Estudio Biblico Tiquico

Estudio Biblico Tiquico

Roberto Saldias Roa
DOMINGO 02 DE NOVIEMBRE DE 2025.“LA PALABRA DE DIOS ES INALTERABLE EN TODO TIEMPO”.

  

Lección: Números 23:5 al 11.   5. Y Jehová puso palabra en la boca de Balaam, y le dijo: Vuelve a Balac, y dile así.  6. Y volvió a él, y he aquí estaba él junto a su holocausto, él y todos los príncipes de Moab. 7. Y él tomó su parábola, y dijo: De Aram me trajo Balac, Rey de Moab, de los montes del oriente; Ven, maldíceme a Jacob, Y ven, execra a Israel. 8. ¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo? ¿Y por qué he de execrar al que Jehová no ha execrado? 9. Porque de la cumbre de las peñas lo veré, Y desde los collados lo miraré; He aquí un pueblo que habitará confiado, Y no será contado entre las naciones. 10. ¿Quién contará el polvo de Jacob, O el número de la cuarta parte de Israel? Muera yo la muerte de los rectos, Y mi postrimería sea como la suya. 11. Entonces Balac dijo a Balaam: ¿Qué me has hecho? Te he traído para que maldigas a mis enemigos, y he aquí has proferido bendiciones. 

   Comentario del contexto Bíblico: Versos 4-6: “Y Dios vino al encuentro de Balaam”, quien consideró necesario, como un verdadero hariolus, llamar la atención de Dios a los altares que se habían construido para Él, y los sacrificios que se habían ofrecido sobre ellos. Y Dios le dio a conocer su voluntad, aunque no en una señal natural de significado dudoso. Puso en su boca una palabra muy clara e inequívoca, y le ordenó que se la hiciera saber al rey.

   Versículos 7-10

   El primer dicho de Balaam. – Habiendo vuelto al holocausto, Balaam comenzó su declaración ante el rey y los príncipes reunidos. משׁל, lit., un símil, luego un proverbio, porque este último consiste en comparaciones y cifras, y por último una oración o dicho. La aplicación de este término a los anuncios hechos por Balaam (Números 23:7, Números 23:18, Números 24:3, Números 24:15, Números 24:20), mientras que nunca se usa de las profecías de los verdaderos profetas. de Jehová, sino sólo de ciertos cánticos y símiles insertados en ellos (cf. Isaías 14:4; Ezequiel 17:2; Ezequiel 24:3; Miqueas 2:4), debe explicarse no meramente por la forma poética de Balaam expresiones, el predominio de la imaginería poética, el paralelismo sostenido, la construcción de todo el discurso en oraciones breves y puntiagudas, y otras peculiaridades del lenguaje poético (p. ej., בּנו, Números 24:3, Números 24:15), pero apunta al mismo tiempo a la diferencia que realmente existe entre estas declaraciones y las predicciones de los verdaderos profetas. Estos últimos son oraciones dirigidas a la congregación, que deducen de la relación general y peculiar de Israel con el Señor y con Su ley, la conducta del Señor hacia Su pueblo ya sea en su propio tiempo o en el futuro, proclamando juicio sobre los impíos y salvación a los justos. “El ojo mental de Balaam”, por el contrario, como bien observa Hengstenberg, “estaba simplemente fijo en lo que veía; y esto lo reprodujo sin tener en cuenta la impresión que pretendía causar en aquellos que lo escucharon.” Pero la primera expresión fue de tal carácter que privó a Balac de toda esperanza de que sus deseos se cumplieran.

   Texto: «Pero tu habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina» (Tito 2:1.).

   Comentario del texto áureo: (2:1): Ministro ▬ Maestro ▬ Doctrina ▬ Palabra de Dios: El ministro debe predicar y enseñar la sana doctrina. Esto contrasta con los falsos maestros que acabamos de analizar en el pasaje anterior (Tit. 1:10-16). La palabra “sana” significa íntegra y saludable. Por tanto, sana doctrina quiere decir las doctrinas y enseñanzas de la Palabra de Dios. Las íntegras y saludables enseñanzas de la Palabra de Dios en contraste con las enseñanzas enfermizas de los falsos maestros. Las enseñanzas de los falsos maestros solo implantarán una enfermedad cancerígena en el corazón humano y traerán como resultado la muerte y la destrucción. Por tanto, la exhortación para Tito era urgente, y es urgente para todo ministro de Dios. La salud y destino del pueblo de Dios y de la iglesia están en juego.

   Pensamiento 1. Predica y enseña la sana doctrina: Las enseñanzas de la Palabra de Dios, No prediques ni enseñes tus propias ideas u opiniones ni las últimas novedades de la teología. No añadas nada a la Palabra de Dios ni quites nada de ella. Toma las enseñanzas de Dios tal cual son y predícalas y enséñalas.

   “Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mt. 15:9).

   “Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la Palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la Palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes” (1 Ts. 2:13).

   “Como te rogué que te quedases en Éfeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora” (1 Ti. 1:3-4).

   “Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido” (1 Ti. 4:6).

1er Titulo: El enviado debe hablar solo la palabra que Dios le declare. Versículos 5 y 6. Y Jehová puso palabra en la boca de Balaam, y le dijo: Vuelve a Balac, y dile así. Y volvió a él, y he aquí estaba él junto a su holocausto, él y todos los príncipes de Moab. (Jeremías 1:7 y 9. Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. ▬ Isaías 6:8 al 10. Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí. Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved, por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.).

   Comentario del texto: Versos 4-6: “Y Dios vino al encuentro de Balaam”, quien consideró necesario, como un verdadero hariolus, llamar la atención de Dios a los altares que se habían construido para Él, y los sacrificios que se habían ofrecido sobre ellos. Y Dios le dio a conocer su voluntad, aunque no en una señal natural de significado dudoso. Puso en su boca una palabra muy clara e inequívoca, y le ordenó que se la hiciera saber al rey.

   Comentario de Jeremías 1: Los vv. 7 y 8 son distintos a todos los demás relatos de un llamamiento. Dios dice que ni la edad ni la falta de experiencia es importante. Estos no eran lo más importante para Jehovah, sino la capacidad de la persona para seguirle y para cumplir su voluntad. Es un asunto como el físico: cada acción tendrá una reacción correspondiente. Dios envía; el profeta va. Dios manda y el profeta cumple. La vida de un profeta no era suya, dependía de Dios y su palabra. Sin duda alguna Jeremías había leído las palabras que se encuentran en Deuteronomio 18:18, y sabía de esta relación especial entre Dios y su siervo, Moisés. Además, sabía de la promesa que Jehovah había hecho a Moisés en aquel momento: “Les levantaré un profeta como tú, de entre sus hermanos. Yo pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mande” (Deut. 18:18). Durante su largo ministerio de unos 50 años Jeremías sabía que estaba hablando la palabra de Dios. Nunca tuvo que inventar el mensaje porque Dios le dio el mensaje que tenía que dar (comp. 37:16, 17; 38:14–18). Él mismo declara: “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí. Tus palabras fueron para mí el gozo y la alegría de mi corazón, porque yo soy llamado por tu nombre, oh, Jehovah Dios de los Ejércitos” (15:16).

   El argumento de Jeremías de que era joven y no sabía hablar tenía una respuesta inmediata. No debía decir que era demasiado joven ni tener miedo porque Jehovah iba a darle las palabras y estar con él para que no tuviera miedo al dar el mensaje de Jehovah al pueblo. Él estaría presente para librarse del miedo. Más de una vez Jehovah le “libró” de una situación peligrosa, tal como “libró” al pueblo de la esclavitud (comp. Éxo. 3:8; 5:23; 12:27; 18:4–10). Dios le daba la autoridad, y fuerza física y espiritual para ser su profeta y cumplir la misión encomendada.

   Jehovah sabía que Jeremías estaría más convencido y estimulado para su misión con un acto simbólico, y así tocó su boca y le aseguró con esta acción que había puesto sus palabras en su boca. Esto era semejante también a la experiencia de Isaías (comp. Isa. 6:6–8). El caso de Ezequiel era distinto: él comió las palabras y estas llegaron a ser parte de su propio ser. La palabra de Dios estaba dentro de él (comp. Eze. 2:8–3:3). Con la acción de tocar la boca de Jeremías, Jehovah afirmó que le había puesto sobre naciones y sobre reinos para llevarles el mensaje de juicio y castigo, pero también de esperanza y restauración.

   Este título de ser profeta a las naciones llegó a ser una realidad durante el ministerio de Jeremías. Jeremías vivía en Anatot, el pueblo donde los descendientes de Abiatar habían sido desplazados por Salomón (comp. 1 Reyes. 1:26, 27, 35) pero seguramente esta familia sacerdotal sabía de la apostasía reinante en Judá y probablemente había conocido la destrucción de Samaria, la capital de Israel, el Reino del Norte, por los asirios. Sin duda, hablaban de loseventos internacionales y sus efectos en su pueblo. Así el joven Jeremías habría tenido conocimientos de las actividades internacionales y los esfuerzos de Asiria, Babilonia y Egipto para expandir sus fronteras. Jeremías sabía que Judá sería amenazada por alguno de ellos en un momento específico y que su responsabilidad iba a ser de llevar las palabras de Jehovah a su nación.

   En los últimos capítulos del libro (45–51) hay la larga sección de los “oráculos contra las naciones”, en la cual el profeta presenta los extensos mensajes de castigo, pero también de bendición, a varias de las naciones que habían tenido un impacto sobre la vida de Israel y Judá. Estos no son los únicos oráculos que se encuentran en el libro porque Jeremías fue llamado a servir en un tiempo de convulsión internacional y Jehovah le llamaba para dar su mensaje frecuentemente. De esta forma, desde el principio Dios le permitía ver la ruina que viene de las naciones “del norte”. Más tarde, el profeta dará las palabras de Jehovah de los Ejércitos: “He aquí que el mal irá de nación en nación y un gran huracán se desatará desde los extremos de la tierra” (25:32).

   Comentario de Isaías 6: 8-10: Visión y vocación de Isaías, 6:1-13 ¿Cómo es que el ministerio profético de Isaías careciera de resultados, de efecto positivo enel pueblo? ¿Cómo es que no pudo evitar la ruina de Judá? A Isaías el resultado le era conocidode antemano, pues Dios mismo se lo había revelado en su visión de vocación o llamamiento,cuando Isaías le preguntó hasta cuándo duraría aquella esterilidad de su mensaje en el pueblo (v.11). La respuesta fue: Hasta que las ciudades queden desoladas y sin habitantes, y no hayahombres en las casas, y la tierra quede devastada… (vv. 11–13). Mediante la misión del profetala culpa del pueblo se acrecentaría y esto aceleraría el castigo final.

   La referencia sería a los resultados dramáticos de la invasión de Senaquerib a Judá, cuando estuvo a punto de tomar Jerusalén después de haber arrasado muchas de las ciudades fortificadas. Sólo después del desenlace, por intervención directa de Jehovah, Dios de Israel, Isaías llegó a ser vindicado. ¿Y acaso no fue igual la experiencia de Jeremías, de Pablo, o del mismo Señor Jesús? Jesús, tal como Isaías, recurrió al uso de parábolas para predicar al pueblo, para que de todas maneras escucharan de buena gana, aunque no vieran, ni escucharan ni entendieran de veras, para que el mensaje profético quedara como testimonio histórico (vv. 9 y 10; comp. con Mat. 12:14; Juan 13:40 y Hechos. 28:26).

   Uzías, el rey que condujo al pueblo de Judá a tanta gloria, humana y falaz, pero de todas maneras significativa, estaba a punto de morir. El rey estaba moribundo, y sobre el reino se cernían las sombras de la incertidumbre y del pesimismo. Una vez más parecía evidente que Jehovah había dejado a su pueblo a su abandono. Parecía que las promesas hechas a David acerca de un rey ideal y justo, un descendiente suyo, habían quedado frustradas. Pero no. En medio del caos humano Isaías tiene una visión del Rey, sentado sobre un trono alto y sublime (v. 1). Pero este Rey no es un hijo de David, sino el mismo Jehovah de los Ejércitos.

   El lugar de la visión era el templo en Jerusalén, y la visión era tan imponente que los bordes del vestido real de Jehovah llenaban el templo, posiblemente todo el emplazamiento del templo sobre el monte Moriah, con sus muros de contención alrededor. La visión fue acompañada por un temblor que sucedió al canto de los serafines, que decían: ¡Santo, santo, santo es Jehovah de los Ejércitos! ¡Toda la tierra está llena de su gloria! (v. 3).

   Tras esta visión, los labios de Isaías fueron purificados mediante un carbón encendido, tomado del altar por uno de los serafines. Y luego, sólo cuando se le había concedido la capacidad de estar de pie ante el Dios Santo, tiene lugar el diálogo de su llamamiento. Entonces Jehovah le expresa la inquietud que tiene por su pueblo Israel, e Isaías se presenta diciendo: Heme aquí, envíame a mí (6:8).

   Sin embargo, el mensaje profético estaba destinado a no tener como resultados la positiva conversión de Israel a su Dios, es decir, el retorno a sus demandas éticas y espirituales, como se ha visto vez tras vez en los capítulos previos. Y esto produce una fuerte desesperación en el profeta. Pero en las últimas palabras de Jehovah que concluyen la visión y el capítulo, se encierra el germen de la esperanza: … después de ser derribados, aún les queda el tronco (v. 13). Es así que Isaías comenta, ya al margen de la visión y en palabras exclamativas: Su tronco [de la nación de Israel] es la simiente santa (v. 13), aludiendo al remanente que volverá a su Dios. Con esto termina la primera parte del libro de Isaías.

2º Titulo: El amparo de Dios nos hace vivir confiadamente. Versículos 7 al 10. Y él tomó su parábola, y dijo: De Aram me trajo Balac, Rey de Moab, de los montes del oriente; Ven, maldíceme a Jacob, Y ven, execra a Israel.  ¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo? ¿Y por qué he de execrar al que Jehová no ha execrado? Porque de la cumbre de las peñas lo veré, Y desde los collados lo miraré; He aquí un pueblo que habitará confiado, Y no será contado entre las naciones. ¿Quién contará el polvo de Jacob, O el número de la cuarta parte de Israel? Muera yo la muerte de los rectos, Y mi postrimería sea como la suya. (Léase: Salmo 27:1 y 2. Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. ▬ Salmo 125: 1 y 2. Los que confían en Jehová son como el monte de Sion, Que no se mueve, sino que permanece para siempre. Como Jerusalén tiene montes alrededor de ella, Así Jehová está alrededor de su pueblo. Desde ahora y para siempre.).

    Comentario del texto: Números 23:7

   “Balac, rey de Moab, me trae de Aram, de los montes de Oriente”, es decir, de Mesopotamia, que se describe, ya en Génesis 29,1, como la tierra de los hijos de Oriente (cf. Números 22:5). Balaam menciona las montañas de su hogar en contraposición a las montañas de la tierra de los moabitas sobre las que se encontraba entonces. “Ven, maldíceme a Jacob, y ven a amenazar a Israel”. Balac lo había enviado a buscar con este propósito (ver Números 22:11, Números 22:17). זעמה, por זעמה, imperativo (ver Ewald, §228, b.). זעם, estar enojado, aquí dar expresión a la ira de Dios, sinónimo de נקב o קבב, maldecir. Jacob: nombre poético de la nación, equivalente a Israel.

   Números 23:8-10

   “¿Cómo he de maldecir a quien Dios no maldice, y cómo amenazar a quien Jehová no amenaza?” Balac imaginó, como todos los paganos, que Balaam, como goete y mago, podría distribuir bendiciones y maldiciones según su propia voluntad, y poner tal restricción sobre su Dios como para hacerlo subordinado a su propia voluntad (ver en Números 22: 6). El vidente se opone a este engaño: El Dios de Israel no maldice a Su pueblo, y por lo tanto Su siervo no puede maldecirlo. Los siguientes versículos (Números 23:9 y Números 23:10) dan la razón: “Porque desde lo alto de los peñascos lo veo, y desde los collados lo miro. He aquí, es un pueblo que habita aparte, y no se cuenta entre las naciones. ¿Quién determina el polvo de Jacob, y en número la cuarta parte de Israel? ¿Muera mi alma como la muerte de los justos, y mi fin sea como el suyo? Hubo dos razones que hicieron imposible que Balaam maldijera a Israel: (1) Porque eran un pueblo tanto exterior como interiormente diferente de otras naciones, y (2) porque eran un pueblo ricamente bendecido y muy favorecido por Dios. Desde lo alto de los montes, Balaam miró al pueblo de Israel. La altura exterior y terrenal sobre la que se encontraba era el sustrato de la altura espiritual sobre la que el Espíritu de Dios lo había colocado, y había iluminado tanto su vista mental que pudo discernir todas las peculiaridades y la verdadera naturaleza de Israel. A este respecto, lo primero que se encontró con su opinión fue el hecho de que este pueblo habitaba solo. Morar solo no denota un retiro tranquilo y seguro, como muchos comentaristas han inferido de Deuteronomio 33:28; Jeremías 49:31 y Miqueas 7:14; pero, según la cláusula paralela, “no se cuenta entre las naciones”, expresa la separación de Israel del resto de las naciones. Esta separación se manifestó exteriormente al ojo del vidente en el hecho de que “el ejército de Israel habitaba solo en un campamento separado en la llanura. En esto su espíritu discernió la separación interna y esencial de Israel de todos los paganos” (Baumgarten). Este “morar solo” externo era un símbolo de su separación interna del mundo pagano, en virtud de la cual Israel no solo fue salvado del destino del mundo pagano, sino que no pudo ser vencido por los paganos; por supuesto, sólo mientras ellos mismos mantuvieran internamente esta separación de los paganos, y continuaran fielmente en pacto con el Señor su Dios, quien los había separado de entre las naciones para ser Su posesión. Tan pronto como Israel se perdió en formas paganas, también perdió su propia independencia externa. Esta regla se aplica tanto al Israel del Nuevo Testamento como al Israel del Antiguo, a la congregación o Iglesia de Dios de todas las épocas. ב יתח לע, “no se cuenta entre las naciones paganas”, es decir, no comparte la suerte de las otras naciones, porque tiene un Dios y protector diferente de los paganos (cf. Deuteronomio 4:8; Deuteronomio 33: 29). La verdad de esto se ha realizado tan maravillosamente en la historia de los israelitas, a pesar de que no alcanzaron la idea de su llamamiento divino, “que mientras que todos los reinos más poderosos del mundo antiguo, Egipto, Asiria, Babel, etc., han pereció sin dejar rastro, Israel, después de haber sido rescatado de tantos peligros que amenazaban con la destrucción total bajo el Antiguo Testamento, todavía florece en la Iglesia del Nuevo Testamento, y continúa existiendo también en esa parte que, aunque ahora rechazada, está destinada día para ser restaurado” (Hengstenberg).

   En este estado de separación de las demás naciones, Israel se regocijaba en la bendición de su Dios, que ya era visible en la multitud innumerable en que se había convertido. “¿Quién ha determinado jamás el polvo de Jacob?” Como no se puede contar el polvo, así es innumerable la multitud de Israel. Estas palabras remiten a la promesa de Génesis 13:16, y se aplican tanto al estado existente como al futuro de Israel. El comienzo del cumplimiento milagroso de la promesa dada a los patriarcas de una posteridad innumerable estaba ya ante sus ojos (cf. Deuteronomio 10, 22). Incluso ahora, la cuarta parte de Israel no debe ser contada. Balaam habla de la cuarta parte con referencia a la división de la nación en cuatro campamentos (cap. 2), de los cuales solo podía ver uno desde su punto de vista (Números 22:41), y por lo tanto solo la cuarta parte de la nación. מספּר es un acusativo de definición, y el sujeto y el verbo deben repetirse desde la primera cláusula; para que no haya necesidad de cambiar מספּר por ספר מי. – Pero Israel no sólo fue visiblemente bendecido por Dios con un aumento innumerable; también fue exaltado interiormente en un pueblo de ישׁרים, hombres justos u honorables. El predicado ישׁרים se aplica a Israel por su llamado divino, porque tenía un Dios justo y recto, un Dios de verdad y sin iniquidad (Deuteronomio 32:4), o porque el Dios de Israel era santo y santificado Su pueblo (Levítico 20:7-8; Éxodo 31:13) y los convirtió en Jesurún (Deuteronomio 32:15; Deuteronomio 33:5, Deuteronomio 33:26). La justicia, la probidad, es la idea y el destino de este pueblo, que nunca la ha perdido del todo, aunque nunca la ha realizado plenamente. Incluso en tiempos de apostasía general del Señor, siempre hubo un ἐκλογή en la nación, del cual se podía predicar verdaderamente la probidad y la justicia (cf. 1 Reyes 19:18). La justicia de los israelitas era “producto de las instituciones que Dios había establecido entre ellos, de la revelación de su santa voluntad que les había dado en su ley, del perdón de los pecados que había unido a la ofrenda de sacrificios. , y de la comunicación de Su Espíritu, que estaba siempre vivo y obrando en Su Iglesia, y sólo en ella” (Hengstenberg). Tal pueblo Balaam no podía maldecir; solo podía desear que el final de su propia vida se pareciera al final de estos hombres justos. La muerte se presenta aquí como el final y la culminación de la vida. “Balaam desea para sí mismo la bienaventuranza entera, plena, indestructible e inalienable del israelita, de la cual la muerte es tanto el cierre y la culminación, como también el sello y la atestación” (Kurtz). Este deseo no implicaba la esperanza cierta de una vida bienaventurada más allá de la tumba, que los propios israelitas no poseían entonces; simplemente expresaba el pensamiento de que la muerte de un israelita piadoso era un bien deseable. Y esto era, ya sea visto a la luz del pasado, el presente o el futuro. En la hora de la muerte, el piadoso israelita podía mirar hacia atrás con bendita satisfacción a una larga vida, rica “en rastros de la gracia benéfica, perdonadora, liberadora y salvadora de Dios”; podía consolarse con la deliciosa esperanza de vivir en sus hijos y en los hijos de sus hijos, y en ellos participar en el cumplimiento futuro de las divinas promesas de la gracia; y finalmente, al morir en posesión del amor y la gracia de Dios, pudo partir de allí con la gozosa confianza de ser reunido con sus padres en el Seol (Génesis 25:8).

   Comentario del: Salmo 27:1 y 2: SALMO 27: SUPLICA INDIVIDUAL. SALMO DE CONFIANZA.

  Las dos palabras clave en este Salmo son confianza y enemigos. A pesar de la persecución por los enemigos el salmista confía en Dios. Algunos piensan que el Salmo puede ser del tiempo de la rebelión de Absalón.

   La primera parte es un salmo de confianza (vv. 1–6); la segunda parte es una súplica o lamento individual en que el salmista pide socorro a Dios. Algunos piensan que son dos salmos diferentes por esta diferencia de forma y porque en la primera parte se habla de Dios en tercera persona, pero en la segunda se dirige directamente a Dios.

   Sin embargo, la singularidad de tema y de estructura litúrgica indican la unidad del salmo. Los vocablos comunes a las dos partes confirman lo mismo: salvación (vv. 1 y 9); adversarios (vv. 2 y 12); corazón (vv. 3, 8, 14); levantar (vv. 3, 12); buscar (vv. 4 y 8); vida (vv. 4 y 13, “vivientes” es el plural de la misma palabra). Por supuesto, el salmista pudo haber usado un poema ya existente para elaborar este Salmo.

▬ 1. Una declaración de confianza, v. 1

   ¡Qué afirmación fuerte de confianza en Dios, basada en una relación personal con él que provee una triple defensa: mi luz, mi salvación, fortaleza de mi vida! La luz disipa la oscuridad; salvación o victoria enfatiza la habilidad de Dios de dar la victoria a pesar de las fuerzas en contra; refugio o fortaleza es un lugar de seguridad.

▬ 2. Confianza frente a los peligros, vv. 2, 3

   Los salmistas constantemente hablan de sus adversarios y sus peligros. Devorar mis carnes es la imagen de fieras que devoran su presa; aquí se refiere a los que calumnian.

   Pablo dijo que todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús van a sufrir persecuciones. Estas persecuciones pueden ser externas, de otras personas, o internas, de la naturaleza vieja o del diablo. Efesios 6:12 dice que nuestra lucha es contra principados, contra autoridades, contra los gobernadores de estas tinieblas, contra espíritus de maldad… El salmista habla de enemigos físicos, pero el NT aplica este lenguaje de batalla también a la lucha espiritual. Venga de donde venga la oposición, el mensaje es claro, bajo la protección de Dios mi corazón no temerá.

   Comentario del Salmo 125: 1 y 2: Sólo Dios libera, vv. 1–5

   El Salmo empieza con una verdad preciosa, que Dios está por nosotros; es la misma verdad que Pablo proclama en Romanos 8:31: Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? Las figuras de los vv. 3–5 recalcan la gravedad del desastre que les acechaba. Primero, un monstruo grande que viene de la mitología cananea; para el hombre era invencible. Igualmente, las aguas de las inundaciones repentinas de esos torrentes de Palestina son invencibles. Pero Dios es todopoderoso y vence todos los ataques invencibles.

3er Titulo: Bendición de Dios al favor de su pueblo. Versículo 11. Entonces Balac dijo a Balaam: ¿Qué me has hecho? Te he traído para que maldigas a mis enemigos, y he aquí has proferido bendiciones. (Léase Salmo 3:1 al 4. ¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios! Muchos son los que se levantan contra mí. Muchos son los que dicen de mí: No hay para él salvación en Dios. Selah. Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; Mi gloria, y el que levanta mi cabeza. Con mi voz clamé a Jehová, Y él me respondió desde su monte santo. Selah. ▬ Efesios 1:3. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.).

   Comentario del SALMO 3: SUPLICA INDIVIDUAL. CONFIANZA EN LA CRISIS

   Un salmo de confianza que tradicionalmente fue usado como himno de la mañana (cf. v. 5). Es el primero de los 14 salmos cuyos títulos hablan de episodios en la vida de David (Salmos 3, 7, 18, 30, 34, 51, 52, 54, 56, 57, 59, 60, 63 y 142). Probablemente fue escrito durante el episodio mencionado en el título o después, recordando lo que vivió en ese momento.

Joya bíblica

Pero tú, oh Jehovah, eres escudo alrededor de mí; eres mi gloria y el que levanta mi cabeza (3:4).

   ▬ 1. Se multiplican los enemigos, vv. 1, 2

   David había perdido el apoyo del pueblo que fue engañado por Absalón, pero sabía a quién acudir en el tiempo de crisis. Muchos dicen… (v. 2) muestra que otros trataron de hacerle dudar; pues la crisis realmente era una consecuencia del pecado de David. Sin embargo, ya estaba en buena relación con Dios y supo confiar en él. Selah era una instrucción musical, probablemente significa un interludio o aumento de volumen de los instrumentos.

   ▬ 2. Clamor a Dios, vv. 3, 4

   El v. 3 empieza con un pero importante. A pesar de la apariencia de derrota segura y de que David pudiera dudar del apoyo de Dios por causa de su pecado anterior, supo que Dios le había perdonado y que estaba en su voluntad; de modo que clamó a Dios con toda confianza. Dios es su escudo, su protector, pero, es más, es su gloria, es un honor servir a tal Señor. El que levanta mi cabeza es “el que me lleva en victoria”. En vez de estar deprimido, cabeza abajo, confía con la cabeza levantada. Y, como siempre, me respondió.

   Comentario del Versículos 11: Balac reprochó a Balaam por esta declaración, que anunciaba bendiciones a los israelitas en lugar de maldiciones. Pero respondió a sus reproches con la observación de que estaba obligado por el mandato de Jehová. El infinitivo absoluto, בּרך, después del verbo finito, expresa el hecho de que Balaam había continuado expresando nada más que bendiciones. לדבּר שׁמר, observar para hablar; שׁמר, notar cuidadosamente, como en Deuteronomio 5:1, Deuteronomio 5:29, etc. Pero Balak pensó que la razón podría encontrarse en la localidad desfavorable; por lo tanto, condujo al vidente al “campo de los vigilantes, sobre la cumbre del Pisgá”, desde donde podía ver a todo el pueblo de Israel. Las palabras וגו תּראנּוּ אשׁר (Números 23:13) deben traducirse, “desde donde lo verás (Israel); sólo ves su final, pero no todo” (sc., aquí en Bamot-baal). Esto es requerido por una comparación del versículo que tenemos ante nosotros con Números 22:41, donde se afirma de manera más incuestionable que en la cima de Bamot-baal Balaam solo vio “el fin del pueblo”. Por eso Balac consideró desfavorable aquel lugar, y quiso conducir al vidente a un lugar desde donde pudiera ver a la gente, sin limitación alguna. En consecuencia, a pesar de la omisión de כּי (por), las palabras קצהוּ אפס solo pueden tener la intención de asignar la razón por la cual Balak supuso que las primeras declaraciones de Balaam habían sido desfavorables. קצהוּ = העם קצה, el fin del pueblo (Números 22:41), no puede significar la nación entera o, como suponen Marck, de Geer, Gesenius y Kurtz, “el pueblo de un extremo al otro”, en cuyo caso העם קצה (el fin del pueblo) significaría todo lo contrario de קצהוּ (el fin de ello); porque העם קצה no es intercambiable, ni debe identificarse, con מקּצה כּל־העם (Génesis 19:4), “todo el pueblo, desde su extremo o extremo”, o desde su último hombre; en otras palabras, “hasta el último hombre”. Menos aún significa העם קצה אפס “el fin último de todo el pueblo, el fin de todo el pueblo”, a pesar de que Kurtz considera la expresión “el fin del fin del pueblo” como una tautología intolerable. קבנו, imperativo con nun epenth., de קבב. El “campo de los vigilantes”, o “espías ((zofim)), sobre la cima del Pisga”, corresponde, sin duda, al “campo de Moab, sobre la cima del Pisga”, al oeste de Hesbón (ver en Números 21:20). El monte Nebo, desde el cual Moisés inspeccionó la tierra de Canaán a lo largo y a lo ancho, era una cumbre, y posiblemente la cumbre del Pisga (ver Deuteronomio 3:27; Deuteronomio 34:1). El campo de los espías era muy probablemente una extensión de meseta sobre Nebo; y llamado así porque los vigilantes estaban estacionados allí en tiempos de disturbios, para vigilar todo alrededor, o posiblemente porque era un lugar donde los augures hacían sus observaciones de los cielos y de las aves (Knobel). La localidad no ha sido explorada a fondo por los viajeros; pero desde el lugar aludido, debe haber sido posible pasar por alto una parte muy grande del Arboth Moab. Todavía más al norte, y más cerca del campamento de los israelitas en estos Arbot, estaba la cumbre de Peor, a la cual Balac después condujo a Balaam (Números 23:28), y donde no solo vio a todo el pueblo, sino podía ver claramente los campamentos de las diferentes tribus (Números 24:2).

   Comentario de Efesios 1:3. (1:3) Bendiciones: Las bendiciones de Dios son espirituales y celestiales, no bendiciones materiales. A lo largo de la historia, Dios ha utilizado dos métodos de bendiciones en su tratamiento con el hombre. Antes de Cristo, Dios lo bendijo con bendiciones materiales. Él le prometió a Abraham y a Israel tierra, riqueza y fama. (Véase nota y Estudio a fondo 1, Jn. 4:22; Estudio afondo I, Ro. 4:1-25. Cp. Gn. 12:1ss; 13:14-17; 15:1-7; 15-19; 22:16-18; 26:2-5, 24; 28:13-15; 31:13; 35:9-12). Pero Israel hizo un mal uso y acaparó las bendiciones materiales. En lugar de compartir sus bendiciones con otras naciones, Israel se aisló y proclamó su superioridad y los derechos otorgados por Dios por sobre otras naciones de la tierra. Sin embargo, a partir de Cristo, Dios trata con el hombre en forma espiritual, bendiciéndolo con bendiciones espirituales.

   Deben advertirse cinco cosas respecto de esto.

▬ 1. Las bendiciones espirituales son del Espíritu. Es el Espíritu el que controla al hombre y a las circunstancias que lo rodean. Un hombre puede sentirse mal, estar deprimido y oprimido, pero si su espíritu es fuerte, se pone de pie y conquista sus sentimientos. Controla y vence las circunstancias opresivas y vive un día victorioso. Pero si su espíritu es débil. ya sea en el trabajo o en el ocio, por lo general se queja con compasión propia, rezongando y viviendo un día vencido. Y con demasiada frecuencia los días pasan a ser semanas y meses hasta que la vida de una persona está en baja más que en ascenso, todo porque el espíritu es demasiado débil para conquistar. Así, las principales bendiciones de Dios están vinculadas con bendiciones que son espirituales, que le permiten a una persona controlar su propia vida.

▬ 2. Las bendiciones espirituales son exactamente lo opuesto a las bendiciones temporales. Son las bendiciones del hombre interior, las bendiciones del inmortal. Pero de todas las bendiciones. son las más gloriosas y satisfactorias. Son las bendiciones que borran la soledad, la alienación y la falta de propósito de los hombres. Son las bendiciones que le dan al hombre una superabundancia de vida.

▬ 3. Las bendiciones espirituales son muy superiores a las bendiciones materiales. Son permanentes, perfectas y eternas, perduran por siempre. Son de la misma naturaleza que Dios mismo. Las bendiciones espirituales existen y pueden ser experimentadas tanto en la tierra (la dimensión física del ser) como en el cielo (la dimensión espiritual del ser).

▬ 4. Las bendiciones espirituales se encuentran solo en Cristo. Jesucristo ha resucitado de entre los muertos y ha sido exaltado a la diestra de Dios el Padre. Él está en el cielo, rodeado de toda la atmósfera y las bendiciones celestiales. Todas las bendiciones celestiales son suyas. Él es el Señor y el Poseedor de todas las bendiciones. Por lo tanto, si una persona va a experimentar una bendición espiritual, debe estar en Cristo. Si una persona está en Cristo, entonces tiene su lugar en el cielo con Cristo. ¿Cómo es esto posible? Cuando una persona cree en Cristo, cree genuinamente, Dios toma su fe y la considera como justa. Dios considera a la persona como que es igual a Cristo, justa y aceptable. En la mente de Dios la fe en Cristo hace que una persona sea tal es Cristo: santo, justo y aceptable para el cielo. Por lo tanto, cuando una persona cree en Cristo, la mente de Dios ve a la persona en Cristo. Dios ve a la persona identificada con Cristo, sentada en el cielo. Y al estar sentada en el cielo, la persona puede experimentar todas las bendiciones del cielo. Dicho de manera sencilla, estar en Cristo significa creer tanto en el Hijo de Dios que Dios se ve exaltado, tan exaltado que Él cuenta a la persona como si fuera igual a Cristo: aceptable y digno de ser bendecido con todas las bendiciones del cielo. (Véase nota y Estudio a fondo 1, Justificación, Gá. 2: 15-16 para una discusión más profunda al respecto).

▬ 5. Dios trató primero con el hombre sobre las bendiciones materiales porque el hombre tenía que aprender varias cosas.

‣ a. Una herencia terrenal no perdura. Está sometida a ser perdida o robada. O bien evitamos que nuestras posesiones materiales se deterioren o dejamos nuestras posesiones para los que nos siguen.

‣ b. Una nación terrenal y una herencia material no puede traer paz ni seguridad. La paz y la seguridad son del espíritu. Las naciones terrenales y las cosas materiales son de la tierra, de naturaleza corruptible. Por eso las naciones y las cosas materiales no resuelven la lucha espiritual que siente el hombre en su propio ser. Ni tampoco las naciones o las cosas materiales borran las divisiones espirituales que existen entre los hombres y entre el hombre y Dios.

‣ c. El hombre tiene dentro de su ser interior un egoísmo y una codicia básicos. El hombre encuentra una tendencia, un impulso incontrolado, que desea y busca lo material y acapara lo corruptible rechazando lo espiritual

‣ d. El hombre debe pasar por un cambio básico de carácter para ser liberado de este impulso, de esta tendencia que provoca demasiada esclavitud, inquietud y división entre el ser de uno y entre los hombres. El hombre debe nacer de nuevo, convertirse en una nueva creación, ser un hombre nuevo, desde el punto de vista espiritual, permanente, perfecto y eterno. Y tal creación espiritual debe ser creada por Alguien muy superior a sí mismo. El hombre debe ser recreado por la mano de Dios mismo.

Domingo 02 Noviembre de 2025

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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