LECCION: Números 31: 17 al 20. 17. Matad, pues, ahora a todos los varones de entre los niños; matad también a toda mujer que haya conocido varón carnalmente. 18. Pero a todas las niñas entre las mujeres, que no hayan conocido varón, las dejaréis con vida. 19. Y vosotros, cualquiera que haya dado muerte a persona, y cualquiera que haya tocado muerto, permaneced fuera del campamento siete días, y os purificaréis al tercer día y al séptimo, vosotros y vuestros cautivos. 20. Asimismo purificaréis todo vestido, y toda prenda de pieles, y toda obra de pelo de cabra, y todo utensilio de madera.
Comentario del contexto Bíblico: Versículos 13-18: Tratamiento de los Prisioneros. – Cuando Moisés salió al frente del campamento con Eleazar y los príncipes de la congregación para recibir a los guerreros que regresaban, se enojó con los comandantes, porque habían dejado vivas a todas las mujeres, ya que ellos habían sido la causa. , por instigación de Balaam, de la apostasía de los israelitas de Jehová para adorar a Peor; y ordenó que todos los niños varones fueran asesinados, y toda mujer que se hubiera acostado con un hombre, y solo las niñas jóvenes que hasta entonces no habían tenido conexión con un hombre, que fueran dejadas con vida. החיל פּקוּדי, lit., las personas designadas, es decir, los oficiales del ejército, que luego se dividían en príncipes (capitanes) sobre miles y cientos. – “Que venía de la batalla”, es decir, que había vuelto. La pregunta en Números 31:15, “¿Habéis dejado con vida a todas las mujeres?” es una expresión de descontento y reprensión por haber hecho esto. למסר־מעל … היוּ, “se han vuelto para los israelitas obrar infidelidad hacia Jehová”, es decir, los han inducido a cometer un acto de infidelidad hacia Jehová. La palabra מסר, que solo aparece en este capítulo, a saber, en Números 31:5 y Números 31:16, parece usarse en el sentido de dar, entregar y luego, como נתן, hacer, hacer, efectuar. Sobre el hecho mismo, véase Números 25:6. El objeto de la orden de dar muerte a todos los niños varones era exterminar a toda la nación, ya que no podía perpetuarse en las mujeres. Del sexo femenino, debían ser condenados a muerte todos los que hubieran conocido el acostarse con un hombre, y por lo tanto posiblemente pudieran haber estado involucrados en el culto licencioso de Peor (Números 25:2), para preservar a la congregación de toda contaminación de esa idolatría abominable.
Versículos 19-20: Purificación de los Guerreros, los Prisioneros y el Botín. – Moisés mandó a los hombres de guerra que permanecieran siete días fuera del campamento de la congregación, para llevar a cabo al tercer y séptimo día la purificación legal de aquellas personas y cosas que habían quedado impuras por contacto con cadáveres. Todo el que hubiera matado un alma (persona), o tocado a alguien que había sido asesinado, debía ser purificado, ya fuera un guerrero o un prisionero. Y también toda la ropa, los artículos de cuero, los materiales de pelo de cabra y todas las cosas de madera.
“Justo juicio de Dios por el pecado”: [2] (Romanos 2:2-5) Juicio ▬ Dios, concepto deformado de ▬ el hombre: el juicio de Dios ▬el único Dios vivo y verdadero▬ es según laverdad. El juicio de Dios será ejecutado con perfecta justicia. Lapalabra «verdad» (aletheian) significa verdadero en oposición alo falso. Significa lo que realmente es; lo que existe en realidad;lo que exactamente ocurre. El juicio de Dios es perfectamente justo, exactamente lo que debiera ser, nada más y nada menos.
Su juicio está basado en…
• lo que realmente ocurre.
• los hechos.
• los sucesos reales.
• lo que una persona es realmente en su interior y lo que la persona realmente hizo.
«Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón» (1 S. 16:7).
Dios sabe la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad; por lo tanto, Él juzgará según la verdad. Su justicia será perfecta, conformándose exactamente a nuestros hechos. Se conformará perfectamente a nuestras acciones.
Note cuatro hechos:
▬ 1. El moralista piensa que escapará. Su ofensa es mucho mayor, porque es como todos los demás hombres: pecador y destituido de la gloria de Dios. Sin embargo, critica y juzga a aquellos cuyas fallas han sido descubiertas y denunciadas, y piensa que escapará. Olvida que Dios ve las partes más recónditas del interior del ser humano, y que Dios juzgará a los hombres no solamente por sus acciones, sino por sus pensamientos…
• por la concupiscencia de la carne.
• por la concupiscencia de los ojos.
• por la vanagloria de la vida (1 Jn. 2:15-16).
«¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?» (Mt. 23:33).
«Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse» (Lc. 12:2).
▬ 2. El moralista piensa que Dios es demasiado bueno para castigar. Cuando piensa en Dios, piensa en las riquezas…
• de la bondad (chrestotes): su bondad, gracia y amor.
• de la indulgencia (anoche): su capacidad para refrenar, retener abstenerse y de controlar su justicia.
• de la paciencia de Dios: soportar largo tiempo; paciente y tardo para juzgar el pecado.
Por cierto, Dios es todo esto y mucho más. Lo que el moralista no logra ver es que la bondad de Dios…
• no es un cheque en blanco para pecar.
• no da licencia para pecar.
• no condona el pecado.
• no consiente el pecado.
• no pasa por alto el pecado.
La bondad de Dios consiste en conducir a los hombres al arrepentimiento, no al pecado. El hecho de que Dios quiere perdonar el pecado debiera estimular a los hombres a buscar el perdón y a complacer a Dios. Si un hombre sale y peca, pensando que Dios lo pasará por alto y perdonará su pecado, está despreciando la benignidad de Dios. Está tomando la bondad de Dios y haciendo de ella una imitación, una burla, un chiste, una cuestión de indulgencia. El hombre que desprecia la bondad de Dios -que peca pensando que Dios pasará por alto su pecado- está equivocado. Comete un error. Dios no pasa por alto el pecado para perdonarlo; no condona, no consiente ni da licencia a su pecado. Dios lo juzgará y el juicio será según verdad.
«¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos ni los maldicientes, ni los estafadores heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; más ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios» (1 Co. 6:9-11).
«No erréis: las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Velad debidamente y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo» (1 Co. 15:33-34).
▬ 3. El moralista piensa que el hombre es básicamente bueno. Piensa que el hombre puede ser suficientemente bueno para que Dios lo acepte. Piensa que Dios mira lo bueno del hombre y que dentro de cada hombre hay bien suficiente para que Dios lo acepte. El moralista piensa que la bondad de Dios acepta del hombre…
• las buenas obras.
• los buenos sentimientos.
• los buenos pensamientos.
• la buena naturaleza.
• la buena conducta.
• las buenas tendencias.
Por cierto, Dios se complace en cualquier bien que el hombre haga. Pero lo que el moralista no logra ver es que la bondad de Dios es perfecta. Él no puede aceptar…
• obras imperfectas.
• malos sentimientos.
• pensamientos sucios.
• la naturaleza corruptible.
• mala conducta.
• los deseos pecaminosos.
Dios sólo puede aceptar la perfección. Ningún hombre es perfecto: en naturaleza, pensamiento ni conducta. Por lo tanto, todos los hombres son inaceptables delante de Dios. Ningún hombre es suficientemente bueno para ser aceptable a Dios, no importa cuán bueno sea. La bondad de Dios consiste en conducir al hombre al arrepentimiento: hacer volver a los hombres a Dios en busca de justicia, no consiste en declarar la justicia propia del hombre. El hecho de que Dios permite el arrepentimiento debiera estimular a los hombres…
• a confesar sus imperfecciones a Dios, además de su justicia propia.
• buscar la justicia de Dios que es en Cristo Jesús el Señor.
Pensamiento. Mucha gente piensa que Dios los aceptará, que en último análisis son suficientemente buenos y Dios los aceptará. No imaginan que Dios los rechazará, no, al fin y al cabo. Lo que no logran ver es que el juicio de Dios está basado en la verdad: la verdad en cuanto a cuáles son los pensamientos y motivos de la persona, de lo que hay realmente en la mente y el corazón de la persona. El juicio
de Dios está basado en la verdad de la naturaleza y conducta imperfecta de la persona.
«Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios» (Ro. 1:21-22).
«Porque no nos atrevemos a contarnos ni a comparamos con algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismo, no son juiciosos» (2 Co. 10:12).
▬ 4. El moralista endurece su corazón contra el juicio de Dios. Se niega a arrepentirse. No puede aceptar el hecho de que…
• no es suficientemente bueno para que Dios lo acepte.
• la bondad y el amor de Dios siempre lo condenarían.
Pero note la expresión «justo juicio» (dikaiokrísias), lo que significa justo, equitativo, imparcial, correcto, exacto. El juicio de Dios es un juicio que debiera existir, que debiera ocurrir y que ocurrirá. En efecto, Dios debe juzgar, porque Dios es amor. Puesto que es amor, debe poner en regla todas las injusticias de la tierra. Debe rectificar los errores y debe corregir todas las injusticias de los hombres. Debe juzgar a los hombres con un «juicio justo» y perfecto.
Note también la expresión «atesoras›› (thesaurizo), que significa almacenar, amontonar, reservar. El hombre que endurece su corazón y se niega a arrepentirse almacena más y más ira contra sí mismo para el día del juicio. El hecho se ve claramente. Piénsese solamente en lo terrible que es para el hombre rebelarse contra la bondad de Dios. Tiene el glorioso privilegio de conocer la bondad de Dios, de oír la proclamación de su bondad cada día, semana tras semana, de mes a mes, año tras año. No obstante, desprecia la bondad de Dios, no quiere arrepentirse y rechaza la benignidad de Dios repetidas veces. Con su rechazo almacena ira contra sí mismo. El juicio de Dios será mayor contra él que contra una persona que nunca ha tenido el privilegio de oír de la benignidad de Dios.
«Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido?» (Lc. 12:49).
«El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él» (Jn. 3:36).
«Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio» (2 P. 2:9).
«Pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos» (2 P. 3:7).
«El hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado, y no habrá para él medicina» (Pr. 29:1).
[3]. (2:6-10) Juicio: el juicio de Dios -el único Dios vivo y verdadero- es según las obras (Pr. 24:12; 2 Ti. 4:14; cp. Mt. 16:27; Ap. 22:12), y será universal. Cada persona será recompensada eternamente o será eternamente castigada. No habrá excepciones; nadie escapará.
Ahora bien, note que el juicio se basará sobre las «acciones» (ergon) u obras. Esto no significa que la fe no es necesaria. Por el contrario, no existe
• la fe sin obras.
• obras justas y aceptables sin fe.
Las buenas obras -las obras que son verdaderamente de Dios, que agradan a Dios- son el resultado de la fe. Los hombres creen en muchas cosas diferentes en el mundo, a las que sirven y trabajan por ellas. Algunos creen y trabajan…
• por la religión y trabajan por ella.
• por clubes sociales.
• por organizaciones de servicio.
• por la humanidad.
Lo que Dios pide de los hombres es que primero crean en Él y trabajen para El, evangelizando a un mundo perdido y que está aprisionado en una necesidad desesperante. Cuando el hombre cree verdaderamente en Dios, trabaja para Dios. (Cp. Stg. 2: 17s.). Dios va a recompensar o castigar a todo hombre conforme a sus obras, según lo que haya hecho con Dios y por Él.
▬ 1. Habrá una maravillosa recompensa para los que hacen bien, note tres cosas acerca de los que hacen bien.
» a. Note lo que buscan: gloria, honra e inmortalidad.
» b. Note cómo es la búsqueda del que hace bien: «perseverando en bien hacer» (hupomone). La palabra significa estar firme y constante; soportar, perseverar, ser fiel, y continuar. El bienhechor es fiel y sigue haciendo buenas obras.
• no sólo las empieza, las termina.
• no vive una vida inconstante, contradictoria, con altibajos. Sigue haciendo buenas obras en forma constante.
• no cede en las dificultades, en los tropiezos, en la oposición. Soporta y persevera haciendo siempre el bien.
«Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado» (1 P. 1:13).
«He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona» (Ap. 3:11).
» c. Note la maravillosa recompensa del que hace bien: vida eterna. Se dice que la vida eterna es heredar un mundo de gloria honra y paz (v. 10; cp. Ro. 4:13).
▬ 2. Habrá un juicio terrible y severo contra el que hace mal. El malhechor será juzgado por tres razones.
» a. Es contencioso contra Dios. Al malhechor no le gusta lo que Dios dice; en consecuencia, lucha contra lo que Dios ha hablado. Lucha, combate, batalla y pelea contra Dios. Se niega a doblar su rodilla bajo la voluntad de Dios; no quiere rendirse a la voluntad de Dios. Cuando trata con Dios, el malhechor es contencioso.
» b. No obedece a la verdad. Ve, oye y conoce la verdad. Llega al punto de saber que la verdad hay que cumplirla, pero se niega a hacerlo. Se niega a ser persuadido y no quiere creer. Rechaza a Cristo, la Verdad viva, y la Palabra de Dios, la verdad escrita. Simplemente sigue su propia forma de vivir, conduciéndola y controlándola a su antojo. Rechaza la verdad y se niega a creerla y a hacerla.
» c. Hace la injusticia.
▬ 3. El malhechor debe ser juzgado, tanto el judío como el gentil. Ningún malhechor escapará. «Todo ser humano que hace lo malo» sufrirá y el juicio de Dios será severo y terrible. Su juicio involucrará indignación e ira, tribulación y angustia.
«Y castigaré al mundo por su maldad y a los impíos por su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios y abatiré la altivez de los fuertes» (Is. 13:11).
«Porque he aquí que Jehová sale de su lugar para castigar al morador de la tierra por su maldad contra él; y la tierra descubrirá la sangre derramada sobre ella, y no encubrirá ya más a sus muertos» (Is. 26:21).
«Como para vindicación, como para retribuir con ira a sus enemigos, y dar el pago a sus adversarios; el pago dará a los de la costa» (Is. 59:18).
«Yo os castigaré conforme al fruto de vuestras obras, dice Jehová, y haré encender fuego en su bosque, y consumirá todo lo que está alrededor de él» (Jer. 21:14).
«Porque he aquí, viene el día ardiente como un homo, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama» (Mal. 4:1).
▬ 4. Todo aquel que hace bien será recompensado, sea judío o gentil. Ninguno que hace el bien será exceptuado o pasado por alto. «Todo el que hace lo bueno» recibirá…• inmortalidad (v. 7). • vida eterna (v. 7). • gloria (w. 7, 10). • honra (vv. 7, 10). • paz (v. 10).
Texto: «Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.» (Jeremías 17.10.).
Los vv. 10 dan un comentario sobre los dos versículos anteriores. El corazón del hombre es engañoso y el Señor está escudriñándolo constantemente. En el v. 1 se habló del pecado grabado en el corazón, en el v. 5 ha hablado del corazón que se aparta del Señor y aquí se describe al corazón como engañoso. Es interesante que la palabra engañoso tiene la misma raíz que el nombre Jacob (comp. Gén. 27:36). Al leer los pasajes de su vida se nota como este “suplantador” engañaba y fue engañado vez tras vez en su vida.
El concepto hebreo del corazón no es solamente el centro de las emociones y los sentimientos, es también el centro de la actividad racional, la voluntad y la toma de decisiones de parte de la persona. Con el corazón uno reflexiona y decide en cuando a lo que debe hacer. En el concepto del corazón se combina la acción de la voluntad, la intención, los sentimientos, la devoción, la mente; es una forma de dar expresión a lo más profundo de quién es la persona. Si la persona llena su corazón con sus propias ideas o de su propia autonomía, apartándose del Señor, va a la ruina, porque ha rechazado las enseñanzas y la guía de su Creador, el que conoce al ser más íntimo de la persona. Al contrario, cuando la persona pone al Señor y sus enseñanzas en su corazón recibirá la fuerza y dirección para las decisiones que deberá tomar. Será bendecida por el Señor.
1er Titulo: La fornicación y el adulterio son pecados de muerte. Versículo 17. Matad, pues, ahora a todos los varones de entre los niños; matad también a toda mujer que haya conocido varón carnalmente. (Léase: Colosenses 3:5. «Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría» ▬ Hebreos 13:4. «Honroso sea en todo el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.»).
(Colosenses 3:5) Pecados del cuerpo, Mortificación, Ira de Dios: La primera demanda es arrolladora: Haced morir todos los pecados que esclavizan el cuerpo y sus miembros. La frase
“Haced morir” significa actuar como si el cuerpo estuviera muerto. El creyente debe tomar las diversas partes de su cuerpo y hacerlas morir en lo que al pecado se refiere. ¿Cómo puede el creyente hacer esto? Él considera su cuerpo escondido en la muerte de Cristo. Actúa como si el cuerpo estuviera muerto con Cristo. Recuerde que un hombre muerto no puede pecar; un hombre muerto no puede hacer nada. Por lo tanto, el creyente está muerto para pecar.
El punto es el siguiente: Todo es un acto de la mente o del espíritu. Una persona desea vivir para Dios; por lo tanto, mira a su cuerpo y al pecado. La única manera que posiblemente pueda conquistar al pecado es tratar su cuerpo como muerto para el pecado o considerar al pecado como muerto para su cuerpo. La persona debe vivir como si su cuerpo no fornicara parte del pecado, y como si el pecado no formara parte de su cuerpo. Pero advierta que esta vida es posible solo en Cristo.
Solo Cristo a través del Espíritu Santo- puede obrar dentro del corazón humano y darle la energía y poder para conquistar el pecado en forma permanente y eterna. Algunos hombres pueden disciplinarse a sí mismos para sobreponerse a algún pecado, pero no todo el pecado ni en forma permanente ni eternamente. Puede hacerse solamente a través de Cristo. Existe una enorme diferencia entre la disciplina humana y el control divino, y la diferencia es Jesucristo. (Véase notas, Fil. 2:13; Col. 3:4 para una mayor discusión al respecto.)
¿Qué pecados deben hacerse morir? La Biblia es muy específica, ya que hay algunos pecados muy específicos que tienden a esclavizar al cuerpo humano. De hecho, advierta el término “hijos de desobediencia” (v. 6). Estos pecados particulares no son solamente terribles actos de desobediencia a Dios, son pecados que pueden esclavizar el cuerpo humano de tal manera que hacen de una persona un hijo de la desobediencia. Causan que una persona se vuelva en realidad un hijo de la desobediencia. ¡Es verdaderamente sorprendente!
(Hebreos 13:4) Matrimonio ▬ Sexo: Tenemos el requisito de la pureza en el matrimonio y la moralidad. Esto es un elemento esencial para los creyentes. Note tres elementos significativos.
▬ 1. El matrimonio debe ser honrado por todos los creyentes. La palabra “honra” (timios) quiere decir altamente estimado, considerado como el lazo más preciado, cálido y tierno, tenido como el más valioso de los lazos, como la más preciada de las relaciones.
“Que todos respeten el matrimonio y mantengan la pureza de sus relaciones matrimoniales; porque Dios juzgará a los que cometen inmoralidades sexuales y a los que cometen adulterio” (v. 4, Dios Habla Hoy).
“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a si mismo por ella” (Ef. 5:25).
“Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; más yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia” (Ef. 5:31-32).
▬ 2. El lecho sin mancilla. La palabra “sin mancilla” (amiantos) significa que el lecho no esté manchado de peca-
do, absolutamente libre de toda impureza moral, inmundicia y profanación. Esto dice al menos tres cosas.
=> Primero, esposo y esposa tienen la libertad y el estímulo de estar cercas en el lecho. La cercanía y la intimidad son regalos de Dios; es incluso un símbolo de la iglesia (cp. Ef. 5:22s).
=> Segundo, la cercanía en el lecho entre esposo y esposa evitará la infidelidad.
=> Tercero, el lecho se debe mantener sin mancilla. Solo esposo y esposa deben estar cercas en el lecho y solo uno con otro. No hay absolutamente ningún lugar para nadie más en el lecho.
La importancia del lecho en el matrimonio no se puede exagerar. La Palabra de Dios dice que es tan importante que esposo y esposa no se separen por ningún período de tiempo a excepción del ayuno y la oración, e incluso después de eso la separación no debe ocurrir a menos que sea por consentimiento mutuo.
“No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia” (1 Co. 7:5).
“pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido” (1 Co. 7:2).
“que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor” (1 Ts. 4:4).
“La mujer virtuosa es corona de su marido; más la mala, como carcoma en sus huesos” (Pr. 12:4).
▬ 3. Los fornicarios y adúlteros serán juzgados por Dios. Estas dos palabras incluyen todas las formas de vicio sexual: Sexo prematrimonial, adulterio, homosexualidad, y sexo anormal. Note varios elementos establecidos.
=> Dios sabe quién comete estos vicios. Él tiene que conocerlos para juzgarlos y los tienen que conocer por sus nombres. Él conoce a toda persona que sea inmoral. Él ve todas las inmoralidades, exactamente lo que se hace. Nadie, ni una sola persona mortal, se puede esconder de Él. No hay una puerta cerrada ni ninguna oscuridad en ningún lugar que bloquee su vista. Dios lo sabe.
=> Dios llama a todo vicio sexual por su nombre. Los hombres pueden llamarlo amor y cariño y excitación y estimulo. Puede que lo denominen un acto de masculinidad o feminidad, de galantería o de conquista. Pero Dios no. Dios lo llama por su nombre real: Fornicación y adulterio (Matthew Henry, Comentarios de Matthew Henry). Dios sabe lo que causa la inmoralidad:
=> pérdida de la inocencia => enfermedad => hogares destruidos => embarazos no deseados => mentes dañadas => abortos y legrados => vidas destruidas => culpa
La lista podría ser interminable, pero una destrucción y devastación así de la vida y las emociones son las razones por las que Dios no se anda con miramientos con los vicios sexuales. El vicio sexual es uno de los vicios más destructivos de la tierra, no importa lo que puedan decir los hombres. Es así por la naturaleza misma del hombre. Dios dispuso la naturaleza misma del hombre para el amor de un cónyuge y una familia. Y cualquier negación a vivir según su naturaleza como Dios lo dispuso para él solo puede dañar al hombre. (Vea 1 Co. 6:18.)
La gran tragedia con el vicio sexual es la siguiente: Siempre involucra a otros, no solo la pareja ilícita, sino a los padres, a la familia inclusive a los hijos. Hermanos y hermanas y con frecuencia a los abuelos, a otros parientes, amigos y vecinos. Involucra a todos aquellos que quieren y se preocupan por la persona inmoral.
Sucede lo siguiente: Los fornicarios y adúlteros serán juzgados por Dios. No habrá escape.
“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia… envidias, homicidios, borracheras, orgias, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gá. 5:19, 21).
“Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios” (Ef. 5:5).
2° Titulo: Bendición para los que se guardan en santidad. Versículo 18. Pero a todas las niñas entre las mujeres, que no hayan conocido varón, las dejaréis con vida. (Léase: Romanos 6:12 y 13. «No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.» ▬ 2ª a los Corintios 7.1. «Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.».).
(Romanos 6: 12) Pecado-vida victoriosa: el creyente debe resistir al pecado. Esto es un imperativo, un mandamiento que obliga. Corresponde al creyente resistir el pecado; es responsable de resistirlo.
▬ 1. No debe dejar que el pecado reine (basileueto): tenga autoridad, gobierne, controle, ocupe, retenga, prevalezca sobre el creyente. Se usa el tiempo presente, de modo que la idea es una actitud o conducta continua. El creyente debe mantener siempre su mente alejada del pecado. Debe conservar su mente bajo control manteniendo los pensamientos alejados de…
• las riquezas y cosas materiales. • la concupiscencia de la carne. • el deseo de alcanzar posición y poder. • el orgullo de la vida. • lograr reconocimiento y fama. • las fiestas y el sexo. • la concupiscencia de los ojos. • la apariencia personal y de las vestiduras.
El creyente no debe dejar que el pecado domine, controle, reine en su cuerpo mortal. El pecado no debe dominar sus pensamientos ni su vida. Debe resistir el pecado poniéndose en su contra, rechazándolo y luchando en su contra. Debe oponerse al pecado con todas sus fuerzas.
«Mira, has sido sanado; no peques más para que no te venga alguna cosa peor» (Jn. 5:14).
«No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias» (Ro. 6:12).
▬ 2. No debe obedecer al pecado en sus concupiscencias (epitumiais): la palabra indica un fuerte deseo, anhelo y pasión. El impulso del pecado es a veces fuerte, muy fuerte. Todos los hombres saben lo que es codiciar las cosas, más y más, sea dinero, propiedad, seguridad, posición, placer, diversión o estímulos carnales. El verdadero creyente no debe ceder ante tales impulsos. No debe dejar que la concupiscencia de los ojos y de la carne gobiernen y regulen su mente y su conducta. No debe permitir que los deseos ordenen su vida. No debe obedecer al pecado en sus concupiscencias, deseos, anhelos y pasiones. Debe resistir las concupiscencias de su «cuerpo mortal».
«Si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno» (Mt. 5:29).
«Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis» (Ro. 8:13).
(6:13) Pecado: es necesario decir tres cosas acerca del pecado en este punto de Romanos. (1) El pecado es una ofensa y una enfermedad en los capítulos 1-4. En el capítulo 6 es un amo o un poder que domina. (2) El pecado no es «destruido» en el creyente.
Todavía está activo y aún puede causar daño. El creyente debe luchar contra su impulso. (3) El cuerpo no es la fuente del pecado, pero la Biblia dice que la experiencia del hombre demuestra que el cuerpo es el instrumento del pecado, el órgano que el pecado usa para manifestarse y satisfacerse. El cuerpo está bajo la pesada influencia y el severo poder del pecado y de la corrupción, tanto que los apetitos sensuales del cuerpo tienden a esclavizar el alma y a llevar al hombre a pecar, aun en contra de su mejor juicio. Así que se exhorta enfáticamente al creyente para que resista: «No reine el pecado en vuestro cuerpo mortal» (Ro. 6:12).
(2ª a los Corintios 7:1) Separación: El cuarto llamado es a que los creyentes se limpien y perfeccionen la santidad. Dios da dos de las promesas más maravillosas que se puedan imaginar: “Recibimos y adoptamos como hijos e hijas”. Por consiguiente, Dios quiere dos cosas de nosotros:
▬ 1. Dios quiere que nos limpiemos de toda la inmundicia de la carne y el espíritu. Todo el pecado hace inmundo al hombre, pero hay ciertos pecados que contaminan de un modo particular su carne y otros pecados que contaminan de un modo particular su Espíritu. Una ojeada a la lista de pecados en los versículos de la nota anterior demostrará esto claramente (Ro. 1:29-32; 1 Co. 6:9-10; Gá. 5:3-7). Los pecados de la carne serían pecados como la inmoralidad, y la borrachera, y los pecados del Espíritu serian pecados como el odio y el celo.
“Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre” (Hch. 22:16).
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda
maldad” (1 Jn. 1:9).
“Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo” (Is. 1:16).
“Lava tu corazón de maldad, oh Jerusalén, para que seas salva. ¿Hasta cuándo permitirás en medio de ti los pensamientos de iniquidad?” (Jer. 4:14).
▬ 2. Dios quiere que perfeccionemos la santidad en el temor de Dios. Note que esto es una acción continua. La palabra “perfeccionando” (epitelountes) es un término agresivo que exige una acción agresiva. Quiere decir no solo practicar, sino también terminar y completar. Desde luego, el creyente debe practicar la santidad. Es decir, la práctica debe consistir en hacer las cosas que lo harán santo. Pero él debe hacer mucho más: “Debe perseguir la santidad agresivamente, tratar de perfeccionar y completar la santidad en su vida”. Por supuesto, el creyente nunca puede volverse perfectamente santo: “No se puede convertir en Dios”. Pero debe centrar su mente y su corazón en volverse santo.
Note la motivación para la santidad: “El temor de Dios”. La palabra temor significa no solo temor, sino también respeto y reverencia. Cuando un hombre realmente ve y comprende a Dios y lo que Dios ha hecho por él, deja de temer a los hombres. En su lugar teme a Dios y le tiene un respeto reverencial a Dios, tratando de agradar a Dios llevando una vida pura y santa.
“Y su misericordia es de generación en generación a los que le temen” (Lc. 1:50).
“sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hch. 10:35).
“y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Ef. 4:24).
3er Titulo: La purificación nos conduce a la comunión con Dios. Versículos 19 y 20. Y vosotros, cualquiera que haya dado muerte a persona, y cualquiera que haya tocado muerto, permaneced fuera del campamento siete días, y os purificaréis al tercer día y al séptimo, vosotros y vuestros cautivos. Asimismo, purificaréis todo vestido, y toda prenda de pieles, y toda obra de pelo de cabra, y todo utensilio de madera. (Léase: Isaías 52:11. «Apartaos, apartaos, salid de ahí, no toquéis cosa inmunda; salid de en medio de ella; purificaos los que lleváis los utensilios de Jehová.». ▬ Hebreos 9:12 al 14. «y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?».).
(Hebreos 9:11-14) Adoración ▬ Santuario ▬ Tabernáculo, celestial ▬ Jesucristo, Sumo sacerdote: El santuario o tabernáculo celestial. El santuario celestial está diseñado para la adoración a Dios al igual que el santuario terrenal, pero es diferente de la adoración y santuario terrenal de los hombres. ¿En qué difieren? Existen como mínimo cuatro diferencias.
▬ 1. La adoración y santuario celestiales cuentan con un sacerdote perfecto, El Sumo sacerdote del cielo no es un hombre; Él sencillamente no proviene de los hombres. Hombres que son imperfectos, débiles, pecadores, y siempre tan carentes como el resto de los hombres. El Sumo sacerdote del cielo es el Hijo de Dios mismo, y como Hijo de Dios, Él es perfecto y eterno. Por lo tanto, Él puede proporcionarnos mejores cosas. Él puede interceder por nosotros para siempre, Él puede salvarnos al máximo cuando venimos ante Dios mediante Él.
▬ 2. La adoración y santuario celestiales son espirituales y perfectos. No están hechos por manos humanas; no son parte de este mundo terrenal, material y físico. No son parte de este mundo corruptible, envejecido, moribundo y en destrucción. No son parte de este mundo que es solo una sombra, una imagen, y una copia vaga del mundo real. El santuario espiritual y perfecto es el mundo espiritual y perfecto, el propio cielo, donde se glorifica y se manifiesta la presencia misma de Dios para que todos la vean y la adoren.
“Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (He. 9:24).
“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mt. 6:24).
▬ 3. La adoración y santuario celestiales cuentan con un sacrificio perfecto (v. 12). El hombre es imperfecto y pecaminoso; es culpable de desobedecer, rechazar, y rebelarse contra Dios. Por consiguiente, debe pagar la pena y castigo de sus pecados o de lo contrario un sustituto tiene que sufrir el castigo por él. Esta era la idea de los sacrificios de animales. La vida del animal se sacrificaba por los pecados del hombre.
Note que se dicen tres cosas importantes en este versículo:
» a. Jesucristo, el Sumo sacerdote perfecto, no sacrificó la sangre de animales por los pecados del hombre; Él sacrificó su propia sangre. Él ofreció su vida a Dios como sacrificio, como el sacrificio por la vida de las personas. Jesucristo soportó la culpa y castigo por los pecados del hombre. ¿Por qué haría eso? Porque Él es el Hijo de Dios y Él ama al hombre. Él es el Hijo de Dios que vino a la tierra como el Dios-hombre; Él es el Hombre ideal y perfecto. Como el Hombre ideal, cualquier cosa que hiciese representa y cubre a todos los hombres. Por lo tanto, su sangre cubre los pecados de todos los hombres que creen y confían en Él. Su sacrificio es el sacrificio perfecto e ideal, el sacrificio que representa y cubre a todos los hombres.
» b. Jesucristo, el Sumo sacerdote perfecto, entró en el Lugar santísimo del propio cielo. Pero note: “Él tuvo que entrar una sola vez”. El sumo sacerdote terrenal tenía que realizar sacrificios continuos, pero Jesucristo tuvo que realizar un solo sacrificio. ¿Por qué? Porque su sacrificio fue el sacrificio ideal y perfecto. Al ser ideal y perfecto, podía representar para siempre a cada hombre de cada generación.
» c. Jesucristo, el Sumo sacerdote perfecto, obtuvo redención eterna por nosotros. El pecado, la muerte, y la condenación han capturado y secuestrado al hombre. Ningún hombre puede escaparse de ninguna de las dos, no importa lo que haga. Pero Jesucristo hizo posible que el hombre fuese liberado de todos sus enemigos. ¿Cómo? Él pagó el rescate. Él mismo sustituyó al hombre. Él ofreció su vida, sacrificó su vida por el hombre. Él lo pudo hacer porque Él es el Hombre perfecto e ideal. Como Él decidió sacrificar su vida por el hombre, Él se ha convertido en el sacrificio perfecto e ideal. Eso es exactamente lo que él hizo. Él ha pagado el rescate y liberado al hombre del pecado, la muerte y la condenación.
“Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hch. 20:28).
“siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Ro. 3:24).
▬ 4. La adoración y santuario celestiales salvan a una persona perfectamente (v. 13-14). Note tres elementos:
» a. La adoración y santuario terrenales solo purifican y limpian la carne. Se necesita honestidad para admitir esto. Pero como se ha demostrado anteriormente, las ceremonias y rituales de la adoración terrenal y física son externos. No pueden limpiar al hombre internamente y tampoco pueden hacerlo perfecto ni eterno.
» b. La adoración y santuario celestiales purifican y limpian a una persona incluso hasta su conciencia, no importa cuán inexistente y endurecida pueda estar la conciencia. Cuando una persona viene a Dios mediante Cristo, Dios le proporciona una seguridad perfecta de que Dios la acepta, que tiene vida eterna. ¿Cómo es posible esto? Cuando Jesucristo estuvo en la tierra, Él llevó una vida impecable, obedeciendo a Dios perfectamente con cada acto y pensamiento. Por lo tanto, se convirtió en la Justicia ideal (y perfecta), el Hombre ideal que agradó a Dios perfectamente. Esto resulta realmente cierto en el sacrificio de Cristo. Dios ama al hombre y quiere salvar al hombre. Por lo tanto, Dios instó y quiso que su Hijo demostrara su amor perfecto por el hombre, demostrara su amor mediante el sacrificio de su vida por los pecados del hombre. Jamás se podría haber expresado amor más grande, y fue el amor de Dios por nosotros lo que lo llevó a sacrificar a su propio Hijo por nosotros. Cuando Cristo se sacrificó a sí mismo por nuestros pecados, se logró el máximo de obediencia. Jesucristo obedeció a Dios de forma suprema, Él murió por nuestros pecados. Por ende, Dios perdonará los pecados de cualquier hombre, y nada evitará que los perdone. De una manera muy sencilla, Dios perdonará y limpiará los pecados de cualquier hombre por su Hijo. El perdón y la limpieza se garantizaron de una vez y por todas para todo aquel que cree, todo por el amor supremo de Dios por su Hijo.
“porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”. (Mateo 26:28).
» c. La adoración y santuario celestiales alejan a una persona de las obras muertas de esta tierra para servir al Dios vivo (V. 14). La religión terrenal en todo su ritual y ceremonia es muerta para Dios. No importa cuán religiosa y buena trate de ser una persona, no importa cuántas buenas obras haga, no es tal conducta terrenal la que la hace acepta ante Dios. Solo Jesucristo hace a un hombre acepto ante Dios. Él y solo Él le proporciona al hombre acceso a Dios y pone al hombre en fraternidad y comunidad con Dios. Jesucristo tiene que vivir en el corazón y vida de una persona, vivir realmente en el cuerpo de una persona mediante el Espíritu Santo de Dios, para que una persona reciba el privilegio glorioso de andar en fraternidad y comunión con Dios.
“el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Jn. 14:17).
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Ro. 5:1-2).
Amén, para la honra y gloria de Dios.


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