Estudio Biblico Tiquico

Estudio Biblico Tiquico

Roberto Saldias Roa
DOMINGO 16 DE NOVIEMBRE DE 2025. “INMUTABILIDAD DE DIOS EN TODOS SUS PROPOSITOS”.

   LECCIÓN: NÚMEROS 23:19 al 24. 19. Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? 20. He aquí, he recibido orden de bendecir; El dio bendición, y no podré revocarla. 21. No ha notado iniquidad en Jacob, Ni ha visto perversidad en Israel. Jehová su Dios está con él, Y júbilo de rey en él. 22. Dios los ha sacado de Egipto; Tiene fuerzas como de búfalo. 23. Porque contra Jacob no hay agüero, Ni adivinación contra Israel. Como ahora, será dicho de Jacob y de Israel: ¡Lo que ha hecho Dios! 24. He aquí el pueblo que como león se levantará, Y como león se erguirá; No se echará hasta que devore la presa, Y beba la sangre de los muertos. 

   La inmutabilidad de Dios: significa que su carácter, voluntad y propósitos son eternos e inalterables. Dios no cambia, ni para bien ni para mal, porque es perfecto desde siempre y para siempre. Esta inmutabilidad se manifiesta en que sus propósitos permanecen para siempre, cumpliéndose de forma ineludible, lo que brinda seguridad a los creyentes.

   Características de la inmutabilidad de Dios

  • En su ser y carácter: Dios es inmutable en su esencia, no crece ni mejora, y su santidad, justicia y amor son eternos y sin cambios. Por eso declara: «Yo soy el que soy» (Éxodo 3:14).
  • En sus propósitos: Sus planes no cambian y son cumplidos. Se demuestra que sus propósitos son eternos, y la Biblia indica que no hay variación en sus designios (Salmo 33:11).
  • En sus promesas: Sus promesas son firmes y cumplen con lo que ha declarado. Esto se manifiesta en la fidelidad de Dios hacia su pacto.

Implicaciones para los creyentes

  • Seguridad y confianza: Saber que Dios es inmutable proporciona seguridad. La salvación, el perdón y el amor de Dios no dependen del desempeño humano, sino del propósito inmutable de Dios.
  • Fiabilidad: Su carácter inalterable hace de Dios un ser totalmente confiable, en quien se puede depositar una fe incondicional.
  • Oración: La inmutabilidad de Dios significa que Él siempre está abierto a recibir nuestras oraciones y peticiones, y nunca se cansa de que acudamos a Él.

    ¿Qué es la inmutabilidad de Dios?: La inmutabilidad de Dios (su cualidad de no cambiar) es claramente enseñada en las Escrituras. Por ejemplo, en Malaquías 3:6 Dios afirma: «Porque yo Jehová no cambio». (Véase también Números 23:19; 1 Samuel 15:29; Isaías 46:9-11; Ezequiel 24:14).

   Santiago 1:17 también enseña la inmutabilidad de Dios: «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación». La «sombra de variación» se refiere a nuestra perspectiva sobre el sol: es eclipsada, se desplaza y proyecta su sombra. El sol sale y se oculta, aparece y desaparece cada día; sale de un trópico y entra en otro en ciertas épocas del año. Pero con Dios, quien, espiritualmente hablando, es la luz misma, no hay tinieblas en absoluto; no hay ningún cambio ni nada parecido con Él. Dios es inmutable en su naturaleza, sus perfecciones, sus propósitos, sus promesas y sus dones. Él, siendo santo, no puede desviarse a lo que es malo; ni Él quien es la fuente de luz puede ser la causa de la oscuridad. Dado que toda buena dádiva y todo don perfecto viene de Él, el mal no puede proceder de Él, ni Él puede tentar a nadie (Santiago 1:13). La Biblia es clara en que Dios no cambia su forma de pensar, su voluntad, o su naturaleza.

   Hay varias razones lógicas por las cuales Dios debe ser inmutable, por eso es imposible que Dios cambie. En primer lugar, si algo cambia, debe hacerse en un orden cronológico. Debe haber un momento antes del cambio y un momento después del cambio. Por lo tanto, para que el cambio se lleve a cabo, debe ocurrir dentro de las restricciones del tiempo; sin embargo, Dios es eterno y existe fuera de las limitaciones del tiempo (Salmo 33:11; 41:13; 90:2-4; Juan 17:5; 2 Timoteo 1:9).

   Segundo, la inmutabilidad de Dios es necesaria para su perfección. Si algo cambia, debe cambiar para bien o para mal, porque un cambio que no hace ninguna diferencia no es un cambio. Para que el cambio se realice, o bien se adiciona algo que se necesita, lo cual es un cambio para mejorar, o algo de lo que se necesita se pierde, lo cual es un cambio para empeorar. Pero ya que Dios es perfecto, Él no necesita nada, por lo tanto, Él no puede cambiar para bien. Si Dios fuera a perder algo, Él ya no sería perfecto; luego, Él no puede cambiar para mal.

   En tercer lugar, la inmutabilidad de Dios se relaciona con su omnisciencia. Cuando alguien cambia su forma de pensar, a menudo es porque ha salido a la luz nueva información que no se conocía con anterioridad, o porque las circunstancias han cambiado y requieren una actitud o acción diferente. Ya que Dios es omnisciente, Él no puede aprender algo nuevo que ya no sepa. Por lo tanto, cuando la Biblia habla que Dios se arrepiente, debe entenderse que la circunstancia o situación ha cambiado, no Dios. Cuando en Éxodo 32:14 y 1 Samuel 15:11-29 habla que Dios se arrepiente, está simplemente describiendo un cambio de dispensación y unos tratos externos hacia el hombre.

   Números 23:19 presenta claramente la inmutabilidad de Dios: «Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?» No, Dios no se arrepiente. Estos versículos afirman la doctrina de la inmutabilidad de Dios; Él es inmutable e inalterable. (https://www.gotquestions.org/).

   Comentario general del contexto bíblico: La palabra de Dios digna de confianza (23:18–20): El rey esperaba recibir un mensaje diferente del que acababa de escuchar. Quizás todo el Pentateuco, animando a cada una de las generaciones sucesivas con la garantía que encerraban. Lo que puede parecer increíble debe ser cierto porque lo ha dicho

Dios. F. B. Meyer solía afirmar que la importancia no estaba en que Abraham creía la promesa, sino en que creía al que hacía la promesa.

   La Biblia está llena de promesas y son nuestras para confiar en ellas y hacerlas propias. Su relevancia no está limitada y no iban exclusivamente destinadas a los personajes bíblicos que las recibieron en primer lugar; son para todos los que confían en el que hace las promesas y aceptan agradecidos lo que él da generosamente: perdón continuo, vida eterna, paz que sobrepasa todo entendimiento, fuerzas renovadas, dirección constante, abundante gracia637 y un destino en el cielo.

Por último, en la palabra de Dios, Israel recibió órdenes para obedecer (20): “He recibido orden de bendecir; si Él ha bendecido, yo no lo puedo anular”. Balaam no podía escuchar a Dios decir una cosa y luego escoger hacer otra. Era diferente de las maquinaciones y manipulaciones que formaban parte de los negocios habituales del vidente. Si un adivino pagano daba un mensaje inaceptable, quizás intentaba otra táctica para producir un cambio de opinión y recibir una respuesta distinta, o incluso consultar a otro dios para obtener un resultado mejor. Los israelitas no debían tener este concepto de Dios. Él decía las cosas con un propósito (así, que debían creer en sus promesas) y tenían que cumplirlas (debían obedecer sus órdenes).

   Esta segunda profecía desarrolla el tema de la total fiabilidad del Señor. No les había hablado desde un trono celestial distante. Estaba al lado de ellos mientras reflexionaban sobre su viaje hacia un futuro inexplorado.

   La presencia constante de Dios (23:21–24)

   A lo largo de la historia, los creyentes se han regocijado porque sabían que la presencia de Dios estaba con ellos. Los patriarcas eran muy conscientes de esa realidad a lo largo de los avatares de la vida y sus viajes inciertos. José dependió de ella en la prosperidad de la casa egipcia y en la adversidad de la cárcel local. Moisés asumió el liderazgo de la comunidad del desierto porque le sostuvo una y otra vez. Ahora, en las llanuras de Moab, la profecía de Balaam recordaba a estos viajeros la presencia del Señor en su campamento y en su viaje. Con una serie de imágenes gráficas, esta palabra fiable (19) les aseguró que Dios estaría con ellos siempre.

   Su guardián estaba con ellos. “Él no ha observado iniquidad en Jacob, ni ha visto malicia en Israel” (21). Balac quería desesperadamente que el adivino de Mesopotamia viera algo malvado y destructivo en el camino de los peregrinos, pero su Señor soberano estaba con ellos para asegurarse de que no les ocurriera ningún desastre o iniquidad (’āwen), malicia (‘āmāl), “maldad” o “desgracia”, cualquier cosa que deseara un adivino. Sólo Dios podía ver claramente el futuro de Israel y estaba decidido a bendecirles con el éxito en Canaán. Él protegería a su pueblo de los problemas que acechaban al otro lado del Jordán.

   La palabra iniquidad (’āwen) también se puede interpretar como el estado ideal de Israel a ojos de Dios, un pueblo recto y puro. ¿Estaba diciendo Balaam que, al mirar el Señor a su pueblo, no los veía bajo una maldición, sino como la comunidad santa que quería que fueran? Quizás era un desafío para que el pueblo de Dios llegara al estado ideal declarado por Dios. Quienes valoran su presencia reflejarán su santidad. Sin embargo, dado el contexto del libro (la continua desobediencia y fracaso de Israel), quizás el mensaje sea que Israel iba a ser libre “no de faltas morales, sino de desastres materiales”. Su rey estaba con ellos. “Está en él el SEÑOR su Dios, y el júbilo de un rey está en él” (21). Una vez más, el mensaje de Balaam animó a Israel, porque recordaba los grandes acontecimientos del pasado de Israel. En su canto de acción de gracias, los cautivos recién liberados de Egipto habían compartido la seguridad de que Dios reinaba.

   Era una verdad que se repetía a lo largo de su historia, especialmente en tiempos de crisis. Esta convicción acerca del reinado soberano del Señor animó extraordinariamente a las comunidades cristianas primitivas durante los tiempos de cruel persecución. Los pactos o acuerdos políticos que se hicieron en el antiguo Oriente Próximo eran ejecutados y ratificados por reyes, y “como soberano de Israel, el Señor estableció un pacto con él y le otorgó la ley. Pero no era un emperador distante: vivía y reinaba entre ellos”.

   Su conquistador estaba con ellos. El júbilo de un rey representa a los ejércitos de un gobernador que vuelven de la batalla celebrando una victoria rotunda. En el campamento, resuena el clamor emocionado de los soldados triunfantes que se alegran por las buenas nuevas de su victoria. Los cristianos se regocijan porque, aunque el conflicto a menudo sea duro y los problemas sean amenazadores, el júbilo de un rey está en ellos; son “más que vencedores” por medio del Señor que les ama.

   Su redentor estaba con ellos. El clamor victorioso tiene una perspectiva histórica. El pueblo de Dios podía mencionar acontecimientos específicos y verificables en los que Dios había actuado para darles redención. Cuando estaba llegando a su fin el viaje de Israel, un vidente pagano fue testigo del milagro de su inicio: Dios lo saca de Egipto. Un Dios que podía liberar incluso a una gran multitud de cautivos esclavizados de la mano de una oposición persistente es capaz de hacer cualquier cosa por los que confían en él.

   Su favorecedor estaba con ellos. Recibieron fuerzas suyas, era “como los cuernos del búfalo” (22). El temor de Balac de que los israelitas lamerían todo lo que había a su derredor, “como el buey lame la hierba del campo” (22:4), lo experimentarían los enemigos de Israel. Lejos de ser ganado domesticado, serían como un búfalo fuerte y peligroso, o peor, como leona, o un león feroz que no se echará hasta que devore la presa (24). Estas imágenes tan gráficas se repiten en la profecía siguiente (24:9).

   Su protector estaba con ellos. El mensaje asegura a los israelitas que, mientras Dios sea su defensor, no hay agüero contra Jacob ni hay adivinación contra Israel (23).

   Ningún adivino les podía hacer daño bajo la protección soberana de un Dios omnipotente. “Balaam habla de su horrible experiencia. No tiene ninguna carta que jugar contra la bendición de Israel”.

   Esta reflexión acerca del cuidado continuo del Señor llevó a un testimonio jubiloso: “¡Ved lo que ha hecho Dios!” (23). Balaam había sido utilizado de nuevo para declarar una bendición divina en lugar de pronunciar una maldición demoníaca. Balac estaba casi fuera de sí: “¡De ninguna manera los maldigas ni los bendigas!” (25). El vidente confesó de nuevo su total impotencia para hacer o decir cualquier cosa excepto lo que el Señor le ordenaba.

   Balac estaba tan decidido a maldecir a los israelitas, que consideró que merecía la pena probar una vez más. Quizás, si cambiaran de lugar u ofrecieran otra serie de suculentas ofrendas, el Dios de Israel sería influenciado. Pero, ¿cómo podía imaginar este rey pagano que un espacio geográfico diferente y otra colección de animales sacrificados convencerían a Dios para variar su carácter (19a), cambiar de parecer (19b), fallarle a su pueblo (19c), romper su promesa (19d) y retirar su bendición (20)? Sin embargo, Balaam estaba dispuesto a seguir adelante. En lugar de decirle al rey que era un desperdicio de tiempo y de dinero basándose en lo que el Dios de Israel había declarado ya, le dio nuevas indicaciones acerca de los sacrificios necesarios (27–30). ¿El vidente, con su preocupación mercenaria y constante incredulidad, realmente era incapaz de ver por sí mismo las verdades que había comunicado tan persuasivamente? Las lenguas elocuentes no siempre están acompañadas de corazones que creen.

Texto: «El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones». (Salmo 33:11)

   Comentario del texto: El plan eterno de Dios, vv. 10–12: El salmista alabó a Dios por su poder en la creación; ahora le alaba por su poderoso control de la historia humana. El merece la alabanza porque es Señor, sobre todo. La creación descansa en la palabra divina; la historia descansa en el plan divino. En sus actos en la historia también Dios usa su control de la naturaleza.

El progreso de alabanza desde la palabra creadora de Dios a la alabanza de su plan en la historia humana es consecuencia de la teología hebrea.

   Permanecerá (v. 11). Los propósitos de Dios se cumplirán; nos da confianza. Los pensamientos de su corazón enfatizan que Dios hace las cosas coherentemente y no va cambiando caprichosamente. Corazón en el AT es el centro del hombre; incluye emociones, pero enfatiza más lo intelectual y lo racional.

    ¡Bienaventurada! (v. 12). ¡Qué privilegio es conocer a este Dios único y todopoderoso y a la vez misericordioso! ¡Qué privilegio es ser escogido por Dios! El NT hace claro que cada creyente es un escogido de Dios.

1er Título: Dios es justo y veraz en sus juicios. Versículo 19. Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?  (Léase: Salmo 119:137. Justo eres tú, oh Jehová, Y rectos tus juicios. ▬ San Juan 3:33. El que recibe su testimonio, éste atestigua que Dios es veraz.).

   Comentario del Léase: Salmo 119:137: Sé celoso por su justicia, tsade, vv. 137–144: La palabra justicia (tsedeq 6662) empieza con tsade, así, en esta estrofa, el salmista hace hincapié en la justicia de Dios, que en el AT enfatiza la rectitud de Dios y su acción justa, de acuerdo con su propia rectitud. El salmista muestra el contraste entre la perfecta justicia de Dios y los que olvidan sus palabras; también muestra el contraste entre su propia pequeñez (v. 141) y la maravilla de estar relacionado con Dios tan justo, grande y perfecto. La Palabra de Dios refleja el carácter de él (vv. 137, 138 y 144); esto hace que el salmista siempre reconozca el valor y la autoridad de la Palabra de Dios (vv. 139–141, 142).

   Los incrédulos a menudo piensan que Dios es demasiado severo; el problema es que no entienden su justicia y rectitud. Los cristianos nunca debemos tener miedo de la justicia de Dios, pues sabemos que el Dios de amor nos justificó en Cristo, y lo hizo porque Cristo sufrió el justo castigo por nuestros pecados. A la vez, nuestro crecimiento en Cristo y en su Palabra nos hace más conscientes de la justicia de Dios y de su propósito de santificarnos. Con esta perspectiva el cristiano se identifica con el salmista en esta estrofa.

   El salmista se identifica con Dios y se maravilla ante su justicia y su fidelidad. En el v. 139, no menciona lo que los enemigos le hacen, sino se preocupa porque no toman en cuenta la Palabra de Dios. Toda la estrofa destaca que las cualidades de Dios también caracterizan su Palabra.

   Entender tus testimonios (v. 144) da vida en todo sentido: da gozo (v. 143); renueva la vida física, emocional y espiritual (v. 144). Si creemos esto, tomaremos en serio la necesidad de profundizar en el entendimiento de las Escrituras. “He aquí nuestra necesidad del Espíritu Santo, el señor y dador de la vida, y el guía de todos los que tienen ‘vida’; él nos guiará a toda la verdad. ¡Oh, que nos visite en su gracia en esta buena hora!” (Spurgeon).

   Comentario de San Juan 3:33. (31:32-34) Jesucristo, Apóstol; Vocero de Dios: En cuarto lugar, Jesús fue el único vocero de Dios. Jesús era “de arriba”, de la dimensión del cielo, por lo tanto, había visto y oído la verdad del cielo.

▬ 1. Jesús testificó, reveló y proclamó lo que Él había visto y oído. Era el vocero de Dios que reveló el cielo y la verdad del mismo.  Él es el único que puede dar a conocer el cielo a los hombres.

▬ 2. La mayoría de los hombres rechaza su testimonio. Advierta la palabra “nadie”, esto simplemente se refiere a la vasta mayoría de los hombres (cp. v. 33 donde algunos pocos reciben sus palabras.) Tantos hombres rechazan las palabras del Señor que podría decirse que “nadie” recibe su mensaje.

▬ 3. Algunos pocos hombres sí reciben y afirman el testimonio del Señor (Ver Estudio a fondo 2, Jn. 3:33.)

▬ 4. La prueba de que Jesús era el vocero de Dios se manifiesta claramente y sin equivocación.

=> Jesús era enviado por Dios. Él era el Apóstol de Dios

=> Por lo tanto, hablaba las palabras de Dios. Cualquier cosa que dijera era la Palabra de Dios. ¿Cómo podemos estar seguros? Porque Dios lo envió y le dio su Espíritu sin medida.

» a. Él era el Apóstol de Dios.

   “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Jn. 6:38).

   “Pero yo le conozco, porque de él procedo, y él me envió” (Jn. 7:29).

   “Porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió” (Jn. 8:42).

   “¿Al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: ¿Hijo de Dios soy?” (Jn. 10:36).

   “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Jn. 17:21).

» b. Él es el Vocero de Dios.

   “Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla” (Jn. 3:34).

“El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Jn. 6:63).

   “Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn. 6:68).

   “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” (Jn. 7:46).

   “De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte” (Jn. 8:51).

   “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” (Jn. 12:48).

   “El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió” (Jn. 14:24).

   “Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que sali de ti, y han creído que tú me enviaste” (Jn. 17:8).

   “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mr. 13:31).

   “Y todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?” (Lc. 4:22).

   “Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad” (Lc. 4:32).

    ESTUDIO A FONDO 1

   (San Juan 3:33) Sello, Atestiguar, Afirmar: El sello de un hombre figuraba en un documento para demostrar que él estaba de acuerdo. Lo reconocía como legal, vinculante, válido y auténtico. Un sello garantizaba que el registro era genuino y verdadero. Cuando un hombre recibe el testimonio de Jesús, afirma que Dios es genuino. A la inversa, la única forma en que un hombre puede atestiguar que Dios es verdadero es aceptado el testimonio de Jesús (cp. Jn. 6:27).

2°TítuLo: Lo que Dios ordeno no se debe alterar. Versículo 20. He aquí, he recibido orden de bendecir; El dio bendición, y no podré revocarla.  (Léase: Deuteronomio 4:2. No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordene. ▬ Josué 23:14. Y he aquí que yo estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra; reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas.)

   Comentario de Deuteronomio 4:2. Exhortación a la obediencia, 4:1–3. Esta sección exhortativa empieza con la fórmula:

   Ahora pues, oh Israel, escucha. Esta fórmula sirve para unir la exhortación de Moisés a Israel en los eventos históricos mencionados en los caps. 1–3. Moisés actúa como un maestro de la ley que enseña las cosas que Israel tiene que hacer. Las leyes y los decretos que Jehovah había dado son suficientes para garantizar la posesión de la tierra de la promesa y la existencia de Israel como una nación. La torah de Jehovah no es solamente leyes escritas en tablas de piedras; es una guía necesaria para ayudar a Israel a vivir en Canaán como pueblo de Dios y evitar las prácticas inmorales de los cananeos. Moisés usa tres palabras para describir la totalidad de la torah de Jehovah: leyes o mandatos, decretos y mandamientos. Las tres palabras son prácticamente usadas en Deuteronomio como sinónimos para describir las leyes religiosas, civiles, morales y sociales que iban a regular la vida comunitaria del pueblo del pacto.

   Moisés exhorta al pueblo a que no añada a las palabras de sus enseñanzas. El término palabras (dabar 1697) se usa en Deuteronomio como sinónimo para describir las leyes que Moisés había presentado a Israel. Israel no necesitaba otras leyes. No era necesario añadir o quitar leyes porque Jehovah había dado a Israel todas las leyes necesarias para vivir como pueblo de Dios.

   Israel tiene que obedecer las leyes y los decretos de Jehovah. El resultado de la desobediencia es muerte (v. 3). Moisés presenta la apostasía de Israel en Peor como una ilustración vívida de la consecuencia de la desobediencia. En Peor el pueblo adoró al dios Baal y aquellos que cometieron apostasía fueros destruidos (Núm. 25:1–13). La referencia al Baal de Peor, preservado en un himno usado en el culto y alabanza de Israel (Sal. 106:28), demuestra que Israel había aprendido la consecuencia de la desobediencia. Los israelitas que fueron fieles a Jehovah en el desierto no fueron destruidos; ellos estaban vivos y preparados para entrar en la tierra prometida. Por esta razón, Moisés una vez más exhorta a la nueva generación de israelitas a obedecer las leyes y los decretos de Jehovah. La obediencia de Israel será una señal para las otras naciones. Por medio de la obediencia de Israel las naciones reconocerán la gloria del Dios de Israel y también que Israel es un pueblo sabio e inteligente. Jesús enseñó lo mismo a sus discípulos: Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, de modo que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mat. 5:16).

   Comentario de Josué 23:14: Apertura hacia otros pueblos, 23:14–16. La historia de Israel que inició en este libro, con la intención de poseer la tierra de los cananeos, termina aquí con un reconocimiento de que estos pueblos aún existen. Si bien representan riesgos también son un desafío y una oportunidad al ser incluidos dentro del pueblo de Dios.

   La retórica de la aniquilación de estos pueblos (6:21; 8:22; 11:20) debe ser entendida a la luz de este tema de la apertura a estos pueblos. No se trataba de destruirlos “porque sí”, sino de aniquilar a los poderes que tenían bajo su dominio a estos mismos pueblos. Los casos de Rahab y los gabaonitas quienes fueron incluidos dentro de la comunidad de Jehovah son un indicativo de este propósito.

   Es muy probable que los primeros lectores del libro de Josué vivieron en el siglo VII a. de J.C. Ellos habían sucumbido ante las tentaciones de los otros poderes de la tierra prometida. Este libro apareció como un llamado a restaurarse en la fidelidad a Jehovah, a retornar a su primer amor (23:8).

   La referencia al cumplimiento del pacto por parte del pueblo y el liderazgo del pueblo se basa en la historia (vv. 14–16). El pasado para Israel no era una colección de datos organizados cronológicamente sino un recuerdo vivo de cómo Jehovah no había fallado ni una sola palabra de las cosas buenas que había prometido a su pueblo (comp. 21:45). Pero esta misma referencia tiene una orientación hacia el futuro, porque el pasado no es algo del cual se pudiera vivir como añoranza sino como desafío para el futuro. Por eso es adelante donde las cosas pueden comenzar a cambiar para el pueblo, donde Jehovah «traerá» (v. 15) toda palabra mala incluso hasta la eliminación de la que habían sido objeto las naciones mencionadas anteriormente y que habitaban en Canaán. El pasado desafiando al futuro tiene su clave en la actitud que el pueblo tenga en el presente. Es aquí y ahora cuando de la actitud que se tenga el pueblo puede demostrar que ha valorado eficazmente el pasado y que está labrando correctamente su futuro.

   La frase «Si violáis el pacto» (v. 16) significa que es algo posible en el presente, debido a las tentaciones y peligros mencionados anteriormente. Es en la actualidad cuando la palabra de Jehovah convoca a una decisión a través del consejo de Josué.

3er Título: Gran amor de Dios por su pueblo fiel. Versículos 21 al 24. No ha notado iniquidad en Jacob, Ni ha visto perversidad en Israel. Jehová su Dios está con él, Y júbilo de rey en él. Dios los ha sacado de Egipto; Tiene fuerzas como de búfalo. Porque contra Jacob no hay agüero, Ni adivinación contra Israel. Como ahora, será dicho de Jacob y de Israel: ¡Lo que ha hecho Dios! He aquí el pueblo que como león se levantará, Y como león se erguirá; No se echará hasta que devore la presa, Y beba la sangre de los muertos.  (Léase: Deuteronomio 23:5. Mas no quiso Jehová tu Dios oír a Balaam; y Jehová tu Dios te convirtió la maldición en bendición, porque Jehová tu Dios te amaba. ▬ Salmo 101:6. Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo; El que ande en el camino de la perfección, éste me servirá.).

   Comentario de Deuteronomio 23:5: Personas excluidas de la congregación, 23:1–8. Las leyes en esta sección introducen una lista de personas a las cuales les estaba prohibido participar en la adoración de la comunidad de Israel. Las leyes limitando la membresía en la asamblea de Jehovah estaban relacionadas con la santidad del pueblo de Dios. Israel era un pueblo santo y esta santidad era manifestada en la adoración que Israel presentaba a Dios. La congregación se refiere a la comunidad de Israel congregada en el templo para adoración. Ninguna persona mutilada físicamente o ninguna persona castrada podía entrar en el templo (v. 1). En las sociedades orientales, muchas personas eran castradas por motivos religiosos. Otros se hacían eunucos para entrar en el servicio del rey. Diversos eunucos servían en la corte de Israel (2 Rey. 8:6; vea la nota de la RVA), pero por cuanto eran castrados, no podían entrar en el templo para participar del culto de Jehovah. El profeta Isaías declara que en la era mesiánica los eunucos serían rehabilitados e incorporados en la adoración de Jehovah (Isa. 56:4, 5).

    También el bastardo estaba excluido de la congregación de Jehovah. Bastardo (heb. mamzezer 4464) se usa aquí y en Zacarías 9:6 para describir los hijos nacidos de matrimonios mixtos y los hijos nacidos de las relaciones incestuosas mencionadas en Levítico 18:6–20 y 20:10–21.

   En el contexto de la ley deuteronómica, una persona que había nacido de una relación incestuosa no podía participar de la congregación reunida en adoración. El mamzer 4464 estaba excluido de la congregación de Jehovah hasta la décima generación. El diez es un número completo y tiene la idea de “jamás”. Esto significa que el mamzer estaba excluido de la congregación para siempre. La severidad del castigo sirve para declarar que Jehovah consideraba estas relaciones ilegítimas una gran abominación.

   Los amonitas y moabitas también estaban excluidos de la congregación de Jehovah. Estas dos naciones eran descendientes de Lot y de la relación incestuosa con sus dos hijas (Gén. 19:30–38). Pero según el texto, el incesto de Lot con sus hijas no era la razón porque los amonitas y los moabitas estaban excluidos de la congregación de Jehovah. Según el texto, los amonitas no demostraron compasión hacia Israel, sino que demostraron una actitud hostil contra los israelitas durante su viaje hacia Canaán. Los moabitas emplearon al falso profeta Balaam, hijo de Beor, para maldecir a los israelitas (Núm. 22:5, 6). Pero Jehovah intervino y cambió la maldición de Balaam en bendición por causa de su amor hacia Israel.

   Por causa de la actitud hostil de estas dos naciones contra los israelitas, los amonitas y los moabitas estaban excluidos de la adoración de Jehovah. Ellos jamás entrarían en el templo para adorar a Jehovah. Dios también prohibía que los israelitas hicieran tratados políticos con ellos.

   La expresión procurarás… la paz ni el bienestar (v. 6) es el lenguaje de los tratados políticos, común en el antiguo Oriente. Israel no podía hacer un tratado de paz o alianza política con los amonitas y los moabitas. La ley que prohibía a los moabitas entrar en el templo no les prohibía ser miembros de la comunidad de Israel. Cuando Rut, la moabita, decidió seguir a su suegra Noemí, ella dijo: “Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios” (Rut 1:16). Rut se casó con Boaz, un prominente ciudadano de Belén y llegó a ser una de los antepasados del rey David (Rut 4:13–22).

   La exclusión de los edomitas y de los egipcios de la congregación de Jehovah no debía ser permanente. Los israelitas no podían rechazar a los edomitas permanentemente porque ellos eran parientes. Los edomitas eran los descendientes de Esaú (Gén. 36:9), el hermano de Jacob, el progenitor de los israelitas. Los egipcios no podían ser excluidos permanentemente, porque los israelitas vivieron como extranjeros (gerim) en su tierra. Aun cuando los egipcios oprimieron a los israelitas por muchos años, Israel tenía que acordarse de que los egipcios fueron generosos con José y su familia, y que durante la hambruna que hubo en Canaán en los días cuando Jacob y su familia vivían en la tierra, los egipcios alimentaron a los israelitas y por su generosidad Israel no pereció. Por lo tanto, los edomitas y los egipcios debían ser excluidos solamente por tres generaciones. Después de la tercera generación, los edomitas y los egipcios podían participar de la congregación de Jehovah.

   Comentario del Salmo 101:6: Principios de integridad y justicia, vv. 5–8: En este párrafo se explica la necesidad de escoger bien a los ayudantes y rechazar a los que pueden traer corrupción e injusticia al reino. Aun cuando parece apoyar su proyecto el líder no debe bajar la guardia contra el chismorreo y la difamación. A menudo un colaborador difama a otro para conseguir su puesto. El buen líder tiene que rechazar este tipo de ayudante; asimismo no le conviene el que es arrogante u orgulloso.

   El v. 6 presenta el lado positivo; el buen líder tiene que rechazar cierto tipo de colaboradores, pero también debe usar sus principios de integridad para escoger a los que van a ayudarle. El líder también es responsable por la integridad de los que escoge como colaboradores.

   El v. 7 de nuevo habla de cuidarse de ciertos peligros. Debe cuidar las influencias que entran en su familia y no debe estar en liga con los que hacen fraude. En nuestro contexto contemporáneo son dos desafíos grandes.

   Por las mañanas (v. 8) alude a la costumbre oriental de convocar la corte por las mañanas (Jer. 21:12). Habla de administrar justicia rápidamente al pueblo, estar disponible para resolver los problemas de la gente.

   El Salmo presenta un modelo del buen liderazgo. Si fue escrito por David, parece que lo vivió bien en la primera parte de su reinado, pero después falló en varios de estos aspectos. Reconociendo esto, todo el AT mira hacia el Mesías que tendrá un reino de verdadera justicia (cf. Apoc. 21:27). No obstante, el Salmo sigue siendo un ideal y un modelo que se debe tomar en serio en nuestro tiempo porque es el tipo de líder que Dios quiere.

Domingo 16 Noviembre de 2025

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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