LECCIÓN: Números 33:50 al 53. [50. Y habló Jehová a Moisés en los campos de Moab junto al Jordán frente a Jericó, diciendo: 51. Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis pasado el Jordán entrando en la tierra de Canaán, 52. echaréis de delante de vosotros a todos los moradores del país, y destruiréis todos sus ídolos de piedra, y todas sus imágenes de fundición, y destruiréis todos sus lugares altos; 53. y echaréis a los moradores de la tierra, y habitaréis en ella; porque yo os la he dado para que sea vuestra propiedad.].
Firme orden de Dios para su pueblo en la gracia de nuestro Señor Jesucristo: La firme orden de Dios para su pueblo creyente de hoy se resume en un llamado a la fidelidad, el amor activo y la santidad en medio de un mundo cambiante. A través de las Escrituras, Dios no deja dudas sobre lo que espera de la iglesia actual.
Aquí se detallan los mandatos principales que componen esta orden divina:
- La Gran Comisión (El mandato de acción)
La iglesia de hoy tiene la misión urgente de no quedarse estática. La orden es ir y hacer discípulos en todas las naciones (Mateo 28:19-20. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.). Esto implica predicar el evangelio con fidelidad, bautizar y enseñar a las nuevas generaciones a guardar todo lo que Jesús mandó.
- El Doble Mandamiento del Amor (El mandato de relación)
Jesús dejó claro cuál es el motor de toda la vida cristiana: amar a Dios con todo el corazón, alma y mente, y al prójimo como a uno mismo (Mateo 22:37-39. Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.). Para el creyente actual, esto se traduce en una devoción íntima hacia Dios que se evidencia en el servicio, la compasión y el perdón hacia los demás.
- El Llamado a la Santidad y Consagración (El mandato de identidad)
La orden de Dios sigue siendo: «Sed santos, porque yo soy santo» (1 Pedro 1:16. porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.). En la cultura contemporánea, esto significa:
- No amoldarse a los criterios ni a la corriente de este mundo (Romanos 12:2. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.).
- Vivir con integridad, pureza y justicia en la vida pública y privada.
- Mantenerse como «sal y luz» para marcar una diferencia positiva.
- Permanecer Firmes en la Fe y la Oración (El mandato de resistencia)
Ante las dificultades, la orden divina es velar, estar firmes en la fe, portarse varonilmente y ser fuertes (1 Corintios 16:13. Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos. Efesios 6:12. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.). Dios pide a su pueblo que no se deje mover por doctrinas falsas, que persevere en la oración constante y que dependa enteramente del Espíritu Santo.
Comentario general del contexto Bíblico: Propósitos para el futuro (33:50-56)
El Señor había ordenado a Moisés que escribiera (2); ahora, que hablara (50-51). El recuerdo del pasado debía inspirar confianza, dejar advertencias y animar a que confiaran en el futuro. El mensaje de Moisés contenía una orden radical, una provisión amorosa y una advertencia necesaria.
Una orden radical (33:51-52)
El registro escrito contaba la magnitud de los pecados de Israel en el desierto, pero había peligros más grandes en el futuro. Las deidades cananeas a las que habían adorado en Sitim tenían altares en la nueva tierra. Debian reconocer el pecado por lo que es y expulsar a todos los habitantes de la tierra (52). No había lugar para la adoración sincretista con la que podían adorar a su único Señor y, a la vez, a los ídolos. Todas sus piedras grabadas e imágenes fundidas tenían que ser destruidas y los invasores debían demoler todos sus lugares altos con sus pilares pornográficos de Asera. El baalismo era un culto de fertilidad y mantenía que la adoración de su dios garantizaría una cosecha abundante. Para asegurarse estos beneficios, los adoradores utilizaban prostitutas rituales y llevaban a cabo prácticas en estos lugares altos. Pero el pueblo de Israel había hecho un pacto con su Dios y el adulterio estaba prohibido por el pacto del Decálogo.
La adoración de Baal no sólo estaba mal, sino que era una ofensa al Dios santo de Israel. Su influencia corrupta tendría un efecto destructivo en el pueblo de Dios a menos que cortaran de raíz drásticamente esos altares inmorales cuando conquistaran la tierra. Además de las connotaciones ofensivas y sexuales, el baalismo incluía la práctica de sacrificios de niños, que iba en contra de otro de los mandamientos: «No mataras». Al predicar a la comunidad antes de cruzar el río, Moisés les advirtió sobre las «cosas dbominables”9°6 que hacían en Canaán. Sus rituales eran físicamente violentos, además de moralmente desviados, y los invasores israelitas debían eliminar estas prácticas bárbaras. Para llevar a cabo esta destrucción punitiva, a los israelitas se les aseguró que «el SEÑOR tu Dios expulsara a esas naciones de delante de ti”.
Los cristianos pueden aprender de este mandamiento divino. Es imposible ser más santo sin este rechazo radical del pecado. Jesús dejó esto bien claro en sus enseñanzas” y los escritores del Nuevo Testamento aplicaron su mensaje a la vida del siglo I, que era tan moralmente dañino. Nosotros vivimos en una sociedad aún más depravada; el llamado a la santidad es un imperativo divino, no una invitación opcional.
Una provisión amorosa (33:53-54)
Después del mandamiento negativo de la erradicación de la maldad, viene uno positivo sobre la distribución de la tierra recién conquistada (53-54). Aunque la tierra era un regalo de Dios (53), si no había instrucciones claras acerca de la asignación de territorios para cada tribu, podrían surgir rivalidades y problemas. Para los nómadas, era una experiencia única poseer su propia tierra y necesitaban orientación sobre cómo distribuirla equitativamente.
El conocido método de la suerte (26:52-56) eliminaría la competitividad por las áreas geográficas preferidas: Donde la suerte caiga u cada uno, eso será suyo (54). Era mejor que las decisiones importantes como estas no se resolvieran por medio de un debate humano.” El pueblo debe quedarse con sus tribus ancestrales y no merodear siguiendo sus propias inclinaciones. Las tribus, clanes y familias tenían diferentes tamaños, así que, mientras que una región específica se determinaba por suerte, los lugares asignados debían ir acorde con el número de personas involucradas. Cuando el Señor realizó planes para el asentamiento del pueblo en Canaán, hizo todo lo posible por minimizar la rivalidad tribal, las disputas entre clanes y las peleas familiares acerca de dónde iba a vivir el pueblo.
TEXTO: «Y volverán allá, y quitarán de ella todas sus idolatrías y todas sus abominaciones» (Ezequiel 11:18).
Comentario del contexto Bíblico. En los vv. 17–21 el mensaje de Dios se dirige directamente a los exiliados, y en una visión de conjunto provee una serie de pasos en la renovación de Israel y su relación con Dios. El primer paso está representado por el v. 17, que de acuerdo a la lectura del texto sigue el esquema del éxodo de Egipto, por ello varios autores lo titulan “un nuevo éxodo”.
Comienza diciendo que serán reunidos desde los lugares donde habían sido esparcidos.
Notemos que la construcción literaria del versículo (en un paralelismo enfático de esperanza) tiene por objeto recordar (y oponerse) al castigo que recibieron de acuerdo al v. 16. Estas expresiones se repetirán en distintos lugares del libro para expresar el propósito salvífico de Dios (por ejemplo 20:34, 41, etc.). Termina el versículo con una declaración que tiene como propósito oponerse a la que habían hecho los habitantes de Jerusalén: ellos creían que Dios les había dado la tierra, ahora Dios mismo les dice a los exiliados que les dará la tierra, pues esta sigue siendo de Dios.
El segundo paso se encuentra en el v. 18, y tiene un eco de la demanda de la conquista representada en (Josué 24:23. «Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros, e inclinad vuestro corazón a Jehová Dios de Israel.»). Lo que no hicieron en aquel momento ahora lo podrán hacer. La experiencia del exilio los ha “curado” de la enfermedad de la idolatría.
Nota: Y volverán allá, y quitarán de ella todas sus idolatrías y todas sus abominaciones: Dios prometió que el tiempo de exilio de Israel sería un tiempo de limpieza, un tiempo para quitar su devoción previa a los ídolos. Esto se cumplió en la historia; el pueblo de Israel no tuvo el mismo problema de antes con los ídolos de las naciones después del exilio.
1er TÍTULO: Instrucciones que deben cumplirse. Versículos 50 y 51. Y habló Jehová a Moisés en los campos de Moab junto al Jordán frente a Jericó, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis pasado el Jordán entrando en la tierra de Canaán (Léase: Deuteronomio 4:1 Ahora, pues, oh Israel, oye los estatutos y decretos que yo os enseño, para que los ejecutéis, y viváis, y entréis y poseáis la tierra que Jehová el Dios de vuestros padres os da.).
Instrucciones que deben cumplirse: Para el creyente de hoy, la vida cristiana se fundamenta en principios bíblicos prácticos y constantes que guían la relación con Dios y con el prójimo:
- Lectura diaria de la Biblia: Estudiar y meditar las Escrituras para conocer la voluntad de Dios y recibir guía. S. Juan 5:39. «Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.»
- Oración en privado y constante: Mantener una comunicación directa con el Padre para fortalecer la fe, llevar las cargas y buscar la dirección del Espíritu Santo. Mateo 6.6. «Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.»
- Congregarse regularmente: Reunirse con la comunidad de creyentes en la iglesia para el crecimiento mutuo, la adoración y el apoyo espiritual. Hebreos 10.25. «no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.»
- Huir del pecado y vivir en santidad: Apartarse de conductas contrarias a la Palabra de Dios y permitir la disciplina y transformación del Padre. 1ª Pedro 1.15-16. «si no, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.»
- Servir y amar al prójimo: Poner la fe en acción mediante el amor genuino, la ayuda a los necesitados y el testimonio de una vida transformada por Cristo. Marcos 12:30-31. «Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.»
Referencias Bíblicas Instrucciones que deben cumplirse: 1ª de Pedro 3.8-9. «Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición.». Efesios 2.10. «Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.». Filipenses 2:5 al 7. «Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres.». Hebreos 13.1. «Permanezca el amor fraternal.» Colosenses 3:13. «soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.».
Exhortación a la obediencia, 4:1–3. Esta sección exhortativa empieza con la fórmula: Ahora pues, oh Israel, escucha. Esta fórmula sirve para unir la exhortación de Moisés a Israel en los eventos históricos mencionados en los caps. 1–3. Moisés actúa como un maestro de la ley que enseña las cosas que Israel tiene que hacer. Las leyes y los decretos que Jehovah había dado son suficientes para garantizar la posesión de la tierra de la promesa y la existencia de Israel como una nación. La torah de Jehovah no es solamente leyes escritas en tablas de piedras; es una guía necesaria para ayudar a Israel a vivir en Canaán como pueblo de Dios y evitar las prácticas inmorales de los cananeos. Moisés usa tres palabras para describir la totalidad de la torah de Jehovah: leyes o mandatos, decretos y mandamientos. Las tres palabras son prácticamente usadas en Deuteronomio como sinónimos para describir las leyes religiosas, civiles, morales y sociales que iban a regular la vida comunitaria del pueblo del pacto.
Moisés exhorta al pueblo a que no añada a las palabras de sus enseñanzas. El término palabras (dabar1697) se usa en Deuteronomio como sinónimo para describir las leyes que Moisés había presentado a Israel. Israel no necesitaba otras leyes. No era necesario añadir o quitar leyes porque Jehovah había dado a Israel todas las leyes necesarias para vivir como pueblo de Dios. Israel tiene que obedecer las leyes y los decretos de Jehovah. El resultado de la desobediencia es muerte (v. 3). Moisés presenta la apostasía de Israel en Peor como una ilustración vívida de la consecuencia de la desobediencia. En Peor el pueblo adoró al dios Baal y aquellos que cometieron apostasía fueros destruidos (Núm. 25:1–13). La referencia al Baal de Peor, preservado en un himno usado en el culto y alabanza de Israel (Sal. 106:28. «Se unieron asimismo a Baal-peor, Y comieron los sacrificios de los muertos.»), demuestra que Israel había aprendido la consecuencia de la desobediencia. Los israelitas que fueron fieles a Jehovah en el desierto no fueron destruidos; ellos estaban vivos y preparados para entrar en la tierra prometida. Por esta razón, Moisés una vez más exhorta a la nueva generación de israelitas a obedecer las leyes y los decretos de Jehovah. La obediencia de Israel será una señal para las otras naciones. Por medio de la obediencia de Israel las naciones reconocerán la gloria del Dios de Israel y también que Israel es un pueblo sabio e inteligente. Jesús enseñó lo mismo a sus discípulos: Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, de modo que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mat. 5:16. «Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.»).
2° TÍTULO: Llamado a desechar la idolatría y a quienes la practican. Versículo 52. echaréis de delante de vosotros a todos los moradores del país, y destruiréis todos sus ídolos de piedra, y todas sus imágenes de fundición, y destruiréis todos sus lugares altos. (Léase: Deuteronomio 18:9. Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. ▬ Colosenses 3:5. Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría.).
Comentario del contexto Bíblico. El mandato de exterminar a los cananeos y su religión no es nuevo en el Pentateuco, pero aquí, justo antes de cruzar el Jordán e iniciar la conquista, resulta especialmente claro. La orden concluye con una solemne advertencia en caso de no atender a las palabras divinas: los cananeos que dejaran con vida serian como “aguijones en sus ojos y espinas en sus costados”, es decir, les provocarían grandes dolores y molestias. Estos habitantes originarios no solo les harían la guerra constantemente, sino que Dios mismo se volvería en contra de Sus escogidos y les haría lo que había ordenado que se hiciera con los cananeos. En otras palabras, Yahweh echaría a Israel de la tierra y los destruiría. Esta amenaza es reiterada por Josué en su último discurso a la congregación (Josué 23:13. «sabed que Jehová vuestro Dios no arrojará más a estas naciones delante de vosotros, sino que os serán por lazo, por tropiezo, por azote para vuestros costados y por espinas para vuestros ojos, hasta que perezcáis de esta buena tierra que Jehová vuestro Dios os ha dado.»).
Comentario de Deuteronomio 18:9: Leyes contra los adivinos, 18:9–14. Una de las responsabilidades más importante de los sacerdotes en la sociedad israelita era declarar la voluntad de Dios a la comunidad. La relación entre el pueblo y Dios dependía en gran parte de la habilidad del sacerdote para comunicar la palabra de Dios al pueblo, y asegurar la decisión divina por medio del Urim y Tumim (vea Deut. 33:8). Pero, en su deseo de conocer la voluntad de Dios, el pueblo muchas veces usaba las prácticas ocultas, los adivinos, los espiritistas, los magos y los exorcistas. En la presentación del trabajo de los sacerdotes en el templo, la ley deuteronómica discute también las prácticas abominables de conocer la voluntad divina y predecir el futuro, como para enfatizar que los sacerdotes son los mediadores legítimos de la voluntad de Dios.
La manera por la cual los feligreses de la religión cananea procuraban conocer la voluntad de su dios era una abominación a Jehovah. La palabra abominación aparece diversas veces en el libro de Deuteronomio (7:25, 26; 12:31; 14:3; 17:1) y se refiere a las prácticas religiosas de los cananeos que son repugnantes a Jehovah. En el presente contexto la palabra abominación se refiere a las maneras de descubrir la voluntad de Dios por medio de prácticas religiosas incompatibles con el verdadero espíritu de revelación que aparece en los profetas y en los sacerdotes de Israel. El legislador deuteronómico introduce en los vv. 10 y 11 un catálogo de ocho prácticas que el pueblo de Canaán usaba para predecir el futuro y conocer la voluntad de los dioses.
Pasar por fuego a un hijo o hija. La participación de los israelitas en esta práctica, considerada abominable, aparece diversas veces en el texto bíblico (Lev. 18:21; 2 Rey. 16:3; 17:17; 21:6; 23:10; Jer. 32:35; Eze. 16:21; 20:26; 23:37). Este rito estaba asociado con Moloc, el dios de los amonitas. En el contexto de este pasaje la práctica de pasar niños por el fuego no es simplemente sacrificios de niños. El texto parece indicar que la práctica de pasar niños por el fuego está asociada con el deseo de una persona de conocer el futuro, pero la manera en que el sacrificio humano está relacionado con adivinación no es claro. Es posible que este ritual se refiere a una ordalía donde los niños caminaban por fuego.
Magos. Los magos eran personas que procuraban conocer la voluntad de los dioses por medio de la práctica del ocultismo. Una traducción más correcta del heb. sería “aquellos que adivinan”. En el libro del profeta Miqueas la adivinación es una actividad de los profetas falsos
(Miq. 3:11).
Exorcistas. El exorcista era la persona que usaba ciertos ritos mágicos o conjuros para expulsar un espíritu maligno de una persona.
Adivinos. Una persona que adivinaba por medio de objetos, como la copa (Gén. 44:5), por medio de flechas, terafines o ídolos domésticos, por medio del hígado de los animales (Ezeq. 21:21), por medio de imágenes, y por medio de palos (Ose. 4:12).
Hechicero. El hechicero era la persona que usaba sus artes mágicas para hacer señales (Éxo. 7:11), para producir el mal (Isa. 47:9, 12) o para influir en la vida de una persona.
Encantador. Aquel que usaba fórmulas mágicas y maldiciones poderosas para controlar a otra persona bajo su encanto.
El que pregunta a los espíritus; el espiritista. Los dos nombres probablemente se refieren al mismo individuo, o sea, la persona que invocaba y consultaba los espíritus de los muertos para descubrir el futuro (Lev. 20:6, 27; 1 Sam. 28:3, 9; 2 Rey. 21:6, Isa. 8:19; 19:3).
Consultar a los muertos. La persona que practica la nigromancia, o que consulta al espíritu de una persona muerta para adivinar el futuro.
Algunas de estas prácticas abominables fueron observadas por Manasés, rey de Judá (2 Rey. 21:6, 23:24) pero el deuteronomista condena todas estas prácticas de adivinar el futuro como abominables a Jehovah. El pueblo de Dios no podía usar estas prácticas asociadas con la idolatría y con la adoración a los muertos para descubrir la voluntad de Jehovah, porque era precisamente por estas abominaciones de los cananeos que Jehovah los arrojaba de la tierra.
Los seguidores de Jehovah tenían que ser diferentes a las naciones de la tierra. Cada israelita tenía que ser íntegro para con Jehovah su Dios (v. 13). Integro (heb. tamim) significa uno que ordena su vida según las palabras de Jehovah. El propósito de Jehovah para Israel no incluía las prácticas inmundas de los cananeos (v. 14). Israel tenía que ser diferente de los cananeos, su conducta moral tenía que ser irreprensible.
Comentario de Colosenses 3:5. «Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;»
(3:5) Pecados del cuerpo, Mortificación, Ira de Dios: La primera demanda es arrolladora: Haced morir todos los pecados que esclavizan el cuerpo y sus miembros. La frase “Haced morir” significa actuar como si el cuerpo estuviera muerto. E1 creyente debe tomar las diversas partes de su cuerpo y hacerlas morir en lo que al pecado se refiere. ¿Cómo puede el creyente hacer esto? Él considera su cuerpo escondido en la muerte de Cristo. Actúa como si el cuerpo estuviera muerto con Cristo. Recuerde que un hombre muerto no puede pecar;
un hombre muerto no puede hacer nada. Por lo tanto, el creyente está muerto para pecar.
El punto es el siguiente: Todo es un acto de la mente o del espíritu. Una persona desea vivir para Dios; por lo tanto, mira a su cuerpo y al pecado. La única manera que posiblemente pueda conquistar al pecado es tratar su cuerpo como muerto para el pecado o considerar al pecado como muerto para su cuerpo. La persona debe vivir como si su cuerpo no formara parte del pecado, y como si el pecado no formara parte de su cuerpo. Pero advierta que esta vida es posible solo en Cristo. Solo Cristo -a través del Espíritu Santo- puede obrar dentro del corazón humano y darle la energía y poder para conquistar el pecado en forma permanente y eterna. Algunos hombres pueden disciplinarse a sí mismos para sobreponerse a algún pecado, pero no todo el pecado ni en forma permanente ni eternamente. Puede hacerse solamente a través de Cristo. Existe una enorme diferencia entre la disciplina humana y el control divino, y la diferencia es Jesucristo. (Véase notas, Fil. 2:13; Col. 3:4 para una mayor discusión al respecto.)
3er TÍTULO: Cuidado que se debe tener con la bendición recibida. Versículo 53. y echaréis a los moradores de la tierra, y habitaréis en ella; porque yo os la he dado para que sea vuestra propiedad. (Léase: Deuteronomio 8:1. Habló Jehová a Moisés, diciendo. ▬ Filipenses 2:12. Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.).
Cuidado que se debe tener con la bendición recibida: En la Biblia, recibir una bendición de Dios o de otras personas es un gran privilegio, pero también conlleva una profunda responsabilidad. Las Escrituras enseñan que las bendiciones no son solo para el disfrute personal, sino que requieren cuidado, fidelidad y una actitud correcta para no convertirlas en un motivo de tropiezo.
A continuación, se detallan los principales cuidados que se deben tener al recibir una bendición, agrupados de forma temática:
- Guardar el corazón contra el orgullo y el olvido
- No olvidar a Dios: El mayor peligro al prosperar o recibir una bendición es olvidar quién la dio. En (Deuteronomio 8:11-14, « Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre»). Dios advierte al pueblo que, cuando coman y se sacien, y sus vacas y ovejas se multipliquen, se cuiden de que no se enorgullezca su corazón y se olviden de Jehová.
- Reconocer la fuente: Evitar el pensamiento de «mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza» (Deuteronomio 8:17. «y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza.»). La gloria y el reconocimiento siempre deben regresar a Dios.
- Ser un buen administrador (Mayordomía)
- Fidelidad en lo recibido: Toda bendición (material, espiritual, familiar o de talento) pertenece a Dios; el ser humano es solo un administrador. En la Parábola de los Talentos (Mateo 25:14-30), se enseña que se pedirá cuentas de lo que se confió a cada uno.
- Multiplicar y cuidar: No se debe esconder ni desperdiciar la bendición, sino usarla de manera sabia y productiva para el Reino de Dios.
- Evitar la codicia y el egoísmo
- Compartir con los demás: Las bendiciones se otorgan con el propósito implícito de bendecir a otros. Dios le dijo a Abraham: «Te bendeciré… y serás bendición» (Génesis 12:2. «Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.»).
- No poner la confianza en los bienes: (Salmos 62:10 «Y tuya, oh Señor, es la misericordia; Porque tú pagas a cada uno conforme a su obra.»). advierte: «Si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas». Las bendiciones materiales nunca deben ocupar el lugar de Dios.
- Mantener la gratitud y la humildad
- Dar gracias en todo: Mantener un espíritu agradecido (1 Tesalonicenses 5:18) sostiene la perspectiva correcta de que todo lo bueno proviene de arriba (Santiago 1:17. «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.»).
- Permanecer humilde: La bendición no hace a una persona superior a las demás; al contrario, exige mayor servicio, pues «a cualquiera que se le haya dado mucho, mucho se le demandará» (Lucas 12:48. «Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.»)
Comentario de Deuteronomio 8:1: La disciplina del desierto, 8:1–6. Moisés inició su amonestación, exhortando a Israel otra vez a poner por obra el mandamiento que él había presentado a la nación (v. 1). El uso de la palabra mandamiento en el singular es probablemente una referencia a todas las enseñanzas que Moisés había dado a Israel. La observancia de los mandamientos y las demandas del pacto eran la condición que Jehovah había impuesto para la entrada y la conquista de la tierra de Canaán. Por su obediencia Israel viviría en la tierra por muchos años y por su obediencia gozaría de las bendiciones de la tierra de la promesa.
Cada israelita tenía que recordar lo que Jehovah había hecho por el pueblo durante los 40 años de peregrinación en el desierto. Moisés se remonta a la experiencia de Israel en el desierto y proyecta aquella prueba dura sobre la presente generación. La experiencia de Israel en el desierto fue una prueba de fe que sirvió para humillarla. Durante los 40 años en el desierto Jehovah probó a Israel a fin de conocer la intención de su corazón. Tenía que aprender a depender de Jehovah y obedecer sus mandamientos.
La palabra humillarte en heb. está relacionada con la palabra pobreza. La humillación de Israel fue su pobreza, su falta de recurso económico. En su pobreza Israel aprendió a confiar en Dios y depender de la provisión divina. Una de las pruebas de Israel en el desierto fue el hambre (v. 3). Dios le permitió experimentar el hambre, pero por su gracia los alimentó con el maná (Exo 16:1–30; Núm. 11:4–9). La dádiva del maná fue una nueva experiencia para Israel. Por medio de esta experiencia Israel aprendió una lección muy importante: la vida humana no consiste solamente de alimento físico sino de todas las palabras que proceden de la boca de Jehovah. Sin comida Israel hubiera perecido en el desierto, pero el pueblo fue alimentado diariamente por Dios. El pueblo tenía que depender de Dios todos los días. Cada día tenían que creer que Dios iba a proveer el pan para aquel día (Mat. 6:11). El maná fue dado a Israel para enseñarle una lección importante: para vivir, tenía que depender de Jehovah. En Israel el pan era un elemento necesario de la dieta diaria. En el desierto hubo escasez, pero Dios habló y su palabra proveyó para las necesidades de su pueblo. Este pasaje fue citado por Jesús cuando fue tentado por Satanás en el desierto. Cuando Satanás tentó a Jesús para que cambiara las piedras en panes, Jesús citó las palabras del v. 3 para enfatizar su dependencia en su Padre celestial (Mat. 4:4; Luc. 4:4).
Otra evidencia de la provisión divina fue que Dios hizo posible que Israel se vistiera adecuadamente durante los 40 años en el desierto. El simbolismo de las palabras del v. 4 enseña que Dios proveyó todo lo que Israel necesitaba para su jornada en el desierto (29:5).
El propósito de las pruebas de Israel fue educar al pueblo a depender de Dios completamente. Como un padre educa a su hijo, Jehovah probó a su pueblo para transformarlos en un pueblo santo y diferente. La palabra corrige (v. 5) lleva en sí la idea de educar: “Jehovah tu Dios te ha educado, así como un padre educa su hijo” (ver comentario en 4:36). Moisés exhortó a la nueva generación a obedecer los mandamientos de Jehovah y a caminar en sus caminos con reverencia. La palabra temor (v. 6) es la adoración de Dios que produce reverencia en la vida de cada adorador.
Filipenses 2:12. (2: 12) Salvación, Liberación: Los creyentes deben ocuparse de su propia salvación con temor y temblor. Recuerde que Pablo está en prisión con cargos falsos. Hay una gran posibilidad de que sea ejecutado. Él no está seguro de que volverá a ver nuevamente a los filipenses y a participar con ellos. Por lo tanto, lo que está escribiendo ahora ha sido cuidadosamente seleccionado. Hasta dónde él sabe, estas palabras podrían ser sus últimas palabras a la iglesia filipense. Este es el motivo por el cual debemos prestar mucha atención a las instrucciones.
¿Qué significa ocuparse de nuestra propia salvación? La palabra “ocuparse” (katergazesthe) significa trabajar hasta el final, hasta completar lo comenzado, hasta la perfección. Siempre significa completar el esfuerzo y el trabajo empezados; lograrlo a la perfección; acabarlo. La cuestión es esta: No vaya a medio camino en cuanto a la salvación. No tome trozos ni pedazos cuando hay todo un paquete. No se satisfaga con poco cuando puede tener mucho. Siga adelante, crezca hasta que la salvación haya sido completada en usted. Esta es su propia salvación. Ningún amigo, ningún pastor puede ocuparse por usted. Debe hacerlo usted solo.
La cuestión está claramente expresada: Una vez que Dios ha salvado a una persona, esa persona debe ocuparse de obedecer a Dios. Debe ocuparse de la nueva vida y de la salvación que Dios le ha dado y debe seguir trabajando en ella hasta que esté completada y terminada, es decir, hasta que Dios lo lleve al hogar y lo perfeccione.
Advierta que los filipenses son un ejemplo excelente. Pablo dice que ellos siempre han obedecido a Dios, no sólo cuando él estuvo con ellos, sino también cuando se fue. Ahora, mientras está enfrentando la muerte, quería que más que nunca se ocuparan de su salvación, que siguieran obedeciendo a Dios hasta que su salvación fuera completada y perfeccionada.
Advierta también las palabras “temor y temblor”. La vida no es un lecho de rosas. Está llena de pruebas, dolor, pena, tragedia, enfermedad, accidentes, pérdida, tentación, pecado, maldad, corrupción y muerte. Todo ser humano experimenta tales cosas hasta que se enfrenta cara a cara con la muerte. La vida es a veces hermosa y maravillosa, pero la realidad es tal como se acaba de enumerar: La vida es un viaje de pruebas hasta llegar a la muerte. Y ningún monto de negación ni de disfrazar la realidad puede ocultar ni escapar al hecho. Lo único que puede traer abundancia de vida es la confianza absoluta de que viviremos eternamente en un mundo perfecto. ¿Qué sentido tiene mencionar todo esto? El sentido es importante: Se espera de nosotros que nos ocupemos de nuestra propia salvación y que lo hagamos con temor y temblor.
[◘] Debemos temer y temblar debido a las pruebas y tentaciones de la vida. Cualquiera de ellas puede hacernos tambalear o caer. El mundo y sus tentaciones y pruebas son fuertes y la carne es débil. Podemos caer en el pecado y el fracaso antes de saberlo a no ser que constantemente estemos ocupados en nuestra liberación, temiendo y temblando para no fallar.
[◘] Debemos temer y temblar para no desilusionar al Señor. Él nos ha salvado, y Él ha llegado al límite máximo para hacerlo. Ha demostrado un amor perfecto por nosotros cargando con todos nuestros pecados y nuestros castigos. Por lo tanto, cuando pecamos y fallamos, le produce una herida profunda en su corazón. Por su bien, para evitar herirlo, debemos ocuparnos de nuestra salvación, temiendo y temblando para no herir su corazón.
[◘] Debemos temer y temblar porque vamos a enfrentar el juicio de Cristo. Si pecamos, seremos juzgados y lo seremos severamente. Aunque intentemos razonar el hecho, nuestros pensamientos acerca del juicio de Dios no afecta ni una pizca el juicio de Dios. Cada
uno de nosotros que peca y no logra ocuparse de su propia salvación será juzgado y sufrirá una pérdida, una gran pérdida. Las Escrituras no enseñan otra cosa. Por este motivo, el motivo del juicio, debemos ocuparnos de nuestra salvación, ocuparnos con temor y temblor.
“Y no temáis a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mt. 10:28).
“Sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hch. 10:35).
“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tit. 2:11-12).
“Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación” (1 P. 1:17).
“Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma” (Dt. 10:12).
“¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!” (Sal. 31:19).
“El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre” (Ec. 12:13).
“A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo” (Is. 8:13).
Domingo 08 de Noviembre de 2026
Amén, Para La Honra Y Gloria De Dios.


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