Estudio Biblico Tiquico

Estudio Biblico Tiquico

Roberto Saldias Roa
SEMANA DEL 20 AL 26 DE JULIO de 2026. “DEFINICIÓN DEL PERFECTO AMOR DE DIOS”.

   Comentario general del contexto Bíblico: (13:4-7) Amor: Los grandes actos de amor. Lo que se da en estos cuatro versículos no es una definición metódica, tediosa e insípida del amor. Por el contrario, se dan los actos mismos de amor, la conducta misma de una persona, la manera misma en la que una persona debe vivir entre las personas y con otras personas. Al vivir y conducirse entre otras personas en el mundo, una persona debe amar, y en esto es en lo que consiste amar a otros.

▬ 1. El amor es sufrido (makrothumei): Es paciente con las personas. La palabra siempre se refiere a ser paciente con las personas, no con las circunstancias (William Barclay.).

El amor es sufrido, muy sufrido:

• No importa la herida o el mal causados por una persona.

• No importa el descuido o la ignorancia del ser amado.

   El amor es sufrido, muy sufrido sin resentimiento, ira, ni en busca de venganza. El amor se controla a sí mismo a fin de ganar a una persona y ayudarlo a vivir, obrar, y servir como debiera.

   “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe” (Gá. 5:22).

   “fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad” (Col. 1:11).

   “que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Ti. 4:2).

▬ 2. El amor es benigno (chresteuetai): Cortés, bueno, servicial, útil, desprendido, da y hace favores. Al amor no le molesta el mal; no se deleita con la herida y el descuido. El amor salva con benignidad: Con servicio, con desprendimiento, y con bondades para la persona que nos descuida o nos hiere a nosotros mismos.

   “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Ro. 12:10).

   “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Ef. 4:32).

▬ 3. El amor no tiene envidia (zeloi): No es celoso; no guarda rencores contra otros por lo que ellos tengan, como por ejemplo dones, posición, amigos, reconocimiento, posesiones, popularidad, habilidades. El amor no envidia, ataca, ni minimiza las habilidades o éxito de otros. El amor comparte, se goza y se regocija en la experiencia y el bien de otros.

   “No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.” (Gá. 5:26).

   “No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad” (Sal. 37:1).

   “No envidies al hombre injusto, ni escojas ninguno de sus caminos” (Pr. 3:31).

   “El corazón apacible es vida de la carne; más la envidia es carcoma de los huesos” (Pr. 14:30).

   “No tenga tu corazón envidia de los pecadores, antes persevera en el temor de Jehová todo el tiempo” (Pr. 23:17).

▬ 4. El amor no es jactancioso (peopereuetai): No es alardoso; no presume ni busca el reconocimiento, la honra, ni el elogio de otros. Por el contrario, el amor trata de dar: De reconocer, de honra, de elogiar a la otra persona.

   “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Ro. 12:3).

   “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Ro. 12:10).

   “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Fil. 2:3).

▬ 5. El amor no se envanece (phusioutai): Orgulloso, arrogante, presuntuoso; no piensa ni actúa como si uno fuera mejor que otros. El amor es modesto y humilde y reconoce y honra a otros.

   “Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos” (Mt. 18:4).

   “Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa” (Lc. 14:10).

   “mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve” (Lc. 22:26).

   “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (1 p. 5:5).

▬ 6. El amor no hace nada indebido (aschemonei): indecoroso, grosero, indecente, descortés, vergonzoso. El amor no hace nada para avergonzarse. El amor es disciplinado y controlado; y se comporta y trata a todas las personas con respeto, honrando y respetando quienes son.

   “para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo” (Fil. 1:10).

   “Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros” (2 Ts. 3:7).

▬ 7. El amor no busca lo suyo: No es egoísta; no insiste en sus propios derechos (Williams). El amor no se centra en lo que una persona es ni lo que hace. El amor trata de servir, no trata de que lo sirvan. Amor es reconocer a otros, sin insistir en que otros lo reconozcan a él; es dar a otros sin insistir en que le den a él.

   “Ninguno busque su propio bien, sino el del otro” (1 Co. 10:24).

   “no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Fil. 2:4).

▬ 8. El amor no se irrita (paroxunetai): No se llena de ira con facilidad; no se ofende rápidamente; no se malhumora rápidamente; no es “susceptible” (Phillips, según lo ha citado León Morris). No se le enoja fácilmente; no se “exaspera” (Barclay). El amor controla las emociones, y nunca se llena de ira sin causa (Ro. 12:18).

   “Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca” (Col. 3:8).

   “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (Stg. 1:19).

   “Deja la ira, y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo” (Sal. 37:8).

   “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad” (Pr. 16:32).

   “La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa” (Pr. 19:11).

   “No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios” (Ec. 7:9).

▬ 9. El amor no guarda rencor (logizetai to kakon): No tiene en cuenta el mal sufrido; no guarda resentimientos; no guarda rencor por el mal hecho. El amor sufre el mal ocasionado y lo olvida.

   “Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” (Mt. 5:39).

   “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres” (Ro. 12:17).

   “Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos” (1 Ts. 5:15).

   “no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición” (1 P. 3:9).

▬ 10. El amor no se goza de la injusticia (adikia): Iniquidad, mal, fechoría. El amor no encuentra placer en la injusticia y el pecado de otros. No se alimenta del pecado y el mal, tampoco cuenta las historias de pecado y error. La naturaleza del hombre con gran frecuencia se alimenta de la tragedia del mal, ya sea el pecado personal o el desastre natural (cp. los noticieros diarios y la mayoría de los temas de conversación que sostienen la mayoría de las personas).

   “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?” (Mt. 7:3).

   “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos” (Ro. 15:1).

   “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado” (Gá. 6:1).

   “Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados” (1 P. 4:8).

▬ 11. El amor se goza de la verdad: Se regocija cuando se conoce la verdad y cuando predomina; se regocija cuando se reconoce y se promueve a otras personas por quienes son y por lo que han contribuido. El amor se regocija cuando la verdad encuentra fundamento y cimiento en una persona y entre las personas del mundo. Note que el amor nunca encubre ni esconde la verdad; el amor es valiente ya que enfrenta la verdad.

   “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros” (Ef. 4:25).

   “Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia” (Ef. 6:14).

   “Estas son las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo; juzgad según la verdad y lo conducente a la paz en vuestras puertas” (Zac. 8:16).

   “La ley de verdad estuvo en su boca, e iniquidad no fue hallada en sus labios; en paz y en justicia anduvo conmigo, y a muchos hizo apartar de la iniquidad” (Mal. 2:6).

▬ 12. El amor todo lo sufre: La palabra sufre (stegei) significa cubrir todas las cosas y soportar todas las cosas. El amor hace ambas cosas: Soporta el peso y ataque de todas las cosas y cubre las faltas de otros. No siente placer en desenmascarar el error y la debilidad de otros. El amor sufre el descuido, el abuso, y el ridículo, cualquier cosa que se le presente.

   “con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Ef. 4:2, 3).

   “Y vosotros, amos, haced con ellos lo mismo, dejando las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que para él no hay acepción de personas” (Ef. 6:9).

   “soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Col. 3:13).

▬ 13. El amor todo lo cree: Es “completamente confiado” (Barclay); “siempre deseoso de creer lo mejor” (Moffatt, según lo ha citado León Morris); está “siempre listo para creer lo mejor” dice otra versión. El amor ve y entiende las circunstancias y acepta, perdona, y cree lo mejor de una persona.

   “Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale” (Lc. 17:4).

   “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Ef. 4:32).

   “soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Col. 3:13).

▬ 14. El amor todo lo espera: “Nunca deja de esperar” (Barclay); espera que el bien finalmente triunfe y obtenga la victoria; se niega a aceptar el fracaso; siempre espera lo mejor y el triunfo final del bien, no importa cómo haya caído, cuán trágica sea la caída, ni cuán difícil parezca la victoria.

   “Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?” (Ro. 8:24).

   “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia la consolación de las Escrituras tengamos esperanza” (Ro. 15:4).

   “Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia, confortes vuestros corazones os confirme en toda buena palabra y obra” (2 Ts.2:16, 17)

   “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Jn. 3:3).

▬ 15. El amor todo lo soporta: La palabra soporta (huopmenei) es un término militar que significa arrostrar el ataque de un enemigo. El amor pelea activamente y soporta todos los ataques. El amor es fuerte, está lleno de fortaleza y combatividad, y lucha contra cualquier ataque que pretenda doblegarlo a la falta de amor. El amor vence y triunfa, siempre, porque todo lo soporta. No importa lo que ataque al amor, este identificado o no, él soporta el ataque y sigue amando.

   “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; más el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mt. 10:22).

   “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Co. 15:58).

   “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gá. 6:9).

   “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” (Stg. 1:12).

   “He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oido de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Stg. 5:11).

   “He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona” (Ap. 3:11).

Pensamiento 1 del expositor: El amor es un atributo de Dios, revelado al hombre para que ame conforme al amor de Él. Es tan amplio y vasto que no permite conductas ni comportamientos negativos que afecten o dañen al prójimo.

   Comentario de Efesios (3:17) Jesucristo, Presencia viva: La segunda solicitud es que Cristo more, es decir, que gobierne y reine, en nuestros corazones, por medio de la fe. La palabra “morar” significa algo permanente, no temporal. Significa tomar residencia permanente: vivir en un hogar, ingresar, radicarse, y estar en el hogar. Cuando una persona cree en Cristo por primera vez, Cristo ingresa a su vida. Por lo tanto, el creyente no está orando para que Cristo ingrese a los corazones y vidas de los creyentes, puesto que Cristo ya está en sus corazones y vidas. ¿Qué significa esta solicitud? Simplemente lo que dice el versículo:

[]. Que Cristo esté en el hogar y viva en un sentido

permanente dentro del creyente.

[]. Que el creyente esté consciente de Cristo dentro de su corazón, siempre consciente de que Cristo ha tomado residencia en él.

[]. Que el creyente le permita a Cristo controlar y guiar su vida -en forma permanente y constante- porque Cristo está en su hogar, en su corazón.

   Es la presencia de Cristo dentro de uno lo que motiva al creyente a seguir a Cristo. Cuanto más el creyente esté consciente de Cristo dentro de sí, más andará y vivirá en Cristo.

   Advierta que Cristo mora dentro del creyente por la fe. Pero advierta que la fe bíblica no es un deseo ni una esperanza de que algo es cierto. No es que tal vez algo es cierto pero tal vez no lo es. La fe bíblica siempre significa la creencia y el compromiso de la vida de una persona a la verdad y la realidad. Es una creencia y un compromiso con un hecho.

   “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Jn. 14:20).

   “Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Jn. 17:23).

   “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gá. 2:20).

   “A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Col. 1:27).

   “Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado” (1 Jn. 3:24).

   “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Ap. 3:20).

   (3:17) Amor: La tercera solicitud es de amor. Este es amor ágape, el mismo amor que Dios tiene por nosotros (ver notas, Amor, Ef. 2:4-5, Gá. 5:13-15; 5:14; 5:22-23 para una mayor discusión al respecto).

   (3:18) Comprensión: La cuarta solicitud es de comprensión, una comprensión plena de todas las cosas espirituales. Es fundamental que el creyente entienda el plan eterno de Dios y la gloriosa salvación, todo lo que ha sido cubierto en los capítulos del uno al tres:

[]. Las grandes bendiciones de Dios (Ef. 1:3-14).

[]. El conocimiento y el poder de Dios (Ef. 1:15-23).

[]. La misericordia y la gracia de Dios (Ef. 2: 1-10).

[]. La reconciliación y la paz obtenidas por Cristo (Ef. 2:11-18).

[]. La iglesia: quién y qué es (Ef. 2:19-22).

[]. El nuevo cuerpo de personas que Dios está formando, esto es, el gran misterio de Cristo (Ef. 3: l-13).

   Dios ha hecho tanto por el creyente que no puede medirse. Por lo tanto, los creyentes deben orar y buscar a Dios para incrementar su comprensión y la comprensión de todos los santos. Todos los creyentes deben entender el ancho, el largo y la profundidad y altura de lo que Dios ha hecho por ellos y la iglesia. Cuanto más comprendan los creyentes, más entregarán su vida a Cristo y lo servirán.

   Pensamiento 1: Cuanto más comprendamos lo que Dios ha hecho por nosotros, más nos esforzaremos para llevar el amor y la salvación de Dios a un mundo en donde abunda el mal, la pobreza y la muerte.

   “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido” (1 Co. 2:9-12).

   “Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo” (2 Ti. 2:7).

   “Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia” (Pr. 2:6).

   “Conmigo está el consejo y el buen juicio; yo soy la inteligencia; mío es el poder” (Pr. 8:14).

   (3: 19) Jesucristo, Amor de: La quinta solicitud es conocer el amor de Cristo que excede todo conocimiento. Es totalmente imposible entender y experimentar el amor de Cristo en toda su magnitud, pero debemos orar para que Dios nos ayude a aprender cada vez más de su amor, y debemos hacer la solicitud con frecuencia cada día. (Véase notas, Gá. 1:4-5; 3:13-14; Ef. 2:6; 2:8-10; 2: 13 para el tratamiento sobre el amor o muerte de Jesucristo. Ver nota, Jesucristo, Humillación, punto 2, Lc. 2:40 para una imagen completa de la profundidad del amor de Jesucristo). Jamás se ha escrito una descripción más grande del amor no superable de Cristo que la de F. M. Lehman en la canción “El amor de Dios”. “Podríamos llenar con tinta el océano, y los cielos podrían estar llenos de parches, en cada merodeo sobre la tierra una pluma y todo hombre escriba por oficio, escribir el amor de Dios en el cielo secaría el océano. Ni el rollo podría contener todo, aunque se lo extendiera de cielo a cielo. Ah, amor de Dios, ¡cuán rico y puro! ¡Sin medida y fuerte! Siempre soportará más. La canción de los santos y de los ángeles”.

   “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre” (Jn. 10:17-18).

   “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Jn. 15:13).

   “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Ro. 5:6).

   “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida” (Ro. 5:8-10).

   “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?” (Ro. 8:35).

   “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que, si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Co. 5:14-15).

   “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Co. 5:21).

   “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Jn. 3:16).

   (3:19) Dios, Plenitud de: La sexta solicitud es por la plenitud de Dios. La versión de la Biblia Dios Habla al Hombre describe de forma excelente el significado de esta solicitud:

   “Pido, pues, que conozcan ese amor, que es mucho más grande que todo cuanto podemos conocer, para que así estén completamente llenos de Dios”.

   El creyente posee la presencia viva del Espíritu, de Cristo y de Dios. Cuando Jesucristo prometió que iba a enviar al Espíritu Santo a los creyentes, Él prometió que la trinidad -el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo- vendría y moraría en los creyentes:

   “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre… Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Jn. 14:16, 23).

   El punto es este: Cada Persona de la deidad cumple una función diferente dentro del creyente. Por lo tanto, el creyente debe pedir cosas concernientes a cada uno. Él ya ha orado para ser fortalecido por el Espíritu Santo y para que Cristo more dentro de sí y controle su corazón. Ahora el creyente debe orar por “toda la plenitud de Dios”, para que Dios y su presencia en toda su plenitud lo llene y lo inunde, gobernando y reinando y teniendo su camino perfecto en la vida del creyente.

   Advierta otro punto enfatizado por F. F. Bruce. La preposición “a” (eis) sugiere una experiencia progresiva. El creyente debe orar para que Dios lo llene constantemente, para que lo inunde constantemente con toda la plenitud de Dios.

   “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Ro. 11:33-36).

   “Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual” (Col. 1:9).

   Comentario de Romanos (12:9-10) Fraternidad-amor: el creyente debe amar sinceramente, sin hipocresía. La palabra «sinceramente›› (anupokritos) significa sin hipocresía, sin simulación. Significa que la persona no sólo dice «te amo», sino que ama de verdad. Ama sinceramente; ama honesta y verdaderamente. El amor del que se habla es un amor por todos los hombres y no solamente por los creyentes. El creyente nunca debe representar lo que no es, ser hipócrita, representar un acto, o tener un motivo ulterior cuando trata con los demás. Debe mostrar amor y respeto, interés y atención, cuidado y preocupación; pero no debe mostrarlo a partir de un motivo impuro: • buscar una ganancia. • atraer la atención. • buscar el favor. • obtener una ventaja.

• cumplir un deber. • promover su ego. • escalar posiciones. ~ tratar de adelantarse.

   El creyente debe amar a los demás con un amor sincero y puro, completamente libre de motivos egoístas. Debe amar a los demás por las personas mismas, porque son seres humanos que tienen las mismas necesidades emocionales y espirituales que él tiene, necesidades que solamente en Cristo pueden hallar su satisfacción. Debe amarlos porque Dios los ama y porque necesitan urgentemente saber que Jesucristo ha venido a la tierra a revelar el amor de Dios a todos los hombres. Los tratos del creyente con todos los hombres deben ser en amor: un amor sincero, amor sin hipocresía y sin fingimiento.

   «No damos a nadie ninguna oportunidad para tropiezo en amor sincero» (2 Co. 6:3, 6).

  «Sino para poner a prueba también la sinceridad del amor vuestro» (2 Co. 8:8).

   «Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad» (1 Jn. 3:18).

  Hay cuatro formas muy prácticas en que el creyente debe demostrar su amor por los demás hombres. Recuerde que el amor que se manda es un amor a todos los hombres. Por los perdidos, así como por los creyentes.

▬1. El creyente ama aborreciendo el mal. La palabra «aborrecer›› (apostugountes) es fuerte, muy fuerte. Significa odiar con un sentimiento intenso, tener aversión, mirar con horror. El amor desea lo mejor para la gente; en consecuencia, el amor odia el mal, porque el mal destruye la vida humana. El creyente está contra el mal, haciendo todo lo que puede por combatir…

• el hambre y la pobreza.

• la enfermedad y el sufrimiento.

• la ofensa y el dolor.

• la ignorancia y la educación impía.

• la borrachera y las drogas.

• la desunión familiar y el divorcio.

• los insultos y la amargura.

• las palabras sucias y la conversación subida de tono.

• los vestidos sugestivos y tentadores.

• la inmoralidad y el sexo destructivo.

• la conducta injusta e impropia.

• el egoísmo y la codicia.

• la avaricia y el divisionismo.

• la corrupción y la muerte.

   La lista podría seguir extendiéndose. El punto es que el creyente debe amar, y mostrar su amor aborreciendo y combatiendo todo lo que es malo.

   «Aborreced lo malo, seguid lo bueno» (Ro. 12:9).

   «Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron» (1 Co. 10:6).

   «Absteneos de toda especie de mal» (1 Ts. 5:22).

   «Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado» (Stg. 4:17).

   «Apártese del mal, y haga el bien; busque la paz y sígala» (1 P. 3:11).

   «Y dijo al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia» (Job 28:28).

   «Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela» (Sal. 34:14).

   «Los que amáis a Jehová, aborreced el mal» (Sal. 97:10).

   «No te desvíes a la derecha ni a la izquierda; aparta tu pie del mal» (Pr. 4:27).

   «El sabio teme y se aparta del mal; más el insensato se muestra insolente y confiado» (Pr. 14:16).

   «Así habló Jehová de los ejércitos, diciendo: Juzgad conforme a la verdad, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano; no oprimáis a la viuda, al huérfano, al extranjero ni al pobre; ni ninguno piense mal en su corazón contra su hermano» (Zac. 7:9-10).

▬ 2. El creyente debe amar siguiendo lo bueno. La palabra «seguir›› (kollomenoí) significa unir, apegarse a, unirse a, pegar con cemento o con cola. El creyente debe desear solamente lo mejor -todo el bien posible- para la gente. Debe apegarse al bien y trabajar para que cada uno conozca y experimente el bien. El creyente muestra que verdaderamente ama a la gente aferrándose del bien y luchando por lo bueno.

   «Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos» (Lc. 6:35).

   «Aborreced lo malo, seguid lo bueno» (Ro. 12:9).

   «Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe» (Gá. 6:10).

   «Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos» (1 Ti. 6:18).

   «Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios» (l-le. 13:16).

   «Porque ésta es la voluntad de Dios: que, haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos» (1 P. 2:15).

▬ 3. El creyente debe amar mostrando amor a sus hermanos en Cristo, siendo amable y afectuoso con ellos. La palabra fraternal (filostorgoi) significa el afecto o amor que existe entre los miembros de una familia. Este encargo trata con la familia cristiana, los hermanos y hermanas dentro de la iglesia. Debemos amarnos unos a otros mostrando bondad y afecto. Somos una familia de hijos que realmente hemos sido adoptados por Dios como sus hijos e hijas (2 Co. 6:17-18; Gá. 4:4-6; Ro. 8:16-17). Por lo tanto, el creyente debe vivir como en una familia con sus hermanos y hermanas; debe vivir mostrándose bondadoso y afectuoso. Note que en el amor no hay disensiones ni espíritu divisivo. La iglesia debe vivir en amor, y vivir en amor es paz.

   «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros» (Jn. 13:34-35).

   «Amaos los unos a los otros con amor fraternal» (Ro. 12:10).

   «El amor es sufrido, es benigna» (1 Co. 13:4).

   «Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo» (Ef. 4:32).

   «Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa» (Fil. 2:1-2).

   «Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia» (Col. 3:12).

   «Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; al afecto fraternal, amor» (2 P. 1:5-7).

   «Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte» (1 Jn. 3:14).

▬ 4. El creyente debe amar dando preferencia a otros creyentes. La palabra «honra›› (time) significa reverencia, respeto, estima. La palabra «prefiriéndoos›› (proegoumenoi) significa ir adelante, dirigir, poner un ejemplo. El mandato es claro: el creyente debe tomar la iniciativa al mostrar estimación y expresar el respeto por los demás. Imagine una iglesia en que cada uno toma la iniciativa en la expresión de la estimación y la honra a los demás. ¡Qué cuadro de verdadero amor y cuidado, de verdadero cariño y ternura, de gran fortaleza y vigor!

   Pensamiento. ¡Cuán necesaria es esta exhortación en la iglesia y entre los creyentes! ¡Cuántos se hallan heridos -cuántos se han dedicado a agitar problemas- cuánta división se ha causado porque un hermano o hermana!… • fue pasado por alto. • no se le dio un puesto. • no fue honrado. • no fue estimado. • no se le dio lugar. • no se le agradeció. • no se le mostró aprecio. • no fue reconocido. • no se le concedió un derecho.

   «Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno» (Ro. 12:3).

   «Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a la honra, prefiriéndoos los unas a los otros» (Ro. 12:10).

   «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros» (Fil. 2:3-4).

   «Como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos» (1 Co. 10:33).

   «Ninguno busque su propio bien, sino el del otro [bienestar, ganancia, ventaja]›› (1 Co. 10:24).

   Comentario de 1ª de Pedro: (1:22) Salvación – Obediencia — Pureza: los creyentes deben amarse unos a otros porque han purificado sus almas. Esto significa que el alma de un verdadero creyente se purifica de pecado. Es perdonado y purificado de todo pecado que haya cometido_ Su alma es pura y limpia, totalmente libre de toda culpa e inmundicia moral, contaminación y corrupción. El verdadero creyente ya no es culpable de cualquier mal comportamiento o pecado, no importa de qué se trate. Él está frente a Dios con un alma pura y limpia, un alma que es perfecta y aceptable ante Dios.

   Pero advierta un punto significativo, advierta qué es lo que limpia el alma del creyente: su obediencia a la verdad. El creyente obedece la verdad y al obedecer la verdad, el Espíritu de Dios continuamente limpia su alma de pecado. Esto es algo crucial que debe advertirse: una persona es limpiada solo mientras está andando en la verdad, solo mientras está obedeciendo la verdad de la luz de Dios. Cuando una persona anda en la luz de la verdad, el Espíritu limpia su alma a través de la sangre de Cristo.

   “Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1:7).

   Este es el motivo por el cual amamos a nuestros hermanos. Dios ha limpiado nuestras almas por el mismo propósito de amar a los demás, y nosotros somos obedientes cuando los amamos. Es un círculo: somos obedientes cuando los amamos y los amamos cuando somos obedientes. Dios ha limpiado nuestras almas para que podamos amar a las personas con un corazón limpio y puro, sin ningún rastro de culpa, vergüenza o debilidad. Por lo tanto, amémonos unos a los otros en la libertad de un alma pura y limpia.

   “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Jn. 13:34-35).

   “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Jn. 14:21).

   “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor… Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado” (Jn. 15:10-12).

   “El amor sea sin fingimiento [hipocresía]. Aborreced lo malo, seguid lo bueno” (Ro. 12:9).

   “Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros” (1 Ts. 3:12).

  “Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida” (1 Ti. 1:5).

   “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 P. 1:22).

   “Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado” (1 Jn. 3:23).

   Comentario de Efesios (4:1-2) Creyente, Camino: ¿De qué manera puede el creyente caminar con dignidad? ¿Qué deben hacer los creyentes para complacer a Dios en la vida cotidiana… • en el trabajo? • en la iglesia? • con sus compañeros creyentes? • en el juego? • en el hogar? • con su familia? • en la escuela? • con los vecinos? • con los amigos?

   Una vez que una persona cree en Jesucristo y se convierte en miembro del pueblo de Dios y de la iglesia de Dios, ¿qué debe hacer para caminar digno del gran llamado de Dios, para traer honra al nombre de Cristo y a su iglesia?

▬ 1. El creyente debe caminar con toda humildad (ver nota, Humildad, Fil. 2:3 para mayor discusión al respecto.

▬ 2. El creyente debe caminar con toda mansedumbre (ver nota, Mansedumbre, Gá. 5:22-23 para una mayor discusión al respecto).

▬ 3. El creyente debe caminar con paciencia (ver nota, Paciencia, Gá. 5:22-23 para mayor discusión).

▬ 4. El creyente debe caminar amando a los demás (ver nota, Amor, Gá. 5:22-23. También ver notas, Amor, Gá. 5: 13-15 para mayor discusión al respecto).

   (4:3) Unidad -Hermandad: El propósito de caminar digno es uno solo: la unidad. Los creyentes deben trabajar para mantener la paz para poder estar unidos en la unidad del Espíritu de Dios. Jesucristo ha derribado todos los muros y las barreras existentes entre los hombres. Todos pueden ahora ser salvos: • todas las nacionalidades • los pobres • los blancos • todos los pueblos • los ricos • los de piel roja • todos los idiomas • los negros • los amarillos

   Toda persona es preciosa a la vista de Dios. Cuando una persona se acerca a Dios a través de Jesucristo, se torna como cualquier otro: en el mismo plano y en el mismo nivel. No es mejor ni peor que cualquier otro. Es un hombre que tiene necesidad del perdón de Dios y él, junto con todos los demás, se postra ante Cristo y lo acepta como su Señor y Arno. El hombre, tal como cualquier otro, se está sometiendo a convertirse en el siervo de Cristo. La riqueza, la posición, la condición social, todo se olvida. Lo único que importa es la salvación y la vida que ofrece Cristo.

   El punto es este: Cuando una persona llega a Cristo con tal espíritu, el Espíritu de Dios ingresa a su vida y vincula a la persona con todos los demás creyentes. Hay un gran vínculo de paz espiritual forjado por el Espíritu de Dios entre todos los creyentes. Todas las divisiones, diferencias y prejuicios quedan de lado y existe un espíritu de amor, paz y unidad.

   Dentro de la iglesia hay un espíritu de paz prevaleciente forjado por el Espíritu de Dios. Sin embargo, advierta un hecho trágico: No todo creyente camina en el Espíritu, no todo el tiempo. Con demasiada frecuencia, los creyentes permiten que el yo y la antigua vida vuelvan a ingresar a escena, su(s) viejo(s): • prejuicios • quejas • orgullo • diferencias • críticas • arrogancia • heridas • refunfuños • comparaciones • envidias • miserias • desagrados

    El resultado es catastrófico para la iglesia: división y un disturbio de la paz y del espíritu de unidad. Esta es la razón de esta acusación. Advierta la palabra “solícitos” (spoudazontes). Significa ser diligente, trabajar para ocuparse y hacer lo mejor que uno puede, y hacerlo con todo empeño. La única forma de caminar digno del gran llamado de Dios es trabajar para mantener la paz y la unidad que Dios nos ha dado. Nada hiere tanto el corazón de Dios como la división entre su gente, la división que destroza su iglesia. Lo que está haciendo Dios es crear un nuevo cuerpo de personas que vivan juntas en el amor y la unidad de su Hijo. Va a crear cielos nuevos y tierra donde no habrá otro espíritu. Por lo tanto, Él espera que nosotros vivamos en el amor y unidad de su Espíritu ahora.

   “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todo una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Co. 1:10).

   “Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros” (2 Co. 13:11).

   “Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Ef. 4:3).

   “Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio” (Fil. 1:27).

   “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables” (1 P. 3:8).

   Comentario de Efesios (5:2) Jesucristo, Muerte – Dios, Gloria de – Creyente, Deber: El creyente sigue a Dios, en segundo lugar, amando como amó Cristo. Aquí cabe destacar dos cosas acerca de la muerte de Cristo.

▬ 1. La frase “se entregó a si mismo por nosotros” es una frase sencilla con un profundo significado. No significa que Cristo murió solo como un ejemplo para nosotros, demostrándonos que deberíamos estar dispuestos a morir por la verdad o por alguna gran causa. Lo que significa es que Cristo murió en nuestro lugar, en nuestro sitio, como nuestro substituto. Este significado es incuestionablemente claro (Véase 1ª P. 2:21-25.).

∎a. La idea del sacrificio para la mente judía y pagana de esa época era la idea de una vida dada en el lugar de otro. Era un sacrificio de substitución.

∎b. La idea de sacrificio con frecuencia está en el mismo contexto de las palabras: “Cristo… se entregó a sí mismo por nosotros” (Ef. 5:2).

   “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (Jn. 6:51).

   “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Jn. 10:11).

   “Así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas” (Jn. 10:15).

   “Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación” (Jn. 11:51).

   “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Jn. 15:13).

   “Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad” (Jn. 17:19). (Cp. Jn. 10:11; Ro. 8:32; Gá. 1:4; 2:20; 1Tì. 2:6; Tit. 2:14).

▬ 2. Las palabras “Cristo… se entregó a si mismo… ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” expresa un significado más elevado de la muerte de Cristo que el solo hecho de satisfacer nuestra necesidad. La palabra “ofrenda” se refiere a la ofrenda de holocausto del Antiguo Testamento (Lv. 1:1ss). La ofrenda de holocausto se entregaba a Dios no solo debido al pecado, sino porque una persona deseaba glorificar y honrar a Dios. Una persona deseaba demostrar su amor y adoración por Dios. Este es un aspecto de la muerte de Cristo que por lo general se pasa por alto, un aspecto que se eleva más allá de la mera satisfacción de nuestra necesidad. Al darse a sí mismo como una “ofrenda a Dios” Cristo estaba mirando más allá de nuestra necesidad a la majestuosa responsabilidad de glorificar a Dios. Esto significa que su principal propósito fue el de glorificar a Dios. Él estaba principalmente preocupado por hacer la voluntad de Dios, por obedecer a Dios. Dios había sido terriblemente deshonrado por el primer hombre, Adán, y por todos los que lo siguieron. Jesucristo quería honrar a Dios demostrándole que por lo menos un hombre pensaba más en la gloria de Dios que en cualquier otra cosa. Cristo quería demostrar que la voluntad de Dios significaba más que cualquier deseo o ambición personal que Él pudiera tener.

   Él dijo: “Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Levantaos, vamos de aquí” (Jn. 14:31; cp. Lc. 2:42; Jn. 5:30).

   El punto es este: El creyente debe caminar en amor, así como Cristo nos ha amado y se ha entregado como una ofrenda y un sacrificio a Dios. El creyente debe amar tanto que se entregue como una ofrenda y un sacrificio. No debe existir ningún límite en las ofrendas y los sacrificios de nuestras vidas para Dios y los hombres. Recuerde: El amor de Dios – el amor ágape- siempre es un amor que actúa.

   “Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a si mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Ef. 5:2).

   “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Jn. 13:35).

   “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado” (Jn. 15:12).

   “El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno” (Ro. 12:9).

   “Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros” (1 Ts. 3:12).

   “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 P. 1:22).

   “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte” (1 Jn. 3:14).

   “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1 Jn. 3:16-18).

  “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Jn. 4:7-8).

   “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1 Jn. 4:20).

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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