Estudio Biblico Tiquico

Estudio Biblico Tiquico

Roberto Saldias Roa
DOMINGO 31 DE MAYO DE 2026. “LLAMADO A PRESTAR ATENCIÓN A LO ESTABLECIDO POR DIOS”.

Referencias bíblicas: Salmo 56:12 Sobre mí, oh Dios, están tus votos; Te tributaré alabanzas.

Comentario general del contexto bíblico: Versículos 3-15

Números 30:3-15 contiene las reglas relativas a los votos positivos y negativos hechos por una mujer, y se dan cuatro ejemplos diferentes.

▬ El primer caso (Números 30:3-5) es el de una mujer en su juventud, siendo aún soltera, y viviendo en la casa de su padre. Si ella hacía voto de cumplimiento o de abstinencia, y su padre se enteraba y callaba, era de pie, es decir, de quedar en vigor. Pero si su padre la detuvo cuando se enteró, es decir, le prohibió cumplirla, no debía mantenerse ni permanecer en vigor, y Jehová la perdonaría por la negativa de su padre. La obediencia a un padre estaba por encima de un servicio religioso autoimpuesto.

▬ El segundo caso (Números 30:6-8) era el de un voto de cumplimiento o abstinencia, hecho por una mujer antes de casarse, y llevado consigo (עליה, “sobre ella”) a su matrimonio. En tal caso, el marido tenía que decidir sobre su validez, de la misma manera que el padre antes de su matrimonio. En el día en que lo supiera, podría retener a su esposa, es decir, disolver su voto; pero si no lo hiciera de una vez, no podría impedir su cumplimiento después. שׂפתיה מבטא, chisme de sus labios, lo que se pronuncia sin pensar o sin reflexionar (cf. Levítico 5:4). Esta expresión implica que las mujeres solteras a menudo hacían votos de abstinencia sin pensarlo ni reflexionar. ▬ El tercer caso (Números 30:9) era el de un voto hecho por una mujer viuda o divorciada. Tal voto tenía plena vigencia, porque la mujer no dependía de un marido.

   (para la próxima lección). ▬ El cuarto caso (Números 30:10-12) era el de un voto hecho por una esposa en su estado de casada. Tal voto permanecería en vigor si su esposo permanecía en silencio cuando se enteraba y no la refrenaba. Por otro lado, no tendría fuerza si su esposo la disolvía de inmediato. Después de esto sigue la declaración general (Números 30:13-16), que un esposo puede establecer o disolver todo voto de cumplimiento o abstinencia hecho por su esposa. Sin embargo, si permaneció en silencio “día tras día”, lo confirmó con su silencio; y si después la declarara nula, llevaría la iniquidad de su mujer. עונה, el pecado que la esposa habría tenido que cargar si hubiera quebrantado el voto por su propia voluntad. Esto consistía en una ofrenda por el pecado para expiar su pecado (Levítico 5:4); o si esto fue omitido, en el castigo que Dios suspendió sobre el pecado (Levítico 5:1).

   Comentario del contexto: Los votos de una joven comprometida, 30:6–8. Al comprometerse una joven pasa de estar bajo la autoridad de su padre a la de su marido. Ahora él puede anular un voto de ella, pero tiene que hacerlo inmediatamente al enterarse del asunto.

   Referencias bíblicas: Salmo 56:12 «Sobre mí, oh Dios, están tus votos; Te tributaré alabanzas».

Eclesiastés 9.9. «Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol».

1ª Pedro 3:7. «Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo».

Decidir: Romanos 14:13. «Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano».

2ª de Corintios 13:1. «Esta es la tercera vez que voy a vosotros. Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto.».

   Regla divina para tomar decisiones correctas en el matrimonio: La regla divina principal en la Biblia para la toma de decisiones matrimoniales es buscar el acuerdo mutuo y el amor sacrificial, modelado como la relación entre Cristo y la iglesia. Esto implica someterse a Dios y honrar al cónyuge antes que a uno mismo.

Para tomar decisiones correctas en el matrimonio, la Biblia establece los siguientes pilares clave:

  • Acuerdo mutuo: Antes de actuar, ambos cónyuges deben orar y llegar a un consenso para caminar hacia un mismo propósito. Tal como dice (Amós 3:3), «¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?».
  • La Regla de Oro: Tratar a tu cónyuge de la misma manera que deseas ser tratado. En palabras de (Mateo 7:12): «Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes».
  • Sujeción y respeto: El esposo debe guiar con amor y comprender a su esposa, mientras que la esposa debe respetar a su marido (Efesios 5:33), (1 Pedro 3:7). Ambos deben ceder sus voluntades por el bien de la relación.
  • Consejo y Sabiduría: Buscar la voluntad de Dios en oración y someterse a la sabiduría de las Escrituras, evitando tomar decisiones apresuradas o dejadas solo por las emociones. (Proverbios 3:5-6) aconseja: «Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia».

   Comentario de Efesios 5:33. No obstante, que cada uno de vosotros ame a su propia esposa como a sí mismo. Obsérvese: “su propia” esposa, no cualquiera otra; “cada uno”, no hay lugar para excepciones; “como a sí mismo”, nada menos; “constantemente” (implicado en el presente imperativo durativo) no a veces sí y otras veces no. Y en lo que concierne a la esposa: y vea la esposa que respete a su marido (véase sobre el v. 22). La traducción “respete” es probablemente la mejor. En la versión inglesa “temor” (A.R.V.) resulta algo ambiguo. Aunque tal vez no sea una traducción errónea, ya que el verbo temor se puede emplear en el sentido de reverencia (VRV antigua “reverencie”), sin embargo, dado que, debido al uso popular esta palabra lleva a pensar en pavor, miedo, espanto, y dado que, “En el amor no hay temor; sino que el perfecto amor echa fuera el temor” (1 Jn. 4:18), resulta tal vez mejor usar la palabra “respete” (VRV 1960). Vea la esposa, por tanto, que “rinda todo respeto a su esposo”

   Comentario de Tito 2:4 y 5. 4 y 5. Tal “enseñanza por el ejemplo” tiene como uno de sus propósitos la “enseñanza” de las mujeres más jóvenes que están casadas. Por eso Pablo continúa: de modo que puedan enseñar a las mujeres más jóvenes a ser:

▬ a. amantes con sus maridos y ▬ b. a que amen a sus hijos (amantes de hijos), ▬ c. dueñas de sí ▬ d. castas, ▬ e. hacendosas, ▬ f. amables, ▬ g. sujetas a sus maridos.

   Uno entiende de inmediato que nadie—ni siquiera Tito—está mejor preparado para enseñar a las mujeres jóvenes que una mujer anciana, experimentada. Nótese el énfasis sobre el amor. A la mujer cristiana joven hay que enseñarle a amar a su marido y a amar a sus hijos. ¿No fue el amor lo que la salvó? Véase Jn. 3:16. Este amor, venido del cielo, siendo derramado en el corazón, debe “fluir” hacia los demás; y ciertamente entre aquellos “otros” deben ocupar el lugar prominente su marido y sus propios hijos. Además, la virtud cristiana del dominio propio, “dueñas de sí”, —la misma virtud que se exige no solamente de los obispos (Tit. 1:8; luego 1 Ti. 3:2) sino también de los ancianos en general (v. 2) y que está implícito en lo que se exige a las ancianas (v. 3)—es un requisito imprescindible para toda esposa y madre cristiana práctica. Las mujeres más jóvenes deben evitar escrupulosamente toda inmoralidad de pensamiento, palabra y acción. Además, deben concentrar la atención en sus propias familias. Por eso, no solamente deben ser castas, sino también hacendosas (véase comentario sobre 1 Ti. 2:10 y especialmente sobre 1 Ti. 5:13). Las dos virtudes se encuentran obviamente relacionadas. Ahora bien, mientras desarrollan sus tareas en la familia, estas mujeres jóvenes deben tener cuidado con no ponerse irritables o crueles debido a la tensión constante de los quehaceres domésticos. Deben orar pidiendo gracia para seguir siendo amables, y esto no solamente con los maridos e hijos, sino también con los esclavos.

   Además, para que las mujeres cristianas no comiencen a pensar que la igualdad en posición espiritual ante Dios y la gran libertad que ahora les pertenece como creyentes (Gá. 3:28) las autoriza para olvidar la ordenanza divina de creación respecto de su relación con el marido (Gn. 3:16), Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, agrega que deben estar “sujetas a sus maridos” (véase también comentario sobre 1 Ti. 2:11–15, y cf. Ro. 7:2; 1 Co. 7:4; 14:34, 35; Ef. 5:22–24, 33; Col. 3:18; 1 P. 3:1–6). Ciertamente a la luz de Gn. 24:67; Ef. 5:22–33; Col. 3:19; 1 P. 3:7, cuando el marido también es creyente, esto no es una carga. Y cuando no lo es, entonces hacerlo “para el Señor” hace que la carga sea tolerable.

   Ahora se agrega una frase que indica propósito, que probablemente califica no solamente el último requisito, sino los siete: para que la palabra de Dios no sea vituperada. Véase comentario sobre 1 Ti. 6:1. Este es lenguaje característicamente paulino; cf. Ro. 2:24. A su vez, él lo tomó del Antiguo Testamento (Is. 52:5). Una mala conducta de parte de las mujeres jóvenes fácilmente conduciría a que se hicieran observaciones calumniosas con respecto al evangelio. No solamente los griegos juzgan una doctrina por sus efectos prácticos en la vida cotidiana (Crisóstomo), sino también el mundo en general.

   Si las madres jóvenes, que profesan ser cristianas, manifestasen falta de amor por sus maridos y por sus hijos, falta de sensatez, de pureza, de apego al hogar, de bondad y sumisión, harían que el mensaje de salvación fuese vilipendiado por los de afuera. Además, se debe tener presente, que cuando Pablo dice “para que la palabra de Dios no sea vituperada”, quiere decir, “para que la palabra de Dios sea honrada”. Esto también, como se notó anteriormente, es un modo típicamente paulino de hablar (véase pp. 14, 15).

   Comentario de Proverbios 12:4: El enfoque del v. 4 es la mujer y su carácter. El tema de la esposa es frecuente en Proverbios (ver 2:16–19; 5:32; 6:20–35; 7:5–27; 9:1–6, 13–18; 18:22; 19:13, 14; 21:9, 19; 25:24; 27:15, 16; 31:10–31). Junto a los pasajes sobre la madre (ver 1:8; 4:3; 6:20; 10:1; 15:20; 19:26; 20:20; 23:22, 25; 28:24; 29:15; 30:11, 17; 31:1, 28), los pasajes sobre la esposa terminan el cuadro del papel fundamental de la mujer en el tiempo de Salomón-Ezequías (un período de más que 200 años). Hay dos contrastes: la mujer adúltera y la esposa infiel; la mujer rencillosa y la que es corona de su marido. La mujer del v. 4 es jayit 2428, que tiene como idea básica “la fuerza” o “la eficiencia”. La mujer (o el hombre) que es moralmente fuerte, es por ende virtuosa (ver 31:10; Rut 3:11). La mujer virtuosa es corona o “el honor” en el sentido figurativo (ver 4:9; 14:24; 16:31; 17:6) de su marido. Ella es un gran valor en la familia, una compañera ideal. Al contrario, la mujer bosh trae “la vergüenza” (ver 10:5; 14:35; 17:2; 19:2; 29:15), y entonces, es como carcoma (la comida de gusanos; ver 10:7; 14:30) al marido (lit. “a los huesos” para mostrar la pudrición de algo vital). El marido de la mujer vergonzosa es perjudicado, mientras el de la mujer virtuosa es favorecido. Mientras una se puede mostrar en público como una corona, la otra da vergüenza. Un escrito egipcio aconseja: “Si eres hombre de nota, debes fundar tu hogar y amar a tu mujer en él como conviene. Llena su vientre; viste su espalda. Ungüento es lo prescrito para su cuerpo.

   Alegra su corazón mientras vivas. Es campo provechoso para su señor (eufemismo para “ella le puede dar hijos”). No debes disputar con ella ante la ley e impide que gane dominio… su ojo es un torbellino. Que su corazón se apacigüe mediante lo que te aumente; eso significa tenerla largo tiempo en tu casa” (La Sabiduría del Visir Ptah-Hotep). Y Don Quijote cita este proverbio cuando habla de la mujer del pobre: “El pobre honrado… tiene prenda en tener mujer hermosa, que cuando se la quitan, le quitan la honra y se la matan. La mujer hermosa y honrada cuyo marido es pobre merece ser coronado con laureles y palmas de vencimiento y triunfo. La hermosura, por sí sola, atrae las voluntades de cuantos la miran y conocen… y la que está a tantos encuentros firme bien merece llamarse corona de su marido.”

    Comentario de Efesios 5:22 al 24. Esposas, (someteos) a vuestros propios maridos como al Señor. Parte del material hallado en 5:22–6:9 es paralelo a Colosenses 3:18–4:1. Cada vez que esto sucede, dirijo al lector a N.T. sobre Colosenses y Filemón, en cuanto a detalles exegéticos. Esto dará mayor lugar para extenderse en el presente comentario sobre los pasajes de Efesios que no se hallan en Colosenses.

   No existe en la tierra institución más sagrada que la familia. Ninguna es tan básica. Según sea la atmósfera religiosa en la familia, así la será en la iglesia, la nación, y la sociedad en general. Ahora bien, con bondadosa comprensión de la mujer, el Señor, que sabe perfectamente que dentro del núcleo familiar la mayor parte del cuidado de los hijos descansa sobre la esposa, se agradó en no sobrecargarla. Es por esto que colocó la responsabilidad fundamental en lo que respecta a la familia sobre los hombros del esposo, de acuerdo a las dotes que le fueron dadas en la creación. Entonces aquí, por medio de su siervo, el apóstol Pablo, el Señor asigna a la esposa el deber de obedecer a su esposo. Tal obediencia ha de ser una voluntaria sumisión de su parte, y esto solamente a su propio marido, no a cualquier hombre. Lo que facilita esta obediencia, por otro lado, es que se le solicita hacerlo “como al Señor”, es decir, como parte de su obediencia a Él, El mismo que murió por ella. Prosigue: 23. porque el marido es la cabeza de la esposa. Un hogar sin cabeza es una invitación al caos. Es causa de desorden y desastre peor aún que el que se produce cuando una nación se halla sin gobernante o un ejército sin comandante. Por excelentes razones (véase 1 Ti. 2:13, 14) le plugo a Dios asignar al esposo la tarea de ser cabeza de la esposa, y por tanto de la familia. Esto de ser cabeza, además, implica algo más que sólo tener el mando, lo cual es claro por las palabras que vienen a continuación, así como Cristo es la cabeza de la iglesia (siendo) él mismo el Salvador del cuerpo. Esta declaración puede resultar sorpresiva para los que han tenido la costumbre de enfatizar la autoridad del esposo sobre la esposa. Indudablemente él tiene tal autoridad y le corresponde ejercerla, pero nunca en forma dominante. La comparación de Cristo como la cabeza de la iglesia (cf. 1:22; 4:15; Col. 1:18) revela el sentido en que el marido es la cabeza de la esposa. Es su cabeza en cuanto a estar vitalmente interesado en el bienestar de ella. Es su protector. ¡Su modelo es Cristo quien, como la cabeza de la iglesia, es su Salvador! Lo que Pablo quiere decir, entonces, equivale a lo siguiente: La esposa debe someterse voluntariamente a su esposo a quien Dios le ha asignado como cabeza suya. Ella ha de reconocer que, en su calidad de cabeza, su esposo se halla tan íntimamente unido a ella y tan profundamente preocupado de su bienestar, ¡que su relación hacia ella tiene como base el interés sacrificial de Cristo por su iglesia, la cual compró con su propia sangre! Nos vienen a la mente aquellos pasajes del Antiguo Testamento en que vívidamente se describe el amor de Jehová por su pueblo. Hay, por ejemplo, la historia de la inquebrantable ternura de Oseas hacia su esposa Gomer. Aunque ésta no le fue fiel y yéndose tras otros “amantes” y concibiendo “hijos de fornicación”, sin embargo, Oseas, en lugar de rechazarla, se desliza a lugares de vergüenza, la compra por quince siclos de plata y un homer y medio de cebada, y la restaura a su anterior situación de honor (Os. 1–3; 11:8; 14:4). Tocante a otros pasajes que describen el maravilloso y vindicador amor del esposo (de Jehová) véase Is. 54:1–8; 62:3–5; Jer. 3:6–18; 31:31–34. Entonces, ¡ojalá que la esposa obedezca a su esposo que la ama tanto! Y que tenga siempre presente que al ser obediente a su esposo está obedeciendo a su Señor.

   No todos aceptan esta interpretación sobre el pasaje. Además de los que interpretan la cláusula, “(siendo) él mismo el Salvador del cuerpo” como referencia directa no a Cristo sino al esposo como defensor de la esposa (en cuyo caso la traducción debe ser salvador, no Salvador), interpretación tan discordante con las palabras que inmediatamente preceden que no vale la pena comentarla, están también aquellos que creen que la referencia a Cristo como el Salvador de la iglesia es algo mencionado de paso, o tal vez expresa “una relación de Cristo y su iglesia sin analogía entre la relación del esposo y su esposa”. No se explica por qué exactamente el apóstol haya insertado esta cláusula si nada hubiese tenido que ver con el asunto tratado. Por otro lado, Calvino, al comentar las palabras, “Y él es el Salvador (o “salvador”) del cuerpo”, hace la siguiente y muy acertada observación, “El pronombre él según algunos se refiere a Cristo; y según otros al esposo. La aplicación más natural, según mi opinión, es a Cristo, pero siempre con una proyección al tema presente. En este punto, como también en otros, la semejanza debe ser mantenida”. Incidentalmente, es bueno llamar la atención al hecho de que en el propio caso de Calvino la semejanza entre a. el amor de Cristo y su preocupación para con la iglesia y b. el amor y preocupación de Calvino para con Idelette era evidente. Contrario a la opinión de muchos que siempre están describiendo a Calvino como un individuo duro y autocrático, nos hallamos ante un hombre que amaba a su esposa tiernamente; a la vez ella le obedecía con la misma alta devoción. P. Schaff dice, al comentar acerca del carácter de Calvino, y especialmente sobre la relación de él con su esposa, “Nada puede ser más injusto que acusar a Calvino como frío e incomprensivo”

   Pablo resume el contenido de los vv. 22 y 23 como sigue: 24. Pues bien, así como la iglesia está sujeta a Cristo así también las esposas (deben estar sujetas) a sus maridos en todo. La sumisión motivada no sólo por la convicción, “Esto es bueno y justo porque Dios lo demanda”, sino también por un amor en respuesta al amor de Cristo (1 Jn. 4:19). Que esto mismo sea la realidad con respecto a la sumisión de las esposas a sus esposos.

Además, la obediencia no debe ser parcial, de modo que la esposa obedezca a su esposo cuando sucede que los deseos de él coinciden con los de ella, sino completa: “en todo”. Esta frasecita no debe, por otro lado, ser interpretada como si dijese “absolutamente todo”. Si el esposo demandase de ella algo contrario a los principios morales y espirituales establecidos por Dios mismo, la sumisión sería incorrecta (Hch. 5:29; cf. 4:19, 20). Hecha esta excepción, no obstante, su obediencia debe ser completa.

   Comentario de Números 30:9: Los votos de una mujer viuda o divorciada, 30:9. En estos casos, la mujer no está bajo la autoridad de ningún hombre; ella es responsable por ella misma. Por eso, sus votos siempre tienen vigencia como los de un hombre.

   Referencias bíblicas: Lucas 21:1-4. «Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas. Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas. Y dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos. Porque todos aquéllos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; más ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía.» (Se toma como un voto porque dio lo que tenía.)

   Las mujeres libres de marido deben cumplir sus votos en el temor de Dios: Las mujeres libres de marido (es decir, viudas o divorciadas) tienen la plena potestad y responsabilidad sobre sus votos. Según las Escrituras, ellas deben cumplir con firmeza las promesas, juramentos o votos que hagan ante Dios.

El principio de los votos según la Biblia

  • El mandato general: Se establece que la palabra empeñada ante Dios es un asunto serio y sagrado que no debe tomarse a la ligera.
  • La autoridad: A diferencia de una mujer casada (cuyos votos podían ser anulados por su esposo o padre), la viuda o divorciada tiene autonomía para comprometerse, por lo que está obligada a cumplirlo.
  • El temor de Dios: Cumplir los votos en «temor de Dios» significa honrar los compromisos con reverencia, honestidad y fidelidad, reconociendo que Dios es testigo de la promesa hecha.

   Comentario de 1ª de Samuel 1:11: Súplica de su madre, 1:8–18. Aquí tenemos la oración de Ana. ¿Por qué oraba y suplicaba con tanta emoción e intensidad? En primer lugar, para la mujer hebrea la falta de hijos tenía en Israel el sentido de reproche y aun deshonra. Elizabet alababa a Dios por haber quitado su afrenta (Luc. 1:25). Aun-que no se expresara, existía la tendencia de pensar en la esterilidad como un castigo de Dios por algún pecado cometido. Por el otro lado, los hijos serían una bendición de Dios (Sal. 127:3). En segundo lugar, su rival Penina le afligía, provocándola con sus acusaciones. En su envidia (v. 6) y con celos la incitaba e insultaba. Esto seguía cada año (v. 7), amargando su espíritu. ¡Con razón Ana fue a suplicar a Dios!

   Su oración es un ejemplo de todo lo que debe ser la oración eficaz (Stg. 5:16 donde eficazmente quiere decir, enérgica o activamente). Fue en ayunos (v. 7) y con lágrimas (v. 10). Estaba bajo voto (v. 13) y demostraba humildad (llama señor a Elí y se refiere a sí misma como tu sierva según v. 15 y 18). Aunque Elí la juzgó equivocadamente como mujer impía (v. 16 donde impía quiere decir “de belial” o sea sin valor e inútil), ella pide gracia y la recibe (v. 18). Cree en la palabra de Elí como emanando de Dios y se va contenta. Esta es la clase de fe como la describió Jesús (Mar. 11:24).

   Comentario de 1ª de Samuel 1:26-28. Su presentación, 1:24–28. Un becerro fue sacrificado para la dedicación de Samuel (v. 25), probablemente en cumplimiento del voto que había hecho Ana (ver Lev. 22:18–21 y Núm. 15:8, 9). Se presentó como una expresión de su dependencia en el Dios del pacto y de ser consciente de que toda bendición viene de él. Y lo hizo estrictamente de acuerdo con la ley de Moisés en obediencia a sus indicaciones.

   Ana explicó a Elí el motivo de su viaje y le recuerda de su conversación unos años antes. Es curiosa su expresión en los vv. 27 y 28 donde cuatro veces usa la misma palabra que se traduce pedir. La palabra también tiene el sentido de “prestar” y podemos traducir: “Por este niño oraba, y Jehovah dio mi pedido que le pedí. Yo ahora lo pido (presto) a Jehovah todos los días que viva, él habiendo sido pedido (prestado) para Jehovah.” Dios le había dado a Ana su hijo Samuel. Ella se lo devolvió a Jehovah. Y a base de esto adora. Toda verdadera adoración es un acto de darse al Señor juntamente con todo lo que uno tenga. ¡Es decirle al Señor que él es digno de todo!

   Ana dedicaba su hijo a Jehovah. Y esta dedicación significa que él estaría bajo el voto de nazareo5139. Esta palabra en heb. quiere decir “dedicar” y los detalles del voto de esta consagración se encuentran en Números 6:1–6. Aunque el voto generalmente sería para un cierto tiempo determinado, Ana lo dedica todos los días de su vida totalmente a Jehovah. Es evidente que tiene en mente este voto por la referencia en 1:11. La navaja no tocaría su cabeza como símbolo de su dedicación a Dios. La navaja se usaba más para “raer” el pelo puesto que el hombre hebreo llevaba barba y no se afeitaba. Solamente los sacerdotes se recortaban el pelo (Eze. 44:20). Los demás raerían su pelo de vez en cuando. Los símbolos de esta dedicación representaban la entrega de sus emociones (abstenerse del vino), de su voluntad (no cortarse el pelo) y de su cuerpo (no tocar ningún muerto). Ahora no vivimos bajo la ley, pero Jesús pide a cada discípulo que vaya en pos de él, se niegue a sí mismo, y que le siga. Significa una dedicación total y voluntaria.

   Comentario de 1ª de Samuel 25:41: David tomó a Abigaíl como esposa (v. 40). Se explica que Mical había sido dada a Palti, oriundo de Galim, un pueblo entre Gabaa y Jerusalén (Isa. 10:30). Así siendo David privado de su esposa, se casó con la viuda que había sido tan sabia y le había librado de la violencia. Esta unión produjo un hijo llamado en 2 Samuel 3:3 Quileab que quiere decir perfección o “exactamente como su padre”. No se sabe por qué se llama Daniel en 1 Crónicas 3:1. Pero Daniel es “Dios es mi juez” y ese nombre también expresa bien su justificación dada por Dios al juzgarle a Nabal por sus malas acciones. David tomó durante este tiempo a otra esposa que se llama Ajinoam, no de ser confundida con la esposa de   Saúl que se llama igual (1 Sam. 14:50). Esta es de Jezreel, seguramente no la ciudad en Galilea sino un pueblo aproximadamente a diez km. al sudoeste de Hebrón (Jos. 15:55, 56). El hijo de esta unión, Amnón, fue asesinado más adelante por Absalón (2 Sam. 13:28). La ley de Moisés permitía más de una esposa (Deut. 21:11–15), aunque Jesús aclara que desde el principio no fue así (Mat. 19:4–6). Lamec fue el primero que deliberadamente se desvió de este ideal (Gén. 4:19), seis gene-raciones distantes de Adán. La ley también advierte al rey no multiplicar esposas (Deut. 17:17). Y aun en el AT siempre se vinculaba la felicidad doméstica con el matrimonio monógamo (Proverbios 31; Salmo 128; 2 Rey. 4:1, 9). David tenía por lo menos siete esposas (2 Sam. 3), pero para un rey de aquellos tiempos serían relativamente pocas en comparación con las costumbres que existían.

   Comentario de 1ª Timoteo (5:3) Viudas ▬ Padres ancianos: A las viudas se les debe honrar. Honrar significa respetar y estimar, pero también significa considerar y cuidar como se debe. Conlleva la idea de atender y preocuparse por alguien, de proporcionarle ayuda material. La iglesia debe honrar, respetar y tener en alta estima a todas las viudas cristianas. Pero fíjese en la frase “que en verdad lo son”. Esto limita el apoyo material de la iglesia. No todas las viudas necesitan ayuda. Algunas tienen familias y bienes que les pueden ayudar. Las viudas que no tienen familia y cuyas finanzas son inadecuadas son a las que la iglesia debe ayudar y sustentar. Esas son las viudas a las que debemos honrar con la ayuda material de la iglesia.

   (5:4-6) Viudas ▬ Hijos ▬ Padres ancianos: Los hijos y sus padres viudos. Note cuatro puntos significativos.

▬ 1. Los hijos deben cuidar de sus padres y abuelos. Este es un planteamiento sólido. De hecho, el primer deber de un hijo es ser piadoso en su casa, es decir…

• vivir por Cristo en el hogar.

• ser responsable y cuidar de su propia familia.

    Un verdadero creyente es cristiano en el hogar antes de serlo en ningún otro lugar. Su primer deber como cristiano es amar y cuidar de su propia familia y esto incluye a sus padres y sus abuelos. Sus padres y abuelos le amaron y cuidaron cuando era pequeño, por tanto, ahora le toca a él amarlos y cuidarles cuando ya no pueden valerse por sí mismos.

   Fíjese en la declaración: “porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios”. Ninguna otra acción es buena o aceptable delante de Dios. Un hijo cristiano debe amar y cuidar de sus padres viudos o de lo contrario tiene la desaprobación de Dios (cp. v. 8).

▬ 2. Los padres viudos que son verdaderos cristianos deben vivir vidas irreprensibles. ¿Quiénes son las viudas “en verdad”, aquellas a quienes la iglesia debe cuidar?

=> La persona que “ha quedado sola” (memonomene): Que ha quedado completamente sola; sin esposo, hijo o pariente cercano.

=> La persona que “espera en Dios”. El griego dice que “ha puesto su esperanza en Dios”; que “ha depositado su esperanza [y la mantiene] en Dios”. Nótese lo que Dios declara: “en mi confiarán tus viudas” (Jer. 49:11).

=> La persona que es diligente en súplicas (búsqueda ferviente) y oraciones noche y día.

   La viuda que verdaderamente confía en Dios y centra su vida y su atención en orar día y noche, esa viuda es una verdadera cristiana, una persona enfocada en Cristo y su misión, tal y como lo está la iglesia. Por tanto, la iglesia debe preocuparse y cuidar a sus queridos santos de Dios. Ffijese en el contraste: Algunas viudas viven entregadas a los placeres, es decir, en entregan a la carne y el mundo. Andan de fiesta en fiesta, se emborrachan y viven vidas inmorales. La iglesia no debe apoyar estas prácticas. La energía y recursos de la iglesia no deben usarse para complacer y permitir la mundanalidad y el pecado. Una mujer así “viviendo está muerta”. Está muerta para Dios y sus cosas.

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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