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Lección: Números 26:1 al 51. 1. Aconteció después de la mortandad, que Jehová habló a Moisés y a Eleazar hijo del sacerdote Aarón, diciendo: 2. Tomad el censo de toda la congregación de los hijos de Israel, de veinte años arriba, por las casas de sus padres, todos los que pueden salir a la guerra en Israel. 3. Y Moisés y el sacerdote Eleazar hablaron con ellos en los campos de Moab, junto al Jordán frente a Jericó, diciendo: 4. Contaréis el pueblo de veinte años arriba, como mandó Jehová a Moisés y a los hijos de Israel que habían salido de tierra de Egipto. 5. Rubén, primogénito de Israel; los hijos de Rubén: de Enoc, la familia de los enoquitas; de Falú, la familia de los faluitas; 6. de Hezrón, la familia de los hezronitas; de Carmi, la familia de los carmitas. 7. Estas son las familias de los rubenitas; y fueron contados de ellas cuarenta y tres mil setecientos treinta. 8. Los hijos de Falú: Eliab. 9. Y los hijos de Eliab: Nemuel, Datán y Abiram. Estos Datán y Abiram fueron los del consejo de la congregación, que se rebelaron contra Moisés y Aarón con el grupo de Coré, cuando se rebelaron contra Jehová; 10.y la tierra abrió su boca y los tragó a ellos y a Coré, cuando aquel grupo murió, cuando consumió el fuego a doscientos cincuenta varones, para servir de escarmiento. 11. Mas los hijos de Coré no murieron. 12. Los hijos de Simeón por sus familias: de Nemuel, la familia de los nemuelitas; de Jamín, la familia de los jaminitas; de Jaquín, la familia de los jaquinitas; 13. de Zera, la familia de los zeraítas; de Saúl, la familia de los saulitas. 14. Estas son las familias de los simeonitas, veintidós mil doscientos. 15. Los hijos de Gad por sus familias: de Zefón, la familia de los zefonitas; de Hagui, la familia de los haguitas; de Suni, la familia de los sunitas; 16. de Ozni, la familia de los oznitas; de Eri, la familia de las eritas; 17. de Arod, la familia de los aroditas; de Areli, la familia de los arelitas. 18. Estas son las familias de Gad; y fueron contados de ellas cuarenta mil quinientos. 19. Los hijos de Judá: Er y Onán; y Er y Onán murieron en la tierra de Canaán. 20. Y fueron los hijos de Judá por sus familias: de Sela, la familia de los selaítas; de Fares, la familia de los faresitas; de Zera, la familia de los zeraítas. 21. Y fueron los hijos de Fares: de Hezrón, la familia de los hezronitas; de Hamul, la familia de los hamulitas. 22. Estas son las familias de Judá, y fueron contados de ellas setenta y seis mil quinientos. 23. Los hijos de Isacar por sus familias; de Tola, la familia de los tolaítas; de Fúa, la familia de los funitas; 24. de Jasub, la familia de los jasubitas; de Simrón, la familia de los simronitas. 25. Estas son las familias de Isacar, y fueron contados de ellas sesenta y cuatro mil trescientos. 26. Los hijos de Zabulón por sus familias: de Sered, la familia de los sereditas; de Elón, la familia de los elonitas; de Jahleel, la familia de los jahleelitas. 27. Estas son las familias de los zabulonitas, y fueron contados de ellas sesenta mil quinientos. 28. Los hijos de José por sus familias: Manasés y Efraín. 29. Los hijos de Manasés: de Maquir, la familia de los maquiritas; y Maquir engendró a Galaad; de Galaad, la familia de los galaaditas. 30. Estos son los hijos de Galaad: de Jezer, la familia de los jezeritas; de Helec, la familia de los helequitas; 31. de Asriel, la familia de los asrielitas; de Siquem, la familia de los siquemitas; 32. de Semida, la familia de los semidaítas; de Hever, la familia de los heferitas. 33. Y Zelofehad hijo de Hefer no tuvo hijos sino hijas; y los nombres de las hijas de Zelofehad fueron Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa. 34. Estas son las familias de Manasés; y fueron contados de ellas cincuenta y dos mil setecientos. 35. Estos son los hijos de Efraín por sus familias: de Sutela, la familia de los sutelaítas; de Bequer, la familia de los bequeritas; de Tahán, la familia de los tahanitas. 36. Y estos son los hijos de Sutela: de Erán, la familia de los eranitas. 37. Estas son las familias de los hijos de Efraín; y fueron contados de ellas treinta y dos mil quinientos. Estos son los hijos de José por sus familias. 38. Los hijos de Benjamín por sus familias: de Bela, la familia de los belaítas; de Asbel, la familia de los asbelitas; de Ahiram, la familia de los ahiramitas; 39. de Sufam, la familia de los sufamitas; de Hufam, la familia de los hufamitas. 40. Y los hijos de Bela fueron Ard y Naamán: de Ard, la familia de las arditas; de Naamán, la familia de los naamitas. 41. Estos son los hijos de Benjamín por sus familias; y fueron contados de ellos cuarenta y cinco mil seiscientos. 42. Estos son los hijos de Dan por sus familias: de Súham, la familia de los suhamitas. Estas son las familias de Dan por sus familias. 43. De las familias de los suhamitas fueron contados sesenta y cuatro mil cuatrocientos. 44. Los hijos de Aser por sus familias: de Imna, la familia de los imnitas; de Isúi, la familia de los isuitas; de Bería, la familia de los beriaítas. 45. Los hijos de Bería: de Heber, la familia de los heberitas; de Malquiel, la familia de los malquielitas. 46. Y el nombre de la hija de Aser fue Sera. 47. Estas son las familias de los hijos de Aser; y fueron contados de ellas cincuenta y tres mil cuatrocientos. 48. Los hijos de Neftalí, por sus familias: de Jahzeel, la familia de los jahzeelitas; de Guni, la familia de los gunitas; 49. de Jezer, la familia de los jezeritas; de Silem, la familia de los silemitas. 50. Estas son las familias de Neftalí por sus familias; y fueron contados de ellas cuarenta y cinco mil cuatrocientos. 51. Estos son los contados de los hijos de Israel, seiscientos un mil setecientos treinta.
Comentario general del capítulo 26: La expresión “después de la mortandad” cobra especial relevancia en este capítulo del libro de Números, pues marca el tránsito entre la primera y la segunda generación de los que salieron de Egipto. Tras la muerte de Aarón, la responsabilidad de la conducción del pueblo de Israel recayó sobre Moisés y su hijo Eleazar.
En el primer censo, fue designado a un hombre principal de cada tribu para colaborar con Moisés y Aarón en el recuento del pueblo. Aunque este detalle no se menciona en este censo, todo indica que el procedimiento fue similar.
Los hijos de Israel aún se encontraban en las llanuras de Moab (Números 22:1), junto al Jordán, frente a Jericó. Este nuevo censo serviría de base para la repartición de la tierra prometida, según lo señalado: “A estos se repartirá la tierra en heredad, por la cuenta de los nombres» (Números 26:53).
En los versículos 64 y 65 se menciona que la generación incrédula había muerto por completo, como Dios lo había declarado. Solo Josué y Caleb fueron la excepción: “Porque Jehová había dicho de ellos: Morirán en el desierto; y no quedó varón de ellos, sino Caleb hijo de Jefone y Josué hijo de Nun” (versículo 65). Así, Dios no solo concluye el juicio sobre aquella generación, sino que también muestra que valora a cada uno de los suyos, al registrar sus nombres y familias en el libro de los censos del pueblo de Israel.
Además, este capítulo muestra que los levitas fueron contados por separado, como también ocurrió en el primer censo. Esto no solo porque no participaban en la guerra, sino porque tampoco recibirían herencia territorial, ya que su herencia era el sacerdocio de Jehová. Así lo declara el versículo 62: “… por cuanto no les había de ser dada heredad entre los hijos de Israel”, y se reafirma en Josué 18:7: “Pero los levitas ninguna parte tienen entre vosotros, porque el sacerdocio de Jehová es la heredad de ellos…».
Texto: “Y Jehová dijo a Gedeón: Aún es mucho el pueblo; llévalos a las aguas, y allí te los probaré; y del que yo te diga: Vaya este contigo, irá contigo; más de cualquiera que yo te diga: Este no vaya contigo, el tal no irá”. (Jueces 7:4)
Comentario del texto: 7:4-8 Al Señor le pareció que 10.000 hombres todavía eran muchos como para llevarse solo Él la gloria, por lo cual propuso un segundo criterio para una nueva reducción: la manera de beber el agua del manantial (7:4). Solo 300 llevaron el agua hasta la boca, en lugar de arrodillarse y meter la boca en el agua (7:5-6). Por tanto, seguramente Gedeón pensó que iría a la batalla con los 9.700, pero Dios no pensaba lo mismo (7:7).
1er Título: Necesaria madurez para ser útiles en la obra de Dios. Versículos 1 y 2. Aconteció después de la mortandad, que Jehová habló a Moisés y a Eleazar hijo del sacerdote Aarón, diciendo: Tomad el censo de toda la congregación de los hijos de Israel, de veinte años arriba, por las casas de sus padres, todos los que pueden salir a la guerra en Israel. (Léase: 1ª a Timoteo 3:6. no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. ▬ Hebreos 5:14. pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.).
Versículos 1-51
Reunión de las Doce Tribus. – Números 26:1-4. El mandato de Dios a Moisés y Eleazar es el mismo que en Números 1, 2 y 3, excepto que no entra tanto en detalles.
(1ª a Timoteo: 3:6): (3:6) Probado ▬ Neófito ▬ Ministro ▬ Obispo ▬ Anciano: El ministro u obispo de Dios debe cumplir requisitos espirituales. No debe ser un neófito (me neophuton), o sea, un recién convertido o un miembro nuevo de la iglesia. Debe haberse convertido o haber sido miembro de la iglesia durante mucho tiempo…
- lo suficiente para haberse enraizado y cimentado en el Señor y su palabra.
- lo suficiente para haber madurado espiritualmente.
- lo suficiente para haber probado su testimonio de Cristo.
- lo suficiente para ser bien conocido y respetado por los demás creyentes.
- lo suficiente para ser capaz de ministrar a otros y enseñarles a ministrar.
Note por qué no debe dársele un puesto de liderazgo a un neófito: Para que no se enorgullezca y “caiga en la condenación del diablo”. Satanás fue expulsado del cielo por orgullo. Fue esto lo que dio origen a su caída y trajo condenación sobre él. Cuando a una persona se le da una gran responsabilidad antes de estar enraizada y cimentada en la fe, lo más probable es que caiga y sea condenado de la misma manera que Satanás. Siempre debemos recordar lo que Matthew Henry señala: “El orgullo. . .es un pecado que convirtió a los ángeles en demonios”. Debemos cuidarnos del orgullo. Debemos cuidamos de colocar a una persona en un puesto de liderazgo que le tiente a sentirse más importante de lo que es.
“Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Mt. 23:12).
“Nada hagáis por contienda 0 por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Fil. 2:3-4).
(Hebreos 5:14): Madurez, espiritual: Una persona se vuelve inmadura porque no ejercita sus sentidos mentales y espirituales. Note estos elementos:
▬ 1. Note que es posible llegar a la “adultez” en la vida cristiana; es posible alcanzar la madurez en Cristo. Una persona puede crecer espiritualmente hasta que haya crecido y madurado completamente en Cristo. Esto es lo que Dios espera de todos nosotros.
▬ 2. Note lo que es una persona madura. Una persona madura y crecida es una persona que discierne entre el bien y el mal. Es una persona que lleva una vida justa y religiosa. Ha sobrepasado.
- el solo asistir a la adoración y estudios bíblicos
- el solo cumplir con los rituales y ceremonias de la religión
- el solo ofrendar dinero
- el solo leer la Biblia
- el solo orar
El creyente maduro hace todas estas cosas, sí, pero hace más, mucho más:
=> Estudia la Palabra de Dios.
=> Separa espacios de tiempo todos los días para la oración y la adoración.
=> Vive y se mueve y tiene su ser en oración; es decir, ora continuamente.
=> Mantiene sus pensamientos y su mente en Cristo y en la obediencia hacia Él.
=> Da testimonio de Cristo, transmite la salvación gloriosa del mal y de la muerte de este mundo.
=> Discierne tanto el bien como el mal, y hace el bien.
El creyente maduro puede discernir entre la religión verdadera y la falsa, argumentos verdaderos y falsos, pecados, y justicia. Él sabe…
- cuándo mirar y cuándo no mirar.
- cuándo comer y cuándo no comer.
- qué beber y qué no beber.
- cuándo ir y cuándo no ir.
- a cuáles eventos sociales asistir y a cuáles no asistir.
- qué escuchar y qué no escuchar.
- dónde se predica y se enseña realmente a Cristo y dónde no.
- con quién confraternizar y con quién no.
- cuándo hablar y cuándo no hablar.
- quién enseña la verdad y quién no.
El creyente maduro vive para Cristo. Él discierne entre el bien y el mal.
▬ 3. Note cómo una persona madura alcanza la adultez en Cristo. Al ejercitar sus sentidos o facultades mentales y espirituales. Una persona tiene que ejercitar su mente y su espíritu. No puede ser haragana ni perezosa, cómoda y confiada; mentalmente, ni espiritualmente. Tiene que estar alerta para controlarse y disciplinarse a si misma. Tiene que poner su energía y esfuerzo, concentrarse y centrar su mente y vida en Jesucristo y en su salvación, misión y propósito.
“derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Co. 10:5).
“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Co. 6:19-20).
“Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” (2 Co. 6:17-18).
2° Título: Generación llamada o cumplir el propósito divino. Versículos 3 y 4. Y Moisés y el sacerdote Eleazar hablaron con ellos en los campos de Moab, junto al Jordán frente a Jericó, diciendo: Contaréis el pueblo de veinte años arriba, como mandó Jehová a Moisés y a los hijos de Israel que habían salido de tierra de Egipto. (Léase: Números 14:29 al 31. En este desierto caerán vuestros cuerpos; todo el número de los que fueron contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mí. Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun. Pero a vuestros niños, de los cuales dijisteis que serían por presa, yo los introduciré, y ellos conocerán la tierra que vosotros despreciasteis. ▬ 2ª a Timoteo 4:5. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.).
Números 26:3-4: “Y Moisés y el sacerdote Eleazar hablaron con ellos” (דּבּר con acusativo, como en Génesis 37:4). El pronombre se refiere a “los hijos de Israel”, o más correctamente, a los jefes de la nación como representantes de la congregación, quienes debían llevar a cabo la numeración. Sobre el Arbot-Moab, ver en Números 22:1. Solo se menciona el punto principal en sus palabras, a saber, «de veinte años arriba» (sc., tomaréis el número de los hijos de Israel), ya que era muy simple suministrar las palabras «tomad la suma” de Números 26:2. (Nota: Esto es, en todo caso, más fácil y simple que las alteraciones del texto que se han sugerido con el fin de eliminar la dificultad. Knobel propone cambiar וידבּר por ויּדבּר, y לאמר por לפקד: “Moisés y Eleazar arreglaron el hijo de Israel cuando los agruparon.” Pero הדבּיר ul Psa_18:48}, y {ul Psa_47:4}), – una expresión que, como se ve de inmediato, es del todo inaplicable a la disposición de las personas en familias con el propósito de hacer un censo.),
– Las palabras de “los hijos de Israel” en Números 26:4 en adelante forman la introducción a la enumeración de las diferentes tribus (Números 26:5), y se debe suplir el verbo יהיוּ (eran). “Y los hijos de Israel, que salieron de Egipto, fueron Rubén”, etc.
Números 14:28-31: Jehová juró que sucedería con los murmuradores como habían dicho. Sus cadáveres caerían en el desierto, todos los contados, de veinte años arriba: no verían la tierra a la cual Jehová había alzado Su mano (ver en Éxodo 6:8) para llevarlos, con la única excepción de Caleb y Josué. Pero a sus hijos, que, como decían, serían por presa (Números 14:3), los traería Jehová, y aprenderían a conocer la tierra que los demás habían despreciado.
2ª a Timoteo 4:5: Sin embargo, tú … Cf. 3:10, 14. Nótese el agudo y doble contraste. El v. 5 es tanto el clímax de los vv. 1–5 como la introducción a los vv. 5–8. Como clímax, traza un contraste entre Timoteo y la voluble multitud descrita en los vv. 3 y 4. Como introducción, traza un contraste entre Timoteo, todavía en medio de la pelea, y Pablo que ha peleado la grandiosa pelea. En el principio del versículo predomina el primero de estos contrastes; al final, el segundo.
Pablo escribe: sé sobrio en todo, sufre trabajos, haz la obra de evangelista, cumple al máximo tu ministerio. La persona sobria es tranquila, estable y cuerda (cf. 1 P. 4:7; sobre 1 Ts. 5:6, 8).
No se encuentra embriagado con el anhelo de cosas sensacionales o sentimentales. No aparta sus oídos de la verdad para volverse a los mitos. El apóstol requiere que Timoteo muestre esta actitud calma y bien equilibrada “en todas las cosas”. Esto quiere decir, por supuesto, que también con respecto a sufrir por la causa del evangelio Timoteo no debe buscar los sufrimientos, por una parte, ni quejarse de ellos por la otra. Simplemente, debe hacer la obra de evangelista (predicador del evangelio, Hch. 21:8; Ef. 4:11), perfectamente dispuesto a soportar maltratos cuando quiera que le toque sufrir, aun gozándose cuando se le tenga por digno de sufrir deshonra por el nombre de Cristo (Hch. 5:41; en cuanto al verbo, véase 2 Ti. 2:9; cf. el verbo similar en 2 Ti. 1:8). No debe permitir que nada lo detenga, pero debe cumplir su ministerio del evangelio al máximo: predicando la palabra, estando preparado a tiempo y fuera de tiempo, redarguyendo, reprendiendo y amonestando con toda paciencia y doctrina.
3er Título: Formación del ejército que conquistará lo tierra prometida. Versículos 5 al 51. Aconteció después de la mortandad, que Jehová habló a Moisés y a Eleazar hijo del sacerdote Aarón, diciendo: 2Tomad el censo de toda la congregación de los hijos de Israel, de veinte años arriba, por las casas de sus padres, todos los que pueden salir a la guerra en Israel. (Léase: 2ª a Timoteo 2:3 y 4. Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.).
Números 26:5-11: Las familias de Rubén concuerdan con Génesis 46:9; Éxodo 6:14 y 1 Crónicas 5:3. El plural בּני (hijos), en Números 26:8, donde solo se menciona un hijo, se explica por el hecho de que varios hijos de este hijo en particular (es decir, nietos) se mencionan después. Sobre Datán y Abiram, ver en Números 16:1 y Números 16:32. Ver también el comentario hecho aquí en Números 26:10 y Números 26:11, a saber, que los que fueron destruidos con la compañía de Coré fueron por señal (נס, aquí una advertencia); pero que los hijos de Coré no fueron destruidos junto con su padre.
Números 26:12-14: Los simeonitas contaron solo cinco familias, ya que Ohad (Génesis 46:10) no dejó familia. Nemuel es llamado allí Jemuel, ya que (yod) y (nun) se intercambian a menudo (cf. Ges. thes. pp. 833 y 557); y Zerach es otro nombre del mismo significado para Zohar (Zerach, la salida del sol; Zohar, franqueza, esplendor).
Números 26:15-18: Los gaditas son los mismos que en Génesis 46:16, excepto que Ozni se llama allí Ezbón.
Números 26:19-22: Los hijos y familias de Judá están de acuerdo con Génesis 46:12 (cf. Génesis 38:6); también con 1 Crónicas 2:3-5.
Números 26:23-25: Las familias de Isacar corresponden a los hijos mencionados en Génesis 46:13, excepto que el nombre Job aparece allí en lugar de Jashub. Los dos nombres tienen el mismo significado, ya que Job se deriva de una palabra árabe que significa volver.
Números 26:26-27: Las familias de Zabulón corresponden a los hijos mencionados en Génesis 46:14.
Números 26:28-37: Los descendientes de José se clasificaron en dos familias principales, según sus dos hijos, Manasés y Efraín, que nacieron antes de la mudanza de Israel a Egipto, y fueron criados como fundadores de tribus a consecuencia de que el patriarca Israel los adoptó como propios. hijos (Gn 48).
Números 26:29-34: Ocho familias descendieron de Manasés: a saber, una de su hijo Maquir, la segunda de Galaad, hijo de Maquir o nieto de Manasés, y las otras seis de los seis hijos de Galaad. Los relatos genealógicos en Números 27:1; Números 36:1 y Josué 17:1 armonizan plenamente con esto, excepto que Jezer (Números 26:30) se llama Abiezer en Josué 17:2; mientras que sólo una parte de los nombres mencionados aquí aparecen en los fragmentos genealógicos de 1 Crónicas 2:21-24 y 7:14-29. En Números 26:33 se menciona a un hijo de Hefer, llamado Zelofehad. No tuvo hijos, sino sólo hijas, cuyos nombres se dan aquí para preparar el camino a las disposiciones legales mencionadas en Núm. 27 y 39, a que dio lugar este hecho.
Números 26:35-37: Había cuatro familias descendientes de Efraín; tres de sus hijos y uno de su nieto. De los descendientes de Sutelah se dan varios enlaces en 1 Crónicas 7:20.
Números 26:38-41: Los hijos de Benjamín formaron siete familias, cinco de las cuales fueron fundadas por sus hijos y dos por nietos. (Sobre las diferencias que ocurren entre los nombres dados aquí y los de Génesis 46:21). Algunos de los hijos y nietos de Benjamín mencionados aquí también se encuentran en los fragmentos genealógicos de 1 Crónicas 7:6-18 y 1 Crónicas 8:1.
Números 26:42-43: Los descendientes de Dan formaron una sola familia, nombrada de un hijo de Dan, que aquí se llama Shuham, pero Hushim en Génesis 46:23; aunque esta familia sin duda se dividió en varias familias más pequeñas, que no se mencionan aquí, simplemente porque esta lista contiene solo las familias principales en las que se dividieron las tribus.
Números 26:44-47: Las familias de Aser concuerdan con los hijos de Aser mencionados en Génesis 46:17 y 1 Crónicas 7:30, excepto que Ishuah se omite aquí, porque no fundó familia.
Números 26:48-50: Las familias de Neftalí cuentan con los hijos de Neftalí en Génesis 46:24 y 1 Crónicas 7:30.
Números 26:51: El número total de personas reunidas fue de 601.
(Léase: 2ª a Timoteo 2:3 y 4) Soldado ▬ Creyente: El segundo cuadro es el un buen soldado. El creyente cristiano debe ser un buen dado de Jesucristo.
▬ 1. Un buen soldado soporta, sufre y participa de momentos duros con los demás soldados. Él no…
- se queda detrás • esquiva sus deberes • trata de escapar de la batalla • se niega a cargar su carga • se entrega al enemigo • niega la causa • rechaza al comandante • se esconde del trabajo agotador
Un buen soldado está al lado de los demás soldados sufre las adversidades de la lucha con ellos. Sacrifica todo que es y tiene por Cristo y su causa.
=> Entrega toda su mente, cuerpo y alma a Cristo y causa de salvación.
=> Entrega todo su tiempo y energía a cristo y su promesa de vida eterna.
=> Entrega todo su dinero y posesiones a Cristo y su misión de evangelismo mundial.
El soldado de Jesucristo sufre penalidades, sin importar cuáles sean las penalidades. Sufre penalidades para que hombres y mujeres, muchachos, y muchachas sean salvos pecado y el hambre, el mal y la enfermedad, la corrupción y el vacío, lo incorrecto y la soledad, la muerte y el juicio.
“Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; más el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mt. 10:22).
“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Co. 15:58).
▬ 2. Un buen soldado no se enreda en los negocios del diario vivir. Se mantiene enfocado en la causa de Cristo, la de alcanzar a un mundo moribundo con el mensaje de vida. Ahora las personas pueden tener vida _vida abundante y rebosante ¿y pueden vivir eternamente sabiendo sin lugar a duda que van a vivir para siempre sin gustar jamás la muerte. Pero fíjese, necesitan oír sobre el Líder que puede darles esta vida. Esta es la tarea del soldado cristiano; esta es la gran causa del soldado cristiano. Y el buen soldado nunca se desvía de esta causa y nunca se enreda en los negocios de la vida.
Su propósito no es.
- ganar dinero
- hacer fiesta
- buscar posesiones
- centrarse en esta vida
- ambicionar posiciones
- gratificar a la carne
- vivir en el placer
Su propósito es enfocarse en la campaña de Cristo, en llevar el mensaje del Rey de reyes, el mensaje del Señor Jesu- cristo. ¿Cuál es ese mensaje? El mensaje de eterna salvación. El hombre puede tener vida ahora y por la eternidad. No hay propósito mayor sobre la tierra que luchar por llevar adelante ese mensaje. El buen soldado se enfoca en su causa y no en el mundo. No se enreda con el mundo y sus negocios.
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Ro. 12:2).
“y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa” (1 Co. 7:31).
▬ 3. Un buen soldado agrada u obedece a su Líder. Busca agradar al rey que lo ha elegido cómo soldado. Un buen soldado centra su atención en su comandante y sus palabras. No mira a nadie más…
- no mira a otro comandante. Cualquier otro comandante es falso.
- no se mira a si mismo buscando satisfacer las lujurias de sus propios deseos.
- no mira a seres queridos que ocuparían su tiempo y gastarían su energía.
- no mira a aquellos en el mundo que buscan sus energías y placeres.
Un buen soldado es leal y comprometido con su General. Obedece a su líder y se concentra en agradarle a Él y solo a Él.
“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi
Padre que está en los cielos” (Mt. 7:21).
“sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones” (1 Ts. 2:4).
Amén, para la honra y gloria de Dios.
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Lectura bíblica: 1ª a los Corintios 10:15 AL 17. 15. Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. 16. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? 17. Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.
Comentario general del contexto: (10:15-22) Idolatría: Primero, ¿nuestra participación en reuniones sociales identifica a quién adoramos? Observe seis elementos.
▬1. La participación en la Cena del Señor nos identifica como adoradores del Señor (v. 16). Cuando participamos de la copa y el pan, declaramos que adoramos al Señor:
- Que gozamos de fraternidad y comunión con Él.
- Que estamos atados a Cristo por su cuerpo y su sangre.
- Que le hemos entregado a Él nuestra vida.
- Que estamos comprometidos con su muerte y con su propósito.
▬ 2. La participación con otras personas nos identifica con su reunión o actividad (v. 17). Los creyentes que se juntan para participar de la Cena del Señor están identificados como adoradores del Señor. Su propósito para congregarse es participar del pan como una comunión de creyentes. Por consiguiente, es natural que se les mire e identifique como adoradores del Señor. Sucede lo siguiente: A los creyentes que se juntan con los incrédulos en sus reuniones se les identifica con la reunión de los incrédulos.
«Nota del expositor juvenil: Después de recordar la constante infidelidad y persistente idolatría de Israel, Pablo exhorta a los creyentes a huir de toda idolatría para mantener una sincera comunión con Dios Padre y su Hijo Jesucristo, mediante el poder del Espíritu Santo».
1er Titulo: Necesaria madurez espiritual para juzgar y discernir todas las cosas. Versículo 15. Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. (Léase: 1ª a los Corintios 13:11. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; más cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. ▬ 1ª a los Corintios 14:20. Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar.).
Versículo 15. Me dirijo a los sabios: juzgad vosotros mismos lo que digo.
Pablo se dirige a los sabios. En otro contexto ridiculizó la sabiduría de los corintios (4:10), pero ahora no. Los sabios son los creyentes que obedientemente cumplen la voluntad del Señor. Pero los necios descansan en su propio entendimiento y sabiduría humana, y así se destruyen a sí mismos (cf. Mt. 7:24–27). La sabiduría de los corintios que son prudentes radica precisamente en ser obedientes al mandamiento que dice que no debemos adorar ídolos. Esto quiere decir que no deben permitirse ni siquiera la apariencia a semejante idolatría.
Los corintios ahora deben decidir juzgar con sabiduría. Son cristianos maduros que se supone son capaces de discernir qué es central y qué es periférico en esta materia. En los siguientes versículos, Pablo les da instrucciones precisas sobre qué medidas deben tomar cuando se le invita a una comida en casa de algún incrédulo (véase vv. 27–30). El apóstol desea que estén atentos a lo que dice y sean así «instruidos en la escuela de Cristo».
1ª a los Corintios 13:11. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño y razonaba como niño. Pero cuando llegué a ser hombre, deseché las niñerías.
El presente versículo es una comparación entre la vida terrenal del creyente con la perfección que gozará en la presencia del Señor. La analogía (v. 11) que Pablo usa es la de un niño y un adulto. Notemos que Pablo usa la primera persona singular yo era, para describirse como un niño que habla, piensa y razona. Por lo general, un niño tiene un vocabulario limitado, pero en desarrollo. Con este vocabulario el niño se comunica. Los patrones de pensamiento de un niño son inmaduros e incompletos, y esto es exactamente lo que un adulto espera de un niño.
Pablo usa el tiempo pasado, cuando se refiere a su niñez y la entrada a su estado de adulto. Compara ambos períodos de su vida y después concluye que las cosas que le interesaban como niño perdieron su atractivo cuando se hizo hombre. No mira en menos la forma en que un niño habla, piensa y actúa, pues así es la niñez. Pero cuando el niño llega a adulto, todo toma las dimensiones correctas. Ilustrémoslo diciendo que para el niño la escuela primaria a la que asiste es inmensa y formidable. Pero cuando la visita de adulto le parecerá que se achicó.
En forma similar, en el presente hemos recibido la revelación de Dios que es suficiente para nuestra salvación. Sin embargo, nos damos cuenta de que nuestro conocimiento se mantendrá parcial hasta que veamos a Cristo cara a cara. Cuando esto ocurra, entenderemos con claridad el designio y propósito de Dios.
1ª a los Corintios 14:20. Hermanos, no penséis como niños, sino sed niños en cuanto a lo malo. Sed maduros para pensar.
El término hermanos (que incluye a las hermanas) por lo general quiere decir que Pablo está por tocar un tema delicado (véase vv. 6, 26, 39). Con esta palabra se pone al nivel de los destinatarios y confiesa su comunión con ellos. Pablo entrega directrices y espera que los corintios las sigan. Así que, emite dos órdenes, una negativa y otra positiva.
«No penséis como niños, sino sed niños en cuanto a lo malo». Primero viene el mandato negativo, el que en el griego muestra que los corintios demostraban con persistencia que pensaban como niños. Seguro que algunos de ellos hacían alarde de su glosolalia y despreciaban a otros que no tenían este don. Pablo les dice que dejen de comportarse así y que actúen como adultos. Sin duda que está pensando en las palabras que Dios le dio a Jeremías, quien escribió acerca de la gente de su tiempo:
«Porque mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes y no son entendidos;
sabios para hacer el mal, pero hacer el bien no supieron». (Jer. 4:22)
Los corintios estaban más interesados en el entretenimiento que en la educación. Preferían lo espectacular de hablar en lenguas que los problemas doctrinales específicos. Espiritualmente, se las daban de adultos, pero en la práctica se comportaban como niños.
Como padre espiritual de los creyentes de Corinto (4:15), Pablo les exhorta a que sean adultos en sus percepciones intelectuales y espirituales. Contrasta su exhortación negativa con una positiva («sino sed niños en cuanto a lo malo»), Sin embargo, estas dos exhortaciones no son verdaderamente paralelas. Esperábamos que escribiera algo como: «no penséis como niños, pensad como adultos maduros». No obstante, insta a los corintios a que sean un pueblo de Dios maduro y a que empleen su ser interior (corazón, alma y mente) para procurar aquello que es bueno (cf. Ro. 16:19). En cuanto a hacer el mal, les pide que sean tan ingenuos como los bebés. En forma vaga, Pablo hace eco de las palabras que Jesús dijo a sus discípulos antes que ellos empezaran su viaje misionero: «Sean astutos como serpientes y sencillos como palomas» (Mt. 10:16).
2° Titulo: Elementos de pon y vino: figura de comunión con el Dios verdadero. Versículo 16. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? (Léase: San Mateo 26:26 al 28. Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. ▬ San Juan 6:54 al 58. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.).
Versículo 16. La copa de bendición por la cual damos gracias, ¿acaso no es participar en la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿acaso no es participar en el cuerpo de Cristo?
Notemos los siguientes puntos:
» a. Preguntas. Ahora Pablo les recuerda a los destinatarios la celebración de la Cena del Señor, en la cual él es el anfitrión y ellos los invitados. Les recuerda esto por medio de dos preguntas retóricas que todo creyente debe responder en forma afirmativa. Cuando los corintios beben de la copa y comen del pan durante la Santa Cena, por cierto, que tienen comunión con Cristo. Dado que tienen comunión con Jesucristo, nada tienen que ver con los ídolos. Nadie puede servir a dos señores (Mt. 6:24; Lc. 16:13).
» b. Contexto. La institución de la Cena del Señor tuvo lugar en el aposento alto, la noche anterior a la muerte de Cristo en la cruz. En esa ocasión, Jesús explicó cuál era el propósito de esta celebración, diciendo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes» (Lc. 22:20; véase 1 Co. 11:25). La fórmula contiene el término nuevo, el cual nos recuerda el antiguo pacto, que fue ratificado por los israelitas en el monte Sinaí. Moisés roció sangre sobre el altar, el libro del pacto y el pueblo, y dijo: «He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas» (Éx. 24:8). De inmediato, después de haberse ratificado el pacto, los líderes de Israel (Moisés, Aarón, Nadab, Abiú y setenta ancianos) subieron al monte a encontrarse con Dios. Estos líderes no sólo vieron a Dios, sino que participaron con él en una comida relacionada con dicho pacto (Éx. 24:9–11).
Siglos después, Dios anunció por medio de Jeremías que haría un nuevo pacto con las casas de Israel y Judá (Jer. 31:31). Esta profecía se cumplió cuando Jesús, la noche que fue entregado, instituyó un nuevo pacto y participó en una comida con sus discípulos, comida que estaba relacionada con ese pacto.
» c. Secuencia. En los Evangelios de Mateo y Marcos, Jesús primero parte el pan y luego sirve el vino (Mt. 26:26–28; Mr. 14:22–24). Pero en el Evangelio de Lucas, primero toma la copa y se la entrega a los discípulos, y entonces parte el pan, para luego tomar la copa (Lc. 22:17–20). Esto se explica diciendo que, durante la comida de la pascua judía, los participantes bebían de cuatro copas a intervalos determinados. La tercera copa era conocida como «la copa de bendición», y con el tiempo la frase adoptó la categoría de fórmula técnica. Cristo instituyó la Santa Cena cuando presentó esta tercera copa.
Pablo escribe que él recibió de Jesús mismo la fórmula para celebrar la Cena del Señor (11:23–26). Según esta fórmula el partimiento del pan viene primero y después se bebe de la copa. Pero en el versículo 16 Pablo altera el orden porque quiere usar el concepto del pan como introducción al siguiente versículo, en el cual hace un paralelo entre un pan y un cuerpo.
- Significado. «La copa de bendición por la cual damos gracias». En este versículo Pablo usa el verbo griego eulōges (=bendecir), que se traduce de dos formas. La mayoría de las traducciones dan una traducción literal: «la copa de bendición que bendecimos» (RV60, cf. CI, NTT, BJ, CB, NC, NBE, LT, BP), mientras que la VP lee: «Cuando bebemos de la copa bendita por la cual damos gracias a Dios». Los que prefieren la segunda traducción, entienden el verbo a la luz de la cultura judía, por lo que creen que se trata de un acto de acción de gracias dadas a Dios. El verbo tiene una connotación teológica; debe entenderse en el sentido de dar gracias a Dios el Padre por la obra redentora que su Hijo hizo en favor nuestro. Cuando celebramos la comunión, expresamos nuestra gratitud a Dios.
Dios es quien concede bendiciones y nosotros somos quienes las recibimos, dándole gracias y alabanza. Cuando Jesús alimentó a la multitud, tomó pan y dio gracias a Dios el Padre. Cuando instituyó la Santa Cena, dio gracias antes de partir el pan (11:24; Lc. 22:19). De esta forma nos dejó un ejemplo para que también nosotros demos gracias al Padre por sus dones. De aquí se deriva el término eucaristía, el cual viene del verbo griego eujaristeō (=dar gracias). Eucaristía quiere decir gratitud o acción de gracias.
«La copa … ¿acaso no es participar en la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿acaso no es participar en el cuerpo de Cristo?» En este versículo aparece la palabra koinonia, que a veces se traduce por «acción de compartir» o «comunión». Aquí la hemos traducido por «participar en».44 Los creyentes participan en una relación vertical con Jesucristo. Tal como Pablo escribió anteriormente, tenemos comunión con el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo (1:9; véase también 1 Jn. 1:3). Pero los creyentes también tienen una relación horizontal unos con otros, tal como se evidenció en la comunión que los creyentes experimentaron unos con otros después de Pentecostés (Hch. 2:42). Estas relaciones verticales y horizontales se encuentran en la iglesia, porque los creyentes forman un cuerpo del cual Cristo es la cabeza (véase el v. 17; Ef. 5:23).
En este versículo, las palabras copa y pan significan participación en la sangre y cuerpo de Cristo. Esta participación hace que los creyentes reciban el favor de Dios en la forma de bendiciones espirituales y materiales maravillosas. Pero esta participación implica también la responsabilidad cristiana de obedecer a Cristo.
Al celebrar la Cena, los creyentes confiesan que están en una relación de pacto. «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre», son las palabras que Pablo recibió del Señor (11:25; Lc. 22:20). Lo mismo es cierto en cuanto al cuerpo de Jesús (11:24; Lc. 22:19). Hay un notable paralelismo en la forma en que las dos palabras copa y pan se explican.
copa = participación en la sangre de Cristo (10:16) ▬an = participación en el cuerpo de Cristo (10:16)
el nuevo pacto en mi sangre (11:25) ▬ mi cuerpo que es por vosotros (11:24)
» e. Conclusión. Pablo usa la primera persona plural en este y el siguiente versículo: «damos gracias … todos participamos». Esto no sólo apunta a Pablo y los otros apóstoles que administraban el sacramento de la comunión, ni se restringe a los ministros que sirven a la mesa del Señor, porque todos los creyentes que vienen a la mesa son los invitados del Señor, y él el anfitrión. Esta interpretación se hace evidente en el siguiente versículo.
San Mateo 26:26 al 28. (26:26-28) Cena del Señar: la Cena del Señor fue dada como una ordenanza permanente.
[1]. Fue mientras «ellos comían» la cena pascual que Cristo instituyó la Cena del Señor. Estaba reemplazando la pascua por la cena del Señor. La Cena del Señor es la nueva ordenanza de Dios para celebrar la libertad que Él da al hombre de la esclavitud y cadena del pecado (véase Estudio a fondo 1-Mt. 26:2).
[2]. En el eterno plan de Dios el cordero sacrificar usado en la pascua siempre había sido un cuadro anticipado del Cristo, el verdadero Cordero de Dios que sería sacrificado por el hombre. Al instituir la Cena del Señor durante la cena pascual, Cristo no solamente estaba uniendo su cena a la pascua, también se estaba proclamando a si’ mismo como el Cordero de Dios que sería inmolado por los pecados de los hombres (w. 27-28; cp. l Co. 5:7; Ap. l3:8).
[3]. Cristo instituyó la Cena del Señor antes de morir, no después de su resurrección. Esto es muy significativo. Significa que su muerte era voluntaria. No tenía que morir. Podía haberse escabullido saliendo de la ciudad y escapando, pero escogió entregar voluntariamente su vida por los pecados de los hombres. Por eso la Cena del Señor es la gran celebración del sacrificio voluntario del Hijo de Dios por el hombre. El pan partido y el vino ilustraban la disposición del Hijo de Dios de entregar su vida por los pecados del hombre.
Cristo instituyó la cena del Señor mediante cinco cosas.
[1]. Cristo tomó el pan, su cuerpo, dio gracias, lo partió y lo entregó a los discípulos (v. 26).
» a. Al tomar el pan en sus manos, Cristo estaba indicando que su muerte era un acto voluntario. Su destino lo tenía en sus propias manos.
«Así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas» (Jn. 10:15).
«Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre» (Jn. 10:17-18).
» b. Al dar gracias, Cristo estaba ofreciendo alabanza por la libertad y por una vida plena de provisión, una provisión que venía de Dios mismo.
» c. Al partir el pan, Cristo estaba diciendo que su cuerpo sería roto y sacrificado, como víctima por la liberación del hombre (Is. 53:5). Este acto fue tan significativo que a veces la iglesia primitiva llamaba la Cena del Señor «partimiento del pan» (Hch. 2:42, 46; l Co. 10:16). Bajo el Antiguo Testamento el pan partido ilustraba los sufrimientos de los israelitas. Ahora, bajo el Nuevo Testamento, el pan es símbolo de cuerpo partido de Cristo (1ª Co. 11:24).
«Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados» (Is. 53:5).
» d. Al repartir el pan y decir: «Tomad, comed, esto es mi cuerpo» Cristo estaba diciendo que Él debe ser recibido en la vida del hombre. Y ese momento de redención debe ser recordado en esta ordenanza (véase nota-Mt. 26:26).
«Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo» (Jn. 6:50-51).
[2]. Cristo tomó la copa, dio gracias, y la dio a los discípulos v. 27
» a. Al tomar la copa en sus propias manos, Cristo estaba enseñando otra vez que su muerte era voluntaria (cp. Jn. 10:11, 17-18).
» b. Al dar gracias, Cristo estaba expresando otra vez alabanza y aprecio por la liberación prometida mediante el sacrificio.
» c. Dando la copa y diciendo: «Bebed de ella todos», Cristo estaba diciendo otra vez que él tiene que llegar a ser parte de su mismo ser para ser librado. Note: la palabra «dio» (edoken) está en el tiempo griego aoristo lo que significa que Cristo dio la copa de una vez para siempre. Murió una vez, y solamente una vez.
«Sabiendo esto, que nuestro viejo fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirva más al pecado» (Ro. 6:6).
«Porque en cuanto murió, al pecado una vez por todas; más en cuanto vive, para Dios vive» (Ro. 6:10).
[3]. Cristo instituyó un nuevo pacto: el pacto del perdón (v. 28). Note las palabras exactas del Señor.
«Esto es mi sangre». Su sangre se convertiría en la señal y símbolo del nuevo pacto. Su sangre debía tomar el lugar del cordero sacrificial de la pascua
» b. «Del nuevo pacto». Su sangre, el sacrificio de su vida, estableció un Nuevo Testamento, un nuevo pacto entre Dios y el hombre (cp. He. 9:11-15). La fe en su sangre y sacrificio es la forma en que el hombre debe acercarse a Dios. Antes, bajo el Antiguo Testamento, la persona que quería una relación correcta con Dios se acercaba mediante el sacrificio de la sangre de un animal. El creyente del Antiguo Testamento creía que Dios le aceptaba en virtud del sacrificio del animal. Ahora, bajo el Nuevo Testamento, el creyente cree que Dios le acepta en virtud del sacrificio de (Cristo. Esto es lo que Cristo dijo: «Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados» (véanse Estudio a fondo 4-Mt. 26:28; cp. Ef. 1:7; 1 Jn. 2:1-2; He. 9:22). Los pecados del hombre son perdonados y entonces llega a ser aceptable a Dios creyendo que la sangre de Cristo fue derramada por él.
«Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo» (1 Jn. 2:1-2).
«El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente» (Jn. 6:54-58).
» c. Ahora note las palabras: «Bebed de ella todos». La persona tiene que recibirlo que Cristo ha hecho por él. Tiene que beber. absorber, asimilar la sangre de Cristo en su vida. Es decir, la persona tiene que creer y confiar en la muerte de Cristo para recibir el perdón de sus pecados. Tiene que permitir que la muerte de Cristo se convierta en su alimento. en la parte más íntima y en la energía y flujo de su vida.
San Juan 6:54 al 58 (6:54) Salvación, Resultados – Crecimiento: El primer resultado de recibir a Cristo, el Pan de vida, es la vida eterna.
Advierta tres cosas.
[1]. La palabra para “comer” (trogon) es diferente. Significa comer con voracidad, tomar trozos grandes, comer con placer. Es la imagen de tener hambre ante Cristo y ansiosamente querer alimentarse y comer de Él.
[2]. El tiempo verbal también es diferente. Es tiempo presente, lo cual significa acción continua. Una persona debe continuar comiendo y desarrollándose y creciendo en el hábito de comer de Cristo. La imagen es el crecimiento cristiano día tras día.
Ahora advierta este punto. Un creyente verdadero, un hombre que realmente recibe a Cristo, es un hombre que comparte continuamente con Él. Día tras día el hombre se deleitará en Cristo. Este es el hombre que tiene la promesa de la vida eterna, y la vida eterna incluye tres mayores cosas.
» a. Vida eterna y abundante.
» b. La conquista de la muerte (ver nota, Jn. 3: 14, 15).
» c. La resurrección (ver nota, Jn. 5:28-30).
“Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (Jn. 6:51).
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16).
(6:55) Satisfacción – Vida, Abundante: El segundo resultado de recibir a Cristo es la verdadera satisfacción, no la satisfacción falsa.
[1]. La palabra “verdadera” (alethes) significa real en oposición a falso. Las cosas del mundo no satisfacen ni llenan al hombre, no con una satisfacción verdadera. Los placeres y las satisfacciones mundanas son falsas y la satisfacción falsa no perdura, no en forma permanente, no con seguridad y confianza plena. Los placeres y las satisfacciones mundanas siempre dejan a los hombres con una sensación de vacío, de insatisfacción, de anhelo, de falta de seguridad y preguntándose si este mundo es todo lo que hay, preguntándose si no hay más en la vida que este mundo y las posesiones que tiene para ofrecer.
[2]. La verdadera satisfacción proviene de recibir a Cristo en la vida de uno y eso solo viene a través de Cristo. Esto es lo que quiere decir el Señor en este versículo. así como la vida real en la tierra proviene de comer y beber alimentos, así la vida real y abundante proviene de comer y beber a Cristo. Uno debe recibir a Cristo en el sentido más próximo, más íntimo, y más nutritivo para tener una vida verdadera, una vida que sea abundante y plena de…
- seguridad • amor • paciencia • fe • fuerza • garantía • gozo • cordialidad • mansedumbre • poder de decisión • confianza • paz • bondad • templanza • valor
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mt. 5:6).
“Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Jn. 4:14).
(6:56) Permanecer – Compañerismo – Cuidado – Providencia: El tercer resultado es el compañerismo sobrenatural y el ser cuidado. Esto se ve en la palabra “permanecer” (menei). Significa morar, continuar, permanecer, descansar en. Es fijo y determinado y permanece allí, continuando una y otra vez. Tal es el estado y la condición y el ser de la persona que recibe a Cristo. La persona recibe a Cristo en su ser, y Cristo entra en la vida de la persona y permanece en ella. La persona es tomada y ubicada en Cristo, esto es, ubicada con todos los otros creyentes en el cuerpo espiritual de Cristo. La persona permanece en Cristo incluso mientras Cristo permanece en ella. Esto, por supuesto, significa compañerismo con Cristo y la presencia de su cuidado y de su ojo vigilante al cuidamos.
“En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Jn. 14:20).
“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Jn. 15:4, 5).
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a si mismo por mí” (Gá. 2:20).
“A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Col. 1:27).
“Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él” (1 Jn. 3:24).
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Ap. 3.20).
(6:57) Propósito – Vida, Espiritual: El cuarto resultado de recibir a Cristo es una vida que está llena de propósito y significado. Este versículo trata con el propósito, el significado y la importancia.
[1]. Jesús dijo: “Yo vivo por el Padre”. Esto significa por lo menos dos cosas.
» a. Él vivía por el Padre, esto es, porque, debido al Padre. Su vida (en todo su propósito, significado e importancia) se debía al Padre.
» b. Él vivía para el Padre; es decir, que vivía para hacer la voluntad del Padre. El Padre lo “envió” a vivir a la tierra con un propósito específico. Su vida en todo su propósito, significado e importancia fue vivida para el Padre: para satisfacer la voluntad y la tarea del Padre.
[2]. El hombre que recibe a Cristo (“me come”) vive por Cristo. Comienza a vivir en todo el propósito, significado e importancia de la vida, puesto que aparte de Cristo no hay vida.
Nota: el tiempo está en presente, acción continua. Una persona debe continuar compartiendo, comiendo y deleitándose en Cristo para mantener su sentido de propósito y significado, para vivir real y abundantemente.
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gá. 2:20).
“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil. 1:21).
“Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal” (2 Co. 4:11).
[3]. Jesús llamó a Dios “el Padre viviente”.
“Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo” (Jn. 5:26).
“Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt. 16:16).
“¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (2 Co. 6:16).
(6:58) Vida – Jesucristo, Único Salvador: El quinto resultado de recibir a Cristo es el alimento incompatible dentro de nuestros corazones: energizar nuestras vidas por siempre. Cristo realizó un contraste fuerte, descriptivo.
=> El maná que comió Israel en el Antiguo Testamento vino de las nubes del cielo, pero no le dio vida a la gente. Todos murieron.
=> “Este [el Señor mismo] es el pan que descendió del cielo…el que come de este pan, vivirá eternamente”.
La idea es asombrosa: es el pan viviente, Cristo mismo, que energiza y da vida a un hombre para que viva eternamente. Cristo tiene la cualidad, el poder, la substancia para energizar al hombre y darle vida eterna. Él y solo Él tiene ese poder energizante.
“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Jn. 1:4).
“Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo” (Jn. s=26).
“Pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Ti. 1:10).
3er Titulo: Santa unidad entre los creyentes con el cuerpo de Cristo. Versículo 17. Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan. (Léase: San Juan 17:22 y 23. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. ▬ Romanos 12:5. así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.).
Versículo 17. Dado que hay un solo pan, aunque seamos muchos, somos un cuerpo, porque todos participamos de aquel solo pan.
» a. Traducciones. El texto griego mismo es sencillo, usando un vocabulario limitado e incluso repetitivo. Pero la simplicidad no es siempre sinónimo de claridad. La primera parte de este versículo se puede traducir de dos formas distintas: «Porque aun siendo muchos, un solo pan y cuerpo somos» (BJ, cf. VP), o «Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo». ¿Cuál es la diferencia?
En la primera traducción se suple la conjunción y que no aparece en el texto griego. Esta ausencia ya debería advertirle al traductor que no debería tomar los términos pan y cuerpo como sinónimos. Si se describe a los creyentes como pan, ¿cómo podrían participar del pan? Por consiguiente, preferimos la segunda traducción, pues con ella se evita la tautología.
» b. Conectivos. La conjunción causativa ya que une el versículo 17 al versículo precedente, donde Pablo discute la participación del creyente en el partimiento del pan de la comunión. El apóstol subraya que cada creyente participa de aquel solo pan. El comer pan juntos en una comida une a los participantes y crea un vínculo de unidad.
» c. Unidad. La iglesia en Corinto estaba compuesta por gentiles que habían llegado a ser creyentes y de judíos convertidos a la fe cristiana. Con todo, este grupo formaba un solo cuerpo. De tal manera que, Pablo puede decir: «aunque seamos muchos, somos un cuerpo». Indiferentes a las barreras raciales, eran uno en Cristo. Juntos todos ellos participaron del pan, cada vez que celebraron el servicio de comunión. Al participar de un solo pan, hoy los creyentes muestran que son un cuerpo y que pertenecen a la comunión. Este texto habla de la unidad que prevalece a nivel horizontal.
» d. Participar. En este versículo, Pablo usa dos veces conjunciones causales: «dado que» y «porque». Las dos oraciones «Dado que hay un solo pan» y «porque todos participamos de aquel solo pan», se refuerzan una a la otra. Ambas subrayan el significado de aquel solo pan. El cuerpo de creyentes participa de una substancia: pan. El participar en los elementos de la Cena del Señor descarta que algún miembro de la iglesia vaya a meterse en un festival pagano en el templo de un ídolo o que algún pagano se acerque a la mesa del Señor. Pablo subraya el hecho de que los creyentes participan de un solo pan con el fin de demostrar de que el cristianismo y el paganismo se excluyen uno al otro (véase el v. 21).
Consideraciones prácticas en 10:16–17
Algunas palabras griegas se han introducido en nuestro vocabulario y se usan a menudo para describir a las iglesias en forma descriptiva. Menciono sólo dos: «ágape» y koinonia. De manera que, encontramos la «congregación ágape» o «la comunidad koinonía». El primer título quiere decir que esa congregación practica el amor. El segundo es un tanto redundante, ya que koinonia quiere decir tener las cosas en común. ¿Por qué acudir a palabras extranjeras, si nuestra lengua tiene expresiones de suyo propias?
Con todo, no se debe minimizar el significado del término koinonia, porque es profundamente espiritual. Cuando el pastor da la bendición al final del culto, le pide a Dios que la comunión del Espíritu Santo sea con la congregación que parte a sus hogares (véase 2 Co. 13:14). Durante la comunión, los creyentes son invitados a la mesa del Señor, comen el pan y beben la copa, y así experimentan la comunión con Jesús su anfitrión (Mt. 26:26–28; 1 Co. 10:16; 11:23–25).
La comunión con Cristo es un elemento vital en la vida de toda congregación, y esta comunión se expresa en la unanimidad y unidad que el Espíritu Santo produce. En esta comunión, el individuo nunca está solo, sino que siempre recibe el auxilio y apoyo del resto de los creyentes. En la iglesia primitiva, los creyentes se reunían para tener comunión, ser instruidos por los apóstoles, para participar de la Santa Cena y orar (Hch. 2:42). Por cierto, Lucas nos describe la condición económica de los miembros de la iglesia: «no había ningún necesitado en la comunidad» (Hch. 4:34). Por tanto, la palabra comunión connota un sinnúmero de bendiciones materiales y espirituales para el pueblo de Dios
Juan 17:22 y 23: (17:22) Unidad: En primer lugar, Jesús solicitó que fuéramos uno. Esto es crucial, el imperativo que debe existir absolutamente entre los creyentes. Es el tema central de la oración de Jesús (vv. 11, 21, 22, 23). Los creyentes deben ser uno. Advierta exactamente lo que dijo Jesús.
[1]. La norma para la unidad es la unidad entre Jesús y su Padre. Los creyentes deben ser uno al igual que el Padre y el Hijo son uno. El mismo tipo de unidad que ellos tienen es la unidad que tiene que existir entre nosotros.
[2]. El propósito de la unidad es que el mundo pueda creer que el Padre envió a Jesús.
=> Dios envió a Jesús.
“Pero yo le conozco, porque de él procedo, y él me envió” (Jn. 7:29).
“Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió” (Jn. 8:42; cp. Jn. 6:38; 10:36).
=> Jesús vino para que los hombres pudieran tener vida
y tenerla en forma más abundante.
“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y
destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que
la tengan en abundancia” (Jn. 10:10).
“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y
cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a
condenación, más ha pasado de muerte a vida” (Jn. 5:24).
=> Un testimonio dividido confunde el tema y no puede mantenerse de pie, del mismo modo que una casa y un reino dividido no puede mantenerse de pie (cp. Mt. 12:25). No hay muchos mensajes ni muchos caminos a Dios. Hay un solo mensaje y un solo camino.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Jn. 3:16; cp. Ro. 5:8; 1 P. 2:24; 3:18).
“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6: cp. 1 Ti. 2:5; He. 8:6; 9:5, 24; 12:24; 1 Jn. 2:1).
Otro enfoque sobre lo que estaba diciendo Jesús es este. Los creyentes deben ser uno: estar unificados, de un espíritu y una mente al proclamar el mensaje central del evangelio.
=> Hay un único mensaje central: que Dios envió a Jesús “desde” el cielo al mundo.
[2] Hay una única solicitud para los hombres: creer que Dios envió a Jesús al mundo.
=> Hay una única misión: que los hombres sean uno solo (unificados) al proclamar el mensaje del glorioso evangelio.
Pensamiento 1: ¡Una tragedia terrible! Hay muchas voces proclamando mensajes tan diferentes, mensajes de…
- obras • normas y reglamentaciones • humanismo • ritual y ceremonia • moral • hermandad • denominacionalismo • falsos profetas • secularismo
[3]. La fuente de la unidad es la gloria de Dios, la misma gloria que poseyó Jesús. Es la gloria de Dios entregada a los creyentes lo que une a los creyentes y los hace uno con Jesús y su Padre y uno con cada uno. Cuando los creyentes experimentan la gloria de Dios se convierten en un ser, carácter y propósito. Sus vidas son dadas entre sí para ayudarse unos a otros.
- a ser la nueva criatura en que Dios los ha convertido.
- a vivir como deberían hacerlo las nuevas criaturas. santos, justos y puros.
- a proclamar el glorioso mensaje de que Dios ha enviado A su hijo al mundo,
(17:23) Unidad -Amar – Creyentes – Denuncia contra – Misión -Evangelismo: En segundo lugar, Jesús solicitó que los creyentes fueran perfeccionados en unidad, perfeccionados como un cuerpo. Esto acentúa sin duda alguna la absoluta necesidad de que los creyentes vivan en unidad. El mundo no ha sido alcanzado por Cristo, se han perdido millones porque los creyentes no han estado lo suficientemente unificados para penetrar el mundo con el evangelio. Esta es la terrible denuncia contra los creyentes. El problema por cierto no es Dios. Él está dispuesto y Él ama lo suficiente y tiene el poder suficiente como para usar a los creyentes a que alcancen todo el mundo. El problema es incuestionablemente los creyentes, y como Jesús lo señaló claramente en este versículo, el problema es el amor de los unos hacia los otros. La preocupación de Jesús es que seamos perfeccionados en uno.
Advierta dos cosas.
[1]. La fuente de unidad del creyente es la Presencia Interior de Cristo dentro de su vida. Advierta que Dios está en Cristo; por lo tanto, la presencia de Cristo en el creyente significa que Dios mora “en” el creyente. El creyente en realidad participa de la naturaleza divina de Dios (2 P. 1:4; Jn. 10:37-39; 14:10; 14:18-20; 14:23, 24).
“En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Jn. 14:20).
“Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Jn. 14:23).
“Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Jn. 17:23).
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a si mismo por mí” (Gá. 2:20).
“Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor” (Ef. 3:17).
“A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Col. 1:27).
“Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado” (1 Jn. 3:24).
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Ap. 3:20).
[2]. El propósito para una unidad perfeccionada es que el mundo pueda saber que Dios envió a Jesús al mundo para salvarlo. Ahora bien, advierta un punto significativo: hay una diferencia cada vez que Jesús ora por la unidad en este capítulo. Y cada diferencia o punto proclama un fuerte mensaje para el creyente.
Está…
- la unidad del nombre de Dios, o llamar el nombre de Dios para mantener alejados a los creyentes de un mundo dividido y su influencia (v. 11).
- la unidad del poder protector de Dios, o el llamado del poder de Dios para liberar a los creyentes de la maldad del mundo y del diablo (v. 15).
- la unidad del testimonio, que el mundo pueda creer que Dios envió a Cristo (ver notas, Jn. 3:32-34.). Creerán mediante un testigo unificado (v. 21).
- la unidad del amor, que el mundo pueda saber que Dios envió a Cristo. Lo sabrán a través de un amor unificado (v. 23).
Hay un mundo de diferencia entre una unidad de testimonio y una unidad de amor. El mundo puede llegar a creer en el evangelio por medio de un testimonio unificado de Cristo, pero la única forma en que el mundo puede llegar a conocer el evangelio es a través de un amor unificado entre los creyentes.
Advierta dos cosas.
» a. Que el mundo lo que más necesita es amor, una gran demostración de amor de una multitud masiva de personas (cp. l Co. 13:4-7). Piense acerca del enorme impacto que podríamos tener sobre el mundo si realmente estuviéramos unificados en amor.
» b. El amor necesitado entre los creyentes es un amor diferente al así llamado amor del mundo. El amor necesario es un amor de sacrificio que dará todo lo que es y tiene para ministrar a un mundo que está funcionando bajo el peso del hambre, las enfermedades y las masas agonizantes de personas. (Ver notas, Amor, Jn. 13:33-35; 21:15-17.)
“En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Jn. 3:16).
“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Jn. 13:34, 35).
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8).
ESTUDIO A FONDO 2
(17:23) Perfecto – Perfeccionado (telelos): La idea de perfección es la perfección del propósito. Tiene que ver con un fin, una meta, un objetivo, un propósito. Significa adecuado, maduro, plenamente crecido en una etapa de crecimiento en particular. Por ejemplo, un niño plenamente crecido es un niño perfecto; ha alcanzado la altura de la niñez, ha logrado el propósito de la niñez. La palabra “perfecto” no significa perfección de carácter, esto es, estar sin pecado. Es adecuación, madurez para la tarea y el propósito. Es desarrollo total, madurez de la divinidad. (Ver nota, Ef. 4:12-16; cp. Fil. 3:12; 1 Jn. 1:8, 10).
La Biblia revela tres etapas de perfección.
[1]. Perfección de salvación. La muerte de Cristo garantizó para siempre la perfección y redención de aquellos separados para Dios (He. 10:14).
[2]. Perfección progresiva o de madurez. Dios revela todo lo que es contrario a su propósito y se espera del creyente que lo limpie (Fil. 3: 13-15, esp. 15). La “santidad perfecta” (2 Co. 7:1) del creyente “ahora se perfecciona” (Gá. 3:3). Como miembro de la iglesia, el creyente está experimentando “la perfección de los santos” (Ef. 4: 12; Col.4:12; He. 13:21; Stg. 1:4; 1 Jn. 4:17, 18).
[3]. La perfección redentora o resucitada. El propósito y la meta del creyente es “alcanzar la resurrección de los muertos… [para que sean] perfectos” (Fil. 3:11, 12).
La idea del Señor es que el creyente maduro hará el bien y demostrará cordialidad a todos los hombres, tanto malos como buenos. Llega a la madurez de corazón cuando muestra amor a sus enemigos, así como también a sus amigos. El amor de Dios y de Cristo son el ejemplo para el creyente del amor perfeccionado (ver notas, Jn. 13:33-35; 21:15-17).
La imagen de la vida corporal de la Iglesia (Romanos 12:4–5)
La tendencia al orgullo y la vanidad es especialmente evidente con respecto a los dones que son más visibles (como la música, hablar o dirigir). Atraen mucha atención, por lo que fácilmente conducen al falso orgullo, especialmente en una comunidad tan grande como Roma. En los versículos 4–5, Pablo presenta una teología de los dones espirituales similar a la de 1 Corintios 12:12–26. La metáfora central es una de las imágenes más importantes de la iglesia, el cuerpo de Cristo. El cuerpo humano, así como el cuerpo de Cristo, se compone de “un solo cuerpo con muchos miembros, y no todos estos miembros desempeñan la misma función. El cuerpo es un mecanismo único, pero depende de que todos los miembros funcionen juntos para trabajar. Al mismo tiempo, cada miembro realiza una tarea diferente.
Si alguna de las partes del cuerpo intenta funcionar de una manera diferente a la establecida, el cuerpo queda lisiado.
Todos los miembros estamos destinados a “formar un cuerpo”, la iglesia, y trabajar juntos en unidad para hacerla funcionar. A medida que los miembros se unen como un solo cuerpo, “cada miembro está unido a todos los demás”, de modo que haya tanto unidad como diversidad en la iglesia. Dios no quiere que seamos individualistas duros, sino que pensemos en nosotros mismos como una parte diferente de un cuerpo. Verticalmente, pertenecemos a Cristo como parte de su cuerpo (1Co 6:19–20). Horizontalmente, nos pertenecemos el uno al otro. Este es el principio de diversidad y unidad: muchos miembros que forman un cuerpo y son interdependientes.
Nuestros “dones diferentes” son la forma en que nos unimos en un solo cuerpo, cada uno realizando un papel fundamental. Dado que a los ojos de Dios ningún don es más importante que otro, no hay lugar para el orgullo o para las iglesias que tratan a ciertos individuos dotados (¡por definición, cada creyente es un individuo dotado!) por encima de otros. La tendencia en muchas iglesias a hacer de su pastor un semidiós es un pecado grave. Ninguno de nosotros puede funcionar correctamente en la iglesia sin combinar cada uno de nuestros dones para la obra.
Estudios han demostrado que en una iglesia promedio, alrededor del 15–20 por ciento están activos en servir y apoyar a la iglesia. Si solo el 20 por ciento del cuerpo físico de una persona estuviera funcionando, sería prácticamente un vegetal. Nuestras iglesias están paralizadas por la falta de voluntad de tantos miembros para usar sus dones para ministrarse unos a otros (Ef. 4:12, 14). La clave es que todos reconozcamos que somos “muchos … pero un solo cuerpo en Cristo” y que vivamos como si así fuera. Solo en unión con él y entre nosotros podemos obtener la humildad y la fuerza para funcionar en unidad como parte del cuerpo de Cristo.
Semana del 19 al 25 de enero de 2026
Amén. Para la honra y gloria de Dios.
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Lección: 1ª de Samuel 29: 6 al 11. 6. Y Aquis llamó a David y le dijo: Vive Jehová, que tú has sido recto, y que me ha parecido bien tu salida y tu entrada en el campamento conmigo, y que ninguna cosa mala he hallado en ti desde el día que viniste a mí hasta hoy; más a los ojos de los príncipes no agradas. 7. Vuélvete, pues, y vete en paz, para no desagradar a los príncipes de los filisteos. 8. Y David respondió a Aquis: ¿Qué he hecho? ¿Qué has hallado en tu siervo desde el día que estoy contigo hasta hoy, para que yo no vaya y pelee contra los enemigos de mi señor el rey? 9. Y Aquis respondió a David, y dijo: Yo sé que tú eres bueno ante mis ojos, como un ángel de Dios; pero los príncipes de los filisteos me han dicho: No venga con nosotros a la batalla. 10. Levántate, pues, de mañana, tú y los siervos de tu señor que han venido contigo; y levantándoos al amanecer, marchad. 11. Y se levantó David de mañana, él y sus hombres, para irse y volver a la tierra de los filisteos; y los filisteos fueron a Jezreel.
Comentario general del contexto Bíblico: Los filisteos rechazan a David, 29:1–11. Este capítulo suple una información por vía de paréntesis. No sigue el capítulo anterior cronológicamente, porque aquí los filisteos todavía se encuentran en su marcha hacia el norte. Y se reúnen en Afec para pasar revista al ejército. Están a casi 70 km. distante de Gilboa todavía. Puesto que Aquis y sus soldados con David y su ejército estaban en la retaguardia, habían pasado hasta aquí inadvertidos. Pero ahora los príncipes o comandantes de los filisteos se asustan viendo a David y sus hombres. Les llaman “hebreos”, palabra usada en 1 Samuel siempre por los filisteos al referirse a Israel. Se usa por primera vez en la Biblia en Génesis 14:13 refiriéndose a Abraham. Puede venir del nombre de su antepasado Heber (Gén. 10:24, 25), aunque la raíz de la palabra es cruzar o venirse de más allá. En 1 Samuel 31:7 por ejemplo, las palabras “al otro lado” traducen una sola palabra. Se refiere entonces a uno que ha venido de afuera o que cruzó el río. Abraham salió de su lugar por fe sin saber a dónde iba (Heb. 11:8). Nosotros podemos relacionarnos con Abraham en este sentido. También hemos salido del mundo antiguo y buscamos una ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
Los príncipes de los filisteos llaman a David nuestro enemigo (v. 4). La palabra heb. aquí es satán, que quiere decir adversario. Le miran esencialmente como una persona non-grata. De hecho, dice Aquis en el v. 6 que para ellos David no es trato (lit. “no es bueno”). Y por lo tanto, no se le permitirá ir (lit. “descender”) con ellos a la batalla (v. 4). Aquí piensan bajarse al valle de Jezreel o Meguido al campo de batalla. Más adelante en el v. 9 dicen: que no vaya a la batalla con nosotros y la palabra lit. es “ascender a la batalla”. En otras palabras, no sólo sería excluido del campo de batalla, pero no querían que David y sus hombres subieran a Afec. Ellos no querían que él estuviera dentro de 70 km. del campo de batalla.
El motivo de su gran desconfianza fue doble. En primer lugar, David tenía fama de haber matado a muchos filisteos (v. 5). ¿Qué mejor manera de congraciarse con Saúl que matando más filisteos? Ellos soportaban su presencia en Siclag, pero no podían tolerarle de cerca. A esta altura podemos ver como esta decisión vino de Dios.
La conversación entre David y Aquis (vv. 6–10) demuestra el alto aprecio que el filisteo de Gat te-nía por David. Cuando jura por Jehovah que David había sido recto, se puede pensar que el rey había confiado ya en Dios por el testimonio de David. Pero es más probable que invocó el nombre de Jehovah, tan estimado por David, para afirmar con más seriedad la verdad de su declaración. Lo hizo para demostrarle a David que hablaba en serio. La LXX añade al v. 10 la frase: “Id al lugar que te señalé y ninguna palabra pestilente atesores en tu corazón porque eres bueno a mis ojos.” Se supone que Aquis se refiere aquí a las palabras de los príncipes amonestándole a David que él no debería guardar en amargura o atesorar en su corazón de manera amarga. La objeción de David es breve y a la vez capciosa (v. 8). A través del pasaje el término “su señor” tiene que referirse a Saúl. Ahora David habla de luchar contra los enemigos de mi señor el rey. Aquis lo hubiera entendido como refiriéndose a él mismo. Pero la frase nos deja con la posibilidad de que David se refiriera sigilosamente a Saúl. No tenemos cómo saber realmente que es lo que iba concibiendo en su mente, pero lo seguro es que David no hubiera entrado en una situación tan trascendente sin un plan.
De cualquier manera, no fue necesario un plan puesto que los filisteos le hicieron regresar. Y puesto que “Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que le aman”, David y sus hombres llegaron en buena hora a Siclag. Si hubiera demorado más, todo se hubiera perdido. ¿Podemos dudar que Dios es soberano? Como dice el himno que compuso Cowper en 1774: “Dios obra por senderos misteriosos, Las maravillas que el mortal contempla, Sus plantas se deslizan por los mares, Y atraviesa el espacio en la tormenta.” Y sigue la estrofa diciendo: “En el abismo de insondables minas, Con infalible y eternal destreza. Atesora sus fulgidos designios, Su soberana voluntad despliega.” De igual manera Dios obra en la vida nuestra y prueba su amor a nosotros de mil maneras cada día.
Buen testimonio ante Dios y los hombres: Un buen testimonio ante Dios y los hombres se define por una vida de integridad, amor y fidelidad al evangelio, reflejando las acciones y el carácter de Cristo en lo diario, desde el hogar hasta la comunidad, siendo un ejemplo vivo de la verdad de Dios que inspira a otros y honra a Jesús, no a uno mismo, en palabras y hechos.
¿Cómo se manifiesta un buen testimonio?
Integridad y Vida Transformada:
Corazón Conectado a Dios: Una relación genuina y sincera con Dios es la base.
En el Hogar: Mostrar el carácter de Dios con la familia, siendo un ejemplo de cómo vive Cristo en casa.
Lucha contra el Pecado: Tomar la decisión de no ceder ante el mal, viviendo «intacto» y honrando a Dios en lo privado y público.
Carácter Transformado: Ser manso, humilde y evitar la ira, reflejando a Jesús.
Fidelidad y Verdad:
Fidelidad a la Verdad: Ser coherente entre lo que se dice y lo que se hace.
Testimonio de Jesús: Hablar y vivir lo que Cristo hizo y sigue haciendo en la vida, no glorificarse a uno mismo.
Amor y Servicio a los Demás:
Amar al Prójimo: Demostrar amor hacia todos, incluso hacia los débiles y necesitados, buscando salvar a algunos.
Ejemplo Relevante: Que las acciones sean un reflejo concreto y útil del evangelio en el contexto de cada uno.
La Perspectiva Bíblica
Proverbios 3:4-5: Habla de hallar gracia y buena opinión «ante los ojos de Dios y de los hombres» al confiar en Él.
2 Timoteo 1:8: Anima a no avergonzarse de dar testimonio de Jesús y sufrir por el evangelio.
Juan 8:17-18: Jesús mismo dice que Él y el Padre dan testimonio de Él.
En resumen, un buen testimonio es vivir de tal manera que tu vida sea un reflejo audible y visible de quién es Dios y lo que ha hecho, inspirando a otros a buscar la verdad a través de tu ejemplo
Pensamiento: «Entonces la mujer dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca». (1 Reyes 17.24)
El creyente debe tener un buen testimonio. Dios hace un cambio en nuestras vidas el día en que creímos, ya no andamos como andábamos antes ni practicamos las mismas cosas que practicábamos cuando estábamos sin Cristo. El apóstol Pablo nos habla que el creyente debe tener un buen testimonio delante de la iglesia (otros creyentes), del mundo (los incrédulos) y delante de Dios. Elías era un hombre de buen testimonio, sin embargo, como también les ha ocurrido a muchos creyentes, su buen testimonio reflejaba la maldad y el pecado en el pueblo de Israel, especialmente en su líder, Acab, quien fue un rey malvado y apartado de Dios. Por eso que Acab y Jezabel encargaron de poner a Elías con una muy mala reputación culpándolo de todo lo que le estaba aconteciendo a la nación. ¿Sería que la mujer que había ayudado a Elías tenía este mismo concepto de él? Cuando su hijo muere ella le reclama a Elías, como si fuera culpándolo a él por la muerte de su hijo. Elías pudo haberse puesto a debatir sobre si ella tenía razón o no, pero en lugar de eso él decidió hacer algo por ella, entrando en el cuarto y orando por su hijo. Dios contestó su oración y el muchacho resucitó. Es entonces que ella le dice: “Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca”. Ella debió haberlo sabido, pero fue cuando Elías hizo esta buena obra que ella abrió los ojos para darse cuenta de que Elías era un verdadero hombre de Dios. Cuando nos ocupamos en buenas obras estamos mostrando el mismo carácter de Dios y otros se darán cuenta que somos verdaderos cristianos.
Las personas en el mundo, cuando un cristiano peca, ellos generalizan y piensan que todos los cristianos somos así, hipócritas y de mal testimonio. Si nosotros entendiéramos el impacto de un mal comportamiento nuestro, tuviéramos más cuidado con nuestro andar. Muchas veces no medimos la consecuencia de nuestros hechos y el impacto que tienen sobre el testimonio del evangelio. Ocupémonos en buenas obras, tengamos un buen testimonio. Como nos enseña Pedro en su epístola “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras” (1 Pedro 2:11-12. Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.).
1er Titulo: Ejemplo de conducta e integridad como hijo de Dios. Versículos 6 y 7. Y Aquis llamó a David y le dijo: Vive Jehová, que tú has sido recto, y que me ha parecido bien tu salida y tu entrada en el campamento conmigo, y que ninguna cosa mala he hallado en ti desde el día que viniste a mí hasta hoy; más a los ojos de los príncipes no agradas. Vuélvete, pues, y vete en paz, para no desagradar a los príncipes de los filisteos. (Léase: Proverbios 20:11. Aun el muchacho es conocido por sus hechos, Si su conducta fuere limpia y recta. ▬ Tito 2:7 y 8. presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros.).
Integridad: Un hijo de Dios vive con integridad siendo coherente entre sus creencias y acciones, reflejando a Jesús al ser honesto, obediente a la voluntad divina, y fiel a sus principios incluso si le cuesta, actuando con amor y verdad en todas las circunstancias, buscando siempre hacer lo correcto y ser un ejemplo para los demás.
En el antiguo testamento, la palabra hebrea traducida «integridad» significa «la condición de ser intachable, integridad, perfección, sinceridad, sensatez, rectitud, moralidad». Integridad en el nuevo testamento significa «honestidad y la adhesión a un patrón de buenas obras».
Jesús es el ejemplo perfecto de un hombre íntegro. Después de haber sido bautizado fue al desierto para ayunar durante cuarenta días y cuarenta noches, tiempo durante el cual Satanás vino a Él en su momento más débil para tratar de destruir Su integridad y corromperlo. Jesús fue ciento por ciento hombre y ciento por ciento Dios a la vez, y fue tentado en todo como nosotros, pero nunca pecó (Hebreos 4:15); esa es la definición de integridad. Jesús es el único que nunca pecó, perfecto, totalmente veraz y siempre mostrando un modelo de buenas obras.
Los cristianos están llamados a ser como Jesús. En Cristo, somos nuevas criaturas y podemos ser considerados sin mancha delante de Dios (2 Corintios 5:17, 21; Efesios 1:4-8). En Cristo, también tenemos la permanencia del Espíritu Santo obrando en nosotros, santificándonos y haciéndonos más como Jesús (Romanos 8:29; 2 Corintios 3:18). También debemos esforzarnos como dice en el libro de Filipenses: «ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Filipenses 2:12-13). Es por el poder de Dios que somos cada vez más personas de integridad. Estamos llamados a obedecer a Dios, y, al hacerlo, somos personas con una moralidad e integridad intacta. Los cristianos deben ser aquellos que se adhieren a la verdad y que hacen buenas obras.
La «integridad» en nuestro mundo de hoy implica la incorruptibilidad moral. Los cristianos debemos ser aquellos que no podemos ser sobornados o que estamos en entredicho, porque servimos a Dios antes que a los hombres (Colosenses 3:17, 23; Hechos 5:29). Debemos ser personas que cumplimos nuestra palabra (Mateo 5:27; Santiago 5:12). Estamos para amar a quienes nos rodean, tanto de palabra como de hecho (1 Juan 3:17-18; Santiago 2:17-18; Efesios 4:29). Estamos llamados a creer en Dios y, por consiguiente, a seguirlo en todos nuestros caminos (Juan 6:19; 15:1-17). Nuestras vidas deben alinearse con nuestra creencia en Dios y evidenciar una confianza de que Sus caminos son los mejores (Proverbios 3:5-6).
Es todo un desafío vivir con integridad en un mundo donde los corruptos parecen ser favorecidos, por no mencionar nuestra batalla con nuestra propia naturaleza pecaminosa. Primera de Pedro 3:13-18 nos da esta exhortación: «¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien? Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo. Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal. Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu». Vivir con integridad es seguir el ejemplo de Cristo. Y sólo podemos vivir con verdadera integridad por medio de Su poder, que bondadosa y libremente da a los que son suyos (Juan 16:33; Filipenses 1:6; Efesios 1:13-14).
2° Titulo: Importancia de comprender el plan de Dios en todo tiempo. Versículos 8 al 10. Y David respondió a Aquis: ¿Qué he hecho? ¿Qué has hallado en tu siervo desde el día que estoy contigo hasta hoy, para que yo no vaya y pelee contra los enemigos de mi señor el rey? Y Aquis respondió a David, y dijo: Yo sé que tú eres bueno ante mis ojos, como un ángel de Dios; pero los príncipes de los filisteos me han dicho: No venga con nosotros a la batalla. Levántate, pues, de mañana, tú y los siervos de tu señor que han venido contigo; y levantándoos al amanecer, marchad. (Léase: Job 10:1 al 3. Está mi alma hastiada de mi vida; Daré libre curso a mi queja, Hablaré con amargura de mi alma. Diré a Dios: No me condenes; Hazme entender por qué contiendes conmigo. ¿Te parece bien que oprimas Que deseches la obra de tus manos Y que favorezcas los designios de los impíos? ▬ Romanos 8:28. Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.).
Comprender el plan de Dios en todo momento es crucial para encontrar propósito, paz y guía, ya que alinea nuestras vidas con sus propósitos superiores, ofreciendo felicidad eterna a través de la fe en Jesucristo y sus enseñanzas, ayudándonos a superar pruebas, tomar decisiones sabias y tener esperanza en un futuro lleno de paz, no de maldad.
¿Cuál es la clave para conocer verdaderamente a Dios?
Dentro de todos nosotros existe un fuerte deseo de ser conocidos y de conocer a los demás. La Persona más importante para conocer es nuestro Creador. De hecho, Jesús enseñó que la vida eterna no es solo un lapso; es una relación: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado» (Juan 17:3).
La clave para conocer verdaderamente a Dios se encuentra en lo que Dios ha revelado sobre Sí mismo en la Biblia. Él quiere ser conocido (ver Hechos 17:27). El problema es nuestra pecaminosidad. Todos somos pecadores (Romanos 3), y no alcanzamos el nivel de santidad requerido para estar en comunión con Dios. Hemos «la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles» (Romanos 1:23). Por eso, para conocer verdaderamente a Dios, primero debemos reconocer nuestro pecado y arrepentirnos de él (ver Hechos 3:19).
Al apartarnos del pecado, debemos acudir a Jesucristo, el único Salvador del pecado. Solo en Jesús está la salvación (Hechos 4:12). Recibimos a Jesús por la fe: «Pero a todos los que lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios» (Juan 1:12). La muerte y resurrección de Jesús proveyeron el perdón de nuestros pecados, y solo Él es el camino al conocimiento personal de Dios: «Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí» (Juan 14:6).
Jesús nos reveló quién es Dios, así que para conocer a Dios debemos mirar a Jesús: «El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre. . .. ¿No crees que Yo estoy en el Padre y el Padre en Mí?» (Juan 14:9-10; cf. Juan 17:6). Cada obra que Jesús hizo fue en obediencia al Padre celestial (Juan 5:19). Cada palabra de Jesús procedía directamente del Padre (Juan 12:49). Para conocer a Dios, debemos conocer a Jesús.
Otro ingrediente clave para conocer verdaderamente a Dios es leer la Biblia, la Palabra de Dios. En la Biblia tenemos la revelación de Dios de Su carácter, Sus promesas y Su voluntad. Es a través de la Biblia que sabemos que Dios es «un Dios compasivo y lleno de piedad, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad» (Salmo 86:15). Por la Biblia sabemos que Dios es «poderoso y temible que no hace acepción de personas ni acepta soborno» (Deuteronomio 10:17). Por la Biblia sabemos que Dios es «el Rey eterno, inmortal, invisible», digno de «honor y gloria por los siglos de los siglos» (1 Timoteo 1:17).
El verdadero conocimiento de Dios también viene a través de nuestro compromiso de obedecer lo que leemos en las Escrituras. Hemos sido salvos para buenas obras (Efesios 2:10) y, al obedecer al Señor, formamos parte del plan de Dios de seguir revelándose al mundo. Somos sal y luz en esta tierra (Mateo 5:13-14), diseñados para llevar el sabor de Dios al mundo y servir como una luz resplandeciente en medio de las tinieblas. Jesús mismo dio la máxima importancia a amar a Dios con todo lo que somos y a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22:37-40).
Estas son las claves para conocer verdaderamente a Dios. Por supuesto, aquellos que conocen a Dios también estarán comprometidos con la oración, la comunión con otros creyentes, la adoración sincera y el caminar en el Espíritu. Jesús enseñó a Sus discípulos acerca del Espíritu Santo, contrastando la ignorancia del mundo acerca de Él con el conocimiento de los discípulos: «el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni lo ve ni lo conoce, pero ustedes sí lo conocen porque mora con ustedes y estará en ustedes» (Juan 14:17). Por el Espíritu de Dios tenemos la «adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!. El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios» (Romanos 8:15-16). Por medio de Cristo y del Espíritu Santo que mora en nosotros, nuestras vidas pueden llenarse de Dios, y podemos experimentar el gozo de conocerle de verdad.
3er Titulo: Obedeciendo a lo ordenado. Versículo 11. Y se levantó David de mañana, él y sus hombres, para irse y volver a la tierra de los filisteos; y los filisteos fueron a Jezreel. (Léase: Proverbios 12:15. El camino del necio es derecho en su opinión; Mas el que obedece al consejo es sabio. ▬ 1ª de Pedro 2:13 y 14. Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien.).
«Obedeciendo a lo ordenado» significa cumplir y ejecutar las instrucciones o mandatos de una autoridad, ley, regla o persona con poder, mostrando sumisión, respeto y acatamiento a dichas directrices, lo cual es fundamental para la disciplina, la integración social y el funcionamiento de estructuras como el ejército, la familia o la vida religiosa, aunque jurídicamente puede existir el concepto de «obediencia debida» ante órdenes manifiestamente ilegales**.
La obediencia en la Biblia: es un pilar fundamental, entendida no como una sumisión legalista, sino como una expresión de amor y fe hacia Dios, reconociendo Su autoridad y el corazón transformado por el Espíritu Santo, siendo Jesús el ejemplo supremo de obediencia, incluso hasta la muerte en la cruz, enseñando a amar a Dios y al prójimo. Implica seguir los mandamientos de Dios (la «ley de Cristo») y las autoridades justas, trayendo bendición y crecimiento espiritual, y se manifiesta en la vida diaria a través de actos de amor y servicio, no solo en rituales externos.
¿Qué dice la Biblia sobre la obediencia?
La Biblia tiene mucho que decir sobre la obediencia. De hecho, la obediencia es parte esencial en la fe cristiana. Jesús mismo fue «obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Filipenses 2:8). Para los cristianos, el hecho de tomar nuestra cruz y seguir a Cristo (Mateo 16:24) significa obediencia. La Biblia dice que debemos mostrar nuestro amor a Jesús obedeciéndole en todo: «Si me amáis, guardad mis mandamientos» (Juan 14:15). A un cristiano que no obedece los mandatos de Cristo podemos preguntarle con toda razón: «¿Por qué me llamáis, Señor y no hacéis lo que yo digo?». (Lucas 6:46).
La obediencia se puede definir como «el cumplimiento obediente o sumiso de los mandatos de quien tiene autoridad». Con esta definición, observamos los elementos de la obediencia bíblica. «Obediente» significa que nuestra obligación es obedecer a Dios, así como Jesús cumplió Su deber con el Padre al morir en la cruz por nuestro pecado. «Sumiso» indica que cedemos nuestra voluntad a la de Dios. «Mandatos» habla de las Escrituras en las que Dios ha delineado claramente Sus instrucciones. La «autoridad» es Dios mismo, cuya autoridad es total a la vez es inequívoca. Para el cristiano, la obediencia significa cumplir con todo lo que Dios ha ordenado. Es nuestro deber hacerlo.
Habiendo dicho esto, es importante recordar que nuestra obediencia a Dios no es únicamente un asunto de deber. Le obedecemos porque le amamos (Juan 14:23). También entendemos que el espíritu de obediencia es tan importante como el acto de obediencia. Servimos al Señor con humildad, sencillez de corazón y amor.
Asimismo, tenemos que cuidarnos de enmascarar un corazón pecaminoso con un velo de obediencia. Vivir la vida cristiana no consiste en cumplir reglas. Los fariseos de la época de Jesús perseguían incansablemente los actos de obediencia a la Ley, pero se convirtieron en santurrones, creyendo que merecían el cielo por lo que habían hecho. Se consideraban dignos ante Dios, quien les debía una recompensa; sin embargo, la Biblia nos dice que, sin Cristo, incluso nuestras mejores y más justas obras son como «trapos de inmundicia» (Isaías 64:6). A la obediencia externa de los fariseos todavía le faltaba algo, y Jesús desenmascaró la actitud de su corazón. Sus vidas se caracterizaban por su hipocresía al obedecer la «letra de la ley» al tiempo que violaban el espíritu de esta misma, y Jesús los reprendió duramente: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que, por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad» (Mateo 23:27-28). Los fariseos eran obedientes en algunos aspectos, pero «descuidaban los asuntos más importantes de la ley» (Mateo 23:23).
Hoy no estamos llamados a obedecer la ley de Moisés. Eso se ha cumplido en Cristo (Mateo 5:17). Debemos obedecer la «ley de Cristo», la cual es una ley de amor (Gálatas 6:2; Juan 13:34). Jesús declaró el mayor mandamiento de todos: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas» (Mateo 22:36-40).
Si amamos a Dios, le obedeceremos. No seremos perfectos en nuestra obediencia, pero nuestro deseo es someternos al Señor y mostrar buenas obras. Cuando amamos a Dios y le obedecemos, naturalmente tenemos amor por los demás. Cuando obedecemos los mandatos de Dios, nos convertimos en luz y sal en un mundo oscuro e insípido (Mateo 5:13-16).
Amén, para la honra y gloria de Dios.
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LECTURA B1BLlCA: 1ª A LOS CORINTIOS 10:11 AL 14. Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. 12. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. 13. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. 14. Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.
Comentario general del contexto Bíblico: (10:11 al 13) Tentación: N0 hay forma de que este elemento sea equivoco, debemos recibir la amonestación. Las cosas que les sucedieron a los creyentes de Israel constituyen ejemplos y amonestaciones para nosotros. Debemos prestarles atención por tres razones:
▬ 1. El fin o clímax del mundo (de los siglos) ha venido sobre nosotros. Desde Cristo, los creyentes están viviendo en la última era o periodo de la historia de la humanidad. Esto sencillamente quiere decir que Jesucristo es la revelación final de Dios, de la {mica manera que Dios volverá a lidiar con los hombres. Ahora los hombres deben acercarse a Dios por fe en Cristo.
Esta era es lo que se conoce como la era de gracia, donde la gracia es la forma en la que ahora Dios lidia con los hombres. La era de Cristo o de gracia es la última era de la historia de la humanidad. Por consiguiente, como estamos viviendo en la última era, debemos prestarle atención al ejemplo de amonestación de Israel.
▬ 2. Una persona puede caer, fundamentalmente si comienza a pensar que esta firme, es decir, si comienza a sentirse salva y segura. Observe este versículo, porque constituye una amonestación directa que por lo general se descuida o ignora: “Así que, el que piensa estar firme [es salvo y esté seguro], mire que no caiga”.
“A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola” (Lc. 18:9).
“Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo” (1 Co. 8:2).
“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Co. 10:12).
“Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña” (Ga. 6:3).
“Muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad, pero hombre de verdad, ¿quién lo hallará?” (Pr. 20:6).
“El que confía en su propio corazón es necio; más el que camina en sabiduría será librado” (Pr. 28:26).
“Oye, pues, ahora esto, mujer voluptuosa, hi que estas sentadas confiadamente, tú que dices en tu corazón Yo soy, y fuera de mí no hay más; no quedaré viuda, ni conoceré orfandad… Porque te confiaste en tu maldad, diciendo: Nadie me ve. Tu sabiduría y tu misma ciencia te engañaron, y dijiste en tu corazón Yo, y nadie más” (Is. 47:8, 10).
▬ 3. Hay una forma de salir de la tentación, pero para salir de la tentación el creyente debe saber tres grandes verdades:
» a. Toda tentación es común para el hombre (anthropinos). La palabra significa una tentación humana que azota el estado del hombre. Esto es una promesa sorprendente. Analícelo.
Ninguna tentación. . .
- es sobrehumana
- es única
- está mas allá de la capacidad del hombre para manejarla
- es aterradora en ningún sentido de la palabra
Toda tentación que ataca al creyente es común para todos los hombres. Todos los hombres se enfrentan a la misma tentación. Esto significa algo maravilloso “Algunos hombres ya lo han superado”. Si, muchos cayeron, cedieron ante la tentación; pero algunos demostraron la voluntad y la energía para superarlo.
» b. Dios es fiel: Él pone limite a la tentación. El no permite que un creyente le haga frente a una tentación que…
- sea demasiado seductora • sea demasiado fuerte • sea demasiado agradable • que recompense demasiado el ego • sea demasiado atrayente • que proporcione demasiada satisfacción • sea demasiado exaltadora • sea demasiado estimulante • sea demasiado atractiva • recompense demasiado • sea demasiado prometedora • sea demasiado excitante
Dios sabe lo que nosotros podemos soportar y cuento podemos soportar; por consiguiente, Él le pone limite a cada una de las tentaciones dentro de nuestros límites para superarlas. Dios es fiel.
“Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor” (1 Co. 1:9).
“Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones” (Dt. 7:9).
“Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él. Locamente has hecho en esto; porque de aquí en adelante habrá más guerra contra ti” (2 Cr. 16:9).
“Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia, y tu fidelidad alcanza hasta las nubes” (Sal. 36:5).
“Las misericordias de Jehová cantaré perpetuamente; de generación en generación haré notoria tu fidelidad con mi boca” (Sal. 89:1).
“Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus a las estaréis seguro; escudo y adarga es su verdad” (Sal. 91:4).
» c. Dios provee una salida. El siempre deja una salida, una forma de salir de la tentación. E1 siempre nos da la fuerza y la energía para atravesar y salir de la tentación de lo contrario para volverle la espalda y huir de ella.
“He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará” (Lc. 10:19).
“Y el Dios de paz aplastara en breve a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros” (R0. 16:20).
“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejaré ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podéis soportar” (1 Co. 10:13).
“Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (He. 2:18).
“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huira de vosotros” (Stg. 4:7).
“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su tr0n0” (Ap. 3:21).
“El camino del perezoso es como seto de espinos; más la vereda de los rectos, como una calzada” (Pr. 15:19).
“Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda” (Is. 30:21).
“Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían. les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé” (Is. 42:16).
“Así dice Jehová, el que abre camino en el mar, y senda en las aguas impetu0sas” (Is. 43:16).
(10:14) Idolatría: Huyan de la idolatría (1ª Co. 8: 1-13 como antecedente para este pasaje). Se da la orden por una razón muy real: “La mayoría de las personas están adorando a algún Dios que no es el Señor Dios mismo”. La palabra idolatría (eidololatrias) quiere decir tanto la idolatría de falsos dioses como el fracaso de llevar una relación adecuada con Dios. Cualquier persona que no adore a Dios esta adorando a algún ídolo, y casi todo en la tierra puede convertirse en un ídolo y consumir el corazón y la pasión del hombre…
- el yo • el negocio • el sexo • la familia • los deportes • el conocimiento • las posesiones • la religión • el poder
Desde el punto de vista práctico, un ídolo es cualquier cosa que consuma la mente, el corazón, el alma y el cuerpo de una persona. Un ídolo es aquello a lo que una persona se entrega.
=> Algunas personas se entregan a algún propósito o posesión en la tierra o son consumidas por estas.
=> Otras personas se entregan a sí mismas y oran a su propia idea de Dios; es decir, al Dios que ellas se imaginan en su propia mente. (Esta es realmente la adoración de muchas personas en sociedades industrializadas.) Tienen un concepto de Dios y adoran ese concepto. Escogen su propio concepto de Dios y no el del Dios vivo y verdadero que se revelo a sí mismo en Cristo y en las Sagradas Escrituras.
=> Aun así otras personas se entregan y le oran a algún ídolo, foto o imagen que ellas han creado o comprado. (El ídolo puede representar a algún dios o ser considerado Dios mismo.)
A partir de esto, se ve claramente que la mayoría de los hombres son idolatras, porque la mayoría de los hombres son consumidos por algo que no es el propio Dios. Rechazan al Dios vivo y verdadero, Jehová, que se ha revelado a sí mismo en Jesucristo y en las Sagradas Escrituras.
La iglesia de Corinto enfrentaba el problema de la idolatría dentro de ella. Algunos de sus miembros estaban realmente asistiendo a reuniones sociales celebradas en salones de banquetes de templos idolatras y en las casas donde las imágenes de los ídolos estaban colocadas en un prominente lugar para cuidar de la familia. Tales reuniones comprendían matrimonios, asuntos de negocio e incluso comidas y fraternidad diarias en la casa del prójimo.
¿Tenían razón los miembros de la iglesia al asistir a estas reuniones o estaban siendo un poco flexibles con su libertad cristiana? ¿Cuál debía ser la actitud y posición de la iglesia? Pablo ya había lidiado con este asunto con detenimiento. Sin embargo, tenía tanta importancia que necesitaba que se reforzara para que el asunto quedara solucionado inequívocamente
La orden es fuerte: Huyan de la idolatría. Vuélvanle la espalda y huyan de ella. No le den la espalda lentamente y se alejen de ella, sino que sean rápidos en volverle la espalda y sean rápidos en alejarse de ella.
Pensamiento 1. Piensen un momento. Si debemos huir de los ídolos, ¿hacia quién corremos? Hacia Dios, por
supuesto. Esta realidad enfatiza un elemento crucial. La única manera de huir de la idolatría es quedarse cerca de Dios. Nuestro corazón es consumido igualmente por Dios o por alguien o algo. Alguien o algo cuenta con nuestra atención y lealtad: ya sea Dios o alguna otra persona o cosa.
Se hace la exhortación a que huyan de la idolatría. Sean hombres sabios; juzguen la fuerza del siguiente argumento (v. 15).
Nota del expositor: «El joven cristiano debe considerar las tristes consecuencias que sufrió Israel cada vez que cedió a la tentación y peco severamente delante de Dios debido u su arrogancia y altivez de corazón».
1er Titulo: Ejemplos del pasado que el creyente de hoy debe considerar. Versículo 11. Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. (Léase: Romanos 15:4. Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que, por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. ▬ 2ª de Pedro 1:12. Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente. ▬ 1ª de Juan 5:13. Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.).
Romanos 15:4. (15:4) Escrituras—-estudio: en una iglesia fuerte, cada uno leía las Escrituras. Este es un gran versículo acerca del propósito de las Santas Escrituras. En términos sencillos, nos dice por qué Dios nos dio la Biblia.
▬ 1 Las Escrituras fueron dejadas para nuestra enseñanza (didaskalian): instrucción, dirección, orientación.
«Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre» (Jn. 20:31).
«Y éstos eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así» (Hch. 17:11).
«Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que, por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza» (Ro. 15:4).
«Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos» (1 Co. 10:11).
«Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad» (2 Ti. 2:15).
«Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia» (2 Ti. 3:16).
«Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios» (1 Jn. 5:13).
Las Escrituras fueron dadas para estimular tres cosas dentro del creyente.
» a. Paciencia.
» b. Consuelo (parakleseos): aliento, consuelo, solaz, ayuda, exhortación, suplicación. Sea lo que fuere necesario para la consolación del creyente, las Escrituras se lo dan.
«De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra nunca veré muerte» (Jn. 8:51).
«Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro consolador, para que esté con vosotros para siempre» (Jn. 14:15-16).
«Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardara; y mi padre le amara, y vendremos a él, y haremos morada en él» (Jn. 14:23).
«Estas cosas os he hablado para que en mi tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo» (Jn. 16:33).
» c. Esperanza.
«Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que, por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza» (Ro. 15:4).
«Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío, primeramente, y también al griego» (Ro. 1:16).
«Ya [Cristo] destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucité de los muertos, y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios. Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro;
23 siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.» (1ª Pedro 1:20-23).
Comentario de 2ª de Pedro. (1:12—15) Salvación — Pedro: la gran importancia de estas cosas. Lo que Pedro hace ahora es muy interesante. Nos cuenta lo importante que él considera estas cosas.
▬ 1. Son tan importantes que siempre va a predicar y a enseñar de ellas. Él va a recordar y recordar estas cosas a los creyentes. Los creyentes verdaderos las conocen, incluso estén establecidos sobre estas cosas. Pero Pedro dice que él va a repetirlas una y otra vez. No renegara de ellas.
Algo es seguro: Pedro pensaba que estas cosas, las cosas de la salvación, eran esenciales. ¡Cuanto más énfasis debemos poner en ellas! Pero advierta el próximo punto. Pedro tiene a fin más para decir sobre estas cosas.
▬ 2. Son tan importantes que, mientras esté con Vida, va a estimular a los creyentes a que las practiquen. Va a recordarles una y otra vez estas cosas en la medida que su cuerpo esté en “este tabernáculo”. Pedro tiene que repetir y repetir estas cosas. ¿Por qué? Porque es correcto (dikaion); es exactamente lo que hay que hacer. Los creyentes deben hacer estas cosas para poder experimentar la vida rica y fructífera que Cristo da. Por lo tanto, debe acentuarlas y llevarlas al corazón de su amada gente. Pero advierta una cosa: esto no es todo lo que Pedro tiene para decir sobre estas cosas.
▬ 3. Son tan importantes que Pedro va a velar por que los creyentes sean estimulados a hacer estas cosas a fin después de su muerte. Al parecer, Pedro sabía que pronto iba a ser llevado al cielo. Pero estas cosas eran tan imponentes que él iba a hacer los arreglos necesarios con aquellos que permanecerían en la tierra para que no cesen de enseñar estas cosas.
Pensamiento 1. ¿Cuán importantes son estas cosas? ¿Cuán importante es que prediquemos estas cosas?
Pocas Escrituras están tan acentuadas y enfatizadas como éstas. Pedro dice que él se asegurara de que estas cosas sean ensenadas a los creyentes; lo dice tres veces. Esta insistencia debería ser motivo suficiente para impulsarnos a predicar y enseñar estas cosas —siempre— con fe y diligencia.
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mt. 28:19-20).
“Y les dijo Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mr. 16:15).
“Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envié el Padre, así también yo os envió” (Jn. 20:21).
“Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió Si, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas” (Jn. 21:16).
“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hch. 1:8).
“Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hch. 4:20).
“Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos” (2 Co. 4:13).
“Porque ya sabéis qué instrucciones 0s dimos por el Señor Jesús” (1 Ts. 4:2).
“Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido” (1 Ti. 4:6).
“Apacentad la grey de Dios que esta entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto” (1 P. 5:2).
“Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendéis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mi” (Is. 43:10).
Comentario de San 1ª de Juan 5. (5: 13-15) Dar testimonio ▬ Seguridad Juan el apóstol: está el testimonio de Juan. Juan da testimonio de dos cosas gloriosas.
▬ 1. El declara que un creyente puede tener seguridad de la vida eterna. Y advierta la firmeza de su declaración podemos saber, es decir, tener 1a perfecta seguridad por experiencia, que tenemos vida eterna. Podemos experimentar la vida eterna y todo lo que la vida significa, y podemos experimentarla en la tierra, así como en el futuro a lo largo de toda la eternidad. Podemos saber por experiencia que tenemos vida eterna, saber sin duda alguna, saberlo en forma absoluta y perfecta. ¿Como? Juan dice que hay tres formas.
» a. Recibimos vida eterna al seguir las Escrituras. Juan enfáticamente declara que él ha escrito su Epístola para que podamos tener vida eterna y saber que la tenemos.
» b. Recibimos vida eterna al creer en el nombre de Jesucristo. Solo aquel que cree en el nombre del Hijo tiene vida eterna.
» c. Recibimos vida eterna al continuar creyendo en el nombre de Jesucristo. Advierta: Juan escribe a los creyentes, y dice que ha escrito para que crean “en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios”. ¿Acaso los creyentes no creen ya en Jesucristo? Si, pero Juan está diciendo que debemos continuar creyendo; debemos mantenernos en nuestra creencia, seguir creyendo y creyendo hasta que el Señor nos lleve a casa. No existe tal cosa como una persona que crea y luego deje de creer y luego reciba la vida eterna. Si una persona abandona a Cristo, este es un claro indicio de que nunca recibió la vida eterna. Si una persona realmente conoce al Hijo de Dios y ha recibido vida eterna, es casi imposible que esté alejado de Cristo demasiado tiempo. Experimentar a Cristo y la vida es algo demasiado maravilloso. Si una persona le da la espalda durante mucho tiempo, hasta el punto de no regresar a Cristo, entonces Dios seguirá adelante y lo llevará a casa (véase Estudio a fondo 1, 1 Jn. 5:16 para profundizar al respecto).
La cuestión es esta: debemos creer en el nombre del Hijo de Dios y seguir creyendo. Debemos perseverar y mantener nuestra creencia.
“Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; más el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mt. 10:22).
“Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conoceré si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta” (Jn. 7:16-17).
“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn. 8:31-32).
“Pues nuestro evangelio no llego a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espuritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuales fuimos entre vosotros por amor de vosotros” (1 Ts. 1:5).
“Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito pan aquel día” (2 Ti. 1:12).
“Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo” (He. 3:12).
“Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia” (He. 4:11).
“Acerquémonos con corazón sincero, en plan certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió” (He. 10:22-23).
“Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, i guardamos sus mandamientos” (1 Jn. 2:3).
▬ 2. Juan declara que un creyente puede tener seguridad de la respuesta a sus oraciones.
“Y esta es la confianza que tenemos en él, que, si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que h hayamos hech0” (1 Jn. 5:14-15).
Este es un gran pasaje sobre la oración. Abarca la esencia misma de la oración. Advierta exactamente qué se está diciendo.
» a. Podemos tener confianza en que Dios oye nuestras oraciones si estamos en El, es decir, en Cristo (v. 14). Podemos acercamos a Dios en Cristo y únicamente en Cristo. Solo Cristo es el justo, la única persona perfecta; por lo tanto, solo Él tiene el derecho de estar ante Dios. Cualquier persona que quiera acercarse a Dios debe hacerlo en cl nombre de Jesucristo (véase nota, 1 Jn. 2: 1-2 pan profundizar al respecto). Una persona debe creer en el nombre del Hijo de Dios y acercarse a Dios en su nombre. El nombre de Jesucristo es el único nombre aceptable para Dios, el único nombre que puede recibir algo de Dios.
» b. Podemos tener confianza en que Dios oye nuestra oración si pedimos de acuerdo con su voluntad (v. 14). Dios ha revelado su voluntad en su Palabra. Su voluntad para nosotros incluye todas las grandes cosas de la vida.
=> Es la voluntad de Dios para nosotros que experimentemos el fruto del espíritu.
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Ga. 5:22-23).
=> Es la voluntad de Dios para nosotros tener las provisiones para las necesidades de la vida.
“No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (Mt. 6:31-34).
=> Es la voluntad de Dios para nosotros que estemos protegidos y seamos liberados de todas las pruebas y tentaciones de la vida.
“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejarse ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que darás también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Co. 10:13).
“De manera que podemos decir confiadamente El Seidor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (He. 13:6).
“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Is. 41:10).
=> Es la voluntad de Dios para nosotros que seamos liberados del pecado, la muerte, la condena y el temor de la muerte.
“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida” (Jn. 5:24).
“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participé de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (He. 2:14-15).
=> Es la voluntad de Dios para nosotros que seamos liberados durante la severa persecución y los problemas, ser liberados en la misma presencia de Dios.
“Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios” (Hch. 7:54-56).
“Y el Señor me librara de toda obra mala, y me preservara para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos Amén” (2 Ti. 4:18).
Podríamos seguir y seguir enumerando las gloriosas promesas que Dios nos hace, promesas que deberían llenar nuestras oraciones al enfrentar los diversos eventos y dificultades de la vida. La cuestión es esta: sabemos, con coraje, que Dios nos oirá cuando oremos de acuerdo con su voluntad.
» c. Podemos tener confianza en que Dios oye nuestras oraciones si tenemos conocimiento de que El oye (v. 15). Debemos saber que E1 oye si es que deseamos recibir lo que pedimos. Es una tontería desperdiciar el tiempo haciendo peticiones a Dios, a no ser que creamos que Él nos oiré. Debemos tener confianza en Dios, creer que Él nos ama y cumple lo que nos promete. Esta es una y otra vez la declaración de las Escrituras.
“Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis” (Mt. 21:22).
“Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá” (Mr. 11:24).
“Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Jn. 15:7).
“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (He. 11:6).
“Y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él” (1 Jn. 3:22).
“Y esta es la confianza que tenemos en él, que, si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Jn. 5:14).
2° Titulo: Autosuficiencia que pone en peligro la firmeza espiritual. Versículo 12. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. (Léase: Romanos 11:20. Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. ▬ 1ª de Pedro 1:5 al 10. que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas. Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación.).
Comentario Romanos 11:20. (11:19-21) Incredulidad—complacencia—gentil vs. judo: hay una segunda advertencia. El creyente gentil debe temer la complacencia y la incredulidad. Esta el peligro de que los creyentes gentiles piensen…
- que son más aceptables a Dios porque han tomado el lugar de los judíos como seguidores verdaderos de Dios.
- que están seguros y salvos en el cristianismo porque el cristianismo es la religión que reconoce al Hijo de Dios.
Sin embargo, debemos siempre recordar lo que dicen las Escrituras. Israel no fue rechazado por Dios para que nosotros los gentiles fuésemos salvos. Israel fue rechazado por Dios por causa de su incredulidad. Dios no ha rechazado a un pueblo, ni lo rechazaré con el fin de salvar a otro pueblo. Dios alcanza a toda nación y pueblo que anhela ser injertado en El.
Dios acepta a una persona porque cree en su Hijo Jesucristo. Los judíos no creyeron; algunos gentiles creyeron. El creyente gentil esta unido al olivo por medio de la fe, no por alguna bondad o mérito o valor que tenga en sí mismo.
Ahora, note que el creyente gentil debe cuidarse de la satisfacción por sí mismo, del sentimiento de seguridad y salvación, y de sentirse más aceptable porque está en el cristianismo, la religión que reconoce al Hijo de Dios. El creyente gentil debe cuidarse de su magnanimidad; en cambio, debe temer. Debe temer, porque es menos probable que Dios perdone a las ramas silvestres que alas ramas naturales. La advertencia es muy dura: «a ti tampoco te perdonara» (v. 21).
Pensamiento. Si Dios no perdono a los judíos a causa de su incredulidad, con mayor razón no nos perdonaré a nosotros. Los judíos eran las ramas naturales; nosotros somos las ramas silvestres.
- Los judíos tenían la herencia piadosa; nosotros tenemos la herencia silvestre, impía.
- Los judíos tenían a los padres, los seguidores del único Dios vivo y verdadero; nosotros tenemos padres politeístas, padres creadores de dioses humanistas adecuados a sus fantasías.
- Los judíos tenían la palabra de Dios y al Salvador; nosotros, nada.
- Los judíos tenían a los profetas de Dios; nosotros tengamos a los sacerdotes falsos del humanismo mundano.
A la luz de esto y de tanta depravación, debemos cuidarnos contra la autocomplacencia y la soberbia. Debemos caminar en el temor de Dios con humildad, temiendo la incredulidad para que nosotros no seamos desgajados (v. 17).
«El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no veré la vida, sino que la lra de Dios está sobre él» (Jn. 3:36).
«Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis» (Jn. 8:24).
«Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo» (He. 3:12).
«Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia» (He. 4:11).
«Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación» (1 P. 1:17).
«Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma?» (Dt. 10:12).
«A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, él sea vuestro miedo» (Is. 8:13).
Comentario de 1ª de Pedro 1:5 al 10. Consideraciones prácticas acerca de 1:4–5
Cuando nos enteramos de que nuestros nombres son mencionados en un testamento, sabemos que tenemos
parte en la herencia descrita en dicho testamento. Muchas veces no sabemos cuál será el valor de dicha herencia.
Tenemos que esperar la muerte del testador y diversas transacciones legales y acuerdos financieros. Pero por lo general resulta que cuando concluye el período de espera, disminuye también el valor de la herencia. Por otra parte, sucede con frecuencia que la distribución de la herencia es causa de celos y reyertas.
En contraste con todo esto, nuestra herencia eterna es una fuente constante de felicidad. Desde el momento de nuestra salvación estamos llenos de gozo. Damos por supuesto que en principio ya poseemos ahora nuestra herencia y sabemos que cuando dejemos este escenario terrenal recibimos la totalidad de nuestra herencia. No alcanza nuestra capacidad para comprender el valor de esta herencia, porque “el don de Dios es vida eterna en Jesucristo, Señor nuestro” (Ro. 6:23). Pero además de esto, estimamos ese don en perfecta armonía con todos los demás creyentes en presencia de nuestro siempre vivo testador, Jesucristo.
Consideraciones prácticas acerca de 1:7
El oro es la norma monetaria entre las naciones del mundo y sirve para determinar el valor específico de las
monedas en uso. Sin embargo, el valor del oro es fijado por los mercados mundiales. En otras palabras, es el hombre quien determina el precio del oro. En comparación, la fe, que es más preciosa que el oro, no se origina en las minas de la tierra sino en los cielos. La fe es refinada en el crisol de las pruebas del hombre. La fe es el don de Dios para el hombre. Es Dios, y no el hombre, el que determina el valor de la fe; y él revela que la meta de la fe del hombre es su salvación (1:9).
Consideraciones doctrinales acerca de 1:8–9
¿Qué es el gozo? El gozo no es un estallido emocional que dura sólo un momento. Tampoco es una respuesta
a circunstancias externas que favorecen y alientan las expresiones de gozo. El gozo aparece muchas veces en medio de la dificultad, del sufrimiento, de las pruebas y persecuciones. El gozo es un don que recibimos de Dios,
porque la Escritura enseña que Dios es el dador del gozo (véase Sal. 16:11; Jn. 16:24; Ro. 15:13). Entonces este don le llega al creyente que pone su confianza total en Dios.
El gozo es un don que debe ser compartido con otros. El pastor que encuentra a su oveja y la mujer que halla su moneda comparten su gozo con sus vecinos, en tanto que los ángeles del cielo se regocijan por un pecador que se arrepiente (Lc. 15:4–10). En la Escritura, el gozo se relaciona muchas veces con los poderosos actos de Dios al salvar al hombre. Como resultado de esto, el hombre expresa su gozo amando a Dios y obedeciendo sus mandamientos (véase especialmente Jn. 15:9–11). Y finalmente, el gozo es el fruto del Espíritu (Gá. 5:22).
3er Titulo: Fidelidad de Dios para sustentar al creyente en la tentación. Versículos 13 y 14. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. Por tanto, amados míos, huid de la idolatría. (Léase: 2ª de Pedro 2:9. sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio. ▬ Santiago 1:12. Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.).
Comentario de 2ª de Pedro 2:9 Es porque el Señor sabe cómo librar de la prueba a los piadosos y reservar a los impíos bajo su castigo para el día del juicio.
En su conclusión de la sección acerca de la ruina de los impíos y de la protección del creyente, Pedro habla como pastor que busca animar a los miembros de su grey. Él se dirige en primer lugar a los cristianos con un mensaje de aliento y revela luego el futuro de los incrédulos. Sus palabras sirven también de advertencia a aquella gente que se va apartando de la verdad de la Palabra de Dios.
» a. “Es porque el Señor sabe cómo librar de la prueba a los piadosos”. La NVI ha añadido una breve frase (“Es porque”) que resume la esencia de los versículos precedentes. Con la añadidura de esta cláusula, la oración misma tiene una propuesta y una conclusión. ¿Cuál fue la intención al presentar estas tres ilustraciones? En resumidas cuentas, brindar seguridad. Pedro quiere que sus lectores sepan que Dios tiene el control de toda situación y que ellos pueden estar seguros de ello. Como dice Pablo: “Fiel es Dios, y no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir” (1 Co. 10:13). Los lectores experimentaron la perniciosa influencia de los falsos maestros que se infiltraron en la iglesia cristiana. Vieron también la evidencia de las doctrinas erróneas en la conducta vergonzosa de estos maestros. Y no cabe duda de que ellos se preguntaban por qué Dios permitía que su pueblo fuese hostigado por hombres malvados. Juan Calvino formula una pregunta que los cristianos descorazonados se hacen con frecuencia: “Si el Señor desea que sus fieles estén seguros y a salvo, ¿por qué no los reúne a todos en algún rincón de la tierra, para que ellos puedan estimularse mutuamente a la santidad? ¿Por qué los mezcla con los malvados que pueden llegar a corromperlos?”
Por ser un experimentado pastor, Pedro bien sabe que es posible que el abatimiento surja. Por eso, él dice que el Señor sabe cómo librar. Es probable que Pedro escoja la expresión Señor como una variante de la palabra Dios (con la cual inició la serie de ejemplos, v. 4) o como el nombre que transmite la gracia y la misericordia de Dios. En el caso de Lot (Gn. 19:16) la misericordia de Dios aparece vinculada con el verbo librar (v. 7). El Señor ha demostrado en numerosas ocasiones cómo él rescata a los justos de circunstancias difíciles. Los ejemplos de Noé y de Lot son dos de los tantos casos que ilustran esto. Si Dios es capaz de proteger a la familia de Noé de una humanidad perversa y de rescatar a Lot y sus hijas de una sociedad impía, sabrá también cómo librar a los cristianos de la gente inmoral y corrupta de hoy en día.
El lenguaje que Pedro utiliza en este punto trae a la mente la última petición del Padrenuestro. “Y no nos metas en tentación [prueba], sino líbranos [rescátanos], del maligno” (Mt. 6:13 NVI). Dios probó a Noé cuando le dijo que construyera el arca. Y Dios permitió que Lot entrase en tentación cuando este escogió vivir cerca de Sodoma. Pero, así como Dios libró a ambos hombres de un mundo malvado en la antigüedad, así también librará hoy en día a la gente consagrada de sus pruebas y tentaciones (comparar con 2 Ti. 4:18; Ap. 3:10).
» b. “Y reservar a los injustos bajo castigo para el día del juicio”. En la segunda parte del versículo 9, Pedro revela que está sucediendo con la gente que se entrega al pecado. Visto que ellos violan deliberadamente la ley de Dios, él los pone bajo castigo hasta el día del juicio. Jesús habla de dicho día, por ejemplo, cuando se refiere al juicio de Sodoma y Gomorra (Mt. 10:15). Y Pedro revela que “el cielo y la tierra actuales están guardados para el fuego, reservados para el día del juicio y la destrucción de los impíos” (3:7).
¿Qué sucederá en ese día de juicio? Los impíos que se niegan a apartarse de su vida pecaminosa recibirán castigo eterno. Serán arrojados “al lago de fuego. El lago de fuego es la muerte segunda” (Ap. 20:14).
Así como los presos quedan bajo custodia hasta el día en que comparecen ante la corte, del mismo modo Dios guarda a los impíos hasta el día del juicio. Sin embargo, Pedro añade la cláusula bajo castigo. Podemos interpretar esta cláusula dándole una connotación presente o una futura. Aquí tenemos una traducción representativa que expresa claramente el tiempo presente: “A los culpables … el Señor sabe cómo irlos castigando, guardándolos para el día del juicio” (NBE). Y en la siguiente versión se evidencia el tiempo futuro: “Sabe el Señor … reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio” (VRV). Aunque ambas traducciones son corrientes, estoy a favor de la primera, ya que el texto griego tiene un participio presente “al cual no podemos fácilmente atribuirle un tiempo futuro”. Además, en la parábola del rico y Lázaro Jesús enseña que el impío sufrirá mientras espera el día del juicio (Lc. 16:19–31). Es cierto que no tenemos ninguna indicación de que los falsos maestros del tiempo en que Pedro escribía estuviesen sufriendo el castigo divino, pero sabemos por su conducta que ellos marchaban hacia su propia destrucción.
Santiago 1:12. (1:12) Tentaciones — Pruebas: ¿Como puede un creyente vencer las pruebas y tentaciones? Tercero, debe recordar la recompensa por resistir. Seré bendecido y recibirá una corona da vida. Note exactamente lo que se dice.
▬ 1. La persona que se resista a la tentación seré “bendecida” (makarios). Esto se refiere a esta vida, al presente. La palabra bendecida significa satisfacción y gozo interno y espiritual; una seguridad y confianza interna que hace atravesar todas las pruebas y tentaciones de la vida sin importar el dolor, la pena, la pérdida o el pesar. Dicho de un modo sencillo, la persona esté segura en esta vida. Sabe que Dios la cuida y la protege y la va a liberar de toda la corrupción y el mal de esta vida incluso la muerte y le daré vida eterna.
“Semejante es al hombre que, al edificar una casa, cavo y ahondo y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el rio dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca” (Lc. 6:48).
“He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Stg. 5:11).
“No obstante, proseguirá el justo su camino. y el limpio de manos aumentaré la fuerza” (Job 17:9).
▬ 2. La persona recibirá la corona de vida en el próximo mundo. ¿Qué es la corona de vida? En griego a esto se le llama “genitivo de aposición”; es decir, la propia vida es la corona. El creyente que resista las tentaciones de la vida será coronado con la propia vida, la vida eterna, una vida que continuará y nunca concluirá. La vida eterna que se le data al creyente brillara con más resplandor que todas las coronas terrenales que hayan usado todos los gobernantes de este mundo.
Pensamiento 1. Imagínense nada más el momento en el que Cristo nos coronara con la corona de vida. Ser coronado con la corona de vida…
- nos llenara con una alegría y gozo inquebrantables.
- nos conferiré honra y dignidad.
- nos proporcionara un sentimiento profundo y perfecto de victoria y triunfo.
- nos conformara a la imagen de la realeza eterna.
“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Jn. 14: 1-2).
“Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2 Co. 4:17).
“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformara el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Fil. 3:20-21).
“Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría” (1 P. 4:12-13).
“Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna” (1 Jn. 2:25).
▬ 3. La persona que resiste las pruebas y tentaciones es la persona que será bendecida y recibirá la corona de vida. La resistencia es un elemento absolutamente esencial. La persona tiene que hacerle frente a las pruebas y tentaciones con el espíritu de un vencedor; tiene que…
- resistir
- perseverar
- ser constante
- mantenerse firme
Tiene que vencer y triunfar por medio de Cristo Jesfis nuestro Señor y luego recibirá las promesas de Dios. A las personas hay que ponerlas a pruebas y examinarlas y tienen que demostrar su fidelidad. Tienen que resistir hasta el final para ser salvas y heredar la corona de vida.
Pensamiento 1. El débil se rinde. Por lo tanto, no experimenta la sensación de ser bendecido. No tiene la confianza y seguridad de la presencia y amor de Dios ni de la eternidad. No está seguro de que recibirá la corona de vida. Y las Escrituras dicen que no la recibirá.
“Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; más el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mt. 10:22).
“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Co. 15:58).
“No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Ga. 6:9).
“Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” (Stg. 1:12).
“Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado” (1 P. 1:13).
“Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente” (1 P. 2:19).
“He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona” (Ap. 3:11).
“Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche; me has puesto a prueba, y nada inicuo hallaste; he resuelto que mi boca no haga transgresión” (Sal. 17:3).
▬ 4. La persona que ama al Señor es la persona que resiste. Es la persona que es fie] al Señor. Esa persona sigue y obedece al Señor, al hacer todo lo que el Señor ordena. Sigue a Cristo, obedeciendo sus mandamientos y resistiendo todas las pruebas y tentaciones de esta vida.
“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Jn. 14:21).
“Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor…Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando” (Jn.15:10,14).
“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejara ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Co. 10:13).
“Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia” (He. 5:8).
“Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra” (Ap. 3:10).
Semana del 12 al 18 de enero del 2026
Amén, para la honra y gloria de Dios.
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Lección: Números 25:14 al 18. 14. Y el nombre del varón que fue muerto con la madianita era Zimri hijo de Salu, jefe de una familia de la tribu de Simeón. 15. Y el nombre de la mujer madianita muerta era Cozbi hija de Zur, príncipe de pueblos, padre de familia en Madián. 16. Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 17. Hostigad a los madianitas, y heridlos, 18. por cuanto ellos os afligieron a vosotros con sus ardides con que os han engañado en lo tocante a Baal-peor, y en lo tocante a Cozbi hija del príncipe de Madián, su hermana, la cual fue muerta el día de la mortandad por causa de Baal-peor.
La rebeldía proviene de Satanás fue el primero en rebelarse, él es quien incita a los hombres a oponerse a Dios y a las autoridades impuestas por Él. Esto es lo que dicen las escrituras refiriéndose a la rebelión de Satanás:
Referencias Bíblicas: «¡Cómo caíste del cielo, oh, Lucero, ¡hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas alas naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo», (Isaías 14:12-15).
«El terreno es el mundo, y las buenas semillas de trigo son todos los que obedecen las leyes del reino de Dios. Las semillas de cizaña son los que obedecen al diablo» (Mateo 13:38).
«En los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia», (Efesios 2:2).
Comentario general del contexto Bíblico: Versículos 10-15: Por este acto de celo divino se prometió a Finees ya su posteridad la posesión eterna del sacerdocio como pacto de paz de Jehová. בּקנאו, mostrando mi celo en medio de ellos (a saber, los israelitas). קנאתי no es “celo por mí”, sino “mi celo”, el celo de Jehová con el que Finees se llenó e impulsó a dar muerte a los pecadores atrevidos. Al hacer esto, había evitado la destrucción de los israelitas y refrenado la obra del celo de Jehová, que se había manifestado en la plaga. “Le di mi pacto de paz” (el sufijo se adjunta al sustantivo gobernante, como en Levítico 6:3). בּרית נתן, como en Génesis 17:2, dar, es decir, cumplir el pacto, conceder lo prometido en el pacto. El pacto concedido a Finees consistía en el hecho de que se le aseguraba un “sacerdocio eterno” (es decir, la posesión eterna del sacerdocio), no solo para él, sino también para su descendencia, como un pacto, es decir, en un pacto, o forma irrevocable, ya que Dios nunca quebranta un pacto que ha hecho. De acuerdo con esta promesa, el sumo sacerdocio que pasó de Eleazar a Finees (Jueces 20:28) continuó en su familia, con la excepción de una breve interrupción en los días de Elí (ver en 1 Sam 1-3 y 1 Samuel 14: 3), hasta el momento de la última disolución gradual del estado judío a través de la tiranía de Herodes y sus sucesores. – En Números 25:14, Números 25:15, se dan los nombres de los dos atrevidos pecadores. El padre de Cozbi, la princesa madianita, se llamaba Zur, y se describe aquí como “jefe de las tribus (אמּות, véase Génesis 25:16) de la casa de un padre en Madián”, es decir, como el jefe de varios de las tribus madianitas que descendían de una tribu-padre; en Números 31: 8, sin embargo, se lo describe como un rey y se lo clasifica entre los cinco reyes de Madián que fueron asesinados por los israelitas.
Versículos 16-18: El Señor ahora ordenó a Moisés que mostrara hostilidad (צרר hacia los madianitas, y los golpeara, debido a la estratagema que habían practicado sobre los israelitas al tentarlos a la idolatría, “para que el celo práctico de Finees contra el pecado, por el cual se había hecho expiación por la culpa, podría ser adoptada por toda la nación» (Baumgarten). El inf. abs. צרור, en lugar del imperativo, como en Éxodo 20:8, etc. על־דּברף, en consideración a Peor, y ciertamente, o especialmente, en consideración a Cozbi. La repetición es enfática. La maldad de los madianitas culminó en el desvergonzado desenfreno de Cozbi, la princesa madianita. «Su hermana», es decir, uno de los miembros de su tribu. – El 19 El versículo pertenece al siguiente capítulo y forma la introducción a Números 26:1.
Identificando Claramente A Los Que Se Rebelan Contra Dios: Identificar a los que se rebelan contra Dios implica observar la desobediencia persistente a Su Palabra, la murmuración, la incredulidad, el orgullo, la búsqueda de placeres mundanos, la falta de sumisión a la autoridad divina y la creación de estándares propios, manifestada en palabras y obras contrarias a las Escrituras, buscando beneficios personales en lugar de servir a Dios, Se caracterizan por la insolencia y el desafío a la autoridad divina, necesitando arrepentimiento y entrega a Dios para superar esta condición.
Características Clave de la Rebeldía:
Desafío a la Autoridad: No se someten a los mandamientos de Dios, creando sus propias reglas y estándares de lo que es aceptable.
Incredulidad y Duda: Cuestionan el poder y las promesas de Dios, actuando por desconfianza en lugar de fe.
Búsqueda de Placeres Mundanos: Se inclinan por satisfacciones terrenales y materiales, anteponiéndolas a Dios, usando a otros para su beneficio personal.
Ocultamiento de la Inmoralidad: Justifican o niegan la inmoralidad, creyendo que pueden salirse con la suya.
Murmuración y Queja: Se quejan más de la Palabra de Dios que de sus propias faltas, cuestionando sus límites y mandamientos.
Falta de Coherencia: Sus obras no concuerdan con sus palabras, viven según la carne y no según el Espíritu, según
Ejemplos Bíblicos:
- Los israelitas en el desierto, que se quejaron por falta de alimento y agua a pesar de los milagros, son un ejemplo de rebeldía.
- Las «semillas de cizaña» que obedecen al diablo
Cómo Superarla: Ceder el control de la vida a Dios. (Rendirse a Dios una nueva criatura en Cristo).
¿Qué dice la Biblia sobre la rebelión?
La rebelión es el rechazo a la autoridad. La rebelión puede llegar a ser violenta, como por ejemplo «estalló una rebelión armada en la ciudad», aunque también puede no expresarse. La rebelión siempre comienza en el corazón. La rebelión contra la autoridad de Dios fue el primer pecado de la humanidad (Génesis 3) y sigue siendo nuestra ruina. Nuestra naturaleza pecaminosa no quiere someterse a la autoridad de otro, incluso a la de Dios. Queremos ser nuestros propios jefes, y esa rebelión en el corazón humano es la raíz de todo pecado (Romanos 3:23).
El ejemplo más claro en la Biblia de la rebelión y sus consecuencias se encuentra en 1 Samuel 15. El rey Saúl, a quien Dios escogió para dirigir a Israel, se volvió orgulloso. Pensó que sabía mejor que Dios lo que Él quería de él, así que desobedeció las instrucciones directas de Dios (1 Samuel 15:3) y las reemplazó por su propia idea. En vez de seguir la directiva de Dios de destruir todo el botín del campamento enemigo, Saúl se quedó con lo mejor de los animales. Además, en lugar de matar al malvado rey Agag como Dios había ordenado, Saúl lo trajo de vuelta como prisionero. Ambos actos fueron una rebelión contra las órdenes de Dios, y sin embargo Saúl se complació con su decisión y trató de justificar su desobediencia: después de todo, los animales debían ser sacrificados al Señor (versículo 15).
La rebelión contra la correcta autoridad es un tema serio a los ojos de Dios. El profeta Samuel se enfrentó al rey Saúl con estas palabras: «Y Samuel dijo: ¿Se complace el Señor tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras del Señor? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra del Señor, él también te ha desechado para que no seas rey» (1 Samuel 15:22-23). En este pasaje, la rebelión está relacionada con el orgullo, y ambos pecados tienen similitud con la brujería y el paganismo. Debido a la persistente rebelión de Saúl contra Dios, perdió el trono y su dinastía real quedó truncada. Dios entregó el reino a un pastorcillo llamado David (1 Samuel 13:14).
La historia de Israel es un ciclo de rebelión y restauración (Jueces 2:10-19; Isaías 59:13; Números 14:18). Cuando Dios dio a los israelitas la ley, estaba enseñando al mundo que el universo tiene una cadena de mando. El Dios que descendió en el Sinaí con «truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte, y sonido de bocina muy fuerte» (Éxodo 19:16) está al mando. Los seres humanos pueden ser la corona de Su creación (Hebreos 2:7), pero no somos los dioses de la misma (creación). Aunque tenemos la libertad de elegir obedecer al Señor o no, Su ley aún prevalece. Cuando nos rebelamos contra Su derecho a ser nuestro Señor, vienen las consecuencias, como ocurrió con Saúl (ver Romanos 6:23).
Dentro de la civilización humana, Dios también ha establecido una cadena de mando, y es pecado la rebelión contra el orden ordenado por Dios. Romanos 13:1-7 nos ordena someternos a las autoridades que gobiernan, siempre y cuando esas autoridades no nos exijan desobedecer la autoridad de Dios (cf. Hechos 5:29). La rebelión contra la autoridad justa conduce a la anarquía y a la disolución de la sociedad. En el hogar, la cadena de autoridad de Dios es que el esposo debe ser la cabeza de la familia. La responsabilidad del marido es dirigir a su familia en la sumisión a Cristo (Efesios 5:23). La esposa debe someterse a su marido, y los hijos deben obedecer a sus padres (Efesios 5:22; 6:1; Colosenses 3:18, 20). La rebelión contra la autoridad familiar también conduce al caos y a tener hogares disfuncionales.
Dentro de la iglesia, Dios también ha establecido el orden. Ha designado a los ancianos para que pastoreen y vigilen la congregación (1 Timoteo 5:17; 1 Tesalonicenses 5:12; Hebreos 13:17). Aunque los ancianos o pastores nunca deben tener un control absoluto sobre nadie, se les debe honrar y obedecer siempre que sea saludable para la iglesia y para la persona. La rebelión en el seno de una iglesia conduce a la división y a los conflictos, y genera una pérdida a la hora de realizar la obra de Dios (1 Corintios 3:3-6).
En cada corazón humano germina la semilla de la rebelión en lo profundo. Nos gusta luchar por nuestros derechos y, cuando creemos que alguien no respeta nuestros «derechos», nos rebelamos. Aprender a acudir a la autoridad es una forma de evitar la rebelión y, aun así, encontrar una solución a un problema. Pensar de forma creativa es otra manera de canalizar nuestra pasión por el cambio hacia vías constructivas. Ofrecer soluciones de forma respetuosa permite a nuestras autoridades considerar opciones que quizá no habrían podido encontrar si no fuera por nuestro aporte. La relación de Daniel con el funcionario babilónico es un buen ejemplo de cómo mostrar respeto y evitar la rebelión (Daniel 1:8-16). Aunque adherirnos a la verdad con frecuencia requiere desafiar a los que tienen autoridad, la rebelión absoluta contra cualquier autoridad establecida por Dios rara vez es sancionada por Él.
Texto: “Tu maldad te castigara, y tus rebeldías te condenaran; sabe, pues, y ve cuan malo y amargo es el haber dejado tu a Jehová tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice el Señor, Jehová de los ejércitos” (Jeremias 2:19)
Comentario del texto: Dios les pregunta en el v. 18 por qué habían pensado que podrían ir a Egipto y beber allí del Nilo, o a Asiria y beber allí del Éufrates. Esto no tiene razón ninguna cuando tienen agua disponible en su relación con Jehovah. Los dos grandes ríos eran símbolos del poder nacional de estos países en aquel entonces. Pero no les va a servir. Al abandonar al Señor su maldad va a ser castigada. Se debe mencionar que la nación de Israel todavía tiene algunas fuentes de agua pura que son lugares de recreo para el pueblo moderno. Uno es Panian que antes era Cesarea de Filipo y otro es En Gadi al lado del mar Muerto. No había necesidad de tomar el agua de los vecinos grandes.
El v. 19 resume la situación en el año 620 a. de J.C. El pecado produce una cosecha muy amarga. Su maldad traerá su propio castigo; sus rebeldías serán causa de su condenación. Pablo usó el concepto cuando dijo: “Todo lo que el hombre siembre, eso mismo cosechará” (Gál. 6:7, 8). Bien sea en la época de Jeremías o en la época moderna, ¡cuán malo y amargo es dejar de seguir y obedecer al Señor nuestro Dios! Ni Asiria ni Egipto ofrecían garantías a la pequeña nación de Judá. Dios pide: Reconoce, pues, y ve cuán malo y amargo es el haber abandonado a Jehovah tu Dios … (v. 19b).
1er Titulo: Deshonroso proceder que lleva a lo perdición. Versículo 14. Y el nombre del varón que fue muerto con la madianita era Zimri hijo de Salu, jefe de una familia de la tribu de Simeón. (Léase: Isaias 1:28. Pero los rebeldes y pecadores a una serán quebrantados, y los que dejan a Jehová serán consumidos. ▬ Romanos 1:28 y 29. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades).
Isaias 1:28: Ni las ciudades santas ni las reales son fieles a su confianza, si la religión no habita en ellas. La escoria puede brillar como la plata, y el vino que se mezcla con agua aún puede tener el color del vino. Esos tienen mucho que responder, que no ayudan a los oprimidos, sino que los oprimen. Los hombres pueden hacer mucho por restricciones externas; pero solo Dios obra efectivamente por las influencias de su Espíritu, como un Espíritu de juicio. El pecado es el peor cautiverio, la peor esclavitud. La redención del Sión espiritual, por la justicia y la muerte de Cristo, y por su poderosa gracia, concuerda totalmente con lo que aquí se quiere decir. La ruina absoluta está amenazada. Los judíos deberían volverse como un árbol cuando son aplastados por el calor; como un jardín sin agua, que en esos países cálidos pronto se quemaría. Así serán ellos quienes confíen en ídolos, o en un brazo de carne. Hasta el hombre fuerte será como un remolque; no solo se rompe pronto y se hace pedazos, sino que se incendia fácilmente. Cuando el pecador se ha convertido en remolino y rastrojo, y Dios se convierte en un fuego consumidor, ¿qué puede evitar la ruina total del pecador?
Comentario: Dios los entregó a una mente depravada (Romanos 1:28)
Esta escena del juicio final resume los demás. En los tres, “estimaron que no valía la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios”. Esto recuerda los versículos 18–20, donde Pablo dice que Dios reveló el conocimiento de su poder y su deidad a través de su creación, lo que paralizaría el conocimiento del orden creado y cuestiones sexuales. En todas estas áreas, la humanidad pecadora tenía conocimiento de Dios, pero lo suprimió y prefirió adorar a la criatura (a ellos mismos) en lugar del Creador. Esto establece una correlación (“igual que”) entre el pecado y sus consecuencias. Los humanos han probado a Dios y lo han desestimado como indigno de su atención.
Como sus mentes estaban empeñadas en el pecado y deliberadamente ignoraban a Dios, Él “los entregó a la depravación mental”. En los versículos 24 y 26, esta entrega tomó la forma de inmoralidad; querían el pecado, y Dios les permitió revolcarse en él. Aquí la retribución divina es más básica. La palabra “depravado” (adokimon) significa “sin valor” o “descalificado” (por Dios). Habían descalificado a Dios como indigno de su atención; ahora Dios los ha descalificado como sin valor en términos de eternidad. La locura de su pecado los ha hecho incapaces de discernir la verdad o cualquier cosa de valor. Todo lo que les queda es “hacer lo que no se debe hacer”. Fueron entregados a su locura, esto se demostrará en la lista de un vicio acumulado encima de otro en los próximos tres versículos.
Su depravación explorada: la lista de vicios (Romanos 1:29–31)
Los filósofos griegos, especialmente los estoicos, fueron consumidos por una conducta “adecuada”. La mentalidad descrita anteriormente es incapaz de tal comportamiento, por lo que estas personas depravadas están “llenas de toda clase” de pecado que se ve en la siguiente lista. En estos versículos hay tres categorías de pecados:
(1) Los primeros cuatro son pecados generales que presentan a los demás. Las personas pecaminosas “se han llenado de todo tipo de maldad, perversidad, avaricia y depravación”. El lenguaje representa a estas personas como calderos hirviendo de inmundicia. Tres de los cuatro son prácticamente sinónimos, enfatizando la profundidad de su pecado. La otra característica, la “avaricia”, se une a esta lista porque llega al corazón del pecado. En Colosenses 3:5 y Efesios 5:5 Pablo habla de “la avaricia, que es idolatría”, porque la demanda de acumular posesiones se basa en la adoración de uno mismo por encima de Dios.
(2) Los siguientes cinco comienzan de manera similar con “repletos de”; estos son pecados sociales derivados de la tendencia a maltratar a los demás. El primero es el pecado básico del que se desprenden los demás, ya que “homicidios, disensiones, engaño y malicia” proceden de la “envidia”. La envidia y la avaricia unen las dos primeras listas. La avaricia produce envidia, porque los codiciosos quieren lo que otros tienen y fácilmente se vuelven envidiosos. Entonces, este deseo de tomar lo que pertenece a los demás conduce al asesinato y la disensión, tomando violentamente lo que pertenece a otro. En mi experiencia, muchas divisiones de iglesias han tenido lugar debido a líderes que se envidian unos a otros. Me sorprende la cantidad de veces que he visto iglesias o departamentos en un seminario que se niegan a contratar a alguien porque sus grandes dones amenazan a los que ya están en el poder.
El engaño y la malicia, indicados por la voluntad de engañar a otros para quitarles cosas o hacerles creer una mentira, son pecados básicos. Los falsos maestros como los de Gálatas, Filipenses 3, las Cartas Pastorales o 1 Juan, todos usaron el engaño para burlar a las personas de seguir a Cristo.
(3) Los doce pecados finales pueden subdividirse en pecados de la lengua (“chismosos, calumniadores”), pecados de orgullo (“enemigos de Dios, insolentes, soberbios y arrogantes”), pecados sumarios (“se ingenian maldades; se rebelan contra sus padres “), y los pecados negativos (“insensatos, desleales, insensibles, despiadados “). Los dos primeros están estrechamente relacionados; el término para “chismosear” connota a una persona susurrando rumores y calumnias a otros. El chisme puede ser incluso peor que la calumnia porque el chismoso convierte la calumnia en entretenimiento, jugando descuidadamente con la reputación de otra persona.
Los “enemigos de Dios” son aquellos que se han vuelto contra Dios. Es posible que esto pueda significar “odiado por Dios”, pero en una lista de vicios como esta probablemente se refiere a aquellos que están enojados con Dios y se oponen a todo lo que él representa, incluidos sus seguidores. Los siguientes tres términos están relacionados: “insolente” es un término fuerte para el orgullo que insinúa la violencia contra los demás, y los arrogantes están tan atrapados consigo mismos que jactarse es una consecuencia natural.
Los dos pecados sumarios se agrupan no por tema sino porque son frases en lugar de palabras simples. Aquellos que “se ingenian maldades” están tan consumidos por el pecado que buscan la originalidad en sus actos de depravación. Idean formas de lastimar a otros y robarles. Los que “se rebelan contra sus padres” no son solo niños sino también adultos rebeldes. Ignoran los consejos y desafíos de sus padres para cometer actos malvados; Bajo el antiguo pacto, maldecir a los padres era castigado con la muerte (Levítico 20:9).
Los últimos cuatro están conectados por el hecho de que en griego todos comienzan con la partícula negativa sin y se usan para resumir esta sección. Aquellos que “no tienen entendimiento” señalan los versículos 18–20, donde la humanidad depravada ignoró la revelación de Dios de sí mismo a través de la creación. Aquellos que no tienen “lealtad” rompen todas las promesas a Dios o a quienes les rodean y no se puede confiar en que hagan nada excepto vivir para ellos mismos (Jer 3:7–11). Quienes no tienen amor viven solo para sí mismos y no se preocupan por los demás. El término enfatiza la falta de amor incluso para la propia familia. Aquellos sin “piedad” pisotean a cualquiera que se interponga en su camino.
Juntos, todos estos, representan el pecado profundo que lleva a las personas a vivir solo para sí mismas y no se preocupan por las que los rodean.
2º Titulo: Mujer sin Dios muere en su pecado. Versículo 15. Y el nombre de la mujer madianita muerta era Cozbi hija de Zur, príncipe de pueblos, padre de familia en Madián. (Léase: 2ª de Reyes 9:33 al 37. Y él les dijo: Echadla abajo. Y ellos la echaron; y parte de su sangre salpicó en la pared, y en los caballos; y él la atropelló. Entró luego, y después que comió y bebió, dijo: Id ahora a ver a aquella maldita, y sepultadla, pues es hija de rey. Pero cuando fueron para sepultarla, no hallaron de ella más que la calavera, y los pies, y las palmas de las manos. Y volvieron, y se lo dijeron. Y él dijo: Esta es la palabra de Dios, la cual él habló por medio de su siervo Elías tisbita, diciendo: En la heredad de Jezreel comerán los perros las carnes de Jezabel, y el cuerpo de Jezabel será como estiércol sobre la faz de la tierra en la heredad de Jezreel, de manera que nadie pueda decir: Esta es Jezabel.).
Comentario de 2 Reyes 9: La muerte de Jezabel, 9:30–37. El tercer paso en la consolidación del poder real en manos de Jehú fue el asesinato de Jezabel, la reina madre de Israel. Cuando le llegó en Jezreel la noticia de la muerte de su hijo y rey, orgullosamente y con frialdad se adornó para su muerte segura a manos de Jehú. Algunos creen que su asociación con la fornicación (9:22; ver Jer. 4:30; Eze. 23:40) indicaría que se adornó con la esperanza de atraer a Jehú para un encuentro sexual, para evitar que la asesinara. Pero esa interpretación no concuerda con la acusación odiosa que le gritó por la ventana. Probablemente ella creía que la condición del cuerpo en el momento de morir caracterizaría la naturaleza de su existencia después de la muerte.
No obstante, con cinismo evidente antes de su muerte insultó a Jehú y predijo equívocamente un reinado corto para él, pues el reinado de siete días de Zimri fue un fracaso que terminó con su furibundo suicidio (1 Rey. 16:15–20). Sus propios ayudantes la tiraron por la ventana, evidentemente de una segunda planta. Al caer, su sangre salpicó la pared y a los caballos, los cuales la pisotearon. Sin preocuparse por su cadáver y con evidente desprecio e insensibilidad, Jehú comió y bebió tranquilamente. Así demostró que había algo de verdad en el insulto de Jezabel acerca de él y vislumbró un régimen tan cruel como el anterior. Luego, pensando en la descendiente real como princesa de Fenicia, la mandó enterrar, pero solo encontraron el cráneo, los pies y las palmas de las manos de ella (v. 35). Así también se cumplió la profecía pronunciada por Elías sobre el desenlace de la enemiga número uno de Jehovah y sus siervos (1 Rey. 21:23).
3er Titulo: Engaño que conduce a la idolatría y carnalidad, armas poderosas del enemigo para destrucción. Versículos 16 al 18. Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Hostigad a los madianitas, y heridlos, por cuanto ellos os afligieron a vosotros con sus ardides con que os han engañado en lo tocante a Baal-peor, y en lo tocante a Cozbi hija del príncipe de Madián, su hermana, la cual fue muerta el día de la mortandad por causa de Baal-peor. (Léase: Números 25:1 al 3. Moraba Israel en Sitim; y el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab, las cuales invitaban al pueblo a los sacrificios de sus dioses; y el pueblo comió, y se inclinó a sus dioses. Así acudió el pueblo a Baal-peor; y el furor de Jehová se encendió contra Israel. ▬ 2ª a los Corintios 2:11. para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.).
La Biblia condena el hostigamiento, instando a amar al prójimo y no hacer daño, aunque contiene pasajes complejos sobre roles de género que a veces se malinterpretan como justificación, mientras ofrece principios para enfrentar el acoso: resistir a Satanás con la Palabra de Dios (1 Pedro 5:9), buscar la ayuda de Dios (Salmos 118:13), mantener la calma, no buscar venganza y no ser un acosador (Proverbios 4:14-27, Levítico 19:18, Efesios 6:4-6). El consejo general es resistir el mal, no ser el mal, y buscar la justicia divina.
Comentario de Números 25: Verso 1-2: El Señor había defendido a Su pueblo Israel de la maldición de Balaam; pero los propios israelitas, en lugar de guardar el pacto de su Dios, cayeron en las trampas de la seducción pagana (Números 25:1, Números 25:2). Mientras acampaban en Sitim, en las estepas de Moab, el pueblo comenzó a prostituirse con las hijas de Moab: aceptaron las invitaciones de estas últimas a un festival de sacrificio de sus dioses, participaron en sus comidas de sacrificio e incluso adoraron a los dioses. de los moabitas, y se entregó a la adoración licenciosa de Baal-Peor. Como los príncipes de Madián, que eran aliados de Moab, habían sido los consejeros y ayudantes del rey moabita en el intento de destruir a los israelitas por una maldición de Dios; así que ahora, después del fracaso de ese plan, ellos eran el alma de la nueva empresa para debilitar a Israel y volverlo inofensivo, seduciéndolo a la idolatría y llevándolo así a la apostasía de su Dios. Pero fue Balaam, como se observa casualmente después en Números 31:16, quien primero dio este consejo. Esto se pasa por alto aquí, porque el punto de mayor importancia en relación con el objeto de la narración no era la participación de Balaam en la propuesta, sino la realización de la propuesta misma. Las hijas de Moab, sin embargo, también tomaron parte en su realización, formando asociaciones amistosas con los israelitas, y luego invitándolos a su fiesta de sacrificio. Ellas solamente son mencionadas en Números 25:1, Números 25:2, como siendo las hijas de la tierra. La participación de los madianitas aparece ante todo en el desvergonzado libertinaje de Cozbi, la hija del príncipe madianita, de lo cual no sólo vemos que los príncipes de Madián cumplieron su parte, sino que obtenemos una explicación de la razón por la cual el juicio sobre los astutos destructores de Israel iba a ser ejecutado sobre los madianitas.
Verso 3: Y la ira del Señor se encendió contra el pueblo, de modo que Jehová mandó a Moisés que trajera las cabezas del pueblo, es decir, que los reuniera y «colgara» a los hombres que se habían unido a Baal-Peor «delante del Señor contra el sol”, para que la ira de Dios se aparte de Israel. El ardor de la ira de Dios, que había de apartarse del pueblo mediante el castigo de los culpables, como se ordenó a Moisés, consistió, como podemos ver en Números 25:8, Números 25:9, en una plaga infligida sobre la nación que se llevó gran número del pueblo, una muerte súbita, como en Números 14:37; Números 17:11. הוקיע, de יקע, ser desgarrado o arrancado (Ges., Winer), se refiere al castigo de la crucifixión, una modalidad de pena capital que fue adoptada por la mayoría de las naciones de la antigüedad, y se llevó a cabo a veces clavando una estaca en el cuerpo y empalándolos (ἀνασκολοπίζειν), el modo practicado por los asirios y los persas, otras veces fijándolos a un poste o clavándolos en una cruz (ἀνασταΰροῦν). Sin embargo, en el caso que nos ocupa, los idólatras no fueron empalados ni crucificados vivos, sino que, como podemos ver en la palabra הרמּוּ en Números 25:5, y de acuerdo con la costumbre frecuentemente adoptada por otras naciones (ver la Enciclopedia de Herzog), en primer lugar, fueron ejecutados y luego empalados en un madero o fijados en una cruz, de modo que el empalamiento o la crucifixión eran solo un agravante de la pena capital, como la quema en Levítico 20:14, y el ahorcamiento (תּלה) en Deuteronomio 21:22
Comentario de 2ª a los Corintios 2:11: Disciplina de la iglesia: Estaba el espíritu perdonador del ministro. Pablo dice que él perdono al hombre por tres razones:
▬ 1. Pablo perdono al hombre a fin de ayudar a la iglesia y ayudarse a sí mismo. La naturaleza y el cimiento mismos de la iglesia es el perdón. La iglesia existe porque Dios perdona nuestros pecados. Por consiguiente, si la iglesia se rehúsa a perdonar a una persona que se arrepiente verdaderamente, la iglesia está negando su naturaleza y propósito de existencia. La iglesia no tiene razón de existir si no perdona y restaura a las personas a la comunión.
Sucede lo siguiente: El ministro debe ser el primero en perdonar y en enseñar el perdón. Por consiguiente, Pablo perdono al hombre y alentó a la iglesia de Corinto a perdonar al hombre también. Como dice Pablo: “lo que he perdonado [el daño hecho], por vosotros lo he hecho”.
▬ 2. Pablo perdono al hombre por amor a Cristo. “En presencia de Cristo” quiere decir frente a frente o frente a la persona de Cristo, es decir, ante Cristo. A Cristo le desagrada tanto un espíritu implacable, que se rehúsa a perdonar los pecados de cualquier hombre que sea implacable. El corazón de Cristo derrama perdón; por consiguiente, ÈL espera que todos los hombres perdonen a los otros. Pablo amaba a Cristo, lo amaba con todo su corazón; por consiguiente, Pablo no podía lastimar a Cristo con un espíritu implacable. Pablo tenía que perdonar al hombre por amor a Cristo.
▬ 3 Pablo perdono al hombre para evitar que Satanás ganara ventaja. Los resultados habrían sido trágicos. » » a. Satanás habría tenido ventaja sobre el hombre.
Si la iglesia no lo hubiera perdonado:
- Se habría quedado fuera de la iglesia, fuera en el mundo.
- Habría quedado sujeto a caer en depresión y desesperación, ser consumido de tristeza.
» b. Satanás habría tenido ventaja sobre Pablo. El ministerio de Pablo se habría vuelto ineficaz, porque ya Dios no podría bendecir a un hombre que no hizo lo que predicaba: “Perdonar los pecados de los hombres”.
» c. Satanás habría tenido ventaja sobre la iglesia por la misma razón. Dios ya no podría usar más la iglesia, porque estaría negando su propio propósito de existencia. En lugar de abrir sus puertas al pecador arrepentido, estaría cerrándole sus puertas a la satisfacción de las necesidades de las personas, personas que son tan preciadas para Dios.
Note lo que Pablo dice: “no ignoramos sus maquinaciones [las de Satanás]”. Satanás tiene gran influencia en los hombres y en sus asuntos. Los creyentes no deben ignorar sus maquinaciones para tentar y destruir a las personas.
“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo” (Ef. 4:26, 27).
“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podéis estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Ef. 6:10, 11).
“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huiré de vosotros” (Stg. 4:7).
“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo” (1 P. 5:8, 9).
Amén, para la honra y gloria de Dios.
