Estudio Biblico Tiquico

Estudio Biblico Tiquico

Roberto Saldias Roa
  • DOMINGO 05 DE JULIO DE 2026.               «A CAUSA DE LA CONTAMINACIÓN, EL EJERCITO FUE RECIBIDO FUERA DEL CAMPAMENTO».

       Comentario general del contexto bíblico: Versículos 11-12: Todo este botín ((shalal), botín en bienes), y toda la presa en hombres y animales ((malkoach)), fue llevado por los conquistadores a Moisés y Eleazar y la congregación, al campamento en las estepas de Moab. En Números 31:12, שׁבימלקוח al ganado tomado como botín, y שׁלל al resto de la presa.

       Versículos 13-18: Tratamiento de los Prisioneros. – Cuando Moisés salió al frente del campamento con Eleazar y los príncipes de la congregación para recibir a los guerreros que regresaban, se enojó con los comandantes, porque habían dejado vivas a todas las mujeres, ya que ellos habían sido la causa. por instigación de Balaam, de la apostasía de los israelitas de Jehová para adorar a Peor; y ordenó que todos los niños varones fueran asesinados, y toda mujer que se hubiera acostado con un hombre, y solo las niñas jóvenes que hasta entonces no habían tenido conexión con un hombre, que fueran dejadas con vida. החיל פּקוּדי, lit., las personas designadas, es decir, los oficiales del ejército, que luego se dividían en príncipes (capitanes) sobre miles y cientos. – “Que venía de la batalla”, es decir, que había vuelto. La pregunta en Números 31:15, “¿Habéis dejado con vida a todas las mujeres?” es una expresión de descontento y reprensión por haber hecho esto. למסר־מעל … היוּ, “se han vuelto para los israelitas obrar infidelidad hacia Jehová”, es decir, los han inducido a cometer un acto de infidelidad hacia Jehová. La palabra מסר, que solo aparece en este capítulo, a saber, en Números 31:5 y Números 31:16, parece usarse en el sentido de dar, entregar y luego, como נתן, hacer, hacer, efectuar. Sobre el hecho mismo, véase Números 25:6. El objeto de la orden de dar muerte a todos los niños varones era exterminar a toda la nación, ya que no podía perpetuarse en las mujeres. Del sexo femenino, debían ser condenados a muerte todos los que hubieran conocido el acostarse con un hombre, y por lo tanto posiblemente pudieran haber estado involucrados en el culto licencioso de Peor (Números 25:2), para preservar a la congregación de toda contaminación de esa idolatría abominable.

       A causa de la contaminación, el ejercito fue recibido fuera del campamento: La frase «recibidos fuera del campamento a causa de la contaminación» se refiere a normas de pureza ritual o al rechazo social. En contextos bíblicos, el campamento se consideraba santo, por lo que quienes padecían impurezas (como enfermedades de la piel o contaminación por la guerra) debían ser recibidos o purificados fuera de los límites.

      Referencias Bíblicas: Hebreos 13:13. «Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio».

    Mateo 22:7. «Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.»

    2ª Timoteo 2:19 al 23 «Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra. Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor. Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas.»

    Hechos 5:41-42. «Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.»

    Apocalipsis 3:11. «He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.».

    Apocalipsis 14.20. «Y fue pisado el lagar fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos, por mil seiscientos estadios.»

    Apocalipsis 18:4. «Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas.»

    2ª Corintios 6:17. «Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré.»

    TEXTO: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí». (Salmo 51:10).

       Comentario del texto: La obra de restauración empieza con el perdón, pero además hace falta un cambio interno. Sólo Dios puede crear un corazón nuevo y puro. Renueva un espíritu firme o “noble” (no habla del Espíritu Santo sino de la vida interior) nos hace recordar (2ª Corintios 5:17. «De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.»), que en Cristo somos una nueva creación. El salmista reconoce que no puede hacer lo bueno por sus propios esfuerzos.

       Prestar atención para ejecutar fielmente lo encomendado por Dios: En la Biblia, prestar atención a Dios y ejecutar su voluntad requiere escuchar su voz, meditar en su Palabra y ponerla en práctica con un corazón dispuesto. Dios exige obediencia deliberada y cuidadosa, prometiendo dirección y propósito para quienes alinean su vida con sus mandamientos.

       Deuteronomio 15:5. «Si escuchares fielmente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y cumplir todos estos mandamientos que yo te ordeno hoy.».

       Hebreos 2: 1 al 4. «Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.»

       Hechos 4:19. «Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios.»

       Desagrado del siervo de Dios ante lo obrado: El «desagrado del siervo de Dios» ante una acción suele aludir a una respuesta moral o espiritual frente a una falta, desobediencia o caída. En textos bíblicos y teológicos, esto abarca:

       2ª Timoteo 2:24 al 26. «Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él.»

       1ª Crónicas 21:1 al 7. «Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel. Y dijo David a Joab y a los príncipes del pueblo: Id, haced censo de Israel desde Beerseba hasta Dan, e informadme sobre el número de ellos para que yo lo sepa. Y dijo Joab: Añada Jehová a su pueblo cien veces más, rey señor mío; ¿no son todos estos siervos de mi señor? ¿Para qué procura mi señor esto, que será para pecado a Israel? Mas la orden del rey pudo más que Joab. Salió, por tanto, Joab, y recorrió todo Israel, y volvió a Jerusalén y dio la cuenta del número del pueblo a David. Y había en todo Israel un millón cien mil que sacaban espada, y de Judá cuatrocientos setenta mil hombres que sacaban espada. Entre éstos no fueron contados los levitas, ni los hijos de Benjamín, porque la orden del rey era abominable a Joab. Asimismo, esto desagradó a Dios, e hirió a Israel

      Comentario de los Hechos (16:18) Jesucristo: El poder del nombre de Jesús. Note cuatro hechos.

    ▬ 1. El falso testimonio fue un ataque continuo que duró por muchos días. La joven esclava seguía a Pablo y a sus compañeros día tras día cuando estos iban a orar. Mientras les seguía, iba gritando el gran pero falso oráculo:

       “…Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación” (v. 17).

       Nota: Lo que ella proclamaba era un bombardeo constante que debió ser embarazoso y que se extendió por muchos días. No sabemos por qué Pablo no actuó antes, puede haber sido que temía a una reacción de las personas de mentalidad terrenal, sintiendo de parte de Dios que aún no era hora de detener el falso testimonio.

    ▬ 2. Llegó el día en que a Pablo le desagradó (diaponetheis). La palabra significa disgustado, profundamente turbado, emocionado, molesto y airado (una ira justa). Estaba molesto y herido…

    • porque la muchacha estaba esclavizada por el pecado.

    • porque la muchacha estaba siendo usada por hombres avaros y lascivos.

    • por el falso testimonio sobre el nombre del Señor.

    • por la burla y la ridiculización de su ministerio como siervo de Cristo.

    ▬ 3. Llegó el momento en que Pablo invocó el poderoso nombre de Jesucristo. Se volvió y sanó a la muchacha. Fíjese qué fue exactamente lo que hizo Pablo.

    » a. Se dirigió al espíritu inmundo que estaba dentro de la muchacha. Un espíritu malo de adivinación o de lo oculto la tenía cautiva. El poder que ella tenía no procedía de sí misma, sino del espíritu malo. El verdadero problema era el espíritu inmundo, no la muchacha. Por tanto, Pablo le habló al espíritu inmundo.

    » b. Pablo invocó “el nombre de Jesucristo”. El poder de echar fuera al espíritu inmundo procedía de Cristo, no de Pablo.

    ▬ 4. La muchacha esclava fue liberada inmediata y completamente. En ese mismo momento el espíritu inmundo salió de ella.

       “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc. 19:10).

       “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He. 7:25).

       Recordando las funestas consecuencias por acatar el mal consejo: Acatar un mal consejo suele conducir a resultados desastrosos y dolorosos. Este tipo de advertencia, fuertemente arraigada en las reflexiones espirituales y bíblicas, nos recuerda que el desvío por malas influencias o decisiones apresuradas inevitablemente trae pérdidas, vergüenza y graves consecuencias morales.

       En la tradición bíblica, pasajes como los que enseñan. Las consecuencias de un mal consejo ilustran cómo el consejo humano, aunque parezca bienintencionado, puede apartarnos del camino correcto. Asimismo, escritos reflexivos detallan cómo las malas decisiones y la desobediencia marcan la historia humana y personal. El valor de discernir y alejarse de las malas compañías es un pilar para la toma de decisiones.

       1ª de Samuel 8:6-7. «Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová. Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos.»

       Bíblicamente, un mal consejo es aquel que contradice los principios, la voluntad o la justicia de Dios. Las Escrituras advierten que seguirlo lleva a la destrucción o al pecado, por lo que exhortan a discernir toda guía humana a través de la oración y la Palabra. Salmo 1:1. «Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado.». Proverbios 13:20. «El que anda con sabios, sabio será; Mas el que se junta con necios será quebrantado.». Oseas 4:6 al 10. «Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos. Conforme a su grandeza, así pecaron contra mí; también yo cambiaré su honra en afrenta. Del pecado de mi pueblo comen, y en su maldad levantan su alma. Y será el pueblo como el sacerdote; le castigaré por su conducta, y le pagaré conforme a sus obras. Comerán, pero no se saciarán; fornicarán, mas no se multiplicarán, porque dejaron de servir a Jehová.» 1ª de Reyes 12: 6 al 13. «Y ellos le hablaron diciendo: Si tú fueres hoy siervo de este pueblo y lo sirvieres, y respondiéndoles buenas palabras les hablares, ellos te servirán para siempre. Pero él dejó el consejo que los ancianos le habían dado, y pidió consejo de los jóvenes que se habían criado con él, y estaban delante de él. Y les dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo, que me ha hablado diciendo Disminuye algo del yugo que tu padre puso sobre nosotros? Entonces los jóvenes que se habían criado con él le respondieron diciendo: Así hablarás a este pueblo que te ha dicho estas palabras: Tu padre agravó nuestro yugo, más tú disminúyenos algo; así les hablarás: El menor dedo de los míos es más grueso que los lomos de mi padre. Ahora, pues, mi padre os cargó de pesado yugo, más yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, más yo os castigaré con escorpiones. Al tercer día vino Jeroboam con todo el pueblo a Roboam, según el rey lo había mandado, diciendo: Volved a mí al tercer día. Y el rey respondió al pueblo duramente, dejando el consejo que los ancianos le habían dado.»

       Apocalipsis (2: 14-15) Enseñanza, falsa – Balaam – nicolaítas: Estaba la queja. La iglesia era culpable de falsa doctrina y de gran mundanalidad. Advierta dos acusaciones en contra de la iglesia mundana.

    ▬ 1. La iglesia mundana es culpable de la doctrina de Balaam. ¿Qué significa esto? Significa que la corrupción y la mundanalidad están dentro de la misma iglesia; significa una mezcla de religión con mundanalidad. Balac, el rey moabita que reinaba adyacente a Palestina, le temía a Israel. Para proteger su reino, buscó los servicios de Balaam, un profeta, para maldecir a Israel. Cuando el rey le hizo la propuesta a Balaam, este la rechazó, pero aceptó la segunda oferta. Tres veces Balaam maldijo a Israel, pero sin resultados. Luego concibió un plan insidioso. Él iba a corromperlos. Sugirió que niñas moabitas sedujeran a los hombres israelitas para que se casaran con ellas y los condujeran a adorar a sus dioses idólatras. (Nm. 22-25; cp. 31-16). E1 esquema funcionó. E Israel, si bien arraigado en Dios, se mezcló con la mundanalidad y por lo tanto, corrupto.

       Al parecer lo que había sucedido en la iglesia de Pérgamo era esto: La iglesia…

    • había bautizado a algunas personas que nunca se habían arrepentido y abandonado las maneras del Señor.

    • había permitido que algunos mundanos enseñaran en la iglesia.

    • había permitido Lula feligresía mezclada de creyentes y no creyentes: algunos vivían vidas separadas de santidad y compromiso de sacrificio por la causa de Cristo y otros vivían vidas mundanas buscando los placeres y las posesiones de este mundo.

       El resultado fue trágico: estaban los que fornicaban dentro de la iglesia, esto es, cometían todo tipo de pecados sexuales; y estaban los que participaban en las fiestas de borrachera del mundo, incluso hasta el punto de participar en las fiestas de adoradores idólatras. (Ver, 1 Co. 10:14 -11:1.)

       “Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación” (Hch. 2:40).

       “Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, 0 borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis” (1 Co. 5:11).

       “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” (2 Co. 6:14).

       “Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” (2 Co. 6:17-18).

       “Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas” (Ef. 5:11).

       “Guárdate de hacer alianza con los moradores de la tierra donde has de entrar, para que no sean tropezadero en medio de ti” (Exo.34:12).

       “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado” (Sal. 1:1).

    ▬ 2. La iglesia mundana es culpable de la falsa profesión de los nicolaítas (ver Ap. 2:5-6. «Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco.»).

    Amén, para la honra y gloria de Dios.

  • UN CAMINO CARGANDO CON LA NATURALEZA DE DIOS: EL FRUTO DEL ESPÍRITU. 5:22-26”

       (5:22-26) Introducción: Un creyente genuino es aceptable y está aprobado ante Dios. Es abrazado y amado por Dios, cuidado y protegido por Dios. Y es el receptor de la vida eterna y de la garantía absoluta de la vida eterna.

       Pero advierta: El creyente no ha sido aceptado por Dios porque se lo merezca, ni porque cumplió con las leyes suficientes como para ganarse la aprobación de Dios. El creyente ha sido aceptado por Dios debido a Jesucristo. Jesucristo murió para pagar la pena por las transgresiones de la ley realizadas por el hombre. Murió para liberar a los hombres de la ley, de su juicio y condena. Por lo tanto, al estar frente a Dios, el creyente no está allí porque ha cumplido con las leyes y se ha ganado el derecho de estar allí. Está allí debido a su fe en Jesucristo. Él honra a la persona haciendo exactamente lo que la persona cree. Por ende, el hombre que cree que Jesucristo lo vuelve aceptable ante Dios se convierte en aceptable ante Dios.

       El punto es este: Puesto que el creyente debe acercarse a Dios a través de Jesucristo y no de la ley, es liberado de la ley. Está bajo Jesucristo, no bajo la ley. ¿Esto significa entonces que el creyente no tiene limitaciones en su vida y en su conducta, que es libre de vivir como quiera? ¿Es libre de seguir los deseos y lujuria de su carne, de buscar las cosas del mundo y de ceder ante los impulsos de mirar, pensar, tocar, degustar y hacer?

    ¡La respuesta es no! ¡Mil veces no! Puesto que al creyente se le ha dado la naturaleza de Dios. Anda por la vida cargando con la naturaleza de Dios (2 P. 1:4; Ef. 4:24; Col. 3:10; 1 Co.6: 19-20). Dios no tiene absolutamente nada que ver con el pecado, no dentro de su naturaleza. Por lo tanto, el creyente no debe ceder a la lujuria de la carne, debe andar cargando el fruto de la naturaleza de Dios, es decir, el fruto del Espíritu de Dios.

    2 P. 1:4. «Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús.»

    Ef. 4:24. «y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.»

    Col. 3:10. «y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno»

    1ª Co.6: 19-20. «¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.»

    Tema a estudiar:

    1. El creyente debe andar con la naturaleza de Dios (vv. 22-23).

    2. El creyente debe andar con una carne crucificada (v. 24).

    3. El creyente debe andar coherentemente con su postura en Cristo (v. 25).

    4. El creyente debe andar libre de egoísmo, superespiritualidad y envidia (v. 26.

       [1]. (5:22-23) Espíritu Santo, Creyente, Andar: El creyente debe andar con la naturaleza de Dios, es decir, el fruto del Espíritu de Dios, Advierta que la palabra “fruto” es singular, no plural. El Espíritu Santo solo tiene un fruto. Está desglosado en una lista de rasgos a fin de ayudarnos a comprender su naturaleza. Sin embargo, el Espíritu tiene solo una naturaleza, un fruto. Por lo tanto, cuando vive dentro de una persona, todos estos rasgos están presentes. El creyente verdadero no experimenta ni tiene solo algunos de ellos: El Espíritu de Dios los produce todos en la vida del creyente.

    ▬ 1. Está el fruto del amor (ágape). El amor ágape es el amor de la mente, de la razón, de la voluntad. Es el amor que llega tan lejos…

    • Que ama independientemente de los sentimientos, de si una persona quiere amar o no.

    • Que ama a una persona incluso si esa persona no merece ser amada.

    • Que ama realmente a la persona que no es digna de ser amada.

       Advierta cuatro puntos significativos del amor ágape.

    » a. El amor ágape o altruista es el amor de Dios, el amor poseído por Dios mismo. Es el amor demostrado en la cruz de Cristo.

    [] Es el amor de Dios por los impíos.

       “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Ro. 5:6).

    [] Es el amor de Dios por los pecadores indignos.

       “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8).

    [] Es el amor de Dios por los enemigos que no se lo merecen.

       “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida” (Ro. 5:10).

    » b. El amor altruista o ágape es un don de Dios. Solo puede ser experimentado si una persona conoce a Dios personalmente, solo si una persona ha recibido el amor de Dios, es decir, a Cristo Jesús, en su corazón y en su vida. El amor ágape debe difundirse (derramarse, diseminarse, compartirse) por el Espíritu de Dios dentro del corazón de una persona.

       “Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Ro. 5:5).

    » c. El amor altruista o ágape es la cosa más grande de toda la vida según el Señor Jesucristo.

       “Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos” (Mr. 12:29-31).

    » d. El amor altruista o ágape es la posesión y el don más grande en la vida humana de acuerdo a las Escrituras (1 Co. 13:1-13).

       “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1ª Co. 13:13).

    ▬ 2. Está el fruto del gozo (chara): Una alegría interior, un placer profundamente asentado. Es una profundidad de seguridad y de confianza que enciende un corazón alegre. Es un corazón alegre el que conduce a un comportamiento alegre. (Véase, Gozo, Fil. 1:4 «siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros».). En la Biblia, una oración con queja se entiende como un desahogo honesto ante Dios. En lugar de murmurar, personajes como David o Job derramaban su angustia buscando refugio. El ejemplo clásico es el (Salmo 142:2. «Delante de él expondré mi queja; Delante de él manifestaré mi angustia.». Colosenses 3.13. «soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.»)

    ▬ 3. Está el fruto de la paz (eirene): Significa unir, juntar, entretejer. Significa que una persona está unida, juntada y entretejida consigo misma y con Dios y los demás.

       La palabra en hebreo es shalom. Significa libertad de problemas y mucho más. Significa experimentar el bien más elevado, gozar lo más posible, poseer todo el bien interior posible. Significa unidad y solidez. Significa prosperidad en su sentido más amplio, especialmente prosperidad en el sentido espiritual de tener un alma que brota y florece. (Véase, Paz, Ef. 2: 14-15. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz).

    » a. Está la paz del mundo. Esta es una paz de escapismo, de evitar problemas, de rehusarse a enfrentar las cosas, de la irrealidad. Es una paz que se busca a través del placer, la satisfacción, el contento, la ausencia de dificultades, el pensamiento positivo o la negación de problemas.

    » b. Está la paz de Cristo y de Dios.

    [1] La paz de Dios primero es una paz en el pecho, una paz interior. Es una tranquilidad de mente, una compostura y un descanso que no se ve quebrada por circunstancias ni situaciones. Es más que sentimientos, incluso más que la actitud y el pensamiento.

    [2] En segundo lugar, la paz de Dios es la paz de la conquista (cp. Jn. 16:33). Es la paz que es independiente de las condiciones y del entorno; la paz que ni la angustia, peligro, sufrimiento o experiencia puede arruinar.

       “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Jn. 16:33).

    [3] En tercer lugar, la paz de Dios es la paz de la seguridad (cp. Ro. 8:28). Es la paz de una confianza incuestionable, la paz que da la seguridad total de que la vida de uno está en las manos de Dios y de que todas las cosas saldrán bien para los que aman a Dios y son llamados de acuerdo a su propósito.

       “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Ro. 8:28).

    [4] En cuarto lugar, la paz de Dios es la paz de la intimidad con Dios (cp. Fil. 4:6-7). Es la paz del bien más elevado. Es la paz que aquieta la mente, fortalece la voluntad y determina el corazón.

    » c. Está la fuente de paz. La paz siempre nace de la reconciliación. Su fuente solo se encuentra en la reconciliación forjada por Jesucristo. La paz siempre tiene que ver con las relaciones personales: la relación de un hombre consigo mismo, con Dios y con sus congéneres.

    [1] Un hombre debe estar vinculado, entretejido y unido consigo mismo para poder tener paz.

    [2] Un hombre debe estar vinculado, entretejido y unido con Dios para tener paz.

    [3] Un hombre debe estar vinculado, entretejido y unido con sus congéneres para tener paz.

       “Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” (Ef. 2:13-14).

       “Y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado” (Col. 1:20-21).

    ▬ 4 Está el fruto de la paciencia (makrothumia): Soportando y sufriendo durante un período prolongado, perseverancia, ser constante, estar firme y tolerar. La clemencia nunca cede Nunca se quiebra no importa qué la ataque.

    [1] La presión y el trabajo arduo pueden recaer sobre nosotros, pero el Espíritu de Dios nos ayuda a soportarlos.

    [2] La enfermedad o los accidentes o la ancianidad pueden afligimos, pero el Espíritu de Dios nos ayuda a soportarlos.

    [3] El desaliento y la desilusión pueden atacarnos, pero el Espíritu de Dios nos ayuda a soportarlos.

    [4] Los hombres pueden hacernos daños, abusar, calumniarnos y lastimarnos, pero el Espíritu de Dios nos ayuda a soportarlo.

       Cabe advertir dos cosas importantes sobre la paciencia:

    » a. La clemencia nunca devuelve el ataque. El sentido común nos dice que una persona que es objeto de ataque de otras podría devolver el ataque y vengarse. Pero al creyente cristiano se le otorga el poder de la clemencia, el poder de sufrir la situación o persona durante un período muy prolongado.

    » b. La paciencia es uno de los grandes rasgos de Dios. Como se señala en este versículo, es un fruto del mismo Espíritu de Dios, un fruto que debe estar en la vida del creyente.

    [1] Dios y Cristo son clementes ante los pecadores.

       “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” (Ro. 2:4).

    [2] Dios salva a los creyentes para que sean ejemplos de paciencia.

       “Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna” (1 Ti. 1:16).

    [3] Dios retiene su juicio del mundo porque tiene clemencia, esperando que más y más sean salvos.

       “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P. 3:9; cp. 1 P. 3:20).

       “Por amor de mi nombre diferiré mi ira, y para alabanza mía la reprimiré para no destruirte” (Is. 48:9).

       William Barclay dice que, si Dios hubiera sido un hombre, hace mucho tiempo hubiera borrado al hombre de la faz de la tierra debido a su terrible desobediencia. Pero Dios ama al hombre y se ocupa de él. Por lo tanto, Dios tiene clemencia hacia el hombre. Dios está teniendo clemencia durante un período muy prolongado por el hombre, permitiendo que más y más hombres sean salvos.

       “Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad” (Col. 1:11).

       “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Ti. 4:2).

    ▬ 5 Está el fruto de la benignidad (chrestotes): Significa ser gentil y bueno, útil y de ayuda, cordial y dulce, considerado y gracioso a través de todas las situaciones, sin importar las circunstancias. Una persona que es cordial no actúa en forma…

       • dura • despreocupada • indiferente • demasiado ocupada • ruda • resentida

       La benignidad se ocupa de los sentimientos de los demás y siente con ellos. Experimenta toda la profundidad de la compasión y la empatía. Demuestra ocupación y va directo a la situación respecto de una persona. La benignidad sufre con los que sufren, y lucha con los que luchan, y trabaja con los que trabajan.

    [1] Dios es gentil.

       “Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos” (Lc. 6:35).

       “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús” (Ef. 2:4-7).

    [2] Los creyentes deben ser amables entre sí.

       “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Ro. 12:10).

       “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Ef. 4:32).

       “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” (Col. 3:12).

       “Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor” (2 P. 1:5-7).

    ▬ 6. Está el fruto de la bondad (agathosune): Significa estar lleno de virtud y excelencia, benignidad y utilidad, paz y consideración. Significa que una persona está llena de todo bien y que hace todo el bien. Significa…

    • Que tiene un buen corazón y un buen comportamiento.

    • Que es bueno y que hace el bien.

    • Que es una persona de calidad.

       Advierta que una persona buena vive y trata a todos como deberían ser tratados. No se aprovecha de ninguna persona ni espera y permite que los demás se aprovechen. Toma la postura y vive por lo que es correcto, está bien y es justo. Esto significa que la bondad involucra disciplina y reprimenda, corrección e instrucción, así como también amor y cuidado, paz y conciliación. Una persona buena no dejará entrar al mal, no dejará que el mal quede librado al azar. No permitirá que el mal trate a los demás en forma injusta. No permitirá que los demás sufran la maldad. La bondad da un paso adelante y hace lo que puede para detener y controlar el mal.

       “Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros” (Ro. 15:14).

    [1] Dios está lleno de bondad.

       “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gá. 5:22-23).

       “Porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad” (Ef. 5:9).

       “Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder” (2 Ts. 1:11).

       “El ama justicia y juicio; de la misericordia de Jehová está llena la tierra” (Sal. 33:5).

       “Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él” (Sal. 34:8).

       “Miré, y no había quien ayudara, y me maravillé que no hubiera quien sustentase; y me salvó mi brazo, y me sostuvo mi ira” (Is. 63:5).

    [2] Los creyentes deben estar llenos de toda bondad.

      “Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros” (Ro. 15:14).

       “Y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Ef. 3:19).

    ▬ 7. Está el fruto de la fe o fidelidad (pistis): Significa ser fiel y confiable; ser leal y constante en la devoción y la fidelidad. Significa ser constante, sólido y firme. Una persona fiel se niega a sí misma y se sacrifica «todo lo que es y todo lo que tiene» y confía en Dios. Cree en Dios y sabe que Dios obrará todas las cosas para bien. Por lo tanto, se entrega por completo a Dios y se vuelve fiel a Dios.

    [1] La fidelidad no duda de Dios, no de su salvación, provisión o fortaleza para ayudar.

    [2] La fidelidad no comienza con Dios y luego cede.

    [3] La fidelidad no anda con Dios y luego se entrega a la lujuria de la carne.

       La fidelidad comienza y continúa con Dios. La fidelidad sigue y sigue, nunca se debilita ni se rinde.

    [1] Dios es fiel.

       “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor” (1 Co. 1:9).

       “De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien” (1 P. 4:19).

       “Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones” (Dt. 7:9).

       “Bendito sea Jehová, que ha dado paz a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho; ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha faltado” (1 R. 8:56).

       “Las misericordias de Jehová cantare perpetuamente; de generación en generación haré notoria tu fidelidad con mi boca” (Sal. 89:1).

    [2] Los creyentes deben ser fieles.

       “Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades” (Lc. 19:17).

       “Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel” (1 Co. 4:2).

       “Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir” (He. 3:5).

       “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra” (Éx. 19:5).

    ▬ 8. Está el fruto de la mansedumbre (prautes): Significa ser gentil, tierno, humilde, dócil, considerado, pero de manera firme. La mansedumbre tiene la fortaleza de controlar y disciplinar y lo hace en el momento oportuno.

    » a. La mansedumbre es un estado humilde de la mente. Pero esto no significa que la persona sea débil, cobarde y que se postre ante los demás. La persona mansa simplemente ama a las personas y ama la paz. Por lo tanto, camina humildemente entre los hombres sin importar su condición ni circunstancia de la vida. Relacionarse con los pobres y de menor clase social de esta tierra no molesta a la persona mansa. Desea ser amigo de todos y ayudar a todos en todo lo que sea posible.

    » b. La mansedumbre es un estado fuerte de la mente. Observa las situaciones y quiere que se haga justicia. No es una mente débil que ignora y niega la maldad y la malicia, el abuso y el sufrimiento.

    [1] Si alguien está sufriendo, la mansedumbre se entromete y hace lo que puede para ayudar.

    [2] Si se está haciendo el mal, la mansedumbre hacen lo que puede para detenerlo y corregirlo.

    [3] Si la maldad está librada al azar y a la indulgencia, la mansedumbre estalla en enojo. Sin embargo, advierta un punto crucial: el enojo siempre es en el momento oportuno y en contra de la cosa correcta.

    » c. La mansedumbre tiene un estado de autocontrol. La persona mansa controla su espíritu y su mente. Controla la lascivia de su carne. No se entrega a los malos modos, la venganza, la pasión, la indulgencia o la licencia. La persona mansa muere para sí mismo, por lo que carne hubiera querido hacer, y hace lo correcto, exactamente lo que Dios quiere que se haga.

       En resumen, el hombre manso camina en un estado de mente humilde, tierno, pero fuerte. Se niega a sí mismo, dado toda la consideración a los demás. Demuestra un control y un enojo de justicia en contra de la injusticia y la maldad. Un hombre manso se olvida y vive por los demás por lo que Cristo ha hecho por él.

    [1] Dios es manso.

       “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gá. 5:22-23).

    [2] Jesucristo fue manso.

       “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mt. 11:29).

    [3] Los creyentes deben ser mansos.

       “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado” (Gá. 6:1).

       “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Ef. 4:1-3).

       “Que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad” (2 Ti. 2:25).

       “Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres” (Tit. 3:2).

       “Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas” (Stg. 1:21).

       “¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre” (Stg. 3:13).

       “Sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 P. 3:4).

    ▬ 9. Está el fruto de la templanza (egkrateia): Dominar y controlar el cuerpo o la carne con todas sus lujurias. Significa control propio, el dominio del deseo, el apetito y la pasión, los impulsos y ansias sexuales. Significa ser fuerte, controlado y restrictivo. Significa estar firme en contra de la lujuria de la carne y de la lujuria del ojo y del orgullo de la vida (1ª Jn. 2:15-16. «No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.».).

    [1] El control propio es de Dios, un fruto del Espíritu Santo.

       “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gá. 5:22-23).

    [2] El creyente debe proclamar el control propio a los perdidos.

       “Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó, y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré” (Hch. 24:25).

    [3] El creyente debe controlar sus deseos sexuales.

       “Pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando” (1 Co. 7:9).

    [4] El creyente debe ejercer tenazmente el control propio, al igual que se controla un atleta a si mismo.

       “Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible” (1 Co. 9:25).

    [5] El creyente debe crecer en el control propio.

       “Al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad” (2 P. 1:6).

    [6] El creyente de años es el que tiene especialmente que estar a la guardia para controlarse.

       “Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia” (Tit. 2:2).

       Al concluir nuestro tratamiento debemos recordar que el fruto del Espíritu es la naturaleza misma de Dios (Gá. 2:20. «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.» ▬ Ef. 5:18. «No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu»). El creyente debe andar en el Espíritu, esto es, debe andar con tal conciencia de Dios y con una confesión tan abierta que se mantenga constantemente limpio de pecado. Dios lo mantiene limpio, puro y aceptable como si fuera perfecto. Mientras el creyente anda de ese modo y con esa conciencia de Dios, asimila la misma naturaleza de Dios y se produce el fruto del Espíritu Santo. Ninguna ley puede oponerse a cosas como esas. (Véase, Jn. 15:1-8).

       [2]. (5:24) Creyente, Postura, Anciano – Carne: El creyente debe andar con una carne crucificada. Este es un versículo impactante. Advierta varios puntos.

    1. Advierta las palabras “los que son de Cristo”. Una persona se convierte en la propiedad y la posesión de Cristo cuando, en primer lugar, confía en Cristo como su Salvador. Cuando una persona acude a Jesucristo para que lo salve, acude porque quiere ser liberado de la esclavitud del pecado, la muerte y el juicio. Quiere vivir por siempre con Dios. No quiere continuar siendo el esclavo de la carne, sometido a sus lascivias, a la muerte y a la sentencia segura. Quiere ser salvado de la carne de un mundo corruptible. Por lo tanto, cuando una persona acude a Cristo, se está alejando de la carne y acercándose a Dios; le está dando la espalda al dominio de la carne y a todo lo que esto representa. Se vuelca a Jesucristo como su nuevo amo. En consecuencia…

    • El creyente ya no pertenece a la carne, sino a Jesucristo.

    • La carne ya no es poseedora del creyente, sino que lo posee Jesucristo.

    • El creyente ya no sirve a la carne, sino que sirve al Señor Jesucristo.

    2. Advierta que el creyente ha crucificado la carne con los afectos (pasiones) y las lujurias. ¿De qué manera? Muriendo con Jesucristo. ¿Cómo puede una persona morir con Jesucristo? Mediante un acto de Dios. Solo Dios puede considerar que una persona ha muerto con Jesucristo y que sea verdad, un suceso real. Esto es exactamente lo que hace Dios. Cuando una persona cree genuinamente en Jesucristo, Dios toma la creencia de esa persona y la considera como su muerte con Jesucristo. Dios honra su fe al identificarlo con Cristo. Dios cuenta y considera a la persona…

       • Que ha muerto en la muerte de Cristo. • Que ha sido ubicada en la muerte de Cristo. • Que ha sido identificada con la muerte de Cristo. • Que ha compartido la muerte de Cristo. • Que se encuentra en unión con la muerte de Cristo. • Que está vinculado a la muerte de Cristo.

       Ahora bien, advierta el punto: Si el creyente es considerado por Dios como que fue crucificado con Cristo, entonces el creyente…

       • Ha muerto para la carne. • Ha muerto para las pasiones de la carne. • Ha muerto para las lujurias de la carne. • Ha sido liberado de la carne. • Ha sido liberado de las pasiones de la carne. • Ha sido liberado de las lujurias de la carne.

       Una vez que una persona ha muerto, está muerta. El gobierno y el reinado y los hábitos y los deseos de la carne ya no tienen control sobre ella. La carne cesa de tener un lugar o una posición en su vida. Es libre de la carne, libre de…

       • los hábitos de la carne • la esclavitud de la carne • el control de la carne • la condena de la carne • el fuerte vínculo de la carne • la muerte de la carne • el juicio de la carne

       Estar crucificado con Cristo significa que ya no vivimos en la carne, en el lugar y posición de la carne. No podemos vivir alejados de la carne, puesto que estamos en este cuerpo sobre la tierra. Pero somos libres de vivir por la carne. Ya no seguimos las pasiones y lujurias de la carne. Deseamos y seguimos la justicia, intentando complacer a Dios en todo lo que hacemos.

       “En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Ro. 6:2).

       “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Ro. 6:11).

       “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gá. 2:20).

       “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gá. 5:24).

       “Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Col. 3:3).

       “Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él” (2 Ti. 2:11).

       “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P. 2:24).

       [3]. (5:25) Creyente, Espíritu Santo: El creyente debe andar coherentemente con su postura en Cristo. Estar en Cristo es estar en el Espíritu de Dios. Cuando el creyente confía en Cristo como su Salvador, Dios coloca su Espíritu en el corazón del creyente. El Espíritu es colocado allí para guiar y dirigir al creyente día tras día. Por lo tanto, el creyente debe andar en el Espíritu. Debe vivir, así como lo indica el Espíritu de Dios. Este es el tema de este versículo. Si vivimos por el Espíritu, entonces también andemos por el Espíritu. El Espíritu nos da vida, la vida de Dios. Por lo tanto, andemos y vivamos la vida que Él nos da.

       “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Ro. 6:4).

       “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Ro. 8:1).

       “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz” (Ro. 8:5-6).

       “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Ro. 8:9).

       “Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Ro. 8:13-14).

       “Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor” (Gá. 5:6).

        [4]. (5:26) Creyente, Camino: El creyente debe andar libre de superespiritualidad y envidia. Cuando los creyentes son desafiados a vivir vidas espirituales, siempre existe el peligro de que algunos se volverán sobre-espirituales y otros comenzarán a envidiar los dones espirituales que son genuinamente espirituales y enormemente bendecidos por Dios.

    ▬ 1. Está el peligro de la superespiritualidad. Está la tentación del orgullo y de demostrar superioridad. Es la actitud que expresa “Yo lo tengo y tú no”. Esta actitud, por supuesto, irrita y provoca a la gente. Ocasiona división dentro de la iglesia.

       “¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis” (Lc. 6:25).

       “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (Ap. 3:17).

       “Envueltos están con su grosura; con su boca hablan arrogantemente” (Sal. 17:10).

    ▬ 2. Está el peligro de la envidia (Véase, Gá. 5:19-21 para mayor discusión al respecto).

    Amén, para la honra y gloria de Dios.

  • DOMINGO 28 DE JUNIO DE 2026. “JUICIO DIVINO ANTE LA MALDAD DE LOS HOMBRES IMPÍOS”.

       Comentario general del contexto Bíblico: Versículos 7-10: De la campaña en sí, los resultados son todo lo que se registra. Sin duda terminó con una gran batalla, en la que los madianitas fueron tomados por sorpresa y derrotados por completo. Como era una guerra de venganza de Jehová, los vencedores mataron sin cuartel a todos los varones, es decir, a todos los varones adultos, como se muestra a continuación; y “sobre los que fueron muertos”, es decir, además de ellos, los cinco reyes madianitas y Balaam, quien primero aconsejó a los madianitas, según Números 31:16, para tentar a los israelitas a la idolatría. Los cinco reyes eran jefes de las tribus madianitas más grandes o más poderosas, como se dice expresamente que lo fue Zur en Números 25:15. En Josué 13:21 se les llama “vasallos de Sehón”, porque Sehón los había subyugado y los había hecho tributarios cuando conquistó la tierra por primera vez. Las mujeres y los niños de los madianitas fueron llevados prisioneros; y sus ganados ((behemah), animales de tiro y de carga, como en Éxodo 20:10), y sus rebaños, y sus bienes tomados como botín. Las ciudades en sus viviendas, y todas sus aldeas ((tiroth), tiendas de campaña, como en Génesis 25:16), fueron incendiadas. La expresión “ciudades en sus viviendas” lleva a la conclusión de que las ciudades no eran propiedad de los mismos madianitas, que eran un pueblo nómada, sino que originalmente pertenecían con toda probabilidad a los moabitas, y habían sido tomadas por los Amorreos bajo Sehón. Esto lo confirma Josué 13:21, según el cual estos cinco vasallos madianitas de Sehón habitaban en la tierra, es decir, en el reino de Sehón. Esto también sirve para explicar por qué la conquista de su país no se menciona en el relato que tenemos ante nosotros, aunque se afirma en Josué (lc), que se asignó a los rubenitas con el reino de Sehón.

       Versículo 11-12

       Todo este botín ((shalal), botín en bienes), y toda la presa en hombres y animales ((malkoach)), fue llevado por los conquistadores a Moisés y Eleazar y la congregación, al campamento en las estepas de Moab. En Números 31:12, שׁבימלקוח al ganado tomado como botín, y שׁלל al resto de la presa.

       Juicio Divino: Las Escrituras enseñan que Dios, como Juez justo, no deja impune la maldad. La Biblia advierte que el juicio divino sobre los hombres impíos es una realidad ineludible, reservando condenación y castigo para quienes desobedecen su palabra y se complacen en la injusticia. Judas 1:15: «Para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él.» y 2ª Pedro 3:7. «Pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.»

    Genesis 18:25. «Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?»

    TEXTO: “Llegará el estruendo hasta el fin de la tierra, porque Jehová tiene juicio contra las naciones; él es el juez de toda carne; entregará los impíos a espada, dice Jehová” (Jeremías 25:31).

       Comentario del texto Bíblico: El juicio de las naciones y sus jefes, 25:30–31. Usando el lenguaje común a los profetas (comp. Amós 1:2. «Dijo: Jehová rugirá desde Sion, y dará su voz desde Jerusalén, y los campos de los pastores se enlutarán, y se secará la cumbre del Carmelo». ▬ Amós 3:8. «Si el león ruge, ¿quién no temerá? Si habla Jehová el Señor, ¿quién no profetizará?» ▬ Joel 3:16. «Y Jehová rugirá desde Sion, y dará su voz desde Jerusalén, y temblarán los cielos y la tierra; pero Jehová será la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel.»), se anuncia que Jehovah va a rugir desde su trono contra su rebaño y contra todas las demás naciones y las va a llevar a juicio. El estruendo de su voz y de su ira va a cubrir el mundo, porque él va a juzgar a todas las naciones. Los impíos van a ser entregados a la espada. Va a haber calamidades en nación tras nación como una tempestad que destruye todo en su camino. Habrá tantos muertos que no habrá quienes pueden expresar el duelo por ellos ni darles sepultura. Sus huesos no van a ser recogidos y dados sepultura, sino que se convertirán en abono para la tierra. La destrucción va a ser total.

       Comentario de los versículos 7 y 8. La guerra contra Madián, 31:5–8. Algunos se quejan de que no se da ni la fecha ni el lugar específico en que aconteció esta campaña militar. Pero el contexto indica que la batalla tuvo lugar en o cerca de las llanuras de Moab un poco antes de la muerte de Moisés (31:1, 12). Salen mil hombres de cada tribu, o un total de 12.000 israelitas, para llevar a cabo la guerra. Existen las mismas posibilidades de interpretar “mil” aquí como en los censos en Números 1 y 26; puede significar literalmente mil hombres o una unidad militar.

       La participación del sacerdote Fineas demuestra que esta es una guerra santa. El sumo sacerdote, Eleazar, no puede salir a la guerra porque tiene que guardarse contra toda contaminación por el contacto con la muerte (ver Lev. 21:1–6, 10–12). Por eso, su hijo Fineas va en su lugar, llevando los utensilios del santuario y las trompetas (ver 10:1–10). Notar también que Fineas es el que demostró celo por Jehovah en matar a Zimri y Cozbi (25:6–15).

       Los reyes, incluyendo a Zur, el padre de Cozbi (25:15), y todo varón (de este grupo de madianitas por lo menos) son muertos. En el v. 8, dice que mataron también a Balaam. ¿Por qué? Números 31:15, 16 dice que fue por el consejo de Balaam que las hijas de Moab y Madián tentaron a Israel y causaron que los israelitas pecaran contra Dios (ver también Apoc. 2:14). Aparentemente, después de salir de la presencia de Balac, Balaam se había juntado a los madianitas (ver 24:25 y comentario allí).

       Esta campaña militar sirve para Israel como un ensayo para la guerra de conquistar la tierra prometida, porque se aplican los mismos principios de una guerra santa. Por la obediencia al mandamiento de Dios, Israel reafirma su entrega a Jehovah como su Rey divino. La victoria ganada es como las primicias de las victorias que Jehovah promete dar al pueblo si obedece sus mandamientos.

       Castigo de Acán, 7:6-26.: La actitud de Josué refleja la crisis provocada por la derrota, pero sobre todo porque en el fondo sabe que algo está fallando. La relación con Jehovah anda mal. Las preguntas de Josué son similares a los argumentos de los que se quejaban ante Moisés en el desierto (Núm. 14:2, 3). El ensimismamiento en que ha caído Josué no le permite comprender que quien ha fallado al pacto no es Jehovah sino el pueblo mismo.

       Hay señal de duelo, de arrepentimiento en el sentido del dolor, el pesar por saber que han fallado; pero aún no se sabe dónde está la razón del problema. El dolor por fallar es un paso inicial en el proceso de restauración, porque implica al menos que se reconoce que las cosas no están funcionando bien en relación con Dios. Esto es sólo un preámbulo en el arrepentimiento.

       Jehovah dio instrucciones para que Josué indagara acerca de quién era el culpable de la tragedia que afectaba a todo el pueblo (vv. 14, 15). Josué fue tribu por tribu investigando de clan en clan y luego de familia en familia, es decir, todas las unidades que componían al pueblo hebreo: tribus, clanes, familias, hasta la estructura más pequeña del pueblo.

       Es importante comprender la mentalidad de los pueblos antiguos para respetar el texto bíblico que narra el castigo de Acán (vv.15–26). La comunidad es la unidad básica para la sobrevivencia de las personas. Estas no son entendidas, como en nuestro tiempo, en términos individuales; no son personas aisladas que se pueden pertenecer a sí mismos o que son libres según la democracia occidental. La persona en este contexto tiene valor en la medida en que pertenece a una comunidad. Las tribus cuidan estrictamente a sus miembros porque ellos representan la mano de obra para la cacería o la agricultura y a las mujeres porque garantizan la reproducción de la comunidad si son fértiles. De ahí se pensaba que una mujer en una comunidad tenía valor en la medida en que era fértil. La lucha entre tribus o clanes con frecuencia se dio por el rapto de mujeres o violaciones, que tenían una implicación socioeconómica y religiosa, puesto que lo que importaba en el fondo no era el honor de una mujer sino el de la comunidad. Por esta razón la mujer era, en cierto modo, un objeto de intercambio sobre el cual solo los padres podían intervenir para darlas en matrimonio, y en muchos casos entre los clanes con cierta consanguinidad para que la comunidad no se desintegrara. Así como el individuo se debe a la comunidad, la comunidad se debe al individuo. Lo que esta haga por él no es un beneficio que termine fortaleciendo el individualismo, sino por el contrario a la comunidad misma. La reciprocidad es fundamental, pues lo que el individuo haga afecta a la comunidad; cuando actúa quien lo hace es la comunidad y no una persona individual.

       Esta manera comunitaria de pensar y actuar también se demostró en Israel. Se desarrolló hasta el punto que muchos consideraban que los pecados de sus padres causaban las tragedias actuales, procurando evitar la responsabilidad individual. Este hecho permite comprender por qué el pecado de uno afecta a toda la comunidad, y por qué el esfuerzo de uno ayuda a la comunidad. Jehovah se reveló a un pueblo en su contexto, y en esa medida no se reveló a individuos para que estos se dieran por bien servidos al conocer a la divinidad. Se reveló a ellos en la medida en que hacían parte de una comunidad. Por ese trato que Jehovah hace con todo un pueblo, todo el pueblo responde; cada tribu, cada clan, cada familia puede afectar positiva o negativamente a la comunidad en general.

       El pecado de Acán no lo afectó negativamente a él solamente, sino a toda la comunidad. Treinta y seis hombres murieron, y no se alcanzó la meta propuesta. La violación del pacto no era la desobediencia a un acuerdo entre él y Jehovah, sino entre Jehovah y todo el pueblo.

       El sentido de pertenencia, que no es característico de nuestro tiempo, nos impide tal vez comprender el sentido fuertemente comunitario de la relación de Israel con Jehovah y por esa razón puede existir resistencia a aceptar tal castigo.

       Acán fue anatematizado por tocar objetos anatematizados por orden de Jehovah. Eran malditos y debían destruirse para comenzar de nuevo; eran parte de una herencia de la ciudad cananea que no debían recibirla.

       Mientras que Acán se identifica con lo que está anatematizado, Rajab se identifica con lo que está sacralizado. El contraste confirma que la adhesión al pacto no estaba dada de hecho por pertenecer a una etnia, sino que también esta debía estar comprometida en el cumplimiento de ese pacto. El v. 24 deja constancia de que toda la familia recibió el castigo, lo cual no es injusto pues la ley (Deut. 24:16) prohibía claramente la pena de muerte de los familiares del inculpado siempre y cuando estos no fueran cómplices. Al parecer por estar viviendo en la misma tienda, los de Acán conocieron el secreto de su padre y sabían dónde estaba escondido lo que se guardó para sí. Parece que fuera un castigo muy drástico, pero el pecado no era menos grave. Al pensar en sí mismo ignorando el pacto de todo el pueblo con Dios, se amenazaba la unidad de ese pueblo; se pretendía acumular riquezas para sí dando lugar a la reproducción de un sistema injusto que precisamente ya se estaba destruyendo.

       En nuestro tiempo el individuo parece ser dueño de sus decisiones y aparentemente responde por ellas; pero quizá este sentido comunitario, que no es tan fuerte en la actualidad, provoca que se olvide la connotación de las acciones individuales en la comunidad de fe, los efectos de pecados individuales para la unidad de la iglesia.

       Comentario de Romanos (6:23) Paga del pecado-muerte: considerad algo, la paga del pecado vs. el don de Dios.

    ▬ 1. La paga del pecado es muerte. (Véase. Heb. 9:27. «Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio» para ampliar la idea.) El pecado merece la muerte por dos razones muy claras.

    » a. El pecado actúa contra Dios, actúa en contra de su naturaleza misma. El pecado golpea contra Dios, intenta destruir la naturaleza de Dios…

       • de pureza y moralidad. • de santidad y gloria. • de justicia y rectitud. • de amor y gracia.

    » b. El pecado es rebelión contra Dios. Es rechazar a Dios, ignorar a Dios, desobedecer a Dios, negar a Dios y negarse a vivir para Dios. (Véase nota-Ro. 5: 10 para ampliar la discusión.)

       El centro de la cuestión es éste. La verdadera

    justicia exige que el pecado reciba su paga o su salario. Dado que el pecado es tan contrario a la naturaleza de Dios y es realmente rebelión contra Dios, merece morir…

    • ser arrojado lejos, muy lejos de Dios.

    • no tener parte con Dios.

    • ser destituido de la vista de Dios.

    • ser separado para siempre de la presencia de Dios.

    • ser condenado y castigado por haber deshonrado y maldecido tanto a Dios.

       Así como el trabajador recibe su salario, el pecado va a recibir su paga. Así como sería injusto no pagarle al trabajador, sería injusto no pagarle al pecado por su trabajo. En efecto, si el pecado no recibe su justa retribución, sería la más crasa injusticia de la eternidad. ¿Por qué? Porque el pecado es contra la soberana majestad del universo, contra Dios mismo. El pecado debe recibir su justa retribución. El pecado debe morir; debe ser expulsado para siempre de la presencia de Dios.

       «Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron» (Ro. 5:12).

        «Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Ro. 6:23).

       «Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz» (Ro.8:6).

       «Entonces la concupiscencia después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte» (Stg. 1:15).

       «Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda» (Ap. 21:8).

       «Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás» (Gn. 2:17).

       «Como la justicia conduce a la vida, así el que sigue el mal lo hace para su muerte» (Pr. 11:19).

       «El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él» (Ez. 18:20).

    ▬ 2 El don de Dios es la vida eterna. Note que la vida eterna no es el pago de un salario. El hombre no puede trabajar para ganar la vida eterna. Es el don de Dios, y es solamente por medio de Jesucristo nuestro Señor (véanse bosquejo y notas-Ro. 6:14-15, 5 1, 6:1 -10).

       «De tal manera amo Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna» (Jn. 3:16).

       «Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador; para que, justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna» (Tit. 3:5-7).

       Comentario de los versículos 9 y 10. Las mujeres madianitas, 31:9–18. Los israelitas llevan presas a las mujeres como botín (vv. 9–12). Moisés se enoja y manda que todas las que no son vírgenes deben ser muertas (vv. 13–18). Esto es porque las mujeres llevan la culpa por haber seducido a Israel a participar en la inmoralidad y la idolatría con Baal de Peor. Solamente las muchachas vírgenes se salvan.

       Comentario La misión examinada, 1ª de Samuel 15:10–35. Vemos un poco del mismo corazón de Dios aquí. Le dijo a Samuel que le pesaba haber puesto a Saúl como rey. Algunos traducen “me arrepiento de haber puesto a Saúl como rey”. Es la misma palabra que se usa en el v. 29 y se traduce allí “arrepentirse”. De veras parece ser una contradicción, pero no lo es. En hebreo una palabra puede tener dos o tres significados según el contexto y la forma en que se encuentra el verbo. En este caso la palabra pesar transmite sentimientos de fuerte emoción, sea de compasión por la miseria de otros o de remordimiento por las acciones de uno mismo. A veces hasta quiere decir consolar (en piel o pual en heb.). Por ejemplo, el nombre Nahúm quiere decir consolación. La relación entre estos dos extremos de sentimiento es difícil de ver. Pero evidentemente los hebreos pensaban en la consolación como vinculada con la declaración de sus sentimientos de compasión o de la conmiseración. En este caso será correcto traducir “me pesa” porque el cambio de pensamiento que tuvo Dios se debía al cambio de conducta en Saúl. El capricho del hombre produjo una reacción divina que correspondía a su conducta humana. Y por cuanto Samuel estaba en comunión con Dios y sentía las emociones de Dios, el también lamentaba profundamente la desobediencia de Saúl. El verdadero obrero de Dios sabe llorar con profundo sentimiento por el pecado por cuanto le pesa.

       Comentario del Salmo 19:12 y 13: Aceptar correcciones, v. 12. ¿Quién entenderá los errores? Quiere decir sus propios errores. A menudo el cristiano está ciego a sus propias flaquezas. Un uso concienzudo de la Palabra de Dios ayudará a mostrar estos errores. A veces enfatizamos ciertas partes o ciertos temas de la Biblia, pero hacemos caso omiso de otros. Nuestra oración debe ser, con el salmista: ¡Librarme de los que me son ocultos!

       Una actitud humilde, v. 13. De los arrogantes (zedim 2086) se refiere a los que pecan a sabiendas. Pero el contexto aquí favorece el use abstracto de la palabra para referirse a pecados de soberbia o a sabiendas. Y tales pecados pronto se hacen hábitos y esclavizan a uno. Así pedimos, con el salmista, que estas fallas “orgullosas” no se enseñoreen de nosotros. La última línea del versículo confirma que el salmista está pensando en sus propios pecados.

       Los Hechos 5:5 (5:5-6) Juicio – Pecado, resultados: retener es algo que se juzga severamente. Fíjese qué fue lo le ocurrió a Ananías. Pedro no dijo nada, absolutamente nada acerca de la muerte. Ni tan siquiera dijo algo acerca del juicio. Simplemente señaló el pecado de Ananías. El juicio le corresponde solamente a Dios, pero observe lo que ocurrió con Safira (v. 9). Pedro si declaró juicio sobre ella. Tanto él como el resto de la iglesia conocían la gravedad del pecado de retener: El juicio de Ananías y Safira nos enseña varias lecciones de crucial importancia.

    ▬ 1. El pecado de retener es algo serio, muy serio para Dios. Cuando una persona viene a Cristo, Dios espera que la persona sea genuina en todo. Él espera que la persona se niegue a sí misma y que dé todo lo que es y tiene para satisfacer a las personas que se están perdiendo. Esta fue la única razón por la que Cristo vino a la tierra. No puede aceptarse que alguien haga menos, solo le espera el juicio.

    ▬ 2. El pecado de retener implica muchos otros pecados, pecados terribles. Al menos involucra los cinco pecados que se describen en este pasaje (véase bosquejo y nota, Hch 5: 1-4).

    ▬ 3. Solamente Dios conoce verdaderamente el corazón de una persona. Cuando algunos leen este pasaje se preguntan por qué no se le dio la oportunidad de arrepentirse a Ananías. Piensa que el castigo fue tal vez muy duro. Les cuesta trabajo ver a Dios como alguien que juzga a las personas hasta la muerte. Sin embargo, fíjese en lo que dice exactamente.

    => “llenó Satanás tu corazón”

    => “para que mintieses al Espíritu Santo”

    => “No has mentido a los hombres, sino a Dios”

       Nadie podía saber que estas cosas habían llenado el corazón de Ananías, no con tan solo ver lo que había hecho, no sin que Dios interviniera. Dios le reveló a Pedro que los pecados habían llenado y poseído totalmente a Ananías. Parece ser que Ananías está mintiendo a “los hombres”, tratando de engañar a la iglesia. Pero se nos dice que su corazón se había llenado, completamente ocupado y poseído por Satanás. Nadie podía haber mirado los pecados de Ananías y conocer su profundidad, saber que los tres pecados estaban tan arraigados, no si Dios no les revelaba el hecho.

       La idea es la siguiente, solo Dios conoce el corazón de una persona, qué hay en la profundidad de su corazón y qué lo llena. Solo Dios sabe cuándo un corazón está completamente poseído por el diablo. Esta es la razón por la cual solo Dios puede juzgar, la razón por la cual hay que dejarle el juicio a Él.

       “Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros” (Mt. 19:30).

    ▬ 4. Parece ser que el pecado de Ananías estuvo cerca de la blasfemia contra el Espíritu Santo (lo cual significa decir que la obra del Espíritu santo es algo que proviene del diablo. Véase, Mt. 12:31-32). El pecado de Ananás transmitía este mensaje…

    • la obra del Espíritu Santo permite el pecado.

    • la obra del Espíritu Santo en una vida permite a la persona retener algo para sí misma.

    • el movimiento del Espíritu Santo en una vida le permite al diablo llenar el corazón con algún pecado.

    • una persona puede ser tanto religiosa como mundana, viviendo para Dios y para mamón.

    • el Espíritu Santo no tiene mayor importancia en una vida que la que puedan tener el diablo o mamón.

    ▬ 5. Si Ananás y Safira eran creyentes genuinos, si realmente habían confiado en el Señor como su Salvador, entonces su pecado pudiera ser el “pecado de muerte” que nos enseñan las Escrituras (véase, 1 Jn. 5:16 para discusión).

       Tenga en cuenta un aspecto muy importante, tan importante que determina el destino eterno de una persona.

    => El juicio por el pecado no siempre ocurre tan rápidamente como fue con Ananás y Safira.

    => Pero todo pecado será juzgado. No hay forma de escapar al castigo por el pecado, no si una persona continúa pecando.

       “Porque la paga del pecado es muerte” (Ro. 6:23).

       “Pero la que se entrega a los placeres, viviendo está muerta” (1 Ti. 5:6).

       “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición” (1 Ti. 6:9).

       “el alma que pecare, esa morirá” (Ez. 18:4, 20).

       “toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución” (He. 2:2).

       “¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?” (He. 2:3).

       “y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia…perecerán en su propia perdición” (2 P. 2:10, 12).

       La idea simplemente es esta: Dios condena el acto de retener y lo juzga. Más tarde o más temprano, se castiga duramente. La única respuesta al pecado es la confesión y el arrepentimiento. El pecado de Ananías y Safira y el juicio que le siguió así lo prueban. Dios aborrece el pecado. Los hombres tienen que arrepentirse del pecado, no hay otra manera de ser aceptados por Dios.

       “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mt. 3:2).

       “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hch. 2:38).

       “arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio” (Hch. 3:19).

       “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Is. 55:7).

       “Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todos mis estatutos e hiciere según el derecho y la justicia, de cierto vivirá; no morirá” (Ez. 18:21).

       (5:10) Piedra de tropiezo ▬ Pecado, extraviar a otros: retener estimula a otros a pecar. Fíjese en los tres subtemas del bosquejo. Ananias, como cabeza de familias, era responsable por su esposa. Él hizo que ella lo siguiera, la hizo mentir. Él tuvo la oportunidad de conducir a su esposa en justicia, es decir, ayudando a satisfacer las necesidades de tantos. Él tuvo la oportunidad de guiar a su esposa a una vida plena y satisfecha en Cristo, una vida totalmente asegurada con la eternidad. Sin embargo, él la llevó al pecado y a la muerte. La Escritura habla enérgicamente con respecto a ser una piedra de tropiezo, conduciendo a otros al pecado y la muerte. (Véase notas, Mt. 18:6; 18:7-9 para mayor discusión).

       “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. (Mt. 18:6).

       “Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando” (Mt. 23:13).

       “Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano” (Ro. 14:13).

       “No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa?” (1 Co. 5:6).

       “De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis. Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano” (1 Co. 8:12-13).

       Comentario de Colosenses 3:5 y 6 (3:5-7) Pecados del cuerpo, Mortificación, Ira de Dios: La primera demanda es arrolladora: Haced morir todos los pecados que esclavizan el cuerpo y sus miembros. La frase “Haced morir” significa actuar como si el cuerpo estuviera muerto. El creyente debe tomar las diversas partes de su cuerpo y hacerlas morir en lo que al pecado se refiere. ¿Cómo puede el creyente hacer esto? Él considera su cuerpo escondido en la muerte de Cristo. Actúa como si el cuerpo estuviera muerto con Cristo. Recuerde que un hombre muerto no puede pecar; un hombre muerto no puede hacer nada. Por lo tanto, el creyente está muerto para pecar.

       El punto es el siguiente: Todo es un acto de la mente o del espíritu. Una persona desea vivir para Dios; por lo tanto, mira a su cuerpo y al pecado. La única manera que posiblemente pueda conquistar al pecado es tratar su cuerpo como muerto para el pecado o considerar al pecado como muerto para su cuerpo. La persona debe vivir como si su cuerpo no formara parte del pecado, y como si el pecado no formara parte de su cuerpo. Pero advierta que esta vida es posible solo en Cristo. Solo Cristo -a través del Espíritu Santo- puede obrar dentro del corazón humano y darle la energía y poder para conquistar el pecado en forma permanente y eterna. Algunos hombres pueden disciplinarse a sí mismos para sobreponerse a algún pecado, pero no todo el pecado ni en forma permanente ni eternamente. Puede hacerse solamente a través de Cristo. Existe una enorme diferencia entre la disciplina humana y el control divino, y la diferencia es Jesucristo. (Véase notas, Fil. 2:13; Col. 3:4 para una mayor discusión al respecto)

       ¿Qué pecados deben hacerse morir? La Biblia es muy específica, ya que hay algunos pecados muy específicos que tienden a esclavizar al cuerpo humano. De hecho, advierta el término “hijos de desobediencia” (v. 6). Estos pecados particulares no son solamente terribles actos de desobediencia a Dios, son pecados que pueden esclavizar el cuerpo humano de tal manera que hacen de una persona un hijo de la desobediencia. Causan que una persona se vuelva en realidad un hijo de la desobediencia. ¡Es verdaderamente sorprendente!

    1. ¿Cuáles son los pecados que esclavizan tanto al cuerpo humano?

    » a. Está el pecado de la fornicación (véase nota, pt. 2, Gá. 5: 19-21 para una mayor discusión).

    » b. Está el pecado de la impureza (véase nota, pt. 3, Gá. 5:19-2l para una mayor discusión).

    » c. Está el pecado de las pasiones desordenadas (pathos): pasión, lujuria, deseo fuerte, sensaciónintensa, lujuria conducente. Es por supuesto, undeseo por las cosas equivocadas tales como lasegunda y la tercera ayuda de comida, alcohol,drogas, desnudez, pornografía, literatura sugestiva,asuntos ilícitos, sexo extra marital, etc.

       “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo échalo de ti’ pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros no que todo tu cuerpo sea echado al infierno” (Mt. 5:28-29).

       “Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío” (Ro. 1:26-27).

    » d. Están los malos deseos (epithumian kaken): deseo maligno, un quejido y un dolor por todas las clases de maldad. Está dentro de la persona que empuja a otra al deseo, a la codicia, al arrebato y a mantener todas las formas posibles de maldad que dan placer al cuerpo y a sus miembros. Esto es lo que conduce al hombre a…

    • mirar y mirar • sentir y sentir • tocar y tocar • escuchar y escuchar • oler y oler • buscar y buscar

       “No en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios” (1 Ts. 4:5).

       “Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Stg. 1:14-15).

       “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma” (1 P. 2:11).

    » e. Está la avaricia (pleonexian): la lujuria, la codicia, el deseo incontenible de tener algo. Es el deseo de tener algo cuando no se lo necesita; es desear más de lo que necesitamos y más de lo que deberíamos tener. Advierta que la avaricia es idolatría. Si una persona mira algo tanto que la codicia, la fija como a un dios que persigue con energía y esfuerzo de su mente y su cuerpo. (Véase, Ef. 4:17- 19; Ro. 13:9.)

       “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo (Ex. 20:17).

       “Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores” (Jer. 6:13).

       “Y vendrán a ti como viene el pueblo, y estarán delante de ti como pueblo mío, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra; antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia” (Ez. 33:31).

    2. Hay dos razones poderosas para hacer morir a los pecados que esclavizan el cuerpo.

    » a. Es el pecado el que traerá la ira de Dios sobre el hombre. La palabra “ira” (orge) significa enojo, pero no es un ataque de ira que se suaviza rápidamente, ni tampoco el enojo que surge solamente de la emoción. En vez de esto es un enojo decisivo y deliberado. Es un enojo que proviene de la decisión pensada, un enojo que proviene de la mente porque algo ha hecho algo malo e hiriente. Es el enojo que juzga y condena el pecado y la maldad, la violencia, la inmoralidad y la injusticia. Es un enojo que odia el pecado y la maldad que solo pide una venganza justa y un castigo equitativo.

       “Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?” (Mt. 3:7).

       “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (Ro. 1:18).

    » b. Esos pecados eran comunes en nuestra vida anterior. Acostumbrábamos a caminar y vivir en esos pecados, pero no ahora. ¿Cuál es la diferencia? Cristo. Estamos escondidos en Cristo. Él nos ha salvado de los pecados que traen la ira de Dios sobre nosotros. Mirar atrás y comenzar a caminar en esos pecados seria negar a Cristo. Y esto es lo que no debemos hacer…

    • provocar más dolor al corazón de Dios al abusar de la muerte de su amado Hijo.

    • traer la ira de Dios sobre nosotros.

    Amén, para la honra y gloria de Dios.

  • «LA LUCHA CONSTANTE: EL ESPÍRITU CONTRA LA CARNE»

    «LA LUCHA CONSTANTE: EL ESPÍRITU CONTRA LA CARNE»

    «El conflicto carne-espíritu en los escritos de Pablo no tiene que ver con una lucha interna de la propia alma, sino con la vida del futuro que el pueblo de Dios ha de vivir en un mundo en que la carne sigue estando muy activa».

       Un buen amigo mío ha escrito recientemente: «tengo la impresión de que, en estos días, los cristianos se dividen en dos grupos: uno que minimiza la importancia del pecado y otro que sabe perfectamente que es una cuestión vital, pero aun así no puede dejar el hábito».» en este capítulo trataremos la situación del segundo grupo. ¡Este tema nos lleva, de hecho, al mundo real! Es triste, pero el contenido de este capítulo refleja la realidad de la vida de muchos cristianos, una realidad de conflictos internos constantes. Muchos de ellos se consuelan con la idea de que Pablo fue su compañero en esta lucha. Si el gran apóstol de la fe se vio obligado a escribir, «porque no hago lo que quiero, sino que lo que aborrezco, eso hago», ¿qué esperanza hay, entonces, para nosotros? De modo que, simplemente, se resignan a la lucha.

       Llegan a este consuelo leyendo Gálatas 5:17, el único versículo del Nuevo Testamento en el que Pablo alude a un conflicto entre la carne y el Espíritu, en el sentido de Romanos 7:14-25 (aunque en este pasaje, el Espíritu no se menciona tanto como en el texto de Romanos, donde el apóstol habla de la batalla que se produce en el alma de una persona que vive bajo la Ley y sin la ayuda del Espíritu. esta desafortunada lectura se acepta como fidedigna, porque el texto de Romanos describe vívidamente algo que es muy real en la propia experiencia. Tristemente, para la gran mayoría de quienes adoptan este punto de vista, la victoria se la lleva la carne. Así, la apasionada afirmación de Pablo, a saber, la suficiencia del ~espíritu para todos los aspectos de la vida en la era presente, se pone a un lado como poco realista a favor de la propia experiencia personal.

       No hay duda de que esta lucha ruge en el corazón de muchos creyentes. A menudo, esta batalla y la sensación de impotencia para superarla es el resultado directo del intenso individualismo de la cultura occidental. La psicología secular y mucha de la enseñanza cristiana se centran en el yo interior: ¿Cómo estoy, según una serie de criterios establecidos de lo que es una vida saludable y equilibrada? Si nos centramos en la lucha interior, no podemos mirar a Cristo o caminar confiadamente en el camino del espíritu. en lugar de expresar el fruto del espíritu, en constante gratitud por lo que él está haciendo en nuestra vida y en la de otras personas, nuestra fe individualista se hace agriamente narcisista: conscientes de nuestros fracasos ante Dios, frustrados por nuestras imperfecciones, fingiendo el amor, gozo, paz y benignidad que desearíamos fueran reales. Nuestra agitación impide que tengamos una actitud abierta hacia el propio espíritu. En medio de este malestar espiritual, Dios acaba casi siempre llevándose las culpas.

       Sin embargo, aunque esta experiencia pueda ser muy real para algunos, Pablo no está tratando esta cuestión cuando, en Gálatas 5:17, habla del completo antagonismo que existe entre el espíritu y la carne. De hecho, el apóstol ni siquiera entendería el conflicto en los términos planteados anteriormente. Su mundo es el del Salmo 19, no el de «la introspectiva conciencia occidental».» En dos versículos consecutivos (12-13) el salmista reconoce primero sus «errores» y «faltas ocultas» y, a continuación, la posibilidad de cometer «pecados de soberbia [o intencionados]». Respecto a los dos primeros, son un reconocimiento de la profundidad de la caída; para tales «faltas ocultas» pide perdón. Su preocupación -y no toma forma de lucha- son los «pecados intencionados». Acerca de los tales su petición es: «que no se enseñoreen de mí». El punto de vista de Pablo es parecido; en Gálatas 5:17 no está hablando de una lucha contra «faltas ocultas», sino de una abierta desobediencia a Dios en forma de «pecados intencionados».

        En este capítulo trataremos, pues, el punto de vista de Pablo acerca del conflicto entre el espíritu y la carne, entre una vida kata sarka (según la carne) y una vida kata pneuma (según el espíritu). Siempre que aparecen estas expresiones en los escritos de Pablo tienen que ver con nuestra presente existencia escatológica, es decir, con lo que significa vivir juntos como pueblo, definido por el cumplimiento «ya, pero todavía no» de las promesas de Dios, en contraste con una vida previa, definida y determinada por el mundo. Lo que quiero decir es que en ningún lugar describe Pablo la vida cristiana como una lucha constante con la carne.» No se refiere a esta cuestión. Lo que quiere subrayar es, más bien, la suficiencia del espíritu para el pueblo de Dios de los últimos tiempos.

       Una idea básica para Pablo es que, igual que en el caso de la observancia de la Torá, para los seguidores de Cristo, el tiempo de la carne ha pasado. Según Romanos 7:4-6, con el nuevo pacto, Cristo y el espíritu han llevado a su fin el tiempo de la Ley y de la carne, que pertenecen a nuestra existencia anterior a Cristo y fuera de ÉL. Seguir viviendo de este modo es incompatible con «la vida según el Espíritu» (Ro 8:5-8). El punto de vista de Pablo, sin embargo, no representa una postura triunfalista, como si quienes viven por el espíritu nunca fueran a ser tentados por la antigua vida en la carne, o nunca fueran a sucumbir a ella. Ambas cosas sucederán; y cuando ocurran, existe perdón y generosa restauración.

    “En ningún lugar Pablo describe la vida cristiana como una lucha constante con la carne”

    Un análisis cuidadoso de los textos clave de este tema (Gál 5:17 y Ro 7:14-25) demuestra que éste es el punto de vista de Pablo. Pero, antes de acometer este análisis, será de ayuda estudiar primero el uso que hace Pablo del término «carne».

    «EL SIGNIFICADO DE: «CARNE» EN LOS ESCRITOS DE PABLO»

       El lugar adecuado para iniciar este estudio es el Antiguo Testamento, puesto que el uso de Pablo tiene su origen en estos escritos. El término hebreo basar se refiere principalmente a la carne de los cuerpos y, por derivación, también en ocasiones a los cuerpos mismos. en algunas ocasiones, esta palabra extiende su significado para denotar el carácter frágil y dependiente del ser humano como criatura, en contraste normalmente con Dios el Creador. Por ello, una expresión común para denotar a todos los seres vivos, en especial a los humanos, es «toda carne», lo cual significa «toda criatura». Cuando, en vista de su confianza en Dios el salmista pregunta, ¿qué puede hacerme la carne [el hombre]? (Salmo 56:4), lo que quiere decir es que, teniendo a Dios como su protector, nada pueden hacerle los meros seres humanos (cf. Jer 17:5). en su angustia, Job le pregunta a Dios, «¿Tienes acaso ojos de carne? ¿Ves quizá como los humanos? Aunque cuando se utiliza de este modo, el término «carne» no es neutral, no expresa tampoco un juicio moral negativo; lo que denota es el carácter frágil y dependiente del ser humano en tanto que criatura. Para el hebreo, sería impensable plantear que el pecado pudiera estar asentado en la carne, puesto que sus orígenes están en el corazón humano.

       Aunque Pablo rara vez utiliza el término griego sarx en este sentido fundamental, como una referencia al cuerpo físico, sí lo hace con regularidad para aludir, de algún modo, a nuestra humanidad. Puede así hablar de «Israel según la carne» (1 Cor 10:18), o de Abraham como nuestro antepasado «según la carne» (Ro 4:1), o de Jesús como descendiente de David «según la carne» (Ro 1:3), cual significa en cada caso «según la descendencia humana normal». Del mismo modo, Pablo reconoce la vida humana presente como una existencia «aun en la carne», (p. ej., Gál 2:20; 2 Cor 10:3), es decir, vivida en el cuerpo humano actual, caracterizado como está por su fragilidad.

       Sin embargo, Pablo utiliza también el término sarx en un sentido menos frecuente, derivado en parte del judaísmo del periodo intertestamentarios, pero marcado por su idea esencialmente escatológica de la vida en el mundo. Para él, «carne» denota humanidad, no simplemente en su debilidad como criatura ante Dios, sino también en su estado caído y completamente hostil a Dios de toda manera concebible. este es el sentido de su contraste de la vida «según la carne» con la vida «según el espíritu». La una describe el presente siglo malo en términos de la condición caída de la Humanidad, condición en la que, por naturaleza, cada cual se apartó por su camino; la otra describe la era escatológica que ha despuntado con la venida de Cristo y el espíritu como hemos visto en el anterior capítulo 5.

       Todo ello hace que el término sarx no sea fácil de traducir. La NVI utiliza a menudo la expresión «naturaleza pecaminosa».» Esta traducción funciona bien en Romanos 7 donde Pablo está describiendo el fracaso de su antigua vida bajo la Ley. La «carne» representa «otra Ley en sus miembros» que se levanta para derrotar a la Ley de Dios y que, de este modo, hace de la Ley un principio impotente. esta «otra Ley» es su propia «naturaleza pecaminosa». Sin embargo, esta traducción no funciona bien en otros lugares, donde alude a lo que caracteriza a todo el mundo en su presente estado caído. El ejemplo más claro en el que vemos a Pablo utilizando los dos sentidos básicos de esta palabra («fragilidad humana» y «estado caído») lo encontramos en 2 Corintios 10:2-4. Acusado de actuar «según la carne» en el sentido moral negativo, Pablo admite, a fin de desarrollar su argumento, que es cierto que vive «en la carne», con lo cual quiere decir, «en la debilidad y limitaciones de su presente estado mortal». Sin embargo, sigue adelante diciendo, que, en el conflicto espiritual, no milita «según la carne», es decir, en consonancia con el estado caído que caracteriza esta era presente y que, en virtud de la Cruz y la resurrección está camino de desaparecer. este argumento no funciona si, en ambos casos, se entiende el término «carne» en su sentido moralmente negativo.

       Nos interesa principalmente este último sentido de «carne» como expresión del estado humano caído. en esta acepción, el término ha perdido completamente su relación con el ámbito físico y se ha convertido en una palabra estrictamente escatológica y moralmente negativa que describe la existencia desde la perspectiva de quienes no conocen a Cristo, y que viven, por tanto, como enemigos de Dios. en su aplicación a los creyentes, les describe únicamente antes de ocupar su posición en Cristo y de vivir por el espíritu. ~n este asunto, todos los conflictos tienen que ver con el pueblo del espíritu, creyentes en Cristo que siguen comportándose según su perspectiva y valores precristianos. en este sentido, lo que Pablo dice siempre es, «[basta ya! Despojaos del viejo hombre, y vestíos del nuevo» (Ef. 4:22, 24). Mi argumento es, pues, que siempre que el término «carne» aparece en contraste con el espíritu, tiene este sentido escatológico.

    «EL CONTRASTE CARNE-ESPÍRITU EN PABL0»

       En Romanos 7:4-6 Pablo pone de relieve su idea de que, igual que la observancia de la Torá, la carne formaba parte del pasado de la vida del creyente: «mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas despertadas por la Ley, actuaban en los miembros de nuestro cuerpo a fin de llevar fruto para muerte. Pero ahora hemos quedado libres de la Ley, habiendo muerto a lo que nos ataba, de modo que sirvamos en la novedad del espíritu». En 2 Corintios 5:14-17 el apóstol explica vívidamente el modo en que entiende esto:

       Pues el Amor de Cristo nos apremia, habiendo llegado a esta conclusión: que uno murió por todos, por consiguiente, todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. De manera que nosotros de ahora en adelante ya no conocemos a nadie según la carne; aunque hemos conocido a Cristo según la carne, sin embargo, ahora ya no le conocemos así. De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas.

       La muerte y resurrección de Jesús y el don del espíritu lo han cambiado todo. En primer orden de cosas se describe en términos de «carne», ese punto de vista esencialmente egocéntrico y centrado en la criatura, que llevaba a los corintios a considerar a Pablo, como también en otro tiempo habían considerado a Cristo: como débil y, por tanto, no de Dios. La carne percibe las cosas desde el punto de vista de la antigua era, en la que el valor y la importancia de las cosas están en el poder, la influencia, la riqueza y la sabiduría (cf. 1 Cor 1:26-31).

       Sin duda, esta cosmovisión sigue vigente, sin embargo, para quienes están en Cristo, todo esto ha pasado; ha llegado lo nuevo, el tiempo del espíritu, en el que ha habido un cambio total en la definición de lo que tiene valor o importancia. ~I nuevo modelo es la Cruz: el poder no está en lo externo, sino en el espíritu que mora en el creyente y por Gracia está renovando el «ser interior» (2 Cor 4:16), transformándonos a la semejanza del propio Dios (representado en último término en Cristo por medio de la Cruz).

       Esta idea escatológica del contraste carne/Espíritu está también en otros pasajes:

       ▬ 1. «No pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales», dice Pablo a los corintios (1 Cor 3:1). La ironía de esta frase está en el hecho de que los corintios, que se tenían por espirituales, estaban pensando del mismo modo que antes de conocer a Cristo, exactamente igual que los dirigentes religiosos de este periodo provisional que crucificaron a Cristo (2:6-8). Su actitud hacia el sufrimiento de Pablo y el mensaje de la Cruz, les hacía efectivamente aliados de aquellos que asesinaron a Cristo viendo las cosas desde la perspectiva de la carne.

       Esta terminología es evidentemente escatológica. Además, no refleja ninguna batalla interna en el creyente entre estas dos clases de existencia. Por el contrario, describe las características esenciales de las dos edades que coexisten la una junto a la otra, en una oposición sin tregua en nuestra presente existencia en el «ya, pero todavía no». Una de ellas, la carne, ha sido condenada y está camino de desaparecer; los creyentes han de terminar con ella. Pablo les estimula a vivir la verdadera vida del espíritu.

      ▬ 2. De manera similar, en Filipenses 3:3 Pablo advierte contra aquellos que insisten en la circuncisión. Describe a los creyentes como aquellos que sirven «en el Espíritu de Dios, […] no poniendo la confianza en la carne». Aquí, «carne» significa auto confianza basada en una relación supuestamente privilegiada con Dios que se evidencia por la circuncisión. Sin embargo, y como se pone de relieve en el capítulo 9, el Espíritu se opone también a cualquier forma de observancia de la Torá (porque El mismo es su cumplimiento). Por tanto, también éstas son realidades básicamente escatológicas. Volver a la circuncisión, es decir, poner la «confianza en la carne», significa volver a aquello que ha finalizado con la muerte y resurrección de Cristo y el don del Espíritu.

       ▬3. Los intensos contrastes de Romanos 8:5-8 no tratan tampoco de los conflictos interiores del alma. Pablo describe de nuevo los dos tipos de existencia e indica su absoluta incompatibilidad. Aquellos que andan según la carne -y en el contexto queda claro que no se refiere a creyentes-, sino a aquellos que están todavía fuera de Cristo «ponen la mente en lo que desea la carne» (v, 5). Este modo de pensar es hostil a Dios. No se sujeta de hecho, no puede sujetarse a la Ley de Dios. No puede agradar a Dios (¿cómo podría?), y termina en muerte. Esta clase de experiencia no describe la vida cristiana, ni en los escritos de Pablo, ni en ningún otro lugar del Nuevo Testamento. El pueblo de Dios que vive en el Espíritu se contrapone absolutamente a quienes andan según la carne. Sus pensamientos se dirigen a las cosas del espíritu (¿qué otra cosa se puede esperar si sus mentes han sido renovadas por el espíritu?); en lugar de hostilidad hacia Dios, viven en paz; y en lugar de muerte experimentan vida.

       Romanos 8:9 deja claro que ésta es la clase de conflicto de que habla Pablo, puesto que se dirige a los creyentes, subrayando

    «pero ustedes no están en la carne [en el sentido de los de los vv. 7-8 que andan en la carne] sino en el espíritu [una forma completamente nueva de existencia], si en verdad el espíritu de Dios habita en ustedes».

       Sin embargo, Pablo reconoce también que la vida en el espíritu no es un agradable paseo por el parque y, por ello, en Romanos 8:12-13 aplica a sus vidas el contenido de los versículos 1-11, recordándoles que, por medio del espíritu, han de hacer morir todo aquello a lo que ya han muerto (de nuevo el «ya, pero todavía no»). Anteriormente estaban controlados por la carne y, consiguientemente, obligados bajo su mandato. Su obligación es ahora para con el espíritu, para andar en sus caminos, guiados por Él (v, 14).

       La vida en el espíritu no es pasiva, ni la obediencia, automática. Seguimos viviendo en el mundo real; después de todo, somos tanto «ya» como «todavía no». Por tanto, el imperativo para el «ya» es andar en/por el espíritu. esto asume que vivimos en un mundo muy controlado por la carne; sin embargo, asume también que en este mundo vivimos como personas diferentes, guiadas por el espíritu y capacitadas por ~I, para producir el fruto de justicia, en lugar de seguir con las obras de la carne. esto nos lleva por último a Gálatas 5:17 y Romanos 7:13-25. Puesto que no tiene nada que ver con este contraste, vamos a comenzar con el pasaje de Romanos, para concluir después con otra ojeada al texto de Gálatas. (ver el Rom. capítulo 10).

    «LA LUCHA DE ROMANOS 7:13-25»

       ¿Qué podemos decir de la narración intensa y profundamente emotiva acerca del conflicto interno de Pablo en Romanos 7:13-25? ¿No sugiere acaso este pasaje que el propio Pablo, aunque hombre espiritual, vivió una constante lucha interior contra los envites de la carne? A primera vista, y considerando el pasaje fuera de contexto, podría colegirse que sí. Sin embargo, hay tres cosas que revelan lo contrario: el contexto inmediato, lo que Pablo dice explícitamente y lo que no dice.

       Todo el contexto tiene que ver con el lugar que ocupa la Torá en la vida cristiana. en los versículos 1-6, Pablo ha dejado claro que el creyente no tiene nada que ver con ella, reiterando una vez más esta cuestión. Con la muerte de Cristo hemos muerto en relación con la Ley (v, 4). Y no solo eso, añade el apóstol, sino que hemos muerto también por lo que a la carne respecta (vv. 5-6; obsérvese el tiempo pasado, «cuando estábamos en la carne»). Sin embargo, Pablo es consciente de que, hasta este momento, ha venido desarrollando un argumento muy duro contra la Ley, que no será precisamente bien recibido por sus lectores cristianos de origen judío. Por otra parte, él mismo no considera que la Ley sea algo malo. Al contrario, su problema con la Ley radica solo en su inadecuación: en su impotencia para capacitar a quienes están bajo sus dictados, a fin de que sus demandas se cumplan. De modo que en 7-25, Pablo se propone exonerar a la Ley de cualquier vislumbre de acusación en el sentido de que ésta sea intrínsecamente mala, puesto que está vinculada a nuestra muerte. Para demostrarlo desarrolla dos argumentos. En primer lugar, dice en los versículos 7-12: «lo que ‘me’ mató – y en este párrafo, aunque Pablo utiliza la primera persona del singular, lo hace con sentido genérico, aludiendo a todos los judíos- no fue la Ley, sino la innata pecaminosidad que la Ley estimuló». La Ley está, sin duda, relacionada con la muerte, pero no es su causa directa, sino su instigadora.

       Sin embargo, también esto podía poner en entredicho a la Ley, y por ello comienza de nuevo (v, 13), insistiendo esta vez en que no se puede culpar a la Ley. Su única falta radica en su impotencia para hacer nada respecto al pecado que incita en nosotros, y que nos hace vívidamente conscientes de la absoluta «pecaminosidad» del pecado. esto se expresa con una gran intensidad, y de un modo que hace que quienes pretenden agradar a Dios sobre la base de la Ley se puedan sentir identificados. En último término no, se trata de una lucha absolutamente inútil. Para la persona que se esfuerza bajo la Ley, sin haber experimentado el don del (espíritu, el pecado y la carne son poderes superiores contra los que nada puede.

       En Romanos 8. Pablo introduce a Cristo y al Espíritu como la respuesta de Dios al grito angustiado de 7:24. No es solo que en Cristo no haya condenación (es decir, el juicio que tanto merecemos se ha convertido en algo del pasado por la muerte de Cristo), sino que ahora vivimos por una nueva «Ley», la Ley del (espíritu de vida (8:2). Lo que la Leyera incapaz de hacer por nosotros, lo ha hecho Cristo (de manera posicional), y el (espíritu lo hace real en nosotros (de manera experimental) cuando «andamos en el (espíritu» (vv. 3-4).

       En conclusión, presentamos tres sencillos puntos:

    ▬1. El tema esencial de Pablo en este pasaje es la experiencia del ser humano bajo la Ley; y una cosa está meridianamente clara al respecto, y es que Pablo no se veía a sí mismo bajo la Ley. Lo que describe desde su perspectiva, ahora cristiana, es la vivencia bajo la Ley antes de la venida de Cristo y del Espíritu. La utilización en su exposición de la primera persona del singular y del tiempo presente, sirven para agudizar la intensidad de sus sentimientos hacia la completa impotencia de la Ley para resolver el verdadero problema del pecado.

    ▬2. La persona que aquí se describe nunca se lleva la mejor parte. Estar bajo la impotente Ley, ante los más poderosos enemigos carne y pecado, significa ser vendido como un esclavo e incapaz, por tanto, de hacer lo que la Ley exige. Esta descripción es completamente incompatible con la idea que tiene Pablo de la vida en Cristo impartida por el Espíritu.

    ▬ 3. En todo el pasaje (vv. 7-25) no hay ni una sola mención del Espíritu. Se le nombra por última vez en el versículo 6 como la clave de nuestra nueva vida en Cristo, quien ha puesto fin a nuestra relación con la Ley y la carne. Cristo y el Espíritu reaparecen de nuevo en 8:1-2 como la respuesta divina al angustiado clamor de la persona trabada en combate con el pecado ante la impotente mirada de la Ley, que señala su intrínseca pecaminosidad, pero es incapaz de hacer nada al respecto.

       Así, las únicas preguntas que Pablo suscita en todo el pasaje tienen que ver con la Torá: ¿es buena o mala? Y, ¿cómo, si es buena, coadyuva a nuestra muerte? El único tema objeto de análisis es la vida bajo la Ley.

    «GÁLATAS 5:17 EN CONTEXTO»

       Bien, ¿pero qué sucede con Gálatas 5:17 donde Pablo dice (literalmente), «porque la carne tiene deseos contra el Espíritu y el Espíritu contra la carne; porque estos [ambas realidades] se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis [lo que deseáis hacer]? ¿Acaso estas palabras no indican que existe una lucha interna del Espíritu contra la carne? No, cuando consideramos el versículo en su contexto. De hecho, este texto está en consonancia con los versículos donde aparece este contraste y que hemos considerado anteriormente.

       En el versículo 17 Pablo llega al meollo de un argumento que desarrolla una cuestión acuciante: puesto que la observancia de la Leyes ahora algo del pasado por la venida de Cristo y del Espíritu, ¿qué es lo que ha de garantizar la justicia? Es decir, Pablo dirige su argumento (quizá por anticipado) contra la oposición de cristianos de origen judío que verían esta desviación de la observancia de la Ley como una segura invitación al desenfreno y a la impiedad. De hecho, como se ve de manera explícita en Romanos 3:7-8, e implícitamente en 6:1, a Pablo se le había acusado precisamente de esto.

       De nuevo en este pasaje, Pablo no plantea esta cuestión en términos del creyente individual en su relación personal con Dios, sino en el sentido de que los gálatas están viviendo como antes de su conversión, cuando la carne ejercía su potestad. Por tanto, Pablo les insta a que no permitan que su nueva libertad en Cristo sirva como base de operaciones para la carne (5:13), en su caso, esto significa que dejen las contiendas dentro de la comunidad de la fe (v. 15). En lugar de ello. Han de servirse más bien en amor unos a los otros (v, 13). Va que esta clase de amor «cumple la Ley» (v, 14).

       La respuesta que Pablo da a los versículos 13 y 15 está en 16-26. Comienza en el versículo con el imperativo esencial «andad en el espíritu» (que es también una promesa) «y no llevaréis a cabo los deseos de la carne». Puesto que esto responde al versículo 15 no está, entonces, hablando acerca de la vida interior del creyente, sino de ceder a un comportamiento profano dentro de la comunidad. Al fin y al cabo, todas las obras de la carne que se enumeran a continuación, tienen que ver con la conducta, y ocho de las quince acciones que se mencionan son pecados de discordia dentro de la comunidad de fe.

       El versículo 17 es una explicación del 16 en la que Pablo aclara su idea por medio de lo dicho en los versículos 13-15. En Su interés está esta Elaboración el apóstol no hace sino especialmente en que repetir lo que ya le hemos oído decir la forma de vida del en otros lugares: andar en el espíritu es pueblo de Dios sea una completamente incompatible con la vida radical alternativa a según la carne, porque ambos principios la del mundo que les de vida se oponen por completo el uno rodea.

    al otro. V dado que son totalmente incompatibles, quienes viven en el espíritu no pueden hacer lo que les plazca, es decir, su nueva libertad en Cristo no les permite seguir viviendo como antes, mordiéndose y devorándose unos a otros.

       Así pues, el contraste entre la carne y el espíritu tiene que ver con aquellos que han entrado en la nueva forma de vida traída por Cristo y el espíritu; Pablo les está instando a vivir de este modo por el poder del Espíritu. Lo que quiere decir es que el espíritu se opone a la forma de vida de la carne, y tiene todo poder para hacernos capaces de vivir la nueva vida. esto no significa que a Pablo le tenga sin cuidado la vida interior; por supuesto que es un tema Importante para él. Aquí, no obstante, su interés está especialmente en que la forma de vida del pueblo de Dios sea una radical alternativa a la del mundo que les rodea. Quienes así viven por medio del espíritu no seguirán destruyendo la comunidad cristiana con sus disensiones y conflictos.

       En todos los pasajes en que Pablo contrasta al espíritu con la carne, éste insiste en que, por medio de la muerte de Cristo y el don del espíritu, la carne ha sido herida de muerte (muerta, por usar su propio lenguaje). Por tanto, desde el punto de vista del apóstol, no es posible que una persona Espiritual pueda vivir como esclava del pecado, siendo incapaz de hacer el bien que desea por estar sujeta a la Ley del pecado.

       Los creyentes viven entre los tiempos. La vigencia de la carne, ya mortalmente herida, llegará a su fin con la venida de Cristo. Todo el potencial de la vida del espíritu, que es ya una posesión presente, se hará plenamente real en la misma venida. en la medida en que la era presente todavía no ha concluido, seguimos en la necesidad de aprender a andar por el espíritu, conducirnos según el espíritu y sembrar para el espíritu. Todo esto lo podemos hacer precisamente porque el espíritu es suficiente. Según la perspectiva de Pablo, vivimos en la carne solo en el sentido de que nuestra existencia actual se desarrolla en el cuerpo de nuestra humillación, sujeto a las realidades de la era presente; pero no andamos según la carne. Tal forma de vida pertenece al pasado, y quienes así viven están fuera de Cristo y no «heredarán el reino de Dios [final y escatológico)» (Gál 5:21).

       Pablo es siempre realista. La «nueva justicia» que cumple la Torá y que imparte el espíritu, es tanto «ya» como «todavía no». Volviendo por un momento al capítulo anterior, lo que se ha iniciado en nosotros no es la perfección divina, sino lo que hemos llamado «infección divina». ~n primer lugar, ahora nuestras vidas son guiadas por aquel que inspiró la Ley. Sin embargo, esto no significa que el creyente no pueda ser «sorprendido en alguna falta» (Gál 6:1). Para la resolución de este tipo de ofensas contra justas demandas de Dios durante este periodo entre los tiempos, el resto del pueblo de Dios ha de restaurar a tal persona con la mansedumbre del espíritu. esto significa experimentar con regularidad el perdón y la Gracia de Dios. Lo que no significa es que tengamos que aceptar como inevitable una vida en la que pecamos de manera constante y deliberada, como si el espíritu no fuera suficiente para que podamos vivir una vida victoriosa en el presente y tuviéramos que resignarnos a un escape inexorable que deshincha nuestra vida.

       Si esta explicación no satisface plenamente a quienes viven en una lucha constante con algún pecado que les acosa tenazmente, mi palabra para tales personas es que cobren ánimo en el evangelio. No quiero minimizar la lucha en que se encuentran. Pero hemos de recordar que Dios nos ama y ha derramado su amor en nuestros corazones por su espíritu. Para algunas personas, la clave para vivir en el espíritu es pasar mucho más tiempo expresando su gratitud y alabanza a Dios por lo que ha hecho y está haciendo, y promete hacer y menos tiempo en una introspección centrada en su fracaso en cumplir la Ley.

       Siempre que sintamos el impulso de vengarnos por lo que alguien nos ha hecho en lugar de perdonarle como Cristo lo ha hecho con nosotros, estamos experimentando un nuevo recordatorio de que seguimos viviendo en el espacio que media entre el comienzo de la «infección» y el pleno estado de perfección (ver explicación anterior; p. 136). Pero la guía del espíritu también nos impide dejarnos llevar por nuestros impulsos de arremeter con ira contra alguien por lo que nos ha hecho como solíamos hacer antes sin pensarlo demasiado. El espíritu, la presencia misma de Dios, su presencia capacitadora, está en nuestro interior y nos guiará para que respondamos de un modo apropiado.

       Por último, y para llevar esta exposición a su punto de partida, aquí es donde interviene el hecho de que formamos parte del cuerpo de Cristo. Puesto que la meta última de la Salvación en el plano individual es que seamos miembros del Cuerpo de Cristo, unos miembros que crecemos y participamos activamente en su edificación, también nosotros seremos receptores del edificante servicio de otros. No intentemos vivir en solitario nuestra vida cristiana. Pongámonos en contacto con personas de confianza de nuestra congregación a las que podamos abrirnos y rendir cuentas, y unámonos a ellas en el común deseo de crecer a semejanza de Cristo. (Tomado: Pablo, el Espíritu y el Pueblo de Dios Gordon D. Fee).

    Amén, para la honra y gloria de Dios.

  • LUNES 22 DE JUNIO DE 2026.. «EN MEDIO DEL CONFLICTO, DIOS ES JUSTO Y BENDICE A DAVID Y A SU FAMILIA».

       Comentario del contexto Bíblico: (1) Hijos de David nacidos en Hebrón, 3:1–5. Este pasaje forma parte de la narración del fortalecimiento de la casa de David. Los hijos son indicación de bendición por parte de Dios. La mención de los hijos de David nacidos en Hebrón hace resaltar la bendición de Dios para David en ese momento. David había llegado a ser rey, aunque todavía no lo era de toda la nación. Algunos de los hijos que nacieron en Hebrón llegarían a ser instrumentos no de bendición sino de maldad. Amnón llegó a violar a su hermana Tamar, y Absalón llegó a rebelarse contra su padre.

       Los reyes de las naciones paganas tenían por costumbre tomar mujeres de otros pueblos para formar alianzas con dichos pueblos. La práctica fue seguida por David quien tomó a Maaca, hija de Talmai, rey de Gesur. Gesur era un distrito arameo en el territorio de Basán o sea junto al mar de Galilea en la parte noreste. Salomón continuó la costumbre en una manera exagerada, llegando a tener 700 mujeres y 300 concubinas, llegando aun a elevar altares para los dioses de sus mujeres extranjeras.

       Debilitamiento de la casa de Isboset, 3:6–11. La derrota final de la casa de Saúl no llegó por medio de una batalla, sino a consecuencia de una división interna causada por el pecado. Abner fue acusado por Isboset de juntarse con Rizpa, quien había sido concubina de Saúl; después de la muerte de Saúl, la concubina pasaba legalmente a ser concubina de Isboset. Isboset confrontó a Abner, preguntándole ¿Por qué te has unido a la concubina de mi padre? En realidad, ya no era la concubina de su padre, sino de Isboset; pero Isboset no tuvo valor de decir “mi concubina”. Abner se enfureció. Su enfurecimiento deja ver su culpabilidad en cuanto al asunto. Si Abner tomó la concubina de Isboset, se descubre que Abner no respetaba a Isboset como rey, sino que lo consideraba su títere, y tenía intenciones de llegar a ser rey. El tener como esposa a Rizpa le daría más prestigio ante el pueblo. Abner no quiso someterse a la autoridad de Isboset, ni quiso reconocer su pecado cuando fue confrontado por éste; por el contrario, Abner se presentó como ofendido por el reclamo de Isboset: ¿Acaso soy yo una cabeza de perro que pertenece a Judá? Abner reclamó a Isboset, enumerando todos los favores que le había hecho, como diciendo: “he hecho tanto por ti y ahora me reclamas por tomar esta mujer”.

       Abner no aceptó su pecado, porque su corazón estaba cegado por el pecado. Sucede a menudo que la persona que está en pecado y que no busca el arrepentimiento culpa a otros por su pecado y se vuelve en contra de los que lo confrontan. Así Abner no reconoció su culpabilidad, sino que se volvió en contra de Isboset y se alió a David. Ante la presencia de Isboset, Abner reconoció a David como el escogido de Dios. Abner, por su propio beneficio, reconoció el éxito que David estaba teniendo. Isboset no pudo responder a las amenazas de Abner ya que le tenía mucho temor. Isboset no era un verdadero líder. Las tribus del norte estaban siendo guiadas por un rey de carácter débil y un jefe militar que no reconocía la autoridad del rey.

    «EN MEDIO DEL CONFLICTO, DIOS ES JUSTO Y BENDICE A DAVID Y A SU FAMILIA». La afirmación de que, en medio del conflicto, Dios es justo y bendice a David y a su familia, refleja una verdad profunda sobre el carácter divino. En la Biblia, la justicia de Dios no solo implica juicio, sino también protección, compasión y fidelidad a su pacto.

       Según la Biblia, el conflicto es inevitable, pero enseña a enfrentarlo con humildad, perdón y búsqueda de la paz. En lugar de responder con orgullo, los principios bíblicos llaman a restaurar las relaciones y considerar a los demás antes que a uno mismo.

       El nuevo testamento tiene varios mandatos para los creyentes que demuestran el vivir en paz el uno con el otro. Siempre se nos instruye a: amarnos los unos a los otros (Juan 13:34; Romanos 12:10), vivir en paz y en armonía unos con otros (Romanos 15:5; Hebreos 12:14), resolver las diferencias entre nosotros (2 Corintios 13:11), ser pacientes, amables y benignos los unos con los otros (1 Corintios 13:4), considerar a los otros antes que a nosotros mismos (Filipenses 2:3), llevar las cargas de los demás (Efesios 4:2), y regocijarnos en la verdad (1 Corintios 13:6). El conflicto es la antítesis del comportamiento cristiano tal como se describe en las escrituras.

       Hay momentos en que, a pesar de todos los esfuerzos para reconciliar, varios asuntos nos impiden resolver los conflictos en la iglesia. Hay dos ejemplos en el nuevo testamento que claramente y sin ambigüedades, abordan la resolución de conflictos donde se presenta el pecado. En Mateo 18:15-17, Jesús presenta la forma para tratar con un hermano que ha pecado. Según este pasaje, en caso de un conflicto donde abiertamente hay pecado, en primer lugar, debemos tratarlo uno a uno y, luego, si continua sin resolverse debe ser llevado a un pequeño grupo, y finalmente ante toda la iglesia si el problema aún persiste.

       • Unidad y propósito: se describe que el hombre que teme a Dios recibe la bendición de una esposa fructífera y una familia unida, lo cual refleja el diseño de Dios para el hogar. El Salmos Capítulo 128: Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, Que anda en sus caminos. Cuando comieres el trabajo de tus manos, Bienaventurado serás, y te irá bien. Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa. He aquí que así será bendecido el hombre. Que teme a Jehová. Bendígate Jehová desde Sion, Y veas el bien de Jerusalén todos los días de tu vida, Y veas a los hijos de tus hijos. Paz sea sobre Israel.

       Todos luchamos en nuestras vidas con diferentes problemas y cargas – ya sea en el trabajo, en nuestras familias, o matrimonios. Y ¡cuántos ya no pueden con sus propias vidas! Por eso la Biblia nos invita a depositar todas nuestras cargas a los pies de Jesucristo: „Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo» (Sal. 55:22).

       Dios comienza a confirmar el llamamiento de David: Podemos aprender mucho de la vida de David. Él era un hombre conforme al corazón de Dios (1 Samuel 13:13-14; Hch 13:22). Se nos presenta a David por primera vez después de que Saúl, ante la insistencia del pueblo fue hecho rey (1 Samuel 8:5, 10:1). Saúl no estaba a la altura como el rey de Dios. Mientras que el rey Saúl estaba cometiendo errores uno tras otro, Dios envió a Samuel a encontrar Su pastor elegido, David, el hijo de Isaí (1 Samuel 16:10, 13).

       Se cree que David tenía entre 12 a 16 años de edad cuando fue ungido como rey de Israel. Él era el más joven de los hijos de Isaí, y una elección poco probable para ser rey, humanamente hablando. Samuel pensó que Eliab, el hermano mayor de David, era sin duda el ungido. Sin embargo, Dios le dijo a Samuel, «No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque el Señor no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón» (1 Samuel 16:7). Siete de los hijos de Isaí pasaron delante de Samuel, pero Dios no había escogido a ninguno de ellos. Samuel le preguntó a Isaí si tenía más hijos. David, el más joven, estaba cuidando ovejas. Así que llamaron el muchacho y Samuel ungió a David con aceite «y desde aquel día en adelante el Espíritu del Señor vino sobre David » (1 Samuel 16:13).

       La Biblia también dice que el Espíritu del Señor se apartó del rey Saúl y un espíritu malo lo atormentaba (1 Samuel 16:14). Los criados de Saúl sugirieron que buscaran a alguien que supiera tocar el arpa, y uno de los criados recomendó a David, diciendo: «He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y el Señor está con él» (1 Samuel 16:18). Así, David entró al servicio del rey (1 Samuel 16:21). Saúl estaba complacido con el joven David, y él se convirtió en su paje de armas.

       Según la Biblia, Dios confirma el llamamiento de David como rey de Israel principalmente mediante la unción del profeta Samuel, las victorias militares (como ante Goliat), y la dirección divina constante cuando David consultaba su voluntad. (1ª de Samuel 16:13. «Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá.»). 2ª de Samuel 7:4 al 13. «Aconteció aquella noche, que vino palabra de Jehová a Natán, diciendo: Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo moré? Ciertamente no he habitado en casas desde el día en que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he andado en tienda y en tabernáculo. Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: ¿Por qué no me habéis edificado casa de cedro? Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra. Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio, desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo, Jehová te hace saber que él te hará casa. Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino.» 1ª de Samuel 17:45 al 50. «Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; más yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos. Y aconteció que cuando el filisteo se levantó y echó a andar para ir al encuentro de David, David se dio prisa, y corrió a la línea de batalla contra el filisteo. Y metiendo David su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, y la tiró con la honda, e hirió al filisteo en la frente; y la piedra quedó clavada en la frente, y cayó sobre su rostro en tierra. Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano.»

       En todo tiempo Dios bendice el hogar de sus hijos: Sí, las Escrituras enseñan que la protección y el favor divino acompañan a quienes buscan hacer Su voluntad. Sin embargo, la Biblia también indica que esta bendición requiere obediencia y mantener una vida fundamentada en Sus mandamientos. (1ª Crónicas 13:14. «Y el arca de Dios estuvo con la familia de Obed-Edom, en su casa, tres meses; y bendijo Jehová la casa de Obed-Edom, y todo lo que tenía.»). Josué 24:14 al 17. «Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová. Entonces el pueblo respondió y dijo: Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses; porque Jehová nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre; el que ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado por todo el camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos por entre los cuales pasamos.»

       Corrupción de la casa de Saúl: La caída y corrupción de la casa del rey Saúl en la Biblia (detallada en 1 Samuel Cap. 13-15) se centra en su desobediencia, arrogancia y autoengaño. Su liderazgo pasó de ser elegido por Dios a un régimen marcado por el egoísmo, la paranoia y el abandono de la voluntad divina.

    El declive de la dinastía de Saúl se caracteriza por tres fallas principales:

    • Desobediencia en Gilgal: Ante la amenaza de los filisteos, Saúl usurpó el rol sacerdotal al ofrecer sacrificios por cuenta propia en lugar de esperar al profeta Samuel. Esto demostró su falta de paciencia y su tendencia a tomar decisiones por encima de los mandamientos de Dios.
    • El perdón al rey Agag: Dios le ordenó destruir por completo a los amalecitas y sus posesiones. Saúl desobedeció deliberadamente y se quedó con el mejor botín, justificando su acción con una falsa piedad. Esta rebelión directa provocó que Dios lo rechazara definitivamente como rey.
    • Paranoia y persecución: Tras ser rechazado y ver que el Espíritu de Dios lo dejaba para ir con David, Saúl fue atormentado por un espíritu maligno y desarrolló una obsesión corrupta y homicida, persiguiendo a David durante años para asegurar su propio trono.

       Pensamiento1: El rey Saúl fue técnicamente el primer rey de Israel. Llegó al poder después de un período sangriento y tumultuoso en la historia de Israel, cuando el pueblo estaba gobernado por varios jefes tribales llamados “jueces”. Podemos encontrar un relato de este período en el libro de Jueces, que relata la progresiva corrupción moral de los israelitas y sus líderes tras la muerte de Josué. Sin un gobierno centralizado y tras doscientos años de líderes mediocres, este fue un período de revueltas políticas y sociales. El pueblo israelita buscaba un salvador que pusiera fin a la lucha que había empañado el panorama de su nación durante generaciones. Necesitaban un rey, pero ¿de qué tipo?

       Este tipo de crisis de liderazgo resulta familiar en la historia pasada y actual. Israel quería un buen líder, uno que no fuera corrupto y fuera íntegro. Sin embargo, había otras influencias culturales en juego, y las intenciones de los israelitas no eran completamente puras cuando pidieron un rey. La historia dice así:

       “Entonces se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a Samuel en Ramá, y le dijeron: ‘Mira, has envejecido y tus hijos no andan en tus caminos. Ahora pues, danos un rey para que nos juzgue, como todas las naciones’”. (1 Samuel 8:4-5).

       Esto debería preocuparnos, porque Israel ya tenía un rey, llamado Yahweh (recuerda Éxodo 15). Él estaba tratando de enseñar a los israelitas cómo diferenciarse de las otras naciones para convertirse en una bendición para esas mismas naciones. Pero las presiones culturales para tener un líder igual que los cananeos resultaron ser más poderosas. Sus corazones no estaban alineados con Yahweh, así que él honró su petición.

       La advertencia de Samuel

       Y el Señor dijo a Samuel: ‘Escucha la voz del pueblo en cuanto a todo lo que te digan, pues no te han desechado a ti, sino que me han desechado a Mí para que Yo no sea rey sobre ellos… Ahora pues, oye su voz. Sin embargo, les advertirás solemnemente y les harás saber el proceder del rey que reinará sobre ellos’”. (1 Samuel 8:7, 9).

       A continuación, Samuel lanza una famosa advertencia al pueblo israelita (1 Samuel 8:11-22), concediéndoles lo que deseaban.

       Saúl no fue un gran rey, ni siquiera un buen hombre. Tenía muchos defectos. Toda la primera mitad del primer libro de Samuel se dedica a estudiar su carácter y sus fracasos. Al leer el libro de Samuel, es posible que a veces te sientas propenso a criticar o juzgar a Saúl; probablemente también sientas lástima por él en algunos momentos. Pero no te apresures y sé honesto contigo mismo. Si tienes la mente abierta, te darás cuenta de que probablemente tienes más en común con Saúl de lo que te gustaría admitir. El objetivo de explorar los fracasos de Saúl es advertirnos para que no repitamos sus errores.

       El primer libro de Samuel ofrece una serie de viñetas, algunas aparentemente pequeñas y otras grandes, que examinan los errores de Saúl (véase 1 Samuel 13-15). Quizá te preguntes si el hecho de que Dios sea demasiado duro con Saúl es solo una estrategia intencional del narrador para generar compasión. Pues sí. Quiere que sintamos lástima por él, para que empecemos a vernos reflejados en él y aprendamos la lección a través de él.

       En esencia, el defecto de carácter principal de Saúl es la autoexaltación y el autoengaño. Él cree que sabe más que los demás, incluso que Dios. La mayor tragedia es que ni siquiera es consciente de ello. La historia muestra que no se da cuenta en absoluto de su arrogancia y siempre cree que tiene la razón.

       Saúl no pega en lo recto y justo:

       A medida que avanza la historia de Saúl, los errores se hacen mayores y las consecuencias son más graves. De alguna manera, nunca es capaz de reconocer lo que ha hecho mal cuando se lo muestran. Por ejemplo, en 1 Samuel 13, se le dijo que esperara a Samuel antes de ofrecer sacrificios a Dios e iniciar una batalla con los filisteos. Sin embargo, no hizo caso y siguió impertérrito su camino con impaciencia. Aunque Saúl finalmente gana la batalla, lo hace en sus propios términos en lugar de los de Dios, un punto que parece no comprender nunca.

       Su falta de autoconocimiento es aún mayor en 1 Samuel 15, donde Dios ordena a Saúl que vaya a luchar contra los amalecitas (esta nación intentó aniquilar a los israelitas mucho tiempo atrás cuando acababan de escapar de Egipto, véase Éxodo 17:8-15). Se le dieron instrucciones claras: debía derrotar a los amalecitas por completo. Sin embargo, Saúl no cumplió del todo y permitió que los soldados saquearan el botín, a pesar de que había recibido instrucciones explícitas de no permitir que esto sucediera. Cuando Samuel lo confronta, Saúl hace una especie de confesión, pero cambia el sentido de las cosas: “… el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de los bueyes, para sacrificar al Señor tu Dios…” (1 Samuel 15:15). Justifica su terquedad como una forma de obediencia, pero no puede ver que eso es lo que está haciendo. Entonces, Samuel lo llama a rendir cuentas: “¿Por qué, pues, no obedeciste la voz del Señor, sino que te lanzaste sobre el botín e hiciste lo malo ante los ojos del Señor?”. (1 Samuel 15:19).

       Saúl sigue sin ver su error: “Yo obedecí la voz del Señor, y fui en la misión a la cual el Señor me envió… Pero el pueblo tomó del botín ovejas y bueyes”. (1 Samuel 15:20-21)

    Aquí Saúl está culpando a otros para quitarse de encima a Samuel. Pero Samuel ya ha aguantado bastante: “¿Se complace el Señor tanto en holocaustos y sacrificios como en la obediencia a la voz del Señor? Entiende, el obedecer es mejor que un sacrificio…” (1 Samuel 15:22). Recién en este punto, Saúl logra ver su error, y por lo tanto reconoce su comportamiento con una confesión:

       “He pecado. En verdad he quebrantado el mandamiento del Señor y tus palabras, porque temí al pueblo y escuché su voz”. (1 Samuel 15:24).

    Es realmente difícil saber cuán genuino puede ser el arrepentimiento de Saúl. Es evasivo y tiene la costumbre de decir lo que sea necesario para salir del apuro. En tan solo unos momentos, nos revela una de sus motivaciones para mostrar remordimiento:

      Entonces Saúl dijo: “He pecado, pero te ruego que me honres ahora delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel y que regreses conmigo para que yo adore al Señor tu Dios”. (1 Samuel 15:30).

        Mira dentro de tu propio corazón

       Los fracasos de Saúl pueden tener un impacto real en nosotros, si estamos dispuestos a dejar que la historia se convierta en un espejo de nuestra propia mente y corazón.

       Saúl valoraba la opinión del pueblo por encima de la sabiduría de Dios. Temía a las personas cuando debería haber temido a Dios. Además, a la luz de la corrección, seguía preocupándose únicamente por una cosa: su propia reputación y honor. Saúl minimiza constantemente el papel que desempeña en las malas decisiones que toma. Sigue culpando a otras personas como si fueran responsables de sus errores.

       El resto de 1 Samuel relata el posterior declive de Saúl hacia la decadencia moral y espiritual. Su caída contrasta fuertemente con el ascenso de David a un rol de influencia. Al final del día, Saúl depositó su verdadera confianza en sí mismo, en su plan y en las opiniones que otros tenían de él. Cuando es confrontado por este pecado, su respuesta deja mucho que desear. En realidad, nunca cambia y persevera en estos comportamientos hasta el final, mientras sigue el camino del egocentrismo y el orgullo. Vemos un gran contraste con David, que se caracteriza en estos mismos capítulos por ser radicalmente obediente y confiar en Yahweh, lo que finalmente lo lleva a ascender como rey y solidifica su linaje.

       Estos dos personajes nos brindan la oportunidad de reflexionar sobre nosotros mismos para que podamos encontrar los puntos ciegos en los que nuestro orgullo puede estar haciéndonos perder el juicio. Justificamos nuestras malas decisiones e intentamos negociar con Dios. Dejamos que nuestro río cultural nos arrastre. Todo esto obliga al lector a preguntarse si somos similares a Saúl o diferentes. ¿De qué manera elevamos las opiniones de otras personas por encima de la sabiduría y el amor de Dios? ¿De qué manera culpamos a otros para evitar asumir realmente nuestras fallas?

       La desaparición de Saúl es una lección poderosa, pero como todas las historias trágicas, tiene un propósito redentor. Es una advertencia para que no repitamos sus errores. Nuestros defectos de carácter más profundos no tienen por qué definirnos ni ser el final de la historia, no cuando se trata del Dios revelado en Jesús. A diferencia de Saúl, Jesús fue un Rey de Israel que nunca falló, sino que tomó sobre sí las consecuencias del fracaso de los demás. A diferencia de Saúl, Jesús nunca se acobardó ante el lado oscuro de la humanidad. Más bien, se enfrentó directamente a él con su amor y pasión porque sabía que el poder de Dios podía vencer nuestro mal y crear algo nuevo. Lo que Saúl necesitaba, y lo que realmente necesitamos, es un corazón y una mente nuevos que no necesiten defenderse ni justificar el fracaso y el egoísmo. Lo que necesitamos es lo que David oró después de su mayor error.

    Amén, para la honra y gloria de Dios

  • SEMANA DEL 22 AL 28 DE JUNIO Y SEMANA DEL 06 AL 12 DE JULIO 2026.TEMA: “PERFECTA FUNCIÓN DE CADA CREYENTE AL INTERIOR DE LA IGLESIA”

    LECTURA BÍBLICA:  1a A LOS CORINTIOS 12:18 AL 31.

    18. Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. 

    19. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? 

    20. Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. 

    21. Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. 

    22. Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios; 

    23. y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro. 

    24. Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, 

    25. para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. 

    26. De manera que, si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. 

    27. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. 

    28. Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente, apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas. 

    29. ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros? 

    30. ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos? 

    31. Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aún más excelente.

       Comentario general del contexto bíblico: [2]. (12: 14-20) Iglesia: Algunos que son menos dotados sienten que no son importantes para el Cuerpo de Cristo. Algunos miembros de la iglesia de Corinto estaban experimentando lo que experimentan tantos creyentes, una sensación de ser…

    [• menos dotados • insignificantes • menos capaces • no importantes • menos competentes • insuficientes • menos dignos • no dotados]

       Sin embargo, tales sentimientos y pensamientos son falsos, totalmente inciertos. “El cuerpo no es un solo miembro [significativo], sino muchos [miembros]”. Toda persona que pertenece verdaderamente al Cuerpo de Cristo (la iglesia) es significativo e importante para Dios y tiene un don y una función en el Cuerpo. Note cuatro elementos significativos sobre la iglesia, el Cuerpo de Cristo.

    ▬ 1. Cada miembro es necesario. Puede que el pie no esté tan dotado como la mano para manejar las cosas, pero el pie aún es parte del cuerpo. Puede que el oído no pueda ver cosas como puede verlas el ojo, pero el oído aún forma parte del cuerpo.

    ▬ 2. Cada miembro tiene una función esencial. El ojo, el oído, y la nariz, todos tienen su función.

    => Ninguno puede desempeñar la función del otro. Cada miembro tiene su función, y ningún otro miembro puede desempeñar la función del otro miembro.

    => Si todo el cuerpo fuera solo un ojo, sería un fenómeno: No operativo, no funcional, e inútil. Sería una atrocidad.

       Pensamiento 1. Observe tres aplicaciones significativas:

    1) El Cuerpo de Cristo, la iglesia, puede operar solo si un número suficiente de los miembros desempeñan la función para la que fueron dotados.

    2) El cuerpo, la iglesia, se vuelve incapaz si algunos miembros no funcionan y no hacen el trabajo para el que se les dotó.

    3) La habilidad del Cuerpo de Cristo para operar está determinada por el número y la eficacia de sus miembros. Mientras más funcionen y funcionen eficazmente los miembros del cuerpo (iglesia), más puede hacer el cuerpo (iglesia).

    ▬ 3. Cada miembro está colocado “en el cuerpo” como Dios quiso. El ojo ve porque Dios le dio la capacidad de ver. El oído oye porque Dios le dio la capacidad de oír. Sucede lo mismo en la iglesia. Note las palabras “cada uno de ellos”, cada miembro ha sido colocado en la iglesia por Dios y ha sido dotado por Dios. Dios no ha colocado a los miembros más prominentes en la iglesia. Dios nos ha colocado a “cada uno” de nosotros en la iglesia, y Él nos ha dotado para una función esencial. Y note: Lo que se nos llama a hacer y se nos dota para hacer es la voluntad de Dios. Somos lo que somos y tenemos los dones que tenemos porque Dios quiso que fuéramos como somos.

       Pensamiento 1. Las implicaciones de este punto son contundentes. Cada creyente:

    • Necesita agradecer a Dios por quién es y por su don.

    • Necesita usar sus dones con toda diligencia y fervor.

    ▬ 4. Cada miembro es único, pero juntos hay solo un cuerpo. ¿Si solo existiera un miembro, dónde estaría el cuerpo? Por supuesto, no habría cuerpo. Sucede lo mismo con la iglesia. Si hay solo un miembro en la iglesia, sería significativo, la persona más importante. ¿Pero dónde estaría la iglesia? Está claro: La iglesia no la conforma una persona importante y significativa. La iglesia la conforman muchos miembros, todos importantes y significativos. Pero observe lo siguiente: “A pesar de la diversidad, la iglesia es aún un cuerpo”.

       “De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría” (Ro. 12:6-8)

       “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho” (1 Co. 12:4-7).

       [3]. (12:21-23) Iglesia: Algunos que son más dotados sienten que son más importantes para el cuerpo. Este punto consiste en una reprensión directa a aquellos que tratan de dominar o imponer su voluntad en una iglesia. La voluntad y los deseos propios de una persona nunca se deben imponer ni forzar en la iglesia. Cada miembro es importante y significativo y debe considerársele. Con gran frecuencia, hay quienes sienten que son más importantes que otros en la iglesia. Sienten que sus dones y contribuciones son más significativos que los de otros. La idea central de este punto es que tales sentimientos y pensamientos son erróneos, totalmente erróneos. Hasta el miembro más pequeño y menos dotado (que usa su don) es tan importante para la función de la iglesia como el ministro o la persona más dotada. “Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito”. “Ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros”. Todos son importantes para Dios. De hecho, note lo que dicen las Escrituras; ambos puntos son verdaderamente reveladores, una sorpresa para lo que piensan la mayoría de las personas:

    ▬ 1. Los miembros más débiles (los menos dotados) son realmente más necesarios. La palabra “débil” (asthenes) quiere decir enfermo, enfermizo. Demuestra que en apariencia algunos miembros pueden parecer menos importantes, pero no es así; son esenciales. De hecho, en realidad son más necesarios. El laico promedio que sirve como un obrero personal, aunque la multitud no lo vea nunca, es mucho más importante para las decisiones en función de Cristo que el evangelista que se encuentra en el centro de la escena. El santo que se haya convertido en un guerrero de la oración es mucho más importante para la fortaleza de la iglesia que el predicador más elocuente que haya ocupado el púlpito.

    ▬ 2. Las partes impresentables del cuerpo se tratan con mayor honor. Se hace referencia a la ropa. Nos esforzamos más vistiendo las partes impresentables de nuestro cuerpo, proporcionándoles una nobleza especial.

       Así debiera suceder en la iglesia. Al menos dotado se le debiera reconocer y tratar con una nobleza muy especial, porque realmente son más necesarios.

       Pensamiento 1. Se aborda bien el objetivo: Ningún creyente o grupo de creyentes deben menospreciar, rechazar, ni esquivar a los menos dotados en la iglesia. Todos son importantes; de hecho, los menos dotados que están usando sus dones en función de Cristo son realmente más necesarios. Ellos están “en contacto directo con la obra”; por lo tanto, se les debe tratar con mayor honor.

       “mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve” (Lc. 22:26).

       “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Ro. 12:3).

       “sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia” (1 Co. 1:27-29).

       “Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorias como si no lo hubieras recibido?” (1 Co. 4:7).

       “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (1 P. 5:5).

       [4]. (12:24-26) Iglesia: Dios ha puesto tanto al presentable como al impresentable en un mismo cuerpo. Las partes presentables de nuestro cuerpo no tienen necesidad de ropa; por consiguiente, no las vestimos (por ejemplo, el rostro y las manos). Dios ha hecho lo mismo con la iglesia. Dios ordenó el cuerpo en unidad. La palabra “ordenó” (sunekerasen) quiere decir mezclar, combinar, y unir. Dios ha ordenado la iglesia como es: Los dotados y los menos dotados mezclados, combinado, y juntados. Y lo ha hecho de tal manera que

    pertenece mayor honor a aquellos que están tan dotados. El guerrero de oración es mucho más importante que el solista que le da el frente a las personas. El testigo laico de Cristo es más necesario que el predicador que ocupa el púlpito. La persona que ministra al enfermo y al anciano es más honorable que el presidente del consejo que guía a toda la congregación en asuntos administrativos.

       Todos son importantes, pero los más honorables no son necesariamente los que se paran delante de la iglesia. En ocasiones los más honorables son los que nunca se ven, los que hacen su ministerio por el Señor, desempeñando sus dones y funcionamiento dentro de la iglesia según Él ha ordenado.

    ▬ 1. Dios ha ordenado 0 unido a los miembros para evitar que entren en conflicto. No debe haber celo, orgullo, ni división dentro de la iglesia; porque Dios ha dotado a cada creyente para que complemente a los otros. Dios los ha dotado a todos para que funcionen en armonía.

       “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis toda una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Co. 1:10).

       “Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros” (2 Co. 13:11).

       “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Ef. 4:3).

       “Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio” (Fil. 1:27).

       “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables” (1 P. 3:8).

    ▬ 2. Dios ha ordenado o unido a los miembros para crear una preocupación natural de uno por otros. Observe las palabras “todos se preocupen los unos por los otros”. Esa misma preocupación de unos por otros debiera mostrársele a un miembro de la misma manera que a otro miembro.

       Un miembro de la iglesia no es más importante que otro miembro, no para Dios, y tampoco debiera serlo para nosotros. No debiera haber favoritismo o ni parcialidad para con nadie. Cuando un miembro del cuerpo humano se duele, se duele todo el cuerpo. Cuando un miembro (por ejemplo, los pies en una carrera) es honrado, todo el cuerpo se regocija con los pies. Así debe ser en la iglesia. La iglesia es un cuerpo; por consiguiente, debe dolerse y regocijarse juntamente. El cuerpo debe atravesar junto la experiencia de la vida, doliéndose y regocijándose con cada miembro, cuidando y preocupándose por cada miembro.

       “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mi” (Mt. 25:35, 36).

       “En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir” (Hch. 20:35).

       “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos” (Ro. 15:1).

       “Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos” (1 Co. 9:22).

       “También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos” (1 Ts. 5:14).

       [5]. (12:27-30) Iglesia: Cada creyente es un miembro del Cuerpo de Cristo y ocupa su propio lugar en él. Este punto es contundente y enfático.

    => “Vosotros sois el cuerpo de Cristo”: De un modo colectivo, contamos con el privilegio supremo. Somos los miembros de Cristo, de su cuerpo, del cuerpo del propio Hijo de Dios.

    => “Miembros cada uno en particular”: De un modo individual, cada uno de nosotros es un miembro del Cuerpo de Cristo. No hay un solo creyente que esté excluido, y nadie tiene más condición de miembro que ningún otro creyente.

       Pablo ilustra el punto enumerando algunos de los dones. Él dice dos cosas significativas:

    ▬ 1. Dios ha colocado y ha dotado a cada miembro de la iglesia, Por ejemplo, considérense estos ocho dones:

    » a. Primero, Dios ha puesto apóstoles en la iglesia (vea el Estudio a fondo 1, Apóstol 1ª Co. 12:28 para un análisis).

    » b. Segundo, Dios ha puesto profetas en la iglesia (vea la nota del 8 al 14 junio 2026, Dones 1ª Co. 12:8-10 para un análisis).

    » c. Tercero, Dios ha puesto maestros en la iglesia. El don de la enseñanza es el don de instruir a los creyentes en la verdad de Dios y su Palabra. Es el don de proporcionarles a las personas un cimiento y un fundamento en la doctrina, reprobación, corrección, y justificación.

    » d. También estaba el don de milagros (vea 1 Co. 12:8-10.).

    » e. Estaba el don de sanidad (vea 1 Co. 12:8-10.).

    » f. Estaba el don de ayudar. Este es el don que hace exactamente lo que expresa: Ayuda a las personas. Todos conocemos a algunas personas que siempre están dispuestas a ayudar a las demás personas, siempre están disponibles y preparadas para brindar una mano. Estas personas están particularmente dirigidas a ayudar a los necesitados, por ejemplo, a las viudas o los viudos, a los huérfanos, a los incapacitados físicamente, a los confinados, y a los pobres.

    » g. Estaba el don de gobernación o administración. La palabra griega es descriptiva (kuberneseis). Se refiere al práctico de un barco, la persona que conduce el barco en los canales peligrosos de los océanos. La iglesia, desde luego, necesita a tales personas que le puedan dar dirección en su trayectoria para llegar al destino que Dios le ha señalado.

    » h. Estaba el don de diferentes lenguas (vea 1 Co. 12:8-10.).

    2 Debe tenerse en cuenta que todos los miembros no tienen el mismo don.

    => ¿Son todos apóstoles?

    => ¿Son todos profetas?

    => ¿Son todos maestros?

    => ¿Hacen todos milagros?

    => ¿Tienen todos los dones de sanidad?

    => ¿Hablan todos lenguas?

    => ¿Interpretan todos lenguas?

        La respuesta es obvia. ¡No! Dios no ha dotado a todos los creyentes con el mismo don.

       “A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos” (Mt. 25:15).

       “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Co. 12:11).

       “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Ef. 4:12).

       ESTUDIO A FONDO 1. (12:28) Apóstol: Enviar. Un apóstol es un representante,un embajador, una persona que es enviada a un país arepresentar a otro país. Hay tres verdades acerca de losapóstoles.

    => Él le pertenece a al que lo ha enviado.

    => Su misión es ser enviado.

    => Él posee toda la autoridad y poder del que lo envía.

       La palabra “apóstol” tiene un uso restringido y amplio en el Nuevo Testamento.

    ▬ 1. El sentido restringido. Se refiere a los doce apóstoles y a Pablo como apóstol (Hch. 1:21-22; 1 Co. 9:1). En este sentido restringido había al menos dos requisitos básicos.

    » a. El apóstol era un hombre elegido directamente por el propio Señor o por el Espíritu Santo (cp. Mt. 10:1-2; Mr. 3:13-14; Lc. 6:13; Hch. 9:6, 15; 13:2; 22:10, 14-15; Ro. 1:1). Él era un hombre que había visto o acompañado al Señor Jesús.

    » b. El apóstol era un hombre que había sido testigo ocular del Señor resucitado (Hch. 1:21-22; 1 Co. 9:1).

    ▬ 2. El sentido amplio. La palabra “apóstol” se refiere a otros hombres que predicaban el evangelio. El término se usa con dos misioneros, Bemabé (Hch. 14:4, 14, 17) y Silas (1 Ts. 216); y dos mensajeros, Tito (2 Co. 8:23) y Epafrodito (Fil. 2:25). Solo existe una posibilidad de que Jacobo, el hermano del Señor (Gá. 1:19), Andrónico y Junias (Ro. 16:7) se les haga referencia como apóstoles.

       En el sentido restringido, el don de apóstol estaba destinado a desaparecer por los requisitos únicos para recibir el don. Pero históricamente, en el sentido amplio, haya quizás un sentido en el que los requisitos y el don como tal aún son dados y usados por el Señor. El siervo del Señor de cualquier generación debe ver al Señor y conocerlo íntimamente. Asimismo, el siervo debe ver y experimentar personalmente el poder de la resurrección. Ciertamente hay algunas personas en las diferentes generaciones que han visto al Señor Jesús y que conocen y experimentan el poder de la resurrección del Señor. Quizás el Señor Jesús los dote con el don muy especial de apóstol para que los usen en su bien preciado dominio, la iglesia.

      [6]. (12:31) Dones: Cada creyente debe codiciar los dones mejores. Note que hay una codicia permitida. El creyente debe codiciar los “dones mejores” de modo que pueda servir de un modo más eficaz a su Señor. Sin embargo, hay un camino más excelente aparte de los dones, algo muy superior, una cualidad que sobrepasa todos los dones juntos. Y todo creyente puede poseerlo, no importa quién sea. ¿Cuál es la cualidad? ¿Qué es eso que es aún más grande y más supremo que la mayor unidad posible de los dones? Ese es el tema del próximo capítulo.

    Nota del expositor bíblico: «Dios organizó su Iglesia de tal manera que repartió dones espirituales a cada uno de sus miembros, para que se complementen mutuamente, procurando el honor, la armonía y la dignidad en el ejercicio de sus funciones».

       Comentario de Romanos 12 (12:3-5) Humildad ▬ dones espirituales ▬ iglesia ▬ cuerpo de Cristo: el creyente tiene buen concepto de sí pero no demasiado alto. La exhortación se dirige a «todo hombre que está entre vosotros». Todo creyente necesita trabajar con humildad. Muchas personas tienden a tener un concepto demasiado elevado de sí mismos. Muchos llegan a estar engreídos, orgullosos y arrogantes.

    Se inflan con su…

       [• importancia. • capacidad. • opiniones. • apariencia. • logros. • educación. • popularidad. • riquezas. • bondad. • posición. • posesiones. • título.].

       Hay muchísimos que se tienen en alta estima, y piensan de sí mismos como mejores que otros. Dios está contra tales actitudes hinchadas.

    ▬ 1. Ten un buen concepto de ti mismo, pero piensa con cordura (sofronein). La palabra significa ser equilibrado, sano, estar en su sano juicio. Por lo tanto, la exhortación es a pensar de sí mismo sabia y centradamente, haciendo una evaluación justa y bien equilibrada de uno mismo y de sus capacidades. Hay que hacer una evaluación de sí mismo, pero debe ser un juicio sobrio y equilibrado, no un juicio insano y carente de equilibrio. Note cuán enfático es esto: tener un concepto demasiado elevado de sí es un pensamiento carente de cordura. Pensar que uno es más importante que otro es conducta insana. Toda persona es importante para Dios; cada persona es significativa e importante en el reino de Dios, no importa quién sea esa persona.

    ▬ 2. Las razones por las que debemos andar humildemente delante de los demás son claramente enunciadas.

    » a. Lo que somos y tenemos ha venido de Dios. Es Dios quien repartió a cada uno la medida de fe. La palabra «fe›› en el contexto de estos versículos significa una fe eficiente, o que obra. Incluye…

    • los dones y capacidades que Dios da a una persona.

    • la fe y el impulso o confianza para usar los dones.

       Dicho en forma sencilla, una fe eficiente es la capacidad y el impulso que hay dentro de una persona para tomar el don y servir a Dios, para hacer su contribución a la vida y a la comunidad. Esta es otra forma de decir lo mismo: la medida de fe (vv. 3 y 6) es el don y el poder espiritual que Dios da a cada creyente para su tarea específica sobre la tierra. Dicho en forma sencilla, todo lo que una persona es y tiene ha venido de Dios. Nada viene del hombre mismo. Por lo tanto, ninguna persona tiene razón para tener un concepto demasiado alto de sí.

       «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación» (Stg. 1:17).

       «Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorias como si no lo hubieras recibido?» (1 Co. 4:7).

       Además, note otro factor: lo que hemos recibido de Dios es siempre una medida solamente. Nadie tiene una cantidad total de algo. Ninguna persona es perfecta en alguna área. Todos nos agotamos, deterioramos y decaemos. Todos tenemos que dar un paso al costado para dejar el paso a otros, no importa cuáles hayan sido nuestras capacidades y contribuciones. No tenemos razón para un concepto demasiado elevado de nosotros mismos.

       «Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo» (Ef. 4:7).

    » b. Dios da dones a cada persona, no solamente a una persona ni a unas pocas personas. Note que Dios repartió a cada uno una medida de fe. Ninguna persona o personas tiene el monopolio de algún don o capacidad. Cada creyente ha recibido un don de Dios; ninguno ha sido omitido por Dios. Un creyente es tan importante para Dios como cualquier otro creyente, no importa quién sea ese creyente. No hay lugar para el orgullo y la arrogancia en el reino de Dios; no hay lugar para pensar que uno es más importante que otros. Este tipo de pensamiento es insano.

        » c. Los creyentes genuinos son un cuerpo en Cristo. Este es el cuadro más hermoso de Cristo en las Escrituras, y debido a su efectividad se usa con frecuencia (cp. 1 Co. 10:17; l2:12s.; 12:27; Ef. 1:22-23; 2:16; 4:4,15-16; 5:22ss; Col. 1:18, 24).

       Los creyentes se pueden comparar con el cuerpo humano. El cuerpo humano tiene muchas partes o miembros, y no hay dos miembros que tengan la misma función. Así ocurre con los creyentes. Los creyentes son muchos, no obstante, son un cuerpo en Cristo. Cada miembro en particular tiene una clara función que cumplir en el mundo, sin embargo, es un miembro de todos los demás creyentes. Cabe destacar que la unión de los creyentes no es organizacional. No es el mismo tipo de unidad que existe en un club social o en una organización cívica, que es una unidad basada en cosas tales como la amistad, la preferencia, la vecindad, la profesión, la necesidad humana, la opinión o la organización. La unión entre creyentes genuinos es nacida del Espíritu de Dios, de un verdadero nacimiento y unión espiritual. Es una unión que se basa en una comunión constante e íntima con Dios y que obtiene su vida, propósito y significado de Dios. La unión entre verdaderos creyentes es una unión vivificada y animada por un Espíritu común, un Espíritu que realmente vive, el Espíritu de Dios mismo.

       El punto se afirma claramente: todos los miembros no tienen la misma función (praxis) u oficio. Dios ha puesto a los creyentes en el mundo con objetivos específicos, y ha dotado al creyente con la medida de fe necesaria para cumplir su función. El creyente es una parte de todo el cuerpo, en que cada miembro tiene una tarea que ejecutar. No hay lugar para la autoexaltación, el orgullo ola arrogancia; no hay lugar para tener un concepto demasiado alto de sí. El creyente no está solo en el mundo. Cada creyente tiene una medida de fe para cumplir su función, y cada miembro necesita que su función sea cumplida. Por lo tanto, ningún creyente tiene el derecho de tener de sí un concepto más elevado que el que tiene de otros creyentes. Cada creyente como individuo es importante para el cuerpo de Cristo. Cada creyente es necesario para completar, consumar y perfeccionar el cuerpo. El cuerpo queda impedido sin el funcionamiento activo de cada miembro. Cada miembro es muy importante.

       El punto es éste: los creyentes deben evaluarse y conocerse bien a sí mismos. Deben saber quiénes son y qué dones les ha dado Dios. Deben evaluar la medida de fe que Dios les ha dado y deben ser honestos en su evaluación. No deben valorarse en exceso, ni deben valorarse por debajo de lo que son. El juicio del creyente acerca de sí debe ser preciso y sabio para que cumpla su tarea sobre la tierra.

       Pensamiento 1. Solamente cuando uno se conoce a si mismo -en forma precisa, honesta y verdadera- es que se puede hacer la contribución debida a la familia, al trabajo, a la sociedad, a la iglesia y al mundo. Solamente cuando servimos en nuestra plena capacidad podemos cumplir nuestra tarea sobre la tierra.

    • Si tenemos un concepto demasiado alto de nosotros mismos, intentaremos cosas demasiado grandes y terminaremos en el fracaso.

    • Si tenemos un concepto demasiado bajo de nosotros mismos, nunca haremos todo lo que debiéramos, ni haremos las contribuciones que éramos capaces de hacer.

       «Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás honra delante de los que se sientan contigo a la mesa» (Lc. 14:10).

       «Mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve» (Lc. 22:26).

       «Humillaos delante del Señor, y él os exaltará» (Stg. 4:10).

       «Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a los otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes» (1 P. 5:5).

       Pensamiento 2. Dios dota al creyente con una cierta medida de dones espirituales; por lo tanto, el creyente debe utilizarlos conforme a la medida de fe que Dios le ha dado para su uso. Sin embargo, el creyente debe orar siempre pidiendo más y más fe.

       «Dijeron los apóstoles al Señor: auméntanos la fe» (Lc. 17:5).

       «Creo; ayuda mi incredulidad» (Mr. 9:24).

       «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios» (Ro. 10:17).

       Efesios comentario de (4:7) Dones Espíritu: Todo creyente tiene un don. Advierta las palabras: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” No hay un solo creyente exceptuado o dejado fuera’ Cristo le ha otorgado a cada creyente algún don espiritual. Es importante advertir qué se quiere significar por don espiritual. Un don espiritual no significa la capacidad natural o el talento de una persona. Dios, por supuesto, tiene presente las capacidades naturales y los talentos cuando le otorga un don a una persona, pero los dones espirituales son dones especiales otorgados a los creyentes. Son dones altamente especializados, dones que se otorgan para fortalecer a más creyentes en la iglesia y en el testimonio y el ministerio al mundo. Lo que cabe advertir es que todo creyente genuino ha recibido un don espiritual, un don altamente especializado. Ha recibido su don para llevar adelante el ministerio del Señor en la tierra.

       Advierta otro punto significativo. Jesucristo nos da la gracia para utilizar nuestros dones. La gracia significa la fortaleza, la sabiduría, el valor, la motivación, el amor, la preocupación, el cuidado y el poder, todo el favor y las bendiciones de Cristo. Lo que se necesite para utilizar el don, es lo que Cristo nos da. Él mide exactamente la cantidad de gracia necesaria para el uso máximo de un don.

       Pensamiento 1: ¡Qué gloriosa verdad! ¡Qué chispa de aliento! Todos nosotros recibimos un don de Cristo, un don altamente especializado. Y tenemos la medida de la gracia ~cualquier medida que sea necesaria- para usar nuestros dones. Cristo derrama su gracia sobre nosotros, equipándonos para llevar adelante nuestra tarea en la tierra. Esto es significativo, dado que significa que nuestro don es el don de Cristo. Es el mejor don para nosotros. No debemos sentirnos poco complacidos con nuestro don, ni querer ser como otra persona y tener su don. Cristo nos ha colocado y nos ha dado el mejor don para nosotros, si realmente somos suyos, entregados y comprometidos para servirlo.

       “A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos” (Mt. 25:15).

       “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Ro. 12:3).

       “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo” (1 Co. 12:4).

       “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho” (1 Co. 12:7).

       Comentario de Romanos (15:1-3). Fraternidad-ministerio-débil-debilidades: en una iglesia fuerte, el que está firme soporta las debilidades del débil. Los creyentes débiles son descritos en el capítulo 14. Son…

    • los que juzgan, se quejan, murmuran, y critican (cp. 14:2-3, 10, 13).

    • los que todavía confían en una conducta legalista, una conducta de prohibiciones y mandatos (Ro. 14:1, 14-15).

    • los que desobedecen la Palabra de Dios y están en contra de mandatos específicos de Dios (Ro. 14:10-12, 16-23).

       La palabra «soportar» (bastazein) no significa soportar en el sentido de aguantar y tolerar en una actitud molesta. Significa llevar consigo al débil, sostenerlo, llevarlo como un padre o madre llevaría a un hijo: con amor y ternura, con comprensión y cuidado.

    1. ¿Cómo podría prevalecer en la iglesia una actitud como la descrita? La Escritura da claramente la respuesta: «Cada uno de nosotros agrade a su prójimo» Es así de simple: no nos agradarnos a nosotros mismos, sino agrademos a nuestro prójimo; vivamos para su bienestar y edificación. No importa lo que queramos…

       • el lugar donde quisiéramos ir, • la bebida que deseemos tomar, • la comida que nos gustaría comer, • la película que desearíamos ver, • la cosa que quisiéramos comprar,

       …si va a ser piedra de tropiezo para nuestro hermano, no lo hagamos. Agradamos, ayudamos, sostenemos y vivimos para el bienestar de nuestros hermanos y hermanas para que puedan ser edificados y fortalecidos en la fe.

    2. El creyente tiene el mayor de todos los modelos en todo el mundo para negarse a sí mismo y vivir para el prójimo: Jesucristo mismo. «Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo».

    • Los oprobios lanzados contra Dios -la maldición. El rechazo, la incredulidad, la negación, la hostilidad, toda la deshonra y rebelión contra Dios- hirieron el corazón de Cristo. En consecuencia, Cristo se presentó para llevar los oprobios lanzados contra Dios: vino a la tierra y cargó con el pecado de los oprobios e hizo posible que toda persona alabara a Dios en lugar de insultar su glorioso nombre. El celo por quitar toda la deshonra arrojada contra Dios consumió a Cristo y cayó sobre El.

       Note el punto: Cristo no vino para agradarse a sí mismo. No oró: «Padre quita de mí esta copa de sacrificio y negación, no importa lo que sea». Su oración fue: «Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú» (Mt. 26:39). Jesucristo es el ejemplo del creyente que busca agradar a otros en lugar de agradarse a sí mismo.

       «Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas» (1 P. 2:21).

       «Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu» (1 P. 3:18).

       Pensamiento 1. ¡Qué espíritu glorioso prevalecería en la iglesia si esto realmente fuese puesto en práctica como las Escrituras dicen: por «cada uno de nosotros»!

       «En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir» (Hch. 20:35).

      «Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo» (Gá. 6:2).

       Pensamiento 2. Note cuán transformador es este punto. El creyente serio ya no pregunta si una conducta dudosa es correcta y moral, sino si es buena para su hermano. ¿Edificará esto a su hermano?

       «El amor no hace mal al prójimo: así que el cumplimiento de la ley es el amor» (Ro. 13:10).

       «Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación» (Ro. 14:19).

       «Si en verdad cumplís la ley real, conforme a las Escrituras: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Stg. 2:8).

       Comentario de 1ª de Corintios (3:5) Ministros: Los ministros de Dios son servidores. La palabra “ministros” (diakonoi) significa servidor, asistente, o mesero. Se hace énfasis en la condición humilde del servicio. Los ministros no son señores de la iglesia y congregación de Dios; son servidores humildes. Son los servidores de Dios y los servidores del pueblo de Dios. Se hace énfasis en dos puntos de la servidumbre:

    1. Los ministros son solo instrumentos de Dios. Son solo servidores “por medio de los cuales [o a través de quienes] habéis creído”. A modo de repetición, los ministros no son los señores de la vida de las personas. No son a quienes los creyentes deben alabar ni en quienes los creyentes deben estar centrados. Dios debe ser el centro de atención, palabra, y lealtad. Ningún ministro creó el mensaje del evangelio, Dios si. Ningún ministro salva al creyente, Dios sí. Ningún ministro lleva a una persona a creer, Dios sí. El ministro de Dios es solo el instrumento y servidor del Señor, no el Señor.

       “Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros” (Jn. 13:14).

       “Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas” (Jn. 21:16).

       “Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, de que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones” (Ro. 1:9).

    2. Los ministros pueden ayudar a las personas solo según Dios les concede. Los dones del ministerio no son dotes y capacidades naturales. Los dones de proclamar el evangelio y de ministrar a las personas no son del predicador. Son dones espirituales dados solo por Dios, y el ministro solo puede servir eficazmente cuando Dios le da los dones de su Espíritu. Por consiguiente, el hombre, el ministro mismo como persona, no tiene nada de lo que las personas se puedan gloriar. Los dones son de Dios y solo de Dios; por consiguiente, las personas deben centrar sus pensamientos y alabanza en Dios solamente.

       “A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos” (Mt. 25:15).

       “De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe” (Ro. 12:6).

       “Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorias como si no lo hubieras recibido?” (1 Co. 4:7).

       “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo” (1 Co. 12:4).

       “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros” (Ef. 4:11).

       Comentario de Efesios (4:11). Dones espirituales: Todo don del creyente está centrado en Cristo. Advierta las palabras “Él constituyó”. Es Cristo y únicamente Cristo el que otorga dones espirituales a los hombres. Los hombres no pueden crear los dones ni dar los

    dones a otros hombres. Solo Cristo posee los dones espirituales para dar a los hombres. Aquí se mencionan cinco dones.

    1. El don de un apóstol. La palabra “apóstol” (apóstoles) significa enviar. Un apóstol es un representante, un embajador, una persona que es enviada a un país para representar a otro país. Hay tres cosas ciertas sobre el apóstol.

    => Él pertenece al que lo ha enviado.

    => A él se le ha encargado salir.

    => Él posee la autoridad y el poder de quien lo envía.

       La palabra “apóstol” tiene un uso amplio y otro estrecho en el Nuevo Testamento.

    » a. El sentido estrecho. Se refiere a los doce apóstoles y a Pablo como un apóstol (Hch. 1:21-22, 1 Co. 9:1). En este sentido estrecho hubo por lo menos dos calificaciones básicas.

    1) El apóstol era un hombre elegido directamente por el Señor mismo o por el Espíritu Santo (cp. Mt. 10:1-2; Mr. 3:13-14; Lc. 6:13; Hch. 9:6, 15; 13:2; 22:10, 14-15; Ro. 1:1).

    2) El apóstol era un hombre que había sido testigo ocular del Señor resucitado (Hch. 1:21-22, l Co. 9:1).

    » b. El sentido amplio. La palabra “apóstol” se refiere a otros hombres que predicaron el evangelio. Se lo utiliza respecto de dos misioneros, Bemabé (l4:4, 14, 17) y Silas (1 Ts. 2:6) y dos mensajeros, Tito (2 Co. 8:23) y Epafrodito (Fil. 2:25). Existe también

    la posibilidad de que Santiago, el hermano del Señor (Gá. 1:19) y Andrónico y Junias (Ro. 16:7) sean referidos como apóstoles.

       En el sentido estrecho, el don de un apóstol se desvanecía debido a las calificaciones singulares necesarias para recibir el don. Pero históricamente, en el sentido amplio, quizás haya un sentido en el cual las calificaciones y el don mismo se sigan entregando y sean utilizadas por el Señor. El siervo del Señor de cualquier generación debe ver al Señor y conocerlo íntimamente. Del mismo modo, el siervo debe ver y experimentar personalmente el poder de la resurrección. Por cierto, hay algunos en todas las generaciones que han visto al Señor Jesús y que conocen y experimentan el poder de la resurrección del Señor. Quizás el Señor Jesús los invista con el don muy especial de un apóstol para ser empleado enteramente en su dominio más preciado: la iglesia.

    ▬ 2. El don de un profeta. Este es el don de hablar bajo la inspiración del Espíritu de Dios. Incluye tanto la predicción como la proclamación y ninguna de ellas debería minimizarse a pesar del abuso del don. No cabe duda de que se ha abusado del don de predecir

    eventos hasta el punto del ridículo. Sin embargo, el abuso de un don no elimina el hecho de que el Espíritu de Dios a veces les da a los creyentes una visión de eventos futuros a fin de prepararlos y fortalecerlos para enfrentar los eventos. Sin embargo, la principal función de la profecía está claramente manifiesta en las Escrituras, y el hecho deberían seguirlo todos los creyentes:

       “Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación” (1 Co. 14:3).

    3. El don de un evangelista. Este es el don de llevar el evangelio por todo el mundo. Es el don que se especializa en proclamar el evangelio a los perdidos del mundo. Incluiría tanto lo que llamamos el evangelista como el misionero.

       “Al otro día, saliendo Pablo y los que con él estábamos, fuimos a Cesarea; y entrando en casa de Felipe el evangelista, que era uno de los siete, posamos con él” (Hch. 21:8; cp. Hch. 8:26-40).

       “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros” (Ef. 4:11).

    ▬ 4. El don de un pastor (poimenas). A. T. Robertson señala que el Señor Jesucristo le dijo a Pedro que pastoreara a sus ovejas (Jn. 21:16), que Pedro les dijo a otros ministros que pastorearan el rebaño de Dios (l P. 5:2) y que Pablo le dijo a los ancianos (ministros) de Éfeso que pastorearan la iglesia de Dios por la cual había muerto Cristo (Hch. 20:28) (Word Pictures in the New Testament [Imágenes de palabras en el Nuevo Testamento), Vol. 4, p. 53). Los rasgos de un pastor pueden verse al observar las referencias a Cristo como el pastor de los creyentes. El pastor está por debajo del Pastor Principal, Cristo Jesús nuestro Señor.

    » a. El pastor conoce a las ovejas, la conoce a cada una por su nombre. Se dice que este ha sido un hecho entre los pastores y sus ovejas en la época de Jesús. En realidad, los pastores conocían a cada oveja en forma individual, incluso en grandes rebaños. El hecho se aplica por cierto a Cristo y sus ovejas.

       “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen” (Jn. 10:14).

       “Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él” (1 Co. 8:3).

       “Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú” (Is. 43:1).

    » b. El pastor alimenta a las ovejas aunque Él tenga que reunirlas con sus brazos y llevarlas a la pastura.

       “Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas” (Is. 40:11).

    » c. El pastor guía a las ovejas a la pastura y lejos de lugares peligrosos y precipicios.

       “Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Sal. 23:1-4).

    » d. El pastor busca y salva a las ovejas que se pierden.

       “Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas,

       ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?” (Mt. 18:11-12).

      “Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil; más a la engordada y a la fuerte destruiré; las apacentaré con justicia” (Ez. 34:16).

    » e. El pastor protege a las ovejas. Incluso sacrifica su vida por las ovejas.

       “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Jn. 10:11).

       “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno” (He. 13:20).

    » f. El pastor restaura a las ovejas que se descarrían y regresan.

       “Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas” (1 P. 2:25).

    » g. El pastor recompensa a las ovejas por su obediencia y fidelidad.

    “Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria” (1 P. 5:4).

    » h. El pastor separa a las ovejas de las cabras.

       “Y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda” (Mt. 25:32-33).

    ▬ 5. El don de un maestro. Algunos comentaristas consideran que la enseñanza forma parte del don del pastor, es decir, que el pastor es el pastor-maestro. La función del maestro es el don de instruir a los creyentes en la verdad de Dios y su Palabra. Es el don de arraigar y fundamentar a las personas en la doctrina, la reprobación, la corrección y la justicia. Enseñar es un elevado llamado, uno de los más elevados. La enseñanza ocupa el segundo lugar luego de los dones espirituales de apóstol y profeta (Hch. 13:1; l Co. 12:28; Ef. 4:11). Todo apóstol y profeta y pastor cuenta con el don de enseñar, pero todo maestro no es un apóstol ni un profeta ni un pastor. El don de enseñar carga con una de las más grandes responsabilidades otorgadas por Dios. Por lo tanto, al maestro se le requerirá que dé cuenta en forma estricta a Dios de su fidelidad al usar este don.

       El don espiritual de ensenar es el don de comprender y comunicar la Palabra de Dios, de edificar creyentes en las verdades de la Palabra de Dios. involucra comprensión, interpretación, disposición y comunicación de la Palabra de Dios. El don de enseñar se le otorga al creyente que compromete su vida a la Palabra de Dios, a compartir sus gloriosas verdades con el pueblo de Dios.

       “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mt. 28:19-20).

    [4]. 12-16) Dones espirituales: Todo don del creyente tiene un propósito triple. Advierta un hecho significativo: Los cinco dones descriptos más arriba son dones que involucran discurso o proclamación. Son dones muy especializados, dones que por lo general se consideran como los dones oficiales o profesionales de la iglesia. No se dan en toda su medida a cada creyente, si bien todo creyente…

    • Debería ser un apóstol en cuanto a que está sirviendo a Cristo en un ministerio muy especial y fielmente utilizando el don que Dios le ha dado.

    • Debería ser un profeta al proclamar diariamente la Palabra de Dios.

    • Debería ser un evangelista en cuanto a que da testimonio a los perdidos.

    • Debería ser un pastor en cuanto a que está pastoreando y ocupándose todo el tiempo de las personas.

    • Debería ser un maestro en cuanto a que está enseñando las verdades de la Palabra de Dios a todo ser que conoce.

    ▬ 1. Hay un propósito inmediato para los dones profesionales u oficiales de la iglesia y entre la gente de Dios. Consiste en preparar a los creyentes para realizar la obra del ministerio. La palabra “perfeccionar” (katartizo) significa preparar para el servicio y el ministerio. Esta consideración es crítica, puesto que el que ocupa un cargo oficial en la iglesia no debe ser el único que realiza la obra del ministerio. De hecho, su principal tarea es la de preparar, una persona que forma discípulos y prepara a los demás para servir a Cristo (ver nota, Discipulado, Mt. 28: 19-20). Advierta otro punto crítico: El propósito mismo de preparar a los legos es que el cuerpo de Cristo, la iglesia, pueda construirse. Este es un punto significativo, puesto que significa que la iglesia no puede edificarse sin los miembros mismos realizando la obra del ministerio. Todos los creyentes de una iglesia deben estar involucrados en la obra del ministerio. Como dice Wuest: “Esta es una orden para que el cuerpo de Cristo, la iglesia, pueda construirse al añadir almas que estaban perdidas y que se salvan, y por la edificación de los santos de manera individual”.

       Si la obra del ministerio hubiera sido dejada en manos de los ministros profesionales, la obra nunca se hubiera realizado, porque hay demasiados pocos ministros oficiales. Se debe preparar a los legos para que lleguen a los perdidos y ministren para las necesidades de un mundo que carga con el peso de la maldad, el sufrimiento y la muerte.

    ▬ 2. Hay un propósito eterno para los dones oficiales o profesionales. No puede expresárselo con mayor claridad que como lo expresa el versículo mismo. Dice tres cosas:

    » a. El ministro de Dios obra para lograr una unidad perfecta entre las personas de Dios. Al ministro de Dios se lo llama…

    • Para que traiga paz y reconciliación a la iglesia.

    • Para que conduzca a las personas a la armonía perfecta y unidad de espíritu.

    • Para pastorear a las personas lejos de los disturbios, la división, la murmuración, el refunfuño, enfados y todos los demás pecados que militan en contra de una unidad perfecta.

       “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis toda una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Co. 1:10).

       “Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros” (2 Co. 13:11).

       “Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Ef. 4:3).

       “Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que 0 sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio” (Fil. 1:27).

       “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables” (1 P. 3:8).

    » b. El ministro de Dios obra para traer el conocimiento del Hijo de Dios.

       “Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra” (Os. 6:3).

       “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn. 8:31-32).

       “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Jn. 17:3).

       “A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte” (Fil. 3:10).

       “Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios” (Col. 1:10).

    » c. El ministro de Dios obra para lograr un hombre perfecto, un hombre que se mida con la estatura de Cristo mismo, a la plena altura de su estatura.

       “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; más cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño” (1 Co. 13:11).

       “Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (He. 5:14).

       “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios” (He. 6:1).

       “Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad” (2 P. 1:5-6).

       “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el dia de la eternidad. Amén” (2 P. 3:18).

       “Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos” (1 Ti. 4:15).

    ▬ 3. Está el propósito personal para el profesional que carga con dones oficiales. Este propósito también implica tres partes.

    » a. Que ya no seamos niños ni inmaduros, descarriados por falsas enseñanzas. Nuevamente, el versículo es el mejor comentario sobre sí mismo. Los ministros nos han sido dados para alejarnos de ser “niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de [falsa] doctrina” o falsas enseñanzas. Siempre debemos recordar que hay algo…

    • “estratagema de hombres”: timadores, engañadores en la fe, hombres que nos engañarán para que no veamos la verdad.

    • “que para engañar emplean con astucia las artimañas del error”: timadores que actuarán en forma inteligente y que tendrán ideas nuevas que suenen correctas, pero que son solo engaños de la verdad.

       Advierta que hay muchos de esos hombres, tantos que están solo mintiendo, deseando engañar.

       “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mt. 7:15).

       “Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mt. 15:9).

       “Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos” (Hch. 20:30).

       “Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Ro. 16:18).

       “No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón con la gracia, no con viandas, que nunca aprovecharon a los que se han ocupado de ellas” (He. 13:9).

       “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina” (2 P. 2:1).

       “Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo” (2 Jn. 7).

    » b. Que crezcamos en todas las cosas, en Cristo. Advierta que hay una sola forma de hacer esto: Expresando y proclamando la verdad. Esta es la tarea del ministro.

       “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado” (Jn. 15:3).

       “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Jn. 17:17).

       “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 P. 1:22).

    » c. Que hagamos nuestra parte en la edificación de la iglesia. Advierta que cada articulación o cada creyente “proporciona” algo al cuerpo de Cristo (la iglesia). Y que lo que cada nueva articulación o creyente proporciona es muy importante. Advierta cómo se enfatiza la importancia: Cristo toma cada articulación o creyente y el creyente…

    • Se une perfectamente con todos los demás creyentes.

    • Compacta su obra con la provista por los demás creyentes.

    • Tiene una obra eficiente y productiva junto con la que es medida por otros creyentes.

    • Ayuda a incrementar el cuerpo.

    • Ayuda a edificar el cuerpo en amor.

    ¿Qué más podría decirse acerca de la contribución que hace cada creyente? ¿Qué mayor desafío podría dársele a un creyente? Debemos dar todo lo que somos y tenemos para realizar la tarea. Hay mucho en juego para cada uno de nosotros. Un peso eterno de responsabilidad recae sobre cada creyente, puesto que cada uno es responsable de llegar a la gente y edificarla. Algunas personas nunca serán alcanzadas ni ministradas si uno de nosotros no hace lo que corresponde y se queda corto. Por este motivo, todos nosotros contamos con el don otorgado por Cristo Jesús nuestro Señor.

       “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho” (1 Co. 12:4-7).

       “Ocúpate en estas cosas; permanece en ella para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos” (1 Ti. 4:15).

       “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Co. 3:18)

       “El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano” (Sal. 92:12).

       “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto” (Pr. 4:18).

    Amén, para la honra y gloria de Dios.

  • DOMINGO 21 DE JUNIO DE 2026. “DIOS JUZGANDO A MADIÁN EN VENGANZA POR INCITAR A ISRAEL A FORNICAR”.

       Comentario general del contexto bíblico: Números 31: Verso 1-2 La campaña. – Después de que el pueblo de Israel había sido alistado como el ejército de Jehová, y su futura relación con el Señor había sido firmemente establecida por el orden del sacrificio que se les dio inmediatamente después, el Señor ordenó a Moisés que llevara a cabo esa hostilidad contra los madianitas que ya había sido mandado en Números 25:16-18. Moisés debía vengar (es decir, ejecutar) la venganza de los hijos de Israel sobre los madianitas, y luego ser reunido con su pueblo, es decir, morir, como ya le había sido revelado (Números 27:13). “La venganza de los hijos de Israel” fue la venganza por la iniquidad que las tribus de los madianitas que habitaban al este de Moab (ver en Números 22:4) habían practicado con los israelitas, seduciéndolos a la adoración idolátrica de Baal. Peor. Esta venganza se llama la “venganza de Jehová” en Números 31:3, porque la seducción había violado la divinidad y el honor de Jehová. Las hijas de Moab también habían tomado parte en la seducción (Números 25:1-2); pero lo habían hecho por instigación de los madianitas, y no por su propia voluntad, y por lo tanto los madianitas solo debían expiar la iniquidad.

    Versos 3-6: Para llevar a cabo esta venganza, Moisés hizo que 1000 hombres de cada tribu fueran liberados (ימּסרוּ, véase Números 31:16) de las familias ((alaphim), véase Números 1:16) de las tribus, y equipados para la guerra; y los envió al ejército (a la guerra) junto con Finees, hijo de Eleazar, el sumo sacerdote, que llevaba los vasos sagrados, es decir, las trompetas de alarma, en su mano. Finees estaba adscrito al ejército, no como líder de los soldados, sino como sumo sacerdote con las trompetas sagradas (Números 10:9), porque la guerraera una guerra santa de la congregación contra los enemigos de ellos mismos y de su Dios. Finees se había distinguido tanto por el celo que había mostrado contra los idólatras (Números 25:7), que era imposible encontrar a ningún otro hombre en todo el sacerdocio para unirse al ejército, que lo igualara en celo santo, o estar igualmente calificado para inspirar al ejército con celo por el conflicto sagrado. “Los vasos sagrados” no puede significar el arca del pacto a causa del plural, que le sería inaplicable; ni el Urim y Tumim, porque Finees aún no era sumo sacerdote, y la expresión כּלי tampoco sería adecuada para estos. La alusión solo puede ser a las trompetas mencionadas inmediatamente después, siendo la ו antes de חצצרות la ו explícita, “y de hecho”. Finees los tomó en su mano, porque el Señor los había asignado a su congregación, para recordárselos delante de él en tiempo de guerra y asegurar su ayuda (Números 10:9).

    TEXTO: “Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo” (Hebreos 10:30).

       Comentario del texto Hebreos: (10:30-31) Juicio: El juez será el Dios vivo. Esta es una cita tomada del Antiguo Testamento (Dt. 32:35-36. Mía es la venganza y la retribución; A su tiempo su pie resbalará, Porque el día de su aflicción está cercano, Y lo que les está preparado se apresura. Porque Jehová juzgará a su pueblo, Y por amor de sus siervos se arrepentirá, Cuando viere que la fuerza pereció, Y que no queda ni siervo ni libre.). Note tres elementos.

    ▬ 1. Conocemos a Dios, quién es y lo que Él puede hacer. Sabemos que Dios es la Majestad Soberana del universo que es santa, justa, y pura. También sabemos que Él gobierna y reina y lo puede todo.

    ▬ 2. Por ende, sabemos que Dios debe juzgar y condenar el pecado porque Él es santo, justo y puro. Sabemos que Dios puede juzgar y condenar el pecado y que lo hará. Él debe hacerlo, porque su propia naturaleza de santidad y perfección lo exige.

    ▬ 3. El juicio es algo aterrador. Y note: Dios está vivo; Él es el Dios vivo. Por ende, el juicio se ejecutará. Absolutamente nada podrá impedirlo. Algunos caerán en manos del Dios vivo.

       “para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar” (Mt. 23:35).

       “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Ro. 6:23).

       “que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán” (1 Ts. 5:3).

       “Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan” (2 Ts. 1:6).

       “Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución” (He. 2:2).

       “Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo” (He. 10:30).

       “Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos” (He. 12:25).

       “Aunque cavasen hasta el Seol, de allá los tomará mi mano; y aunque subieren hasta el cielo, de allá los haré descender” (Am. 9:2).

       “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado” (Sal. 66:18).

       “pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír” (Is. 59:2).

       “Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti; por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades” (Is. 64:7).

       Comentario de los Versículos 1-2: La campaña. – Después de que el pueblo de Israel había sido alistado como el ejército de Jehová, y su futura relación con el Señor había sido firmemente establecida por el orden del sacrificio que se les dio inmediatamente después, el Señor ordenó a Moisés que llevara a cabo esa hostilidad contra los madianitas que ya había sido mandado en Números 25:16-18. Moisés debía vengar (es decir, ejecutar) la venganza de los hijos de Israel sobre los madianitas, y luego ser reunido con su pueblo, es decir, morir, como ya le había sido revelado (Números 27:13). “La venganza de los hijos de Israel” fue la venganza por la iniquidad que las tribus de los madianitas que habitaban al este de Moab (ver en Números 22:4) habían practicado con los israelitas, seduciéndolos a la adoración idolátrica de Baal. Peor. Esta venganza se llama la “venganza de Jehová” en Números 31:3, porque la seducción había violado la divinidad y el honor de Jehová. Las hijas de Moab también habían tomado parte en la seducción (Números 25:1-2); pero lo habían hecho por instigación de los madianitas, y no por su propia voluntad, y por lo tanto los madianitas solo debían expiar la iniquidad.

    La expresión » tomar venganza completa» en Números 31:2 es una combinación del verbo naqam y el sustantivo neqamah, lo que enfatiza la necesidad de que Moisés y los hijos de Israel cumplieran el mandato de Yahvé.

       Venganza: (sustantivo) (05359) (naqam – haga clic para un estudio detallado de la raíz verbal nqm que expresa la noción de venganza) es el acto de tomar venganza (dañar a alguien en represalia por algo dañino que haya hecho). Se refiere al castigo infligido o la retribución exigida por una lesión o un agravio y puede referirse a un castigo que va más allá de lo físico.   Naqam se traduce en la Septuaginta en este versículo con ekdikeo (ek= fuera o de +dike= derecho, justicia; ver cognados = ekdikesis y ekdikos) es literalmente aquello que procede de la justicia. La idea es vindicar el derecho de uno o hacer justicia. En Isaías 61:2, + naqam se traduce con el sustantivo griego antapodosis (de antí = a cambio + apodídomi = devolver; cf. verbo relacionado = antapodidomi = devolver a cambio de algo recibido), que describe la acción de recompensar, devolver o premiar y enfatiza la acción de dar un equivalente que, según el contexto, puede ser una «venganza» positiva o negativa. En el caso de Isaías 612a, el sentido es negativo y habla del juicio venidero de Dios sobre Israel.

       Tomar venganza (verbo) (05358) (naqam) significa vengar, tomar venganza, vengarse, vengarse a sí mismo, ser vengado, ser castigado. (Qal) vengar, tomar venganza, albergar sentimientos vengativos. (Niphal) vengarse a sí mismo, sufrir venganza (Piel) vengar. El primer uso en Gé 4:15 dice «quien mate a Caín, será vengado siete veces». En Levítico 19:18, los individuos en Israel son instruidos «No tomarás venganza, ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo». Por otro lado, Yahvé tiene el derecho a la venganza declarando «También traeré sobre ti una espada que ejecutará venganza por el pacto.» (Levítico 26:25). El último uso del Antiguo Testamento en Nahúm 1:2 nos da una buena idea del significado en cuanto a la venganza divina: «Jehová es un Dios celoso y vengador; Jehová es vengador y airado. Jehová se venga de sus adversarios, y reserva ira para sus enemigos». Dios permite y usa a los hombres para vengarse como en Números 31y también en el caso de Sansón cuando «clamó a Jehová y dijo: «Oh Jehová Dios, acuérdate de mí y fortaléceme ahora mismo, oh Dios, para que enseguida sea vengado de los filisteos por mis dos ojos» (Jueces 16:28). Que Dios sea un Dios de venganza justa, santa y perfecta debería consolar a todos los que han sido tratados injustamente, heridos, etc. en esta vida, porque Deuteronomio 32:43 dice: «Alegraos, naciones, con su pueblo; Porque Él vengará (verbo naqam) la sangre de Sus siervos, y dará venganza (sustantivo naqam) sobre Sus adversarios, y expiará (kaphar) por Su tierra y Su pueblo.

       Venganza (sustantivo) (05360) (neqamah de naqam ▬ venganza) es un sustantivo que significa venganza, tomar venganza, castigo. Los dos primeros usos están en Números 31:2-3 en el contexto del pecado de los madianitas contra Israel en Baal de Peor (Núm. 25:1-3). 

       VENGANZA — castigo en represalia por una lesión u ofensa; compensación por un daño sufrido. La ley levítica prescribía: «No tomarás venganza» (Levítico 19:18). Solo Dios estaba capacitado para tomar venganza, porque sus actos se basaban en su santidad, rectitud y justicia, que castigan el pecado y vindican a los oprimidos y a los pobres de espíritu (Deuteronomio 32:35; Romanos 12:19). (NNIBD)

       Núm. 31:2; Núm. 31:3; Juez. 11:36; 2 Sam. 4:8; 2 Sam. 22:48; Sal. 18:47; Sal. 79:10; Sal. 94:1; Sal. 149:7; Jer. 11:20; Jer. 20:10; Jer. 20:12; Jer. 46:10; Jer. 50:15; Jer. 50:28; Jer. 51:6; Jer. 51:11; Jer. 51:36; Justicia. 3:60; Ezeq. 25:14; Ezeq. 25:15; Ezeq. 25:17.

       Después serás reunido con tu pueblo. Esta es una forma eufemística (una «expresión poética») de decir que va a morir, pero por lo demás, el significado es incierto. La referencia de 2 Reyes que aparece más abajo sugiere que, al menos en parte, se refiere literalmente a ser enterrado en una tumba (la palabra hebrea geber significa tumba, sepulcro, y el mismo verbo asaph se usa para «reunir» en ambos pasajes).

       En otras tres ocasiones se le dice a Moisés que será reunido con su pueblo…

    Deuteronomio 32:50. “Entonces muere en el monte adonde subes, y serás reunido con tu pueblo, así como Aarón tu hermano murió en el monte Hor y fue reunido con su pueblo,

    Números 27:13. “Cuando lo hayáis visto, vosotros también seréis reunidos con vuestro pueblo, como lo fue Aarón vuestro hermano;

    Deuteronomio 32:50. “Entonces muere en el monte adonde subes, y serás reunido con tu pueblo, como murió Aarón tu hermano en el monte Hor y fue reunido con su pueblo,

    Reunidos con su pueblo – (a su) Gén. 25:8; Gén. 25:17; Gén. 35:29; Gén. 49:33; Núm. 20:24; Núm. 20:26; Deut. 32:50. (a tu) Núm. 27:13; Núm. 31:2; Deut. 32:50; 2 Re. 22:20; 2 Cr. 34:28 (a su) Jueces 2:10

    2 Reyes 22:20. “Por tanto, he aquí, yo te reuniré (el rey Josías) con tus padres, y serás reunido (Asaf) en tu tumba en paz, y tus ojos no verán todo el mal que traeré sobre este lugar.” Entonces le trajeron noticias al rey.

       Reunido con su pueblo – GA Lee en ISBE (Revisado) tiene esta nota sobre reunir – De los usos significativos o inusuales del término, quizás el más interesante sea su uso en contextos de muerte. Lo más frecuente en estos contextos es la expresión “ser reunido [Heb neʾĕsap̱, lit. “ser añadido”] al pueblo de uno”. Esta expresión se usa para Abraham (Gen. 25:8.), Ismael (25:17), Isaac (35:29), Jacob (49:29, 33), Moisés (Nú. 27:13; 31:2; Dt. 32:50) y Aarón (Nú. 20:24; Dt. 32:50); quizás fue restringido intencionalmente a este grupo selecto. Una expresión similar, “ser reunido con los padres de uno”, aparece solo en Jueces. 2:10 y 2 Re. 22:20 (párr. 2 Cr. 34:28); el primer pasaje se refiere a toda la generación de Josué, que “sirvió al Señor” (v. 7), y el segundo pasaje trata sobre Josías (nótese que este pasaje añade la frase “seréis reunidos en vuestra tumba en paz”; para el significado de esta y otras referencias aparentes al entierro, véase más adelante). El qal de ʾāsap̱ se usa en formas aparentemente abreviadas de estas expresiones (Jueces. 18:25; 1 S. 15:6; Job 34:14; Sal. 26:9; 104:29; cf. Núm. 20:26, donde el Niphal de ʾāsap̱ aparece solo, con aparentemente el mismo significado que la expresión completa; cf. también Isa. 57:1).

       El significado de estas expresiones es objeto de debate. Los arqueólogos han encontrado tumbas familiares con evidencia de entierro secundario y han concluido que estas expresiones se refieren a tal entierro grupal (véase Kenyon, p. 263). Esta idea encuentra apoyo bíblico en varios pasajes que mencionan la “reunión” (Heb. sp̱) de cuerpos o huesos (Jer. 8:1f.; 25:33; Ez. 29:5). Algunos, por ejemplo, Meyers, añaden que la expresión “ser reunido con el propio pueblo” refleja no solo un entierro familiar sino también una creencia en la vida después de la muerte: en el Seol se reúne toda la familia de Israel (véase también ENTIERRO IV). Tromp (p. 168) sostiene que este sentido de reunión en el Seol se desarrolló a partir de la práctica de los entierros familiares, y que este desarrollo ocurrió antes de que se escribieran los textos bíblicos. Para Heidel y otros, la expresión se refiere únicamente a la vida después de la muerte; no puede referirse al entierro porque en el contexto aparecen otros términos para entierro (cf., p. ej., Gén. 25:8f.; 2 R. 22:20) o el entierro es claramente un evento posterior (cf. Gén. 49:33 y Gé 50:3–13). Que la expresión se use para referirse a aquellos que no fueron enterrados en una tumba ancestral, por ejemplo, Abraham, Moisés y Aarón, parece un punto significativo (Aquí está la nota de Skinner sobre Gé 25:8 = «reunido con sus parientes (véase Gé 17:14 )] Originalmente, esta y otras frases similares ( Gé 15:15 ; 47:30 ; Dt. 31:16, etc.) denotaban el entierro en el sepulcro familiar; pero la concepción popular del Seol como un vasto conjunto de tumbas en el inframundo permitió que el lenguaje se aplicara a hombres que (como Abraham) fueron enterrados lejos de sus antepasados.—Isaac e Ismael]). (Énfasis añadido)

       Comentario de Romanos (12:19 Venganza ▬ represalia ▬ desquite: el creyente no debe dar lugar a una venganza. Hay tres razones para este mandato.

    1. La venganza pertenece a Dios. Note las palabras: «Amados míos». La exhortación está específicamente dirigida a los creyentes. Sería una cosa maravillosa si todos los hombres practicasen esta regla y viviesen por ella, pero el mundo nunca ha vivido ni vivirá libre de la venganza. Sin embargo, los amados de Dios no tienen elección. Toda persona que sigue a Dios debe dejar la venganza a Dios. La venganza pertenece a Dios, no al hombre. Ningún hombre tiene el derecho de condenar a otro en un juicio personal; no tiene derecho a la venganza personal. El derecho de juzgar y ejecutar la venganza es de Dios y solamente de Dios. Sin embargo, las Escrituras son claras: Dios dará el pago; Dios ejecutará la venganza. El día de su ira ya viene y será ineludible.

       «No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor» (Ro. 12:19).

       «Y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo» (2 Ts. 1:7-8).

       «Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo» (Hebreos. 10:30).

       «Mía es la venganza y la retribución; a su tiempo su pie resbalará, porque el día de su aflicción está cercano. Y lo que les está preparado se apresura» (Dt. 32:35).

       «Jehová, Dios de las venganzas, Dios de las venganzas, muéstrate» (Sal. 94:1).

    2. El tratar a un enemigo con bondad le afectará enormemente. Al hacerlo, el creyente amontona «ascuas de fuego» sobre la cabeza del enemigo. Esto significa por lo menos dos cosas.

    » a. La bond ad avergonzará al enemigo y le causará angustia. En sus momentos de soledad, sus pensamientos volverán al maltrato dado a los creyentes y le, llevarán a meditar en Dios y a maravillarse de Él. Hay alguna oportunidad para que el enemigo se arrepienta y se convierta.

       «Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues habiendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza» (Ro. 12:20).

       «Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, y si tuviere sed, dale de beber agua; porque ascuas amontonarás sobre su cabeza, y Jehová te lo pagará» (Pr. 25:21-22).

    » b. La bondad acumulará ira contra el malhechor para el día del juicio. Si reprime sus pensamientos de Dios y se endurece más y más y sigue dando maltrato al pueblo de Dios, entonces acumula más y más ira contra sien el terrible día del juicio.

       «Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios» (Ro. 2:5).

    3. La represalia concede la victoria al mal. Si el creyente toma la venganza en sus manos, entonces permite que el mal le venza, y esto no debe hacerlo jamás. El creyente debe vencer el mal, y no debe dejar jamás que el mal le venza. Note cómo vence el mal: haciendo el bien. Vence el mal haciendo lo que debe hacer, en particular, haciendo bien a los que lo maltrataron y abusaron de él.

       «Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos» (Mt. 5:39-41)

       «Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen» (Mt. 5:44).

       «Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo» (Ef. 4:26-27).

       «Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos» (1 Ts. 5:15).

       Comentario versículos 3 y 4. Moisés habló al pueblo, diciendo: «Armen hombres de entre ustedes para la guerra, para que vayan contra Madián a ejecutar la venganza del SEÑOR sobre Madián». Los hombres mayores de 20 fueron contados en Números 26 y ahora van a tener un pequeño «entrenamiento de primavera», como decimos en el fútbol americano, para que estén listos cuando lleguen las «grandes ligas» al entrar en la Tierra Prometida. ¿Por qué la venganza del SEÑOR? Porque en última instancia todo pecado es contra Yahvé y, en este caso, puso en peligro el cumplimiento de sus promesas del pacto a los patriarcas de darles la tierra prometida. 

      Venganza del SEÑOR sobre Madián: Era la disputa de Dios, no la suya, la que ahora debían retomar. Este pueblo era idólatra y había seducido a los israelitas para que practicaran las mismas abominaciones. La idolatría es una ofensa contra Dios; y el poder civil no tiene autoridad para inmiscuirse en lo que le pertenece, sin instrucciones especiales, certificadas, como en este caso, de la manera más inequívoca. La venganza personal, la ambición o la avaricia no debían tener cabida en este asunto: Jehová debía ser vengado; y por medio de Él, los hijos de Israel (versículo 2), porque estaban a punto de ser arruinados por sus idolatrías. Si Jehová, en lugar de castigar a los pecadores con terremotos, peste o hambruna, se complace en ordenar expresamente a alguna persona o pueblo que vengue su causa, esta comisión justifica, incluso santifica, la guerra, la masacre o la devastación. Aunque nadie en la actualidad muestra tal comisión, sin embargo, los israelitas podrían; Por lo tanto, es absurdo censurar a Moisés, Josué e Israel por la terrible matanza que cometieron. Dios mismo dictó sentencia de condena y los empleó simplemente como instrumentos de su venganza; y a menos que se pueda demostrar que los criminales no merecían su castigo, o que Dios no tenía derecho a castigar a sus criaturas rebeldes, quienes se oponen a ellos solo demuestran su enemistad con Dios al convertirse en defensores no solicitados de sus enemigos.

    Esto es una reiteración de las palabras de Yahvé en Números 25:16 y 17. «»Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo: «Sé hostil a los madianitas y atácalos». 

    • Brazo: Éxodo 17:9-13.  
    • La venganza del SEÑOR: Números 25:11 y 13. ▬ Ex 17:16. ▬ Lev 26:25. ▬ Jue 5:2, 23. ▬ 2 Reyes 9:7. ▬ 10:30. ▬ Jer 46:10. ▬ Jer 50:28. 

       DOCE MIL HOMBRES DE GUERRA: Enviarás mil hombres de cada tribu de Israel a la guerra. No sabemos el tamaño de su enemigo, pero Dios sí, y doce mil le parecieron bien. Como se comenta más adelante, recordemos al grupo de Gedeón, que ganó la batalla no por la fuerza ni por el poder, sino por su Espíritu. ¿Quién se lleva la gloria cuando las probabilidades están en nuestra contra? Dios, por supuesto. Y ese es nuestro propósito en este planeta, en este breve tiempo que Dios nos ha concedido a cada uno: que Él sea glorificado grandemente en y a través de nuestras vidas. Como bien dijo Pablo: «Así que, ya sea que comáis, bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10:31).

    •De cada tribu mil: Heb. Mil de una tribu, mil de una tribu, mil: Levítico 26:8. Cinco de vosotros perseguirán a ciento, y ciento de vosotros perseguirán a diez mil, y vuestros enemigos caerán a filo de espada delante de vosotros. ▬ Jueces 7:2. Y los madianitas, los amalecitas y los hijos del oriente estaban tendidos en el valle como langostas en multitud, y sus camellos eran innumerables como la arena que está a la ribera del mar en multitud. ▬ 1Sa 14:6. Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos.

       Versos 3-6: Para llevar a cabo esta venganza, Moisés hizo que 1000 hombres de cada tribu fueran liberados (ימּסרוּ, véase Números 31:16) de las familias ((alaphim), véase Números 1:16) de las tribus, y equipados para la guerra; y los envió al ejército (a la guerra) junto con Finees, hijo de Eleazar, el sumo sacerdote, que llevaba los vasos sagrados, es decir, las trompetas de alarma, en su mano. Finees estaba adscrito al ejército, no como líder de los soldados, sino como sumo sacerdote con las trompetas sagradas (Números 10:9), porque la guerraera una guerra santa de la congregación contra los enemigos de ellos mismos y de su Dios. Finees se había distinguido tanto por el celo que había mostrado contra los idólatras (Números 25:7), que era imposible encontrar a ningún otro hombre en todo el sacerdocio para unirse al ejército, que lo igualara en celo santo, o estar igualmente calificado para inspirar al ejército con celo por el conflicto sagrado. “Los vasos sagrados” no puede significar el arca del pacto a causa del plural, que le sería inaplicable; ni el Urim y Tumim, porque Finees aún no era sumo sacerdote, y la expresión כּלי tampoco sería adecuada para estos. La alusión solo puede ser a las trompetas mencionadas inmediatamente después, siendo la ו antes de חצצרות la ו explícita, “y de hecho”. Finees los tomó en su mano, porque el Señor los había asignado a su congregación, para recordárselos delante de él en tiempo de guerra y asegurar su ayuda (Números 10:9. «Y cuando saliereis a la guerra en vuestra tierra contra el enemigo que os molestare, tocaréis alarma con las trompetas; y seréis recordados por Jehová vuestro Dios, y seréis salvos de vuestros enemigos.»).

       REFLEXIÓN: Si este versículo no «predica», ¡no sé qué lo hará! Amados, estamos en guerra, una guerra espiritual, una guerra contra un enemigo invisible, intransigente, malicioso, engañoso, mentiroso y destructivo. Al igual que estos valientes 12.000, también debemos estar diariamente «armados para la guerra», porque cuando salimos de casa por la mañana (¡probablemente incluso antes de salir!) entramos en el campo de batalla y el enemigo no quiere tomar prisioneros vivos, sino destruir el ejército del SEÑOR. Tú y yo estamos «en el ejército ahora», pero debemos estar armados para la guerra. Si no has memorizado Efesios 6:12-18, ¡aquí tienes tu aliento/exhortación para que lo hagas ahora! ¡No digas que no puedes memorizarlo! Esa será una excusa débil ante el tribunal de Cristo (2 Corintios 5:10). Por la bondadosa Palabra y el Espíritu de Dios, que cada día (y continuamente a lo largo del día) nos vistamos con toda la armadura de Dios y salgamos adelante como más que vencedores en Cristo Jesús para la gloria de nuestro Padre. Amén.

       Ref. Bíblicas: Efesios 6:12-18: «Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos». 2ª Corintios 5:10: «Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.»

       Comentario de Jueces 7:2-7. El SEÑOR le dijo a Gedeón: «La gente que está contigo es demasiado numerosa para que yo le dé a Madián en sus manos, pues Israel se jactaría, diciendo: “Mi propio poder me ha librado”. 3. Ahora, pues, ven y proclama al pueblo, diciendo: “Quien tenga miedo y tiemble, que regrese y se aleje del monte Galaad”». Así que 22 000 personas regresaron, pero 10 000 se quedaron. 4. Entonces el SEÑOR le dijo a Gedeón: «La gente sigue siendo demasiado numerosa; tráelos al agua y allí los pondré a prueba. Por lo tanto, aquel de quien yo te diga: “Este irá contigo”, irá contigo; pero todo aquel de quien yo te diga: “Este no irá contigo”, no irá». 5. Entonces hizo bajar a la gente al agua. Y el SEÑOR le dijo a Gedeón: «Separarás a todos los que beban lamiendo el agua con la lengua como lo hace un perro, y a todos los que se arrodillen para beber». 6. Ahora bien, el número de los que bebían lamiendo, llevándose la mano a la boca, era de trescientos hombres; pero el resto del pueblo bebía de rodillas. 7. El SEÑOR le dijo a Gedeón: «Te libraré con los trescientos hombres que bebieron lamiendo y te entregaré a los madianitas; así que deja que el resto del pueblo se vaya, cada uno a su casa».

       COMENTARIO – ¿Ves el principio que también se aplica aquí a los «números» en Números 31:6? La clave está en que, cuando se obtiene la victoria, ¿quién recibe la gloria, Dios o el pueblo? (cf. «Mi propio poder me ha librado.» Jueces 7:2). Siglos después, Pablo se hizo eco de este principio atemporal escribiendo: «Así que, sea que comáis, bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios» (1ª Corintios 10:31). Este principio sigue vigente. ¿Le das la gloria a Dios por las victorias en tu vida? ¡Inténtalo y verás lo que Dios hará!

       «Esta es la palabra del SEÑOR a Zorobabel: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu”, dice el SEÑOR de los ejércitos.» Zacarías 4:6

       En relación con las trompetas, leímos anteriormente sobre el propósito de tocarlas: no era solo un llamado a la guerra, sino una súplica al SEÑOR:

       «Cuando vayas a la guerra en tu tierra contra el adversario que te ataque, entonces tocarás las trompetas para que (con un doble propósito) seas recordado ante Jehová tu Dios y seas salvo de tus enemigos.» (Números 10:9.)

       A la guerra, y Finees hijo de Eleazar el sacerdote, a la guerra con ellos, y los vasos sagrados y las trompetas para la alarma en su mano. Esto no es como las guerras humanas en general, sino que es una legítima » Guerra Santa » del pueblo de Dios por el honor de Dios («venganza» Núm. 31:3) luchando contra las tropas del Adversario, en este caso «disfrazado» de madianitas. Satanás siempre ha tratado de destruir a Israel y esta no sería una excepción, pero siempre subestima a Dios, porque aquí encontramos que la batalla es del Señor (1ª Samuel 17:47) y Él ganaría la victoria con los 12.000 liderados por un sacerdote santo con vasos sagrados y una trompeta sagrada (cf. sacerdotes con trompetas en la Batalla de Jericó en Josué 6:13) Hagamos la pregunta del dólar: ¿Salió el Arca de la Alianza con los «vasos sagrados»? Creo que sí (ÉL) lo hizo. Analicemos esto: en la primera «batalla» de Israel una vez que entraron en la tierra prometida de Canaán leemos…

       “También siete sacerdotes llevarán siete trompetas de cuernos de carnero delante del Arca; luego, al séptimo día, marcharéis alrededor de la ciudad siete veces, y los sacerdotes tocarán las trompetas. 5. “Sucederá que cuando hagan un toque largo con el cuerno de carnero, y cuando oigáis el sonido de la trompeta, todo el pueblo gritará con gran clamor; y la muralla de la ciudad se derrumbará, y el pueblo subirá cada uno en línea recta.” 6. Entonces Josué hijo de Nun llamó a los sacerdotes y les dijo: “Tomad el Arca del Pacto, y que siete sacerdotes lleven siete trompetas de cuernos de carnero delante del arca del SEÑOR.” 13. Los siete sacerdotes que llevaban las siete trompetas de cuernos de carnero delante del arca del SEÑOR marchaban continuamente, tocando las trompetas; y los hombres armados iban delante de ellos, y la retaguardia seguía al arca del SEÑOR, mientras seguían tocando las trompetas. 14. Así, el segundo día dieron una vuelta alrededor de la ciudad y regresaron al campamento; lo hicieron durante seis días. 15. Luego, el séptimo día, se levantaron temprano al amanecer y dieron siete vueltas alrededor de la ciudad de la misma manera; solo que ese día dieron siete vueltas alrededor de la ciudad. (Josué 6:4-6, 13-15)

       El Midrash sobre los vasos sagrados concluyó que Números 31:6 se refiere al Arca de la Alianza, a la que Números 7:9. se refiere cuando dice: “de ellos era el servicio de los objetos sagrados”.

       Otra prueba que respalda la idea de que el Arca de la Alianza salió delante de los guerreros (ninguno de los cuales murió, claramente un milagro obrado por Yahvé) es la historia de los pecadores e incrédulos hijos de Israel en Números 14:39-45, donde el Arca de la Alianza no acompañó a los rebeldes y fueron derrotados por el enemigo.

       Cuando Moisés habló estas palabras a todos los hijos de Israel, el pueblo se lamentó mucho. 40. Por la mañana, sin embargo, se levantaron temprano y subieron a la cresta de la región montañosa, diciendo: «Aquí estamos; ciertamente hemos pecado (¡REMEDICIÓN, NO ARREPENTIMIENTO!), pero subiremos al lugar que el SEÑOR ha prometido». 41. Pero Moisés dijo: «¿Por qué, pues, transgreden el mandamiento del SEÑOR (EN OTRAS PALABRAS, ACABAS DE CONFESAR TU PECADO, ¿POR QUÉ SIGUES PECANDO?), cuando no tendrá éxito (UNA PROFECÍA)? 42. No suban, o serán derribados ante sus enemigos, porque el SEÑOR no está entre ustedes. 43. «Porque los amalecitas y los cananeos estarán allí delante de ti, y caerás a espada, por cuanto te has apartado de Jehová. Y Jehová no estará contigo» 44. Pero ellos subieron despreocupadamente a la cresta de la sierra; ni el arca del pacto de Jehová ni Moisés salieron del campamento. 45. Entonces los amalecitas y los cananeos que habitaban en aquella sierra descendieron, y los atacaron y los derrotaron hasta Horma.

       REFLEXIÓN: Esto plantea una pregunta sencilla: ¿vamos a la batalla con el Arca o sin ella (por así decirlo)? En términos del Nuevo Testamento, ¿vamos a la batalla llenos de la espada del Espíritu (Efesios 6:17, cf. Colosenses 3:16) y llenos del Espíritu de Cristo (Efesios 5:18) o llenos de nuestro propio ego? Amados, «gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo» (1ª Corintios 15:57).

       Comentario de Romanos (8:31) 0bra de Dios-garantía-muerte de Jesucristo: Dios ha actuado en favor del creyente, no en su contra. Esta es la cuarta garantía de liberación. Esta es la verdad más grande del mundo. Dios no tenía que actuar en favor del hombre, pero lo hizo. Dios ama a todo hombre, no importa su condición o pecado o vergüenza. Por lo tanto, los creyentes pueden descansar seguros de que nada, absolutamente nada lo separará del plan y propósito de Dios. El amor de Dios es absoluto. Es perfecto. Y Dios expresará su perfecto amor completando su plan perfecto y el propósito para cada vida. El creyente puede tener la seguridad absoluta de que Dios hará que todas las cosas obren para su bien, aun los fracasos y las cosas que son dolorosas al corazón. Dios librará al creyente de las luchas y sufrimientos de este mundo. El creyente será conformado a la imagen de Cristo y será glorificado con El (w. 29-30).

       El punto es éste: Dios mismo es la garantía del creyente. Dios mismo ha actuado en favor del creyente. Él ha hecho todo lo necesario y algo más: «Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?»

    Amén, para la honra y gloria de Dios.

  • LUNES 15 DE JUNIO DE 2026. “ABNER: EJEMPLO DE OPORTUNISMO E HIPOCRESÍA”.

       Comentario general del contexto Bíblico: Abner es perseguido, 2:18–32. Joab, Abisai y Asael eran hijos de Sarvia; los tres hermanos eran grandes guerreros, amantes de la guerra más que de la paz, y de carácter obstinado. Asael, el más rápido en la carrera, se dio a perseguir a Abner. Abner suplicó a Asael que se apartara, que dejara de perseguirlo, porque no quería matarlo; sin embargo, Asael insistió en perseguir a Abner, y en su insistencia encontró la muerte a manos del experimentado Abner. Asael tenía mucha fuerza y destreza, pero su fuerza y destreza fueron dominadas por su orgullo y obstinación.

       Joab y Abisai continuaron persiguiendo a Abner y sus hombres hasta el anochecer, hasta que Abner suplicó a Joab que dejara de perseguirlos. Las palabras de Abner reflejan cierta actitud de reconciliación, reconsiderando la tragedia de la guerra y reconociendo a ambos ejércitos como parte de un mismo pueblo; Abner aún se atrevió a reclamar a Joab que dejara de perseguir a sus hermanos. Joab, por su parte, le recordó a Abner que el primero en llamar a la guerra fue Abner. Joab, sin embargo, dejó de perseguir a Abner. Los dos ejércitos se retiraron a sus ciudades, uno hacia el norte y otro hacia el sur; los del sur perdieron 19 hombres, pero los del norte perdieron 360; después de esta derrota, parece que Abner pensaba en la posibilidad de establecer una reconciliación, como lo demostraría después; pero Joab, después de la muerte de su hermano Asael, no descansaría hasta matar a Abner. Una vez comenzada la guerra, no terminó hasta después de mucho tiempo, aunque no duró más de dos años, ya que Isboset reinó solamente dos años. Un sometimiento de parte de Abner hubiera evitado este enfrentamiento fratricida, pero tomó algún tiempo para que Abner se sometiera a la autoridad de David. Pero antes hubo una larga guerra entre la casa de Saúl y la casa de David (3:1).

    Abner: ejemplo de oportunismo e hipocresía:  En el relato bíblico, Abner (comandante del ejército del Rey Saúl) es frecuentemente citado como un ejemplo de oportunismo e hipocresía política. Esto se debe a que sostuvo una guerra encarnizada contra David durante años, pero al ver el declive de su bando, cambió de bando para asegurar su propio poder y supervivencia.

    El Contexto del Oportunismo de Abner

    1. Fidelidad por conveniencia: Abner fue el leal general del Rey Saúl. Tras la muerte de Saúl, en lugar de apoyar de inmediato al ungido por Dios (David), instaló al hijo de Saúl, Is-boset, como rey títere para mantener su propia influencia militar.
    2. Cambio de bando estratégico: Cuando Is-boset lo confrontó por una falta de respeto, Abner vio que el viento soplaba a favor de David. Utilizó una disputa menor para desertar y ofrecerle a David todo el reino de Israel a cambio de asegurar su posición de poder.

    El Ejercicio de la Hipocresía

    Abner intentó presentarse ante David y el pueblo como un pacificador y un hombre de principios. Sin embargo, su motivación nunca fue la unidad de la nación, sino la autopreservación táctica. Su incoherencia entre sus años de lucha sangrienta contra el ungido y su repentina sumisión es el núcleo de este comportamiento.

       Historiadores y teólogos frecuentemente comparan este tipo de actitudes con el oportunismo moderno, donde las personas cambian de lealtades y principios por conveniencia táctica.

    ¿Qué dice la Biblia acerca de la hipocresía?

       En esencia, la «hipocresía» se refiere al acto de afirmar creer en algo, pero actuar de una manera diferente. La palabra bíblica se deriva del término griego que se usa para «actor» (literalmente, «uno que usa una máscara»), en otras palabras, alguien que finge ser lo que no es.

      La Biblia considera la hipocresía un pecado. Hay dos formas en que se puede presentar la hipocresía: La hipocresía que dice creer en algo y luego actuar de manera contraria a esa creencia, y la hipocresía de mirar por encima del hombro a los demás sabiendo que nosotros mismos somos imperfectos.

      El profeta Isaías denunció la hipocresía en su tiempo: «Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado» (Isaías 29:13). Siglos más tarde, Jesús citó este versículo, apuntando a la misma condenación de los líderes religiosos de Su día (Mateo 15:8-9). Juan el Bautista llamó «generación de víboras» a las multitudes hipócritas que venían a él para ser bautizadas, y les advirtió que «produjeran frutos dignos de arrepentimiento» (ver Lucas 3:7-9). Jesús igualmente tomó una postura firme contra la santurronería; llamó a los hipócritas «lobos vestidos de ovejas» (Mateo 7:15), «sepulcros blanqueados» (Mateo 23:27), «serpientes» y «generación de víboras» (Mateo 23:33).

      No podemos decir que amamos a Dios si no amamos a nuestros hermanos (1 Juan 2:9). El amor debe ser «sin fingimiento» (Romanos 12:9). Un hipócrita puede parecer justo externamente, pero es una fachada. La verdadera justicia proviene de la transformación interna del Espíritu Santo y no de un ajuste externo a un conjunto de reglas (Mateo 23:5; 2 Corintios 3:8).

    Jesús abordó la otra forma de hipocresía en el sermón del monte: «¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: ¿Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano» (Mateo 7:3-5). Jesús no está enseñando en contra del discernimiento o de ayudar a otros a vencer el pecado; al contrario, Él nos está diciendo que no seamos tan orgullosos y convencidos de nuestra propia bondad, al punto de criticar a los demás desde una posición de arrogancia. Deberíamos hacer una introspección primero y corregir nuestros propios defectos antes de ver la «paja» en los demás (cf. Romanos 2:1).

    Jesús en Su ministerio terrenal tuvo muchos enfrentamientos con los líderes religiosos de la época, los fariseos. Estos hombres eran bien versados en las escrituras y celosos para cumplir cada letra de la ley (Hechos 26:5). Sin embargo, al adherirse al cumplimiento de la ley, buscaban activamente deficiencias que les permitía quebrantar el espíritu de la ley. Asimismo, mostraron una falta de compasión hacia sus semejantes y a menudo demostraban en exceso su supuesta espiritualidad con el fin de recibir elogios (Mateo 23:5-7; Lucas 18:11). Jesús denunció su comportamiento en términos muy claros, señalando que «la justicia, la misericordia y la fe» son más importantes que buscar una perfección basada en estándares incorrectos (Mateo 23:23). Jesús dejó en claro que el problema no era con la ley, sino con la forma en que los fariseos la implementaron (Mateo 23:2-3). Hoy en día, la palabra fariseo se ha convertido en sinónimo de hipócrita.

    Debe notarse que la hipocresía no es lo mismo que tomar una posición contra el pecado. Por ejemplo, no es hipocresía enseñar que la embriaguez es un pecado, a menos que el que enseña contra la embriaguez se emborracha todos los fines de semana, eso sería hipocresía.

       Como hijos de Dios, estamos llamados a esforzarnos por la santidad (1 Pedro 1:16). Debemos «aborrecer lo malo» y «seguir lo bueno» (Romanos 12:9). Nunca debemos insinuar una aceptación del pecado, especialmente en nuestras propias vidas. Todo lo que hacemos debe ser coherente con lo que creemos y lo que somos en Cristo. La actuación es para el teatro, no para la vida real.

       Pregunta: ¿Cuándo matar en defensa propia es justificable? Respuesta: Matar en defensa propia es justificable ante la ley solo cuando es el último recurso para evitar un daño grave o la muerte inminente. Para que sea legalmente eximente de responsabilidad, la acción debe cumplir con estrictos requisitos de proporcionalidad y necesidad.

       En jurisdicciones como la chilena (regida por el Código Penal y normativas del Poder Judicial), la legítima defensa requiere que se configuren tres condiciones clave:

    • Agresión ilegítima: El ataque debe ser real, actual o inminente, no una suposición o un hecho ya consumado.
    • Falta de provocación suficiente: Quien se defiende no debe haber iniciado ni provocado la pelea o confrontación.
    • Racionalidad del medio empleado: La fuerza utilizada para repeler el ataque debe ser proporcional y adecuada a la amenaza que se enfrenta. Si el agresor no representa un peligro de muerte o lesiones graves, el uso de fuerza letal no estaría justificado.

    En el ámbito penal, se evalúa si una persona razonable en la misma situación habría percibido la misma amenaza. Si los medios superan lo estrictamente necesario para detener la agresión, la figura de defensa propia podría perderse o reducirse, dando paso a cargos por homicidio.

    2:19–23a

    Si se agotan todos los recursos para protegerse a sí mismo y a los familiares.

    Si la persona insiste en hacer daño a pesar de todo esfuerzo por evitarlo.

       Conveniencia biblia: La Biblia advierte que seguir a Dios por conveniencia personal (buscando solo el beneficio propio) se opone a la fe genuina. El apóstol Pablo enseña en 1 Corintios 10:23 que, aunque todo sea lícito, no todo conviene ni edifica, llamando a priorizar el bienestar de los demás.

    En las Escrituras, este concepto se divide principalmente en dos enfoques: el ético y el espiritual.

    1. La conveniencia ética (Edificar a otros)

    Pablo menciona el principio de conveniencia para enseñar que las decisiones deben basarse en el amor al prójimo y no en el interés propio:

    • 1ª Corintios 6:12: Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no me dejaré dominar de ninguno.
    • 1ª Corintios 10:23-24: Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro.

    2. El peligro del cristianismo por conveniencia

    Por otro lado, la Biblia rechaza la actitud de buscar a Dios solo cuando es útil, fácil o cuando se alinea con los propios deseos:

    • Buscar la propia voluntad: En Isaías 58:3, Dios reprende al pueblo porque durante sus ayunos y prácticas religiosas, en realidad solo buscaban «su propia conveniencia» oprimiendo a los demás.
    • Obediencia condicional: Jeremías describe a personas que prometen obedecer a Dios, pero solo si el mandato les resulta agradable Jeremías 42:6. «Sea bueno, sea malo, a la voz de Jehová nuestro Dios al cual te enviamos, obedeceremos, para que obedeciendo a la voz de Jehová nuestro Dios nos vaya bien».

       Comentario de Proverbios 12:18. El v. 18 contrapone las palabras del que “habla sin pensar en una forma poco considerada” con las palabras del sabio (ver 1:5; 10:1). Los resultados son muy distintos. El que habla sin pensar es (como) “la penetración de la espada”. Al contrario, la lengua del sabio es (como) remedio o sanidad (del vocablo marepe’ 4832). En este mismo sentido, la lengua del sabio sanador es como las enseñanzas del maestro (4:22) y el enviado fiel (13:17).

       Comentario del Salmo 119:118: Lo que los hombres llaman buena estrategia o astucia (v. 118), a menudo es engaño y Dios lo trata como tal. Dios juzga a tales impíos; por eso el salmista siente más reverencia (temor) hacia él. El amor a Dios y el temor de él no son antagónicos (vv. 113 y 120), van juntos; por eso todo el ser (corazón, cuerpo, emociones, mente y espíritu) se involucra en la adoración, servicio y obediencia de acuerdo con su Palabra.

       Sensatez: La sensatez de Joab, comandante del ejército de David, se evidenció de manera notable en el estanque de Gabaón, cuando frenó una guerra civil inminente. Al comprender que la lucha fratricida solo traería amargura y destrucción, aceptó el llamado a la cordura y ordenó a sus tropas detener la masacre.

       Esta capacidad de reflexión para prevenir derramamientos de sangre mayores se contrapone con otras acciones de Joab en las escrituras, donde su fuerte temperamento y sed de venganza personal en ocasiones lo llevaron a desobedecer las órdenes directas de pacificación del rey David.

       Comentario de Romanos (12:18) Paz-fraternidad-guerra-divisiones: el creyente debe vivir en paz con todos los hombres. Sin embargo, la paz no siempre es posible. Hay dos calificativos.

    • Si es posible, el creyente debe vivir en paz con todos los hombres. Sin embargo, no es siempre posible. Algunas personas son perturbadoras: gruñones, quejumbrosos, buenos para disentir, divisivos, peleadores, egoístas, líderes egocéntricos, buscadores de una imagen, que andan a la caza del poder, belicosos. Algunas personas no tienen interés en vivir en paz con el creyente.

    • En cuanto dependa de vosotros, el creyente debe vivir en paz con todos los hombres. El creyente debe trabajar por la paz cuanto le sea posible. Algún nivel de armonía y concordia se puede lograr por lo menos por algún tiempo. El creyente nunca debe darse por vencido, no mientras haya esperanzas de tener algún grado de paz. Debe lograr cuanta paz le sea posible. Sin embargo, la paz no siempre es posible con todos.

       Ahora note dos puntos significativos que merecen una cuidadosa consideración y reflexión por parte de todo creyente.

    1. La causa del conflicto no debe venir del creyente. Debe tratar, por todos los medios posibles, de traer la paz y mantener la paz (Ro. 12:20; cp. Mt. 5:39-41). Sin embargo, esto podría ser imposible debido a la maldad de otros 0 porque el control de la paz no está en sus manos. Es posible que algunos no vivan apaciblemente. Siguen dando rienda suelta a cada capricho y llevan una vida de repugnante libertinaje. Ese tipo de vida a menudo amenaza la paz y la seguridad, la preservación y la vida de uno, de la familia y de los amigos.

    2. ¿Qué es lo que determina si un creyente debe volver la otra mejilla o defenderse? Por ejemplo, Jesús pasó su vida combatiendo la maldad y el pecado, y no siempre puso la otra mejilla (Jn. 19:22-23); tampoco lo hizo Pablo (Hch. 23:2-3). Pablo exhortaba a los creyentes a no permitir el libertinaje y era estricto en el mandato. Por ejemplo, dijo que, si por pereza un hombre no trabaja, no debe comer (2 Ts. 3:7, 10).

       El principio directriz para el creyente es claro: «No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal» (Ro. 12:21). Hay ocasiones en que un atacante, si le permitimos continuar atacando, se siente estimulado en su mala naturaleza de desenfreno y libertinaje. Si se le permite continuar, su mal vence al creyente, ya sea desde adentro por la amargura y el deseo de venganza, o desde afuera tomando el dominio. Así, el creyente no debe sacrificar la verdad para preservar la paz. No se debe permitir que el mal venza a la verdad.

       «Si el espíritu del príncipe se exaltare contra ti, no dejes tu lugar; porque la mansedumbre hará cesar grandes ofensas» (Ec. 10:4).

       «Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres» (Ro. 12:18).

       «Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación» (Ro. 14:19).

       «Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor» (He. 12:14).

        Comentario de San Mateo 5:9. (5 9) Pacificadores: lograr unión entre personas; hacer paz entre los hombres y Dios; resolver disputas y quitar divisiones; reconciliar a personas peleadas y eliminar la contienda; silenciar a las lenguas y construir buenas relaciones.

    1 ¿Quién es el pacificador?

    » a. La persona que procura hacer paz con Dios (Ro. 5:1; Ef. 2: 14-17). Conquista la lucha interior, apacigua la tensión interior, maneja la presión interior. Toma la lucha que hay en su corazón entre el bien y el mal y procura que el bien conquiste el mal.

       «Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Ro. 5:1).

       «Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared inter- media de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca» (Ef. 2:14-17).

    » b. La persona que en toda oportunidad procura hacerla paz en el interior de otros. Busca y conduce a otros a hacer paz con Dios, a conquistar la lucha interior, a eliminar la tensión interior, a controlar la presión interior.

       «Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación» (Ro. 14:19).

    » c. La persona que en toda ocasión procura hacer la paz entre otros. Se esfuerza por resolver disputas y eliminar divisiones, reconciliar diferencias y quitar peleas, silenciar a las lenguas y construir buenas relaciones.

       «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a Él mismo» (Fil. 2:3).

       «Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes» (2 Ti. 2:14).

       «Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido» (2 Ti. 2:24).

    2 El pacificador es la persona que ha hecho paz con Dios (Ro 5:1) y conoce la paz de Dios (véase nota-Jn. 14:27).

    3 Los pacificadores aman la paz, pero no son pasivos ante los problemas. Están aquellos que dicen amarla paz, pero se apartan de todo problema. ignoran y huyen de los problemas y de situaciones amenazantes, con frecuencia evaden los conflictos. No hacen ningún intento por hacer paz entre los otros. El pacificador (de quien habla Cristo) encara el problema sin importar cuán peligroso sea, y se esfuerza por lograr una verdadera paz sin importar la lucha.

    4 El mundo tiene sus perturbadores. Prácticamente toda organización tiene sus perturbadores, inclusive la iglesia. Dondequiera esté el perturbador hay críticas, quejas y murmuraciones, y, con demasiada frecuencia, una división en el cuerpo, una división que a veces es menor, a veces, mayor; a veces apenas insípida, a veces totalmente amarga. El pacificador no lo soporta. Se dispone a resolver el asunto, a solucionar el problema, a controlar las diferencias y reconciliar las partes.

    5. El evangelio de Cristo tiene que ser esparcido con medios pacíficos, no por fuerza. Existen muchos tipos de fuerza.

    » a. Existe una fuerza verbal, por medio de un elevado volumen, una conversación dominante, tácticas de venta inapropiadas, amenazas, soborno, y abuso.

    » b. Existe la fuerza física mediante expresiones faciales, movimientos corporales, una presencia avasalladora, y ataques.

       Resultados: En la Biblia, el concepto de resultado (a menudo traducido como fruto, consecuencia o desenlace) se refiere a la Ley de la Cosecha: las acciones, decisiones y obediencia de una persona siempre producen un efecto espiritual, emocional o físico en su vida.

       La interpretación bíblica de este concepto abarca áreas esenciales:

       • Fruto y Cosecha: Las Escrituras enseñan que «todo lo que el hombre sembrare, eso también segará» (Gálatas 6:7. «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará».). Las acciones justas dan «buenos frutos», mientras que el pecado o el alejamiento de la voluntad divina producen consecuencias destructivas.

        • Pruebas y Carácter: Los resultados de las dificultades y pruebas son vistos como herramientas de Dios para producir paciencia, fe madura y un carácter transformado (Santiago 1:3-4. «sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. 

    4 Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.»).

       • El Destino Eterno: Las decisiones presentes tienen como resultado final la vida eterna mediante la fe y la gracia, o la separación de Dios.

        En la Biblia, el resultado de las contiendas entre hermanos: suele ser trágico o destructivo, derivando en consecuencias como el asesinato, el exilio, la división familiar y el arrepentimiento. Las escrituras enseñan que Dios aborrece sembrar discordia y mandan resolver los conflictos a través del amor y el perdón fraternal.

    Ejemplos destacados de estas contiendas incluyen:

    • Caín y Abel: La envidia por la aceptación de sus ofrendas llevó a la primera muerte de la historia, resultando en que Caín fuera expulsado y condenado a vivir como un fugitivo (Génesis 4).
    • Jacob y Esaú: La rivalidad por la primogenitura y la bendición paterna hizo que Esaú quisiera asesinar a Jacob. El resultado fue la huida de Jacob al exilio durante muchos años y la ruptura familiar (Génesis 25-33).
    • José y sus hermanos: Por celos, los hermanos de José lo vendieron como esclavo, provocando años de dolor y engaño para su padre. Años después, el resultado se transformó en reconciliación y provisión cuando José, convertido en gobernador de Egipto, los perdonó (Génesis 37-50).
    • Enseñanza del Nuevo Testamento: El apóstol Pablo amonesta duramente a los creyentes por llevar sus pleitos ante tribunales seculares en lugar de resolverlos pacíficamente entre ellos (1ª Corintios 6:5-7. «Para avergonzaros lo digo. ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos, sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los incrédulos? Así que, por cierto, es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados?». 

    Comentario de Genesis 4: 6 al 8. El primer homicidio y su castigo, 4:6–16. Dios nota la reacción de Caín y le ofrece ayuda de tres maneras: Primera, le hace reconocer su sentimiento negativo. Reconocer los sentimientos es el primer paso hacia una resolución correcta. Segunda, le indica que la razón de no mirar con agrado a su ofrenda está en él mismo y no en Abel. No se debe eludir la responsabilidad y echar la culpa a otro, sino corregirse y mejorar. Tercera, le advierte del pecado al que su sentimiento lo puede llevar. No obstante, Caín es responsable y capaz de dominar la situación y resolverla correctamente. Jesús elabora sobre este tema en Mateo 5:21–26 declarando que la reconciliación con el hermano (prójimo) es la solución correcta al enojo.

       Caín, sin hacer caso a Dios, descarga su resentimiento matando a Abel su hermano. Este es el primer crimen registrado en la Biblia. Fue una acción calculada fríamente y con engaño. No se especifica el diálogo que mantuvieron los hermanos ni la forma en que Caín mató a Abel, pero sí que hubo derramamiento de sangre.

       Dios confronta nuevamente a Caín quien intenta eludir toda responsabilidad. Aunque Abel está muerto, su vida no está extinguida. Su sangre, expresión de vida en el pensar bíblico, clama a Dios, Señor de la vida. Caín no muestra señal de arrepentimiento —respuesta correcta a Dios ante el pecado— y Dios lo castiga. La maldición de la tierra y el ser errante afectan a la relación de Caín con la tierra de la cual depende grandemente por su vocación. Ante el temor expresado por Caín de ser muerto por cualquiera, Dios le provee de una protección poniéndole una señal. Esta señal es expresión de misericordia de Dios (da oportunidad de arrepentimiento) y de afirmación que sólo él es el Señor de la vida.

       Comentario de Proverbios 11 v. 19 subraya la presencia de una multitud de palabras. Desafortunadamente, entre las muchas, pero poco pensadas palabras, estará por salir una mentirita, un pecado. La palabra entregada en una forma pensante muestra la prudencia. “En boca cerrada no entran moscas” y “por la boca muere el pez” son dos refranes que recomiendan la prudencia en la conversación.

       Las dos palabras lengua y corazón se han visto unidas a lo largo de Proverbios y en las enseñanzas de Jesús (ver 10:8; Mat. 15:18 y 19). Mientras la conversación del justo o recto (ver 10:3) es plata escogida de sumo valor (ver 2:4; 3:14; 8:10, 19), el corazón de los impíos, es decir el conocimiento- la voluntad-la facultad para tomar decisiones (ver 10:8) vale “poquísimo”, casi nada.

    Amén, para la honra y gloria de Dios.

  • SEMANA DEL 15 AL 21 DE JUNIO 2026. “IMPRESCINDIBLE BAUTISMO DEL ESPÍRITU SANTO EN TODOS LOS CREYENTES”.

        COMENTARIO DEL CONTEXTO BIBLICO: [1]. (12:12-13) Iglesia ▬ el Cuerpo: El cuerpo humano es una ilustración de Cristo y de su iglesia. La ilustración es práctica y descriptiva: El cuerpo humano es un organismo, una persona, un ser, una vida; aun así tiene muchos miembros o partes que lo conforman. Sin embargo, a pesar de sus muchas partes, el cuerpo constituye un todo orgánico. Todas las partes del cuerpo están aún en el cuerpo y forman realmente el cuerpo, permitiéndole que funcione.

       “Así también Cristo”. Cristo es un organismo, una persona, un ser, una vida; aun así, Él también tiene muchos miembros o partes en su cuerpo. Sin embargo, a pesar de las muchas partes de su cuerpo, su cuerpo es aún un todo orgánico. En realidad, todas las partes de su cuerpo le dan forma y le permiten que funcione. La idea es que el cuerpo humano y el cuerpo de Cristo ilustran lo que hace el Espíritu Santo.

    ▬ 1. El Espíritu Santo bautiza a los creyentes en un cuerpo, es decir, en el propio Cristo. Cuando creemos realmente en Cristo (note la frase significativa “en Cristo” que con tanta frecuencia aparece en las Escrituras. Vea la nota, Creyente, posición en Cristo Ro. 6:3-5; y el Estudio a fondo 8:1.)

    • El Espíritu Santo nos sumerge en la muerte de Jesucristo. Dios realmente nos considera como si estuviéramos “en Cristo”, como si estuviéramos “en el cuerpo de Cristo”. Dios nos ve como si ya hubiéramos muerto en el cuerpo de Cristo. Por consiguiente, al haber muerto en Cristo, no necesitamos morir nunca (vea el Estudio a fondo 1, Justificación Ro. 4:22; nota 5:1).

    • El Espíritu Santo nos sumerge en la resurrección de Cristo. Dios nos considera y nos ve como si ya hubiéramos resucitado de los muertos en el cuerpo de Cristo. Por consiguiente, ya tenemos la nueva vida de Cristo, la vida abundante y eterna.

    • El Espíritu Santo nos sumerge en el propósito de Jesucristo. Dios nos considera y nos ve como si estuviéramos en el cuerpo de Cristo obrando y llevando a cabo el mismo propósito que su Hijo, el Señor Jesucristo.

       El planteamiento es contundente: Nosotros, todos los creyentes genuinos, debemos nuestra propia existencia al bautismo del Espíritu Santo. Todo cuanto hemos recibido de Dios se debe a una cosa y solo a una cosa: El bautismo del Espíritu Santo en el propio cuerpo del Señor Jesucristo mismo. Dios nos reconoce:

    • Solo si hemos “creído en” el Señor Jesucristo.

    • Solo si hemos sido “bautizado en” el cuerpo del Señor Jesucristo.

       Dios tiene que vernos “en Cristo”, “en el cuerpo de Cristo” a fin de aceptamos y aprobamos. Imagínese la escena: Está el cuerpo de Cristo, allá fuera. Cuando Dios mira el cuerpo de Cristo, Él nos ve en Cristo; luego Dios nos acepta y nos aprueba, no importa quiénes seamos. Puede que seamos judíos o griegos, esclavos o libres, eso no importa. Si creemos en el Señor Jesucristo, el Espíritu Santo nos toma y nos bautiza en el cuerpo de Cristo. Dios nos ve y nos acepta, nos considera y nos acredita como si estuviéramos en Cristo, como si estuviéramos en el cuerpo de Cristo.

        Pensamiento 1. Note un elemento significativo. Pablo no ha mencionado la iglesia. De hecho, él no menciona la iglesia hasta el versículo 28 donde comienza a mencionar los dones espirituales. ¿Por qué? Él no lo dice, pero la idea central es el cuerpo universal de Cristo: Todo creyente alrededor del mundo, no importa quién sea ni dónde esté, es un miembro del Cuerpo de Cristo. Y el creyente es esencial para la salud de todo el Cuerpo. El creyente es sumamente necesario para la salud del Cuerpo de Cristo.

       “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (Gn. 15:6).

       “y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree” (Hch. 13:39).

       “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Ro. 5:1).

    ▬ 2. En este versículo también hay otro elemento significativo. A nosotros “todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”; es decir, el Espíritu ha entrado en nuestro cuerpo. Él mora en el corazón y la vida de todos los creyentes.

    => El Espíritu Santo no solo sumerge a los creyentes “en el Cuerpo de Cristo”.

    => Sino que el Espíritu Santo es sumergido o colocado en la vida y el cuerpo de cada uno de los creyentes.

       “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Jn. 14:16, 17).

       “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Ro. 8:9).

       “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 C0. 3:16).

       “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Co. 6:19).

       [2]. (12: 14-20) Iglesia: Algunos que son menos dotados sienten que no son importantes para el Cuerpo de Cristo. Algunos miembros de la iglesia de Corinto estaban experimentando lo que experimentan tantos creyentes, una sensación de ser…

    [• menos dotados • insignificantes • menos capaces • no importantes • menos competentes • insuficientes • menos dignos • no dotados]

       Sin embargo, tales sentimientos y pensamientos son falsos, totalmente inciertos. “El cuerpo no es un solo miembro [significativo], sino muchos [miembros]”. Toda persona que pertenece verdaderamente al Cuerpo de Cristo (la iglesia) es significativo e importante para Dios y tiene un don y una función en el Cuerpo. Note cuatro elementos significativos sobre la iglesia, el Cuerpo de Cristo.

    ▬ 1. Cada miembro es necesario. Puede que el pie no esté tan dotado como la mano para manejar las cosas, pero el pie aún es parte del cuerpo. Puede que el oído no pueda ver cosas como puede verlas el ojo, pero el oído aún forma parte del cuerpo.

    2. Cada miembro tiene una función esencial. El ojo, el oído, y la nariz, todos tienen su función.

    => Ninguno puede desempeñar la función del otro. Cada miembro tiene su función, y ningún otro miembro puede desempeñar la función del otro miembro.

    => Si todo el cuerpo fuera solo un ojo, sería un fenómeno: No operativo, no funcional, e inútil. Sería una atrocidad.

       Pensamiento 1. Observe tres aplicaciones significativas:

    1) El Cuerpo de Cristo, la iglesia, puede operar solo si un número suficiente de los miembros desempeñan la función para la que fueron dotados.

    2) El cuerpo, la iglesia, se vuelve incapaz si algunos miembros no funcionan y no hacen el trabajo para el que se les dotó.

    3) La habilidad del Cuerpo de Cristo para operar está determinada por el número y la eficacia de sus miembros. Mientras más funcionen y funcionen eficazmente los miembros del cuerpo (iglesia), más puede hacer el cuerpo (iglesia).

    3. Cada miembro está colocado “en el cuerpo” como Dios quiso. El ojo ve porque Dios le dio la capacidad de ver. El oído oye porque Dios le dio la capacidad de oír. Sucede lo mismo en la iglesia. Note las palabras “cada uno de ellos”, cada miembro ha sido colocado en la iglesia por Dios y ha sido dotado por Dios. Dios no ha colocado a los miembros más prominentes en la iglesia. Dios nos ha colocado a “cada uno” de nosotros en la iglesia, y Él nos ha dotado para una función esencial. Y note: Lo que se nos llama a hacer y se nos dota para hacer es la voluntad de Dios. Somos lo que somos y tenemos los dones que tenemos porque Dios quiso que fuéramos como somos.

       Pensamiento 1. Las implicaciones de este punto son contundentes. Cada creyente:

    • Necesita agradecer a Dios por quién es y por su don.

    • Necesita usar sus dones con toda diligencia y fervor.

    4. Cada miembro es único, pero juntos hay solo un cuerpo. ¿Si solo existiera un miembro, dónde estaría el cuerpo? Por supuesto, no habría cuerpo. Sucede lo mismo con la iglesia. Si hay solo un miembro en la iglesia, sería significativo, la persona más importante. ¿Pero dónde estaría la iglesia? Está claro: La iglesia no la conforma una persona importante y significativa. La iglesia la conforman muchos miembros, todos importantes y significativos. Pero observe lo siguiente: “A pesar de la diversidad, la iglesia es aún un cuerpo”.

       “De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría” (Ro. 12:6-8)

       “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho” (1 Co. 12:4-7).

    Nota del expositor: «Cada creyente nacido de nuevo debe anhelar, buscar y recibir el bautismo del Espíritu Santo, para ser útil en la Iglesia y mantener una perfecta unidad con ella».

       Comentario de Romanos 12 (12:3-5) Humildad ▬ dones espirituales ▬ iglesia ▬ cuerpo de Cristo: el creyente tiene buen concepto de sí pero no demasiado alto. La exhortación se dirige a «todo hombre que está entre vosotros». Todo creyente necesita trabajar con humildad. Muchas personas tienden a tener un concepto demasiado elevado de sí mismos. Muchos llegan a estar engreídos, orgullosos y arrogantes.

    Se inflan con su…

       [• importancia. • capacidad. • opiniones. • apariencia. • logros. • educación. • popularidad. • riquezas. • bondad. • posición. • posesiones. • título.].

       Hay muchísimos que se tienen en alta estima, y piensan de sí mismos como mejores que otros. Dios está contra tales actitudes hinchadas.

    1. Ten un buen concepto de ti mismo, pero piensa con cordura (sofronein). La palabra significa ser equilibrado, sano, estar en su sano juicio. Por lo tanto, la exhortación es a pensar de sí mismo sabia y centradamente, haciendo una evaluación justa y bien equilibrada de uno mismo y de sus capacidades. Hay que hacer una evaluación de sí mismo, pero debe ser un juicio sobrio y equilibrado, no un juicio insano y carente de equilibrio. Note cuán enfático es esto: tener un concepto demasiado elevado de sí es un pensamiento carente de cordura. Pensar que uno es más importante que otro es conducta insana. Toda persona es importante para Dios; cada persona es significativa e importante en el reino de Dios, no importa quién sea esa persona.

    ▬ 2. Las razones por las que debemos andar humildemente delante de los demás son claramente enunciadas.

    » a. Lo que somos y tenemos ha venido de Dios. Es Dios quien repartió a cada uno la medida de fe. La palabra «fe›› en el contexto de estos versículos significa una fe eficiente, o que obra. Incluye…

    • los dones y capacidades que Dios da a una persona.

    • la fe y el impulso o confianza para usar los dones.

       Dicho en forma sencilla, una fe eficiente es la capacidad y el impulso que hay dentro de una persona para tomar el don y servir a Dios, para hacer su contribución a la vida y a la comunidad. Esta es otra forma de decir lo mismo: la medida de fe (vv. 3 y 6) es el don y el poder espiritual que Dios da a cada creyente para su tarea específica sobre la tierra. Dicho en forma sencilla, todo lo que una persona es y tiene ha venido de Dios. Nada viene del hombre mismo. Por lo tanto, ninguna persona tiene razón para tener un concepto demasiado alto de sí.

       «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación» (Stg. 1:17).

       «Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorias como si no lo hubieras recibido?» (1 Co. 4:7).

       Además, note otro factor: lo que hemos recibido de Dios es siempre una medida solamente. Nadie tiene una cantidad total de algo. Ninguna persona es perfecta en alguna área. Todos nos agotamos, deterioramos y decaemos. Todos tenemos que dar un paso al costado para dejar el paso a otros, no importa cuáles hayan sido nuestras capacidades y contribuciones. No tenemos razón para un concepto demasiado elevado de nosotros mismos.

       «Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo» (Ef. 4:7).

    » b. Dios da dones a cada persona, no solamente a una persona ni a unas pocas personas. Note que Dios repartió a cada uno una medida de fe. Ninguna persona o personas tiene el monopolio de algún don o capacidad. Cada creyente ha recibido un don de Dios; ninguno ha sido omitido por Dios. Un creyente es tan importante para Dios como cualquier otro creyente, no importa quién sea ese creyente. No hay lugar para el orgullo y la arrogancia en el reino de Dios; no hay lugar para pensar que uno es más importante que otros. Este tipo de pensamiento es insano.

        » c. Los creyentes genuinos son un cuerpo en Cristo. Este es el cuadro más hermoso de Cristo en las Escrituras, y debido a su efectividad se usa con frecuencia (cp. 1 Co. 10:17; l2:12s.; 12:27; Ef. 1:22-23; 2:16; 4:4,15-16; 5:22ss; Col. 1:18, 24).

       Los creyentes se pueden comparar con el cuerpo humano. El cuerpo humano tiene muchas partes o miembros, y no hay dos miembros que tengan la misma función. Así ocurre con los creyentes. Los creyentes son muchos, no obstante, son un cuerpo en Cristo. Cada miembro en particular tiene una clara función que cumplir en el mundo, sin embargo, es un miembro de todos los demás creyentes. Cabe destacar que la unión de los creyentes no es organizacional. No es el mismo tipo de unidad que existe en un club social o en una organización cívica, que es una unidad basada en cosas tales como la amistad, la preferencia, la vecindad, la profesión, la necesidad humana, la opinión o la organización. La unión entre creyentes genuinos es nacida del Espíritu de Dios, de un verdadero nacimiento y unión espiritual. Es una unión que se basa en una comunión constante e íntima con Dios y que obtiene su vida, propósito y significado de Dios. La unión entre verdaderos creyentes es una unión vivificada y animada por un Espíritu común, un Espíritu que realmente vive, el Espíritu de Dios mismo.

       El punto se afirma claramente: todos los miembros no tienen la misma función (praxis) u oficio. Dios ha puesto a los creyentes en el mundo con objetivos específicos, y ha dotado al creyente con la medida de fe necesaria para cumplir su función. El creyente es una parte de todo el cuerpo, en que cada miembro tiene una tarea que ejecutar. No hay lugar para la autoexaltación, el orgullo ola arrogancia; no hay lugar para tener un concepto demasiado alto de sí. El creyente no está solo en el mundo. Cada creyente tiene una medida de fe para cumplir su función, y cada miembro necesita que su función sea cumplida. Por lo tanto, ningún creyente tiene el derecho de tener de sí un concepto más elevado que el que tiene de otros creyentes. Cada creyente como individuo es importante para el cuerpo de Cristo. Cada creyente es necesario para completar, consumar y perfeccionar el cuerpo. El cuerpo queda impedido sin el funcionamiento activo de cada miembro. Cada miembro es muy importante.

       El punto es éste: los creyentes deben evaluarse y conocerse bien a sí mismos. Deben saber quiénes son y qué dones les ha dado Dios. Deben evaluar la medida de fe que Dios les ha dado y deben ser honestos en su evaluación. No deben valorarse en exceso, ni deben valorarse por debajo de lo que son. El juicio del creyente acerca de sí debe ser preciso y sabio para que cumpla su tarea sobre la tierra.

       Pensamiento 1. Solamente cuando uno se conoce a si mismo -en forma precisa, honesta y verdadera- es que se puede hacer la contribución debida a la familia, al trabajo, a la sociedad, a la iglesia y al mundo. Solamente cuando servimos en nuestra plena capacidad podemos cumplir nuestra tarea sobre la tierra.

    • Si tenemos un concepto demasiado alto de nosotros mismos, intentaremos cosas demasiado grandes y terminaremos en el fracaso.

    • Si tenemos un concepto demasiado bajo de nosotros mismos, nunca haremos todo lo que debiéramos, ni haremos las contribuciones que éramos capaces de hacer.

       «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros» (Fil. 2:3-4).

       «Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás honra delante de los que se sientan contigo a la mesa» (Lc. 14:10).

       «Mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve» (Lc. 22:26).

       «Humillaos delante del Señor, y él os exaltará» (Stg. 4:10).

       «Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a los otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes» (1 P. 5:5).

       «Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová» (Pr. 22:4).

       «La soberbia del hombre lo abate; pero al humilde de espíritu sustenta la honra» (Pr. 29:23).

       Pensamiento 2. Dios dota al creyente con una cierta medida de dones espirituales; por lo tanto, el creyente debe utilizarlos conforme a la medida de fe que Dios le ha dado para su uso. Sin embargo, el creyente debe orar siempre pidiendo más y más fe.

       «Dijeron los apóstoles al Señor: auméntanos la fe» (Lc. 17:5).

       «Creo; ayuda mi incredulidad» (Mr. 9:24).

       «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios» (Ro. 10:17).

        Comentario de Efesios (4:12-16) Dones espirituales: Todo don del creyente tiene un propósito triple. Advierta un hecho significativo: Los cinco dones descriptos más arriba son dones que involucran discurso o proclamación. Son dones muy especializados, dones que por lo general se consideran como los dones oficiales o profesionales de la iglesia. No se dan en toda su medida a cada creyente, si bien todo creyente…

    • Debería ser un apóstol en cuanto a que está sirviendo a Cristo en un ministerio muy especial y fielmente utilizando el don que Dios le ha dado.

    • Debería ser un profeta al proclamar diariamente la Palabra de Dios.

    • Debería ser un evangelista en cuanto a que da testimonio a los perdidos.

    • Debería ser un pastor en cuanto a que está pastoreando y ocupándose todo el tiempo de las personas.

    • Debería ser un maestro en cuanto a que está enseñando las verdades de la Palabra de Dios a todo ser que conoce.

    1. Hay un propósito inmediato para los dones profesionales u oficiales de la iglesia y entre la gente de Dios. Consiste en preparar a los creyentes para realizar la obra del ministerio. La palabra “perfeccionar” (katartizo) significa preparar para el servicio y el ministerio. Esta consideración es crítica, puesto que el que ocupa un cargo oficial en la iglesia no debe ser el único que realiza la obra del ministerio. De hecho, su principal tarea es la de preparar, una persona que forma discípulos y prepara a los demás para servir a Cristo (ver nota, Discipulado, Mt. 28: 19-20). Advierta otro punto crítico: El propósito mismo de preparar a los legos es que el cuerpo de Cristo, la iglesia, pueda construirse. Este es un punto significativo, puesto que significa que la iglesia no puede edificarse sin los miembros mismos realizando la obra del ministerio. Todos los creyentes de una iglesia deben estar involucrados en la obra del ministerio. Como dice Wuest: “Esta es una orden para que el cuerpo de Cristo, la iglesia, pueda construirse al añadir almas que estaban perdidas y que se salvan, y por la edificación de los santos de manera individual”.

       Si la obra del ministerio hubiera sido dejada en manos de los ministros profesionales, la obra nunca se hubiera realizado, porque hay demasiados pocos ministros oficiales. Se debe preparar a los legos para que lleguen a los perdidos y ministren para las necesidades de un mundo que carga con el peso de la maldad, el sufrimiento y la muerte.

    ▬ 2. Hay un propósito eterno para los dones oficiales o profesionales. No puede expresárselo con mayor claridad que como lo expresa el versículo mismo. Dice tres cosas:

    » a. El ministro de Dios obra para lograr una unidad perfecta entre las personas de Dios. Al ministro de Dios se lo llama…

    • Para que traiga paz y reconciliación a la iglesia.

    • Para que conduzca a las personas a la armonía perfecta y unidad de espíritu.

    • Para pastorear a las personas lejos de los disturbios, la división, la murmuración, el refunfuño, enfados y todos los demás pecados que militan en contra de una unidad perfecta.

       “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis toda una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Co. 1:10).

       “Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros” (2 Co. 13:11).

       “Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Ef. 4:3).

       “Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que 0 sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio” (Fil. 1:27).

       “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables” (1 P. 3:8).

    » b. El ministro de Dios obra para traer el conocimiento del Hijo de Dios.

       “Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra” (Os. 6:3).

       “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn. 8:31-32).

       “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Jn. 17:3).

       “A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte” (Fil. 3:10).

       “Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios” (Col. 1:10).

    » c. El ministro de Dios obra para lograr un hombre perfecto, un hombre que se mida con la estatura de Cristo mismo, a la plena altura de su estatura.

       “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; más cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño” (1 Co. 13:11).

       “Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (He. 5:14).

       “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios” (He. 6:1).

       “Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad” (2 P. 1:5-6).

       “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el dia de la eternidad. Amén” (2 P. 3:18).

       “Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos” (1 Ti. 4:15).

    3. Está el propósito personal para el profesional que carga con dones oficiales. Este propósito también implica tres partes.

    » a. Que ya no seamos niños ni inmaduros, descarriados por falsas enseñanzas. Nuevamente, el versículo es el mejor comentario sobre sí mismo. Los ministros nos han sido dados para alejarnos de ser “niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de [falsa] doctrina” o falsas enseñanzas. Siempre debemos recordar que hay algo…

    • “estratagema de hombres”: timadores, engañadores en la fe, hombres que nos engañarán para que no veamos la verdad.

    • “que para engañar emplean con astucia las artimañas del error”: timadores que actuarán en forma inteligente y que tendrán ideas nuevas que suenen correctas, pero que son solo engaños de la verdad.

       Advierta que hay muchos de esos hombres, tantos que están solo mintiendo, deseando engañar.

       “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mt. 7:15).

       “Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mt. 15:9).

       “Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos” (Hch. 20:30).

       “Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Ro. 16:18).

       “No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón con la gracia, no con viandas, que nunca aprovecharon a los que se han ocupado de ellas” (He. 13:9).

       “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina” (2 P. 2:1).

       “Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo” (2 Jn. 7).

    » b. Que crezcamos en todas las cosas, en Cristo. Advierta que hay una sola forma de hacer esto: Expresando y proclamando la verdad. Esta es la tarea del ministro.

       “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado” (Jn. 15:3).

       “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Jn. 17:17).

       “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 P. 1:22).

    » c. Que hagamos nuestra parte en la edificación de la iglesia. Advierta que cada articulación o cada creyente “proporciona” algo al cuerpo de Cristo (la iglesia). Y que lo que cada nueva articulación o creyente proporciona es muy importante. Advierta cómo se enfatiza la importancia: Cristo toma cada articulación o creyente y el creyente…

    • Se une perfectamente con todos los demás creyentes.

    • Compacta su obra con la provista por los demás creyentes.

    • Tiene una obra eficiente y productiva junto con la que es medida por otros creyentes.

    • Ayuda a incrementar el cuerpo.

    • Ayuda a edificar el cuerpo en amor.

    ¿Qué más podría decirse acerca de la contribución que hace cada creyente? ¿Qué mayor desafío podría dársele a un creyente? Debemos dar todo lo que somos y tenemos para realizar la tarea. Hay mucho en juego para cada uno de nosotros. Un peso eterno de responsabilidad recae sobre cada creyente, puesto que cada uno es responsable de llegar a la gente y edificarla. Algunas personas nunca serán alcanzadas ni ministradas si uno de nosotros no hace lo que corresponde y se queda corto. Por este motivo, todos nosotros contamos con el don otorgado por Cristo Jesús nuestro Señor.

       “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho” (1 Co. 12:4-7).

       “Ocúpate en estas cosas; permanece en ella para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos” (1 Ti. 4:15).

       “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Co. 3:18)

       “El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano” (Sal. 92:12).

       “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto” (Pr. 4:18).

        Comentario de San Mateo 3:11: (3:11-12) Mesías-naturaleza mesiánica: el mensaje de Juan era para todos: Predicación cristo céntrica-mesiánica. El mensaje de Juan tenía un solo centro de atención y tema: El Mesías «viene» (v. 11); «éste es aquel» (v. 3); «Preparad el camino del Señor» (v.3).

    ▬ 1. Cristo es mayor. Solamente Cristo debe ser exaltado. Juan exaltó a Cristo, no a sí mismo.

       Pensamiento. La persona que Dios usa es aquella que exalta a Cristo (v. 11).

       «Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos» (Mt. 18:4).

       «Mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve» (Lc. 22:26).

       «Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno» (Ro. 12:3).

       «A fin de que nadie se jacte en su presencia» (1 Co. 1:29).

       «Para que, como está escrito: El que se gloria, gloríese en el Señor» (1 Co. 1:31).

       «Así que, ninguno se gloríe en los hombres» (1 Co. 3:21).

       «Humillaos delante del Señor, y él os exaltará» (Stg. 4:11).

       “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes» (1 P. 5:5).

    2. Cristo bautizará (para la discusión véase Estudio a fondo 2-Mt. 3:11).

    3. Cristo juzgará y purgará. Su ministerio fue de igual manera para juntar el trigo, que es un acto de amor, como de separar y apartar la paja, que es un acto de justicia.

    » a. Ahora mismo existe una mezcla de trigo y paja; una mezcla de la verdadera profesión y de la profesión falsa; justicia auténtica y justicia falsa (v. 12. Véanse notas-Mt. 13: l-52; 19:23-24 para la discusión).

    » b. Tanto el trigo como la paja tienen un destino. El reino de los cielos es el destino del trigo. El fuego que no se apaga es el destino de la paja (v. 12).

       ESTUDIO A FONDO 2: (3:11) Bautismo–Jesús y Juan: la palabra bautismo (baprizein)significa mojar, hundir, sumergir. colocar adentro. El bautismo deJuan fue con agua, pero el bautismo de Jesús «en Espíritu y fuego».

    1. El bautismo de Juan fue tanto una preparación como un símbolo del bautismo espiritual que traería Jesús. El bautismo en agua de Juan significaba dos cosas:

    a. Simbolizaba la limpieza de todos los pecados. Una persona era preparada para la purificación que proveería Cristo.

    » b. Simbolizaba separación o dedicación. Una persona apanaba su vida para Dios con un renovado espíritu de dedicación. La persona se entregaba al Cristo que predicaba Juan.

       Nota: El bautismo de Juan es llamado «el bautismo de arrepentimiento››; es decir. la persona arrepentida era bautizada. No había lugar a dudas; el mensaje era entendido: si una persona se arrepentía y realmente volvía al Señor, era bautizada.

    2. El bautismo espiritual de Jesús era doble. (Se usa solamente una preposición en el griego para «Espíritu y fuego». la preposición «en».)

    » a. Jesús bautiza a la persona en el Espíritu. Hunde. sumerje y coloca a la persona en el Espíritu. Si la persona tenía una mente carnal y materialista, ahora se transforma en persona de mentalidad espiritual (Ro. 8:5-7). Los judíos habían esperado y anhelado el día en que viniera el Espíritu. Los profetas lo habían anunciado una y otra vez. Por eso. la gente sabía perfectamente lo que Juan estaba anunciando. Se esperaba que el Espíritu despertaría y levantada a la gente de tal manera que se movilizarían para seguir al Mesías en la victoria sobre todos los opresores. El Espíritu debía librar a Israel y establecer a la nación como una de las más grandes de la tierra (cp. Ez.36:26-27; 37:14; 39:29; ls. 44:3; Jl. 2:28).

    » b. Jesús bautiza a la persona en fuego. El fuego tiene diversas funciones que simbolizan gráficamente la obra de Cristo. El fuego ilumina. advierte. derrite. quema, y destruye totalmente. La diferencia entre el bautismo con agua y el bautismo con fuego es la diferencia entre una obra externa y una obra interior. El agua solamente limpia exteriormente; el fuego purifica por dentro, es decir. El corazón. Jesucristo separa a una persona de su vida anterior y la purifica interiormente con el fuego de su Espíritu. Nótese que en la mente de Juan el «bautismo de fuego» si significaba que el Mesías destruiría a los enemigos de Israel. Era el «fuego mesiánico del juicio» que había de venir desde el trono de David.

       Comentario de Gálatas (3:26-27) Fe, Creyentes, posición: ¿Cómo sabemos que somos justificados por la fe y no por la ley y por hacer lo mejor que podamos? Porque la fe nos convierte en los hijos de Dios. Como se menciona en el punto anterior, Jesucristo nos coloca cara a cara con Dios. Motiva a Dios a adoptamos como hijos de Dios. ¿De qué manera? Por la fe. Advierta dos puntos cruciales.

    ▬ 1. La fe nos hace concentrarnos en el Hijo de Dios, Jesucristo. El hombre puede descansar en una cosa: Dios aceptará a cualquiera que se centre en su Hijo Jesucristo, puesto que Dios ama a su Hijo hasta un grado sumo. Dios no es menos que cualquier padre normal que ama a su hijo. De hecho, Dios es mucho más que el hombre: Él es perfecto. Por lo tanto, Dios ama a su Hijo, Jesucristo, con un amor perfecto. Esto significa sencillamente que Dios honrará a cualquier persona que honre a su Hijo creyendo y confiando en Él. Si una persona cree en Jesucristo por justicia, entonces Dios honrará a ese hombre contándolo por justo.

       El punto es este: La persona que intenta ser aceptable ante Dios por medio de la ley y haciendo lo mejor que puede -el hombre que se centra en la ley y en las buenas obras- ese hombre tiene su mente puesta en la ley y lucha por ser bueno. Dios no es el centro y el foco de sus pensamientos y de su vida: la ley y las obras lo son.

       Pero la persona que tiene fe en Jesucristo se centra en Cristo. Honra al Hijo de Dios. Por lo tanto, Dios acepta su fe, el centro de su vida, como justicia. La persona se toma aceptable para Dios. Dios realmente acepta a la persona como un hijo propio. ¿Cómo es esto posible? La respuesta es el tema del punto siguiente.

    ▬ 2. La fe nos inviste con Cristo, con su justicia y su condición de Hijo. Esta es una verdad maravillosa, dado que nos afirma que realmente podemos revestimos de Cristo, ¡una revelación gloriosa! La palabra “revestidos” quiere decir ponerse la ropa, cubrirse uno mismo. Todo lo que Cristo es, puede revestirnos. Cristo es dos cosas que guardan un gran significado para nosotros. Cristo es la personificación misma de la justicia. Él es el Hijo de Dios que vino a la tierra para lograr nuestra justificación.

       Él vivió una vida sin pecado y perfecta. Siempre obedeció a Dios, sin jamás violar la ley ni la voluntad de Dios, ni siquiera una vez. Por lo tanto, Él fue el Hombre Perfecto, Ideal. Fue el Modelo de lo que cada hombre debería ser. Como el modelo Ideal y Perfecto, Él pudo representar a todos los hombres y esto es exactamente lo que sucedió. Jesucristo es nuestra justicia. Cuando creemos en Él, Dios nos inviste con Cristo. Dios nos ve en su Hijo y nos acepta.

       Imagine este ejemplo. Si mi mano izquierda envuelve el dedo índice de mi mano derecha, ¿qué se ve? Mi mano izquierda, no mi dedo índice, puesto que mi mano izquierda cubre a mi dedo índice. Ahora, dejemos que mi mano izquierda represente a Cristo, y el dedo índice a mí. Cuando Cristo me cubre, ¿a quién se ve? A Cristo, por supuesto, no a mí, puesto que Cristo me cubre. Lo mismo ocurre con la fe. Cuando creo en Jesucristo, mi fe me cubre con Jesucristo y su justicia.

       “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Co. 5:21).

       “Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe” (Fil. 3:9).

       “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (He. 4:15-16).

       “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos” (He. 7:25-26).

       “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 P. 1:18-19).

       “Y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree” (Hch. 13:39).

       “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Ro. 5:1).

    » b. Cristo es el Hijo de Dios. Por lo tanto, estar investido con Cristo significa que estamos cubiertos con su condición de Hijo. Cuando Dios observa al creyente, ve a su Hijo Jesucristo cubriéndolo. Por ende, considera al creyente como su hijo. Esta es la forma en que nos convertimos en hijos de Dios: por la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios. Cuando creemos que Jesucristo es el Hijo de Dios, Dios toma nuestra fe y nos coloca en Cristo, y estar en Cristo es estar en la calidad de Hijo de Cristo. Dios realmente nos ve en Jesucristo, en su Hijo. Por lo tanto, nos acepta como sus hijos, todo porque nuestra fe nos ha cubierto con Cristo. (Véase Estudio afondo 2, Adopción, Gá. 4:5-6.

       “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn. 1:12).

       “Sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” (Ro. 13:14).

       “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gá. 3:27).

       “Y vestíos del nuevo hombre [Cristo], creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Ef. 4:24).

       “Y revestido del nuevo [Cristo], el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Col. 3:10).

       “Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo” (1 Jn. 1:3).

       “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Jn. 3:1).

       ESTUDIO A FONDO 1

       (3:27) Bautismo: Advierta la referencia al bautismo en lugar de la fe:

       “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (v. 27).

       ¿Por qué cambió Pablo el uso de la palabra creer a la palabra bautismo? ¿Por qué no dijo:

       “Porque todos los que habéis creído en Cristo, de Cristo estáis revestidos”.

       ¿Pablo está diciendo que una persona es salva por el bautismo? Toda persona pensante y sincera sabe que hay miles y miles de personas que han sido bautizadas y sin embargo, viven como el diablo mismo. Por lo tanto, Pablo no pudo querer decir que es el bautismo el que hace que Dios invista a una persona de Cristo.

       Del mismo modo, cualquier persona pensante y sincera sabe que hay miles y miles de personas que profesan la fie y sin embargo, viven como el diablo mismo. Pablo no pudo querer decir lo que el público en general entiende por fe.

       Lo que Pablo está diciendo es lo que declaran las Escrituras: Un verdadero creyente cumple con toda la justicia de Cristo que incluye el bautismo. El creyente vive para Cristo y vivir para Cristo incluye la ordenación que describe su fe. El bautismo (y el arrepentimiento) es la primera e inmediata evidencia de la fe. Por lo tanto, la fe y el bautismo están estrechamente relacionados, tan estrechamente que Pablo puede hablar de bautismo como fe. (Véase Estudio a fondo 1, Bautismo, Ro. 6:3-5; Estudio a fondo 1, Hch. 2:38 para un tratamiento detallado.)

       Comentario de Efesios. (4:25) Mentir: El creyente debe despojarse de la Vestidura de mentir (pseudo). (Véase nota, Falso testimonio, Ro. 13:9 para una discusión más detallada). La palabra mentir significa eso que es falso. Es falta de verdad, engaño, mala representación, exageración.

    1. Una mentira hace por lo menos tres cosas.

    » a. Mentir da una mala representación de la verdad. Disfraza y oculta la verdad. La persona a la cual se miente no conoce la verdad, por lo tanto, debe actuar o vivir sobre una mentira. Si la mentira es seria, puede ser muy dañina:

    => Una mentira sobre un asunto de negocios puede costar dinero y ocasionar una pérdida terrible.

    => Una mentira sobre la salvación del evangelio puede costarle a una persona la esperanza de la vida eterna.

    => Una mentira sobre el amor puede motivar emociones que conduzcan a la destrucción.

    » b. La mentira engaña a una persona. La confunde. Una persona engaña…

       [• Para obtener lo que desea. • Para seducir a alguien. • Para ocultar o esconder algo. • Para ocasionar daño o para lastimar.].

       El punto importante aquí es que mentir es un engaño, y el engaño finalmente ocasiona malos entendidos, desilusión, perplejidad, desvalidez y trastornos emocionales.

    » c. La mentira entabla una relación incorrecta, una relación que se construye sobre arenas movedizas. Dos personas de ninguna manera pueden ser amigas ni vivir juntas si la relación se basa en mentiras. La mentira destruye…

       [• la confianza • el amor • el respeto • la apertura emocional • la seguridad • la esperanza].

    2 Las Escrituras brindan una fuerte razón para que los creyentes digan solo la verdad: son miembros de la misma comunidad. Cada creyente es un miembro del gran cuerpo de personas que Dios está construyendo, el cuerpo de Cristo, es decir, la iglesia. William Barclay lo describe excelentemente:

       “Solo podemos vivir seguros porque los sentidos y los nervios pasan mensajes verdaderos al cerebro. Si, de hecho, los sentidos y los nervios transmitieran mensajes falsos al cerebro, si, por ejemplo, le dijeran al cerebro que algo es frío y que se lo puede tocar cuando en realidad es caliente y quema, la vida pronto llegaría a su fin. Un cuerpo puede funcionar con precisión y sanamente cuando cada parte del mismo transmite mensajes verdaderos al cerebro y a las otras partes. Si entonces todos estamos involucrados con un solo cuerpo, ese cuerpo solo puede funcionar cuando decimos la verdad. Todo engaño obstaculiza la obra del cuerpo de Cristo”.

    3. El creyente debe ser coherente con lo que dice. No debe haber nada oculto, nada escondido, ninguna vergüenza, ninguna simulación. Debe ser exactamente el mismo ante los hombres que como es en privado e igualmente como es en privado que como lo es ante los hombres. Su vida no debe ser una mentira.

    => Mentir o dar falso testimonio es uno de los Diez Mandamientos.

       “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Ex. 20:16).

    => Mentir es un pecado importante que contamina al hombre.

        “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mt. 15:19).

    => Mentir es tomar un lugar al lado del padre de las mentiras, el diablo.

       “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira” (Jn. 8:44).

    => Mentir está estrechamente relacionado con la idolatría. Hace que una persona profese otra cosa que no es la verdad.

       “No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Ap. 21:27).

       “Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira” (Ap. 22:15).

    => Mentir o engañar a los hombres es una característica del anticristo.

       “Inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos” (2 Ts. 2:9).

    => Mentir no es lo que profesa ser.

       “No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad” (1 Jn. 2:21).

       “Inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos” (2 Ts. 2:9).

    => Mentir es lo opuesto a decir la verdad.

       “Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él” (1 Jn. 2:27).

       Comentario de Colosenses (2:18-19) Espiritismo, Adoración, Falsas, Visiones, Falsa, Humildad, Falso, Jesucristo, deidad, Iglesia: Cristo frente al espiritismo. Note la palabra “prive” (katabrabeueto). Significa robar; defraudar, engañar a una persona sacándole su recompensa o premio. Es posible para los creyentes ser engañados con sus recompensas por los falsos maestros. ¿Cómo? Siguiendo a los que enseñan que existe otra manera de acercarse a Dios que no es Cristo. Cristo es el camino señalado por Dios para acercamos a Él, y no hay otra manera ni otro camino.

    Advierta los puntos de estos versículos.

    ▬ 1. El falso acercamiento a Dios que ahora está siendo discutido es el espiritismo, la adoración de Dios a través de ángeles o espíritus y visiones. Nuevamente la iglesia colosense ha recibido una influencia muy pesada de la enseñanza gnóstica sobre intermediarios o mediadores entre Dios y el hombre. Advierta las palabras “entremetiéndose en lo que no ha visto”. Esta es una referencia a las visiones, dentro de la realeza espiritual, dentro de un mundo diferente al mundo físico. Algunos creyentes creían todas formas de visiones: de seres espirituales y de ángeles. Y, como sucede a menudo cuando el hombre tiene experiencias espirituales profundas, los colosenses comenzaron a centrar su atención en visiones y ángeles a quienes reclamaban su aparición ante ellos: Se concentraban en los espíritus en vez de hacerlo en Cristo.

       Los hombres tienden a sentir que Dios está alejado, en algún lugar del espacio exterior o en una dimensión inalcanzable del ser, por lo menos inalcanzable para la persona común. Se sienten tan pecadores y no merecedores de acercarse a Dios ni de poder asegurarse el cuidado y atención de Dios. Por lo tanto, sienten la necesidad de intermediarios que estén entre ellos y Dios. Intermediarios que los presenten a ellos y a sus vidas y situaciones ante Dios. Como resultado, el hombre tiende a mirar y orar ante seres inferiores tales como ángeles o espíritus de santos que han partido. Otros se vuelven a buscar visiones o experiencias espirituales profundas para conocer a Dios y asegurarse su ayuda en la vida.

       Advierta otro hecho también: Existe falsa humildad en este acercamiento a Dios. El hombre que se acerca a Dios a través de visiones y espíritus está diciendo que no merece acercarse a Dios por sí mismo. Necesita otros que aparezcan ante Dios por él. Pero advierta también que esto es falsa humildad, porque la persona dice tener visiones de ángeles o espíritus que otros no tienen. Algunos en la iglesia colosense decían que poseían dones especiales y que habían experimentado visiones especiales, aunque no merecían haber tenido esas experiencias. Existía un aire voluntario de humildad (impuesto por sí mismos) respecto de ellos mismos que realmente los hacía ver más espirituales que otros creyentes. Pablo dice que fueron engañados, y que estaban en peligro de perder su premio. Ellos estaban “vanamente hinchados” por una mente carnal (véase nota, 1 Co. 4:6).

       El punto es el siguiente: El espiritismo centra su atención en la experiencia espiritual -los ángeles, espíritus y visionesno en el camino señalado por Dios para acercarse a Él que es Cristo. Cristo está relegado a una posición más inferior en la vida de la persona que los espíritus y las visiones. La persona busca más tener visiones de los espíritus que a Cristo.

       Lo que Barclay dice en este punto es una especie de advertencia a todos los creyentes, hasta a los que caminan por el camino de la fe y saben lo que significa tener experiencias profundas con el Señor:

       “Nadie negará las visiones de los místicos, pero siempre es peligroso cuando el hombre comienza a pensar que ha obtenido gran santidad lo cual le permite ver lo que los hombres comunes -tal como él los llama- no pueden ver: y el peligro es que los hombres verán con tanta frecuencia, no lo que Dios les envía, sino lo que ellos desean ver”.

    2. El verdadero acercamiento a Dios es Cristo. Cristo es la cabeza, el único mediador que puede pararse ante Dios y…

    • asegurar la aprobación y aceptación de Dios para el hombre

    • asegurar el amor y el cuidado de Dios para el hombre.

       Ningún espíritu -ni ángel ni ninguna visión- puede hacer lo que Cristo puede hacer. Solo Cristo tiene acceso a la presencia de Dios en nombre del hombre. Solo Cristo puede estar ante Dios como el representante o la cabeza del hombre. Ninguna otra persona o ser puede estar ante Dios en nombre de los hombres. ¿Por qué? Porque el cuerpo solo tiene una cabeza, no dos. La respuesta se encuentra en la analogía o figura del cuerpo humano. Un cuerpo tiene solo una cabeza. El pueblo de Dios es un cuerpo de personas que vive bajo la voluntad y el control de la cabeza que es Cristo. Advierta dos cosas sobre la cabeza, que es Cristo.

    » a. La cabeza es la parte que suministra y nutre al cuerpo. De la misma manera sucede con Cristo. Solo Cristo puede suministrar y nutrir el cuerpo de los creyentes, la iglesia. Solo Cristo puede darle al hombre la fuerza y la nutrición de Dios para ayudarlos a medida que viven sus vidas cotidianas.

    » b. La cabeza es lo que mantiene al cuerpo unido y hace que funcione como debe. De la misma manera sucede con Cristo. Solo Él…

    • puede mantener unida a la persona: los pensamientos, las emociones y otras cosas necesarias para hacer de él una persona integra.

    • puede mantener a todas las personas unidas como un cuerpo en el amor, el regocijo y la paz: adorando, sirviendo y viviendo de la manera que Dios desea que lo hagan.

       Pensamiento 1: El punto está bien marcado. El hombre no puede acercarse a Dios ni recibir la ayuda de Dios a través de otros medios que no sean su Hijo, el Señor Jesucristo. Ningún espíritu, visión o ángel pude brindar el poder de la unión y la nutrición de Dios a los hombres. Solamente Cristo, la cabeza señalada por Dios, puede unir y alimentar a los hombres a través de toda su vida.

       “El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos” (Jn. 3:31).

       “Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy” (Jn. 13:13).

       “Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven” (Ro. 14:9).

       “La cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” (Ef. 1:20).

       “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Fil. 2:9).

       “Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Col. 1:18).

       “Hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos” (He. 1:4).

       “Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo” (He. 3:3).

       “Que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último” (Ap. 1:11).

    Amén, para la honra y gloria de Dios.