Estudio Biblico Tiquico

Estudio Biblico Tiquico

Roberto Saldias Roa
DOMINGO 23 DE NOVIEMBRE DE 2025. “FALSA SUMISION A LA VOLUNTAD DE DIOS”.

   LECCIÓN: NÚMEROS 23:25 al 30. 25. Entonces Balac dijo a Balaam: Ya que no lo maldices, tampoco lo bendigas. 26. Balaam respondió y dijo a Balac: ¿No te he dicho que todo lo que Jehová me diga, eso tengo que hacer? 27. Y dijo Balac a Balaam: Te ruego que vengas, te llevaré a otro lugar; por ventura parecerá bien a Dios que desde allí me lo maldigas. 28. Y Balac llevó a Balaam a la cumbre de Peor, que mira hacia el desierto. 29. Entonces Balaam dijo a Balac: Edifícame aquí siete altares, y prepárame aquí siete becerros y siete carneros. 30. Y Balac hizo como Balaam le dijo; y ofreció un becerro y un carnero en cada altar.

   Comentario de los Versículos 25-28. Las últimas palabras de Balaam. – Números 23:25-30. Balak no se detuvo, sin embargo, de hacer otro intento. Al principio, de hecho, exclamó con indignación por estos segundos dichos de Balaam: “No lo maldecirás, ni aun lo bendecirás”. El doble גּם con לא significa “ni – ni”; y la traducción, “si no lo maldices, no lo bendices”, debe rechazarse como insostenible. En su disgusto por el segundo fracaso, no quiso saber nada más de Balaam. Pero cuando volvió a responder que le había dicho desde el principio que no podía hacer nada sino lo que Dios le dijera (cf. Números 22,38), cambió de opinión y resolvió llevar a Balaam a otro lugar con esta esperanza: «Quizás agradará a Dios que me los maldigas desde allí». Clericus observa sobre este pasaje: “Era la opinión de los paganos, que lo que no se obtuvo a través de la primera, segunda o tercera víctima, podría no obstante obtenerse a través de una cuarta;” y aduce pruebas de Suetonius, Curtius, Gellius y otros.

   Verso 29-30

Lleva al vidente “a la cima de Peor, que mira sobre la faz del desierto” (Jesimon: ver en Números 21:20), y por lo tanto estaba más cerca del campamento de los israelitas. El monte Peor era un pico de la parte norte de las montañas de Abarim junto a la ciudad de Bet-peor, que después perteneció a los rubenitas (Josué 13:20), y frente a la cual acamparon los israelitas en las estepas de Moab (Deuteronomio 3:29; Deuteronomio 4:46). Según Eusebio (Onom. sv Φογώρ), Peor estaba por encima de libias. (es decir, Beth haram), que estaba situada en el valle del Jordán; y según el relato dado bajo Arabot Moab, estaba cerca del Arbot Moab, frente a Jericó, en el camino de libias a Hesbón. Peor estaba a unas siete millas romanas de Hesbón, según el relato de sv Danaba; y Beth-peor (sv Bethphozor) estaba cerca del monte Peor, frente a Jericó, seis millas romanas más alta que libias, es decir, al este de ella.

   Números 23:29-30

Los sacrificios ofrecidos en preparación para esta nueva transacción fueron los mismos que en los casos anteriores (Números 23:14 y Números 23:1, Números 23:2).

   La falsa sumisión a la voluntad de Dios:  se puede entender como una resistencia subconsciente o un intento de obedecer solo superficialmente, sin una verdadera rendición espiritual. Se manifiesta como una falsa sensación de seguridad, la búsqueda de seguir los propios deseos o la negación de la naturaleza pecaminosa. En contraste, la verdadera sumisión implica rendirse activamente, como lo ejemplificó Jesús, y se caracteriza por la gracia y el poder habilitador de confiar en Él, lo que conduce a una mayor paz y propósito.

Características de la falsa sumisión

  • Resistencia de la naturaleza pecaminosa: La tendencia natural del ser humano es luchar contra la autoridad de Dios y querer seguir su propia voluntad.
  • Falsa sensación de seguridad: Creer que se está cumpliendo con la voluntad de Dios, cuando en realidad se está viviendo de acuerdo a los propios deseos.
  • Rendición superficial: Aceptar la voluntad de Dios solo en la superficie, pero sin una entrega genuina del corazón y del espíritu.

Características de la verdadera sumisión

  • Entendimiento y renovación de la mente: Es un proceso de transformación que lleva a «comprobar cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta» (Romanos 12:2).
  • Rendición activa: Implica presentar las peticiones y oraciones a Dios y, a la vez, someterse activamente a Su voluntad soberana a medida que se manifiesta.
  • Gracia y poder habilitador: La sumisión continua reduce el estrés, da más sentido a la vida y otorga el poder necesario para hacer lo que no se puede hacer por uno mismo.
  • Confianza en Dios: Implica confiar lo suficiente en la bondad, poder y amor de Dios como para dejar atrás la propia voluntad y el egoísmo.
  • Ejemplo de Cristo: Jesús es el ejemplo máximo, quien en Getsemaní dijo: «no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22:42), a pesar del sufrimiento que esto implicaba.

   Referencias Bíblicas: «Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también éstos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe. Mas no irán más adelante; porque su insensatez será manifiesta a todos, como también lo fue la de aquéllos. Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia, persecuciones, padecimientos, como los que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra; persecuciones que he sufrido, y de todas me ha librado el Señor. Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución; más los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados. Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.» (2ª Timoteo 3: 8 al 17).

   «Someteos unos a otros en el temor de Dios. Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.» (Ef. 5:21-24).

   «Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.» (Santiago 4:7).

¿Por qué es tan difícil someterse a Dios?

   Puede resultar difícil someterse a Dios porque a menudo queremos confiar en nuestro propio entendimiento y tener una sensación de control sobre nuestras vidas.

   La naturaleza humana tiende a buscar la independencia, por lo que nos cuesta renunciar al control, especialmente cuando el plan de Dios no coincide con nuestros deseos o expectativas.

   Proverbios 14:12 nos enseña, “Ante cada persona se extiende un camino que parece correcto, pero el final de ese camino es la muerte y la destrucción.”

   Esto demuestra que nuestro propio entendimiento a veces puede desviarnos, dificultando nuestra plena sumisión a los caminos de Dios. Podemos resistirnos porque no confiamos plenamente en que el plan de Dios sea mejor que el nuestro.

   Otra razón por la que es difícil someterse a Dios es el miedo. Confiar en Dios requiere fe, y a veces tememos que su plan conlleve incomodidad, desafíos o sacrificios.

   El apóstol Pablo advierte a los primeros cristianos en Romanos 8:7, cuando explica: “Así pues, hermanos míos, ¡no le debáis nada a la carne! No tenéis por qué vivir según sus costumbres, así que abandonad su régimen opresivo.”

    Nuestra naturaleza pecaminosa se resiste naturalmente a someterse a la autoridad de Dios porque queremos seguir nuestra propia voluntad, lo que nos lleva a una falsa sensación de seguridad.

   Esta lucha entre nuestros deseos y la voluntad de Dios dificulta la sumisión. Pero es al entregarnos a Él que encontramos la verdadera paz y la libertad.

   TEXTO: «Y Saúl respondió a Samuel: Antes bien he obedecido la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas.» (1ª de Samuel 15:20).

    La misión examinada, (Obediencia ▬ desobediencia). 15:10–35. Vemos un poco del mismo corazón de Dios aquí. Le dijo a Samuel que le pesaba haber puesto a Saúl como rey. Algunos traducen “me arrepiento de haber puesto a Saúl como rey”. Es la misma palabra que se usa en el v. 29 y se traduce allí “arrepentirse”. De veras parece ser una contradicción, pero no lo es. En hebreo una palabra puede tener dos o tres significados según el contexto y la forma en que se encuentra el verbo. En este caso la palabra pesar transmite sentimientos de fuerte emoción, sea de compasión por la miseria de otros o de remordimiento por las acciones de uno mismo. A veces hasta quiere decir consolar (en piel o pual en heb.). Por ejemplo, el nombre Nahúm quiere decir consolación. La relación entre estos dos extremos de sentimiento es difícil de ver. Pero evidentemente los hebreos pensaban en la consolación como vinculada con la declaración de sus sentimientos de compasión o de la conmiseración. En este caso será correcto traducir “me pesa” porque el cambio de pensamiento que tuvo Dios se debía al cambio de conducta en Saúl. El capricho del hombre produjo una reacción divina que correspondía a su conducta humana. Y por cuanto Samuel estaba en comunión con Dios y sentía las emociones de Dios, el también lamentaba profunda-mente la desobediencia de Saúl. El verdadero obrero de Dios sabe llorar con profundo sentimiento por el pecado por cuanto le pesa.

   Saúl mientras, venía del Neguev sin reparar en su falta. Pasó por Carmel, lugar 12 km. al sudeste de Hebrón (Jos. 15:55). Allí levantó un monumento (lit. una mano), o sea una columna (la misma palabra en 2 Sam. 18:18). Tales columnas eran algo común para celebrar una hazaña o victoria. Es claro que Saúl viene llegando a Gilgal sin compunción alguna. Saluda a Samuel con la declaración que había hecho cumplidamente la palabra de Dios. Aquí está la gran diferencia entre Saúl y David. Este último pide a Dios que le enseñe sus errores (Sal. 19:12), mientras Saúl es generalmente insensible a los suyos.

Marque aquí la progresión de su conversación con Samuel. El v. 13 afirma su cumplimiento. El v. 15 adopta su razonamiento.    El v. 20 apoya sus acciones. Tres veces se defiende Saúl en esta su tercera falla. Tres es el número de perfección en la Biblia que significa cabal o completo, especialmente en cuanto a las obras de Dios. Por ejemplo, en Amós 1:3 se lee: “Por tres pecados de Damasco, y por cuatro”, dando a entender de que se había pasado de ser llena su copa de culpabilidad. Tres veces ahora falla Saúl y con este tercer fracaso, se justifica tres veces. Su copa está llena. Samuel le dice que Dios le ha desechado para que no sea más el rey de Israel.

   ¿Cuál fue el pecado de Saúl? La desobediencia es la esencia del pecado (Lutero). Saúl pensaba reemplazar la obediencia con sacrificios. Pero Samuel en el v. 22 (digno de memorizar) le dice que nada puede tomar el lugar de la obediencia (lit. “oír”). El prestar atención en heb. lleva la idea de aguzar o afinar el oído para poder atender y responder. Cuando no existen estos dos elementos hay rebeldía (contumacia o dureza) y hay obstinación (la idea de golpear la mente o embotarla para que no responda).

   Al fin Saúl confiesa su culpabilidad en el v. 24 explicando que él temía al pueblo y accedía a su voz. Dejó de ser el líder y comenzó a ser el seguidor. Quería ser popular más que ser obediente al mandamiento de Dios. Quiere que Samuel le perdone y vuelva con él como si no hubiera pasado nada. Quiere que Samuel le acompañe en su adoración a Dios. Adoración aquí es la palabra postrarse. Saúl estaba dispuesto a postrarse físicamente, pero sería entonces espuria su adoración porque no se había postrado en su corazón. En su desesperación Saúl rasga el manto del viejo profeta y recibe una lección visualizada. El reino sería rasgado, separado de su poder, y dado a otro.

    Como ya vimos en el v. 11, Dios se arrepintió de haberle dado el reino en el sentido de pesarle o hacerle sentir el hecho. Ahora aclara Samuel (v. 29) que Dios no se arrepiente en el sentido de cometer un pecado o tener remordimiento por una falta. Esto es claro por el contexto. Lo que Dios había dicho por medio de su siervo Samuel no se trata de una mentira o un pecado en él. “Sea Dios veraz, aunque todo hombre sea mentiroso” dice Romanos 3:4. No hace falta que Dios cambie en su carácter o se arrepienta de sus hechos. “Realmente, Dios no hará injusticia” (Job 34:12). Su nombre es la Gloria de Israel, palabra que se traduce a veces confianza, perpetuidad o perfección puesto que son conceptos vinculados. Podemos confiar en Aquel que es eterno y su perfección se manifiesta en resplandor de gloria.

¿Por qué vuelve Samuel al fin con Saúl? Podemos sugerir dos cosas. En primer lugar, no había por qué desacreditarlo delante del pueblo antes de que Dios manifestara quién sería el hombre “mejor que él”. Hubiera creado un estado de caos como también de desconfianza que sería contraproducente a esa altura. En segundo lugar, Samuel tenía que cumplir con el mandamiento de Dios, terminando con la misión que Saúl había dejado incompleta. Así que volvió con el rey para ejecutar a Agag. Probablemente no es nombre sino título, designación dada a los reyes de los amalequitas como faraón es el título del rey de los egipcios (ver Núm. 24:7). Amán, el enemigo de los judíos, era agagueo (Est. 3:1) y descendiente de esta línea. Ian Thomas en su libro, Si Pererzco, Que Perezca dice: “Herodes era un amalequita, descendiente de Esaú y de la parentela de Amán (p. 23). Si así fuera, se ve con más claridad las terribles consecuencias de haberlo dejado con vida a Agag. Su descendencia sería siempre “enemiga de los judíos” y por consiguiente de Dios. ¡Con razón no lo dejó con vida el profeta Samuel! Si el hombre piensa que sabe más que Dios, ¡cuidado! Aunque no entienda por qué Dios exige ciertas cosas, mejor es obedecerle. Carlos Spurgeon dijo: “La fe y la obediencia se encuentran unidas en un mismo manojo. El que obedece a Dios, confía en Dios; y el que confía en él le obedece.” Daniel Towner escuchó el testimonio de un joven en el año 1887 cuando dijo: “No me siento seguro, pero voy a confiar y voy a obedecer”. Y en base a esa frase Towner y el pastor Juan Sammis compusieron el himno que todavía cantamos cuyo coro dice: “Obedecer y confiar en Jesús, Es la senda marcada, Para andar en la luz”. ¡Oh, la angustia que podríamos evitar si tan solamente supiéramos obedecer a Dios!

1er Titulo: Solicitando lo contrario a lo que Dios mandó. Versículos 25 y 26. Entonces Balac dijo a Balaam: Ya que no lo maldices, tampoco lo bendigas. Balaam respondió y dijo a Balac: ¿No te he dicho que todo lo que Jehová me diga, eso tengo que hacer? (Léase: Josué 24:9. Después se levantó Balac hijo de Zipor, rey de los moabitas, y peleó contra Israel; y envió a llamar a Balaam hijo de Beor, para que os maldijese. ▬ Job 2:9 y 10. Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete. Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios.).

   Comentario del contexto: 23:25-26 Hasta este punto Balaam había bendecido a Israel y ratificó los temores de Balac: Israel destruiría a sus enemigos y nada podría detener su avance.

   Dios permitió todo esto para mostrar a Su pueblo que el Pacto con Abraham estaba (y está) vigente (Gn. 12:1-3). Él les daría la tierra, descendencia y bendiciones prometidas, porque Dios jamás deja de cumplir sus compromisos.

   Desde el desierto hasta Canaán, (Josué 24:8-13). La aventura de fe que comenzó en Mesopotamia ahora llega a su etapa final que es el establecimiento en una tierra apropiada para llegar a ser el pueblo que Dios tenía en mente desde antes de la creación.

   Hay una alusión a la tierra que Jehovah dio a Esaú (v. 4) lo que presenta a Dios como el dador de la tierra. Es sabido que, entre los edomitas, descendientes de Esaú, y los israelitas hubo siempre tensiones (1 Rey. 11:15, 16). La visión positiva de Edom presentada en esta alusión puede ser una manera de enfatizar que el dador de la tierra a Edom es el mismo que la dio a Israel, y por lo tanto, debe existir una hermandad entre aquellos que han sido beneficiarios de la bondad de Dios y por los lazos que los han unido, aunque están ahora separados (Deut. 23:7).

   El v. 13 es una confirmación de la función de Jehovah en este proceso de recepción de la tierra por parte de los israelitas. Él la entregó sin que ellos la trabajaran, pero para que la trabajen, unas ciudades que no construyeron, pero varias de ellas para reconstruir, y les entregó unas viñas que no plantaron pero que deben preservar.

   En esto consiste la gracia de Dios, en que se recibe un regalo, una vida, una posibilidad, una oportunidad, sin méritos, pero con el fin de reflejar en la nueva vida que se ha sido bendecido, es decir, siendo bendición. Dios es el dador de la tierra por su amor al pueblo escogido. La razón es sencilla: era un elemento fundamental en la vida de cualquier comunidad de la antigüedad. La tierra era el centro alrededor del cual giran muchos problemas y experiencias del pueblo en la historia que relata el libro de Josué: la producción de alimentos, la distribución de la tierra, la repartición de esta a las tribus, las ciudades y aldeas como espacio de vida, los límites, el recurso del agua, las leyes de herencia, la conservación de la tierra, etc. Todo ese espacio es clave para el desarrollo de la vida del pueblo, y este no sería formado a plenitud si no poseía también una tierra. Pero la posee siempre con la condición de que Jehovah sea reconocido como el dador de la tierra y por lo tanto, el dueño de la tierra.

   Hay criterios diferentes para el uso de la tierra, para evitar la acumulación de esta en pocas manos, a diferencia de lo que ocurría entre las naciones que habitaban en Canaán. El pueblo de Israel debe ser una alternativa a este modelo.

   Todo el recuerdo de la acción de Dios en Egipto, y luego en el desierto, desemboca en la problemática del uso de la tierra. Este es un punto de llegada importante en la historia del pueblo.

   Ahora están colocadas las bases para ser fieles a Dios, pero al mismo tiempo, como ya se ha señalado en el capítulo anterior, el pueblo tiene también peligros que afrontar de ahora en adelante.

   La posesión de esta tierra no es el resultado de la imposición de una fuerza militar sobre otra, sino que es la posesión de quienes no poseían. Ahora lo hacen justamente porque han sido destituidos aquellos que no usaron bien la tierra en beneficio de todos, sino con un interés egoísta.

   Este aspecto es importante tenerlo en cuenta para no justificar de manera simplista en la actualidad aquellas naciones que se caracterizan por poseer la tierra que no están usando o que la usan de manera inadecuada como riqueza acumulable.

   El propósito del Creador de la tierra es que la humanidad entera pueda servirse de ella. Por esa razón, cualquier concentración innecesaria de tierra en pocas manos o el mal uso de la tierra o la destrucción de la misma son acciones que están en contravía del propósito divino y por esta razón es importante que el pueblo de Dios incluya dentro de su agenda una reflexión sobre nuestra actitud hacia la tierra como espacio y lugar para la vida.

    El consejo de su esposa y respuesta de Job, 2:9, 10. La esposa de Job también había sufrido mucho: eran sus hijos también quienes habían fallecido y era su esposo el que estaba tan enfermo. Satanás sabía que muchas veces los seres queridos son influyentes en las decisiones que se toman (ver Adán y Eva [Gén. 3] y Abraham y Agar [Gén. 16]: Adán y Abraham se sometieron mientras que Job tambaleó). Entonces, Satanás contó con una aliada en la esposa de Job, quien lo invitó a maldecirlo (v. 9). Con sus palabras quiso decir: “¡Maldice a Dios y déjalo matarte!”. Creía que moriría inmediatamente si blasfemaba contra Dios, y así podría librarse de tanta tribulación y dolor.

   Otra vez se equivocó Satanás en su cálculo. El dicho desesperado de la mujer turbada no logró lo que él quería; al contrario, al escucharlo articulado por su esposa le era un golpe. Su reacción fue enérgica y reprochó severamente a su esposa. Dijo que ella hablaba como una “mujer insensata”, es decir, como una persona con deficiencias morales y espirituales (Isa. 32:6). A pesar de la dureza del reproche, Job lo suavizó: no era una mujer así. Job habló por él mismo y por su mujer al expresar que no sólo el bien, sino el mal, debían recibirlo de parte de Dios. Así que, la fidelidad de Job todavía estaba intacta (v. 10; comp. Gén. 50:20).

   El texto afirma que “Job no pecó con sus labios” (v. 10c). Probablemente significa que “no profirió ninguna queja” (ver Sal. 39:2). No pecó como el Adversario dijo que haría: no maldijo a Dios públicamente. El sufrir no borró la memoria de la gracia de Dios en su vida; sin cuestionamientos, quedaba establecida su integridad. Su devoción a Dios era desinteresada: su relación con Dios no dependía de sus ganancias propias ni de su salud personal. El Adversario había fracasado en su esfuerzo y no aparecería más en el libro.

   No obstante, la afirmación de fe de Job, había una diferencia entre esta afirmación y la anterior (1:21). Con sus labios no dijo nada incorrecto; sin embargo, ¿estaba todo bien en su interior? ¿Hubo pensamientos que no eran tan piadosos? Magistralmente se ha preparado la próxima escena y un cambio del enfoque del libro. El nuevo episodio presentará a Job y a sus amigos en un debate teológico sobre la ley: ¿Es la prosperidad una recompensa por obedecer la ley y el sufrir una retribución por desobedecerla? Satanás no logra que Job blasfeme contra Dios; sin embargo, en el calor del debate contra los amigos por poco lo hace.

2° Titulo: Desesperado intento por maldecir a Israel. Versículos 27 y 28. Y dijo Balac a Balaam: Te ruego que vengas, te llevaré a otro lugar; por ventura parecerá bien a Dios que desde allí me lo maldigas. Y Balac llevó a Balaam a la cumbre de Peor, que mira hacia el desierto. (Léase: Romanos 12:14. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis.).

   Las iglesias tienen una necesidad externa de amor a los enemigos (12:14–21). De las relaciones y el ministerio en la comunidad, Pablo pasa a las relaciones con personas de afuera, en particular con perseguidores y enemigos de la iglesia. Si bien parece que recurre a la acción opuesta, de compañeros creyentes a perseguidores, esto es en realidad una continuación de la tesis del versículo 9, que muestra la mente transformada del creyente, ya que el sincero amor del creyente se extiende primero a “uno al otro” (v. 10) y luego a los opresores (v. 14).

   Externa: bendigan a los perseguidores (12:14)

   La orden de Pablo “bendigan a quienes los persigan” es una demostración notable de la mente cristiana. “Bendecir” a una persona es invocar bondades divinas sobre ella. En lugar de buscar venganza (que será el tema de los vv. 17–20), lo primero que hacen los santos es pedirle a Dios que bendiga a sus enemigos.

   Es probable que esto se haya tomado de las enseñanzas de Jesús en el Sermón del Monte (Mateo 5:44; Lucas 6:27–28), “Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen”. Esto se demuestra en el grito de Jesús desde la cruz, “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Esteban oró de la misma manera (Hechos 7:60): “Señor, no les tomes en cuenta este pecado”. La bendición probablemente incluye tanto las bendiciones espirituales (vv. 17–21) como el favor divino, como se ve en la adición de Pablo “bendigan y no maldigan “. Esto significa pedirle a Dios que derrame sus bendiciones en lugar de invocar sus maldiciones. Estas serían las maldiciones del pacto (Dt 27–28). La bendición probablemente se centra en una oración por la conversión, pero podría incluir algo similar a 1 Timoteo 2:2, pidiendo oración por los funcionarios del gobierno “para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna”.

   Principalmente, esto le pide a Dios que bendiga a los no salvos como prueba de que Dios ama a todos sus hijos, no solo a los que son su pueblo. Este es un mandato radical y contrario a nuestras inclinaciones naturales. Cuando amamos a nuestros enemigos, nos convertimos en una de las herramientas más poderosas para alcanzar a los perdidos. Como dice Pedro: “Mantengan entre los incrédulos una conducta tan ejemplar que, aunque los acusen de hacer el mal, ellos observen las buenas obras de ustedes y glorifiquen a Dios en el día de la salvación” (1 Pedro 2:12).

3er Titulo: Acto profano que muestra lo perverse intención de Balaam. Versículos 29 y 30. Entonces Balaam dijo a Balac: Edifícame aquí siete altares, y prepárame aquí siete becerros y siete carneros. Y Balac hizo como Balaam le dijo; y ofreció un becerro y un carnero en cada altar. (Léase: 1ª de Reyes 12:31 al 33. Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví. Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebraba en Judá; y sacrificó sobre un altar. Así hizo en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que había hecho. Ordenó también en Bet-el, sacerdotes para los lugares altos que él había fabricado. Sacrificó, pues, sobre el altar que él había hecho en Bet-el, a los quince días del mes octavo, el mes que él había inventado de su propio corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar incienso. ▬ Salmo 101:3 Y 4. No pondré delante de mis ojos cosa injusta. Aborrezco la obra de los que se desvían; Ninguno de ellos se acercará a mí. Corazón perverso se apartará de mí; No conoceré al malvado.).

   23:27-30 Balac ya manifestaba su molestia ante el trabajo del adivino a sueldo. ¿Acaso no lo había contratado porque tenía fama de poder manipular con éxito las fuerzas sobrenaturales? ¿Por qué seguía insistiendo en tener que obedecer las órdenes de este dios en particular y no se limitaba a realizar aquello por lo que se le iba a pagar? A grandes rasgos, en la actitud del rey moabita se bosqueja el fundamento de las creencias paganas. En resumen, ellos pensaban: los dioses, ángeles y demonios existen y deben ser satisfechos por medio de sacrificios. A través de la magia apropiada, es posible moverlos a hacerlo que uno necesita.

   Consecuentemente, Balac llevó a su empleado a un tercer lugar desde donde podría seguir insistiendo hasta lograr el cometido de maldecir a Israel.

   1ª de Reyes 12:31 al 33. Vv. 28–30. Segunda: Contribuyó a que la idolatría se introdujera en Israel. Levantó becerros de oro (probablemente figuras de toros) como los que había visto en Egipto. Hay que recordar que lo había hecho Aarón anteriormente (Exo. 32:4–8).

   Estas imágenes no pretendían sustituir el culto a Jehovah, tan solo tenían el propósito de ayudar en el rompimiento religioso con el sur. Según W. F. Albright, ciertos descubrimientos arqueológicos parecen confirmar que los toros no tenían la mira de ser ídolos representantes de Jehovah, solamente eran pedestales visibles sobre los cuales el Dios invisible se paraba. En otras palabras, nunca era el propósito de Jeroboam ocasionar la idolatría en el norte. No obstante, sus propósitos, a la larga el resultado era otro.

   Con todo, la creación de los dos toros de oro era muy peligrosa, dado el trasfondo del toro en la adoración cananea. Para los cananeos paganos, el toro era un símbolo de la fertilidad. Los demás dioses cananeos eran figuras de la lluvia, el sol y otros integrantes del ciclo natural del año. Esto debió ser una fuerte atracción para un pueblo agrícola como Israel, pues vería en cada imagen una muestra de la fuerza y el vigor que necesitaba (Ose. 8:5, 6; 10:5, 6; 13:2). De todas maneras, es un pecado adorar a Dios por medio de figuras materiales; es una violación de la ley divina (Exo. 20:3, 4). Lo más triste de todo esto es que el rey hace todo esto para complacer al pueblo y con su anuencia (v. 28a).

   Vv. 31a. Tercera: cambió a su antojo los lugares de culto ya establecidos (Gén. 28:10–22; 35:1–15; Amós 7:10). La razón es muy sencilla: para mantener la unidad del reino había que evitar que la gente fuera a Jerusalén, pues el pueblo sería atraído por el gran templo y su culto. El rey conocía bien el poder de la religión para mantener a su pueblo unido, y, al igual que David y Salomón hicieran de Jerusalén su centro religioso, Jeroboam quiso hacer también su centro religioso. Ciertamente, para el deuteronomista el problema principal de Jeroboam no era la creación de los toros de oro, sino su implantación del culto en lugares que no fueran Jerusalén.

   Desde luego, la ubicación de las dos imágenes en Betel y en Dan favorecía el abandono de la única adoración legítima en Jerusalén.

   El problema del rey es que no tomó en cuenta a Dios quien lo había puesto en el trono. No le importó el bien espiritual ni el destino de su gente. Solo quiso satisfacer sus propios intereses y deseos de poder. Su pecado mayor fue el de alejar a su pueblo de Dios. Jeroboam sabía que tenía un reino dividido, y que la unidad del pueblo de Dios giraba alrededor de un pacto. Este pacto decía que era incorrecto tener otro gobierno que no fuera el de la línea de David. Por eso instituye una religión oficial.

   Vv. 31b–33. Cuarta: tomó para sí el oficio de sacerdote, y también lo compartió con gente no indicada. Esto era desobediencia a la ley de Dios que establecía que el ministerio sacerdotal era exclusivo de la tribu de Leví. Es seguro que

los levitas tuvieron que huir hacia Judá. De este modo el rey, al tomar el poder religioso en sus manos, unió el poder del Estado con el religioso. Y así lograba lo que tanto quería y que quizá copiaba de Egipto: el ser el centro del poder, por encima de su pueblo, el que le había llevado al reino. Por, sobre todo, Jeroboam fue desagradecido hacia Dios, quien le había elevado hasta el trono de Israel. Por esto repetimos que su mayor pecado fue el de apartar a su gente de Dios, sin importarle para nada el bien ni el destino espiritual de la nación. Hasta donde sabemos, este rey sembró la idolatría tan honda en el corazón del pueblo, que este nunca más pudo recuperarse.

   Salmo 101:3 Y 4: SALMO 101: SALMO REAL. DIDACTICO: VOTOS DE UN GOBERNANTE. El Salmo muestra la determinación de un rey de tener un reinado justo y sujeto a la voluntad de Dios. Se cree que era un conjunto de ideales o votos pronunciados por el rey en el acto de su coronación. Bien puede ser del tiempo de David, o de algún otro tiempo en la monarquía. El Salmo presenta un desafío a cualquier gobernante civil hoy, y también es aplicable a cualquier líder, sea civil o de la iglesia.

  1. El carácter del rey, vv. 1–4: ¡Qué grandioso es cuando un líder o gobernante primero vuelve su corazón a Dios para alabarle! Misericordia y juicio son características especiales de Dios; el rey quiere seguir este mismo modelo en el ejercicio de su autoridad; sujeta su propia persona y su administración a las demandas de Dios. El rey tiene que dar atención a los detalles de la integridad. Primero él mismo tiene que andar en integridad, en su propia casa (v. 2c), en sus pensamientos (v. 3a) y en sus juicios morales (v. 3b). Para esto reconoce que necesita la presencia de Dios en su vida. ¿Cuándo vendrás a mí? Algunos piensan que se refiere a la venida del arca a Jerusalén (2 Sam. 6:9), pero es mejor entenderlo como una petición de la presencia y poder de Dios en su vida.

Cumpliendo los deberes 101:1–8

Lo que hará el salmista (vv. 1–4).

Cantará la misericordia y el derecho, v. 1.

Andará en camino de integridad, v. 2.

Aborrecerá la obra del corazón perverso, v. 3.

Lo que no hará el salmista (vv. 5–8).

Poner los ojos en cosa indigna, vv. 5, 6.

Habitar en casa del que habla mentira, v. 7.

Soportar a los que hacen iniquidad, v. 8.

   Los vv. 3 y 4 indican que la integridad de vida implica el rechazo de ciertas cosas, de todo lo que no agrade a Dios. No mirará cosa indigna; uno debe decidir evitar las tentaciones que comprometerán su integridad. El líder también tiene que rechazar aun la ayuda de los que tienen corazón perverso.

Amén, Para La Honra Y Gloria De Dios.

Domingo 23 de noviembre de 2025

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