Estudio Biblico Tiquico

Estudio Biblico Tiquico

Roberto Saldias Roa
LUNES 09 DE FEBRERO DE 2026. “CONSULTAR Y CONFIAR EN LA DIRECCIÓN DIVINA”.

   LECCIÓN: 1ª de samuel 30:6 al 10. 6. Y David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, pues todo el pueblo estaba en amargura de alma, cada uno por sus hijos y por sus hijas; más David se fortaleció en Jehová su Dios. 7. Y dijo David al sacerdote Abiatar hijo de Ahimelec: Yo te ruego que me acerques el efod. Y Abiatar acercó el efod a David. 8. Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Perseguiré a estos merodeadores? ¿Los podré alcanzar? Y él le dijo: Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás, y de cierto librarás a los cautivos.  9. Partió, pues, David, él y los seiscientos hombres que con él estaban, y llegaron hasta el torrente de Besor, donde se quedaron algunos. 10. Y David siguió adelante con cuatrocientos hombres; porque se quedaron atrás doscientos, que cansados no pudieron pasar el torrente de Besor.

   Comentario general del contexto bíblico: David pierde Siclag, 30:1–8. Les llevó más de dos días a David y sus hombres completar el viaje de 90 km. desde Afec. Descubrieron que mientras estaban de viaje los amalequitas habían atacado a Siclag, dejando la ciudad en cenizas. David había estado combatiéndoles (27:8) como Saúl antes de él (15:2, 3). De la ley había quedado el mandamiento de combatirles (Deut. 25:17–19). Los amalequitas figuraban entre los acérrimos enemigos de Israel en el Salmo 83 que rugen y aborrecen a Dios. Un remanente de ellos existía hasta los días de Ezequías (ver 1 Crón. 4:41–43) y fueron destruidos por los hijos de Simeón. Quizás esta destrucción señala el fin de Siclag puesto que David la abandona pronto y sólo se menciona una vez de paso en Neh. 11:28. Esta referencia pertenece a una época casi 600 años después de David. No se ha descubierto con seguridad el sitio de la ciudad para poder confirmar las épocas de su ocupación habitada.

   El secuestro de las mujeres y niños produjo una aguda aflicción entre los hombres de David. No sólo lloraron sino hablaron de apedrear a David (v. 6). Hay una fábula que cuenta cómo el diablo una vez ofreció en venta algunas de sus herramientas. Ahí estaban la malicia, el odio, los celos, el engaño y algunas más, con los precios indicados para cada herramienta. Una, apartada de las demás, sin embargo, llevaba un precio muy alto. Y cuando se le preguntó al diablo por qué se consideraba de tanto valor replicó: “Porque es mi herramienta más eficaz; se llama la depresión. Con esta puedo superar y vencer a cualquiera.” David hubiera podido sentir la presión del desánimo y la desesperación en ese momento. Pero se fortaleció en Jehovah su Dios (v. 6) sin dejarse hundir en el pozo de la depresión.

   Este elemento es ese algo extra que tenía David como líder. Y en cambio, Saúl no lo tenía. La palabra fortalecer tiene también la idea de esforzarse o afirmarse. Se ve en los Salmos 18:1 y 27:14 como fortaleza y luego “esfuérzate”. En el NT es lo que dice Efesios 6:10: “fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza.” Y aunque es un mandamiento, no todos los cristianos lo obedecen. El poder de Dios está disponible, pero hay que tomarlo. Es como sentarse en un cuarto oscuro y lamentar no ver bien. La llave está a la mano, pero hay que extender la mano y prender la luz.

   David por lo tanto llama al sacerdote Abiatar (ver 22:20) y le pide que traiga el efod para consultar a Dios (ver comentario sobre 23:1–5). La respuesta fue muy contundente. Lit. la respuesta del v. 8 es: “Persigue para alcanzar y alcanzarás y al librar librarás.” La fuerza de estos infinitivos absolutos en heb. es como decir ciertamente o de cierto. Compare el dicho de Jesucristo: “De cierto, de cierto os digo” (Juan 6:47). Lit. dice: “Amén, Amén” y con esto afirma con gran certeza la verdad expresada. El creyente en el día de hoy no precisa el efod del sacerdote aarónico. Ya tenemos “un gran sumo sacerdote que ha traspasado los cielos, Jesús el Hijo de Dios (Heb. 4:14). Podemos acercarnos a él confiadamente. Como David pudo fortalecerse en Dios, nosotros tenemos segura y firme ancla del alma en él también. David es el líder más destacado del AT porque él sabía orar y alabar a Dios y obedecer las indicaciones divinas.

1er Titulo: Fortaleciéndose en Dios en tiempo de aflicción. Versículo 6. Y David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, pues todo el pueblo estaba en amargura de alma, cada uno por sus hijos y por sus hijas; más David se fortaleció en Jehová su Dios. (Léase: Salmo 27:1. Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? ▬ Nahúm 1:7. Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían.).

   Fortalecerse en Dios durante la aflicción implica confiar en su soberanía, orar incesantemente y aferrarse a Su Palabra, encontrando refugio en Su amor incondicional. La fe se sostiene reconociendo que Dios es el consolador, las pruebas producen resistencia y esperanza, y que Su fortaleza divina actúa donde la humana falla, permitiendo superar la adversidad sin desmayar.

   Referencias Bíblicas:

   «Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa». (Isaías 41:10).

   «La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden». (Juan 14:27)

   SUPLICA INDIVIDUAL. SALMO DE CONFIANZA: Las dos palabras clave en este Salmo son confianza y enemigos. A pesar de la persecución por los enemigos el salmista confía en Dios. Algunos piensan que el Salmo puede ser del tiempo de la rebelión de Absalón.

   La primera parte es un salmo de confianza (vv. 1–6); la segunda parte es una súplica o lamento individual en que el salmista pide socorro a Dios. Algunos piensan que son dos salmos diferentes por esta diferencia de forma y porque en la primera parte se habla de Dios en tercera persona, pero en la segunda se dirige directamente a Dios.

   Sin embargo, la singularidad de tema y de estructura litúrgica indican la unidad del salmo. Los vocablos comunes a las dos partes confirman lo mismo: salvación (vv. 1 y 9); adversarios (vv. 2 y 12); corazón (vv. 3, 8, 14); levantar (vv. 3, 12); buscar (vv. 4 y 8); vida (vv. 4 y 13, “vivientes” es el plural de la misma palabra). Por supuesto, el salmista pudo haber usado un poema ya existente para elaborar este Salmo.

   Versículo 1. Una declaración de confianza, v. 1

  ¡Qué afirmación fuerte de confianza en Dios, basada en una relación personal con él que provee una triple defensa: mi luz, mi salvación, fortaleza de mi vida! La luz disipa la oscuridad; salvación o victoria enfatiza la habilidad de Dios de dar la victoria a pesar de las fuerzas en contra; refugio o fortaleza es un lugar de seguridad.

   Comentario de Nahúm 1:7: El Dios de la vida es poderoso para defenderla, 1:7-8

   Como ya se mencionó, esta parte es una poesía, o un himno acróstico realizado a base de la mitad del alfabeto heb., este tipo de construcción era elaborada así para facilitar la memorización. Hay que entender estos versículos dentro del contexto general del AT, en el cual Dios se presenta como el Salvador del pueblo que estaba bajo el yugo de la muerte (Éxo. 3:7–9). Dios continúa siendo el dador y preservador de la vida.

   Por esa razón es Dios celoso y vengador puesto que para él han significado una ofensa las violaciones cometidas por los asirios cuyo imperio se ha construido a base de la muerte; ahora el Dios de la vida…se venga de sus adversarios, y guarda su enojo contra sus enemigos. Pues no dejará impunes estos crímenes, todos serán castigados por sus pecados, pero la venganza de Dios en este caso será contra sus enemigos.

   El v. 7 hace un equilibrio con lo que se ha dicho: nuestro Dios es un Dios que tiene celo, ira y venganza, pero también Bueno es Jehovah.

   En este caso Nahúm celebra la venganza de Dios sobre los enemigos de su pueblo, por eso ¡Bueno es Jehovah! Es una fortaleza en el día de la angustia, y conoce a los que en él se refugian (v. 7). Jehovah ha sido atacado y oprimido es una ofensa contra Dios. Por eso la venganza de Dios es también la respuesta de los que han sufrido, y que confían en Dios, contra los que han causado ese sufrimiento. Nahúm afirma esto sin mencionar que el pueblo de Judá también ha pecado y por lo tanto también recibirá la reprensión de Dios, pero esto no es óbice alguno para abandonar a su pueblo en el momento en que es angustiado por sus enemigos, y para dejar impunes los crímenes de quienes han irrespetado la vida del pueblo que pertenece al Dios de la vida.

   En el v. 8 habla de …al que se levanta contra él, y… sus enemigos, quienes son objeto de su venganza. Ellos han desafiado el poder de Dios tanto por levantarse en forma prepotente como por atropellar la vida de su pueblo. Oprimir al pueblo de Dios es levantarse contra el mismo Jehovah y eso no lo permitirá eternamente el Vengador.

   Las figuras que usa Nahúm en este versículo muestran que ya no hay escapatoria para los enemigos y adversarios del pueblo de Jehovah. La primera figura dice: …arrasa con impetuosa inundación al que se levanta contra él. Las inundaciones se caracterizan por cubrir toda la superficie visible sin dejar rastro de lo pasado. Es interesante recordar aquí el diluvio con el que Dios castigó a la humanidad por su pecado (Gén. 7). La inundación que anuncia tiene el carácter de impetuosa, es decir arrasadora y destructora, dando a entender que cuando descienda el nivel de las aguas no habrá rastro de los adversarios sobre la superficie terrestre. De nuevo ha usado la figura de los fenómenos físicos que no pueden ser controlados después de que se han desatado, pero en este caso para castigar a los adversarios y desaparecerlos de la faz de la tierra. La segunda figura se refiere de otra manera a la tenacidad de la venganza divina sobre sus enemigos ¡Aun en las tinieblas perseguirá a sus enemigos!

   Dando la idea de que serán perseguidos hasta en la noche, lo cual evidencia la tenacidad del Vengador. Dios no descansará hasta ver destruidos a los enemigos de su pueblo pues no puede dejar que los promotores de la muerte se enseñoreen sobre la tierra y se muestren como los que detentan todo el poder, por ello se cierra la idea de este pasaje al retomar la idea del v. 2 que dice que Jehovah se venga de sus adversarios y guarda su enojo contra sus enemigos.

   Nahúm nos muestra en este pasaje un aspecto de Dios que ha sido ignorado, consciente o inconscientemente, por los cristianos al mostrar parcialmente la persona de Dios como un ser tan amoroso que no tiene carácter para reprender, y que si lo hace es a nivel personal. Aquí hay un mensaje para los pueblos que confían en Dios y esperan en él, pues su venganza sobre los que retienen el poder injustamente será una realidad tan cierta como el amor que él nos ha mostrado.

Se debe notar que hasta aquí no se menciona a Nínive, no se ha revelado su nombre. La descripción de Dios en estos versículos es independiente de los actos que puede tener Nínive. Él es vengador, con Nínive o sin Nínive.

2° Titulo: Importancia de consultar al siervo de Dios. Versículos 7 y 8. Y dijo David al sacerdote Abiatar hijo de Ahimelec: Yo te ruego que me acerques el efod. Y Abiatar acercó el efod a David. Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Perseguiré a estos merodeadores? ¿Los podré alcanzar? Y él le dijo: Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás, y de cierto librarás a los cautivos. (Léase: Jueces 1:1 y 2. Aconteció después de la muerte de Josué, que los hijos de Israel consultaron a Jehová, diciendo: ¿Quién de nosotros subirá primero a pelear contra los cananeos? Y Jehová respondió: Judá subirá; he aquí que yo he entregado la tierra en sus manos. ▬ Isaías 8:19. Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?).

   Comentario de Las conquistas de Judá y Simeón (Jueces 1:1-2)

   1:1-2 Probablemente la consulta fue realizada a través de un sacerdote ante el arca del pacto (cf. 20:26-28). En este libro se recalca con frecuencia la intervención divina para determinar el resultado de los conflictos armados.

   Nota: (2° Titulo: Importancia de consultar al siervo de Dios.). Pero cuidado con esto el contexto dice le pidió al sacerdote que le acercara el efod, no dice que le consulto al siervo que era el sacerdote, porque ahora en la gracia tenemos a un solo sacerdote para consultar a Dios por medio de Jesucristo. (2). Tenemos la biblia las Santa Escrituras para hacer consulta a Dios. (No se equivoquen mis hermanas en dar realce al siervo de Dios, ya que ellos son seres humanos iguales que nosotros, ellos se pueden equivocarse, ellos sirven como guías de nuestra vida espiritual, pero es usted quien debe discernir entre lo bueno y lo malo. Ellos no tienen la última palabra, si no el señor Jesucristo a través de las Escrituras Bíblicas.).

   La selección que Dios hizo de la tribu de Judá como preeminente militarmente, estaba de acuerdo con la elevación que Jacob profetizó de la tribu en su bendición final (Gn. 49:8).

   Después de la muerte de Josué, entonces, cada tribu emprende la tarea de tomar posesión de las ciudades en su territorio (para la repartición de la tierra, ver Jos. 15–19).

    Probablemente Israel hizo la consulta de 1:1 a través de un sacerdote en la presencia del arca del pacto (comp. 20:18, 26–28; 1 Sam. 22:9, 10, 15), tal vez utilizando el Urim y el Tumim (ver Núm. 27:21; 1 Sam. 28:6; y la nota sobre 1 Sam. 14:41). Jehovah señala que Judá debe iniciar esta fase de la conquista (1:2). Tan segura es la promesa de victoria que Jehovah la expresa en tiempo pasado, “he entregado” (comp. 3:28; 4:14; 7:9, 14, 15). Un tema resaltado en Jueces es que Jehovah determina los resultados de los conflictos militares.

   Pensamiento: Lectura: Josué 9:1-27

versículo. claves: “Y los hombres de Israel tomaron de las provisiones de ellos, y no consultaron a Jehová. Y Josué hizo paz con ellos, y celebró con ellos alianza concediéndoles la vida; …” – v.14-15

   ¡Que terrible error cometieron al hacer alianza con los gabaonitas! Y tristemente fue el primer pueblo de muchos que, con el tiempo, fueron dejando entre ellos sin arrojarlos como Dios les había mandado que hicieran.  Esos pueblos después fueron la causa de su ruina espiritual, porque al dejarlos entre ellos, se mezclaron con ellos y aprendieron sus caminos, y se volvieron tras sus ídolos, apartándose de Dios y provocándolo a ira.

   Todo por “no consultar a Dios” … ¡por no orar!

   Si queremos vivir vidas con la bendición de Dios, teniendo victorias espirituales, necesitamos aprender a consultar a Dios antes de tomar cualquier decisión.  Cada decisión que tomamos, o nos está acercando a Dios, o nos está alejando de Dios.  Nos está fortaleciendo espiritualmente, o debilitando espiritualmente.  Nuestras decisiones siempre nos están llevando en una dirección – hacia la obediencia o desobediencia, y siempre traerán consecuencias – buenas o malas.  Es por eso por lo que es tan importante aprender a orar y a buscar consejo espiritual en nuestras vidas como cristianos.

   Romanos 12:2, “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

   Israel no consultó a Dios.  Tomaron decisiones según su propio criterio y juicio, ¡y cómo les costó después!

   Nosotros necesitamos dirección y consejo sabio en nuestra jornada espiritual.  Aprendamos a orar a Dios.  Aprendamos a buscar consejo sabio.  Tengamos cuidado de no tomar decisiones según nuestro propio juicio.  Nuestras malas decisiones después nos alcanzarán.  Tengamos cuidado de no hacer alianzas que Dios no aprueba.  Estamos en este mundo, pero no somos de este mundo; nuestra ciudadanía está en los cielos.  Vivamos una vida consagrada a Dios y apartada del pecado.  La vida cristiana será una de bendiciones abundantes o tropiezos, derrotas y lamentos.  No porque Dios así lo quiera, sino por nuestra falta de caminar con Dios, por nuestras propias malas decisiones.

   Salmos 19:12-13, “¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos.  Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión.”

   Referencias Bíblicas: 1ª de Samuel 14:36-37. «Y dijo Saúl: Descendamos de noche contra los filisteos, y los saquearemos hasta la mañana, y no dejaremos de ellos ninguno. Y ellos dijeron: Haz lo que bien te pareciere. Dijo luego el sacerdote: Acerquémonos aquí a Dios. Y Saúl consultó a Dios: ¿Descenderé tras los filisteos? ¿Los entregarás en mano de Israel? Mas Jehová no le dio respuesta aquel día».

   Josué 9:11 al 14. «Por lo cual nuestros ancianos y todos los moradores de nuestra tierra nos dijeron: Tomad en vuestras manos provisión para el camino, e id al encuentro de ellos, y decidles: Nosotros somos vuestros siervos; haced ahora alianza con nosotros. Este nuestro pan lo tomamos caliente de nuestras casas para el camino el día que salimos para venir a vosotros; y helo aquí ahora ya seco y mohoso. Estos cueros de vino también los llenamos nuevos; helos aquí ya rotos; también estos nuestros vestidos y nuestros zapatos están ya viejos a causa de lo muy largo del camino. Y los hombres de Israel tomaron de las provisiones de ellos, y no consultaron a Jehová.»

   Éxodo 18:15. «Y Moisés respondió a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios

3er Titulo: Siguiendo adelante conforme a la Palabra de Dios. Versículos 9 y 10. Partió, pues, David, él y los seiscientos hombres que con él estaban, y llegaron hasta el torrente de Besor, donde se quedaron algunos. Y David siguió adelante con cuatrocientos hombres; porque se quedaron atrás doscientos, que cansados no pudieron pasar el torrente de Besor. (Léase: Daniel 10:19. y me dijo: Muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate. Y mientras él me hablaba, recobré las fuerzas, y dije: Hablé mi señor, porque me has fortalecido. ▬ Filipenses 3:13 y 14. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.).

   Seguir adelante conforme a la Palabra de Dios implica perseverar en la fe, centrando la mirada en Jesús, actuando con obediencia y confiando en Su fortaleza, no en la propia. Significa vivir una vida disciplinada que glorifique a Dios en palabras y acciones, avanzando hacia la meta celestial a pesar de las dificultades, sostenidos por la promesa de Su presencia continua.

   Referencias Bíblicas:

  Hebreos 13:20-21. «Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén».

   Deuteronomio 5:33. «Sigan por el camino que el Señor su Dios ha trazado para que vivan, prosperen y disfruten de larga vida en la tierra que van a poseer».

   Juan 8:12. «Una vez más Jesús se dirigió a la gente y dijo: —Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.»

   Comentario de Daniel 10:19: Preparación para la revelación, 10:16–19. Los vv. 10:16–11:1 sirven como una introducción a los caps. 11 y 12, una preparación para lo que sigue. Daniel necesita ser confortado nuevamente para poder escuchar al ángel.

   Alguien semejante a un hijo de hombre (v. 16; ver Eze. 1:5, 10; 8:2), alguien similar a los hijos de Adán (hombre genérico), le tocó. El toque celestial le dio a Daniel el poder de hablar, un poder que traspasó la habilidad de un ser humano (ver Isa. 6:7–9; Jer. 1:9). A Daniel se le explica que le habían sobrevenido dolores, una expresión fuerte, usada para las mujeres (“dolores de parto”; ver 1 Sam. 4:19; Isa. 13:8; 21:3), describe una angustia física y emocional que se experimenta bajo dificultades extremas. Su recuperación fue lenta y progresiva (vv. 10, 16, 18, 19).

   Comentario de Filipenses 3:13 y 14. [13]. Hermanos, yo no creo haberla aún alcanzado. No es esta una superflua repetición de una confesión de imperfección, ya que algo nuevo se añade ahora. La misma palabra que introduce la frase—hermanos, término cariñoso y en este caso de profunda solicitud (véase 1:12)—muestra que el apóstol está hondamente conmovido. Mucho más claramente que antes, da a entender que la iglesia de Filipos está siendo turbada por personas que creen haber alcanzado la perfección. Estos propagadores del error probablemente basaban su pretensión en el hecho de que, según ellos, no sólo habían aceptado a Jesús como su Salvador, sino que también eran escrupulosamente adictos a los ritos judaicos (véase lo dicho anteriormente en los vv. 1–3). El apóstol rechaza rotundamente las pretensiones de ellos diciendo, por decirlo así: “Esa no ha sido mi experiencia. La rectitud legal, la servidumbre a los mandamientos externos, me ha servido de estorbo más que de ayuda. Y no solamente eso, sino que, como creyente en Cristo y su suficiencia, yo estoy muy lejos de la meta de la perfección espiritual.

Cualquier cosa que otros pretenden haber alcanzado, yo todavía no”.

   Sin embargo, esto no significa que Pablo haya perdido la esperanza y abandonado la pelea. Antes, al contrario, se resiste a someterse al pecado. Como contendiente en la carrera, hace hincapié en su empeño.

   (2) Su empeño

    Pablo escribe: Pero una cosa (hago). Un solo y único objetivo ocupa continuamente el pensamiento del corredor en la carrera: el continuar hacia la meta para ganar el premio. No puede permitir que nada lo distraiga. Su propósito es definido, bien definido.

   Así ocurre también con Pablo. Al leer sus epístolas, uno queda asombrado por esta unidad de propósito que caracteriza toda la vida del apóstol después de su conversión. Pablo ponía sus miras en ganar a Cristo y la perfección en él, una perfección no solamente de continua confianza sino también de entregada consagración: “Enséñame a amarte como los ángeles te aman; llena mi alma de una sola y santa pasión”.

“¡Oh!, Señor Jesús,

la plena perfección ansío;

que mores en mi alma;

que siempre seas mío.

Abate mis ídolos;

ahuyenta a mis enemigos.

Lávame ahora, Señor,

y seré más blanco que la nieve.

Más blanco que la nieve,

sí, más blanco que la nieve.

Lávame ahora, Señor,

y seré más blanco que la nieve”.

   Tal concentración de pensamiento es desde todo punto necesaria. En la vida diaria las distracciones son frecuentemente desastrosas. La emoción de un viaje que va a hacer a Asia distrae al automovilista. Resultado: un grave accidente. Algo parecido ocurre en el terreno espiritual; las preocupaciones del mundo, el engaño de las riquezas, y toda clase de malos deseos entran y ahogan la palabra del evangelio (Mr. 4:19). Un excesivo apego a los deportes, a la moda en el vestir, al encanto físico, etc., impiden al corredor llegar a la meta espiritual. La verdadera y firme concentración de ideas y propósito es cosa de un incesante esfuerzo por parte del hombre. Al mismo tiempo es el producto de la obra de la gracia en el corazón. Es la respuesta a la oración que dice: “Afirma mi corazón para que tema tu nombre” (Sal. 86:11).

   Tal concentración exige ciertos requisitos. El primero es el apartar de la memoria la parte del recorrido que el corredor ya ha cubierto. Pablo dice: olvidando lo que queda atrás. El corredor no mira atrás. Sabe que si lo hace perderá velocidad, se saldrá de la pista, y fracasará en su intento de ganar. Además, el volver la cabeza mientras se corre es sumamente peligroso.

   También es así espiritualmente. No es permitido volver la vista atrás. Acuérdese de la mujer de Lot (Lc. 17:32). Cuando Pablo dice que olvida lo que queda atrás, se refiere a una clase de olvido que no es meramente pasivo, sino activo, de forma que cuando el recuerdo de sus méritos, acumulados en el pasado, llega a la mente, inmediatamente lo borra. No es esto un sumirse en el nirvana, ni tampoco el resultado de haber bebido las aguas del Leteo, sino un continuo y deliberado relegar al olvido de cualquier pensamiento de los logros pasados.

   El segundo requisito indispensable para una eficaz concentración es el avanzar sin vacilar. Por consiguiente, Pablo continúa: y extendiéndome a lo que está delante. El verbo empleado en el original es muy gráfico. Pinta al corredor con todos sus músculos y nervios tensos, corriendo con todas sus fuerzas hacia la meta, la mano extendida como si quisiera agarrarla.

   No menos necesario es el avanzar sin vacilar en la esfera espiritual.

   Pero si es cierto que Pablo, estando aún a este lado de la tumba, nunca alcanzará la perfección ético-espiritual—la perfección de condición, o sea, una vida santa, la perfección de una constante, ininterrumpida y plena confianza de su estado—¿por qué, pues, lucha tan ardorosamente por ella? ¿No es una necedad que se esfuerce con tanta constancia y empeño por alcanzar una meta que sabe no logrará plenamente en esta vida? Para estas preguntas hay una doble respuesta:

» a. Aunque nadie puede alcanzar ahora este objetivo, sí es posible, sin embargo, acercarse a él. Este asunto de la perfección ético-espiritual no es, de ningún modo, una proposición extremista: o todo o nada. Según las abundantes enseñanzas de Pablo, existe tal cosa como el progresar en el camino de la santificación. La línea de avance bien puede ser un zigzag, pero esto no excluye la idea de un verdadero progreso. En efecto, tal proceso, tal desarrollo gradual, debe ser considerado como normal cuando la semilla de la verdadera religión ha sido plantada en el corazón (Mr. 4:28; Fil. 1:6, 9, 26; 4:17; también Ef. 4:12, 13; Col. 1:9–11; 1 Ts. 3:12; 4:1, 10; 2 Ts. 1:3; 1 Ti. 4:15; 2 Ti. 2:1).

» b. Tal perfección espiritual en Cristo, considerada como un don gratuito de Dios, ¡es realmente concedida sólo a aquellos que luchan por ella! El premio es otorgado a los que prosiguen hacia la meta (v. 14; cf. 2 Ti. 4:7, 8).

   La concentración de pensamiento, el olvido, y la progresión, son, por lo tanto, la clave del empeño espiritual que produce en la perfección. Es por estos medios que uno prosigue hacia la meta.

(3) Su meta

   [14]. Por eso Pablo continúa: prosigo hacia la meta. Por derivación, la palabra traducida meta es aquello hacia lo que uno dirige su mirada, el objetivo. La vista de aquella columna que había al final de la pista animaba al corredor durante toda la carrera, haciéndole redoblar sus esfuerzos. Corría recto hacia la meta, es decir, siguiendo la línea que unía sus ojos

con la meta.

   En la carrera espiritual esa meta es Cristo, es decir, la perfección ético-espiritual en él (véase Fil. 3:8, 12). El apóstol anheló con todo su corazón ser completamente librado del pecado. Buscó ardorosamente la gloria de Dios por todos los medios a su alcance, particularmente como testigo a todos los hombres (Hch. 22:15, 21; 26:16–18), para que por todos modos pudiera salvar a algunos (1 Co. 9:22).

   (4) Su galardón

   El corredor nunca olvida el premio (1 Co. 9:24, 25; 2 Ti. 4:8; He. 12:2). Por eso, Pablo continúa: hacia el galardón de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús. Al final de la carrera, el corredor que tuvo éxito fue llamado desde la arena del estadio al palco presidencial para recibir el premio, que consistía en una corona de laurel. En Atenas, desde los tiempos de Solón, el vencedor olímpico recibía también la suma de 500 drachmai. Además, su manutención corría a cargo del tesoro público y se le concedía un asiento de primera fila en el teatro.

   Probablemente todos estos detalles estaban en el fondo del pensamiento de Pablo cuando declaró que corría hacia la meta, hacia el galardón de la soberana vocación de Dios en Cristo. Sin embargo, la figura ilustrativa y el significado espiritual no se corresponden completamente aquí—¿acaso no sucede siempre así? —pues, aunque el premio en ambos casos es concedido al final de la carrera, la vocación soberana de que el apóstol habla aquí fue hecha ya en su conversión y, por tanto, no solamente al final de la prueba. Aquí, pues, como en otros lugares de los escritos de Pablo, se habla del llamamiento eficaz del evangelio. Es un llamamiento celestial, un llamamiento santo, un llamamiento para vivir en santidad. De esta forma, Pablo es llamado continuamente por Dios para mirar hacia arriba. Véase C.N.T. sobre 2 Ts. 1:11; también C.N.T. sobre 2 Ti. 1:9. Sin embargo, el premio que corresponde a este llamamiento, y que es dado a aquellos en quienes este llamado ha hecho su obra, es otorgado cuando la carrera ha terminado y se ha vencido. En ese momento, Pablo, junto con todos los santos, será arrebatado a recibir al Señor en el aire, para estar siempre con él en el nuevo cielo y en la nueva tierra (1 Ts. 4:17). Este llamamiento santo, esta soberana vocación, es posible solamente en Cristo Jesús. Sin él, esta llamada jamás hubiese sido hecha ni obedecida. Sin su sacrificio expiatorio, jamás podría ser otorgado el glorioso premio al que conduce al llamamiento.

  ¿Hay alguna diferencia real entre meta y premio? En cierto sentido son una misma cosa. Ambos indican a Cristo, la perfección en él. Sin embargo, la meta y el premio representan diferentes aspectos de la misma perfección, según veremos a continuación:

» a. Cuando esta perfección es llamada meta, se le considera entonces como el objetivo del esfuerzo humano. Y cuando es llamada premio, como el don de la gracia soberana de Dios. Dios da la vida eterna a los que aceptan a Cristo por una fe viva (Jn. 3:16). El otorga perfección a los que se esfuerzan por obtenerlo. Aunque sea verdad que el creer y el esforzarse dependen por completo de la gracia de Dios desde el principio hasta el fin, no obstante, nos toca a nosotros abrazar a Cristo y la salvación en él. Somos nosotros quienes debemos esforzarnos por entrar. ¡Dios no cree ni se esfuerza por nosotros!

» b. La meta absorbe la atención en la carrera que se está corriendo o que fue corrida; el premio la fija en la gloria que comenzará en el nuevo cielo y en la nueva tierra. Así, el traer los pecadores a Cristo, haciéndolo con perfecta devoción, pertenece a la meta. La perfecta comunión con los que son salvos, en y después del día de la gran consumación, pertenece al premio. Por consiguiente, se puede distinguir entre meta y premio, como Pablo hace aquí y, por implicación, en 2 Ti. 4:7, 8.

   Con este glorioso premio en su mente—las bendiciones de la vida eterna; tales como la sabiduría, el gozo, la santidad, la paz, la comunión, todo en perfección, todo disfrutado a la gloria de Dios, en un maravilloso universo restaurado, y en compañía de Cristo y de todos los santos—Pablo prosigue hacia la meta.

lunes 09 de febrero de 2026

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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2 respuestas a «LUNES 09 DE FEBRERO DE 2026. “CONSULTAR Y CONFIAR EN LA DIRECCIÓN DIVINA”.»

  1. Avatar de Estudio Biblico Tiquico

    […] LUNES 09 DE FEBRERO DE 2026. “CONSULTAR Y CONFIAR EN LA DIRECCIÓN DIVINA”. […]

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  2. Avatar de Karla Cisneros

    Me encantaría que subiera diariamente

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