Estudio Biblico Tiquico

Estudio Biblico Tiquico

Roberto Saldias Roa
DOMINGO 15 DE FEBRERO DE 2026. “LO QUE DIOS DICE TIENE SU FIEL CUMPLIMIENTO”.

Lección: Números 26:63 al 65. 63. Estos son los contados por Moisés y el sacerdote Eleazar, los cuales contaron los hijos de Israel en los campos de Moab, junto al Jordán frente a Jericó.  64. Y entre éstos ninguno hubo de los contados por Moisés y el sacerdote Aarón, quienes contaron a los hijos de Israel en el desierto de Sinaí. 65. Porque Jehová había dicho de ellos: Morirán en el desierto; y no quedó varón de ellos, sino Caleb hijo de Jefone y Josué hijo de Nun.

   Comentario de los Versículos 63-65

Fórmula final con la observación en Números 26:65, que la sentencia penal que Dios había pronunciado en Números 14:29 y Números 14:38 sobre la generación que salió de Egipto, se había cumplido por completo.

   Cambio de generaciones 26:63–65

Al concluir esto, se hizo la observación de que ya no quedaba nadie de la generación anterior, que había sido enumerada por Moisés y Aarón en Sinaí; todos habían muerto, tal como Dios había prometido. Sólo quedaban Caleb y Josué, quienes habían tratado de animar a los israelitas a que confiaran plenamente en Dios y que siguieran adelante. Durante todos estos años, habían tenido que esperar su recompensa por causa de la incredulidad y desobediencia de sus hermanos.

  Lo que Dios dice tiene su fiel cumplimiento: La afirmación de que lo que Dios dice tiene su fiel cumplimiento se basa en la creencia de su naturaleza inmutable y leal. Según la tradición bíblica, Dios no miente ni se arrepiente, por lo que cada promesa o palabra hablada se ejecuta sin falta. Su fidelidad es firme, verdadera y no depende de circunstancias, garantizando cumplimiento a su tiempo.

   Definición: La fidelidad de Dios significa que Él es inmutable en Su naturaleza, fiel a Su Palabra, prometió salvar a Su pueblo y mantendrá Sus promesas para siempre. Él es digno de confianza eterna sin importar cuán improbables parezcan Sus promesas. Nada en el cielo ni en la tierra puede impedir a Dios que cumpla todo lo que prometió a Su pueblo por medio de Jesucristo. Esta confiabilidad de Dios debería ser una gran fuente de consuelo y fortaleza para los miembros del pueblo de Dios, ya que repetidamente fallan, pasan por pruebas y sufren.

   Referencias Bíblicas fidelidad: «Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.»  (He. 10:23).

   «Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.» (1ª Co. 1:9).

   «porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.» (2° Co. 1:20).

   «¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados. Cumplirás la verdad a Jacob, y a Abraham la misericordia, que juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos.» (Miqueas 7.18-20).

TEXTO: “No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió» (Josué 21:45)

   Comentario de Josué 21:45 declara la fidelidad absoluta de Dios al cumplir todas las promesas hechas a Israel, destacando que ni una sola palabra falló respecto a la entrega de la tierra prometida y el descanso de sus enemigos. Este versículo subraya la confiabilidad divina, la provisión total y el cumplimiento de la alianza.

   Pensamiento: ¿Por qué si me prometió no veo sus promesas?

   [1]. una de las tantas razones tiene que ver con el tiempo correcto, Dios no te dará algo fuera de tiempo para que le des un mal uso o no lo valores ni lo trates con la intención que deberías de tener al momento de entregártelo.

   [2]. te falta preparación, imaginemos por un momento un joven estudiante y quiera ser gerente de una empresa grande en su país, antes de ejercer necesita preparación para hacer aquello conforme a lo que se está formando, sin preparación es imposible alcanzar lo que él quiere tener, así pasa con nosotros y con Dios, necesitamos prepararnos para obtener aquello que estamos pidiendo.

   [3]. Estamos en una posición incorrecta, a veces sabemos que Dios tiene algo que entregarnos y nos mantenemos en constante búsqueda, en oración, en el estudio de su palabra y en ayuno, una vez que pasan varios días y no vemos aquello que se nos ha prometido abortamos y dejamos de persistir, insistir y buscar la dirección de Dios, nos movemos de la posición correcta que teníamos antes por la desesperación de recibir lo que Dios nos quiere dar.

   [4]. propósito incorrecto, Dios nos prometió algo, pero maquinamos utilizarlo bajo el propósito incorrecto por el cual Dios nos lo ha dado.

 [ 5]. Inmediatez, queremos ver todo de manera rápida o inmediata, sin saber que todo tiene su hora y su momento y para ver manifestar sus promesas también es necesario tener fe en él.

   Números 23:19. «Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?»

1er Titulo: Evidente cercanía de la tierra prometida. Versículo 63. Estos son los contados por Moisés y el sacerdote Eleazar, los cuales contaron los hijos de Israel en los campos de Moab, junto al Jordán frente a Jericó.  (Léase San Lucas 21:28. Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca. ▬ Hebreos 10:35 y 36. No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.).

   Comentario de San Lucas 21:28. (21:28) Jesucristo, retorno: gran aliento para el creyente. ¡Qué gloriosa esperanza tiene el creyente! Cuando estos acontecimientos ocurran en el cielo y en la tierra, el creyente…

  • no estará turbado ni perplejo como las naciones.
  • no temerá, ni le fallará el corazón, como a los hombres.

   Los creyentes no deben desalentarse, sino cobrar ánimo. Deben levantar la mirada y erguir sus cabezas, porque la redención de ellos estará cerca. Su salvación y esperanza estarán a punto de ser consumadas.

   «Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria y justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras» (Tit. 2:12-14).

   «En quien tenemos redención por su sangre, el de pecados» (Col. 1:14).

   «Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él» (Col. 1:21-22).

   «Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para si un pueblo propio, celoso de buenas obras» (Tit. 2:13-14).

   «Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna» (He. 9:15).

   «Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra» (Ap. 5:9-10).

   «Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro?» (Sal. 121:1).

   «Alabad, siervos de Jehová, alabad el nombre de Jehová» (Sal. 113:1).

   «¿A qué, pues, me haréis semejante 0 me compararéis? dice el Santo. Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio» (Is. 40:25-26).

   Comentario de Hebreos 10:35 y 36. [v. 35]. Así que no descartéis vuestra confianza; ella será ricamente recompensada.

   Si los creyentes habían sufrido por su fe cristiana en el pasado, ¿desecharían ahora la confianza que habían mostrado frente a la persecución? Parecería haber pasado bastante tiempo desde aquel entonces y los creyentes están ahora viviendo un período de paz y seguridad. Su valentía al confesar su fe en Cristo ha caído en desuso. Y por no haber ejercitado su don de la confianza, están ahora listos a desecharla. La fe debe ser confesada valiente y confiadamente. En circunstancias difíciles el creyente pone su fe en Dios y prestamente confiesa el nombre de su Señor y Salvador. Pero en tiempos de comodidad, el cristiano no se ve confrontado con la necesidad de tomar una posición. Su fe vacila y declina. El escritor de Hebreos declara: “Y sin fe es imposible agradar a Dios, porque cualquiera que viene a él debe creer que existe y que recompensa a aquellos que fervorosamente le buscan” (11:6). La confianza que él manifiesta no tiene que ver con la libertad que tenemos en ir a Dios en oración (4:16) ni con un corazón sincero (10:19, 22). El escritor desea más bien que los lectores exhiban su confianza y valor ante el hombre (véase también 3:6).

   Dios recompensará ricamente al creyente que valientemente confiesa su fe. Él recompensa al cristiano no porque haya merecido la recompensa en el sentido de haberla ganado. Dios dispensa sus dones los que fervorosamente le buscan, no en términos de contar “los valores y logros humanos, sino [en términos de] una expectación gozosa” que Dios ha prometido”.

   [v. 36]. Vosotros debéis perseverar para que cuando hayáis hecho la voluntad de Dios, recibáis lo que él ha prometido.

   El escritor exhibe tacto y preocupación pastoral. Exhorta a los lectores a perseverar; así como en el pasado se mantuvieron firmes frente al sufrimiento (10:32), del mismo modo deben ahora perseverar haciendo la voluntad de Dios. Cuando él escribe la frase la voluntad de Dios, les recuerda inmediatamente acerca de la obediencia de Cristo, quien vino a hacer la voluntad de Dios (10:7, 9–10). La exhortación es, entonces, que sigan a Cristo en una obediente observancia de los mandamientos. Y al perseverar en su fidelidad para con la voluntad de Dios, ellos recibirán “lo que él ha prometido”.

    El vocablo promesa es una palabra clave en la epístola a los hebreos. Representa el perdón de los pecados en términos del nuevo pacto, pero representa más especialmente la salvación plena en Jesucristo. La promesa hecha por Dios al hombre es inquebrantable. Lo que Dios ha prometido, eso es lo que el creyente recibirá.

2° Titulo: Conductas pecaminosas que impiden lo entrada a la tierra de reposo. Versículo 64. Y entre éstos ninguno hubo de los contados por Moisés y el sacerdote Aarón, quienes contaron a los hijos de Israel en el desierto de Sinaí.  (Léase: Deuteronomio 2:14 y 15. Y los días que anduvimos de Cadesbarnea hasta cuando pasamos el arroyo de Zered fueron treinta y ocho años; hasta que se acabó toda la generación de los hombres de guerra de en medio del campamento, como Jehová les había jurado. Y también la mano de Jehová vino sobre ellos para destruirlos de en medio del campamento, hasta acabarlos.; Apocalipsis 21:7 y 8. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.).

   Comentario de Deuteronomio 2:14 y 15. A Israel le fue dada la orden de cruzar el Zered (v. 13). El comentarista Christensen cree que el orden fue dado por Moisés a Israel. Pero es preferible entender esta orden como una continuación del v. 9, donde Jehovah da el mandato. El arroyo Zered era la frontera natural entre Edom y Moab. Al cruzar el Zered la peregrinación de Israel en el desierto llegaba a su etapa final. El cruce del arroyo también marcó un nuevo principio en la historia de Israel. Después de su salida del monte Sinaí y con los 38 años de viaje Israel había completado 40 años en el desierto, o sea, una generación. La generación de hombres de guerra fue aquella que se rebeló e intentó entrar en la tierra de Canaán sin la bendición de Jehovah (1:26–34). La generación de israelitas que salió de Egipto fue condenada a perecer fuera de la tierra prometida. Con esto se cumplió la promesa hecha por Jehovah en Números 14:23, de que ninguno de ellos vería la tierra que había sido prometida a los patriarcas. La mano de Jehovah (v. 15) es una expresión usada para describir la acción divina de traer plagas y pestilencia contra un pueblo rebelde (Ex. 9:3, 15; 1 Sam. 5:6, 7, 9–11). Jehovah había decidido destruir la generación rebelde por pestilencia (Núm. 14:11, 12) pero por la intercesión de Moisés Jehovah preservó la vida del pueblo, aun cuando ellos fueron condenados a perecer en el desierto.

   Comentario de Apocalipsis 21:7 y 8. [7]. El que triunfe heredará estas cosas, y seré un Dios para él, y será un hijo para mí.

    El texto considera la realidad actual del pueblo de Dios que vive para él en un mundo de pecado y opresión. Saben que Cristo ha ganado la batalla, pero la guerra todavía no ha terminado. Todo creyente debe luchar a diario contra el pecado, el diablo y el mundo. Y todo el que sigue a Cristo recibe la promesa de vida eterna y hereda todas las cosas buenas que vendrán (compárese con Heb. 10:1).

   Este versículo se compone de dos partes, una promesa de herencia y una alusión mesiánica aplicada a los creyentes. Primero, el verbo heredar sólo se encuentra aquí en Apocalipsis y, doctrinalmente, armoniza por completo con las enseñanzas de Pablo.18 Por ejemplo, Pablo, lleno de confianza, escribe, «Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dos y coherederos con Cristo» (Ro. 8:17; y véase Gá. 3:29; 4:7; Ef. 3:6; Tit. 3:7). Como seguidores de Cristo, heredamos todas las bendiciones de un nuevo cielo y una nueva tierra. Para nosotros, el vínculo entre ser hijos de Dios y ser herederos es irrompible. Mientras que Jesús es el único Hijo, nosotros somos hijos e hijas adoptados. Mientras que Jesús hereda todas las cosas (Heb. 1:2), nosotros, como coherederos, compartimos todas sus bendiciones.

   Luego, Juan cita a 2 S. 7:14 pero modifica la redacción para que armonice con su propósito teológico.

La promesa de Dios que Natán transmitió al rey David respecto a Salomón como sucesor suyo al trono apuntaba proféticamente al Hijo de Dios: «Yo seré su padre, y él será mi hijo». Pero Juan en Apocalipsis escribe, «Y seré un Dios para él, y será un hijo para mí». Nótese que sustituye la palabra padre por Dios, porque en Jesucristo Dios nos ha adoptado como hijos e hijas y nos ha hecho miembros de su familia (compárese con 2 Co. 6:18). En Apocalipsis, Juan nunca llama a Dios el padre de los creyentes; pero sí es el Padre de Cristo (1:6; 2:27).20

   [v. 8]. A los cobardes y a los incrédulos y a los que son odiados y a los asesinos y a los fornicadores, y a los brujos e idólatras, y a todos los que engañan, su suerte está en el lago de fuego y azufre, que es la segunda muerte».

   Vuelve a aparecer el contraste entre el pueblo de Dios y los malos. Los versículos anteriores (vv. 5–7) se dirigieron a los santos que perseveran en la tierra, mientras que estos versículos mencionan a aquellos que Dios envía al lago de fuego y azufre. En resumen, este segmento mira hacia la renovación de todas las cosas y, al mismo tiempo, centra la atención en la realidad de esta era pre-consumación. Este doble punto focal también se encuentra en dos pasajes más (v. 27; 22:14–15). Aquí Juan enumera un largo catálogo de aquellos que no tienen parte en el reino de Dios.

» a. Cobardes. Los primeros son los débiles. Ocupan el primer lugar de la lista en contraposición a todos los creyentes en la tierra que sufren persecución y dificultades por Cristo. En lugar de vivir una vida

de dedicación al Señor, temen el peligro y evitan las consecuencias de confesar el nombre de Jesús. Son aquellos a quienes Jesús describe como que salieron de entre nosotros pero que no eran de los nuestros (1 Jn. 2:19).

» b. Incrédulos. Estas personas se parecen a los cobardes por cuanto han sido infieles a Dios y a sus mandamientos y, por ello, han caído en el escepticismo [p 614] y el agnosticismo. Mientras que las palabras de Dios son fieles y verdaderas (v. 5), las de ellos son exactamente lo opuesto, indignas de confianza.

» c. Personas odiosas. Esta palabra griega (ebdelugmenoi) con sus afines señala a las personas a las que el mundo ha contaminado. Buscan un estilo de vida que es diametralmente opuesto a la enseñanza bíblica, y son una abominación a los ojos de Dios. Adoran a la bestia (17:4).

» d. Asesinos. Juan menciona esta palabra dos veces, aquí y en 22:15. Pero el concepto de los enemigos que derraman la sangre del pueblo de Dios aparece repetidas veces; los santos son mártires por Cristo (2:10, 13; 6:10; 16:6; 17:6; 18:24; 19:2).

» e. Personas inmorales. A menudo se relacionan los pecados de homicidio e inmoralidad sexual, ya que uno lleva al otro. Si la prostitución era pujante en tiempo de Juan, también lo es hoy. La fornicación está a la orden del día y también el adulterio. El mundo está hundiéndose gradualmente cada día más hondo en el pantano de la inmoralidad sexual, incluyendo la homosexualidad.

» f. Brujos. La palabra griega farmakoi ha dado origen al derivado farmacia (22:15; y palabras conexas en 9:21; 18:23). La palabra significa el empleo de drogas para echar sortilegios en la práctica de la hechicería y del engaño de las personas (Éx. 22:18; Lv. 20:6, 27). Dios condena los sortilegios mágicos y la hechicería; dijo a Moisés que diera muerte a los que consultaban a adivinos; y el profeta Nahum relaciona la brujería y la hechicería con la inmoralidad sexual (Dt. 18:10–12; Nah. 3:4, respectivamente).

» g. Idolatría. Pablo escribe que la idolatría y la hechicería son obras de la carne (Gá. 5:20). Y Juan coloca a los idólatras con los brujos, fornicadores y asesinos al exterior de las puertas de la nueva Jerusalén y los consigna a condena perpetua. (22:15).

» h. Mentirosos. A todos los que convierten la verdad en mentira Dios los envía con los otros pecadores al lago de fuego y azufre. Quedan por siempre apartados del Dios vivo y sufren la segunda muerte.

3er Titulo: Dios exalta a Josué y Caleb, ejemplo de fidelidad digno de imitar. Versículo 65. Porque Jehová había dicho de ellos: Morirán en el desierto; y no quedó varón de ellos, sino Caleb hijo de Jefone y Josué hijo de Nun. (Lease: Números 14:36 al 38. Y los varones que Moisés envió a reconocer la tierra, y que al volver habían hecho murmurar contra él a toda la congregación, desacreditando aquel país, aquellos varones que habían hablado mal de la tierra, murieron de plaga delante de Jehová. Pero Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone quedaron con vida, de entre aquellos hombres que habían ido a reconocer la tierra. ▬ Efesios 5:1. Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.).

   Comentario de Josué y Caleb son exaltados por Dios como ejemplos supremos de fidelidad al confiar plenamente en Sus promesas, diferenciándose del resto de Israel al no temer a los gigantes de Canaán. Su fe inquebrantable, humildad y valentía, mostradas al informar sobre la tierra prometida, les valieron entrar en ella, mientras la generación incrédula pereció en el desierto.

   ¿Quién es Caleb en la Biblia?: La historia de Caleb, un fiel hombre de Dios comienza en el libro de Números. Después de ser liberados de la esclavitud en Egipto, los israelitas fueron guiados por Dios hasta el borde de la tierra de Canaán, una tierra «que fluye leche y miel» que Dios había prometido que heredarían (Éxodo 3:8, 17). Moisés había elegido a doce hombres, uno de cada tribu, para explorar la tierra antes de entrar. Entre ellos estaba Caleb, representando a la tribu de Judá. Los doce hombres exploraron la tierra durante cuarenta días y luego regresaron a Moisés. Informaron que la tierra era ciertamente fructífera, pero sus habitantes eran los poderosos descendientes de Anac. Aterrados por el tamaño y la fuerza de los cananeos, diez de los espías advirtieron a Moisés que no entrara en Canaán (Números 13:23-33).

   Caleb hizo callar a los hombres que murmuraban y temían diciendo: «Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos» (Números 13:30). Caleb adoptó su postura porque seguía al Señor de todo corazón (Josué 14:8-9). Caleb conocía las promesas de Dios a los israelitas y, a pesar de la evidencia de sus propios ojos respecto a los obstáculos, tenía fe en que Dios les daría la victoria sobre los cananeos.

   Lamentablemente, el pueblo de Israel ignoró a Caleb y escuchó el informe de los otros espías. Estaban tan asustados que lloraron toda la noche e incluso desearon haber muerto a manos de sus amos esclavos en Egipto (Números 14:1-4). Se volvieron contra Caleb y Josué (el espía de Efraín) y querían apedrearlos allí mismo (Números 14:6-10). Dios se enfadó mucho con el pueblo y amenazó con destruirlo hasta que Moisés intercedió por ellos. Dios cedió, pero decretó que el pueblo deambularía por el desierto hasta que toda aquella generación infiel hubiera muerto. Sin embargo, Dios dijo: «mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu», y le dio la promesa de que sería dueño de toda la tierra que había visto como espía (Números 14:11-24).

   Los israelitas deambularon por el desierto durante cuarenta años, hasta que murieron todos los de aquella generación, excepto Josué y Caleb (Números 14:29-30). Después de esos cuarenta años de vagabundeo y cinco más de guerra dentro de Canaán, Caleb tenía 85 años; sin embargo, era tan fuerte como siempre y capaz de luchar contra los hijos de Anac que habían atemorizado a sus compatriotas. Su confianza nacía de su fe absoluta en las promesas de Dios (Josué 15:13-14).

   El territorio de Caleb en Canaán incluía «Quiriat Arba, es decir, Hebrón». (Arba era el antepasado de Anac.) Desde Hebrón, Caleb expulsó a los tres hijos de Anac: Sesai, Ahimán y Talmai. Desde allí marchó contra el pueblo que vivía en Debir (antes llamada Quiriat Sefer)» (Josué 15:13-15). Otoniel, sobrino de Caleb, capturó Quiriat-sefer y se casó con la hija de Caleb, Acsa (versículos 16-17). Más tarde, Acsa pidió a su padre que incluyera algunos manantiales de agua como parte de su herencia (versículos 18-19), y Caleb se los dio. Posteriormente, Otoniel, yerno de Caleb, se convirtió en el primer juez de Israel (Jueces 3:7-11).

   De los relatos de la vida de Caleb, vemos a un hombre fiel que confió en que Dios cumpliría Sus promesas cuando otros permitieron que sus temores anularan su poca fe. Incluso en sus últimos años, Caleb se mantuvo firme en su fe. Dios bendijo a Caleb por su fidelidad y paciencia, un estímulo para que creamos en Dios. Como Caleb, debemos estar dispuestos a seguir a Dios en toda circunstancia, esperando pacientemente a que cumpla Sus promesas y listos para actuar cuando llegue el momento oportuno.

   Comentario de Números 14:36 al 38: Pero con el propósito de dar a toda la congregación una prueba práctica de la solemnidad de la amenaza divina del castigo, los espías que habían inducido a la congregación a rebelarse, a través de sus malas noticias acerca de los habitantes de Canaán, fueron heridos por un “golpe delante Jehová”, es decir, por una muerte súbita, que procedió de manera visible de Jehová mismo, mientras que Josué y Caleb permanecieron vivos.

   Comentario de Efesios (5:1) Creyente, Deber: El creyente sigue a Dios, en primer lugar, convirtiéndose en un seguidor de Dios. Advierta la palabra “sed” (ginomai). Significa convertirse en un seguidor de Dios. La idea es la de compromiso, apego, devoción, lealtad, atención. Antes de que una persona pueda ser seguidora de Dios, debe comprometerse y apegarse a Dios. Debe entregar y dedicar su vida a Dios y luego comenzar a seguir a Dios.

   La palabra “imitadores” (mimetai) significa seguidores. Algunos prefieren la traducción de que nos convirtamos en imitadores de Dios. Advierta la frase “como hijos amados”. Así como los niños aprenden imitando a sus padres, del mismo modo debemos aprender a imitar a Dios. La idea de que debemos ser seguidores e imitadores de Dios es una idea valiente. Simplemente imagine, ¡las Escrituras proclaman valientemente que debemos volvernos como Dios!

[]. Cristo dijo: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mt. 5:48).

[]. Dios exigió: “Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios” (Lv. 19:2).

[]. Pablo declaró: “No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Co. 4:18).

[]. Pedro afirmó: “Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 P. 1:15-16).

[]. El santo de la primera iglesia, Clemente de Alejandría, dijo: “El cristiano practica a ser Dios” (Citado por William Barclay.).

Domingo 15 febrero de 2026^

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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