Estudio Biblico Tiquico

Estudio Biblico Tiquico

Roberto Saldias Roa
“UN CAMINO COMBATIENDO AL GRAN ENEMIGO EN LA VIDA: LOS DESEOS DE LA CARNE”

“UN CAMINO COMBATIENDO AL GRAN ENEMIGO EN LA VIDA: LOS DESEOS DE LA CARNE”

LA VIDA Y EL CAMINO DEL CREYENTE: LIBRE Y ESPIRITUAL, 5:13 – 6:18

   (5:16-21) Introducción: Este y el pasaje siguiente son dos pasajes críticos para el camino del creyente. Tratan con andar en el Espíritu de Dios y conquistar la carne. Las lecciones que se enseñan deben ser seguidas diligentemente por el creyente.

▬ 1. La respuesta para la conquista de los deseos de la carne: El Espíritu Santo (vv. 16-18).

▬ 2. Las obras 0 acciones de la carne (vv. 19-21).

▬ 3. El juicio de quienes viven según la carne (v. 21).

   [1]. (5:16-18) Espíritu Santo, Carne: La respuesta para la conquista de los deseos de la carne es el Espíritu Santo de Dios. El creyente debe andar en la presencia y el poder del Espíritu Santo. Es la única forma concebible en que puede evitar satisfacer los deseos de la carne. Ninguna persona tiene el poder de controlar los deseos de su carne, no dentro de sí. El por qué se ve claramente en las cuatro razones dadas por las Escrituras.

1. La carne lucha por dominar. Siente lascivia por el Espíritu, lucha y batalla para controlar al hombre. La imagen es como la de una lucha crítica donde cada uno tira para su lado (A. T. Robertson, Word Pictures in the New Testament, Vol. 4, p. 311). La carne está en contra del Espíritu, mano a mano, cara a cara y busca controlar al hombre.

   La palabra “lascivias” (epithumei kata) significa una anhelante pasión por. Toda persona ha experimentado la carne… • ansiando • anhelando • tomándola ansiosamente • jalando • sintiendo hambre • arrebatando • deseando • sintiendo sed • tomando • queriendo • ambicionando

   Toda persona sabe lo que es sentir lascivia de la carne hacia algo, sentirla con ansias de obtener algo. La carne es muy fuerte y difícil de controlar. Este es el primer motivo por el cual la única esperanza de un creyente para controlar la carne es el Espíritu de Dios.

   “Pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros” (Ro. 7:23).

   “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden” (Ro. 8:7).

  “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís” (Stg. 4:1-2).

2. La carne es contraria al Espíritu. La carne tiene en sí misma impulsos y pasiones básicas y no reglamentadas. Un hombre siente el deseo de hacer lo que quiere, de levantar las barreras y seguir sus propias inclinaciones, deseos, pasiones y emociones. Esto es lo que quiere decir la Biblia cuando habla de la “lascivia de la carne”.

   Sin embargo, el creyente genuino tiene otra fuerza dentro de su vida: La fuerza de Espíritu Santo. Cuando el creyente siente la limitación y la presión entre la carne y el Espíritu Santo, el Espíritu Santo está dando el poder de vencer a la carne. La limitación es el poder. El creyente que escucha la limitación y se aleja del objeto de presión, y clama a Dios por el valor de mantenerse alejado es el creyente que anda en el Espíritu. El creyente no conoce algo así como la coexistencia pacífica entre la carne y el Espíritu (Véase notas, Ro. 7: 14-25; 8:18; 8:28-39).

3. La carne hace que una persona no haga lo que haría. Toda persona ha experimentado el poder de la carne. Todos han caído presos de la carne y han hecho algo que no deseaban hacer. Él luchó en contra de hacerlo «sabía que era dañino o peligroso» y, sin embargo, no resistió a la carne. Cedió al poder de la carne y lo hizo. Él… • comió demasiado • hizo cosas malas • actuó en forma egoísta • se enojó • cometió lascivia • cometió una inmoralidad • comenzó a fuma • se volvió orgulloso • engañó, mintió o robó • se emborrachó • maldijo

   Advierta también otro hecho. Todos nosotros hemos sido tentados, y hemos sabido cómo combatir y vencer la tentación. Sin embargo, la carne fue tan fuerte que no la vencimos. La lucha que experimentamos fue de…

   • controlar • sacrificarnos • mostrar benignidad • alcanzar a los demás • ceder • dar • amar • ser paciente • ayudar

   El punto es este: El deseo de la carne es tan fuerte que a veces evita que hagamos lo que deberíamos. La única esperanza de controlar la carne alguna vez es andar en el Espíritu de Dios, en su presencia y poder.

   “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que, en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí” (Ro. 7:15-20).

   “Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas” (2 Co. 10:4).

4. La carne evita cumplir con la ley. Esto ha sido claramente demostrado en el punto anterior. Ninguna persona cumple con la ley todo el tiempo: La carne hace que fracasemos, y no importa cuánto lo intentemos, no podemos hacer todo lo que dice la ley, no todo el tiempo. ¿Entonces cuál es la respuesta? Es fundamental conocer la respuesta, puesto que cada vez que no podemos cumplir con la ley, la ley es quebrantada y somos condenados. No podemos satisfacer las demandas de la ley, no en forma perfecta. Por lo tanto, somos culpables y debemos pagar la pena. Advierta otro hecho: Nuestras conciencias nos condenan. Nos perturban y molestan si intentamos vivir para Cristo y, sin embargo, continúan fallando una y otra vez. Nuevamente, ¿cuál es la respuesta?

   El Espíritu de Dios es la respuesta, ser conducido por el Espíritu Santo nos liberará de la carne y de la condena de la ley. ¿Esto que significa? (Véase nota, Espíritu Santo, Vida, Ro. 8:2-4 para mayor discusión al respecto). Significa que el Espíritu Santo nos libera para vivir como vivió Cristo, para vivir realmente la vida que Cristo vivió. La energía activa de la vida, la fuerza dinámica y el ser de la vida -todo eso está en Cristo Jesús- se le entrega al creyente. El creyente realmente vive en Cristo Jesús. Y el Espíritu de la vida que está en Cristo libera al creyente del destino (ley) del pecado y de la muerte. Esto simplemente significa que el creyente vive en una conciencia de ser libre. Respira y siente una profundidad de vida, una riqueza, una plenitud de vida que es indescriptible. Vive con mucho poder sobre la presión y la fuerza, impedimentos y esclavitudes de la vida, incluso la esclavitud del pecado y la muerte. Vive ahora y vivirá por siempre. Lo siente y lo sabe. Para él la vida es un espíritu, un aliento, una consciencia de ser liberado a través de Cristo. Incluso cuando peca y se establece la culpa, hay algo, un poder (Espíritu Santo) que lo vuelve a atraer hacia Dios. Pide perdón y remoción de la pena (1 Jn. 1:9) y de inmediato, luego de pedirlo, el mismo poder (el Espíritu Santo) le inyecta una seguridad instantánea de purificación. El espíritu de la vida, la consciencia de vivir instantáneamente, lo eleva una vez más. Se vuelve a sentir libre, y se siente lleno de vida en todo su poder y libertad. Permanece con toda la profundidad de la riqueza y la plenitud de la vida misma. Está lleno del “Espíritu de la vida”. La vida en si se vuelve a convertir en un espíritu, una consciencia de vida. Vive ahora y por siempre.

   “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Ro. 8:2-4).

   “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Ro. 8:14).

   “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (Jn. 16:13).

   [2]. (5: 19-21) Carne: Las obras o acciones de la carne demuestran cuán fuerte es la carne. Advierta un hecho de suma importancia: la carne en si no es pecaminosa. La carne o cuerpo humano es dado por Dios, es para el uso de Dios. De hecho, cuando una persona se convierte a Cristo, su cuerpo se torna en un templo para que Dios more a través del Espíritu Santo. Al cristiano no se le dice que se purifique de la carne, sino que no satisfaga “los deseos de la carne” (Gá. 5:16), “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Co. 7:1) y “vistámonos las armas de la luz” (Ro. 13:12; Gá. 5:19). Las obras de la carne son el fruto del pecado viviendo en el cuerpo y el pecado se origina en el corazón y no en la carne. Los pecados de la carne enumerados en este pasaje se observan claramente a lo largo y a lo ancho de toda la sociedad, y trágicamente no se ven solo en los periódicos locales de cada ciudad, sino también dentro de cada comunidad, hogar y vida existente en el planeta tierra. La misma presencia de dichos pecados camales nos muestra cuán fuerte es la carne y cuán desvalido está el hombre para controlar su carne.

1. Adulterio (moicheia): Infidelidad sexual al esposo o a la esposa. También es observar con lascivia a una mujer o a un hombre. Mirar y sentir lascivia por el sexo opuesto ya sea en persona, en revistas, libros, en playas o en cualquier lado es adulterio. Imaginar y sentir lascivia dentro del corazón es equivalente a cometer el acto.

   “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mt. 5:28).

   “No cometerás adulterio” (Éx. 20:14; cp. Lv. 20:10).

   “El ojo del adúltero está aguardando la noche, diciendo: No me verá nadie; y esconde su rostro. En las tinieblas minan las casas que de día para sí señalaron; no conocen la luz. Porque la mañana es para todos ellos como sombra de muerte; si son conocidos, terrores de sombra de muerte los toman. Huyen ligeros como corriente de aguas; su porción es maldita en la tierra; no andarán por el camino de las viñas. La sequía y el calor arrebatan las aguas de la nieve; así también el Seol a los pecadores” (Job 24:15-19).

2. Fornicación (porneia): Una palabra amplia que incluye todas las formas de actos inmorales y sexuales. Es el sexo prematrimonial y el adulterio. Es el sexo anormal, todos los tipos de vicios sexuales.

   “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; más el que fornica, contra su propio cuerpo peca” (1 Co. 6:18).

   “Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos” (Ef. 5:3).

   “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría” (Col. 3:5).

   “Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación” (1 Ts. 4:3).

3. Impureza (akatharsia): Impureza moral. Hacer cosas que ensucian, contaminan y manchan la vida.

“Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mt. 5:28).

   “Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos” (Ro. 1:24).

   “Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que, así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia” (Ro. 6:19).

   “Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos” (Ef. 5:3).

   “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría” (Col. 3:5).

4. Lascivia (aselgeia): Suciedad, indecencia, falta de vergüenza. Una característica principal del comportamiento es la indecencia abierta y sin vergüenza. Significa pensamientos y conductas malas irrefrenables. Es entregarse a deseos bajos y lujuriosos, estar preparado para cualquier placer. Es un hombre que no conoce ningún límite, un hombre que ha pecado tanto que ya no le importa lo que piense o diga la gente. Es algo mucho más desagradable que el mero hecho de hacer el mal. El hombre que se comporta mal por lo general trata de ocultarlo, pero a un hombre lascivo no le importa quién se entera de su comportamiento o vergüenza. Él desea, por lo tanto, busca tomar y gratificarse. La decencia y la opinión no tienen importancia. Inicialmente, cuando comenzó a pecar, hizo lo que hacen todos los hombres: se comportó mal en secreto. Pero finalmente, el pecado obtuvo lo mejor de él, hasta el punto en que ya no le importó quién veía o sabía. Se convirtió en el súbdito de un amo: el amo del hábito, de la cosa misma. Los hombres se convierten en esclavos de cosas tales como la lujuria desenfrenada, de la perversidad, el libertinaje, lo ultrajante, la falta de vergüenza, la insolencia (Mr. 7:22), las maneras perversas, las malas palabras, los movimientos indecentes del cuerpo, el manejo inmoral de hombres y mujeres (Ro. 13: 13), la muestra pública de afecto, carnalidad, glotonería e inmoralidad sexual (1 P. 4:3; 2 P. 2:2, 18). (Cp. 2 Co. 12:21; Gá. 5:19; Ef. 4:19; 2 P. 2:7).

   “Y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío” (Ro. 1:27).

   “Los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza” (Ef. 4:19).

   “Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo… como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas, por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno” (Jud. 4, 7).

   “Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgias, disipación y abominables idolatrías” (1 P. 4:3).

5. idolatría (eidololatreia): La adoración de ídolos, ya sean mentales o fabricados por la mano del hombre; la adoración de alguna idea acerca de cómo es Dios, de una imagen de Dios dentro de la mente de una persona; la entrega de la principal devoción de uno (tiempo y energía) a otra cosa que no sea Dios. (Véase nota, Pecado, punto 2, l Co. 6:9 para una discusión más detallada)

   “Por tanto, amados míos, huid de la idolatría” (1 Co. 10:14).

   “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, …los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gá. 5:19-21).

“Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios” (Ef. 5:5).

   “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia” (Col. 3:5-6).

   “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Ap. 21:8).

   “Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira” (Ap. 22:15).

6. Hechicería (pharmakeia): Brujería; el empleo de drogas o de espíritus malignos para obtener control sobre la vida de otras personas o sobre la propia vida. En el presente contexto incluiría toda forma de buscar el control sobre el propio destino, incluyendo astrología, lectura de manos, sesiones espiritistas, futurología, cristales y otras formas de hechicería.

   “Así murió Saúl por su rebelión con que prevaricó contra Jehová, contra la palabra de Jehová, la cual no guardó, y porque consultó a una adivina” (1 Cr. 10:13).

   “Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos? ¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Is. 8:19-20).

   “Asimismo destruiré de tu mano las hechicerías, y no se hallarán en ti agoreros” (Mi. 5:12).

   “Idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgias, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gá. 5:20-21).

7. Odio (echtrai): Enemistad, hostilidad, animosidad. Es el odio que permanece y se siente por mucho tiempo. Un odio que está asentado muy profundamente.

   “El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas” (1 Jn. 2:9).

   “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él” (1 Jn. 3:15).

   “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1 Jn. 4:20).

   “No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado” (Lv. 19:17).

   “El odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas” (Pr. 10:12).

8. Discrepancia (ereis): Rivalidad, discordia, enojo, lucha, pelea, discusión, disenso, altercado. Significa que un hombre pelea con otra persona para obtener algo: posición, ascenso, propiedad, honor, reconocimiento. Él engaña, haciendo todo lo que haya que hacer para obtener lo que quiere.

  “Está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas” (1 Ti. 6:4).

   “Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes” (2 Ti. 2:14).

   “El que comienza la discordia es como quien suelta las aguas; deja, pues, la contienda, antes que se enrede” (Pr. 17:14).

   “El carbón para brasas, y la leña para el fuego; y el hombre rencilloso para encender contienda” (Pr. 26:21).

▬. 9. Celos (zeloi): Querer y desear lo que tiene otra persona Pueden ser cosas materiales, reconocimiento, honra o posición.

   “Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente” (Gn. 37:4).

   “Porque los celos son el furor del hombre, y no perdonará en el día de la venganza” (Pr. 6:34).

   “Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo” (Lc. 15:29-30).

10. Ira (thumoi): Exabruptos de enojo; indignación; un temperamento violento y explosivo; reacciones explosivas de mal humor que surgen de emociones de agitación y bulla. Pero es el enojo que se desvanece así de rápido como surgió. No es el enojo que perdura.

   “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Stg. 1:19-20).

   “El hombre iracundo levanta contiendas, y el furioso muchas veces peca” (Pr. 29:22).

11. Rivalidad (eritheiai): Conflicto, pelea, lucha, enojo, parcialidad, disenso; un espíritu de partes, un espíritu camarillesco.

   “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Fil. 2:3).

   “Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes” (2 Ti. 2:14).

   “Honra es del hombre dejar la contienda; mas todo insensato se envolverá en ella” (Pr. 20:3).

12. Sedición (dichostasiai): División, rebelión, ponerse en contra de los demás, separarse de los demás.

   “Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey” (1 S. 15:23).

   “¡Ay de los hijos que se apartan, dice Jehová, para tomar consejo, y no de mí; para cobijarse con cubierta, y no de mi espíritu, ¡añadiendo pecado a pecado!” (Is. 30:1).

   “Extendí mis manos todo el día a pueblo rebelde, el cual anda por camino no bueno, en pos de sus pensamientos” (Is. 65:2).

   “Y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores” (2 P. 2:10).

13. Herejía (aieresis): Rechazarlas creencias fundamentales de Dios, Cristo, las Escrituras y la iglesia. Creer en y sostener alguna enseñanza que no sea la verdad.

   “Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mt. 15:9).

   “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Ti. 4:1).

   “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina” (2 P. 2:1).

   “Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza” (2 P. 3:17).

14. Envidia (phthonoi). Esta palabra va más allá de los celos. Es el espíritu…

• Que no solo quiere las cosas que tiene otra persona, sino que resiente que la otra persona las tenga.

• Que no solo quiere que le sean quitadas las cosas de la persona, sino que desea que sufra por la pérdida de las mismas.

   “El corazón apacible es vida de la carne; más la envidia es carcoma de los huesos.” (Pr. 14:30).

   “No tenga tu corazón envidia de los pecadores, antes persevera en el temor de Jehová todo el tiempo” (Pr. 23:17).

   “No tengas envidia de los hombres malos, ni desees estar con ellos” (Pr. 24:1).

   “Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia” (Ro. 13:13).

   “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece” (1 Co. 13:4).

   “No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros” (Gá. 5:26).

▬15. Homicidio (phonoi): Matar, tomar la vida de otra persona. Matar es un pecado en contra del sexto mandamiento.

   “Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio” (Mt. 19:18).

   “No debáis a nadie nada, sino el amaro unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Ro. 13:8-9).

   “Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno” (1 P. 4:15).

   “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él” (1 Jn. 3:15).

16. Alcoholismo (methai): Tomar alcohol o drogas que afecten los sentidos por lujuria 0 placer, intoxicarse, compartir drogas, buscar aliviar la restricción moral para el placer corporal.

   “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día” (Lc. 21:34).

   “Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia” (Ro. 13:13).

   “Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1 Co. 6:10).

   “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu” (Ef. 5:18).

   “Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan” (1 Ts. 5:7).

   “El vino es escarnecedor, la sidra alborotadora, y cualquiera que por ellos yerra no es sabio” (Pr. 20:1).

   “¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos? Para los que se detienen mucho en el vino, para los que van buscando la mistura” (Pr. 23:29-30).

   “¡Ay de los que se levantan de mañana para seguir la embriaguez; ¡que se están hasta la noche, hasta que el vino los enciende!” (Is. 5:11).

   “Aunque sean como espinos entretejidos, y estén empapados en su embriaguez, serán consumidos como hojarasca completamente seca” (Nah. 1:10).

17. Parranda (komoi): Juerga; libertinaje, indulgencia y placer descontrolados. Formar parte de fiestas salvajes o de reuniones donde se bebe demasiado; permitirse alimentar la lascivia de la carne; orgias.

   “Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgias, disipación y abominables idolatrías” (1 P. 4:3).

   “Recibiendo el galardón de su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Estos son inmundicias y manchas, quienes aún mientras comen con vosotros, se recrean en sus errores. Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición” (2 P. 2:13-14).

   “Envidias, homicidios, borracheras, orgias, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gá. 5:21).

   “Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse” (Éx.32;6; cp. Jue. 9:27; 1a Sam. 30;16).

   [3]. (5:21) Carne, Juicio: El juicio de los que viven por la carne. En términos muy simples, no heredarán el reino de Dios. Esto puede verse claramente: Si Dios es justo, entonces la gente debe vivir vidas justas a fin de ser aceptadas por Él. Sin embargo, la gente ignora el hecho de la justicia de Dios y de su exigencia de justicia. Las personas divorcian su comportamiento de la religión. Las personas…

   • Profesan la religión • Practican la religión • Hablan sobre religión • Defienden sus creencias sobre la religión

   Sin embargo, siguen adelante y viven como quieren sin importar cuál sea su religión. Si desean hacer algo, lo hacen sintiendo que Dios los perdonará. Hay pocas personas que piensan realmente que Dios los rechazará. Consideran que habrán hecho el suficiente bien como para ser aceptables ante Dios…

   • Suficiente bondad • Suficiente religión • Suficientes obras • Suficiente servicio

   En el análisis final, la mayoría de las personas simplemente creen que Dios los aceptará. Esta actitud proviene de un concepto falso de Dios, un concepto que toma a Dios como a un padre que es indulgente y que da a sus hijos la licencia de hacer algunas cosas mal.

   Este es un error fatal. Fue la equivocación que cometieron algunos de los miembros de la iglesia gálata, y es la misma equivocación que muchas personas religiosas han cometido a lo largo de los siglos.

   “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones” (1 Co. 6:9).

   Los creyentes heredarán mi reino, un nuevo cielo y tierra donde gobernará y reinará Dios. Se les dará vida eterna y el glorioso privilegio de ser ciudadanos del reino y el mundo de Dios. Vivirán con Él y lo servirán en perfección por toda la eternidad. (Véase nota, Recompensa, 1 Co. 6:2-3; Lc. 16:10-12 para mayor discusión al respecto). Pero este glorioso privilegio se les dará solamente a los creyentes genuinos, a aquellos hombres y mujeres que realmente han dado sus vidas al Señor Jesucristo, que han dado sus vidas para vivir como Jesucristo dice que hay que vivir. No importa cuán religiosa sea una persona -no importa cuánto celo pueda tener una persona en cumplir con los rituales religiosos y en asistir a los servicios y en contribuir a la caridad- si no vive una vida pura y justa “no heredará el reino de Dios”.

   “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones” (1 Co. 6:9).  

   “Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción” (1 Co. 15:50).

   “Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el

reino de Cristo y de Dios” (Ef. 5:5).

   “No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Ap. 21:27).

   “Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira” (Ap. 22:15).

Amén. Para la honra y gloria de Dios.

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