Estudio Biblico Tiquico

Estudio Biblico Tiquico

Roberto Saldias Roa
SEMANA DEL 04 AL 10 DE MAYO 2026. “SOLEMNIDAD Y PROFUNDO TEMOR AL PARTICIPAR DE LA MESA DEL SEÑOR”.

LECTURA BÍBLICA: 1ª A LOS CORINTIOS 11:27 AL 29. 27. De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. 28. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. 29. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. 

   Comentario general del contexto bíblico: (11:27-30) Juicio ▬ Cena del Señor: Las consecuencias severas o el castigo para los que participan de la Cena del Señor indignamente. ¿Qué quiere decir participar de la cena indignamente? Pablo le habla directamente a los corintios; por lo tanto, cualesquiera que hayan sido sus pecados estaban destinados a ser a lo que Pablo se refiere con indignamente. Los corintios eran culpables de participar de la Cena del

Señor con…

  • un espíritu de división (v. 18).
  • un espíritu de herejía (facciones, partidos, camarillas, v. 19).
  • un espíritu de engaño (v. 20).
  • un espíritu de egoísmo y complacencia (v. 21).
  • un espíritu de borrachera (v. 21).
  • un espíritu de abandono al pobre (v. 21).
  • un espíritu de irreverencia y descuido al proteger la santidad de la iglesia (v. 22).
  • un espíritu de desconsideración y descuido al acercarse a la Cena del Señor.

   Con toda franqueza, la lista anterior parece indicar que el pecado en nuestro corazón y nuestra vida es a lo que se refiere participar indignamente. Ciertamente, si comemos el pan y bebemos de la copa con pecados no confesados en nuestro corazón y nuestra vida, ¿cómo nos pueden considerar dignos? Nuestra única dignidad es Jesucristo, y cuando único.

Él nos considera dignos es cuando andamos:

  • En constante confesión.
  • En constante arrepentimiento hacia Él.
  • En constante alabanza de su misericordia, gracia, persona, y obra.

   No tenemos justificación propia, por lo tanto, cuando único podemos ser considerados dignos sería cuando andamos en constante comunión con Él. Y comunión constante significa pensar activamente en Él y hablar con Él por medio de la confesión, el arrepentimiento, la alabanza, y la petición.

   Hay tres consecuencias de participar indignamente de la Cena del Señor, es decir, con pecados no confesados en el corazón y la vida de una persona.

▬ 1. Una persona se vuelve culpable de la muerte del Señor (v. 27). La idea es que la persona tendrá que dar cuentas, porque es culpable de pecado contra el Señor mismo. La persona… • insulta a Cristo • ofende a Cristo • pisotea a Cristo • tiene la muerte de Cristo como algo sin sentido • despecha a Cristo.

   “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” (He. 10:29).

▬ 2. Una persona se condena a sí misma si no examina su corazón en busca de pecados no confesados (vv. 28-29). La severidad de la consecuencia es tan grande que una persona debe examinarse a sí misma antes de participar de la Cena del Señor. Necesita estar segura de que tiene un corazón limpio confesándose y arrepintiéndose de cualquier pecado conocido (v. 28).

   La palabra “juicio” (krima) significa juzgar, condenar. No significa maldecir ni condenar a maldición en el castigo y el infierno eterno. A la persona se le asume como un creyente real que es culpable de pecado, no un incrédulo que deber ser condenado a infierno. El juicio real sobre el creyente que vive en pecado se trata en el próximo punto.

   La palabra “discernir” (diakrino) significa discriminar, distinguir. La persona que come el pan y bebe de la copa indignamente sencillamente no logra pensar acerca de lo que está haciendo. No logra discriminar ni discernir la seriedad de su acto. Si pensara en el asunto, no participaría de la Cena del Señor con pecados no confesados en su vida, porque una irreverencia tal del cuerpo y la sangre del Señor despierta el juicio de Dios.

   “Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová” (Lm. 3:40).

   “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2 Co. 13:5).

   “Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro” (Gá. 6:4).

▬ 3. Una persona es disciplinada y aleccionada por el Señor (v. 30). Los corintios eran tan flagrantes en su abuso de la Cena del Señor que Dios tuvo que actuar con disciplina severa. Su disciplina comprendía tanto enfermedad como muerte. Esto se plantea de un modo tan sencillo y directo que tiene que tomarse tal y como se dice a menos que se hayan de tergiversar las Escrituras. No hay nada en contexto que tan siquiera sugiera que la muerte del débil y el enfermo sea simbólica. Cuando se trata el tema de la disciplina o el castigo de Dios para su pueblo, se deben en cuenta tener tres aspectos:

=> Dios si disciplina a su hijo. Él disciplina a su hijo porque lo ama (He. 12:5-13).

=> Dios disciplina a su hijo para evitar que el hijo se destruya a sí mismo y hiera y dañe a otros por medio de un pecado grave (vv. 29, 31).

=> Dios sabe exactamente qué tipo de disciplina con mayor probabilidad hará que su hijo se despierte y sea movido al arrepentimiento y la confesión.

=> Dios sabe cuándo a un creyente se le debe llevar al cielo. Solo Dios sabe cuándo un creyente pecador se ha excedido lo suficiente en su pecado de modo que nunca se va arrepentir. En ese momento, se acaba la misión del creyente en la tierra; nunca más tendrá testimonio de Cristo en la tierra, y tampoco le será de valor real alguno a nadie. Como se ha planteado, solo Dios sabe cuándo un creyente que vive en pecado llega a un límite como ese. Cuando sucede, está listo para ser llevado a casa. Su daño a Cristo, a los seres queridos y al mundo ya ha llegado demasiado lejos.

   Al parecer, algunos de los creyentes corintios habían llegado al punto de no retorno, así que Dios se los llevó a casa con El.

   “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto” (Jn. 15:2).

   “más siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo” (1 Co. 11:32).

   “y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos” (He. 12:5-8).

   “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete” (Ap. 3:19).

   “Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga” (Dt. 8:5).

   “También sobre su cama es castigado con dolor fuerte en todos sus huesos” (Job. 33:19).

   “Bienaventurado el hombre a quien tú, JAH, corriges, y en tu ley lo instruyes” (Sal. 94:12).

   “No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección” (Pr. 3:11).

   “Castígame, oh Jehová, más con juicio; no con tu furor, para que no me aniquiles” (Jer. 10:24).

Nota del Expositor: «Todo creyente debe comprender el sacrificio de Cristo en lo cruz y acercarse reverentemente a la mesa del Señor. Para ello, ha de examinarse con cuidado, de modo que no participe indignamente de los elementos de pan y vino, evitando así traer juicio sobre sí mismo».

1er Título. Condición indigna que impide participar de la cena del Señor. Versículo 27. De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.  (Léase: 1ª de Samuel 2:12. Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová.  y 17. Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová. ▬ 1ª a los Corintios 11:21 y 22. Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga. Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo…).

   Comentario de 1ª de Samuel 2:12. El pecado de Elí, 2:11–17. Nos acordamos que Elí equivocadamente había acusado a Ana de ser una mujer impía (1:16). En realidad, eran sus propios hijos que la Palabra de Dios acusa de ser impíos. Levítico 7 establecía la porción del sacrificio que el adorador le podría dar al sacerdote. Los hijos de Elí ni pedían permiso ni esperaban que se les diera del sacrificio. Ellos se servían de la carne y su conducta fue muy grosera. Además, no seguían las instrucciones dadas por Dios en ese capítulo de Levítico referente a la manera correcta de ofrecer el sacrificio (v. 16). Y sobre todo trataban con irreverencia (v. 17) las ofrendas de Jehovah. La palabra hebrea aquí quiere decir no solamente despreciar sino también rechazar. Este fue el mismo pecado de Coré, Datán y Abiram (Núm. 16:30). Ellos “menospreciaron” (la misma palabra que aquí es traducida trataban con irreverencia) a Jehovah y descendieron vivos al Seol condenados por el juicio divino. Igualmente, en el día de hoy dice Juan 3:36: … el que desobedece (o rehúsa creer) al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.

   Comentario de 1ª a los Corintios 11:21 y 22. Estaba el egoísmo y el descuido de otros que corrompían la Cena del Señor (v. 21). Cuando la iglesia primitiva se congregaba para el Banquete de amor [Ágape], todo el mundo traía toda la comida que podía. Esto permitía que hubiera bastante para todo el mundo, incluso para los pobres y lo esclavos que no podrían traer mucho. La idea era tener una cena común donde todo el mundo compartiera.

  • el rico y el pobre • el libre y el esclavo • el judío y el gentil • el letrado y el analfabeto • la clase alta y la baja • el hombre y la mujer • el adulto y el niño.

   Sin embargo, la iglesia de Corinto había comenzado a abusar de la Cena del Señor. En lugar de compartir, todo el mundo se sentaba separado en su propio grupo de amigos y compartían su comida solo entre ellos. El resultado era trágico:

=> Algunos eran descuidados, y tenían poco que comer, de tener algo. Esto sucedía en particular con los esclavos.

=> Algunos se complacían a sí mismos y actuaban como glotones.

=> Algunos trataban el asunto como si fuera una reunión social, bebiendo hasta emborracharse.

   No se experimentaba amor ni fraternidad cristiana reales de ningún tipo. Y aunque la iglesia participaba del pan y de la copa, no estaba celebrando la Cena del Señor. Lo que estaban haciendo era totalmente sin sentido e inútil. Lo que estaban celebrando era un banquete al espíritu maligno del egoísmo y la complacencia, no al Señor.

▬ 4. Estaba el abuso de la santidad de la iglesia y la vergüenza del pobre que corrompía la Cena del Señor. Note que este versículo es una serie de preguntas que se responden solas y debieran despertar condenación en el corazón de los culpables.

=> ¿No tienen casas donde comer y beber? La iglesia no es el lugar donde debemos comer y beber. Es el lugar de adoración.

=> ¿No están abusando de la iglesia y avergonzando a los pobres por medio de la división, las camarillas, el egoísmo, la complacencia, y el acaparamiento? ¡Por supuesto que sí!

=> “¿Qué os diré? ¿Os alabaré? ¡En esto no os alabo!”

2° Título. Necesario examen de conciencia para participar de la mesa de comunión. Versículo 28. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.  (Léase: 2ª a los Corintios 13:5. Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? ▬ Gálatas 6:4 y 5. Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; porque cada uno llevará su propia carga.).

   Comentario de 2ª a los Corintios 13:5. Examinaos vosotros mismos para ver si estáis viviendo la fe; probaos vosotros mismos. ¿O no sabéis que Jesucristo está en vosotros? A menos que quizás hayáis fallado la prueba.

» a. «Examinaos vosotros mismos para ver si estáis viviendo la fe; probaos vosotros mismos». Pablo continúa con el tema de los versículos anteriores (vv. 2–4): enfatiza el autoexamen de la vida espiritual y la conducta diaria. La última frase del versículo 4, «para serviros», sirve como enlace entre el texto anterior y el presente.

   Usando dos verbos imperativos, «examinaos» y «probaos», el apóstol ordena enfáticamente a sus lectores que asuman la importante tarea de la introspección. Además, en el texto griego, el pronombre personal vosotros precedéis a los dos imperativos para lograr énfasis, y es parte de los mandatos. Luego, Pablo voltea el tema en relación a los corintios. Ellos cuestionaban si Cristo hablaba por medio de Pablo, pero él les dice que examinen sus propios corazones para verificar si Cristo vive en ellos. Desean descubrir si las credenciales de Pablo son genuinas. Pero Pablo iguala el reto de ellos, exigiéndoles que demuestren si sus propias vidas son fidedignas. Quiere que los lectores purifiquen sus propias casas espirituales antes de que él llegue a Corinto, para que de esta forma tanto ellos como él puedan gozar una relación edificante y llena de paz.

   Pablo pregunta si los lectores están en la fe e indica su confianza de que realmente son creyentes. La expresión en la fe aparece cuatro veces en el texto epistolar griego del Nuevo Testamento (1 Co. 16:13; 2 Co. 13:5; Tit. 1:13; 2 P. 1:5). Pablo no se refiere a la fe objetiva que radica en la doctrina, sino en la confianza subjetiva en Jesucristo. Tiene en mente la fe viva del creyente que fielmente sigue los pasos del Señor y tiene comunión con él por medio de la oración.

   La verdadera fe es activa y compele constantemente a los creyentes a que se prueben a sí mismos, para comprobar si Jesucristo, por medio del Espíritu Santo, vive en sus corazones.

   La verdadera fe testifica que hay una comunión íntima con el Padre y su Hijo (1 Jn. 1:3).

» b. «¿O no sabéis que Jesucristo está en vosotros? A menos que quizás hayáis fallado la prueba». La pregunta que Pablo les hace a los corintios es retórica y espera de ellos una respuesta afirmativa. La primera palabra («o») enlaza la pregunta a las dos cláusulas anteriores que contienen los verbos imperativos. Habiendo obedecido los mandatos, se les pregunta ahora a los lectores que respondan si es cierto que Jesucristo vive en ellos. Se puede describir a esta pregunta como: «una apelación directa a las conciencias de los lectores [de Pablo]». Si están seguros de que el Señor vive y reina en sus corazones, entonces querrán exaltarlo, hacer su voluntad y huir del mal.

   La frase Jesucristo está en vosotros es probablemente un dicho originado por Jesús, el cual en su mensaje de despedida les dijo a sus discípulos: «Ustedes se darán cuenta de que yo estoy en mi Padre, y ustedes en mí, y yo en ustedes» (Jn. 14:20). Dado que estas palabras aparecen más de una vez en las epístolas de Pablo, deducimos que esta frase habría sido un dicho comúnmente usado en la Iglesia Primitiva. No hay duda de que Pablo cita este dicho como una fórmula muy conocida.

   Pablo ofrece un último comentario, una cláusula declarativa que se asemeja a una pregunta retórica que requiere una respuesta negativa. En este párrafo enfatiza la idea de una prueba; les presenta a los corintios la posibilidad de fallar la prueba. Sabe que pueden pasar la prueba, sin embargo, quiere que consideren las consecuencias de fallarla. Fallar la prueba conduce al endurecimiento del corazón, y el endurecimiento del corazón conduce a la muerte espiritual.

   Comentario de Gálatas 6:4 y 5. (6:4) Examen propio: En sexto lugar, examine su propia obra y conducta. La palabra “obra” se refiere más a la conducta y al comportamiento que al trabajo o empleo. Por supuesto que están involucrados el empleo o la obra, pero el tema de este versículo trata sobre todo nuestro comportamiento. Debemos examinar y juzgar nuestras propias vidas y no la vida de un hermano caído. Las Escrituras son firmes en este punto: Todo hombre debe mantenerse ocupado examinando su propia obra y vida, y ningún hombre está exento de esto. Hay tanto mal arreciando el mundo y la carne es tan débil que es difícil que una persona permanezca inmaculada y limpia. La carne siente lujuria…

  • por la aceptación
  • por mirar
  • por el reconocimiento
  • por degustar
  • por la posición
  • por sentir
  • por la honra
  • por hacer,
  • por la compensación
  • por tener
  • por la aprobación
  • por experimentar

   Por supuesto, cada uno de estos deseos es necesario y beneficioso hasta que traspasa lo prohibido o se lleva demasiado lejos. Degustar comida es bueno; degustar demasiada comida es malo. Desear reconocimiento es bueno; amar el reconocimiento es pecado.

   El tema es que la tentación está simplemente merodeándonos, a todos nosotros. Por lo tanto, debemos ocuparnos examinándonos y juzgándonos a nosotros mismos y no a los demás. De hecho, hay tantas tentaciones que nos merodean, que, si bajamos la guardia para examinar y juzgar a los demás, somos de inmediato sorprendidos nosotros mismos por el pecado. Recuerde: Criticar y juzgar a los demás es pecado. Por lo tanto, al dejar de examinarnos para juzgar a los demás, hemos pecado.

   Debemos medirnos frente a la Palabra de Dios, no frente a los demás. Nuestra actitud hacia los demás debe ser de amor y cuidado, de ministerio y restauración, no de crítica y juicio.

    Advierta que el creyente que constantemente se examina así mismo tiene motivo para regocijarse en él y no solo en los demás. Es cuando nuestros corazones y nuestras vidas son puras que el gozo nos llena. Nada nos llena más de gozo como una conciencia pura. En virtud de verdad, nos regocijamos cuando vemos a otras personas caminando como debieran, pero el gozo profundo proviene de saber que nosotros mismos estamos complaciendo a Dios por la forma en que caminamos.

   “¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Mt. 7:5).

   “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2 Co. 13:5).

   “Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro” (Gá. 6:4).

   “Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová” (Lm. 3:40).

   (6:5) Juicio, Responsabilidad: En tercer lugar, tome conciencia de sus propios deberes y responsabilidades. El tema de este versículo es el de advertir al creyente. Él es personalmente responsable ante el Señor por su propio comportamiento y será juzgado por lo que ha hecho. Cada creyente tiene sus propios pesos, su propia carga de fallas y pecados. Son estos los que debe cargar, cuidar, examinar y juzgar. Nunca podrá vencerlos a no ser que quite su mirada de las fallas de los demás y se concentre en el peso de su propia falla.

   “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio” (Mt. 12:36).

   “Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos” (Mt. 18:23).

   “De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de si” (Ro. 14:12).

   “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Co. 5:10).

3er Título. Sentencia de juicio para aquel que no discierne el cuerpo de Cristo. Versículo 29. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.  (Léase: 2ª de Crónicas 30:18 al 20. Porque una gran multitud del pueblo de Efraín y Manasés, y de Isacar y Zabulón, no se habían purificado, y comieron la pascua no conforme a lo que está escrito. Mas Ezequías oró por ellos, diciendo: Jehová, que es bueno, sea propicio a todo aquel que ha preparado su corazón para buscar a Dios, a Jehová el Dios de sus padres, aunque no esté purificado según los ritos de purificación del santuario. Y oyó Jehová a Ezequías, y sanó al pueblo.  ▬ Hebreos 10:29. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?).

   Comentario de 2ª Crónicas 30:18-20. Ezequías estaba muy consciente del riesgo que corrían los que comían la víctima de la Pascua (v. 18a) sin reunir las condiciones espirituales; por lo tanto, se apresuró a elevar una oración intercesora (vv. 18b–20).

   Cuando Dios respondió a la oración de Ezequías, el pueblo quedó sano. Cuán importante es que los pueblos cuenten con gobernantes creyentes, que estén equipados de un corazón pastoral. Una vez más se hizo patente el hecho de que la fe tiene prioridad sobre lo ritual y ceremonial (Juan 7:22, 23; 9:14–16). Además, se hizo patente la eficacia de la oración sincera (Stg. 5:16).

   Comentario de Hebreos 10:29. (10:28-29) Juicio: Se puede ver fácilmente la certeza del juicio. Esta persona merece mucho mayor castigo que cualquier otro pecador. ¿Por qué? Porque ha recibido el conocimiento de la verdad y ha decidido volverse al mundo y a volver a vivir en pecado. ¿Qué quiere decir esto? Nota: este versículo explica en detalle lo que esta persona hace ante los ojos de Dios. La persona que conoce la verdad sobre Jesucristo y continúa llevando una vida de pecado comete tres de los pecados más terribles y atroces que se pueda imaginar.

▬ 1. Pisotea al propio Hijo de Dios. Esto es mucho peor que nada más ignorar y descuidar y desconocer a Cristo. Es saber que Cristo es el Hijo de Dios que vino a la tierra a revelar el amor de Dios y a salvar a los hombres, pero…

  • rechazar a Cristo para que todos lo vean.
  • rehusarse a obedecer a Cristo en presencia de otras personas.
  • negar a Cristo tanto con acciones como con palabras.
  • mostrar desprecio por Cristo al Vivir en pecado, aunque conozca una mejor vida.
  • insultar a Cristo al profesar su nombre y aun así vivir en pecado y pensar que se está saliendo con la suya.

   Esta persona merece más castigo que cualquier otra en la tierra. Esta es la idea central de este pasaje. Sencillamente no hay sacrificio para una persona así.

▬ 2. Esa persona tiene la sangre de Cristo como algo inmundo. Esto quiere decir que la persona considera que la sangre de Cristo no vale la pena y no es útil para salvar a una persona. Conoce y entiende y quizás una vez haya profesado, exactamente lo que enseñan las Escrituras: Que Jesucristo sacrificó su vida y derramó su sangre por los pecados de los hombres. Pero la persona no acepta lo que dicen las

Escrituras. Hay dos actitudes que son culpables de esto:

=> Las que rechazan la sangre de Cristo porque piensan que la manera de llegar a Dios es vivir lo mejor que

puedan y dar lo mejor de sí. Esas personas creen que Dios las aceptará si son suficientemente buenas y religiosas.

▬ 2 Las que rechazan la sangre de Cristo porque para ellas la sangre es desagradable y repulsiva. El cristianismo es a lo que denominan una religión sangrienta.

   Recuerden: Estas personas comprenden el sacrificio sustituidor de la sangre de Jesús por los pecados, pero lo rechazan como el camino hacia Dios. Deciden deliberadamente lo que denominarían una religión más agradable de buenas obras para llegar a Dios y ganar su aprobación.

   Nuevamente, estas personas merecen mucho más juicio que otros pecadores. ¿Por qué? Porque conocen el significado de la sangre de Cristo, aún así la tienen por inmunda, no se merecen a Dios. Y la gran tragedia es: La sangre de Jesucristo es el fundamento mismo del nuevo pacto de Dios, el pacto de amor, misericordia y gracia. Dios les declara a estas personas:

   “Miren el sacrificio de mi Hijo por ustedes. Él es la demostración de mi amor por ustedes, la demostración perfecta. No podría hacer nada más grande por ustedes que morir por ustedes, de la misma manera que ustedes

no podrían hacer nada más grande que morir por alguien más. Los amo y les he demostrado mi amor de la manera más suprema posible: al dejar que mi propio Hijo cargue los pecados de ustedes sobre si y soporte la culpa de mi justicia e ira contra el pecado. Él soportó la ira y la condenación por ustedes. Ahora solo tienen que creer en Él y honrarlo confiándole la vida de ustedes a Él. Cuando hagan esto, los aceptaré en su sacrificio. Créanlo, analícenlo, encomiéndenle su vida. ¿Por qué siguen teniendo por inmunda la sangre de mi Hijo?”

▬ 3. Él ha hecho afrenta al Espíritu de gracia, la misma persona que vierte la gracia de Dios sobre los hombres, es decir, el Espíritu Santo. La palabra afrenta significa insultar o ultrajar. ¿Cómo una persona hace afrenta al Espíritu Santo?

=> Al sentir la atracción interna del Espíritu a arrepentirse y cambiar y seguir a Cristo, y que aún asi rechace e ignore la convicción del Espíritu. Esto lo insulta y demuestra que la persona le hace afrenta.

=> Al profesar que es un seguidor de Cristo, y que aun así continúe viviendo en pecado. Esto insulta al Espíritu y demuestra que le hace afrenta.

   Una vez más, la persona que conoce la verdad y aún así se vuelve al mundo y al pecado será castigada, no importa lo que profese. Y no debemos olvidarlo nunca: Aquellos que profesaron ser del pueblo de Dios bajo la ley de Moisés murieron sin misericordia. ¿De cuánto mayor castigo creen que seremos merecedores si nos alejamos de nuestra profesión?

   “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Jn. 3:36).

   “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (Ro. 1:18).

   “pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego” (Ro. 2:8-9).

   “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” (He. 10:29).

Semana del 04 al 10 de mayo de 2026.

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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