“Las Grandes Cosas De La Vida Del Creyente”
Lectura bíblica: 1ª de Pedro 1: 5 al 15. 5. vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; 6. al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; 7. a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. 8. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. 9. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. 11. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. 12. Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente. 13. Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación; 14. sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado. 15. También yo procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas.
(1:5-15) Introducción: este es uno de los pasajes más importantes de toda la Escritura para el creyente, un pasaje que debe ser estudiado y revisado una y otra vez. Se ocupa de las grandes cosas (cualidades y virtudes) que deben estar presentes en la vida del creyente. La gran importancia de estas cosas se ven en tres hechos que Pedro enfatiza fuertemente.
En primer lugar, una persona debe dar toda la diligencia para añadir “estas cosas” a su fe y a su vida. Como dice la Escritura, el creyente “debe ocuparse de su propia salvación”. (Fil. 2:12).
En segundo lugar, el gran poder de “estas cosas” acentúa su importancia. Estas cosas trabajan dentro de la vida del creyente para satisfacer cinco necesidades apremiantes del hombre, cinco cosas para las cuales el alma del creyente sufre y ansia. Al observar estos cinco puntos de los versículos 8-11 en el bosquejo de la Escritura, se encontrará nuevamente la gran importancia de estas cosas en la vida del creyente.
En tercer lugar, el agudo acento de Pedro sobre la importancia de “estas cosas” es fenomenal.
=> Advierta el v. 12: Pedro dice que siempre va a predicar estas cosas a pesar de que el creyente ya las conozca. Pero esto no es todo.
=> Advierta el v. 13: Pedro dice que mientras viva, va a alentar a los creyentes recordándoles estas cosas. Pero esto no es todo.
=> Advierta los vv. 14-15: Pedro dice que estas cosas son tan importantes que él va a ver que a los creyentes se les recuerde sobre ellas, aún después de su muerte.
¿Qué más podría decir Pedro?
Otra manera de mirar este pasaje es la siguiente: los versículos 1-4 son la parte de Dios en la salvación. La parte de Dios incluye…
- fe y justicia (v. 1).
- gracia y paz (v. 2).
- vida y piedad en todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad (v. 3).
- la naturaleza divina o el nuevo hombre (v. 4).
Advierta que la parte de Dios en la salvación involucra siete cosas. Ahora advierta que la parte del hombre en la salvación involucra siete cosas (vv. 5-7) Las cosas de la vida del creyente son de crítica importancia.
- El encargo de añadir estas cosas (vv. 5-7).
- El gran poder de estas cosas (vv. 8-11).
- La gran importancia de estas cosas (vv. 12-15).
(1:5-7) El creyente ▬ Deber: existe el encargo de añadir estas cosas a la vida de la persona. La palabra “añadir” (epichoregein) significa, además de la gran salvación de Dios -junto a lo que Dios ha hecho- añadir estas cosas. Y poner toda diligencia para añadirlas. Se debe acelerar, saltar, actuar ahora para añadirlas; no se debe esperar. Hay que ser enérgico y serio, trabajar afanosamente para añadir estas cosas a la fe y la salvación.
▬ 1. Añadir “virtud” (areten): excelencia moral y bondad de carácter, fortaleza y coraje moral. Significa humanidad; ser una persona excelente en la vida, un verdadero hombre o una verdadera mujer en la vida; vivir la vida como uno debe, de la manera más excelente. Significa elegir siempre el mejor camino.
“Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más. Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús; pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado. Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación” (1ª Ts. 4:1-7).
“Y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada” (1 Ts. 4:11-12).
▬ 2. Añadir “conocimiento” (gnosin): inteligencia práctica, conocimiento práctico, perspicacia práctica.
Significa saber qué hacer en cada situación y hacerlo; es práctico, el conocimiento de todos los días que ve situaciones y sabe cómo manejarlas. Es verlos juicios y tentaciones de la vida y saber qué hacer con ellas y hacerlo.
Recuerde el encargo: debemos añadir conocimiento a nuestra fe. Debemos prestar atención diligente a las situaciones de la vida e imaginar cómo conquistarlas.
“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra. Seréis verdaderamente mis discípulos” (Jn. 8:31).
“Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros” (Ro. 15:14).
“Porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia” (1 Co. 1:5).
“En quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col. 2:3).
“¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre” (Stg. 3:13).
“Si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios” (Pr. 2:3-5).
“El corazón entendido busca la sabiduría; más la boca de los necios se alimenta de necedades” (Pr. 15:14).
“Compra la verdad, y no la vendas; la sabiduría, la enseñanza y la inteligencia” (Pr. 23:23).
“Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra” (Os. 6:3).
▬ 3. Añadir “dominio propio” (egkrateian): dominar y controlar el cuerpo o la carne con todas sus lujurias. Significa autocontrol o dominio propio, el dominio del deseo, apetito y pasión, especialmente las urgencias sensuales e impulsivas. Significa ser fuertes, controlados y reflexivos. Significa permanecer en contra de la lujuria de la carne, de los ojos y la vanagloria de la vida (1 Jn. 2:15~l6).
=> El creyente debe saber que el autocontrol o dominio propio proviene de Dios, es un fruto del Espíritu Santo.
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gá. 5:22-23).
=> El creyente debe proclamar el autocontrol a los
perdidos.
“Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó, y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré” (Hch. 24:25).
=> El creyente debe controlar sus deseos sexuales.
“Pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando” (1 Co. 7:9).
=> El creyente debe experimentar afanosamente el dominio propio, de la misma manera que un atleta se controla a sí mismo.
“Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible” (1 Co. 9:25).
=> El creyente debe crecer en el autocontrol
“Al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad” (2 P. 1:6).
=> El creyente de años debe tener sumo cuidado sobre el control de a sí mismo.
“Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia” (Tit. 2:2).
▬ 4. Añadir “paciencia” (hupomonein): entereza, fortaleza, constancia, perseverancia, resolución. Esta no es una palabra pasiva; es activa. No es el espíritu que se cruza de brazos y soporta los juicios de la vida, tomando aquello que pueda venir. Más bien es el espíritu que se alza y enfrenta los juicios de la vida, que activamente va conquistándolos y venciéndolos. Cuando los juicios confrontan al hombre que está verdaderamente justificado, el hombre recibe estímulo para embestir a los juicios. Inmediatamente sale a conquistarlos y a vencerlos. Sabe que Dios está permitiendo esos juicios con el fin de enseñarle más y más paciencia (resolución).
“Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas” (Lc. 21:19).
“Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración” (Ro. 12:12).
“Porque os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (He. 10:36).
“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Stg. 1:2-4).
“Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía” (Stg. 5:7).
▬ 5. Añadir “piedad” (eusebian): ver nota piedad, 2 P.1:3, para profundizar al respecto.
▬ 6. Añadir “amor fraternal” (philadelphian): el amor tan especial que existe entre hermanos y hermanas dentro de una familia de amor, hermanos y hermanas que deben cuidarse unos a los otros. Es la clase de amor…
- que liga unos con otros formando una familia, como un clan fraternal.
- que liga unos con otros en una unión inquebrantable.
- que los mantiene siempre con amor dentro del corazón.
- que conoce el afecto profundo el uno por el otro.
- que nutre y alimenta a unos y otros.
- que muestra preocupación y vela por el bienestar mutuo.
- que une las manos de unos y otros en un propósito común bajo un padre.
¿Cómo es posible que se amen unos a otros de esta manera cuando no son hermanos o hermanas de sangre? Aquí está el cómo. La palabra griega “hermano” (adelphos) significa que proviene del mismo vientre. La palabra usada para amor es phileo que significa afecto y cuidado profundamente asentado, sentimientos cálidos y profundos dentro del corazón. Es la clase de amor que mantiene a una persona cerca y la guarda dentro del corazón. Ahora advierta: el escritor combina las dos palabras griegas para transmitir su idea de amor fraternal.
=> Las personas que tienen amor fraternal provienen del mismo vientre, es decir, de la misma fuente. Han
nacido nuevamente por el Espíritu Santo a través de la fe en el Señor Jesucristo. Cuando nacen nueva~ mente, Dios les brinda un nuevo espíritu: el espíritu que funde y une sus corazones y vidas en amor para con toda la familia de Dios.
Los creyentes pueden incluso no conocerse unos a otros. También pueden ser de diferentes partes del mundo, pero existe amor fraternal entre ellos porque se les ha dado un nuevo nacimiento y un nuevo espíritu de amor por parte de Dios. Son hermanos y hermanas en la familia de Dios, la familia de los que verdaderamente creen en el Hijo de Dios, el Señor Jesucristo, la familia que ha recibido un espíritu nuevo que los une en amor fraternal. Este nuevo espíritu, por supuesto, proviene del Espíritu Santo de Dios mismo (véase Estudio a fondo 3, compañerismo, Hch. 2:42, para profundizar al respecto).
“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”
(Jn. 13:34-35).
“Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado” (Jn. 15:12).
“Esto os mando: Que os améis unos a otros” (Jn.15:17).
“Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Ro. 5:5).
“Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Ro.
12:10).
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe” (Gá. 5:22).
“Permanezca el amor fraternal” (He. 13:1).
“Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 P. 1:22).
“Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables” (1 P. 3:8).
“Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte” (1 Jn. 3:14).
“Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él” (1 Jn. 3:18-19).
“Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él” (1 Jn. 5:1).
▬ 7. Añadir “amor” (agapen): el amor de la mente, de la razón, de la voluntad. Es el amor desinteresado de Dios, el amor que llega tan lejos…
- que ama sin importar los sentimientos, ya sea que la persona sienta que ama o no
- que ama a una persona aún si la persona no merece ser amada.
- que ama realmente a la persona que decididamente no merece ser amada.
Note cuatro puntos significativos sobre el amor desinteresado.
» a. El amor desinteresado es el amor de Dios, el verdadero amor poseído por el Dios mismo. Es el amor de Cristo demostrado en la cruz.
=> Es el amor de Dios por los impíos
“Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Ro. 5:6).
=> Es el amor de Dios por los pecadores no merecedores.
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8).
=> Es el amor de Dios por los enemigos no merecedores
“Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida” (Ro. 5:10).
» b. El amor desinteresado y despojado de egoísmos es un regalo de Dios. Puede ser experimentado solamente si una persona conoce a Dios personalmente, solamente si una persona ha recibido el amor de Dios, es decir, de Cristo Jesús, en su corazón y su vida. El amor desinteresado debe ser derramado (esparcido, desparramado) dentro del corazón de la persona por el Espíritu de Dios.
“Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Ro. 5:5).
» c. El amor desinteresado y despojado de egoísmos es lo más grande de toda la vida de acuerdo con el Señor Jesucristo.
“Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos” (Mr. 12:29-31).
» d. El amor desinteresado y despojado es la posesión y el regalo más grandes de la vida humana de acuerdo con la Escritura. (1 Co. 13:1 al 13).
“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Co. 13:13).
(1:8-11) El creyente, la vida y el caminar ▬ Salvación, el poder de ▬ Fe, el poder de: existe el gran poder de estas cosas. Advierta cómo las grandes necesidades del corazón del hombre y la vida son cubiertas en estos versículos:
=> El hombre está ocioso y sin frutos en la vida (v. 8).
=> El hombre está ciego, no puede ver el propósito, significado y significación de la vida y no puede ver cómo estar absolutamente seguro del mañana, mucho menos del futuro distante (v. 9).
=> El hombre se olvida, no sabe cómo lidiar con el pecado. O si sabe cómo, porque conoce el evangelio, no desea abandonar su pecado (v. 9).
=> El hombre no sabe cómo evitar caer en la vida, desconoce cómo evitar fallar. No sabe cómo lograr toda su potencialidad: cómo controlar los problemas de la vida; cómo lograr amor, paz y gozo para sí mismo, sus seres queridos y el mundo (v. 10).
=> El hombre no sabe cómo ganar y estar perfectamente seguro de la vida eterna; no sabe cómo recibir una
entrada abundante en el reino eterno de Cristo (v. 11).
Pero advierta: todas estas necesidades pueden satisfacerse a la perfección. Se logra si estas cosas de los versículos 7-8 se añaden a nuestras vidas en abundancia. La palabra “abundan” (pleonazonta) significa aumentar y crecer; rebozar y estar pleno con más y más, aprender siempre cómo aumentar estas cosas en nuestras vidas. En otras palabras, no estar satisfechos…
- con la vida tal como está.
- con el crecimiento alcanzado.
- con el grado de espiritualidad que uno tiene.
- con solo conocer a Jesús.
- sin hacer nada más que lo que se es.
Para que las necesidades de nuestro corazón y nuestra vida estén satisfechas, debemos continuar con estas cosas. Debemos crecer y crecer en ellas; darles nuestra mayor atención; buscarlas siempre con mucha diligencia, sin flaquear. Si abundamos en ellas, entonces las necesidades de nuestro corazón y nuestra vida serán absolutamente satisfechas.
▬ 1. No seremos ociosos ni sin frutos.
=> La palabra ociosos (argous) significa inactivo y perezoso; estar vacío y ser inútil. Es el opuesto exacto a ser fructífero y productivo en la vida. Por lo tanto, si hacemos estas cosas, si realmente nos ocupamos de nuestra salvación, no viviremos una vida ociosa y seca. No estaremos sin frutos ni llevaremos una vida vacía, inútil y perezosa. Por el contrario, viviremos una vida que fluye en nutrición y que carga lo mejor de los frutos: amor, gozo y paz (cp. Gá. 5:22-23).
Pero advierta la fuente de esa vida: la fuente es nuestro Señor Jesucristo. Debemos conocerlo a Él y crecer en el conocimiento de É1. El conocimiento de Él debe ser nuestra meta y propósito en la vida. Solamente en la medida en que lo conozcamos podremos vencer la pereza y la ociosidad de la vida. Únicamente Él puede darnos verdadera vida. Por lo tanto, debemos hacer estas cosas -ocuparnos realmente de nuestra salvación, buscar compañerismo y comunión con Cristo en todo momento y todos los días- de manera de no ser ociosos e infructíferos en el conocimiento de Él. Debemos aprender a orar en todo momento y tomar horarios establecidos para la oración todos los días, con tiempos establecidos para la oración en concentración. Debemos aprender a mantener nuestra mente en Cristo.
“Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno” (Mt. 13:23).
“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mi nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden” (Jn. 15:5-6).
“Mas el fruto del espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gá. 5:22-23).
“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará” (Sal. 1:1-3).
▬ 2. No tendremos la vista muy corta ni seremos ciegos. Sin Cristo los hombres están ciegos. Ellos no ven. …
- el propósito, significado o significación de la vida.
- la importancia de la moral y la virtud el amor, el gozo, la paz y la piedad de Dios y Cristo.
- la manera de conquistar el pecado y el mal, los juicios y el sufrimiento, la vida y la muerte.
Los hombres dan la impresión de ser incapaces de ver más allá, de tener la vista corta. Dan la impresión de poseer ojos solamente en la tierra y en sus placeres y posesiones, solamente en disfrutar la vida ahora, de vivir como les place y hacer sus cosas. Le dan muy poca importancia al pensamiento en las consecuencias eternas de sus comportamientos y acciones. El resultado es devastador: están ciegos y cortos de vista. Carecen del propósito real y permanente, del significado y de la significación de la vida. Experimentan tanto vacío y soledad, y a menudo se preguntan.
- ¿De qué se trata la vida?
- ¿Cuál es su propósito y fin?
- ¿Qué existe después de la muerte?
- ¿Tiene esta vida algún significado?
Pero advierta lo siguiente: si hacemos estas cosas, si nos ocupamos de nuestra salvación, no estaremos ciegos o incapacitados de ver más allá. No careceremos de propósito, significado o significación en la vida. Estas cosas, las cosas de la salvación, no solamente nos darán un propósito en esta vida, sino que además nos darán un propósito eterno. Entenderemos la vida y de qué se trata la vida. Conoceremos el propósito, el significado y la significación de la vida. Nunca estaremos vacíos o solos, ni sin propósito.
“Pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?” (Mt. 6:23).
“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Jn. 1:4).
“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn. 8:12).
“Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va” (Jn. 12:35).
“En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Co. 4:4).
“Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Co. 4:6).
“Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón” (Ef. 4:18).
“Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz” (Ef. 5:8).
“Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo” (Ef. 5:14).
“Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Fil. 2:15).
“El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos (Is. 9:2).
▬ 3. No olvidaremos que hemos sido purificados de nuestros pecados. Muy francamente, la persona que no hace estas cosas, que no trabaja para su propia salvación, muy pronto olvida la muerte de Cristo. Olvida el gran precio que Cristo pagó para perdonar sus pecados. La persona se vuelve reincidente. ¿Cómo podemos decir esto? Porque una persona o bien avanza hacia Cristo o bien retrocede y se aleja de Cristo. Y la persona que retrocede medita muy poco acerca del pecado y de las consecuencias del pecado. Sus pensamientos y acciones están en el mundo, y está concentrado en el mundo y los placeres y posesiones de éste. Ha olvidado que Cristo lo purgó de sus pecados. Se ha soltado de Cristo y se ha vuelto al mundo.
El punto es este: debemos hacer estas cosas, ocuparnos de nuestra propia salvación; de otro modo, retrocederemos. Olvidaremos a Cristo y su muerte, y el hecho glorioso de que Él ha perdonado nuestros pecados. Estas cosas, maravillosas cosas de la salvación, tienen el poder de mantenernos cerca de Cristo e impedir que retrocedamos y nos alejemos de Él…
“Mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?” (Gá. 4:9).
“Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos” (1 Ti. 4:15).
“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Ti. 2:15).
“Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios” (He. 6:1).
“Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma” (He. 10:38).
“Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor” (1 P. 2:2-3).
“Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén” (2 P. 3:18).
▬ 4. Nunca caeremos. Cuántas veces tambaleamos, tropezamos y caemos. Simplemente no hacemos lo que debemos. Si existe algún rasgo característico de la vida humana, es el tambalear, tropezar y caer. Las personas tambalean, tropiezan y caen…
- en el matrimonio • en la escuela
- al planificar • en las devociones
- en las tareas familiares • en las responsabilidades
- en actitudes • al testificar
- en las relaciones • en la vida
- en resoluciones • en el servicio a Cristo
- en el trabajo • en las promesas
- en la vida cristiana • en la adoración
¿Cómo podemos evitar tropezar caer? Dios nos ha llamado nos ha elegido para vivir una vida rica fructífera, y para que seamos ricos y fructíferos por toda la eternidad. ¿Cómo podemos vivir esa vida rica fructífera? Note el versículo:
“Hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección, porque haciendo estas Fe cosas no caeréis jamás” (v. 10).
Debemos ser diligentes en hacer estas cosas. Debemos brindamos totalmente a las cosas de la salvación. Debemos trabajar y trabajar para ellas. Si lo hacemos, entonces nunca tropezaremos ni nos caeremos, no en un sentido trágico, devastador y destructivo. Por el contrario, viviremos una vida de lo más abundante y fructífera que se pueda imaginar.
“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Co. 15:58).
“Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza” (He. 6:11).
“Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás” (2 P. 1:10).
“Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz” (2 P. 3:13-14).
▬ 5. Se nos dará vida eterna y más. Recibiremos una entrada abundante en el reino de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. La palabra abundante significa rico. Seremos gloriosa y ricamente bienvenidos en el cielo. La idea es que existirán diferentes grados de compensación, de riqueza en el cielo. Algunos de nosotros no heredaremos el reino, la riqueza y el servicio que otros heredarán. ¿Cómo podemos estar seguros de recibir la entrada más rica en el cielo? Siendo diligentes en hacer estas cosas, en trabajar para nuestra salvación (véase nota recompensa -IP. 1:4 para una lista de recompensas del creyente).
“Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí” (Mt. 25:34-36).
“Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2 Co. 4:17).
“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros” (1 P. 1:3-4).
“Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 P. 1:11).
(1:12-15) Salvación – Pedro: la gran importancia de estas cosas. Lo que Pedro hace ahora es muy interesante. Nos cuenta lo importante que él considera estas cosas.
▬ 1. Son tan importantes que siempre va a predicar y a enseñar de ellas. Él va a recordar y recordar estas cosas a los creyentes. Los creyentes verdaderos las conocen, incluso están establecidos sobre estas cosas. Pero Pedro dice que él va a repetirlas una y otra vez. No renegará de ellas. Algo es seguro: Pedro pensaba que estas cosas, las cosas de la salvación, eran esenciales. ¡Cuánto más énfasis debemos poner en ellas! Pero advierta el próximo punto. Pedro tiene aún más para decir sobre estas cosas.
▬ 2. Son tan importantes que, mientras esté con vida. Va a estimular a los creyentes a que las practiquen. Va a recordarles una y otra vez estas cosas en la medida que su cuerpo este en “este tabernáculo”. Pedro tiene que repetir y repetir estas cosas. ¿Por qué? Porque es correcto (dikaion); es exactamente lo que hay que hacer. Los creyentes deben hacer estas cosas para poder experimentar la vida rica y fructífera que Cristo da. Por lo tanto, debe acentuarlas y llevarlas al corazón de su amada gente. Pero advierta una cosa: esto no es todo lo que Pedro tiene para decir sobre estas cosas.
▬ 3. Son tan importantes que Pedro va a velar por que los creyentes sean estimulados a hacer estas cosas aún después de su muerte. Al parecer, Pedro sabía que pronto iba a ser llevado al cielo. Pero estas cosas eran tan importantes que él iba a hacer los arreglos necesarios con aquellos que permanecerían en la tierra para que no cesen de enseñar estas cosas.
Pensamiento 1. ¿Cuán importantes son estas cosas? ¿Cuán importante es que prediquemos estas cosas? Pocas Escrituras están tan acentuadas y enfatizadas como éstas. Pedro dice que él se asegurará de que estas cosas sean enseñadas a los creyentes; lo dice tres veces. Esta insistencia debería ser motivo suficiente para impulsarnos a predicar y enseñar estas cosas -siempre- con fe y diligencia.
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mt. 28:19-20).
“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mr. 16:15).
“Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envió” (Jn. 20:21).
“Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Si, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas” (Jn. 21:16).
“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hch. 1:8).
“Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hch. 4:20).
“Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos” (2 Co. 4:13).
“Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús” (1 Ts. 4:2).
“Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido” (1 Ti. 4:6).
“Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto” (1 P. 5:2).
“Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí” (Is. 43:10).
Amén, para la honra y Gloria de Dios.


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