Estudio Biblico Tiquico

Estudio Biblico Tiquico

Roberto Saldias Roa

LECCION:  Números 32:20 AL 24. [20]. Entonces les respondió Moisés: Si lo hacéis así, si os disponéis para ir delante de Jehová a la guerra, [21]. y todos vosotros pasáis armados el Jordán delante de Jehová, hasta que haya echado a sus enemigos de delante de sí, [22]. y sea el país sojuzgado delante de Jehová; luego volveréis, y seréis libres de culpa para con Jehová, y para con Israel; y esta tierra será vuestra en heredad delante de Jehová. [23]. Mas si así no lo hacéis, he aquí habréis pecado ante Jehová; y sabed que vuestro pecado os alcanzará. [24]. Edificaos ciudades para vuestros niños, y majadas para vuestras ovejas, y haced lo que ha declarado vuestra boca. 

Comentario general del contexto. Versículos 20-27: Tras esta declaración, Moisés los absuelve de toda culpa y les promete la tierra deseada como posesión, con la condición de que cumplan su promesa; pero les vuelve a recordar el pecado que cometerán, y tendrán que expiar, si no se cumple su promesa, y cierra con la amonestación de que construyan pueblos para sus familias y rediles para sus rebaños, y que hagan lo que tengan. prometido. Sobre esto, prometen de nuevo (Números 32:25-27), a través de su portavoz (como lo muestra claramente el singular ויּאמר en Números 32:25, y el sufijo en אדני en Números 32:27), que cumplirán su mandato. El uso de la expresión “delante de Jehová”, en las palabras, “vayan armados delante de Jehová a la guerra”, en Números 32:20 y Números 32:21, puede explicarse por el hecho de que en la guerra que libraron en el mandamiento de su Dios, los israelitas eran el ejército de Jehová, con Jehová en medio. Por lo tanto, el arca del pacto fue llevada a la guerra, como vehículo y sustrato de la presencia de Jehová; mientras que permaneció atrás en el campamento, cuando el pueblo quiso avanzar hacia Canaán por su propia voluntad (Números 14:44). Pero si este es el significado de la expresión “delante de Jehová”, podemos entender fácilmente por qué los rubenitas y gaditas no hacen uso de ella en Números 32:17, es decir, porque sólo prometen ir equipados “delante de los hijos de Israel”, es decir, para ayudar a sus hermanos a conquistar Canaán. En Números 32:32 también adoptan la expresión, después de oírla de boca de Moisés (Números 32:20).

(Nota: esto deja completamente de lado la supuesta discrepancia que Knobel aduce en apoyo de su hipótesis fragmentaria, a saber, que el Elohista escribe «delante de Israel» en Números 32:17 y Números 32:29, cuando el Jehovista escribiría «delante de Jehová,” – declaración que ni siquiera es correcta; ya que encontramos “delante de Jehová” en Números 32:29, que Knobel se ve obligado a borrar del texto para establecer su afirmación.)

Inocente, “libre de culpa ante Jehová y ante Israel”. Retirándose de participar en la guerra contra los cananeos, no sólo pecarían contra Jehová, que había prometido Canaán a todo Israel y les había mandado tomarla, sino también contra Israel mismo, es decir, contra el resto de las tribus, como se afirma con más detalle en Números 32:7-15. En Números 32:22, “delante de Jehová” significa según el juicio de Jehová, con aprobación divina. חטּאתכם וּדעוּ, “conoceréis vuestro pecado”, que os alcanzará (מצא) o os herirá, es decir, tendréis que hacer expiación por ellos.

El concepto bíblico al que se refieres es el Pacto (o voto) delante de Dios, el cual se caracteriza por ser inalterable, firme y de cumplimiento obligatorio.

La Biblia aborda esta seriedad y firmeza de los compromisos a través de dos enfoques principales:

1. El principio de los votos y promesas inalterables. En el ámbito humano y espiritual, cuando se hace un compromiso formal o un voto delante de Dios, la Biblia exige que no se cambie ni se altere, incluso si cumplirlo resulta difícil o perjudicial para uno mismo. El texto más directo sobre esto se encuentra en el Salmos: 15: 1 al 4. «[1]. Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? [2]. El que anda en integridad y hace justicia, Y habla verdad en su corazón. [3]. El que no calumnia con su lengua, Ni hace mal a su prójimo, Ni admite reproche alguno contra su vecino. [4]. Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, Pero honra a los que temen a Jehová. El que, aun jurando en daño suyo, no por eso cambia.». Eclesiastés 5:4-5. «Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. [5]. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.». Gálatas 3:15. «Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.».

TEXTO: “Cuando haces voto a Jehová tu Dios, no tardes en pagarlo; porque ciertamente lo demandará Jehová tu Dios de ti, y sería pecado en ti” (Deuteronomio 23:21)

Cumplimiento de los votos, 23:21-23. En la religión de Israel, hacer votos a Dios era estrictamente voluntario. Había dos razones principales que motivaban a un adorador a hacer un voto a Dios. Generalmente, el adorador prometía dar a Dios o hacer algo para él, por causa de una bendición recibida. En momentos de necesidad o angustia, el adorador prometía algo con el propósito de recibir ayuda divina. La ley deuteronómica enfatiza la necesidad de cumplir la promesa hecha a Dios. La promesa era hecha voluntariamente (v. 23), pero una vez hecha la persona que había prometido tenía la obligación de hacer lo que había prometido (Ecl. 5:4, 5). La persona que no cumplía su promesa era culpada de pecado (v. 21). Si una persona no hacía promesa esto no era pecado (v. 22) porque Jehovah no esperaba que su pueblo le hiciera promesas.

El libro de Proverbios declara que muchos hacían promesas a Dios sin reflexionar en las consecuencias de sus promesas. Jefté hizo un voto para comprar el favor de Dios. La consecuencia de su voto fue el sacrificio de propia hija (Jue. 11:29–40.). Jesús citó Deuteronomio 23:21 para enseñar a sus discípulos la importancia de hablar la verdad (Mat. 5:33–37. «Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.»).

Jueces 11:29 al 40. «Y el Espíritu de Jehová vino sobre Jefté; y pasó por Galaad y Manasés, y de allí pasó a Mizpa de Galaad, y de Mizpa de Galaad pasó a los hijos de Amón.  Y Jefté hizo voto a Jehová, diciendo: Si entregares a los amonitas en mis manos, cualquiera que saliere de las puertas de mi casa a recibirme, cuando regrese victorioso de los amonitas, será de Jehová, y lo ofreceré en holocausto. Y fue Jefté hacia los hijos de Amón para pelear contra ellos; y Jehová los entregó en su mano. Y desde Aroer hasta llegar a Minit, veinte ciudades, y hasta la vega de las viñas, los derrotó con muy grande estrago. Así fueron sometidos los amonitas por los hijos de Israel. Entonces volvió Jefté a Mizpa, a su casa; y he aquí su hija que salía a recibirle con panderos y danzas, y ella era sola, su hija única; no tenía fuera de ella hijo ni hija. Y cuando él la vio, rompió sus vestidos, diciendo: ¡Ay, hija mía! en verdad me has abatido, y tú misma has venido a ser causa de mi dolor; porque le he dado palabra a Jehová, y no podré retractarme. Ella entonces le respondió: Padre mío, si le has dado palabra a Jehová, haz de mí conforme a lo que prometiste, ya que Jehová ha hecho venganza en tus enemigos los hijos de Amón. Y volvió a decir a su padre: Concédeme esto: déjame por dos meses que vaya y descienda por los montes, y llore mi virginidad, yo y mis compañeras. El entonces dijo: Ve. Y la dejó por dos meses. Y ella fue con sus compañeras, y lloró su virginidad por los montes. Pasados los dos meses volvió a su padre, quien hizo de ella conforme al voto que había hecho. Y ella nunca conoció varón. Y se hizo costumbre en Israel, que de año en año fueran las doncellas de Israel a endechar a la hija de Jefté galaadita, cuatro días en el año.»

Cumpliendo con los votos:

Hoy los votos se hacen en forma de compromisos que contratamos cuando prometemos dar cierta cantidad a la iglesia, una organización cívica y a las campañas que luchan en contra del cáncer y las múltiples otras enfermedades que amenazan la salud. El consejo que necesitamos poner en práctica es de no comprometernos más allá de nuestras capacidades de cumplir. Sabemos que debemos dar el diezmo a la iglesia. Los que estén en condiciones de contribuir a otras organizaciones tienen que reconocer que nunca se acaban las necesidades, pero se acaban los recursos para contribuir a todo. Por eso, debemos establecer pautas a seguir para determinar lo que podemos dar y a qué organizaciones. En esta forma podemos cumplir con nuestras promesas.

1er TÍTULO: Sabia y humilde respuesta del siervo de Dios. Versículos 20 al 22. Entonces les respondió Moisés: Si lo hacéis así, si os disponéis para ir delante de Jehová a la guerra, y todos vosotros pasáis armados el Jordán delante de Jehová, hasta que haya echado a sus enemigos de delante de sí, y sea el país sojuzgado delante de Jehová; luego volveréis, y seréis libres de culpa para con Jehová, y para con Israel; y esta tierra será vuestra en heredad delante de Jehová.  (Léase: Proverbios 15:1. La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor.  ▬ Colosenses 4:6. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.).

Sabia y humilde respuesta del siervo de Dios. La sabia y humilde respuesta del siervo de Dios según la Biblia se resume en el reconocimiento de la soberanía divina, la mansedumbre ante el prójimo y la total ausencia de orgullo. Las Escrituras modelan estas respuestas tanto en la actitud hacia Dios como en la interacción con los demás. Lucas 1:38. «Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.». Lucas 17:10. «Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.». 2ª Timoteo 2:24 al 26. «Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él.»

   Las palabras que pacifican, Proverbios 15:1. El v. 1 muestra la influencia de la respuesta en el contexto de la ira. Por un lado, la respuesta (ver 16:1. «Del hombre son las disposiciones del corazón; Mas de Jehová es la respuesta de la lengua.») suave (o “blanda” según 25:15. «Con larga paciencia se aplaca el príncipe, Y la lengua blanda quebranta los huesos.») “da vuelta” (aquí quita) el calor o la rabia. Por otra parte, la palabra que es dolorosa “incita la nariz” (la palabra hebrea para la ira). Así, al encontrarse en un contexto donde alguien está enojado con uno, hay que responder de una manera que se calme la situación (una respuesta blanda) y no de una manera que complique la situación (con una respuesta que causa dolor). La forma verbal del hiphil en el versículo muestra cómo cada respuesta es la responsabilidad del que responde.

Comentario de colosenses (4:6) El deber del creyente, Testimonio: Hablar siempre con gracia, respondiendo y testificando acerca de lo que hace su vida distinta. Cuáles son las expectativas de Dios con respecto a nosotros: que vivamos tan diferente y de manera tan misericordiosa que los hombres nos pregunten qué nos hace diferentes. ¿Cuántos viven una vida que es así de diferente? ¿Así de divina y misericordiosa? Note exactamente que se dice. Cuando andamos entre los no creyentes, debemos cuidar nuestro discurso y conversación. Debemos…

◘ asegurarnos de hablar con gracia (en charita), es decir, con bondad cortesía y gracia.

◘ sazonar nuestra conversación con sal; es decir, debemos darle sabor, hacer que la conversación sea sobre temas agradables y no corruptos.

Lo que sucede es sorprendente: Los no creyentes comienzan a darse cuenta por nuestra vida y nuestra conversación que somos diferentes de una manera positiva. Algunos nos preguntarán que es lo que nos da esa paz y esa seguridad en la vida. Entonces es ahí donde tenemos una oportunidad única de dar nuestro testimonio. Es ahí que podemos alcanzar y traer a aquellos que están tan trágicamente sin Cristo, perdidos y condenados en la desesperación y la desesperanza para siempre.

Referencias Bíblicas:

“Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede” (Mt. 5:37).

“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” (Col. 4:6).

“Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús” (2 Ti. 1:13).

“Palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros” (Tit. 2:8).

“Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo” (Stg. 3:2).

“Sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 P. 3:15).

2° TÍTULO: Advertencia: el incumplimiento del compromiso traerá malas consecuencias. Versículo 23. Mas si así no lo hacéis, he aquí habréis pecado ante Jehová; y sabed que vuestro pecado os alcanzará.  (Léase: Deuteronomio 28:15. Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán. ▬ Malaquías 2:2. Si no oyereis, y si no decidís de corazón dar gloria a mi nombre, ha dicho Jehová de los ejércitos, enviaré maldición sobre vosotros, y maldeciré vuestras bendiciones; y aun las he maldecido, porque no os habéis decidido de corazón.).

Advertencia: el incumplimiento del compromiso traerá malas consecuencias: Así es, el incumplimiento de un compromiso genera consecuencias negativas que afectan tanto a nivel personal como en las relaciones con los demás. Cuando no se cumple una palabra o un acuerdo, el impacto principal se da en la confianza, la cual es difícil de recuperar una vez dañada.

El valor que le das a tu palabra influye directamente en cómo te perciben los demás. Por eso es importante aprender a decir que sí o que no de frente, y no estar cambiando de opinión. Hoy es regalado cancelar, porque gracias a la tecnología y las redes sociales todo sucede de inmediato y no tenemos ni que dar la cara, pero justo esa es la trampa: genera cierta desconexión entre las personas y provoca informalidad; como no pasa a mayores, nos convencemos de que no hay bronca y se nos va haciendo costumbre esa falta de compromiso.

Pero, aunque es bien fácil desdecirnos de cualquier cosa, no debería ser así. Las palabras y promesas tienen una relación directa con el valor que tenemos como personas en los ojos de otros. Porque no creas que si no cumples pasas desapercibido. Por medio de las promesas que realizamos nos hacemos presentes, impactamos en el entorno y demostramos a los demás el valor que le damos a nuestras palabras y acciones. Un plus es que cuando somos coherentes, también se incrementa nuestra autoestima. El cumplir con algo acordado demuestra quiénes somos y nos hace sentir mejor cuando lo que proyectamos coincide con lo que decimos que somos.

Según la Biblia, el incumplimiento de los compromisos y las promesas trae consecuencias espirituales y morales graves, ya que para Dios la palabra dada tiene un valor sagrado. Mateo 5:37. «Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.». Proverbios 6.1-2. «Hijo mío, si salieres fiador por tu amigo, Si has empeñado tu palabra a un extraño, Te has enlazado con las palabras de tu boca, Y has quedado preso en los dichos de tus labios.»

La revocación de las bendiciones, Deuteronomio 28:15–19. La maldición del pacto vendría sobre Israel por causa de su desobediencia. El texto declara que por cuanto Israel no escuchó la voz de Jehovah y no puso en práctica sus mandamientos y sus estatutos, la maldición del pacto sería invocada sobre el pueblo rebelde. La desobediencia llevaría al pueblo a abandonar a Jehovah (v .20) para seguir a otros dioses.

La desobediencia trae en sí la revocación de las bendiciones prometidas en Deuteronomio 28:3–6. Las maldiciones mencionadas en 28:16–19 son exactamente el reverso de las bendiciones mencionadas en 28:3–6. Lo que la obediencia da a Israel la desobediencia se lo quita. El Dios que había sido fiel en cumplir sus promesas (v. 9), el Dios que generosamente provee para las necesidades de su pueblo (v. 11) y el Dios que es soberano sobre toda la creación (v. 12), es el mismo que declara sentencia sobre un pueblo rebelde. Jehovah no acepta la desobediencia de su pueblo ni bendice a aquellos que menosprecian las promesas hechas en el monte Horeb, las mismas promesas renovadas por la nueva generación de israelitas en el valle de Moab. La lista de maldiciones en este capítulo introduce la consecuencia que vendría sobre la desobediencia de Israel: plaga (28:22), sequía (28:23, 24), derrota en la batalla (28:25, 26), enfermedades (28:27), invasión enemiga (28:28–35), exilio (28:36–52), hambre (28:53–57), enfermedades (28:58–61) y desolación (28:62–68).

Resultados de la desobediencia, Malaquías 2:1-9: Advertencia (v. 1, mitsvah4687) es la traducción preferible aquí, aunque normalmente la palabra se traduce “mandamiento”. Aquí no hay exactamente un “mandamiento” sino una advertencia donde a continuación se indican las consecuencias de la desobediencia de los sacerdotes. También, aquí se nos enseña que la indiferencia y la burla al nombre de Dios no son la manera de responder en momentos de crisis. Solo los espíritus inferiores responden con miseria a la miseria de su tiempo. Los “mensajeros de Dios”, en cambio, responden con reverencia, humildad y lucha por la vida, la paz, la justicia y la verdad.

La expresión mi pacto con Leví (2:4) no aparece en otra parte del AT. Esta expresión, única de Malaquías, parece ser una manera disimulada de referirse al mismo profeta Malaquías. Entre todos los sacerdotes que servían a la comunidad judía, Malaquías era el único que honraba el compromiso de sus antepasados con Dios. Por eso solamente él podría adjudicarse el título “Mi mensajero” (2:7; comp. 1:1).

3er TÍTULO: Aceptando con cordura las peticiones de sus hermanos. Versículo 24. Edificaos ciudades para vuestros niños, y majadas para vuestras ovejas, y haced lo que ha declarado vuestra boca.  (Léase: Romanos 12:3. Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. ▬ 1ª de Pedro 3:8. Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables.).

Referencia del contexto Bíblico sobre edificaos: 1ª tesalonicenses 5:11. «Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis.» Salmo 127:1. «Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia.». Proverbios 24:3. «Con sabiduría se edificará la casa, Y con prudencia se afirmará». Hebreos 3:4. «Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios.».

   Piensa moderadamente sobre la medida de tu fe Romanos (12:3). Pablo pasa a pedir “moderación” con respecto a nuestro lugar en la comunidad mesiánica. Comienza con “por la gracia que se me ha dado”, una referencia a su conversión del camino a Damasco (Hechos 9), ahí donde Dios lo llamó a la fe en Cristo y lo encomendó a los gentiles (Hechos 26:17–18). En esencia, Pablo está apelando a su autoridad apostólica. Entonces, cuando dice: “Les digo a todos ustedes”, no se trata solo de una solicitud amable, sino de una orden autorizada. “Cada uno” de sus lectores con sus mentes renovadas también debe ser renovado en sus juicios.

Si dice que te amoldas al mundo, “pensarás en ti mismo más de lo que deberías”, es decir, serás engreído y orgulloso. Si el Espíritu te transforma, “pensarás en ti mismo con un juicio sobrio”, es decir, serás humilde y buscarás servir en lugar de ser servido (Marcos 10:45 de Cristo). Pensar con sobriedad es tener la perspectiva divina: somos esclavos de Dios (Ro 6:16, 18, 22) y de quienes nos rodean (Gá 5:13), queriendo usar siempre nuestros dones para servirles. Nos colocamos debajo de otros en lugar de encima (véase Filipenses 2:3–4).

Una estimación adecuada de nosotros mismos se lleva a cabo cuando “la medida de la fe” está operando en nosotros (literalmente “de acuerdo con la fe que Dios ha distribuido a cada uno de ustedes”). Hay dos formas de entender esto: la “medida” podría ser el estándar de nuestra fe compartida en la comunidad. Nos examinamos sobre la base de esa fe común que Dios nos ha dado a cada uno de nosotros. Por otro lado, podría ser esa medida diferente o “distribuida” que se nos da como Dios quiere y según hemos aceptado “por fe” (véase también el v. 6).

La solución debe surgir del contexto en los versículos 4–8 y los dones espirituales dados a cada creyente para que puedan servir a la iglesia. La medida de la fe en este sentido es la fe dada a todos los cristianos para recibir los dones que Dios tiene para ellos. Dios le ha dado a cada uno la misma fe, pero la usamos para aceptar los diferentes dones que tiene para cada uno de nosotros. La fe es la misma, pero los dones son diferentes. En este sentido, ambas opciones son viables, ya que cada una se ajusta a una de las dos caras de la moneda. En cualquier caso, debemos tener una humildad correcta cuando nos examinamos de acuerdo con los diferentes dones que Dios nos ha asignado. No puede haber orgullo, porque todos los dones son importantes para Dios y necesarios en la iglesia. Aquellos deben ser recibidos por fe, y los usamos para ser servidores.

Comentario de 1ª de Pedro 3:8: (3:8) Creyentes ▬ Paz: este es un gran pasaje para los creyentes. Se ocupa de la paz. Debemos vivir en paz con los creyentes en Cristo. Cuando el mundo observa a los creyentes, deben ver una unidad sumamente inusual, un espíritu de unidad que no se encuentra en ningún otro lugar de la tierra. Deben ver creyentes que están tan unidos y tan estrechamente entrelazados que son como hermanos y hermanas que permanecen juntos, que se aman y apoyan durante todas las pruebas y tentaciones de la vida. El mundo no debe ver a los creyentes. . . • discutiendo • peleándose • seduciendo • teniendo altercados • rezongando • quejándose • enfadándose • divididos • golpeándose

El mundo debe ver a los creyentes unidos, juntos en las buenas y en las malas sean cuales fueren las circunstancias. ¿Cómo pueden los creyentes vivir en unidad? ¿Cómo puede la gente con personalidades y trasfondos tan diferentes estar más cerca que los hermanos y hermanas terrenales? En los términos más sencillos posibles, este versículo lo define en seis puntos.

  1. Ser de un mismo sentir (v. 8).
  2. Ser compasivos (v. 8).
  3. Sentir amor fraternal (v. 8).
  4. Tener piedad (v. 8).
  5. Ser amigables (v. 8).

[1]. (3:8) Unidad ▬ Fraternidad ▬ Sentir: los creyentes deben tener un mismo sentir (homophrones). La palabra significa tener la misma mentalidad; ser del mismo pensamiento. Los creyentes deben mantener sus mentes puestas en las mismas cosas. Deben centrar su mente en Jesucristo y su misión.

▬ 1. Los creyentes deben proponerse llegar a ser como Jesús, conformarse a la imagen de Cristo.

“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Ro. 8:29).

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Co. 3:18).

“A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte” (Fil. 3:10).

“Y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Col. 3:10).

▬ 2. Los creyentes deben proponerse llevar vidas santas, justas y puras.

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Ro. 12:1-2).

“Así que, amados, puesto que tenemos tales pro- mesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Co. 7:1).

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (He. 12:14).

“Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 P. 1:15-16).

“Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!” (2 P. 3:11-12).

▬ 3. Los creyentes deben proponerse desarrollar un carácter y un fruto espirituales.

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley (Gá. 5:22-23).

▬ 4. Los creyentes deben proponerse llevar adelante el ministerio y la misión de Cristo.

“Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mt. 20:28).

“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc. 19:10).

“Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Jn. 20:21).

“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hch. 1:8).

“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (2 Co. 5:20).

“Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Ti. 2:2).

   [2]. (3:8) Compasión: los creyentes deben sentir compasión unos por otros. La palabra compasión (sumpatheis) significa sentir realmente con los demás. Significa sentir por los demás tanto que…

  • uno sufre con los que sufren.
  • uno llora con los que lloran.
  • uno se regocija cuando los demás son honrados.
  • uno entiende la presión bajo la cual está un líder cuando debe liderar.
  • uno se conduele con aquellos que son criticados y atacados.
  • uno se apena con las angustias de los otros.

La unidad no puede existir a no ser que los creyentes sientan compasión unos por otros. Los creyentes no pueden ser egoístas y distantes; no pueden estar buscando llamar la atención y hacer lo que les plazca si deben ser unidos. La unidad exige compasión; la unidad exige que los creyentes sientan unos por otros, que sientan profundamente, tan profundamente que lleguen a experimentar lo que experimentan los demás creyentes: dolor, pena, abuso, sufrimiento, gozo y regocijo.

“Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran” (Ro. 12:15).

“Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos” (Ro. 15:1).

“Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” (Ga. 6:2).

[3]. (3:8) Amor, fraternal: los creyentes deben sentir amor fraternal unos por los otros. El “amor fraternal” (philadelplioi) ya ha sido tratado por Pedro (véase nota amor, 1ª P. 1:22-25 para mayor información al respecto).

[4]. (3:8) Piedad ▬ Bondadoso: los creyentes deben tener piedad el uno por el otro. La palabra “piedad” (eusplagchnoi) significa ser bondadoso; ser sensible y afectivo hacia las necesidades de los demás; conmoverse con sentimientos tiernos por el dolor y el sufrimiento de los demás. Vivimos en un mundo de sufrimiento extremo que necesita piedad desesperadamente. Tantas personas sufren y siguen sufriendo sin haber tenido jamás sus necesidades satisfechas. Existen los medios y los recursos para satisfacer sus necesidades, pero muchas personas en el mundo se han endurecido respecto del sufrimiento de los demás. Acaparan, guardan para si, y construyen activo sobre activo en lugar de sacrificarse y tratar de satisfacer las necesidades del mundo. Pero esto no se aplica al creyente. Los creyentes deben tener piedad de los demás y sus sufrimientos. Los creyentes deben sentir piedad hasta el punto en que se propongan actuar, sacrificarse y satisfacer las necesidades de los que sufren.

Nuevamente, advierta cómo la piedad no le da lugar al egoísmo. La piedad exige que una persona se niegue a si misma y ayude a los demás en sus necesidades y sufrimiento desesperados. Advierta también que la piedad acerca a las personas. Ayudar y ministrar a otros vincula y entrelaza a la gente. Sentir piedad -sentir uno por otro, sacrificarse y tratar de ayudarse- une a la gente. Se crea un gran vínculo entre el creyente y aquellos a los que él ministra.

“En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir” (Hch. 20:35).

“Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo” (He. 13:3).

“La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Stg. 1:27).

[5]. (3:8) Amigables ▬ Humildad: los creyentes deben ser “amigables” (tapeinophrones). La palabra significa tener una mentalidad humilde; ser humilde de mente. Significa ofrecerse como siendo inferior y en forma sumisa; andar en el espíritu de la humildad; presentarse como humilde; ser de bajo grado o rango; no ser arrogante, orgulloso, presumido, agresivo o altivo.

Nota: una persona humilde puede tener una alta posición, poder, riqueza, fama y mucho más, pero lleva dentro de sí un espíritu de humildad y sumisión. Se niega a si mismo por el bien de Cristo y para ayudar a los demás.

Los hombres siempre han considerado la humildad como un defecto. A un hombre humilde con frecuencia se lo considera cobarde, servil, un tipo de persona despreciable, como si fuera un esclavo. Los hombres le temen a la humildad. Creen que la humildad es una señal de debilidad y que los hará objeto de maltrato y abuso, y hará que sean dejados de lado e ignorados.

Debido a esto, los hombres ignoran y dejan de lado la enseñanza de Cristo sobre la humildad. Esto es trágico:

=> porque se necesita un espíritu humilde para la salvación (Mt. l8:3-4).

=> porque la idea de humildad que tiene Dios no es la de debilidad y cobardía.

Dios hace fuerte a la gente, lo más fuerte que puedan ser. A la humildad, Dios no le da el mismo significado que le da el hombre. Dios infunde un espíritu nuevo y fuerte dentro de una persona y hace que esa persona conquiste todo a lo largo de la vida. Simplemente no quiere que la persona ande por la vida siendo orgullosa. Él quiere que la persona haga lo que dice la definición: ofrecerse en un espíritu de sumisión y humildad; sin ser altivo, orgulloso, arrogante, presumido o agresivo.

La humildad es algo que debe desarrollarse. Las Escrituras nos dicen cómo:

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis des- canso para vuestras almas” (Mt. 11:29).

“Y dijo: De cierto os digo, que, si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos” (Mt. 18:3-4).

“Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Mt. 23:12).

“Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión” (Ro. 12:16).

“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor” (Ef. 4:1-2).

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Fil. 2:3-4).

“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Col. 3:12-13).

“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo” (1 P. 5:6).

Amén, para la honra y gloria de Dios.

Domingo 13 de Septiembre de 2026

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