Estudio Biblico Tiquico

Estudio Biblico Tiquico

Roberto Saldias Roa
DOMINGO 03 DE MAYO DE 2026. “LA IGLESIA ES LLAMADA A LLEVAR Y CONSERVAR UNA VIDA SANTA”.

LECCIÓN: Números 29:7 al 11. 7. En el diez de este mes séptimo tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas; ninguna obra haréis; 8. y ofreceréis en holocausto a Jehová en olor grato, un becerro de la vacada, un carnero, y siete corderos de un año; serán sin defecto. 9. Y sus ofrendas, flor de harina amasada con aceite, tres décimas de efa con cada becerro, dos décimas con cada carnero, 10. y con cada uno de los siete corderos, una décima; 11. y un macho cabrío por expiación; además de la ofrenda de las expiaciones por el pecado, y del holocausto continuo y de sus ofrendas y de sus libaciones. 

   Comentario 1. Números 29: Versículos 7-11.

En el día de la expiación, el día diez del séptimo mes, se debía ofrecer un sacrificio festivo similar al presentado en el día de la séptima luna nueva (un holocausto y una ofrenda por el pecado), además de la ofrenda por el pecado. de expiación prescrita en Lev 16, y los holocaustos diarios. Para una descripción más detallada de esta fiesta, véase Lev 16 y Levítico 23:26-32.

   La iglesia es llamada a llevar y conservar una vida santa: La afirmación de que la Iglesia es llamada a llevar y conservar una vida santa es un pilar fundamental de la teología cristiana, fundamentado en la santidad de Dios mismo y en la acción del Espíritu Santo. Esta llamada implica una separación del pecado y una consagración total a Dios, no limitada al ámbito privado, sino reflejada en la vida cotidiana y la misión comunitaria

   Bíblicamente, la Iglesia es llamada a llevar y conservar una vida santa, lo cual no significa perfección sin pecado, sino ser apartada del mundo para el uso exclusivo de Dios y transformada a la semejanza de Cristo por el poder del Espíritu Santo. Este llamado es una identidad fundamental: los creyentes son santos por pertenecer a Jesús.

Aquí se detallan los fundamentos bíblicos de este llamado:

▬ 1. El Fundamento: «¿Sed Santos, Porque Yo Soy Santo»

  • Mandato Divino: El llamado a la santidad se basa en el carácter de Dios: «Sean santos, porque yo soy santo» (Levítico 11:44-45, 1 Pedro 1:15-16).
  • Llamados a ser Diferentes: La iglesia no debe conformarse a las pasiones de la antigua manera de vivir, sino mostrar un cambio radical en su conducta (1 Pedro 1:14).
  • Separación del pecado: Se exhorta a los cristianos a abstenerse de la inmoralidad sexual y a controlar el propio cuerpo en santificación y honor (1 Tesalonicenses 4:3-7).

▬ 2. Cómo se Conserva una Vida Santa.

La santidad no se logra por esfuerzo propio, sino por la cooperación con el Espíritu Santo:

  • El poder del Espíritu Santo: El Espíritu produce semejanza a Cristo en nosotros cuando nos sometemos a Él (Gálatas 5:16-22).
  • La Palabra de Dios: Jesús oró: «Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad» (Juan 17:17).
  • La obediencia a la Palabra mantiene al creyente limpio.
  • Confianza en la Gracia: El llamado a la santidad implica descansar en la gracia de Dios, no en la capacidad propia de ser lo suficientemente bueno.
  • Mortificación del pecado: Considérense muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús (Romanos 6:11).3.

▬ 3. La Santidad como Iglesia (Colectiva).

  • Esposa de Cristo: Cristo se entregó por la Iglesia para santificarla, limpiándola para presentarla radiante, sin mancha ni arruga (Efesios 5:25-27).
  • Templo del Espíritu: La iglesia es el templo de Dios, y por tanto, debe mantener la pureza de ese espacio sagrado (1 Corintios 3:17).
  • Testimonio en el mundo: Los cristianos están llamados a brillar como luminares en un mundo corrompido, manteniendo una conducta intachable (Filipenses 2:14-16).

▬ 4. La Importancia de la Santidad

  • Requisito para la visión de Dios: «Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor» (Hebreos 12:14).
  • Identidad: La iglesia es «real sacerdocio» y «nación santa» (1 Pedro 2:9).
  • En resumen, la iglesia es llamada a una santidad práctica que afecta todas las áreas de la vida diaria, evidenciando que el Espíritu Santo mora en ella y que pertenece a Dios.

TEXTO: «Si no, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir» (1ª de Pedro 1:15).

    1ª de Pedro. (1:15) Santidad: concentrarse en la santidad. Santo (hagios) significa ser justo, puro, sin pecado y divino; ser perfecto, completo y satisfecho en todo sentido posible; ser separado y totalmente diferente de todos los otros seres y cosas.

El creyente debe ser santo, es decir…

  • justo, puro, sin pecado y divino.
  • perfecto, completo y satisfecho.
  • separado, totalmente diferente de todos los que viven en forma mundana.

   Hay tres razones por las cuales los creyentes deben vivir vidas santas.

▬ 1. Dios es santo. Él es la misma personificación y perfección de la santidad absoluta.

=> Dios es la encarnación misma de la justicia absoluta, de la pureza, de la falta de pecado y de la divinidad.

=> Dios es la encarnación misma de la perfección absoluta, la plenitud y la realización.

=> Dios es la encarnación misma de la separación absoluta: diferente, apartado y separado de todo lo demás.

▬ 2. Dios ha llamado a los creyentes a que sean santos en cada aspecto de la vida. El propósito mismo de Dios al salvarnos es contar con gente que será tal como Él y que vivirá con Él eternamente. El propósito de Dios para nosotros es…

  • que seamos santos, justos, puros, sin pecado y divinos.
  • que seamos perfectos, completos y realizados.
  • que estemos separados del mundo y apartados para Él.

   Dios no quiere que seamos corruptibles ni que muramos con el mundo. Dios nos quiere santos. Nos quiere apartados tal como Él. Dios quiere que vivamos con Él eternamente. Pero para vivir con El eternamente, debemos ser como Él, debemos ser santos. Por lo tanto, debemos procurar, perseguir e ir en busca de la santidad. Debemos vivir vidas santas, puras, justas y divinas. Debemos buscar e ir tras de Dios. Debemos buscar ser como Dios mientras estamos en esta tierra. Si lo hacemos, entonces Dios nos otorga la más gloriosa de las esperanzas: la esperanza de la salvación eterna.

▬ 3. Las Escrituras exigen santidad. Está escrito en las Escrituras: “Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo” (Lv. 11:45; l9:2; 20:7, 26). No tenemos opción: este es el mandamiento de las Escrituras. Si queremos pertenecer a Dios, entonces debemos vivir como Dios. Debemos vivir vidas santas.

   “Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo” (Lv. 11:45).

   “Que, librados de nuestros enemigos, sin temor le serviríamos en santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días” (Lc. 1:74-75).

1er Titulo: Convocación para afligir las almas y hacer expiación por los pecados. Versículo 7. En el diez de este mes séptimo tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas; ninguna obra haréis. (Léase: Levítico 16:30 y 31. Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová. Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo. ▬ Joel 2:17. Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros de Jehová, y digan: Perdona, oh Jehová, a tu pueblo, y no entregues al oprobio tu heredad, para que las naciones se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos Dónde está su Dios?).

    Dios busca un espíritu humilde y contrito en los creyentes (Levítico 16:29-34)

   16:29-34 El Dia de Expiación era de reposo solemne, llamado shbbat shabbaton (16:31 cf. 23:3,24,32,39). La frase “os afligiréis» es importante. Significaba ayunar desde el atardecer del día nueve hasta la noche del día diez del mes séptimo (Lv. 23:23).” Tanto el ayuno como el descanso sabático son ordenados nuevamente en Levítico 23:27 y Números 29:7, so pena de muerte. Este es el único ayuno prescrito en la Ley. En otras, palabras, las acciones del sumo sacerdote por sí mismas no eran suficientes. Hacía falta que la nación participara activamente mediante estas disciplinas, preparando su corazón para recibir de parte de Dios el milagro del perdón y expiación que ningún rito por sí mismo puede proveer.

   La palabra “expiar” (heb. kipper) ocurre cinco veces en este capítulo (v. 32-34), recalcando la importancia de la labor de los sacerdotes durante este día. Tan solemne e importante era este evento que en tres oportunidades el autor subraya que debía tenerse por “estatuto perpetuo» (16:29,31,34), tanto para los israelitas como para los extranjeros residentes.

   PARA LA IGLESIA:

En primer lugar, recordemos el significado del Día de Expiación en el PM: el propósito de estas leyes era prevenir que el sumo sacerdote, en teoría el hombre más santo de Israel, sufriera una muerte repentina al entrar al Tabernáculo (Lv. 1612,13). Los ritos del Día de Expiación mostraban que ningún hombre, por santo que fuera, podía aproximarse a la presencia de Dios sin la apropiada cobertura de un sacrificio.

   En el capítulo 4 de Levítico ya se había explicado que los sacrificios de sangre eran apropiados para obtener purificación y para limpiar lo que se había contaminado de una u otra forma. En otras palabras, la sangre es el medio establecido por Dios para limpiar y santificar. Empero, los pecados de Israel provocaban contaminación en el lugar designado para la adoración. En consecuencia, si el Tabernáculo no era limpiado apropiadamente, no era posible acceder a la gloria del Señor y el pueblo quedaba expuesto al juicio divino. Por eso era indispensable el Dia de Expiación.

   El momento más significativo del rito era cuando se despachaba el macho cabrío portador de los pecados de Israel al desierto ‘(vs.21-22). De manera muy gráfica subrayaba la necesidad de que la nación fuera purgada de sus pecados y librada del dominio que el mal logra sobre los seres humanos que no están en comunión con Dios. Lo que ocurría al interior del Lugar Santísimo no era apreciado por la gente, pero la expulsión del macho cabrío al desierto quedaba fija en la memoria de todos. Era una ayuda visual por medio de la cual se podía entender fácilmente la realidad del pecado y la necesidad de eliminarlo.

   Para evitar que la gente llegara a pensar que eliminar los pecados del año era una tarea fácil -simplemente sacrificando un cordero y enviando otro al desierto- el Señor les mandó que fuese un día de auto aflicción (vs.29,31). Cada uno debía examinarse a sí mismo en ayuno y oración para presentarse ante Dios y arrepentirse de sus pecados.

   Tanto el AT como el NT dejan claro que el Día de Expiación tuvo su origen en la voluntad de Dios. No era un rito pagano con el propósito de apaciguar (“hacer propicio») a un dios airado. Por el contrario, era el camino dispuesto por Yahweh para proveer perdón, limpieza y poder permanecer en medio de Su pueblo con el fin de mantener el acceso a Su presencia.

   Ahora bien, aplicando todo esto al contexto del PN, el libro de Hebreos utiliza la ceremonia del Día de Expiación para comparar el sacerdocio levítico con el de nuestro Señor. Lo central de esa comparación es el sacrificio mismo de Jesús en la cruz. En la muerte del Señor se obtuvo todo lo que el sumo sacerdote pretendía lograr en el Día de Expiación bajo el antiguo pacto. En otras palabras, la muerte del Señor Jesús logró una plena expiación de nuestros pecados, y el autor de Hebreos añade de manera muy significativa que esto fue realizado “fuera de la ciudad» (He. 13:12). De esa manera pretende decirnos que Jesús tomó sobré sí los pecados de todos nosotros y los llevó lejos, para no traerlos de regreso jamás (cf. Is. 53:5-6; 1 P. 2:24; 2 Co. 5:21; Ga. 3:13; He. 9:28).249 Mientras colgaba en la cruz, el cuerpo de Jesús fue hecho el propiciatorio de Dios para con la humanidad, vale decir, el lugar donde se encontraron la justicia y la gracia de Dios (siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados (Ro. 3:24-25)). La función de ambos machos cabríos fue asumida por el Señor, pues mediante Su muerte y resurrección quitó los pecados que provocaban separación de Dios y libró a los creyentes de todo poder de las tinieblas. La función del becerro sacrificado por el sumo sacerdote y su familia no fue necesaria en el sacrificio de nuestro Señor porque Él estaba libre de pecados, como señala en franca adoración el autor de Hebreos (He. 7:26-28).

   La efectividad del sacrificio de nuestro Señor quedó demostrada en que el velo del Templo se rasgó para permitir un acceso libre y permanente a la presencia de Dios a través de Su Hijo Jesús (Mt. 27:51; Mr. 15:38; Lc. 23:45). Para el autor de Hebreos, la ruptura del velo corresponde al quebrantamiento de la carne de Jesucristo. Por ese hecho, todo creyente tiene ahora el derecho de entrar a la Presencia de Dios (He. 10:19ss), y por eso afirma con propiedad que el PN es un mejor y mayor pacto.

   En otras palabras, bajo el PN la situación teológica -y práctica en consecuencia- cambió completamente. Ya no es necesario un Dia de Expiación cada año. El día de la muerte del Señor Jesús es el gran Día de Expiación para toda la humanidad, de una vez y para siempre. Desde ese día en adelante, todo creyente tiene el derecho de entrar a la presencia de Dios, algo reservado solo para el sumo sacerdote en el PM del antiguo Israel. Mientras el sumo sacerdote podía acceder a ese Lugar Santísimo solo una vez al año, Jesús no solo ingresó al Lugar Santísimo Celestial, sino que se sentó a la diestra de Dios y permanece allí para siempre. En consecuencia, nosotros podemos ingresar en cualquier momento por Su mediación (He. 4:16).

   Aunque en estricto rigor el Dia de Expiación ya no es relevante para los cristianos, los principios expuestos en todos los detalles de aquel día sagrado enseñan verdades muy profundas y eternas. Podemos aprender de él acerca de la naturaleza del pecado y de la necesidad de limpieza para entrar a la presencia de Dios. Por medio de una serie de contrastes, Hebreos nos enseña que los cristianos gozamos de un privilegio mucho mayor que el de Aarón, debido a que nuestro Sumo Sacerdote es Jesucristo, un sacerdote muy superior a Aarón mismo: (1) Aarón era solo un hombre y necesitaba expiar sus propios pecados, así como los del pueblo. Cristo, en cambio, estaba libre de pecado (He. 7:26ss). (2) Aarón debía repetir el sacrificio del Día de Expiación año tras año. Cristo, por su parte, aseguró eterna redención por medio de Su muerte, de una vez y para siempre (He. 9:6-14). (3) El ritual del Dia de Expiación le permitía a Aarón entrar al Lugar Santísimo del Santuario terrenal. Jesucristo llevó Su propia sangre al Santuario verdadero, el celestial (He. 9:24).

  (4) Al repetir año tras año el rito del Día de Expiación en la antigüedad, se hacía claro que el problema del pecado y sus consecuencias para la nación no quedaba arreglado de manera definitiva. El sacrificio de Cristo asegura un perdón permanente del pecado, en una medida no imaginada en el AT (He. 10:1-18). Todo esto debe darnos la confianza para entrar al trono de la gracia de Dios por medio de la sangre de Jesús (He. 10:19). En conclusión, que seamos hallados verdaderamente en Él hasta el día en que regrese por nosotros, viviendo en Su provisión de vida eterna y abundante, como dijo el autor de Hebreos en el siguiente pasaje:

   Hebreos 10:22-25 (22) acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. (23) Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. (24) Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; (25) no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.

   Comentario de Joel 2:17. Dado que la crisis es nacional, el lamento también debe ser comunitario (Joel 2. vv. 15–17). Tocar la trompeta, pregonar ayuno, convocar asamblea, todos son elementos de un lamento nacional. La seriedad de la situación llama a tomar medidas un tanto drásticas, si se quiere, pero necesarias. Todos han de santificarse; es decir, purificarse ritualmente. Grandes y pequeños deben participar de estos actos. Los motivos de alegría deben cancelarse por el momento; es tiempo de mostrar contrición delante de Dios (v. 16). Los sacerdotes deben actuar como líderes en este lamento público; ellos tienen el deber de interceder por la nación y suplicar la misericordia divina. Pero deben ser participantes activos, con lloro y oración (v. 17). Entre el vestíbulo y el altar (otras versiones traducen “pórtico” o “entrada”) parece haber sido el sitio tradicional de oración de los sacerdotes (ver Eze. 8:16). Tu heredad alude al pueblo judío. Afrenta en este caso es vergüenza, o el estado vulnerable ante el posible dominio que otros pudieran ejercer sobre la nación debido a su debilidad. ¿Dónde está su Dios? sugiere mofa o burla (comp. Miq. 7:10; Sal. 79:10). Las naciones paganas pondrían en tela de duda la existencia, grandeza o poder de Dios a causa de la debilidad del pueblo. Por otro lado, es bueno observar que esta es una fórmula que los profetas usaron muchas veces para interceder a favor del pueblo. ¡La reputación de Jehovah estaba en juego! (Comp. Éxo. 32:12; Núm. 14:13–16).

2° Titulo: Necesario cuidado y delicadeza con las ofrendas consagradas al Señor. Versículos 8 y 9. y ofreceréis en holocausto a Jehová en olor grato, un becerro de la vacada, un carnero, y siete corderos de un año; serán sin defecto. Y sus ofrendas, flor de harina amasada con aceite, tres décimas de efa con cada becerro, dos décimas con cada carnero (Léase: 2ª a los Corintios 8:20 y 21. evitando que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos, procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres. ▬ Hebreos 13:15. Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.).

   Comentario de 2ª a los Corintios (8:19-21) Administración ▬ Ofrendas ▬ Ujieres: Los hombres que manejan las ofrendas (ujieres) son representantes escogidos por la iglesia a fin de evitar acusaciones de mala conducta contra el ministro. Este elemento es muy significativo, una lección a la que deben prestar atención igualmente los ministros y las iglesias. Si Pablo hubiera manejado la ofrenda él mismo, se podía haber dejado expuesto a la acusación de confiscar y robar dinero. El único procedimiento sensato era hacer que la iglesia eligiera a uno de sus propios hombres para que manejara las ofrendas.

   Note que a la ofrenda se le llamaba “esta gracia”. Como señala Charles Hodge, cualquier dádiva gratuita es una gracia. Por consiguiente, la ofrenda de una iglesia es una gracia; es el corazón de la iglesia que se derrama en una dádiva gratuita para salvar y ayudar a los desesperados del mundo. La iglesia debe derramar su alma en sus ofrendas por los perdidos y los necesitados del mundo. Ellos llevan a cuesta el peso del pecado, el hambre, la sed, la enfermedad, la ignorancia, la soledad, la indefensión, la falta de propósito, y la muerte. Esto solamente enfatiza la importancia formidable de los ujieres y los hombres que manejan las ofrendas.

   Note otro elemento significativo: ¿Por qué se ministraba la ofrenda? Por la gloria del Señor. Cuando las personas veían las ofrendas y sabían para qué se iban a usar, el corazón de cada uno de ellos glorificaba al Señor. El Señor recibiría más alabanza que de ninguna otra manera.

   “Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel” (1 Co. 4:2).

   “para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Fil. 2:15).

   “Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir” (He. 3:5).

   “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz” (2 P. 3:13, 14).

   Nota: Pablo plantea claramente por qué había tenido tales precauciones. Él quería que todos los hombres supieran que él era honrado, que nunca metería su mano en la caja y sacaría dinero de las ofrendas. No quería que nadie cuestionara su conducta personal. La apariencia importaba, lo que las personas pensaban importaba, porque él había dedicado su vida a salvar y ayudar a las personas.

Comentario de Hebreos 13:15. El creyente debe ofrecer el sacrificio de alabanza a Dios constantemente (v. 15). Pero note cómo: Mediante Cristo. Dios merece alabanza, pero Dios no acepta nada, ni siquiera la alabanza, a menos que se ofrezca mediante Cristo. Una persona no puede acercarse a Dios mediante algún otro sacrificio, persona o religión, ni siquiera para alabarlo, no si la persona quiere que su ofrenda sea aceptada por Dios. Dios no acepta alabanza por ningún otro medio que no sea por medio del Señor Jesucristo mismo.

   “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6).

   “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Ti. 2:5).

   “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas” (He. 8:6).

   “y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; de las cuales cosas no se puede ahora hablar en detalle” (He. 9:5).

   “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (He. 9:24).

   “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Jn. 2:1).

   “Ofrezcan sacrificios de alabanza, y publiquen sus obras con júbilo” (Sal. 107:22).

   “Te ofreceré sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre de Jehová” (Sal. 116:17).

3er Titulo: Es nuestro deber llevar una vida de constante entrega y consagración a Dios. Versículos 10 y 11. y con cada uno de los siete corderos, una décima; y un macho cabrío por expiación; además de la ofrenda de las expiaciones por el pecado, y del holocausto continuo y de sus ofrendas y de sus libaciones.  (Léase: 1ª a los Corintios 1:7 y 8. de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo; el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo.  ▬ 1ª a los Tesalonicenses 5:23. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.).

   Comentario de 1ª a los Corintios. (1:7-8) Dones, espirituales – Gracia:

» b. Los dones y la gracia de Dios proporcionaron una provisión plena para los creyentes corintios (v. 7). No carecían de dones espirituales de ningún tipo; de hecho, cuando se hablaba de dones espirituales, se podían comparar con la más fuerte de las iglesias. Experimentaban no solo los dones personales como la fe, el conocimiento, y las lenguas, sino los dones públicos como milagros, sanidad, y profecía; y los poseían en abundancia.

  Pensamiento 1. El creyente debe “procurar los dones mejores” y “procurar los dones espirituales” (1 Co. 12:31; 14:1). Pero el creyente siempre deberá recordar que la posesión de los dones del Espíritu no quiere decir que necesariamente sea fuerte en el Señor. No había creyentes más carnales en la época primitiva de la iglesia que los creyentes corintios. Abusaban trágicamente de sus dones y su abuso y juicio subsiguiente nos sirve de fuerte amonestación para todos.

» c. Los dones y la gracia de Dios despertaron un fuerte anhelo por el regreso de Cristo. Los dones del Espíritu nos proporcionan un anticipo de las glorias del cielo.

=> El don de la profecía o de la predicación proclama cómo será el cielo.

=> El don de ministrar demuestra el amor y compasión adorables que existen en el cielo.

=> El don de sanidad demuestra el poder y voluntad de Dios de que el hombre viva sin corrupción ni dolor.

  Cuando los dones del Espíritu están activos entre un pueblo, es algo muy natural que dentro del corazón de sus integrantes se despierte el regreso de Cristo y del cielo; porque constantemente están experimentando la presencia del Señor entre ellos y están recibiendo un anticipo del cielo.

   Mientras más activos estén los dones del Espíritu entre un pueblo, mayor será el anhelo del pueblo por el regreso del Señor. Mientras más un pueblo hable y converse acerca del Señor y se ministren unos a otros en el Señor, más anhelarán al Señor y estar con Él. Recogemos, lo que sembramos.

  Mientras más sembremos la conversación acerca del Señor y los dones del Señor, más anhelaremos que seamos segados por el Señor. Se entiende claramente el fuerte anhelo del creyente por el regreso del Señor. ¡Imagínese nada más la expectativa gloriosa que él posee!

=> El creyente sabe que recibirá una casa (un hogar) o una mansión en el cielo.

   “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Jn. 14:2, 3).

=> El creyente sabe que los sufrimientos de este mundo no son nada comparados con la gloria del regreso del Señor y del cielo.

  “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Ro. 8:18).

=> El creyente sabe que su cuerpo corruptible será cambiado por un cuerpo incorruptible y perfecto cuando venga Jesús.

  “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Fil. 3:20, 21).

=> El creyente sabe que cuando Cristo aparezca, él aparecerá con Cristo en gloria.

   “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria” (Col. 3:4).

=> El creyente sabe que se reunirá con todos sus seres amados (que fueron creyentes) cuando Jesús regrese.

   “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Ts. 4:14-18).

=> El creyente sabe que recibirá una corona de gloria ese día.

   “Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria” (1 P. 5:4).

=> El creyente sabe que será hecho a imagen de su Señor y Salvador Jesucristo.

   “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Jn. 3:2).

    (1:8) Seguridad ▬ Confirmación: El tercer recurso del creyente es la seguridad del Señor Jesucristo, la confirmación que le da al corazón del creyente. La palabra “confirmar” (bebaiosei) significa preservar y establecer, hacer categórico, firme y seguro. Jesucristo preservará y asegurará al creyente para que no caiga. Note la razón gloriosa: Que los creyentes puedan ser “irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo”.

  La palabra “irreprensibles” (anegkletous) quiere decir irreprochable, inocente. Quiere decir que nadie podrá acusar al creyente cuando se pare frente a Cristo en el día del juicio. El “día de nuestro Señor Jesucristo” traerá como resultado el tribunal de Cristo, y solo los que son preservados por la sangre y el poder de Jesucristo serán considerados irreprensibles (v. 8).

   “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6).

   “Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Ti. 1:12).

   “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (2 Ti. 4:18).

   Comentario de 1ª a los Tesalonicenses 5:23. Creyentes, deber: Resultados del comportamiento apropiado. Si el creyente se comporta como es apropiado -si alguien sigue las exhortaciones que se dan en este pasaje- experimentará cuatro cosas.

▬ 1. El creyente experimentará la presencia del Dios de paz: Paz significa estar unido, ligado y en una sola pieza. Solo Dios puede unir, ligar y armar en una sola pieza a una persona. Solo Dios puede traer paz al alma de una persona, el tipo de paz que da absoluta convicción, confianza y seguridad al corazón. Note, además, Dios posee tanta paz y está tan dispuesto a dar paz que es llamado el Dios de paz.

   “Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén” (Ro. 15:33).

   “Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros” (Ro. 16:20).

   “Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros” (2 Co. 13:11).

   “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros” (Fil. 4:9).

   “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Ts. 5:23).

   “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno” (He. 13:20).

▬ 2. El creyente experimenta santificación: La palabra santificación significa ser apartado y separado para Dios. El creyente que sigue las exhortaciones de este pasaje es grandemente bendecido por Dios: Dios toma a la persona y la aparta y separa para sí. Para Dios es una persona muy especial, por eso Dios tiene con ella una relación muy especial. Además, note la frase “por completo”: el creyente es apartado por completo para Dios, y está bajo su cuidado especial, protección y provisión.

   “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Jn. 17:17).

   “Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Co. 1:30).

   “Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra” (2 Ti. 2:21).

   “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (He. 13:12).

   “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas” (1 P. 1:2).

▬ 3. El creyente tiene guardado su espíritu, alma y cuerpo irreprensible para el día del juicio. Esta es la idea del texto griego. La palabra “para” (en) debe traducirse como “en”. Es decir, en ese día en que el Señor regrese el creyente será guardado irreprensible. Será aceptado delante de Dios y recibirá su recompensa. Note las tres partes del hombre que se detallan: espíritu, alma y cuerpo. La idea es que el hombre será guardado completo; tanto su cuerpo como su alma y espíritu. Los creyentes no van a ser una figura fantasmagórica o algún tipo de espíritu sin forma definida. Ellos tendrán cuerpos y almas resucitadas y preservadas para siempre. La persona completa -todo su espíritu, alma y cuerpo- vivirá eternamente con Dios, pero fíjese, esto es solo si el creyente sigue las exhortaciones de las Escrituras.

   “para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Fil. 2:15).

   “en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él” (Col. 1:22).

   “para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos” (1 Ts. 3:13).

   “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Ts. 5:23).

   “Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz” (2 P. 3:14).

▬ 4. El creyente experimenta la seguridad de la fidelidad de Dios. Dios llamó al creyente, por tanto, Él completa la obra en él. La obra de la salvación es obra de Dios de comienzo a fin. Si una persona no está viviendo para Dios, esto es evidencia de que en realidad no es un verdadero creyente, pero si una persona está viviendo para Dios siguiendo la exhortación de las Escrituras, esto es clara evidencia de que es un verdadero creyente, que realmente ha sido llamado por Dios. ¿Cómo lo sabemos? Porque Dios es fiel. Si una persona le pertenece a Dios, Él continuará obrando en la persona hasta que sea completamente salva en el glorioso día de redención.

   “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” (1 Ts. 5:24).

   “Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal” (2 Ts. 3:3).

   “Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo” (2 Ti. 2:13).

   “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (He. 2:17).

Domingo 03 de mayo de 2026

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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