Lectura Biblica: 1ª de corintios 14:29 al 33. 29. Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. 30. Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero. 31. Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados. 32. Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; 33. pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos.

   Nota del Expositor juvenil: Conforme a la inspiración recibido, todos pueden profetizar, pero de manera ordenada. El espíritu del profeta debe ser dirigido por el Espíritu Santo, quien true paz y no produce confusión.

Comentario del contexto Biblica: (14:29-33) Profecía ▬ Iglesia ▬ Adoración: La tercera regla es que la profecía se debe limitar y discernir. Observe varios elementos:

▬ 1. Solo dos o tres profetas deben hablar en un culto.

▬ 2. Las palabras “los demás” implica plural en el griego. Los demás probablemente sean las mismas personas que se mencionaron anteriormente, aquellas que son suficientemente maduras y están dotadas con la habilidad de discernir lo que se proclama.

▬ 3. Si otra persona que escucha recibe alguna comprensión especial acerca de lo que proclama el que habla en lenguas, el que habla debe permitir que la persona hable acerca de su comprensión.

▬ 4. A todos los profetas en una iglesia se les debía permitir hablar. Sin embargo, no debían hablar todos en el mismo culto. Ya se había implantado la regla de que solo dos o tres pudieran hablar en un culto.

▬ 5. Todo verdadero profeta tiene un mensaje significativo que dar y una contribución importante que hacer a la iglesia. Esto se ve en las palabras “uno por uno”. Todos los profetas eran necesarios “para que todos aprendan, y todos sean exhortados” (v. 31).

▬ 6. Los espíritus de los que hablan en lenguas deben ser controlados por el que habla. Una vez más, a los creyentes dotados, no importa el don, no los domina un impulso irresistible del Espíritu, no al punto de que no se puedan controlar. Dos personas que hablan en lenguas no deben intentar hablar al mismo tiempo. Se da la razón más sencilla: “Dios no es Dios de confusión, sino de paz”.

▬ 7. El planteamiento es contundente: “Dios no es Dios de confusión, sino de paz” (v. 33). Todas las iglesias que permiten la confusión y el desorden quedan reprendidas por este planteamiento. Sus cultos desordenados son para sí, no para Dios.

1er Título: El don de profecía debe ser usado con discernimiento de espíritu. Versículos 29 y 30. Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero.  (Léase: 1ª a los Corintios 2:14 al 16. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio, el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo. ▬ 2ª de Pedro 1:20 y 21. ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.).

   Comentario de 1ª a los Corintios 2:14 al 16. [14]. El hombre no espiritual no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son una insensatez y no es capaz de entenderlas porque se disciernen espiritualmente.

◘ a. «El hombre no espiritual». La palabra griega que hemos traducido «no espiritual» aparece aquí y en otros cuatro lugares del Nuevo Testamento.46 La traducción declara lo que el hombre no es, esto es, espiritual. Esto es exactamente lo que Pablo quiere decir al contrastar a una persona no espiritual con una persona espiritual. «El primero es el hombre animado, esto es, lleno de alma en el sentido de fuerza viviente, es el hombre natural

en contraste con el hombre espiritual». El hombre natural pertenece al mundo, mientras que el espiritual pertenece a Dios. Uno es no creyente, el otro es creyente, uno carece del Espíritu, mientras que el otro tiene al Espíritu; uno sigue sus instintos naturales (Jud. 19), el otro sigue al Señor.

◘ b. «[El hombre no espiritual] no acepta las cosas del Espíritu de Dios». Aunque el verbo aceptar es sinónimo de recibir (véase el v. 12), la diferencia es notable. El primer verbo está en voz activa y se refiere al objeto que es aceptado. El segundo verbo está en voz pasiva y describe la manera en que se recibe el objeto. La traducción no acepta es lo mismo que rechaza. El hombre no espiritual repudia las cosas del Espíritu de Dios porque no las entiende ni las desea. Sólo acepta las cosas del mundo.

◘ c. «Porque para él son una insensatez». Las cosas espirituales tienen que ver con el pecado, la culpa, el perdón, la redención, la salvación, la justicia y la vida eterna. Para el que no es espiritual estas cosas no tienen sentido, son irrelevantes y hasta estúpidas. No tienen lugar en la vida que sólo se limita al mundo presente.

◘ d. «Y no es capaz de entenderlas porque se disciernen espiritualmente». Pablo habla de una incapacidad que viene por la ausencia del Espíritu Santo en la vida del no creyente. Se da por sentado que el incrédulo podría superar al cristiano en muchas maneras: intelectualmente, en su educación, filosóficamente y hasta moralmente. Podría ser un ciudadano ejemplar y un líder en la sociedad que evita los excesos sensuales que caracterizan a otra gente. A pesar de todo eso, el incrédulo es incapaz de entender los asuntos espirituales.

Está privado de la presencia interior del Espíritu Santo para que ilumine su entendimiento.

Pablo afirma que el incrédulo es incapaz de comprender verdades espirituales porque éstas «se disciernen espiritualmente». El verbo se discierne es significativo. Primero, apunta al proceso continuo de evaluar el contexto espiritual en el que vivimos. Segundo, la voz pasiva del griego denota que, guiado por el Espíritu Santo, el creyente es capaz de probar los espíritus, a fin de determinar si vienen de Dios (cf. 1 Jn. 4:1). El creyente que se somete a Dios debe juzgar todas las cosas espiritualmente.

El agnóstico o el ateo no tiene la capacidad para juzgar espiritualmente, porque él mismo está muerto en delitos y pecados (Ef. 2:1). En cuanto a cuestiones espirituales, es como el hombre que golpea el interruptor durante un corte de energía, quedándose sin luz. Peor aún, no tiene idea de qué causó el corte ni es capaz de predecir cuánto durará el apagón. No posee ningún poder para cambiar la situación y sólo le queda esperar que restituyan el suministro de corriente. Asimismo, a menos que el poder del Espíritu entre en su vida y lo ilumine espiritualmente, permanecerá en la oscuridad espiritual. El Espíritu Santo capacita al ser humano para que vea claramente el camino que lleva a la vida y a evaluar con exactitud las circunstancias en las que se encuentra.

    [15]. Pero el hombre espiritual juzga todas las cosas, pero nadie lo juzga a él.

◘ a. «Pero el hombre espiritual juzga todas las cosas». ¡Qué magnífico es para una persona espiritual acceder directamente a Dios mismo, la fuente de la sabiduría (Stg. 1:5)! De Dios recibe sabiduría sin límites. Por consiguiente, es capaz de examinar todas las cosas juiciosamente y de aportar con su liderazgo en un mundo entenebrecido por el pecado. «Ningún otro que el hombre espiritual puede gozar de un conocimiento de los misterios de Dios tan firme y sano, al punto de distinguir la verdad de la mentira, la doctrina de Dios de las fabricaciones humanas, estando muy poco sujeto a engaño». Para el creyente las Escrituras son lámpara a sus pies y lumbrera a su camino (Sal. 119:105). Sabe que en la luz de Dios ve la luz (Sal. 36:9). El que es espiritual ha sido ungido con el Espíritu, por lo cual conoce la verdad (1 Jn. 2:20). Esto lo capacita para diferenciar la verdad del error, los hechos de la ficción, lo auténtico de lo falso.

Pablo afirma que el hombre espiritual juzga todas las cosas. Esto implica que ha recibido al Espíritu Santo como su guía y que usa la Escritura como brújula para el viaje de su vida. La expresión todas las cosas apunta al amplio espectro de la existencia humana. Esto no quiere decir que el hombre espiritual sea experto en cada área de la vida. Lo que se quiere decir es que es capaz de evaluar espiritualmente todo en relación con la comunidad en la que Dios le ha colocado.

◘ b. «Pero nadie lo juzga a él». Ésta es una declaración atrevida. Con todo, no quiere decir que al cristiano nunca se le juzgue (cf. 14:29), sino que el creyente no puede ser juzgado por los incrédulos, pues son incompetentes para juzgar espiritualmente a un creyente.

El creyente es juzgado en base a la Palabra de Dios. Si se trata del destino eterno de un hombre, sólo la Escritura es la que finalmente juzga al hombre espiritual, y no las ordenanzas y reglas inventadas por los hombres.

    [16]. Porque ¿Quién ha conocido la mente del Señor como para instruirle? En cambio, nosotros tenemos la mente de Cristo.

◘ a. Fuente. Este versículo confirma la atrevida declaración que Pablo acaba de hacer (v.15). Según su costumbre, Pablo fundamenta sus enseñanzas citando la Escritura, la que considera su corte de apelaciones. Ahora cita dos líneas separadas de Isaías 40:13, según la versión griega del texto hebreo (cf. Jer. 23:18; Sabiduría 9:13). En otro texto, Pablo cita el pasaje completo del Antiguo Testamento en forma sucesiva (véase Ro. 11:34). Pero aquí deja fuera una línea del texto de la Septuaginta, esto es, deja fuera «¿Quién ha sido su consejero?». Las dos líneas que cita «¿Quién ha conocido la mente del Señor» y «como para instruirle?» difieren ligeramente del texto hebreo, que dice: «¿Quién entendió la mente de Yahvé?» y «¿A quién consultó Yahvé para aprender?».

◘ b. Significado. ¿En qué forma este pasaje del Antiguo Testamento prueba el punto de Pablo? La palabra clave de esta cita es mente, la cual apunta a Dios y a Cristo. Lo que se implica aquí es que la mente de una persona espiritual debe armonizar con la mente de Dios. Cuando el ser humano es controlado por el Espíritu de Dios, su interés está en cumplir la ley de Dios, hacer la voluntad de Dios y reflejar la gloria de Dios. El Señor conoce al hombre y lo instruye, pero sería absurdo pensar que el hombre es capaz de conocer a Dios y de instruirle. ¿Quién tiene la autoridad como para hacer una evaluación de la ley de Dios? En su epístola, Santiago escribe que «si alguien habla mal de su hermano, o lo juzga, habla mal de la ley y la juzga» (4:11), a lo que añade que Dios es el único Legislador y Juez (4:12). Con todo, la persona en la que reside el Espíritu de Dios posee un conocimiento espiritual que lo guía y dirige en esta vida.

Pablo afirma que, como creyentes, nosotros tenemos la mente de Cristo. En los versículos anteriores, los verbos en primera persona plural tenían un significado inclusivo. Por tanto, cuando aquí se dice tenemos, Pablo apunta a sí mismo, al resto de los apóstoles y a los creyentes que han oído de ellos el evangelio. El escritor de la Epístola a los Hebreos declara en forma concisa: «Esta salvación que fue anunciada primeramente por el Señor, y los que la oyeron nos la confirmaron» (2:3). Por consiguiente, la expresión mente de Cristo apunta al hecho de que los creyentes conocen a Cristo por medio de la obra del Espíritu y por apropiarse del mensaje evangélico.

   «Que la mente de Cristo, mi Salvador, viva en mí todos los días, todo lo que hago y digo está dominado por su amor y poder». — Kate B. Willinson

Consideraciones prácticas en 2:15–16

¿Insinúa Pablo que el cristiano que ora fervientemente pidiendo el don del Espíritu, está libre de errores? No creo, porque muchos creyentes darán testimonio de que a causa de un descuido tuvieron que sufrir por muchos años. Sólo Jesús estuvo libre de error en su

ministerio terrenal. Sus seguidores tienen que confesar con humildad que sus vidas están lejos de ser perfectas.

El pueblo de Dios, que ha sido redimido por la obra de Jesucristo, ha sido llamado a amar a Dios con todo su corazón, alma y mente, y a amar a su prójimo como a sí mismos (Mt. 22:37–39). Lo hacen para expresar su gratitud a Dios por la salvación que Cristo les ha dado. Deben orar que el Espíritu Santo, que mora en ellos, los acerque más a Jesucristo. Tener comunión con Cristo quiere decir que tienen la mente de Cristo y que desean servirle por gratitud.

Comentario de 2ª de Pedro 1:20 y 21 [20]. Ante todo, tengan muy presente que ninguna profecía de la Escritura surgió de la interpretación del propio profeta.

Aquí tenemos un punto importante de doctrina que Pedro introduce con las palabras, ante todo. Antes de estudiar las diversas interpretaciones de este versículo, debemos aceptar el comentario de Pedro de que los lectores deben conocer el uso de la Escritura. En otras palabras, deben saber que la Escritura no se originó en la mente del hombre. Pedro lo dice del siguiente modo: “Ninguna profecía de la Escritura surgió de la interpretación del propio profeta”.

◘ a. Diferencias. Obsérvese la diferencia que encontramos en dos traducciones: “Ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal” (BdA; véase también RVR y BJer). “Ninguna profecía de la Escritura se originó nunca en las propias ideas del profeta” (SEB; comparar NIV). La diferencia se centra en las palabras personal o propia. ¿Debe leerse “interpretación personal (propia)”

o “la propia interpretación del profeta”? La diferencia es profundamente importante: una traducción significa que una persona no tiene libertad para interpretar la Escritura; la otra versión significa que la Escritura no tiene su origen en la interpretación personal del profeta. En lo concreto, la primera traducción enfatiza el uso de la Escritura, la segunda, su origen.

◘ b. Explicaciones. Los comentaristas que prefieren la primera explicación dicen que la Escritura no debe interpretarse privadamente, ya que en esta epístola Pedro mismo dice: “Gente ignorante e inestable distorsionan [la Escritura]” (3:16). Un creyente puede interpretar la Escritura en tanto y en cuanto se rija por las enseñanzas de la iglesia, que es guiada por el Espíritu Santo. Pero Pedro no está colocando restricciones al creyente individual que lee la Escritura.

En realidad, los Reformadores enseñaron que los creyentes son libres de interpretar la Escritura y pueden hacerlo sin reglamentación eclesiástica. “Los Reformadores enfatizaron la claridad de la Escritura.… No era su intención minimizar la importancia de las interpretaciones de la Iglesia en la predicación de la Palabra. Ellos indicaban que la Escritura misma testifica acerca de su perspicuidad allí donde se declara que es una lámpara a nuestros pies y lumbrera en nuestro camino”. Y si bien nosotros sabemos que el Espíritu Santo dirige a la iglesia llevándola hacia un entendimiento más claro de la Escritura, no podemos negar que el Espíritu también guía a los individuos en su interpretación de la Biblia. Por lo tanto, debemos evitar introducir a nuestro texto restricciones que Pedro no incluyó; debemos, en cambio, escuchar claramente lo que el escritor está tratando de comunicar.

La segunda opinión es que “ninguna profecía surgió de la propia interpretación del profeta”. Es cierto, la expresión profeta no está en el texto griego, sino que ha sido agregada por el traductor con el propósito de [p 315] aclarar el pasaje. Los traductores se preguntan si Pedro estaba pensando en el lector cuando escribió acerca de “la interpretación propia” o si tenía al profeta en mente. Si se refiere al profeta, entonces está hablando acerca del origen de la Escritura. En la parte final del versículo 20, la expresión surgió denota origen. Además, el sustantivo interpretación “se refiere a la actividad del mismo profeta bíblico; a lo que había en su mente cuando escribía”. De paso, cabe notar que en el Nuevo Testamento el sustantivo interpretación sólo aparece en este lugar; el verbo aparece solamente en otros dos lugares (Mr. 4:34; Hch. 19:39). Y, para concluir, este versículo es un preludio del versículo 21.

◘ c. Conclusión. Muchas son las dificultades que quedan, y ninguna de las conclusiones está libre de críticas. No obstante, en mi opinión, el segundo punto de vista armoniza con la descripción elaborada de la actividad profética que Pedro aporta en su primera epístola (1:10–12). Además, esta opinión cuadra bien con el contexto inmediato del versículo 20, que habla del origen de la Escritura. En los versículos 16–19, Pedro considera el origen del mensaje apostólico; el versículo 21, que fluye desde el versículo precedente y está estrechamente relacionado con el mismo, revela el origen divino de la Escritura.

[21]. Porque la profecía nunca tuvo su origen en la voluntad humana, sino que los hombres hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo.

Aquí tenemos una oración bellamente equilibrada que expresa un contraste en el que el hombre permanece pasivo mientras Dios está activo. Este contraste es revelado en forma negativa y positiva. Si tomamos el orden que las palabras guardan en el griego, tenemos el siguiente paralelo:

Nótense los siguientes puntos:

◘ a. Negativo. Pedro comienza su declaración acerca del origen y fuente de la profecía declarando que la Escritura no surgió por voluntad del hombre. Para esta observación inicial él encuentra apoyo en el Antiguo Testamento, que afirma enfáticamente que la verdadera profecía nunca tiene su origen en el hombre. Por ejemplo, Dios le dice a Jeremías: “No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca del Señor” (23:16). Y Dios pronuncia ayes sobre los profetas malvados “que andan en pos de su propio espíritu y nada han visto” (Ez. 13:3).

Pedro dice que la voluntad humana nunca dio origen a la verdadera profecía. El usa una expresión absoluta al escribir el término nunca. En ningún caso durante la formación de la Escritura jamás prevaleció la voluntad del hombre. Al contrario, la profecía proviene de Dios.

◘ b. Positivo. Por eso Pedro declara que la profecía acaeció por la acción del Espíritu Santo. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento declaran que los hombres que hablaron y escribieron se daban cuenta de que el Espíritu Santo obraba en ellos. Así tenemos el testimonio de David: “El Espíritu del Señor ha hablado por medio de mí; y su palabra ha estado en mi lengua” (2 S. 23:2). Asimismo, Pablo llama al Espíritu Santo autor primario de la profecía y a Isaías autor secundario (Hch. 28:25; y también Heb. 3:7; 10:15).

◘ c. Pasivo. En el paralelo (véase arriba), los verbos en las dos columnas principales están en voz pasiva y se derivan del verbo griego llevar. También en el griego, el verbo fue llevada está en tiempo pasado e indica que la composición de la profecía por parte de la voluntad del hombre nunca sucedió. Esto contrasta con el verbo fueron llevados de la segunda columna que en el griego es un participio en tiempo presente. Este participio revela la actividad continua del Espíritu Santo, que lleva (mueve) a los hombres en la obra de la redacción de la Escritura. Esta figura es tomada del vocabulario náutico, en el sentido de que un bote a vela es “llevado” por el viento.

El Espíritu Santo empleó hombres, no instrumentos, para la composición de la Escritura. El Espíritu usó seres humanos con sus talentos y percepciones, sus peculiaridades y características, guardándolos del pecado y del error. El Espíritu Santo está en control del hombre. Por consiguiente, el texto es claro acerca de este punto: en la redacción de la Escritura, el hombre permanece pasivo y el Espíritu activo.

◘ d. Activo. El verbo principal de la parte final de la oración es “hablaron”. “Los hombres hablaron de parte de Dios”. Nótese que los hombres tienen un papel activo, no pasivo, en la formación de la Escritura. Aunque Pedro utiliza el verbo hablar, estamos confiados en que incluye el concepto de escribir. El griego, sin embargo, revela que Pedro menciona el hecho de hablar (y escribir) y no el contenido de lo que fue dicho. El contenido de la Escritura no se origina en el hombre sino en Dios. Por lo tanto, Pedro dice: “Hombres hablaron de parte de Dios” (bastardillas añadidas). El mensaje que el hombre comunica proviene de Dios, puesto que Dios es la fuente de la Escritura.

Consideraciones doctrinales en 1:20–21

Versículo 20

El Nuevo Testamento está lleno de versículos que animan al creyente a escudriñar las Escrituras. Por ejemplo, los Bereanos “recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hch. 17:11). Pero si cada creyente interpreta la Escritura según sus propias percepciones y la aplica como le parece bien, las explicaciones de determinado pasaje serán incontables y extremadamente diversas. Al rechazar la enseñanza de que solamente la iglesia tiene autoridad para interpretar la Biblia, también vemos peligros en el ejercicio de un individualismo exagerado.

Dios ha entregado su revelación a su pueblo como cuerpo, por lo cual la interpretación de la Escritura debe abarcar a la comunión de los creyentes. Juntos, los Bereanos examinaban diariamente las Escrituras para controlar las enseñanzas de Pablo. Sigamos el ejemplo de estos cristianos primitivos.

Versículo 21

Este es uno de los bien conocidos pasajes de la Biblia que dan un testimonio directo de la inspiración de la Escritura. Otro texto es, por supuesto, 2 Timoteo 3:16: “Toda Escritura está inspirada por Dios”. Ambos textos revelan que el origen de la Escritura es divino, ya que el autor primario de la Biblia es el Espíritu Santo. Por esta razón nosotros usamos el adjetivo: santa al describir la Biblia. Con todo, “el énfasis que aquí se hace no recae en el valor espiritual de la Escritura (aunque también esto se vislumbra en el trasfondo), sino en la confiabilidad divina de la Escritura”.

Los hombres que escribieron las Escrituras fueron movidos, impulsados, por el Espíritu Santo. El los dirigió en su redacción de tal modo que sus palabras humanas comunicaban la Palabra de Dios y no sus propios pensamientos. En su epístola, Santiago subraya esta misma verdad cuando escribe: “Considerad los profetas que hablaron en el nombre del Señor” (5:10). Lo que ellos dijeron no tenía autoridad por el oficio profético que ellos desempeñaban sino por la fuente de sus revelaciones: el Señor Dios.

2° Titulo: Maravilloso don de Dios dado a la Iglesia para edificación, exhortación y consolación. Versículo 31. Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados. (Léase: Proverbios 29:18. Sin profecía el pueblo se desenfrena; Mas el que guarda la ley es bienaventurado.  ▬ Los Hechos 2:17. Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños. ▬ 1ª a los Corintios 14:3. Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación.).

   Comentario de Proverbios 29:18. En el v. 18, la palabra jazon2377 se define como visión y apunta a la experiencia extática del profeta (ver Ose. 12:11; Hab. 2:3; Eze. 7:13). Es una palabra que viene del corazón de Dios para su pueblo. Presenta la frescura de la ley divina, y así lo muestra el paralelismo en el versículo.

Un compromiso con la ley (y por ende la visión divina) produce la bienaventuranza, el favor divino (ver 8:32, 34; 14:21; 16:20; 20:7; 28:14). La ausencia de una visión, como la ausencia de una dirección o los consejeros (ver 11:14; 15:22; 20:18; 24:6), produce un pueblo que se desenfrena, de la palabra que significa “soltar” o “dejar a solas”. De ese modo, la visión del v. 18 viene de Dios y pide que se siga la visión divina.

1ª a los Corintios 14:3. [2]. Porque aquel que habla en lenguas no habla a los hombres [y mujeres], sino a Dios. Porque nadie le entiende, sino que en el Espíritu habla misterios. 3. Pero el que profetiza, habla a los hombres [y mujeres] para su edificación, ánimo y consolación.

◘ a. «Porque aquel que habla en lenguas no habla a los hombres [y mujeres], sino a Dios». De los dones de profecía y lenguas, Pablo toma el segundo para aclarar que la glosolalia es adorar a Dios en privado (véase el v. 4). Hablarle a Dios en una lengua equivale a elevar una oración personal: el que ora habla para sí mismo y para Dios (v. 28) y lo hace en el contexto del amor. Por consiguiente, hablar en una lengua sin que haya interpretación equivale a decir cosas que no comunican ningún significado, ya que la gente no será capaz de entender lo que se dice. Aunque Dios conoce cada una de las palabras que se pronuncian, su pueblo no entiende nada y no es edificado.

◘ b. «Porque nadie le entiende, sino que en el Espíritu habla misterios». Hablar y oír son los dos lados de una moneda. Cuando no se entiende lo que alguien dice, no hay comunicación. El no lograr comunicarse resulta en la alienación de la gente involucrada. Según el relato de Hechos 2:4–11, todos los que estaban presentes en los atrios del templo fueron capaces de entender el mensaje que proclamaban en muchas lenguas conocidas los que fueron llenos del Espíritu Santo. Pero en el presente contexto, Pablo no habla de intérpretes. Más bien se refiere a que un mensaje pronunciado en una lengua y sin interpretación se dirige a Dios, no a la gente.

La palabra griega pneuma se puede traducir «espíritu» o «Espíritu», y los traductores se dividen en el presente caso. El término apunta al espíritu humano o al Espíritu Santo. En el contexto de este capítulo, Pablo se refiere al espíritu humano en otras dos oportunidades: «Porque si yo oro en una lengua, mi espíritu ora» (v. 14), y «los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas» (v. 32). Esto apoya la idea de que aquí Pablo se refiere al espíritu humano.

No obstante, la palabra espíritu, con y sin mayúscula, debe estudiarse en relación al término misterios. Esta palabra es el contenido de esta última oración en el versículo 2. Encontramos un paralelo en 13:2, donde Pablo habla acerca de los misterios íntimamente relacionados a la profecía. A través de su Espíritu, Dios genera, en la profecía y en la glosolalia, misterios que son incomprensibles (cf. 2:6–16; 1 P. 1:10–12). Sin embargo, el Espíritu Santo revela estos misterios y emplea a su pueblo para expresarlos.3 Por tanto, el Espíritu es el agente que obra dentro de la persona y el que relata esos misterios.

Pablo y sus colaboradores eran administradores de los misterios de Dios (2:7), a quienes se les había encargado los misterios que Dios revela en Cristo (4:1). A través de la predicación del evangelio, ellos explicaban estos misterios al pueblo de Dios. Pero en el presente pasaje, Pablo dice que cualquiera que pronuncia misterios en el Espíritu, no se está dirigiendo a la gente. Entonces debería dirigirse a Dios, pero no será capaz de hacerlo, ya que Dios es el dador. La salida a este dilema es dar a conocer estos misterios a los creyentes y explicárselos para su edificación.

◘ c. «Pero el que profetiza, habla a los hombres [y mujeres] para su edificación, ánimo y consolación». Es obvio el contraste entre la glosolalia y la profecía: el que habla en una lengua no se comunica, el que profetiza dirige un mensaje al pueblo.4 Este mensaje tiene un triple propósito: debe instruir, alentar y consolar a los creyentes (cf. 1 Ts. 2:12). Es un mensaje que edifica a la gente en su fe, que les señala a Cristo y que les enseña a vivir vidas santas. Además, el mensaje profético alienta e inspira a quienes lo escuchan para que puedan enfrentar los problemas de la vida diaria. Son palabras que reaniman, alimentan y sostienen al pueblo de Dios en períodos de depresión, tristeza y aflicción. El Nuevo Testamento enseña que los que reciben ánimo son los que lloran, los que están en prisión, lo mismo que las viudas golpeadas por la pobreza.5

En el contexto de los capítulos 12–14, este pasaje nos provee una descripción útil de lo que es la profecía. Nos describe cuáles son las funciones de la palabra profética sin insinuar que se trate de predicciones o afirmaciones con validez permanente.

Comentario de los Hechos (2: 17-21) Los últimos tiempos ▬ la obra de Dios en: estos son los últimos tiempos, los tiempos de la última obra de Dios en la tierra. Allí, parado frente a una multitud de miles, Pedro declaró:

=> Hoy, en este día comienza a cumplirse la gran profecía de Joel (Joel 2:28-32).

=> Hoy, en este día, comienzan los últimos tiempos de la historia de la tierra.

=> Hoy, en este día, comienzan los últimos días de la obra de Dios en la tierra.

=> Hoy, en este día, comienzan los últimos tiempos, la era final del plan de Dios para la historia de la humanidad.

=> Hoy, en este día, comienzan los últimos tiempos, la dispensación de la gracia de Dios (la iglesia), la era del evangelio.

Pensamiento 1. En la Escritura “los días postreros” significan todo lo anterior. Los últimos tiempos comenzaron con la venida de Cristo a la tierra y terminarán cuando él regrese. Note: hace 2000 años que estamos en los últimos tiempos.

▬ 1. Los últimos incluyen el gran derramamiento del Espíritu de Dios.

◘ a. La palabra “derramar” (ekcheo) significa vaciar, verter, desparramar. Significa que Dios da su Espíritu.

  • para que more en el creyente (Jn.14:17; 1ª Co. 6:19-20).
  • para que esté con el creyente para siempre (Jn. 14:16).
  • para que llene, inunde al creyente (Ef. 5:18).
  • para que dé al creyente manifestaciones muy especiales de Cristo (Jn. 14:21).

◘ b. Dios derrama su Espíritu sobre toda carne…

  • sobre hijos e hijas.
  • sobre jóvenes y ancianos.
  • sobre sus siervos y siervas.

Lo importante es lo siguiente: el Espíritu de Dios no discrimina. El Espíritu de Dios está disponible para todos: hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, esclavos y libres, ricos y pobres.

◘ c. Dios derrama su Espíritu con dones muy especiales.

  • el don de la profecía: proclamando y profetizando la verdad. Fíjese que este don se da tanto a hombres como a mujeres. Esto era parte de la promesa de la Escritura.
  • el don de ver visiones, especialmente entre los jóvenes. La palabra griega “visiones” (horaseis) significa aparición (Ap.4:3) o una revelación extática (Ap. 9:17). En la Escritura, la palabra griega se usa tanto para lo que el hombre puede visualizar (ver, imaginar, pensar, hacer que aparezca) en su propia mente, como para lo que Dios le da mediante una revelación especial (Ap. 9:17).
  • el don de soñar sueños, especialmente entre los ancianos. La idea es que ese sueño es dado por Dios.

Pensamiento 1. Advierta un aspecto crucial. La historia ha mostrado y la Escritura nos advierte que los dones espirituales muchas veces se desaprovechan y se abusa de ellos en forma destructiva y trágica…

1) Debemos tener cuidado de no aceptar que cada sueño y visión provienen de Dios. La Palabra de Dios es su revelación. Ahí se encuentra lo que Dios quiere revelarnos. Debemos tomar la Palabra de Dios y medir cada sueño y visión según ella.

2) Un estudio de las visiones y sueños que aparecen en el libro de Hechos nos muestra que cada uno estaba relacionado con testificar y alcanzar a las personas para Cristo. Ni un solo sueño o visión tuvo que ver con la edificación personal o para hacer que alguien fuera espiritualmente superior.

◘ d. Dios derrama su Espíritu solamente sobre sus siervos y siervas. Este es el énfasis de este versículo, la razón de repetir lo que acababa de decirse. Note que el versículo es una oración a manera de sumario: nadie recibe el Espíritu de Dios, nadie, hasta que se haya convertido en su siervo o sierva.

◘ e. Dios obsequia a sus siervos y siervas con un don muy especial, el don de la profecía. Una vez más la idea es primordial, destacar lo que es tan importante. El don de profecía, de proclamar que el propio hijo de Dios ha venido al mundo a salvar pecadores, es el mayor don de Espíritu de Dios. Cada uno de los siervos y siervas de Dios tienen el don de profetizar.

Pensamiento 1. Advierta que devastador golpe al ego del profesionalismo y a la práctica de tantos de nosotros.

1) Muchos de nosotros dejamos la proclamación, es decir, el testificar, a otros usando la frágil excusa de que no somos capaces o que no tenemos el don de testificar.

2) Muchos disfrutan el prestigio de un don profesional y un ministerio profesional, minimizando el ministerio laico y el don del obrero laico para proclamar a Cristo. Aunque existen medidas o grados para los dones, la gran necesidad del momento es que cada creyente proclame al Señor.

▬ 2. Los últimos tiempos incluyen los días de terrible juicio al llegar el fin: el Día del Señor.

▬ 3. Los últimos tiempos incluyen los días de gran salvación. A lo largo de los últimos tiempos, durante todo el período, el hombre puede salvarse haciendo simplemente dos cosas:

=>Tiene que llamar: sentir la necesidad de ser salvo.

=>Tiene que invocar “el nombre del Señor”: saber y creer que Jesús es el Señor y estar dispuesto a someterse a su señorío, a servirle como Señor.

“porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Ro.10:13).

   “que, si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Ro. 10:9-10).

3er Titulo: No hay confusión, sino paz y orden en la manifestación genuina de Espíritu de Dios. Versículos 32 y 33. Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos. (Léase: San Juan 14:26 y 27. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.  ▬ 2ª a los Corintios 13:11. Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros.).

   Comentario de San Juan 14:26 y 27. [14:25, 26]. Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Además, el Ayudador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

Jesús parece demorarse con sus discípulos lo más posible. Parece despedirse de ellos una y otra vez; sin embargo, una y otra vez se queda un poco más. Hay un tono de despedida en las palabras, “Os he dicho estas cosas estando con vosotros”. Sin embargo, el Maestro se demora. Cf. 14:31; 15:11; 16:1, 4, 25, 33. Estas cosas, en vista de estando con vosotros, que sin duda es muy general, no se puede restringir a las palabras pronunciadas esa noche, sino que obviamente indican toda su enseñanza hasta ese mismo momento. Ahora Jesús distingue (nótese que no presenta un contraste; δε debería traducirse aquí además o y o ahora no, pero o más) entre su propia enseñanza durante los días de su humillación, por una parte, y su propia enseñanza por medio del Espíritu en la gloria de su exaltación, por la otra. La idea central de los versículos 25 y 26 se puede sintetizar así:

“Mientras moraba físicamente con vosotros os he comunicado ciertas enseñanzas que después de mi separación física de vosotros os aclararé más por medio del Espíritu (cf. 1 Co. 2:13). Además, entonces os enseñaré todo lo que necesitáis saber para realizar la obra de testimonio que se os ha asignado”.

Nótense los nombres dados a la tercera persona de la Trinidad: el Ayudador (παράκλητος); véase sobre 14:16; el Espíritu Santo, santo porque, no sólo está completamente libre de pecado y posee todos los atributos morales en grado infinito—lo cual, desde luego, es verdad también respecto al Padre y el Hijo—, sino también porque él es quien lleva la parte principal en la obra de hacer santos a otros (santificación). También se describe como aquel “a quien el Padre enviará en mi nombre (el de Cristo)”. Cf. Hch. 2:33. El envío del Espíritu Santo y también su obra en la tierra armonizan por completo con el nombre de Cristo, es decir, con su autorrevelación en la esfera de la redención. La comparación entre 14:26, “a quien el Padre enviará en mi nombre”, y 15:26, “a quien yo os enviaré del Padre”, aclara completamente que el envío histórico del Espíritu Santo el día de Pentecostés (véase Hch. 2) se atribuye tanto al Padre como al Hijo. ¿Acaso esta efusión histórica no implica que también la procesión eterna, supra histórica, del Espíritu debe considerarse como una acción en la que cooperan el Padre y el Hijo?

Nótese que la promesa contiene dos elementos, y que con toda probabilidad el primer todas las cosas (πάντα) abarca más que el segundo. Primero, el Espíritu les enseñará todas las cosas necesarias (no sólo para su propia salvación, sino aquí en concreto, para la obra de testimonio (cf. Mt. 10:10; 1 Jn. 2:27). Esto incluye ciertas cosas que Jesús no había enseñado concretamente durante los días de su humillación, las cuales omitió por una razón muy prudente (véase sobre 16:12). En segundo lugar, el Espíritu les recordará todo lo que él mismo les había dicho. Como ya se indicó, por medio de ambos Jesucristo cumple su oficio profético, primero en la tierra, luego desde el cielo.

Los dos todas las cosas pueden considerarse como círculos concéntricos, porque también por medio del recuerdo de lo antiguo (“os recordará todo lo que yo os he dicho”), el Espíritu enseñará lo nuevo. Debe tenerse presente que entre el tiempo en que Jesús pronunció estas palabras y el momento en que fue derramado el Espíritu Santo ocurrieron los siguientes sucesos significativos: la crucifixión, resurrección, ascensión, y coronación de Cristo. A la luz de estos grandes acontecimientos la obra del Espíritu Santo de recordar a los discípulos las antiguas enseñanzas de Jesús implicaría naturalmente una nueva enseñanza, o si se prefiere, implicaría una comprensión más profunda de aquello que, cuando se oyó por primera vez, apenas se había entendido. Como prueba ofrecemos los siguientes pasajes: 2:22; 12:16. Incluso entonces, desde luego, la dirección especial del Espíritu fue necesaria para hacerles comprender el significado exacto de las palabras de Cristo a la luz de su expiación y glorificación.

[27]. La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. Por medio de todas las palabras de consuelo que preceden al versículo 27 Jesús trata de comunicar paz a los corazones de los discípulos. “Esta paz”, es como si dijera Jesús, “es tanto un legado que dejo (­φίημι) como un tesoro que doy (δίδωμι)”. Cierto que Jesús da esta paz con su muerte expiatoria en la cruz, con la cual produce la reconciliación. Sin embargo, decir que la palabra paz tal como se usa aquí en el versículo 27 es puramente objetiva y no tiene nada

que ver con el sentimiento subjetivo en el corazón del creyente es ir demasiado lejos. Que la paz en este caso indica ausencia de un sentimiento turbador y atemorizador resulta claro por las palabras que siguen inmediatamente, a saber, No se turben más vuestros corazones, ni tengan miedo. Como se ha dicho repetidas veces en este comentario, a fin de determinar el significado de las palabras, frases y cláusulas, se debe seguir leyendo. Esto se aplica también en este caso. Pero también lo que antecede tiene importancia para determinar el significado. A la luz de todo el capítulo creemos que la palabra paz aquí en 14:27 indica aquella ausencia de inquietud espiritual y aquella seguridad de salvación y de la presencia amorosa de Dios bajo toda circunstancia que resulta del ejercicio de la fe en Dios y en su Hijo (14:1) y de la contemplación de sus misericordiosas promesas (véase especialmente 14:1, 2, 3, 12–14, 16–21, 25, 26). Es la paz de la que Pablo habla en Fil. 4:6, 7. Cuando Jesús dice, “No os la doy como el mundo la da”, el contexto aclara que lo que quiere decir es “doy mi paz”, que el mundo nunca puede dar, por mucho que diga, “la paz sea contigo”, o “ve en paz”. El contraste está en el don mismo y no sólo en la forma en que se comunica este don. El mundo puede dar placer externo, descanso físico y deleite, honor, riqueza; pero nunca esa seguridad íntima que es el reflejo de la sonrisa de Dios en el corazón de su hijo.

En cuanto al significado de, “No se turben más vuestros corazones, ni tengan miedo”, véase en 14:1. Cuando la paz que Cristo comunica (y que ganó para nosotros mediante su expiación) entra en el corazón, queda excluida la ansiedad. “Ni tengan miedo”. Es el único caso en que se usa este verbo en el Nuevo Testamento (pero véase 2 Ti. 1:7 en cuanto al sustantivo). Se encuentra en Aristóteles, en los papiros, y bastante a menudo en la LXX. Significa ser cobarde, tímido o temeroso. A diferencia de φόβος, que se utiliza a menudo en un buen sentido (temor piadoso), δειλία con el que se relaciona el verbo δειλίαω, nunca se utiliza en un sentido bueno.

   Comentario de 2ª a los Corintios 13:11. En fin, hermanos [y hermanas], me despido. Enmendad vuestros caminos, recibid aliento, tened una sola mente, vivid en paz, y el Dios de amor y paz estará con vosotros.

◘ a. «En fin, hermanos [y hermanas], me despido». La expresión en fin es una forma familiar que Pablo usa al final de un discurso o carta (compárese, p. ej., Fil. 3:1; 1 Ts. 4:1; 2 Ts. 3:1; 2 Ti. 4:8). Sirve para presentar algún resumen y, por lo general, la sigue alguna instrucción. En este caso, Pablo se despide de sus lectores dirigiéndose a ellos como hermanos. El término hermanos, que incluye a las mujeres de la iglesia de Corinto, comunica su profundo amor por los destinatarios de su carta. Cada vez que escribe este término, da a conocer el amoroso cuidado que tiene por sus lectores y un sencillo sentido de igualdad; se coloca a sí mismo al nivel de ellos.

La despedida de Pablo posee un significado más profundo que un simple adiós, ya que el término griego jairete conlleva cierta medida de gozo (véase Fil. 4:4; 1 Ts. 5:16). A lo largo de su epístola, Pablo ha demostrado su gozo en relación a los corintios (2:3; 6:10; 7:7, 9, 16; 13:9). El gozo es una de las características que un cristiano sincero muestra incluso en tiempos difíciles de opresión, de tristeza y dolor. El tiempo presente de este verbo griego indica que la característica del gozo debe continuar siendo parte de la vida cristiana.

◘ b. «Enmendad vuestros caminos, recibid aliento, tened una sola mente, vivid en paz». En el versículo 9 el apóstol escribió acerca de la restauración y de llegar a ser perfeccionados. Una vez más, escribe la misma palabra, pero ahora lo hace usando una forma verbal que comunica aliento para restaurar todo en las vidas de los corintios y para desear la perfección. El tiempo presente en la traducción «enmendad vuestros caminos»32 revela la esperanza que Pablo tiene de ver que los corintios cumplan esto antes de su llegada.

La expresión recibid aliento provienen de traducir el verbo griego parakaleisze, el cual es un mandato en tiempo presente del verbo parakalein (convocar, animar, rogar, consolar). Las traducciones de este verbo son inusualmente variadas: como pasivo («sean consolados», NASB) o como voz media («anímense unos a otros», NAB, NJB, TNT). Incluso otras versiones expresan: «Tengan buena consolación» (KJV, NKJV), «Estén de acuerdo unos a otros» (NEB), «Hagan caso de mi exhortación» (NVI, NIV, NRSV, Cassirer), «Presten atención a lo que dije» (CEV; véase también NCV, Moffatt), y «Reciban mi aliento» (God’s Word).

En su epístola Pablo usa el verbo parakalein diecisiete veces, pero solamente en este lugar lo usa como mandato. En el resto de casos, escribe el verbo en modo imperativo, con el significado de ¡anímense! (1 Ts. 4:18; 5:11; Tit. 2:6, 15). Por lo tanto, prefiero interpretar las palabras de exhortación de Pablo como palabras de aliento a sus lectores.

A continuación, les dice a los destinatarios de su carta: «tened una sola mente». Esta exhortación aparece frecuentemente en las epístolas paulinas. Por ejemplo, les ruega a los romanos que se esfuercen por lograr la unidad (12:16; 15:5) y en Filipos suplica a Evodia y Síntique que vivan en armonía (Fil. 4:2; véase también 2:2). Pensar en términos paralelos y congruentes con las enseñanzas bíblicas significa que se mantiene la unidad en la fe cristiana, pero no necesariamente la uniformidad. Los reformadores del siglo dieciséis permitieron libertad en la interpretación de la Escritura, sin embargo, se dieron cuenta de que la iglesia jamás debe descartar las doctrinas cardinales de la Palabra de Dios. Con corazones y mentes unidas los cristianos deben enfrentarse a los ataques del maligno. Se les dice repetidamente que se amen unos a otros (Jn. 13:34; 1 Jn. 2:8; 2 Jn. 5). Además, no pueden actuar por sí mismos, sino que tienen que confiar plenamente en Dios, que les otorga su amor y su paz.

Por último, el apóstol instruye a los corintios a vivir en paz. Consciente del peligro de disensión en la iglesia, Pablo sigue el ejemplo de Jesús exhortando a los cristianos a que vivan en paz con todos (Ro. 12:18; 2 Co. 13:11; véase Mr. 9:50). Se trata de la paz que proviene de Dios. Esto se hace evidente en la bendición aarónica a su pueblo: «el Señor vuelva su rostro sobre ti y te conceda la paz» (Nm. 6:26).

◘ c. «Y el Dios de amor y paz estará con vosotros». Después de haber escrito cinco imperativos, Pablo añade una cláusula que la presenta usando la conjunción y. No escribe un pensamiento adicional, sino una bendición con la que él y muchos otros estaban acostumbrados a concluir sus correspondencias.33 En estos escritos aparece la frase el Dios de paz, pero Pablo añade el término amor. Es evidente que, en la primera epístola de Juan, Dios es amor (1 Jn. 4:8, 16); en dicha epístola el autor discute este atributo divino. ¿Hay alguna diferencia entre las frases Dios de amor y amor de Dios (v. 13 [14])? La respuesta es no, dado que ambas palabras describen una de las características de Dios. Dios es la fuente y el dador de amor.

Los seres humanos pecadores recibimos diariamente el amor y la paz de Dios. Dios es bueno con todos (Sal. 145:9); él hace que el sol brille sobre buenos y malos y que llueva sobre justos e injustos (Mt. 5:45). Pero cuando la gente se niega a oír su Palabra y continúa viviendo en odios y conflictos, no obtiene el amor y la paz de Dios. Las instrucciones y las bendiciones de Dios deben entenderse como causa y efecto, porque el amor crea un ambiente de paz.

Los creyentes saben que no puede haber amor puro y paz duradera sin Dios. Saben que Dios lleva a cabo la reconciliación entre él mismo y la humanidad pecadora, y que esta pacificación produce armonía (5:19). Dios otorga su paz a todos aquellos que desean ser reconciliados con él y vivir en unidad unos con otros. Hodge ha notado lo siguiente: «Tenemos aquí una conocida paradoja cristiana. La presencia de Dios produce amor y paz, y nosotros debemos tener amor y paz para poder gozar de su presencia. Dios otorga lo que él demanda».

La seguridad de que el amor de Dios está con los corintios aparece en la conclusión de esta breve bendición: «el Dios de amor y paz estará con vosotros». Las palabras hacen eco de la promesa de Jesús en la conclusión de la Gran Comisión: «Y ciertamente estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo» (Mt. 28:20). Todos los que oyen obedientemente a Dios tienen la confianza de que han recibido su amor y paz. La bendición no constituye una vaga promesa para el futuro, sino una sagrada garantía con validez permanente.

Semana del 02 al 08 de Noviembre del 2026

Amén, para la honra y gloria de Dios.

 

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