Gálatas 5:22 al 26. 22. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23. mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. 24. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. 25. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. 26. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros
(5:22-26) Introducción: Un creyente genuino es aceptable y está aprobado ante Dios. Es abrazado y amado por Dios, cuidado y protegido por Dios. Y es el receptor de la vida eterna y de la garantía absoluta de la vida eterna.
Pero advierta: El creyente no ha sido aceptado por Dios porque se lo merezca, ni porque cumplió con las leyes suficientes como para ganarse la aprobación de Dios. El creyente ha sido aceptado por Dios debido a Jesucristo. Jesucristo murió para pagar la pena por las transgresiones de la ley realizadas por el hombre. Murió para liberar a los hombres de la ley, de su juicio y condena. Por lo tanto, al estar frente a Dios, el creyente no está allí porque ha cumplido con las leyes y se ha ganado el derecho de estar allí. Está allí debido a su fe en Jesucristo. Él honra a la persona haciendo exactamente lo que la persona cree. Por ende, el hombre que cree que Jesucristo lo vuelve aceptable ante Dios se convierte en aceptable ante Dios.
El punto es este: Puesto que el creyente debe acercarse a Dios a través de Jesucristo y no de la ley, es liberado de la ley. Está bajo Jesucristo, no bajo la ley. ¿Esto significa entonces que el creyente no tiene limitaciones en su vida y en su conducta, que es libre de vivir como quiera? ¿Es libre de seguir los deseos y lujuria de su carne, de buscar las cosas del mundo y de ceder ante los impulsos de mirar, pensar, tocar, degustar y hacer?
¡La respuesta es no! ¡Mil veces no! Puesto que al creyente se le ha dado la naturaleza de Dios. Anda por la vida cargando con la naturaleza de Dios (2 P. 1:4; Ef. 4:24; Col. 3:10; 1 Co.6: 19-20). Dios no tiene absolutamente nada que ver con el pecado, no dentro de su naturaleza. Por lo tanto, el creyente no debe ceder a la lujuria de la carne, debe andar cargando el fruto de la naturaleza de Dios, es decir, el fruto del Espíritu de Dios.
2 P. 1:4. «Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús.»
Ef. 4:24. «y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.»
Col. 3:10. «y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno»
1ª Co.6: 19-20. «¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.»
Tema a estudiar:
1. El creyente debe andar con la naturaleza de Dios (vv. 22-23).
2. El creyente debe andar con una carne crucificada (v. 24).
3. El creyente debe andar coherentemente con su postura en Cristo (v. 25).
4. El creyente debe andar libre de egoísmo, superespiritualidad y envidia (v. 26.
[1]. (5:22-23) Espíritu Santo, Creyente, Andar: El creyente debe andar con la naturaleza de Dios, es decir, el fruto del Espíritu de Dios, Advierta que la palabra “fruto” es singular, no plural. El Espíritu Santo solo tiene un fruto. Está desglosado en una lista de rasgos a fin de ayudarnos a comprender su naturaleza. Sin embargo, el Espíritu tiene solo una naturaleza, un fruto. Por lo tanto, cuando vive dentro de una persona, todos estos rasgos están presentes. El creyente verdadero no experimenta ni tiene solo algunos de ellos: El Espíritu de Dios los produce todos en la vida del creyente.
▬ 1. Está el fruto del amor (ágape). El amor ágape es el amor de la mente, de la razón, de la voluntad. Es el amor que llega tan lejos…
• Que ama independientemente de los sentimientos, de si una persona quiere amar o no.
• Que ama a una persona incluso si esa persona no merece ser amada.
• Que ama realmente a la persona que no es digna de ser amada.
Advierta cuatro puntos significativos del amor ágape.
» a. El amor ágape o altruista es el amor de Dios, el amor poseído por Dios mismo. Es el amor demostrado en la cruz de Cristo.
[] Es el amor de Dios por los impíos.
“Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Ro. 5:6).
[] Es el amor de Dios por los pecadores indignos.
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8).
[] Es el amor de Dios por los enemigos que no se lo merecen.
“Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida” (Ro. 5:10).
» b. El amor altruista o ágape es un don de Dios. Solo puede ser experimentado si una persona conoce a Dios personalmente, solo si una persona ha recibido el amor de Dios, es decir, a Cristo Jesús, en su corazón y en su vida. El amor ágape debe difundirse (derramarse, diseminarse, compartirse) por el Espíritu de Dios dentro del corazón de una persona.
“Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Ro. 5:5).
» c. El amor altruista o ágape es la cosa más grande de toda la vida según el Señor Jesucristo.
“Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos” (Mr. 12:29-31).
» d. El amor altruista o ágape es la posesión y el don más grande en la vida humana de acuerdo a las Escrituras (1 Co. 13:1-13).
“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1ª Co. 13:13).
▬ 2. Está el fruto del gozo (chara): Una alegría interior, un placer profundamente asentado. Es una profundidad de seguridad y de confianza que enciende un corazón alegre. Es un corazón alegre el que conduce a un comportamiento alegre. (Véase, Gozo, Fil. 1:4 «siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros».). En la Biblia, una oración con queja se entiende como un desahogo honesto ante Dios. En lugar de murmurar, personajes como David o Job derramaban su angustia buscando refugio. El ejemplo clásico es el (Salmo 142:2. «Delante de él expondré mi queja; Delante de él manifestaré mi angustia.». Colosenses 3.13. «soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.»)
▬ 3. Está el fruto de la paz (eirene): Significa unir, juntar, entretejer. Significa que una persona está unida, juntada y entretejida consigo misma y con Dios y los demás.
La palabra en hebreo es shalom. Significa libertad de problemas y mucho más. Significa experimentar el bien más elevado, gozar lo más posible, poseer todo el bien interior posible. Significa unidad y solidez. Significa prosperidad en su sentido más amplio, especialmente prosperidad en el sentido espiritual de tener un alma que brota y florece. (Véase, Paz, Ef. 2: 14-15. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz).
» a. Está la paz del mundo. Esta es una paz de escapismo, de evitar problemas, de rehusarse a enfrentar las cosas, de la irrealidad. Es una paz que se busca a través del placer, la satisfacción, el contento, la ausencia de dificultades, el pensamiento positivo o la negación de problemas.
» b. Está la paz de Cristo y de Dios.
[1] La paz de Dios primero es una paz en el pecho, una paz interior. Es una tranquilidad de mente, una compostura y un descanso que no se ve quebrada por circunstancias ni situaciones. Es más que sentimientos, incluso más que la actitud y el pensamiento.
[2] En segundo lugar, la paz de Dios es la paz de la conquista (cp. Jn. 16:33). Es la paz que es independiente de las condiciones y del entorno; la paz que ni la angustia, peligro, sufrimiento o experiencia puede arruinar.
“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Jn. 16:33).
[3] En tercer lugar, la paz de Dios es la paz de la seguridad (cp. Ro. 8:28). Es la paz de una confianza incuestionable, la paz que da la seguridad total de que la vida de uno está en las manos de Dios y de que todas las cosas saldrán bien para los que aman a Dios y son llamados de acuerdo a su propósito.
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Ro. 8:28).
[4] En cuarto lugar, la paz de Dios es la paz de la intimidad con Dios (cp. Fil. 4:6-7). Es la paz del bien más elevado. Es la paz que aquieta la mente, fortalece la voluntad y determina el corazón.
» c. Está la fuente de paz. La paz siempre nace de la reconciliación. Su fuente solo se encuentra en la reconciliación forjada por Jesucristo. La paz siempre tiene que ver con las relaciones personales: la relación de un hombre consigo mismo, con Dios y con sus congéneres.
[1] Un hombre debe estar vinculado, entretejido y unido consigo mismo para poder tener paz.
[2] Un hombre debe estar vinculado, entretejido y unido con Dios para tener paz.
[3] Un hombre debe estar vinculado, entretejido y unido con sus congéneres para tener paz.
“Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” (Ef. 2:13-14).
“Y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado” (Col. 1:20-21).
▬ 4 Está el fruto de la paciencia (makrothumia): Soportando y sufriendo durante un período prolongado, perseverancia, ser constante, estar firme y tolerar. La clemencia nunca cede Nunca se quiebra no importa qué la ataque.
[1] La presión y el trabajo arduo pueden recaer sobre nosotros, pero el Espíritu de Dios nos ayuda a soportarlos.
[2] La enfermedad o los accidentes o la ancianidad pueden afligimos, pero el Espíritu de Dios nos ayuda a soportarlos.
[3] El desaliento y la desilusión pueden atacarnos, pero el Espíritu de Dios nos ayuda a soportarlos.
[4] Los hombres pueden hacernos daños, abusar, calumniarnos y lastimarnos, pero el Espíritu de Dios nos ayuda a soportarlo.
Cabe advertir dos cosas importantes sobre la paciencia:
» a. La clemencia nunca devuelve el ataque. El sentido común nos dice que una persona que es objeto de ataque de otras podría devolver el ataque y vengarse. Pero al creyente cristiano se le otorga el poder de la clemencia, el poder de sufrir la situación o persona durante un período muy prolongado.
» b. La paciencia es uno de los grandes rasgos de Dios. Como se señala en este versículo, es un fruto del mismo Espíritu de Dios, un fruto que debe estar en la vida del creyente.
[1] Dios y Cristo son clementes ante los pecadores.
“¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” (Ro. 2:4).
[2] Dios salva a los creyentes para que sean ejemplos de paciencia.
“Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna” (1 Ti. 1:16).
[3] Dios retiene su juicio del mundo porque tiene clemencia, esperando que más y más sean salvos.
“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P. 3:9; cp. 1 P. 3:20).
“Por amor de mi nombre diferiré mi ira, y para alabanza mía la reprimiré para no destruirte” (Is. 48:9).
William Barclay dice que, si Dios hubiera sido un hombre, hace mucho tiempo hubiera borrado al hombre de la faz de la tierra debido a su terrible desobediencia. Pero Dios ama al hombre y se ocupa de él. Por lo tanto, Dios tiene clemencia hacia el hombre. Dios está teniendo clemencia durante un período muy prolongado por el hombre, permitiendo que más y más hombres sean salvos.
“Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad” (Col. 1:11).
“Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Ti. 4:2).
▬ 5 Está el fruto de la benignidad (chrestotes): Significa ser gentil y bueno, útil y de ayuda, cordial y dulce, considerado y gracioso a través de todas las situaciones, sin importar las circunstancias. Una persona que es cordial no actúa en forma…
• dura • despreocupada • indiferente • demasiado ocupada • ruda • resentida
La benignidad se ocupa de los sentimientos de los demás y siente con ellos. Experimenta toda la profundidad de la compasión y la empatía. Demuestra ocupación y va directo a la situación respecto de una persona. La benignidad sufre con los que sufren, y lucha con los que luchan, y trabaja con los que trabajan.
[1] Dios es gentil.
“Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos” (Lc. 6:35).
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús” (Ef. 2:4-7).
[2] Los creyentes deben ser amables entre sí.
“Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Ro. 12:10).
“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Ef. 4:32).
“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” (Col. 3:12).
“Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor” (2 P. 1:5-7).
▬ 6. Está el fruto de la bondad (agathosune): Significa estar lleno de virtud y excelencia, benignidad y utilidad, paz y consideración. Significa que una persona está llena de todo bien y que hace todo el bien. Significa…
• Que tiene un buen corazón y un buen comportamiento.
• Que es bueno y que hace el bien.
• Que es una persona de calidad.
Advierta que una persona buena vive y trata a todos como deberían ser tratados. No se aprovecha de ninguna persona ni espera y permite que los demás se aprovechen. Toma la postura y vive por lo que es correcto, está bien y es justo. Esto significa que la bondad involucra disciplina y reprimenda, corrección e instrucción, así como también amor y cuidado, paz y conciliación. Una persona buena no dejará entrar al mal, no dejará que el mal quede librado al azar. No permitirá que el mal trate a los demás en forma injusta. No permitirá que los demás sufran la maldad. La bondad da un paso adelante y hace lo que puede para detener y controlar el mal.
“Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros” (Ro. 15:14).
[1] Dios está lleno de bondad.
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gá. 5:22-23).
“Porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad” (Ef. 5:9).
“Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder” (2 Ts. 1:11).
“El ama justicia y juicio; de la misericordia de Jehová está llena la tierra” (Sal. 33:5).
“Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él” (Sal. 34:8).
“Miré, y no había quien ayudara, y me maravillé que no hubiera quien sustentase; y me salvó mi brazo, y me sostuvo mi ira” (Is. 63:5).
[2] Los creyentes deben estar llenos de toda bondad.
“Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros” (Ro. 15:14).
“Y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Ef. 3:19).
▬ 7. Está el fruto de la fe o fidelidad (pistis): Significa ser fiel y confiable; ser leal y constante en la devoción y la fidelidad. Significa ser constante, sólido y firme. Una persona fiel se niega a sí misma y se sacrifica «todo lo que es y todo lo que tiene» y confía en Dios. Cree en Dios y sabe que Dios obrará todas las cosas para bien. Por lo tanto, se entrega por completo a Dios y se vuelve fiel a Dios.
[1] La fidelidad no duda de Dios, no de su salvación, provisión o fortaleza para ayudar.
[2] La fidelidad no comienza con Dios y luego cede.
[3] La fidelidad no anda con Dios y luego se entrega a la lujuria de la carne.
La fidelidad comienza y continúa con Dios. La fidelidad sigue y sigue, nunca se debilita ni se rinde.
[1] Dios es fiel.
“Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor” (1 Co. 1:9).
“De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien” (1 P. 4:19).
“Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones” (Dt. 7:9).
“Bendito sea Jehová, que ha dado paz a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho; ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha faltado” (1 R. 8:56).
“Las misericordias de Jehová cantare perpetuamente; de generación en generación haré notoria tu fidelidad con mi boca” (Sal. 89:1).
[2] Los creyentes deben ser fieles.
“Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades” (Lc. 19:17).
“Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel” (1 Co. 4:2).
“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir” (He. 3:5).
“Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra” (Éx. 19:5).
▬ 8. Está el fruto de la mansedumbre (prautes): Significa ser gentil, tierno, humilde, dócil, considerado, pero de manera firme. La mansedumbre tiene la fortaleza de controlar y disciplinar y lo hace en el momento oportuno.
» a. La mansedumbre es un estado humilde de la mente. Pero esto no significa que la persona sea débil, cobarde y que se postre ante los demás. La persona mansa simplemente ama a las personas y ama la paz. Por lo tanto, camina humildemente entre los hombres sin importar su condición ni circunstancia de la vida. Relacionarse con los pobres y de menor clase social de esta tierra no molesta a la persona mansa. Desea ser amigo de todos y ayudar a todos en todo lo que sea posible.
» b. La mansedumbre es un estado fuerte de la mente. Observa las situaciones y quiere que se haga justicia. No es una mente débil que ignora y niega la maldad y la malicia, el abuso y el sufrimiento.
[1] Si alguien está sufriendo, la mansedumbre se entromete y hace lo que puede para ayudar.
[2] Si se está haciendo el mal, la mansedumbre hacen lo que puede para detenerlo y corregirlo.
[3] Si la maldad está librada al azar y a la indulgencia, la mansedumbre estalla en enojo. Sin embargo, advierta un punto crucial: el enojo siempre es en el momento oportuno y en contra de la cosa correcta.
» c. La mansedumbre tiene un estado de autocontrol. La persona mansa controla su espíritu y su mente. Controla la lascivia de su carne. No se entrega a los malos modos, la venganza, la pasión, la indulgencia o la licencia. La persona mansa muere para sí mismo, por lo que carne hubiera querido hacer, y hace lo correcto, exactamente lo que Dios quiere que se haga.
En resumen, el hombre manso camina en un estado de mente humilde, tierno, pero fuerte. Se niega a sí mismo, dado toda la consideración a los demás. Demuestra un control y un enojo de justicia en contra de la injusticia y la maldad. Un hombre manso se olvida y vive por los demás por lo que Cristo ha hecho por él.
[1] Dios es manso.
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gá. 5:22-23).
[2] Jesucristo fue manso.
“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mt. 11:29).
[3] Los creyentes deben ser mansos.
“Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado” (Gá. 6:1).
“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Ef. 4:1-3).
“Que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad” (2 Ti. 2:25).
“Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres” (Tit. 3:2).
“Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas” (Stg. 1:21).
“¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre” (Stg. 3:13).
“Sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 P. 3:4).
▬ 9. Está el fruto de la templanza (egkrateia): Dominar y controlar el cuerpo o la carne con todas sus lujurias. Significa control propio, el dominio del deseo, el apetito y la pasión, los impulsos y ansias sexuales. Significa ser fuerte, controlado y restrictivo. Significa estar firme en contra de la lujuria de la carne y de la lujuria del ojo y del orgullo de la vida (1ª Jn. 2:15-16. «No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.».).
[1] El control propio es de Dios, un fruto del Espíritu Santo.
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gá. 5:22-23).
[2] El creyente debe proclamar el control propio a los perdidos.
“Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó, y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré” (Hch. 24:25).
[3] El creyente debe controlar sus deseos sexuales.
“Pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando” (1 Co. 7:9).
[4] El creyente debe ejercer tenazmente el control propio, al igual que se controla un atleta a si mismo.
“Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible” (1 Co. 9:25).
[5] El creyente debe crecer en el control propio.
“Al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad” (2 P. 1:6).
[6] El creyente de años es el que tiene especialmente que estar a la guardia para controlarse.
“Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia” (Tit. 2:2).
Al concluir nuestro tratamiento debemos recordar que el fruto del Espíritu es la naturaleza misma de Dios (Gá. 2:20. «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.» ▬ Ef. 5:18. «No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu»). El creyente debe andar en el Espíritu, esto es, debe andar con tal conciencia de Dios y con una confesión tan abierta que se mantenga constantemente limpio de pecado. Dios lo mantiene limpio, puro y aceptable como si fuera perfecto. Mientras el creyente anda de ese modo y con esa conciencia de Dios, asimila la misma naturaleza de Dios y se produce el fruto del Espíritu Santo. Ninguna ley puede oponerse a cosas como esas. (Véase, Jn. 15:1-8).
[2]. (5:24) Creyente, Postura, Anciano – Carne: El creyente debe andar con una carne crucificada. Este es un versículo impactante. Advierta varios puntos.
▬ 1. Advierta las palabras “los que son de Cristo”. Una persona se convierte en la propiedad y la posesión de Cristo cuando, en primer lugar, confía en Cristo como su Salvador. Cuando una persona acude a Jesucristo para que lo salve, acude porque quiere ser liberado de la esclavitud del pecado, la muerte y el juicio. Quiere vivir por siempre con Dios. No quiere continuar siendo el esclavo de la carne, sometido a sus lascivias, a la muerte y a la sentencia segura. Quiere ser salvado de la carne de un mundo corruptible. Por lo tanto, cuando una persona acude a Cristo, se está alejando de la carne y acercándose a Dios; le está dando la espalda al dominio de la carne y a todo lo que esto representa. Se vuelca a Jesucristo como su nuevo amo. En consecuencia…
• El creyente ya no pertenece a la carne, sino a Jesucristo.
• La carne ya no es poseedora del creyente, sino que lo posee Jesucristo.
• El creyente ya no sirve a la carne, sino que sirve al Señor Jesucristo.
▬ 2. Advierta que el creyente ha crucificado la carne con los afectos (pasiones) y las lujurias. ¿De qué manera? Muriendo con Jesucristo. ¿Cómo puede una persona morir con Jesucristo? Mediante un acto de Dios. Solo Dios puede considerar que una persona ha muerto con Jesucristo y que sea verdad, un suceso real. Esto es exactamente lo que hace Dios. Cuando una persona cree genuinamente en Jesucristo, Dios toma la creencia de esa persona y la considera como su muerte con Jesucristo. Dios honra su fe al identificarlo con Cristo. Dios cuenta y considera a la persona…
• Que ha muerto en la muerte de Cristo. • Que ha sido ubicada en la muerte de Cristo. • Que ha sido identificada con la muerte de Cristo. • Que ha compartido la muerte de Cristo. • Que se encuentra en unión con la muerte de Cristo. • Que está vinculado a la muerte de Cristo.
Ahora bien, advierta el punto: Si el creyente es considerado por Dios como que fue crucificado con Cristo, entonces el creyente…
• Ha muerto para la carne. • Ha muerto para las pasiones de la carne. • Ha muerto para las lujurias de la carne. • Ha sido liberado de la carne. • Ha sido liberado de las pasiones de la carne. • Ha sido liberado de las lujurias de la carne.
Una vez que una persona ha muerto, está muerta. El gobierno y el reinado y los hábitos y los deseos de la carne ya no tienen control sobre ella. La carne cesa de tener un lugar o una posición en su vida. Es libre de la carne, libre de…
• los hábitos de la carne • la esclavitud de la carne • el control de la carne • la condena de la carne • el fuerte vínculo de la carne • la muerte de la carne • el juicio de la carne
Estar crucificado con Cristo significa que ya no vivimos en la carne, en el lugar y posición de la carne. No podemos vivir alejados de la carne, puesto que estamos en este cuerpo sobre la tierra. Pero somos libres de vivir por la carne. Ya no seguimos las pasiones y lujurias de la carne. Deseamos y seguimos la justicia, intentando complacer a Dios en todo lo que hacemos.
“En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Ro. 6:2).
“Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Ro. 6:11).
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gá. 2:20).
“Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gá. 5:24).
“Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Col. 3:3).
“Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él” (2 Ti. 2:11).
“Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P. 2:24).
[3]. (5:25) Creyente, Espíritu Santo: El creyente debe andar coherentemente con su postura en Cristo. Estar en Cristo es estar en el Espíritu de Dios. Cuando el creyente confía en Cristo como su Salvador, Dios coloca su Espíritu en el corazón del creyente. El Espíritu es colocado allí para guiar y dirigir al creyente día tras día. Por lo tanto, el creyente debe andar en el Espíritu. Debe vivir, así como lo indica el Espíritu de Dios. Este es el tema de este versículo. Si vivimos por el Espíritu, entonces también andemos por el Espíritu. El Espíritu nos da vida, la vida de Dios. Por lo tanto, andemos y vivamos la vida que Él nos da.
“Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Ro. 6:4).
“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Ro. 8:1).
“Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz” (Ro. 8:5-6).
“Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Ro. 8:9).
“Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Ro. 8:13-14).
“Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor” (Gá. 5:6).
[4]. (5:26) Creyente, Camino: El creyente debe andar libre de superespiritualidad y envidia. Cuando los creyentes son desafiados a vivir vidas espirituales, siempre existe el peligro de que algunos se volverán sobre-espirituales y otros comenzarán a envidiar los dones espirituales que son genuinamente espirituales y enormemente bendecidos por Dios.
▬ 1. Está el peligro de la superespiritualidad. Está la tentación del orgullo y de demostrar superioridad. Es la actitud que expresa “Yo lo tengo y tú no”. Esta actitud, por supuesto, irrita y provoca a la gente. Ocasiona división dentro de la iglesia.
“¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis” (Lc. 6:25).
“Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (Ap. 3:17).
“Envueltos están con su grosura; con su boca hablan arrogantemente” (Sal. 17:10).
▬ 2. Está el peligro de la envidia (Véase, Gá. 5:19-21 para mayor discusión al respecto).
Amén, para la honra y gloria de Dios.


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