado, reconciliándonos con Dios, haciendo posible la vida eterna con Él. Lo que se perdió en la caída se reclama en la Cruz.
2° Titulo: Todo aquel que acude o la adivinación se hace abominable o los ojos de Dios. Versículos 7 y 8. Entonces Saúl dijo a sus criados: Buscadme una mujer que tenga espíritu de adivinación, para que yo vaya a ella y por medio de ella pregunte. Y sus criados le respondieron: He aquí hay una mujer en Endor que tiene espíritu de adivinación. Y se disfrazó Saúl, y se puso otros vestidos, y se fue con dos hombres, y vinieron a aquella mujer de noche; y él dijo: Yo te ruego que me adivines por el espíritu de adivinación, y me hagas subir a quien yo te dijere. (Léase: Deuteronomio 18:10 al 12. No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti. ▬ Los Hechos 16:16. Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando.).
«Practicar la adivinación» es descubrir conocimientos ocultos por medios sobrenaturales. Está relacionada con el ocultismo e incluye la predicción de la suerte o la videncia, como solía llamarse.
Desde la antigüedad, la gente ha utilizado la adivinación para conocer el futuro o como una forma de ganar dinero. La práctica continúa, ya que los que afirman tener una visión sobrenatural leen las palmas de las manos, las hojas de té, las cartas del tarot, las cartas estelares y mucho más.
Dios nos da Su punto de vista sobre la adivinación en Deuteronomio 18:10: «No sea hallado en ti quien…practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero». Primera de Samuel 15:23 compara la rebelión con el «pecado de adivinación».
La práctica de la adivinación figura como una de las razones del exilio de Israel (2 Reyes 17:17). Jeremías 14:14 habla de los falsos profetas de la época, diciendo: «Falsamente profetizan los profetas en mi nombre; no los envié, ni les mandé, ni les hablé; visión mentirosa, adivinación, vanidad y engaño de su corazón os profetizan». Así que, comparada con la verdad de Dios, la adivinación es falsa, engañosa y sin valor.
Mientras Lucas viajaba con Pablo y Silas por la ciudad de Filipos, registró un encuentro con una adivina: «Nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando» (Hechos 16:16). La capacidad de la muchacha para adentrarse en los misterios se debía a un demonio que la controlaba. Sus amos obtuvieron «mucha ganancia» de su esclava. Pablo acabó exorcizando al demonio (versículo 18), liberando a la muchacha de su esclavitud espiritual y haciendo que los dueños de la esclava se enfurecieran (versículo 19).
La adivinación en cualquier forma es pecado. No es un entretenimiento inofensivo ni una fuente alternativa de sabiduría. Los cristianos deben evitar cualquier práctica relacionada con la adivinación, incluyendo la predicción de la suerte, la astrología, la brujería, las cartas del tarot, la nigromancia y los hechizos. El mundo de los espíritus es real, pero no es inofensivo. Según las Escrituras, los espíritus que no son el Espíritu Santo o los ángeles son espíritus inmundos.
Los cristianos no deben temer a los espíritus que intervienen en la adivinación; tampoco deben buscar sabiduría en ellos. La sabiduría del cristiano proviene de Dios (Santiago 1:5).
3er Titulo: Espíritu de error llevo a Saúl a tomar el Nombre de Dios en vano. Versículos 9 y 10. Y la mujer le dijo: He aquí tú sabes lo que Saúl ha hecho, cómo ha cortado de la tierra a los evocadores y a los adivinos. ¿Por qué, pues, pones tropiezo a mi vida, para hacerme morir? Entonces Saúl le juró por Jehová, diciendo: Vive Jehová, que ningún mal te vendrá por esto. (Léase: Éxodo 20:7. No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano. ▬ Jeremías 2:19. Tu maldad te castigará, y tus rebeldías te condenarán; sabe, pues, y ve cuán malo y amargo es el haber dejado tú a Jehová tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice el Señor, Jehová de los ejércitos.).
«Tomar el Nombre de Dios en vano» Aunque muchas personas creen que tomar el nombre del señor en vano se refiere al uso del nombre del señor como una palabra grosera, abarca algo mucho más que un uso en vano del nombre de Dios. Para comprender la gravedad de tomar el nombre del señor en vano, primero tenemos que ver el nombre del señor desde su perspectiva como se describe en las escrituras. El Dios de Israel es conocido por muchos nombres y títulos, pero el concepto encarnado en el nombre de Dios, desempeña un papel importante y único en la Biblia. La naturaleza y los atributos de Dios, la totalidad de su ser, y especialmente su gloria, se reflejan en su nombre (Salmo 8:1). El Salmo 111:9 nos dice que su nombre es “santo y temible», y la oración del señor comienza dirigiéndose a Dios con la frase «santificado sea tu nombre» (Mateo 6:9), siendo esta una indicación de que en nuestra oración la reverencia hacia Dios y a su nombre, debe ser lo más importante. Con frecuencia entramos en la presencia de Dios con presuntuosas «listas de responsabilidades» para él, sin ser conscientes de su santidad, su grandeza, y el enorme abismo que separa nuestra naturaleza de la suya. El que se nos permita incluso venir delante de su trono, es por causa únicamente de su gracia y de su amor misericordioso para con su pueblo (Hebreos 4:16). Nunca debemos subestimar esa gracia.
A causa de la grandeza del nombre de Dios, cualquier uso del nombre de Dios que lo deshonre o deshonre su carácter, es porque se está tomando su nombre en vano. El tercero de los diez mandamientos prohíbe tomar o usar el nombre del señor en una forma irreverente porque eso indicaría una falta de respeto a Dios mismo. Una persona que usa incorrectamente el nombre de Dios, el señor no lo dará por «inocente» (Éxodo 20:7). En el antiguo testamento, se deshonraba el nombre de Dios cuando no se cumplía con un juramento o una promesa hecha en su nombre (Levítico 19:12). El hombre que usaba el nombre de Dios para legitimar su juramento y, luego rompía su promesa, daba a entender su falta de reverencia hacia Dios, así como una falta de temor de su santo castigo. Era esencialmente lo mismo que negar la existencia de Dios. Sin embargo, para los creyentes no hay necesidad de usar el nombre de Dios para legitimar un juramento, ya que en primer lugar no estamos llamados para hacer juramentos; que nuestro hablar sea «sí» y nuestro no sea «no» (Mateo 5:33-37).
Hay un sentido más amplio en el que la gente de hoy toma el nombre del señor en vano. Aquellos que mencionan el nombre de Cristo, que oran en su nombre, y que toman su nombre como parte de su identidad, pero que deliberada y continuamente desobedecen sus órdenes, están tomando su nombre en vano. A Jesucristo se le ha dado el nombre sobre todo nombre, ante quien toda rodilla se doblará (Filipenses 2:9-10), y cuando asumimos el nombre «cristiano», lo debemos hacer con la comprensión de lo que esto significa. Si profesamos ser cristianos, pero actuamos, pensamos y hablamos en una manera mundana o profana, estamos tomando su nombre en vano. Cuando representamos inadecuadamente a Cristo, ya sea intencionalmente o por ignorancia de la fe cristiana como se proclama en las sagradas escrituras, estamos tomando el nombre del señor en vano. Cuando decimos que lo amamos, pero no hacemos lo que él nos manda (Lucas 6:46), estamos tomando su nombre en vano y estamos en peligro de escucharle decir, «Nunca os conocí; apartaos de mí” en el día del juicio final (Mateo 7:21-23).
El nombre del señor es santo, como él es santo. El nombre del señor es una representación de su gloria, su majestad, y su deidad suprema. Debemos estimar y honrar su nombre mientras lo reverenciamos y glorificamos. Hacer algo menos que eso, es tomar su nombre en vano.
Lunes 08 de Diciembre 2025 ▬ El pasaje de 1 Samuel 28
Amén, para la honra y gloria de Dios.


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