Estudio Biblico Tiquico

Estudio Biblico Tiquico

Roberto Saldias Roa
LUNES 19 DE ENERO DE 2026.“BUEN TESTIMONIO ANTE DIOS Y LOS HOMBRES”.

Lección: 1ª de Samuel 29: 6 al 11. 6. Y Aquis llamó a David y le dijo: Vive Jehová, que tú has sido recto, y que me ha parecido bien tu salida y tu entrada en el campamento conmigo, y que ninguna cosa mala he hallado en ti desde el día que viniste a mí hasta hoy; más a los ojos de los príncipes no agradas. 7. Vuélvete, pues, y vete en paz, para no desagradar a los príncipes de los filisteos. 8. Y David respondió a Aquis: ¿Qué he hecho? ¿Qué has hallado en tu siervo desde el día que estoy contigo hasta hoy, para que yo no vaya y pelee contra los enemigos de mi señor el rey?  9. Y Aquis respondió a David, y dijo: Yo sé que tú eres bueno ante mis ojos, como un ángel de Dios; pero los príncipes de los filisteos me han dicho: No venga con nosotros a la batalla. 10. Levántate, pues, de mañana, tú y los siervos de tu señor que han venido contigo; y levantándoos al amanecer, marchad. 11. Y se levantó David de mañana, él y sus hombres, para irse y volver a la tierra de los filisteos; y los filisteos fueron a Jezreel.

   Comentario general del contexto Bíblico: Los filisteos rechazan a David, 29:1–11. Este capítulo suple una información por vía de paréntesis. No sigue el capítulo anterior cronológicamente, porque aquí los filisteos todavía se encuentran en su marcha hacia el norte. Y se reúnen en Afec para pasar revista al ejército. Están a casi 70 km. distante de Gilboa todavía. Puesto que Aquis y sus soldados con David y su ejército estaban en la retaguardia, habían pasado hasta aquí inadvertidos. Pero ahora los príncipes o comandantes de los filisteos se asustan viendo a David y sus hombres. Les llaman “hebreos”, palabra usada en 1 Samuel siempre por los filisteos al referirse a Israel. Se usa por primera vez en la Biblia en Génesis 14:13 refiriéndose a Abraham. Puede venir del nombre de su antepasado Heber (Gén. 10:24, 25), aunque la raíz de la palabra es cruzar o venirse de más allá. En 1 Samuel 31:7 por ejemplo, las palabras “al otro lado” traducen una sola palabra. Se refiere entonces a uno que ha venido de afuera o que cruzó el río. Abraham salió de su lugar por fe sin saber a dónde iba (Heb. 11:8). Nosotros podemos relacionarnos con Abraham en este sentido. También hemos salido del mundo antiguo y buscamos una ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

    Los príncipes de los filisteos llaman a David nuestro enemigo (v. 4). La palabra heb. aquí es satán, que quiere decir adversario. Le miran esencialmente como una persona non-grata. De hecho, dice Aquis en el v. 6 que para ellos David no es trato (lit. “no es bueno”). Y por lo tanto, no se le permitirá ir (lit. “descender”) con ellos a la batalla (v. 4). Aquí piensan bajarse al valle de Jezreel o Meguido al campo de batalla. Más adelante en el v. 9 dicen: que no vaya a la batalla con nosotros y la palabra lit. es “ascender a la batalla”. En otras palabras, no sólo sería excluido del campo de batalla, pero no querían que David y sus hombres subieran a Afec. Ellos no querían que él estuviera dentro de 70 km. del campo de batalla.

   El motivo de su gran desconfianza fue doble. En primer lugar, David tenía fama de haber matado a muchos filisteos (v. 5). ¿Qué mejor manera de congraciarse con Saúl que matando más filisteos? Ellos soportaban su presencia en Siclag, pero no podían tolerarle de cerca. A esta altura podemos ver como esta decisión vino de Dios.

   La conversación entre David y Aquis (vv. 6–10) demuestra el alto aprecio que el filisteo de Gat te-nía por David. Cuando jura por Jehovah que David había sido recto, se puede pensar que el rey había confiado ya en Dios por el testimonio de David. Pero es más probable que invocó el nombre de Jehovah, tan estimado por David, para afirmar con más seriedad la verdad de su declaración. Lo hizo para demostrarle a David que hablaba en serio. La LXX añade al v. 10 la frase: “Id al lugar que te señalé y ninguna palabra pestilente atesores en tu corazón porque eres bueno a mis ojos.” Se supone que Aquis se refiere aquí a las palabras de los príncipes amonestándole a David que él no debería guardar en amargura o atesorar en su corazón de manera amarga. La objeción de David es breve y a la vez capciosa (v. 8). A través del pasaje el término “su señor” tiene que referirse a Saúl. Ahora David habla de luchar contra los enemigos de mi señor el rey. Aquis lo hubiera entendido como refiriéndose a él mismo. Pero la frase nos deja con la posibilidad de que David se refiriera sigilosamente a Saúl. No tenemos cómo saber realmente que es lo que iba concibiendo en su mente, pero lo seguro es que David no hubiera entrado en una situación tan trascendente sin un plan.

   De cualquier manera, no fue necesario un plan puesto que los filisteos le hicieron regresar. Y puesto que “Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que le aman”, David y sus hombres llegaron en buena hora a Siclag. Si hubiera demorado más, todo se hubiera perdido. ¿Podemos dudar que Dios es soberano? Como dice el himno que compuso Cowper en 1774: “Dios obra por senderos misteriosos, Las maravillas que el mortal contempla, Sus plantas se deslizan por los mares, Y atraviesa el espacio en la tormenta.” Y sigue la estrofa diciendo: “En el abismo de insondables minas, Con infalible y eternal destreza. Atesora sus fulgidos designios, Su soberana voluntad despliega.” De igual manera Dios obra en la vida nuestra y prueba su amor a nosotros de mil maneras cada día.

Buen testimonio ante Dios y los hombres: Un buen testimonio ante Dios y los hombres se define por una vida de integridad, amor y fidelidad al evangelio, reflejando las acciones y el carácter de Cristo en lo diario, desde el hogar hasta la comunidad, siendo un ejemplo vivo de la verdad de Dios que inspira a otros y honra a Jesús, no a uno mismo, en palabras y hechos.

¿Cómo se manifiesta un buen testimonio?

Integridad y Vida Transformada:

Corazón Conectado a Dios: Una relación genuina y sincera con Dios es la base.

En el Hogar: Mostrar el carácter de Dios con la familia, siendo un ejemplo de cómo vive Cristo en casa.

Lucha contra el Pecado: Tomar la decisión de no ceder ante el mal, viviendo «intacto» y honrando a Dios en lo privado y público.

Carácter Transformado: Ser manso, humilde y evitar la ira, reflejando a Jesús.

Fidelidad y Verdad:

Fidelidad a la Verdad: Ser coherente entre lo que se dice y lo que se hace.

Testimonio de Jesús: Hablar y vivir lo que Cristo hizo y sigue haciendo en la vida, no glorificarse a uno mismo.

Amor y Servicio a los Demás:

Amar al Prójimo: Demostrar amor hacia todos, incluso hacia los débiles y necesitados, buscando salvar a algunos.

Ejemplo Relevante: Que las acciones sean un reflejo concreto y útil del evangelio en el contexto de cada uno.

La Perspectiva Bíblica

Proverbios 3:4-5: Habla de hallar gracia y buena opinión «ante los ojos de Dios y de los hombres» al confiar en Él.

2 Timoteo 1:8: Anima a no avergonzarse de dar testimonio de Jesús y sufrir por el evangelio.

Juan 8:17-18: Jesús mismo dice que Él y el Padre dan testimonio de Él.

   En resumen, un buen testimonio es vivir de tal manera que tu vida sea un reflejo audible y visible de quién es Dios y lo que ha hecho, inspirando a otros a buscar la verdad a través de tu ejemplo

   Pensamiento: «Entonces la mujer dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca». (1 Reyes 17.24)

   El creyente debe tener un buen testimonio. Dios hace un cambio en nuestras vidas el día en que creímos, ya no andamos como andábamos antes ni practicamos las mismas cosas que practicábamos cuando estábamos sin Cristo. El apóstol Pablo nos habla que el creyente debe tener un buen testimonio delante de la iglesia (otros creyentes), del mundo (los incrédulos) y delante de Dios. Elías era un hombre de buen testimonio, sin embargo, como también les ha ocurrido a muchos creyentes, su buen testimonio reflejaba la maldad y el pecado en el pueblo de Israel, especialmente en su líder, Acab, quien fue un rey malvado y apartado de Dios. Por eso que Acab y Jezabel encargaron de poner a Elías con una muy mala reputación culpándolo de todo lo que le estaba aconteciendo a la nación. ¿Sería que la mujer que había ayudado a Elías tenía este mismo concepto de él? Cuando su hijo muere ella le reclama a Elías, como si fuera culpándolo a él por la muerte de su hijo. Elías pudo haberse puesto a debatir sobre si ella tenía razón o no, pero en lugar de eso él decidió hacer algo por ella, entrando en el cuarto y orando por su hijo. Dios contestó su oración y el muchacho resucitó. Es entonces que ella le dice: “Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca”. Ella debió haberlo sabido, pero fue cuando Elías hizo esta buena obra que ella abrió los ojos para darse cuenta de que Elías era un verdadero hombre de Dios. Cuando nos ocupamos en buenas obras estamos mostrando el mismo carácter de Dios y otros se darán cuenta que somos verdaderos cristianos.

   Las personas en el mundo, cuando un cristiano peca, ellos generalizan y piensan que todos los cristianos somos así, hipócritas y de mal testimonio. Si nosotros entendiéramos el impacto de un mal comportamiento nuestro, tuviéramos más cuidado con nuestro andar. Muchas veces no medimos la consecuencia de nuestros hechos y el impacto que tienen sobre el testimonio del evangelio. Ocupémonos en buenas obras, tengamos un buen testimonio. Como nos enseña Pedro en su epístola “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras” (1 Pedro 2:11-12. Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.).

1er Titulo: Ejemplo de conducta e integridad como hijo de Dios. Versículos 6 y 7. Y Aquis llamó a David y le dijo: Vive Jehová, que tú has sido recto, y que me ha parecido bien tu salida y tu entrada en el campamento conmigo, y que ninguna cosa mala he hallado en ti desde el día que viniste a mí hasta hoy; más a los ojos de los príncipes no agradas. Vuélvete, pues, y vete en paz, para no desagradar a los príncipes de los filisteos.  (Léase: Proverbios 20:11. Aun el muchacho es conocido por sus hechos, Si su conducta fuere limpia y recta.  ▬ Tito 2:7 y 8. presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros.).

   Integridad: Un hijo de Dios vive con integridad siendo coherente entre sus creencias y acciones, reflejando a Jesús al ser honesto, obediente a la voluntad divina, y fiel a sus principios incluso si le cuesta, actuando con amor y verdad en todas las circunstancias, buscando siempre hacer lo correcto y ser un ejemplo para los demás.

   En el antiguo testamento, la palabra hebrea traducida «integridad» significa «la condición de ser intachable, integridad, perfección, sinceridad, sensatez, rectitud, moralidad». Integridad en el nuevo testamento significa «honestidad y la adhesión a un patrón de buenas obras».

   Jesús es el ejemplo perfecto de un hombre íntegro. Después de haber sido bautizado fue al desierto para ayunar durante cuarenta días y cuarenta noches, tiempo durante el cual Satanás vino a Él en su momento más débil para tratar de destruir Su integridad y corromperlo. Jesús fue ciento por ciento hombre y ciento por ciento Dios a la vez, y fue tentado en todo como nosotros, pero nunca pecó (Hebreos 4:15); esa es la definición de integridad. Jesús es el único que nunca pecó, perfecto, totalmente veraz y siempre mostrando un modelo de buenas obras.

   Los cristianos están llamados a ser como Jesús. En Cristo, somos nuevas criaturas y podemos ser considerados sin mancha delante de Dios (2 Corintios 5:17, 21; Efesios 1:4-8). En Cristo, también tenemos la permanencia del Espíritu Santo obrando en nosotros, santificándonos y haciéndonos más como Jesús (Romanos 8:29; 2 Corintios 3:18). También debemos esforzarnos como dice en el libro de Filipenses: «ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Filipenses 2:12-13). Es por el poder de Dios que somos cada vez más personas de integridad. Estamos llamados a obedecer a Dios, y, al hacerlo, somos personas con una moralidad e integridad intacta. Los cristianos deben ser aquellos que se adhieren a la verdad y que hacen buenas obras.

   La «integridad» en nuestro mundo de hoy implica la incorruptibilidad moral. Los cristianos debemos ser aquellos que no podemos ser sobornados o que estamos en entredicho, porque servimos a Dios antes que a los hombres (Colosenses 3:17, 23; Hechos 5:29). Debemos ser personas que cumplimos nuestra palabra (Mateo 5:27; Santiago 5:12). Estamos para amar a quienes nos rodean, tanto de palabra como de hecho (1 Juan 3:17-18; Santiago 2:17-18; Efesios 4:29). Estamos llamados a creer en Dios y, por consiguiente, a seguirlo en todos nuestros caminos (Juan 6:19; 15:1-17). Nuestras vidas deben alinearse con nuestra creencia en Dios y evidenciar una confianza de que Sus caminos son los mejores (Proverbios 3:5-6).

   Es todo un desafío vivir con integridad en un mundo donde los corruptos parecen ser favorecidos, por no mencionar nuestra batalla con nuestra propia naturaleza pecaminosa. Primera de Pedro 3:13-18 nos da esta exhortación: «¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien? Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo. Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal. Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu». Vivir con integridad es seguir el ejemplo de Cristo. Y sólo podemos vivir con verdadera integridad por medio de Su poder, que bondadosa y libremente da a los que son suyos (Juan 16:33; Filipenses 1:6; Efesios 1:13-14).

2° Titulo: Importancia de comprender el plan de Dios en todo tiempo. Versículos 8 al 10. Y David respondió a Aquis: ¿Qué he hecho? ¿Qué has hallado en tu siervo desde el día que estoy contigo hasta hoy, para que yo no vaya y pelee contra los enemigos de mi señor el rey? Y Aquis respondió a David, y dijo: Yo sé que tú eres bueno ante mis ojos, como un ángel de Dios; pero los príncipes de los filisteos me han dicho: No venga con nosotros a la batalla. Levántate, pues, de mañana, tú y los siervos de tu señor que han venido contigo; y levantándoos al amanecer, marchad.  (Léase: Job 10:1 al 3. Está mi alma hastiada de mi vida; Daré libre curso a mi queja, Hablaré con amargura de mi alma. Diré a Dios: No me condenes; Hazme entender por qué contiendes conmigo. ¿Te parece bien que oprimas Que deseches la obra de tus manos Y que favorezcas los designios de los impíos? ▬ Romanos 8:28. Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.).

    Comprender el plan de Dios en todo momento es crucial para encontrar propósito, paz y guía, ya que alinea nuestras vidas con sus propósitos superiores, ofreciendo felicidad eterna a través de la fe en Jesucristo y sus enseñanzas, ayudándonos a superar pruebas, tomar decisiones sabias y tener esperanza en un futuro lleno de paz, no de maldad.

   ¿Cuál es la clave para conocer verdaderamente a Dios?

   Dentro de todos nosotros existe un fuerte deseo de ser conocidos y de conocer a los demás. La Persona más importante para conocer es nuestro Creador. De hecho, Jesús enseñó que la vida eterna no es solo un lapso; es una relación: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado» (Juan 17:3).

   La clave para conocer verdaderamente a Dios se encuentra en lo que Dios ha revelado sobre Sí mismo en la Biblia. Él quiere ser conocido (ver Hechos 17:27). El problema es nuestra pecaminosidad. Todos somos pecadores (Romanos 3), y no alcanzamos el nivel de santidad requerido para estar en comunión con Dios. Hemos «la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles» (Romanos 1:23). Por eso, para conocer verdaderamente a Dios, primero debemos reconocer nuestro pecado y arrepentirnos de él (ver Hechos 3:19).

   Al apartarnos del pecado, debemos acudir a Jesucristo, el único Salvador del pecado. Solo en Jesús está la salvación (Hechos 4:12). Recibimos a Jesús por la fe: «Pero a todos los que lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios» (Juan 1:12). La muerte y resurrección de Jesús proveyeron el perdón de nuestros pecados, y solo Él es el camino al conocimiento personal de Dios: «Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí» (Juan 14:6).

   Jesús nos reveló quién es Dios, así que para conocer a Dios debemos mirar a Jesús: «El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre. . .. ¿No crees que Yo estoy en el Padre y el Padre en Mí?» (Juan 14:9-10; cf. Juan 17:6). Cada obra que Jesús hizo fue en obediencia al Padre celestial (Juan 5:19). Cada palabra de Jesús procedía directamente del Padre (Juan 12:49). Para conocer a Dios, debemos conocer a Jesús.

   Otro ingrediente clave para conocer verdaderamente a Dios es leer la Biblia, la Palabra de Dios. En la Biblia tenemos la revelación de Dios de Su carácter, Sus promesas y Su voluntad. Es a través de la Biblia que sabemos que Dios es «un Dios compasivo y lleno de piedad, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad» (Salmo 86:15). Por la Biblia sabemos que Dios es «poderoso y temible que no hace acepción de personas ni acepta soborno» (Deuteronomio 10:17). Por la Biblia sabemos que Dios es «el Rey eterno, inmortal, invisible», digno de «honor y gloria por los siglos de los siglos» (1 Timoteo 1:17).

   El verdadero conocimiento de Dios también viene a través de nuestro compromiso de obedecer lo que leemos en las Escrituras. Hemos sido salvos para buenas obras (Efesios 2:10) y, al obedecer al Señor, formamos parte del plan de Dios de seguir revelándose al mundo. Somos sal y luz en esta tierra (Mateo 5:13-14), diseñados para llevar el sabor de Dios al mundo y servir como una luz resplandeciente en medio de las tinieblas. Jesús mismo dio la máxima importancia a amar a Dios con todo lo que somos y a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22:37-40).

   Estas son las claves para conocer verdaderamente a Dios. Por supuesto, aquellos que conocen a Dios también estarán comprometidos con la oración, la comunión con otros creyentes, la adoración sincera y el caminar en el Espíritu. Jesús enseñó a Sus discípulos acerca del Espíritu Santo, contrastando la ignorancia del mundo acerca de Él con el conocimiento de los discípulos: «el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni lo ve ni lo conoce, pero ustedes sí lo conocen porque mora con ustedes y estará en ustedes» (Juan 14:17). Por el Espíritu de Dios tenemos la «adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!. El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios» (Romanos 8:15-16). Por medio de Cristo y del Espíritu Santo que mora en nosotros, nuestras vidas pueden llenarse de Dios, y podemos experimentar el gozo de conocerle de verdad.

3er Titulo: Obedeciendo a lo ordenado. Versículo 11. Y se levantó David de mañana, él y sus hombres, para irse y volver a la tierra de los filisteos; y los filisteos fueron a Jezreel. (Léase: Proverbios 12:15. El camino del necio es derecho en su opinión; Mas el que obedece al consejo es sabio.  ▬ 1ª de Pedro 2:13 y 14. Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien.).

   «Obedeciendo a lo ordenado» significa cumplir y ejecutar las instrucciones o mandatos de una autoridad, ley, regla o persona con poder, mostrando sumisión, respeto y acatamiento a dichas directrices, lo cual es fundamental para la disciplina, la integración social y el funcionamiento de estructuras como el ejército, la familia o la vida religiosa, aunque jurídicamente puede existir el concepto de «obediencia debida» ante órdenes manifiestamente ilegales**.

   La obediencia en la Biblia: es un pilar fundamental, entendida no como una sumisión legalista, sino como una expresión de amor y fe hacia Dios, reconociendo Su autoridad y el corazón transformado por el Espíritu Santo, siendo Jesús el ejemplo supremo de obediencia, incluso hasta la muerte en la cruz, enseñando a amar a Dios y al prójimo. Implica seguir los mandamientos de Dios (la «ley de Cristo») y las autoridades justas, trayendo bendición y crecimiento espiritual, y se manifiesta en la vida diaria a través de actos de amor y servicio, no solo en rituales externos.

   ¿Qué dice la Biblia sobre la obediencia?

   La Biblia tiene mucho que decir sobre la obediencia. De hecho, la obediencia es parte esencial en la fe cristiana. Jesús mismo fue «obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Filipenses 2:8). Para los cristianos, el hecho de tomar nuestra cruz y seguir a Cristo (Mateo 16:24) significa obediencia. La Biblia dice que debemos mostrar nuestro amor a Jesús obedeciéndole en todo: «Si me amáis, guardad mis mandamientos» (Juan 14:15). A un cristiano que no obedece los mandatos de Cristo podemos preguntarle con toda razón: «¿Por qué me llamáis, Señor y no hacéis lo que yo digo?». (Lucas 6:46).

   La obediencia se puede definir como «el cumplimiento obediente o sumiso de los mandatos de quien tiene autoridad». Con esta definición, observamos los elementos de la obediencia bíblica. «Obediente» significa que nuestra obligación es obedecer a Dios, así como Jesús cumplió Su deber con el Padre al morir en la cruz por nuestro pecado. «Sumiso» indica que cedemos nuestra voluntad a la de Dios. «Mandatos» habla de las Escrituras en las que Dios ha delineado claramente Sus instrucciones. La «autoridad» es Dios mismo, cuya autoridad es total a la vez es inequívoca. Para el cristiano, la obediencia significa cumplir con todo lo que Dios ha ordenado. Es nuestro deber hacerlo.

   Habiendo dicho esto, es importante recordar que nuestra obediencia a Dios no es únicamente un asunto de deber. Le obedecemos porque le amamos (Juan 14:23). También entendemos que el espíritu de obediencia es tan importante como el acto de obediencia. Servimos al Señor con humildad, sencillez de corazón y amor.

   Asimismo, tenemos que cuidarnos de enmascarar un corazón pecaminoso con un velo de obediencia. Vivir la vida cristiana no consiste en cumplir reglas. Los fariseos de la época de Jesús perseguían incansablemente los actos de obediencia a la Ley, pero se convirtieron en santurrones, creyendo que merecían el cielo por lo que habían hecho. Se consideraban dignos ante Dios, quien les debía una recompensa; sin embargo, la Biblia nos dice que, sin Cristo, incluso nuestras mejores y más justas obras son como «trapos de inmundicia» (Isaías 64:6). A la obediencia externa de los fariseos todavía le faltaba algo, y Jesús desenmascaró la actitud de su corazón. Sus vidas se caracterizaban por su hipocresía al obedecer la «letra de la ley» al tiempo que violaban el espíritu de esta misma, y Jesús los reprendió duramente: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que, por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad» (Mateo 23:27-28). Los fariseos eran obedientes en algunos aspectos, pero «descuidaban los asuntos más importantes de la ley» (Mateo 23:23).

   Hoy no estamos llamados a obedecer la ley de Moisés. Eso se ha cumplido en Cristo (Mateo 5:17). Debemos obedecer la «ley de Cristo», la cual es una ley de amor (Gálatas 6:2; Juan 13:34). Jesús declaró el mayor mandamiento de todos: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas» (Mateo 22:36-40).

   Si amamos a Dios, le obedeceremos. No seremos perfectos en nuestra obediencia, pero nuestro deseo es someternos al Señor y mostrar buenas obras. Cuando amamos a Dios y le obedecemos, naturalmente tenemos amor por los demás. Cuando obedecemos los mandatos de Dios, nos convertimos en luz y sal en un mundo oscuro e insípido (Mateo 5:13-16).

Lunes 19 de enero de 2026

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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